Donald Trump fue directo al grano al momento de justificar la conveniencia de la operación militar ejecutada en Venezuela para capturar y extraer al presidente venezolano Nicolás Maduro. En conferencia de prensa, el presidente de los Estados Unidos habló de recuperar el petróleo «robado», en referencia a la ola de nacionalizaciones de activos de petroleras estadounidenses en Venezuela durante el chavismo.
Sin mencionarlas, Trump apuntaba a los casos de las petroleras ConocoPhillips y ExxonMobil, que tienen sentencias favorables contra el Estado venezolano por la «nacionalización» de proyectos petroleros. El monto conjunto de los reclamos a favor de estas compañías asciende a unos US$ 10.000 millones.
El presidente estadounidense celebró en conferencia de prensa la captura de Maduro, a quien calificó como “el capo de una vasta red criminal responsable del tráfico de cantidades colosales de drogas letales e ilícitas a Estados Unidos”.
En ese sentido, el Departamento de Justicia informó la existencia de una causa abierta en Nueva York contra Maduro, su esposa e hijo por tráfico de drogas y otros delitos. Maduro también fue acusado por el delito de conspiración narcoterrorista.
Sin embargo, Trump enfatizó que la principal ganancia con la captura del líder chavista es la oportunidad de recuperar los recursos energéticos estatizados por Venezuela. «Nos robaron enormes infraestructuras petroleras como si fuéramos bebés, y no hicimos nada al respecto», dijo el presidente, quien prometió inversiones de las petroleras norteamericanas en territorio venezolano.
Las sentencias por activos petroleros estatizados en Venezuela
En efecto, el gobierno de Hugo Chávez procedió en 2007 con la denominada nacionalización de activos de ExxonMobil, ConocoPhillips y demás petroleras. Las petroleras iniciaron juicios en tribunales internacionales y finalmente obtuvieron sentencias favorables que suman unos US$ 10.000 millones.
El gobierno de Chávez obligó a las petroleras extranjeras a renegociar los términos de los contratos de explotación que mantenían con la petrolera estatal PDVSA a través de empresas mixtas. Bajo los nuevos acuerdos, PDVSA tendría al menos el 60% de participación en todos los proyectos.
Petroleras como TotalEnergies y Chevron aceptaron los nuevos términos. No fue el caso de ConocoPhillips y ExxonMobil, que calificaron la medida como una expropiación sin compensación económica, optando por retirarse de sus operaciones en Venezuela e iniciando demandas en tribunales internacionales.
ExxonMobil dejó el proyecto Cerro Negro, sobre el cual obtuvo en 2014 un fallo favorable en un tribunal del CIADI por 1600 millones de dólares. ConocoPhillips abandonó sus participaciones en Petrozuata, Hamaca y el Golfo de Paria y logró en 2019 un fallo favorable también del CIADI por US$ 8370 millones. Las sentencias fueron ratificadas en cortes estadounidenses.
Trump: «Las petroleras de EE.UU. van a invertir en Venezuela»
«Vamos a hacer que nuestras enormes compañías petroleras, las más grandes del mundo, entren, gasten miles de millones de dólares y arreglen la infraestructura petrolera», prometió Trump en el marco de la conferencia de prensa que dio para confirmar la acción sobre Venezuela. Más aún: aseguró que está empujando a las petroleras estadounidenses a volver a invertir en ese país.
Venezuela actualmente produce cerca de un millón de barriles diarios de petróleo, muy por debajo del pico de más de tres millones de bpd alcanzado hace más de una década.
Las exportaciones de crudo y combustibles superan los 700.000 barriles por día. China fue el principal mercado de colocación, representando en 2025 entre el 55 y el 90% de las exportaciones petroleras mensuales de Venezuela.
Nucleoeléctrica Argentina alcanzó un nuevo hito en el Proyecto de Almacenamiento en Seco de Elementos Combustibles Gastados (ASECG II) con la llegada de una grúa pórtico de última generación fabricada en IMPSA. El proyecto ASECG II es indispensable para garantizar la continuidad de operación de la central nuclear Atucha II luego del 2027.
El equipamiento fue desarrollado por IMPSA en base a una especificación técnica elaborada íntegramente por la Gerencia de Proyectos de Nucleoeléctrica.
La grúa cuenta con un diseño innovador que permitirá mover y posicionar con precisión los canastos que contienen los elementos combustibles gastados durante las tareas de almacenamiento en seco.
La instalación y puesta en marcha del equipo está prevista para principios de 2026 y se estima que tomará cuatro meses.
ASECG II, un proyecto clave para Atucha II
La empresa generadora estatal informó un avance general de 38% en la ejecución del proyecto ASECG II, que será necesario para poder seguir operando el reactor de Atucha II luego de 2027.
El proyecto ASECG II registra un avance de 38%.
Durante su vida útil, las centrales almacenan los elementos combustibles gastados en piletas de decaimiento con capacidad limitada. Por ello, el estándar internacional actual es el almacenamiento en seco, una solución segura, eficiente y sostenible que utilizan los países con industria nuclear desarrollada.
En Atucha II se estima que la capacidad de las piletas se alcanzará hacia diciembre de 2027, lo que refuerza la importancia de avanzar en tiempo y forma con este proyecto. Ya se completaron obras civiles claves como la base de hormigón de alta resistencia donde se ubicarán los silos y se avanza en la construcción de los componentes del sistema.
El diseño del sistema incorpora ventilación pasiva, que mantiene la temperatura dentro de rangos seguros sin necesidad de energía eléctrica ni intervención humana, aumentando la confiabilidad a largo plazo.
En el caso de Atucha I, Nucleoeléctrica inauguró en 2022 un centro de almacenamiento en seco para alojar los combustibles gastados, pensando también en la operación futura de esta central nuclear, sobre la cual se estan ejecutando los trabajos del proyecto de extensión de vida. La inversión conjunta en este proyecto y el ASECG II esta valuada en US$ 700 millones.
“Existe una oportunidad histórica para que Argentina se transforme a partir de su agrobioindustria”, sostiene Federico Mayer, fundador del Club AgTech, durante la presentación de su libro “AGRO 10X: La plataforma para potenciar Argentina”, en un encuentro realizado en la Sociedad Rural Argentina con la prensa y referentes del agro argentino.
El autor sostiene que estamos frente a un cambio de época, impulsado por la convergencia entre la digitalización, la inteligencia artificial y la biotecnología, un proceso que redefine la manera en que se produce, comparte información y crean valor; y la agroindustria está en el centro de esas transformaciones.
“Esta nueva revolución —basada en sensores, algoritmos, redes y almacenamiento masivo— reconfigura la manera en que observamos, procesamos y compartimos datos, habilitando organizaciones más eficientes y colaborativas”, sostiene.
“En paralelo, el mundo enfrenta la presión de los límites planetarios. Esto abre una enorme oportunidad para el agro, el único sector capaz de secuestrar carbono de manera masiva y a partir de esto generar biomasa transformable en alimentos, energía y biomateriales”, insistió Mayer.
Además, nuevas corrientes financieras reconocen que el 60% del PBI global depende directamente de la naturaleza, por lo que cuidarla ya no es solo un tema ambiental, sino un tema de negocios. En ese contexto, Mayer propone superar la lógica de adaptación y asumir un rol activo como “hombres y mujeres transformadores”, capaces de diseñar nuevas realidades en un contexto cada vez más volátil y complejo.
Fue ahí que sostuvo que Argentina cuenta con activos clave para aprovechar este contexto:
● Un sector agro-bioindustrial competitivo, profesional y con prácticas sustentables.
● Ahorros argentinos en el exterior estimados en hasta USD 400.000 millones, cuyo 1% podría impulsar nuevas empresas.
● Una diáspora global con talento y vínculos, capaz de motorizar innovación como hizo Israel.
● Un ecosistema emprendedor en crecimiento.
“Uno de los ejes centrales de AGRO 10X es la bioeconomía, presentada como un nuevo paradigma para generar desarrollo económico, ambiental y social en Argentina. A partir del uso inteligente y sostenible de los recursos biológicos, potenciados por las herramientas digitales y biotecnológicas, el autor muestra cómo el país puede multiplicar por diez el valor del sistema, impulsando bioproductos, bioenergía, economías circulares y modelos colaborativos que integran ciencia, tecnología y territorio”, resaltó Mayer.
La obra destaca ejemplos concretos de cómo la agrobioindustria argentina ya está transitando este camino, y ofrece herramientas para que productores, emprendedores, empresas e instituciones puedan acelerar su transición hacia esta nueva matriz productiva.
Además, el libro subraya el rol clave de las ciudades del interior como espacios donde la innovación, el talento y la actividad económica se articulan de manera natural con las cadenas de valor bioindustriales, generando oportunidades genuinas en todo el país.
“La transformación de Argentina depende de nuestra capacidad para innovar, colaborar y pensar en grande. Debemos dejar de esperar soluciones mesiánicas y asumir la responsabilidad de crear redes, empresas y capacidades que permitan a la Argentina procesar la complejidad del mundo actual”, señaló Mayer durante el lanzamiento.
En el evento de presentación del libro también participaron con unas palabras Ricky Negri —productor, profesor, ingeniero en Producción Agropecuaria y MBA— quien escribió el prólogo del libro, y Ernesto van Peborgh, autor de la contratapa. Ernesto es ingeniero, MBA por Harvard y un referente regional en sostenibilidad e innovación regenerativa. Co-creó Regen Designers junto a John Fullerton y es cofundador de SEVA Institute, es una organización dedicada a impulsar el diseño regenerativo como una forma consciente de servir a la vida, integrando finanzas, tecnología y propósito.
«Agro 10X se presenta así como un llamado a la acción y una guía para todos aquellos que buscan contribuir a un futuro más próspero, sostenible y basado en el conocimiento. Con mentalidad moderna, cooperación y nuevas plataformas de sueños colectivos, es posible construir una Argentina pujante, atractiva y protagonista de la nueva era”, concluyó Mayer.
Uno de los dilemas centrales para el futuro de la matriz productiva argentina pasa por desentrañar si Vaca Muerta podrá servir como palanca de un plan de desarrollo integral del país, o si -en cambio- se limitará a ser un proyecto de enclave energético que aporte divisas sin generar un derrame significativo sobre la industria y el empleo.
Para analizar el desafío de transformar el boom de los hidrocarburos no convencionales de la Cuenca Neuquina en verdadero desarrollo a escala nacional, Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo Sostenible y curador de Argendata en Fundar; Juan Manuel Telechea, economista y columnista en Cenital; y Patricia Charvay, economista y socia de la consultora Economía y Energía, conversaron en la última emisión de Dínamo – Charlas de Energía, ciclo conducido por Nicolás Gandini.
Schteingart abrió el debate señalando que el rol de los recursos naturales es crucial, pero la historia demuestra que en muchos países han sido más un problema para el desarrollo que una solución concreta para sus habitantes. La clave, a su entender, radica en qué se hace con la renta de su explotación. Ejemplos de gestión exitosa, como Noruega o Australia, particularizó, contrastan con los fracasos de naciones como Venezuela o Angola.
“Noruega, por caso, utiliza su renta petrolera invirtiéndola en activos globales y no en gastos corrientes, logrando que cada noruego posea 250.000 dólares per cápita a partir de eso, además de haber desarrollado una fenomenal política de proveedores en torno a su industria energética”, ejemplificó.
En definitiva, opinó, para que Vaca Muerta sea una palanca de desarrollo la renta generada debería invertirse en educación, infraestructura, ciencia y fortalecimiento de cadenas de valor aguas arriba y aguas abajo. “Esto incluye fomentar la actividad petroquímica, el gas natural licuado (GNL) y el entramado metal-mecánico, que hoy está muy golpeado”, puntualizó.
Sin embargo, advirtió, esta agenda no resulta especialmente interesante para la gestión de Javier Milei. “El Gobierno nacional, bajo una visión ideológica liberal, parte de la idea de que la estructura productiva es neutral en términos de crecimiento, lo que significa que da lo mismo producir bananas que satélites. Esta postura no prioriza el desarrollo de actividades que involucren conocimientos más complejos, perdiendo la oportunidad de multiplicar el empleo indirecto”, se lamentó.
Dependencia mutua
En octubre, tal como remarcó Charvay, la Argentina batió su mejor marca de producción de petróleo desde 1998, alcanzando los 865.000 barriles diarios. El panorama, acotó, es bastante similar en el plano de la oferta gasífera, que esta temporada logró su mejor rendimiento desde 2003. “Más allá de todo, podría decirse que recién estamos retomando los niveles productivos de fines de los ’90 y principios de los 2000. Estamos volviendo, pero nos llevó 25 años”, consideró.
Gracias a esta tendencia alcista, explicó, se dio un drástico cambio en la balanza comercial: el sector pasó de generar una salida continua de divisas durante 15 años a verificar un superávit auspicioso. “En solo dos años (2022 y 2023), Vaca Muerta aportó US$10.000 millones más a la balanza comercial. Se proyecta, en un escenario optimista, que en una década la Argentina podría producir 1,5 millones de barriles de petróleo, con 1 millón destinado a la exportación”, vaticinó la especialista, quien acotó que esa expansión suena perfectamente viable, aunque podría ralentizarse si la cotización internacional del recurso se mantiene baja; es decir, cercana a los US$60 por barril.
En estos momentos, intervino Telechea, la discusión macroeconómica lo consume todo. “Todavía hay que seguir remachando acerca de lo importante que es el crecimiento económico para el bienestar de la población argentina”, aseguró. Existe una sinergia y una dependencia mutua en relación con el desempeño del sector hidrocarburífero, a su criterio, ya que para poder desarrollar Vaca Muerta hace falta contar con “una macro estable”. “Asimismo, para que haya una macroeconomía estable se necesita a Vaca Muerta«, señaló el analista, remarcando que la incertidumbre reduce el margen de negociación con las multinacionales.
“El Gobierno nacional, bajo una visión ideológica liberal, parte de la idea de que la estructura productiva es neutral en términos de crecimiento, lo que significa que da lo mismo producir bananas que satélites», planteó Schteingart.
Encrucijada socioeconómica
Después de casi 15 años sin crecimiento económico en la Argentina, aseguró Telechea, es hora de “apelar a todo lo que tengamos”, ejerciendo controles ambientales y sociales, pero sin prohibir ninguna actividad productiva per se. “Retomar el crecimiento es la condición necesaria, aunque no suficiente, para salir de la encrucijada socioeconómica del país”, enfatizó.
Schteingart, por su parte, matizó esta visión, advirtiendo que importa mucho “cómo se crece”. En ese sentido, expuso que la minería y el petróleo generan en total unos 100.000 empleos formales, lo que representa el 0,5% de la ocupación total en la Argentina. “El riesgo de un modelo apalancado casi exclusivamente en actividades muy capital-intensivas es que el derrame social sea bajo, llevando a la paradoja de una economía que crece sin crear empleo”, cuestionó.
Es sumamente problemático, desde su mirada, que el sector estrella de la economía nacional no esté creando tanto trabajo como se esperaba ni deteniendo la pérdida de empresas, habilitando así la aparición de discursos de rechazo hacia la industria extractiva. “La caída en términos laborales y empresariales en cuencas maduras como la del Golfo San Jorge no se ve compensada por el crecimiento de Vaca Muerta o el litio. De hecho, se han perdido 18.000 empresas en los primeros 20 meses de la gestión de Milei, con 150.000 empleos formales menos que al inicio”, especificó.
El concepto de «destrucción creativa», comentó Telechea, puede funcionar en entornos como Silicon Valley, pero en la Argentina la pérdida de una empresa metalmecánica equivale a una «desertificación del entrampado productivo». La estrategia gubernamental de “abrir sin paracaídas” significa que las compañías deben arreglárselas solas ante el «tsunami productivo». “Esto genera una ‘tormenta perfecta’ para los sectores que deben reconvertirse, ya que el Gobierno subestima la enorme dificultad de reconstruir las capacidades productivas perdidas”, acotó Schteingart.
Daniel Schteingart, Juan Manuel Telechea y Patricia Charvay analizaron el desafío de transformar el boom de los hidrocarburos no convencionales de la Cuenca Neuquina en verdadero desarrollo a escala nacional.
Oportunidad latente
A decir de Charay, la estacionalidad de la demanda de gas en la Argentina (que es alta en invierno y baja en verano) dificulta sobremanera la productividad continua. La instalación de plantas licuefacción, planteó, resultará clave para acotar esa limitación estacional al permitir un bloque de producción más continuo y estable durante todo el año. “Si bien el ingreso de divisas por la vía del GNL parece que viene mucho más lento de lo que se anuncia, existe un proyecto concreto como el de Southern Energy, que ya cuenta con decisión final de inversión y contratos firmados. La posibilidad está, pero para su concreción faltan unos años”, reconoció.
Por lo pronto, afirmó Schteingart, el desarrollo de Vaca Muerta está reconfigurando el mapa productivo territorial. “Neuquén ya es la quinta provincia en materia de Producto Bruto Interno (PBI), sólo por detrás de Buenos Aires, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Córdoba y Santa Fe. Si las proyecciones se cumplen, los neuquinos podrían duplicar su participación en la economía nacional, acercándose al 7% u 8% del PBI argentino en la próxima década”, anticipó.
Este crecimiento, admitió, trae consigo una deuda de infraestructura urbana. “La falta de servicios y viviendas hace que la infraestructura esté corriendo siempre por detrás, tal como se ve en Añelo”, ilustró.
Al ser un segmento que no deja de crecer, argumentó Charvay, muchos ‘cuellos de botella’ emergen y se van resolviendo sobre la marcha. “Los retos seguirán apareciendo y es deseable que así sea. Entre las mayores prioridades a atender figura el transporte de energía eléctrica, un segmento cuyas obras fundamentales vienen siendo postergadas desde hace muchísimos años”, criticó.
No menos relevante, agregó, será continuar con la ampliación de la red de gasoductos y oleoductos. “Más allá de los últimos avances registrados, el abastecimiento del norte del país es un punto especialmente crítico porque tiene que ver con el sistema energético argentino en su totalidad”, reflexionó.
Objetivo realista
Telechea identificó un problema grave en el peronismo: la falta de conducción política, que genera miradas divergentes sobre temas trascendentales. “El desgaste macroeconómico hace que estas discusiones de desarrollo pasen a un segundo plano”, reclamó.
Es cierto, concedió, que el boom hidrocarburífero podría significar un reverdecer del PBI. “No obstante, incluso con las proyecciones más optimistas, el sector no solucionará por sí solo los problemas estructurales de la economía argentina”, manifestó.
En la misma sintonía se expresó Charvay, quien reivindicó la importancia del desarrollo de los hidrocarburos a la hora de captar dólares y gestar dinámicas internas positivas. “Pero con eso sólo no alcanzará”, recalcó.
El gran riesgo, para Schteingart, es caer en la narrativa “Eldoradista”, incurriendo en el sobredimensionamiento del potencial de la Cuenca Neuquina. “Yo no me imagino que con Vaca Muerta tengas algo que automáticamente te transforme en Noruega o en España”, comparó.
El objetivo realista, expresó, pasa por volver a acercarse a los países vecinos que han sacado «varias cabezas de ventaja». “Sin gestión estratégica, podríamos encaminarnos a la frustración, como ya ocurrió con el hidrógeno verde o con los anuncios de inversión que demoran en materializarse”, sostuvo.
La politóloga Cecilia Degl´ Innoccenti, incisiva y escarbardora, investigó las reacciones de la nomenklatura vieja y nueva ante la inminente privatización de la más redituable de las empresas nacionales, Nucleoeléctrica Sociedad Anónima. Publicado en el diario Perfil, conocido por imparcial, su artículo es como meter la mano en una bolsa de ratas.
La privatización parcial de Nucleoeléctrica (Na-SA), operadora de las centrales Atucha I,II y Embalse, agregó un nuevo capítulo a la frenética política nuclear argentina. La medida forma parte de un conjunto, con la adhesión formal al programa FIRST de Estados Unidos y al congelamiento de otros proyectos, incluidos Atucha III y IV que habían sido negociados con financiamiento chino. En ese movimiento se lee no solo un ajuste económico o una impronta «comercial», sino una respuesta al cambio geopolítico que imprimió el gobierno de La Libertad Avanza en el corazón del estratégico sector atómico.
El giro impulsado por Javier Milei —con el asesoramiento directo de Damián Reidel, su asesor estrella en materia tecnológica y nuclear— fue interpretado por especialistas, exfuncionarios y legisladores como una «entrega de soberanía tecnológica». Críticos del oficialismo señalan que tanto la venta de Na-Sa como la parálisis del CAREM, reactor modular insignia de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), no son hechos aislados. Sino que tienen una lectura geopolítica: implica abandonar años de desarrollo local para subordinarse al «club de compradores» de tecnologías norteamericanas.
La decisión también reavivó tensiones diplomáticas de ambos lados de la grieta: tras años de negociaciones con Beijing, que ofrecía financiamiento para la central Hualong y el swap como respaldo, diez años después la Casa Rosada teñida de violeta puso en práctica su alineamiento total con Washington, que, bajo gestión de Donald Trump, relanzó su programa nuclear para usos civiles y así disputar el liderazgo ruso y chino en la materia en la región.
En esa línea, la visita de la embajadora interina estadounidense, Heidi Gómez Rapalo, al sur del país y a la sede de INVAP funcionó como gesto de respaldo de al nuevo rumbo el pasado 19 de septiembre. El broche, sin embargo, ocurrió tres días después, cuando Estados Unidos anunció que Argentina se convirtió en un «socio contribuyente», el primero de América Latina, en firmar el FIRST, una idea de Joe Biden que Trump siguió para garantizar el liderazgo norteamericano en el incipiente mercado de reactores modulares pequeños (SMR).
«Con el programa FIRST, entramos al rebaño, a una fila para comprar tecnología estadounidense que veníamos desarrollando nosotros y luego paralizamos. Es un escándalo», sostuvo Diego Hurtado, exsecretario de Planeamiento en Ciencia y Tecnología. «Se trata de sumarse a un club de futuros compradores».
La narrativa oficial habla de «eficiencia», «modernización» y «apertura al capital privado», pero en el ecosistema nuclear el diagnóstico es otro: vaciamiento institucional, pérdida de autonomía estratégica, fuga de cerebros y un guiño explícito a Washington, que busca revitalizar su presencia en la industria nuclear regional.
Mientras tanto, dentro del sistema nuclear local se multiplican las renuncias y la fuga de profesionales, en un clima de incertidumbre sobre el futuro del sector. En esa línea, el CAREM —único reactor modular en construcción en América Latina y con patente argentina— fue directamente paralizado, según explicaron fuentes de la central. Mientras tanto, el Estado planea instalar cuatro reactores ACR-300, patentados por INVAP en Estados Unidos, pero que aún estánen etapa de diseño, con inversión extranjera y sin plazos claros de ejecución.
Damián Reidel, Javier Milei.
El mapa nuclear argentino
El mapa nuclear argentino siempre fue una rareza en América Latina. Una articulación entre Estado, ciencia, industria y geopolítica que logró hitos como ser el primer país del hemisferio sur en operar un reactor de investigación (1958), exportar reactores a países como Argelia o Australia a través de INVAP, y proyectar la construcción del CAREM, el primer reactor modular pequeño (SMR) de diseño nacional. Ese ecosistema se sostenía en cuatro pilares: la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica), Nucleoeléctrica, INVAP y el proyecto CAREM. Hoy, tres están en pausa o desfinanciados, y el cuarto —Nucleoeléctrica— se encamina a la privatización.
El CAREM, en particular, representa un símbolo: una central de potencia con tecnología 100% argentina, evaluada en 2023 entre las cinco más avanzadas del mundo por la Agencia Internacional de Energía. Su construcción en Lima (provincia de Buenos Aires) estaba en un 85% de obra civil, con más de 400 millones de dólares ya invertidos. Y su proyección creció en paralelo al avance de la IA, del mundo cripto que creó un mercado «interminable» de electricidad segura y limpia.
Sin embargo, hoy está paralizado. Según testimonios internos, en la empresa estatal se prohibió incluso mencionarlo. «El albertismo empezó con la expulsión de personal del sistema científico y tecnológico, con Milei se potenció dio un salto de calidad enorme. Nunca se vio el parate que hay hoy. El proyecto está completamente parado», indicaron a este medio.
Pero el corazón del conflicto del devenir nuclear argentino no es solo económico o comercial, sino estratégico. El CAREM, desarrollado por la CNEA desde 2010, es uno de los proyectos más avanzados a nivel global en SMR . «Estábamos entre los cinco reactores mejor posicionados en el mundo según la Agencia Internacional de Energía Atómica», aseguró Adriana Serquis, presidenta de la CNEA hasta diciembre de 2023. «No es inviable», dijo, en alusión a la frase de Reidel. «Tenía el 85% de la obra civil finalizada y fecha proyectada de finalización para 2028, antes que el resto de los competidores internacionales», agregó.
«En Nucleoeléctrica hasta se prohibió usar la palabra CAREM.”, sumó Hurtado en la misma línea, aludiendo a los bozales con lo s que cuentan los funcionarios que quieren llevarse bien con Casa Rosada.
De la visita de Heidi Gómez Rapalo a Bariloche a la firma de FIRST
La adhesión de Argentina al programa FIRST, el pasado 22 de septiembre, se anunció con entusiasmo desde la Embajada de EE.UU. en Buenos Aires y fue acompañada por visitas estratégicas, como la de Heidi Gómez Rápalo a Bariloche. La representante estadounidense, que oficia de embajadora interina hasta que llegue Peter Lamelas, recorrió el Instituto Balseiro, el INVAP y se reunió con el embajador rionegrino, Alberto Weretilneck, días antes
Heidi Gomez Rapalo y el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck
Según el comunicado oficial, el país «se suma a un distinguido grupo de socios contribuyentes como Japón, Corea del Sur y Canadá», con la meta de acelerar el despliegue global de SMRs bajo estándares de seguridad y no proliferación. Sin embargo, fuentes señalan que esta participación implica el congelamiento de proyectos propios para ceder prioridad al desarrollo estadounidense.
El llamado «Plan Nuclear Argentino» lanzado por Milei y Reidel el 20 de diciembre de 2024 —acompañados por Rafael Grossi, titular del OIEA— es, para algunos exfuncionarios, una puesta en escena. «Prefiero llamarlo el Plan Reidel más que ‘argentino’. Está basado en un reactor que aún es una patente, el ACR-300 de INVAP», agregó Hurtado, destacando el tiempo que llevará para que estén operativos (unos 5 años). La idea es que estos cuatro reactores, explica, reemplacen a la cuarta central, de capitales chinos, que está actualmente congelada por orden de Casa Rosada. Para él, lo grave es que, además del desmantelamiento, el CAREM «dejó de mencionarse en reuniones técnicas» y usar su nombre en la CNEA se volvió tabú.
En off, voces cercanas a la gestión de Reidel afirman que el CAREM fue frenado por su «falta de viabilidad comercial» y reconocen que el objetivo es «vender conocimiento» más que construir reactores. Pero desde adentro del proyecto, una fuente describe otra realidad: «Es un elefante gris, mal gestionado por todos los gobiernos«, declaró, destacando que la debacle comenzó con Alberto Fernández mientras que con el gobierno libertario se produjo un verdadero «salto de calidad» en el desmantelamiento.
El factor China: del prestigio perdido al socio descartado
El otro gran actor del drama es silencioso pero no menor: China. En 2014, durante el segundo mandato de Cristina Kirchner, Argentina tenía firmado un acuerdo para construir dos centrales: una con tecnología con patente nacional (tipo CANDU, uranio natural, agua pesada) y otra con tecnología china (Hualong, uranio enriquecido). Atucha III y Atucha IIV respectivamente. Según la lectura de ese momento, el pacto se interpretó como una jugada audaz: obtener infraestructura y fondos, pero también preservar capacidad de diseño e industria local.
Ese equilibrio se perdió con la llegada de Cambiemos al poder en 2015 y se desdibujó definitivamente con la gestión de Milei. Para Federico Basualdo, exsubsecretario de Energía Eléctrica durante la presidencia de Cristina Kirchner, el viraje no es técnico, sino ideológico. «La asociación con China no era política, era comercial», sostuvo a AM530, advirtiendo la débil posición argentina ante la escasez para financiar el sector nuclear (y la necesidad de buscar fondos afuera)..
En ese punto también coincidió Hurtado, quien describió la maniobra realizada para terminar el proyecto en ese momento: China financiaría a cambio de la venta de la central Hualong, la primera de esas características a ser instalada en la «prestigiosa» potencia nuclear latinoamericana. «Argentina no tenía para poner el 15% acordado mientras que China quedó a la espera. Gustavo Béliz no lo pidió. Fue una paralización. Tras la salida de Béliz, no se destrabo tampoco. Yo creo que el gobierno de Fernández fue sensible a las presiones de EEUU. Tuvo una política exterior débil, invirtió pero no hubo una política nuclear convergente».
Argentina figuraba hasta 2023 en el mercado global de reactores modulares pequeños por el proyecto CAREM.
La privatización de Nucleoeléctrica Argentina SA, eje del «Plan Reidel»
La disconformidad con el decreto 695/2025 que habilita la privatización del 49% de NA-SA —44% vía licitación internacional y 5% al personal— saltó la grieta y despertó alertas incluso en sectores tradicionalmente favorables a la participación privada. Julián Gadano, exfuncionario del área durante la presidencia de Mauricio Macri, advirtió en un hilo de X que «la forma y el momento son inadecuados». Aunque relativiza el concepto de «soberanía» en una empresa que «no diseña ni exporta tecnología», considera que la operación, tal como está planteada, podría terminar en un «precio ridículo» por la falta de incentivos reales para inversores sin control accionario.
Sin embargo, el punto de contacto vuelve a ser la paradoja que representa CAREM, un punto en el que el kirchnerismo y el macrismo confluyen. «La idea es generar las condiciones para atraer capitales y vender el conocimiento, el diseño. Por lo que es necesario terminar de construirlo», indicaron una fuente cercana al expresidente que siguió el tema y aseguró que durante esa gestión hubo una inversión de 400 millones de dólares por parte del estado nacional.
Reidel, por su parte, dejó en claro que no habrá inversión pública en función de la motosierra libertaria. «El financiamiento (de las centrales) vendrá de un equity extranjero», afirmó. Pero, a casi un año del anuncio del «Plan Reidel», que incluyó la paralización del CAREM y el congelamiento de la cuarta central nuclear, no hay señales de esos inversores que le prometió la figura que encandiló a Milei con sus contactos en Silicon Valley, previendo la posibilidad de que la Patagonia se transformara en un polo de IA.
En tanto, relanzamiento de la agenda nuclear argentina bajo el paraguas de Estados Unidos no solo marca un reordenamiento geopolítico, sino una redefinición profunda del rol del Estado en sectores estratégicos. En nombre del déficit fiscal, algunos denuncian que se frena una tecnología nacional en pleno desarrollo, mientras que el Gobierno, como «socio contribuyente» del programa nuclear de EEUU, destinará recursos que apuntan a posicionar a EE.UU. como proveedor global. Con un sector privado todavía renuente a invertir, sin garantías de rentabilidad ni infraestructura concreta, el plan nuclear, por ahora, más a promesa de marketing que a política de estado.
Cecilia Degl’Innocenti
Comentario de AgendAR:
El Plan Nuclear de Reidel es de salvataje de la industria nuclear. De la industria nuclear estadounidense, que está bastante más muerta que la nuestra, aunque venga tan llena, llenísima de proyectos.
Está muerta porque son proyectos de proyectos de proyectos, puru vulevú con soda, poco fierro y cero hormigón, mucho power points, canapés y cartas de intención absolutamente vacías, acciones de empresas inexistentes que sólo compra un gil a espera de encajárselas a algún otro aún más gil, y todas esas alegrías de la timba financiera.
Desde que la construcción de centrales nucleares se detuvo en EEUU, en tiempos de Jimmy Carter, las proveedoras de suministros quebraron, y los recursos humanos en diseño, fabricación de componentes, montaje y puesta en marcha se jubilaron y/o murieron. Inevitable, fueron 45 años de nada continua. EEUU cerró 18 centrales y construyó 2, pero Westinghouse tardó el triple de lo acordado en ponerlas en línea, y salieron 4 veces la mosca pactada. Un chiche, el panorama nuclear yanqui.
Por eso, al «Súbanse al FIRST», la propuesta para Argentina de los gauleiters del State Department, doña Heidi Rapalo, y el Pete Lamelas (nombres sugerentes), hay que entenderla como un «Súbanse al Titanic». Barco famoso, a su modo. Pero hay que garpar el pasaje (sólo la ida).
A esos exultantes infelices empresarios nucleares yanquis, unánimente «traders» (en Avellaneda, mesadineristas y/o chorros), los venimos a salvar como la caballería nosotros, los argentos. Perdón, no quise insultarnos, compatriota. Los están salvando Reidel y Milei. Reidel, es directamente del palo, en su prontuario brillan JP Morgan, Goldman Sachs, y otras trituradoras de republiquetas endeudadas. Milei… bueno, es Milei. No sabe mucho de finanzas ni de nada, pero al menos pergeñó una criptoestafa argentina.
Esto no los descalifica moral o políticamente, porque desde tiempos de Mauricio Macri el nivel de la nomenklatura es ése. Sin entrar en consideraciones penales, son gente muy adversa y ajena a fierros, laboratorios, investigación, industria, empleo o construcción. Tilingos light, pero con escolta diplomática heavy.
Y al Titanic que es la industria nuclear yanqui, los van a salvar… con la nuestra (gracias, presidente. Buena tuya).
COMO LA GELATINA DE PESCADO
Frente a las narices de una oposición parlamentaria firme como la gelatina de pescado (perdón, pescados), estos dos… ¿vendepatrias? (la palabra queda chica y está gastada, se entró a una etapa superior en la breve historia de la infamia argenta).
Decía: frente a las narices de radicales Green Beret (Boinas Verdes, hablan castellano pero operan para los gringos), frante a las narices de peronistas de los de poncho reversible (puzó por fuera, celeste por dentro), estos cosos van a :
Vender Nucleoeléctrica a precio vil,
Ya suspendieron el CAREM «sine die»,
Y pisaron la terminación del RA-10, de cuya producción futura de radoisótopos se va a apropiar alguna multinacional como GE HealthCare o NorthStar Medical Radioisotopes a costo cero.
Si la CNEA tuviera mostrador a la calle para vender la producción del RA-10 con marca propia, levanta a este tipo de revendedores con la pala y los tira a la basura. El mercado de radioisótopos médicos este año facturó U$ 13.760 millones. El RA-10 puede acorralar, solito con su alma, el 20% de esa torta. ¿No se alegran, Heidi y Lamelas? Tenemos tanto para darle a yanquilandia…
En resumen, el crapulaje libercriollo está mandando a desguace el Programa Nuclear Argentino de 2014. Que no que tiene un corno que ver con el de Reidel y Milei. Malo o bueno, el Programa de 2014 al menos era argentino.
El Programa Nuclear de Reidel y Milei consiste en que nos volvamos clientes forzosos de la dicharachera y devastada aunque artrítica industria nuclear yanqui. Desde los años ’70 somos exportadores nucleares y hemos fajado MAL a los EEUU en varias licitaciones de reactores. Pero ahora el FIRST nos poner a ser el salvavidas sudaca de esta manga de caídos de la palmera.
Jauretche definía la independencia económica como asunto no de cambiar de collar, sino dejar de ser perro. Reidel, Milei y su gavilla lo que quieren es volvernos el perro del perro.
Pero no hay collares con garantía, e incluso el perro del perro puede morder al amo.
Un ejemplo de ello. Muy podrida tiene que ser la cosa para que incluso el sociólogo Julián Gadano, «El Hombre Nuclear» de Macri (y de quien venga), evite salpicarse de reidelismo explícito.
Este muchacho siempre está siempre listo, como diligente boy scout de embajada, para volver a dirigir la Subsecretaría de Energía Nuclear. Posiblemente lo haga cuando la dirección actual de ese templo atómico se estrelle, junto con el actual gobierno. Puede hacerlo incluso antes, si a la nueva conducción nuclear le destapan las cloacas, y a Dios por fin le dan arcadas y decide volverse nuevamente argentino.
Pero dejemos al ansioso y ganoso don Julián, que no importa, y vamos a los bifes. La hago cortita porque entre la expresidenta de la CNEA, Adriana Serquis, y mi compañero Diego Hurtado dijeron todo lo esencial, pero lo hicieron -es su estilo- sin desparramar mierda. Son respectivamente una dama y un caballero.
Yo no lo soy.
MI REINO POR UN AXEL
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, acaba de juntar a la mesnada nuclear histórica y legítima en el Salón Dorado de la casa de gobierno, en La Plata. Y ahí se mandó y dijo que está en contra de la privatización de NA-SA. Se entiende: las Atuchas I y II están en territorio bonaerense.
Para el Kichi todos los escenarios de privatización de NA-SA son malos, y alguno es directamente horroroso.
Si los nuevos dueños de NA-SA previsiblemente pijotean en inversión, entonces no se construyen nuevas centrales y la provincia, que en 2014 tenía planes para dos centrales nuevas por 700 y 1120 MW instalados, pierde plata.
Si pijotean bastante, las centrales se quedan sin mantenimiento y a la larga pierden la licencia para operar, y… bueno, dejan de operar. Las Atuchas generan el 51% de la electricidad nuclear. Si se caen, Buenos Aires, provincia sin gas ni petróleo, debe gastar de U$ 400 a U$ 600 millones en gas, para tapar el bache eléctrico. Más plata pierde, entonces, la provincia. Y también la Nación, de la que Kicillof podría volverse presidente, quién te dice.
Pero si las nuevos dueños de NA-SA se ponen las pilas en serio y afanan muy a mansalva, tanto como lo han hecho los propietarios de TODAS las empresas públicas privatizadas por Carlos Menem, alguna de las Atuchas por ahí termina teniendo un quilombo técnico que ya no va a ser de disponibilidad, sino de seguridad. Y del resto, se encarga la fuerza de las cosas, o el contador Magnetto, que ES la fuerza de las cosas.
Por ejemplo, ponele que se produce un incidente de grado 2 en la escala INES, que tiene 7 grados. El grado 7 es Chernobyl, ¿se entiende? 41 muertos por enfermedad aguda de radiación, 18.000 casos de cáncer de tiroides (el 90% curados), 2 ciudades y 279 caseríos evacuados en Belarús, Ucrania y Rusia, que llegaron a sumar 350.000 personas que debieron reinventarse la vida. A añadir, 784.320 hectáreas de praderas y bosques sacadas de producción y transformadas en parque nacional.
En fin, el grado 7 INES es un megombo histórico perdurable tres o cuatro generaciones. ¿Se entiende?
Pero un incidente de grado 2 en la escala INES es banal. Sumamente banal y habitual. Sucede generalmente por la rotura de un caño y supone alguna liberación de radiación, pero sin consecuencias significativas fuera del emplazamiento. Se limpia el área contaminada y nadie muere ni dentro ni afuera de la central. Nadie queda jodido por irradiación. Ni adentro ni afuera. Eso es un INES 2.
Atucha 1 tuvo al menos uno de estos, «el taponazo» de 1987. Sin consecuencias, salvo que hubo que parar la central 14 días para limpieza, y reponer alrededor de un metro cúbico de agua pesada derramada (es muy cara). Nadie se irradió.
Pero un INES 2 como estos hoy cae en manos del Gran Diario Argentino y te lo vuelven un Chernobyl multimediático, te inventan muertos, te entrevistan a las acongojadas viudas, te fabrican huérfanos irradiados, los dejan morir ante tus ojos en la tele, te obligan a vaciar al pedo ciudades como Lima o como Zárate, y luego entierran contentísimos a NA-SA en juicios por daños. Greenpeace puede y debe sumarse a estas nobles iniciativas.
Y entonces viene el fin definitivo del Programa Nuclear Argentino, al menos del verdadero. Cierren todo. Chau, Jorge Sabato, has trabajado en vano, y tanto, y tan bien. Chau 75 años de lucha, decepciones y triunfos. Algunos miles de técnicos y profesionales nucleares se rajan del país o se quedan para manejar para Uber. De un desastre de RRPP y RRHH como ése no se regresa.
Bueno, la privatización de NA-SA no es estrictamente un negocio chorro menemista del montón, onda el Estado Nacional puso la guita, los dueños de la privatizada la levantan con la pala sin poner un mango, o un mengo, y menos un Mingo. Y in embargo milagrosamente la empresa anda fetén, no tiene ningún desbole de seguridad, y en el caso concreto de NA-SA en 2023 ganó U$ 350 millones.
El estado ineficiente. Fumate eso, Bro.
No señor, privatizar NA-SA es un negocio más estratégico. Es buscar despacio y sin apuro el incidente o accidente, magnificarlo, cerrar para siempre el Programa Nuclear Argentino y poner a este país, hasta hoy exportador nuclear, y el que más palizas y en más licitaciones internacionales le dio a los EEUU, en comprador bobo y «per saecula saeculorum» de la chatarra nuclear estadounidense. Que además viene siendo invendible en todo el planeta desde fines de los ’70. Y eso por cara y por complicada.
Por eso voy a gritarle en la cara hasta despeinarlo, amigo lector, que el de Reidel es un plan de salvataje de la industria nuclear, pero hablo de la industria nuclear yanqui.
Y sobre todo, le digo esto al gobernador bonaerense don Axel Kicillof. Es el único que sabe hacer cuentas, y está del lado de los buenos.
QUIEN TIENE MÁS QUE PERDER SI SUCEDE LO PIOR (O PEOR)
FIRST es un plan típicamente MAGA: Make America Great Again. Sólo que EEUU no son América (ya quisieran) porque la forman 24 estados-nación, y fue tanta la caída y es tan baja la credibilidad del átomo yanqui, que no alcanzaría con degollar 24 programas nucleares como el argentino de 2014 para hacerlos Great Again.
Lo difícil no es rescatar a General Electric, a Westinghouse, que ostentan una potente y luenga historia fierrera pero ignoro cuántas quiebras tienen en el debe. Lo francamente imposible son hacer grandes a las varias decenas de «start ups» nucleares yanquis, que son sólo humo financiero para giles y lo van a ser siempre.
Por supuesto, no hay apuro para llegar a ese resultado estratégico. Mientras no llega, la hipótesis de mínima para los futuros nuevos propietarios de NA-SA es ganar U$ 350 millones/año, como lo hizo el Estado Argentino en 2023. Probablemente mucho más que eso, porque los «inversores» (haceme reir) en cuatro añitos van a aumentar el precio al consumidor de la electricidad entre un 3000 y un 3700% –
¿Por qué hago muy tranquilo esta afirmación? Porque es lo que sucedió en los cuatro interminables añitos de Mauricio Macri. ¿Al menos la murga de don Mauricio estuvo causando cortes de luz y quiebras a cambio de nuevas centrales eléctricas, fueran nucleares, hidroeléctricas o térmicas?
Un carajo. Las multinacionales del rubro Central Puerto, Pampa Energía, AES Corporation, Total Energies, ENEL Green Power, el Grupo Albanesi, Edesur, Edenor, Edelap y siguen las firmas. Esa runfla simplemente facturó horrores más por lo mismo, y se llevó una magna torta de guita afuera, porque aquí no reinvirtió ni un vintén.
La Hermandad de la Costa declinó participar: los piratas de la Isla Tortuga tienen códigos.
La nueva jefatura de NA-SA podría ir mucho más lejos, sencillamente porque Macri enfrentaba una parlamento que fingia oponerse, y mucha oposición de la calle, intensa y brutalmente real. Esta vez las cosas podrían ser distintas. Los nuevos datos son que la oposición (haceme reir) está aún más vendida, la calle aún más débil y dispersa, y la represión de los descontentos, sean discas o abuelitos, se fue poniendo salvaje. Ahora va con muertos.
Macri, volvé, te perdonamos (era un chiste).
En fin, cierro con dos datos. El gobernador que más guita y prestigio puede perder si se pone de culo contra esta privatización es el cordobés Martín Llaryora. ¿Por qué? Porque tiene a Embalse en su territorio. No sé si le gusta, pero es la central más segura, resistente y gananciosa de las tres que tiene NA-SA. Embalse asegura casi 30 años de vida operativa por delante, muestra una seguridad operativa impecable desde 1986 y tiene un factor de disponibilidad (agarrate, Catalina) del 97,99%.
En plata, eso significa que trabaja a potencia máxima 358 días por año. Está cerrada por mantenimiento 7 días por año, promedio. Es una fábrica de dólares como sólo la tiene el Departamento del Tesoro de los EEUU, pero no vende dólares inflados ni papelitos pintados. Vende electricidad real. Si se deja de mantener Embalse y hay que cerrarla, Córdoba pierde el 86% de su abastecimiento eléctrico.
SIC. Que en latín, significa SIC.
Yo no entiendo por qué Llaryora no junta su gente para impedir la privatización de NA-SA. Si cierra Embalse, cierra la provincia. En realidad sí entiendo. Llaryora quiere ser presidente de la nación, y desde Macri a esta parte, ése es un cargo que requiere de no irritar a la Embajada, y de practicar un derechismo sumamente perruno, con perdón de los perros. Le sale bárbaro.
Mientras la recesión industrial mitigue los apagones en la provincia, por ahora don Martín zafa de la guillotina.
En la provincia de Buenos Aires la guillotina es mayor se zafa menos. El bonaerense es el 49% del producto bruto industrial de la Argentina, y Córdoba sólo el 8%. Frente a un apagón de Embalse, la provincia de Llaryora probablemente reinventaría el Cordobazo, del que todavía tiene la patente. Pero ante un apagón de ambas Atuchas el panorama político provincial y nacional sería bastante más… ¿la palabra es «complicado»? Solitas las dos, son el 5% de un Mercado Eléctrico con un déficit de potencia instalada firme que, en mis cuentas de almacenero, da casi 14.000 MW desde 2014.
Cuando venís tan débil, ese 5% te manda a la Chacarita.
Creo que el Kichi es un tanto más realista, y bastante menos pelotudo. Personalmente, de pelotudo no le veo nada, ni un pelo. Su único defecto, visto cómo viene la política nacional, es no hacerse el macho rompeportones. Que como dice la politóloga Elena Pérez, viene a ser su máxima virtud. Con eso discrepamos, Elena y yo. Tal vez tenemos razón los dos.
Al lado de Elena, yo tengo menos política que la revista «Para Tí». Tal vez por eso no entiendo por qué el Kichi no va a fondo con la milonga, y no dice -porque hay que decirlo ahora- que si Milei privatiza NA-SA, él (el Kichi) la renacionaliza -y sin indemnización- en cuanto salga presidente. Si sale. Pero lo hace.
A mi leal y limitado saber y entender, es lo que hay que decir y el momento de decirlo. La causa es que hoy por hoy Kichi The Great es el único que puede atarle la boca a los empresaurios que Milei convoca para almorzarse el Programa Nuclear Argentino.
Como se sabe, los saurios, incluídos los cocodriloformes y los varánidos como el dragón de Komodo, tienen músculos de poca fuerza para abrir la boca, En revancha, ostentan unos maseteros espectacularmente fuertes cerrarla y morder. El negocio, sobre todo de los cocodrilos, no es dejarte escapar.
Tratemos, oh Axel, de que estos tipos se asusten y no quieran ni abrir la boca. Lo hagas o no, no vas a tener una vida más fácil en ningún caso. Y perdido por perdido, mejor que sea en tu ley.
Como mandril bien nacido, le agradezco al presidente Javier Milei por su neologismo «empresaurios». Él lo supo inventar en viejos tiempos de ínfimo lobbista de (dicen) incluso la CGT, que no me acuerdo qué era.
En el horizonte agrícola se vislumbran máquinas inteligentes que trabajensin conductores y que sean capaces de modificar la labor programada de manera autónoma, ante el cambio de condiciones. Se agregan tractores y cosechadoras híbridos o solo con motores eléctricos y drones con 300 kilos de capacidad para aplicar fitosanitarios de manera localizada, según prescripción. La agricultura automatizada se abre paso vertiginosamente en el mundo, para aumentar los rendimientos, reducir los riesgos de los operarios y facilitar las labores de implantación, protección y cosecha.
Una familia emprendedora
Nicolás Marinelli, de 32 años, soltero, es el actual responsable de un campo familiar cercano a Venado Tuerto en el que se desarrollan actividades agrícolas, al que se suma una empresa prestadora de servicios de cosecha, siembra y pulverización.
La vinculación de la familia Marinelli con el sector agropecuario se inicia hace 60 años, cuando el abuelo de Nicolás, José Marinelli, trabajaba en la fábrica de cosechadoras Giubergia. A partir del conocimiento allí adquirido, compró una trilladora y comenzó a brindar servicios de cosecha para sentar las bases de una actividad que se consolidaría con el paso del tiempo.
Durante muchos años, la empresa fue desarrollándose hasta que se incorporó Sergio Marinelli, padre de Nicolás. Sergio Marinelli fue pionero en el desarrollo de la agricultura de precisión y confeccionó el primer mapa de rendimiento del país utilizando una cosechadora John Deere.
Con el tiempo, amplió el abanico de servicios y sumó las tareas de siembra y pulverización, además de promover diversas innovaciones técnicas. En la época que se incorporó Sergio, el grano cosechado se embolsaba en la máquina y las bolsas se iban descargando en el campo.
El empresario desarrolló una tolva para almacenar el grano en la propia cosechadora, innovación que luego fue incorporada por la fábrica Giubergia a partir de tolvas fabricadas por él mismo.
Posteriormente, adquirió nuevas cosechadoras, a las que incorporó este sistema, que consolidó una mejora significativa en la eficiencia operativa. Con el tiempo, también se animó a producir en campos de terceros, además de continuar prestando servicios de labranza, siembra y cosecha.
Con un espíritu innovador, junto a Nicolás, también desarrolló un servicio de fotografía aérea. Ambos realizaban vuelos en avioneta desde la cual Nicolás tomaba imágenes de los campos, sostenido con cinturón de seguridad, mientras la puerta del avión permanecía abierta con una traba, Estas fotografías aportaban información clave para la toma de decisiones productivas en los campos relevados.
Gracias a este proceso de crecimiento, la familia pudo adquirir una fracción del campo donde hoy desarrollan una rotación agrícola tradicional que incluye trigo, soja y maíz, al 33%, bajo un sistema de siembra directa sostenido durante muchos años. Por otro lado, en la actualidad, la empresa contratista realiza labores sobre más de 6000 hectáreas por año.
Nuevas tecnologías
Además de atender el campo familiar, Nicolás Marinelli es un entusiasta de la tecnología aplicada al agro. Recientemente participó de Agritechnica y dirige Marinelli Technology, una empresa dedicada al asesoramiento y desarrollo de soluciones tecnológicas para el sector agropecuario. Marinelli fue ganador de una Medalla de Oro en el Premio Ternium Expoagro a la Innovación Agroindustrial y la Sociedad Alemana de Agricultura (DLG), que organiza Agritechnica, lo llevó a la exposición. Hizo un desarrollo que facilita la automatización y robotización de cualquier maquinaria en la agricultura y otras actividades.
Según Nicolás, “existe actualmente una amplia disponibilidad de tecnología agrícola para aplicar en las empresas”, aunque advierte que “su adopción requiere capacitación, adaptación a cada caso particular y comprensión profunda de las herramientas”. No se trata de tecnologías estandarizadas que puedan aplicarse de igual manera en todos los establecimientos.
Marinelli observa que la actividad agropecuaria se está volcando rápidamente hacia la agricultura digital, impulsada en gran medida por un recambio generacional que demanda nuevas tecnologías para resolver ineficiencias y reducir errores humanos en la ejecución de las labores.
Desarrollaron una cortadora de pasto para grandes parques
En este contexto, considera que el futuro del sector estará marcado por una creciente automatización, con la robótica como protagonista central. “Las nuevas herramientas permiten optimizar el uso de la maquinaria, disminuir situaciones de riesgo y reducir el cansancio de los operarios, y mejorar la calidad de las labores de implantación, protección y cosecha de los cultivos, con impacto positivo en los rendimientos frente a la agricultura tradicional”, destaca.
Inteligencia artificial
Al “aterrizar” estos conceptos al trabajo cotidiano, señala que el piloto automático ya es una tecnología ampliamente difundida y que hoy viene de serie en tractores, pulverizadoras y cosechadoras. No reemplaza al hombre en la cabina, pero le facilita el trabajo, una vez que se configura cómo se debe hacer el labor y de cargar la información para que funcione correctamente.
De cara al futuro, Marinelli estima que en poco tiempo dejará de ser necesario que la persona permanezca todo el día dentro de la cabina de un tractor o de una cosechadora. “Las pulverizadoras podrán detectar obstáculos, como un tanque, reconocerlos y tomar decisiones para eludirlos de manera autónoma”, proyecta.
En un mundo en el que el futuro se transforma vertiginosamente en presente, la incorporación de inteligencia artificial en pulverizadoras está permitiendo que decidan de manera autónoma sobre cuestiones productivas. Por ejemplo, si continúan o no una aplicación ante cambios en la dirección o en la velocidad del viento.
Todos estos sistemas generan datos que pueden consultarse en tiempo real de forma remota, para funcionar como una verdadera “caja negra” de la operación. Incluso, en aplicaciones periurbanas, esta información puede servir como respaldo para demostrar que el trabajo se realizó cumpliendo con los recaudos exigidos, y ser verificada en caso de conflictos.
En los tractores, la inteligencia artificial también ha permitido avanzar en sistemas de automatización que posibiliten programar una labor específica. “Una vez iniciada la tarea, el operario podría descender del equipo y monitorear el trabajo a distancia mediante una tablet”, se esperanza.
En las cosechadoras, la incorporación de tecnología ha sido particularmente intensa. Hoy todas las máquinas tienen monitores que permiten generar mapas de rendimiento. Además, mediante sistemas automáticos, las cosechadoras grandes calibran la trilla en función de la información captada por sensores que analizan el material que ingresa.
Nicolás y Sergio Marinelli en Agritechnica
“Si detectan materias extrañas en exceso, el sistema ajusta automáticamente la limpieza; si detectan pérdidas excesivas, ajustan los órganos de trilla”, explica Marinelli.
De este modo, tareas que antes requerían la experiencia del maquinista hoy se realizan de manera automática, incluso adaptándolas a los cambios de lote o a las diferentes condiciones de trabajo a lo largo del día.
Además, hay máquinas que regulan la velocidad de avance y del molinete según el estado del cultivo. Por ejemplo, ante la detección anticipada de un manchón verde en un lote de trigo mediante cámaras, reducen automáticamente la velocidad para evitar atoraduras.
En síntesis, la ingeniería mecánica tradicional da paso y se combina con la ingeniería electrónica, con la integración de las piezas tradicionales con sensores, softwares y sistemas inteligentes. Marinelli también observa un fuerte crecimiento en el uso de drones en la agricultura, que hoy cuentan con mayor capacidad de carga —en algunos casos de hasta 300 kilogramos— y autonomías de vuelo de 30 minutos, gracias a la evolución de las baterías.
Estos equipos están automatizados y permiten realizar vuelos de reconocimiento para detectar focos de malezas. A partir de esa información, se pueden prescribir aplicaciones selectivas sobre los manchones, que evitan pulverizaciones en cobertura total y logran mayor eficiencia. Estos drones de última generación permiten aplicar herbicidas, insecticidas y fungicidas, y más recientemente también fertilizantes sólidos.
Con una mirada hacia adelante, destaca la aparición de maquinarias híbridas. En la última Agritechnica se presentó una cosechadora con motores eléctricos para las transmisiones y los sistemas hidráulicos. También aparecieron los tractores híbridos e, incluso, 100% eléctricos, impulsados por la simplicidad de mantenimiento y el uso de energía limpia en comparación con los motores de combustión interna.
En ese sentido, se está desarrollando un proceso vertiginoso de cambio en la maquinaria y en el trabajo que requiere la agricultura. El progreso no pide permiso y ya está transformando la forma de operar, con un horizonte cercano donde surge la posibilidad de que se desdibuje la figura del tractorista/cosechero esforzándose todo el día en una cabina. Probablemente desarrollará otras funciones, y en sus manos dejará de estar la llave francesa para ser suplantada, con ventajas, por un tester electrónico.
Carlos Marin Moreno
Comentario de AgendAR:
Creo que mencionamos por primera vez a los Marinelli en marzo de 2020, a comienzos de la pandemias: El helidrón de INVAP, Cicaré y Marinelli. Era una herramienta ideal para el agro, y también para las Fuerzas Armadas. Y despertó poco interés en ambos mercados…
Desde entonces, habremos informado sobre sus logros, y algunas frustraciones, más de una docena de veces. Pongan su nombre en el Buscador de nuestra página de Inicio y verán. Es una de las empresas argentinas que despiertan nuestro orgullo.
El 19 de diciembre de 2025 será recordado como una fecha trascendental para la soberanía marítima de la América del Sur. SIMA Perú ha oficializado la firma de un contrato de codesarrollo con el gigante surcoreano Hyundai Heavy Industries (HHI) para la coproducción de submarinos en territorio peruano.
La firma del acuerdo fue protagonizada por el Gerente General de SIMA Perú, Contralmirante Luis Silva López, y el Senior Executive Vice President de HHI, Sr. Park Yongyeol, contando con la presencia del Presidente de la República, el Embajador de la República de Corea y el Comandante General de la Marina.
De Receptor a Codesarrollador
Lo más destacado de este acuerdo no es solo la adquisición de nuevas unidades, sino el cambio de paradigma para la industria nacional. SIMA Perú evoluciona de ser un ejecutor de proyectos a un codesarrollador activo.
Este contrato garantiza una transferencia real de tecnología, donde el objetivo no es simplemente recibir equipos, sino desarrollar capacidades propias. Como bien señala la institución, el verdadero significado de esta alianza es «no depender, sino construir capacidades propias», integrando a ingenieros, técnicos y proveedores locales en un ecosistema industrial de alto valor agregado.
Fortalecimiento de la Soberanía
La coproducción de submarinos en el Perú tendrá un impacto directo en:
Seguridad Nacional: Modernización de la fuerza silente con tecnología de vanguardia.
Desarrollo Económico: Creación de un «clúster naval» que involucra a universidades y a la industria nacional.
Cooperación Internacional: Consolidación de la alianza estratégica entre Perú y la República de Corea.
Este paso sitúa a Perú en un selecto grupo de naciones con capacidad para intervenir directamente en la construcción de sumergibles, fortaleciendo el control y la vigilancia de su dominio marítimo.
El Mercosur anunció dos nuevas negociaciones en el marco de su estrategia de ampliación de mercados con el foco puesto en Asia: buscará un Acuerdo de Comercio preferencial con Vietnam y el fortalecimiento de la alianza estratégica con Japón.
Mientras el cierre del acuerdo con la Unión Europea (UE) se postergó, por lo menos, hasta enero del año próximo, el Mercosur busca ampliar su influencia en un mercado cada vez más interesante para los países sudamericanos y de la mano de otros socios comerciales: el continente asiático y, específicamente, Vietnam y Japón.
Respecto del primer país, la declaración del bloque regional adelantó que ambas partes acordaron iniciar conversaciones para negociar un Acuerdo Comercial Preferencial (ACP), «compatible con las normas y disciplinas de la Organización Mundial del Comercio (OMC)«. «El futuro Acuerdo buscará promover la expansión del comercio mediante la eliminación de aranceles y abordar las medidas no arancelarias pertinentes para facilitar un acceso efectivo a los mercados y asegurar que los flujos comerciales reflejen el potencial de sus economías», explica el comunicado.
Para ello, tanto el Mercosur —Uruguay, Brasil, Argentina y Paraguay— como el gobierno vietnamita está «ultimando los Términos de Referencia que definen el alcance y la estructura del futuro Acuerdo, incluyendo las áreas que se cubrirán, considerando sus respectivas sensibilidades y prioridades de desarrollo».
«Esto representa un hito importante en el fortalecimiento de los vínculos» entre ambas partes, destacó el bloque regional, en tanto impulsa «un proceso de negociación que promoverá la integración regional y contribuirá a unas relaciones económicas más dinámicas y mutuamente beneficiosas».
Fortalecimiento de la alianza estratégica con Japón
Por otra parte, Japón y los Estados parte del Mercosur reafirmaron sus «relaciones amistosas», así como su «compromiso con una economía de mercado abierta»; reconociéndose mutuamente como socios de gran importancia, «con un significativo potencial para profundizar y diversificar sus relaciones económicas».
Por ello mismo, coincidieron en avanzar en las discusiones para fortalecer su asociación estratégica, y establecieron un Marco de AsociaciónEstratégica Japón-Mercosur, dentro del cual ambas partes «procurarán llevar su cooperación a un nivel superior, fortaleciendo aún más las relaciones estratégicas» mutas, desde «una perspectiva integral y de largo plazo, basada en el comercio y la inversión, y construida a partir de ellos».
«El Marco abordará la cooperación en el ámbito económico, incluidos el comercio, la inversión, la resiliencia de las cadenas de suministro, la economía digital, la transición energética y la transformación verde, así como otras áreas de interés mutuo», detalló el comunicado oficial.
El debate sobre la protección al sector industrial ni es nuevo ni distingue situaciones o particularidades. Décadas más tarde, la disputa, lejos de atenuarse, se potenció por una tradición de casi un siglo de políticas intervencionistas, regulando y estableciendo barreras más o menos sutiles que dificultaban la competencia. Las distorsiones fueron tantas que, sumadas a un cuadro de estancamiento e inestabilidad macroeconómica, la coyuntura les presenta un futuro incierto y lleno de amenazas para la industria.
El origen. Para el investigador y profesor de la facultad de Ciencias Económicas de la UCA, Ernesto O’Connor, en los últimos tres gobiernos aperturistas -incluyendo el actual- la producción industrial se redujo y paradójicamente también lo hizo durante el tercer kirchnerismo; sólo creció en el primer kirchnerismo, mucho menos en el segundo y algo bajo el impulso extremadamente subsidiario de la gestión Fernández postpandemia. A su juicio, el tema central es que Argentina no puede resolver por consenso un perfil productivo donde los recursos naturales, con o sin mucha agregación de valor, sí son competitivos, lo mismo que algunos segmentos intensivos en capital humano, en contraste a algunas ramas industriales más bien orientadas al mercado interno que hace tiempo no pueden competir con la producción global. “Dani Rodrik señaló que la industria ya no es la gran creadora de empleo y que sus posibilidades a nivel nacional quedaron limitadas”, concluye. Esta visión nada optimista también ayuda a comprender los dilemas actuales.
La economista Marina Dal Poggetto, por ejemplo, sostiene que “la historia no se repite, pero rima, en un país que no ha logrado romper el loop descendente frente a una dirigencia con mirada cortoplacista que sobrerreacciona a las demandas de la sociedad”. Explica que en 1989 la demanda de la sociedad era bajar la inflación, en 2001 bajar el desempleo y en 2023 volvió a ser bajar la inflación. “En ambos casos (los ‘90 y la coyuntura actual) se venía de un modelo de economía muy cerrada con alta inflación, tasas de interés negativas y brecha cambiaria en una economía que había perdido el acceso al crédito; que dio como resultado una bajísima productividad que, protección mediante, permitía sostener un bajo nivel de desempleo”, detalla. Y en ambos casos, la apertura de la economía y la suba de tarifas fue parte de la estrategia de corrección de precios relativos. Pero resume las diferencias que son mayores: Menem arrancó su mandato con las reformas estructurales (entre ellas la Ley de Reforma del Estado y las privatizaciones), con una participación estatal en el PBI mucho menor que la actual y sin embarcarse en una modernización laboral. El ancla cambiaria era, por definición, mucho más rígida durante la década que duró la Convertibilidad y la variable de ajuste en el empleo fue la ocupación antes que el salario real. Además, “la presente extensión del escenario de apertura agresiva de la economía con un dólar que no está adelantado y sin un salto en la productividad sistémica que acompañe, está dejando fuera de juego a una cantidad importante de sectores”, analiza.
Eduardo Fracchia, investigador y economista del IAE, señala que un punto importante es el de la dinámica de los cambios, aun cuando fueran imprescindibles y tuvieran consenso, los frutos tardan en emerger. Hasta un economista cercano a la política oficial como Ricardo Arriazu reconoce que ocurre una “destrucción creativa” de empresas y puestos de trabajo que más tarde serían compensados con empresas emergentes y mejores empleos. “La Argentina con los sectores ‘estrella’, los ganadores, no alcanza, porque serían US$ 1.000 per cápita de exportación cuando Australia y Canadá tienen US$ 7.000 per cápita de exportación de recursos naturales”, apunta Fracchia. La duda relevante, en su visión, es si va a haber una nueva configuración de las actividades asociadas a las diferencias con el tipo de cambio. “Hay sectores que quedan especialmente comprometidos, como el textil y calzado, y muchos otros más que comprometen a vastas regiones”, concluye.
Desde noviembre de 2023 cerraron 19.114 empresas y desaparecieron 224.000 empleos formales en total, de los cuales más de la mitad corresponde a la industria manufacturera (más de 30.000 puestos registrados) y la construcción, castigada por la sequía financiera y el desánimo de inversiones en el sector. Los empleos formales privados cayeron seis veces más que los públicos, sobre los que, incluso, pasó la declamada “motosierra”, sobre todo a nivel nacional. Según los datos de la Unión Industrial Argentina (UIA), la actividad industrial cayó un 10,3% desde 2023, o sea que no alcanzó todavía los niveles previos a la pandemia. La última medición de la serie que elabora FIEL arrojó que en octubre pasado la actividad industrial cayó 5,3% contra el mismo mes de 2024.
Varios frentes. A esto se suma una renovada presión fiscal ya que, como admitió recientemente el ministro Federico Sturzenegger, para poder bajar impuestos necesariamente tendrá que acelerar el talado de gastos. Pero también las críticas de los industriales se focalizaron en dos estamentos: el provincial por el incremento de las tasas de Ingresos Brutos y los municipios por la creación o ampliación de otros como “Seguridad e Higiene” que los observan como una ampliación de un tributo encubierto a las ventas.
El economista y empresario Gustavo Lazzari, que dirige una compañía familiar de chacinados, tiene un alto perfil mediático y también supo participar en la cámara de su sector, cuando aborda el tema del desafío del Gobierno para que la industria asuma un compromiso para aumentar su productividad, se desmarca y pone la pelota en el otro arco. “A la industria se le exige competitividad para poder enfrentar al mismo tiempo la apertura del comercio por desregulación de importaciones, pero a la vez no tiene ningún alivio tributario y debe enfrentar una caída en el consumo generalizado”, sostiene.
Competitividad. En esta mirada, no se puede hablar livianamente de competitividad sin referirse al lastre de regulaciones, carga impositiva, falta de normativas reales y mala infraestructura que agrava el denominado “costo argentino”. “Recién después de una reforma fiscal de fuste podemos saber quién puede quedar y quién no porque yo te puedo asegurar que, entre el empresariado local, es mucho más el que es competitivo que el que no lo es”, enfatiza Lazzari.
Por su parte, Jorge Vasconcelos, economista jefe de la Fundación Mediterránea, destaca que la industria manufacturera necesita ganar en competitividad en cualquier escenario. “Las exportaciones de MOI -manufacturas de origen industrial- han caído a un andarivel del orden del 0,16 % de las exportaciones mundiales, viniendo de un 0,25%, antes y después de la crisis de la Convertibilidad, pero esa reconversión requiere condiciones adecuadas”, subraya. Cita como ejemplo el caso de una exportadora del sector automotor que, en sus ventas al exterior, imprime a sus unidades un sobreprecio del 12% al 13 % que se explica por impuestos distorsivos, nacionales, provinciales y municipales, que no se pueden descargar en la Aduana como sí ocurre con el IVA. “Estudios sectoriales muestran que la carga impositiva (por fuera del IVA) en cadenas de valor comparables duplica en la Argentina los guarismos de Brasil y México (30% contra 15% aproximadamente). Un verdadero lastre para la competitividad que no sólo dificulta las exportaciones, sino que pone en desventaja a muchos productos locales para pujar de igual a igual con los importados”, destaca.
Vasconcelos cree que dichos datos reafirman la necesidad de un proceso sincronizado en la política de apertura de la economía, para que el mecanismo de la señalada “destrucción creativa” sea funcional al crecimiento de largo plazo. Sobre todo, cuando se presenta como uno de los efectos colaterales más notorios en la pulseada entre Estados Unidos y China la mayor agresividad del gigante asiático en sus exportaciones a terceros mercados. Incluso, reconoce que, antes de la declarada “guerra comercial”, la irrupción de China capturando un tercio de las exportaciones industriales del planeta ya había puesto sobreaviso a los industriales locales.
La carrera entre sectores. La vieja dualidad entre las empresas o los rubros que se inscriben en sectores más o menos competitivos frente a un escenario cambiante y marcado por las adscripciones a corrientes de comercio y acuerdos multilaterales está en plena revisión por estas circunstancias. Vasconcelos dice que los nuevos proyectos tienden a apoyarse en ventajas competitivas que se consideran “sustentables” y son una mezcla de industria y servicios, relacionados con núcleos productivos como el agro, los hidrocarburos y la minería.
La venta de maquinaria agrícola se desplomó 17% interanual entre octubre y noviembre y borró de un plumazo la recuperación del primer semestre. La suba de tasas previa a las elecciones, las importaciones de tractores desde China y el ingreso de equipos usados desde Estados Unidos, habilitado por Federico Sturzenegger, conformaron un combo letal para esta industria de punta.
Con este escenario, el sector cerrará el año con un nivel de operaciones similar al de 2024, que ya había sido el peor registro de los últimos seis años, y con un elevado stock disponible que se proyecta incluso para 2026.
El ingreso de tractores chinos a mitad de precio que los de fabricación nacional y la expectativa de una mayor llegada de maquinaria usada importada desde Estados Unidos justo cuando comienza la temporada más fuerte de ventas de cosechadoras mantienen en vilo a fabricantes y concesionarias. A este cuadro se suma la advertencia sobre la posible irrupción de la India, el mayor jugador mundial en producción de tractores.
“En el mejor de los casos vamos a terminar en un número de ventas parecido al del año pasado, que fue el peor de los últimos seis años”, afirmó a Letra PHernán Zubeldía, presidente de la Cámara de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (CAFMA).
Hernán Zubeldía, el presidente de CAFMA advierte sobre los tractores chinos
Zubeldía es dueño de Pulqui, una pyme que fabrica pulverizadoras y fertilizadoras en su planta de Carlos Casares. CAFMA agrupa a más de 1200 pymes industriales entre fabricantes de maquinaria y de agropartes, entre las que se destacan Agrometal, Akron, Metalfor, Crucianelli, Ombú, Richiger, Mainero, Maizco y Tanzi. En conjunto, el sector genera alrededor de 40.000 puestos de trabajo directos.
“Los meses preelectorales y el aumento de la tasa de los créditos impactaron muy negativamente en nuestras ventas. A eso hay que sumarle un incremento muy fuerte del ingreso de tractores chinos, a valores imposibles de competir desde la fabricación nacional”, explicó Zubeldía. Y agregó: “Nuestros tractores son hasta 40% más baratos que los brasileños, pero aun así no podemos competir con los chinos”.
Importaciones hechas por fabricantes nacionales
Dentro del mercado local también hay fabricantes que complementan su oferta con la importación de tractores asiáticos. Algunas de las marcas que ya participaron en Expoagro y Agroactiva son Chery —fabricado por Zoomlion—, Lovol, subsidiaria de Foton, y Lansu, enfocada en máquinas de baja potencia.
Lovol, la marca de tractores chinos que ya está en Argentina
“El tema chino es una preocupación a nivel mundial. Tienen una estrategia comercial muy agresiva para descremar los mercados a los que llegan”, señaló Leandro Brito Peret, director ejecutivo de la Asociación de Fábricas Argentinas de Tractores (AFAT).
AFAT agrupa a las multinacionales con plantas en el país: AGCO, Agrale, CLAAS, CNH Industrial, FPT Industrial, John Deere, Jacto y Stara. En total cuentan con 12 fábricas distribuidas entre Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos.
Las empresas nucleadas en AFAT representan el 98% del mercado nacional de cosechadoras, el 85% de tractores y el 50% de pulverizadoras. La cadena de valor completa del sector emplea a unos 16.000 trabajadores.
CAFMA y AFAT mantienen desde hace años una disputa histórica: las fabricantes nacionales acusan a las multinacionales de ser “apenas armadurías” con baja integración local. Sin embargo, esas diferencias parecen quedar saldadas frente a la irrupción de China como amenaza común.
Fuentes del sector advierten que no existe un registro exacto de cuántos tractores chinos ingresaron al país, ya que es una práctica extendida entre productores y contratistas no patentar todas las máquinas, bajo el argumento de que son herramientas que no salen de los campos.
Un año partido en dos
En términos de ventas, 2025 fue un año claramente dividido. Durante el primer semestre, el mercado de maquinaria agrícola creció 15% interanual. Pero en la segunda mitad llegó el desplome.
El aumento de las tasas de interés —que llegaron al 80% en septiembre y hoy rondan el 30%— volvió prácticamente imposible para el productor agropecuario invertir en bienes de capital. Esto ocurrió incluso en un contexto de rindes récord en la actual cosecha de trigo en la zona núcleo y pese a la baja de retenciones dispuesta por el Gobierno para algunos productos.
“La situación de los productores del norte del país se agrava aún más. Decidimos no renovar maquinaria, reparar y seguir como se pueda. Las tasas son muy altas y venimos de tres campañas malas por el clima y por la chicharrita”, dijo a Letra PGonzalo Blasco, productor agropecuario de Tucumán.
Blasco, ingeniero agrónomo, explicó que “la maquinaria agrícola en Argentina tiene precios mucho más altos que en otros países y los tractores chinos aparecen como una alternativa por precio. Ya se incorporaron algunas unidades y estamos probando sus prestaciones”.
Según datos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA), en el bimestre octubre-noviembre el patentamiento de maquinaria agrícola alcanzó las 1052 unidades, un 17,2% menos que en el mismo período de 2024.
Sturzenegger abrió la importación de usados
Desde AFAT advierten que el escenario se agravará con la habilitación de la importación de maquinaria usada, una decisión impulsada por Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado.
“Necesitamos una cancha equilibrada. Están viniendo máquinas usadas de países con estructuras y costos fiscales mucho más bajos que los de Argentina y con financiamiento mucho más conveniente, como Estados Unidos”, sostuvo Brito Peret.
El directivo explicó que el impacto se sentirá con mayor fuerza en el segmento de cosechadoras, cuyo ciclo de ventas se concentra en el primer trimestre del año. “En dos ciclos vamos a tener la real dimensión de la medida que tomó el Gobierno”, advirtió.
Las empresas nucleadas en AFAT concentran el 99% del mercado argentino de cosechadoras. La importación de usados golpea de lleno a las ventas de AGCO Argentina —con Massey Ferguson y Valtra—, CLAAS Argentina, CNH Industrial —dueña de Case New Holland— y John Deere.
Brito Peret alertó además sobre el retraso tecnológico del parque de maquinaria nacional: la antigüedad promedio en Argentina es de diez años, frente a seis en Brasil y cuatro en Estados Unidos. “Deberíamos estar vendiendo 1200 cosechadoras por año. En 2022, el mejor año reciente, se vendieron 750 máquinas a noviembre. Este año estamos en 680, y en 2023 y 2024 se acumularon 570 a noviembre. El mejor año fue 2017”, detalló.
Vassalli, el anteúltimo de los nuestros
La crisis del sector tiene un emergente claro en la situación terminal de la histórica fábrica de cosechadoras Vassalli, en la ciudad santafesina de Firmat. La planta está completamente paralizada y a sus 280 trabajadores se les adeudan entre 3,5 y 4 millones de pesos por persona, sin contar diciembre ni el aguinaldo.
La familia Marsó, de Entre Ríos, había adquirido la empresa a comienzos de año, ya en crisis, pero no logró cumplir con los compromisos asumidos. Así, la Argentina está a punto de perder una de las dos últimas fábricas nacionales de cosechadoras que aún permanecían activas.
La restante es Metalfor, última sobreviviente de un entramado de 25 fábricas que existían hasta la década del 90. La paradoja es que el país fue el lugar donde se fabricó la primera cosechadora autopropulsada del mundo.
La industria preocupada por las importaciones de maquinaria agrícola
“Si seguimos importando máquinas, nos vamos a convertir en talleres: vamos a reparar y cambiar repuestos. Eso ya lo hicimos hace 100 años, nacimos así y no queremos retroceder”, advirtió Zubeldía.
El dirigente empresario aseguró que CAFMA mantiene conversaciones con los equipos técnicos de los ministro Sturzenegger y Toto Caputo para avanzar en medidas que permitan “ganar competitividad” en la industria.
Uno de los principales reclamos es la devolución de los saldos técnicos de IVA, un problema histórico del sector. El Estado retiene como crédito fiscal el diferencial entre las compras gravadas al 21% y las ventas alcanzadas por una alícuota del 10,5%.
“A valores actuales, el Estado nos debe el equivalente a cuatro años completos de la grilla salarial de cada empresa”, afirmó Zubeldía. Y explicó: “Estamos trabajando con los equipos técnicos de Caputo, pero entendemos que esos saldos se deben desde hace 20 años y que no se pueden devolver todos juntos”.