La producción automotriz creció un 69% en 2021; las exportaciones, un 88%

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La fabricación nacional de vehículos alcanzó el año pasado las 434.753 unidades, un 69 por ciento más que en 2020, mientras que en el mismo período las exportaciones crecieron un 88 por ciento interanual, según informó la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA).

“Son números auspiciosos, las automotrices son la nave insignia de la industria argentina”, aseguró el presidente Alberto Fernández, cuando ayer recibió en la Casa Rosada al presidente de Adefa, Martín Galdeano, a los titulares de las terminales automotrices que operan en el país y al secretario general de SMATA, Ricardo Pignanelli. Producción Con 18 días hábiles de actividad, las terminales produjeron un total de 39.849 unidades en diciembre, un volumen 14,3% menor al que se registró en noviembre y 32,1% superior a las 30.172 unidades de diciembre del año pasado. El desglose muestra que el mes pasado se produjeron 19.901 automóviles, lo que significó una caída de 5,1% contra noviembre, pero una suba interanual de 98,8%. Por el lado de los utilitarios la producción fue de 19.948, un 21,1% menos que en noviembre y un 1,1% menos que en el mismo mes de 2020. En el acumulado del año, el sector contabilizó 434.753 unidades producidas, lo que marcó el crecimiento de 69% en comparación con las 257.187 unidades de 2020. En el caso de los automóviles la producción escaló hasta las 184.106 unidades, con una mejora interanual de 98%, pero el crecimiento promedio del conjunto de las unidades terminó siendo menor porque los utilitarios treparon solo 52,7% interanual al alcanzar la cifra de 250.647 unidades producidas. Exportaciones El volumen de vehículos exportados en diciembre fue de 19.615 unidades, lo que mostró una caída de 39,7% en su comparación con noviembre, aunque al comparar el resultado con el mismo mes del 2020, el sector registró una mejora en los envíos de 14%. En el acumulado 2021, el sector exportó 259.287 vehículos de pasajeros y utilitarios, con lo que registró un crecimiento de 88% en comparación con el año anterior cuando se enviaron 137.891 unidades a diversos mercados. El desglose por tipo de vehículo muestra que se exportaron 91.965 automóviles, un 154,2% más que en 2020, y 167.322 utilitarios, un 64,5% más que un año atrás. Adefa destacó que el crecimiento sostenido de las exportaciones permitió que la industria automotriz cierre el año representando el 34,3% del total de las exportaciones de Manufactura de Origen Industrial (MOI) y el 71,7% del total MOI a Brasil. Al analizar el destino se las exportaciones, los envíos a Brasil lideran cómodamente con un 66,3% y muy por detrás se ubica Chile con un 6,6%, Perú con 5,4, Colombia con 5,1, México con un 2, Uruguay 1,3, Paraguay 1,3, Ecuador 0,9 y Venezuela 0,2%. Ventas a concesionarios Sobre ventas mayoristas, el informe de Adefa arrojó que en diciembre el sector automotor en su conjunto comercializó a la red de concesionarios 32.723 unidades, un 17,7% más respecto de las entregas de noviembre y 16,1% por debajo del volumen del mismo mes del año pasado. De esta forma, el acumulado del año arrojó que la venta mayorista (a la red comercial) fue de 334.389 unidades, es decir, un 6,9% más respecto del mismo período de 2020 en el que se comercializaron 312.789 vehículos. A lo largo de todo el año se vendieron 224.678 automóviles a las concesionarias, apenas un 0,6% más que en 2020, mientras que se colocaron 109.711 utilitarios, lo que representó una suba interanual de 22,8%. “A pesar del difícil contexto tanto global como regional, el sector logró liderar el crecimiento industrial en 2021 y también mejoró su comportamiento al comparar la actividad con los niveles pre-pandemia”, destaca Adefa en su informe mensual.

Comentario de AgendAR:

La industria automotriz argentina está aún lejos de las cifras alcanzadas en sus mejores años. ES que desde 2011, y en especial desde 2018, la economía argentina no atraviesa buenos años, por cierto. Por otro lado, la industria automotriz muestra que comparte la recuperación económica que empieza a verse, luego de la pandemia. Y sigue incorporando tecnología a sus productos. La inevitable transición energética es un desafío, y también un estímulo.

Una señal para el agro: un técnico de la Mesa de Enlace será el nuevo Secretario de Agricultura

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Una nueva jugada en medio de la larga partida de ajedrez que viene disputando el Gobierno y los  productores rurales. Horas después de que la Mesa de Enlace confirmó que este sábado participará de la protesta del sector rural, el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, nombró a un técnico de la Mesa de Enlace como secretario de Agricultura en reemplazo de Jorge Solmi.

Ayer se anunció que Matías Lestani, economista y director del Departamento Económico de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), asumirá hoy jueves como nuevo secretario de Agricultura de la Nación. Es la principal autoridad en el sector de agricultura, donde en este momento se están desarrollando las principales discusiones como la creación de un fideicomiso para reducir el precio del trigo y el maíz. Lo sorpresivo, es que CRA históricamente fue una de las más opositoras a muchas de las medidas del Ministerio de Agricultura, que según ha reiterado la entidad perjudican al campo. Lestani es ingeniero Agrónomo, con un Máster en Administración de Negocios. Formado previamente en la escuela secundaria agrotécnica de Alternancia CFR «El Tejado», productor agropecuario y actual Presidente de la Asociación Internacional de Movimientos Familiares Agropecuarios (AIMFR) una entidad internacional que vela por la educación agropecuaria y el desarrollo territorial en más de 40 países. Desde CRA remarcaron hace dos días que el sector necesita clarificar y dar previsibilidad en el futuro: «Es responsabilidad del Gobierno, lo que no nos puede pasar es volver a tener un año como el 2021, no sabíamos qué iba a pasar, no puede volver a suceder».

Aunque la industria automotriz se recupera, en 2021 por 1° vez se vendieron más motos que autos en Argentina

La División Motovehículos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara) informó que en 2021 se patentaron 383.683 unidades, cifra que no solo representa un crecimiento del 44,6% respecto de 2020 (265.355 unidades), sino que supera al total de autos vendidos en Argentina, que cerró el año con un total de 381.777 unidades patentadas, entre las distintas categorías. Las razones para esto son múltiples y están relacionadas con cambios en los hábitos de consumo, disponibilidad (o falta de ella) de unidades y la crisis económica. Otro de los factores más destacados es la presencia de planes de financiación de hasta 30 meses. Hasta septiembre de 2021 el mercado de autos era mayor al de motos, inclusive este año se esperaba cerrar en torno de 450.000 unidades de cuatro ruedas, pero debido a distintos factores, como problemas de importación y de producción, por falta de divisas y autopartes respectivamente, la pulseada se inclinó hacia el otro lado de la tabla. Si bien la demanda de autos se ve favorecida por la brecha cambiaria, otro factor determinante tiene que ver con la suba de precios y de mantenimiento de los 0km, además de las demoras en entregas y sobrepecios. Finalmente, muchos usuarios urbanos estarían volcándose por las dos ruedas para facilitar el desplazamiento en las ciudades cuyo tránsito volvió a cargarse. En 2019, último año que califica como “normal” el número fue de 461.853 contra 327.414 para autos y motovehículos, respectivamente, con una brecha que solía ser del 30% entre ambos. El presidente de Acara, Ricardo Salomé comentó: “el sector de los motovehículos cierra un buen año de crecimiento en el que ha sido clave que hayamos logrado impulsar, desde Acara junto al Gobierno, el programa de financiación del Banco Nación, Mi Moto, que sigue funcionando muy bien, y nos hace creer que tampoco se detendrá en los próximos meses. La venta de motos se ha ido afianzando, producto de la necesidad de utilización de la moto como medio de transporte en cada vez más provincias y ciudades, en el caso de las unidades más chicas, pero también en las del segmento medio, porque la moto también se está usando para viajes y traslados de muchos kilómetros”. Top 5 Marcas Motos 2021 Honda Motomel Corven Gilera Zanella

«Explosión» de contagios. En Argentina, en EE.UU., en Europa. Primeras reflexiones

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El ministerio de Salud de la Nación informó ayer martes 4 que en las últimas 24 horas se reportaron 81.210 contagios, el número más alto en toda la pandemia. La cifra de decesos se mantiene baja, muy baja en relación al número de contagios: en todo el país registraron 49 fallecidos por covid. Pero el dato más preocupante es que la positividad de los testeos llegó a 52%. Es decir, que en más de la mitad de las personas testeadas se registró la presencia del virus.

Este aumento «casi vertical» de los contagios detectados se registra también en Estados Unidos y en varios países europeos. Allí, se tiende a atribuir a la variante ómicrom, mucho más contagiosa. Sin duda, esa variante ya está presente entre nosotros… Una reflexión inquietante ha sido hecha en las redes sociales por la periodista Nora Bär: «Si se tiene en cuenta el subregistro por asintomáticos y los que no consultan ni se hacen el test, más de 80.000 casos notificados pueden significar entre 400.000 y 800.000 contagios reales en un día». Por nuestra parte, creemos que puede haber un sesgo «pro positividad»: tiende a testearse el que está preocupado por algún síntoma… Además, detectado en un día NO significa que se haya contagiado en estos días. Pero todo junto nos parece indicar que el virus está muy extendido en la población, con una gran mayoría entre los contagiados de asintomáticos. Si es así, puede atribuirse a la eficacia de las vacunas, y que el covid esta dejando de ser una pandemia para convertirse en otra enfermedad respiratoria endémica. Pero todavía es demasiado pronto para asegurarlo.

A. B. F.

El coronavirus, la ciencia y la información. Cómo distinguir verdades de mentiras

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«¿A quién podemos considerar un experto creíble y a quién no? ¿Por qué los científicos cambian de opinión? En otras palabras, ¿cómo funciona en realidad la investigación científica? En esta nota de la agencia alemana Deustche Welle se explora el tema.

«La ciencia es un proceso en el que ella misma se cuestiona repetidamente y eso la lleva a corregirse una y otra vez», dice Ulrich Dirnagl, investigador del ictus (la interrupción súbita del flujo sanguíneo a una parte del cerebro) en la Charité de Berlín. También dirige el Centro QUEST en el Instituto de Salud de Berlín (BIH). Dirnagl y sus colegas son responsables de gestión de la calidad de la investigación biomédica en el BIH. Es decir investigan sobre investigación. Pero incluso si la labor investigativa solo es un proceso aproximado, esto no significa que todas las hipótesis u opiniones tengan el mismo peso. Por ejemplo: hace poco, alguien contó que «una amiga partera ha visto muchos abortos espontáneos después de la vacunación contra el coronavirus». Anécdotas de este tipo pueden causar en un primer momento estupefacción. ¡La mujer es partera, ella tiene que saberlo! Partera o no, una anécdota u observación de ese tipo puede ser, a lo sumo, el punto de partida para llevar a cabo una investigación más profunda. «Definitivamente se puede generar una hipótesis a partir de una anécdota», dice Dirnagl. «Sin embargo, esto debe verificarse en estudios controlados para poder establecer una conexión causal», añade. Por cierto, no se ha podido corroborar que exista una relación entre vacunación y el índice de abortos espontáneos, a pesar de las más de 8.700 millones de dosis de vacuna inoculadas en todo el mundo.
Durante la pandemia de coronvavirus se han evaluado y retirado muchos estudios con resultados falsos.

Durante la pandemia de coronvavirus se han evaluado y retirado muchos estudios con resultados falsos.

Escepticismo organizado y autocrítica

Por lo tanto, es muy posible que la observación de la partera haya sido fruto de un mecanismo humano, conocido como sesgo de confirmación. Este error de confirmación nos lleva a creer la información que confirma lo que ya estábamos asumiendo. Nadie es inmune a dicho proceso: «Lo único que ayuda contra esto es ser el propio abogado del diablo», dice el psicólogo social Roland Imhoff, quien investiga la mentalidad conspirativa en la Universidad de Maguncia. Se trata de adoptar conscientemente una posición que se oponga a la propia opinión. Dado que la ciencia es mucho más consciente de la posibilidad de que esté equivocada que la mayoría de los negacionistas, es muy probable que continúe investigando el tema de los abortos espontáneos. «El escepticismo organizado es una norma en la ciencia», explica Ulrich Dirnagl y añade que «sabiendo que podemos estar equivocados en nuestros resultados y conclusiones, los científicos somos fundamentalmente escépticos. También hacia nosotros mismos». Por esta razón, toda publicación científica debe enfrentarse a las críticas del sector especializado. La comunidad científica evalúa los resultados de la investigación con acritud. «El escepticismo organizado también implica que al final de los buenos estudios se muestren sus limitaciones «, dice Dirnagl, por ejemplo, mencionando que no se han podido tener en cuenta ciertos aspectos.

La ciencia tiene sus límites

La ciencia no trata de demostrar que algo es cierto. Suena extraño, pero es muy simple. «Es mucho más fácil tachar una hipótesis de falsa», dice Dirnagl. «La suposición de que los cisnes son blancos es válida hasta que se avistan los primeros cisnes negros», explica. Si el objetivo de la ciencia fuera verificar una hipótesis, es decir, probar que la suposición es cierta, entonces se tendría que mirar a todos los cisnes del mundo. Nunca se puede descartar la posibilidad de que al investigador se le haya escapado un cisne.
El virólogo alemán Christian Drosten

El virólogo Christian Drosten tiene buena fama en Alemania. Investiga desde hace mucho tiempo los coronavirus.

No todos los expertos son iguales

Nuestras posibilidades de imitar los experimentos y cálculos realizados en un estudio son limitadas. Al final, se trata de que haya confianza. Roland Imhoff probó esta confianza en expertos, junto con sus colegas Pia Lamberty y Olivier Klein, en un estudio: las personas que apenas se sentían atraídas por historias conspirativas confiaban en una hipótesis, sobre todo, si estaba respaldada por un científico. El contenido de la hipótesis era secundario. En Alemania, por ejemplo, hay mucha confianza en el virólogo Christian Drosten, porque estuvo involucrado en el descubrimiento del SARS-CoV-1 en 2003 y ha estado investigando los coronavirus desde entonces. También ha publicado mucho sobre el SARS-2. Las publicaciones de Christian Drosten también deben pasar por el escrutinio crítico de sus colegas. Solo entonces se le puede considerar un experto, precisamente porque sus hipótesis y publicaciones «resisten” a la evaluación de los expertos. Ulrich Dirnagl afirma que «alguien que proclama la verdad al cien por ciento no actúa científicamente en serio».

Margaret Thatcher envió 31 armas nucleares a las islas durante la Guerra de Malvinas

El gobierno de Gran Bretaña envió docenas de bombas de profundidad nucleares en los buques que desplegó durante la Guerra de Malvinas, en 1982, y “causó pánico entre los funcionarios en Londres”, según documentos desclasificados ayer en los Archivos Nacionales británicos.

La información que estuvo oculta durante casi 40 años fue revelada por el sitio Declassified UK, en un artículo escrito por el periodista de Seguridad y Defensa, Richard Norton Taylor. Traducimos su nota:

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«La revelación está contenida en un nuevo archivo publicado en los Archivos Nacionales. Marcado como “Atómico, alto secreto”, muestra que la presencia de las armas nucleares causó pánico entre los funcionarios en Londres cuando se dieron cuenta de los daños, tanto físicos como políticos, que podrían haber causado. El régimen militar en Argentina reclamó las islas Malvinas e invadió el 2 de abril de 1982. El gobierno del Reino Unido bajo Margaret Thatcher envió una fuerza de tareas naval al Atlántico Sur para retomar las islas. Un acta del Ministerio de Defensa, de fecha 6 de abril de 1982, se refirió a la «gran preocupación» de que algunas de las «bombas nucleares de profundidad» pudieran «perderse o dañarse y el hecho se hiciera público». El acta agregó: “Las repercusiones internacionales de tal incidente podrían ser muy dañinas”. «Las repercusiones internacionales de un incidente de este tipo podrían ser muy dañinas» Las bombas de profundidad nucleares se despliegan en barcos escolta de la Armada para atacar submarinos sumergidos. El funcionario no identificado que escribió el acta continuó: “El secretario de Estado [John Nott] deseará continuar con la práctica establecida desde hace mucho tiempo de negarse a comentar sobre la presencia o ausencia de armas nucleares del Reino Unido en un lugar determinado y en un momento determinado”. La existencia de las armas provocó una acalorada disputa entre el Ministerio de Defensa y el Ministerio de Relaciones Exteriores. Este último pidió al Ministerio de Defensa que «desactivara» las armas. La Marina se negó a hacerlo. El Ministerio de Defensa tomó nota de los principales argumentos a favor de mantener las armas a bordo. Declaró: «En caso de tensión u hostilidades entre nosotros y la Unión Soviética en forma simultánea con la Operación Corporate [el nombre en clave dado a la recuperación de las Malvinas], la capacidad militar de nuestros buques de guerra se reduciría drásticamente«. Un documento en el archivo dice que no hubo riesgo de una «explosión de tipo bomba atómica». Pero existía la amenaza de la «pérdida de material fisionable» si alguna de las armas resultaba dañada, lo que a bordo de las naves que llevaban estas bombas podría haber provocado hasta 50 «muertes adicionales» por cáncer. Incluso si no hubiera contaminación en caso de un arma nuclear dañada o hundida, los argentinos podrían hacerse con tecnología nuclear y “podríamos haber tenido que enfrentar una gran vergüenza en el campo de la no proliferación”, registró un funcionario del Ministerio de Defensa. Manteniendo el secreto La Marina rechazó un plan para descargar las armas que venían a bordo en la base británica en la isla Ascensión en el Océano Atlántico Sur. Dijo que esto retrasaría el paso del grupo de tareas a las Malvinas y que la operación perdería su secreto. En cambio, las armas fueron transferidas desde las fragatas y destructores a los portaaviones HMS Hermes y HMS Invincible, donde podrían estar mejor protegidas. El príncipe Andrew se desempeñó como piloto de helicóptero en el Invincible durante la guerra. A mediados de mayo de 1982, el Hermes tenía 18 armas nucleares a bordo y el Invencible 12, mientras que el buque auxiliar de la Royal Navy, el Regent, tenía una, según el archivo. Los barcos estaban dentro de la «zona de exclusión total» impuesta por Gran Bretaña alrededor de las Islas Malvinas, dicen los documentos. El archivo no dice si alguno de estos fueron bombas de control «inertes» (es decir libres de las esferas de plutonio 239 potenciada con tritio, un isótopo muy pesado del hidrógeno, los materiales que entra en fisión el primero y fusión el segundo al sufrir una compresión explosiva). Las bombas de control suelen ser utilizadas para monitorear el «deterioro de las armas (a lo largo del tiempo)», como lo expresó el académico Lawrence Freedman en su Historia Oficial de la Campaña de las Malvinas, publicada en 2005. (Normalmente, el deterioro se produce por la lenta depleción del stock de tritio, y se traduce como una pérdida progresiva de potencia termomecánica en el momento del estallido. El deterioro de los explosivos químicos usados para comprimir la esfera de plutonio raramente es significativo, pero sí lo es el de la electrónica usada para lograr una implosión coordinada a la millonésima de segundo que genere una onda de compresión perfectamente simétrica. Sin esa coordinación, una bomba de fisión potenciada, como las WE-177A que se trajo la Task Force a nuestras aguas, puede disipar su potencia en un «fizzle» termomecánicamente inofensivo, un episodio de fisión menor y de baja potencia, e incapaz de generar un segundo episodio secundario e inmediato de fusión termonuclear. Nota de AgendAR). Se utilizaron armas falsas de vigilancia y entrenamiento para testear las cargas de profundidad y ver cómo funcionarían. Eran idénticas a las armas activas, excepto que el material fisionable fue reemplazado por uranio empobrecido y sustancias inertes. Pero incluso la presencia de bombas inertes causó alarma en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Su principal funcionario, Sir Antony Ackland, escribió a Sir Frank Cooper, su par en el Ministerio de Defensa: “Me alegré mucho de tener su confirmación de que el HMS Sheffield no llevaba una munición inerte cuando fue alcanzado”. El destructor se hundió el 10 de mayo de 1982 tras ser atacado por un misil argentino Exocet seis días antes. Zona libre de armas nucleares La Cancillería británica también se mostró preocupada por la presencia de armas nucleares por el Tratado de Tlatelolco de 1967. Esto estableció una zona libre de armas nucleares en América Latina y las aguas circundantes, incluidas las Malvinas. Aunque Gran Bretaña ha firmado y ratificado los protocolos del tratado, otros países, incluida la Argentina, no lo han hecho. Según Freedman, Margaret Thatcher insistió en que ningún barco con armas nucleares entraría en las aguas territoriales de tres millas alrededor de las Malvinas (según la legislación todavía vigente en 1982, el límite de las aguas territoriales), lo que habría constituido una «posible violación» del tratado de Tlatelolco. El Ministerio de Defensa admitió en 2003 que los barcos británicos de la fuerza de tareas llevaban armas nucleares y que un contenedor de las mismas había sido dañado. La cantidad de armas no se había revelado antes de que este documento fuera transferido a los Archivos Nacionales en Kew, al suroeste de Londres. Pero el Ministerio de Defensa o la Oficina del Gabinete han eliminado varios documentos del archivo. Incluyen una nota intrigante, fechada el 11 de abril de 1982, que comienza con «Los Jefes de Estado Mayor creen …» Lo que creían los jefes militares en ese momento no se nos permite saber.»

Comentario de AgendAR:

Más allá de los datos interesantes que presenta esta nota de Richard Norton Taylor, en AgendAR tendíamos a opinar que estas repetidas «revelaciones» sobre la existencia de armas nucleares en las naves británicas durante la Guerra de Malvinas cumplen con un objetivo tradicional de la guerra psicológica: convencer al adversario que uno está dispuesto a emplear en un futuro enfrentamiento todos los recursos disponibles. Que la Task Force se vino con bombas termonucleares se sabe y se discute públicamente desde 1983. Ahora, en un largo artículo que publicaremos mañana, Daniel Arias sostiene que los militares británicos pensaban que podían llegar a necesitar bombas nucleares de profundidad ante la amenaza de los submarinos argentinos. Nuestra fuerza submarina estaba en condiciones mucho peores de mantenimiento y homologación de armas que lo que suponían los británicos. Aún así, las posibilidades de infligir daño al enemigo del único submarino argentino que logró entrar en combate, el S-32 ARA San Luis, fueron reales. En cualquier caso, con el Atlántico Sur vuelto un paraíso de pesca ilegal, los submarinos son una herramienta de soberanía que debemos recuperar. No porque sirvan para controlar pesqueros piratas, para lo cual son tan útiles como un bate de baseball para la neurocirugía, y por lo mismo. Pero sí sirven para ir disminuyendo el sentido de perfecta impunidad militar y diplomática con que Londres permite que Port Stanley emita centenares de licencias pesqueras sobre aguas en disputa, y así pagar los gastos militares de «Falklands Fortress». A los pesqueros piratas se los controla con mejores y más naves de superficie en la Prefectura y la Armada, y a los jueces federales que habilitan el caos actual con su desidia, sustituyéndolos. Esos son asuntos internos nuestros. Otra cosa sucede con el Reino Unido (RU), que desde 1986 habilitó el actual descalabro pesquero. Por ahora, en una Argentina finalmente privada de su último submarino operativo, el ARA San Juan, el RU percibe una indefensión naval y geopolítica perfecta. Por eso decide lo que quiere, adónde quiere y cómo quiere, unilateralmente y sin negociar.

Para IATA, la cabina de los aviones son lugares de «muy bajo riesgo» de contagio de Covid

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En relación a recientes comentarios relativos a los riesgos de Covid-19 durante los viajes en avión, la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA, en siglas en inglés) aclaró que aunque el Ómicron parece ser más transmisible que otras variantes en todos los entornos, la cabina del avión sigue siendo un entorno de muy bajo riesgo para la transmisión de Covid-19. Según el Dr. David Powell, asesor médico de IATA, los factores que contribuyen a mantener los riesgos de contagio muy bajos dentro de la cabina de un avión tienen relación con las características del diseño de la aeronave (dirección del flujo de aire, sistema de filtración del aire a través de filtros HEPA y renovación del aire cada pocos minutos), la orientación hacia adelante de los pasajeros mientras están sentados, uso adecuado de mascarillas y medidas sanitarias reforzadas. Además, la naturaleza controlada de la cabina de la aeronave en comparación con otros entornos cerrados agrega una medida adicional de protección. Las autoridades de salud pública no han sugerido nuevas medidas para los ambientes interiores como resultado de Ómicron; y las recomendaciones de IATA para los viajeros, incluido el uso correcto de mascarillas, no han cambiado y son aún más importantes.

Argentina se asocia con empresas de Japón y China para vender imágenes satelitales al mercado asiático

La empresa estatal argentina VENG ha firmado acuerdos con las empresas Restec de Japón y BSED de China para comercializar las imágenes generadas por la constelación satelital SAOCOM en el continente asiático. La iniciativa se suma a otros acuerdos entre VENG y otros proveedores de observación satelital de la Tierra, y está logrando que las imágenes de los satélites SAOCOM de la CONAE se vendan en todo el mundo.

Argentina y Japón son los únicos países, por ahora, con satélites-radar en banda L. A diferencia de los satélites ópticos, no necesitan de iluminación solar o de luz generada por objetos para obtener imágenes. Como todo satélite-radar. operan sin importar si abajo es de día o noche, y si brilla el sol o hay nubes de tormenta, o volcánicas, o humo de incendios. En el caso de los SAOCOM 1 y 2, estos iluminan la escena con microondas desde su altura orbital de 620 km. y recogen los rebotes en sus antenas. Esto lo hacen todos los satélites radar. Pero lo particular de los SAOCOM son las microondas en banda L: tienen una frecuencia de 1275 GHz, atraviesan cualquier obstáculo óptico en la atmósfera y penetran a través de la vegetación superficial y el suelo hasta encontrar agua. Su uso fundamental al principio fue agrícola: permiten determinar el contenido momentáneo de agua de las napas y calcular riesgos de encharcamiento, inundación o sequía, y hacer pronósticos sobre rendimiento de cosechas. Pero las imágenes de radar espacial en banda L encontraron inmediatamente otras aplicaciones ambientales. Como detectores de la presencia o ausencia de agua en el terreno, han servido para dar alertas de derrumbe o deslave de laderas, medir riesgo de incendios forestales y, al servir de altímetro y detectar variaciones ínfimas de altura en cerros, pronosticar erupciones volcánicas. Como altímetros de precisión, los radares L espaciales siguen sumando más aplicaciones: pueden detectar manchas de petróleo en el mar o los ríos, o las estelas de buques, e incluso en modo de alta resolución, los propios buques. Hoy un SAOCOM es una solución en busca de problemas. Y la Argentina tiene dos. El valor comercial e incluso geopolítico y estratégico del producto de los 3 satélites-radar en banda L que vuelan a fecha de hoy es enorme. Y sobre todo, por lo escaso. Inevitablemente, estp genera la pregunta de por qué hasta hoy estas naves sólo las tienen Argentina, con sus dos SAOCOM, y Japón, con su solitario Alos 2; países con flotas satelitales relativamente menores. La respuesta: requieren antenas y potencias eléctricas gigantes, y su construcción no sólo es muy compleja sino también muy cara. En criollo: ellos no la vieron, nosotros sí. La CONAE desgraciadamente hoy no tiene otros satélites en vuelo, salvo los SAOCOM 1A y 1B. La nomenclatura de los mismos muestra que hubo planes de tener una flota SAOCOM mayor, pero con presupuestos siempre acotados y frecuentemente recortados desde la fundación misma de la agencia, en 1990, ambos SAOCOM tuvieron tiempos de construcción larguísimos. ¿Cuánto de larguísimos? Alrededor de 20 años desde inicio de integración en las salas limpias de INVAP, Bariloche, a su puesta en plataforma de lanzamiento en EEUU. Con la plata necesaria, un desarrollo de este tipo habría salido adelante entre 5 y 10 años. Rápido no hubiera sido nunca: la ingeniería incluía el desafío de subir a órbita de 620 km. unas antenas de radar gigantescas, como jamás se habían construido otras. La imagen es elocuente. Pero en 20 años de puro apriete presupuestario, las baterías de níquel-cadmio en las que los SAOCOM acumulan potencia para generar imágenes pasaron de ser el último avance en almacenamiento de electricidad a tecnología obsoleta. Alrededor de 2010 las baterías de iones de litio ya eran «la posta», el nuevo paradigma no sólo en las aplicaciones espaciales o militares sino en la calle. En todo sentido: con estas baterías, Tesla ya iba camino de volverse la marca de autos eléctricos más valiosa de la historia. Las pesadas y poco eficientes baterías de níquel-cadmio con que vuela cada SAOCOM le permiten obtener unas 120 imágenes/día. Parece poco, salvo que se entienda que estos satélites se toman el trabajo de iluminar activamente el terreno con microondas, en lugar de recibir pasivamente luz solar reflejada. Gastan electricidad a espuertas, y la reponen con una placa fotovoltaica que, vista con ojos de hoy, es chica para satisfacer semejante demanda. Pero rediseñar ambas plataformas para mejores baterías, cuando aparecieron a fines de los ’90, habría implicado rehacer toda la arquitectura eléctrica de ambas naves y atrasado aún más su construcción.c El Alos 2 de la JAXA, la Agencia Espacial Japonesa, tiene baterías de litio y placas fotovoltaicas muy grandes, para manejar este cuello de botella que es la carga eléctrica disponible para la misión. También las tuvo el viejo Alos 1, lanzado en 2006, que sirvió para establecer, al menos en Japón, que el radar espacial en banda L era un asunto de necesidad y urgencia. Concretamente, el Alos 1 predijo un deslave en la montañosa isla de Honshu días antes de que sucediera, y con ello salvó la vida de los habitantes de una ciudad que quedó sepultada por el barro. Sin embargo, no fue todo coser y cantar con este aparato: en 2008, JAXA admitió que de 4300 imágenes obtenidas por el ALOS 1, sólo 52 tenían suficiente definición como para ser de utilidad cartográfica. Luego, la agencia resolvió el problema «por software»… hasta 2011, en que algún probable fragmento de basura espacial discapacitó al satélite. El cual no tardó en ser repuesto por su sucesor, visto que daba servicios insustituibles. Aquí las cosas fueron más lentas. Uno se pregunta cuántos ministros y/o secretarios de agricultura, ganadería y medio ambiente se enteraron de que los SAOCOM podían ser herramientas valiosas. Uno se pregunta si trataron de hablar con sus ministros de hacienda, jefes de gabinete o presidentes/as para acelerar este desarrollo. Son políticos y/o gente del agronegocio que supuestamente saben que en sus mercados la información sobre rendimientos de cosecha, sean propios o ajenos, es poder, y la que dan los SAOCOM es mucho más predictiva que los «índices verdes» generados por los centenares de cámaras ópticas en órbita. Las imágenes en banda L toman en cuenta el agua bajo las raíces de las plantas o su ausencia, dato que decenas de otros satélites ópticos ignoran. Tal vez algún ministro o secretario trató de dar una mano. Si lo hizo, no se notó. Tenemos una cantidad de políticos con título de abogado, otra menor con título de médico, y una mayoría importante cuya carrera se hizo con una mezcla de rosca partidaria y de negocios. Así las cosas, la escasa cultura científica y técnica de nuestra dirigencia le sale cara al país. Para hablar de plata, ese idioma que entiende cualquiera, los acuerdos de venta de la CONAE de este tipo de imágenes van generándole un mercado de nicho, y seguramente en unos años más, competencia. Es difícil que las potencias espaciales grandes (EEUU, Rusia, China, la India) permitan que Argentina y Japón tengan un momento monopólico muy largo de la banda L espacial. La buena noticia es que mientras dura, se le empieza a sacar partido. La empresa nacional VENG, cuyo accionista mayoritario es la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales), firmó un acuerdo el pasado 11 de noviembre con Restec (Remote Sensing Technology Center of Japan), una empresa con base en Tokyo especializada hace 45 años en soluciones basadas en datos satelitales. De esta manera, Restec podrá ofrecer a sus clientes, tanto en Japón como del resto del mundo, las escenas provistas por los satélites argentinos SAOCOM 1A y 1B. Además de a Japón, los productos SAOCOM llegaron al mercado chino. A principios de septiembre de este año VENG firmó un acuerdo con BSED (Beijing Smart Earth Digital), una empresa establecida en 2012 con base en Beijing, para que pueda comercializar escenas SAOCOM en China. Estos acuerdos se suman a otros existentes con los que cuenta VENG y a otros nuevos que está actualmente negociando. De este modo, en un mundo donde las imágenes ópticas desde órbita baja ya son un lugar común, la CONAE va construyendo su marca con productos especiales que no tiene prácticamente nadie. Los satélites SAOCOM 1A y 1B, cuyas siglas significan “Satélites Argentinos de Observación con Microondas” de la CONAE, fueron lanzados al espacio desde Estados Unidos en los años 2018 y 2020, respectivamente. Viajaron a bordo de dos cohetes Falcon 9 de la empresa Space X que los inyectaron en órbita baja. Y ambos satélites poseen colosales antenas SAR (Radar de Apertura Sintética por sus siglas en inglés) que emiten y reciben haces de microondas en banda L. VENG es la empresa designada por la CONAE que, desde el 2020, comercializa los productos basados en información satelital generados por la constelación SAOCOM. Actualmente, Argentina es el único país de América que comercializa escenas satelitales en Banda L a través de un satélite propio.
Preparando para ser lanzado el SAOCOM 1-b
“Tanto los satélites argentinos SAOCOM 1A y 1B como el ALOS 2 de Japón, son los únicos tres actualmente operativos en el mundo que poseen, como instrumento científico, un radar de apertura sintética en Banda L. A pesar de que Japón contaba con esta tecnología, es una muy buena noticia que Restec haya decidido hacer esta alianza para ofrecer escenas SAOCOM en su país y en el mundo. Sin dudas, es un acuerdo que nos potencia a ambos como jugadores del mercado global de escenas satelitales”, explicó Adrián Unger, subgerente de Información Satelital de VENG. Respecto a la utilidad de las escenas que genera la constelación SAOCOM, Unger aclaró: “Gran parte de nuestras escenas son utilizadas para generar «stacks interferométricos». Son grupos de escenas tomadas a través del tiempo que, mediante una preselección hecha por VENG, sirven como materia prima para estudios interferométricos». Estos permiten detectar cambios en el terreno e infraestructura de pocos centímetros, útiles para medir deforestación, daños en infraestructura, dar alertas tempranas de aludes y deslaves, suministrar datos para la explotación minera y petrolera, y la lista sigue. Lo dicho, la banda L es una solución en busca de problemas.

Acuerdos previos

VENG firmó en diciembre de 2020 un acuerdo con la empresa italiana e-GEOS, propiedad de la Agencia Espacial Italiana (20%) y la empresa Telespazio (80%). A partir de ese acuerdo, E-GEOS potenció su oferta de productos satelitales en todo el mundo, dado que previamente ya comercializaba los productos generados por los cuatro satélites italianos Cosmo-SkyMed cuya tecnología radar es en Banda X. Así, desde la firma de ese acuerdo, puede combinar ambas tecnologías para responder a las necesidades de sus clientes. Estos cuatro satélites junto a los dos satélites SAOCOM conforman el Sistema Ítalo-Argentino de Satélites para la Gestión de Emergencias (SIASGE), creado por la CONAE y la Agencia Espacial Italiana (ASI). El acuerdo es bastante beneficioso para la ASI: construir radares espaciales en una banda de alta frecuencia, como la X, no requiere de las proezas de generación, manejo y uso de la electricidad a bordo que la banda L, ni de antenas del tamaño de una cancha de squash.

¿Qué es VENG?

VENG es una empresa de servicios y desarrollos tecnológicos de alto valor agregado, con especialidad en la actividad espacial. Con más de 14 años de experiencia, y una nómina actual de 450 colaboradores, VENG participa en proyectos estratégicos del Plan Espacial Nacional Argentino, como el desarrollo de prototipos de vehículos lanzadores para el acceso al espacio y la integración y ensayos de componentes satelitales. Cuando VENG llegue, a través de algunos prototipos, a un lanzador definitivo, el Tronador II, la CONAE dejará de «hacer dedo» o de pagar a terceros por puesta en órbita. Tendrá su propia escalera al cielo, y podrá alquilarla a otros. Este lanzador no aspira a grandes cargas ni grandes alturas: hasta 200 kg. y 1000 km. de altura. Pero tener esta capacidad en el país no será un hecho banal en lo tecnológico, comercial o estratégico. Por otra parte, VENG se dedica a la operación de dos estaciones terrenas en el país, en las provincias de Córdoba y Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, y sus respectivos centros de control de misiones satelitales. VENG tiene la representación mundial exclusiva de los productos de la misión SAOCOM, y está constituida como sociedad anónima con participación estatal mayoritaria a través de la CONAE.

Daniel E. Arias

Imagen SAOCOM LID de la ciudad de Tokio

La Cámara de la Industria Argentina del Software anuncia 400.000 nuevos empleos antes del 2030

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La industria del software y de servicios informáticos proyecta crear 400.000 nuevos empleos en los próximos ocho años y sumar US$10.000 millones a las exportaciones que el sector realiza en la actualidad, con el sostenimiento del marco regulatorio que generó la Ley de Economía del Conocimiento.

En la última reunión del año de esta industria, las autoridades de CESSI Argentina presentaron el proyecto «Software as a Future 2030 (SaaF2030)«, que comprende a todos los actores de la comunidad relacionados con la formación y el empleo en la industria IT. De esta forma, el plan incluye tanto a las empresas de esta industria como a compañías de otras actividades que requieren de soluciones informáticas, instituciones educativas y al Estado en sus tres niveles; Nación, provincias y municipios. «Los diversos modelos de negocio de la industria se encuentran en constante crecimiento y presentan una activa demanda de perfiles profesionales acordes» explicó el titular de la Cámara de la Industria Argentina del Software de Argentina (Cessi), Sergio Candelo. Agregó que «las restricciones de crecimiento pasan casi exclusivamente por la capacidad de recursos humanos» y por eso se hace necesario «postular un desarrollo de formación para la empleabilidad en la industria del software, que es casi el equivalente a desarrollar un programa de crecimiento del sector». Entre los principales objetivos del proyecto está la generación de más de 400.000 nuevos empleos a nivel país, por encima de 122.000 puestos existentes a fines de 2021, con un promedio de remuneración que hoy duplica la media del empleo registrado privado en Argentina, indicaron desde la cámara. Precisaron que sobre 6 millones de personas empleadas en el sector privado, la meta de 400.000 para 2030 «representaría un 15% de incremento de puestos de trabajo de todo el empleo privado». Si se cumple esta proyección la «industria del software se convertiría en el segundo sector con más empleo del país«, dijo Candelo. A su vez la previsión es generar «más de US$ 20.000 millones de producción bruta anual al año 2031, por sobre el PBI actual de la industria en Argentina, medido en U$ 5.000 millones en el 2021». «La industria se convertirá así en la segunda industria más importante del país, en generación de riqueza», subrayaron desde la Cessi. También proyectan generar exportaciones por más de U$ 10.000 millones anuales incrementales en ese período, que se sumarían a los US$6.000 millones existentes en la actualidad, lo que elevaría al sector del actual cuarto puesto al segundo lugar en el ranking de generadores de divisas. El proyecto tiene como bases sólidas la Ley de Economía del Conocimiento, que otorga beneficios impositivos al sector, y los resultados de los planes de capacitación en programación que se articularon entre el Gobierno nacional, a través del Ministerio de Desarrollo Productivo, y la Cessi. Entre ellos se encuentran el plan Argentina Programa, en el que se inscribieron 700.000 personas, un plan de especialización que incluye cursos de programación de siete meses de duración y una última etapa de monitoreo con empresas del sector. «La industria IT venció el primer gran desafío que es el de generar interés e incentivos para que jóvenes y adultos deseen trabajar en ella, y se desarrolló a partir de que todo un ecosistema se sienta protagonista de este cambio», sostuvo el vicepresidente de Cessi a cargo del SaaF, Blas Briceño. También destacó que al cierre de 2021, de las empresas que solicitaron la inscripción en el régimen de promoción de la Economía del Conocimiento, «más de 2.000 iniciaron el tramite y 310 ya tienen los beneficios». También subrayó la creación de 64 nodos productivos de esta nueva industria instalados en las 23 provincias argentinas y que «no solo se verificó un crecimiento sostenido del empleo, sino que creció más por fuera del eje tradicional de Buenos Aires-Córdoba- Rosario» La economía del conocimiento y «en especial el vertical de tecnología» es uno de los sectores que se espera tenga una demanda activa de trabajadores en 2022, «producto de la aceleración de los procesos de transformación digital que gran parte de las compañías», según los resultados del último reporte de la consultora Randstad.

El Instituto Argentino de Petróleo y Gas se pronuncia sobre las exploraciones en mar abierto

El I.A.P.G. hizo conocer ayer, lunes 3, la siguiente declaración en las redes sociales: El 30/12/2021 se aprobaron los permisos para realizar estudios del subsuelo en tres áreas del Mar Argentino, debido a la posibilidad de hallar gas y petróleo. Como instituto técnico dedicado a los hidrocarburos y a la energía en general creemos necesarias algunas aclaraciones: Lo primero, es que se trata de una iniciativa del Estado Nacional y no de empresas extranjeras que vienen a “saquear” un recurso local. Es el propio Estado el interesado en el desarrollo del recurso e invita al sector privado a participar, como ocurre en la mayoría de los países. Entre las compañías concesionarias, hay de capitales extranjeros, pero también de capitales locales, como YPF; de capitales estatales y también privados y mixtos. Todas operarán bajo las mismas condiciones. Pero, además, esto no es nada nuevo. La Argentina busca hidrocarburos en su mar desde hace más de 90 años. Desde entonces, se han perforado 187 pozos en el lecho marino y se han producido algunos hallazgos de interés, sin incidentes ambientales significativos. Por ejemplo, desde hace décadas existe producción de gas en pozos marinos de la Cuenca Austral (Tierra del Fuego y sur de Santa Cruz). Y, de hecho, el 17% del gas que producimos en el país (y que se relaciona con tu consumo) viene hoy de 36 pozos operativos en el mar. Esto es muy importante, porque más de la mitad de la energía que consume la Argentina es gas natural. Incluso en tu casa, la calefacción y la cocina utilizan este insumo, que es, por lejos, el más limpio de los combustibles fósiles. El 70% de la electricidad también se produce con gas. Durante el más de medio siglo de búsqueda en lecho del Mar Argentino se ha utilizado la “sísmica” como técnica exploratoria. Sólo entre 2017 y 2020 se registraron unos 120.000 km de sísmica en el Mar Argentino, pero la técnica se usa en nuestro mar desde fines de los 50. En las costas bonaerenses, por caso, se han registrado desde 1960 unos 50.000 km de sísmica y se perforaron 18 pozos; el último en 1997, algunos de ellos relativamente cercanos a la costa. ¿Ocurrió algún desastre ecológico? La respuesta es un rotundo NO. Por ejemplo, las poblaciones de ballenas no han dejado de crecer en los últimos 50 años. Y hay que decir que se salvaron de una casi segura extinción, cuando las ciudades comenzaron a iluminarse con querosene (derivado del petróleo), en lugar de aceite de ballena. La actividad pesquera enfrenta problemas propios relacionados con la presión sobre el recurso. Nada tiene que ver la actividad hidrocarburífera. Países que son potencias pesqueras, como Noruega, tienen desarrollos intensivos de gas y petróleo en el mar. Entonces, ¿cuál es la diferencia con lo que se acaba de aprobar y genera tantas inquietudes? Por empezar, por primera vez el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible participa en la aprobación de los estudios de impacto ambiental. Esto incluye la realización de una audiencia pública, que se llevó a cabo a mediados de 2021 con la participación de cientos de personas. Segundo: existe una embestida sin precedentes en contra de los hidrocarburos, que hoy representan la mitad del consumo mundial de energía. No es cierto que en el corto plazo puedan ser reemplazados con energías renovables. Y la demanda energética va en aumento. Hoy no existe prácticamente ningún país en el mundo cuya matriz energética no tenga un mínimo de 70% de combustibles fósiles. Más aún, si hablamos de países industrializados. Y casi todos queman carbón mineral, el más contaminante de los combustibles fósiles. Países muy populosos y en desarrollo, en especial en Asia, basarán este crecimiento en el carbón mineral. Los hidrocarburos, con su menor nivel de emisiones (muy especialmente, el gas natural) tienen un rol importante que cumplir allí. La creencia de que las llamadas “energías limpias” son la solución al problema es un mito, divulgado en forma irresponsable. Estas fuentes son valiosos complementos, pero con serias limitantes técnicas e impactos ambientales de los que no se habla. El primero es la intermitencia. No hay forma de garantizar aún el abastecimiento solo a base de energías renovables. Y esto supone un límite concreto a su abastecimiento a gran escala. No hay un solo ejemplo en el mundo de un país “renovable” en su matriz primaria. El Sol y el viento contienen energía renovable. Pero los paneles solares y los aerogeneradores no lo son. Por ejemplo, requieren la intensificación de actividades extractivistas y no renovables, como la minería. Y dado que básicamente se genera electricidad, sería necesaria la electrificación de todos los servicios (transporte, calefacción, cocina) y la construcción de grandes redes de transporte y distribución (basadas en el cobre, que no es renovable). ¿Quién financiaría esa costosísima transición? Nunca se dice ¿Vas a cambiar tu calefón por uno eléctrico? ¿Tiene sentido en Argentina, que emite apenas el 0.6% de los gases de efecto invernadero y más de la mitad de su población hoy se encuentra bajo la línea de pobreza? Una novedad: será la primera vez que las operaciones se hagan en aguas profundas y ultraprofundas; es decir, se llevarán a cabo en zonas muy alejadas de la costa, a cientos de kilómetros, en donde el mar puede alcanzar profundidades de hasta 4000 metros. Decir que las operaciones se harán en las costas bonaerenses es relativo y hasta tendencioso. El punto más cercano a Mar del Plata, de hecho, son 307 kilómetros, tan lejos de la localidad balnearia como Brandsen, por ejemplo. Nadie en Mar del Plata verá plataformas ni petróleo. Las operaciones implican tecnología de punta, controles, protocolos, estudios de impacto ambiental, y más controles. Cientos de plataformas en todos los mares del mundo generan el 30% del petróleo a nivel mundial. Los incidentes son cada vez menos y de menor importancia. Hablar de bombardeos acústicos, del fin de la vida en el Mar Argentino y de “100% de posibilidades de derrames” es pseudociencia, y solo demuestra el escaso nivel técnico científico y la irresponsabilidad de quienes difunden este tipo de información.