Por causa de la pandemia, la esperanza de vida en la Argentina disminuyó un año y medio

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Según la estimación de un equipo de demógrafos, desde 2019 hasta mediados de este año la expectativa de vida en el país cayó 1,5 años. 

La esperanza de vida al nacer retrocedió a valores inferiores respecto de los que había hace más de una década en la Argentina: a mediados de 2021 esa expectativa de vida se estimó en 71,9 años para los varones y 78,1 años para las mujeres. En el trienio transcurrido entre 2008 y 2010, último del que el Indec tiene registro de ese indicador, la esperanza de vida al nacer en el país era de 72,08 años para los varones y de 78,81 años para las mujeres. La pandemia de Covid-19 –y el exceso de mortalidad que implicó respecto de las llamadas “muertes esperables”- es, según la investigación que el demógrafo Leandro González llevó a cabo junto a su colega Sonia Pou, el motivo por el cual se produjo ese retroceso. “Son resultados provisorios porque el cálculo correcto de esperanza de vida, especialmente si se tienen en cuenta las muertes a causa de Covid-19, lo vamos a poder hacer cuando estén debidamente procesadas las causas de muerte de este año. Eso normalmente tarda un año”, describe González, que lleva a cabo sus estudios en el Centro de Investigaciones y Estudios de la Cultura y la Sociedad (Ciecs) que depende del Conicet y la Universidad Nacional de Córdoba. La estimación de González, según explica, está basada en datos disponibles en 2019, antes de que la pandemia tocara suelo argentino. “Estimé las muertes que dábamos por ‘normalmente esperables’ en 2020 y 2021 antes de saber sobre la llegada de la pandemia, y a esos datos sí les agrego las muertes registradas por Covid-19, de acuerdo las publicaciones diarias del Ministerio de Salud de la Nación. La limitación de hacerlo así es que esa base de datos es un conteo sobre la marcha, es decir que es imprecisa y puede tener errores, porque es normal que, por ejemplo, se retrasen algunas partidas de defunciones. Son datos móviles con lo provisorio propio de una emergencia”, explica González. Lo que el demógrafo radicado en la capital cordobesa midió fue el potencial impacto de la pandemia de Covid-19 en la esperanza de vida para 2020 y también para 2021. “Es a la pandemia a lo que debemos atribuir la baja en la esperanza de vida para estos dos años. Podemos esperar que si se logra dominar la pandemia este año, la esperanza de vida aumente: eso es lo habitual en este indicador, que aumente un poquito cada año. Lo raro es que se estanque o baje, que es lo que está pasando por las muertes que no estaban previstas”, sostiene el especialista. “Son muertes inesperadas y, a medida que corrieron los meses, esas muertes fueron impactando cada vez en población más joven: eso explica la baja en la esperanza de vida al nacer”, suma. En su investigación, González estimó cuántas muertes debían esperarse en la Argentina de acuerdo a la tendencia registrada en los diez años anteriores. “Eso implica suponer que todas las causas de muerte se mantuvieron estables, por lo que es un supuesto eventualmente discutible. Durante la pandemia, algunas muertes bajaron, como las muertes violentas, y otras han aumentado porque se descuidaron determinados aspectos de la salud: fue lo que pasó con las patologías cardíacas, por ejemplo”, explica. Su estimación de muertes no producidas por el Covid-19 en 2020 fue de 343.954: es un número cercano a los 342.341 fallecimientos que el Ministerio de Salud de la Nación estimó como “umbral esperado” para ese año en su estudio sobre exceso de mortalidad en contexto de pandemia, del que dio cuenta Clarín. “Para estimar la esperanza de vida al nacer se toman las distintas tasas de mortalidad que hay por edades y se distingue la tasa según el sexo. Digo ‘sexo’ y no ‘género’ porque la diferencia de mortalidad entre sexos tiene que ver con sus características biológicas: hay un patrón genético que va para el lado de que la expectativa de vida sea menor para varones que para mujeres. A eso se le suma el hecho de que los varones, en general, somos más autoagresivos y descuidamos más nuestra salud”, describe González, y agrega: “Una tabla de cálculo simula cuánto viviría una población si a lo largo de toda su vida estuviera expuesta a una tasa de mortalidad del año que estás analizando, y de esa manera se obtiene el índice de esperanza de vida al nacer. Ese índice es dinámico: cambia todo el tiempo de acuerdo a la variación de esas tasas de mortalidad”. Tendencialmente, sostiene el especialista en demografía, esas tasas de mortalidad bajan y hacen que aumente la esperanza de vida. Aunque el último registro oficial del Indec es en relación a datos de hace más de diez años, han habido actualizaciones sobre la esperanza de vida al nacer en la Argentina por parte de equipos científicos. Para 2019, González explica que el indicador era de 73,5 años para los varones y de 79,5 años para las mujeres: la caída de la expectativa de vida desde ese momento hasta mediados de este 2021 es de aproximadamente 1,5 años para cada uno de esos dos grupos. El desembarco del CoVid-19 apenas empezado el 2020 impactó en esa expectativa, según la estimación demográfica: ese año la esperanza de vida al nacer retrocedió a 72,2 años para los varones y a 78,3 para las mujeres. En el primer semestre de este año la caída no se detuvo: llegó a 71,9 años para los varones y 78,1 años para las mujeres. “Falta la segunda mitad de este año”, advierte González. “La esperanza de vida va a bajar en todo el mundo, no es un fenómeno exclusivo de la Argentina. Esto será obviamente más pronunciado en los países en los que la pandemia haya sido más severa, porque es una causa directa de muertes, y por lo tanto, del aumento de la tasa de mortalidad”, explica el investigador del Conicet. Hace menos de dos semanas, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) anunció que en 2020 se produjo la mayor caída de la esperanza de vida en ese país desde la Segunda Guerra Mundial. Según el relevamiento de ese organismo, la expectativa de vida al nacer se redujo 1,5 años durante el primer año pandémico y se situó en 77,3 años en promedio. Uno de los hallazgos del análisis realizado en Córdoba fue que, entre las doce provincias argentinas con mayor cantidad de muertes por Covid-19, Jujuy fue la que sufrió mayor impacto en la baja de su esperanza de vida: “Los varones bajaron de 72,9 años en 2019 a 70,5 años en 2020, y las mujeres pasaron de 79,5 a 78,1 años en ese mismo período. Ese impacto tiene que ver con que se produjeron más muertes de gente joven, relacionadas por ejemplo a la falta de intensivistas en la provincia”, sostiene González. En ese mismo lapso de tiempo, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) pasó de tener una esperanza de vida de 76 años a 74 para los varones, y de 80,7 años a 79,4 para las mujeres. En el caso de la Provincia de Buenos Aires, la caída fue de 73 a 71,3 años para los varones y de 78,3 a 77 para las mujeres.

La Universidad de Córdoba inaugura la super computadora de uso científico más potente del país

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Se llama «Serafín»; tiene una potencia de cómputo equivalente a 640 PCs y es 100 veces más rápida.

Embalada en 850 kilos de cajas, es la nueva estrella del Centro de Cómputos de Alto Desempeño (CCAD) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Se trata de una supercomputadora que se convertirá  en la más potente del país para usos científicos y tecnológicos. “Es una nueva máquina que estamos agregando al cluster que tiene la universidad desde hace varios años –explicó Marcelo Mariscal, investigador principal del Conicet y vicedecano de la Facultad de Ciencias Químicas de la UNC–. Estamos triplicando el poder de cómputo que teníamos”.
La máquina tiene una capacidad pico de 156 billones de operaciones con números decimales por segundo y será utilizada para cálculos y modelaje de proyectos en temas de astronomía, química, biotecnología, ciencias sociales, estadística, física e ingeniería. Fue adquirida en el marco del Programa de Adquisición de Grandes Equipamientos que impulsa la Secretaría de Ciencia y Tecnología de esta universidad, e implicó una inversión de 371 mil dólares. La potencia de estas máquinas se mide en “teraflops”, que representan el número de operaciones matemáticas que pueden hacer por segundo. Según explica Mariscal, en la actualidad, la más potente es la que tiene el Servicio Meteorológico Nacional, de 200 teraflops. Serafín tiene casi 160. “Sumando todos los clusters con que contábamos hasta ahora, disponíamos de 50. Es un salto muy importante”, destaca. Serafín quintuplica la capacidad de Tupac, la supercomputadora insignia del país en la década pasada, que está alojada en el Polo Científico Tecnológico de Palermo, CABA. Algunas comparaciones Está compuesta por 60 nodos o “cerebros” de 32+32 núcleos (3840 en total). Una PC moderna tiene 6 núcleos y 8 GiB de RAM; o sea que ésta es 640 veces más potente, explica Nicolás Wolovick, doctor en ciencias de la computación y docente de la universidad, en los materiales de difusión del CCAD. Cada uno es equivalente a más de 10 PC, pero todas en una, sin necesidad de red. “Son 10 veces más ‘densas’ que una PC y están conectadas con una red de alta velocidad 100 veces más rápida que las conexiones Ethernet”. Esto es lo que hace de una supercomputadora algo diferente de una suma de computadoras personales: la conectividad y velocidad de transferencia de los datos en simultáneo. “Es una tecnología completamente diferente –subraya Mariscal–. Una de las cosas interesantes es que permite estudiar sistemas cada vez más parecidos a los reales. Por eso, son herramientas muy poderosas para hacer investigación científica. Hoy, prácticamente todo exige alguna simulación o modelo teórico (además de la experimentación) para una mejor interpretación”. “En el caso ideal, si un problema tarda 30 horas de cálculo en una de las computadoras de Serafín, con 30 tardará una hora y si ponemos todas a funcionar, tardará solo 30 minutos”, ilustra Wolovick. Serafín (que, según las estimaciones, tenía apenas el 8,2% de la potencia de cálculo de la menos potente entre las TOP500 del mundo en el momento de entrar en producción) costó 380.000 dólares, pero hoy se inaugura un nuevo edificio para albergarla que salió más de 60 millones de pesos. En total, la inversión fue de unos 2.400.000 dólares.

La CNEA comunica: el prototipo CAREM será el primero de los reactores modulares – Video

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El Gobierno ofrece la combinación opcional de la 1° dosis de Sputnik V con AstraZeneca o Moderna

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Quienes han recibido la 1° dosis de la vacuna Sputnik V pero aún no la 2°, podrán optar por completar su inmunización con las vacunas Moderna o AstraZeneca. O esperar por la 2° dosis de Sputnik V

La ministra de Salud, Carla Vizzotti, encabezó ayer una conferencia de prensa junto a los ministros de Salud de la provincia de Buenos Aires, Nicolás Kreplak, y de la ciudad de Buenos Aires, Fernán Quirós, tras una reunión que tuvieron con el jefe de Gabinete Santiago Cafiero, para analizar los resultados del estudio de combinación de vacunas contra el covid. Allí aseguró que Argentina está «en condiciones de avanzar en las 24 jurisdicciones para intercambiar diferentes vacunas empezando con Sputnik V con Moderna y AstraZeneca» para completar el esquema de inmunización en quienes aún no hayan recibido la segunda dosis. La ministra afirmó que serán priorizadas para recibir la segunda dosis de la vacuna contra el coronavirus las personas que lleven más tiempo de espera desde que recibieron la primera dosis y aquellas que tengan más de 50 años y con comorbilidades para recibir las primeras combinaciones de inmunizadores, como ya se había informado aquí: «Agosto será el mes de las segundas dosis». Precisó que «la combinación de vacunas será opcional» para quienes hayan recibido la primera dosis de la Sputnik V y estén aguardando la segunda. Conviene tener presente que el Laboratorio Richmond anunció que en este mes iban a estar disponibles 3 millones de dosis del 2° componente de Sputnik V (ver aquí), y el Fondo Ruso anunció que sus envíos iban a ser normalizados. También, Vizzotti anunció que el millón y medio de vacunas del laboratorio Moderna llegado al país empezará a distribuirse este jueves a cada una de las 24 jurisdicciones para «iniciar el aceleramiento» del plan de inmunización, con la posibilidad de ser combinadas.  

El crecimiento y la protección del ambiente: un debate de sordos

Daniel Schteingart, Director del Centro de Estudios para la Producción CEP-XXI -vinculado al Ministerio de Desarrollo Productivo- preparó este texto para un debate convocado por Página 12. Nos pareció el suyo un planteo interesante y lúcido, y por eso lo reproducimos aquí. Pero… no creemos que sea parte de un debate relevante, en esta etapa de las diferencias. Atención: estamos seguros que en cada proyecto, en cada actividad productiva en marcha, pueden plantearse objeciones, o salvaguardias válidas, para proteger el ambiente humano y la biodiversidad. La dificultad surge si desde el otro lado del debate se plantea que el crecimiento es en sí mismo malo. Un argumento o metáfora usado muchas veces por quienes piensan así es «Se necesitaría X número de planetas iguales a la Tierra si todos los seres humanos tuvieran el nivel de consumo promedio de EE.UU. o de Noruega, o…» (nunca se dice «Si todos tuvieran mi nivel de consumo»…). Ironías aparte, es un argumento defendible, y puede ser cierto, si la ciencia y la tecnología no encuentran respuestas a los problemas que han contribuido a crear solucionando desafíos anteriores. Pero no es un debate intelectual. Los que proponen detener o revertir el crecimiento, tendrán que convencer u obligar a miles de millones de seres humanos -en nuestro país, a decenas de millones de compatriotas- a que renuncien a alcanzar el nivel de consumo y bienestar material que tienen disponible quienes plantean eso. No les deseo suerte. Mientras, necesitamos encarar el desafío de armonizar el crecimiento -más precisamente, el desarrollo- con la protección del ambiente. Pasamos a las observaciones de Schteingart.

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«En los últimos 20 años, siempre que la economía argentina creció la pobreza, la desigualdad y el desempleo bajaron y viceversa. Si bien el crecimiento no es una condición suficiente para la mejora de los indicadores sociales y el desarrollo humano, sí es una condición absolutamente necesaria. Ahora bien, que el crecimiento perdure en el tiempo (y no que tengamos un año de crecimiento seguido de uno de recesión) requiere de divisas. Esto ocurre porque cuando la economía y el consumo (su principal motor) crecen, se incrementan las importaciones: por ejemplo, si sube nuestro poder adquisitivo, sube nuestro consumo de artículos como celulares, electrodomésticos o vehículos, todo lo cual tiene contenidos importados (si es que no son totalmente importados). Las importaciones son pagadas en dólares: si nos quedamos sin dólares en el Banco Central, terminamos en una devaluación que empobrece a las mayorías (y reduce el consumo y, con ello, las importaciones). Para financiar las importaciones podemos básicamente endeudarnos (y ya sabemos cómo suele terminar eso) o exportar más (mucho más sustentable desde lo macroeconómico). Sustituir importaciones, esto es, que parte de lo que hoy consumimos importado se produzca localmente, también es una opción válida para que el crecimiento no exija tantos dólares.
Lamentablemente, la propensión a importar de nuestra economía es mucho más alta que nuestra propensión a exportar
Eso hace que nuestra tasa de crecimiento compatible con la disponibilidad de divisas sea baja. Si entre 2002 y 2011 Argentina pasó de tener 70 por ciento de pobres a 27 por ciento, eso fue en parte posible por el crecimiento “a tasas chinas”, que pudo sostenerse por casi una década gracias a que nuestras exportaciones de bienes y servicios pasaron de 29.000 millones de dólares a 97.000 millones y, de este modo, financiaron el enorme aumento de importaciones que tal crecimiento supuso. Tras el récord de 2011, las exportaciones decayeron, y la economía nunca pudo retornar al pico de ingreso per cápita de dicho año. Ahora bien, nuestra canasta exportadora está mayormente centrada en recursos naturales, varios de los cuales pueden tener un impacto ambiental relevante (y/o una demanda social creciente que alerta sobre sus potenciales peligros). El agro, la minería metalífera y los hidrocarburos de Vaca Muerta -todos fuentes potenciales de miles de millones de dólares a las arcas del Banco Central y, también, de miles de empleos en el interior- no tienen particularmente buena prensa en sectores de la opinión pública que exigen mayores demandas ambientales. La demanda ambiental llegó para quedarse, y bienvenido que así sea. Eso presionará a gobiernos y empresas a prestar cada vez más atención a una variable que históricamente fue muy descuidada tanto en el ejercicio de las regulaciones como en las prácticas productivas. Ahora bien, ¿es posible encontrar algún punto intermedio que concilie crecimiento y cuidado ambiental? Creemos que sí. Por un lado, las prácticas productivas en sectores intensivos en recursos naturales son cambiantes en el tiempo -gracias a mejoras tecnológicas y nuevas demandas sociales- y hay aprendizajes tanto de gobiernos como de empresas. Por ejemplo, no es para nada lo mismo la minería o la producción porcina de hace 40 años que la de hoy, en la que -si bien hay mucho por mejorar- se regula y se produce mucho mejor. Por otro lado, hay ciertos sectores productivos -muchos de ellos incipientes- en los que se logra atender simultáneamente a las necesidades de crecimiento y cuidado ambiental. Es por ejemplo el caso de los vehículos eléctricos y las energías renovables (que, vale mencionar, demandarán más metales, esto es, minería de por ejemplo cobre y litio), el hidrógeno, la construcción sustentable (por ejemplo a través de la incorporación de calefones solares) o la economía circular. Dado que las matrices productivas no se cambian de un día para otro, resulta difícil imaginarnos en futuro próximo la salida de esta larga crisis sin mayores exportaciones ligadas a los recursos naturales. De cara al largo plazo, es fundamental que el futuro crecimiento -que además permitirá fortalecer el poder de fuego del Estado para implementar mejores políticas productivas y ambientales y construir cuadros técnicos estatales más calificados y mejor remunerados de lo que están hoy- invierta cada vez más recursos para virar nuestra matriz productiva hacia sectores de cada vez menor impacto ambiental. De esa manera, el desarrollo sostenible, tanto en lo macroeconómico como en lo ambiental, podrá ser una realidad.»

En la ciudad de Buenos Aires, el aire seco invernal favoreció la transmisión de COVID-19

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Al menos en la Ciudad de Buenos Aires (CABA), en invierno, cambios en la humedad relativa predecirían variaciones en el número de personas con síntomas de COVID-19.

Son conclusiones de un estudio científico, publicado en “Environmental Science & Technology”, en el que se cruzaron datos epidemiológicos del 2020 con la evolución de las variables meteorológicas a lo largo del año. Los resultados del estudio están en línea con la evidencia de que la transmisión de COVID-19 por aerosoles es la principal vía de contagio. Y podría proporcionar una herramienta básica para que las instituciones de salud porteñas puedan predecir con alrededor de una semana de anticipación incrementos en el número de pacientes. “Comprobamos que el aire seco favorece la transmisión”, afirmó el director del estudio, Emilio Kropff, físico, experto en ciencia de datos, jefe del Laboratorio de Fisiología y Algoritmos del Cerebro en la Fundación Instituto Leloir e investigador del CONICET. Y explicó que cuando los niveles de humedad son bajos, “la evaporación es mayor, y en consecuencia los aerosoles que se exhalan (al respirar, hablar, cantar, estornudar, hacer ejercicio) y que contienen al virus pesan menos y permanecen más tiempo flotando, lo que aumenta las posibilidades de transmisión en lugares no ventilados”. El investigador agregó que hay dos mecanismos más vinculados con el impacto del nivel de humedad en el contagio. “El aire seco favorece la sobrevida del virus adentro de la gota, y por otro lado dificulta la tarea de diversas barreras inmunes del sistema respiratorio”, agregó. Por el contrario, a mayor humedad, los aerosoles o gotas exhaladas evaporan menos, pesan más y por lo tanto no flotan tanto tiempo en el aire. Al analizar los datos, los investigadores demostraron durante invierno de 2020, en CABA, cambios en la humedad relativa predecirían variaciones en el número de personas con síntomas de COVID-19 cinco días más tarde, así como también en el número de casos positivos que se reporten nueve días más tarde. “Nuestro estudio también determinó que los eventos de muy baja humedad relativa (menores al 40% de promedio diario) se asociaron, en invierno del año pasado, a un incremento abrupto de casos positivos de más del 20%”, indicó Andrea Pineda Rojas, también autora del estudio y experta en calidad de aire del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA) que depende del CONICET y de la UBA. Si bien ahora en el país se despliega un creciente nivel de vacunación contra COVID-19, los investigadores señalaron que “no hay motivos para pensar que las vacunas cambien la modulación de la transmisibilidad por efecto de la humedad. Lo que sí es que este año pueden variar los datos por el énfasis que hay en la ventilación en las campañas públicas de prevención, y esto todavía no lo sabemos”.
No hay razones para suponer que estas conclusiones no se apliquen también a las demás localidades de nuestro país
Por otro lado, diversos factores, tales como variantes del virus, clases presenciales y otras medidas determinan que la situación este año sea mucho más difícil de analizar, dijo Kropff. Los datos no son tan “limpios” como los del año pasado, puntualizó. Los resultados del trabajo avalan un rol similar de la humedad en otras transmisiones virales, como la gripe, indicaron los autores del estudio. “Es importante seguir cuidándonos porque todavía ningún país le ganó al virus definitivamente. Cuando compartimos un ambiente con alguien fuera de nuestra burbuja, hay que abrir ventanas y usar barbijo. Cuando estamos afuera, tenemos que usar barbijo también y mantener distancia, porque si bien hay mayor intercambio de aire, el contagio directo durante una conversación es un riesgo cierto”, señaló Kropff. Del estudio también participaron Sandra Cordo, viróloga del Instituto de Química Biológica (IQUIBICEN) de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA (FCEN-UBA) y del CONICET, e investigadora del Departamento de Química Biológica de la FCEN-UBA; Ramiro Saurral, meteorólogo del CIMA y del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y colaboradores internacionales: José Luis Jiménez, experto en aerosoles de la Universidad de Colorado, en Boulder, Estados Unidos; y Linsey Marr, referente mundial en transmisión aérea de enfermedades respiratorias en Virginia Tech, en Blacksburg, Virginia, en Estados Unidos. Para acceder al trabajo original (en inglés), cliquear aquí.

Una pick-up Ford Falcon Ranchero «sustentable»: su combustible son desechos orgánicos

Al final de “Volver al Futuro I”, el doctor Emmet Brown le enseña a un asombrado Marty McFly que su DeLorean ya no necesita plutonio para funcionar como la máquina del tiempo más famosa de la historia: ahora consume desechos. La idea es posible. Lo demostró el ingeniero argentino Edmundo Ramos, que fabricó en Córdoba una pick-up Ford Falcon Ranchero que funciona con desperdicios orgánicos.

El concepto es simple: transformar esa basura en gas (o biogas), para impulsar a su pick-up que puede alcanzar los 115 km/h y ofrecer una autonomía de hasta mil kilómetros. Su próximo objetivo, que intentará cumplir en septiembre próximo, es recorrer toda la Argentina, desde Ushuaia hasta La Quiaca, impulsado sólo con desperdicios. El periodista Federico Trofelli, de Tiempo Argentino, entrevistó a Ramos: Como la gran mayoría de los mortales, Edmundo Ramos, de 64 años, tiene planes para cuando se atenúen los efectos de la pandemia. Pero su sueño es muy particular: atravesar de norte a sur la Argentina a bordo de su camioneta Ford Falcon ranchera que puede funcionar “a basura”. Con esta hazaña técnica, pretende “despertar la curiosidad de la gente y demostrar que no hace falta estar esclavizados por las petroleras”. Edmundo asegura que su creación alcanza los 115 km/h y tiene una autonomía de entre 600 y 1000 kilómetros, con sus tres tambores de 200 litros montados en un remolque. “Me inspiré en los gasógenos que se usaban en la Primera y la Segunda Guerra Mundial, pero eran muy pesados, complicados y aparatosos. Los simplifiqué. Hice un gasificador de basura que no puede ser más sencillo. Modestamente hablando, es un tacho de metal con una tapa y dos agujeros. Punto. No hay otra cosa. No es una usina termonuclear”, ironiza este ingeniero electromecánico que nació en Estados Unidos y que, aunque lo intentó, dice, siete veces, nunca pudo obtener la nacionalidad argentina. Cuando tenía cinco años, sus padres migrantes volvieron al país y se instalaron en Banfield. Ya recibido de ingeniero en la UBA, ante cada crisis económica Edmundo aprovechó su pasaporte para viajar y trabajar en el Norte. Por fin, en 2008 se asentó definitivamente en Alta Gracia, Córdoba, junto a su mujer, Fabiola. Allí se puso a pensar “cómo podría reemplazar el petróleo con el que se movilizaban millones de autos por día, con algo que no se acabara nunca… «¡y la basura no se va a acabar nunca! Estudié y modifiqué aquellos gasógenos que funcionaban con madera, le sumé un filtro para que las cenizas del humo no dañen el motor. Y funciona. Es gas de basura. Yo lo llamo ‘gasura’.» Compró entonces la ranchera modelo ‘83, “con motor de 3,6 litros, casi como el de un Torino”. Hubo que hacer varios ajustes, “en el burro, en la batería, y con Marcelo Rava, un amigo que me dio una mano, no le encontrábamos la vuelta a la mezcla estequiométrica, que es la exacta proporción de gasura y de aire para que funcione el motor”. Y a principios de octubre de 2019, el “auto a basura” arrancó por primera vez. Edmundo partió de Alta Gracia, tomó la Ruta Provincial 56 y en la cuarta curva alcanzó los 95 km/h. Y en José de La Quintana, 25 kilómetros más allá, pegó la vuelta. El auto de Edmundo usa residuos naturales e industriales provenientes de basura seca y combustible. Al principio utilizó semillas de roble, que en su barrio son un estorbo, pero luego descubrió el alto poder calórico de las cáscaras de nuez y carozos de aceituna, aunque el mejor material, dice, es la carbonilla que consigue en las carboneras. El objetivo, planeado para septiembre, es unir Ushuaia con La Quiaca por la Ruta 40. El ingeniero ya hizo una recorrida parcial y contactó a distintas personas para que vayan juntando basura y puedan abastecerlo a su paso. Vecinos de La Rioja acopiarán cáscaras de nuez; en Mendoza, carozos de aceituna; en San Rafael, cáscaras de almendra y carozos de durazno. De los lugares por los que pasó en el interior ya le llegan consultas de interesados, por eso abrió un perfil de Facebook,  donde expone los planos de su creación y sube fotos y videos explicativos. “Todo esto se multiplicó mucho antes y más rápido de lo que yo quería. Me gustaría aclarar que hoy es más fácil ir a la estación de servicio y cargar nafta o gas. No me imagino la gente andando a gasura por la ciudad. Es como una semilla que planto para cuando no haya más petróleo… y ese día cada vez está más cerca”, resume. “Lo que sale del caño de escape de mi auto es vapor de agua y anhídrido carbónico, que es lo que exhalamos todos los humanos. No es contaminante. Cuando un vehículo utiliza GNC o nafta, derivados del petróleo, además de salir vapor de agua y anhídrido carbónico, expulsa plomo, azufre, ácido sulfúrico, ácido nítrico, ácido carbónico, un montón de porquerías”, grafica Edmundo, quien asegura que su ranchera “contamina menos que un auto eléctrico, y eso que estos no tienen caño de escape; pero debemos considerar que para recargar sus baterías se necesita de la generación eléctrica, que en más del 60% se hace con derivados del petróleo”.

Desde Rusia dicen que en agosto se resolverán los retrasos en la entrega del componente 2 de la Sputnik V

Carla Vizzotti: «Agosto será el mes de las segundas dosis”

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La ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, anunció ayer a la tarde -después de reunirse con expertos, el Comité Nacional de Inmunizaciones y los ministros de Salud de las distintas provincias y la ciudad autónoma: “La Argentina contará con alrededor 3 millones de vacunas producidas en nuestro país; a partir del lunes, estará el primer millón; y la cuarta semana de agosto, con los controles de calidad, seguramente habrá 1.6 o 1.7 millones de dosis más”.

«Agosto será el mes de las segundas dosis»
Agregó, “el pasito que nos queda es acelerar las segundas dosis, sobre todo en mayores de 50 años, para que, si tenemos un aumento de la circulación de la variante delta, nos encuentre mejor preparados para evitar las hospitalizaciones y muertes”. Destacó que, a hoy “No hay transmisión predominante de la variante delta”. Precisó que la ciudad y la provincia de Buenos Aires son los sitios más avanzados con los estudios sobre la complementariedad de las vacunas. Hoy miércoles Vizzotti se reunirá con el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, para conversar acerca de “la intercambiabilidad de vacunas” porque “se están terminando de analizar los datos”. Entonces, detalló: “El primer análisis preliminar es a los 7 a 14 días de Sputnik con AstraZeneca y de Sputnik con Sinopharm; y agregamos una rama de Sputnik con Moderna para trabajar en eso”. “Hay evidencia científica, a partir de estudios realizados sobre todo en el Reino Unido, que Sputnik con Moderna debería funcionar muy bien”, como también debería darse ese efecto positivo en combinación con la AstraZeneca. “Hay datos muy importantes que avalan la teoría de que la intercambiabilidad de vacunas inclusive puede estimular más a nuestro sistema inmunológico y generar más anticuerpos”. Finalmente, la ministra dejó clara las prioridades establecidas desde el gobierno: “En este momento, sanitariamente es más importante completar el esquema de vacunación de una persona mayor de 50 años, que iniciar un esquema de vacunación en un adolescente sano, desde el punto de vista de riesgo de hospitalización o muerte”. Para Vizzotti, el objetivo inmediato es llegar a aplicar la segunda dosis a al menos el 60% de los mayores de 50.

El laboratorio Richmond anunció para este mes 3 millones de dosis del 2° componente de Sputnik V

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La vacuna Sputnik V terminada en la Argentina será aplicada esta semana, por primera vez, en forma masiva. Es el primer lote de 150.000 dosis del 2° componente, que superó el control de calidad del Instituto Gamaleya.

En una comunicación oficial, el Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF) y el Laboratorio Richmond anunciaron que se trata de una pequeña parte del total que estará disponible en este mes de agosto: tres millones de dosis de ese 2° componente. Serán distintos lotes que se irán aprobando en Moscú. El segundo lote de 800.000 dosis tendrá el visto bueno la semana que viene. Estas afirmaciones fueron implicítamente avaladas por la ministra Vizzotti en sus declaraciones que hoy mismo reproducimos en AgendAR. Al día de hoy hay cerca de 1.400.000 personas que recibieron la dosis 1 de la vacuna y que ya pasaron 90 días de aquella aplicación. Con las terminadas en Richmond se cerraría bastante la brecha y si a eso se agrega que puede ir y venir algún vuelo a Moscú y que se pondrá en marcha la combinación de vacunas, en el horizonte está la posibilidad de reducir el tiempo entre primera y segunda dosis de Sputnik a menos de 90 días. Eso se lograría tal vez en septiembre. Terminación El primer hecho significativo anunciado ayer martes por el RDIF y el Laboratorio Richmond es que se podrán aplicar, durante esta misma semana, las primeras 150.000 dosis 2 terminadas en una planta alquilada en Malvinas Argentinas. De esa partida se sacaron 80 muestras que fueron enviadas al Instituto Gamaleya en Moscú y a la ANMAT en Buenos Aires para que ambos organismos le den el visto bueno. Ayer se conoció que el Gamaleya aprobó el control de calidad de las muestras y tras el ok de la ANMAT se podrán distribuir, porque las vacunas están ya en los depósitos del Ministerio de Salud. Terminar partidas no es tarea sencilla, al punto que en el acuerdo de producción de la vacuna Oxford/AstraZeneca, la sustancia activa se fabricó en el laboratorio mAbxience de Pilar y el plan era que se terminaran las vacunas en el laboratorio Liomont de México. Pese a que la empresa argentina cumplió con la entrega de más de 100 millones de dosis, el laboratorio mexicano no pudo pasar los controles de calidad de forma regular y por lo tanto hubo que desviar la terminación a una planta gigantesca en Albuquerque, Estados Unidos. Hay quienes sostienen que no se trató de problemas técnicos de Liomont sino de la prohibición de EE.UU. de exportar algunos insumos. En cualquier caso, el proceso no es sencillo: hay que descongelar la sustancia activa que viene de Rusia, formular la vacuna con material que la hace inyectable, filtrar, verificar que no haya partículas ajenas, envasar en viales, fotografiar cada vial para poder identificarlo en caso de problemas y hacer un nuevo control de calidad sobre lo ya terminado. Partidas Hasta el momento, el Laboratorio Richmond de Marcelo Figueiras, tiene terminados 1.050.000 dosis 2 de la vacuna rusa. La semana pasada llegaron 500 litros de la sustancia activa, lo que permite producir otras 800.000 dosis. Durante el fin de semana, desde el Instituto Gamaleya enviaron otros 300 litros y la promesa es que la semana próxima llegarán a Ezeiza otros 500 o 600 litros. A veces las cantidades no se pueden precisar con antelación porque se originan en un proceso productivo que tiene distintos rendimientos. Con esas partidas de principio activo, el Richmond estaría en condiciones de terminar un total de tres millones de dosis alrededor de mitad de mes. Si se tienen en cuenta los tiempos que tarda el control de calidad, el pronóstico es que ese total de vacunas podría estar disponible a lo largo de agosto. Eso es lo que dice que el comunicado conjunto del RDIF y Richmond. En AgendAR señalamos también la dificultades logísticas de su distribución a los vacunatorios de las 24 jurisdicciones de nuestro extenso país. Anuncios El CEO del RDIF, Kirill Dmitriev, señaló en el comunicado que “gracias a la asociación entre RDIF y Laboratorios Richmond, la población de Argentina tendrá acceso a la vacuna Sputnik V producida en el propio territorio del país, lo que acelerará el ritmo de vacunación y reducirá los costos logísticos y el tiempo de entrega del fármaco. El establecimiento de la producción local de la vacuna Sputnik V en poco tiempo es un éxito conjunto de Rusia y Argentina, gracias a lo cual el medicamento estará disponible en otros países de la región utilizando una de las vacunas más seguras y eficaces contra el coronavirus en el mundo». En el mismo anuncio, Figueiras aseguró que “en Richmond estamos orgullosos de nuestra asociación con RDIF. También estamos orgullosos de nuestro equipo científico, que ha trabajado conjuntamente con los especialistas del Centro Gamaleya para garantizar la producción de este medicamento, que salva vidas en Argentina”. Tiempos Según el cálculo del senador correntino Martín Barrionuevo, uno de los referentes en materia de estadísticas durante la pandemia, hoy miércoles 4 habrá casi 1.500.000 argentinos que recibieron la Sputnik V, dosis 1, hace 90 días o más. En ese marco, los tres millones de segundos componentes terminados por Richmond permitirían, en gran medida, cerrar la brecha de dosis 2 faltantes. El cálculo de Barrionuevo es que al 31 de agosto se necesitarán unos 3.800.000 dosis 2 para cumplir con el plazo de los 90 días. El “faltante” se cerraría con otras dos alternativas: * La partida y regreso de vuelos de Aerolíneas Argentinas trayendo segundas dosis. El último viaje fue el 12 de julio y hace días que se menciona que habrá un nuevo vuelo. El problema que surgió en todo este tiempo es el crecimiento de contagios en Rusia y la necesidad del Gamaleya y el RDIF de proveer de vacunas a sus propios ciudadanos. * La otra alternativa es la combinación de vacunas, que plantea una solución casi definitiva al problema planteado. El sistema heterólogo permitirá dar como segunda dosis la vacuna de Oxford/AstraZeneca y seguramente también las de Sinopharm y Moderna. La Argentina recibirá durante agosto más de 15 millones de dosis de vacunas, de manera que habrá cantidad suficiente para completar vacunaciones y reducir el tiempo entre dosis 1 y dosis 2, aunque ese período ya se cumple bien con AstraZeneca y Sinopharm. En estos días, los grandes desafíos son demorar todo lo posible el ingreso de la variante Delta, seguir vacunando con segundas dosis, arrancar y seguir con los adolescentes, pero -sobre todo- salir a los barrios a vacunar a quienes, por la razón que sea, todavía no se inscribieron.