Un avión para resucitar una fábrica, una fábrica para resucitar a un país – 2da. parte

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(La primera parte de este artículo está aquí; la conclusión, aquí) 2. Por qué aquí suceden estas cosas La orden de Presidencia de la Nación en 2016, via el Ministerio de Defensa, fue liquidar cualquier programa de construcción aérea o repotenciación de una industria aeronáutica independiente. Por ello, la primera interventora en la fábrica, la abogada y diputada riojana Cristina “Nany” Salzwedel, abogada, entró a FAdeA “como Los Intocables”, arrastrando dos traíllas, una de periodistas al uso y otra de sabuesos contables de la consultora internacional Deloitte, con órdenes de desenterrar esqueletos de los roperos, y prometiendo castigos penales por los presuntos ilícitos de la administración anterior. Salzwedel repartió jubilaciones anticipadas y suspensiones, cortó horas extras y redujo jornadas. Pero en materia penal, se fue en abril de aquel mismo año con las manos vacías. Ni un triste preso. Justamente, la administración kirchnerista de FAdeA andaba medio corta de esqueletos escondidos: nunca pudo dedicarse al “living la vida loca”. Tenía que rearmar con Poxipol lo que había dejado en pie Lockheed Martin de la vieja FMA o Fábrica Militar de Aviones: no mucho. Lockheed había mantenido vegetativamente un par de galpones para emparchar (a escote del estado) los 36 cazabombarderos A4 Skyhawk comprados por el presidente Carlos Menem en estado “as is” (traducción al cervantino: destripados y hechos fruta). Lockheed también jugó a que modernizaba o construía entrenadores avanzados argentinos IA-63 Pampa II: entregó 18 en 14 años. Sí, 1,3 aviones por año. Incluidos los bisiestos. Detengan las rotativas: acabo de recibir una corrección desde Córdoba, y documentada. Los aviones construidos desde cero y entregados volando a la FAA por Lockheed en sus 14 años no fueron 18. Fueron 6.  0,43 aviones/año. Ups. Prosigo. Mientras reinó Lockheed, protegida del país por un doble anillo de US Marines y por nuestros medios, los muchos otros hangares de la fábrica se empezaron a derrumbar. Estaban llenos de máquinas herramienta de control numérico adquiridas cuando el sitio se llamaba FMA. Esos fierros tenían destinos precisos: proyectos aeronáuticos cancelados “para ahorrar” por el único presidente de la historia argentina con brevet de piloto: Carlos Saúl Menem. Eran:
  • mantenimiento y modernización de los IA-58 Pucará,
  • el montaje a escala del jet entrenador avanzado IA-63 Pampa,
  • la construcción desde cero del impactante avión de cabotaje liviano IA-70 CBA 123 en sociedad con Embraer (volaron 2, en 1990 llegó a juntar 160 pedidos),
  • y el caza de superioridad aérea FMA SAIA 90 (ése proyecto probablemente nos quedaba grande).
Con el derrumbe de la mayor parte de la fábrica, los hangares destinados a ese plan fueron invadidos de ratas, palomas, yuyos y óxido. Se perdieron decenas de millones de dólares en tornos, fresadoras de broca y químicas, perforadoras, estampadoras y hornos verticales a presión. Qué ahorros, los de Menem. El todavía increíblemente adelantado CBA 123, o Vector, que el riojano se negó a continuar, supuso pasar a pérdida U$ 300 millones en costos de desarrollo. Incluso respetando el plan de privatizar la FMA a todo trance, ¿no hubiera levantado mejor precio con aquel avión desplegado en una pre-serie? Nadie preguntó, porque la prioridad era aniquilar la finalidad de la fábrica, no venderla cara ni barata. Desde que existe la OTAN (1949), supo ver siempre a nuestro ir y venir medio independientista por las industrias de defensa, como quien mira deambular una rata por una viga de su casa. Se lo bancaba mal. Los desarrollos argentinos en aviación, artillería y construcción naval a los gringos les costaban ventas: las que no nos podían hacer. Aunque exportáramos poco y nada, éramos un mal ejemplo en la región. Resultaba inevitable que nos sintieran como una piedrita en el zapato, aunque geopolíticamente fuéramos de lo más engominados y alineados. Y es que aún con toda la gomina, no éramos 100% controlables. En los ’80, Argentina estaba siempre por testear un misil no autorizado de 1000 km. de alcance con una carga de 500 kg (el Cóndor II de la FAA). No era una cañita voladora sin navegación, como dice Daniel Santoro: por algo Egipto e Irak estaban prendidos al negocio, motorizado (en todo sentido) por Messerschmitt Bolkow Blöhm. Es decir, por Alemania, donde en los ’40 se inventó el misil tierra-tierra. Pero cuando en 1983, al año y monedas de la rendición argentina en Malvinas, la OTAN supo por boca del presidente electo Raúl Alfonsín que el país había desarrollado una plantita de enriquecimiento de uranio (Pilcaniyeu, estepas de Río Negro), empezaron los “what ifs”. ¿Y qué pasaba si, para recuperar el honor, decidíamos escalar a dimensiones enormes la mínima instalación de Pilca y llegar a uranio “grado bomba” (enriquecido al 95%)? ¿Qué pasaba si además de quedar así al alcance teórico de una bomba de uranio, de yapa la podíamos montar sobre un misil de alcance medio? Inútil explicar que “Pilca” se decidió en 1978, cuando EEUU nos declaró embargo de uranio enriquecido porque la CNEA se había atrevido a exportar un ínfimo reactor de investigación a Perú, “in their own backyard”. Inútil alegar que se necesitarían centenares de Pilcas para llegar al uranio militar de una única bomba. El Atlántico Norte ya nos la tenía jurada desde el ’49 y votó irnos mandando preventivamente de regreso a la Edad de Piedra pero de a poco y sin invadirnos, que siempre fue difícil. La OTAN delegó con discreción la tarea en gobiernos genuflexos, y confió en disciplinar a los que no lo fueran con la deuda, los medios, la CIA, los tribunales, los militares, la City porteña o lo que fuera. A la luz de lo logrado, a los de la OTAN no les fue mal. Por eso desde 1984, empezaron a patinar y caerse nuestras industrias de defensa, navales, aeronáuticas, mecánicas, químicas, electrónicas, algunas gigantescas, muchas con más de medio siglo de existencia. Y al capotar, derribaron a su gran entramado de proveedores y se perdieron decenas de miles de empleos de ingenieros y técnicos, muchos de ellos en firmas con balances históricamente en azul. Casi todas ellas, estatales o privadas, fueron cerrando, una tras otra. A veces con ayuda: para cerrar los astilleros Tandanor-Domecq García, de construcción de submarinos, Menem hizo que Defensa vendiera a precio simbólico su terrenos en Puerto Nuevo a una sociedad fantasma. Ésta intentaría volver shoppings y un barrio cheto esos talleres llenos de equipamientos muy complejos. Para cerrar los Astilleros Río Santiago, donde se construyeron durante décadas las corbetas y destructores de la Armada, se organizó un desembarco en gomones del Grupo Albatros de la Prefectura Naval Argentina. Otro día damos detalles: son demasiado bananeros y se van de tema. En la FMA de los ’80 trabajaban casi 12.000 personas en decenas de asuntos industriales donde lo que mandaba eran la buena metalurgia y la alta precisión. Una de esas personas, el técnico Miguel Irazoqui, un histórico del Instituto Aerotécnico de épocas del Pulqui II, me dice que su último trabajo en los ‘80 era hacer y balancear “boogies” argentinos… para los ferrocarriles chinos. Hoy a China le compramos formaciones ferroviarias enteras, y cuando nos reparan vías, se traen no sólo los rieles sino también… los durmientes. Como si aquí faltaran, sin alusiones. Eso explica que Menem pudiera también cerrar (sin movilizaciones masivas) la enorme red de ENETs, las Escuelas Nacionales de Educación Técnica, que en los ’80 juntaban 400.000 alumnos. En la Argentina postindustrial, exportadora solo de naturaleza cruda, se habían vuelto una vía muerta. En los ’50, con el transitorio nombre de Instituto Aerotécnico, la que hoy se llama FAdeA diseñaba por una parte el caza Pulqui II y empezaba la construcción de turbinas Rolls Royce, mientras por otra diseñaba, armaba y vendía activamente motocicletas Puma, motores, tractores y autos diversos, y luego la irrompible, irremplazable chata argentina: el Rastrojero. Imagen del Pulqui II, 3er prototipo, por Nicolás Ciancio. En 1953 pudo ser mejor que el MiG 15 (del que es casi un clon) y que los tres primeros modelos del Sabre F-86. Nunca lo sabremos. Pero en 1994 aquella época de oro era pura leyenda. La ya vieja planta, con todos sus números en rojo, venía bien de equipamiento pero lastrada por décadas de proyectos abortados en el prototipo, o degollados en la cuna sin llegar a fabricación a una escala decente: el mentado Pulqui II, el Guaraní II, el Pucará, el Pampa, el Vector… ¿Cómo podía no dar pérdida esa fábrica? No sangraba por lo que hacía sino por lo que mataba. La Fuerza Aérea Argentina (FAA) era la raíz del problema. Aunque algunos de sus tecnólogos mejores y jefes más patriotas siguen apostando a tener una industria propia, juegan con la cancha inclinada en contra. La práctica de importar aviones (hechos percha, o a precios insanos, o ambas cosas), le deja a los popes estadías en el exterior y unas comisiones que garantizan una jubilación dorada. ¿Qué ya no mandan porque estamos en democracia? Si les cortás esos lujitos, te incendian los medios con que se caen los Mirage, como si eso sucediera porque se fabrican Pampas o Pucas, o se remediara importando chatarra, como los 36 Skyhawk A4R traidos por Menem en 1997. De los cuales hoy queda 1 en condiciones de volar. Desde 1995 los brigadieres ya no son dueños de la fábrica pero si su cliente principal. Y desde 1956, cuando el brigadier Heriberto Ahrens mató al Pulqui II para importar F86 Sabres, aprendieron a tirar la piedra y esconder la mano. El “Puca” por fin remotorizado con turbinas canadienses P&W. La tarea misteriosamente insumió 5 años porque debió (¿debió?) hacerse en Israel. ¡Eso en un avión de diseño local!  De yapa, en su viaje de ida a Tel Aviv, la Aduana argentina incautó el ala como “exportación de armas”. Raro… Del “Puca” se construyeron 107 unidades (cifra récord, según nuestra historia reciente) e incluso se exportaron. Pero fue tan emperradamente mala la posventa a los clientes (Sri Lanka, Colombia y Uruguay) que los disuadió de volver jamás a tocarnos el timbre. Como propietaria de la fábrica, la FAA venía impidiendo que su propio avión “de bandera” (en aquellos tiempos, el Puca) se siguiera fabricando: en 1984 fueron destruidos misteriosamente los atalajes. Ups, ¿qué pasó? ¿Orden firmada? Pucha, no la encuentro… Al Pampa, siguiente nave “de bandera”, le fue peor porque se lo acogotó desde el despegue con la compra de otros aviones técnicamente inferiores como entrenador avanzado, pero siempre más caros: el Embraer Tucano en 1987, y el TC6 Texan II en 2019. Ambas importaciones bloquean no sólo al Pampa sino también al siempre vigente y necesario Puca. Y eso que contra viento y marea, ambos aparatos, para más inri, habían sido remotorizados y re “avionizados” en instrumental, como se puede ver en este video.
En los ’80 la cúpula aeronáutica compraba cualquier cosa, pero sostenía con orgullo a su fábrica cordobesa como la cuerda a un ahorcado prestigioso. En 1994 Menem no quería sostener a la Fuerza Aérea ni siquiera por el gañote, máxime tras la bárbara fajada que ésta le arrimó en Malvinas a la tercera armada del planeta y la segunda de la OTAN, y para colmo con aviones de mierda. Además, ¿para qué gastar siquiera en fuerzas armadas? Como miembros extrarregionales de la OTAN, nos aseguraba en la posguerra el complaciente canciller Guido Di Tella, estábamos defendidos (reite) por EEUU. “Pax Americana”, bro. Aunque el paraguas militar de los EEUU nunca fue nuestro, en 1982 nos lo clavaron en un ojo, y hoy además está ya muy agujereado. Sin embargo, gente que sobrevivió a los muchos aterrizajes forzosos de la fábrica cordobesa sostiene que Lockheed Martin fue un destino de lujo: el objetivo inicial de Menem era el cierre y el loteo. Estimados, son 24 hectáreas a tiro de piedra del centro de Córdoba. De no haber sido por Lockheed, hoy esas tierras serían shoppings y bailantas. El resultado de haber destruido tan al ras nuestra industria de defensa, o al menos con capacidad dual, no deja de ser raro. Para todo argentino mayor de 60 que no existan Fate Electrónica o las 14 plantas industriales de Fabricaciones Militares o Astilleros Alianza, o Tandanor, o que la Comisión Nacional de Energía Atómica se haya sumido en la irrelevancia, es como si nos faltaran cachos de paisaje: el Aconcagua, ponele, o el Paraná… Para los argentos sub 30, en cambio, esta devastación postindustrial que habitamos es lo que hubo siempre, como si aquel país fabril, urgente, fierrero y experto en que crecimos los canosos no hubiera existido. La erosión no se mide sólo en planta instalada: en recursos humanos productivos y culturales a la Argentina le sobrevino un pre-Alzheimer, un olvido de su identidad y capacidades, amén de una vocación por lo imbécil y frívolo que el filósofo Tomás Abraham, en 1991, bautizó “el Apocalipsis cholulo”. Un apocalipsis caro, sin duda. Medido en términos marítimos, implicó la liquidación de ELMA, con más de 60 mercantes, una de las mayores flotas mercantes del mundo. Subastada “por ahorro”, ja. Sin ella, en 2014, admitido hasta por el diario La Nación, ya estábamos pagándole U$ 5000 millones/año a armadores chinos en transportar la cosecha argentina. Rojo coincidente casi al centavo con nuestra deuda energética por importación de gas aquel año. En 2016 el entonces Ministro de Telecomunicaciones, Oscar Aguad, canceló el satélite argentino ARSAT 3 (U$ 200 millones) y dio inicio a la habilitación de 26 satélites estadounidenses y europeos sobre suelo propio, que nos cobran promedio no menos de U$ 30 millones/año cada uno. Y fueron concesiones ilegales, sin contraprestación para la Argentina: según los reglamentos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, ARSAT debería poder dar servicios satelitales en EEUU y la UE en forma proporcional. En 2017, ya como Ministro de Defensa, a Aguad se le perdió un submarino TR-1700 con 44 tripulantes, el ARA San Luis, debido al parecer a una válvula de snórkel que venia pidiendo relevo a gritos desde hacía meses. Un satélite y un submarino son un “score” de daños que asombraría hasta al Barón Rojo, pero Aguad no renunció: su presidente lo necesitaba para seguir haciendo patria, pues tenía por delante “les travaux de la mer”. Compró 4 patrulleras (una vieja de 7 años) a Francia, todas llave en mano y por un total de 317 millones de euros. Para ello, suspendió la construcción en Astilleros Río Santiago de 5 unidades OPV Fassmer mejores, y por U$ 90 millones menos, y con la ingenieria ya pagada. OPV Fassmer colombiana en Antártida. Chile también las construye. Nosotros no, aunque pagamos la ingeniería en 2003 y la idea era “hacer vaquita” con los mantenimientos. Pero la lista sigue. A Israel Macri le compró 4 patrulleras fluviales Shaldag hechas crema por U$ 48 millones de dólares, y a España dos buques oceanográficos hechos puré por U$ 33 millones. El 21 de julio de 2020, 14 entidades (desde el Consejo Profesional de Ingeniería Naval  hasta las cámaras de los astilleros argentinos, pasando por todos los sindicatos obreros navales), concordaron en que con esas adquisiciones chatarreras de Macri, Aguad, Bullrich y Barañao se perdieron más de 10 mil puestos de trabajo en los astilleros públicos y privados argentinos. Más precisiones, aquí. Cierta industria de defensa trató de volver a existir durante aquel modesto y contradictorio rebrote industrial, educativo y tecnológico de entre 2003 y 2015. Desde 2009, en cuanto se le dio el olivo a Lockheed, la empresa residual resultante (FAdeA) intentó –con la oposición blindada de la Fuerza Aérea- remotorizar y relanzar los dos proyecto clásicos: el Puca y el Pampa. Pero también se iniciaron proyectos nuevos: los drones SARA (Sistema Aéreo Robótico Argentino) con colaboración de INVAP. Y para volver al tema, el menos problemático de los proyectos nuevos es este modesto y hermoso IA-100. Primer intento de un nuevo avión argentino desde… ¿el Pampa, en 1980? Aunque si se cuenta el CBA 123 Vector, desde 1992. Como sea, es demasiado tiempo sin hacer aviones completos. La “F” de FAdeA significa “fábrica”, no taller. Esa diferencia la pueden hacer el IA-100 y su progenie, cuando la tenga.

(Concluirá mañana)

Daniel E. Arias

Raúl Kulichevsky: “Con el SAOCOM 1B tendremos mapas tridimensionales del suelo”

El director ejecutivo de la CONAE habló desde Cabo Cañaveral, donde se realizan las últimas pruebas antes del lanzamiento del nuevo satélite de la misión SAOCOM, a fines de este mes.

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El Satélite Argentino de Observación con Microondas (SAOCOM) es casi único en su tipo en el mundo: cuenta con una gran antena –de 35 metros cuadrados–, que posee un radar de apertura sintética (SAR, en inglés) en banda L, que permite tomar registros de la superficie terrestres de hasta dos metros de profundidad, con múltiples aplicaciones en agricultura, prevención de inundaciones y manejo de incendios, entre otras.
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Es un gemelo del SAOCOM 1A, lanzado en el año 2018 por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), que completa la misión por parte de la Argentina, pues los dos forman parte de una constelación (SIASGE), que también incluye a cuatro satélites COSMO-SkyMED, de la Agencia Espacial Italiana.
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Al sumar la información de todos ellos se obtienen paquetes de datos únicos en el mundo, cuyo objetivo principal es la gestión de emergencias, pero con múltiples misiones secundarias vinculadas con el desarrollo económico de ambos países y que permitirán brindar servicios de imágenes a terceros.
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El SAOCOM 1B había viajado a Estados Unidos en un Antonov AN124 y, tras una demora de varios meses, y se espera que pueda ser lanzado al espacio cuando las condiciones meteorológicas lo permitan en una fecha posterior a hoy, sábado 25 de julio, a bordo de un lanzador Falcon 9 de la empresa SpaceX, con base en Cabo Cañaveral.
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El ingeniero Raúl Kulichevsky, director ejecutivo de la CONAE, es uno de los 18 especialistas del organismo y de la empresa rionegrina INVAP que se encuentran en Florida, Estados Unidos, para la realización de las pruebas al satélite que forman parte de la preparación para su puesta en órbita. Aquí sus respuestas, en vísperas del lanzamiento:
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-¿Cómo se llevan a cabo los trabajos en Estados Unidos?
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-La semana pasada tuvimos una primera semana de cuarentena en el hotel pero fue con un trabajo muy intenso, cada uno desde su habitación, a través de videoconferencias, para preparar distintas cuestiones que tienen que ver con las comunicaciones con los grupos en la Argentina y eso incluyó una simulación completa del día de lanzamiento. Posteriormente, nos hicieron un test PCR y el domingo nos informaron el resultado negativo, así que el lunes empezamos a trabajar en la base.
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Los primeros dos días sacamos el satélite de la cofia en la que lo habíamos dejado guardado. Con el satélite a nuestra disposición volvimos a conectar los equipos electrónicos para ver el estado del satélite e hicimos las inspecciones visuales de los paneles solares. Hicimos el encendido del satélite para ver si estaba todo bien y resultó perfecto. Todos los subsistemas se encendieron sin ningún tipo de problema, así que no solo pudimos ver eso, además, pudimos probar los sistemas de comunicación con Córdoba, Bariloche y Buenos Aires. También revisamos toda la telemetría de encendido del satélite, así que ahora estamos completamente seguros de que está en perfectas condiciones.
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-¿Cómo es el protocolo que están siguiendo por el coronavirus?
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-Vinimos con un protocolo particular para nosotros sabiendo que las medidas que se tomaron en Estados Unidos son distintas a las que se aplicaron en Argentina. Acá no hay cuarentena estricta como la que hemos tenido en nuestro país. Pero nuestro protocolo incluye controles muy estrictos, y minimizamos cualquier posibilidad de contacto con gente que no sea el personal de SpaceX. Este protocolo lo preparamos con los sectores de Higiene y Seguridad de INVAP y de la CONAE, no solo para el cuidado de cada uno de nosotros, sino que, a su vez, cada uno está cuidando a todo el grupo.
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El SAOCOM es casi único en su tipo en el mundo: cuenta con una gran antena –de 35 metros cuadrados–, que posee un radar de apertura sintética (SAR, en inglés) en banda L, que permite tomar registros de la superficie terrestres de hasta dos metros de profundidad.
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-¿Qué ventajas tiene sumar el segundo satélite a la constelación?
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-Varias. No es solo el hecho de poder tener mayor frecuencia de observación. Tener un segundo satélite también permite contar con nuevas aplicaciones. Una es poder desarrollar modelos digitales de elevación, que son una especie de mapas tridimensionales del suelo que nos permiten, por ejemplo, saber hacia dónde va a fluir el agua en el caso de una inundación. Tener en órbita el segundo SAOCOM nos va a permitir mayor frecuencia y también extraer todo el potencial que la misión tiene.
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-¿Cómo está la gestión comercial de las imágenes de los SAOCOM?
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-Estamos avanzando en ese sentido con VENG, la empresa controlada por CONAE, que está a su vez trabajando con e-GEOS, que es una empresa italiana con participación de la Agencia Espacial Italiana. Estamos trabajando para poder brindarle servicios a China, para distintos sectores de ese país, pero también hemos tenido solicitudes de información de los SAOCOM desde distintas partes del mundo.
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-¿En qué nuevos satélites está pensando la CONAE?
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-Estamos trabajando en la misión SABIA-Mar, un satélite dedicado al mar y el océano (en cooperación con Brasil, que debía construir uno también como parte del acuerdo, pero cuyo desarrollo fue retrasado), que ha completado la etapa de ingeniería de detalle y esperamos poder lanzar en el año 2023.
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Así como los SAOCOM tienen su mayor potencial en el sector continental de la República Argentina, aunque también servirán para controlar la pesca ilegal en el Mar Argentino, SABIA-Mar permitirá recolectar una cantidad de información muy importante, que tiene que ver con las necesidades del proyecto Pampa Azul, que el Gobierno ha relanzado hace poco. También estamos pensando en la serie 2 del SAOCOM y en acceso al espacio, a través del desarrollo de los vehículos Tronador II y III. Obviamente, hoy la misión SAOCOM se lleva gran parte de nuestra atención, pero seguimos trabajando muy intensamente en diversos proyectos.
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-El proyecto Tronador sufrió retrasos durante el Gobierno anterior. ¿Qué expectativas tienen ahora? ¿La idea sería contar con el microlanzador VLE (Vehículo Lanzador Espacial) y después con el Tronador?
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-Sí, el VLE va a ser un primer lanzador que nos va a permitir probar las capacidades de satelización de pequeños satélites de hasta 80 kilos, para poder hacer luego un aprovechamiento muy importante de todo lo que tenga que ver con el desarrollo del VLE en los Tronador II y III.
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En definitiva, gran parte de lo que se diseñe y se pueda probar con el VLE va a ser utilizado también en el proyecto Tronador. Por supuesto, hoy el país vive una circunstancia muy difícil pero entendemos que desde el Gobierno hay un interés en que el desarrollo del acceso al espacio en la Argentina se pueda llevar adelante, así que esperamos contar con los recursos presupuestarios que nos permitan avanzar con este proyecto, que es crítico para poder completar y tener independencia tecnológica y capacidades de lanzamiento propias para nuestro país.
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El VLE llegará a 300 kilómetros de altura con cargas útiles de hasta 80 kilos. Con menos carga, se podría llegar hasta 400 kilómetros. La idea es hacer una primera prueba hasta más o menos esa altura. El Tronador III, nos va a permitir colocar en órbita satélites de aproximadamente 650 kilos a una altura de entre 600 y 700 kilómetros.
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-¿Se espera que haya más vehículos experimentales de la serie VEX o ya se empezaría con el desarrollo del VLE?
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-No, ya empezamos con el VLE porque la etapa de vehículos experimentales, que eran los VEX, nos permitieron probar muchos subsistemas vinculados con la parte de propulsión y la de desarrollo de navegación guiada y control. Ahora, ya necesitamos de otras tecnologías que vamos a usar en el caso del VLE y que posteriormente servirán para el Tronador.
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-Si bien los plazos de desarrollo de tecnología son variables, ¿cuándo esperan hacer el lanzamiento del VLE?
-Si contamos con los recursos presupuestarios adecuados, entendemos que probablemente podríamos estar haciendo un primer vuelo de prueba hacia fines del año 2022.

La polémica sobre el acuerdo con China para instalar criaderos de cerdos

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Una intensa campaña -impulsada como es habitual en estos tiempos desde las redes sociales, con videos que se distribuyen también por Whatsapp- se ha desatado para frenar un posible acuerdo con China para instalar criaderos de cerdos en la Argentina y exportar su carne al país asiático. Desde la Cancillería de nuestro país, se anunció que »aún no hay acuerdo y que se tendrán en cuenta las prevenciones planteadas y que aún no hay fecha estimada para el lanzamiento». Pero en cuestión de días, ya se reunieron miles de adhesiones a la petición que demoniza el posible acuerdo. Entre los firmantes, figuran intelectuales prestigiosos y personalidades de los medios, algunos de los cuales participan en esta campaña. Encabezan las firmas Soledad Barruti (periodista y escritora), Marcos Ezequiel Filardi (abogado de derechos humanos y soberanía alimentaria), Maristella Svampa (socióloga y escritora), Guillermo Folguera (CONICET-UBA/Biologo-Filosofo), Enrique Viale (abogado ambientalista), Elizabeth Jacobo (FAUBA), Miryam Kurganoff de Gorban (nutricionista y doctora honoris causa UBA y UNR), Gabriela Cabezón Cámara (escritora), Pablo Alabarces (Sociólogo / Investigador del Conicet), Beatriz Sarlo (ensayista y escritora), Patricia Pintos (Geógrafa / UNLP), Rafael Colombo (abogado ambientalista), Gabriela Massuh (escritora), Carlos Gamerro (escritor), Alejandra García, (Fundación Franz Weber), Jesusa Rodríguez (Senadora de la República Mexicana), Liliana Felipe (compositora), Erica Rivas (actriz), Leonor Manso (actriz), Patricia Zangaro (dramaturga). En AgendAR nos pareció que entre los argumentos expuestos en el documento y en emotivos videos faltaba una visión vinculada a la actividad rural, una parte importante de la economía argentina. Que no está pasando por un buen momento. Por eso decidimos compartir las observaciones de Matías Longoni, un periodista argentino especializado en agro. Conductor, cronista y editor de BichosdeCampo.

«Ya hay varias personas que han pedido mi opinión sobre la campaña en redes sociales para frenar la instalación de enormes criaderos de cerdos en el país, dedicados pura y exclusivamente a producir carne porcina para China.

En principio, creo que este es un muy interesante tema de debate para el país. Pero justamente por eso, porque es un lindo tema, no debería ser tratado con mentiras o medias verdades, como estoy leyendo. No podemos hacer de este debate sobre los chanchos un chiquero.

Propongo que nos enfoquemos entonces en las verdades.

1) Es verdad que en China se produjo desde 2018 el sacrificio de millones de cerdos debido a la aparición de una enfermedad muy contagiosa, la Peste Porcina Africana. El sacrificio es el modo de pararla, porque no tiene cura. Como el Covid.

No es verdad que los cerdos sean enterrados vivos, como dicen los detractores de este proyecto.

2) Es verdad que China necesita reemplazar la carne porcina que dejó de producir. Por eso es que Argentina y otros países le están exportando tanta carne vacuna, de pollo y de cerdo. Se estima que comprará 18 millones de toneladas este año, tres veces lo que consume la Argentina.

3) Es verdad que hay interés de empresarios chinos en comenzar a producir la carne que necesitan fuera de su país. Y es verdad que hay tratativas bastante avanzadas en Cancillería para instalar algunos megacriaderos en la Argentina.

Es falso que esas inversiones sean por 27.000 millones de dólares, como dicen los opositores a este proyecto. Por ahora se habla, más bien de cifras mucho más modestas, pero que podrían incrementar un 50% la producción porcina de la Argentina a mediano plazo.

4) Es verdad que este proyecto, si se confirma, tendría un impacto importante en el llamado «agronegocio» local, pues implicaría convertir a la Argentina en un jugador importante en un negocio del que ahora poco participa: la producción de carne de cerdo.

Es falso que esto pueda ser comparado con la irrupción de la soja transgénica en 1996, como dicen algunos detractores del proyecto. No tiene nada que ver con eso. Incluso este proyecto hasta podría servir para hacer más sustentable la producción agrícola del país. Ahora explico.

¿Por qué China estaría interesada en producir carne porcina en Argentina? Básicamente porque allá están cortos de recursos que aquí por ahora sí tenemos: agua y comida. Eso hace que el costo del kilo de cerdo sea allá 2 o 3 veces más caro que hacerlo acá.

En la producción porcina lo importante es tener «madres»: cada cerda puede parir entre 8 y 10 lechones en un corto lapso de tiempo que a mi me fascina por su exactitud: La gestación dura 3 meses, 3 semanas y 3 días. es decir 114 días.

A nivel global, para reemplazar el stock de porcinos que perdieron por culpa del virus, necesitan los chinos tener 3 millones de madres diseminadas en el mundo. Para la Argentina piensan en una primera etapa en cuatro módulos de 15 mil madres. Nada comparado con el total.

Pero para la Argentina sumar esas 60 mil madres en una primera etapa sería incrementar significativamente su stock actual de chanchas, que es de 400 mil cabezas. Y si se llegara al final del plan y se instalaran 200 mil madres, la capacidad de producción local crecería 50%.

Este plan, además de generar mucho movimiento y empleo para la instalación de estas granjas, permitiría a la Argentina comenzar a ser un jugador de la carne más consumida en el mundo, que es la porcina. Recién comenzamos a exportarla en 2018 y en muy pequeñas cantidades.

Esto es algo que la gente desconoce bastante: históricamente la Argentina produjo menos carne de cerdo de la que consume, todavía hoy importa grandes cantidades desde Brasil o Dinamarca. Tenemos todas las condiciones para producir, pero somos tan boludos que no lo hacemos.

Producir cerdo es básicamente, además de tener las madres, engordar a los lechones con maíz para que conviertan ese alimento en kilos de carne. La Argentina, en ese sentido, tiene mucho maíz que exporta como grano, sin agregarle valor, porque no produce suficiente carne porcina.

De nuestra cosecha de maíz -que orilla las 50 millones de toneladas- solo procesamos un 16%, para producir algo de carne, bioetanol y puchitos de polenta. Brasil procesa el 30% y Estados Unidos casi el 70%: agregan valor a los granos y así genera alimento y más trabajo.

Por eso decía que el proyecto chino podía ayudar a la sustentabilidad: generaría demanda interna de maíz y mejoraría los precios del grano, que así estaría en mejores condiciones de competir con la soja. De allí que el plan chino no tenga punto de comparación con la soja RR.

El maíz está, ya lo producimos, nos sobra: exportamos más de 35 millones de toneladas para que otros países engorden sus animales y produzcan las carne que no le vendemos nosotros. Como sobra, no habría que producir más, habría que exportar menos y convertirlo acá en carne.

Saber esto es fundamental para desterrar de cuajo otra mentira de esta campaña en contra del proyecto chino: es falso que haya que desmontar miles de hectáreas para producir más maíz. No es cierto. Es falso. El maíz ya está.

Incluso, aunque no está definido, siempre se especuló con que la instalación de estas mega granjas para producir cerdos para China debería hacerse cerca de las zonas de producción de maíz: Córdoba, La Rioja, Catamarca. No hay mucho monte nativo por allí para cuidar.

Lo que sí habrá que observar con atención en este tipo de proyectos es la fuente de agua. En eso sí hay que ser muy estrictos. Y en el manejo de efluentes. Habría que exigir a estas granjas que tengan generadores de biogás o algo por el estilo, para que sean sustentables.

En definitiva, me han pedido que opine sobre este petitorio y opinaré: no estoy de acuerdo para nada con el rechazo social al plan chino, porque si se hacen bien las cosas representa una posibilidad de generar valor agregado y riqueza para varias provincias. Y sobre todo trabajo.

De algunos que impulsan este petitorio desde sus poltronas de Palermo no me extraña. Pero confieso que me apena ver a intelectuales -como Beatriz Sarlo- suscribirlo. No puede un intelectual rechazar este debate en toda su dimensión, pues tiene que ver con el desarrollo del país.

Lo que sí celebro es el debate social sobre una iniciativa de esta envergadura. Y que podamos ejercitar control social sobre estas negociaciones. Solo será positiva sin fundamentalismos y con un Estado inteligente, que sepa canalizar de buen modo estos estímulos externos.»

Esta es la opinión de Matías Longoni que en líneas generales compartimos. Sólo queremos agregar una observación, después de ver esos videos que muestran lo que representa en la práctica la crianza industrial de animales para el consumo. Comprendemos que algunas sensibilidades pueden ser afectadas, y simpatizamos con los esfuerzos que se hagan para que los animales de granja sean criados en condiciones más humanas. Pero queremos preguntar a esas personas sensibles ¿cómo creen que se están criando, ahora y aquí, los cerdos y los pollos que proporcionan el jamón y los huevos que hayan comido en estos años? Ahora, si son veganos rigurosos, no hay nada que observarles.

Nueva esperanza: la ANMAT aprobó el ensayo clínico para probar un plasma hiperinmune

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Este plasma hiperinmune, que se obtiene de equinos, desarrollado por dos científicas, María Laura Cerutti y María Eugenia Acuña, de la Universidad Nacional de San Martín y la empresa Inmunova fue aprobado para ensayos clínicos en pacientes de Covid-19.
La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) aprobó el ensayo clínico del plasma hiperinmune desarrollado por investigadoras de la UNSAM y la empresa Inmunova. A través de una disposición publicada ayer, 24 de julio, el organismo autoriza “a realizar el estudio clínico denominado: Estudio fase 2/3, adaptativo, randomizado, controlado, doble ciego para estudiar la farmacocinética, la eficacia y la seguridad del suero equino hiperinmune en pacientes adultos con enfermedad moderada a severa confirmada SARS-CoV-2”. La ANMAT autorizó a que los ensayos clínicos con el plasma obtenido de equinos se realicen en varios sanatorios de AMBA. El plasma, que ya demostró que es capaz de neutralizar al virus en pruebas de laboratorio, es un tratamiento para pacientes con diagnóstico de la infección, a ser administrado en las primeras etapas de la enfermedad. El plasma hiperinmune fue desarrollado gracias a una articulación pública-privada entre el laboratorio Inmunova, la UNSAM, el Instituto Biológico Argentino (BIOL), la Fundación Instituto Leloir (FIL), mAbxience, el CONICET y ANLIS Malbrán. Es un tratamiento que persigue la inmunización pasiva y que consiste en administrar anticuerpos a los pacientes contra el agente infeccioso, produciendo su bloqueo y evitando que se propague. En el desarrollo del suero se utilizó como antígeno una proteína recombinante del virus SARS-CoV-2. Esa proteína se inyectó en caballos, para obtener anticuerpos policlonales. El plasma producido contiene gran cantidad de estos anticuerpos con capacidad de impedir que el virus ingrese a las células y se multiplique.

Como actúa

“El suero equino tiene una capacidad neutralizante de 20 a 100 veces mayor que el promedio del plasma de convalecientes. La capacidad de neutralizantes es mayor, se los puede producir en gran cantidad por los volúmenes que se pueden obtener y se puede escalar para producir una cantidad muy importante, lo que permitiría utilizar estos anticuerpos en etapas más tempranas de la enfermedad”, explicó Fernando Goldbaum, director del Centro de Rediseño e Ingeniería de Proteínas del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la UNSAM y socio fundador de la empresa biotecnológica INMUNOVA. El estudio clínico comenzará la semana próxima en el Sanatorio Güemes, en el Hospital General de Agudos “Dr. Ignacio Pirovano”, ambos de CABA, en el Hospital Cuenca Alta – SAMIC de Cañuelas y en el Instituto Médico Platense de La Plata. Próximamente iniciará en más de diez hospitales y clínicas de obras sociales del área metropolitana de Buenos Aires y La Plata. Incluye la participación voluntaria de 242 pacientes adultos con enfermedad moderada a severa causada por la infección del SARS-CoV-2 confirmada por PCR, dentro de los diez días del inicio de síntomas y que requieren hospitalización.
 

El Packard usado por Perón y Evita se vendió en subasta en EE.UU. por 165 mil dólares

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La firma de remates online Mecum vendió el pasado fin de semana el Packard Super Eight Derham Phaeton de 1939, un descapotable que perteneció a la Presidencia de la Nación argentina, y que estuvo asociado a momentos con gran carga simbólica en nuestra historia. El 4 de junio de 1952, Juan Domingo Perón asumió su segundo mandato como Presidente argentino. Esa fecha también fue recordada como la última aparición en público de su segunda esposa, Eva Duarte, quien falleciera poco después: el 26 de julio. Las fotos y filmaciones de la época muestran a Perón y Eva desfilando por la Avenida de Mayo en Buenos Aires, de pie en un gran auto descapotable. Ese auto era el Super Eight. Fue fabricado en Estados Unidos a pedido del Estado argentino y en 1939 lo estrenó el entonces presidente Roberto María Ortiz. El auto formó parte de la flota presidencial, para desfiles y asunciones de mando, hasta septiembre de 1955, cuando el golpe militar que derrocó a Perón ordenó destruir y esconder todos los bienes que recordaran a su gobierno. En los años ’70, el Packard fue encontrado abandonado en un campo de la provincia de Buenos Aires y fue vendido a un coleccionista de Estados Unidos, que lo llevó a ese país en 1977. El auto fue restaurado por completo, pero conservando todas las características de un auto presidencial argentino. ¿Por qué la llamada Revolución Libertadora hizo “desaparecer” este auto, si también había sido utilizado por otros mandatarios? Al parecer, el vehículo había quedado muy identificado con la figura de Perón, en especial por las leyendas que rodearon a aquel desfile de junio de 1952. El historiador peronista José Pablo Feinmann, guionista de la película “Eva Perón”, asegura que para esa última aparición en público de la Primera Dama se instaló un arnés especial sobre el Packard. Eva ya se encontraba muy débil por el cáncer de útero que la terminó matando y no podía mantenerse en pie. Por su propia orden, en el Packard se instaló una estructura de hierro con correas de cuero, para que la esposa de Perón pudiera viajar de pie en el auto. Todo el arnés quedó oculto bajo su tapado de piel. Esa leyenda resultó tergiversada cuando el cineasta Juan Carlos Desanzo filmó el guión de Feinmann, en 1996. Como el Packard ya se encontraba en Estados Unidos, para la producción de la película se instaló el arnés sobre el Cadillac V8 presidencial. Ese auto, que hoy se exhibe en el Museo de la Casa Rosada se fabricó en 1955, tres años después de la muerte de Eva Perón. Más allá de ese error histórico, no deja de sorprender el estado en el que se encuentra hoy el famoso Packard presidencial. El hecho es que fue vendido como lote S184 en esta subasta de largo aliento (¡8 días de duración y más de 4.000 lotes!) organizada por la firma norteamericana Mecum en el estado de Indiana, Estados Unidos, con la venta vía web habilitada y estimulada. El Packard se subastó el sábado pasado sin un precio de base. Se esperaba que se vendiera por valores entre 200 mil y 250 mil dólares. Finalmente, cambió de manos por mucho menos: se vendió por 165 mil dólares. No trascendió el nombre del nuevo dueño. Es que la colección de objetos históricos no es un símbolo de status entre los argentinos adinerados.

Un avión para resucitar una fábrica, una fábrica para resucitar a un país

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(La segunda parte de este artículo está aquí; la conclusión, aquí) Los “groupies aeronáuticos” moríamos porque el IA-100 resucitara: Una cosa es que sea el aeroplano más lindo (por diseño) y más moderno (por materiales) de FAdeA, la Fábrica Argentina de Aviones de Córdoba. Otra cosa (más grave) es que sea el único proyecto tripulado que esa planta fabril terminó en ¿26 años? ¿O fueron 40? Pero no va a hacer falta morirse: el IA-100 resucita. Y FAdeA, tal vez. Ojalá. “Un avión lindo vuela bien” fue una de las máximas de Michel Dassault, el diseñador del Mirage. Suena “cool”, pero además es cierto. Desarrollado en apenas 18 meses en 2015, en agosto de 2016 durante sus apenas 5 vuelos iniciales el IA-100 le dio razón a don Michel: pese a lo submotorizado (tiene un Lycoming de sólo 180 HP) el avioncito se subía al aire con esa gracia que sólo dan unas alas de flujo muy laminar y una baja carga alar. Y cumplido el programa de vuelo, casi reticente a apearse de la atmósfera, condescendía en volver a tierra. ¡Cómo vuela esa máquina, carajo! Perdón, pero cuando la veo, no se me ocurre nada inteligente. El IA-100 es una bestia tan aérea que incluso aterrizada parece en vuelo. Y si quiere verla en vuelo, aquí está el video:
o En aquellos días de 2016, y máxime sabiendo en gran peligro este proyecto, penábamos por ver al IA-100 haciendo, finalmente, su oficio: acrobacia aérea. Que llegue ese día, que llegue, rogábamos a toda deidad del aire. Y es que si el IA-100 lograba sembrar bien sembrada una aterrada sarta de piruetas por el cielo y por las redes sociales, tendría que ser muy guapo el sotreta que matara el proyecto. Córdoba Capital entera, amén de los enfermos de aviación de todo el país, lo inculparían de lesa patria. Obviamente al IA-100 no lo dejaron ni llegar a calentar a la tribuna. Tenía por delante una agenda de trabajo de hormiga, no menos de un centenar de vuelos con el avión atiborrado de sensores, interpolados entre sesiones obsesivas de control de datos, discusiones minuciosas con los proveedores para imponer ajustes… en fin, lo inevitable en una máquina demasiado nueva. Mínimo, un año. Y sólo entonces, ya pulido de casi todo pecado original de diseño, a revolcarse por el cielo, mostrar colmillos y uñas, a ganarse la supervivencia y, con ella, la vida. No hubo caso, en 2016 el proyecto fue cancelado. “Por ahorro”, dijeron. Living la vida acrobática El entrenador básico nuestro: U$ 600 mil, versus el Grob alemán, a U$ 2,5 millones la unidad. El IA-100 tiene la ingeniería y materiales adecuados para maniobras extremas. En 2009, la FAdeA vivía todavía en la edad del duraluminio, material que cumple 90 años en vuelo y que la aviación general va dejando muy lentamente atrás. FAdeA pudo atreverse a los “composites”. Son telas de fibras de vidrio, de carbono o de kevlar embebidas en resinas epóxidas, y se moldean como esculturas. Estas piezas luego se curan al calor y en alto vacío. La fábrica cordobesa accedió a estos materiales gracias al contrato de provisión que firmó con Embraer en 2011. Eso sucedió en un marco político, económico y diplomático “muy Mercosur”: ayer nomás, pero hoy parece lejísimos. Embraer quería (y todavía quiere) morderle mercado al clásico y tenaz Lockheed C-130 Hércules. Para ello tiene su nuevo transporte militar, el KC-390, y necesitaba aviopartistas para sus componentes. FAdeA levantó la mano, ofreció precio y se anotó parte del cono de cola de ese avión. Ya había hecho vaquita (“parceria”) con Embraer en otro avión de compuestos, el CBA 123 Vector en 2000. La cosa es que ganó. Estamos fabricando parte del cono de cola del Embraer KC-390. Ojo, Hércules. Algunas telas, particularmente las de carbono o kevlar, son horribles de cortar con prolijidad. Hacer aeropartes con ellas no es fácil. Hacerlas bien, sin microburbujas ocultas que debiliten estructuralmente el producto, es aún más difícil. Dominados que fueron cada uno de los compuestos de la parte argenta del KC-390, el paso siguiente fue preguntarse: ¿por qué no nos hacemos un entrenador primario propio de compuestos? Para eso hay mercado, aquí y afuera. Y al aparato militar resultante se le pueden sacar derivados civiles exportables, ponele un cuatriplaza para gobiernos y empresas. Sería lanzar FAdeA como marca. Dicho así, uno entiende la carga emocional, simbólica y productiva infusa en este mínimo aparatito. ¿Acaso la Fiat no resurgió en la posguerra gracias al “Topolino”, y Citröen en los ’50 no sobrevivió traccionada por el frágil e indestructible 2CV?   Un Grob de entrenamiento básico, a U$ 2,5 millones la unidad. ¿Los vale? Son 4 IA-100… Fuera de sus potencialidades, en el aquí y ahora, el primer mercado del IA-100 en versión “B” (con un cockpit algo más ancho) es la Fuerza Aérea Argentina, siempre deseosa de importar chatarra, siempre remisa a la tecnología nacional, pero no esta vez porque se juega la vida: su semillero de pilotos jóvenes ya no tiene con qué demonios hacer entrenamiento básico. Si esto sigue, la FAA se evapora en recursos humanos, y ya bastante evaporada anda “de fierros”. Los 10 Grob que compró la FAA en 2013 como entrenadores iniciales costaron U$ 2,5 millones cada uno, y por su germánica complejidad, resultan carísimos de mantener. ¡Tienen turbohélice, en lugar de un vulgar y simple motor pistonero! ¡Eso en un avión para las primeras 40 a 100 horas! Es como ponerle patonas a tu primera bici: no te vuelve piloto de motocicleta. Los Grob son otro ejemplo más de lo que hace la cúpula aeronáutica cuando Defensa les da la chequera: patinársela afuera del país, y mal. Los Grob viven en mantenimiento, o a espera de que haya plata para ello. Hoy son otro cuello de botella para que los cadetes de aviación aprendan cómo andar por los aires sin matarse, y subirse entonces a nuestro lógico escalón siguiente antes de pasar a algún jet de ataque o de superioridad aérea del que carecemos. Ese escalón es el jet IA-63 Pampa, entrenador avanzado. De modo que la FAA necesita sí o sí 30 o 40 IA-100 “B” y la Armada, al menos 10, y esto porque cuestan U$ 600 mil, es decir 4 veces menos que los Grob. Y es así porque tienen la motorización adecuada para iniciarse en el aire: los pistoneros dan respuesta instantánea al acelerador (la palanca de gases, en milico). Y con marcas como Lycoming, el mantenimiento es más escaso, más fácil y más local. ¿Y los IA-100 serán inferiores al Grob, para aprender? Qué pavada: son superiores. Empezando por la disponibilidad, primera virtud de un maestro. No es un maestro flojo. Las alas del IA-100 pesan 150 kg.. Pero en una de esas salidas de picada en que el alumno pierde la visión unos segundos (la sangre se le va del cerebro a los pies), esas alas pueden soportar cargas ascendentes de 5760 kg. “sin aplaudir”. Para romper las alas del IA-100 en ensayo estático habría que soportarlas en dos caballetes de acero y cargar sobre el fuselaje el peso de 5 camionetas VW Amarok, es decir 9 toneladas, hasta escuchar “crrack”. Eso es lo que logran los largueros de ala de fibra de carbono con perfil doble T. Eso es lo que significa diseño acrobático bajo normas FAR-23. La acrobacia es lo propio de un entrenador básico militar como éste, diseñado para debutar con el cielo. Todas esas perplejas maniobras “de show”, la Immelmann, el tonel, el martillo, el vuelo lento, el vuelo invertido, el derrape, la pérdida simétrica y asimétrica, las salidas de barrena plana y de tirabuzón, nacieron entre 1914 y 1918 del combate aéreo. Pero ojo, lector: hasta el más descafeinado “brevet” de piloto civil (el de ultralivianos) implica algún dominio limitado de estas artes extremas. ¿Por qué? Porque cuando te quieren asesinar de pronto una plantada de motor en despegue, o una ráfaga de cizalla entrando a pista, o la súbita formación de hielo vítreo en las alas, u otros de los tantos repentismos del vuelo no comercial, esas maniobras te salvan la vida. A veces. De modo que aunque fatigues Youtube, lector, no encontrarás videos del IA-100 en acrobacias locas pero sensatas. Tampoco sé si le habrían salvado el gañote al proyecto. Mucho avionicida suelto en FAdeA, en 2016. Al IA-100 lo mataron tras sólo 5 vuelos. Como quien dice, degollado en la cuna.

(Continuará mañana)

Daniel E. Arias

Creció en un 27% la carga transportada por ferrocarril en el primer semestre de 2020

En el marco de la emergencia sanitaria producto de la pandemia, Trenes Argentinos Cargas (TAC) transportó un 27% más de carga durante el primer semestre, en relación al primer semestre de 2019, lo que representa más de 2.800.000 toneladas transportadas, de acuerdo con un informe elaborado por el Ministerio de Transporte de la Nación. En este junio, específicamente, se despacharon 620.000 toneladas en total, lo que significó un alza del 37% en la comparación interanual con igual mes de 2019. El informe de la cartera de Transporte, también destaca que entre los productos transportados durante los primeros seis meses se registró un volumen histórico en el transporte de cereal -470 mil toneladas transportadas durante el mes pasado-, y se alcanzaron “cifras muy importantes” en el transporte de carbón con origen en Mendoza y destino en La Plata. Además, se señala que se produjo un incremento del volumen transportado de azúcar proveniente de la provincia de Jujuy, y que se volvió a transportar yeso después de 17 años. Sobre este tema, el Ministro de Transporte Mario Meoni declaró: “El transporte de carga y la integración de todas sus modalidades es fundamental para la reactivación del país. No nos hemos detenido en esta pandemia y seguimos llevando adelante inversiones y el trabajo necesario para que todas las regiones de la Argentina puedan desarrollarse”. Obras por realizar “La logística ha sido y es uno de los grandes problemas de la Argentina. Por eso es importantísimo realizar obras como la del acceso ferroviario a los puertos de Rosario, la reparación de vagones y locomotoras o los proyectos que tenemos para los trenes de carga. Como nos ha pedido el presidente Fernández, tenemos que pensar el desarrollo de la Argentina integralmente, con una mirada federal, y estas acciones van en esa línea”, agregó el Ministro. Inversión y mantenimiento La inversión en material ferroviario y mantenimiento se reflejó durante el primer semester de este año, con relación a igual período de 2019, al reducirse en un 31% los descarrilamientos sobre kilómetros recorridos. En ese sentido, el presidente de Trenes Argentinos Cargas (TAC), Daniel Vispo, expresó: “Quiero reconocer y agradecer a las autoridades ministeriales, a los sindicatos, a los clientes y en especial a todos los trabajadores y trabajadoras de Trenes Argentinos Cargas por el compromiso, la confianza y el esfuerzo que demuestran día a día.”

Por la caída del turismo, nuestro país perdería hasta 5.000 millones de dólares

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Es una estimación de Gustavo Santos, ex ministro de Turismo, que se refirió al impacto de la pandemia en el sector. Afirma que se viene una reconversión obligada.

A través de la plataforma Zoom el ex ministro de Turismo de la Nación, Gustavo Santos -que desde 2007 a 2015 condujo el sector en la provincia de Córdoba- habló sobre el impacto y los profundos cambios que la pandemia del Covid-19 está generando en el sector. El cordobés acaba de lanzar el libro “El después”, donde plantea un abordaje amplio del turismo y sondea algunos de los cambios, tendencias y desafíos que se vienen hacia adelante. Santos remarcó que previo a la llegada del Covid-19 el turismo global había generado 1.500 millones de viajes y tenía proyección de 2.000 millones hacia 2030; apuntó que 1 de cada 10% empleos estaban vinculados al turismo y que el sector traccionaba el 10,3% del PBI mundial. “En eso estaba el turismo cuando llegó el Covid. Sólo entre marzo y abril la gastronomía perdió 3 millones de empleos, a junio ya había 1.000 millones de pasajes cancelados, con una pérdida estimada en US$ 252 mil millones. Además, se frenaron inversiones en aeropuertos del mundo por US$ 35 mil millones”. Según su visión, la crisis económica es y será global, pero impactará más en las economías emergentes y consideró que la región tardará entre tres y cuatro años en recuperarse. “El turismo argentino había logrado que entraran 7,4 millones de extranjeros y se generaron divisas por US$ 5.400 millones. El golpe en el hub Córdoba es terrible, Córdoba apuntaba a ser la Atlanta de la región y sin conectividad no podemos desarrollar nada, ni el receptivo ni el interno”. Subrayó que en marzo la caída del sector fue del 49%, y el 100% en abril. Así, el primer trimestre cerraría con caída del 25%, pero sería casi total hacia el segundo trimestre. “La pérdida de divisas va a ser muy grande, éramos el cuarto complejo generador de divisas. Estimo que el país va a perder divisas por US$ 5.000 millones de este sector. La recuperación va a ser muy lenta. Se necesita de la emergencia en el turismo porque el sector está llegando al límite de la existencia, necesita auxilio y que el Estado colabore. En Córdoba es muy fuerte el turismo interno, el extranjero era el 7% del total, por eso la recuperación puede llegar antes. El turismo de naturaleza puede traccionar, pero muchas empresas van a tener que reconvertirse para atender un turista que va a tener otro perfil y otras exigencias”. La reacción de los gobiernos nacionales de la región y también de las administraciones provinciales fue otro foco de crítica en el análisis de Santos. “La crisis fue global, pero las respuestas fueron nacionales y no hubo coordinación, no se trabajó bien, se cerraron las fronteras, cada país hizo lo suyo. Y en el país veo falta de coordinación nacional, estamos en una etapa preconstitucional, pre 1853, donde cada provincia toma sus decisiones y cierra sus límites. Hay que ajustar eso y generar protocolos con los países vecinos, porque para el turismo los clientes principales son los países vecinos”.

Calidad del servicio de Edenor y Edesur. Último informe oficial: marzo a agosto 2019

Compartimos el último informe publicado en la página oficial del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) sobre calidad del servicio: «En el marco de la quinta revisión semestral de la calidad del servicio que EDENOR y EDESUR prestan en el Área Metropolitana de Buenos Aires, el ENRE difunde el informe completo y anuncia las sanciones por incumplimientos de las pautas que la Revisión Tarifaria Integral estableció para el período 2017-2021. Los desvíos que el Ente registró entre marzo y agosto de 2019 dan cuenta del desempeño de las distribuidoras en términos de servicio técnico (frecuencia y duración de las interrupciones de suministro), producto técnico (nivel y perturbaciones de tensión) y servicio comercial (tiempos de respuesta para conectar nuevos usuarios, restablecer el suministro suspendido, emitir la facturación, atender reclamos).
Concepto Monto de las sanciones
EDENOR S.A. EDESUR S.A. Total
Calidad del servicio técnico $41.4 millones $130.7 millones $172.1 millones
Calidad del producto técnico $8.4 millones $15.9 millones $24.2 millones
Calidad del servicio comercial $5.6 millones $145.8 millones $151.5 millones
Total $55.4 millones $292.4 millones $347.8 millones
Cabe recordar que los índices de evaluación aplicados a los cortes de suministro varían según el ENRE haya contado todas las interrupciones registradas en el transcurso del semestre, o haya excluido aquéllas que las distribuidoras describen como originadas en causales de caso fortuito o fuerza mayor. En este semestre 46, cuando se descuentan las interrupciones declaradas como «de fuerza mayor», los índices de EDENOR y EDESUR respetan los límites establecidos por la RTI. En el caso de la primera distribuidora, la frecuencia media por usuario de 3,05 veces se mantiene por debajo de las 4,17 veces establecidas, así como la duración total de 8,01 horas respecto del umbral de 13,23 horas. En el caso de la segunda prestataria, la frecuencia media por usuario (2,78 veces) es ligeramente inferior al parámetro fijado de 2,88 veces, y la duración total (10,47 horas) es sensiblemente inferior del límite de 15,05 horas. Ocurre lo contrario cuando se cuenta todas las interrupciones registradas. EDENOR supera sus respectivos umbrales con una frecuencia media de 4,31 veces y una duración total de 14,06 horas, y EDESUR traspasa los suyo con una frecuencia media de 4,10 veces y una duración total de 17 horasAquí se puede acceder al INFORME COMPLETO.