Este domingo 1 de junio Ucrania atacó con enjambres de drones a bases rusas, destruyendo aviones que, se afirma, formaban parte de su dispositivo estratégico nuclear.
El ataque ucraniano, conocido como operación «Spiderweb» (Telaraña), tuvo como objetivo varias bases aéreas rusas, incluyendo la base de Belaya en la región de Irkutsk, Siberia, una de las más importantes con que cuenta la Federación Rusa. Se encuentra a aproximadamente a 4,500 kilómetros de la frontera ucraniana.
Otras bases atacadas, son Olenya en la región de Murmansk, a unos 1,800 kilómetros de esa frontera y Diaghilevo en Riazán, a unos 520 kilómetros. Más allá de los errores que se adjudicarán a los dispositivos de seguridad de Rusia, esto indica la facilidad de desplazamiento de los drones antes de ser activados. Cuando son lanzados… es difícil detenerlos, como lo han comprobado los ucranianos en los cotidianos ataques rusos.
A nuestro entender, la operación Telaraña no tiene en sí un impacto directo en la guerra entre Rusia y Ucrania como se está desarrollando actualmente, una guerra de desgaste, de avances lentos y disputados, y bombardeos que afectan al infraestructura y la población civil.
Sin embargo, su impacto psicológico y simbólico es grande. Para Ucrania, muestra su voluntad de resistencia y su capacidad de asestar duros golpes al enemigo. Para Rusia, que desde hace muchos meses aparece como el inevitable vencedor, este ataque representa un golpe durísimo, inesperado, que puede impulsarla a una represalia muy dura, para «recuperar credibilidad».
¿Una escalada en una guerra que ya lleva más de 3 años?
Pero este editor no es experto en las tácticas militares actuales. Sus lecturas sobre las campañas de San Martín o de Escipión no son relevantes.
Sí me resulta obvio un punto sobre el que hemos vuelto, una y otra vez, en AgendAR. Los drones han cambiado la guerra en este siglo. Ya lo había anticipado el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán, y los ataques de los hutíes en el Mar Rojo: Los drones son el Gran Equalizador.
La clave no es su potencia o su alcance. Es que se trata de un arma muy económica, de un costo muy, muy inferior al de misiles y bombarderos. Y, de fácil traslado, emplazamiento y reemplazo.
Para un país como el nuestro, la Argentina, extenso y rico en recursos, pero con sus industrias de defensa destruidas y su Estado empobrecido, es un arma que sus Fuerzas Armadas deben desarrollar. Retomar el absurdamente abandonado Proyecto SARA.
Antes que las bombas nucleares, los drones son un eficaz disuasor, en los arsenales de las naciones que no son Grandes Potencias. Por su capacidad de infligir daños altos a cualquier agresor. A uno con más poder militar.
A continuación de esta breve nota, les acercamos un link al Especial de AgendAR donde reunimos artículos publicados sobre lo que en Argentina se ha hecho y se puede hacer en materia de drones.
Luego de una demora de once días debido a la crisis interna que vive la empresa, FAdeA concretó enl 20 de mayo, el primer vuelo del entrenador IA-100B Malvina, desde la pista de la Escuela de Aviación Militar en la ciudad de Córdoba.
El IA-100B es un desarrollo sobre el demostrador IA-100 que voló en 2016, aunque ha sido totalmente rediseñado, incluyendo, entre otros cambios, la adición de un tercer asiento y el cambio del motor de 180 hp por uno de 260, así como el empleo de otra técnica constructiva para su célula en materiales compuestos, empleando el sistema de preimpregnado. El proyecto se lanzó en 2020 a partir de un requerimiento de la Fuerza Aérea Argentina, que inicialmente apuntaba a incorporar 25 aeronaves, cantidad que luego se redujo a solo diez.
El avión está compuesto en un 85% por materiales compuestos, utilizando el proceso de preimpregnado, lo que proporciona una calidad mucho mejor que el laminado húmedo empleado en el demostrador original.
El nuevo avión tiene una cabina con visibilidad mejorada, con una cúpula más alta, con aviónica digital VFR/IFR personalizada en una cabina también diseñada por Redimec, que es más sencilla que la del demostrador tecnológico, con asientos uno al lado del otro más un tercer asiento en la parte trasera para vuelos de enlace. El motor es un Lycoming AEIO-540-D4A5 de 260 CV con hélice Hartzell, preparado para vuelo invertido para acrobacia aérea.
Se espera que el avión alcance una velocidad de 155 nudos, con una pérdida de 57, con un alcance de 1060 km, una autonomía de 4,5 horas, un techo de servicio de 18.000 pies y un factor de carga de +6G y -3G.
Si bien en 2020 se planeó tener el prototipo listo para 2021 y comenzar las entregas en 2022, esto demostró ser demasiado optimista y la construcción del prototipo comenzó a mediados de 2023, con un avance muy lento durante 2024 y quedando listo recién en marzo de 2025.
Ahora se espera avanzar en el programa de ensayos para luego aplicar los cambios que surjan en las aeronaves de serie.
Lo esencial de la arquitectura del antiguo sistema occidental (bancos, gobiernos, fundaciones, medios, think-tanks, universidades, redes militares y tecnológicas) era invisible a los ojos del ciudadano común, pero funcionaba eficazmente, articulando su enorme poder global. Desde hace una década ya no puede imponer fácilmente sus fórmulas universales y tiene peleas internas, no sólo a nivel de las élites, sino dentro mismo de sus sociedades, lo cual desconcierta y lo hace poco atractivo para ser imitado. Se observan contradicciones imposibles en épocas pasadas: Washington impone sanciones y Wall Street ayuda a los castigados; EEUU ignora a la élite europea.
Cada élite tiene su propia estrategia de salida. Hay militaristas: la OTAN provoca conflictos en Ucrania o en Asia; los europeos se entusiasman con su rearme. Hay farsantes: simuladores de un cambio que nunca llega; levantan la justicia social mientras refinancian la deuda eterna (usura); hablan de energía renovables mientras utilizan masivamente carbón; promueven diversidad, pero no protegen a las mayorías; hablan de libertad de mercado para seguir evadiendo impuestos. Hay pragmáticos: pilotean la transición; sobreviven adaptándose a lo que funciona en otros lares e intentan imitarlos; aceptan el nuevo orden multimodal, pero intentan mantener la centralidad del poder, como una variante de “gatopardismo” global.
La disociación entre política, economía y el relato moral, ha permitido que un nuevo poder, casi invisible, instale el odio dentro de muchas sociedades. En medio de tanto contrapunto polarizante entre capitalismo y socialismo, Occidente fue dejando en libertad, sin ningún control social, a los nuevos protagonistas high tech, propagadores de una ideología libertaria extrema, que eliminan la noción de Estado, y que fueron introduciendo al mundo en un anarquismo o caos cibernético, manejado sólo por una decena de señores tecnofeudales, con utópicas pretensiones de controlar al mundo e incompatibles con cualquier noción de democracia.
Desde el punto de vista de las potencias, la transformación de la realidad mundial es claramente visible; las capacidades productivas de EEUU y Europa han disminuido en relación a China, provocando una reducción de empleos industriales, debilitando a las clases medias y generando una dependencia estratégica en sectores clave para la innovación y el desarrollo tecnológico, mientras continuaban con su crónico endeudamiento, por el que pagan jugosos intereses al mundo financiero, el que a su vez sostienen el crecimiento del mundo tecnofeudal hiperlibertario. Se sumaron a ello, la pérdida de legitimidad social de prolongados conflictos armados (Vietnam, Afganistán, Irak, Libia, Ucrania, Palestina), la disminución de la natalidad, los grandes flujos migratorios, el relajamiento y relativismo moral, menor presencia del Estado en políticas de integración social, fenómenos de discriminación y de exacerbación del odio. Son las causas que, además de los problemas económicos conocidos, explican la facilidad con que se introdujeron los “ingenieros del caos” en el control de la vida de los pueblos.
Con sus decisiones estratégicas fallidas Occidente ha permitido la pérdida del impulso vital de sus sociedades, a diferencia de lo que ocurre en los países emergentes, que han aprovechado la ola globalizadora, mediante estrategias nacionales de crecimiento económico y de mejoras sociales para sus pueblos.
Estados Unidos
Frente a la innegable realidad de la pérdida de la hegemonía geopolítica, la reacción exhibida por Donald Trump tiene su eje en cerrarse sobre sí mismo en una carrera proteccionista y en acercarse a Rusia para contener a China; tema en desarrollo sin certidumbres claras. Intenta fomentar una Rusia más independiente, para que no dependa tanto de Beijing y evitar el fortalecimiento del eje euroasiático. Para ello propone explorar intereses geoestratégicos comunes como el control del Ártico y la producción de minerales estratégicos en conjunto con empresas rusas. Para generar confianza mutua, mantiene cierta afinidad ideológica similar en cuanto a valores conservadores y tradicionalistas.
Las recientes declaraciones de Trump indican su voluntad de llegar a acuerdos con Rusia y con China. No está claro si trata de llegar a acuerdos que lleven ciertos niveles de “esferas de influencia” (término originado en la Conferencia de Berlín 1884-1885, donde las potencias europeas se repartieron África). Tal vez se trata sólo de un modo de negociación, tan particular de Trump, mientras las acciones globales suben y bajan como en una montaña rusa. La primera opción sería un regreso a una variante de los regímenes imperiales del siglo XIX, entre las tres superpotencias. Sin embargo, es muy poco probable que EEUU se retire de sus alianzas militares y sus bases en el Indo pacífico, de Taiwán o de Europa. Parece que su interés principal es forzar arreglos comerciales e industriales que lo beneficien. Tampoco China va a ceder tan fácilmente su participación en el hemisferio occidental, al menos sin lograr compensaciones. Rusia, aparte de los entendimientos geoestratégicos, exige, en relación al conflicto en Ucrania, algo similar a lo negociado en los procesos de Minsk y Estambul: dejar de lado la retórica belicista y la exigencia incondicional de revertir las fronteras de 2014; aceptar que Ucrania adhiera a la UE a cambio de su neutralidad militar y su renuncia al ingreso en la OTAN; el reconocimiento de Crimea y de los territorios ucranianos de habla rusa, como parte de Rusia; la creación de zonas desmilitarizadas a lo largo de la frontera común y un nuevo acuerdo de seguridad europeo. Existen precedentes históricos de neutralidad y cesión territorial (Austria y Finlandia de posguerra) y autonomía territorial (Bosnia o los casos de Hong Kong o Macao) que podrían servir de base para dicha solución.
Europa
Mientras tanto Europa, con un peso global en declive, ha comenzado a sobreactuar su nuevo independentismo estratégico, y enfrenta a Trump con un “llamado a las armas”, para defender a Ucrania y “los valores” de Occidente. La élite dominante, si bien está fragmentada, sostiene una mediática visión de Rusia, como exponente de una amenaza imperial, que nadie ve. Sus empresas industriales están migrando a Asia para poder adquirir competitividad, excepto las militares que se han reactivado, para lo cual los países se endeudan aún más, en beneficio del sistema financiero. Su apoyo a las condiciones maximalistas de Zelensky van de la mano de esa nueva política independentista, conducida por una troika ampliada, integrada por Macron, Starmer, Tusk y Merz, siendo Francia y Gran Bretaña, dos potencias nucleares miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Han reunido a 31 países, y también autoridades de la OTAN y la UE, pero sin Hungría o Eslovaquia (aliadas de Trump), aunque incluyendo a Canadá y Australia para constituir un “frente amplio” pro-ucraniano y “ganar la paz”, sin EEUU. El plan denominado SAFE se reduce a “volver a las armas” y a crear un fondo de 150.000 millones de euros para reactivar las industrias de la defensa, que incluye, obviamente, a Gran Bretaña. Otra nota destacada es que Alemania habría solicitado ser protegido por el paraguas nuclear francés o británico.
Pero la unidad europea tiene sus grietas. El presidente polaco Tusk no va a romper su relación con EEUU, siendo el más acérrimo enemigo de Putin. La famosa “relación especial” entre Gran Bretaña y EEUU, que acaban de firmar un importante acuerdo de libre comercio, también pone un grano de incomodidad o especificidad. Canadá, un polo liberal del fraccionado Occidente, pretendida por Trump para ser el 51º estado de EEUU, tiene ideas de unirse a la Unión Europea, aunque primero tendrá que pasar por el filtro de Su Majestad, el Rey Carlos III de Inglaterra.
Economía global
Se prevé que dada la actual situación altamente volátil y de gran incertidumbre sobre los futuros acuerdos entre las potencias, el crecimiento económico no será tan vital como se esperaba, particularmente en los países occidentales, con un crecimiento económico de EEUU del 1,8 % y Europa del 0,8 %. Los países asiáticos seguirán liderando el crecimiento económico mundial: China un 4,2 % y la India un 6,2 %. Según el FMI, actualmente el PBI de China es un 33% mayor que el de EEUU. El G7 representa hoy apenas el 28% del PBI mundial, mientras las nuevas economías emergentes, principalmente China e India, ya representan el 61 % del PBI mundial. Solo en esos 2 países habitan más de un tercio de toda la humanidad, lo cual influirá en el flujo del comercio internacional; dentro de pocos años China desplazará a EEUU como el primer importador mundial. La demanda de inversiones en EEUU y en Europa atraerá una inmensa masa de recursos financieros, aumentando un poco la tasa de interés, todo lo cual afectarían a los mercados emergentes.
Argentina cometió uno más de sus tantos errores estratégicos: haberse retirado de los BRICS. El alineamiento automático revela que el ideologismo sigue gobernando este país, muy lejos del realismo con que se mueven los países que avanzan a sus mejores destinos.
En un contexto de tensiones cambiarias, vencimientos de deuda con el Fondo Monetario Internacional y señales de desinversión en Vaca Muerta, este medio se comunicó con el CEO de Saber Invertir, Luis Varela, quien brindó un panorama preocupante sobre el futuro inmediato de la economía argentina.
Luis Varela explicó que la transición energética global amenaza el negocio petrolero tal como se lo conoce: “El mundo está en una plena transformación en el campo de las energías y el petróleo lentamente va a ir siendo reemplazado, como pasó con el carbón al principio del siglo XX”. En este sentido, proyectó que, “el consumo de hidrocarburos va a disminuir”, lo que empujará los precios a la baja.
Vaca Muerta posee un alto costo de producción
Según desarrolló, “hay riesgo de que el barril de petróleo tienda a ubicarse en la zona de 50 dólares”, un nivel que compromete la viabilidad de Vaca Muerta: “Vaca Muerta es un yacimiento con mucho potencial, pero con extracción tipo fracking tiene un costo financiero alto”. Por eso, destacó que, “para que Vaca Muerta sea financieramente apto, necesita de un dólar por lo menos alto”.
Varela advirtió que, “hay muchas empresas internacionales que están abandonando Vaca Muerta, como Exxon, como Petronas”, debido al estrecho margen de rentabilidad. “El precio del costo en Vaca Muerta ahora dicen que puede estar en la zona de los 45 dólares”, recalcó, mientras que los precios de mercado podrían desplomarse, reduciendo la ganancia a cero.
Vaca Muerta cada vez está más lejos de ser «la segunda pampa húmeda»
Aunque el país apostaba a que “Vaca Muerta se convierta en la segunda pampa húmeda”, reconoció que, “va a ir perdiendo esa posibilidad”. En este escenario, sostuvo que el foco hoy está en otra parte: “Los inversores están enfocados, no en el tema del petróleo, que está lejos, sino en lo que está pasando con la licitación de bonos del Tesoro”.
En ese marco, el entrevistado alertó: “Estamos en el mejor momento de la liquidación de cosecha gruesa y en el Banco Central no está entrando ni un dólar”. El Gobierno debe enfrentar “una meta pactada con el FMI para juntar reservas, cerca de USD 5.000 millones en dos semanas”.
Respecto a la licitación del nuevo “Bonte 2030”, explicó: “Es un conejo de la galera sacado por Caputo, que es muy hábil financieramente”. El mecanismo permite que “los inversores internacionales coloquen dólares, el Gobierno los transforma en pesos y paga una tasa en pesos”.
En los últimos –al menos– 15 años la Argentina sufrió de inestabilidad económica, que se reflejó en retroceso de la actividad económica (el ingreso por habitante en 2024 fue inferior al de 2007) con fuertes fluctuaciones, e inflación muy alta. Esto estuvo, en mi opinión, vinculado con los desequilibrios macroeconómicos: fundamentalmente, los déficits fiscal y externo.
El actual gobierno disminuyó considerablemente el déficit fiscal (habla de “superávit financiero” porque en el gasto no incluye los intereses de títulos públicos en pesos). Y la situación del sector externo inicialmente mejoró, porque el Gobierno ejecutó una fuerte devaluación, que hundió el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, y con ellos el consumo y las importaciones, lo que llevó a un superávit comercial externo que permitió sumar reservas al Banco Central en los primeros meses de gestión.
Pero, para ganar apoyo social, el Gobierno buscó que la actividad se reactive y, al mismo tiempo, que baje la inflación. Para eso, usó el instrumento preferido de los gobiernos de los últimos 15 años: el “ancla cambiaria”, que implica “pisar” el dólar para que aumente sustancialmente menos que los precios de los bienes y servicios.
Con ello, la inflación se desaceleró, a pesar de una fuerte expansión monetaria que impulsó la actividad económica: mientras la inflación era de 47% anual, el “M2 privado transaccional” (dinero de particulares que no rinde –o casi no rinde– intereses) creció 115% entre abril de 2024 y abril de 2025. Medido en dólares oficiales, pasó de 25.600 millones a 42.700 millones: un aumento del 67%. Al igual que tantas veces en nuestro pasado reciente, la combinación de expansión monetaria con atraso cambiario logró que baje la inflación y crezca la actividad económica: el resultado deseado. Pero con consecuencias para las cuentas externas: en 2024 hubo un superávit de comercio exterior importante, pero en 2025 ya hay déficit, dada la caída en el saldo positivo del intercambio de bienes, y el aumento en el saldo negativo del intercambio de servicios.
En otros años, el déficit comercial se financió con emisiones de deuda en los mercados de capitales. Pero, luego de las experiencias de nuestro pasado reciente, persiste la desconfianza en la capacidad del gobierno argentino de pagar sus deudas en moneda extranjera. Y el déficit comercial no ayuda: absorbe divisas, en lugar de generarlas para poder pagar las deudas.
La situación de las reservas del Banco Central empezó a deteriorarse a mediados de 2024, lo que se aceleró en marzo y abril de este año, hasta que el FMI, el Banco Mundial y el BID –empujados por el gobierno de Estados Unidos– pusieron en marcha un salvataje que le da aire al gobierno nacional. Más allá del objetivo –no explicitado– de que al Gobierno le vaya bien en las elecciones, un objetivo declarado es mejorar la solvencia externa del país. Para medir eso, el FMI redefinió el concepto de “reservas netas” del Banco Central, como las reservas en oro y divisas, sin sumar los desembolsos del FMI, y restando obligaciones de corto plazo del Banco Central (pero no todas); y estableció metas que implican que este año esas reservas deberían aumentar en varios miles de millones de dólares.
Para lograr esas metas, se necesita comprar divisas u obtenerlas vía endeudamiento. El gobierno parece decidido a que, al menos hasta las elecciones, no comprará dólares, para evitar que suba su cotización y, con ella, la inflación. Y, para emitir títulos públicos, que sean atractivos en relación con los que ya están en el mercado, las tasas de interés tendrían que ser muy altas: emitir en esas condiciones daría una imagen de desesperación, lo que –luego de la experiencia del “Megacanje” de mediados de 2001– se trata de evitar.
En general, los inversores internacionales están más dispuestos a comprar bonos del Tesoro de los Estados Unidos, que rinden 4% anual, que títulos públicos argentinos, que rinden más de 10% anual, porque desconfían de que, al momento del vencimiento, el gobierno argentino tenga la voluntad y los dólares para pagar. El acuerdo con el FMI mejoró la confianza, pero –por ahora– no lo suficiente: si el dólar sigue atrasado (los bienes nacionales están caros en relación con los del exterior, lo que incentiva importaciones y turismo al exterior), no se obtendrá el superávit comercial externo que asegure que el gobierno podrá comprar las divisas para pagar sus deudas. Y, a las deudas en divisas ya existentes, ahora se sumó el nuevo préstamo del FMI, que tiene status de “acreedor privilegiado” (los demás van a la cola).
Pero parece haber mayor confianza de los inversores en que este gobierno logre bajar la inflación y mantener a raya al tipo de cambio. Aprovechando eso, el Ministerio de Economía emitió el BONTE 2030: un título público para inversores internacionales, que lo pagan en dólares, pero que cobrarán en pesos, con una tasa de interés del 14,75% semestral (efectiva anual: 31,7%); y que vence en cinco años, pero a los dos años los tenedores tendrán la opción de cobrarlo, o mantenerlo hasta 2030.
Si el título público se paga en pesos, el riesgo de que el Gobierno no lo pague es bajo: si no tuviera los pesos, podría ordenarle al Banco Central que los emita. El riesgo principal es que los pesos que cobren los inversores equivalgan a menos dólares que los que invirtieron, por suba del tipo de cambio. Pero eso no debería ocurrir, si: a) la inflación baja, en poco tiempo, a menos del 1% mensual; y b) el tipo de cambio real no sube fuertemente en las fechas de vencimiento de intereses y capital.
La compra de BONTE 2030 por parte de los inversores internacionales equivale a que le vendan dólares al Gobierno, y simultáneamente, le compren un bono en pesos. La expectativa es que, al momento del cobro, puedan pasar los pesos a dólares, obteniendo una ganancia en dólares. Una vía para la incorporación de estos inversores al “carry trade”, que se apoya en la expectativa de que la tasa de interés en pesos sea mayor que la tasa de interés en dólares, más la devaluación esperada.
Como ejercicio: supongamos que el dólar a fines de noviembre de 2025 vale $1.300 (la cotización aproximada del dólar futuro a esa fecha); en mayo de 2026, $1.430 (aumento de 1,6% promedio mensual); en noviembre de ese año, $1.536 (suba de 1,2% mensual); y en mayo de 2027, $1.630 (suba de 1% promedio mensual). Eso implicará que el que invirtió US$1.000, cobrará el equivalente a US$130 en noviembre de 2025, 118 en mayo de 2026, 110 en noviembre de 2026 y, si opta por retirarse en mayo de 2027, US$808 en esa fecha. En total, cobraría US$1.167 dólares, con una rentabilidad de 9,7% efectiva anual. Y, teniendo en cuenta la situación económica y política en mayo de 2027, analizará si seguir o no tres años más.
La emisión inicial de BONTE 2030 es de US$1.000 millones. La meta de “Reservas netas” fijada para el 13 de junio sigue bastante lejos, pero se acerca un poco. Pero lo principal no es la meta: si no se cumple, el FMI daría un “waiver” (perdón por no cumplir), en pos del objetivo principal (el resultado electoral). Lo más importante es demostrar que el Gobierno puede conseguir dólares de inversores financieros internacionales, que tienen “bolsillos profundos”, y que prestan paraguas solamente si ven que sale el sol. En la medida en que el Gobierno muestra que puede conseguir dólares, mejoran las perspectivas de que pueda pagar sus obligaciones en divisas en el futuro, y entonces más dispuestos estarán los inversores a prestarle. Como ocurrió en 2016: una vez que el gobierno de Macri empezó a emitir títulos en los mercados internacionales, pudo emitir varios miles de millones de dólares por mes. Al usar los dólares para financiar el déficit fiscal, a los dos años se agotó esa fuente, y tuvo que recurrir al FMI. Lo que promete Caputo (Secretario de Finanzas entonces, Ministro de Economía ahora) es que esta vez no usará los dólares para financiar el déficit fiscal.
El discurso del Gobierno, que los inversores parecen comprar, es que sólo interesa el déficit fiscal (además, niega tenerlo). Pero las importaciones están creciendo a una tasa superior al 30% anual, absorbiendo cada vez más dólares. Lo que puede detener ese crecimiento es una recesión, una devaluación o prohibiciones de importar; pero no son opciones atractivas. El Gobierno exhibe, como garantía de solvencia externa (que serviría para mantener barato al dólar), los fondos de los préstamos del FMI, Banco Mundial y BID y ahora los obtenidos con la emisión del BONTE 2030. Pero, en la medida en que se mantenga el dólar barato (tipo de cambio real bajo), se profundizará el déficit comercial externo (que existe, aunque también el Gobierno lo niega) y, en algún momento, el ingreso neto de fondos financieros se interrumpirá. La pregunta difícil es: ¿cuándo?
Hay argentinos en las playas de Brasil, en las rutas de Estados Unidos y en un avión con destino a Europa. Con el dólar por debajo de los $1200, un valor que se vio por primera vez en octubre de 2023 (cuando tocó un récord histórico el viernes previo a las elecciones presidenciales), en abril hubo alrededor de 1.425.600 residentes que aprovecharon para cruzar la frontera, un 30,5% más que el año anterior (incluye a quienes van y vienen en el día y a quienes permanecen afuera más tiempo).Se trata de un boom del turismo emisivo, fenómeno que no se veía desde 2017.
Al ver más en detalle, el mes pasado hubo 881.200 argentinos que salieron al exterior para hacer turismo, un aumento del 24% interanual, de acuerdo con el último informe de Estadísticas de turismo que publicó el Indec. “Se posicionó como el tercer abril con mayor turismo emisivo desde el inicio de la serie (2016), solo superado por 2017 y 2018″, dimensionaron desde la consultora LCG.
Más llamativo fue el caso de los “excursionistas”, aquellas personas que van y vienen por el día, una “escapadita” que hicieron 544.400 residentes. En este caso, se trató de un crecimiento del 42,7% frente a abril del año pasado.
“El turismo emisivo es una forma rápida de entender el proceso de apreciación cambiaria, viajan más argentinos al exterior y los que viajan gastan por persona más que antes. Eso tiene una explicación en los salarios: hoy el promedio del sector privado registrado es de US$1500, el más alto desde el 2017. Sin embargo, medido en pesos solo es más alto con respecto al año pasado», dijo Claudio Caprarulo, director de Analytica.
Balanza turística, de acuerdo con el Indec
Incluso, el fuerte dinamismo de los primeros meses del año amplifica esta tendencia: en el primer cuatrimestre se registró un récord histórico de turismo emisivo, con casi seis millones de salidas al exterior, señalaron desde LCG.
Este informe del Indec representa un indicador que le permite a los economistas evaluar la sostenibilidad del sector externo. Y la alarma que se empezó a encender en los últimos meses: cada vez el déficit de la balanza de turismo es mayor, porque así como los argentinos salieron a recorrer el mundo, cayó la cantidad de turistas extranjeros que vinieron a conocer el país.
“Esta baja también impacta en la ocupación hotelera, que este verano fue menor que el año pasado, que había sido de por sí muy duro por la aceleración inflacionaria y la caída del poder adquisitivo. Efectivamente, esta balanza negativa complica el mercado de cambios: podemos tener un déficit de más de US$10.000 millones en 2025 por el turismo. Y también se filtran algunas compras en el exterior, sobre todo ahora que es cada vez más fácil traer productos de Amazon, por ejemplo. Es un factor a tener en cuenta, porque hay pocas reservas y, en un contexto de escasez de dólares, que se destinen al turismo exterior puede no ser deseable”, sumó Lorenzo Sigaut Gravina, director de análisis macroeconómico de Equilibra.
En números, entraron al país unos 727.700 turistas en abril, una baja del 8,3% interanual. En el desgranado, 418.800 de ellos llegaron a la Argentina para hacer turismo y pernoctaron (una caída del 4,8% frente al año anterior), mientras que 280.500 vinieron por el día (una merma del 13,1%).
“La otra cara de la misma moneda es la caída en el ingreso de turistas desde el exterior. Así se genera una dinámica que es negativa para el mercado interno en términos de empleo y producción, mientras crece la salida neta de dólares. Se deben implementar estrategias para compensar, aunque sea parcialmente, la pérdida de competitividad vía precio, dada la decisión del equipo económico de mantener al dólar barato como ancla contra la inflación. Hay regiones de nuestro país donde el turismo es la principal actividad económica», agregó Caprarulo.
Al ver el resultado total de los viajes turísticos, sale a relucir que el mes pasado hubo un saldo negativo de más de 700.000 visitantes, el peor dato para un mes de abril desde el comienzo de la serie (en 2016), de acuerdo con la consultora Equilibra.
Parte de este fenómeno se debe por la percepción de un dólar “barato”. Aunque el llamado dólar turista cuesta $1521 en el Banco Nación (todavía cuenta con un recargo del 30% a cuenta de Ganancias sobre el tipo de cambio oficial), hoy la mayoría de los argentinos paga el resumen bancario con billetes propios. De esta manera, se puede ahorrar unos $351 por dólar, ya que el oficial cuesta $1170 y el MEP, $1165.
“Esto se debe principalmente a un tipo de cambio real muy apreciado. Encima, después de la salida del cepo, se achicó la brecha a cero y se abarató aún más para los turistas o los gastos que se hacen en el exterior, que lo único que tienen que hacer para evitar el gasto de pago en tarjeta es poner stop debit, comprar dólares en el mercado oficial y usar esos billetes para cancelar los resúmenes de la tarjeta», añadió Sigaut Gravina.
¿A dónde viajamos?
También se puede ver cuáles fueron los destinos más elegidos por los argentinos. Hubo 235.900 residentes que viajaron en abril a Brasil (un aumento del 59,1% frente al año anterior), mientras que 216.700 cruzaron la Cordillera de los Andes y pasaron unos días en Chile (+24,3%), otros 101.100 fueron a Paraguay (+12,5%) y 95.700 a Uruguay (en este caso, un 12,8% menos que en abril 2024).
Además, alrededor de 84.600 de argentinos fueron al resto de América Latina (+46,8%), 53.000 se dirigieron a recorrer Europa (+18,7%), 52.400 fueron a vacacionar a Estados Unidos o Canadá (+8,5%), hubo 28.700 turistas que fueron a Bolivia (+11,3%) y 13.000 eligieron otros destinos del mundo (+10,1%).
Al ver el país de origen de los turistas extranjeros que llegaron a la Argentina,78.200 fueron uruguayos (+11,2%) y 77.600 brasileros (una caída del 18,2% frente al año pasado). Le siguieron 62.900 europeos (-2,2%), 53.500 chilenos (-3,7%), 46.300 otros países de América Latina (-15,2%), 40.300 paraguayos (+28,1%), 31.600 fueron canadienses o estadounidenses (-24,2%), 15.900 vinieron de otras partes del mundo (+8,2%) y 12.400 fueron bolivianos (-12,4%).
María Teresa Dova, graduada y profesora en la Universidad Nacional de La Plata, ganó el Premio L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia”. Es experta en física de partículas y altas energías. Trabajó en el CERN europeo y participó del proyecto científico que encontró el bosón de Higgs, la «partícula de Dios».
María Teresa Dova es una de las personas que más sabe, en todo el mundo, de uno de los temas más complejos de la física «pequeña». Esta investigadora del Conicet -y profesora en la Universidad de La Plata- fue hace apenas una década una de las grandes protagonistas de un descubrimiento colectivo esencial para «entendernos». Es que sus análisis de la estructura atómica y de la física de partículas nos permiten entender mejor de qué estamos hechos. Todos, desde un grano de arena hasta nosotros, incluyendo a buena parte del Universo.
¿Por qué fue premiada? Es que Dova, mientras trabajaba en el CERN -uno de los laboratorios de física más sofisticados del mundo-, fue coautora de las investigaciones que confirmaron la existencia del bosón de Higgs, (la misma que se hizo famosa como la “partícula de Dios”).
María Teresa acaba de sumar, a su ya destacada trayectoria, un nuevo reconocimiento global: el premio L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia”.
Este galardón elige, cada año, a cinco científicas eminentes. Y las recompensa con honores y 100 mil euros por sus contribuciones al progreso de la ciencia. Todas, por supuesto, son estrictamente seleccionadas por un jurado compuesto de una decena de expertos de máximo renombre mundial.
A continuación, una síntesis de la entrevista que, con paciencia, le dio a PERFIL, mientras hacía equilibrios entre requisitorias periodísticas, el dictado de clases en la Facultad de Exactas en La Plata y el manejo del Instituto de Física de esa ciudad.
– Ya pasaron 12 años desde el descubrimiento del bosón de Higgs. ¿Desde entonces la física confirmó ese resultado y el modelo de partículas que implica?
—Sí, claro. No es que creáramos esa partícula en 2012. Contábamos con muchísimos datos obtenidos por el trabajo cotidiano en el LHC, el acelerador de partículas del CERN. De hecho, ya teníamos millones de terabytes de información con registros de eventos, y los analizábamos buscando números compatibles con los que caracterizarían a este bosón. Ya veníamos -durante un año- viendo señales de que esa partícula existía y finalmente confirmamos una significancia estadística que nos permitió mostrar la existencia del Higgs. De todos modos, desde ese momento hasta hoy el acelerador siguió trabajando y fue mejorado y los equipos de científicos seguimos analizando esos temas.
—¿Pero se lo sigue investigando? — Es que en la física de esta complejidad doce años es nada y esta es una partícula muy nueva. Se confirmó su existencia, pero luego hay un montón de cosas para estudiar. Desde confirmar que era este tipo de bosón hasta estudiar sus propiedades. Entender cómo esta partícula se produce e instantáneamente, cómo decae y se desintegra en otras partículas. Su vida es tan corta como 1.56×10−22 segundos. Lo importante es que todos esos descubrimientos nos permitieron completar lo que llamamos el “modelo estándar” de la física. Pero, además, su confirmación también nos abrió el paso a hacernos nuevas preguntas.
— ¿Cómo que?¿Qué viene ahora? — Ahora se abre camino a una nueva física. En concreto, hallar el bosón de Higgs nos permitió también pensar en lo que viene y hacia donde va la física de partículas en los próximos años.
— ¿Hacia dónde? — El futuro es empezar a hacer análisis detallado de nuevas ideas y partículas que tienen que ver con lo que, a grandes rasgos, llamamos la “materia oscura” y que es uno de mis focos de trabajo actuales: ¿qué partículas conforman la materia oscura?
— La teoría de cuerdas que desarrolló otro físico argentino, Juan Maldacena, ¿podría entrar en esos análisis?
— Hoy no podemos probar esas ideas experimentalmente, al menos con la tecnología actual de nuestros aceleradores de partículas. Por ahora está lejos de nuestras posibilidades de experimentación.
— Y volviendo a la materia oscura, ¿qué podemos decir de ella?
— Como idea podemos decir lo siguiente: con el bosón de Higgs ya tenemos bastante confirmado el llamado “Modelo Estandar” de la física. Pero también sabemos que ese modelo explica apenas el 5% de la materia que existe en el Universo. Es cierto que es la parte en la que “estamos” nosotros. Por otra parte, tenemos evidencia de que otro 25% de la materia existente en el Universo es la llamada “materia oscura” y de ella, y de sus componentes, no sabemos casi nada. Pero además, tenemos todavía el otro 70% del Universo que los cosmólogos piensan que está compuesto de “energía oscura” y de la cual sabemos todavía menos. En otras palabras, estamos avanzados en algunos sectores de la física de partículas, pero hay muchos otros campos de los que todavía no sabemos casi nada.
— Es complejo…
— Si y todavía se pone más difícil. Porque pensamos que hay varias opciones de “nuevas físicas”. No sólo buscamos ahora las partículas de materia oscura, sino que también se abren nuevas preguntas. Por ejemplo, ¿por qué nuestro universo se compone de materia y no de antimateria?¿Cuál es el origen de esta asimetría? O entender qué pasa con las partículas denominadas neutrinos y saber si tienen o no masa. También queremos desentrañar cómo juega -si juega- la fuerza de gravedad en el Modelo Estandar. Es que la gravedad es muy débil en el mundo subatómico y puede ser “despreciada”, pero a escala universal sí tiene su papel. Y se puede estudiar si la forman unas partículas que podríamos llamar gravitones. En fin, en la nueva física que comienza ahora hay muchísimas preguntas para hacerse y muchísimas respuestas por buscar.
Para qué sirven estos temas
– Se sabe que muchas de estas investigaciones teóricas no tienen, por ahora, aplicaciones. ¿Sirve invertir en física?
– Tengo tres respuestas posibles. La corta es esta: en 1897, el físico J.J. Thompson descubrió el electrón. Si en ese momento le preguntábamos para qué servía esta partícula, hubiera respondido: “ni idea”. Hoy, obviamente, es inimaginable un mundo sin electrónica. Pero en ese momento no servían para nada.
Mi segunda respuesta es que para desarrollar la física teórica de alta energía, tenemos que hacer avances en instrumentos y cosas aplicadas. Por ejemplo, en el laboratorio del CERN, para hacer mejor investigación en física, ahí inventaron las pantallas táctiles, nació la idea básica de la Web y el concepto de almacenar datos “en la Nube” para todos los interesados. Claramente, tres ejemplos que trascendieron el campo de la física de partículas y que hoy están en cada Smartphone.
Para la ciencia argentina no contar con fondos adecuados para hacer investigación es un gran daño
Finalmente, estas investigaciones de partículas abrieron el camino para que la medicina tenga equipos sofisticados y efectivos para el tratamiento del cáncer.
Por todo esto es lógico pensar que es un gran daño para la ciencia argentina no contar con fondos adecuados para hacer investigación. Soy una convencida de que la inversión en ciencia y tecnología es una de las cosas esenciales que permite el desarrollo de una sociedad. Y para eso necesitamos continuidad en la inversión en este sector, para poder hacer ciencia en forma consistente.
La empresa argentina VENG realizó las pruebas del motor MT-B, un desarrollo que forma parte del programa de acceso al espacio de la CONAE y que es alimentado con queroseno y oxígeno líquido. El motor logró un empuje de 4,1 toneladas en vacío y forma parte de la filosofía new space, en la que los componentes espaciales se deben desarrollar de manera rápida y con un rendimiento suficiente que los haga económicos para poder integrarse en proyectos de empresas privadas.
Este motor sigue las pautas de diseño de los motores más modernos: tiene válvulas electrónicas de accionamiento mecánico, lo que permite mucha precisión para controlar los valores del motor y muchos de sus componentes han sido impresos en 3D, con tecnología aditiva (incluso la turbobomba). VENG tiene la máquina para hacer piezas de tecnología aditiva (3D) más grande del país.
Pablo Reimonte, responsable de Ingeniería de Propulsores de VENG, explicó: “Nosotros hacemos nuestro motor en todos sus componentes, diseñamos y fabricamos hasta las válvulas, lo podemos patentar y eso es un know how diferencial. Dominamos muchas tecnologías que se llaman críticas, porque son las que destraban el desarrollo del lanzador”.
Para hacer el lanzador hay 3 tecnologías principales. El motor, la aviónica y los tanques de combustible. Los ensayos del motor MT-B muestran el avance en el área y, para tanques, en este proyecto se está usando una tecnología de soldadura por fricción que es muy avanzada. La máquina que hace esta soldadura (friction stir welding) en VENG es la única en América Latina, por lo que si alguna empresa o institución de la región necesita hacer una pieza que necesite esta tecnología puede contratar los servicios de VENG. En aviónica se han hecho avances muy importantes.
El motor MT-B funciona con oxígeno líquido y queroseno, un estándar que usan otros como, por ejemplo, el Merlin, de los vehículos espaciales Falcon, de Space X. Es un motor a ciclo abierto o ciclo con generador de gases, y su turbobomba tiene un diseño muy compacto. Se usan también las aleaciones de los motores más modernos. “Cuando lo terminemos va a ser un orgullo para el país”, exclamó Reimonte.
El motor MT-B sigue las pautas de diseño de los motores más modernos: muchos de sus componentes han sido impresos en 3D, con tecnología aditiva (incluso la turbobomba) y tiene válvulas electrónicas de accionamiento mecánico, lo que permite mucha precisión para controlar los valores del motor.
En el ensayo de la última semana se probó el motor y sus válvulas pero todavía no la turbobomba. Dividir así los ensayos permite hacerlos más simples y controlables. “En lanzadores chicos, de hasta 500 kilos de carga útil, se pueden usar muchos motores como el MT-B en primera etapa, y después uno más para la segunda etapa. Eso permite economizar mucho en ingeniería y fabricación”, explicó Reimonte. Y agregó: “También tenemos un motor de 30 toneladas de empuje pero es para primera etapa de lanzadores de más de mil kilos de carga útil. Hoy cambió la filosofía de la cohetería: en el pasado los rusos usaban muchos motores de poca potencia y en Estados Unidos pocos o uno solo muy potentes. Un solo motor simplifica la nave pero si tiene un problema falla la misión. Hoy el mundo viró a los vehículos multimotor porque abarata el desarrollo y también consumen menos combustible. El de 30 toneladas de empuje consume 44 kilos de queroseno por segundo y 80 de LOX (el oxígeno líquido). En cambio, el de 4,1 toneladas consume 3,8 kilos de queroseno por segundo y 8 de LOX. Además, es más rápido de fabricar y desarrollar, y se puede hacer una prueba total al final del desarrollo”.
Lo siguiente es hacer la recuperación de la primera etapa del lanzador, como hace Space X. Cuando el lanzador está bajando casi vacío hay que reencender el motor y hacerlo trabajar a un régimen muy bajo y poco eficiente. “Si tenés muchos motores pequeños podes encender pocos y que trabajen al régimen adecuado”, explicó el ingeniero de esta empresa argentina de servicios y desarrollos tecnológicos de alto valor agregado, con especialidad en la actividad espacial.
A fin de año ya se deberían hacer las pruebas de la turbobomba y luego todo el conjunto del motor para terminar con la calificación. Todos estos pasos aumentan el índice de madurez tecnológica (TRL por sus siglas en inglés) y eso baja la incertidumbre del proyecto. Cuando se llegan a los ensayos de desarrollo se hace un TRL 6, mientras que el máximo es un TRL 9. Con un TRL 6 ya se permite que el desarrollo pueda volar.
El costo es un factor cada vez más importante para la industria satelital. Hoy las empresas privadas ocupan un lugar mayor y el rendimiento comercial de un motor cohete es central. Este motor MT-B se inserta en esa lógica y se está desarrollando para el proyecto de lanzador del programa ISCUL (Inyector Satelital Para Cargas Útiles Livianas), pero también se podrá vender como un componente para empresas que lo necesiten.
A fin de año ya se deberían hacer las pruebas de la turbobomba y luego todo el conjunto del motor para terminar con la calificación. Todos estos pasos aumentan el índice de madurez tecnológica (TLR por sus siglas en inglés) y eso baja la incertidumbre del proyecto.
Las piezas, cuando salen de la máquina aditiva (3D), no salen totalmente terminadas y hay que hacer un poco de mecanizado, pero se reduce drásticamente el tiempo de trabajo y la cantidad de material usado con este proceso. “Hay ciertas aleaciones de metales del motor que antes de que saliera esta técnica aditiva no te las vendían para que no se pudieran desarrollar cohetes y no tuvieras capacidad de acceso al espacio. Cuando salió la impresora se abrieron al comercio las aleaciones y eso abrió muchas posibilidades. La mejor aleación que se usa para una parte de la cámara de empuje que va refrigerada se llama GR-cop 42 y con la vieja técnica de fabricación forjado no la vendían. La impresora 3D permite llegar a un espectro de aleaciones que antes no teníamos y también acorta mucho los tiempos. Las turbobombas, por ejemplo, primero las hacíamos en fundido pero la colada llevaba mucho tiempo, y por lo tanto costos, pero además puede que no quede bien de resistencia mecánica, que queden poros, que haya contaminación. Y como la pieza es grande, cuando hacés el colado el material no llega a todos los lugares del molde igual y puede presentar fallas”, explicó Reimonte.
Los motores de cohete siempre son vistos desde la política internacional con recelo por el carácter dual de la tecnología. Los mismos motores que se pueden usar para inyectar un satélite en órbita se pueden usar para un misil. Según Reimonte, “la Argentina no lo hace por un desarrollo militar y ha firmado tratados que lo certifican y hay revisiones, vienen de vez en cuando y se fijan que se esté cumpliendo lo que prometimos. No es exactamente la misma tecnología pero uno le podría poner una carga militar. Lo que hacemos en VENG y CONAE es tecnología para el acceso al espacio con fines civiles”.
Hay muchos componentes que pueden ser vendidos en forma independiente para proyectos privados o públicos internacionales de acceso al espacio. Dentro de poco tiempo podrán contar con una cartera de productos que incluyan motores, válvulas, turbobombas y demás, dado que diversas empresas ya se han acercado a VENG para pedir cotizaciones.
En el mundo hay una decena de países que tienen lanzadores para acceso al espacio pero solo la mitad hacen sus propios motores. “Desarrollar un motor como este, con estas técnicas de fabricación, con turbobombas y con su complejidad, demanda una trayectoria de todo el equipo y tiempo para sumar conocimientos, lo cual nos posiciona muy bien al momento de ofrecerlo como producto. Hoy hay start ups con motores chiquitos, de 200 kilos de empuje, pero motores más grandes no se encuentran. La mayoría de los que estamos trabajando en esto tenemos 16 años de experiencia, hicimos muchos motores y se pueden ver”, dijo Reimonte.
En un avance clave para el fortalecimiento de la industria aeroespacial y de radares en Sudamérica, la empresa argentina INVAP S.E. firmó un Memorando de Entendimiento con las compañías chilenas ENAER (Empresa Nacional de Aeronáutica de Chile) y DTS (Desarrollo de Tecnologías y Sistemas SpA), con el objetivo de establecer una alianza estratégica para el desarrollo conjunto de tecnología avanzada.
El acuerdo, que entró en vigor el 20 de marzo de 2025, busca consolidar un marco de cooperación orientado a la transferencia de conocimientos y capacidades en áreas como fabricación, soporte, mantenimiento y asesoría técnica, tanto en sistemas espaciales como en radares. Además, contempla proyectos de integración, ensamblaje, pruebas, fabricación y comercialización de estos desarrollos en Chile y en mercados internacionales.
La firma del memorando fue realizada por Ignacio Grossi, Subgerente General de INVAP; Henry Cleveland, Director Ejecutivo de ENAER; y Roberto Avendaño, Gerente General de DTS. La iniciativa representa un paso concreto hacia una mayor articulación tecnológica entre Argentina y Chile, que permitirá aprovechar fortalezas compartidas y sumar capacidades en segmentos estratégicos.
Uno de los aspectos mas destacados del acuerdo es la implementación de un Plan de Trabajo que servirá como base para un futuro Acuerdo de Cooperación más amplio, en el que se definirán los términos específicos para la ejecución de proyectos conjuntos. Este enfoque progresivo busca asegurar una coordinación efectiva entre las tres partes y facilitar la concreción de objetivos comunes.
Créditos: ENAER
El Memorando también establece mecanismos para el intercambio de información técnica, la realización de reuniones periódicas y la realización de estudios de factibilidad técnica y económica. De dicho acuerdo se desprende que cada empresa asumirá los costos derivados de sus propias actividades, lo que refleja una estructura de colaboración flexible pero comprometida con resultados concretos.
Esta alianza marca un nuevo hito en la cooperación tecnológica regional y refuerza el potencial de ambos países para posicionarse globalmente en un segmento altamente competitivo.
Cabe destacar que recientemente en el marco de la feria LAAD 2025, autoridades de INVAP, destacaron que su estrategia apunta a fortalecer la presencia en América Latina y abrir nuevas oportunidades en África. Al respecto, señalaron que “Estamos abiertos a asociarnos. Nuestro trabajo para aumentar exportaciones o negocios en el exterior es ponerle un esfuerzo también a la parte asociativa, no solo a la exportación del producto”.
Comentario de AgendAR
Si los memorandos de entendimiento fueran contratos reales, la Argentina sería una potencia tecnológica. No lo es porque suelen ser jueguito para la tribuna. Firmar intenciones no significa exportar cosas, o asociarse para producirlas en vaquita, o transferir la tecnología a cambio de dólares.
Nadie duda de que INVAP sabe de radares: es diseñador, fabricante y logró ser un exportador. Nadie duda de que Chile es un comprador y usuario, lo que no significa que sea un comprador de tecnología argentina. Pero hay que ver el gas que nos compran.
Un memorando de entendimiento es una declaración de intenciones que no obliga a nadie a hacer nada concreto. Como hubiera dicho el finado Cacho Otheguy, gerente general de INVAP, una cosa es un cafecito con Beyoncé, y otra cosa es, bueno… otra cosa.
El asunto es que desde 2003 INVAP fue desarrollando una oferta de radares de casi todo tipo: desde portátiles en mochila para infantería, hasta de aeropuerto. Los hay de detección colaborativa y de vigilancia aérea, de observación satelital de la Tierra en banda L, de detección temprana y medición de tormentas en tiempo real, de barrido lateral o «look down» para subirlos a un Pucará y detectar intrusos en las fronteras o en el mar, e incluso de tipo AESA, capaz de detectar decenas de blancos navales, aéreos y terrestres a la vez sin ser detectado, e incluso de interferir sus comunicaciones y sus radares. Un AESA es más un arma que un sensor.
Eso no significa que INVAP esté condenada al éxito. El mercado de radares es caníbal, con perdón de los caníbales. INVAP logró diseñar y vender su primer radar, el INKAN, en 2004 y debido a un cisne negro. Las licitaciones internacionales para control de aeronavegación de Carlos Menem y Fernando De la Rúa se trabaron para siempre en juicios entre oferentes por coimas.
Los brigadieres y comodoros veteranos de Malvinas, devenidos brevemente en jefes de la Fuerza Aérea, aprovecharon la trifulca para pedirle al nuevo y fugaz presidente Eduardo Duhalde que comprara nacional y no a países de la OTAN. ¿Qué sentido tiene comprarle a una alianza militar ocupante?
Y como la industria electrónica argentina había sido destruida por dumping aduanero en tiempos de Martínez de Hoz, el pedido de Duhalde recayó en INVAP. No había otra: si sos el número uno mundial en centrales nucleares, seguro que sabés un vagón de electrónica e informática. Y de licitación, olvídate, cariño.
INVAP tardó un año en diseñar, testear a instalar su primer radar colaborativo de aeropuerto, a un tercio de los precios inflados de Raytheon, INDRA, Thompson y siguen las firmas.
Éstas chillaron no poco, porque INVAP sencillamente caminó sobre esa masa cuchillera e informe de abogados, lobbistas y jueces, y mostró el primer radar sudaca en el aeropuerto de Bariloche. Y agrandada como chancleta de gordo, ofreció radares militares no colaborativos, de los que detectan tráfico aéreo legal y del otro, y tienen contramedidas electrónicas para evitar las contramedidas hostiles.
Y citando al Génesis, los comodoros y brigas contemplaron todo lo hecho por INVAP, y vieron que era bueno. Entonces pidieron unos cuantos más, y los generales no quisieron quedarse atrás y pidieron remozar sus viejos Westinghouse de alerta temprana, y sus Rasit de infantería. Los almirantes, según usos y costumbres, ignoraron la novedad por demasiado nacional.
Obviamente, la cúpula aeronáutica que en lugar de radares de la OTAN prefirió comprar argentino fue desplazada deshonrosamente con una opereta de medios, de gorras y de multinacionales de defensa. Efectivamente, 7 altos oficiales fueron eyectados de un saque, con Carlos Rohde a la cabeza. Todos ellos eran héroes de Malvinas, pero no autonombrados, sino condecorados por valor en combate por el Congreso, es decir en tiempos de democracia.
Desde inicios del arma aérea, con Bartolomé De la Colina y Juan de San Martín, jamás habíamos tenido una conducción aeronáutica semejante. No parece que podamos repetirla.
Las consecuencias siguen. Toda la plata que invirtió INVAP en desarrollar el radar SAR para patrulla armada nocturna de fronteras terrestre y marítimas se perdió. ¿Cuándo? Cuando la FAA, en 2018, decidió cancelar el proyecto Pucará Fénix como avión de vigilancia aérea nocturna. Ya el prototipo había sido probado exitosamente, con su combo de radar SAR y visor infrarrojo de FixView, en fase prototipo. Para mayor novedad, la persona importante a bordo no era el piloto al frente, sino la radarista en el asiento trasero. Sí, una mujer.
La cúpula de la FAA, quizás suponiendo enemigos armados sólo con piedras y palos y no con misiles disparados desde el hombro, prefirió dejar los últimos Pucas como aviones de ataque a tierra. Eso quiere en tierra y cubriéndose de tierra, a espera de desguace o de ser convertidos en estatuas de plaza. Fue el destino de casi todos los 110 Pucarás construidos.
Sin embargo, para pesar de tantos aeronabos, en diez años el país quedó radarizado por INVAP en tránsito aéreo comercial, y en materia de intrusos. INVAP armó el «Escudo Norte». Consta de 27 radares, 20 preexistentes modernizados por INVAP, y 7 de la firma barilochense. Obligan al narcotráfico que contrabandea frula en avioneta, a volar de noche, bajito y a ras de los árboles.
No es que eso haya sacado al país de su destino de tránsito de falopa hacia Europa y Asia. No podría suceder: el grueso de las cargas baja libremente desde Bolivia y Paraguay por el Paraná, privatizado por Carlos Menem y renombrado como Hidrovía. Lo que se queda pegado en el Gran Rosario generó desde los ’90 un violento y pujante negocio de narcomenudeo.
Pero aún incompleto, el Escudo Norte complica el narcotráfico aeronáutico. La avioneta no pasa de ser un sistema de back-up. Sin embargo, el no poder aterrizar en las pistas ilegales de Salta, Jujuy e incluso tan al sur como Santiago del Estero para atender clientes provinciales «punto a punto» les saca nichos de mercado a los cárteles, y les sube costos de distribución en las provincias del NOA.
Es como sacarle Rappi a una cadena de pizzerías. INVAP lo hizo.
El retiro forzoso de «los 17 gloriosos» jaqueó el desarrollo de una cadena de 6 radares trans-horizonte en la costa atlántica, primero para detectar pesqueros ilegales en la milla 201, y en segunda lugar para ver en qué andan los británicos en las islas demasiado famosas. La propuso INVAP a Néstor Kirchner en 2004, y con la idea de que al menos la Royal Navy y la Royal Air Force se sintieran bajo observación 24×7 y perdieran plata inventando contramedidas.
Pero a dos décadas del descabezamiento de la mejor cúpula de la FAA, ésta estaba aterrorizada, y continúa. Los dos ministros más decentes y entendedores que tuvimos en Defensa (el Chivo Rossi y Jorge Taiana) lograron poner sólo 2 radares costeros RPA-170 de INVAP frente a Malvinas, uno en Trelew y otro en Tierra del Fuego. Son potentes y avanzados en materia de contramedidas.
Como éstas se renuevan al azar en frecuencia y azimut, es difícil para los Brits interferirlas. Sin embargo, no lo necesitan, salvo que quieran desembarcar en la Patagonia. La Tierra es redonda y las ondas de radiofrecuencia viajan en línea recta. Así las cosas, ambos radares sólo iluminan objetos al menos a 10.000 metros de altura sobre las islas, que quedan ocultas por el horizonte. No hay modo de controlar nada en tierra o en el mar. A lo sumo, de generar interferencia sobre las comunicaciones de los aviones. Cosa que nuestros sucesivos gobiernos Brit-Friendly no hacen.
La otra cosa radárica interesante que desarrolló INVAP es un AESA, un radar de múltiples haces de barrido y frecuencia aleatorios y con capacidades de inteferencia y de generación de falsos ecos. Se hizo para que la Armada renueve los sistemas de las viejísimas corbetas MEKO 140. Los almirantes, desinteresados, como siempre. Demasiado Nac & Pop. INVAP no te paga viajes ni jubilación.
La tremenda y súbita tormenta que destruýó, destechó y anegó a varias provincias y a todos los partidos del oeste bonaerense, en abril de 2014, dejó 5 muertos y miles de refugiados que perdieron todo y se quedaron meses sin luz. Sólo de soja, la provincia de Buenos Aires perdió más de U$ 500 mllones.
Lo de la soja probablemente convenció al gobierno nacional de organizar el SINARAME, el Sistema Nacional de Radares Meteorológicos. Como los 5 que había en el país eran todos de marca y frecuencia distintas y carecían de repuestos y service nacionales, el sistema se construyó sobre el radar RMA 14 de INVAP, con un alcance de 25O km a la redonda.
Cada unidad cuesta U$ 5 millones, siempre un tercio de la oferta internacional promedio, todas ellas tienen mantenimiento y repuestería locales. Estos aparatos están organizadas como una red coordinada por el Servicio Meteorológico Nacional y las autoridades de cada provincia. La idea era cubrir todo el territorio, pero el gobierno de Mauricio Macri discontinuó el despliegue, eligió no pagar los radares entregados y aconsejó a INVAP no vivir del estado. Mirá quién habla…
Pero los gobernas que se quedaron sin radares estaban justificadamente furiosos. Macri pagó sólo cuando a su alfil, Marcos Peña Braun, fue patoteado por periodistas en el Aeropuerto de Bariloche. El SINARAME, en consecuencia, se detuvo en 17 radares y casi no cubre la Patagonia, punto de origen de todos los frentes fríos que causan las grandes tormentas de otoño e invierno en la Cordillera, la zona Centro y en el NEA y el NOA.
En suma, que por más que INVAP haya exportado radares de aeropuerto a Nigeria, no logra convencer a la política argentina de desplegar todo lo que tiene en la materia sobre su propio territorio. Ésta es una causa por la que AgendAR no cree en absoluto que INVAP vaya a venderle radares a Chile: la Argentina misma sólo los compra en emergencia extrema, o cuando hay algún gobierno más o menos popular y desendeudado. Es como decir dos cisnes negros.
La otra causa es el propio Chile: los hermanos transandinos pueden no entender un velín de radares, salvo como compradores. Pero es difícil que un milico chileno nos compre fierros. No hay demasiado afecto de los vecinos hacia nuestra república, al menos desde tiempos en que O’Higgins se peleó con San Martín.
Por la misma causa, no creo que INVAP tenga mayores chances de vender su tecnología espacial a los transandinos.
Se la pierden,
Tenemos los mejores satélites de observación de la Tierra en Sudamérica, estamos dispuestos a transferir tecnología, aceptamos fabricación por parte del cliente, ofrecemos el chancho y la máquina de hacer chorizos. Es más, en un país donde el agua potable es privada y cara, como Chile, y que además se está secando, tenemos los dos únicos satélites de observación de recursos hídricos.
Los dos SAOCOM, con sus enormes radares en banda L, funcionan de día y noche, dan imágenes aunque el terreno esté tapado por nubes de tormenta. Pueden detectar y medir incluso las napas subterráneas, y dar alertas tempranas de aludes y deslaves. De yapa, tenemos los dos únicos satélites de telecomunicaciones geoestacionarios, los ARSAT-1 y 2, sobre un plan de seis que discontinuó Macri. Que es muy coherente en política, aunque no tanto en elocuencia.
Chile, en cambio, tiene un plan espacial bajo dominio total de la Fuerza Aérea Chilena (FACH), y seguramente lo van a cumplir a rajatablas. El MinDef chileno siempre tiene plata (saca tajada de la minería de cobre), no perdió ninguna guerra y es casi parte de la OTAN. La FACH está inaugurando varias estaciones terrestres de control de satélites, aunque ahora sólo tiene el que le compró a tiempo compartido al estado de Israel. Funciona propiamente como la mona, admitido por sus usuarios. Pero no veo demasiado «affectio societatis» de los militares chilenos hacia INVAP.
De modo que todo lo publicado sobre radares y satélites en fraterna sociedad transandina por la prensa militar argentina vendría a ser humo. Y no parece generado en Bariloche sino en Santiago.
De todos modos, hay que participar en las licitaciones por satélites, aunque la cancha esté inclinada y embarrada, la tribuna en contra y el árbitro vendido.
El Fondo Fiduciario de Promoción Científica y Tecnológica (FONDOTEC) fue creado en 1990 por la Ley 23877 del Congreso y tenía la función de guardar los fondos que ya estaban asignados a un proyecto de la Agencia I+D+i hasta el momento en que fueran gastados. Así, y sobre todo en tiempos de inflación, el dinero era invertido por el Banco Nación para que los fondos no perdieran valor. También permitía guardar los fondos que no habían sido usados en un año para el siguiente. Como los fondos de la Agencia provienen de distintas fuentes (el 80% llegaron a corresponder a organismos internacionales) también puede utilizarse en diferentes momentos del año. Algunas veces todo junto, en un gran desembolso, y otras en cuotas. Por eso también es importante poder centralizar los fondos y resguardarlos de su desvalorización.
Entre los considerandos del Decreto 312/25, que el Gobierno usó para dar de baja este fondo y al Fondo de Integración Socio Urbana (FISU), se argumenta que la Sindicatura General de la Nación encontró controles internos débiles y que la Ley de Emergencia y Poderes Delegados le permite al Poder Ejecutivo tomar medidas para reducir el Estado.
Fernando Peirano, quien fue presidente de la Agencia I+D+i hasta diciembre de 2023, dijo: “Esto no tiene costo para el Estado sino que, al revés, permite que los fondos se usen con eficiencia, que la Agencia, en representación del Gobierno, pueda apoyar a los proyectos de ciencia y tecnología. Esta medida no tiene nada que ver con un ajuste, no genera ningún ahorro fiscal. Tiene que ver con que no pudieron eliminar la Agencia I+D+i en la Ley Bases porque el Congreso no se lo permitió, y ahora recurren a estas medidas para restarle herramientas. La Agencia está totalmente paralizada y resulta cínico que se justifique esa medida en una supuesta subejecución en un Gobierno que en 18 meses no hizo ni una nueva convocatoria ni apoyó un solo proyecto nuevo en ciencia y tecnología”.
La Agencia I+D+i no solo no lanzó nuevas convocatorias para financiar proyectos desde que asumió el presidente Javier Milei, sino que, en el caso de los proyectos que ya estaban funcionando, las cuotas se liquidan en muchos casos con retrasos y sin actualización por inflación, lo que hace que muchos proyectos que habían hecho un presupuesto para comprar equipamiento ya no puedan costearlo con los montos transferidos. En ciertos casos han sido las empresas, ya que los proyectos de muchas líneas de financiación son entre un grupo de investigación público y un privado que necesita una innovación productiva, las que terminaron pagando esa diferencia.
Fernando Peirano fue presidente de la Agencia I+D+i hasta diciembre de 2023.
La falta de financiamiento del sistema científico y tecnológico nacional está afectando seriamente la carrera de los investigadores, que se planifica con muchos años de anticipación ya que requiere una licenciatura de unos cinco años, un doctorado de otros cinco y un postdoctorado de dos, por lo que un cambio de política pública tan abrupto no da tiempo a que los recursos humanos puedan adaptarse. Según Peirano, “la desaparición de este fondo es un golpe a las capacidades estatales y también a la comunidad científica porque hace que la Agencia sea un organismo más errático y vulnerable en su capacidad de respuesta en el largo plazo. La función de la Agencia es brindar fondos pero también brindar previsibilidad y con esto se ve debilitada. Es un organismo que tiene 25 años y supo ser una escuela de gestión para América Latina, y otros países han seguido su modelo institucional. A futuro se podrá rearmar el menú de herramientas que garantice un sistema de promoción ágil y moderno pero lo que no se va a poder revertir es el costo de oportunidad de los años de parálisis que estamos sufriendo, de trayectorias personales truncadas, de un fortísimo desaliento a que los jóvenes se involucren en ciencia y tecnología. Estamos tirando una de las llaves más importantes que tiene la sociedad, que es hacer del conocimiento su fuente de progreso y generación de riqueza”.
El Congreso tiene potestad para revisar todos los decretos presidenciales y derogarlos si es que dos tercios de cada Cámara los rechaza. Pero, por el momento, no parece haber legisladores decididos a impulsar una iniciativa de este tipo. La Agencia I+D+i ya tuvo la renuncia de una titular, Alicia Caballero, que decidió dar un paso al costado por la falta de intención del Gobierno de ejecutar dinero ya previsto para el sistema científico-tecnológico. Y muy poco se sabe de la gestión de su titular actual, Natalia Avendaño, ya que no existe comunicación por parte del organismo.
“La Agencia es un organismo cuya máxima autoridad es el directorio, un grupo colegiado con representantes de toda la comunidad de ciencia y tecnología y que debería ser quien tome conocimiento y exprese la conveniencia de la medida. Desde que inició este Gobierno no se ha llamado a la conformación del directorio, se carece de este control tan importante. También es preocupante el desmantelamiento de los sistemas de control y auditoría que permitirían acceder al Balance 2024 del Fondo Fiduciario para ver en qué se ha invertido y cuáles son los rendimientos de esa inversión. También queda por ver si ese patrimonio de 20.000 millones de pesos de la Agencia vuelve al sistema o si el Ministerio de Economía, que los gestionará de ahora en más, los usará para otros fines”, expresó Peirano.