El canciller brasileño Mauro Vieira llegará a Buenos Aires en la noche del próximo jueves. Además de participar de la reunión de cancilleres del Mercosur y un almuerzo previstos para el viernes por la mañana en el Palacio San Martín, Vieira pondrá sobre la mesa las instrucciones del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, decidido a reforzar junto a sus pares del bloque regional el funcionamiento interno de un Mercosur que parece haber “despertado”, según coinciden muy cerca del canciller argentino Gerardo Werthein.
“El Mercosur se despertó. Y más que amigos, somos socios que trabajan juntos”, definieron cerca del canciller argentino, que a su regreso de Roma (formó parte de la delegación que acompañó al presidente Javier Milei en los funerales del papa Francisco) se pondrá al frente de una reunión, que promete avances sustantivos en la implementación de cincuenta excepciones arancelarias adicionales para cada país al Arancel Externo Común. Excepciones vitales para que el Gobierno pueda cumplir su máximo objetivo: abrochar en los próximos meses un acuerdo comercial con el gobierno de Donald Trump.
Más allá del océano ideológico que los separa-ni siquiera se cruzaron en Roma, una foto que podría haberse dado de manera casual-y de los ásperos intercambios verbales del pasado, Milei y Lula da Silva están decididos a impulsar la “agenda externa” del Mercosur: acuerdos con la Unión Europea, el Efta, Emiratos Arabes Unidos y otros adicionales (Lula quiere un acuerdo con Japón, Milei un tratado de Libre Comercio con El Salvador de su aliado Nayib Bukele) están en etapas finales o en la agenda del bloque regional. Un panorama impensado meses atrás, cuando todo era distancia entre el gobierno libertario y el que encabeza el experimentado dirigente del PT brasileño, más allá de que el encuentro cara a cara entre Milei y Lula pueda darse recién en los primeros días de julio, en la cumbre de presidentes del Mercosur, en Buenos Aires.
Fuentes con conocimiento de la estrategia de la cancillería brasileña afirmaron que Lula considera “razonable” el acuerdo que la Argentina quiere sellar con Trump, acuerdo para el cual necesita la serie de 50 exenciones arancelarias adicionales, que ya tiene el visto bueno político del bloque regional a partir de la pasada reunión de cancilleres, el pasado 11 de este mes. El detalle de cada rubro fue discutido, miércoles y jueves pasados, en la reunión de representantes del Grupo Mercado Común del Mercosur, aunque las conclusiones no trascendieron.
“Este es un momento distinto, por eso las soluciones tienen que ser distintas. Tenemos que ser abiertos a los intereses de cada país”, comentaron desde el sub-bloque progresista que hoy componen Brasil y Uruguay, ya con el Frente Amplio del presidente Yamandú Orsi en el poder, de evidente sintonía con Lula da Silva. “No hay novedades hasta la reunión de cancilleres”, informaron, lacónicos, desde el Palacio San Martín, aunque dejaron trascender su optimismo ante lo que, consideran, una nueva etapa en la relación con sus vecinos.
El pasado 9 de abril, Milei visitó por primera vez en lo que va de su mandato a un presidente vecino. Fue a Asunción para conversar con Santiago Peña, el presidente de Paraguay que coincide con Milei en su firme alineamiento con Estados Unidos, y del que se siente más cercano en su línea pro-mercado. Brasil y Uruguay observaron ese movimiento del Presidente, aunque desde aquellos países trascendió una versión con tintes de diplomacia pura. “Lo que quedó claro con ese viaje es que a Milei le interesa el Mercosur”, afirmaron desde Brasilia y Montevideo, meses después de que Milei calificara al Mercosur como un “lastre” y un obstáculo para un TLC con Trump, una idea que, a poco de andar, fue desechada por la propia Casa Rosada, y reconvertida en un “acuerdo de preferencias comerciales” con la primera potencia mundial.
Por lo bajo, desde Itamaraty aseguran que buena parte del empresariado brasileño vio con buenos ojos la salida del cepo cambiario, puesta en marcha hace dos semanas por el gobierno argentino. Subsisten, como era de esperar, algunos resquemores, como la posibilidad de la anunciada apertura a la importación prometida por la Casa Rosada (con eventual mayor presencia de China en rubros como automóviles), o la promesa libertaria de arancelar los estudios universitarios y los servicios de salud para extranjeros, que afectaría, por ejemplo, a los 20.000 estudiantes brasileños en el país. “Una cosa es lo que se anuncia, otra lo que efectivamente se lleva adelante”, expresaron, con mesura, conocedores de la trama diplomática regional.
También está pendiente la resolución de la situación de los cinco opositores al régimen chavista asilados, desde hace más de un año, en la sede diplomática argentina en Caracas, una sede a cargo del Estado brasileño luego de que el presidente Nicolás Maduro expulsara a la delegación argentina del país caribeño. Desde el Gobierno consideraron como “muy buena iniciativa” la propuesta de Bukele a Maduro, consistente en el otorgamiento del salvoconducto para los asilados y el gendarme argentino Nahuel Gallo (detenido en las cárceles del chavismo sin noticias de su paradero) a cambio de la salida de más de 200 presos venezolanos en El Salvador. Maduro, como era de esperar, rechazó la propuesta, que era apoyada por los miembros de Argentina en el Mercosur.
Reforzar la “agenda externa” del Mercosur incluye, por cierto, la idea de avanzar con el demorado acuerdo con la Unión Europea, que requiere del aval de la totalidad de los parlamentos de los miembros de cada bloque para concretarse en su totalidad.
Para Milei, lograr un acuerdo en los próximos meses con Estados Unidos, basado en las exenciones arancelarias solicitadas por la administración Trump es, hoy, una meta alcanzable. Si lo logra, será por cierto con la ayuda, por cierto, de sus “súbitos” socios del Mercosur.
En un nuevo gesto de consolidación militar británica en el Atlántico Sur, la Sección 2 del Regimiento Real de Fusileros Gurkhas, llevó a cabo una serie de ejercicios militares avanzados en las Islas Malvinas bajo el nombre de Cabo Kukri III. Las maniobras incluyeron fuego de fogueo y real, simulacros de combate nocturno y diurno, operaciones conjuntas con la Real Fuerza Aérea (RAF) y el despliegue táctico de drones, marcando una nueva fase en el adiestramiento de las fuerzas británicas en territorio ocupado.
Estas operaciones se enmarcan dentro de una política sostenida por el Reino Unido desde 1982, con el objetivo de mantener una presencia militar robusta en el archipiélago. Siendo la base aérea de Monte Agradable (Mount Pleasant), el centro neurálgico de estas actividades, albergando recursos estratégicos como aviones Eurofighter Typhoon, Airbus 400 Atlas, sistemas misilísticos de defensa aérea y efectivos de infantería de élite, de manera rotativa.
Un escenario de entrenamiento con doble propósito
El ejercicio “Cabo Kukri III”, que se desarrolló a lo largo de una semana, no se limitó a prácticas convencionales. Incluyó tareas complejas como la ocupación de posiciones en áreas de difícil acceso, particularmente en sectores como Monte Harriet, y la integración con plataformas aéreas para simulacros de asistencia y defensa coordinada, además del despliegue de drones.
Estas prácticas fueron acompañadas por un ejercicio de reabastecimiento aéreo inédito: el lanzamiento de más de 21 toneladas de suministros desde un avión A400M Atlas en las cercanías de Pradera del Ganso, considerado el mayor despliegue logístico de este tipo en la historia reciente británica en Malvinas. Esta maniobra, lejos de responder a necesidades humanitarias como se insinúa desde voceros británicos, refuerza una política de ocupación con alta capacidad de proyección táctica en escenarios remotos.
Consolidación militar en territorio usurpado
El accionar de las fuerzas Gurkhas y las prácticas de interoperabilidad entre unidades terrestres, aéreas y navales —como el entrenamiento reciente a bordo del patrullero HMS Forth— responden a una estrategia integral británica para garantizar el dominio operacional sobre un enclave geopolítico ocupado.
Este tipo de ejercicios, diseñados para operar bajo condiciones climáticas adversas y topografía compleja, no hacen más que reafirmar la vocación de permanencia de Londres en el archipiélago. El HMS Forth, que completó una rigurosa evaluación FOST (Flag Officer Sea Training), se mantiene como una de las principales plataformas de vigilancia en la región, garantizando una presencia naval permanente en línea con las capacidades disuasivas británicas.
El silencio diplomático argentino y las implicancias geopolíticas
Pese a las reiteradas denuncias históricas de la República Argentina ante Naciones Unidas por la militarización de las Islas Malvinas, bajo la gestión actual del presidente Javier Milei no se han producido declaraciones oficiales recientes respecto de estos ejercicios. Esta omisión contrasta con las posturas activas de gobiernos anteriores que apelaban al principio de desmilitarización del Atlántico Sur, consagrado en resoluciones de la ONU.
A contramano de la tradición diplomática argentina, Milei introdujo recientemente un enfoque inédito —y para muchos sectores, controvertido— al sugerir que los habitantes de las islas podrían “votar con los pies” y optar por ser argentinos. Durante el acto oficial por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, el mandatario expresó que anhela que “los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros”, en una formulación que fue interpretada como un reconocimiento implícito del derecho a la autodeterminación de los kelpers.
Esta declaración representa un giro conceptual respecto al enfoque basado en la integridad territorial, pilar del reclamo argentino respaldado por resoluciones de la ONU que rechazan la autodeterminación para poblaciones implantadas por ocupación colonial. Aunque Milei reiteró su “reclamo inclaudicable” por la soberanía, evitó condenar la ocupación británica o exigir su reversión, priorizando una lógica de atracción económica por sobre el reclamo jurídico.
El discurso provocó críticas tanto en ámbitos diplomáticos como en la sociedad civil, al considerar que socava la posición argentina en foros internacionales y podría fortalecer el argumento británico. Asimismo, la utilización del término “malvinenses” para referirse a los kelpers fue vista como una concesión simbólica a la narrativa del Reino Unido. Desde una perspectiva estratégica, esta aparente concesión podría ser utilizada por Londres como herramienta para legitimar su control sobre el archipiélago.
Si bien la intención anunciada de YPF era construir una instalación de licuefacción en la localidad de Sierra Grande, en Río Negro, ahora la prioridad es la llegada de seis buques de GNL. Daniel Arias señaló hace 9 meses, en un comentario que volvemos a publicar al final de esta nota, las razones técnicas que hacían impracticable el traslado, de Bahía Blanca a Punta Colorada por razones políticas, de la locación del proyecto original
El mercado de exportación de gas en la Argentina avanza con cada vez más empresas que aprovechan el excedente de producción de los meses de altas temperaturas para vender moléculas a Chile, Uruguay y Brasil. Por ahora, sin embargo, son operaciones hechas a través de gasoductos.
En paralelo, el sector está diseñando la llegada de varios buques de licuefacción, que permiten transformar el gas de su estado natural a líquido para ampliar el horizonte de venta a otros mercados.
Si bien la idea original de YPF era construir una planta de licuefacción en la localidad de Sierra Grande, en Río Negro, este plan viró en la instalación de buques de gas natural licuado (GNL). “En vez de ser una planta en tierra, son varias plantas offshore (costa afuera)”, dijo el presidente y CEO de YPF, Horacio Marín.
La petrolera señaló que el objetivo final sigue siendo el mismo: que la Argentina exporte 30 millones de toneladas por año (MTPA), equivalente a 141 millones de metros cúbicos día (m3/d) de gas natural para 2030. Esto significa duplicar la producción actual de gas del país e incrementar las exportaciones argentinas en US$15.000 millones dentro de cinco años.
La adquisición de buques de GNL ofrece varias ventajas con respecto a la construcción de la planta en tierra. Por un lado, da mayor flexibilidad al proyecto de exportar GNL, porque permite ir escalándolo de a poco. Además, es más fácil de financiar, ya que sólo construir la planta implicaría desembolsar al menos US$3000 millones.
“Antes era incierto saber si eran plantas en tierra o costa afuera, pero la construcción de barcos es más competitiva y más económica. Además, hay más precisión en la fecha de entrega, porque son contratos llave en mano. Esto es importante porque se le puede dar más precisión de entrega a los offtakers [clientes]”, dijeron en YPF.
Al momento ya está confirmada la puesta en producción comercial de un primer buque de GNL para principios de 2027. Se trata del proyecto que lideró Pan American Energy (PAE) -la empresa que dirige la familia Bulgheroni– junto con la compañía noruega Golar, propietaria de la tecnología.
Para ello se constituyó una nueva compañía, Southern Energy, de la cual fueron comprando porciones otras productoras. La participación accionaria se compone por PAE (40%), Pampa Energía (20%), YPF (15%), Harbour Energy (15%) y Golar LNG (10%).
Este primer buque de licuefacción, llamado Hilli Episeyo, tendrá una capacidad de producción de 2,45 MTPA de GNL, equivalente a 11,5 millones de m3/d gas.
Golar, además, está construyendo otro buque similar con capacidad de 3,45 MTPA, que podría estar disponible para finales de 2027. Esto permitiría ampliar la capacidad de exportación a 27 millones de m3/d en tres años, que significa el 20% de la producción nacional.
YPF, a su vez, está trabajando para construir cuatro buques de GNL adicionales en China: dos serían en conjunto con la empresa italiana Eni y los otros dos, con la angloholandesa Shell.
Todo el proyecto implicaría una inversión de al menos US$22.000 millones, que incluye también la construcción de plantas de tratamiento y el resto de la infraestructura necesaria, según la última presentación que hizo Marín, ante inversores en la Bolsa de Nueva York.
Los planes de YPF ya no incluyen la mención de la construcción de la planta de GNL
En caso de avanzar con todos estos proyectos, hará falta construir tres gasoductos más similares al Perito Moreno (antes llamado presidente Néstor Kirchner), desde la cuenca neuquina a Río Negro. El ducto de 36 pulgadas y 573 kilómetros de largo demandó una inversión de US$2700 millones en 2023.
Crecen las exportaciones a Brasil
En el corto plazo, y aunque todavía son volúmenes chicos, cada vez más empresas están aprovechando la infraestructura existente para venderle gas a Brasil a través de Bolivia. Luego de los anuncios de TotalEnergies y Tecpetrol, Pluspetrol también confirmó que realizó el primer envío al país gobernado por Lula da Silva.
Por ahora, son testeos para conocer el mercado vecino, atraer clientes y negociar con Bolivia el “peaje” que cobra por usar sus gasoductos para llegar a San Pablo. Las compañías aprovechan el excedente de producción antes de que lleguen las bajas temperaturas y el mercado local aumente su demanda (en invierno se espera que se frenen los envíos para abastecer el mayor consumo doméstico).
Los volúmenes exportados apenas son de 700.000 m3/d, menos del 4% de la producción total, que en febrero fue de 145 millones m3/d. Pero es un primer paso para conocer el mercado brasileño, que antes se abastecía de las reservas de Bolivia, cuyos yacimientos en los últimos años entraron en una fuerte declinación.
Pluspetrol resultó adjudicatario y es el nuevo proveedor de la uruguaya ANCAP desde mayo pasado hasta diciembre de 2028
“Fue una prueba lo que se hizo, aún hay que lograr llegar a Brasil con precios más competitivos y hay que recorrer 5000 km de ductos”, dijo en reserva una de las empresas, que hizo referencia al precio mínimo de exportación que todavía rige del gobierno de Alberto Fernández.
A través de una resolución de la Secretaría de Energía, la administración anterior fijó el valor mínimo de exportación, que equivale al 5,5% del precio del Brent, la cotización internacional del barril de petróleo. A esto se le suman los costos de transporte en firme (no interrumpible).
Esto equivale a un valor en torno a US$4,5 por millón de BTU (medida inglesa que se utiliza en el sector). Para tener una referencia, en la Argentina se paga en promedio menos de US$3 el millón de BTU.
Otro de los desafíos hacia delante es lograr que los contratos sean “en firme”, es decir, no interrumpibles, como sucede actualmente. Esta condición obliga a cobrar más barato las exportaciones.
Al momento, solo Pluspetrol logró firmar un contrato en firme por 3,5 años con Uruguay, al resultar adjudicatario de ser el proveedor principal de la estatal Ancap, desde mayo pasado hasta diciembre de 2028. En los meses de invierno los volúmenes en firmes alcanzan picos de 400.000 m3/d, mientras que el promedio en el período estival es de aproximadamente 200.000 m3/d. La entrega es en la frontera argentino-uruguaya, en los puntos de medición del gasoducto Gas Link y en la Cámara Colón de Entre Ríos.
Asimismo, si bien se avanzó con la reversión del sentido de flujo del gasoducto del Norte, que se usa para llevar gas de Vaca Muerta a Bolivia, todavía es necesario invertir en la construcción de capacidad adicional. De hecho, todavía está pendiente la adjudicación del proyecto para ampliar el gasoducto Perito Moreno, que diseñó TGS.
Sofía Diamante
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Comentario de AgendAR:
Este comentario acompañaba la nota del 31 de julio del año pasado, en la que Horacio Marín anunciaba su intención de construir una planta de licuefacción y producir GNL en Punta Colorada, Río Negro. Aquí se dan las razones técnicas que ya decían que era un proyecto absurdo.
A Horacio Marín, director de YPF, por ahora no sabemos si creerle: su mandato es defender el RIGI como ley nacional, no la logística de una instalación industrial y portuaria compleja. Esto tiene límites más severos, fijados por la geografía de costas.
A Petronas le creeremos que elige Punta Colorada para la segunda etapa industrial y portuaria del proyecto GNL, cuando lo diga. Mientras no lo haga, puede embarcar gas natural, básicamente metano en estado gaseoso, y licuarlo en barcos especializados que tienen todo aquello que falta en Punta Colorada para pasar el gas a estado líquido y almacenarlo.
Lo que falta en Punta Colorada y deben proveer los barcos son máquinas criogénicas capaces de generar 162 grados bajo cero, agua desalinizada para enfriar las mismas, y para consumo de los especialistas y el resto de la tripulación a bordo. Estos también tienen a bordo la hotelería de ingenieros, técnicos y del resto de la tripulación, y las máquinas diesel de propulsión suministran la enorme demanda eléctrica del equipamiento. Estamos hablando de barcos que son pequeñas ciudadades industriales, no de naves chicas.
Se pueden fondear en Punta Colorada barcazas de permanentes de licuefacción, almacenamiento y trasbordo a barcos. Petronas tiene una capaz de licuar unos 6 millones de m3 de gas natural y producir con ellos 1,5 millones de toneladas anuales del producto final, GNL. La cifra sería sumamente preliminar para los planes de la petrolera malasia. En la etapa más avanzada del proyecto, Petronas quiere exportar al menos 20 millones de toneladas/año de GNL.
Esa barcaza podría operar en Punta Colorada si allí hubiera un gasoducto que trajera gas a ese punto desolado (ups, no lo hay). Para una operación preliminar, con una sola barcaza de licuefacción, habría que tirar un caño hacia el Gasoducto San Martín, que pasa 50 kilómetros tierra adentro, y conformar a los millones de clientes y usuarios finales de ese gas natural, las industrias y la población de la Región Centro, que vienen de décadas con cierres de fábricas y de apagones eléctricos en invierno o en verano, por falta de suministro.
Esta «solución» es contractual y políticamente ripiosa. Si Punta Colorada ha de exportar GNL en cantidades atractivas, debería contar con un gasoducto propio y exclusivo desde Vaca Muerta, 630 kilómetros si se sigue el trazado de la RN 22 para construirlo. ¿Pondrá la plata Petronas para esa obra? El presidente y CEO de Petronas, Tengku Muhammad Taufik, podría hacerlo si Punta Colorada estuviera menos expuesta a vientos y oleaje.
Nuestra morfología costera no es fácilmente remediable. A diferencia de la Patagonia Chilena, a su contraparte argentina la geología le otorgó -con un par de excepciones- muy pocos y muy malos puertos. Tenemos un combo de mareas extremas, fondos bajos, corrientes de marea, escarceos y una línea de costa más bien recta y aburrida, con poquísimas rías o caletas que den abrigo contra los vientos, famosos por brutales e impredecibles.
Hay malos puertos patagónicos (Comodoro, Caleta Valdés) que se sobrepusieron con infraestructura flotante de embarque. Pero sirve para trasbordar crudo, un material que además se trae de cercanías, que de yapa está naturalmente en estado líquiodo y que resulta menos difícil de manipular que el GNL. Pero Punta Colorada jamás figuró siquiera dentro de la lista chica de malospuertos.
Mientras funcionó la mina de Hierro de HIPASAM, Punta Colorada fue un embarcadero de pellets de hierro, con un muelle de acero que se aleja centenares de metros de la línea de la costa en perpendicular, buscando desesperadamente algo de profundidad. Esa inmensa estructructura de vigas tipo «truss» debía garantizar que los buques mineraleros de los ’80, raramente mayores de 30.000 toneladas, llenaran rápido sus bodegas en pleamar.
Rápido, en pleamar y además debían ser chicos forzosamente, por las limitaciones en el punto de embarque: en bajamar y con viento, las restingas rocosas tipicas de casi todas las costas patagónicas son de riesgo de encallamiento y/o de fractura de casco. Pero además, luego de rumbear para el Norte debían navegar el el Plata y luego el Paraná de las Palmas aguas arriba, hasta los altos hornos de acero de SOMISA en San Nicolás, provincia de Buenos Aires. Ambos ríos estaban dragados a menor profundidad que hoy. Estamos hablando de barcos de cabotaje modestos, no de naves oceánicas de 300 metros de eslora, 43 de manga y 12 de calado, como los metaneros grandes de hoy.
Fernando Krakowiak y Nicolas Gandini, en el número del 31 de Julio de Econojournal (ver aquí), dicen que reuniendo otras petroleras multinacionales se podrían tener hasta tres barcazas de licuefacción de gas, y sumando todas llegar hasta 11 millones de toneladas/año de GNL. Dejan dudas sobre si esto podrá suceder, porque habría que juntar con YPF y Petronas a PAE, Tecpetrol, Pampa, TotalEnergies, Wintershall Dea, Pluspetrol y CGC, entre otros protagonistas importantes en Vaca Muerta, que miden cero e incluso debajo en materia de «affectio societatis».
Sin embargo en licuar metano todo grado Celsius negativo suma: después de todo, es un proceso criogénico.
El «affectio societatis» surge sólo cuando las cuentas son buenas. Pero incluso empresas tan tecnológicamente aventureras como algunas petroleras, las que se atreven a perforar a 7 kilómetros de profundidad a 300 km. de la costa bonaerense, podrían pensar que 3 ciudades flotantes en una costa tan brava es demasiado riesgo. Tampoco sabemos si Petronas quiere semejante multitud en su proyecto con YPF, planteado inicialmente como un íntimo «Tea for Two».
Lo cierto es que en las etapas 2 y 3 del proyecto de Petronas con YPF, tal como se planificaban hasta el 10 diciembre de 2023, la licuefacción del gas natural debía hacerse en tierra, para aumentar volúmenes y bajar costos. Nada de barcazas. Plantas grandes, espaciosas, relativamente a salvo de extremos meteorológicos, bien provistas de agua potable para consumo y procesos, de electricidad, de vivienda para el personal permanente, y con una población a tiro con ingenieros, técnicos y talleres capaces de manejo y mantenimiento de grandes equipos. Hasta hace medio año, Petronas parecía estar buscando un puerto, no una base lunar.
No creo que eso haya cambiado.
Si hay industrias petroquímicas preexistentes, facilitan las cosas: implican que la ciudad ya tiene acometida de gas. Es importante tener gas si uno quiere, digamos, vender gas.
Bahía Blanca, con su Polo Petroquímico y la planta de fabricación de urea de Profértil, una sociedad mixta canadiense y de YPF, era candidata natural por descarte: reúne todas las condiciones logísticas, pese a ser un puerto a lo sumo mediocre, por sus fondos barrosos. Aún así, de Puerto White y de Quequén sale toda la cosecha granelera del centro y sur de la provincia de Buenos Aires y la de la Pampa. El puerto está ahí desde fines del siglo XIX, es «de abrigo», enorme y no hay que inventarlo. Tiene limitaciones. Como dice Ricardo Bianchi, asesor en logística portuaria: se banca graneleros de hasta 60.000 toneladas.
¿Un mejor puerto que Bahía Blanca pero en Río Negro? Madryn, tal vez, por sus aguas profundas y relativamente (subrayo «relativamente») abrigadas. Pero está en la mayor y mejor reserva faunística de la Argentina, y sostiene un negocio fenomenal de turismo receptivo internacional. Por ahora, es mejor que los europeos y asiáticos concurran a a Madryn a dejar su plata a pie de pingüino, como quien dice, en esa ciudad paga más que mandarles GNL. El turismo en Madryn ya convive a codazos con la planta de reducción de bauxita a aluminio metálico de ALUAR. No porque ésta contamine el agua o el aire, sino porque compiten por electricidad que viene mayormente de la central hidroeléctrica de Futaleufú.
En los ’90, cuando Madryn ya tenía una población permanente de más de 70.000 habitantes, ALUAR consumía el 99% del producto eléctrico de Futaleufú. Con el 1% restante, se iluminaban Madryn y Trelew. ¿Alguien dijo por ahí que el aluminio es literalmente electricidad congelada? Tiene razón. Recursos humanos capacitados en Madryn hay, por los que radicó ALUAR y los que crearon las varias metalúrgicas locales que añaden valor al aluminio en lingotes. ¿Hay lugar para terceros? No. Hay tres techos: la escasez de agua potable, la de electricidad y, naturalmente, la de gas.
Inventar una industria, un puerto y una ciudad puede ser demasiado para Petronas. Eran las cosas que hacía la vieja YPF, la que trabajaba para el país como conjunto, cuando iba fundando ciudades en Chubut y Santa Cruz, y ponía desde las viviendas hasta la electricidad, y desde los hospitales hasta las escuelas. Linda empresa, nacional y pública, como Petronas. Pero una recidivante jauría de turros la dejó vaciar a placer por unos cosos hispánicos, se recuperó medio averiada en 2011. Y aunque desde entonces YPF desarrolló Vaca Muerta, no se le puede pedir que ande inventando país en medio de la nada, como antes.
En cuanto a Petronas, hace negocios para SU país, no el nuestro.
Respecto de la falta de agua potable en Punta Colorada, en el subsuelo local no la hay. Las lluvias raramente arañan los 200 mm. anuales. Es la costa de un desierto bastante estricto. La ciudad dormitorio del embarcadero de pellets de hierro de HIPASAM era Sierra Grande, 34,5 km. hacia tierra adentro por la Ruta Provincial 5.
Sierra Grande debía abastecerse de agua por acueductos de 120 y 140 km. de longitud. El agua venía desde dos arroyitos de la Meseta de Somuncurá, también bastante desértica, pero con algo de esa capacidad de almacenamiento hídrico que dan las tierras altas. Los dos acueductos, que requerían mantenimiento intenso, lograban sumar unos 4m3 por segundo de caudal. Es algo así como 2/3 del agua que mueve el Riachuelo, ese arroyo bonaerense que separa la CABA de Avellaneda. Más limpia, obviamente.
Esa escueta cantidad alcanzaba para hacer funcionar la mina de hierro, cerrada en 1990. El excedente, cuando la mina estaba en operaciones, daba para una hora diaria de suministro a los domicilios de esa ciudad, entonces de 20.000 habitantes. Era frecuente quedarse enjabonado cuando la ducha decidía, de pronto, no entregar más agua: un blooper la primera vez, después ya no tanto. El que tenía lavarropas, debía correr hasta su casa para llegar hasta él junto con el agua.
Si Petronas se asienta allí en Punta Colorada y el proyecto avanza a las fases 2 y 3, que implican plantas industriales de licuefacción en tierra, deberá conseguirse el agua potable desalinizando agua de mar por ósmosis inversa. Es caro, es perfectamente posible, es el único modo de que crezcan las ciudades costeras patagónicas en general, pero es conjetural que la petrolera malasia quiera incurrir en semejante gasto, aunque podemos sumarlo a la carta que le escriben los chicos a los reyes magos. En cuanto a YPF, ya no está financiera o políticamente para esos bailes.
No ponemos en duda de que Petronas en unos años estará exportando cantidades modestas y preliminares de GNL de Vaca Muerta desde su barcaza de licuefacción. Pero eso puede hacerlo indistintamente de casi cualquier lugar de la costa argentina, tanto la patagónica como la bonaerense. Sin embargo, una geografía costera apta, un puerto ya fundado, electricidad, agua y gas en cantidades suficientes y una población preexistentes ayudarían mucho.
La Nación, diario al cual le creemos cada palabra, incluso la fecha, afirma que en su fase de apogeo el dúo Petronas-YPF debe llenar 400 barcos metaneros por año. Ojo, son barcos que embarcan GNL ya licuado, no chatas flotantes que reciben gas natural, lo licúan, lo almacenan y lo trasbordan a su vez a barcos metaneros muy alejados de la costa. Muy complicado. Además entre el viento, el oleaje, las corrientes de marea, las restingas, ya se sabe. Ya tenemos suficientes barcos naufragados en esas costas como para volver a exportar hierro.
Tal vez el presidente de YPF tenga previsto de adónde va a sacar el agua. Después de todo, cuando se descubrió petróleo en Comodoro Rivadavia se estaba buscando agua. Por ahí don Marín, a fuerza de buscar más petróleo, la encontró y no dice nada, para no avivar giles. ¿O tal vez se puede simplemente dejar secas las canillas de la vecina Sierra Grande, cuya población bajó de 20.000 a 7500 personas tras el cierre de la mina de hierro de HIPASAM? Podría ser, pero no va a alcanzar. Una mirada al mapa hidrográfico de Río Negro no muestra ninguna fuente de agua libre de sal demasiado cercana.
Ese caudaloso río que da nombre a la provincia, el Negro, tal vez sería una ayuda. Transporta 760 m3/segundo anuales. Pero queda medio a trasmano para acueductos. No digo que sea imposible hacerlos. ¿Alguien los pagará? Para el caso, si Petronas se aviniera a ello, por abundancia de agua dulce debería ubicar su puerto antes de la desembocadura del Río Negro. Pero ésta es bastante impracticable: el sedimento que mueve nuestro tercer río nacional, según caudal, crea barras y bajíos bastante móviles. Por algo, Carmen de Patagones es una ciudad básicamente administrativa y algo pesquera, pero no un puerto de ultramar.
Lo dicho, los buenos puertos están en Chile. Nosotros tenemos las buenas tierras y los hidrocarburos. Si esto es obra de uno o varios dioses, tienen un raro sentido del humor.
¿Y la potencia eléctrica para la planta terrestre de GNL? Río Negro tiene las cadenas de represas sobre el Limay, pero también quedan medio lejos, y habría que construir unos 630 km. de electroductos de alta tensión, siguiendo el sinuoso recorrido de la Ruta Nacional 22, la Provincial 2 y luego la Nacional 3. Si se quiere acortar camino, hay que construir y desplegar todas esas torres y cables de alta tensión sin ningún camino para camiones, todo a través de la rocosa inmensidad de la Meseta de Somuncurá. Titánico, pero dudamos de que alguien en Malasia tenga las ganas o la plata.
También hay que ver si los concesionarios de Alicurá, El Chocón, Arroyito, Cerros Colorados y Piedra del Águila están en condiciones técnicas de derivar electricidad hacia el proyecto de planta y ciudad en Punta Colorada. La demanda de la Región Centro es enorme, cada vez mayor pese a la seguidilla de recesiones, porque la tracciona la demografía. Y las que están también en recesión son las precipitaciones que alimentan los ríos del Comahue. Se han vuelto inciertas, con disminuciones drásticas en los años de Niña.
Pero además, las concesiones de esos operadores privados sobre las represas mencionadas, construidas todas por el Estado Nacional, están vencidas, y en prórroga de prórroga de prórroga. ¿Tiene valor legal lo que firmen las empresas okupas de tanta obra federal? La ilegalidad podría no detener a este gobierno (generalmente, lo atrae), y seguramente también tentaría a las concesionarias de las hidroeléctricas del Comahue. Pero es posible que no tanto a Petronas, que tiene que asegurarse un negocio blindado durante décadas.
El enigma de la electricidad en Punta Colorada se podría haber resuelto solo con una central nuclear grandota, pero la población provincial se rebeló en 2017 cuando el presidente Mauricio Macri, el gobernador Alberto Weretilnek y el subsecretario de Energía Atómica, el sociólogo Julián Gadano, le comunicaron a la provincia, vía Tweet desde Beijing, que en ese lugar la CNNC (China Nuclear National Corporation) iba a instalar allí una Hualong-1 de uranio enriquecido y 1120 MWe, y nada menos que en Sierra Grande. Los rionegrinos no tenían la menor idea del asunto. Un sociólogo, allí. Ups, parece que ya tenían uno.
Era claro que Macri seguía instrucciones de que en nuestro país no hubiera jamás una central nuclear china. Gadano, por su parte, cree que la responsabilidad del fracaso del proyecto Hualong-1 la tienen «los defensores de las ballenas». No se culpe a los rionegrinos que se movilizaron contra la central china: hoy parece buena, aunque MUY cara, pero lo central es que en aquel entonces estaba poco probada en origen. Sin embargo, lo decisivo es que aquel era un proyecto colonial. Todo el producto eléctrico se iba para Buenos Aires. La Hualong en Sierra Grande no venía atada a ninguna industria electrointensiva a pie de planta, o en alguna ciudad-puerto viable de la provincia.
La mala suerte rionegrina: cuando pinta electricidad, viene sin industria. Cuando pinta industria, viene sin electricidad.
En fin, creo que Petronas, que ambiciona un puerto de licuefacción asociado a Vaca Muerta desde 2012, hace meses que ve pasar las balas entre Kiciloff y Marín sobre su cabeza, y no tiene mayor apuro por ligarse una. Son asuntos de argentinos.
La empresa viene de un país volcánico, no sólo en el sentido geológico, y está negociando con otro incluso más inestable. A fuerza de petrolera y habituada a negocios de lago plazo con mucha inversión en infraestructura, es experta en hacer cuerpo a tierra y, como observan Krakowiak y Gandini, en mantener un bajísimo perfil. Así viene desde 2012, cuando tocó el timbre en La Rosada y preguntó adónde quedaba Vaca Muerta.
No creo que Petronas tenga mayor problema en vender un tiempo bajas cantidades de GNL con su chata de licuefacción, incluso desde Punta Colorada. ¿Puede hacerlo? Si se trae gas, no es imposible, solo carísimo. Buena suerte, tigres de la Malasia, especialmente en invierno, cuando el viento pasa de bravo a criminal.
Cuando Petronas pase a la segunda etapa, sin embargo, deberá buscarse un puerto geológicamente más decente, y preferentemente con agua, electricidad, y en una ciudad en lo posible ya construida. Es difícil bajar todo eso desde un helicóptero, aunque sea el de Santa Claus.
Hasta que Petronas diga algo algo respecto de la segunda etapa y tercera etapas, dejamos planteada nuestras dudas. ¿Saben qué, lectores? En Kwala Lumpor no van a decir nada, ni mu. No son idiotas. Reduciendo las cosas a términos políticos, libres de toda consideración de geología costera o de logística industrial, Marín a los malasios quizás ya les huele a transitorio, y Kiciloff les huele a posible.
Pero la que manda es la naturaleza.
Creemos que la moneda entre Río Negro o la provincia de Buenos Aires no es asunto de RIGI o de no RIGI, y sigue, como quién dice, en el aire.
Como el país mismo, casi siempre. Pero desde hace unos meses, ni te cuento.
Daniel E. Arias
Declaro un error involuntario en mi comentario. Cerca de Punta Colorada, ahora pasa un tramo nuevo de LAT (línea de alta tensión) de 500 kilovoltios, que enlaza la isla de Choele-Choel, sobre el Río Negro, con Puerto Madryn. Se inauguró en 2023. Agradezco el dato al Ing. Jordi Fondevila.
Esto podría resolver el problema de electricidad en Punta Colorada. Fuera de ello, para hacer un puerto industrial en ese sitio y con población residente, quedan sin resolver los temas de falta de agua potable, del fondo costero de restingas, de las grandes diferencias intermareales, de las corrientes de marea, de la falta de resguardo ante el viento y del oleaje.
Tal vez tanto dato geográfico se resista a ser modificado por decreto.
Tras nueve años de trabajo, con la participación de más de 80 empresas grandes, medianas y pequeñas del país, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) está culminando un proyecto de alto impacto para la salud, la industria y el desarrollo científico-tecnológicoargentino.
El Reactor Nuclear Argentino Multipropósito RA-10, ubicado en el Centro Atómico Ezeiza, potenciará la producción de radioisótopos, la irradiación de materiales, la calificación de combustible nuclear y la investigación a partir de técnicas neutrónicas.
La obra civil ya está completada y, durante este año, finalizará la etapa del montaje y se iniciarán los ensayos preoperacionales. La CNEA estima que a fines de 2026 se logrará la puesta a crítico del reactor, como se denomina el estado en el que, por primera vez, la reacción nuclear en cadena, que ocurre en el núcleo del reactor, alcanza su autosostenibilidad. Si todo sale como está planificado, el reactor debería estar listo para empezar a producir a mediados de 2027.
El proyecto es el resultado del trabajo conjunto del ecosistema nuclear argentino y contó con la participación de más de 80 empresas grandes, medianas y pequeñas del país en las obras
Un reactor experimental con múltiples usos
“El RA-10 apunta a asegurar el suministro interno de radioisótopos y a posicionar a la Argentina como un exportador hacia el mercado mundial, a través de sus dispositivos para irradiar blancos de producción de molibdeno”, explica a DEF el ingeniero Herman Blaumann. En, rigor el elemento que se obtiene es el tecnecio, producido a partir del decaimiento del molibdeno, el radioisótopo más utilizado a nivel mundial para estudios de diagnóstico. A la vez, permitirá avanzar en la producción local de otros radioisótopos que hoy ya son utilizados en el mundo para el tratamiento del cáncer, como el lutecio.
Por otra parte, contará con un dispositivo que permitirá irradiar barras combustibles de reactores de reactores de potencia en sus condiciones de operación, para evaluar su performance. Y, de la mano de nuevos laboratorios de ensayos, podremos ofrecer, a nivel local e internacional, el servicio de calificación de combustibles nucleares.
El recinto de piletas del RA-10, el reactor que posicionará al país como proveedor del mercado internacional de radioisótopos
Además, la CNEA apunta a “ampliar el horizonte de la investigación científica y tecnológica, ofreciendo herramientas para la aplicación de técnicas neutrónicas”. Una de las instalaciones complementarias del RA-10 será el Laboratorio Argentino de Haces de Neutrones (LAHN), que va a gestionar la disponibilidad de los neutrones que se originan en el núcleo del reactor para los distintos instrumentos que se utilizarán en ensayos de ciencia básica y otras aplicaciones tecnológicas. Uno de esos instrumentos es el tomógrafo de neutrones, que permite reconstruir la forma interior de los objetos analizados para que, por ejemplo, los arqueólogos evalúen el estado de los bienes investigados y determinen sus propiedades.
Argentina, un referente mundial en el sector nuclear
“Este reactor consolida nuestra posición como referentes en el mercado mundial de los reactores experimentales, posición que logramos consolidar en los últimos 40 años”, afirma, con orgullo, el gerente del RA-10. Aclara que Argentina no es el país que más construyó, pero sí es “el país que más reactores experimentales exportó en el mundo”. Por eso, más allá de las cuestiones estratégicas vinculadas a la salud, la industria y la tecnología, este tipo de instalaciones ofrece importantes oportunidades de inversión y de negocios.
Las torres de enfriamiento del RA-10, reactor multipropósito emplazado en el Centro Atómico Ezeiza
Al referirse a los antecedentes del futuro reactor, Blaumann menciona el reactor OPAL, exportado por INVAP a Australia, que actualmente es “el reactor experimental que tiene el mayor factor de utilización en el mundo”. Explica que ese ha sido el resultado de una “combinación de la tecnología utilizada con la capacidad de gestión y de operación por parte del personal de la Organización de Ciencia y Tecnología Nuclear de Australia (ANSTO)”.
“Nosotros, en el RA-10, ampliamos los objetivos de diseño del OPAL e incluimos conceptos nuevos, como la capacidad de irradiar materiales y combustibles”, aclara. “Eso ha generado diferencias en el diseño; por ejemplo, la potencia del RA-10 es de 30 megavatios, mientras que el OPAL tenía una potencia de 20 megavatios”, ejemplifica. Y añade que existen también variantes funcionales o soluciones tecnológicas más convenientes, transcurridas casi dos décadas de aquel proyecto.
Después de alcanzar su puesta a crítico en 2026, el RA-10 comenzará a producir a mediados de 2027
Bonus track: el silicio dopado para la industria de los semiconductores
En un mundo en el que los microchips están llamados a convertirse en el “petróleo del siglo XXI”, el RA-10 también tendrá una aplicación muy demandada por la electrónica de potencia. Se trata del dopaje de silicio, el material semiconductor más utilizado por esa industria. Para ello, se lo irradia en el reactor hasta lograr reducir su resistividad (resistencia eléctrica) al nivel necesario para su uso en ese tipo de aplicaciones.
En referencia a las potencialidades de cara al futuro, Blaumann detalla: “Esta es una industria que está creciendo a niveles de entre el 7 y el 10% anual a nivel mundial. Si bien hoy la demanda está satisfecha, no es fácil ampliar la oferta porque eso depende de las capacidades de los reactores”. Ahí es donde entra el RA-10. Así lo explica Blaumann: “Una vez que el reactor esté funcionando, nuestro país estaría en condiciones de satisfacer aproximadamente la mitad de la demanda mundial. Los ingresos de estas exportaciones permitirán, por otra parte, cubrir buena parte de los costos operativos del reactor”.
A la hora de hacer un balance final de este proyecto, Blaumann señala que contaremos con una instalación de clase mundial que ofrecerá productos y servicios de alto valor agregado demandados internacionalmente y subraya “la vitalidad del sector nuclear argentino y la capacidad de la industria nuclear y convencional del país, un activo muy valioso que tenemos tanto para producir internamente como para exportar”.
El Fondo ha aprobado sucesivos préstamos a Argentina con fundamentos más políticos que técnicos, más allá del “ropaje” con el que se presentan. Con sus desembolsos ayudará al Gobierno a sostener un dólar barato, pero el déficit externo y el crecimiento de la deuda plantean riesgos crecientes.
En junio de 2018 el FMI aprobó un programa de financiamiento al gobierno argentino por 35.379 millones de DEG, equivalentes en ese momento a US$50.000 millones, y poco más tarde lo aumentó a 40.710 millones de DEG (algo más de US$56.000 millones). Fue un préstamo decidido políticamente para respaldar a un gobierno que enfrentaba problemas fiscales y externos.
El documento que justificaba el préstamo tenía proyecciones poco creíbles, que estuvieron muy lejos de verificarse. El programa se suspendió en 2019, luego de desembolsarse el 78% de los fondos acordados y en 2022 el FMI tuvo que conceder una refinanciación, dado que Argentina no tenía las divisas para hacer frente a los pagos programados.
Desde el comienzo se sabía que lo más probable era que no se pudiera pagar en tiempo y forma la deuda. La apuesta era que, gracias al programa, Mauricio Macri fuera reelegido, en cuyo caso se negociaría en forma amistosa un nuevo programa que implicaría cambios más de fondo. Y, si Macri no era reelegido, la necesidad de un nuevo préstamo para refinanciar la deuda constituiría un condicionante para el siguiente gobierno que, a cambio de evitar un incumplimiento, iba a tener que adecuar sus políticas a lo que el FMI entendiera como más conveniente. El nuevo programa fue acordado en 2022, pero en un marco de tensión en el que el FMI no pudo establecer condicionantes estructurales con los que el gobierno de Alberto Fernández no estaba de acuerdo.
Ahora, con otro gobierno en Argentina más del agrado del pensamiento predominante en el FMI, se aprobó otro programa, con un nuevo préstamo por 15.267 millones de DEG (más de US$20.000 millones). El 60% ya se ha desembolsado; el 10% se planea desembolsar en junio, y el 5% en diciembre. Para mediados de 2026, la deuda de nuestro país con el FMI ascendería a casi 43.100 millones de DEG; al cambio actual, más de US$58.000 millones.
Este ha sido, nuevamente, un programa aprobado por razones políticas y, al igual que en 2018, requirió de proyecciones forzadas para darle un marco técnico.
El ministro de Economía, Luis Caputo NA
El problema macroeconómico principal que afrontaba el país en el momento de aprobación del programa era el déficit externo, que hizo que las reservas internacionales del Banco Central disminuyeran en más de US$8.000 millones en poco más de tres meses. El desembolso inicial del FMI, seguido por otro del Banco Mundial, alivió temporalmente la situación, pero no garantiza una corrección del flujo. Sirve para que el Gobierno pueda afirmar que tiene con qué sostener un precio del dólar que no supere el techo de la franja de flotación que estableció: $1.400, más 1% mensual.
Con tasas de interés que ofrece pagar el Gobierno de casi 4% mensual en las LECAP, la idea es que sea mayor negocio permanecer en pesos que en dólares, promoviendo una nueva “bicicleta financiera” bajo la forma de “carry trade”: obtener ganancias por tasas de interés en pesos sustancialmente mayores que la suba que tendría el dólar, medido en pesos. Pero el carry trade es transitorio: si lo que importan son las ganancias en dólares, en algún momento los inversores querrán volver a los dólares. Y, en el proceso, intentarán llevarse los dólares que ingresaron al sistema. Ese momento, para el período de carry trade previo a la oficialización del nuevo acuerdo, fue entre mediados de marzo y principios de abril y constituyó uno de los motivos por los que el Banco Central tuvo que vender casi US$2.500 millones para mantener “pisado” el tipo de cambio.
Para que la oferta de dólares supere a su demanda en forma genuina (sin pérdida de reservas, préstamos políticos ni carry trade) las exportaciones deberían superar a las importaciones, en un monto suficiente para pagar los intereses de deudas y las utilidades de las empresas extranjeras: es decir, debería haber superávit de Cuenta Corriente del Balance de Pagos. Con ese superávit, más eventuales ingresos de capitales o reinversión de utilidades, se podrían afrontar las amortizaciones de deuda y las compras de divisas que se hagan por razones de ahorro.
En las proyecciones oficiales, el déficit de cuenta corriente de balance de pagos será de sólo US$2.700 millones en 2025, se reducirá a US$2.000 millones en 2026, y pasará a ser superávit desde 2027. Se basa en suponer que las exportaciones de bienes y servicios superarán a las importaciones en US$8.600 millones en 2025 y US$10.400 millones en 2026, con superávit creciente en los años siguientes. Que se basa, a su vez, en una trayectoria de importaciones que no es congruente con las variables principales que las determinan: nivel de actividad, tipo de cambio y grado de apertura importadora.
Las proyecciones del FMI tienen implícito un dólar a fines de 2025 de $1.259 y de $1.420 a fines de 2026, y estiman una inflación de 18 a 23% en 2025, y de 10 a 15% en 2026. Es decir: prevén que se mantendría un tipo de cambio real similar al de fines de 2024, 17% inferior al promedio del año 2022 (considerando el dólar oficial), que lleva a que los bienes y servicios tiendan a ser más caros en Argentina que en el exterior, evidenciado en el fuerte aumento tanto en las importaciones como en el turismo al exterior, y una disminución de los turistas que ingresan al país.
En las últimas décadas tenemos tres experiencias de apertura importadora con atraso cambiario. En la “tablita cambiaria” y en la Convertibilidad, el aumento de las importaciones fue explosivo. En el inicio de la presidencia de Macri la apertura fue más moderada, y también su efecto: las importaciones de bienes de 2017 fueron 11% mayores que las de 2015 (ambos años tuvieron un nivel de actividad similar).
Kristalina Georgieva encabeza las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) en Washington. X @KGeorgieva
Pero, en la proyección que suscribe ahora el FMI, las importaciones de bienes en 2026 serían 11% inferiores a las de 2022, a pesar de un PBI real casi 7% superior, un dólar más barato y apertura importadora. No parece razonable.
Por otra parte, en cuanto a la deuda del gobierno nacional (excluida la que se debe a sí mismo), las proyecciones dicen que, luego del fuerte aumento en 2024, caerá en 2025 y 2026. Para ello, estiman que la deuda en pesos (medida en dólares) se reducirá en US$22.000 millones en 2025 y en casi US$20.000 millones adicionales en 2026.
Los informes oficiales informan que la deuda nacional en pesos subió en el equivalente a US$9.000 millones en el primer trimestre de 2025, totalmente explicado por la “capitalización de intereses”: es decir, intereses de LECAP, BONCAP y LEFI, que en la ejecución presupuestaria no se reconocen como tales porque, de hacerlo, se caería el cuento de que hay superávit fiscal. El FMI, en su documento, advierte que las cifras oficiales no incluyen estos intereses y estima que los mismos, sumados al ajuste por inflación de los bonos indexados, fueron equivalentes en 2024 a 2,5% del PBI. Una forma diplomática de decir que ese año, en lugar de un superávit equivalente al 0,3% del PBI, hubo un déficit de 2,2% del PBI.
Para 2025 el documento del FMI proyecta que habrá un superávit primario por un monto similar al de los intereses reconocidos como tales; con lo cual, el verdadero déficit fiscal será equivalente, aproximadamente, al monto de los intereses capitalizados, que vienen creciendo y sumándose a la deuda. Por esto, no hay motivos para pensar que la deuda en pesos interrumpirá su crecimiento, aun medida en dólares. Sobre todo, a partir de que las tasas de interés de las LECAP han ido subiendo, desde 2,4% mensual en enero (para los títulos de menor plazo) hasta 3,75% en abril. Con una suba proyectada del dólar de menos de 2% mensual, no resulta creíble la fuerte disminución prevista de la deuda.
No es que los técnicos del FMI no sepan que, cuando aumenta el PBI, las importaciones tienden a subir más que proporcionalmente. O que, si el Gobierno tiene un déficit (más allá de que no lo sincere) y lo financia con deuda, la deuda aumenta. Tampoco es que no sabían que el préstamo acordado en 2018 no podría devolverse sino con un nuevo préstamo que lo refinancie. Es que reciben órdenes, y tienen que adaptar las proyecciones para cumplirlas, dándoles un ropaje técnico.
Pero dos departamentos del FMI tuvieron que evaluar la exposición financiera del Fondo. Su conclusión fue que “la capacidad de Argentina para repagar sus obligaciones con el Fondo queda sujeta a riesgos crediticios excepcionalmente altos”, y que se espera que los riesgos aumenten en los años venideros, cuando crezcan los servicios de la deuda en moneda extranjera, al superponerse el repago de la deuda con el Fondo con importantes servicios de la deuda con bonistas privados.
Ante esto, el FMI admite que no se puede considerar que haya una alta probabilidad de que la deuda de Argentina sea sustentable; pero afirma que, en caso de shocks adversos, habría potencialmente suficiente deuda reestructurable en moneda extranjera con el sector privado para que se pueda proteger a los recursos del Fondo. Es decir, se da por sentado que bastará con no pagar la deuda a los bonistas para que el repago al FMI esté asegurado. El supuesto es bastante endeble. En primer lugar, porque, si el país tiene déficit externo, no tendrá divisas para pagar ninguna deuda. Y, en segundo lugar, porque, si ya ocurrió que un préstamo del Fondo otorgado (en 2018-19) por razones políticas debió ser refinanciado (en 2022), ¿cómo estar seguro de que un futuro gobierno priorizará el repago en tiempo y forma de este préstamo, por sobre las obligaciones con los bonistas, correspondientes a una deuda que ya fue reestructurada?
Milei y Luis Caputo hicieron un viaje relámpago a Estados Unidos a principios del mes.
El gobierno de Milei ha bajado el gasto público primario (sueldos, jubilaciones, transferencias, obras públicas, etc.) y ha propuesto importantes privatizaciones y desregulaciones de la economía, avanzando en varias de ellas. Esto es lo que debe hacerse para mejorar la economía, en la visión del FMI y de otros organismos multilaterales y oficiales, incluyendo al Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Pero el Gobierno, para seguir avanzando, necesita apoyo electoral, que tiene, como condición necesaria, que la inflación esté controlada.
Hasta principios de este año la inflación venía bajando, en gran parte gracias a que el dólar subía poco, haciendo de “ancla” para ralentizar la inflación. El problema es que el dólar barato lleva a déficit externo, que, si no se financia, desemboca en una crisis cambiaria. El programa del FMI, con el respaldo de Banco Mundial y el BID, provee financiamiento, procurando que no haya turbulencias, al menos antes de las elecciones de medio término. Para eso, pusieron una montaña de plata, que transmite la idea de que el dólar va a estar tranquilo por ahora. Si sube, no será mucho, de modo que será más negocio cobrar tasa de interés en pesos. Eso alienta la entrada de dólares financieros, que son los que “mandan” en el corto plazo. Pero, mientras siga el dólar barato, el déficit externo se irá agravando, saliendo dólares comerciales. Y esta situación no durará para siempre.
«Instamos a la parte estadounidense a que desintoxique su mente. En lugar de dedicar su tiempo y energía a… atacar a China, sería mucho más productivo hacer contribuciones reales al desarrollo de los países de la región.»
Si Panamá fue el primer punto de discordia entre Estados Unidos y China en el continente americano desde que Trump 2.0 asumió el poder y comenzó a empujar su peso, Argentina es claramente el segundo.
Al igual que Panamá, Argentina tiene un inmenso valor geoestratégico dada su posición a las puertas de la Antártida, con su enorme riqueza en recursos naturales inexplorados y sin explotar, así como la «Triple Frontera» que comparte con Brasil y Paraguay, una frontera clave en Sudamérica en términos de población, movimiento de personas y relaciones internacionales.
Al igual que Panamá, Argentina ha desarrollado vínculos económicos y comerciales muy estrechos con China, especialmente desde la firma de un swap de divisas entre ambos países en 2009, durante la presidencia de Cristina Fernández. Desde entonces, China no sólo se ha convertido en una fuente clave de financiación exterior para el Gobierno argentino, sino también en un importante socio comercial, sólo superado por Brasil, vecino directo de Argentina, y fuente de inversiones.
Pero Estados Unidos está decidido a cambiar todo eso. El viernes pasado, el Secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, realizó una visita poco habitual a Buenos Aires para reunirse con Javier Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, y discutir las futuras relaciones entre ambos países. No por casualidad, la reunión se produjo sólo tres días después de que Milei firmara un rescate de 20.000 millones de dólares del FMI, la mayor parte de cuyos fondos Caputo probablemente habrá quemado antes de las elecciones legislativas argentinas de octubre. De nuestro artículo sobre el tema:
En una entrevista con Bloomberg, Bessent elogió a Milei por trabajar para derribar las barreras hacia el comercio recíproco con Estados Unidos. También admitió que Estados Unidos intenta impedir que los países latinoamericanos cedan sus derechos mineros a China a cambio de ayuda. Lo no dicho: esos derechos estarían mucho mejor aprovechados en manos de empresas estadounidenses, canadienses, europeas y australianas.
«China ha firmado una serie de estos acuerdos rapaces marcados como ayuda, en los que… han tomado derechos mineros. Han añadido enormes cantidades de deuda a los balances de estos países», afirmó. «Están garantizando que las generaciones futuras sean pobres y carezcan de recursos. Y no queremos que eso ocurra más de lo que ya ha ocurrido en América Latina».
Todo esto forma parte de la mentira colectiva occidental de la trampa de la deuda china que no morirá, como Conor documentó en 2023:
Aunque Pekín ciertamente busca influencia en los países a los que presta, también suele construir infraestructuras. Y aunque esas carreteras, vías de tren, puertos y demás también suelen beneficiar a las operaciones chinas, su construcción también ayuda al país anfitrión. Además, es mucho más de lo que Occidente ofrece en términos de infraestructuras…
Mientras tanto, para Washington el FMI sigue siendo una herramienta útil para perseguir sus objetivos geopolíticos, no sólo en su propio «patio trasero» sino mucho más allá. A medida que más y más países del Sur Global, estancados y fuertemente endeudados, sucumben a los efectos azotadores de la guerra comercial global de Trump y entran en cesación de pagos, el uso de esa herramienta podría estar a punto de aumentar significativamente.
La pregunta es: ¿cómo responderá China?
China acaba de responder, con un mensaje firme sobre comercio internacional y desarrollo que, en mi opinión, iba dirigido a un público mucho más amplio que Argentina y Estados Unidos, a saber, los otros 76 países del G77+China (también conocido, aunque de forma imprecisa, como el «Sur Global»). Pekín sabe que en las próximas semanas EE.UU. intentará presionar a docenas de otras naciones de América Latina y África para que corten, o al menos aflojen, sus lazos comerciales y económicos con China, al igual que está haciendo con Argentina, utilizando al FMI como su principal palanca.
He aquí las secciones más importantes del texto de una página:
La Embajada de China en Argentina expresa su profundo descontento y categórico rechazo a las maliciosas difamaciones y calumnias vertidas por el Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, durante su visita a la República Argentina el pasado 14 de abril, y formula la siguiente declaración:
I. Es falsa la afirmación sobre los acuerdos calificados de predatorios y los supuestos grandes montos de deuda contraídos por la República Popular China. Lo que sí es cierto es que algunas personas con motivos encubiertos intentan sembrar discordia en las relaciones sino-argentinas y sino-africanas. Les recordamos que, en la medida de sus posibilidades, China acompaña a los países en desarrollo en su camino hacia el desarrollo -incluidos los de América Latina y África- sin imponer condicionalidades políticas. La intención de estas asociaciones ha sido contribuir al desarrollo socioeconómico y a la mejora del bienestar de los pueblos, lo que ha sido muy bien acogido por los gobiernos y las poblaciones beneficiarias.
Si Estados Unidos prefiere no seguir este camino, al menos debería abstenerse de obstruir o sabotear deliberadamente la ayuda de otros países a las naciones en desarrollo y al Sur Global. Tampoco debería sacrificar el bienestar de los pueblos de estas naciones para servir a sus egoístas intereses geopolíticos en defensa de su propia hegemonía…
II. China siempre ha llevado a cabo una cooperación práctica con Argentina en diversos campos, incluido el swap de divisas, sobre la base del respeto mutuo, la igualdad y el beneficio mutuo. A lo largo del tiempo, la cooperación sino-argentina con el swap ha jugado un papel importante en el mantenimiento de la estabilidad económica y financiera de Argentina, lo que ha sido bien recibido y altamente valorado por la parte argentina. Además, cabe señalar que la renovación del swap también ha desempeñado un papel importante en la obtención de la financiación pertinente del Fondo Monetario Internacional (FMI).
La cooperación de China con los países latinoamericanos -incluida Argentina- es una colaboración Sur-Sur que siempre se adhiere a los principios de igualdad de trato.
En cambio, los aranceles impuestos por Donald Trump a principios de mes amenazan con asestar un golpe especialmente duro a las economías en desarrollo y emergentes si entran en vigor tras la pausa de gracia de 90 días que el presidente estadounidense anunció posteriormente. Estos países, sobre todo del sudeste asiático y América Latina, muchos de ellos enfrentados a crisis de deuda, se encuentran ahora atrapados entre las dos superpotencias económicas del mundo: China, gran fuente de productos manufacturados y socio comercial clave, y Estados Unidos, mercado de exportación crucial.
Entre ellos se encuentra Argentina, cuyo gobierno depende en gran medida de la financiación exterior tanto del FMI, con sede en Washington, como del gobierno de China. El país también depende en gran medida de China como segundo socio comercial, que representa el 7,8% de las exportaciones argentinas (exactamente la misma proporción que EE.UU.) y el 20% de sus importaciones (casi 10 puntos porcentuales más que EE.UU.).
El 10 de abril, el gobierno de Milei renovó por un año más una línea de swap activada con China por valor de 5.000 millones de dólares. Una semana más tarde, firmó un acuerdo de préstamo de emergencia con el FMI por valor de 20.000 millones de dólares, lo que eleva a más de 60.000 millones el total de sus obligaciones de deuda con el Fondo. El Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con sede en Washington, le han concedido 22.000 millones de dólares más.
El objetivo es claro: alejar a Argentina de China y devolverla a la órbita de Estados Unidos. Como se mencionó al principio del post, el Secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, ya lanzó una diatriba contra el acuerdo de canje de divisas de China con Argentina durante su visita a Buenos Aires, repitiendo la falsedad tantas veces utilizada de que Pekín está llevando a cabo una diplomacia de trampa de la deuda, mientras utiliza al FMI exactamente de esa manera, como ha hecho durante décadas.
Los riesgos de sacudir el mundo
Al parecer, uno de los principales objetivos de las amenazas arancelarias de Trump es empujar a los socios económicos de EE. UU. a frenar el comercio con China y refrenar el dominio manufacturero de Pekín. Así lo afirma un reciente artículo del Wall Street Journal. Bloomberg también ha informado de que Bessent está trabajando para aislar a China de algunos de sus vecinos más cercanos -Japón, Corea del Sur, Vietnam e India- en lo que se ha denominado una estrategia de «gran cerco».
Queda por ver hasta qué punto tendrá éxito este intento de hacer tambalearse al mundo entero. La UE, como señaló Conor esta semana, probablemente terminará cayendo en la línea mientras «hace ruido acerca de acogerse a China como un contrapeso a las tácticas de negociación de bola dura de Trump.» Los socios estadounidenses del USMCA, México y Canadá, son simplemente demasiado dependientes de la economía estadounidense para alejarse y probablemente terminarán reduciendo su comercio con China.
También hubo noticias ayer de que India ha acordado imponer un arancel del 12% sobre el acero chino, lo que sugiere que la estrategia de «gran cerco» de Bessent ya está dando dividendos wrt el eslabón más débil de los BRICS. En un intento de apaciguar a Trump, el Gobierno indio de Modi también ha anunciado grandes recortes en los aranceles a la importación de motocicletas Harley-Davidson y whisky bourbon de fabricación estadounidense, al tiempo que se ha comprometido a comprar más productos energéticos y de defensa estadounidenses.
Pero en el «Sur Global» en su conjunto, incluyendo amplias zonas de su llamado «patio trasero», Washington tiene un gran problema: tiene poco que ofrecer a muchos países, aparte de la amenaza constante de aranceles de dos dígitos sobre sus productos exportados que entran en EEUU y la zanahoria ocasionalmente colgada de la suspensión (presumiblemente temporal) de los aranceles -siempre que hagan todo lo que exige la administración Trump, incluido distanciarse de China-.
«Estados Unidos les pide que bloqueen las inversiones chinas, pero les da poco a cambio e incluso bloquea la entrada de productos en su propio mercado imponiendo aranceles», explica a El País Gabriel Merino, analista geopolítico. «China apuesta por su famosa paciencia estratégica. Tiene obstáculos, con los intentos de Estados Unidos de reducir su influencia, pero seguirá persiguiendo sus objetivos porque entiende que la cooperación con América Latina es fundamental.»
Como muestra el mapa siguiente, para la mayoría de los países del «Sur Global» e incluso algunos del «Norte Global», China es ya su mayor socio comercial.
«La dependencia crítica que China ha desarrollado en todo el mundo, especialmente en Asia, significa que muchos [de los socios comerciales] no pueden prescindir de China», dijo Alicia García-Herrero, economista del banco de inversión Natixis. «Desde minerales críticos hasta chips de silicio, las exportaciones chinas son casi insustituibles».
Otro problema para EE.UU. es la Iniciativa Belt and Road de China, de la que EE.UU. no tiene un equivalente y es casi seguro que es incapaz de producir uno. Como lamentaba Daniel Runde, vicepresidente senior del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, en un reciente testimonio ante el Congreso estadounidense (el subrayado es mío): «Desgraciadamente, la BRI es un proyecto ambicioso y esperanzador que habla de las aspiraciones de los amigos y potenciales amigos de China. Lo odio porque es una gran idea, porque inspira a la gente del Sur Global. Pero no es nuestra idea».
A diferencia de Estados Unidos, China no suele intentar dictar cómo deben comportarse sus socios comerciales ni a qué tipo de reglas, normas, principios e ideología deben adherirse. Lo que China hace -o al menos ha hecho en general en las últimas décadas hasta ahora- es comerciar e invertir en países que tienen bienes -en particular materias primas- que codicia. Y como muestra el mapa anterior, hasta ahora ha sido una estrategia ganadora.
Incluso el ferviente anticomunista presidente de Argentina, Javier Milei, admitió que China es un «socio comercial muy interesante». Casi exactamente un año después de decirle a Tucker Carlson que nunca comerciaría con el gobierno asesino de China, Milei no tuvo más que palabras de cariño para el principal rival estratégico de EE.UU., diciendo: «[ellos] no exigen nada, lo único que piden es que no se les moleste».
El comercio con Estados Unidos, por el contrario, siempre lleva aparejadas fuertes condiciones, y la relación que Washington forja con los países dispuestos a doblar la rodilla es siempre de amo y vasallo, como la UE ha aprendido a su costa. Contrasta el discurso de China sobre la «cooperación práctica» con los países «sobre la base del respeto mutuo, la igualdad y el beneficio mutuo» con la reciente fanfarronada de Trump sobre los países que «me besan el culo» para negociar los aranceles durante una cena para republicanos.
Además, como Yves ha señalado en repetidas ocasiones, Estados Unidos simplemente no es capaz de llegar a un acuerdo. La administración Trump lo ha demostrado con creces con la forma en que ha tratado de reescribir los términos y condiciones del USMCA -que el propio Trump no sólo negoció, sino que anunció como el mayor, más justo, más equilibrado y moderno acuerdo comercial jamás logrado- apenas seis años después de su firma.
Argentina es un ejemplo fascinante de lo difícil que le resultará a Estados Unidos abrir una brecha entre las economías del Sur Global y China. El gobierno de Milei ha tratado de alinear a Argentina lo más firmemente posible con el Occidente Colectivo, llegando incluso a solicitar convertirse en «socio global» de la OTAN, meses después de cancelar la pertenencia de Argentina a la alianza BRICS-plus.
Se ha ofrecido a enviar armas a Ucrania al tiempo que ha prometido un apoyo total a los crímenes de guerra genocidas de Israel. En una entrevista con Bloomberg hace poco más de un año, cuando todavía estaba en campaña, Milei se refirió a la nación asiática como un «asesino». Sin embargo, la siempre atribulada economía argentina necesita financiación, inversiones y comercio chinos.
El propio Bessent ha declarado que EE.UU. está dispuesto a ofrecer a Argentina una línea de crédito de emergencia en caso de crisis mundial. Pero Estados Unidos no podrá suplantar a corto plazo el comercio de China con Argentina -de hecho, como gran exportador de soja, cereales, forraje para animales, etc., Argentina compite directamente con el poderosísimo sector agrícola estadounidense, mientras que éste complementa las necesidades de China- ni las multimillonarias inversiones de Pekín en las infraestructuras argentinas.
Pekín contraataca
Al igual que Trump no esperaba que Pekín respondiera con la misma moneda a su escalada arancelaria sobre los productos chinos, es probable que su Gobierno también se haya sorprendido por la dureza con la que China ha tratado a los países que acaban besando el trasero de Trump. Un portavoz del Ministerio de Comercio de China dijo a principios de esta semana que Pekín «tomará contramedidas de forma decidida y recíproca» contra las naciones que se alineen con EEUU en su contra. De Al Jazeera:
El lunes, el Ministerio de Comercio de China contraatacó, advirtiendo a otras naciones que «buscar los propios intereses egoístas temporales a expensas de los intereses de los demás es buscar la piel de un tigre». En efecto, argumentó que los que intenten llegar a acuerdos con Estados Unidos -el tigre- acabarán devorados.
El ministerio también afirmó que China, a su vez, atacaría a todos los países que se alinearan con la presión estadounidense para perjudicar a Pekín.
Xi Jinping ha estado difundiendo este mensaje durante su reciente gira relámpago por el Sudeste Asiático, donde muchos países dependen de las exportaciones a EE.UU. pero se enfrentan a algunos de los aranceles más elevados de Trump. El líder supremo de China hizo un llamamiento a estos países, incluido Vietnam, para que se opongan a la intimidación unilateral de Estados Unidos, al tiempo que advirtió de las consecuencias para los países que acaben apaciguando a Trump.
La ironía final es que, al poner patas arriba las reglas del sistema de comercio mundial que escribieron el gobierno y las corporaciones estadounidenses, la administración Trump ha hecho que China parezca un socio más fiable, incluso para algunos Estados vasallos aliados de Estados Unidos desde hace mucho tiempo, como la UE, Canadá y Japón. La semana pasada, por ejemplo, la secretaria del Tesoro del Reino Unido, Rachel Reeves, dijo que sería «muy tonto» que el Reino Unido participara en menos comercio con China.
«China se está posicionando ahora como líder del sistema comercial mundial basado en normas, y presenta a Estados Unidos como una peligrosa nación canalla decidida a hacer saltar por los aires unas relaciones comerciales ordenadas», afirmó Stephen Olson, antiguo negociador comercial estadounidense que ahora trabaja en el Instituto ISEAS-Yusof Ishak de Singapur.
Incluso antes de que los aranceles del presidente Donald Trump amenazaran con poner en jaque el negocio de fabricación de Apple en China, las dificultades de la compañía para fabricar nuevos productos estaba llevando a algunas personas dentro de su lujosa sede de Silicon Valley a preguntarse si la compañía había perdido de alguna manera su magia.
Los aranceles, que se introdujeron el 2 de abril, hicieron que Apple perdiera 773.000 millones de dólares de capitalización bursátil en cuatro días y perdiera brevemente su condición de empresa cotizada más valiosa del mundo. Pero los inversores ya habían empezado a resentirse con la empresa, haciendo que el precio de sus acciones cayera 8 por ciento en los cuatro primeros meses del año, el doble de la caída del S&P 500.
Apple esperaba reavivar su fortuna el año pasado con un casco de realidad virtual, el Vision Pro, y un sistema de inteligencia artificial llamado Apple Intelligence. Sin embargo, las ventas del casco han sido decepcionantes y las características del sistema de inteligencia artificial se han pospuesto porque no han funcionado tan bien como la empresa esperaba.
Los problemas de la empresa remarcaron que su reputación de innovación, considerada en su día un elemento fundamental de su marca, se ha convertido en un lastre que alimenta la angustia entre los empleados y la frustración entre los clientes. Y a las personas dentro de la empresa les preocupa que Apple, a pesar de sus años de ganancias que desafían las previsiones, se vea obstaculizada por las luchas políticas internas, los recortes y la fuga de talentos que a menudo atormentan a las grandes empresas, según más de una decena de antiguos y actuales empleados y asesores.
Apple declinó hacer comentarios.
Ha pasado una década desde los lanzamientos de los éxitos comerciales más recientes de Apple: el Apple Watch y los AirPods. Sus servicios como Apple TV+ y Fitness+, que presentó en 2019, van a la zaga de sus rivales en suscripciones. La mitad de sus ventas siguen procediendo del iPhone, un producto de hace 18 años que mejora incrementalmente casi cada año.
Mientras que las ventas de Vision Pro han sido decepcionantes, los problemas de la empresa con Apple Intelligence pusieron de manifiesto el mal funcionamiento dentro de la organización.
En una presentación en video de casi dos horas el verano pasado, Apple demostró cómo el producto de inteligencia artificial resumiría las notificaciones y ofrecería herramientas de escritura para mejorar los correos electrónicos y los mensajes. También reveló un asistente virtual Siri mejorada, que podría combinar información en un teléfono, como un mensaje sobre el itinerario de viaje de alguien, con información en la web, como la hora de llegada de un vuelo.
Las funciones de inteligencia artificial no estaban disponibles cuando se enviaron los nuevos iPhones. Llegaron en octubre, con un mes de retraso, y no tardaron en dar problemas. Los resúmenes de las notificaciones tergiversaban las noticias, lo que llevó a Apple a desactivar esa función. Luego, el mes pasado, la compañía pospuso el lanzamiento en primavera de un Siri mejorado porque las pruebas internas encontraron que era inexacta en casi un tercio de las solicitudes, dijeron tres personas familiarizadas con el proyecto que hablaron bajo condición de anonimato.
Después del retraso, Craig Federighi, jefe de software de Apple, comunicó a los empleados que la empresa iba a reorganizar a sus ejecutivos, retirando la responsabilidad del desarrollo del nuevo asistente Siri a John Giannandrea, jefe de Inteligencia Artificial de la empresa, y dándosela a Mike Rockwell, responsable de su casco Vision Pro.
“Apple tiene que entender qué pasó porque esto es algo más grande que hacer solo cambios cosméticos”, dijo Michael Gartenberg, un analista de tecnología que anteriormente trabajó como comercializador de productos en la empresa. “Si alguna vez ha habido un ejemplo de prometer más de la cuenta y cumplir menos, ese es Apple Intelligence”. Era la primera vez en años que la marca no comercializaba un producto que había presentado.
Algunos detalles de los cambios de Apple en su equipo Siri y los desafíos fueron reportados previamente por Bloomberg y The Information.
El tropiezo de la inteligencia artificial comenzó en marcha a principios de 2023. Giannandrea, que estaba supervisando el esfuerzo, buscó la aprobación del presidente ejecutivo de la compañía, Tim Cook, para comprar más chips de inteligencia artificial, conocidos como unidades de procesamiento gráfico o GPU, dijeron cinco personas con conocimiento de la solicitud. Los chips, que pueden realizar cientos de cálculos al mismo tiempo, son fundamentales para construir las redes neuronales de los sistemas de inteligencia artificial, como los chatbots, que pueden responder preguntas o escribir código de software.
El director ejecutivo de Apple, Tim Cook, en la sede de la empresa en Cupertino, California, el año pasado.Credit…Justin Sullivan/Getty Images
En aquel momento, los centros de datos de Apple tenían unas 50.000 GPU con más de cinco años de antigüedad, muchas menos que los cientos de miles de chips que compraban entonces líderes de la inteligencia artificial como Microsoft, Amazon, Google y Meta, según las personas consultadas.
Cook aprobó un plan para duplicar el presupuesto de chips del equipo, pero el jefe de finanzas de Apple, Luca Maestri, redujo el aumento a menos de la mitad, dijeron las personas. Maestri exhortó al equipo a hacer más eficientes los chips que tenían.
La falta de GPU obligó al equipo de desarrollo de sistemas de inteligencia artificial a negociar con proveedores como Google y Amazon la potencia de cálculo de sus centros de datos, según dos de las personas citadas. Los principales chips fabricados por Nvidia tenían tanta demanda que Apple utilizó chips alternativos fabricados por Google para algunos de sus desarrollos de inteligencia artificial.
Al mismo tiempo, los líderes de dos de los equipos de software de Apple estaban peleando sobre quién encabezaría el despliegue de las nuevas habilidades de Siri, dijeron tres personas que trabajaron en el esfuerzo. Robby Walker, quien supervisó Siri, y Sebastien Marineau-Mes, un alto ejecutivo del equipo de software, pelearon sobre quién tendría la responsabilidad de algunos aspectos del proyecto. Ambos se quedaron con partes del proyecto.
Las luchas internas siguieron a un éxodo más amplio de talento de Apple. En 2019, Jony Ive, diseñador jefe de la compañía, se marchó para fundar su propia empresa de diseño y se llevó a más de una decena de diseñadores e ingenieros integrales de Apple. Y Dan Riccio, durante mucho tiempo jefe de diseño de productos de la compañía que trabajó en el Apple Watch, se jubiló el año pasado.
En su lugar, Apple se ha quedado con antiguos y nuevos líderes con menos experiencia en el desarrollo de productos. Giannandrea, que se unió a la compañía en 2019 procedente de Google, nunca había liderado el lanzamiento de un producto de alto perfil como la Siri mejorada. Y Federighi, su homólogo supervisando el software, nunca había liderado la creación de un nuevo sistema operativo como algunos de sus predecesores en ese papel.
Cook, de 64 años, que tiene experiencia en operaciones, ha dudado a lo largo de los años en proporcionar una orientación clara y directa sobre el desarrollo de productos, dijeron tres personas familiarizadas con el funcionamiento de la empresa.
“Se trata claramente de una falla de liderazgo, comunicación y procesos internos”, dijo Benedict Evans, analista independiente que trabajó anteriormente como inversor de capital riesgo en Andreessen Horowitz.
Apple no ha cancelado su renovación de Siri. La empresa planea lanzar un asistente virtual en otoño capaz de hacer cosas como editar y enviar una foto a un amigo si se le pide, dijeron tres personas con conocimiento de sus planes.
Algunos de los dirigentes de Apple no creen que el retraso sea un problema porque ninguno de sus rivales, como Google y Meta, ha descifrado aún la inteligencia artificial. Creen que hay tiempo para hacerlo bien.
Mientras el reloj sigue corriendo para arreglar Siri, Apple defenderá las deficiencias actuales del asistente. El mes pasado, unos clientes presentaron una demanda federal acusando a Apple de publicidad engañosa. Desde entonces, sus anuncios sobre Siri se detuvieron.
Donald Trump anunció en el «Día de la Liberación», 2 DE ABRIL, una fórmula universal de aranceles para «proteger la economía de Estados Unidos». Luego postergó su aplicación por 90 días.
Aunque sigue reinando una enorme confusión sobre los objetivos de la Casa Blanca tal vez también en el mismo gobierno de EE.UU.-, empieza a surgir un cuadro más claro de las negociaciones comerciales.
Más compras de gas natural a empresas norteamericanas, menores aranceles a las exportaciones de Estados Unidos, menos impuestos a los gigantes tecnológicos de Silicon Valley, y promesas de impedir que China siga usando a otros países para despachar desde ahí sus productos a Estados Unidos.
Esas son apenas algunas de las exigencias que el gobierno de Trump espera plantear en sus negociaciones con decenas de países que hoy intentan evitar un astronómico aumento de los aranceles que entraron en vigor brevemente y luego fueron abruptamente dejados en suspenso, según media docena de personas al tanto de esas charlas y que en algunos casos prefirieron el anonimato para referirse a deliberaciones privadas.
El presidente Donald Trump repentinamente dejó en suspenso el aumento de aranceles que debían empezar a regir para más de 70 países, una decisión que atribuyó parcialmente a las alarmantes turbulencias que se habían desatado en el mercado de bonos. Trump anunció que los aranceles quedaban suspendidos por 90 días para dar tiempo a que sus asesores y las contrapartes extranjeras llegaran a acuerdos bilaterales individuales, un proceso que, según dijo, ya estaba en marcha con Vietnam, Japón, Corea del Sur e Israel, entro otros países. De todos modos, Trump dejó en vigor un 10% de arancel para prácticamente todas las importaciones que ingresan a Estados Unidos, mientras que escaló los aranceles impuestos a China a más del 100%, que regirán incluso durante la suspensión para los demás países.
Desde la Casa Blanca se muestran optimistas y dicen que en cuestión de semanas podrían cerrarse varios acuerdos.
“El mayor problema que tienen es que no les dan las horas del día para atender a todos los que quieren llegar a un acuerdo”, dijo Trump sobre sus asesores.
Pero sigue reinando una enorme confusión sobre lo que implican exactamente esos acuerdos, en parte debido a que nadie sabe qué pretende el presidente. De hecho, hasta algunos de sus asesores reconocen en privado esa falta de claridad sobre los objetivos de Trump.
El presidente Trump a insistido repetidamente, por ejemplo, que quiere equilibrar el déficit de balanza comercial de Estados Unidos con otros países, una idea que ha sido refutada por economistas ortodoxos y heterodoxos por igual: no tiene lógica pensar que Estados Unidos pueda exportarles a los países pobres tanto como importa de ellos, y hasta intentarlo podría ser perjudicial.
Personas caminan dentro del Dong Xuan Center, el mercado asiático más grande de Berlín, Alemania, el lunes 14 de abril de 2025.Ebrahim Noroozi – AP
Es posible que Trump acepte acuerdos que achiquen esos déficits a través de acuerdos que exijan que Estados Unidos les venda más a esos países. Pero sigue sin quedar claro el marco de las negociaciones con economías avanzadas que tienen superávit comercial con Estados Unidos, como Australia y Gran Bretaña. Además, cualquier acuerdo en que otro país se comprometa a comprar más productos fabricados en Estados Unidos difícilmente logre el equilibrio del comercio global al que aspira Trump, ya que el desequilibrio fue fogoneado básicamente por las prácticas comerciales de un par de países que son grandes exportadores.
Para sembrar más confusión todavía entre los gobiernos extranjeros y los propios funcionarios norteamericanos, la semana pasada un asesor de la Casa Blanca, Peter Navarro, fustigó la megamillonaria inversión de la automotriz alemana BMW para la construcción de una planta en Carolina del Sur: dijo que es “mala para Estados Unidos”. Pero la construcción de esa fábrica parece reflejar justamente el tipo de industria nacional que Trump viene reclamando desde hace años.
“No tenemos la menor idea de lo que esperan de los demás países, y lo peor es que esos países no tienen ni la menor idea de lo que Trump quiere de ellos”, dice Doug Holtz-Eakin, presidente del American Action Forum, un think-tank de centroderecha que cuestiona los aranceles de Trump. “No veo cómo puedan negociar en esas condiciones”.
A media marcha
Ante esa falta de información, los embajadores, representantes comerciales y otros altos funcionarios extranjeros se han estado comunicando para intercambiar ideas. Hablaron sobre las ventajas de tener como interlocutor al secretario del Tesoro, Scott Bessent, o al secretario de Comercio, Howard Lutnick, y tratan de desentrañar qué idea tienen en el equipo de Trump.
Pero el proceso va muy lento. Un diplomático de alto rango de un importante socio comercial de Estados Unidos aseguró que en los días posteriores al anuncio de los aranceles, la Casa Blanca no respondió sobre qué les podrían ofrecer a cambio para reducirlos. Ahora que los aranceles más altos están en suspenso, los funcionarios de Trump finalmente parecen dispuestos a llevar adelante una negociación normal, en vez de simplemente exigir concesiones sin ofrecer nada a cambio. Pero sigue sin quedar claro cómo quiere avanzar la Casa Blanca, insiste el diplomático.
De todos modos, los funcionarios y los expertos en comercio internacional dicen que en las conversaciones iniciales ya quedó planteado el esquema básico que busca el equipo de Trump.
Es probable que los acuerdos se centren específicamente en los problemas identificados por los funcionarios norteamericanos en cada país. Asesores de alto rango de Trump, como Navarro y el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, han expresado su deseo de que otros países reduzcan las barreras arancelarias y no arancelarias, como el robo de propiedad intelectual y las cuotas de importación. Los funcionarios del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca y de la oficina del representante Comercial de Estados Unidos han dedicado semanas a estudiar las políticas que, en su opinión, alimentan el enorme déficit comercial con países como China, así como las posibles oportunidades para impulsar las exportaciones norteamericanas. Ese trabajo podría ser el que oriente los pedidos específicos de Trump a cada país.
Contenedores de carga y grúas pórtico se ven en el puerto de Yantian, por la noche, en Shenzhen, en la provincia de Guangdong, en el sur de China, el 14 de abril de 2025.JADE GAO – AFP
Una de las principales exigencias previstas es que países como Vietnam y México dejen de servir como intermediarios para las empresas y productos chinos que buscan evadir los aranceles norteamericanos, una práctica que ha alarmado a gobiernos republicanos y demócratas por igual.
Gas, carne y tecnología
Dos personas al tanto de las ideas de la Casa Blanca aseguran que probablemente los acuerdos incluyan una serie de compromisos para beneficiar a rubros específicos de la industria norteamericana. Podrían alentar a Japón, por ejemplo, a comprometerse a comprarle a Estados Unidos grandes cantidades de gas natural. Europa, por su parte, aplica impuestos y regulaciones a los gigantes de internet y restricciones a las importaciones de carne de res que podrían ser objeto de negociación.
Los productores agropecuarios de Estados Unidos, hasta el momento muy golpeados por la guerra comercial, también podrían beneficiarse con acuerdos específicos país por país, especialmente si los europeos están dispuestos a flexibilizar las restricciones a algunas exportaciones agrícolas norteamericanas.
Algunos expertos en comercio internacional dudan de que estos acuerdos sectoriales específicos contribuyan significativamente a que Estados Unidos recupere la gloria de su capacidad industrial. Sin embargo, y dado que el mercado de bonos sigue a los tumbos incluso después de la suspensión de los aranceles, Trump tal vez llegue a la conclusión de que debe aceptar acuerdos menos ambiciosos en vez de dejar que vuelvan a entrar en vigor sus disruptivos aranceles sobre decenas de países.
Además, muchos países podrían implementar sus propias contramedidas, especialmente si están dispuestos a deshacerse de sus tenencias de bonos del Tesoro norteamericano. Y Trump ya ha demostrado su tendencia a ceder ante la volatilidad del mercado financiero, lo que podría debilitar la posición negociadora de Estados Unidos.
“La pregunta clave es si empezarán a cerrar acuerdos fácticos para ayudar a alguna empresa en particular, o si se abocarán a obtener compromisos significativos que ayuden a reequilibrar el comercio y a generar espacio para la producción nacional”, señala Lori Wallach, del American Economic Liberties Project, un centro de estudios de izquierda. “Si el único plan es que Europa elimine sus políticas de privacidad tecnológica y nos permita enviarles nuestra carne, eso no tiene nada que ver reducir el déficit comercial crónico de Estados Unidos con el mundo”.
Lo que dice este breve video es que la ingeniería argentina sigue, pese a las heridas de guerra. Que el reclamo por las Malvinas sigue, pese a la tradición de nuestra Cancillería.
La historia del Veterano de la Guerra de Malvinas Alejandro Diego, profesor de Ingeniería de la UBA, no es un tango sombrío. Es absolutamente esperanzadora.
Dice que el entusiasmo por la educación pública en la Argentina sigue, pese a la ola de barbarie anti-educativa mileísta. Esto quiere decir que los «fundamentals» de la economía argentina son más culturales, civilizacionales y permanentes que los vaivenes de precios de la soja, de los minerales o de la materia prima. Quiere decir que todavía hay gente aquí en mi país y en tu país que sigue apostando al valor agregado y a las universidades públicas y a la industria.
Y lo hace sin alharaca de ello. Este «cortito» de Youtube que enlaza nuestra derrota en Malvinas y cada día de nuestra lucha actual por la Universidad Pública es lo más subversivo que he visto en los últimos 20 o 30 años. ¿Por qué? Porque alude a la historia del futuro, no se clava únicamente en el recuerdo terrible del pasado. Nos recuerda que recordemos para adelante.
Larga vida a la Universidad Nacional de Buenos Aires, y a sus ingenieros. Larga vida a la educación pública. Larga vida a la ingeniería. Larga vida al futuro.
Y a los veteranos de las Islas Malvinas. Islas que pese al mapa exhibido por el gobierno nacional en octubre del año pasado, son argentinas.