El sector ganadero profundiza los protocolos de seguridad

El Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) se ha apresurado a divulgar un informe que sostiene que no existe ninguna evidencia científica de que el coronavirus pueda ser transmitido por alimentos. Y que, sin embargo, la cadena de ganados y carnes de la Argentina puso en marcha medidas y protocolos específicos para asegurar los estándares de higiene e inocuidad.

Esa afirmación es correcta. El virus SARS-CoV-2 se transmite de una persona a otra a través de las gotas procedentes de la nariz o la boca, por contacto con manos, superficies u objetos contaminados. Hasta el momento, no hay casos registrados de personas contagiadas de COVID-19 por consumo de alimentos o sus envases. Y el virus no puede multiplicarse en los alimentos, según la Organización Panamericana de la Salud.

También, agencias de EE.UU. (Departamento de Agricultura-USDA) y Europa (European Food Security Agency-EFSA) informan que no existe evidencia de transmisión de SARS-CoV-2 por consumo de alimentos.

El problema es otro, y es el causante de la aprensión que preocupa al IPCVA y a la cadena de la ganadería en general. Son las condiciones de trabajo en la industria frigorífica, el frío y la humedad, como se explicó hace ya mes y medio en una serie de notas en AgendAR, que la convierten en un lugar de alto riesgo de contagio para su personal.

En Alemania un reciente brote de casos en un frigorífico -la planta de productos cárnicos Tonnies- obligó a poner a 630.000 personas en cuarentena.

La industria de la carne -informa el IPCVA- fue adoptando protocolos internos para prevenir COVID-19 entre sus trabajadores. Estas plantas implementan Procesos Operativos Estandarizados de Sanitización (POES) [sanitización = limpieza + desinfección], Buenas Prácticas de Manipulación (BPM), Buenas Prácticas de Higiene (BPH) y control de materias primas e insumos, entre otros.

Aquellas plantas con mayores exigencias, cuentan con un sistema basado en el análisis de peligros y puntos críticos de control (APPCC) y la adopción del concepto de “cultura de inocuidad”. Incluyen un sistema de salud laboral organizado para evitar la transmisión de enfermedades infecciosas en el personal. También se implementan BPH, como por ejemplo el uso de filtro sanitario (sanitización de delantales, botas, herramientas y manos), uso frecuente de desinfectantes, manejo de elementos de higiene personal, entre otros, según el Instituto.

Hasta ahora, el único caso similar en Argentina del que tenemos conocimiento en AgendAR, se dio en Capitán Sarmiento, entre trabajadores de la avícola Granja Tres Arroyos: 32 casos confirmados. No así en frigoríficos que trabajan con carne vacuna.

Un tema aparte es el de las carnicerías, donde es difícil garantizar estándares de higiene, proteger al personal, mantener distanciamiento entre clientes, permanecer abiertas y garantizar el suministro adecuado de carne día a día.

En cualquier caso, esto no provocaría transmisión del virus a través de la carne despachada. Mala noticia para los veganos más impulsivos.