Primeras declaraciones de Daniel Filmus, el nuevo ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación

Ayer en AgendAR sentimos la necesidad de valorar la gestión de Roberto Salvarezza al frente del MinCyT, y en particular su decisión de apoyar el desarrollo de vacunas argentinas contra el covid.

Hoy reproducimos las prmieras declaraciones del nuevo ministro, Daniel Filmus. Pero sobre todo rescatamos este testimonio de continuidad, un atributo que no es frecuente en las políticas científicas de nuestro país:

«El gobierno de científicos se ha dado un gabinete de políticos» es una frase irónica que circuló en estos días. Pero como pasa con muchas de esas frases, es superficial y, en el fondo, falsa. La tarea de gobernar es política, y por eso quienes gobiernan se transforman en políticos. Buenos o malos.

Es cierto que, aplicada al MinCyT, es un poco menos superficial. El anterior ministro, Roberto Salvarezza, es un hombre de la comunidad científica. Daniel Filmus, en cambio, tiene una larga carrera política, aunque se recibió de sociólogo por la UBA, tiene dos títulos de posgrado en educación y es investigador del Conicet. Pero no es un extraño al área de sus nuevas responsabilidades: fue ministro de Educación, Ciencia y Tecnología en el gobierno de Néstor Kirchner, entre 2003 y 2007. Y, como también señalamos en esta otra nota, iba a ser, hace 6 años, ministro de Ciencia y Tecnología en 2015, si Daniel Scioli ganaba las elecciones.

Ha sido cauteloso, naturalmente, en sus declaraciones antes de jurar, pero refirmó, entre otras cosas, que tiene alta valoración de la gestión de Salvarezza y de lo que están haciendo Ana Franchi y el Directorio del Conicet, como también lo realizado por la Agencia I+D+i., y anticipa algunas direcciones en las que volcará su esfuerzo. Reproducimos este reportaje que le hizo el portal El Destape:

«–Vuelve a un área con la que tiene afinidad. ¿Qué desafíos presenta hacerse cargo de esta responsabilidad con elecciones de medio término tan cerca?

–Principalmente, intentaré darle continuidad a todo lo que hizo Roberto Salvarezza, que es muy bueno, a diferencia de lo que ocurrió en 2003, cuando me tocó asumir en medio de una crisis y después de una década en la que la ciencia se había dejado de lado, nos habían mandado a lavar los platos y se había generado una enorme desinversión. Por un lado, tenemos que darle más presencia política al ministerio en el contexto del vínculo con los otros y con el aparato productivo, pero al mismo tiempo mantener la excelencia de la investigación.

–El sistema científico respondió como ningún otro sector ante el desafío de la pandemia: se inició el desarrollo de más de cinco vacunas locales contra el Covid, se crearon y elaboraron tests de diagnóstico y seguimiento epidemiológico, se diseñaron estrategias de rastreo y simulaciones que permitieron orientar la toma de decisiones de política sanitaria… ¿Qué cambios se pueden introducir para mejorar de acá en más?

–Tenemos que poder aprovechar el capital que tenemos para articular desde el Estado la resolución de los problemas sociales, sanitarios, ambientales, productivos, pero también dialogar con la sociedad civil, con sectores empresarios y gobernadores respecto de la federalización de la ciencia. Insisto: hacemos una evaluación muy positiva de lo que hizo Roberto, así como lo que están haciendo Ana Franchi y el Directorio del Conicet, también lo realizado por la Agencia I+D+I, y vamos a tratar de seguir en esa misma línea, profundizar y mejorar.

–Existe una visión del Ministerio de Ciencia como «prestador de servicios» para todas las áreas de gobierno. ¿Coincide?

–Esa es una de las funciones, pero limitarlo a eso sería restringir muchísimo la tarea. Tiene que trabajar de igual a igual con varios ministerios. Esa es una parte, pero la investigación académica juega un papel fundamental, igual que el trabajo con las universidades, o desarrollos productivos, regionales y locales. La cantidad de programas que llevó adelante desde 2003 esta área, primero dentro del Ministerio de Educación y después en forma autónoma, es enorme. Ahora tenemos un horizonte potencialmente mayor, ya que aprobamos por unanimidad la Ley de Financiamiento de la Ciencia. Así como en su momento se hizo con Educación, Ciencia y Tecnología, ahora se planteó la posibilidad de aumentar al 1% del PBI la función ciencia y tecnología en el presupuesto nacional. Eso es sustantivo. Es casi multiplicar por tres los recursos en relación con un PBI que suponemos que también va a crecer. Tenemos una responsabilidad enorme para que esos recursos del Estado nos sirvan para resolver los problemas de la gente.

–¿Se cumple ese aumento previsto por la ley en el presupuesto 2022 (que acaba de enviarse al Congreso)?

–Por supuesto que sí. Nosotros mismos lo aprobamos y este primer año cumplimos con el incremento.

–Se habla siempre de la importancia de hacer transferencia desde ámbitos científicos al sistema productivo, pero durante la pandemia quedó en evidencia la importancia de aportar conocimiento para el trazado de políticas públicas. ¿Piensa seguir promoviendo ese tipo de iniciativas?

–Sí, claro, y no solo en salud. Por poner un ejemplo, no hay ningún desafío ambiental que pueda prescindir del aporte del Ministerio de Ciencia y Tecnología; se necesitan evidencias que respalden el desarrollo sustentable. En los núcleos centrales que se plantearon para el plan [nacional de ciencia y tecnología] 2030, que queremos que se apruebe también por unanimidad por todas las fuerzas políticas, están planteadas las líneas que marcan avances conjuntos con todos los ministerios. No se me ocurre ningún tema que no tenga vinculación con ciencia y tecnología. Minería, ambiente, modelos de desarrollo regional y local, energía…

–Uno de los problemas álgidos en este momento es el retraso de los sueldos de los investigadores, que están en niveles bajísimos y alienta el éxodo. ¿Está en su agenda de prioridades?

–Por supuesto, sin lugar a dudas. Vamos a trabajar para recuperar y mejorar las condiciones laborales. Lo fue entre 2003 y 2007, según las series estadísticas, el momento en que más creció el salario del investigador. Además, recuperamos los beneficios de la jubilación del 85%.

–¿Piensa continuar con una política expansiva de ingresos al Conicet y otros organismos de ciencia y tecnología?

–Estamos de acuerdo con lo que se avanzó en la última época, que de algún modo recupera el plan original que teníamos hasta 2015 y que el macrismo tiró abajo ya en 2016, cuando no ingresaron investigadores que habían sido evaluados positivamente.

–En momentos en los que se les pide a los científicos que trabajen en transferencia del conocimiento, divulgación de la ciencia y otras tareas que exceden la publicación de papers, muchos consideran que hay que revisar los criterios de evaluación. ¿Cuál es su opinión al respecto?

–Precisamente, yo soy uno de los que fui víctima de esos criterios tradicionales. Después de haber sido ministro, y de haber estado de licencia sin goce de sueldo por cargos de mayor jerarquía en el Estado, cuando volví al Conicet, ni las leyes, ni los libros, ni los aportes en ciencia y tecnología que hice cuando estuve en la gestión pública fue tomado en cuenta al pedir la promoción. Por suerte, después el jurado revisó esa decisión. Tenemos que tener una mirada en las publicaciones académicas y otra en la capacidad de transferencia tecnológica, patentes, gestión pública y otros ámbitos donde también el aporte del científico tiene que ser evaluado. Pero me niego a resolverlo genéricamente, porque cada disciplina tiene características particulares: no es lo mismo el sociólogo o el antropólogo que el biólogo o el matemático. En algunas áreas el paper es el único criterio de evaluación.»