El Tos-1 Buratino, una canasta móvil de 24 misiles termobáricos o de explosión secuencial, llamados “bombas de vacío”: eliminan en forma prolongada el oxígeno de los sitios donde revientan. Si el edificio no se te vino encima por la onda de choque, adentro te asfixiás.
Georgia se volvió una república independiente de la URSS desde 1991. En 2008 intentó sumarse a la OTAN, pero Rusia no trató de capturar TODO ese escueto e inmanejable territorio montañoso. Y tampoco apeló, como en Chechenia, a eso que Tácito cuenta que hizo Roma con Cartago: crear un desierto y llamarlo paz.
Usó algo que, forzando la vista, se vislumbra en Ucrania, pero a una escala incomparablemente mayor. A Georgia, Rusia sí la atacó a totalidad: peleó 12 días en todo ese escueto país, como si pretendiera tomarlo «ad integrum» –que no era su propósito- y abrumando a sus tropas y ciudades por tierra, aire y mar.
Con eso logró forzar no sólo la neutralidad futura del gobierno georgiano, sino que éste jurara que dejaría tranquilas a dos republiquetas separatistas hincadas en su territorio. Éstas, ya desde 1989, cuando empezaba el colapso estatal soviético, venían tratando de permanecer soviéticas y no georgianas.
En el Cáucaso, una república propia no se le niega a ningún intendente. Pero el peligro de los secesionistas son los “metasecesionistas”, que proclaman estados nación de tamaño y viabilidad menores que las municipalidades.
Esas republiquetas son respectivamente Osetia del Sur y Abjazia. Esta última es la que importa: yace tendida como una estrecha planicie costera a pie de los muy altos y nevados montes Gagra, Bzib, Chialta y Kodori sobre el mentado Mar de Azov.
Si Ud. no reconoció a estos paisitos, no se culpe: los borró de su mente. Sólo los visitaron los medios aquel 2008, y esas masacres entre aldeas vecinas o, peor aún, entre vecinos de la misma aldea, empezaron y terminaron con limpiezas étnicas de una crueldad atónita. Son cosas que uno lee y trata de olvidar, porque se repiten con monotonía, y hablan pestes ya no de tales o cuales regiones o países, sino de nuestra especie.
En Abjazia, tan ignota, la OTAN ambicionaba Ochamchire y Gudauta, dos bases aeroportuarias que, bajo gobierno georgiano, habrían sido como la punta de un facón apoyada con suavidad en el bajo vientre ruso. El Oso entró, rompió, ganó, se retiró y hoy esas bases son rusas, cortesía del gobierno –muy agradecido- de Abjazia. El FSB, hijo natural de la KGB, ahora tiene playa.
Perdidos tales apostaderos, la OTAN se desinteresó de Georgia. Confiaba en que Ucrania, con mejores pergaminos como nación, a la larga se uniría al club del Atlántico Norte. Sí, es un oceáno lejanísimo del Mar de Azov, de creerle a los mapas. Pero le daría bases decentes a la OTAN sobre este otro mar, casi de juguete. E incluso un buen puerto, como Mariupol.
¿Se entiende mejor por qué Rusia no puede no tomar Mariupol?
Este ínfimo Azov, con sus 29.000 km2, es un mar de problemas: con esa profundidad de laguna y su tendencia a congelarse en invierno, no es inútil del todo: está bien ubicado para comerciar desde las estepas y el Cáucaso con los mares Negro, Mediterráneo, el Atlántico y el mundo.
Abjazia, encerrada entre montaña y mar como Chile, pero fraccionada de Georgia, fraccionada a la vez de la vieja URSS, a la que sin embargo antes regaló su mandón más duradero: Josip Stalin.
Eso, sólo a condición de que a uno le dan luz verde para cruzar todos estos “chokepoints” navales con tres distintos administradores: los estrechos de Kerch (hoy, de Rusia), el del Bósforo, el Mar de Mármara y el de los Dardanelos (tres de Turquía) y finalmente, Gibraltar (de Gran Bretaña, ergo de la OTAN). En tiempos de paz, el Azov gana plata sacando por agua las producciones de uno de los sitios de mayor continentalidad del planeta. Pero en tiempos como el actual sirve, especialmente, para joder militarmente a Rusia. O a Ucrania, según quien tenga orillas en él.
II
Aquel agosto de 2008, cuando Rusia atacó a Georgia, en tiempos de Dmitri Medveiev presidente, fue la primera vez desde el derrumbe del estado soviético en que las Fuerzas Armadas Rusas se atrevieron a salir de sus fronteras y de su postrauma post-imperial.
¿No se parece a la invasión, en 1983, de la minúscula isla de Granada por Ronald Reagan? Sí que se parece. Con ella, EEUU se sacudió el postrauma de Vietnam. Invadir países chicos cura a los grandes de sus derrotas gigantes.
Pero la invasión de Ucrania de pequeña no tiene nada. El día 21 de marzo el tabloide oficialista moscovita ‘Komsomolskaya Pravda’ admitió 9.861 muertos propios, demasiado por encima de los 498 del acumulado oficial hasta aquel día, y al rato nomás borró la noticia: habrá sonado el teléfono y los finados revivieron. Komsolskaya declaró también en esa ocasión 16.153 heridos.
Y es quizás por las demasiadas bajas que Rusia empieza mostrar su célebre artillería, y ésta a usarse no sólo contra blancos militares o infraestructura, sino contra edificación civil. Si los muchos casos de impacto en shoppings o en consorcios son accidentales, los rusos apuntan horrible. En Ucrania o en cualquier otro lado, esa salvajada sólo serviría para aterrorizar a la población urbana, vaciar ciudades e inundar las rutas de fugitivos.
Pero los rusos parecen estar en otro “business”. Rodear y sitiar ciudades, y dejarlas sin agua, comida o electricidad es una cosa, si éstas tienen la cortesía de rendirse, cosa que por ahora casi no está sucediendo mucho. Pero tomar ciudades grandes casa por casa es suicida.
La opción de tratar a Kiev como Roma trató a Cartago es imposible. No es Grozni, ni corre 1999, y los ucranianos son tipos que quieren venderle su gas a quien quieran ellos, no a la Santa Madre Rusia. ¿Tienen un exceso de nazis? ¿Tienen un exceso de mercenarios? No más que los propios rusos.
No sólo a los ucranianos los salva un poco su buena imagen, sino millones de imágenes. Tantas como ciudadanos con celulares filmando y subiendo los combates a las redes, a veces en tiempo real. Hacer de la capital nacional en una playa de estacionamiento dejaría un tendal demasiado horroroso de atacantes, de defensores y de civiles, amén de agravar lo que para Rusia viene siendo, por ahora, un ostracismo diplomático y económico potencialmente letal. Ya se ligó más de 5500 sanciones comerciales y financieras, y contando.
Aunque Rusia no intente tomar en serio más que algunas, las ciudades ucranianas eyectan multitudes. 3,8 millones de habitantes ya se fueron de Ucrania, mientras que los desplazados a tumbos por las rutas hacia el Oeste ya suman 10 millones. 1 de cada 12 ucranianos quedó fuera de su país, y 1 de cada 4 fuera de su casa. ¿Cuánto costará reconstruir la nación?
Un alto oficial activo del Ejército Argentino que prefiere firmar con seudónimo (Twitter @TomELawrence1), fue entrevistado el 26 de marzo por Alberto López Girondo, de Tiempo Argentino. @TomElawrence1 como se ve aquí, dijo cosas sorprendentes, habida cuenta de la deriva otanesca del gobierno argentino en su búsqueda de autorización del FMI para pagarle al FMI.
El anónimo jefazo militar criollo opina oblicuo y filoso sobre esa conducta tan rara de Rusia: rodear muchas ciudades, nada conectadas regionalmente, pero no tomarlas. Dice que Rusia está “aferrando” a tropas ucranianas que se ven obligadas a defender urbes muy desperdigadas sobre la amplia geografía local (país de 609.000 km2).
Mientras, Rusia prepara su propia movida. Ésa es quedarse con el Oriente ucraniano y todo lo que pueda de las costas marinas ya no sobre el Mar de Azov, sino sobre el Negro.
En suma, @TomELawrence1 opina igual que McGregor y Camilli, coroneles que no tienen quién les escriba. Quien les escriba al menos en The Economist, The Guardian, The New York Times y El País, que hoy tanto imitan, aunque con menos profesionalismo y objetividad, a Clarín, La Nación, Infobae y Perfil.
Las tropas ucranianas que defienden las ciudades en más de un caso son equivalentes en número a las atacantes… que, como dice Shirvan Neftchi, atacan más bien “de oficio”. Pero tampoco se van ni dan respiro. Lo que Rusia logra es no dejar salir a las divisiones ucranianas defensoras, no permitir que se reagrupen, maniobren y contraataquen en serio.
Para romper esos cercos urbanos desde adentro, dice @TomELawrence1 (y se atiene a manuales militares clásicos), se necesitarían 3 soldados ucranianos por cada ruso. En cambio, para conquistar desde afuera el centro de esas ciudades, harian falta 6 rusos por cada ucraniano.
Pero para que los ucranianos no puedan lograr nada de provecho en el Donbás, Crimea y en parte de su costa sobre el Mar Negro, alcanza con inmovilizarlos en esas urbes con una correlación de 1 a 1 entre cercadores y cercados, y no darles paz. No parece una descripción desatinada de lo que se ve en Kiev, Chernihiv, Sumy y Jarkov.
Estas miradas milicas alternativas desafían el Evangelio Según la OTAN, a saber: los rusos están perdiendo. Viven embotellados por patologías militares que les son inherentes desde tiempos soviéticos, o incluso zaristas: la estupidez logística y los equipos en mal estado. Pero según quién mire, los embotellados podrían ser los ucranianos.
En la guerra aérea, la divergencia en interpretación de los hechos es aún más bárbara, y también muy según quién mire. En mi barrio, por ejemplo, aseguran que Rusia no tiene superioridad aérea.
¿Qué piensa la OTAN de esto, más allá de lo que dice la OTAN a los periodistas acreditados? Millennium 7, un canal de tecnología militar dirigido por un ingeniero aeronáutico con un pasado en Airbus, EADS y el Ministero della Defesa de Italia, da estas cifras: en la tercera semana del pifostio, la aviación rusa estaba haciendo 200 salidas diarias, que hoy son 250, y la ucraniana, entre 5 y 10, pero bajando.
Puede ver el programa aquí, es sucinto, técnico, claro y tiene una objetividad que va evaporándose de Youtube desde que lo compró Google.
El Kalashnikov KUB es una granada antipersonal inteligente con visión interpretativa, alas y un motorcito eléctrico silencioso, con media hora de baterías para un vuelo de 130 km/h de velocidad.
Tres observaciones: las misiones rusas son casi todas de ataque: con sus bases en territorio propio o bielorruso, Rusia no emplea (y en este caso no necesita) vuelos de apoyo logístico. Lo segundo y sorprendente es que las alas rusas casi no entran en cielos ucranianos: disparan armas guiadas aire-aire y aire-tierra de largo alcance, desde la comodidad de sus propios territorios. El ataque “stand off” de hoy no es el de hace 20 años.
Lo tercero es que de los 70 aviones de combate que tenía cuando empezaron los tiros, a Ucrania hace dos semanas le quedaban 56. Toda vez que los Sukhoi 27 ucranianos despegan para ataque o patrulla aérea, los “adquieren” al toque los radares de las baterías S-400 rusas ubicadas fuera de Ucrania y los voltean. Un S-400 en Belarús llegó a abatir un caza ucraniano a 100 km. de distancia, un “first timer” histórico.
Rusia, por lo mismo, empezó también perdiendo cazas de ataque a lo bestia. Por eso hoy prefiere atacar desde afuera del mapa, dado que el mapa lo permite. Le tiene un saludable jabón a las baterías S-300 y Buk de los ucranianos. Las conoce bien. Como que son “made in Russia”.
El éxito aéreo incontestable de Ucrania son los drones Bayraktar turcos: hechos con curvas “stealth” y en plástico poco reflectante de las microondas de radar, a baja altura y máxime sobre territorio boscoso o construido se disimulan en el “clutter” de ecos generado por el suelo. Gracias a su invisibilidad, esos drones han destruido muchos blindados e incluso derribado helicópteros artillados rusos, otro “first timer”.
La guerra aérea terminó de volverse teledirigida y robótica en Ucrania. Se ignora si los rusos usan mucho o poco sus drones, porque en términos aeronáuticos lo suyo parece pescar en un barril, y con dinamita. Se difundió no poco la existencia de un dron kamikaze ruso muy barato, el Kalashnikov KUB, poco menos que una granada montada en un ala delta con un callado motor eléctrico y una camarita inteligente, visible aquí.
Si es de Kalashnikov, es simple. Es inherente a la marca. Lo complejo, como sucedió con el fusil Automat Kalashnikov o AK-47, el más popular del planeta, es diseñar algo tan simple, y que funcione.
Ucrania denuncia que el KUB se está usando sin controlador humano, es decir de modo autónomo, con su algoritmo de detección satelital de coordenadas o reconocimiento del blanco por imagen óptica. Por supuesto, Rusia lo niega.
¿Otro first timer? No si uno ha estudiado la breve segunda guerra entre Azerbaiyán y Armenia, o la que continúa en Libia desde 2011, y el uso en ellas de robots asesinos libres de supervisión humana. En general son turcos o israelíes, y no sólo constituyen una realidad efectiva sino barata.
¿Por qué mueren tantos generales rusos? Tal vez porque van al frente, o tal vez porque con drones tan imperceptibles como un francotirador ya casi no hay más retaguardia, en la vieja acepción. Alguien deberá explicar la longevidad de los generales ucranianos.
Lo indudable es los Bayraktar y los Kalashnikov KUB no confieren superioridad aérea a nadie, y que ésta, medida en despegues, es a la vez rusa, irrebatible y rara: depende más de sistemas integrados de defensa antiaérea que de los cazas tripulados en sí.
Aunque Rusia haga todo de modo al revés que la OTAN, así en el cielo como en la tierra, no significa que no esté ganando.
¿Por qué sino el presidente Volodymir Zelensky pidió que la OTAN le armara una zona de interdicción aérea? ¿Por qué cuando la OTAN le contestó: “Ni ahí” para no iniciar una Tercera Guerra Mundial, Zelensky pidió todos los MiG-29 polacos? Y los obtendrá: son de fabricación soviética: los pilotos ucranianos los conocen bien. Pero el pedido trasunta que hoy en Ucrania debe haber unos cuantos pilotos de a pie.
¿Y cómo Ucrania, si tiene superioridad aérea, dejó casi sin atacar por aire aquel atasco fenomenal de tránsito ruso rumbo a Kiev? Fueron 65 km de blindados inmóviles de Norte a Sur más de una semana. Semejante oportunidad no se vio desde que en 1967 la aviación israelí rostizó a puro napalm una ringla de 10 km. de tanques y camiones egipcios en fuga, embotellados en el paso de Mitla.
Planta de reparaciones de los MiG-29 ucranianos en Lviv, a 65 km. de la frontera con Polonia. Cuando Zelensky solicitó aparatos similares para reponer pérdidas, esta instalación fue atacada desde lejos por misiles Kinzhal hipersónicos el 18 de marzo. Destrucción total.
En su último “speech” de caciques de la OTAN, el presidente Joe Biden acaba de pedir no sólo el derrocamiento de Putin a manos de sus socios en el Kremlin, sino que aseguró que él pensaba seguir esta guerra… hasta el último ucraniano. El alemán Olaf Scholtz y el francés Emmanuel Macron lo miraban azorados. No son cosas de decir cuando se está ganando.
Días antes, por primera vez, el alto mando ruso había mentado alguna estrategia en voz alta. Ignoro si tenía alguna o tal vez demasiadas. Pero los ivanes no habían declarado nada al respecto.
El 25 de marzo el Jefe del Estado Mayor Conjunto de Rusia, Sergei Rudskoi, dijo que los objetivos de la primera parte de las operaciones habían sido alcanzados, y le puso nombres y números: Rusia se va a quedar con el Donbás, la cuenca del Don, donde –según Rudskoi– las armas rusas ya dominan el 93% de la superficie de la republiqueta separatista prorusa de Luhansk, y el 54% de la de Donetsk.
¿Hasta adónde en el Oeste querrá llegar Rusia con esta Rusia ampliada? Ni idea. Si se refiere a todo el óblast de Donetsk, el histórico según mapas cuando la secesión de Ucrania en 1991, Rudskoi pretende toda la llanura interfluvial entre el Don y la orilla izquierda del Dniéper.
Si esto es cierto, los coroneles que no tienen quién les escriba no estaban tan errados. Y tampoco @TomELawrence1.
Se deduce entonces que el dificultoso y aún incompleto cerco de Kiev, e incluso un posible golpe de mano a Odessa, no necesitan ser triunfos. Alcanza con que sean bazas para tener aferrados a los defensores, y canjearlos. Eso, mientras se negocia “sotto voce” esa posible nueva frontera fluvial de Rusia con Ucrania: ya no el Don sino mayormente, el Dniéper.
A lo cual Zelensky ya se ha negado pública y vigorosamente. Aunque ya se sabe (ver membrecía de la OTAN): a veces cambia de idea.
Pero estamos hablando de territorio cuando deberíamos estar hablando de petróleo y gas, la madre del borrego como dicen en mi barrio. ¡A por ello! Sobre eso, habrá segunda parte.
Daniel E. Arias


-La articulación entre cargas y pasajeros está teniendo algunos problemas. Hace poco hubo un descarrilamiento cerca de Olavarría y la sospecha está puesta en que la empresa FEPSA, que maneja los servicios de carga del ramal no habría hecho el mantenimiento. ¿Cómo se hace para que estas fallas en la infraestructura no se repitan y se mejore la calidad del servicio, especialmente el de pasajeros?
–Es algo que todavía está en un proceso de investigación. Es cierto que ese tramo está concesionado por Ferro Expreso Pampeano y la Junta de Seguridad del Transporte y el juzgado de Azul determinarán la responsabilidad o no de la empresa, y los motivos por los cuales se produjo dicho descarrilamiento. La concesión del Ferro Expreso Pampeano viene de una prórroga del año pasado pero es de larga data, vence a mediados de este año y es por ello que el Ministerio de Transporte, a través de la Subsecretaría de Gestión Ferroviaria, trabaja en un nuevo pliego, con una nueva metodología de funcionamiento y explotación de estas concesiones que están terminando. El Belgrano Cargas, como operador estatal, se haría cargo de la operación y la infraestructura se haría a través de ADIF. De ahí en más, se haría un nuevo proceso licitatorio para ver cuáles son las empresas que ofertan para operar dentro de esas vías ferroviarias.
-¿Esas vías ya pasarían a tener acceso abierto y sería el Estado el que se encargaría del mantenimiento?
–Precisamente, para asegurarnos que no existan este tipo de controversias en las que un concesionario explota las vías pero no realiza el control o no puede saber si los mantenimientos de la infraestructura son los correctos. En esta modalidad, sería el Estado el que asegure la infraestructura de las vías y, por intermedio de peajes, las operadoras podrán utilizar el transporte de cargas en el sistema ferroviario.
-Algo similar pasa con el tren a Rosario, en el que la empresa de carga NCA puso muchas restricciones de velocidad e hizo muy lento el trayecto. ¿Se van a mantener esas restricciones?
-A veces pasa que con esta falta de mantenimiento de las vías o del material rodante hace que se pierda eficacia en cuanto a la frecuencia, a los tiempos de llegada de un punto a otro y precisamente por esto es que la infraestructura debe volver a manos del Estado, para su correcto mantenimiento y para optimizar la frecuencia, dentro de un marco de modernización ferroviario que permita llevarlo adelante.
-En poco tiempo también vence la concesión del tren de pasajeros Belgrano Norte. ¿será operado por el Estado ese servicio?
-Todavía no hay una decisión. Si bien no falta demasiado tiempo, ya que sería el año que viene, la Subsecretaría de Transporte no ha tomado una decisión con respecto a este tema, si bien es cierto que hay una operadora estatal (SOFSE) que podría, eventualmente, operar el servicio.
-Hace poco se compraron a Rusia formaciones para la electrificación del tren San Martín. ¿Están confirmadas estas compras o cambia algo con las restricciones por la guerra con Ucrania?
-Es un problema esta guerra y hace que tengamos un poco de incertidumbre con esa operación. Sinceramente, desconozco en este momento en qué etapa se encuentra la misma y veremos en estos días cómo se va desarrollando y si realmente Rusia puede cumplir con el compromiso de venta que había asumido para que llegue en tiempo y forma a nuestro país.
-Hace muchísimos años, en la Argentina los granos se transportaban en tren y ahora lo más común es que el transporte sea en camión, lo que genera congestión en las rutas. ¿Hay algún plan para hacer más competitivo el tren? ¿Se planean mejoras en los ingresos a los puertos?
-Hay una planificación para la mejora del puerto de Quequén, también en Timbúes, en la provincia de Santa Fe, y en el puerto de La Plata. Hay una planificación integral en la que se intenta que el ferrocarril de transporte de cargas vuelva a ser competitivo. De hecho, el año pasado, el Belgrano Cargas aumentó en 3,8 millones de toneladas (18,5%) el transporte. Eso no implica que el concepto multimodal no pueda convivir. El camión convive con el transporte ferroviario y es sabido que el transporte carretero después de los 400 kilómetros deja de ser rentable. En este sentido, vemos que el ferrocarril tiene una posibilidad para crecer en la cantidad de toneladas transportadas.
-Hace muchos años el tren paraba directamente en los campos para cargar el grano. ¿Se puede seguir haciendo esto?
-Hoy hay una infraestructura en cuanto a la construcción de silos y transportes y distintas opciones con las que se puede llegar tranquilamente en camión hasta distintas paradas de estaciones ferroviarias y ahí ser transportado hasta el puerto vía ferrocarril.
-¿En qué consiste el convenio de cooperación que firmaron hace pocos días con ADIMRA?
-Este convenio, y otro que firmamos con el INTI, son para que, en conjunto con estos organismos, podamos desarrollar, dentro del plan de modernización del transporte, proyectos de sustitución de repuestos extranjeros. Queremos que la industria nacional provea al sistema ferroviario, lo cual generaría mayores fuentes de ingresos y trabajo para las empresas y también, en muchos casos, el abaratamiento de los mismos.
-¿Cómo está el avance de la obra de soterramiento del ramal Sarmiento?
-El soterramiento del Sarmiento depende directamente del Ministerio de Transporte y hay un grupo de técnicos que lleva adelante ese análisis. Tengo entendido que en esos meses debería estar finalizado y se lo llevarán al ministro para que tome una resolución con respecto a cómo seguir adelante en este proceso y si es que la obra se cierra definitivamente o qué pasará.
-Hace unos días, el Ministerio de Transporte aprobó un protocolo frente a la usurpación de los terrenos ferroviarios. ¿Cómo está la situación?
-Hay una mesa de trabajo sobre esto en la que participan todas las empresas, todos los actores del sistema y en esa mesa de trabajo se intentan generar normativas y acciones para evitar las intrusiones en los predios ferroviarios. Están también los municipios y los agentes para poder preservar las trazas ferroviarias. De lo contrario las trazas que hoy no son operativas pero en el futuro se podrían llegar a reestablecer, de seguir con las intrusiones, se haría imposible planificar un futuro reestablecimiento del ferrocarril en algunas zonas.



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Kersul enfatizó que «a través del Fondef se pueden desarrollar muchos proveedores locales, por ejemplo, los camiones troperos que estamos presentando hoy fueron carrozados por una firma del partido bonaerense de San Andrés de Giles que los dotó de barras antivuelco, asientos acolchados e individuales, y también de cinturones de seguridad de tres puntos».
Los equipos entregados
Se presentaron 17 camiones carga Volkswagen Robus 17230 de origen brasileño, 10 camiones tractor de campaña Volkswagen Costellation 19420 de origen brasileño, 10 camiones Mercedes Benz Atego 1726 de origen nacional, 3 colectivos de transporte personal Iveco de origen brasileño, 40 utilitarios Peugeot Partner de origen nacional, 7 ambulancias Toyota Hilux de mediana complejidad de origen nacional y 1 camión cisterna Volkswagen útil para el abastecimiento logístico a campo traviesa a los diferentes Vehículos a Rueda, Mecanizado y blindado desplegados en el terreno.
¿Cómo reaccionan las empresas? Sergún Kantar, en muchos casos se embarcan en procesos de reformulación de productos, reduciendo la proporción de ciertos ingredientes para evitar el octágono negro. Aun cuando eso implica el riesgo de ser percibidos como “menos sabrosos” y va en contra del paladar de los consumidores que, según dicen fuentes del sector, “piden que les devuelvan el azúcar”.
Luego del momento más álgido de la discusión en el Congreso, que culminó con la sanción de la ley, las grandes firmas alimenticias comenzaron a delinear su estrategia frente al nuevo escenario. Muchas de las multinacionales, que habían pasado por el mismo proceso en otros países de la región, ya estaban algunos pasos adelantados. De todos modos, en una ronda de consultas que hizo este diario sobre el cierre del 2021, distintas empresas señalaron que el tema del etiquetado no es una prioridad por estos días. “Hoy la agenda es precios y covid”, señaló un ejecutivo.
“Los consumidores tienen acceso a más información que nunca, son más conscientes de lo que eligen y responsables de sus acciones, y esperan que las empresas están a la altura de las circunstancias” –señalan en Kantar–. “Van a demandar claridad y transparencia en la información y van a priorizar alternativas alineadas a un nuevo concepto de bienestar”.
-La ciudadanía puede tener miedo a fugas de radiaciones que resulten perjudiciales para la población, ¿tiene razón? ¿Podemos decir que estamos libres de radiaciones ionizantes?
-Las centrales nucleares españolas funcionan de manera segura, fiable y eficiente. Están diseñadas, mantenidas y operadas de manera robusta y segura siguiendo los más exigentes estándares de seguridad establecidos por el Consejo de Seguridad Nuclear, la Unión Europea y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Pero sí estamos rodeados de radiación ionizante de origen natural a la que contribuyen los elementos radiactivos naturales que contiene la corteza terrestre y, en menor medida, la radiación cósmica.
-¿Qué pueden hacer los ciudadanos frente a una emisión accidental o una emergencia en este sentido?
-En cualquier caso, seguir las indicaciones que recibirían, en nuestro caso de Protección Civil, que sería quien indicaría a la población si fuese necesario tomar, como ante cualquier otra situación de crisis, medidas de protección. Creo que en estos tiempos más que nunca es necesario no generar alarmas o miedos que se añadan a lo difícil que es ya la situación. España, como todos los países europeos tiene protocolos y personas preparadas para atender las emergencias y recibiríamos las instrucciones e indicaciones que correspondiese a cada situación. Los ciudadanos, entre los que me incluyo, debemos estar tranquilos.
-En la situación internacional que estamos viviendo con el conflicto en Ucrania, ¿estamos en riesgo de guerra nuclear?, ¿qué valoración hace?
-Desde WIN (SNE) abogamos y trabajamos en el uso civil de la energía y la tecnología nuclear en todos sus campos y esa es nuestra apuesta de futuro. En relación al conflicto de Ucrania, lo primero en lo que debemos pensar es en el desastre humanitario y las miles de personas que se han visto obligados a dejar atrás su vida por este conflicto armado. Como persona, no puedo estar a favor de ninguna guerra.»