Nuevas terapias contra el cáncer, a través del uso de robots
Cuando se buscaba desarrollar drogas efectivas contra las enfermedades mediante los procedimientos tradicionales, el éxito podía llegar hasta 20 años después. Con el uso de los más modernos robots, los logros se pueden alcanzar mucho antes. «El siglo XXI es de la biotecnología: ya estamos usando la información que aportó la decodificación del genoma humano con máquinas que aprenden y harían que el desarrollo de terapias más precisas se acelere para beneficiar la vida de millones de pacientes», dijo Sebastián Sorsaburu, director médico regional de la empresa AmGen para América Latina, Canadá, Turquía, Medio Oriente y África.
Desde los años ochenta, la biomedicina integró a los robots en las prácticas en los laboratorios. Se les asignaba principalmente el rol de procesar muestras. Pero los recientes avances en robótica y automatización, incluyendo los campos de la inteligencia artificial y machine learning (o aprendizaje automatizado, en español) están transformando el modo de descubrir y desarrollar terapias para la humanidad. «Estamos sólo en el comienzo de un gran cambio para la salud humana. Habrá una explosión de la biotecnología en los próximos cincuenta años», estimó Sorsaburu, que estudió en la Universidad de Buenos Aires, y hoy es uno de los ejecutivos líderes de AmGen (Genética Molecular Aplicada Inc.), la empresa estadounidense que se fundó en 1980 y abrió ahora formalmente una filial en la Argentina, aunque ya venía realizando ensayos clínicos en el país.
-¿Cómo usan a los robots en el descubrimiento de drogas hoy?
-El avance ha sido inmenso. Antes sólo se usaban robots para facilitar la medición de muestras de tejidos. Ahora, en cambio, todo creció en la multiplicidad de usos. Se hacen procesos que superan la capacidad humana en el manejo de muestras de tejidos. A través de los robots, se empieza a combinar el uso de bases genéticas con los registros de características de la población relacionadas con el ambiente y eso posibilitará el desarrollo de futuras terapias. Se hará un uso más inteligente de la robótica para identificar variantes genéticas que pueden ser blancos para desarrollar nuevas moléculas.
-En Islandia, se empezó a trabajar con la decodificación del genoma de la población para identificar mutaciones asociadas a enfermedades en 1999. ¿Ese tipo de acciones aumentarán en el futuro?
-Sí. El caso de Islandia impulsó un gran cambio en la historia de la biomedicina. Ya 150.000 personas de ese país tienen decodificado su genoma, a través de una iniciativa de la empresa DeCode, que en el año 2012 fue adquirida por AmGen para colaborar en la identificación y la validación de genes para desarrollar más terapias. Permitió combinar los registros históricos de salud pública, que aportan las características fenotípicas, con la identificación de genes asociados a enfermedades. Además, de la identificación de genes, ahora los robots pueden colaborar para hacer más rápida la validación de blancos terapéuticos hacia los cuales podrían apuntar las futuras terapias.
-¿Cómo serán las terapias futuras?
-El desarrollo de la biotecnología permitirá que la medicina deje de ser sólo curativa, y pasar a ser también predictiva y preventiva. Por ejemplo, ya se han identificado genes asociados al riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Se está llevando a cabo un ensayo clínico con pacientes tienen un mayor riesgo de desarrollar Alzheimer, pero no desarrollaron los síntomas. En esos pacientes, se evalúa una terapia para prevenir el desarrollo de la enfermedad.
-Cuando las personas puedan saber su riesgo aumentado de enfermedad, ¿qué le indicarán para curar el trastorno?
-Es una gran cuestión. Pero saber qué genes son predictivos de Alzheimer nos acerca cada vez más a terapias más eficaces. La idea es contar con la posibilidad de una terapia que actúe antes de que se desarrollen los síntomas.
-Ahora tenemos la posibilidad de trabajar en el desarrollo de las terapias para cáncer, enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas, a través de una caja con varias herramientas biotecnológicas. Una de esas herramientas son los «anticuerpos biespecíficos», que posibilitan apuntar a dos blancos moleculares para el control de una enfermedad compleja, y la construcción de anticuerpos BITE que operan para que el sistema inmune del cuerpo humano trabaje para controlar el cáncer. Ya la autoridad sanitaria de los Estados Unidos, la FDA, aprobó en 2014 uno de esos anticuerpos, cuyo nombre genérico es blinatumomab, para el tratamiento de un tipo de leucemia.
-Además de una mayor batería de terapias, ¿qué otros cambios habrá en el futura?
-La interacción crecerá. Así como la robótica, la bioinformática, la ciencia de datos, y otras disciplinas ya están trabajando en conjunto, también será necesaria la interacción entre los diferentes actores del ecosistema de la salud, como las empresas que se dedican a investigación y desarrollo, el sector de los seguros médicos, las autoridades sanitarias, y las asociaciones de pacientes. El ecosistema trabajará en colaboración para aumentar el acceso a los diagnósticos y a los tratamientos, y para cambiar el modo en que hasta el momento ha funcionado. Hasta ahora el sistema de salud estaba diseñado para «arreglar lo roto». Esto significó que se buscaba sólo solucionar los problemas de salud de la población. Hoy sabemos que el gasto en salud es alto a nivel mundial, y que no se ven los resultados esperados. Por eso, el sistema tiende a ir hacia el cuidado de la salud basado en valores, por el cual se tendrán más en cuenta los resultados de la atención médica, con una mejor organización de los procesos. La utopía es conseguir que la medicina tienda a ser más proactiva, al controlar mejor los factores de riesgo, y que sea predictiva y preventiva de las enfermedades, como los líderes del proyecto genoma humano soñaron.
Trump amenaza a General Motors por despidos en EE UU
Usando su vía regular de comunicación, Twitter, el presidente Donald Trump amenazó ayer con cortar todas las subvenciones a General Motors después de que la empresa automovilística anunciara un recorte de miles de trabajos.
“Muy decepcionado con General Motors y su presidenta, Mary Barra, por cerrar las plantas de Ohio, Michigan y Maryland”, tuiteó Trump en un primer avance en la red social, al que siguió la siguiente advertencia: “Estamos estudiando cortar todos los subsidios @GM, incluidos los de los coches eléctricos. General Motors apostó a lo grande por China hace años cuando construyeron plantas allí (y en México), no creo que esa apuesta la vayan a amortizar. ¡Estoy aquí para proteger a los trabajadores americanos!”.
También como de costumbre, Trump no ha sido preciso en su amenaza: qué subsidios se refería. Por ejemplo, los vehículos eléctricos de la firma pueden optar a un crédito fiscal de 7,500 dólares según la ley federal, pero no está claro cómo el gobierno podría restringirlos.
El hecho es que, según informa CNN, las acciones de la compañía cayeron en bolsa hasta un 3,8% debido a los tuits. General Motors cerraba con un 2,6% menos, perdiendo un pedazo importante de las ganancias del lunes.
Poco después de que esto sucediera, el diario The Washington Post colgaba en su portal web una entrevista realizada ayer al presidente -una duración de 20 minutos- en la que Trump culpa a la Reserva Federal tanto de las recientes caídas en la bolsa como de los cierres anunciados por General Motors.
«El ransomware es la amenaza digital más peligrosa»
La compañía ESET, especializada en seguridad digital, elaboró un informe que evidencia que en 2018 el ransomware logró ataques masivos que causaron perdidas millonarias.
El informe titulado “RANSOMWARE: an enterprise perspective” advierte que son tres los principales vectores de ataques de ransomware: el acceso remoto, correo, y cadena de suministro.
“Entender cuál es el actual estado de los ataques de ransomware, así como la evolución de varias áreas que también preocupan, es clave para mantener los activos de las compañías a salvo. Si bien hay un crecimiento en las detecciones de mineros de criptomonedas, no quiere decir que el ransomware forma parte del pasado, ya que sigue siendo una amenaza muy seria para las organizaciones.”, comentó Camilo Gutierrez, Jefe del Laboratorio de Investigación de ESET Latinoamérica.
ESET recomienda que junto a las acciones de capacitación, las organizaciones cuenten con políticas de seguridad que sean fácilmente aplicables y controladas.
Desembarca en Palermo Soho una cadena de hoteles para millennials
La cadena de hostels Selina nació en Panamá por inspiración de dos israelíes que viajaban por el mundo. A ellos se les ocurrió implementar un sistema de hospedaje acorde con las necesidades de los viajeros jóvenes, también conocidos como millennials (nacidos entre 1980 y 2000).
- La cadena llegó a la Argentina y prevé la apertura de su primer primer establecimiento en el barrio de Palermo Soho.
Macri y las energías renovables. El plan RenovAr – 1°
Del ventilador Atma a la turbina Vestas hubo algo más que un salto de escala para Newsan. Si se está preguntando por la protuberancia a sotavento de la góndola, es un enorme radiador.
Un error habitual de simplificadores es ver al gobierno de Mauricio Macri como «ajustador» serial, uno que suprime subsidios en nombre de una «racionalidad económica». No es así. El gobierno actual subsidia aún más que el anterior. Lo que han cambiado es que los beneficiarios son menos, y son otros (salvo en algunos casos afortunados).
El rubro más notorio, y costoso, es el de la energía. En particular, petróleo (de Vaca Muerta), gas (ídem), y energías renovables, en cualquier lugar. Éste no es el uso de fondos públicos menos productivo que hace este gobierno, por cierto, y las repetidas quejas de AgendAR, han sido porque todos los insumos eran importados. El asunto muestra algunos ligeros cambios, y pensamos oportuno que Daniel Arias haciera, como en otros rubros, una investigación a fondo.
Resultó larga. Y jugosa. La publicaremos en capítulos, durante varios días.
«Forzado por la recesión del consumo y atraído por los privilegios de los productores de energía en Argentina, Newsan, fabricante de los electrodomésticos Noblex, Siam, Atma y Pioneer, acaba de reconvertir su planta de Campana para armar las góndolas de turbinas eólicas. Viaje sin escalas desde el ventilador Atma al molino Vestas V150, el mayor del mundo para ubicaciones terrestres.
Dos salvedades: una turbina es lo opuesto de un ventilador: transforma viento en electricidad. La otra es que estas góndolas no son botes venecianos sino gabinetes metálicos del tamaño de un ómnibus urbano, que se llenarán con 75 toneladas de maquinaria electromecánica compleja. Son 2500 piezas importadas que se ensamblarán aquí, y ésa es, en suma, la noticia real.
Hasta la semana pasada, en materia eólica el programa RenovAr sólo fue importación desenfrenada, endeudamiento, dolarización del viento y un probable pagadios futuro, con a lo sumo dos componentes argentinos: la torre, que es barata, y el viento, que es gratis.
Ahora, al parecer, la Argentina entra en una fase de integración nacional de los llamados “trenes de transmisión”. Ya hay otro caso más: Nórdex-Acciona, consorcio germano-español, se asienta en la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA) de Córdoba, donde además de góndolas hará torres.
Para poner las cosas en su marco: en sus sucesivas rondas, RenovAr logró que el precio promedio de la electricidad de fuentes renovables bajara de US$/MWh 61,41 en la primera, pasando por 54,02 en la segunda, o 1.5 hasta alcanzar 51,49 en la última. El descenso fue interesante en los parques fotovoltaicos: pasaron de 59 US$/MWh en la Ronda 1 a 40,44 US$/MWh en la Ronda 2. La eólica varió su mínimo de 49 a 37 US$/MWh, pero fueron las 2 primeras rondas las que fijaron los contratos de los 63 parques. Algunos ya están construidos y en línea, y los precios andan entre 50 y 60 U$/MWh.
RenovAr lleva a la fecha 147 proyectos adjudicados en 21 provincias por un total de 4.466,5 MW instalados. Esto sucedió en 3 rondas licitatorias, a la que se sumó una última llamada “MiniRen” con 400 MW ofertados y pocos licitantes. Resultado total: proyectos en avance o terminados de 41 parques solares, 34 eólicos, 18 de biomasa, 14 minicentrales “hidro”, 36 plantas de biogás en emprendimientos rurales, y 4 en rellenos sanitarios.
Que empiece a aparecer un poco de industria argentina en el lado eólico de RenovAr, en algo que hasta el mes pasado fue coto exclusivo de fabricantes externos, es buena noticia. Pero hay que mirar toda la película. Pese a ser una canonjía financiera muy blindada contra la realidad, “planeta RenovAr” es parte de la economía argentina: cuando se hunde un barco, no es imposible que se ahoguen incluso los trepados a los mástiles. Lo seguro es que ya no se embarca más nadie. Eso quizás explica que MiniRen pasara desapercibida.
Lo que sigue, entonces, podría ser crecimiento casi vegetativo, como el de las uñas o la barba de un hombre muerto. Ojalá estemos equivocados. Como decía Niels Bohr, es difícil hacer pronósticos, especialmente acerca del futuro.
Una grúa gigante (todo es gigante en el rubro eólico) instala un tren en una góndola (gigante).
Los “trenes de transmisión” como los que armará Newsan en Campana son maquinarias llenas de sensores y mecanismos de control y autoprotección. Pero básicamente, fungen de cajas multiplicadoras. En el caso de la V-150, transforman el hipnótico, lento giro del cubo de una hélice de 150 metros de diámetro en las 1800 RPM necesarias para generar electricidad en una dínamo. Pero adentro de una góndola suceden muchas más operaciones, y muy sofisticadas.
Como bestia inteligente y deseosa de autopreservarse, la turbina trata de mantener constante la velocidad de giro de la hélice pese a los cambios instantáneos del viento, más o menos arrachado según las regiones. De otro modo, entre aceleradas y frenadas, la hélice terminaría luchando contra la inercia de los enormes engranajes de la transmisión y algo se rompería.
La turbina logra mantener las RPM de su cubo de un modo muy naval: así como un velero mueve de modos complejos sus velas para tomar el viento en el ángulo óptimo y avanzar, la turbina ajusta reactivamente no sólo su dirección acimutal para “enfacharse” contra el viento en los 360º del compás. También ajusta los ángulos de paso de las palas.
En criollo no naval, eso es alterar el chanfle con que el borde de ataque de las aspas intercepta el viento. Cuando lo toma “de frente” en cero grados, como el ala de un avión, la superficie convexa (o extradós) de la pala genera baja presión dinámica de aire, y por lo tanto vacío y fuerza (llamada “sustentación”) en esa dirección: desde el intradós (la parte cóncava del aspa) al extradós (la convexa). Esa fuerza es lateral respecto del plano de la hélice. Y la hace girar en sentido horario.
Eso es una victoria danesa sobre los alemanes de Tvind, un consorcio de profesores y estudiantes, en las épocas casi hippies de la energía eólica, los ’70. Sus turbinas giraban en sentido antihorario. En 1973 Europa Occidental se quedó sin petróleo por haber apoyado a Israel en la guerra de Iom Kippur. Los daneses ya venían haciendo molinos desde 1891, de modo que vieron mercado sustitutivo, le pasaron por encima a los alemanes, e impusieron en el mundo ese diseño de un fuste alto y largo, una góndola y una hélice de 3 palas. Lo copiaron de la NASA, la National Science Foundation de los EEUU y de la Boeing, y el mundo lo bautizó “danés”.
Sí, las aspas las diseñan ingenieros aeronáuticos y no funcionan como las aletas chatas de un ventilador. Son realmente como alas de avión. El extradós de un ala genera vacío y éste “chupa” el avión hacia arriba. Vuela por eso. Un aspa eólica es un ala, pero con un extremo cautivo en el cubo de la hélice: en suma, un ala rotativa. Y dado que es preferible que nada salga volando, la sustentación se ejerce como una fuerza lateral.
Por eso, con una pequeña variación del “paso” las aspas pueden tomar el viento en ángulos crecientemente cabreados, y como consecuencia girar cada vez con menos fuerza hasta eventualmente “entrar en pérdida”, como un avión que levantó demasiado la nariz y está a punto de caerse.
En pérdida, la hélice de una turbina se va frenando. Esta es una medida de autoprotección contra rachas instantáneas pero también contra tempestades sostenidas. Se llama “frenado aerodinámico”, requiere de ajustes constantes decididos por computadora, y sirve para que la hélice no se embale. Si lo hiciera, además de romperse el tren de transmisión, podría salir volando una pala de casi 80 metros de largo. Pero también hay desastres más serios.
El movimiento de regulación de paso de la pala respecto de su inserción en el cubo se parece al de la muñeca de un criollo que le está haciendo a Ud. el signo “más o menos” con la mano. Pero es un movimiento más lento: para no desafiar la inercia y la fricción, todo es muuuy lento con estos componentes gigantes. Y sin embargo el alabeo en su recorrido total puede girar una pala sobre su eje longitudinal alrededor de 100º de arco, hasta dejarla perfilada “en bandera”: mínima resistencia al viento, cero empuje, inmóvil.
Aún con vientos nada peligrosos, de entre 4 y 12 m/s, la fricción de los engranajes multiplicadores del “tren” puede ser brutal y desprende tanto calor que a veces derrota a los sistemas de enfriamiento. ¿Cuáles? Ver el majestuoso radiador de la V-150, con un señor libre de vértigo trepado encima. Y adentro hay más sistemas de enfriamiento.
Si el calor en la góndola sobrepasa cierto umbral, el aparato puede incendiarse. Tal cual. Pasa en las mejores marcas. La góndola, bien mirada, está atiborrada de lubricantes y cables con aislaciones plásticas sumamente combustibles. Paradójicamente, este desastre particular lo pueden causar los frenos neumáticos, no muy distintos de los de una motocicleta, con que el aparato trata de protegerse de incendios o engranes de caja cuando para no embalarse ya no alcanza con el frenado aerodinámico.
Las frenadas de apuro ponen los discos al rojo y un chispazo inoportuno puede volver la góndola una antorcha inapagable. En 2013, tras una seguidilla de accidentes por fuego en Europa que involucraron a casi todas las marcas grandes y mataron al menos a dos mecánicos en Holanda, el Imperial College de Londres calculó un total de 117 incendios anuales en una industria que entonces tenía menos de 240.000 molinos desplegados en el mundo.
El estudio inglés añadió que los fabricantes, para proteger su imagen, declaraban públicamente a lo sumo el 10% de los siniestros, aunque son localmente imposibles de disimular. En AgendAr les damos la razón: hemos agotado Internet buscando imágenes del único accidente fatal de una turbina en Argentina, en 2006. Textos hay algunos, pero alguien se encargó con todo éxito de que no hubiera fotos publicables.
Otro accidente posible es que el tren de multiplicación se “engrane” (quede atascado). Si esto sucede, la fuerza del viento, al no poder generar rotación, tal vez derribe la torre. Le pasó a IMPSA en 2006 con su primer gran turbina argentina en Cerro Arenales, Comodoro Rivadavia (2 heridos, un muerto) y le acaba ocurrir lo mismo en Octubre de este año a una turbina española Gamesa largamente inactiva instalada en el Cerro Chenque, dentro del casco urbano de la misma ciudad. El colapso esta vez no dejó víctimas.
Holanda, 2013, incendio de una Vestas V-66 de 1,75 MW. Dos mecánicos quedan atrapados en la góndola, a 80 metros de altura. El fuego y el derrumbe de la torre son los accidentes más temibles.
En Comodoro, donde están paradas por falta de mantenimiento casi todas (y a veces todas) las 26 turbinas del parque eólico Antonio Morán, entendieron que la idea de juntar tejido urbano y molinos gigantes es mala. También que en un país dado a brotes hiperinflacionarios, es imposible que molinos 100% importados cumplan sus 20 años de vida programada: los repuestos y los mantenimientos cuestan dólares. Van entendiendo también que una turbina permanentemente inmóvil en medio de una ciudad de vientos potentes y arrachados es más un problema de seguridad que un show de ecologismo.
Aunque a la vista del desinformado público los molinos parezcan simples hasta la bobera, como puede ver, son animales complicados. Si sirve de consuelo, no todos los países tienen ingenieros y técnicos capacitados para armar góndolas, incluso con planos y componentes 100% importados. Y diseñar turbinas argentinas, competitivas y buenas, señoras y señores, eso es ingeniería de la brava. Por ahora, eso lo logró sólo NRG, integrando piezas “off the shelf”. No es poco mérito. (Continuará)
Una grúa gigante (todo es gigante en el rubro eólico) instala un tren en una góndola (gigante).
Los “trenes de transmisión” como los que armará Newsan en Campana son maquinarias llenas de sensores y mecanismos de control y autoprotección. Pero básicamente, fungen de cajas multiplicadoras. En el caso de la V-150, transforman el hipnótico, lento giro del cubo de una hélice de 150 metros de diámetro en las 1800 RPM necesarias para generar electricidad en una dínamo. Pero adentro de una góndola suceden muchas más operaciones, y muy sofisticadas.
Como bestia inteligente y deseosa de autopreservarse, la turbina trata de mantener constante la velocidad de giro de la hélice pese a los cambios instantáneos del viento, más o menos arrachado según las regiones. De otro modo, entre aceleradas y frenadas, la hélice terminaría luchando contra la inercia de los enormes engranajes de la transmisión y algo se rompería.
La turbina logra mantener las RPM de su cubo de un modo muy naval: así como un velero mueve de modos complejos sus velas para tomar el viento en el ángulo óptimo y avanzar, la turbina ajusta reactivamente no sólo su dirección acimutal para “enfacharse” contra el viento en los 360º del compás. También ajusta los ángulos de paso de las palas.
En criollo no naval, eso es alterar el chanfle con que el borde de ataque de las aspas intercepta el viento. Cuando lo toma “de frente” en cero grados, como el ala de un avión, la superficie convexa (o extradós) de la pala genera baja presión dinámica de aire, y por lo tanto vacío y fuerza (llamada “sustentación”) en esa dirección: desde el intradós (la parte cóncava del aspa) al extradós (la convexa). Esa fuerza es lateral respecto del plano de la hélice. Y la hace girar en sentido horario.
Eso es una victoria danesa sobre los alemanes de Tvind, un consorcio de profesores y estudiantes, en las épocas casi hippies de la energía eólica, los ’70. Sus turbinas giraban en sentido antihorario. En 1973 Europa Occidental se quedó sin petróleo por haber apoyado a Israel en la guerra de Iom Kippur. Los daneses ya venían haciendo molinos desde 1891, de modo que vieron mercado sustitutivo, le pasaron por encima a los alemanes, e impusieron en el mundo ese diseño de un fuste alto y largo, una góndola y una hélice de 3 palas. Lo copiaron de la NASA, la National Science Foundation de los EEUU y de la Boeing, y el mundo lo bautizó “danés”.
Sí, las aspas las diseñan ingenieros aeronáuticos y no funcionan como las aletas chatas de un ventilador. Son realmente como alas de avión. El extradós de un ala genera vacío y éste “chupa” el avión hacia arriba. Vuela por eso. Un aspa eólica es un ala, pero con un extremo cautivo en el cubo de la hélice: en suma, un ala rotativa. Y dado que es preferible que nada salga volando, la sustentación se ejerce como una fuerza lateral.
Por eso, con una pequeña variación del “paso” las aspas pueden tomar el viento en ángulos crecientemente cabreados, y como consecuencia girar cada vez con menos fuerza hasta eventualmente “entrar en pérdida”, como un avión que levantó demasiado la nariz y está a punto de caerse.
En pérdida, la hélice de una turbina se va frenando. Esta es una medida de autoprotección contra rachas instantáneas pero también contra tempestades sostenidas. Se llama “frenado aerodinámico”, requiere de ajustes constantes decididos por computadora, y sirve para que la hélice no se embale. Si lo hiciera, además de romperse el tren de transmisión, podría salir volando una pala de casi 80 metros de largo. Pero también hay desastres más serios.
El movimiento de regulación de paso de la pala respecto de su inserción en el cubo se parece al de la muñeca de un criollo que le está haciendo a Ud. el signo “más o menos” con la mano. Pero es un movimiento más lento: para no desafiar la inercia y la fricción, todo es muuuy lento con estos componentes gigantes. Y sin embargo el alabeo en su recorrido total puede girar una pala sobre su eje longitudinal alrededor de 100º de arco, hasta dejarla perfilada “en bandera”: mínima resistencia al viento, cero empuje, inmóvil.
Aún con vientos nada peligrosos, de entre 4 y 12 m/s, la fricción de los engranajes multiplicadores del “tren” puede ser brutal y desprende tanto calor que a veces derrota a los sistemas de enfriamiento. ¿Cuáles? Ver el majestuoso radiador de la V-150, con un señor libre de vértigo trepado encima. Y adentro hay más sistemas de enfriamiento.
Si el calor en la góndola sobrepasa cierto umbral, el aparato puede incendiarse. Tal cual. Pasa en las mejores marcas. La góndola, bien mirada, está atiborrada de lubricantes y cables con aislaciones plásticas sumamente combustibles. Paradójicamente, este desastre particular lo pueden causar los frenos neumáticos, no muy distintos de los de una motocicleta, con que el aparato trata de protegerse de incendios o engranes de caja cuando para no embalarse ya no alcanza con el frenado aerodinámico.
Las frenadas de apuro ponen los discos al rojo y un chispazo inoportuno puede volver la góndola una antorcha inapagable. En 2013, tras una seguidilla de accidentes por fuego en Europa que involucraron a casi todas las marcas grandes y mataron al menos a dos mecánicos en Holanda, el Imperial College de Londres calculó un total de 117 incendios anuales en una industria que entonces tenía menos de 240.000 molinos desplegados en el mundo.
El estudio inglés añadió que los fabricantes, para proteger su imagen, declaraban públicamente a lo sumo el 10% de los siniestros, aunque son localmente imposibles de disimular. En AgendAr les damos la razón: hemos agotado Internet buscando imágenes del único accidente fatal de una turbina en Argentina, en 2006. Textos hay algunos, pero alguien se encargó con todo éxito de que no hubiera fotos publicables.
Otro accidente posible es que el tren de multiplicación se “engrane” (quede atascado). Si esto sucede, la fuerza del viento, al no poder generar rotación, tal vez derribe la torre. Le pasó a IMPSA en 2006 con su primer gran turbina argentina en Cerro Arenales, Comodoro Rivadavia (2 heridos, un muerto) y le acaba ocurrir lo mismo en Octubre de este año a una turbina española Gamesa largamente inactiva instalada en el Cerro Chenque, dentro del casco urbano de la misma ciudad. El colapso esta vez no dejó víctimas.
Holanda, 2013, incendio de una Vestas V-66 de 1,75 MW. Dos mecánicos quedan atrapados en la góndola, a 80 metros de altura. El fuego y el derrumbe de la torre son los accidentes más temibles.
En Comodoro, donde están paradas por falta de mantenimiento casi todas (y a veces todas) las 26 turbinas del parque eólico Antonio Morán, entendieron que la idea de juntar tejido urbano y molinos gigantes es mala. También que en un país dado a brotes hiperinflacionarios, es imposible que molinos 100% importados cumplan sus 20 años de vida programada: los repuestos y los mantenimientos cuestan dólares. Van entendiendo también que una turbina permanentemente inmóvil en medio de una ciudad de vientos potentes y arrachados es más un problema de seguridad que un show de ecologismo.
Aunque a la vista del desinformado público los molinos parezcan simples hasta la bobera, como puede ver, son animales complicados. Si sirve de consuelo, no todos los países tienen ingenieros y técnicos capacitados para armar góndolas, incluso con planos y componentes 100% importados. Y diseñar turbinas argentinas, competitivas y buenas, señoras y señores, eso es ingeniería de la brava. Por ahora, eso lo logró sólo NRG, integrando piezas “off the shelf”. No es poco mérito. (Continuará)
Daniel E. Arias
El «regreso» del dólar
Se podría titular esta nota con los versos de Troilo «dicen que me fui… si siempre estoy llegando«. Porque el «salto» que pegó hoy el precio del dólar en pesos –cerró a $ 39,94– ya había sido insinuado el viernes, cuando el peso argentino fue la moneda más devaluada del día, y no se trata de un fenómeno nuevo. No es el comienzo de una nueva corrida cambiaria. Es la continuidad del síntoma del desequilibrio que se empezó a manifestar abiertamente en abril.
Ese desequilibrio fue contenido gracias al apoyo sin precedentes del F.M.I. Que se manifestó en dos oportunidades en este año. Recordarán que el primer acuerdo, de junio, fue incumplido -el entonces presidente del Central, Caputo, pagó con su cabeza- y fue renegociado tres meses después, en septiembre. La decisión del Fondo, de su directora gerente Christine Lagarde, se mantiene: hoy anunció que alista un nuevo desembolso de 7.600 millones para Argentina. Y confirma que vendrá a la reunión del G20.
Mientras se mantenga, es previsible que el gobierno de Macri pueda cumplir con los acreedores externos. Hasta, y si, en el Directorio del Fondo -los países acreedores, en particular los EE.UU.- se decida que es hora de cerrar la canilla.
Los intereses que paga el Banco Central -es decir, los contribuyentes argentinos, en la instancia final- no son factores relevantes, aunque en un acto reflejo decidiera elevarlos nuevamente. Es cierto que fondos de riesgo y especuladores son tentados por esas tasas, pero sus ganancias las cuentan en dólares, por supuesto. Más temprano que tarde, deciden convertir esos papelitos con muchas letras -LECER, LECAP,…- en moneda dura, en dólares.
Crece la convicción en el empresariado y en la gerencia local de las transnacionales -el sector que miró con más aprobación al comienzo del gobierno de Macri el nuevo intento de «integrarnos al mundo»- que este esquema y este equipo han fracasado. También lo cree la mayor parte de la difusa dirigencia argentina, aunque está aislada, por ahora, de las consecuencias más dolorosas de ese fracaso (No hablamos de los votantes: octubre ’19 queda lejos).
Muy lentamente -en la práctica, forzado por la realidad, como sucedió con la traumática salida de la Convertibilidad- se formará un consenso sobre las medidas necesarias en la contingencia. Un esbozo ha sido propuesto desde la oposición. Claro, tampoco será fácil decidir quién las llevará adelante.
A. B. F.
Septiembre, el mes más cruel para supermercados. Y para sus clientes
Septiembre fue el peor mes -hasta ahora- para shoppings y supermercados. La devaluación de más de 30% que se registró en los primeros días del mes (el alza del precio del dólar que arrancó a fines de agosto) pegó en los precios. El «pass through» que el Gobierno suponía superado.
Según los datos publicados ayer por el INDEC, los supermercados sufrieron una caída real de 7,9% en su facturación, los mayoristas una de 15,4% y los shoppings una contracción de 15,1% en sus ventas.
Además los supermercados volvieron a registrar destrucción de puestos de trabajo, que ya venían en franco retroceso. Durante septiembre el empleo del sector cayó 2,4% en relación a un año atrás.
Septiembre registró una inflación de 6,5% , la más alta desde 2002. Esa suba en los precios al consumidor pegó naturalmente en los bolsillos. El Índice de Salarios del Indec se va a publicar recién el jueves y ahí se calculará la variación del salario real, pero promete ser dura. Sólo en agosto los salarios perdieron 1% real contra los niveles de julio y 9,4% interanual, según los datos oficiales.
Y esta dinámica no se detiene: rápidos de reflejos, a las pocas horas del alza del dólar de ayer, varios empresarios de la alimentación comenzaron a informar a cadenas de hipermercados, supermercados provinciales, autoservicios, almacenes y centros mayoristas que -en principio- el aceite, la harina y el arroz subirán el 5% en las próximas horas, ya que están «atados» a la cotización de la divisa estadounidense.
Se mantiene la salida de capitales. 26 mil millones de dólares en el año
En octubre, la Formación de Activos Externos (FAE), como la denominan los informes del Banco Central, o «fuga de capitales», como se la conoce popularmente, fue de u$s 1.163 millones. Las altísimas tasas que paga el B.C.R.A. para retenerlos pueden haberla moderado. Pero por cierto no la detuvieron. En el año la fuga llegó a u$s 25.959 millones y es récord histórico.
Esta salida de fondos -su retiro de la circulación local- es, junto con el rojo de cuenta corriente, la principal explicación para la crisis vía balance de pagos que sufrió la economía local durante el 2018. Si no hubiera sido por los adelantos del F.M.I., el default habría sido una distinta posibilidad.
Utilizan técnicas hidropónicas para cultivar hortalizas en climas fríos
Conocida como la tecnología que permite el cultivo de plantas sin el uso del suelo, la hidroponia asegura una alta producción por metro cuadrado, con gran eficiencia en el uso de los recursos, en especial del agua. Estas características la posicionan como una buena oportunidad para el desarrollo de huertas urbanas y periurbanas, sobre todo en regiones áridas o semiáridas. Por esto, técnicos del INTA evalúan su adopción en la Patagonia argentina para garantizar la producción de hortalizas frescas durante todo el año.
“Por las características de nuestro clima –bajas temperaturas y vientos intensos–, la producción de verduras frescas al aire libre se ve limitada a los meses más templados –de septiembre a marzo–, por lo que no podemos acceder a verduras frescas durante una parte importante del año”, afirmó Jorge Birgi, especialista en producción hidropónica del INTA Santa Cruz.
“La huerta hidropónica en invernadero representa una muy buena alternativa de producción para los agricultores familiares de la región, ya que no sólo atenúa los efectos del clima, sino que minimiza factores de riesgo y facilita las labores necesarias para producir”, apuntó Birgi.
De acuerdo con Birgi, las particularidades de los agricultores de la zona los impulsaron a evaluar distintas especies hortícolas con técnicas hidropónicas en NFT (Nutrient Film Technique) bajo cubierta para desarrollar un paquete tecnológico adaptado a las necesidades locales.
Si bien se requiere una inversión inicial, Birgi afirmó que “el costo operativo es bajo”. En este sentido, economistas de la Estación Experimental Agropecuaria Santa Cruz del INTA analizaron el ciclo productivo de acelga, albahaca y dos variedades de lechuga, y evaluaron la infraestructura, los equipos, la puesta en marcha y el acondicionamiento del sistema. “Con un buen manejo, el resultado operativo de la actividad se mantiene siempre positivo”, destacó el técnico del INTA.
“Una de las principales ventajas de las producciones hidropónicas periurbanas es que se hacen muy cerca de donde se consume el producto final”, indicó Birgi y destacó: “Esto no sólo reduce las distancias del transporte y los costos, sino que, además, permite sostener la producción de verduras frescas durante todo el año aún bajo condiciones climáticas adversas”.
Parte de la propuesta tecnológica desarrollada por el INTA Santa Cruz, incluye la construcción de invernaderos con perfiles galvanizados y recubrimiento de policarbonato alveolar. Además, recomienda un sistema automático de bombeo y conducción de soluciones nutritivas, uno de calefacción por aire caliente y otro de iluminación para garantizar el óptimo crecimiento de las plantas.
En la ciudad de Río Gallegos, más del 60 % de las explotaciones familiares se dedican a la producción de hortalizas. Los cultivos de acelga y lechuga son los más difundidos en la provincia, no sólo por su rusticidad y capacidad de soportar temperaturas bajas, sino también por su fácil comercialización.
En la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) se encuentra instalado un invernadero con tecnología hidropónica en NFT. Allí, se evaluó la factibilidad técnica de producción de los cultivos más relevantes a escala local.
A los 63 días de la siembra, comenzó la cosecha de la acelga. De acuerdo con los primeros resultados, las plantas tenían un peso, altura de hoja y color óptimos, según los requerimientos del mercado.
En cuanto a las lechugas, se evaluaron dos variedades, una de borde crespo y otra de borde liso, que en el sistema NFT, respondieron con un rápido crecimiento y óptimo desarrollo, evidenciándose un producto de primera calidad.
“La rapidez en el crecimiento de las hortalizas es un aspecto importante porque permite acortar los ciclos de cultivo (en comparación con cultivos convencionales) e incrementar el número de cosechas en el año, obteniendo así un mayor rédito económico”, destacó Birgi.
También se obtuvo información sobre rendimientos y calidad de albahaca de hoja ancha bajo el mismo sistema. Con buen vigor de las plantas y desarrollo de sus hojas, “la albahaca es una buena alternativa, ya que las plantas tuvieron un buen rendimiento y, comparadas con otras hortícolas de hoja, pueden implantarse en mayor densidad aprovechando mejor el espacio productivo”, expresó Birgi.
“Para nosotros es importante poner énfasis en la calidad y cantidad de productos hortícolas obtenidos con la tecnología hidropónica”, señaló Birgi quien destacó el buen estado sanitario de los cultivos y la terneza de las verduras de hoja, algo que no es usual en las producciones locales que se desarrollan al aire libre, debido a que las inclemencias climáticas endurecen las hojas y cambian su textura.
En Bariloche, el clima limita la producción –y el acceso– de verduras frescas durante todo el año. Caracterizados por la lluvia en otoño, la nieve en el invierno y el frío de la primavera, los agricultores locales solo cuentan con los tres meses del verano para enfocarse en la producción de hortalizas.
Flavia Bordato, es ingeniera agrónoma y desde hace cinco años se dedica a la producción hidropónica. “Iniciamos este desafío con la idea de producir vegetales frescos y sanos, respetando y cuidando el ambiente”, señaló.
Ubicado en la zona de Lago Gutiérrez (San Carlos de Bariloche, Río Negro), Bordato fundó la empresa familiar Hidroponia Andina. Allí, comenzó con un pequeño invernadero experimental con capacidad para 1200 plantas. Cinco años después, logró quintuplicar su producción y, hoy con más de 6000 plantas, abastece a diversas verdulerías, hoteles, restaurantes y casas particulares, brindando un producto de calidad, fresco, sustentable, y con una excelente relación precio/calidad.
“El invernadero te permite controlar y regular las condiciones climáticas, donde el viento y el frío suelen atentar contra la producción agropecuaria”, indicó Bordato y agregó: “Las plantas son limpias, sanas y están resguardadas de plagas y enfermedades y esto reduce el uso de fitosanitarios”.
En la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) se encuentra instalado un invernadero con tecnología hidropónica en NFT. Allí, se evaluó la factibilidad técnica de producción de los cultivos más relevantes a escala local.
A los 63 días de la siembra, comenzó la cosecha de la acelga. De acuerdo con los primeros resultados, las plantas tenían un peso, altura de hoja y color óptimos, según los requerimientos del mercado.
En cuanto a las lechugas, se evaluaron dos variedades, una de borde crespo y otra de borde liso, que en el sistema NFT, respondieron con un rápido crecimiento y óptimo desarrollo, evidenciándose un producto de primera calidad.
“La rapidez en el crecimiento de las hortalizas es un aspecto importante porque permite acortar los ciclos de cultivo (en comparación con cultivos convencionales) e incrementar el número de cosechas en el año, obteniendo así un mayor rédito económico”, destacó Birgi.
También se obtuvo información sobre rendimientos y calidad de albahaca de hoja ancha bajo el mismo sistema. Con buen vigor de las plantas y desarrollo de sus hojas, “la albahaca es una buena alternativa, ya que las plantas tuvieron un buen rendimiento y, comparadas con otras hortícolas de hoja, pueden implantarse en mayor densidad aprovechando mejor el espacio productivo”, expresó Birgi.
“Para nosotros es importante poner énfasis en la calidad y cantidad de productos hortícolas obtenidos con la tecnología hidropónica”, señaló Birgi quien destacó el buen estado sanitario de los cultivos y la terneza de las verduras de hoja, algo que no es usual en las producciones locales que se desarrollan al aire libre, debido a que las inclemencias climáticas endurecen las hojas y cambian su textura.
En Bariloche, el clima limita la producción –y el acceso– de verduras frescas durante todo el año. Caracterizados por la lluvia en otoño, la nieve en el invierno y el frío de la primavera, los agricultores locales solo cuentan con los tres meses del verano para enfocarse en la producción de hortalizas.
Flavia Bordato, es ingeniera agrónoma y desde hace cinco años se dedica a la producción hidropónica. “Iniciamos este desafío con la idea de producir vegetales frescos y sanos, respetando y cuidando el ambiente”, señaló.
Ubicado en la zona de Lago Gutiérrez (San Carlos de Bariloche, Río Negro), Bordato fundó la empresa familiar Hidroponia Andina. Allí, comenzó con un pequeño invernadero experimental con capacidad para 1200 plantas. Cinco años después, logró quintuplicar su producción y, hoy con más de 6000 plantas, abastece a diversas verdulerías, hoteles, restaurantes y casas particulares, brindando un producto de calidad, fresco, sustentable, y con una excelente relación precio/calidad.
“El invernadero te permite controlar y regular las condiciones climáticas, donde el viento y el frío suelen atentar contra la producción agropecuaria”, indicó Bordato y agregó: “Las plantas son limpias, sanas y están resguardadas de plagas y enfermedades y esto reduce el uso de fitosanitarios”.
Una ruta para el auto eléctrico cordobés
La noticia sobre el primer auto eléctrico argentino “made in” Córdoba tuvo -en parte para nuestra sorpresa- numerosos visitantes. Parece que todavía hay muchos compatriotas que no se sienten atraídos por el desaliento.
Por cierto, el vehículo “VOLTe1” es un desarrollo interesante de la tecnología y el trabajo nacional. Y se nos ocurrió una idea: proponer que la primera ruta eléctrica del país (la que se inauguró en -no es sorprendente- San Luis, de la que también informamos en AgendAR) contemple el uso no sólo de Kangoos eléctricas, sino de los autitos cordobeses.
Después de todo, en esas dos provincias no acostumbran a esperar que todo se solucione desde la Capital. Y hacen bien.

