Mientras las ventas de autos siguen retrocediendo, hay algo que crece en el sector: la participación de los 0 km importados. Pese al fuerte aumento del dólar, los vehículos que llegan del exterior están alcanzando un pico histórico ya que representan el 75% del total de las operaciones contra el 71% que registraron en 2017.
Entre enero y agosto, tres de cada cuatro vehículos que se comercializaron se producen en otros países, especialmente en Brasil, dejando a los de fabricación nacional con sólo 25% de penetración.
Es cierto que ese récord se registra medido en porcentaje ya que en unidades, por la caída del mercado que se espera para este año, durante 2018 se venderán menos autos importados que en 2017 pero lo mismo sucederá con los 0km «made in Argentina».
Para este año se estima un mercado de unas 800.000 unidades mientras que en 2017 se patentaron 900.000. Hasta agosto, se habían patentado 609.523 autos o vehículos comerciales livianos de los cuales sólo 151.026 son de producción nacional.
Hasta los ’90 un auto argentino lo era en el 98% de su valor en mano de obra y en componentes. El mercado funcionaba así. En estos días, por causas que exceden este informe, se considera argentino a un auto con un 30% de componentes «Made in Argentina».
Bueno, de esos estamos comprando sólo el 35% de lo que se vende. Cada vez más un lugar que un país.
Un informe del BID, Banco Interamericano de Desarrollo funciona como una denuncia cruel pero certera del estado ruinoso de la infraestructura en la región. La Argentina, Brasil, Paraguay y Venezuela son los más afectados:
«Desde caminos plagados de pozos y puentes deteriorados hasta aeropuertos y puertos marítimos por debajo de los estándares, la infraestructura inadecuada menoscaba el crecimiento de la región. Si bien el ladrillo y el cemento por sí solos no pueden asegurar la prosperidad, sin servicios de infraestructura aceptables es difícil que un país pueda competir en el mundo moderno».
El problema principal, dice el informe, es que los países de la región no invierten lo suficiente en infraestructura.
Entre 1992 y 2015 la inversión pública y privada alcanzó un promedio de 2,75% del PBI, y entre 2008 y 2015 el promedio ascendió al 3,8%.
Este nivel de gasto es bajo en comparación con China (8,5%) Japón y la India (5%), y el promedio de los países desarrollados (4%).
Además, las cifras de inversión actuales están por debajo de las de los años 80. «No es sorprendente que la baja inversión en infraestructura haya generado servicios deficientes, particularmente en la Argentina, Brasil, Paraguay y Venezuela, que es considerablemente inferior a lo que debería ser por sus niveles de ingreso», enfatiza el informe.
El BID señala además un estudio del McKinsey Global Institute que llega a la conclusión de que esos países podrían satisfacer la demanda de servicios de infraestructura, invirtiendo solo el 60% de los costos históricos si las inversiones fueran eficientes.
Esto no se puede disimular por temor a parecerse a los comunicadores que promueven los males que advierten. O a la acusación política de formar parte del «club del helicóptero». Un presidente del Banco Central no renuncia cuando el presidente de su país está en visita oficial a las Naciones Unidas, conversando con banqueros y periodistas económicos para decirles que está todo bien en su país.
En todo caso, Luis «Toto» Caputo o quienes forzaron su renuncia en este momento se han sumado al «club de helicóptero».
AgendAR analizó la coyuntura con que comenzaba esta semana aquí, horas antes de conocerse esta renuncia. Y sólo cabe reiterar ese diagnóstico.
Como corresponde al periodismo, copiamos abajo el CV del economista Guido Sandleris que será el nuevo presidente del BCRA. Vicepresidente continuará siendo Gustavo Cañonero, que entró con Caputo. Pero en estas circunstancias, por la política futura del Banco Central argentino se aconseja preguntarle a los técnicos del Fondo. Que tradicionalmente no aprueban de usar reservas en un fútil intento de contener devaluaciones.
Sandleris recibió su Doctorado en Economía de Columbia University en 2005; su maestría, también en Economía, de la London School of Economics y su Licenciatura en Economía de la Universidad de Buenos Aires.
Desde 2007 es Profesor en la Universidad Torcuato Di Tella, donde entre 2007 y 2015 dirigió el Centro de Investigación en Finanzas y fue Decano de la Escuela de Negocios entre 2014 y 2015.
Previamente, fue Profesor en Johns Hopkins University y profesor visitante en la London School of Economics y la Universidad de Los Andes.
Fue investigador visitante en la Reserva Federal de Minneapolis, el Banco Central de Chile, la PUC-Rio de Janeiro, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Monetario Internacional.
Desde mediados de 2018 es Secretario de Política Económica del Ministerio de Hacienda.
En 2016 se desempeñó como Subsecretario de Finanzas de la Provincia de Buenos Aires y en 2017 se sumó al gobierno nacional como Jefe de Asesores del Ministerio de Hacienda.
Se especializa en economía internacional, finanzas y macroeconomía, pero no tiene antecedentes en política monetaria. Entre otros temas, sus estudios analizan el efecto de las crisis financieras y los costos de los defaults soberanos.
Sus trabajos han sido publicados en el Journal of International Economics, Journal of Monetary Economics, Journal of Money, Credit and Banking y Oxford University Press, entre otros.
Ha recibido becas y subsidios de investigación de la Comisión Fulbright, el BCRA, el Banco Mundial, Columbia University y LACEA.
Realizó trabajos de consultoría e investigación para el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, la Procuración General del Tesoro y varios bancos de inversión y gobiernos de América Latina.
Dos noticias muy importantes para Argentina y su futuro en estos días. De signo opuesto. Una negativa: la compra «llave en mano» de una central nuclear de tecnología no probada -de eso AgendAR dio su opinión aquí. Otra positiva: la recuperación de la planta nucleoeléctrica cordobesa de Embalse por técnicos argentinos.Publicamos la 1° parte de este artículo de Daniel Arias que echa luz sobre ambas.
30 AÑOS MÁS PARA LA CENTRAL NUCLEAR DE EMBALSE
En un país donde sólo la recesión impide los apagones masivos, ésta es una noticia MUY buena: como antes lo hicieron otras dos centrales CANDU en Canadá y Corea la planta nucleoeléctrica cordobesa de Embalse fue laboriosamente “retubada” desde diciembre de 2015 hasta el 7 de septiembre pasado. Ahora empiezan, minuciosos, los testeos escalonados de la puesta en marcha. Embalse vuelve.
Estará entregando electricidad a la red en la 2da. semana de noviembre, licenciada para hacerlo 25 años más a su nueva potencia nominal: 686 MW eléctricos netos. Es un 6% más que la que tenía cuando nueva, y alcanza para dar servicio a 3 millones de habitantes con un factor de disponibilidad anual previsto del 93%. Cuando se necesita, está ahí. Como debe ser la potencia “de base”.
En términos comparativos, la “utility” eléctrica cordobesa EPEC tiene 1853 MW instalados en 7 centrales hidráulicas y 8 térmicas, que están lejos de empardar la disponibilidad de la nucleoeléctrica a orillas del lago artificial de Río Tercero. ¿Funciona Córdoba sin Embalse? Desde los ’90, el cordobés de a pie pagó siempre caro el kw/h, pero desde que Embalse paró para “retubar” (fines de 2015), la vida es tarifazos y caídas de tensión. Eso sucede pese al cierre de muchas fábricas y el bajo factor de ocupación de las que resisten, en mínimos como no se los ve desde 2001. Si no hay apagón puro y duro, en horas veraniegas pico, el aire acondicionado ventila más de lo que refrigera.
En sus primeros 30 años de vida Embalse figuró entre las 10 centrales nucleoeléctricas con mayor “uptime” del mundo: un 87,6% de factor de disponibilidad desde 1984 hasta 2015. Casi no tuvo paradas inesperadas por desperfectos y las programadas de mantenimiento se cumplieron en tiempo y forma.
El aumento de 6 puntos en disponibilidad no emerge de conjeturas matemáticas sino de la performance de Point Leprau, New Brunswick, Canadá, y de Wolsong, Corea, otras CANDU 6 ya “retubadas”. 25 “años/reactor” de licenciamiento equivalen a 30 años de calendario, porque se suman paradas que inevitablemente serán más frecuentes y largas hacia finales de su segunda vida. Funcionará hasta 2048.
Cada año en línea Embalse ahorrará emisiones de dióxido de carbono equivalentes a las emitidas por 900.000 automóviles (toda Córdoba tiene 1,2 millones). En la Argentina el 64% de la electricidad es térmica, ergo contaminante doble y problema triple: por un lado disminuye la expectativa promedio de vida en las ciudades por EPOC, cáncer, trastornos inmunes y cardiovasculares. Por otro lado, contribuye al recalentamiento global. Y de yapa, nos endeuda en importaciones de gas y combustibles líquidos.
La electricidad en Córdoba seguirá siendo cara: NA-SA genera a U$ 47,5 el MW/h, bien por debajo de las nuevas eólicas, que tienen asegurados U$ 105 el MW/h por contrato y prioridad de despacho. En La Docta la incidencia de sequía del verano 2017/18 en los lagos hidroeléctricos se sumó a la ausencia de la nuclear, el pilar energético de la región Centro. Quizás este verano de 2018/19 las heladeras se quemen menos y los equipos de aire acondicionado logren enfriar. Hasta en Greenpeace deben rogar que Embalse vuelva al ruedo, aunque jamás lo confiesen: sería pésimo para el negocio.
Las CANDU 6 son buenas centrales, fabricamos su combustible desde 1984 y podríamos hacer cuantas querramos con el porcentaje de componentes locales que logremos negociar… pero despídase de ellas. Este año el gobierno descartó la oferta de una Enhanced CANDU de 750 MW financiada al 75% a construir en Lima, al lado de las Atuchas I y II, por lo que ya se la llamaba Atucha III. China nos venía tentando con esta unidad a cambio de que le compráramos “llave en mano” una Hualong I de 1180 MW de uranio enriquecido. Esto dividió aguas en el ambiente nuclear. Unos decían: “Agarrá la CANDU, que va a tardar 5 años en entrar en línea, y después vemos”. Otros, en cambio, objetaban:
¿Uranio enriquecido? No producimos ese combustible. Si llegamos a tener algún lío diplomático serio por pesca, infraestructura, deuda o lo que sea con China… es apagón.
No hay experiencia con las Hualong I ni en China, donde se está terminando el primer prototipo. Tal vez sea excelente pero antes debería mostrarlo en origen. Es una compra a ciegas.
De todos modos, a fines de 2015 era lo que estaba pactado con el gobierno chino y la CNNC (Chinese National Nuclear Corporation), que se compró prácticamente el “franchising” de CANDU. Pero desde que asumió el presidente Mauricio Macri, su ex ministro de Energía y sus sucesivos cancilleres frenaron con distintos argumentos el arranque de obra de Atucha III, hasta que en mayo de 2018 finalmente la descartaron. Basta de CANDU.
Van “de cabeza” por la Hualong I, con una compra “llave en mano” que habría sido vergonzosa en los ’60, cuando no teníamos ninguna experiencia en centrales nucleoléctricas, pero 60 años más tarde es inadmisible. Piensan dejar todo firmado con Xi-Jinping el 2 de diciembre, cuando haya terminado la Cumbre del G20 en Buenos Aires. El próximo gobierno, acogotado en deudas, difícilmente tenga margen para renegociar esta agachada. Sobre esto, AgendAR fijó posición aquí. Y la expresidente de la CNEA, Norma Boero, opinó lo siguiente.
CANDU Energy pierde, pero la CNNC exulta: les faltaba ver un pescado que escupa la carnada para tragarse directamente el anzuelo.
2. ¿Por qué la extensión de vida útil de Embalse?Embalse con nuevo look: construcción anexa y 6 generadores diésel para refrigerar el núcleo.
La pregunta ya quedó muy contestada: “descarboniza” un poco nuestra matriz energética y la emisión de gases invernadero del país y de Córdoba, además de dar estabilidad eléctrica al centro del país. Pero hay otras respuestas.
¿Cuánto pagó China a fines de milenio por 2 CANDU 6, Qinshan 4 y 5? Son versiones modernizadas de Embalse previstas para durar 60 años. Las compró CNNC (China National Nuclear Company) con el cambio de milenio y le costaron unos U$ 4000 millones por pieza. Con la inflación del dólar da U$ 5600 millones de hoy, sin contar costos futuros de retubamiento.
Hechas las cuentas, los U$ 2150 millones pagados por el retubado y repotenciación de Embalse son razonables. Lo que alivianó la factura es que casi toda la obra se hizo con empresas, componentes y personal argentinos, en pesos y sin exportar dólares, salvo casos inevitables. La lógica era fortalecer la industria local y los recursos humanos de NA-SA para luego derivarla a Atucha III.
En ocasión del retubamiento, los contratos de Embalse se limitaron a CANDU Energy por asesorías, y Mammoet (holandesa) por mover componentes gigantes, como los generadores de vapor. Las piezas de reposición se hicieron íntegramente en el país (CONUAR hizo los tubos un “U” de incoloy, IMPSA los cartuchos). Y Mammoet, que en holandés significa muy adecuadamente “Mamut”, coreografió el intrincado ballet de 2500 toneladas de máquinas y componentes en el interior del edificio de contención. Vale la pena ver un video de esa paquidérmica danza de fierros gigantes y humanos diminutos:
Pero a la hora de pagarle a los humanos diminutos, el 97% de ellos eran compatriotas. ¿Se entiende de qué iba la cosa? La plata del retubado quedó mayormente en casa.
Todo iba de acuerdo a planes cuando nos cayó la “inexplicable” decisión presidencial de cajonear Atucha III, un clon muy modernizado de Embalse como toda Enhanced CANDU. NA-SA con su experiencia y la heredada de la vieja Dirección de Centrales Nucleares de la CNEA la podría diseñar, fabricar y montar a ojos cerrados. Lo inexplicable se explica así: el State Department no ve con alegría que Argentina sea cabecera de desembarco en Sudamérica de China como oferente nuclear. Ni siquiera en un aséptico plan inicial de financista.
En su rivalidad por controlar políticamente la región, EEUU y China tienen un interés común negociable: ninguno de ambos países tiene interés en que la Argentina tenga diseño propio en centrales medianas del rango 700 MW. Desde que INVAP hizo autónoma a Argentina en reactores de investigación, EEUU perdió en todas las licitaciones en que se presentó contra la firma barilochense, salvo una (Tailandia).
Y no es que en materia de centrales nucleoeléctricas, animales muy distintos de los reactores de investigación, los EEUU tengan fierros competitivos: arriman por tecnología, pero lo que es por costos, se cayeron del ring en los ’80 y lo saben.
En este nuevo milenio, las divisiones nucleares de las dos mayores empresas eléctricas estadounidenses fueron de aquí para allá como valija de loco. Westinghouse, la inventora en los ‘50 del reactor presurizado con uranio enriquecido (PWR, Pressured Water Reactor), con más de 260 unidades propias o copiadas bajo licencia en mundo, en 2006 fue comprada por Toshiba en apenas U$ 5400 millones, precio menor al de una unidad PWR típica. Parece como canjear un “feedlot” por un asado, pero este año la firma japonesa declaró quiebra y revendió Westinghouse a Brookfield, una ignota propietaria canadiense de edificios y shoppings con una división de ingeniería, por U$ 3680 millones: media parrillada.
General Electric, otro ícono nucleoeléctrico, tras pagar buena plata por la compra de su competidora francesa Alstom, tuvo que hacer joint-venture con Hitachi. Parecía que se comían el mundo, pero empezaron a acumular balances en rojo y ahora ambas acaban de revender GE-H a la BWXT, la vieja Babcock & Wilcox nuclear más un astillero canadiense.
Mientras China, Rusia y Corea se vuelven los nuevos grandes jugadores globales, el átomo yanqui es un Lázaro que NO resucita ni en su casa. Pero hay guerra comercial y Washington tiene que marcarle a Beijing la cancha sudaca, y de paso también aclararle a Ottawa y a Buenos Aires que aunque el Tío Sam ya no tenga grandes figuras y cero “jogo bonito” en cancha argentina, todavía dirige la FIFA. Bueno, eso cree. (Continuará)
La semana pasada hubo un tiempo de calma en la tormenta cambiaria que empezó en abril/mayo de este año. El precio del dólar paró de subir -para ser más precisos: el valor del peso argentino dejó de desplomarse, y hasta subió un par de puntos, sin que el Banco Central tuviera que vender divisas.
Como cuando el sol sale después de una lluvia, la naturaleza (financiera) empezó a dar señales positivas: el índice que refleja a la Bolsa argentina, el Merval, recuperó pérdidas y avanzó, las acciones en Nueva York de empresas locales, los ADR, también mejoraron su cotización, el riesgo país bajó…
Pero… apareció la posibilidad de un pequeño malentendido. Durante esa semana anterior, los medios afines a la política del gobierno actual hablaron y escribieron sobre un nuevo aporte del F.M.I., por sobre los 50 mil millones de dólares que se acordaron en mayo. Las cifras que se mencionaban insistentemente eran 15 o 20 mil millones de dólares mas.
Y en este fin de semana, mientras Mauricio Macri viajaba a Nueva York para reunirse con fondos de inversión, recibir premios y sacarse una foto con Christine Lagarde, la directora del F.M.I., el gobierno dejó trascender que el refuerzo sería solo de entre 3 y 5 mil millones de dólares. Bajón.
Ayer lunes el dólar volvió a subir (moderadamente), y el Central tuvo que vender U$ 120 millones para contenerlo; el Merval y los ADR cayeron, y el riesgo país volvió a subir por encima de los 600 puntos.
En AgendAR sostenemos que el problema argentino no pasa por si este malestar es pasajero, o no. Y menos aún por el monto del eventual auxilio del Fondo.
Lo grave es que la reacción de inversores y especuladores, de los capitales que el gobierno trata de seducir, parece depender exclusivamente de si el gobierno recibe o no fondos suficientes para pagar los vencimientos de sus deudas.
Porque si se le presta dinero, es obvio que en algún momento tendrá que devolverlo. ¿Qué hará entonces? ¿Buscar endeudarse aún más, porque los intereses aumentan la carga?
El Estado argentino debe recaudar más de lo que gasta, para no tener que endeudarse. Y la Argentina debe producir con sus exportaciones más divisas que las que necesita para pagar sus importaciones. Es muy simple, e inescapable.
El gobierno, en lugar de esforzarse para «generar confianza», para que le presten plata, debe ofrecer un plan para lograr esos dos objetivos. Vale lo mismo para cualquier gobierno que lo suceda. Todo lo demás es ilusión.
La Argentina y China acordaron una ampliación del intercambio de monedas (swap) por hasta USD 9.000 millones, con el cual el intercambio de divisas con el gigante asiático alcanzará los USD 20.000 millones.
Se trata de una extensión del acuerdo firmado en octubre de 2014, cuando se negoció un intercambio equivalente a 11.000 millones de dólares.
Las negociaciones con el gigante asiático fueron llevadas adelante en paralelo a la búsqueda de un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para la ampliación del crédito de USD 50.000 millones pactado en junio.
El gobierno de Mauricio Macri viene intentando abrir negociaciones con China desde principios junio pasado, aunque esto quedó en suspenso durante tres meses por la salida de Federico Sturzenegger de la autoridad monetaria.
Como explica el economista Martín Kalos, un swap es un acuerdo entre Bancos Centrales. En este caso, el de China le intercambia yuanes al argentino por pesos. Esos yuanes no tienen por qué entrar físicamente al país, pueden quedar en una cuenta en el Banco Central de China a nombre del BCRA.
Es por un plazo determinado. Cuando vence, el Central debe «re comprar» sus pesos, al tipo de cambio vigente del día del vencimiento y pagando una tasa de interés por el período en que tuvo ese préstamo de yuanes.
Cuentan como Reservas Internacionales disponibles para el BCRA. Hay muchos otros mecanismos de préstamos financieros a Bancos Centrales que también permiten incrementar reservas temporalmente, como los créditos del BIS, FMI u otros.
Las primeras exportaciones de gas natural a Chile luego de 11 años no se realizarán desde Vaca Muerta con la producción de shale gas, sino que comenzarán por proyectos radicados en la provincia de Tierra del Fuego.
Las primeras empresas serán la francesa Total y Pan American Sur (PAE).
El Gobierno nacional autorizó la exportación de gas natural a Chile de estas dos empresas en acuerdo con la canadiense Methanex, uno de los mayores productores de metano del planeta.
En total, las compañías acordaron que el envío sea de 1.500.000 de metros cúbicos por día hasta el 1ro de junio de 2020, desde el Área Cuenca Marina Austral–1 (jurisdicciones de la provincia de Tierra del Fuego y del estado nacional). Por ahora, Tierra del Fuego y Sana Cruz tienen el gas natural más barato de la Argentina, tal vez el último «gas fácil» mientras no se descubra más. El gas comparativamente más caro de la cuenca de San Jorge se destina por ahora a consumo argentino.
Como buena parte de la población pobre de Argentina está desabastecida de gas de red y viviendo de garrafas o quemando carbón y leña, incluso en las grandes urbes, la Secretaría de Energía esta vez salta con paracaídas. Sus resoluciones dicen que “los suministros previstos podrán ser interrumpidos a los fines de garantizar la seguridad de abastecimiento del mercado interno” y que “la autorización de exportación caducará automáticamente si transcurrido el plazo de noventa días computados a partir de la fecha de su publicación, no se efectivizare la primera exportación comercial de gas natural”.
Desde la secretaría también informaron que hay otros ocho pedidos de autorización de exportación de gas natural, uno correspondiente a la empresa alemana Wintershall. El volumen total de exportaciones autorizadas por el gobierno es de 479.250.000 m3, bajo condición interrumpible en todos los casos, y por el período que va desde la autorización hasta el 1° de junio de 2020.
Argentina no es un país gasífero sino con gas, pero cuando su política energética la fijan los petroleros empieza a exportar como si fuera un emirato. Y geológicamente, no lo es. La exportación a Chile en épocas de Carlos Menem fue una de las dos causas por las que el yacimiento convencional de Loma de la Lata, cuya duración a principios de la presidencia de Raúl Alfonsín se había estimado correctamente en 60 años incluso con una expansión sostenida del mercado interno, quedó despresurizada a principios de 2000.
Mientras duró, no fue un gran negocio. Al menos, para nuestro país. Chile compraba el gas argentino a U$ 2 el BTU y lo revendía 9 veces más caro. Entre tanto, quien quisiera fabricar electricidad a gas en Argentina con una central de ciclos combinados, compraba el fluido a U$ 0,80 el BTU. Tal vez sí éramos un emirato, pero geológicamente, nunca nos dio para tanto. Como consecuencia, cuando su reactivación económica de 2002 a 2014, la Argentina tuvo que empezar a importar gas, y llegó a hacerlo por U$ 5000 millones/año.
Es que para ser un emirato no alcanza ni vaca ni camello ni niño muerto: hay que tener mucho gas, y del que dura, como era el caso de Loma de la Lata. No es la situación actual. El «fracking» puede lograr cifras apabullantes de producción, pero ¿cuánto aguanta? Las formaciones difíciles suelen ser de corta vida: 20 años, tal vez.
Hoy importamos gas desde Bolivia, producimos cada vez más gas «difícil» en Vaca Muerta (con un impacto hídrico 100 veces mayor que en la vieja Loma de la Lata), regasificamos GNL importado desde los emiratos, importamos gas desde Chile en invierno (los vecinos lo compran líquido, lo regasifican y mandan para quí) y ahora que pasó el frío lo exportamos por los mismos ductos. No tenemos pero exportamos. Un panorama energético clarísimo.
¿Y el autoabastecimiento? Antes de irse, el mejor exministro de Energía de la Shell, el ingeniero Juan José Aranguren, autor de la aparente confusión actual, aclaró en numerosas ocasiones que eso no era un asunto de peso.
De dólares, tal vez: la Shell está en ambos lados de la cordillera, y es el principal operador mundial de GNL. Plinc, caja, toda vez que se mueve gas por mar o a través la cordillera, sin importar si va o viene.
El dato puede servir para entender por qué Aranguren impidió la construcción de la central nucleoeléctrica Atucha III desde 2015 hasta mayo de 2018, cuando la cajoneó definitivamente, y por qué su sucesor Javier Iguacel habla de empezar otra nuclear enteramente distinta… en 2022. Sin apuro.
La entidad Industriales Pymes Argentinos (IPA) pidió la pesificación del valor de la energía y el congelamiento de los aumentos de tarifas por 180 días para dar previsibilidad al sector, entre otras medidas orientadas a contener los gastos totales de las fábricas.
Señalaron que el costo de la energía que pesa sobre las empresas fabriles representan un 24% de los gastos totales de las fábricas, y que su traslado a los precios de las góndolas explica el 30% de la inflación.
De esta forma, IPA le presentó al gobierno nacional una iniciativa que, entre otros puntos salientes, reclama retrotraer el aumento de tarifas a marzo pasado y congelarlas por seis meses.
El presidente del IPA, Daniel Rosato, y otro directivos dialogaron con el secretario Pyme, Mariano Mayer, a quien le señalaron que los aumentos en los costos energéticos para el sector manufacturero se multiplicaron por 20 desde el 2015.
En días en los que las ventas de autos están cayendo, empieza a cobrar importancia una herramienta que se presenta como posible salvadora en medio de la crisis: el plan de ahorro, un instrumento que todas las marcas ofrecen a sus clientes y que en la Argentina utiliza el 50% de las personas que compran un vehículo financiado.
Según datos de la Asociación Argentina de Concesionarios (Acara), en el país 50,8% de los autos se venden al contado; 48,1%, con prenda y 1,1%, con leasing.
De este 49,2% que se hace mediante financiación, la mitad es a través de plan de ahorro.
En Acara explican que se aceleraron las ventas por plan de ahorro, porque el mercado convencional (de contado) se cayó mucho más, dado que hay menos dinero en la calle. «Entonces, lo que sucede es que se adelantan las entregas por plan de ahorro, para mantener las ventas y que el desplome no sea mayor».
Actualmente hay 260.000 autos de stock y las marcas se los quieren sacar de encima, porque les significa un costo tenerlos parados.
Hernán Guzmán, gerente de Autoahorro del concesionario Guido Guidi, cuenta que en lo que va del año en su empresa tuvieron 90% más en ventas por medio de planes de ahorro que en igual período de 2017. «Estamos entregando 550 planes mensuales, 300
más que el año pasado. El crecimiento fue paulatino y se registró un aumento de 10% mes a mes».
Diego Lepera, gerente de Ventas Autoahorro de Volkswagen Argentina, opina que los planes de ahorro siguen siendo la opción más elegida por los compradores a la hora de acceder a un 0 kilómetro de forma financiada. «Es uno de os canales más importantes de ventas, está en segundo puesto después de la venta cara a cara en el concesionario».
Con la compañía del volcán Malacara y de vientos que pueden superar los 130 kilómetros por hora, los ingenieros y técnicos argentinos de la estación mendocina de seguimiento de satélites de la Agencia Espacial Europea (ESA) –ubicada a 40 kilómetros de Malargüe– trabajan desde hace meses para que la antena y los equipos de comunicación estén listos para el próximo lanzamiento de BepiColombo, con destino a Mercurio.
La primera misión de la ESA al planeta más cercano al Sol mantendrá el vínculo con la Tierra durante su viaje de más siete años –y una vez en la órbita de Mercurio–, a través de las tres antenas de Espacio Profundo ubicadas en Argentina, Australia y España.
“Desde todas las estaciones que componen la red se establecen canales de telecomando y de telemetría para saber el estado del satélite y recibir la información cuando esté haciendo ciencia en el destino”, explicó Diego Pazos, director de operaciones satelitales de Telespazio, empresa que le brinda el servicio a la ESA.
By National Aeronautics and Space Administration (NASA) /Wikipedia
Una vez realizado el lanzamiento de BepiColombo desde la Guayana Francesa, previsto para el 20 de octubre, Malargüe entrará en comunicación con la nave cuatro horas después, ya que las estaciones se van rotando en función de la posición. La coordinación se realizará desde el Centro Europeo de Operaciones Espaciales, ubicado en Alemania.
La estación brindará comunicación a los dos satélites de BepiColombo: el Orbitador Magnetosférico de Mercurio, de la agencia espacial japonesa, y el Orbitador Planetario de Mercurio, de la ESA, que viajarán juntos como una sola nave hasta llegar a destino, donde se separarán.