Telefonica de Argentina sumará a Netflix a su oferta de contenidos
Telefónica y Netflix firmaron un acuerdo por el cual los servicios de Netflix se integrarán en las plataformas de vídeo y televisión de Telefónica en Europa y América Latina, según anunció la empresa de telecomunicaciones.
«Este acuerdo supone un gran paso adelante en la apuesta de Telefónica por la innovación abierta y la colaboración con compañías líder de todo el mundo», señaló Álvarez-Pallete.
Hastings resaltó que «millones de clientes disfrutarán de este acuerdo en los próximos años, clientes que podrán acceder fácilmente a sus series y películas favoritas de Netflix a través de las plataformas de Telefónica».
Un empresario quiere resucitar el mítico «Rastrojero»
Un empresario bonaerense quiere fabricar, en Rosario, una nueva versión del mítico Rastrojero. El vehículo, creado hace 66 años, contaría en esta segunda vuelta con un motor eléctrico de origen japonés. Y con una capacidad de carga de hasta una 1000 kilográmos.
«Estamos trabajando desde hace 6 años y ya estamos desarrollando el diseño del chasis del nuevo Rastrojero. La idea es fabricar esta camioneta en una planta del cordón industrial de Rosario», contó Carlos Ptaschne, el impulsor del proyecto.
El empresario dijo que detrás de este ícono de la industria nacional «hay un grupo de pequeñas y medianas empresas de capitales argentinos». Y agregó que el objetivo del Nuevo Rastrojero sería el mismo del creado hace 66 años: un bajo costo operativo, robustez y facilidad de compra».
Se fabricaría con doble tracción o con tracción trasera, en todos los casos impulsado por motores eléctricos japoneses que le permitirán desarrollar una velocidad máxima entre 115 y 120 kilómetros por hora.
La primera serie del Rastrojero fue lanzada el 1° de mayo de 1952.
Fabricado desde 1952 hasta 1980, en total se produjeron 140.000 unidades del Rastrojero original (sin contar las versiones frontales lanzadas a partir de 1969), que también fue exportado a Cuba, Chile, Perú, Uruguay y Bolivia.
LOS NUEVOS TERRITORIOS ARGENTINOS – 1° parte
(Esta nota fue publicada en tres partes; la 2° está aquí, y la 3° aquí)
La Argentina, como se recuerda en documentos de nuestra Cancillería, fue uno de los primeros países que destacó el alcance de sus derechos de soberanía sobre la plataforma continental, en su condición de Estado con costas oceánicas. En 1916 el almirante Segundo Storni desarrolló una doctrina que reivindicaba los derechos sobre la plataforma continental y todos los recursos que en ella existían.
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En 1944 la Argentina declaró zona de reserva minera a la plataforma continental. Después, en 1946, lo hicieron los EEUU. El asunto estaba en el aire: el 28 de septiembre de 1945 (al toque de concluida la Segunda Guerra Mundial) el presidente Harry Truman había reclamado para su país los “recursos naturales del subsuelo y del lecho marítimo de la Plataforma Continental bajo el alta mar”. En sintonía, el gobierno argentino dictó el Decreto N° 14.708/46, poniéndole marco legal a su reclamo de 1944.
Esta norma legal reivindicó la soberanía argentina sobre el mar epicontinental y el zócalo continental. El decreto sostuvo como fundamento que se trata de una norma consuetudinaria, e hizo referencia al concepto de prolongación natural del territorio.
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En 1966, la Ley N° 17.0945 -en coincidencia con la Convención de Ginebra sobre la Plataforma Continental de 1958- reafirmó la soberanía argentina «sobre el lecho y el subsuelo de las zonas submarinas adyacentes a su territorio hasta una profundidad de doscientos metros o más allá de este límite, hasta donde la profundidad de las aguas suprayacentes permitiera la explotación de los recursos naturales de dichas zonas». La letra es deliberadamente vaga, porque lo que fija la posibilidad de explotación (y con ello, la soberanía) no es un dato geológico relativamente fijo (la profundidad) sino otro en rápida evolución: la capacidad tecnológica de perforar por petróleo o extraer minerales de los fondos y en la columna de agua.
Hasta ahí, la afirmación de nuestros derechos. Un paso necesario. Pero faltaba hacerlos reconocer por el resto del mundo, máxime con EEUU, Canadá, Australia y otros países con grandes plataformas expandiendo sus soberanías marítimas fuera de ellas y de modo casi unilateral. Esa ha sido una tarea del Estado que llevó casi veinte años, bajo distintos gobiernos.
La República Argentina presentó el 21 de abril de 2009 ante las Naciones Unidas la documentación -que se había estado elaborando desde 1997- con la cual reclamaba un territorio de más de 1.500.000 de kilómetros cuadrados, al extender los límites de su plataforma continental desde las 200 hasta las 350 millas desde la costa.
El 28 de marzo de 2016 nuestra cancillería presentó el nuevo límite exterior de la Plataforma Continental Argentina, que, con el reconocimiento de las Naciones Unidas, incorpora 1.700.000 kilómetros cuadrados, 200.000 km2 más de nuestro reclamo original, y el equivalente a un 35 % de la superficie seca actual. O un 48% más de áreas bajo soberanía (que será contestada, a no hacerse ilusiones).
Según informó la entonces ministro Malcorra “La Comisión del Límite Exterior de la Plataforma Continental, órgano científico integrado por 21 expertos internacionales de reconocido prestigio y creado por la Convención de la ONU sobre Derecho del Mar, adoptó por consenso, es decir sin votos en contra, las recomendaciones sobre la presentación argentina”.
Y, vale la pena marcarlo, el vicecanciller Carlos Foradori recordó que ese logro “es algo que ha venido gestándose a lo largo de muchos años, no es un trabajo de un gobierno, sino una política de Estado”.
La historia de este esfuerzo, en el que trabajaron diplomáticos, juristas, geógrafos, científicos y marinos con muy distinto palo político, o de ninguno en especial, merece ser contada. Es una epopeya argentina que terminó en un triunfo, del que tal vez hoy no podemos apreciar del todo su significado. Le pedimos a Daniel Arias que la cuente. Y, también, algunas sugerencias sobre lo que podemos hacer ahí abajo. Ah, y feliz día de la Patria.
Argentina tiene un 48% más de territorio soberano
Las plataformas continentales y sus límites externos, nuevas zonas de conflicto soberano mundial. Allí CONVEMAR, órgano de la ONU, nos acaba de dar 1.782 millones de km2 de nuevo territorio.
La CONVEMAR (Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, UNCLOS en gringo), amén de un muy buen trabajo científico, legal y diplomático de la COPLA (Comité sobre Límites Externos de la Plataforma), un organismo de la Cancillería, nos dieron soberanía limitada al fondo sobre 1,782 millones de km2 cuadrados de corteza terrestre muy sumergida. Es el 48% de nuestra superficie seca, o el 35% si suma “las 200 millas desde la línea de base”, de las cuales somos dueños desde los ’70.
Eso sí, los nuevos territorios empiezan a los 200 metros de profundidad y promedian los 4000, aunque hay zonas de 6000 y más. Por ahora, por esas zonas no da para desfile patriótico.
¿Qué hay por hacer ahí tan abajo? ¿Qué podemos, qué podríamos, qué nos dejarán, qué nos permitiremos? Son zonas casi inaccesibles. No tenemos fierros para explotarlas y mucho menos, defenderlas, como ser un portaaviones. ¿No lo empieza a extrañar un poco al ARA 25 de Mayo, viejo y menguado como era? ¿Y de submarinos cómo venimos, con uno de los dos mejores que teníamos, perdido, otros dos sobrevivientes que ya no navegan y dos más en construcción parada desde los ’90? Cualquier estadista que Ud. tropiece utilizaría esta noticia para revivir y “complejizar” nuestra industria naval, la estrictamente civil, la militar y la de uso dual. Como sea, todavía de eso no habló nadie. Hagámoslo nosotros, pues.
La noticia quizás le resulte vieja o borrosa. Tiene razón: se dio en marzo de 2016, cuando estábamos demasiado afectados por la devaluación de aquel momento como para registrarla, y menos aún, pensarla. Veo su pestañeo atónito. No se eche culpas por haberla borrado de su memoria, compatriota. Esto apenas si salpicó los medios y las mentes, y es difícil que lo haga hoy, tras otra devaluación brutal. En un contexto político-económico menos temible, tanto en lo nacional como en lo regional, serían buenas nuevas. Pero en el cuadro actual se mentaron inevitablemente poco y se evaporaron rápido. Sin embargo, son muy importantes.
Por este logro, la Dra. Frida Armas, coordinadora general de COPLA y su presidente, el vicecanciller Carlos Foradori, recibieron la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento, galardón máximo del Senado de la Nación.
Es un raro reconocimiento a algo aún más raro en nuestra historia: veinte años de agotadora continuidad de un elenco que incluye funcionarios de carrera del Ministerio de Economía, del Servicio Hidrográfico Naval (SHN) de la Armada, y a un plantel fijo de geodestas, hidrógrafos, geólogos, geofísicos, cartógrafos, oceanógrafos, diseñadores de sistemas de información geográfica, abogados y juristas en derecho internacional. Y ni hablar de oficiales, suboficiales y marineros de la Armada. Y de los convenios con muchos organismos y universidades públicas, que se mantuvieron a rajatabla, y no fue fácil.
Este reclamo la Argentina lo inició en 1997 y en 2001 estuvo a punto de perderlo por el colapso de su antiguo poder militar, la desinversión en ciencia, la indiferencia de los medios y no lo menos importante, debido a que alguien desvalijó a COPLA de sus fondos. Eran U$ 40 millones que incautó, seguramente para bien de la Argentina, cierto Ministro de Economía calvo y de grandes ojos celestes abocado entonces a un megavaciamiento bancario que hizo implotar el país.
Llevar adelante el reclamo de COPLA, inicialmente por “apenas” 1,5 millones de km2, no era barato: la Argentina carecía de barcos de investigación cuyos ecosondas tuvieran la potencia necesaria para escudriñar fondos a entre 3000 y 6000 metros. Contratar barcos ajenos aquel año salía U$ 700.000 sólo el traerlos aquí desde la prospección petrolera más cercana. Generalmente los tienen contratistas de petroleras o de “telcos” que buscan el mejor fondo para el tendido de fibra óptica submarina. También –y con equipamiento más complejo y diverso- hay barcos aún mejores en los institutos oceanográficos de países como EEUU, Francia y Alemania, que se toman la ciencia marina en serio, porque es dinero y es poder.
Cantar propiedad sobre terrenos tan salados y remotos… sale salado. En marzo de 1997 CONVEMAR -las Naciones Unidas a través de CONVEMAR- decidieron la posibilidad de reclamos soberanos ya no sobre las 200 millas desde la “línea de base” costera, sino incluso hasta las 350, si correspondía. Pero las últimas 150 millas la agencia las restringió sólo al uso de fondos, sin soberanía sobre la columna de agua, y aclaró que las daría exclusivamente a los países que acreditaran con buenos estudios científicos la tenencia potencial de recursos energéticos, mineros y biológicos a pie de talud.
Fuimos beneficiarios indirectos. Esto venía impulsado por EEUU, Canadá y Australia, países con grandes plataformas y mucho territorio para ganar. Los rusos, japoneses y chinos en cambio no ganaban mucho, por cuestiones de geomorfología de pie de talud. Si ahí hay sedimentos blandos gruesos acumulados en una lomada llamada “emersión”, el país reclamante puede pedir las 350 millas completas. En escenarios sedimentarios menos gloriosos, el pedido puede restringirse a apenas 60 millas más desde el pie del talud. Eso desató una demanda febril (y mundial) de barcos bien equipados y una pandemia de estudios de límites externos de plataformas.
Llovía sopa y nosotros con tenedor. No éramos los únicos apurados: el 13 de marzo de 2009 CONVEMAR dejaba de recibir reclamos. Lo que no hubieras fundamentado como tuyo antes de esa fecha, se volvería “patrimonio de la Humanidad”, lo administraría la International Seabed Authority (ISA), creada ad-hoc por la ONU, y si a futuro querías prospectar tales sitios por recursos, tendrías que pedir permisos (caros). Alpiste.
Logotipo de la joven International Seabed Authority (ISA). Por fin una agencia internacional a la que al parecer no tendremos que pagarle un peso.
Y efectivamente, hoy si golpeás la puerta de la la ISA en Kingston, el número 20 de Port Royal Street, Kingston, Jamaica, te van a dar un café Blue Mountains que te hará entender que has vivido en vano, van cobrarte un ojo por una concesión de 150.000 km2, van a extenderte una licencia transitoria de 15 años y darte un catálogo de recomendaciones ambientales, nada fáciles de respetar a profundidades de llanura abisal, y eso como para que la pienses 10 veces antes de lanzarte. Luego te van a decir “Ojo con el ‘bentos’, attenti a los clastratos, cuidame los holutorios, good luck, Bro!”, espaldarazo y… su ruta.
Mientras te vas con tu mapa de prospección, algunas aclaraciones: el “bentos” no es un Volkswagen de alta gama ni la torre de dólares que acabás de pagar, sino los organismos fijos del fondo, entre ellos esa clase de equinodermos llamados holutorios, sobrerrepresentados por los pepinos de mar. Cuando hayas averiguado para qué y cómo, también podés explotarlos, según la ISA, pero sin exterminarlos, ojo.
Sigo aclarando mientras oscurece en Kingston y vas por otro Blue Mountains. Los clastratos no son señores emasculados en su niñez para cantar con voz de soprano o mezzo el resto de su vida, como sugiere su nombre. Por el contrario, son cúmulos abisales de metano congelado. Si encontrás el modo de traerlos encapsulados a la superficie para quemarlo, pero sin que burbujeen y se dispersen en la atmósfera (eso agravaría el calentamiento global), te espera un Nobel, fija.
Los pepinos de mar por ahora no nos sirven de un ídem, pero eso porque la ciencia tiene menos currículum abisal que fóbal la revista “Para Ti”. No descartes que estén llenos de soluciones en busca de problemas médicos o de tecnología de materiales. Tampoco descartes que no. Sospechá libremente que si son tan frecuentes en el extraño ecosistema abisal, alguna función cumplen en la química global del mar. No te olvides de que esas llanuras barrosas de las que ahora tenemos ideas muy vagas son el paisaje más frecuente del planeta: cubren el 50% del mismo. Conocemos más la Luna, en comparación.
Los hidrocarburos y metales valiosos y/o raros presentados como nódulos o como costras (con bastante cobre, cobalto, la familia química del platino) parecen, por ahora, el premio gordo de los fondos. Son cosas que ranquean en los mercados de commodities. Pero el petróleo o la minería tan profundos todavía no son competitivos con su extracción terrestre u “off-shore” en las mucho más someras plataformas continentales, o en los taludes de las mismas.
Pese a ello, la ISA ya expidió 15 licencias, por la mayor parte de minería de nódulos de manganeso en la zona abisal Clayton-Clipperton, que va desde el límite externo del reclamo mexicano sobre fondos del Pacífico hasta las inmediaciones de las islas Hawaii. Es que entre los países que se toman en serio sus intereses marítimos, hay estrategas que ya tratan de afilar la tecnología porque anticipan décadas las jugadas de los mercados, donde ganarán plata gracias al pelotón de giles que corren tras la pelota. Cuando el Mingo dejó sin plata a COPLA, nos puso en un tercer grupo: los que no juegan.
Salir de ese exilió costó aproximadamente 1 millón de horas/hombre de trabajo argento experto. El asunto, estimad@s, es que ganamos. Nos dieron más de lo que reclamábamos. Sin abstenciones. Qué desconcierto… ¿y ahora qué hacemos?
Las plataformas continentales y sus límites externos, nuevas zonas de conflicto soberano mundial. Allí CONVEMAR, órgano de la ONU, nos acaba de dar 1.782 millones de km2 de nuevo territorio.
La CONVEMAR (Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, UNCLOS en gringo), amén de un muy buen trabajo científico, legal y diplomático de la COPLA (Comité sobre Límites Externos de la Plataforma), un organismo de la Cancillería, nos dieron soberanía limitada al fondo sobre 1,782 millones de km2 cuadrados de corteza terrestre muy sumergida. Es el 48% de nuestra superficie seca, o el 35% si suma “las 200 millas desde la línea de base”, de las cuales somos dueños desde los ’70.
Eso sí, los nuevos territorios empiezan a los 200 metros de profundidad y promedian los 4000, aunque hay zonas de 6000 y más. Por ahora, por esas zonas no da para desfile patriótico.
¿Qué hay por hacer ahí tan abajo? ¿Qué podemos, qué podríamos, qué nos dejarán, qué nos permitiremos? Son zonas casi inaccesibles. No tenemos fierros para explotarlas y mucho menos, defenderlas, como ser un portaaviones. ¿No lo empieza a extrañar un poco al ARA 25 de Mayo, viejo y menguado como era? ¿Y de submarinos cómo venimos, con uno de los dos mejores que teníamos, perdido, otros dos sobrevivientes que ya no navegan y dos más en construcción parada desde los ’90? Cualquier estadista que Ud. tropiece utilizaría esta noticia para revivir y “complejizar” nuestra industria naval, la estrictamente civil, la militar y la de uso dual. Como sea, todavía de eso no habló nadie. Hagámoslo nosotros, pues.
La noticia quizás le resulte vieja o borrosa. Tiene razón: se dio en marzo de 2016, cuando estábamos demasiado afectados por la devaluación de aquel momento como para registrarla, y menos aún, pensarla. Veo su pestañeo atónito. No se eche culpas por haberla borrado de su memoria, compatriota. Esto apenas si salpicó los medios y las mentes, y es difícil que lo haga hoy, tras otra devaluación brutal. En un contexto político-económico menos temible, tanto en lo nacional como en lo regional, serían buenas nuevas. Pero en el cuadro actual se mentaron inevitablemente poco y se evaporaron rápido. Sin embargo, son muy importantes.
Por este logro, la Dra. Frida Armas, coordinadora general de COPLA y su presidente, el vicecanciller Carlos Foradori, recibieron la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento, galardón máximo del Senado de la Nación.
Es un raro reconocimiento a algo aún más raro en nuestra historia: veinte años de agotadora continuidad de un elenco que incluye funcionarios de carrera del Ministerio de Economía, del Servicio Hidrográfico Naval (SHN) de la Armada, y a un plantel fijo de geodestas, hidrógrafos, geólogos, geofísicos, cartógrafos, oceanógrafos, diseñadores de sistemas de información geográfica, abogados y juristas en derecho internacional. Y ni hablar de oficiales, suboficiales y marineros de la Armada. Y de los convenios con muchos organismos y universidades públicas, que se mantuvieron a rajatabla, y no fue fácil.
Este reclamo la Argentina lo inició en 1997 y en 2001 estuvo a punto de perderlo por el colapso de su antiguo poder militar, la desinversión en ciencia, la indiferencia de los medios y no lo menos importante, debido a que alguien desvalijó a COPLA de sus fondos. Eran U$ 40 millones que incautó, seguramente para bien de la Argentina, cierto Ministro de Economía calvo y de grandes ojos celestes abocado entonces a un megavaciamiento bancario que hizo implotar el país.
Llevar adelante el reclamo de COPLA, inicialmente por “apenas” 1,5 millones de km2, no era barato: la Argentina carecía de barcos de investigación cuyos ecosondas tuvieran la potencia necesaria para escudriñar fondos a entre 3000 y 6000 metros. Contratar barcos ajenos aquel año salía U$ 700.000 sólo el traerlos aquí desde la prospección petrolera más cercana. Generalmente los tienen contratistas de petroleras o de “telcos” que buscan el mejor fondo para el tendido de fibra óptica submarina. También –y con equipamiento más complejo y diverso- hay barcos aún mejores en los institutos oceanográficos de países como EEUU, Francia y Alemania, que se toman la ciencia marina en serio, porque es dinero y es poder.
Cantar propiedad sobre terrenos tan salados y remotos… sale salado. En marzo de 1997 CONVEMAR -las Naciones Unidas a través de CONVEMAR- decidieron la posibilidad de reclamos soberanos ya no sobre las 200 millas desde la “línea de base” costera, sino incluso hasta las 350, si correspondía. Pero las últimas 150 millas la agencia las restringió sólo al uso de fondos, sin soberanía sobre la columna de agua, y aclaró que las daría exclusivamente a los países que acreditaran con buenos estudios científicos la tenencia potencial de recursos energéticos, mineros y biológicos a pie de talud.
Fuimos beneficiarios indirectos. Esto venía impulsado por EEUU, Canadá y Australia, países con grandes plataformas y mucho territorio para ganar. Los rusos, japoneses y chinos en cambio no ganaban mucho, por cuestiones de geomorfología de pie de talud. Si ahí hay sedimentos blandos gruesos acumulados en una lomada llamada “emersión”, el país reclamante puede pedir las 350 millas completas. En escenarios sedimentarios menos gloriosos, el pedido puede restringirse a apenas 60 millas más desde el pie del talud. Eso desató una demanda febril (y mundial) de barcos bien equipados y una pandemia de estudios de límites externos de plataformas.
Llovía sopa y nosotros con tenedor. No éramos los únicos apurados: el 13 de marzo de 2009 CONVEMAR dejaba de recibir reclamos. Lo que no hubieras fundamentado como tuyo antes de esa fecha, se volvería “patrimonio de la Humanidad”, lo administraría la International Seabed Authority (ISA), creada ad-hoc por la ONU, y si a futuro querías prospectar tales sitios por recursos, tendrías que pedir permisos (caros). Alpiste.
Logotipo de la joven International Seabed Authority (ISA). Por fin una agencia internacional a la que al parecer no tendremos que pagarle un peso.
Y efectivamente, hoy si golpeás la puerta de la la ISA en Kingston, el número 20 de Port Royal Street, Kingston, Jamaica, te van a dar un café Blue Mountains que te hará entender que has vivido en vano, van cobrarte un ojo por una concesión de 150.000 km2, van a extenderte una licencia transitoria de 15 años y darte un catálogo de recomendaciones ambientales, nada fáciles de respetar a profundidades de llanura abisal, y eso como para que la pienses 10 veces antes de lanzarte. Luego te van a decir “Ojo con el ‘bentos’, attenti a los clastratos, cuidame los holutorios, good luck, Bro!”, espaldarazo y… su ruta.
Mientras te vas con tu mapa de prospección, algunas aclaraciones: el “bentos” no es un Volkswagen de alta gama ni la torre de dólares que acabás de pagar, sino los organismos fijos del fondo, entre ellos esa clase de equinodermos llamados holutorios, sobrerrepresentados por los pepinos de mar. Cuando hayas averiguado para qué y cómo, también podés explotarlos, según la ISA, pero sin exterminarlos, ojo.
Sigo aclarando mientras oscurece en Kingston y vas por otro Blue Mountains. Los clastratos no son señores emasculados en su niñez para cantar con voz de soprano o mezzo el resto de su vida, como sugiere su nombre. Por el contrario, son cúmulos abisales de metano congelado. Si encontrás el modo de traerlos encapsulados a la superficie para quemarlo, pero sin que burbujeen y se dispersen en la atmósfera (eso agravaría el calentamiento global), te espera un Nobel, fija.
Los pepinos de mar por ahora no nos sirven de un ídem, pero eso porque la ciencia tiene menos currículum abisal que fóbal la revista “Para Ti”. No descartes que estén llenos de soluciones en busca de problemas médicos o de tecnología de materiales. Tampoco descartes que no. Sospechá libremente que si son tan frecuentes en el extraño ecosistema abisal, alguna función cumplen en la química global del mar. No te olvides de que esas llanuras barrosas de las que ahora tenemos ideas muy vagas son el paisaje más frecuente del planeta: cubren el 50% del mismo. Conocemos más la Luna, en comparación.
Los hidrocarburos y metales valiosos y/o raros presentados como nódulos o como costras (con bastante cobre, cobalto, la familia química del platino) parecen, por ahora, el premio gordo de los fondos. Son cosas que ranquean en los mercados de commodities. Pero el petróleo o la minería tan profundos todavía no son competitivos con su extracción terrestre u “off-shore” en las mucho más someras plataformas continentales, o en los taludes de las mismas.
Pese a ello, la ISA ya expidió 15 licencias, por la mayor parte de minería de nódulos de manganeso en la zona abisal Clayton-Clipperton, que va desde el límite externo del reclamo mexicano sobre fondos del Pacífico hasta las inmediaciones de las islas Hawaii. Es que entre los países que se toman en serio sus intereses marítimos, hay estrategas que ya tratan de afilar la tecnología porque anticipan décadas las jugadas de los mercados, donde ganarán plata gracias al pelotón de giles que corren tras la pelota. Cuando el Mingo dejó sin plata a COPLA, nos puso en un tercer grupo: los que no juegan.
Salir de ese exilió costó aproximadamente 1 millón de horas/hombre de trabajo argento experto. El asunto, estimad@s, es que ganamos. Nos dieron más de lo que reclamábamos. Sin abstenciones. Qué desconcierto… ¿y ahora qué hacemos?
Continuará
El aumento de precio en los autos está afectando los planes de ahorro
En nuestro país los planes de ahorro previo existen desde hace décadas. Fue la forma de vender autos -que en Argentina tienen valores altos en relación a los ingresos- porque la financiación a tasas razonables no era viable con una inflación crónica. Este sistema de ventas representa hoy alrededor del 25% de la operaciones.
Pero las cuotas se van ajustando por las listas oficiales de las marcas. Sólo en mayo los 0 km aumentaron un 9% en promedio. En lo que va del año, se acumula un incremento de 20%. Las concesionarias dicen que se frenó la demanda y creció la morosidad.
La actividad industrial creció en abril el 6,1%, medido contra el mismo mes del año pasado
Se llegó a esta cifra impulsada por la producción automotriz, siderurgia, alimentos y bebidas, químicos y plásticos, y la de minerales no metálicos. Esto surge de un informe elaborado por la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas.
En relación con marzo pasado, la producción industrial de abril cayó 3% en la medición con estacionalidad, mientras que en en términos destacionalizados la retracción fue de 1,4%.
En base a estos últimos números, FIEL advirtió que la perspectiva de crecimiento de la actividad industrial para el corto «han mostrado un ligero deterioro» respecto a los meses previos.
El informe precisó, además, que en el primer cuatrimestre del año la actividad fabril acumuló una mejora de 4,4%.
Las consultoras proyectan que 2018 terminará con mayor inflación que 2017
Las principales consultoras del mercado ya proyectan que la inflación de este año superará a la de 2017. Los analistas consultados en la Encuesta de Expectativas Macroeconómicas indicaron que el aumento de los precios rondará el 26,5%; casi dos puntos por encima de los 24,8% del año pasado.
Si se compara con las proyecciones que los analistas hacían el mes pasado, el salto en las estimaciones es de más de cuatro puntos porcentuales, ya que en abril habían calculado que la inflación acumulada a diciembre de 2018 sería de 22%.
Este proceso de corrección al alza de las expectativas se viene dando de manera sostenida desde enero. En el primer mes del año y en la primera estimación después de que el Gobierno comunicó el cambio de la meta del 10% al 15%, la inflación proyectada para 2018 era de 18,5%. Los meses que siguieron fueron sumando sostenidamente algunos puntos: en febrero había estimado 19,9% y en marzo, 21%.
Las subas de este año le dejarán un piso alto al 2019. De acuerdo con las estimaciones, el año que viene la inflación será del 20%, diez puntos por encima de la meta del BCRA.
Punto por punto: dónde creció el déficit comercial
Según un trabajo elaborado por la consultora ABECEB, del experto Dante Sicca, el déficit del mes de abril fue el peor del 2018. Y la suma acumulada para el primer cuatrimestre del año consolida un aumento del 165% año contra año.
Los dos puntos más importantes del trabajo denotan que:
- Se derrumbó la exportación de soja por la sequía.
- Las importaciones desde China crecieron un 40%.
A partir de julio los combustibles aumentarían un 10%
Desde la Federación de Expendedores de Combustibles del Centro de la República (FECAC) estimaron que a partir de julio habrá un incremento de 10% en los combustibles.
Según adelantó Gabriel Bornoroni, de la FECAC, el acuerdo por congelamiento de precios entre el Gobierno y las petroleras está firme. «Es imposible que se rompa. Si lo rompen, el Gobierno tranquilamente podría volver a regular los combustibles y se acabó todo. Van a respetarlo y el 5 de julio habrá un aumento gradual, de alrededor de 10%. No será un incremento importante automático», dijo el dirigente empresario.
Según los cálculos de analistas del sector de las estaciones, el litro de súper en la ciudad de Buenos Aires ya debería cotizar por arriba de $ 35.
Apple trabaja con Volkswagen en autos autónomos
La reputación de la firma de la manzana hace que todos sigamos con atención estas noticias. Pero es importante tener claro que falta mucho para ver en las rutas autos sin conductor con el logo de Apple. Y aún más para que lleguen a Argentina, claro está.
Los rumores sobre la posibilidad de que Apple entrara en el negocio de los autos han existido durante años. En 2014 se conoció el primer dato y desde entonces mucho ha sucedido en Cupertino, California, aunque no ha habido éxito en todos los intentos por desarrollar un Apple Car.
Una nota de esta semana del New York Times arroja luz sobre el actual interés de Apple en el tema. La empresa del mítico Steve Jobs ha cerrado un acuerdo con Volkswagen para el diseño de una camioneta tipo «van» autónoma que servirá para el traslado de sus empleados dentro de sus instalaciones. El objetivo es transformar la T6 Transporter en un vehículo sin conductor.
Un paso modesto, por cierto. Pero no debemos engañarnos: esa es la dirección en que avanza la industria automotriz global. Y, tarde o temprano, la producción local deberá adaptarse.
Abril 2018: la mayor fuga de capitales desde Diciembre 2001
El mes pasado se logró un triste record: de los últimos 17 años, desde la salida de la Convertibilidad, Argentina acaba de registrar la mayor salida de capitales financieros en un mes.
El dato surge del balance cambiario del Banco Central y explica la escapada del dólar en mayo en la plaza local, y las dificultades que el Gobierno y el BCRA tuvieron para controlar la corrida contra el peso y la suba del riesgo argentino.
El informe muestra que la cuenta cambiaria que registra el movimiento de capitales cerró con un rojo total de US$ 4273 millones, condicionada por los egresos netos de US$ 3939 millones del sector privado no financiero y de US$ 1672 millones del sector financiero, que fueron «parcialmente compensados por los ingresos netos de US$ 1488 millones que hizo el sector público» para tratar de minimizar los daños que la brutal salida de capitales estaba causando a la economía.
El dato final es que se fueron de las reservas del Central US$ 7856 millones. Aunque la disminución fue menor ya que se registraron ingresos por US$ 2753 millones por préstamos del exterior.

