Los argentinos guardan fuera del sistema financiero local: la cifra a finales del año superó los US$277.793 millones.
Son datos difundidos por el Indec, en su informe trimestral “Balanza de pagos, posición de inversión internacional y deuda externa”, que corresponde al cuarto trimestre de 2023. Y esos $277.793 millones estimados tienen en cuenta los fondos atesorados en cajas de seguridad, el dinero de cuentas bancarias declaradas en el exterior y los billetes guardados “en el colchón”, tanto en dólares como en otras divisas.
La cifra, incluida en el segmento “Otras inversiones” de la sección de posición de inversión internacional del informe del ente estadístico oficial, refleja un crecimiento del 8,5% con relación al número estimado por el Indec un año atrás. En términos absolutos, son US$21.869 millones más que los US$255.924 millones estimados a fines de 2022.
La variación arroja un crecimiento real, más allá de la nominal, si se tiene en cuenta que la inflación en Estados Unidos en 2023 llegó al 3,4% interanual.
Casi un tercio del crecimiento de los fondos “en el colchón” de los argentinos se concentró en el último trimestre del año, en un contexto de incertidumbre política, estancamiento económico, brecha cambiaria en alza y dolarización de carteras. Según el Indec, este número creció en US$6848 millones (creció un 2,5% en tres meses).
“La acumulación de activos externos que quedan por fuera del sistema tiene larga data, por lo que la cifra actual, si bien es significativa, no es más que un reflejo de la continuidad de la debilidad en la demanda de pesos. Esto es en un contexto donde la inestabilidad macroeconómica es la norma más que la excepción, situación que se plasma en una desconfianza en los activos locales en un contexto de tasas reales sistemáticamente negativas dada la escalada de los precios”, dice Milagros Suardi, economista de la consultora EcoGo.
“El fenómeno se fue profundizando con el correr de los años, en tanto la economía convive con una restricción a la compra de dólares oficiales y una elevada brecha cambiaria. En el fondo, es un problema de desconfianza, en una economía que no crece, que no tiene crédito en pesos y menos en dólares, y que es a su vez un determinante para la imposibilidad de crecer”, agrega la analista.
Más allá del número, sirve cotejar ese crecimiento y el stock de fondos fuera del sistema con otras variables macro. Por ejemplo, los más de US$277.000 millones estimados por el Indec para el cierre de 2023 son casi diez veces las reservas brutas que hoy tiene el Banco Central (BCRA): según informó hoy el organismo, se ubicaron en US$28.261 millones.
La salida de fondos del sistema financiero local, la formación de activos externos y la dolarización de ahorros por parte de las familias es una dinámica que condiciona hace años a la economía argentina, en una tendencia permanente más allá de gobiernos y administraciones. La acumulación de sucesivas crisis económicas, cepos, confiscaciones de depósitos, inflación, cambios de moneda, déficit fiscal, emisión y pérdida del poder adquisitivo configuraron, además, un escenario de desconfianza hacia el sistema financiero local y de debilitamiento del peso, que, para muchos con capacidad de ahorro, no cumple con su función de resguardo de valor y refugio para ese capital.
En el día a día, el peso, que pierde poder adquisitivo por efecto de la inflación, es usado para concretar pagos y transacciones cotidianas (aunque cada vez más rubros, desde las propiedades o los autos a cuestiones de menores montos, como los instrumentos musicales, las reparaciones o la ropa importada, se cotiza y se realiza en dólares), y perdió su rol como reserva de valor. En consecuencia, miles de argentinos que tienen capacidad de ahorro recurren al dólar u otras divisas para intentar cuidar sus ahorros y esquivar la inflación.
El informe del Indec también considera otros segmentos en los cuales los argentinos mantienen sus ahorros fuera del sistema financiero local. De acuerdo con lo publicado hoy, en el concepto de “Inversión directa” (bienes, propiedades u otros activos físicos) los argentinos tenían declarados a fin de 2023 unos US$48.299 millones. Son US$4722 millones más que un año atrás, lo cual implica un crecimiento del 10,8% interanual.
En tanto, la categoría “Inversiones de cartera”, que incluye títulos públicos, acciones y otros instrumentos financieros, concentra unos US$88.226 millones, cifra que refleja un incremento interanual del 16,9%.
A 25 kilómetros de El Calafate, científicos argentinos encontraron restos de un animal llamado Patagomaia Chainko que habitó la región hace 70 millones de años.
Era un día de marzo de 2020. Ya había bajado el sol, la visibilidad no era del todo buena. Gastón Lo Coco recorría junto a otros investigadores la Formación Chorrillo, un área ubicada a 25 kilómetros de El Calafate, una zona montañosa dentro del campo “La Anita”, cuando se topó con unos huesos que llamaron su atención. Como ya era tarde, tomaron los restos que estaban a la vista, los guardaron en una bolsa plástica y marcaron el sitio para volver al día siguiente. Todavía no sabían que estaban ante un descubrimiento histórico.
“Cuando detectamos los restos fósiles, vimos que los huesos eran medianos, del grosor de un dedo de un adulto y largos, lo que era un indicio de que podía tratarse de una extremidad. En un principio no sabíamos si era parte del brazo, del antebrazo, de la mano de un réptil como una tortuga o un cocodrilo, incluso de un dinosaurio, o si se trataba de un mamífero. Había varias conjeturas que encajaban con lo que habíamos encontrado”, dijo Lo Coco, doctor en biología.
La expedición en la Formación Chorrillo no era azarosa. En ese sitio ya se había descubierto una diversidad asombrosa de fósiles con 70 millones de años de antigüedad: dinosaurios carnívoros y herbívoros, diferentes mamíferos pequeños, aves, reptiles marinos, caracoles, insectos y restos vegetales. La era Mesozoica, la de los dinosaurios, se hace presente en ese territorio.
“Al fósil llegamos haciendo un estudio previo de la geología de la zona. Es decir, exploramos sitios donde en la superficie hay rocas y sedimentos en los que pueden aparecer dinosaurios o especies que convivieron con ellos”, explicó el biólogo.
Los científicos Sebastián Rozadilla y Gastón Lo Coco clasifican los fósiles que hallaron
Cuando llegaron a la zona, se organizaron con el grupo de trabajo para cubrir la superficie, para observar el suelo en busca de rocas que tuvieran la forma de posibles huesos o restos fósiles. El conocimiento previo, la paciencia y, cabe decirlo también, una dosis de suerte se combinan para llegar a los grandes hallazgos.
-¿Qué es lo primero que se hace cuando uno encuentra un fósil?
-Siempre que descubrimos fósiles queremos saber de qué animal se trata. La primera aproximación se genera ahí mismo, en el yacimiento o ya a la noche en el campamento, donde nos ponemos a interpretar las características de los fósiles, tratando de determinar si pertenece a un dinosaurio, un reptil, ave o mamífero.
-¿Con cuánta precisión se puede determinar en esa primera instancia?
-Es un proceso que lleva tiempo. Se necesita un estudio para poder determinar con total certeza a qué animal pertenecen los restos. Cuando uno encuentra un fósil es un momento grato, genera mucha emoción. El día que encontramos los restos en cuestión era ya de tarde, así que en el campamento compartimos opiniones sobre el hallazgo y sobre qué organismo podría ser. No sabíamos bien de qué se trataba. Eso se fue descubriendo luego con el estudio y la comparación de otros mamíferos actuales y fósiles.
-¿El siguiente paso es explorar más en profundidad los alrededores?
-Sí. Cuando encontramos fósiles de nuestro interés, como los restos que vimos por primera vez en marzo de 2020, nos ponemos a revisar bien el lugar en búsqueda de más huesos. Si vemos que algunos huesos están dentro de rocas, podemos empezar a hacer una excavación cuidadosa, con la idea de sacar los fósiles en buen estado.
Por la pandemia, la expedición se vio interrumpida. La investigación para determinar a qué especie pertenecían esos huesos también. Los científicos no podían acceder a su lugar de trabajo. Recién se pudo reanudar dos años más tarde. En marzo de 2022 y en febrero de 2023 hicieron otras expediciones a la Formación Chorrillo. Cerca de donde habían encontrado los primeros restos, descubrieron huesos de otro ejemplar de la misma especie.
Unos meses después, esa especie recibiría el nombre de Patagomaia Chainko. Un mamífero similar a un zorro colorado, que habitó la zona hace unos 70 millones de años. No cualquier mamífero. El más grande del que se tenga registro hasta hoy que haya convivido con dinosaurios.
¿Qué arrojó el estudio de los fósiles?
Nicolás Chimento es paleontólogo, se doctoró en Ciencias Naturales y trabaja en el Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados (cuyo Instagram es @paleocueva.lacev) y en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN). Después de que los restos fósiles fueran extraídos, llegaron a sus manos. El objetivo era responder la gran incógnita: ¿a qué animal pertenecían esos huesos? Parecían ser de una especie hasta entonces desconocida.
Ya en el laboratorio, después de las últimas expediciones, Chimento y su equipo prepararon los huesos y se dispusieron a estudiarlos. Hicieron comparaciones con otros animales y un conjunto de análisis para deducir su forma y tamaño, su morfología. Con la investigación terminada, el estudio se publicó hace apenas un mes, en febrero de 2024, en la revista Scientific Reports.
“Los afloramientos de la Formación Chorrillo ya eran conocidos por nosotros porque algunos geólogos ya habían publicado sus estudios de las rocas y habían hallado ciertos fósiles. Cuando nosotros comenzamos a explorar, pudimos ver que los fósiles que encontramos eran comparables a otros sitios donde se habían hallado fósiles similares, por lo cual asignamos estos afloramientos a una época conocida como Maastrichtiano, que es el último momento de la Era Mesozoica, y justo antes de la extinción de los dinosaurios. Es decir, estas rocas con fósiles tendrían aproximadamente 70 millones de años”, advirtió el paleontólogo.
El paleontólogo Nicolás Chimento, coautor del estudio que descubrió al Patagomaia Chainko
Los análisis arrojaron que estaban ante el mamífero más grande que convivió con los dinosaurios. Un animal de cuatro patas, de 1,2 metros de largo y un peso aproximado de 14 kilos, posiblemente un cursorial, es decir, que caminaba y corría sobre el suelo, no era trepador, nadador o volador.
“Para saber esto lo que hacemos es comparar los huesos con mamíferos que viven actualmente y vemos qué características comparten con el que encontramos. Su tamaño lo calculamos utilizando regresiones matemáticas que nos permiten saber cuál era su masa en kilogramos. Estas regresiones utilizan medidas que podemos tomar directamente de los huesos, como el largo y ancho del fémur o la tibia”, explicó Chimento.
Cuando un científico publica un paper sobre una nueva especie, es como un hijo. Puede asignarle el nombre que quiera, pero siempre bajo una serie de reglas establecidas por el Código Internacional de Nomenclatura Zoológica. En este caso, los científicos argentinos eligieron el nombre Patagomaia porque ”Patago” es el prefijo que indica ‘Patagonia’, y “maia” significa ‘madre’. “Este nombre lo elegimos porque es bastante habitual que los mamíferos terios del mesozoico publicados por científicos del hemisferio norte usen ese sufijo (por ejemplo Eomaia o Juramaia)”, agregó el investigador.
La palabra chainko, en tanto, es una combinación de dos términos del lenguaje Aonikenk; “chaink”, que significa ‘grande’ y “ko” que quiere decir ‘hueso’. En síntesis, Patagomaia chainko significa “Madre de la Patagonia de huesos grandes”, en honor a ser un mamífero moderno, hallado en el sur, y el mayor de los mamíferos del Mesozoico.
Los restos fósiles hallados indican que se trata de un mamífero de 14 kilos y 1,2 metros de largo
-¿Cómo saben que el Patagomaia convivió con dinosaurios?
-Porque en las mismas rocas ya habíamos hallado y publicado dinosaurios nuevos, como el Nullotitan glaciaris, un herbívoro gigante, el Isasicursor santacrucensis, un herbívoro bípedo de mediano tamaño, y el Maip macrotorax, el megaraptor más grande de todos, un depredador enorme.
-¿Piensan que el animal solo habitó la zona de la Patagonia?
-Bueno, es posible que su distribución haya sido en gran parte de lo que hoy es la Patagonia. Esto no lo sabemos con certeza porque recién hallamos restos en este sitio únicamente. Esta área hoy es fría y montañosa, pero hace 70 millones de años era una zona sin montañas, con un gran delta de un río que desembocaba en una costa marina cercana. Eso sí lo sabemos porque, además de los vertebrados, hemos hallado también restos de plantas, caracoles de río e insectos, que nos indican este tipo de ambiente.
-¿Por qué es tan importante el hallazgo de este animal?
-Lo interesante de este mamífero, además de ser el más grande de la era de los dinosaurios, es que pertenece al linaje de los mamíferos modernos: los terios, que es el linaje donde también estamos nosotros los seres humanos.
Un descubrimiento que contradice la teoría
El Patagomaia chainko es ahora el mamífero más grande del mundo de la era de los dinosaurios, más puntualmente del período Maastrichtiano, que es el último momento antes de la extinción de los grandes ejemplares. Según el estudio, incluso las estimaciones más pequeñas situarían al animal entre los mamíferos mesozoicos más grandes, mientras que las estimaciones promedio y más altas “superan con creces las de los mamíferos mesozoicos más grandes conocidos anteriormente”.
“El Patagomaia también revela que la evolución del gran tamaño corporal entre los mamíferos del cretácico superior fue más compleja de lo que se entendía hasta entonces”, advierte el paper científico.
Para Chimento, la importancia no solo radica en las dimensiones del animal, sino en sus implicancias. El Patagomaia contradice las teorías predominantes que dicen que los mamíferos aumentaron sus tamaños gracias a la desaparición de los grandes dinosaurios.
“Con el descubrimiento del Patagomaia, nosotros estamos diciendo algo que no encaja en estas teorías. El Patagomaia indica que los mamíferos ya eran relativamente grandes antes de que los grandes dinosaurios se extinguieran”, explicó.
La evolución temprana de los mamíferos siempre se situó en el hemisferio norte. Sin embargo, la mayoría de los mamíferos registrados allí, que pertenecen al período de los dinosaurios, tienen una masa corporal promedio inferior a 100 gramos. Tan solo el 1% de ellos alcanzó el kilógramo de peso. Muchísimo menos que los 14 kilos estimados para el animal descubierto cerca de El Calafate.
Aún más, el Patagomaia es un terio. Los terios son los mamíferos modernos, entre los que se incluyen nuestros antecesores, los primates. “Esto es importantísimo porque la comunidad paleontológica actual tiene bastante aceptado que los terios se originaron en el hemisferio norte, mientras que nosotros estamos proponiendo que el Patagomaia es uno de los primeros terios, por lo cual tal vez el linaje de los mamíferos modernos, de donde venimos nosotros, se haya originado en el hemisferio sur”.
La gente no lee prólogos: Ud. es una excepción. Pero esto no lo podemos dejar para nuestro tradicional comentario final. El nivel de macaneo de Boeing es demasiado grande, y el de encubrimiento de las fallas de sus aviones por la FAA, autoridad regulatoria federal de los EEUU para la aviación, así como de los multimedia estadounidenses, también. Eso incluye a cantidad de líneas aéreas estatales y privadas de todo el mundo que ya se clavaron con una flota de Boeing 737 Max 800 o 900. Suman suficientes poco libres de pecado vedados de tirarle la primera piedra a Boeing, porque les cae en el mate. Bueno, ahí va la nuestra.
En materia de aviación comercial Boeing tuvo una tradición impresionante de seguridad de diseño, contratación de aviopartistas, ensamblado y fabricación desde 1916, cuando se fundó, hasta su fusión con McDonnell Douglas en 1997. Hasta esa compra por Boeing, todavía sobraban viejos aviadores que decían «If it’s not Boeing, I ain’t going» (Si no es un Boeing, no me subo).
A partir de ese momento, las normas de seguridad se fueron al demonio, y las plantas de entrega de aviones a las líneas se volvieron terminales, maquilas o armaderos. La cultura de la empresa, definida durante casi un siglo como «un club de ingenieros» por sus viejos integrantes, cambió. El nuevo directorio tercerizó a nivel global todo el aprovisionamiento de partes y componentes en países y firmas de bajos costos y les impuso volúmenes y tiempos de entrega irreales. Más aún, para baipasear los meticulosos procedimientos de desarrollo propios, Boeing subcontrató el diseño de sistemas enteros, o «subassemblies» en fábricas de todo el mundo, muchas sin experiencia alguna en ingeniería aeroespacial. Era bajar costos como fuera.
En las terminales se empezó a perseguir a los encargados que firmaran «non conformities», o rechazos por controles de calidad sobre las entregas de los proveedores, o del trabajo en las propia plantas de integración de Boeing. Los veteranos que intentaban seguir con las prácticas cautelosas empezaron a ser patoteados y/o despedidos por poner palos en la rueda, y la edad promedio y el nivel de calificación del personal bajó. ¿Suena familiar?
El 9 de este mes, tras 32 años como jefe de controles de seguridad en Boeing, John Ganett apareció «suicidado» en su camioneta en un estacionamiento de Charleston, día en que debía seguir testificando en tribunales civiles contra la firma, acusada de malas prácticas de seguridad y contratación. Boeing lo había despedido en 2017 después de 20 años en que Ganett acumulara carpetas y carpetas de «non conformities», especialmente contra el modelo 787 Dreamliner, y luego con los 737 MAX 800 y 900.
La policía de Charleston dijo rápidamente «suicidio», aunque nadie dijo que el arma fuera de Ganett. Sus abogados de parte creen que hay que añadir su apellido a la creciente lista de accidentes aéreos fatales de la firma, que entre 2018 y 2019 acumuló 346 muertos a bordo de sus aviones 237 MAX en dos estrellamientos virtualmente idénticos y todavía famosos.
En ambos el avión es nuevo y despega sin novedad tras aprobar todas las revisiones de prevuelo. Pero la tripulación descubre que en lugar de ganar altura la nariz del MAX se baja sola, inexplicablemente. Piloto y copiloto dan la alerta y luchan desesperadamente unos minutos contra la inesperada tendencia de la máquina a picar, hasta que la pelea la gana el software MCAS… de cuya existencia los pilotos no han sido informados. Ambas máquinas se estrellan a alta velocidad y sin sobrevivientes. El vuelo 610 de Lyon Air pega en el Mar de Java, Indonesia, con tanta violencia que sólo quedan a flote fragmentos minúsculos del avión y de sus ocupantes.
Cinco meses después, el vuelo 302 de Ethiopian se estampa con igual furia contra el suelo a poco de despegar de Addis Abbaba. En ambos casos el fabricante aduce torpezas de los pilotos. En el Tercer Mundo le dan un avión a cualquier nabo, les falta decir.
Pero decenas de pilotos fogueados de compañías domésticas grandes como Southhwest, American y United se atreven a abrir la boca, y empiezan a citar casos en que el MCAS, de cuya presencia sí habían sido informados, les jugó sucio. Con rubios es otra cosa, tienen más derechos. Por suerte, el MCAS se puso a hacer locuras en techo de vuelo (12.000 a 15.000 metros) y tuvieron tiempo para desconectarlo. Pero sobre todo, sabían cómo.
Este software bastante diabólico te baja la nariz del avión quieras que no, si cree que estás levantándola demasiado y supone que el avión va a entrar en pérdida, es decir quedarse sin sustentación alar. Y supone mal. El único sensor que le informa al «autopilot» de la actitud de la nariz del avión es una simple aleta giratoria en la nariz que se enfacha contra el viento como una veleta, y mide el ángulo «de ataque» respecto de la horizontal. Si el cliente paga más, Boeing le pone DOS aletas, una a cada lado de la cabina de pilotaje.
¿Pero eso no es muy primitivo?Bueno, funciona casi siempre.¿Y qué tal poner tres sensores independientes del ángulo de la nariz, y además los tres de distinta base tecnológica, para que «voten» ante la computadora de vuelo sobre esta cifra absolutamente decisiva si hay disparidad de medición? Naaaa, hombre, eso es para temperaturas, presiones y otros parámetros de reactores y plantas nucleares. ¿Para qué tanta información en un simple avión con 200 personas a bordo? La Federal Aviation Authority, cuyas decisiones son acatadas por decenas de autoridades regulatorias aéreas del mundo como las Tablas de la Ley, se contenta con un sensor. Y si está bien para ellos, está bien en general. Y punto.
El MCAS fue el modo de bajar costos tras haber bajado demasiados otros costos. Airbus había salido al ruedo de Boeing con su nuevo A320, cuyos turbofanes de altísima derivación lateral Pratt & Withney PW 1000 G prometían bajar el consumo de combustible de un 10 a 15% respecto del estándar anterior. Boeing fue tomada por sorpresa, y a falta de un nuevo avión mediano y de un solo pasillo, se mandó dos versiones «estiradas» del 737 anterior, el llamado Next Generation. Pero le zampó dos tremendos motores CFM Leap, igualmente boconazos y ahorrativos. Los turbofanes son así, cuanto más anchos de boca, más ahorrativos de querosene de aviación.Fue un rejunte armado de apuro.
Tan bocones resultaron esos turbofanes que no cabían bajo las alas, porque rascaban el piso. ¿Se podía remediar eso sin hacerle canaletas a las pistas de despegue, aterrizaje y rodaje del mundo entero? Desarrollar grandes cambios de configuración estructural al 737, como ser ponerle alas altas, a la altura del techo del fuselaje, y/o trenes de aterrizaje más largos y robustos, significaba perder los derechos de licenciamiento del 737-100 otorgados por la FAA… en abril de 1967, a un avión mucho más chico, muy distinto, con motores flaquitos tipo turbojet, menos potentes y más ineficientes, y ala baja. Aquel ya legendario y primer 737, llamado entonces el «Baby Boeing», llevaba apenas 85 pasajeros. Ya no vuela más en casi ningún país.
Pero en 2014 Boeing debía pelearle mercado al Airbus A320, que se vendía y vende como pan caliente. Había que presentar un avión dizque nuevo, de fuselaje angosto donde cupieran hasta 215 pasajeros. La macana es que un diseño nuevo y un proceso regulatorio nuevos nos van a llevar casi una década, gruñó el directorio. Naaa, le metemos los motorazos esos Leap al New Generation, y los subimos… ¿casi hasta el nivel del borde de ataque de las alas? ¿Y un poquito más? Apa, quedaron re-altos.
Pero pucha, esos motores casi por encima de las alas quedan más raros que chupete en oreja. Pero además nos desconfiguran el equilibrio dinámico. En cuanto aceleres esos turbofanes en vuelo, el avión va a subir solo la nariz, aunque le ordenes que la deje a nivel, o incluso que la baje. Ma sí, le ponemos este «parche informático salvaje», el MCAS, que le baja la ñata al «autopilot» quieras que no, y no se lo decimos a nadie. Bueno, a casi nadie.
A nuestros amigos de la FAA sí, ya que la Boeing le paga el salario a unos dos mil agentes del estado federal cuya función debería ser tener vigiladísimos a la Boeing. Y con la autorización inicial que data de tiempos de los Beatles, se licencian automáticamente los modelos sucesivos, aunque ya no tengan nada que ver con aquellos primeros. Además, 737 siempre fue sinónimo de confiabilidad a lo largo de medio siglo. Ponerle otro nombres sería como sacarle la marca a la Coca Cola, ¿no?
Las agencias regulatorias en EEUU son así. Los derechos de licenciamiento del original se heredan, aunque las derivaciones últimas se parezcan tanto como un chimpancé a Brad Pitt. Pero en este caso, la comparación va entre un chimpancé sano a un Brad Pitt loco de atar. Y en el mundo farmacológico, no quieras ver. La cultura corporativa y la regulatoria en los EEUU han cambiado mucho: la FAA y la Boeing tienen una política de «revolving doors» entre sus directivos: el que se jubila en la FAA entra al directorio de Boeing y viceversa. Otra agencia regulatoria con igual política de puerta giratoria para sus mandones es la FDA (Food & Drug Administration) y las mesas de los directorios de las grandes farmacológicas multinacionales. Ya no hay límites entre el estado y las corporaciones, y eso es terrible.
Armar un rejunte tan escandaloso de partes dispares como el 737 MAX ni se le habría ocurrido jamás acosas que a Boeing jamás a la Boeing que diseñó el 707, el 747 Jumbo y el 737 originales. Pero las cosas cambiaron cuando la firma compró la McDonnell-Douglas. El directorio estaba formado por gente del palo aeronáutico, con el jefe de calidad sentado en la mesa, y aunque puñaladas se dan en cualquier empresa, a la hora de diseñar y controlar calidad en la vieja Boeing «de ingenieros aeronáuticos y para ingenieros aeronáuticos», casi todos los miembros del directorio eran justamente eso, ingenieros aeronáuticos. Y de los buenos, y orgullosos de serlo.
La consecuencia inmediata de esta fusión con McDonnell Douglas, en la que Boeing pagó U$ 13.300 millones, fue que el quía a cargo de calidad desapareciera del directorio, que éste se llenara de abogados, contadores y expertos en bicicletas financieras, y que en 2001 la sede de Boeing se mudara a Chicago, con el objetivo expreso y confeso de estar lejos «de las distracciones de la fábrica de Seattle». Cosa que lograron, son casi 3000 km. de distancia. En la paz de ese reducto corporativo libre de ingenieros aeronáuticos, los CEOs pudieron dedicar en paz una parte cada vez mayor de las ganancias a la autocompra de acciones de Boeing-MD, para inflar el paquete accionario. Como muchas empresas de este siglo, desreguladas por sus estados, Boeing es una cueva financiera que además fabrica aviones.
Como dicen en Euronews Business Yves Dooz y Keeley Wilson, el primero profesor de gestión estratégica y el segundo investigador superior del Institut Supérieur Europeén d´Ädministration des Affaires, en este tipo de fusiones los ejecutivos de la firma chica y hambrienta toman por asalto el directorio de la compradora poderosa y tradicional que la compró. Y como primer deber, expulsan a codazos y zancadillas a la vieja guardia que la hizo grande. Dooz y Wilson dan nombres de casos europeos previos de lo mismo: las químicas Solvay y Rhodia, y las farmacológicas Glaxo y Wellcome. El artículo completo está aquí.
Los que no quieran leerlo, pueden contentarse con la ironía ácida de los laburantes de Boeing en las planta de Rendon. Dicen que McDonnell Douglas se compró la Boeing con guita de la Boeing. Cuando se estrellaron los aviones de Malasia y Etiopía, en un raro acto de unidad de republicanos y demócratas, se iniciaron investigaciones y allanamientos, que incluyeron el rescate y la publicación de mails y wattsapps entre los ingenieros de la planta de Charleston, asqueados de las condiciones de trabajo. Van tres ejemplos: «Me horrorizaría que la FAA llegara a aprobar esta mierda». Otro: «¿Vos pondrías a tu familia en un avión con el entrenamiento del simulador del MAX? Yo no». Y el tercero: «Este avión fue diseñado por payasos supervisados por monos».
La selección de comunicaciones internas es de Joe Nocera, del diario «The Freepress».
McDonnell Douglas, aunque con experiencia en aeronáutica comercial (todavía vuelan algunos MD-11), fue siempre y ante todo un proveedor del Pentágono. Las distintas fuerzas aéreas de los EEUU aceptan riesgos de diseño prohibidos para un ingeniero aeronáutico civil, y una compañía que se ha venido fundiendo lentamente durante décadas, sostenida sólo por contratos «vamo´y vamo» con la US Navy y la US Air Force, viene lastrada por una dirigencia muy pirata, orientada a cortar costos como sea y a volver ricos a los accionistas, también como sea. El cambio de cultura de la firma emergente de esta fusión particular se sintetiza así: se jodieron los ingenieros (y los pasajeros), y la firma quedó en manos de degolladores de laburantes y de bicicleteros de las finanzas.
Y alguien se encargó de John Ganett, que ya se había vuelto un problema existencial.
Los 737 MAX tuvieron que ser dejados dos años en tierra por la FAA cuando esta agencia decidió no estrellarse junto con la Boeing, con la que eran matrimonio perfectamente ilegal desde 1997. Las líneas aéreas que habían hecho encargos gloriosos (4700 pedidos cuando se estrelló el avión etíope) los deshicieron apresuradamente, perdiendo adelantos y señas, no les importaba. Las aerolíneas de otros países que ya tenían aviones entregados, tuvieron que dejar de volarlos porque si tocaban o meramente sobrevolaban territorio estadounidense debían aterrizar a juntar telarañas, o porque era cantado que sus propias autoridades regulatorias no iban a tener más remedio que decidir que los 737 MAX merecían ser investigados a fondo, bajo fuerte presunción de ser una total cagada.
Pero todo el mundo sabía que la FAA tenía mandato de la Casa Blanca, sin importar quién fuera su circunstancial ocupante, de que el avión comercialmente más exitoso de la historia volviera a volar. Business is business, Dude. Y estos ñatos de Boeing se han vuelto proveedores principales de armamento del Pentágono, junto con la Lockheed Martin, la Raytheon, las GAFAM del Silicon Valley y siguen las firmas. Son «too big to fail». El estado federal las rescatará siempre, especialmente de las exigencias demoníacas… del estado federal.
Es paradigmático el caso de nuestra ANAC con los 5 MAX que le hizo comprar Mauricio Macri a Aerolíneas, aunque la opción Airbus A 320 era infinitamente mejor. Juntaron bastante polvo en los dos años en que la regulatoria aérea estadounidense puso en tierra todos los MAX, pero la decisión de que estuvieran un tiempo sin despegar nuestra agencia de vuelo civil la tomó prudentemente unos días después de que la FAA hiciera lo propio. No hay por qué ser más papistas que el Papa.
Otro dato jugoso: en realidad, la ANAC no decidió el «grounding» de los 5 MAX de Aerolíneas, porque con mucha antelación la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas, APLA, votó no volarlos por unanimidad. Airbondi nunca tuvo problemas, paradójicamente porque su flota de Boeing 800 NG es enteramente alquilada y geriátricamente vetusta. Tiene entre 13 y 18 años, es decir resulta previa a la aberración MAX.
Después vino el Covid 19, cuando se voló menos que antes del Flyer de los hermanos Wright, y las flotas comerciales fueron reconfiguradas para transportar carga, en lugar de personas. Pero no hay Covid que dure mil años, y menos que menos prohibiciones de la FAA que aguanten más de dos. Desde que los reguladores aéreos estadounidenses les echaron agua bendita a los MAX y estos volvieron legalmente al aire, han venido protagonizando incidentes y accidentes, algunos bastante escalofriantes, como ser aterrizar con un motor en llamas. El más notorio de este año viene siendo la puerta oculta trasera que se desprendió en vuelo de un MAX 800 de Alaska Airlines que viajaba desde Oregon a California. Sucedió el 5 de enero pasado.
El avión estaba en pendiente de ascenso (el MCAS ha sido extraído de todos los aviones), y a 4000 metros de altura, la diferencia entre la presión externa y la de cabina hizo que una puerta oculta y deliberadamente cegada saltara como un tapón de sidra. De puro cuete no había sentado nadie en esa fila de asientos, aunque el chorro de aire de depresurización le chupó los celulares a varios pasajeros, todavía con los cinturones puestos, y arrancó la camisa a un pibe; todo lo cual fue escupido hacia la atmósfera.
De haber sucedido esto en techo de vuelo, a 12.000 metros, la depresurización instantánea habría sido explosiva, y eyectado a cantidad de pasajeros ya sin cinturones, o con asientos y todo. Aún si los pilotos lograban bajar a 3000 metros, ése nunca es un descenso rápido, y con la presión de oxígeno de la tropopausa, en 20 segundos el pasajero promedio pierde la conciencia, y en un minuto y medio está muerto.
El frío ayudaría a ello, porque la temperatura en la tropopausa anda entre los 40o y los 60o Celsius bajo cero, y a veces 70o Celsius bajo cero. De modo que no es imposible que el pasajero se congele primero, incluso si pudo ponerse la máscara de oxígeno, que depende de un generador químico que puede operar 17 minutos. Pero no siempre funciona, como dijo en sus declaraciones preliminares el difunto John Ganett.
Quien ya no confesará más horrores. No es cosas de creerle a un suicida, ¿no? Son gente deprimida que tiende a ver el pelo en todo huevo.
La investigación subsecuente al episodio de Alaska mostró que el tapón que sellaba la abertura carecía de 4 enormes bulones de sujeción que impedían su apertura. Había sido suministrado por Spirit Aerosystems, una empresa que Boeing inició y después independizó en 2005 en Wichita, Kansas, para tercerizar y bajar costos, según usos y costumbres. Los muchachos de Spirit no parecen notables por su control de calidad, forzados como están a producir a todo trapo. Además saben que en Charleston nadie rechaza nada.
Bueno, hasta ahí, mi versión, compartida por cantidad de entrevistados por Al-Jazeera en la planta de Rendon, y también de bastantes pilotos profesionales.
Lo que sigue es la noticia corporativa contada de modo corporativo.
Daniel E. Arias
ooooo
Una serie de escandalosos incidentessacudió la cúpula de Boeing, una de las compañías más señaladas de Estados Unidos en los últimos meses. El director general, Dave Calhoun, anunció que abandonará el mando del asediado fabricante de aviones para final de año mientras que el presidente de la junta, Larry Kellner, dijo que no tiene previsto presentarse a la reelección.
“El mundo nos observa y sé que vamos a superar este momento para ser una mejor compañía”, escribió Calhoun en una carta a los empleados en la que sostuvo que “la seguridad y la calidad son lo que anteponemos a todo”.
Calhoun era director de Boeing cuando se convirtió en CEO en enero de 2020, reemplazando a Dennis Muilenburg, quien fue despedido luego que los Max se estrellaron.
El CEO de Boeing, Dave Calhoun, habla con periodistas en el Capitolio en Washington, DC, el 24 de enero de 2024, antes de reunirse con un grupo de senadores.JIM WATSON – AFP
La junta directiva eligió a Steve Mollenkopf, miembro de la junta ejecutiva de Boeing y exjefe del fabricante de chips Qualcomm, para suceder a Kellner. Como tal, Mollenkopf será responsable de encontrar un nuevo reemplazo para Calhoun.
“Cuando el barco ha chocado contra icebergs no solo una vez, sino varias veces, entonces es hora de reemplazar al capitán del barco”, dijo Russell Hackmann, presidente del inversor Hackmann Wealth Partners.
Además, la firma añadió el lunes que Stan Deal, presidente y director general de su división de aviones comerciales, se retirará de la firma con efecto inmediato. Stephanie Pope, actual directora operativa del grupo, asumirá el liderazgo de la división.
Las autoridades de Estados Unidos dieron el mes pasado a Boeing un plazo de 90 días para presentar un plan sobre control de calidad. La Agencia Federal de Aviación Civil (FAA) de Estados Unidos señaló que la compañía debe “comprometerse a una verdadera y profunda mejora” y hace poco ordenó una auditoría de sus líneas de montaje en una fábrica cerca de Seattle, donde la firma construye aviones como el 737 Max de Alaska Airlines al que se le desprendió un panel que cubría el hueco de una puerta el pasado 5 de enero.
Los investigadores señalan que las tuercas que ayudan a mantener esa pieza en su lugar faltaban tras unas tareas de mantenimiento en la fábrica de Boeing.
El incidente ha incrementado el escrutinio sobre Boeing al nivel más alto desde que dos aviones 737 Max de la compañía se estrellaron en 2018 y 2019, unos siniestros en los que murieron 346 personas.
Scott Hamilton, director de la firma consultora de aviación Leeham Company, indicó que los cambios “reflejan la profundidad de la crisis en la compañía tras el accidente del 5 de enero… Pero también refleja la escasez de ejecutivos de alto nivel”.
Además del accidente técnico a bordo del vuelo de Alaska Airlines, ya se habían reportado problemas de producción a lo largo de 2023 así como una serie de incidentes en 2024.
Se muestra el área de la tapa de la puerta de un Boeing 737 Max 9 de Alaska Airlines, con paneles removidos, antes de la inspección en el Aeropuerto Internacional de Seattle-Tacoma, el 10 de enero de 2024, en SeaTac, Washington.Lindsey Wasson – AP
La crisis de la compañía ha frustrado a las aerolíneas que ya están luchando con los retrasos en las entregas tanto de Boeing como de su rival Airbus, y el fabricante de aviones ha estado quemando más efectivo de lo esperado en este trimestre de lo previsto.
“Durante años, hemos dado prioridad a mover el avión por la fábrica por sobre hacerlo bien, y eso tiene que cambiar”, declaró la semana pasada el director financiero Brian West.
El principal rival de la compañía, la francesa Airbus, consiguió recientemente pedidos de 65 aviones de dos de los principales clientes asiáticos de Boeing, en lo que algunos consideraron una señal de la preocupación de los ejecutivos por Boeing.
Los analistas e inversores consideraron el cambio como positivo para Boeing, pero enfatizaron que mucho depende del sucesor de Calhoun y de cambiar la cultura de la empresa desde la cúpula. “Creemos que requerirá a alguien con pedigrí y paciencia, ya que arreglar Boeing probablemente sea un viaje con altibajos de varios años”, opinó el analista aeroespacial de Vertical Research Partners, Robert Stallard.
Las acciones de Boeing subían un 2,8% en las operaciones previas a la apertura de la sesión el lunes.
La Central Nuclear Atucha I acaba de cumplir 50 años de su conexión al Sistema Eléctrico Nacional, y ese hito forma parte de la cuenta regresiva para detener totalmente su operación inicialmente prevista para los primeros días de abril, lo que daría lugar a las tareas de extensión de su vida útil por otros 20 años.
Si bien la licencia de operación emitida por la Autoridad Regulatoria Nuclear para el funcionamiento de Atucha I, que se levanta en el complejo nuclear del partido bonaerense de Zárate, finalizará en las próximas semanas, la operadora Nucleoeléctrica Argentina viene trabajando en la revisión técnica y de documentación necesarias para que la central siga a plena potencia hasta septiembre, lo que fuentes de la empresa confían se podrá conseguir.
De obtenerse esa prórroga, la central podrá seguir generando energía eléctrica durante los meses de invierno y evitar así al sistema tener que reemplazar esa generación con alguna alternativa más costosa, permitirá liberar el gas natural disponible para atender el pico de demanda y eventualmente disminuirá la necesidad de importar combustibles líquidos.
Nucleoeléctrica desde 2006 comenzó a realizar los estudios necesarios para evaluar el proyecto de extensión de vida que le permitirá generar energía limpia y segura por dos décadas más, y ya en 2018 obtuvo la extensión de licencia de generación a plena potencia por un nuevo período que vence el mes próximo.
La parada de reacondicionamiento tendrá una duración de treinta meses a realizarse entre 2024 y 2026 e implica una inversión de 450 millones de dólares, la creación de 2000 puestos de trabajo directo e indirecto y la generación de oportunidades para proveedores nacionales calificados en las tareas de construcción y fabricación de componentes.
Durante ese período se implementarán un conjunto de mejoras entre las que se destacan el cambio del sistema de protección del reactor, la calificación ambiental de equipos, la modificación de los sistemas de control, la modernización y cambios en la turbina y la implementación de un simulador de alcance total específico para Atucha I, entre otras actividades.
Este proyecto permitirá mantener la potencia instalada nuclear y la diversificación de la matriz energética argentina, evitar el reemplazo por hidrocarburos y contribuir a la reducción de las importaciones de energía, evitando un incremento en los costos de la energía sustentable y contribuyendo a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Además, brindará la posibilidad de conservar los conocimientos de tecnología PHWR, generar puestos de trabajo y aprovechar las capacidades existentes.
De acuerdo al plan de trabajo, la extensión de vida de Atucha I ahorraría el consumo de aproximadamente 476 MMm3 anuales de gas. Considerando la diferencia de costo anual de combustible con una central de ciclo combinado, implicaría un ahorro de entre 292 y 669 millones de dólares anuales en gastos de combustible.
Si se toma en cuenta el factor ambiental, con un costo de emisión de CO2 de 76,3 USD/tnCO2, se obtendría un ahorro en emisión de 88 millones de dólares anuales. Así, si se suman ambos factores, se obtendría un ahorro de entre 380 y 757 millones de dólares anuales comparándola con un ciclo combinado.
La inversión por unos 450 millones de dólares será solventada por un fideicomiso aprobado a fines de 2022 por la Comisión Nacional de Valores (CNV) que por un monto total de 600 millones de dólares permitirá financiar el proyecto de extensión de vida de la central nuclear Atucha I y la construcción del Almacenamiento en Seco de Elementos Combustibles Gastados de la Central Nuclear Atucha II (ASECG II), por un costo estimado de US$ 137 millones.
Atucha I inició su construcción en junio de 1968. Su reactor comenzó a funcionar el 13 de enero de 1974 e inició su producción comercial el 24 de junio de ese mismo año, convirtiéndose en la primera central nuclear de potencia de Argentina y América Latina.
La central había cumplido desde el 9 de septiembre de 2023 y por diez semanas una última parada programada para realizar tareas de mantenimiento sobre los sistemas de seguridad de la planta, como la intervención en el reactor, la ejecución del Programa de Inspección en Servicio, el mantenimiento preventivo de los generadores diésel de emergencia, de las válvulas de aislación del circuito de inyección de boro, de rectificadores, transformadores y barras del circuito eléctrico asegurado, así como también el mantenimiento y ensayos de baterías, y la ejecución de pruebas repetitivas establecidas en la documentación mandatoria.
Actualmente tiene una potencia eléctrica bruta de 362 megavatios eléctricos, superior a la potencia de diseño de 319 megavatios eléctricos. El tipo de reactor es PHWR, utiliza agua pesada como fluido principal y moderador, y uranio levemente enriquecido (ULE) al 0,85% como combustible.
Argentina ha sido pionera en América Latina en el uso de la energía nuclear. El país tiene una historia de 50 años de operación segura y eficiente en centrales nucleares de potencia. Esto se destaca posible por las continuas mejoras en materia de seguridad y al intercambio de información con otras plantas, con el objetivo de generar energía limpia y segura para el ambiente y, al mismo tiempo, contribuir a la lucha contra el cambio climático.
Nucleoeléctrica Argentina opera las centrales nucleares AtuchaI, Atucha II y Embalse. La potencia instalada total de sus tres plantas es de 1.763 MW.
El Ministerio de Economía anunció la designación de Luis Lucero como el nuevo secretario de minería de la Nación. El puesto estaba vacante desde febrero de este año, luego de que Javier Milei echara a Flavia Royón en represalia por el voto de los legisladores salteños -de donde es oriunda- en contra de la ley ómnibus.
Según informó el Gobierno, el nuevo funcionario es abogado especializado en la industria minera, en derecho de los recursos naturales y tiene una amplia experiencia en el financiamiento de proyectos, en materia societaria y en arbitrajes y litigios complejos. Recibido en la Universidad de Buenos Aires (UBA), cursó un Posgrado en Derecho Empresario de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) y varios cursos y seminarios de especialización. Entre ellos se destacan los que realizó en el exterior: uno en política de gobierno y estrategia corporativa en minería en la Universidad de Dundee; otro en negociación, en Harvard Law School; y dos más en fundamentos de ciencias de la organización en Columbia Business School y en Cambridge University.
Con un título honorífico de Master of Arts por el University College of London (UCL), Lucero cuenta con una extensa carrera laboral. Es ex-socio del estudio jurídico Marval O’Farrell Mairal y, anteriormente formó parte de importantes estudios jurídicos del país. También se desempeñó como consultor en derecho extranjero en Pillsbury Winthrop Shaw Pittman en Estados Unidos, y ocupó posiciones en el directorio y comisiones fiscalizadoras de diversas empresas mineras, distribuidoras de gas, industriales y financieras.
El flamante secretario de minería es reconocido como un “profesional destacado en su área de práctica por numerosas publicaciones locales e internacionales”, lo que lo llevó a exponer en diversas instituciones nacionales e internacionales sobre temas vinculados a la industria minera y financiamiento de proyectos, entre las que se destacan el Center for Energy, Petroleum, Mineral Law and Policy, University of Dundee (en donde fue nombrado Honorary Lecturer por el período octubre 2010-septiembre 2013); la Rocky Mountain Mineral Law Foundation; y el United Stated Geological Survey.
Por la caída registrada en sus ventas, la empresa de electrodomésticos Longvie decidió suspender a la mitad de sus trabajadores en las plantas que tiene en Catamarca y Entre Ríos. La firma cuenta además con una planta en la provincia de Buenos Aires.
La suspensión se dará a partir de hoy y hasta mediados de abril, indicaron medios locales. Los trabajadores suspendidos cobrarán alrededor del 80% del haber bruto de sus sueldos.
La planta de Catamarca se dedica a la fabricación de lavarropas y tiene alrededor de 120 empleados. “Desde la gerencia nos dijeron que no había venta, que había bajado mucho la demanda. Realmente no tienen un panorama muy claro a futuro. Esto es día a día”, dijo Nicolás Álvarez, delegado de los empleados en la empresa, al medio El Ancasti.
En tanto, la planta de Entre Ríos, donde trabajan unas 90 personas, se dedica a la producción de termotanques, calefones y estufas. “Solo quedan algunos trabajadores para cargar los camiones y algunas tareas de mantenimiento”, indicaron fuentes de la empresa al medio local El Once.
En la planta de la provincia de Buenos Aires, donde se fabrican cocinas, hornos y anafes, también hay conversaciones para suspender a parte de los trabajadores.
La consultora especializada Scentia informó que el consumo se retrajo un 4,1% interanual en febrero –por encima del 3,8% de enero pasado– y acumuló en el primer bimestre un descenso de 3,9%. Según CAME, en tanto, las ventas minoristas pymes se retrajeron 25,5% en febrero, a precios constantes, y acumulan un declive del 27% en el primer bimestre del año, frente al mismo periodo del año pasado. En la comparación mensual, bajaron 7,4%. La caída en las ventas de Longvie va en línea con la tendencia general.
Longvie fue creada en 1918 y está presente en 12 países: además de la Argentina, sus productos se venden en Uruguay, Paraguay, Bolivia, Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, Estados Unidos, Canadá, Polonia y Georgia.
En la negociación del tratado comercial entre la Unión Europea (UE) y Mercosur «la pelota está más en cancha de ellos que en la nuestra», advirtió el ministro de Industria y Comercio de Paraguay, Javier Giménez, para quien la postura de su país es de «hartazgo» después de 25 años de buscar cerrar ese acuerdo.
En declaraciones a EFE, Giménez se refirió además al reglamento 1115 de la UE sobre productos asociados a la deforestación y la degradación forestal que ha causado malestar entre los productores locales y que Paraguay, como parte de un grupo de 60 países, denunció ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).
El titular de Industria y Comercio consideró que el acuerdo del Mercosur -el bloque que integran Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia- con la UE «lamentablemente se encuentra lejos de ser firmado por lo que está ocurriendo en Europa, principalmente».
«La pelota está más en cancha de ellos que en la nuestra y me refiero a nivel Mercosur», agregó Giménez, en referencia a las manifestaciones de los productores europeos en contra de los requisitos de Los Veintisiete, los precios bajos y las importaciones desde terceros países que no cumplen las reglamentaciones locales, entre otros.
Sin embargo, admitió que la postura de Paraguay en ese sentido ha sido de “hartazgo», en alusión al cuarto de siglo que llevan las negociaciones desde que ambos bloques expresaran en junio de 1999 la intención de negociar un tratado de libre comercio sobre el que llegaron a un principio de acuerdo en junio de 2019.
En todo caso, aclaró que «intenciones hay», aunque «la práctica y la experiencia» están demostrando que «está costando llegar a ese acuerdo».
«Paraguay siempre va a mirar al mercado europeo como uno de sus destinos de prioridad en sus exportaciones e importaciones; simplemente, que ya estamos en una postura de no esperar más este tratado de libre comercio», zanjó.
En ese sentido, mencionó como uno de los puntos críticos que ha prolongado la conclusión de las negociaciones el hecho de que la UE imponga medidas medioambientales, «partiendo de una premisa en donde somos el problema de contaminación del mundo».
«Entonces, ya partimos de una premisa falsa», agregó el funcionario, que defendió que Paraguay representa el 0,09 % de las emisiones de CO2 del planeta y el 99 % de su energía es renovable y limpia.
Sobre el reglamento 1115, aprobado en mayo de 2023 y cuya aplicación está prevista para el 1 de enero de 2025, indicó «es una decisión soberana de Europa» dirigida a quienes decidan exportar a ese bloque.
«Uno es soberano y libre y voluntario de elegir exportar o no a Europa. Eso hay que dejar muy en claro, porque parecería ser de que hay una imposición y eso no es así», puntualizó Giménez, quien destacó que así lo expresó en su reciente visita al país el comisario europeo de Medioambiente, Virginijus Sinkevicius.
En concretó, destacó que el país ha empezado a aplicar una herramienta para garantizar la trazabilidad y georreferenciación de las tierras, al tiempo que trabaja en la creación de una plataforma para el exportador.
Al mismo tiempo, matizó, Paraguay denunció ante la OMC la reglamentación 1115, «demostrando mucha firmeza conceptual».
«La postura de Paraguay es, por un lado, esta ley atenta contra las leyes internacionales de libre comercio», explicó el ministro, pero admitió que, de forma paralela, está creando el sistema de trazabilidad para sus exportaciones.
«Creo que aquí cabe un poco la frase: ‘Esperando lo mejor, nos preparamos para lo peor’», concluyó Giménez.
El titular de Ciencia y Tecnología de La Rioja, Hugo Vera lamentó la decisión de la Casa Rosada de eliminar dos fondos que son claves para el desarrollo del sector. Pese a ese contexto, confirmó que seguirá adelante la construcción del Polo Científico y Tecnológico.
Fondos claves
Puntualmente, el gobierno de Javier Milei eliminó el Fondo para la Ciencia y la Tecnología (FONCYT) y el Fondo para la Economía del Conocimiento (FEC). Este recorte aplicado por la Casa Rosada forma parte del paquete de 28 fondos fiduciarios dados de baja y equivalentes a 2.000 millones de dólares.
«El sector de la ciencia y la tecnología no es ajeno al contexto que vive el país. Este gobierno nacional está tomando medidas autoritarias que ponen en peligro todo el sistema tecnológico de la Argentina en general y de la provincia en particular», sostuvo Vera en Riojavirtual Radio.
El funcionario provincial lamentó la decisión del Gobierno nacional: «Se tomó la triste decisión de degradar el Ministerio de Ciencia y Tecnología a una Secretaría y lo peor, desfinanciándolo totalmente. Hay fondos que ellos llaman cajas negras que financian muchos programas de ciencia y tecnología. Se eliminaron dos fondos. Uno de ciencia y tecnología y el otro es de economía del conocimiento», detalló.
Sin contacto con Nación
Vera dijo que desde que asumió Milei la presidencia del país aún no ha podido tener contacto con las autoridades nacionales del área.
Vera ponderó los logros que tuvo la Provincia en materia de ciencia y tecnología durante el primer gobierno de Ricardo Quintela y con un Gobierno nacional que acompañó el crecimiento del sector. «Tuvimos un salto muy grande en el primer gobierno de Ricardo Quintela y eso fue posible por la decisión política del Gobernador y porque en el Gobierno nacional anterior había un contexto para financiar proyectos», dijo.
Por otra parte, el funcionario destacó que a pesar del difícil contexto nacional, la Provincia continuará adelante con el proyecto de construcción del Polo Científico y Tecnológico. «Se va a avanzar con la construcción del Polo Científico y Tecnológico. Estamos prestos a que el Ministro firme el contrato de obra, muy a pesar de que el sector de la construcción está parado», indicó.
China, Japón, India, Suecia, Reino Unido, Francia, Rusia, Estados Unidos… la lista de países construyendo o con planes avanzados para levantar nuevas centrales nucleares es larga. Incluye viejos conocidos, pero también pequeños países que aspiran a tener energía barata, y por tanto, una economía saludable. También hay más programas de capacitación y una creciente bolsa de empleo en el sector que no se vio en más de una década, dicen expertos.
En la COP28, la cumbre del clima de la ONU celebrada el año pasado, 20 países se mostraron a favor de reforzar la energía nuclear para recortar las emisiones de CO2 y se comprometieron a triplicar la capacidad mundial para 2050.
La declaración supuso un giro completo y un reconocimiento de que esta tecnología forma parte de la solución a la crisis climática. Además, reveló que muchos países han cambiado su postura sobre la energía nuclear, denostada desde el accidente de Fukushima en 2011. Que Japón tenga intenciones de reactivar los reactores de Kashiwazaki-Kariwa, la mayor planta nuclear del mundo en producción de electricidad, dice mucho de lo que está sucediendo en el sector. Y en 2025 se espera que entren en funcionamiento capacidades sustanciales en EE.UU., Qatar, Rusia y Canadá, por ejemplo.
Estados Unidos, Bulgaria, Canadá, República Checa, Finlandia, Francia, Ghana, Hungría, Japón, Corea del Sur, Países Bajos, Polonia, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia, Suecia, Ucrania, Emiratos Árabes Unidos y Reino Unido firmaron un acuerdo para triplicar su capacidad nuclearGETTY IMAGES
“La energía nuclear, históricamente, ha producido más energía baja en carbono que cualquier otra fuente, incluida la energía eólica o la solar. Ahora muchas naciones lo ven como una forma de cerrar la brecha de carbono”, explica Simon Middleburgh, co-director del Nuclear Futures Institute de la Universidad de Bangor, en Gales. Pero, detrás de esta oleada no está solo el cambio climático o la transición energética. Al menos otros 3 factores han influido en este nuevo “renacer” de la energía atómica.
1. Tecnología asequible
Las grandes centrales aprovechan la fisión nuclear para generar calor que produce energía. En su planificación y construcción se tardan de media unos 10 años y el coste oscila entre los US$4500 millones y US$5500 millones. Su producción alimenta ciudades enteras.
La llegada de los reactores modulares avanzados (SMR) más pequeños convertirá la energía nuclear en una tecnología accesible y de bajo costo en comparación con las instalaciones y los procesos de las grandes instalaciones. “Hemos llegado al punto en el que pueden fabricarse en masa”, dice Middleburgh. Por eso, los SMR son más asequibles y, al ser de menor tamaño, pueden colocarse en lugares donde no podrían ubicarse centrales nucleares más grandes, incluidos lugares remotos.
Estados Unidos tiene 93 reactores conectados a su red eléctricaGETTY IMAGES
Sus módulos implican que las unidades pueden ser prefabricadas y luego enviarse e instalarse “in situ” frente a la necesidad de los grandes reactores de ser levantados directamente en el emplazamiento elegido. En lugar de gigavatios, producen la mitad. Unos 500 megavatios, suficientes para regiones o islas.
“Ahora tenemos pequeñas centrales modulares que están haciendo que la energía nuclear sea más viable económicamente, especialmente para los países más pequeños, países que no necesitan gigavatios”, dice Middleburgh. “Pero, todavía se basa en la tecnología del agua, es decir, el reactor de agua a presión. Se utiliza el combustible [uranio] para calentar el agua, y ese agua caliente impulsa turbinas de vapor que generan electricidad”, explica el profesor.
El prototipo de Argentina
“Algunos diseños de SMR también pueden servir a nichos de mercado, por ejemplo implementando microrreactores para sustituir generadores diésel en islas pequeñas o regiones remotas”, dice el organismo internacional de la Energía Atómica.
La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) de Argentina está construyendo un prototipo de SMR en Lima, provincia de Buenos Aires. “Esta clase de reactores tiene una gran proyección para el abastecimiento eléctrico de zonas alejadas de los grandes centros urbanos o de polos industriales con alto consumo de energía (incluyendo la capacidad de alimentar plantas de desalinización de agua de mar)”, dice el organismo. Una vez puesto en marcha, será capaz de generar 32 megavatios eléctricos. El 70% de sus componentes fue fabricado en el país.
Vista aérea de la construcción del prototipo del reactor Carem, en ArgentinaCOMISIÓN NACIONAL DE ENERGÍA ATÓMICA, ARGENTINA
2. No dependencia
La guerra de Ucrania sorprendió a la comunidad internacional que de la noche a la mañana se vio secuestrada por Rusia, uno de los principales proveedores de gas y petróleo del mundo. El conflicto tocó de lleno unos de los temas más sensibles en la prosperidad de un país: el suministro de energía, la producción eléctrica y la factura de la luz. Según cálculos de la OIEA, los 412 reactores nucleares repartidos por 31 países producen en torno al 10% del total de electricidad mundial.
Con la invasión de Ucrania, los países descubrieron el coste de depender energéticamente de socios dudosos. Y el problema de las energías renovables sigue siendo que no siempre hace sol o viento, por lo que su producción es intermitente y difícil de predecir. El objetivo ahora es lograr la seguridad del suministro de energía sin depender de factores externos. “Las naciones con energía barata y estable, son naciones desarrolladas”, añade Middleburgh.
En respuesta, muchos de los países europeos analizan ya cómo extender la vida de las centrales nucleares en uso. “Entre las empresas con mayor huella de carbono se encuentran las de Alemania, la República Checa, Polonia y Grecia, que siguen dependiendo en gran medida del carbón y el gas natural”, explica Anne Grammatico, directora asociada de calificaciones corporativas de Scope Ratings. En el otro lado se encuentran las de Francia, Bélgica, Suiza, Austria, España y los países nórdicos, “con una amplia generación nuclear, hidroeléctrica, solar y eólica”, añade.
El segundo país con más reactores es Francia, pero pronto quedará sobrepasado por ChinaGETTY IMAGES
Para el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, el argentino Rafael Grossi, los países “han descubierto o redescubierto o revalorizado la enorme autonomía que da la energía nuclear. Una planta nuclear, no depende de nadie, la prendes y la apagas cuando quieres y la tienes por cien años. Da una enorme capacidad de maniobra”.
Foco en el uranio
Y todo esto ha puesto el foco también en el uranio, la materia prima que alimenta los reactores. “La paulatina aceptación de la energía nuclear y su reciente calificación como energía ‘limpia’ en Europa está provocando que muchos inversores se interesen por este sector. Rusia, EE.UU. y la UE se reparten la producción de esta materia prima, de la que 5 gramos generan la misma energía que una tonelada de carbón o más de 500 litros de petróleo”, asegura Manuel Pinto, analista de XTB.
Las empresas también podrían verse beneficiadas. “La reducción del tamaño de las centrales nucleares a unidades modulares más pequeñas para hacerlas escalables para la fabricación tiene sus promesas. Estas centrales eléctricas podrían ofrecer beneficios a los usuarios industriales en muchas partes del mundo”, dice Norbert Rücker, economista jefe de Julius Baer. “El desarrollo de esta tecnología cuenta con muchos patrocinadores y está ocurriendo en muchas partes del mundo”, añade.
Piscina de combustible gastado de la Central Nuclear Angra II, en BrasilGETTY IMAGES
3. Medidas de seguridad pasivas
“La energía nuclear tiene un par de obstáculos que superar en términos de regulación y de capacidades, pero ya se están superando”, dice Middleburgh. Tras décadas mejorando la tecnología y sobre todo, después de lo sucedido en el accidente de Fukushima en 2011, cuando un tsunami inundó los reactores provocando un gran desastre, los avances en seguridad han sido notorios, creen los expertos.
Ahora las centrales están diseñadas para apagarse si algo sale mal. Estas medidas de seguridad se basan en elementos como la gravedad y se denominan medidas de seguridad pasivas. Pero, la gestión de los residuos sigue siendo un tema polémico dentro de este campo.
“Ahora, con los reactores de agua a presión, con estos SMR y estos sistemas futuros, los residuos se pueden almacenar provisionalmente en un lugar seco y a largo plazo, se entierran en un depósito geológico. Si observamos lugares como Suecia y Finlandia, en este momento están muy por delante en este aspecto”, dice el académico.
Residuos nucleares
La cuestión de qué hacer con esos residuos es algo con lo que muchos gobiernos han estado lidiando durante años. Los combustibles usados son intensamente radiactivos, y esa radiactividad tarda mucho tiempo en desintegrarse”, explicó el profesor Neil Hyatt, principal asesor científico de los Servicios de Residuos Nucleares de Reino Unido. “Después de unos 1000 años, queda alrededor del 10% de la radiactividad original, y eso se descompondrá lentamente durante unos 100.000 años más o menos”.
¿Qué pasó en América Latina?
Hasta 15 países que nunca tuvieron nucleares están ahora interesados en desarrollar esta tecnología en la próxima década. En Latinoamérica, 9 países integran desde febrero la Red Regional de Reactores de Investigación e Instituciones relacionadas en América Latina y el Caribe: Argentina, Bolivia, el Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Jamaica, México y el Perú. Y es que, sobre todo, el desarrollo y despliegue de pequeños reactores modulares ha llamado la atención de países en América Latina.
Pero, si hablamos de grandes reactores, Brasil cuenta con 2, los mismos que México mientras que Argentina suma tres en total. No son los países con menos, pero se sitúan lejos de los 93 que Estados Unidos tiene conectados a su red eléctrica, los 56 de Francia o los 55 de China, los tres países que encabezan la lista mundial.
Para Raquel Heredia, física y representante de WiN Mexico, la red de mujeres en el sector nuclear, los reactores de América Latina están en cada país bajo el paraguas de una empresa estatal. “Eso implica que el Estado tiene que tomar las decisiones de invertir y eso choca con la política de Latinoamérica, que tiende a ser muy del corto plazo”. Y añade: “Cuando un proyecto es de inversión a largo plazo, no siempre es atractivo para un político que está viviendo a corto plazo. Eso es una realidad política a nivel mundial”.
Tener un sistema energético estable “requiere de la participación de varias fuentes, no solo las energías renovables, sino también las energías limpias, como es el caso de la nuclear, y la vinculación que puede haber entre ellas, o sea, la complementación que puede haber entre unas y otras”, explica Adriana Serquis, física argentina, presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica e investigadora principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.
Serquis cree que América Latina está cada vez más preparada para desarrollar energía nuclear y cita como ejemplo la creación de organismos de ciencia y tecnología, y la formación de profesionales con sus institutos académicos. “Con el apoyo de los organismos internacionales de energía atómica, siguiendo los proyectos que vienen de ahí, también se está armando una red latinoamericana de reactores de investigación, por ejemplo, y esos son lugares generadores de conocimiento”, añade.
Los reactores de investigación se construyen con diferentes objetivos, pero el principal es el de generar investigación, o sea, tener un lugar de experimentación donde los futuros ingenieros e nucleares se formen para la utilización de la energía nuclear y pueden experimentar con, por ejemplo, las diferentes configuraciones de un núcleo. Son como “reactores escuelas”, finaliza.
Hace cinco décadas se inauguró la primera Central de Potencia de América Latina. Allí se formaron profesionales de excelencia, se desarrolló una industria y se exportó tecnología. Todo eso fue posible cuando se contó con un estado promotor de la ciencia.
Por Gabriel Maurino (*)
Hace 50 años, Argentina se sumó a los países de gran valor en el mundo, cuando Atucha I se conectó por primera vez al Sistema Eléctrico Nacional(19 de marzo de 1974), convirtiéndose en la primera Central de Potencia de América Latina. Pero eso es sólo una parte de una larga historia que viene bien, en estos tiempos, memorar.
La historia de la Energía Nuclear en el mundo comienza y se desarrolla en la Segunda Guerra. Nadie tenía bien claro qué era la Energía Nuclear, pero se sospechaba que quien lograra desarrollarla primero, acabaría con el oponente inmediatamente. Y así de triste fue su origen.
Sin embargo, grandes avances de la ciencia y la tecnología que hoy en día disfrutamos, como internet, GPS, laser, satélites,computadoras, tuvieron su creación en épocas de guerra. ¿Por qué se dan estos fenómenos? Porque hay Estados muy poderosos que derivan gran parte de su presupuesto al desarrollo de nuevas tecnologías que le otorguen cierta ventaja competitiva. En realidad es una comunión entre Estado y privados, dirigida por el primero, por y para un bien común.
En Argentina, la historia de la Energía Nuclear comenzó en 1950 con la creación de laComisión de Energía Atómica (CNEA), con el objetivo de reunir especialistas de las disciplinas científicas y adquirir equipos para formar laboratorios.
En 1952 comenzaron las primeras exploraciones y extracciones uraníferas; en 1955 se creó el Instituto Balseiro. Ese es nuestro inicio. Tan importante habrá sido el interés nuclear, que entre 1950 y 1983 se sucedieron 8 presidentes de la Nación democráticos y 9 de facto, pero tan sólo 3 presidentes de la CNEA.
Con todo, acá hay implícito un legado muy importante: a pesar de los cambios de gobierno, durante años se respetó esa política de Estado. La Energía Nuclear no se desfinanció hasta fines de los 80. Y de esa continuidad, nos beneficiamos todos los argentinos; no sólo por tener la Primer Central Nuclear de América Latina y estar entre los 10 primeros países del mundo en tener una Central de Potencia, sino porque en el proceso hubo mucha investigación, creación de conocimiento, formación de profesionales de excelencia mundial, desarrollo industrial, nacimiento de nuevas PyMES, trabajo de gran remunerabilidad y calidad asociado al sector, respeto mundial y hasta ser exportadores de tecnología nuclear.
¿Sólo eso? No. La continuación de esas políticas nos permitió también, poner en marcha 2 Centrales Nucleares más (Embalse y Atucha II), el Complejo Tecnológico Pilcaniyeu (una planta de Enriquecimiento de Uranio que se desarrolló de manera secreta ya que tan solo 3 países contaban con una de esas en aquel entonces), una Planta Industrial de Agua Pesada, CONUAR (Combustibles Nucleares Argentinos), 3 Centros Atómicos y 5 Reactores de Investigación (operativos hasta hoy).
¿Fin de la lista? No. Contar con un Estado promotor de ciencia y tecnología, nos permitió llevar aquellos conocimientos a otras áreas, así fue cómo se desarrolló la industria pesada (la automotriz, el acero, el aluminio, el petróleo y la aviación), la de comunicaciones (con creación de 3 satélites), la alimentaria, la agrícola, se lograron grandes avances en modificaciones genéticas, en la medicina, cantidad de universidades con acceso universal, nuevas y modernas carreras universitarias, institutos técnicos, laboratorios. Todos patrimonios nacionales.
¿Alguna vez se preguntaron qué sería de la Argentina sin todos estos avances? Está claro que no alcanzaron para que seamos Primer Mundo, pero si algún día queremos serlo, estas cuestiones son condición necesaria.
En los 90 y durante más de una década, se retiró el Estado de su rol estratégico y casualmente en ese decenio, no tuvimos ningún logro para celebrar: la inversión, el desarrollo y la producción secayeron como un piano. Ni hablar de los recursos humanos calificados que emigraron.
Hoy de nuevo nos encontramos en la necesidad de rediscutir la conveniencia del Estado en la dirección de políticas estratégicas, con un DNU y un proyecto de Ley Ómnibus que deja al borde del desfinanciamiento y privatizacióna una decena de empresas decisivas en el desarrollo argentino, enmascarado en eslóganes confusos (casta, motosierra, licuadora, Estado ineficiente) como si no tuviéramos nada de qué estar orgullosos, como si fuese casualidad que los grandes avances de la humanidad surgieran de políticas de Estado dirigidas a invertir enormes sumas de dinero para ocupar un mejor lugar en el control decisional del mundo.
No se trata de público o privado, de Estado o mercado. Sino de que éstos vayan por la misma senda del interés nacional. Gobierne quien gobierne, que existan algunos principios inalterables que no nos saquen del camino del desarrollo y de la producción, caminos que inexorablemente recorrieron y recorren todas las naciones que hoy son consideradas Potencia.
¡Feliz Aniversario ATUCHA I! y que su legado sirva para volver a iluminar un sendero que no debemos abandonar.
Gabriel Maurino
Ing., CEO en SOYAr, especialista en Energia Nuclear BALSEIRO y docente universitario UTN