Santa Cruz: despiden a 1.800 trabajadores por falta de fondos para las represas

Unos 1.800 trabajadores involucrados en la construcción de las represas patagónicas Jorge Cepernic y Néstor Kirchner fueron despedidos por la falta de fondos para continuar la megaobra en Santa Cruz, que contaba con financiamiento externo.

Según pudo saber Energy Report, los telegramas de despidos comenzaron a llegar en los últimos días a los empleados de la UTE constructora, ya que el Gobierno nacional no avanzó con la firma de la XII Adenda al contrato original, que permitiría la inyección de unos u$s520 millones al proyecto. «El próximo mes ya no habrá más fondos, nada de nada», alertaron fuentes vinculadas a la hidroeléctrica.

La ola de despidos ya fue notificada al sindicato de la construcción Uocra santacruceño, que se espera anuncie medidas de fuerza en breve. También generó preocupación en la gobernación del ex gremialista petrolera Claudio Vidal, que conoce de primera mano la situación de las represas, y ya lamentó las desvinculaciones, porque que casi 80% de los empleados son de su provincia.

Ya se había alertado por la suspensión obligada de unos 2.800 empleados con sueldos al 80%, luego que el Gobierno nacional (el Ministerio de Economía) no solicitó los nuevos desembolsos a los bancos chinos que llevan adelante la financiación. Pero tampoco se hicieron giros con recursos propios del Tesoro para sostener la actividad en el Sur, como se hizo durante la gestión anterior.

Al momento de la parálisis inicial en noviembre pasado, el nivel de avance de la represa Jorge Cepernic es del 45%, mientras que la Néstor Kirchner va por el 20%. Entre las dos centrales, sumarán una potencia instalada de 1.310 MW.

El crédito total chino es por u$s4.714 millones, con cinco años y medio de gracia a partir del inicio de la construcción a cargo de la Unión Transitoria de Empresas (UTE), compuesta por las nacionales Eling Energía e Hidrocuyo y la empresa China Gezhouba Group Corporation (CGGC), y 15 años para el pago del capital y los intereses.

La obra lleva invertidos unos u$s1.850 millones y para esta nueva etapa se esperaban unos u$s520 millones comprometidos con anterioridad al recomabio de autoridades de diciembre pasado. Las fuentes ratifican el interés de las empresas constructoras por el megaproyecto, que aportará un casi 12% de hidroenergía extra en el país, y apelan a continuar y finalizar la obra. Pero sin fondos es imposible, admiten.

Para la continuidad de las obras en las represas patagónicas es clave la firma de la Adenda XII, que actualice los montos por inflación y reconozca gastos operativos extras durante la pandemia. Los nuevos directivos de Enarsa no egfimieron opinión en contra del proyecto y resaltaron la importancia de contar con generación limpia de energía, pero exigen tiempo para analizar los términos del nuevo acuerdo. «Nunca hubo un mensaje de que las represas no las queremos», afirman los que conocen en detalle la trabas burocráticas. Las dudas giran en torno a las implicancias legales de la firma. Hasta el momento, los desembolsos para sostener las actividades en las represas provenían de China, pero la falta de un nuevo marco legal que despeje incertidumbres a futuro cerró las compuertas de dólares.

A través de un comunicado de prensa, la UTE Represas Patagonia confirmó que se «prescinde momentáneamente de parte del personal vniculado al proyecto» por la falta de fondos y exhortó a las autoridades a resolver los procesos contractuales pendientes.

«El Estado nacional está cumplimentando las condiciones subsecuentes de la enmienda del crédito necesarias para la continuidad de los desembolsos. Resuletas estas situaciones, podrá comenzar a recuperar los puestos de trabajo, sumar nuevos y aumentar las actividades, acorde al programa de trabajo consensuado por las partes», indicaron.

«Seguimos trabajando en comunicación con Enarsa y en comunicación con los gremios que agrupan a los trabajadores para resolver las dificultades, y recuperar de forma paulatina el ritmo de las actividades. Entre todos vamos a alcanzar el objetivo común de concretar una obra tan importante para el futuro energético del país», concluyeron.

Avistan en Entre Ríos pumas Yaguarundi en riesgo de extinción

Victoria Regner, fotógrafa de La Paz, logró capturar con su lente fotográfico tres ejemplares de Puma Yaguarundí, una especie que está en riesgo de extinción. El encuentro se dio en un camino rural de Colonia Máximo Castro, en el departamento La Paz. Según contó, se trató de «una mamá y dos cachorros».

«Mamá y dos cachorros intentan cruzar un caminito rural. Ven el auto y se quedan quietos mirando. Uno de los pequeños vuelve al escondite, la madre y el otro cruzan. Observamos a distancia, sin molestar. A los minutos mamá y hermano van a buscar al rezagado. Cruzan juntos los tres», relató la fotógrafa a través de sus redes sociales.

Además, agregó que «el yaguarundí es el felino americano más diferente del resto; por su coloración uniforme sólo recuerda al puma pero es mucho menor. Su forma alargada con cabeza pequeña y patas cortas han contribuido a que, en algunas regiones de Argentina, se lo conozca como ‘gato hurón’. Mide unos 43 a 83 cm de largo (cabeza y cuerpo) más unos 28 a 60 cm de cola. Su altura es de unos 33 cm en promedio y su peso va de los 3 a 9 kg».

Señaló que esta especie de puma «se caracteriza por presentar el cuerpo alargado, la cabeza achatada, orejas pequeñas y redondeadas y cola larga. El pelaje es corto y uniforme sin manchas».

El método Bukele

Hasta ahora, El Salvador ha sido conocido en el extranjero principalmente por la guerra civil y las pandillas brutales. Durante los últimos años no ha exportado mucho más que migrantes. Pero ahora se está llevando a cabo un experimento político que podría darle al país un “poder blando” en el mundo que nunca antes había tenido.

El experimento lo ha iniciado el Presidente Nayib Bukele utilizando lo que se denomina bukelismo. Aunque se le conoce como un “-ismo”, no es una ideología política: más bien es un método político. Se ha vuelto muy popular en su país, y políticos de otros países están tratando de copiarlo. De hecho, este método puede llegar a ser más importante para comprender la política latinoamericana que el tradicional eje derecha-izquierda. Y, quizás, también pueda llegar a generar influencia fuera de América Latina.

El método es simple y, a la vez, técnicamente avanzado. No se trata de visiones de desarrollo social con objetivos, principios y planes. El principio rector es retener y fortalecer el poder del Presidente Nayib Bukele y su círculo íntimo asegurando en todo momento mantener su fuerte popularidad.

El bukelismo incorpora estrategias de populistas autoritarios latinoamericanos desde Hugo Chávez hasta Jair Bolsonaro, y tiene rasgos de Donald Trump, Vladímir Putin, Xi Jinping y Rodrigo Duterte. Al mismo tiempo, el bukelismo ha desarrollado estrategias de comunicación mucho más sofisticadas y ha llevado a la política al mundo de los medios virtuales más allá que cualquier otro. Allí, la tropa de “nayibeliebers” (inspirados en los “beliebers” de Justin Bieber) son alimentados con mensajes finamente pulidos que describen un Bukele genial, juvenil, moderno, humorístico y relajado que atrae a una población joven. De estos, muchos tienen un pie en Estados Unidos y otro, en El Salvador.

Desde la guerra civil, el promedio anual de asesinatos en El Salvador ha sido de alrededor de 4.000. Sin embargo, el año pasado hubo 496 asesinatos y la tendencia continúa a la baja. Los casos de extorsión se han reducido entre un 70% y un 90% (dependiendo de la zona) y la gente vuelve a salir a la calle, los niños y jóvenes juegan al fútbol, resurgen pequeños negocios y el centro de la ciudad ha cobrado vida. Los salvadoreños agradecen a Bukele su nueva paz y libertad.

¿Cómo lo ha logrado? El método se puede describir en cuatro puntos que van mucho más allá de combatir el crimen.

En primer lugar, se ha centralizado el poder. Bukele ha tomado el control tanto de la Asamblea Nacional como del Poder Judicial rompiendo las reglas y asegurando un mayor apoyo en las elecciones parciales. Ni ministros ni alcaldes del partido Nuevas Ideas, de Bukele, pueden tener diálogo directo con empresarios u otros actores políticos. Todo depende de él y sus tres hermanos. Se ignoran los presupuestos y se aprueban, cada vez más, leyes que otorgan al presidente el control directo sobre los gastos, y se ignoran las convenciones internacionales y los derechos humanos. De esta manera, el presidente se ha asegurado una libertad de acción casi total.

En segundo lugar, se ha monopolizado el poder. Cualquiera que desafíe el poder de Bukele corre el riesgo de ser blanco de campañas de desprestigio que lleva a cabo un ejército de asesores de comunicación y troles. Y, en lugar de contratar a empleados de El Salvador, ha contratado a “mercenarios políticos” venezolanos. En 2024, Bukele buscará la reelección, a pesar de que está prohibido por la Constitución y más del 90% de los salvadoreños dice que votarán por él.

En tercer lugar, cualquier organización social puede ser atacada. Las ONG son denominadas a menudo por el gobierno como “fachadas para la intervención extranjera”. Estas medidas no son nuevas, pero lo que hace especial al bukelismo es el cuarto elemento: la gestión basada en el monitoreo de la opinión.

Pandilleros esperan ser llevados a sus celdas luego de que fueran trasladados al Centro de Confinamiento de Terroristas en Tecoluca, El Salvador. Foto: Reuters

El bukelismo gobierna por popularidad a través de la monitorización constante de las opiniones de los salvadoreños, tanto de los que viven en El Salvador como de los que viven en Estados Unidos, y que tienen derecho a voto. La estrategia de comunicación se ajusta continuamente en función de las tendencias en las redes sociales y las encuestas de opinión. Asegurar el apoyo y mejorar la imagen de El Salvador en el extranjero son los objetivos centrales.

Bukele introdujo el bitcoin como medio de pago obligatorio en el año 2021 y esto debe entenderse como parte de esa construcción de imagen. El bitcoin tiene dos funciones centrales para el bukelismo. Primero, le ha dado a El Salvador una nueva imagen entre los entusiastas de las criptomonedas y la tecnología, lo cual ha puesto al país en el mapa, y el turismo ha comenzado a recuperarse tras años de declive. En segundo lugar, el bitcoin le da al propio Bukele, al gobierno y a los que delinquen una forma de mover dinero fuera del control institucional. El bitcoin se ha convertido en el mecanismo favorito de lavado de dinero, pero también se utiliza para que los migrantes envíen plata a casa desde Estados Unidos, aunque no se aplica a las empresas locales. Por lo tanto, el bitcoin, si bien no funciona realmente como un medio de pago, tampoco genera razones para que las personas se opongan.

Con una popularidad creciente y el control sobre todas las instituciones, Bukele pudo lanzar el año pasado una gran ofensiva contra las pandillas. Esto ocurrió después de que se matara a 87 personas en un fin de semana de marzo, lo que rompió con lo que probablemente era un pacto con Bukele. A partir de entonces se impuso el estado de emergencia.

Sin límites al poder de la policía y el Ejército, comenzó una campaña de arrestos masivos que el mundo apenas ha visto. Desde marzo de 2023 han sido detenidas 64.700 personas y el número de reclusos en las cárceles ha aumentado a casi 100.000 personas. El Salvador tiene ahora el mayor número de presos por cada 100.000 habitantes del mundo y, recientemente, Bukele inauguró la nueva cárcel gigante del país que tiene una capacidad para 40.000 personas.

El lado oscuro es que muchos inocentes han sido arrestados. Se ha convertido en una práctica común en los barrios pobres el que los hombres, particularmente los jóvenes, sean encarcelados a pesar de no haber estado afiliados a las pandillas. Si bien Bukele ha indultado hasta el momento a 3.745 inocentes condenados, el número de presos sin derechos ni oportunidades de comunicarse con sus familiares es mucho mayor.

Personas caminan junto a un grafiti que representa al Presidente de El Salvador, Nayib Bukele, en Soyapango, El Salvador, el 25 de enero de 2023. Foto: Reuters

De momento, la mayoría de los salvadoreños aceptan el argumento de que los encarcelamientos irregulares son un “daño colateral”. No obstante, algunos se preguntan cuánto tiempo podrán mantener encarcelado al 2% de la población. La economía va mal y la pobreza se está incrementando. Aun así, la popularidad de Bukele parece seguir creciendo. Su partido ya ha establecido oficinas en Guatemala y Honduras, y en la región están apareciendo políticos interesados en su estrategia. La pregunta es si la estrategia se puede reproducir.

El Salvador tiene algunas condiciones particulares que han permitido que fuera controlado tan rápido por el bukelismo. Es un país pequeño que estaba amenazado por bandas jerárquicas con las que se podía negociar y cuyos miembros podían identificarse con relativa facilidad, debido a los tatuajes y la vestimenta. Las remesas desde EE.UU., que representan alrededor del 25% de la economía y dan aire a los más pobres, reduce los impactos de los acontecimientos a diferencia de lo que sucede en otros países.

Pero el factor más importante para que El Salvador se convirtiera en un país de “nayibeliebers” era un pueblo inseguro y agotado que había perdido la fe en los políticos y las instituciones, y que usaba mucho las redes sociales. Desafortunadamente, El Salvador tiene mucho en común con demasiados países, por lo que el bukelismo puede convertirse rápidamente en un artículo de exportación al que debemos estar atentos.

Benedicte Bull

La Dra. Benedicte Bull es cientista política. Profesora titular del Centro para el Desarrollo y Medio Ambiente de la Universidad de Oslo. Presidenta del consejo directivo del Instituto Nórdico de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Estocolmo.

América Latina, el continente más desigual. Y el caso argentino, medio siglo de deterioro social

El gráfico responde con 10 casos a la pregunta: ¿cómo se distribuye el crecimiento en América Latina, famosa entre los economistas por ser socialmente más desigual que África y Asia?

Para ello, el proyecto distribuciones.info, liderado por los doctores en economía Mauricio de Rosa (Universidad de la República), Ignacio Flores (Universidad de New York)- y Marc Morgan (Universidad de Ginebra), habilita la descarga libre de datos sobre la distribución del ingreso, los impuestos y las transferencias en América Latina, basado en evidencia generada en investigaciones recientes.

Agradecemos al diario montevideano La Diaria por este estudio, basado en datos de esa página web.

La información se divide en tres grupos. El primero refiere a la denominada predistribución del ingreso, que refleja los ingresos generados por los mercados antes de la intervención fiscal. 

El segundo se centra en la distribución del ingreso monetaria, que considera el pago de impuestos y el cobro de prestaciones sociales. 

Por último, el tercer conjunto de datos refiere a la distribución del ingreso disponible, donde se imputan también las transferencias sociales en especie, principalmente referidas al gasto público en salud y educación.

Los autores advierten poquísima redistribución monetaria en la mayoría de los países analizados. Incluso luego de deducir impuestos y sumar prestaciones sociales, es enorme en Perú y México. En el resto de los 10 países comparados, las transferencias monetarias no contrarrestan el efecto regresivo de los impuestos al consumo. Ejemplos argentinos de tapa de manual, el IVA, o Ganancias aplicado a sueldos. 

Es en el ingreso disponible donde se observa una baja relevante de la desigualdad en algunos países de la región. Esto se debe a la relativamente buena focalización del gasto en educación y salud entre los estratos de ingresos más bajos.

En el gráfico se recogen dos indicadores relevantes para medir la desigualdad de ingresos: la participación en el ingreso disponible del 50% más pobre, comparada con la del 10% más rico.

Países como México, Colombia, Perú o Brasil presentan niveles extremos de desigualdad, con ingresos muy concentrados en la cola alta de la distribución. En estos países, el 10% de la población concentra más de la mitad del ingreso disponible anual. En el extremo inferior de la distribución, el 50% de la población concentra entre un 10% y un 15% del ingreso disponible anual.

Por el contrario, en los países menos desiguales de la región, entre los que se encuentra Uruguay, el 10% más rico de la población concentra cerca del 40% del ingreso disponible anual, mientras que el 50% más pobre como mucho se apropia del 20%.

La Argentina es un caso aparte. En los ’50 y ’60, y casi sin desocupación, los sueldos del trabajo registrado llegaron a ser el 51% del ingreso, y el efecto igualizador se potenciaba con hospitales públicos, sistemas de salud sindical y educación pública en todos los niveles. 

La Argentina no sólo fue el país más igualitario de la región. También el más educado, industrial, sano y próspero.

El retroceso de ingresos de asalariados y de desocupados desde 1974 y especialmente en la última década, así como el abandono de los sistemas de salud y educación pública, lograron algo insólito. Transformaron a la Argentina en un país más desigual que Ecuador y que el Salvador. Y que Uruguay. 

Daniel E. Arias

La reversión del gasoducto Norte no estará lista para el invierno. Peligra el abastecimiento de gas

La estatal Enarsa aprobó el sábado las propuestas técnicas de las tres empresas constructoras —la UTE Techint-Sacde; BTU y la norteamericana Pumpco— que se disputan la adjudicación del renglón 1 de la licitación para revertir el Gasoducto Norte, una obra de infraestructura clave para abastecer de gas natural a las provincias del norte del país, en especial a Córdoba, Tucumán y Salta. Los sobres con las ofertas económicas se abrirán esta semana y allí se conocerá quién se quedará con el proyecto. La finalización del proceso licitatorio, sin embargo, está lejos de ser un bálsamo para las necesidades energéticas que enfrentará la Argentina durante 2024.

A raíz de las demoras en el concurso derivadas del recambio presidencial —en un primer momento, la administración de Javier Milei era de la idea de cancelar la compulsa porque está enmarcada bajo el paraguas de la Ley de Obra Pública—, es un hecho que, incluso con viento a favor, la reversión del Gasoducto Norte no estará lista para el invierno, como estaba pensada originalmente para terminar con la dependencia del gas boliviano. De hecho, el pliego confeccionado por Enarsa prevé la fecha del Apto para Funcionar (APF) del nuevo gasoducto La Carlota-Tío Pujio recién para el 30 de agosto. Por eso, lo más probable es que la obra esté finalizada recién en septiembre, hacia el final de la temporada invernal.

Eso quiere decir que el gobierno deberá buscar alternativas para asegurar el suministro de gas para el norte del país durante los meses de frío, cuando se dispara el consumo residencial. El presidente de Enarsa, Juan Carlos Doncel Jones, y otros funcionarios del Ejecutivo, como Fernando Solanet, que trabaja como subsecretario de Gas Natural aunque no está formalmente nombrado, y Carlos Casares, interventor del Ente Regulador del Gas (Enargas), ya están abocados a esa tarea, aún sin resultados concretos.

Reversión tardía

Enarsa concursó la reversión del Gasoducto Norte en cuatro renglones (mini licitaciones), cada una de las cuales incluía una serie de obras. El proceso se complicó por los problemas registrados con el renglón 1, dado que todas las ofertas recibidas superaron el presupuesto máximo autorizado por el pliego licitatorio, todavía durante la gestión de Alberto Fernández.

La nueva administración de Javier Milei exploró opciones para intentar reflotar la adjudicación de ese renglón, pero finalmente decidió relicitarlo por un pedido explícito de la Corporación Andina de Fomento (CAF), que financia buena parte del proyecto con un crédito de US$ 540 millones y se negó a avalar la adjudicación directa del renglón 1, que contempla el tendido de 22 de los 122 Km de caños de 36 pulgadas de diámetro que conformarán el gasoducto La Carlota-Tío Pujio. Los restantes 100 Km de ese nuevo caño troncal del sistema de transporte de gas serán construidos por la UTE entre Techint y Sacde, que se adjudicaron los renglones 2 y 3 de la licitación de Enarsa.

La imposibilidad de contar en tiempo y forma con el gasoducto La Carlota-Tío Pujio inhabilita la opción transitoria presentada por Transportadora de Gas del Norte (TGN), que propuso revertir de forma manual dos plantas compresoras para incrementar un 50% la capacidad de transporte de gas desde la cuenca Neuquina hacia el norte del país. En concreto, la alternativa ideada por TGN permitía enviar 15 millones de metros cúbicos diarios (MMm3/día) de gas desde Neuquén hasta Salta, pero la solución precisaba como condición necesaria que el gasoducto La Carlota-Tío Pujio esté operativo para los meses de frío; algo que finalmente no será posible.  

Alternativas

El gobierno deberá buscar ahora alternativas para asegurar el suministro de gas en las provincias del norte mediante la importación de gas desde Bolivia o Chile. En total, precisa conseguir entre 4 y 6 MMm3/día más de gas de lo que estaba previsto. La primera alternativa requiere de una negociación tripartita con YPFB, la petrolera estatal del país del Altiplano, y Petrobras. Concretamente, la Argentina deberá lograr que la petrolera brasileña libere parte del gas que tiene contratado desde Bolivia —Petrobras tiene prioridad por sobre Enarsa— para que YPFB envíe ese volumen hacia la Argentina.

No es iniciativa sencilla, de hecho, el año pasado la ex secretaria de Energía, Flavia Royón, tuvo serios inconvenientes para encauzar esa gestión. Bolivia sufre por la declinación estructural de sus yacimientos convencionales por lo que no está en condiciones de asegurar el envío de 4 MMm3/día de gas hacia Salta, la cantidad mínima que requiere la Argentina para planificar el abastecimiento energético en la región norte del país.

La otra alternativa que tiene en carpeta Enarsa es importar gas desde Chile a través del Gasoducto Norandino, pero para avanzar necesita que grandes industrias de Chile —fundamentalmente algunas mineras— liberen capacidad de transporte que tienen contratada en firme para que el Gas Natural Licuado (GNL) procesado en la terminal Mejillones termine en nuestro país. En cualquier caso, para los funcionarios argentinos los meses que vienen serán de intensas y complejas negociaciones con autoridades de Boivia, Brasil y Chile.

La Argentina NO produce alimentos para 400 millones. Y hay déficit en verduras

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Durante los últimos 10 años, diferentes presidentes y dirigentes -sin distinguir partidos políticos- han afirmado que nuestro país produce alimentos para 400 millones de personas, un equivalente aproximado a unas 9 veces la población actual de la Argentina. 

Tanto Mauricio Macri (Cambiemos) como Alberto Fernández (Frente de Todos) y, más recientemente, Javier Milei (La Libertad Avanza), han repetido esta frase en sus discursos, aunque la cifra se basa únicamente en una estimación.

Ahora, un informe del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA) analiza este mito y busca responder a la pregunta: ¿A cuántas personas realmente alimenta nuestro sistema productivo?

Producción destinada al consumo animal

“Una pregunta muy habitual es: ¿de dónde surge la famosa cifra de los 400 millones? En realidad, siempre fue interpretada de una manera sesgada. Siempre planteamos que los 400 millones en realidad no representan alimentos que conformen una dieta sino que es la mera traducción de la producción a las calorías”, explicó a Chequeado Sergio Britos, director de CEPEA.

La producción anual de alimentos vegetales en la Argentina es de casi 4 toneladas anuales por habitante y la de alimentos de origen animal, de unos 400 kilos anuales por habitante, según los últimos datos de las Hojas de Balance de Alimentos, una herramienta desarrollada por la FAO que muestra la disponibilidad de alimentos a nivel nacional.

Entre sus múltiples destinos, explica el informe de CEPEA, parte de los alimentos producidos se exportan (la mayoría, con escasa transformación o valor agregado), otra parte se destina a usos no alimentarios (por ejemplo, biocombustibles o insumos de otras industrias), hay pérdidas y otra parte termina conformando la disponibilidad para el consumo humano en la forma en que llegan a nuestra mesa. ¿Cuánto? Casi 400 kilos anuales por habitante de alimentos vegetales y unos 300 kilos anuales por habitante de origen animal.

“Cuando estas cantidades de productos se transforman a energía (kilocalorías -kcal-) resulta que la producción total de alimentos equivale al requerimiento calórico medio (diario) de algo más de 650 millones de personas: unas ‘14 Argentinas’ (aquellos 400 millones hoy son 650 millones). El mismo cálculo aplicado a las exportaciones da como resultado un poco más de ‘5 Argentinas’: exportamos el equivalente en requerimiento de kcal de unos 240 millones de personas”, destaca el estudio. 

Las exportaciones de los alimentos producidos se concentran muy especialmente en las cadenas de maíz y soja (tres cuartas partes del total). Es clave recordar que al menos 2 terceras partes de las exportaciones de soja (en forma de harina) y de maíz no se destinan en forma directa al consumo humano sino a alimentos para el engorde (en otros países) de pescado, pollo, cerdo o vacas.

“En este hecho descansa buena parte de la falacia: producimos alimentos para exportarlos con destino al consumo animal. Y de aquí se deriva una primera conclusión: Argentina no produce alimentos para 650 millones de personas: lo que produce (y también exporta) son calorías, fuertemente concentradas en alimentos de 2 cadenas (maíz y soja), pero con una diferencia muy significativa al concepto de una dieta saludable”, concluye el análisis.

¿Cuántas personas pueden alimentarse saludablemente con lo que produce el campo argentino?

Para responder esta pregunta, el informe de CEPEA parte de las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA) y de trabajos propios sobre propuestas alimentarias saludables y sostenibles. Los resultados se presentarán en el seminario gratuito “Alimentación saludable y sostenible en la Argentina”, organizado por la Universidad Católica Argentina (UCA).

Así, se establecieron las recomendaciones de diferentes segmentos de la dieta: por un lado, verduras, frutas, legumbres y frutos secos, lácteos y pescado (alimentos con consumos deficitarios en muy amplios segmentos de la población) y por otro, la de cereales y papa y carnes rojas y pollo (con consumos ampliamente superiores a las recomendaciones).

Al comparar la producción de cada segmento de la dieta con las necesidades del conjunto de la población argentina, se llega a la segunda conclusión del informe: la suma de todos los alimentos producidos anualmente solo cubre las recomendaciones de una alimentación saludable -en sus principales alimentos deficitarios- de apenas un poco más de media argentina (27 millones de personas).

Los alimentos más deficitarios en la mesa de los argentinos (legumbres, frutos secos, verduras y frutas) son -cuando se los analiza conjuntamente- los más limitados en la relación producción/recomendación saludable. Sin embargo, cuando se desagrega cada uno de ellos, las verduras son las más comprometidas (la producción actual sólo cubre la recomendación de 15,5 millones de personas).

Por el lado de los alimentos de origen animal, el abastecimiento de pescado se encuentra en el límite de la recomendación de consumo. Mientras que en lácteos hay una situación deficitaria, ya que la producción (descontando el uso en la elaboración de manteca) alcanzaría para cubrir la recomendación de 37,5 millones de personas.

En el extremo opuesto, 3 grupos de alimentos que en todos los estudios dietarios resultan ser los excesos más característicos -en un contexto de país que tiene altas prevalencias de pobreza y sobrepeso- coinciden en rasgos productivos más que prominentes. Nuestro país produce cereales y otros alimentos feculentos para 1,1 billón de personas, carnes para 185 millones y azúcar para 135 millones. 

“Nuestro sistema alimentario -más allá de que tiene todas las potencialidades y la competitividad que le reconocemos- tiene algunas limitaciones en términos de una alimentación saludable y sostenible. Nuestro sistema productivo alimentario reproduce lo que uno después observa cuando realiza encuestas en las personas y encuentra los patrones alimentarios. Lo que producimos de forma deficiente, es lo que luego encontramos deficientes en la dieta de los argentinos y al revés”, concluyó Britos. 

Prueban en EE.UU. el motor de avion a hidrógeno más grande del mundo.


Dentro del panorama de cambios planteados -y esperados- en la nueva era de la movilidad, el de la aviación es uno de los sectores que enfrenta el desafío más grande, literalmente. No solo por el porcentaje de contaminación que representa en la torta global de emisiones de dióxido de carbono -que es, según estadísticas, de entre un 2 y un 5% del total-, sino por el tamaño de las aeronaves.

En este campo, los motores juegan un rol crucial, y en la escena este año el protagonismo parece llevárselo el hidrógeno.

La novedad hoy es de Universal Hydrogen, una empresa estadounidense que llevó a cabo con éxito una prueba en la que utilizó un motor de aviones que funciona con esta fuente de energía. Concretamente, usaron una pila de combustible de un megavatio que funciona con hidrógeno líquido.

El test se realizó en el puerto aéreo y espacial de Mojave, en el estado de California. Desde la compañía explican que el hito es una suerte de adelanto que muestra que sí es posible descarbonizar la industria de la aviación.

Para el motor usaron una pila de combustible de un megavatio que funciona con hidrógeno líquido.
Para el motor usaron una pila de combustible de un megavatio que funciona con hidrógeno líquido.Universal Hydrogen Co.

Cómo funciona

Desarrollado en el centro de ingeniería y diseño de Universal Hydrogen en Toulouse, en Francia, el módulo de hidrógeno líquido es el núcleo de la oferta de servicios de combustible de la empresa para la aviación.

Contiene aproximadamente 200 kg de hidrógeno líquido y es capaz de almacenarlo durante largos períodos sin evaporación a bajas temperaturas (hidrógeno criogénico), además de poder convertirlo en hidrógeno gaseoso caliente, que es consumido por el tren de potencia.

El módulo también incorpora características como detección de fugas de hidrógeno y sistemas de ventilación, así como un conector rápido a prueba de fugas para facilitar su instalación y extracción de la aeronave.

“Es el tren de potencia de celda de combustible más grande que ha funcionado con hidrógeno líquido”, dijo Mark Cousin, presidente y director de tecnología de la empresa.

“Es el tren de potencia de celda de combustible más grande que ha funcionado con hidrógeno líquido”, dijo Mark Cousin, presidente y director de tecnología de la empresa.
“Es el tren de potencia de celda de combustible más grande que ha funcionado con hidrógeno líquido”, dijo Mark Cousin, presidente y director de tecnología de la empresa.Universal Hydrogen Co.

En la prueba, el módulo de hidrógeno líquido alimentó la maqueta terrestre de la empresa durante más de una hora y 40 minutos, simulando el perfil de vuelo de una aeronave regional. En teoría, el módulo de hidrógeno líquido está cargado con combustible que rendiría poco más de 800 km de trayectoria y tres horas de vuelo a plena potencia, más 45 minutos de reserva.

La idea de la compañía es implementar esta tecnología en vuelos regionales.

“Esta demostración es la primera vez que todas las piezas de nuestro portafolio de productos para la aviación regional se han unido”, dijo Paul Eremenko, cofundador y CEO de Universal Hydrogen. “El siguiente paso es actualizar nuestra plataforma de pruebas en vuelo para volar el tren de potencia alimentado por nuestros módulos”.

Universal Hydrogen prevé la entrada de los módulos de hidrógeno líquido en el rubro de la aviación comercial para 2026. Por otro lado, la firma está trabajando en la certificación de un kit de conversión de tren de potencia para modernizar aviones regionales existentes para volar con hidrógeno.

La idea de la compañía es implementar esta tecnología en vuelos regionales.
La idea de la compañía es implementar esta tecnología en vuelos regionales.Universal Hydrogen Co.

El prospecto del hidrógeno en la industria

En la industria de la aviación, y de la movilidad en general, el hidrógeno está emergiendo como una alternativa prometedora por su potencial para reducir las emisiones de carbono y otros contaminantes asociados con los combustibles fósiles, produciendo agua como único subproducto.

No son pocas las empresas que ya mostraron su interés en el tema, y cada vez son más las que incursionan en el desarrollo de esta tecnología. Sin ir lejos, la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio, más conocida como la NASA, en Estados Unidos, estuvo llevando a cabo investigaciones y pruebas de vuelo relacionadas con el uso de hidrógeno como combustible para aviones, con el objetivo de mejorar la eficiencia y reducir las emisiones en la industria de la aviación.

En el gigante americano, en octubre del año pasado el presidente Joe Biden, y la Secretaria de Energía, Jennifer Granholm, anunciaron un programa de inversión en materia de hidrógeno que prevé la creación de siete plantas de hidrógeno limpio para los próximos años y una inversión de US$7000 millones.

Por otro lado, la empresa británica Rolls-Royce, que a hace unos meses publicó los avances de su UltraFan, el que será el motor más grande del mundo, dijo que, aunque en una etapa inicial, el propulsor se alimente de combustibles sostenibles de aviación (SAF, por sus siglas en inglés), la compañía está estudiando cómo sería la implementación de una propulsión híbrida, eléctrica y a base de hidrógeno para una instancia de uso posterior.

También en el Reino Unido, la startup ZeroAvia, ya realizó vuelos de prueba exitosos utilizando aviones propulsados por celdas de combustible de hidrógeno y tiene como objetivo ofrecer una alternativa limpia y rentable a los aviones comerciales de pasajeros.

Así y todo, para una adopción a gran escala el camino es todavía largo e hipotético. Falta invertir en investigación, desarrollo y despliegue, y requiere una colaboración entre la industria y los reguladores, para abordar los desafíos en materia de infraestructura, disponibilidad y seguridad, que supone su implementación.

El CAREM une a la CNEA con INVAP: ahora cambia todo

La foto de la firma de un papel raramente despeina a AgendAR,  pero ésta del 6 de Marzo cambia todo, y para bien. Incluso con el gobierno actual. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) acaba de unir fuerzas con la empresa INVAP para vender en el mundo la central nuclear compacta CAREM.

El resultado termina de cerrar la constitución de un nuevo ecosistema industrial exportador en Argentina. Se ha venido constituyendo muy lentamente. Empezó en 1974 cuando la CNEA creó INVAP en Río Negro, como unidad de gestión ágil para proyectos y despliegues acelerados, incompatibles con la lentitud administrativa del estado. 

Poco después creó CONUAR, en sociedad con el grupo Pérez Companc, para construcción de elementos combustibles de centrales de potencia y reactores de investigación o producción de radioisótopos. Esa empresa hoy exporta componentes de súper-aleaciones de zircaloy e incolloy a centrales CANDU de la India, China y Canadá, así como de Brasil. 

Pero en los últimos 2 años llegaron dos cerezas más a la punta del helado: la actual directora de la CNEA, la Dra. Adriana Serquis, integró dos piezas clave al proyecto CAREM. En 2021 fue NA-SA, o Nucleoeléctrica Argentina, creada paradójicamente por Menem para privatizar las centrales nucleares. 

Serquis la trajo para asegurar la terminación de obra y la puesta en marcha del CAREM prototipo, que a pesar de su exiguo tamaño (32 MW) es una central de potencia, no un reactor que produce radioisótopos o forma personal experto. La CNEA inventó el CAREM hace más de 40 años, pero nunca en sus 73 años de existencia institucional terminó o puso en marcha una planta nucleoeléctrica. NA-SA ya es canchera en ello. 

Tanto le salió el tiro por la culata a Menem con NA-SA que en 2014 ésta terminó Atucha 2, obra abandonada durante 27 años, la reparó sin ayuda alemana en 2023, y entre 2014 y 2018 “retubó” (es decir, reconstruyó a nuevo) la Central de Embalse. Está en línea en su segunda vida desde entonces, y sigue siendo la mejor del país por disponibilidad, y de las mejores del mundo por seguridad, como todas las CANDU.

Y ahora, como moño del paquete, la CNEA trae al ruedo del CAREM a INVAP, que con 43 años de campaña exportadora de reactores, tiene plantas, oficinas y red de apoyo al cliente en Perú, Argelia, Egipto, Australia, Holanda y Arabia Saudita. En los ’80, cuando vendió sus primeros robots industriales en EEUU, INVAP llegó hasta tener una sucursal yanqui llamada Black River, por que los invapios se crían en Río Negro.

Pero lo que INVAP tiene, sobre todo, es fama. Mundial.

Las historias inesperadas de INVAP y de NA-SA

Sala de comandos del OPAL de Australia, considerado el mejor reactor de producción de radioisótopos e investigación del mundo. Dejará de serlo cuando CNEA inaugure el RA-10.

El “apagón nuclear” posterior a la Guerra de Malvinas llevó a INVAP a transformarse por fuerza en una empresa expedicionaria, concentrada desesperadamente en ganar licitaciones de reactores y proyectos nucleares en el exterior contra competidores mucho más poderosos: General Atomics de EEUU, AECL de Canadá, Framatome de Francia, KAERI de Corea, Rosatom de Rusia, y sigue la lista. Les ganó a todas, SIEMPRE, y siempre por calidad, no por precio. Salvo a General Atomics en Tailandia, una licitación muy trucha.

Esto INVAP logró hacerlo por pura necesidad y siempre al borde de la quiebra: la CNEA, su mayor cliente hasta 1982, luego de Malvinas se quedó décadas enteras sin plata para terminar sus propias obras críticas como Atucha II o la Planta Industrial de Agua Pesada. Mal podía hacerle nuevos encargos a INVAP. Esto agrió fuertemente la relación entre ambos puntales del Programa Nuclear.

Lo esperable era que INVAP fundiera. No era en absoluto inevitable que se volviera el mejor exportador mundial de reactores multipropósito, pero ocurrió. Hizo con CNEA parte de los RP-0 y RP-10 de Perú, luego, ya sola ganó el NUR de Argelia, el Inshas de Egipto, y luego increíblemente en 2000 el OPAL de Australia. A partir del OPAL fue el terror de su competencia internacional, precipitó la quiebra de AECL, sacó a EEUU para siempre sin regreso del pequeño nicho de los reactores multipropósito, y ganó sucesivamente otro reactor de investigación en Arabia Saudita y otro enorme de producción de radioisótopos en Holanda.

A partir del OPAL Australia, que es un país anglosajón y oficialmente Primer Mundo, la cholulada multimediática argenta tuvo que enterarse de esta campaña. Que ojo, jamás habría sido posible sin el apoyo de la CNEA, especialmente de su gerencia de combustibles y de sus elencos expertos en ciencia de materiales. Pero a la hora de anotar un tiro libre, eso rara vez se mentaba. Lo cual creó su rencor en la CNEA. 

El reactor PALLAS de Holanda todavía está en fase de co-diseño con el cliente. Holanda, caso raro, cambia de ideas de diseño con frecuencia, e insólitamente no tiene mayor urgencia por entrar en construcción. Mientras paguen por los atrasos que se generan a sí mismos, todo bien y viva la Reina. 

Todos los demás reactores de su campaña INVAP los entregó en tiempo y forma. Un solo atraso, un único sobrepaso de presupuesto, cualquier percance operativo te liquidan. Si sos un peso mosca obligado a subirse al ring a noquear a pesos pesados, ningún tropezón te está permitido. 

La financiación nacional no ayuda a ganar licitaciones. Pero tampoco lo hace la “marca país”. INVAP es un proveedor atómico triunfal pero emergente. No viene de países medianos al estilo de Suecia o Bélgica, sino de una enorme pero precaria república sudaca, pero crónicamente ahogada en deuda. El último logro de nuestra patria ha sido volverse exportadora de forrajes y alimentos, y sin embargo tener 3 millones de adultos y 1 millón de niños y adolescentes en situación de hambre fisiológica. 

En este descalabro tan a la vista del mundo, Argentina más bien tira abajo la imagen de INVAP, y ésta mejora un poco la imagen del país. También la autoestima de sus habitantes. Porque INVAP además diseña, construye y vende satélites, drones y radares civiles y de defensa. Tuvo que diversificarse: es que las licitaciones para reactores multipropósito son más infrecuentes que los cambios de Papa.  

INVAP logró algo aún más raro: a pedido de vaya a saber cuál embajada, Menem intentó quebrarla, lo mismo Fernando De la Rúa, y no lo lograron. Como la caballería en las películas, al final siempre aparecía el estado y salvaba a la firma barilochense. Hablo del estado argelino, el egipcio, el australiano, el saudí y el holandés. Pero cuando Macri, obedeciendo las mismas órdenes de los mismos mandones, fue por el degüello y se negó a pagarle a INVAP deudas muy abultadas y viejas por radares, la empresa se había vuelto famosa. Incluso los medios más oficialistas y algún cacique del PRO tuvieron que salir a defenderla. Tardíamente, INVAP logró ser profeta en su tierra. 

La NA-SA de hoy es producto de otra historia igualmente insólita. Y esto vale repetirlo: Inventada por Menem para vender las centrales nucleares de Atucha 1 y Embalse, nadie las compró. El versátil Menem transformó entonces a NA-SA en una caja recaudadora de su carpa chica: la empresa vivió de NO CONSTRUIR Atucha II. Pero con una nueva dirección drásticamente distinta, entre 2006 y 2014 NA-SA se atrevió a terminar Atucha I, un perplejo meccano de millones de piezas, obra parada “definitivamente” desde 1994. La puso en línea en 2015, contra todo pronóstico de “los expertos” (léase, el lobby petrolero de exministros y secretarios de Energía). Y lo hizo sin ayuda ni garantías del proveedor original, SIEMENS, desaparecido del ruedo nuclear desde 1990. 

Trascartón, entre 2014 y 2018, NA-SA retubó Embalse. NA-SA hoy es la única empresa del Hemisferio Sur que sabe diseñar, construir, terminar y poner en línea centrales nucleoeléctricas. Por si no queda claro, en general las centrales sólo producen electricidad. Técnicamente son muy diferentes de los reactores multipropósito de INVAP y de los muchos que hizo la CNEA en el país.

No es sólo cuestión de mayor potencia térmica: en una central refrigerada a agua, sea liviana o pesada, la física es bastante extrema. Hay núcleos de centenares de toneladas de pastillas de óxido de uranio a 1800 grados Celsius de temperatura, hay refrigerantes a 320º C y a 115 atmósferas de presión. La de potencia es otra ingeniería, mucho más masiva y robusta. Vale incluso en una central «mini», como el CAREM. Y sean grandes o «mini» como los SMRs, el de centrales es un mercado mundial enormemente mayor, y que está creciendo en flecha.

A la luz de ello, la firma del 6 de marzo es mucho más importante de lo que parece: la CNEA terminó de construir un ecosistema nuclear diversificado y colaborativo en torno al CAREM, y la Argentina se prepara para invadir el mercado SMR. En su pertinaz lucha por volver realidad el CAREM, la CNEA probó a más de 1000 empresas nacionales proveedoras, y terminó eligiendo unas 160 porque fueron las únicas que alcanzaron calidad nuclear y cumplieron con las entregas. Van desde PyMES unifamiliares a gigantes como IMPSA o Pérez Companc. No fabrican galletitas ni caramelos, fabrican fierros atómicos. Si el tiro sale bien, se volverán proveedores mundiales.

Y eso sucede en un momento raro: desde en 2024 la cartera mundial de proyectos SMR como el CAREM se amplió a 22 gigavatios proyectados y formalmente pedidos, un 65% más que en 2021. Pero papelitos aparte, por grado de avance real en obra real, el CAREM es el segundo en el mundo tras el Linglong chino. 

El mundo SMR está lleno de proyectos imaginarios, con planes y presupuestos gloriosos, muchas animaciones computadas y folletería, cantidad de Memorandos de Entendimiento internacionales… y ni una triste obra para mostrar. La quiebra en Noviembre de 2023 del proyecto más “fachero” de los EEUU, la central NuScale (una copia bastante desfachatada del CAREM) empieza a separar la mucha paja del poco trigo. Para no confundir ruido con nueces, la OCDE (la Organización de Cooperación y Desarrollo), básicamente un club de países ricos afines a la OTAN, mandó a su agencia nuclear, la NEA, a hacer un tablero comparativo. Mide seis grados de posibles de avance de los SMR del mundo, según seis ejes diferentes. Ya iremos al detalle.

Lo cierto es que el CAREM puntúa mejor que todos los proyectos de gran ruido en Occidente. Mejor que el difunto NuScale (la OCDE hizo su tablero comparativo a principios de Noviembre de 2023, días antes de la quiebra de esa sociedad). Puntúa arriba del General Electric Hitachi BWRX-300, mejor que el SMART coreano y mejor que el Rolls Royce británico.

El CAREM, compatriotas, va en segundo puesto en una lista de 98 proyectos. Lista de la que se autoexcusaron de participar otros 42, porque sencillamente no tienen nada tangible o al menos medible qué mostrar. Según este tablero, el único país con mejores puntos que nosotros en la comparativa de SMRs es China, con su central ACP-100 Linglong. Perdón si lo repetí ya no sé si tres o cuatro veces, pero es que a mí tampoco me entra en la cabeza. Los desconfiados pueden acceder al tablero de la NEA-OCDE aquí.

La finalización de un ecosistema industrial argentino bien enraizado es obra de muchas administraciones sucesivas de la CNEA. Pero después del «apagón nuclear» de Alfonsín, Menem, De la Rúa y Macri, termina siendo el logro de la gestión de Adriana Serquis. El que quiera romperse las patas con la idea de intentar otra liquidación del Programa Nuclear Argentino, no se va a encontrar con un castillo de naipes. Se va a encontrar con mucho fierro, mucho hormigón y mucha empresa que quiere exportar.

Como me dijo riéndose por lo bajo una de las muchas ingenieras nucleares que dirigen el avance de obra del CAREM: “Ahora vamos por la conquista del mundo. Y eso para empezar”. La conozco, es muy irónica pero empuja como una locomotora. Y sospecho que hablaba en serio.

Capuletos y Montescos se amigan

Una firma histórica: de izquierda a derecha Adriana Serquis, directora de CNEA, Alejandra Calvo, gerenta de márketing de la Gerencia CAREM, Darío Giussi, gerente general de INVAP, Felipe Albornoz y Nacho Grossi, gerentes de la división nuclear y la de estrategia de esa firma, y Sol Pedre, gerenta del Proyecto CAREM.

El CAREM es un SMR, o Small Modular Reactor. En su futura versión comercial, va a ser una central eléctrica compacta que se puede construir añadiendo módulos de 120 o 125 MW hasta llegar a 4 y sumar una potencia instalada de 480 o 500 MW. Cada módulo en línea va pagando los siguientes con venta de electricidad, una idea nacida en la CNEA en 1984, cuando se vislumbraba que el crecimiento del parque nuclear nacional y mundial debía autoasegurar su financiación.

En el presente es un prototipo de potencia mucho menor, 32 MW, lo suficiente como para dar electricidad a una ciudad de 100.000 habitantes con algunas industrias. Que todavía no prendan la luz, porque falta terminar la obra civil, fabricar y testear en frío algunas de las piezas claves (el recipiente de presión y los generadores de vapor), y luego montar los componentes nucleares y no nucleares. Cuando el prototipo se termine y ponga en marcha recibirá bastantes visitas de posibles compradores internacionales. Decenas, porque en el volátil y versero mundo SMR, el CAREM, más evolucionado que revolucionario, tiene una ventaja comparativa indudable: existe. La NEA-OCDE hizo el tablero para no comprar humo, especialmente propio.

Los reactoristas de la CNEA que idearon el CAREM cuando yo no tenía canas añadieron más cosas: seguridad inherente al diseño, lo que significa refrigeración convectiva del núcleo. «Convectiva» significa que el agua caliente sube y la fría baja, cosa garantizada por las leyes irrompibles de la física, en lugar de por bombas falibles.

También sumaron portabilidad: la capacidad de fabricar piezas en gran escala, de un tamaño que puedan llegar con cierto montaje en origen a obra por barco, tren o camión, y ensamblarse rápidamente en destino. Y sumaron precio: la fabricación centralizada de decenas de miles de componentes permite ahorros de escala, pese a la potencia reducida. Esto significa megavatios hora más baratos que los competidores: aproximadamente la mitad de lo que habrían costado los del proyecto estadounidense NuScale, que según su márketing, se vendería en diez países. Pero NuScale se pinchó en uno solo, EEUU, y por sobrecostos. La Gran Democracia del Norte ya no sabe fabricar un reactor que no sea militar, y en el Pentágono nadie te exige que te atengas a tontos presupuestos.

El punto de partida del CAREM fue el Otto Hahn, un motor naval alemán experimental sumamente civil. Propulsó un barco mineralero del mismo nombre. Entre 1970 y 1972 navegó sus primeros 463.000 km. (equivalente de 11,55 perímetros terrestres) con un gasto de apenas 22 kg. de uranio 235. 

Sin ningún contratiempo, el Otto Hahn finalizó su carrera en 1979 con 1,2 millones de km. recorridos y 30 puertos de parada en 22 países. Pero por su motor nuclear, nunca fue autorizado a cruzar el Canal de Panamá ni el de Suez, de modo que sus recorridos desde A hasta B triplicaban los del resto de la flota mercante. De yapa competía contra el combustible líquido más barato y contaminante después del carbón: el búnker-oil, todavía típico de los buques de comercio. La Organización Mundial de la Salud dijo allá por 2010 que el búnker estaba matando unas 90.000 personas por año en las ciudades puerto, porque las obliga a respirar hollín 24×7.

En ese contexto, la República Federal Alemana consideró que su barco sin humareda era un fracaso económico. Nunca repitió el experimento.

La ingeniería básica del Otto Hahn se reconfiguró radicalmente en la CNEA para lograr una planta de potencia eléctrica terrestre inmóvil. Por estar en una posición vertical estable, necesaria para que se genere una circulación convectiva, el CAREM podía no depender NUNCA de bombeo asistido para su refrigeración, como sí lo hacía el Otto Hahn, que era un barco que cabeceaba, rolaba y guiñaba lo suyo. Al CAREM se lo diseñó capaz de gestionarse a sí mismo varios días por sistemas pasivos, dependientes mayormente de la gravedad, y sin personal en planta, en caso de una emergencia por pérdida masiva de refrigerante. 

El escaso tamaño pensado para el CAREM por la CNEA en 1984 (apenas 25 megavatios) apuntaba a la creación de pequeños “oasis eléctricos” en zonas despobladas, fuera de red y con actividades electrointensivas: minas en la Cordillera, ciudades o factorías en llanuras secas y despobladas, o en islas imposibles de conectar a continentes por cable eléctrico submarino debido a las fosas oceánicas profundas. Ese CAREM 25 se pensó para países tan distintos entre sí como los de Medio Oriente, África Occidental, o Malasia con sus 878 islas, o Indonesia con sus 18.100, de las cuales 6000 están habitadas.

Y como la CNEA ya venía preparando su campaña de exportación de reactores a través de INVAP, todos de investigación o producción de radioisótopos, el CAREM mientras fue un proyecto de INVAP le sirvió como máquina de segunda propuesta, o de “Y ya que estamos”. Onda: dado que nos compraron un reactor y anda joya, ¿por qué no nos compran también una centralita compacta? La otra propuesta era: «Uds. no tienen experiencia nuclear alguna. ¿Por qué no empezar a formar operadores con una central chica, en lugar de con un reactor docente? Es saltar varios casilleros». Eran propuestas sexy. Alguien iba a picar, y lo hizo. 

Es una lástima que las ideas no se puedan patentar. Ésta del CAREM ha generado 140 proyectos en más de 30 países, algunos de los cuales son copias más o menos descaradas del CAREM, como el NuScale, y otras se basan en ingenierías y combustibles muy divergentes. Cosa que nos favorece: en la industria nuclear, ese conservadurismo técnico de atenerse a uranio enriquecido y refrigeración por agua, aún en una central tan audazmente simplificada como el CAREM, gana puntos.  

Como cualquier cacatúa con plata se cree Carlitos Gardel, la citada NEA de la OCDE estableció su sistema de puntuación de seis grados y seis ejes para aclararse los tantos a sí misma. Fueron demasiado honestos. Probablemente no esperaban que los EEUU, Canadá y la UE salieran tan mal calificados, y el CAREM argentino, que los congresos mundiales sobre SMRs insisten en ningunear, saliera segundo detrás del Linglong chino. Sí, okay, eso ya no lo repito más. Lo juro.

Los seis ejes son:

  • Licenciamiento (es decir autorización regulatoria de pasar de planos a obra y de ahí a puesta en marcha),
  • “Siting” o ubicación (debe ser socialmente aceptada y estar legalizada),
  • Cadena de suministros (debe existir, la suelen formar centenares de industrias calificadas a calidad nuclear),
  • Compromiso (medido como enraizamiento nacional y/o internacional del proyecto en diversas organizaciones),
  • Combustible (un asunto que toma muchos años de diseño, pruebas y licenciamiento). El del CAREM estaba resuelto y ensayado ya en 2004, en un reactorcito experimental de baja potencia construido por la CNEA en Pilcaniyeu. 

Entre 140 proyectos, la puntuación multiaxial inventada por la NEA-OCDE da resultados rarísimos. La INET, una central china muy futurista con combustibles en forma de pelotitas de cerámica de uranio, ya está entregando potencia (500 MW, no es poco). Pero es más un experimento muy avanzado que una máquina fácilmente reproducible en casa y licenciable en el exterior, incluso para China. Por eso califica abajo del CAREM, aunque éste sólo sea un prototipo en construcción.

Sobre cuál será el CAREM que termine exportándose, ése es un reino de conjeturas y batallas de pasillo. El modelo de cuatro módulos y 480 o 500 MW tiene sus encantos, pero todavía está en planos. Y capaz que el prototipo de 32 MW podría terminar siendo más vendible, andá a saber. El de los SMR es un mercado inminente, y todo pronóstico es difícil, especialmente si trata del futuro. Eso decía Niels Bohr, que era físico nuclear, ergo irónico.     

El prototipo está en construcción bastante avanzada en el predio de las centrales Atucha 1 y 2, en Lima, sobre las barrancas bonaerenses que balconean sobre el Paraná de las Palmas. Se lo sigue llamando CAREM 25 ignoro por qué, cuando algunos retoques de ingeniería pronostican 32 MW eléctricos en las planillas de cálculo.

El CAREM hizo un ping-pong institucional pavoroso y múltipe entre CNEA e INVAP. Nació en 1984 una CNEA dirigida por un presidente que hizo todo lo posible por cerrarla, toda una novedad. Cuando por fin se fue para no hundirse con el naufragio que creó, tomó su lugar la Dra. Emma Pérez Ferreyra y salvó a la institución, que estaba perdiendo hasta tres doctores en física o ingeniería nuclear por mes. Emma, como la llamaba hasta el portero (y eso es verdad), hizo dos cosas grandiosas: reparó Atucha 1 sin la SIEMENS, en 9 meses en lugar de en 6 años, y a un 17% de lo que quiso cobrar la multinacional alemana por arreglar su prototipo… que no estaba en garantía, dijeron.

La otra cosa grandiosa que hizo Emma fue aquilatar que los planos del CAREM se iban a cubrir de polvo en la CNEA. Ésta no lograba conseguir fondos de Alfonsín para hacer avanzar Atucha 2 y además la CNEA no lograba tomarse en serio ninguna central que no fuera mediana o grande. Y a la luz de ello, le dio el proyecto a INVAP, que tan bien entendió la cosa que al año siguiente (1988) ya lo estaba vendiendo en Turquía, según sus usos y costumbres muy barilochenses.

Y Turquía lo estaba comprando, pero no para despliegue nacional. Ya en 1988 eran un país 100% cubierto por red interconectada y con mucha industria. En su módulo 25 MW, el CAREM les quedaba chico. Lo querían comprar el CAREM para venderlo, también según usos y costumbres muy turcos. Eso lo hizo fracasar Menem. Paralizó la cosa tres años, luego le pasó el proyecto a la CNEA, y el hombre de Menem en la CNEA le pidió a la TAEK, la Comisión Nuclear Turca, un «regalo para la corona» demasiado fastuoso.

En 2006 el kirchnerismo redescubrió el átomo, muy impresionado por la inauguración del OPAL en Australia y muy presionado porque la economía argentina estaba creciendo al 8,5% anual, propulsada por la industria. Y como la red eléctrica estaba como la había dejado Alfonsín, hecha percha pero además privatizada por Menem, hacía falta potencia de base. Y la nuclear es la única que te da 90% de disponibilidad o más.

En el viaje hacia Sydney, la nueva presidenta de la CNEA, Norma Boero, estuvo dele que dele charlando en el avión con CFK, y a la vuelta de Australia estaba tomada la decisión de que NA-SA terminara Atucha 2 y de que el Programa Nuclear tenía que resucitar aunque fuera a paletazos. Y un poco inesperadamente, tras sólo un poco de resucitación cardiopulmonar, el Programa volvió de la muerte. Pero Boero (siempre pensé que fue un error de Norma, y hoy no) dictaminó que había que salvar a la CNEA con un proyecto «de bandera», para lo cual le sacó la dirección a INVAP y creó en la CNEA una Gerencia únicamente dedicada al CAREM. La bronca que generó eso en INVAP es indecible. Para INVAP el CAREM también era «de bandera».

El regreso no del CAREM a INVAP sino de INVAP al CAREM, esta vez como motor de exportación, termina de suturar viejas heridas en ambos actores principales de nuestra historia atómica. Se hicieron inevitables durante los 23 años en que tanto la institución como la empresa estaban bajo amenaza existencial de desaparecer, la CNEA por evaporación de recursos humanos, INVAP por quiebra.

La firma del Memorando de Entendimiento del 6 de Marzo es la reconciliación de estos Capuletos y Montescos nucleares, y para bien de Verona (la Argentina, por si alguien no pescó la metáfora). Es también un producto de la maduración, mayormente en la adversidad, de dos organizaciones que resultaron muy resilientes: una de 73 años, y otra de 50. Romeo y Julieta son la tercera generación de estas nobles familias. Se casan por méritos, sin tragedias ni suicidios shakespearianos.  

He venido apoyando la construcción del CAREM desde 1986, cuando conocí, deslumbrado por su sencillez y audacia, el proyecto. Junto con el embajador Adolfo Saracho fui un mes a Turquía en 1988, cuando este país quería el CAREM para quitarse de encima a los dueños de la OTAN, que no lo dejaban entrar al entonces llamado Mercado Común Europeo. En parte por despecho, en parte por olfato comercial, querían una centralita para exportar a Medio Oriente, África y el Sudeste Asiático, lugares donde Turquía ya vendía cantidad de productos industriales propios, algunos tecnológicamente complejos. Y la cosa -perdón por repetirme- se había miti-miti entre la TAEK, la Comisión Nuclear Turca, e INVAP, que sabía más del negocio. Los turcos estimaban unos 30 clientes potenciales.

En 1993 Menem destruyó esta colaboración. En el State Department y en Quai d’Orsay habrán descorchado champagne, supongo. No había ninguna central nuclear en el mundo siquiera parecida al CAREM. Fue el primer SMR. Pudimos haber cambiado la historia nuclear, y la nuestra como país.

En 2000 la tenacidad de tornillo de Aldo Ferrer y Dan Beninson logró que el CAREM debiera construirse por ley nacional, y con presupuesto acordado por ambas cámaras. Pero la partida estaba fijada en pesos, y el último director de la CNEA, un cacique petrorradical puesto por la Alianza, logró patinarse la cifra en tres sucesivos estudios de factibilidad comercial, a ver si alguno le daba mal. Le dieron bien los tres, pero en los tres años gastados en masturbaciones de consultoría la plata se volatilizó por hiperinflación, de modo que cero obra. El tipo renunció junto con De la Rúa, pero se fue discretamente en auto y silbando bajito, no en helicóptero. Misión cumplida.

Ninguno de los funcionarios que frenaron el CAREM de los modos más insólitos, increíbles e ilegales sufrió acusación alguna. Los que no se murieron, están todos sueltos y conspirando. 

Pero ahora enfrentan un ecosistema nuclear diverso y enraizado.

La van a tener difícil.

Daniel E. Arias 

El gobierno no está homologando las paritarias

La protesta del sindicato de Camioneros por las complicaciones en su paritaria puso al descubierto una mecánica extendida del Gobierno: una evasión deliberada de su rol de contralor en las negociaciones salariales que habilita a los empresarios a retacear aumentos pactados por las propias cámaras sectoriales. La maniobra pudo ser verificada no sólo en el gremio de Hugo y Pablo Moyano sino también en los de alimentación, textiles, encargados de edificios, plástico, aceiteros, molineros, mineros y pasteleros, entre otros. Incluso un grupo de organizaciones del rubro industrial prepara por esta omisión una presentación judicial contra la administración libertaria.

La falta de homologaciones fue asumida por la propia Secretaría de Trabajo aunque con una explicación de orden administrativo: producto de la aceleración de la inflación la cartera laboral pasó de una dinámica de legalizaciones de negociaciones de una vez al año por cada sindicato a otra bimestral y hasta mensual, que venía de arrastre en la gestión de Alberto Fernández y se agudizó con la devaluación de Javier Milei y Luis Caputo.

En reserva, los funcionarios reconocen ante los dirigentes que las firmas sólo avanzan si los acuerdos contemplan las pautas salariales dictadas por el ministro de Economía: no más de 19% para enero, 15% para febrero y 12% para marzo. La suba de los valores de la canasta básica fue en igual período de 20,6% en enero, en tanto que para febrero se prevé alrededor de 15% y un valor similar para marzo. Esa distancia no contempla el salto de 25,5% de diciembre asociada de manera directa a la devaluación. Los acuerdos de partes tienen, para la administración libertaria, topes más estrictos incluso que los que plantearon anteriores gestiones peronistas y hasta la de Mauricio Macri.

El corrimiento de Trabajo en la legalización de los expedientes tuvo hasta ahora todo tipo de repercusiones en el ámbito laboral. Por un lado, la queja generalizada de aquellas organizaciones que se ven privadas de una herramienta necesaria en muchas ocasiones para reclamar los incrementos resueltos. En paralelo, una mayor reticencia de las empresas a pactar subas por valores que incluso su actividad permite a caballo del guiño del oficialismo y con un agravante: quienes no pagan esos aumentos pero contaban con los recursos para hacerlo pueden utilizar los fondos para invertirlos en lugar de liquidar ajustes a su personal, con la expectativa de que en el peor de los casos deberán pagar con retroactividad pero sin intereses.

Pero quizás la reacción más novedosa, que este medio constató por lo menos en un sindicato de servicios y en otro industrial, es la decisión de no llevar ante la cartera laboral sus cierres paritarios para evitar un eventual mal trago. Esos gremios alegan, con obvio pedido de reserva, que les resulta más sencillo garantizarse el cumplimiento de los aumentos mano a mano con las empresas de sus respectivas actividades que ante los funcionarios.

La maniobra en sí misma no es novedosa en la historia reciente de las relaciones laborales en la Argentina, en particular tras la caída de la convertibilidad y la reanudación de la gimnasia de negociaciones, pero sí lo es su carácter generalizado, coordinado y a priori indiscriminado. Lo que años anteriores era una prerrogativa de un gobierno para complicarle la vida a un dirigente sindical u obstaculiizar una suba salarial puntual lejana de las pautas previstas por el oficialismo de turno, en lo que va de 2024 es la norma en la Secretaría de Trabajo.

La homologación es un acto administrativo propio de las relaciones laborales que consta del control de legalidad por parte de las autoridades de Trabajo. Contra el criterio de normativas de décadas atrás, en las que el Ejecutivo se reservaba el derecho de analizar los convenios colectivos y los acuerdos paritarios bajo la lupa de criterios de «oportunidad» o «conveniencia», la ley laboral 25.877 de 2004 sólo establece como límite el cumplimiento de la normativa vigente. El artículo 22 de esa ley indica que «la homologación deberá producirse dentro de un plazo no mayor de 30 días de recibida la solicitud, siempre que la convención reúna todos los requisitos establecidos a tal efecto» y agrega que «transcurrido dicho plazo se la considerará tácitamente homologada».

De hecho en el caso de la paritaria de los encargados de edificios, el gremio Suterh alegó que consideraba tácitamente homologado el último acuerdo salarial alcanzado con sus contrapartes patronales. Tal como anunció a fin de febrero, el sindicato que lidera Víctor Santa María pactó una suba de 45% para los salarios de ese mes con la Unión de Administradores de Inmuebles, la Cámara de la Propiedad Horizontal y la Asociación Inmobiliaria de Edificios de Renta y Horizontal. A falta de una firma de la secretaría a cargo de Omar Yasín, el gremio emitió un acta conjunta con las cámaras empleadoras para dar por finalizado el plazo vigente para su homologación tácita, y por ende su plena vigencia.

Pero el episodio más conflictivo hasta ahora es el que dio a conocer Camioneros respecto de tres empresarios y referentes de entidades patronales de Córdoba, Santiago del Estero y Mendoza, a quienes acusó de haber «presentado infundadas impugnaciones intentando boicotear la homologación» del acuerdo salarial. Esos transportistas, alineados con la dirigente del PRO Florencia Arietto, desconocieron por falta de aval oficial el acta firmada por una de las cámaras patronales, Fadeeac.

Un relevamiento entre las principales organizaciones sindicales con paritarias resueltas estableció que la omisión es generalizada. En la Federación de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (FTIA) el Gobierno evitó homologar subas acordadas por enero y febrero; lo mismo sucedió con la Asociación Obrera Textil (AOT), que acordó sumas de 100 mil pesos y $ 110 mil no remunerativas para enero y febrero, respectivamente, que se adicionaron a otros 40 mil pesos resueltos previamente para terminar de integrar los sueldos en los meses inmediatamente posteriores. Trabajo no validó esos entendimientos y el gremio que encabeza Hugo Benítez debió pedirle a la cámara industrial que enviara una circular a todos sus asociados para recordarles la obligación de saldar los aumentos.

En otros rubros, como el de la industria aceitera, la Ftciodyara no logró que se homologaran sus acuerdos salaiales ya desde fin del año pasado; la Unión Obrera Molinera (UOMA) tampoco consiguió que se ratificaran en sede administrativa los incrementos resueltos con las cámaras FAIM, CEPA y Caena; en tanto que los mineros (AOMA) sufrió lo propio en cinco convneios colectivos de actividad y otra decena a nivel de empresas, aunque sus autoridades aclararon que «el 99% de los empleadores paga igual» los aumentos, y en el caso de los Pasteleros la omisión se verificó en las subas resueltas en enero para las cinco ramas de su actividad. Mientras que para el gremio de los plásticos (Uoyep) la objeción fue respecto de su arreglo en la rama de autopartes para febrero.

El descenso de la natalidad es una realidad global, no solo en Europa y Japón

Antes imaginábamos a la humanidad poblando el universo. En La Fundación de Isaac Asimov (1952), la humanidad ha establecido un vasto imperio multiplanetario en el año 47000. «Había casi veinticinco millones de planetas habitados en la Galaxia», escribió Asimov. «La población de Trantor [la capital imperial]… superaba con creces los cuarenta mil millones».

En El problema de los tres cuerpos (2006), de Liu Cixin, por el contrario, somos un error de redondeo cósmico, preparándonos para la aterradora invasión de Trisolaran. Como dice el tráiler de la nueva serie de Netflix: «Están llegando, y no hay nada que puedas hacer para detenerlos».

Cuando Asimov nació en 1920, la población mundial rondaba los 1.900 millones de habitantes. Cuando publicó Fundación, era de 2.640 millones. A su muerte, en 1992, era de 5.500 millones, casi el triple que cuando él nació. Teniendo en cuenta que apenas había 500 millones de seres humanos cuando Cristóbal Colón desembarcó en el Nuevo Mundo, la proliferación de la especie homo sapiens en la era moderna había sido una hazaña asombrosa.

No es de extrañar que algunos miembros de la generación de Asimov temieran la superpoblación y se preocuparan por un inminente desastre maltusiano. Esto llevó a todo tipo de esfuerzos para promover la anticoncepción y el aborto, como se describe en Fatal Misconception: The Struggle to Control World Population (2008), de Matt Connelly. Entre ellas, la política china del hijo único, la intervención gubernamental más severa jamás realizada en el comportamiento reproductivo humano.

Superficialmente, estos esfuerzos fueron un completo fracaso. Frank Notestein, el demógrafo de Princeton que se convirtió en el director fundador de la División de Población de las Naciones Unidas (UNPD), estimó en 1945 que la población mundial sería de 3.300 millones en el año 2000. De hecho, superó los 6.100 millones. Hoy se estima en más de 8.000 millones. En su proyección más reciente, la estimación media de la DPNU es que la población mundial alcanzará los 10.400 millones a mediados de la década de 2080, con un límite superior de más de 12.000 millones a finales de siglo.

Sin embargo, parece un escenario poco probable. El Centro de Expertos en Población y Migración de la Comisión Europea prevé que la población mundial alcance un máximo de 9.800 millones en la década de 2070. Según el Instituto de Métricas y Evaluación Sanitarias, una organización de investigación independiente, el pico se alcanzará antes y a un nivel inferior, con 9.700 millones en 2064.

La palabra clave es «pico». Casi todos los demógrafos consideran ahora que es probable que alcancemos el pico de la humanidad este siglo. Esto no se debe a que una pandemia letal haga aumentar la mortalidad mucho más de lo que lo hizo el Covid-19, aunque esa posibilidad nunca debe descartarse. Tampoco se debe a que la DPNU incorpore a su modelo de población cualquier otro escenario apocalíptico, ya sea un desastroso cambio climático o una guerra nuclear.

Sencillamente porque, en todo el mundo, la tasa global de fecundidad (TGF) -el número de hijos vivos que tiene una mujer de media a lo largo de su vida- no ha dejado de disminuir desde los años setenta. En un país tras otro, ha caído por debajo del umbral de 2,1 (la «tasa de reemplazo», teniendo en cuenta las muertes infantiles y los desequilibrios entre los sexos), por debajo del cual la población está abocada al declive. Esta caída de la fecundidad es, en muchos sentidos, la tendencia más notable de nuestra era. Y no sólo a Elon Musk le preocupa que «el colapso demográfico sea potencialmente el mayor riesgo para el futuro de la civilización».

Nuestra especie no ha terminado de multiplicarse, sin duda. Pero, citando a la UNPD, «se espera que más de la mitad del aumento previsto de la población mundial entre 2022 y 2050 se concentre en sólo ocho países: la República Democrática del Congo [RDC], Egipto, Etiopía, India, Nigeria, Pakistán, Filipinas y la República Unida de Tanzania». Esto se debe a que ya «cerca de la mitad de la población mundial vive en un país o zona donde la fecundidad a lo largo de la vida es inferior a 2,1 nacimientos por mujer».

No muchos previeron el colapso mundial de la fertilidad. Tampoco casi nadie esperaba que se produjera en todas partes. Y no recuerdo a ningún experto que predijera lo bajo que llegaría a ser en algunos países. Se calcula que en Corea del Sur la tasa global de fecundidad en 2023 será de 0,72. En Europa ya no hay diferencia entre países católicos y protestantes. La TGF actual de Italia (1,21) es inferior a la de Inglaterra (1,44). Tampoco hay diferencia entre las civilizaciones cristiana e islámica, esas grandes entidades históricas cuyos enfrentamientos preocupaban al historiador Samuel Huntington. La tasa total de fecundidad de Estados Unidos es ahora de 1,62. La de la República Islámica de Irán es de 1,54.

Fuera de África, un planeta en retroceso

El momento de esta enorme transición demográfica ha variado, sin duda. En Estados Unidos, la TGF cayó por debajo de 2,0 en 1973. En el Reino Unido, un año más tarde; en Italia, en 1977. Los países del este asiático no se quedaron atrás: En Corea del Sur la TGF fue superior a 2,0 hasta 1984; en China hasta 1991. La fecundidad siguió siendo más alta durante más tiempo en el mundo musulmán, pero en Irán cayó por debajo de 2,0 ya en 2001. Incluso en India la TGF ha caído por debajo de 2,0.

Sólo en los países del África subsahariana la fecundidad se mantiene muy por encima de la tasa de reemplazo. En la RDC, por ejemplo, la mujer media sigue teniendo más de 6 hijos. Pero también allí se espera que la fecundidad caiga en picado en las próximas décadas. Según la proyección de la variante media de la DPNU, la TGF mundial descenderá de 2,3 en 2021 a 1,8 en 2100. Las diferencias en las estimaciones sobre cuándo alcanzaremos el punto álgido de la humanidad dependen en gran medida de la rapidez con la que los demógrafos creen que se reducirá el tamaño de las familias en África.

Una crisis mundial de natalidad

¿Cuáles son las causas de la gran caída de la fecundidad? Una teoría, según un sugerente artículo de 2006 de Wolfgang Lutz, Vegard Skirbekk y Maria Rita Testa, es que «las sociedades ascienden en la jerarquía de necesidades desde la supervivencia física hasta la autorrealización emocional, y al hacerlo, la crianza de los hijos queda relegada a un segundo plano porque la gente persigue otros objetivos más individualistas. … La gente encuentra otras formas de encontrar sentido a la vida». Otra interpretación (véase, por ejemplo, este artículo de Ron Lesthaeghe) atribuye el protagonismo a las mujeres, subrayando que la fecundidad disminuye a medida que aumentan la educación y el empleo femeninos.

En el último siglo, a partir de Europa Occidental y Norteamérica, una proporción cada vez mayor de mujeres ha accedido a la enseñanza superior y a la mano de obra cualificada. La mejora de la educación también ha proporcionado a las mujeres una mayor autonomía en sus relaciones, un mejor conocimiento de los métodos anticonceptivos y una mayor participación en la planificación familiar. Muchas han optado por retrasar el momento de ser madres para proseguir su carrera profesional. Y el coste de oportunidad de tener hijos aumenta a medida que los salarios de las mujeres suben en relación con los de sus parejas masculinas.

Otra forma de ver el problema es que, tras su fase inicial de niños en los molinos de algodón, la revolución industrial redujo la importancia de los niños como fuente de mano de obra no cualificada. A medida que los países se desarrollan económicamente, las familias invierten más en sus hijos, proporcionándoles una mejor educación, lo que aumenta el coste de criar a cada uno de ellos.

El cambio cultural también ha influido. Un estudio estima que aproximadamente un tercio del descenso de la fertilidad en Estados Unidos entre 2007 y 2016 se debió a la disminución de los nacimientos no deseados. Mi generación, la del baby boom, era más impulsiva e incluso temeraria en materia sexual. En cambio, según las psicólogas Brooke Wells y Jean Twenge, los millennials tienen de media menos parejas sexuales que nosotros. Un análisis de 2020 de las respuestas a la Encuesta Social General reveló mayores tasas de inactividad sexual entre la cohorte más reciente de jóvenes de 20 a 24 años que entre sus predecesores nacidos en los años 70 y 80. Entre 2000-02 y 2016-18, la proporción de hombres de 18 a 24 años que declararon no haber tenido actividad sexual en el último año aumentó del 19% al 31%.

El hecho de que los descensos en la actividad sexual fueran más pronunciados entre los estudiantes y los hombres con menores ingresos y con empleo a tiempo parcial o sin empleo sugiere que el descenso de la actividad sexual está determinado económicamente. Sin embargo, otras posibles explicaciones incluyen el «estrés y ajetreo de la vida moderna», la oferta de «entretenimiento en línea que puede competir con la actividad sexual», las elevadas tasas de depresión y ansiedad entre los adultos jóvenes, el efecto perjudicial de los teléfonos inteligentes sobre las interacciones humanas en el mundo real y la falta de atractivo para las mujeres de «ligar».

La versión más reciente de la Encuesta Nacional de Actitudes Sexuales y Estilos de Vida del Reino Unido reveló un marcado descenso similar en la frecuencia de las relaciones sexuales en Gran Bretaña. El retorno del ethos «No sex please, we’re British» afecta principalmente a las parejas casadas o que cohabitan y -según un cuidadoso análisis publicado en The British Medical Journal- se debe muy probablemente a «la introducción del iPhone en 2007 y la recesión mundial de 2008».

Otro factor clave del descenso de la fecundidad ha sido la disminución de la religiosidad. Utilizando datos de la Encuesta Mundial de Valores, podemos identificar una clara correlación entre el aumento de la secularización y la caída del tamaño de las familias. Una fascinante anomalía histórica, el temprano descenso de la fertilidad en la Francia de finales del siglo XVIII – descrito por el demógrafo francés Alfred Sauvy como «el hecho más importante» de la historia de su país – se ha explicado plausiblemente por el avance del pensamiento secular, y por tanto de las prácticas anticonceptivas, tras las luchas religiosas de los dos siglos anteriores.

La fecundidad a veces puede volver a subir: véase el «bulto» del bebé Covid. Además, según los datos de las encuestas, a muchas mujeres les gustaría tener más hijos. En los países de baja fecundidad, según un estudio de 2019 para el Fondo de Población de la ONU, hay «una amplia brecha entre las aspiraciones de fecundidad a edades más tempranas y la fecundidad alcanzada más adelante en la vida, lo que indica que muchas mujeres, hombres y parejas se enfrentan a obstáculos para realizar sus planes de fecundidad.»

Que los principales obstáculos son los costes económicos percibidos de una familia más numerosa lo confirma el hecho de que muchas de las mujeres profesionales con más éxito tienen más de dos hijos. En palabras de Moshe Hazan y Hosny Zoabi, «la relación transversal entre la fecundidad y la educación de las mujeres en EE.UU. ha adquirido recientemente forma de U.. … Al sustituir su propio tiempo por los servicios del mercado para criar a los hijos y llevar adelante sus hogares, las mujeres con estudios superiores pueden tener más hijos y trabajar más horas».

Pero no todo el mundo puede ser una supermamá con un equipo de amas de casa y niñeras. ¿Pueden los gobiernos hacer algo para hacer retroceder la fecundidad de forma generalizada? Desde luego, lo están intentando. Desde los años setenta, el número de países que intentan aumentar la fecundidad con diversos incentivos gubernamentales se ha quintuplicado aproximadamente. Pero no conozco ningún ejemplo en el que las políticas pro natalidad hayan funcionado realmente. Durante años, el Presidente Vladimir Putin ha instado a los rusos a tener más hijos para evitar la despoblación de la vasta federación que gobierna. Aunque la fecundidad rusa aumentó en la década posterior a 2000, la TGF ni siquiera se acercó a 2, y se ha desplomado de nuevo a 1,5.

Lo que Mussolini llamaba «la batalla por los nacimientos» es una propuesta perdedora. La tendencia mundial es facilitar el aborto. (En los últimos 30 años, más de 60 países han modificado su legislación sobre el aborto. Todos menos cuatro -Estados Unidos, El Salvador, Nicaragua y Polonia- facilitaron el acceso al aborto). Un número creciente de países permite la eutanasia y/o el suicidio asistido. El número medio de espermatozoides ha descendido más de un 50% en 50 años. Nadie sabe exactamente a qué se debe, pero la mala alimentación, el aire viciado y el mal estilo de vida son los principales culpables. How Mankind Chose Extinction será una lectura interesante, si es que queda alguien que la escriba.

Hace medio siglo, nos preocupaba La bomba demográfica (título del bestseller de Paul Ehrlich de 1968). Ahora que podemos ver el «pico de la humanidad» dentro de la vida de nuestros hijos -posiblemente en la década de 2060-, ¿por qué no respira todo el mundo aliviado? Se me ocurren tres razones.

En primer lugar, los países avanzados que ya tienen una población en declive encuentran las consecuencias de la restricción de la fertilidad bastante melancólicas: bajo crecimiento económico, escuelas vacías, residencias de ancianos abarrotadas, una falta general de vitalidad juvenil.

En segundo lugar, como el descenso de la fecundidad se produjo más tarde en Oriente Medio y el Norte de África y apenas ha comenzado en el África subsahariana, estamos asistiendo a un cambio drástico en el equilibrio demográfico mundial a favor de las personas con una pigmentación más oscura -como escocés casado con una somalí, estoy aportando mi granito de arena a esta tendencia-, muchas de ellas musulmanas. Esto preocupa a muchos de los pueblos mayoritariamente blancos y mayoritariamente cristianos que dominaron el mundo entre 1750 y 2000.

En tercer lugar, los pueblos con mayor fertilidad viven en su mayoría en lugares pobres que el cambio climático y los conflictos armados están haciendo aún menos atractivos. Así que se desplazan si pueden -a través del norte de África o Asia occidental hacia Europa, o a través de México hacia Estados Unidos- o, en gran medida, se involucran en actividades violentas (delincuencia o terrorismo) donde no pueden escapar.

Todo ello aumenta la probabilidad de que en el mundo desarrollado haya políticas de derechas (los mayores votan por esto y superan en número a los jóvenes), más conflictos (las fronteras no pueden defenderse seriamente sin, al menos, la amenaza de la violencia), la propagación más rápida de agentes patógenos infecciosos y ningún intento eficaz de abordar la cuestión climática.

Sin embargo, la inmigración sigue pareciendo a las élites norteamericanas y europeas la solución más sencilla al problema del descenso de la fecundidad. Por eso, en los países de renta alta, entre 2000 y 2020, la contribución de la migración internacional neta al crecimiento demográfico superó el saldo de nacimientos sobre defunciones. Nadie sabe cuáles serán las consecuencias geopolíticas de la migración masiva. Algunos rusos temen que los chinos se apoderen de su vasto imperio euroasiático al este de los Urales. Esto parece poco probable si la población china se reducirá a la mitad de aquí a 2100. El problema de China no es la escasez de espacio, sino el exceso de bloques de apartamentos vacíos.

Al contemplar estos y otros escenarios, la mayoría de los expertos se esfuerzan por comprender que, cuando la población humana empiece a disminuir, no lo hará gradualmente, sino casi tan bruscamente como una vez aumentó. «La humanidad no alcanzará una meseta y luego se estabilizará», escribe Dean Spears en el New York Times. «Iniciará un declive sin precedentes… Si la tasa de fertilidad mundial [después de 2100] fuera la misma que la actual en Estados Unidos, la población mundial pasaría de un pico de unos 10.000 millones a [menos de] 2.000 millones unos 300 años más tarde, a lo largo de quizá 10 generaciones. Y si el tamaño de las familias siguiera siendo pequeño, seguiríamos descendiendo».

El problema es que este precipitado declive llegará un siglo demasiado tarde para evitar las desastrosas consecuencias del cambio climático que muchos temen hoy en día – y que son otra razón por la que la gente huirá de África, y otra razón por la que los jóvenes en Europa dicen que tendrán pocos hijos o ninguno.

La ciencia ficción que conviene leer no es, pues, ni Asimov ni Liu Cixin. Comience, en cambio, por El último hombre (1826), de Mary Shelley, en el que una nueva peste negra acaba con toda la humanidad excepto con un desamparado espécimen. Luego, recurra a Oryx y Crake (2003), de Margaret Atwood, en la que el adicto «Hombre de las nieves» es uno de los pocos supervivientes de un mundo devastado por el calentamiento global, la imprudente ingeniería genética y un desastroso intento de reducción de la población que desembocó en una plaga mundial.

Para quienes, como Elon Musk, aún sueñan con construir el imperio galáctico de Asimov, estas visiones de la extinción humana son difíciles de digerir. Él y otros nadan contracorriente, engendrando cinco o seis veces más descendencia que el varón medio. Pero la realidad es que una TGF mundial inferior a 2,1 es una fuerza histórica más poderosa que incluso el fecundo Sr. Musk. Se acerca. Y no hay nada que podamos hacer para impedirlo.