Las grandes tecnológicas impulsan las subas en Wall Street. Pero hay fragilidad detrás

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Los máximos históricos de Wall Street ya no pueden entenderse únicamente como una tendencia impulsada por el entusiasmo por los avances en inteligencia artificial. Detrás del progreso en el desarrollo de estas tecnologías, y en particular de la industria de semiconductores, hay un boom real de gasto de capital en data centers, chips, memoria, energía e infraestructura. Sin embargo, el crecimiento de los activos de las empresas relacionadas a la IA también revelan una fragilidad creciente en el mercado.

Las subas de precios están cada vez más concentradas en un grupo reducido de compañías, mientras el resto del mercado no acompaña con la misma fuerza, las valuaciones descuentan un escenario más que optimista para el sector y la liquidez que sostuvo el rally tiene fecha de vencimiento.

En ese cruce entre fundamentos sólidos y señales de alerta, el debate de fondo no es si la inteligencia artificial es un negocio real, sino cuánto de ese futuro ya está incorporado en los precios y qué ocurre si alguno de los pilares que sostienen el rally empieza a ceder.

Datos que explican el liderazgo tecnológico

El liderazgo de la tecnología frente al resto de los sectores es contundente, aunque no exento de dudas. Según emergió de una encuesta global de Janus Henderson Investors, 9 de cada 10 inversores admiten tener preocupaciones sobre las inversiones vinculadas a inteligencia artificial, y dos tercios creen que podría formarse una burbuja financiera o producirse una corrección del mercado en el corto plazo.

Entre las principales preocupaciones, aparecen el riesgo de que la IA no cumpla con las expectativas (28%), los posibles problemas de sesgo o falta de controles (24%) y la sobrevaluación de activos relacionados con esta temática (19%). Aun así, el 61% de los encuestados considera que la IA tendrá un impacto positivo en los mercados a futuro.

Esto revela una tensión que resume el momento actual del mercado. El entusiasmo estructural convive con un creciente escepticismo sobre si las valuaciones actuales se están adelantando demasiado a la realidad económica.

«La IA será probablemente la temática estructural más importante de nuestra vida», sostuvo Denny Fish, portfolio manager del equipo de Tecnología e Innovación Global de Janus Henderson Investors, aunque advirtió que el fenómeno también generará fuertes diferencias entre compañías ganadoras y perdedoras. «Los inversores necesitan paciencia y disciplina, porque no todas las empresas vinculadas a IA van a capturar el mismo valor», explicó.

¿Qué dicen las valuaciones sobre esta tendencia?

En este contexto, las cotizaciones de los activos se vuelven una herramienta indispensable para evaluar la temperatura de la situación. En lo que va de 2026, el principal fondo tecnológico de Wall Street (Technology Select Sector SPDR) acumula una ganancia cercana al 23,7%, casi tres veces el 8,5% que rindió el fondo que replica al mercado en general, mientras el Nasdaq trepa un 16,3%, casi el doble que el S&P 500.

Dentro de ese liderazgo, los semiconductores son los que más se despegan, con el fondo que agrupa a las principales empresas del sector (PHLX Semiconductor Index) llegando a subir cerca de 173% interanual, su mayor avance desde la burbuja puntocom de 2000, una comparación que por sí sola empieza a encender algunas alarmas.

Detrás de esas subas hay, en parte, fundamentos reales, ya que con casi el 90% de las compañías del S&P 500 ya reportadas para el primer trimestre, el 84% superó las estimaciones de ganancias, con un crecimiento agregado de utilidades del 27,7% interanual, el mayor ritmo desde fines de 2021.

En este contexto, el sector tecnológico lidera ese avance con un alza del 50,7% en sus ganancias, aunque ese número cae al 28,5% si se excluyen Nvidia y Micron, lo que revela cuánto del resultado depende de apenas dos compañías. A eso se suma el gasto descomunal que los grandes hiperescaladores – empresas que operan infraestructura de centros de datos a escala masiva – como Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta, planean destinar este año a infraestructura de IA, que supera los u$s600.000 millones, y que Goldman Sachs proyecta podría alcanzar los u$s7,6 billones entre 2026 y 2031.

Las grandes tecnológicas aceleran la construcción de centros de datos para sostener la demanda de inteligencia artificial, en lo que representa uno de los mayores ciclos de inversión en infraestructura de la historia.

Los cuatro riesgos que el mercado no puede ignorar

Más allá de los fundamentos, analistas de Wall Street identifican cuatro factores de riesgo que, individualmente o en combinación, podrían interrumpir el rally y generar consecuencias más amplias para la economía global.

1-Concentración extrema y amplitud débil del mercado

El primer riesgo es estructural y está a la vista en las cotizaciones de los propios índices. El rally es real, pero descansa sobre una base frágil. Según datos de BTIG, el S&P 500 llegó a cerrar 7,7% por encima de su media móvil de 50 días, pero solo el 52% de sus componentes estaban por encima de sus propias medias de 50 días.

En los últimos 30 años, nunca había ocurrido que el índice estuviera más de 7% sobre su media de 50 ruedas con menos del 55% de sus acciones acompañando. Esto refleja la creciente concentración en empresas vinculadas a la tecnología, que continúan empujando los activos hacia nuevos récords, mientras que el resto del mercado va a contramano de esta tendencia y se ve agitado por la volatilidad geopolítica y su impacto en la economía global.

El sector tecnológico ya representa cerca del 37% del S&P 500, un máximo histórico. Si se incluyen gigantes no clasificados formalmente como tecnología, como Amazon, Alphabet y Meta, pero en la práctica vinculados estrechamente a la industria, el peso «tecnológico ampliado» se acerca a la mitad del índice. En este contexto, Nvidia llegó a superar en valor de mercado a todo el sector salud del S&P 500.

Esto tiene una implicancia directa para cualquier inversor, ya que quien compra «el mercado» hoy está tomando, en la práctica, una apuesta concentrada a IA y mega-tech. La diversificación que se supone ofrece el S&P 500 es, en buena medida, ilusoria, y cuando la concentración es extrema, una corrección en el núcleo arrastra a todo el índice.

«El mercado mundial está concentrado en dos tercios en EE.UU., el mercado estadounidense está concentrado en un 40% en sus diez principales acciones, y el rendimiento de esas acciones depende de una narrativa que asume que las ganancias de la IA generativa se acumularán casi exclusivamente en un puñado de empresas establecidas», advirtió el estratega jefe de BCADhaval Joshi.

Nvidia llegó a superar en valor de mercado a todo el sector salud del S&P 500, símbolo de una concentración extrema que convierte al principal índice bursátil del mundo en una apuesta cada vez más dependiente de un puñado de empresas tecnológicas.

2-Valuaciones que descuentan un escenario casi perfecto

El segundo riesgo es la valuación de las propias compañías. Las ganancias son reales, pero los precios descuentan un futuro que debe cumplirse con precisión. Así, las 10 acciones de mejor desempeño del Nasdaq 100 en el último año subieron en promedio 784%, por encima del 622% que habían subido las 10 mayores ganadoras antes del pico de marzo de 2000.

En medio de esta coyuntura emerge naturalmente la comparación con la burbuja puntocom y las similitudes y diferencias con aquel período. Frente a esta cuestión, Alberto Bernal, estratega global jefe de XP Investments, rechaza el paralelo directo. «No me atrevería a hacer una comparación con el dotcom bubble del 2000 o 2001», afirmó a Ámbito. Su argumento es que aquel episodio estuvo dominado por compañías sin ingresos ni modelos probados, mientras que hoy «los hyperscalers ganan dinero, no lo pierden».

Sin embargo, el riesgo no requiere que las valuaciones sean absurdas para ser real. Basta con que el mercado esté pagando crecimiento que todavía no se confirmó. Si el capex de IA crece más rápido que los ingresos atribuibles a IA, como ocurrió con la fibra óptica en la era puntocom, el mercado pasará de premiar la inversión a castigarla.

Diego Ferro, presidente de M2M Capital Management, explicó ante una consulta de este medio que si bien «los argumentos de inversión masiva en IA son válidos, hay algo de burbuja». La diferencia con 2000, advierte, no sería necesariamente una caída violenta y generalizada, sino «una carrera con pocos ganadores y muchos perdedores» por dominar la inteligencia artificial.

3-La reversión de la liquidez global

El tercer factor es menos visible, pero más sistémico, ya que el rally tecnológico no se explica sólo por la IA, sino también por un exceso de liquidez global que nunca terminó de absorberse.

En este sentido, Ferro explica que «nunca se absorbió del todo el incremento masivo de balances de los bancos centrales. Esa liquidez hace rato está dando vueltas, y la suba de tasas sólo lo afectó marginalmente». El proceso, precisa, «empezó en 2008, nunca paró y se exacerbó en la pandemia», generando una «masiva inflación de activos».

Fernando Losada, director ejecutivo en Oppenheimer & Co., amplía el cuadro sobre esta cuestión. Según él, «la liquidez global es alta por inyecciones de fondos por parte de varios bancos centrales importantes, en particular China y la Fed. El aumento en el valor del colateral (bitcoin y oro) también contribuye. Además, muchos países desarrollados tienen déficits fiscales muy grandes y hay que financiarlos».

Los spreads de deuda emergente están en mínimos de varios años. De esta forma, el J.P. Morgan EMBI Global Diversified, el índice de referencia más usado para medir el rendimiento de la deuda soberana de los países emergentes, llegó en enero a 245 puntos básicos, su nivel más bajo desde 2007, según Aberdeen Investments. Cuando esto sucede, significa que los inversores perciben menos riesgo en prestarle dinero a esos países, lo que refleja un apetito global por activos de mayor rendimiento.

Bajo este escenario, el riesgo aparece si esa liquidez empieza a encarecerse. Un giro más agresivo de la política monetaria, impulsado por presiones inflacionarias persistentes, podría forzar una recomposición de portafolios desde activos de riesgo hacia instrumentos de renta fija, con rendimientos reales positivos. Esto no requiere una crisis: basta con que el costo de oportunidad de mantener acciones de alto múltiplo aumente lo suficiente.

El exceso de liquidez que los bancos centrales inyectaron en la economía global tras la crisis de 2008 nunca terminó de absorberse del todo, y la pandemia lo agudizó aún más, alimentando una inflación de activos que hoy sostiene buena parte del rally tecnológico.

4-El shock geopolítico y la inflación que no cede

El cuarto riesgo es externo, pero con consecuencias directas sobre los otros tres. El principal detonante, en este caso, es el hecho de que la volatilidad en el precio del barril de petróleo, que volvió a superar los u$s100 por la guerra entre Estados Unidos e Irán, desencadenó un salto en la inflación de abril en EEUU, lo que reavivó dudas sobre la trayectoria de la política monetaria de la Fed.

«El riesgo actual es que continúe la guerra, los precios del crudo sigan en tres dígitos y los bancos centrales se vean forzados a adoptar una política monetaria más dura, en un momento en el que las valuaciones de activos de riesgo están por las nubes», remarcó Losada.

La dinámica en este contexto es clara: si una inflación persistente obliga a la Fed a mantener tasas altas por más tiempo, eso eleva el costo de capital para las empresas que más gastan – los hiperescaladores -, reduce el valor presente de sus ganancias futuras y pone en cuestión la rentabilidad del capex masivo en IA. Un shock de oferta energético no resuelto puede desencadenar esa cadena con rapidez.

El FMI advirtió, en este sentido, que un agravamiento considerable de las tensiones geopolíticas, sobre todo en Oriente Medio o Ucrania, «podría desencadenar importantes shocks negativos en la oferta». Una corrección moderada en las valoraciones de acciones de IA, como parte de un endurecimiento general de las condiciones financieras, implicaría que el crecimiento mundial disminuiría un 0,4% respecto al escenario base.

El cierre del Estrecho de Ormuz por el conflicto entre Estados Unidos e Irán empujó el precio del petróleo por encima de los u$s100 el barril, reavivando la inflación y poniendo en jaque la política monetaria de la Fed en el momento en que las valuaciones tecnológicas se encuentran en máximos históricos.

¿Qué pasaría si el mercado corrige?

Dado el peso del sector tecnológico en los índices y su rol como motor del crecimiento económico en EE.UU., una corrección significativa tendría consecuencias que van más allá de las carteras de inversión.

Capital Economics analizó el escenario y concluyó que una corrección del S&P 500 del 12,5% tendría «consecuencias económicas muy limitadas». Incluso una caída del 20% al 30% «no causaría necesariamente una recesión por sí sola», siempre que el contexto económico subyacente sea estable.

La economista jefe de la firma, Jennifer McKeown, argumentó que la historia muestra que «la causalidad casi siempre va de la economía a los mercados y no al revés». Sin embargo, hay un vector de transmisión que cambia ese cálculo: el efecto riqueza sobre el consumo.

En esta línea, el estratega de BCADhaval Joshi, advirtió que el mayor riesgo para la economía mundial en 2026-27 podría ser que «un colapso del mercado desencadene una recesión» y no al revés. Su argumento se apoya en los aproximadamente 2,5 millones de jubilados estadounidenses que salieron de la fuerza laboral después del COVID y sostienen su consumo utilizando su creciente riqueza en inversiones. Si los mercados caen, ese gasto marginal podría evaporarse.

Un escenario más severo involucra la cadena productiva directamente ligada a la IA. En este sentido, el FMI también advirtió que un shock de confianza en el potencial de la inteligencia artificial «podría dar lugar a un declive en la inversión y desencadenar una corrección brusca en el mercado financiero, que se extendería de las empresas del sector de la IA a otros segmentos y mermaría la riqueza de los hogares».

La pregunta que todavía no tiene respuesta

La conclusión que emerge de analistas, datos y organismos multilaterales no es que el rally esté condenado a colapsar ni que los fundamentos sean una ilusión. Las ganancias de las grandes tecnológicas son reales, la demanda de cómputo crece y los hiperescaladores invierten porque tienen razones concretas para hacerlo.

Pero el mercado tampoco está en una zona de comodidad y certidumbre respecto de su rumbo. En este caso, la concentración es históricamente alta, las valuaciones descuentan un futuro que debe cumplirse, la liquidez que infló los activos podría revertirse si la inflación no cede, y un shock geopolítico puede acelerar ese proceso.

Wall Street no parece estar frente a una réplica exacta de 2000, pero sí ante una versión distinta del mismo dilema: una tecnología transformadora, con pocos ganadores claros, y un mercado que puede pasar muy rápido de premiar el crecimiento a castigar cualquier decepción.

La pregunta no es si la IA es real. La pregunta es cuánto de ese futuro ya está en los precios y qué pasa cuando el mundo deja de ser perfecto.

Tomás Alejandro Giancola

China avanza en los implantes cerebrales de IA

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Las empresas chinas compiten por desarrollar e implementar interfaces cerebro-computadora (BCI) impulsadas por inteligencia artificial que puedan ayudar a las personas a moverse, hablar y controlar dispositivos.

Las interfaces cerebro-computadora (BCI), que conectan el cerebro de una persona a un dispositivo externo o a una computadora utilizando sensores colocados alrededor o dentro de la cabeza, se han utilizado en personas paralizadas y en aquellas con enfermedades neurodegenerativas durante la última década.

En los últimos años, empresas, principalmente en China y Estados Unidos, han añadido modelos de lenguaje grandes a sus dispositivos cerebrales. Esto permite a los científicos decodificar la actividad cerebral con mayor precisión de lo que se puede lograr utilizando tecnologías convencionales de procesamiento de señales y análisis de datos, dice Li Haifeng, un científico en neurocomputación del Instituto de Tecnología de Harbin en China.

En China, se están llevando a cabo ensayos en pequeños grupos de personas y pronto se venderán al público algunos dispositivos cerebrales impulsados por IA.

Primeros ensayos en personas

NeuroXess en Shanghái es una empresa en China que ha realizado pequeños ensayos clínicos, incluyendo uno sobre cómo su implante cerebral impulsado por IA puede ayudar a personas con parálisis. El implante se coloca en un hueco poco profundo del cráneo, y sus sensores se ajustan en la capa externa del cerebro, llamada corteza cerebral. El sistema se conecta entonces por cable a un transmisor de datos que también funciona como batería, el cual está incrustado en el pecho del receptor.

En un ensayo en octubre, un hombre de 28 años con una lesión de la médula espinal a quien se le implantó el dispositivo cerebral pudo controlar electrodomésticos moviendo el cursor de una computadora con sus pensamientos para encenderlos y apagarlos usando una aplicación.

La empresa también ha desarrollado un modelo de lenguaje grande para permitir que un implante cerebral decodifique mandarín en tiempo real a una velocidad de 300 caracteres por minuto. Esto es más rápido que la velocidad promedio de habla de una persona que habla mandarín como primer idioma, que es de alrededor de 220 caracteres por minuto. El modelo de IA generó palabras y frases para una mujer de 35 años con epilepsia, dice Tiger Tao, cofundador y científico jefe de NeuroXess. El equipo de investigadores de la empresa está escribiendo artículos sobre los ensayos, dice.

Respaldo gubernamental

El gobierno chino ha declarado que quiere ser líder mundial en interfaces cerebro-computadora (BCI) para finales de la década. Quiere que los investigadores logren avances técnicos importantes en las interfaces cerebro-computadora (BCI) para 2027 y que produzcan dos o tres empresas de clase mundial para finales de la década. El país aprobó el primer implante cerebral comercial del mundo en marzo.

Pero la neurotecnología de rápido desarrollo ha suscitado preocupación sobre cómo las empresas manejarán los datos privados de los usuarios, especialmente cuando los dispositivos se combinan con la IA. En China, el gobierno ha sido proactivo en el desarrollo de directrices que las empresas o los investigadores deben seguir, dice Tao. El gobierno publicó un conjunto de directrices éticas para las interfaces cerebro-computadora (BCI) en 2024, que exige el consentimiento por escrito de los participantes en los ensayos clínicos o de sus tutores, y que el ensayo pase una evaluación ética.

En China, la gente está acostumbrada a que las empresas tengan acceso a sus datos y es más tolerante y está dispuesta a experimentar con nuevas tecnologías a pesar de las preocupaciones sobre la privacidad, dice Meicen Sun, científica de la información de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign.

Porque las empresas chinas tienen acceso a datos personales, pueden usarlos para mejorar sus tecnologías y la experiencia del usuario, lo que a su vez aumenta la confianza de la gente, haciéndola más dispuesta a dar sus datos, dice Sun. «Es un bucle de autorrefuerzo», añade.

Vínculos con Estados Unidos

Algunas de las empresas emergentes de interfaz cerebro-computadora (BCI) de China tienen estrechos vínculos con Estados Unidos. La colaboración es importante porque el número de investigadores en el campo es pequeño, dice Christian Herff, ingeniero neural de la Universidad de Maastricht en los Países Bajos. Algunos países tienen personas con el conocimiento, mientras que otros tienen los recursos, dice.

Por ejemplo, la gran población de China significa que ha podido aplicar la tecnología BCI a una amplia gama de trastornos neurológicos, haciéndola accesible a más personas, dice Tao. Considerando que los investigadores en Estados Unidos son buenos para idear innovaciones originales, dice Tao, quien vivió en Estados Unidos durante 12 años.

Un esfuerzo de colaboración es Maschine Robot en Beijing, que ha estado trabajando con el Laboratorio de Interacción Humano-Computadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts y el Laboratorio de Neurociencia Cognitiva y de Sistemas de Stanford para desarrollar modelos de IA específicos para la interfaz cerebro-computadora (BCI). Durante los últimos cinco años, Maschine Robot, que tiene centros de investigación en Pekín y Boston, ha estado construyendo una base de datos de «actividad neuronal».

«Debido a que la actividad neuronal de una persona varía de la de otra, es difícil construir una base de datos lo suficientemente diversa y grande para entrenar un modelo de IA», dice Tony Zhang, cofundador de la empresa.

El equipo de Zhang se está preparando para lanzar una silla de ruedas inteligente controlada por interfaz cerebro-computadora (BCI) en junio, con el fin de ayudar a las personas que viven con enfermedad de la neurona motora (esclerosis lateral amiotrófica), una enfermedad neurodegenerativa. La IA decodifica la actividad cerebral recopilada por una diadema, confirmando su interpretación al evaluar la dirección de los ojos del usuario, y luego dirige la silla de ruedas para que se mueva. El equipo ha completado una serie de ensayos clínicos para la silla de ruedas en colaboración con el Hospital de la Universidad Médica de Pekín en Pekín.

Xiaoying You

Raquel Chan, del CONICET:, gana el Premio L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia”

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Raquel Chan, investigadora del CONICET, profesora de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (CONICET-UNL), fue distinguida con el prestigioso premio internacional L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia”, por haber transformado los fundamentos de la biología vegetal en innovación agrícola con su descubrimiento de genes y mecanismos biológicos que mejoran la tolerancia de las plantas a los cambios ambientales. Chan ha aplicado estos conocimientos al desarrollo de variedades de trigo, maíz, arroz y soja resistentes a la sequía, contribuyendo así a la seguridad alimentaria mundial. Es una líder visionaria y una mentora dedicada que ha formado a una nueva generación de científicos especializados en botánica. Con este reconocimiento, Argentina se consolidó como el país de Latinoamérica con mayor cantidad de científicas distinguidas con este galardón internacional, alcanzando un total de 12 investigadoras premiadas: 9 Laureadas y 3 Rising Talents.

La investigadora es distinguida por su trabajo en la identificación de genes vegetales y mecanismos biológicos capaces de dar lugar a cultivos con menor huella de carbono y mayor resiliencia al estrés ambiental. Se trata de un avance de gran relevancia en un contexto en el que los productores agropecuarios buscan responder a una demanda creciente de alimentos en condiciones cada vez más desafiantes.

Al identificar diversos genes y mecanismos biológicos que permiten a los cultivos tolerar la escasez de agua, las altas temperaturas y fenómenos meteorológicos extremos como inundaciones y sequías, su investigación abre nuevas perspectivas para fortalecer la seguridad alimentaria y contribuir a alimentar a una población global en crecimiento. En particular, su trabajo se ha centrado en variedades de trigo, maíz, arroz y soja tolerantes al déficit hídrico.

“Las plantas son únicas y extraordinarias, son seres vivos excepcionales que, de manera directa o indirecta, nos proveen todos nuestros alimentos y reponen el oxígeno que respiramos. Estudiar cómo funcionan y cómo perciben las señales del ambiente es verdaderamente fascinante”, señala la investigadora. Y explica: “Junto con mi equipo, hemos identificado genes específicos que hacen que determinadas plantas sean más resilientes. Estamos aplicando ese conocimiento para proteger cultivos más vulnerables. En particular, hemos dedicado nuestro trabajo a ayudar a las plantas a enfrentar el déficit hídrico, las inundaciones, el frío, el anegamiento, las altas temperaturas y otros factores de estrés ambiental”.

Entre sus principales logros, Chan y su equipo desarrollaron una técnica basada en el conocimiento adquirido que permite incrementar la producción de semillas y frutos en sistemas de agricultura familiar. Asimismo, trabaja para que esta información sea de libre acceso para productores agropecuarios a través de videos explicativos en español e inglés, contribuyendo así a democratizar sus descubrimientos pioneros.

Trayectoria

Los comienzos de Raquel Chan en la ciencia datan de la década del ‘80, cuando se recibió de Bioquímica en la Universidad Hebrea de Jerusalén, Israel. Volvió a Argentina y en 1988 obtuvo su título de doctora en el Centro de Estudios Fotosintéticos y Bioquímicos (CEFOBI, CONICET-UNR), bajo la dirección del doctor Rubén Héctor Vallejos. Desarrolló sus estudios posdoctorales en la Universidad Louis Pasteur, de Estrasburgo (Francia) y al regresar a Argentina ingresó al Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario. Actualmente, es investigadora superior del CONICET, profesora de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (CONICET-UNL).

Chan ha dirigido tesis de grado y doctorales siendo premiadas algunas por distintos organismos. Publicó más de 80 trabajos en revistas internacionales indexadas en el SCI, más de 10 capítulos de libros, numerosos artículos de divulgación y es co-inventora de 10 patentes internacionales. Ha recibido múltiples distinciones, entre ellas: Personalidad del Año 2010 en Santa Fe, premio Konex en la categoría Biotecnología (2013), el Female Food Hero de la Croplife International (2019), premio Ciudad de Rosario-Fundación IBR (2019), Medalla RedBio Internacional (2020), Cátedra IICA (2022), el premio Ada Byron (2022) y el Premio Fundación Bunge y Born en Agrobiotecnología (2023), entre otros.

El Premio

Desde 1998, el programa L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” ha reconocido y celebrado a eminentes mujeres en la ciencia en todo el mundo. El Premio Internacional L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” se entrega a cinco científicas sobresalientes de todo el mundo.

Las cinco ganadoras de la 28ª Edición son: Raquel Chan por América Latina y el Caribe; Gordana Vunjak-Novakovic por América del Norte; Liesl Zühlke por África y Estados Árabes; Felice Jacka por Asia – Pacífico y Sarah A. Teichmann por Europa.

En Argentina, la edición nacional del Premio L’Oréal–UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” se lleva a cabo desde hace 20 años en colaboración con el CONICET reconociendo hasta la fecha a 72 mujeres científicas de provincias y ciudades de varios puntos del país.

Los nacimientos disminuyen en todo el mundo. Y los celulares no parecen ser la causa

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Los teléfonos inteligentes no son la explicación del reciente declive en la fertilidad. En cambio, son un acelerador de fuerzas más profundas que ya estaban en marcha.

Empecemos por los hechos. La fertilidad está cayendo casi en todas partes: en países ricos, de ingresos medios y pobres; en países seculares y religiosos; y en países con altos y bajos niveles de igualdad de género.

El declive se aceleró alrededor de 2014. Por lo tanto, ninguna explicación específica de un país funcionará a menos que estés dispuesto a creer que 200 explicaciones específicas de distintos países llegaron aproximadamente al mismo tiempo.

Los teléfonos inteligentes parecen el candidato obvio: el primer iPhone se lanzó en 2007, y su adopción global ha sido asombrosamente rápida.

Los economistas entienden el primer gran declive en la fertilidad en las economías avanzadas, de 6 o 7 hijos por mujer durante la mayor parte de la historia humana hasta alrededor de 1.8, que ocurrió entre principios de los 1800 y aproximadamente 1970, mucho antes de los teléfonos inteligentes. Los principales impulsores fueron una fuerte caída en la mortalidad infantil (la fertilidad efectiva rara vez superaba los 3 y a menudo estaba cerca de 2) y el cambio de una economía agraria rural de baja cualificación a una industrial urbana de alta cualificación. Tenemos modelos cuantitativos que se ajustan bien a estos hechos.

Los factores específicos de cada país también importaron, por supuesto. La proximidad a vecinos de baja fertilidad aceleró el declive de Hungría, mientras que las estructuras de propiedad de la tierra fragmentadas aceleraron el de Francia. Pero estos fueron mecanismos de segundo orden.

Esta es también la razón por la que la mayoría de los economistas consideraron durante mucho tiempo los escenarios de fatalidad de Paul Ehrlich poco plausibles. Pronosticamos que la fertilidad en las economías de ingresos medios y bajos seguiría la misma trayectoria que en las ricas, probablemente más rápido, porque las reducciones en la mortalidad infantil llegaron a India o África en niveles de ingresos más bajos (la tecnología médica es casi universal, y la mayoría de las ganancias provienen del lavado de manos y antibióticos baratos, no de atención al nivel de la Clínica Mayo). Gran parte de lo que vemos hoy en África o en partes de América Latina sigue siendo esa vieja historia.

Pero en los años 80, surgió un nuevo patrón. Japón e Italia cayeron por debajo de 1.8, el nivel que habíamos pensado que era el nuevo piso. Para 1990, Japón estaba en 1.54 e Italia en 1.36.

Este segundo declive en la fertilidad comenzó en Japón e Italia antes que en otros lugares, impulsado por factores específicos de cada país, pero las dinámicas subyacentes eran generalizadas: secularización, una carrera armamentística educativa, vivienda cara, la disolución de antiguas redes sociales y el cambio a una economía de servicios en la que el poder de negociación de las mujeres dentro del hogar es mayor. Estados Unidos se quedó atrás porque la secularización llegó más tarde, la vivienda suburbana siguió siendo relativamente barata y la fertilidad de los afroamericanos aún era alta. Los patrones demográficos de EE.UU. son excepcionales y distorsionan cómo los académicos (la mayoría de los cuales están en EE.UU.) y el New York Times ven el mundo.

Mi mejor conjetura es que, sin teléfonos inteligentes, la tasa de fertilidad de Italia en 2025 sería alrededor de 1.24 en lugar de 1.14. Dudo que alguien documente un efecto mayor a 0.1-0.2. Italia estaba en 1.19 en 1995, no muy lejos del 1.14 actual. El TFR es cíclico debido a efectos de tempo, por lo que no leo demasiado en el aumento entre 1995 y 2007 o en la caída de 1.27 en 2019 a 1.14 hoy. El efecto directo de los teléfonos inteligentes no es cero, pero por sí solo, no es tan grande.

Donde las redes sociales en general, y los teléfonos inteligentes en particular, importan es en la difusión de normas sociales. Lo que habría tomado 25 años ahora sucede en 10. Las redes sociales no son la causa del declive en la fertilidad; la modernidad lo es. Pero son un acelerador muy rápido.

Esa es la razón por la que las redes sociales son una parte importante de la historia detrás de Guatemala (sí, Guatemala) pasando de 3.8 hijos por mujer en 2005 a 1.9 en 2025. Sin ellas, Guatemala también habría llegado a 1.9, solo 20 años después.

La modernidad, en su forma actual, es incompatible con la fertilidad al nivel de reemplazo. Con modernidad, no me refiero al capitalismo: la fertilidad cayó antes y más rápido en las economías socialistas que en las de mercado. La Hungría socialista cayó por debajo del reemplazo en 1960, y la Checoslovaquia socialista en 1966 (ambas experimentaron pequeños y efímeros booms de bebés a mediados de los 70). Con modernidad, me refiero a una sociedad organizada alrededor de sistemas racionales a gran escala y conocimiento formalizado.

Los países no convergerán a la misma tasa de fertilidad. Asia Oriental probablemente se quede cerca de 1, posiblemente por debajo, dada sus normas de género desequilibradas y sistemas educativos tóxicos. América Latina enfrenta el mismo problema de género más perspectivas de crecimiento débiles, por lo que espero algo alrededor de 1.2. El norte de Europa tiene estructuras familiares más igualitarias y podría mantenerse cerca de 1.5. Las sociedades muy religiosas probablemente sean las únicas que sostendrán 1.8.

Todo esto podría cambiar con la IA o cambios en la composición poblacional. Lo veremos. Pero con la evidencia actual, la fertilidad profundamente por debajo del reemplazo es el “nuevo nuevo normal”. A menos que reorganicemos nuestras sociedades, mejor aprendamos a manejarlo lo mejor que podamos.

Jesús Fernández-Villaverde

La infraestructura de las ciudades argentinas no está preparada para los autos eléctricos

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La expansión de los autos eléctricos empezó a exponer un problema que hasta hace pocos años casi no aparecía dentro del mercado inmobiliario argentino: gran parte de los edificios no tiene infraestructura eléctrica preparada para abastecer cargadores en cocheras.

El fenómeno recién comienza, pero ya genera discusiones técnicas, legales y económicas dentro de los consorcios. Tableros obsoletos, falta de potencia, cableados antiguos y ausencia de previsión para consumos sostenidos aparecen entre las principales trabas para quienes compran un vehículo eléctrico y creen que cargarlo en su cochera será algo simple.

En muchos casos, además del costo del auto, aparece un gasto inesperado: adaptar parte o toda la instalación eléctrica del edificio. Dependiendo de la antigüedad del inmueble y la escala de la intervención, los valores podrían llegar a pasar de algunos miles de dólares a cifras cercanas a los u$s40.000 (sobre todo en edificios o complejos habitacionales con más de 40 lugares para estacionamientos), según cálculos de expertos consultados.

Ramiro Lañin, fundador de Puntoev.com.ar, explicó que “un proyecto llave en mano puede arrancar en torno a los u$s1.500 para un caso simple y superar los u$s4.000 cuando requiere ampliación de medidor, obra civil o adecuaciones en el tablero del consorcio”.

Sin embargo, cuando la demanda escala y aparecen varios autos eléctricos dentro del mismo edificio, los costos crecen fuerte. Ahí entran en juego cambios de potencia, nuevos tableros, tendidos eléctricos, refuerzo de puesta a tierra y sistemas inteligentes de distribución de carga.

El problema de los edificios viejos

La principal dificultad aparece en edificios construidos mucho antes de que existiera la movilidad eléctrica. En la mayoría de los casos, las cocheras apenas fueron diseñadas para iluminación básica, portones automáticos y consumos eléctricos menores.

David Loisi, presidente de la Liga del Consorcista de la Propiedad Horizontal, señaló que antes de pensar en instalar un cargador “hay que verificar con un electricista matriculado si la instalación del edificio resulta segura y si la energía eléctrica está correctamente adaptada”.

El especialista remarcó que muchos edificios antiguos todavía conservan cableados obsoletos y sistemas eléctricos que no soportan consumos elevados durante varias horas consecutivas. “Si la instalación no está preparada, existe un alto riesgo de incendio”, advirtió Loisi.

La situación se vuelve todavía más delicada cuando aparecen varios propietarios interesados en sumar cargadores simultáneamente. Un cargador eléctrico puede exigir consumos sostenidos de entre 7 y 22 kW, muy superiores a los previstos originalmente para una cochera tradicional.

Matías Stul, de PKS Desarrollos, sostuvo que el desafío “no es solamente instalar un cargador, sino garantizar que el edificio pueda soportar el uso de varios vehículos eléctricos al mismo tiempo”.

El desarrollador explicó que muchos inmuebles presentan tableros subdimensionados, falta de espacio para nuevos tendidos eléctricos y medidores insuficientes.

“Muchas veces se subestima que un cargador de auto eléctrico funciona durante varias horas seguidas con consumos muy altos”, agregó Stul.

La discusión legal dentro del consorcio

Más allá de la cuestión técnica, la instalación de cargadores también abre conflictos legales y administrativos dentro de la propiedad horizontal.

Loisi explicó que la obra debe aprobarse en asamblea y que, jurídicamente, se considera una mejora sobre espacios comunes. Si el beneficio alcanza a todo el edificio, alcanza con mayoría. Pero si el cargador favorece exclusivamente a un propietario, la situación cambia. “Cuando beneficia a un solo propietario, se requiere unanimidad del consorcio”, precisó.

Además, el especialista aclaró que cada vehículo debería conectarse al medidor particular del dueño de la cochera y no al suministro general del edificio.

Ese punto aparece como uno de los más sensibles dentro de los consorcios. Si el cargador se conecta a servicios generales, el consumo termina distribuido entre todos los propietarios vía expensas.

Lañin explicó que ese problema suele generar conflictos rápidamente y por eso recomienda medición individual desde el inicio.

Electricistas matriculados recomiendan revisar tableros, cableados y puesta a tierra antes de instalar cargadores para evitar sobrecargas, cortes y riesgo de incendio en edificios (https://puntoev.com.ar/)

“Cada cargador tiene que conectarse al medidor del propietario para evitar discusiones posteriores”, indicó. También recomendó realizar siempre contratos formales con profesionales matriculados, seguros vigentes y garantías técnicas de la obra.

Cuánto cuesta adaptar un edificio

Los valores varían enormemente según el estado del inmueble y la cantidad de cargadores proyectados. En escenarios simples, donde solo se instala un cargador monofásico y el edificio tiene buena infraestructura, los costos pueden ubicarse entre u$s1.500 y u$s4.000.

Pero cuando el edificio necesita ampliar potencia contratada, incorporar conexión trifásica o reemplazar instalaciones viejas, los montos suben fuerte.

Stul explicó que preparar correctamente la infraestructura “puede representar desde algunos miles hasta decenas de miles de dólares dependiendo de la escala de intervención”.

En muchos casos también aparece la necesidad de reforzar tableros generales, sumar protecciones diferenciales, renovar cableados y ejecutar nuevas canalizaciones. Lañin detalló que algunos edificios incluso deben cambiar de categoría tarifaria frente a la distribuidora eléctrica. Eso implica modificaciones físicas importantes.

Un edificio antiguo sobre Avenida de Mayo expone una de las principales dificultades para incorporar cargadores eléctricos: instalaciones viejas, tableros obsoletos y falta de potencia disponible en consorcios históricos

“Muchas veces hay que pasar de una toma de 63 amperes a una de 200 amperes, casi el triple de tamaño”, señaló. Además del costo de obra, ese cambio también modifica el esquema tarifario mensual del edificio.

Por qué los nuevos desarrollos empiezan a anticiparse

Mientras los edificios viejos enfrentan enormes dificultades de adaptación, los nuevos emprendimientos inmobiliarios comienzan lentamente a incorporar previsiones para movilidad eléctrica.

Stul explicó que muchos desarrolladores ya dejan preparadas canalizaciones, espacio en tableros y capacidad futura para conexiones eléctricas. “Hoy todavía es más un diferencial que un estándar, pero claramente empezó a aparecer en proyectos medios y altos”, afirmó.

La estrategia busca evitar costos mucho mayores a futuro. Preparar un edificio durante la etapa de obra cuesta considerablemente menos que intervenirlo una vez terminado.

Sin embargo, todavía son pocos los desarrollos que entregan cargadores instalados o preparados para abastecer simultáneamente una gran cantidad de vehículos.

Lañin sostuvo que el fenómeno crecerá fuerte en los próximos años, especialmente después del ingreso de modelos eléctricos más accesibles al mercado argentino.

“Lo que hoy parece un diferencial probablemente termine transformándose en un requisito básico”, planteó. El impacto también empieza a extenderse a hoteles, shoppings, estacionamientos y centros comerciales.

La carga domiciliaria aparece como la opción más práctica para usuarios de autos eléctricos, aunque especialistas recomiendan verificar primero la capacidad energética de la vivienda y la seguridad de la instalación

La posibilidad de cargar el auto mientras se trabaja, se almuerza o se realizan compras empieza a transformarse en un nuevo atributo de valor inmobiliario.

Qué recomiendan los especialistas

Los especialistas coinciden en que improvisar instalaciones eléctricas representa uno de los mayores riesgos.

Antes de avanzar con cualquier obra recomiendan:

Realizar un informe técnico integral del edificio.

Verificar puesta a tierra y tableros.

Controlar capacidad del medidor.

Evaluar potencia disponible.

Consultar reglamento de copropiedad.

Aprobar la instalación en asamblea.

Trabajar con electricistas matriculados.

Contratar seguros y garantías técnicas.

También sugieren prever soluciones escalables para evitar rehacer toda la infraestructura cada vez que aparezcan nuevos vehículos eléctricos dentro del edificio.

Stul concluyó: “El que se anticipa capta el mercado que viene. El que espera probablemente termine haciendo las obras igual, pero con costos mucho mayores”.

José Luis Cieri

Atucha II volvió a operar tras su revisión programada y ya aporta energía al sistema eléctrico

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La Central Nuclear Atucha II retomó la generación eléctrica luego de completar con éxito su Revisión Programada 2026 y reconectarse al Sistema Argentino de Interconexión (SADI) el 11 de mayo pasado a las 23:14. Según informó Nucleoeléctrica Argentina, la planta volvió a operar antes de la fecha prevista, recuperando así su aporte al abastecimiento energético nacional.

La parada técnica había comenzado a mediados de marzo y formó parte del esquema habitual de mantenimiento periódico que realizan las centrales nucleares para garantizar condiciones óptimas de seguridad, confiabilidad y eficiencia operativa.

Durante casi dos meses se desarrollaron más de 5.500 tareas sobre distintos sistemas y componentes críticos de la planta, con la participación coordinada de alrededor de 1.700 trabajadores especializados.

Entre las principales actividades ejecutadas se destacaron inspecciones internas de componentes del reactor, controles y limpieza de generadores de vapor, mantenimiento de motores diésel de emergencia, reemplazo de elementos en sistemas de refrigeración, además de pruebas funcionales y verificaciones sobre sistemas de protección y control.

Desde Nucleoeléctrica explicaron que este tipo de intervenciones solo pueden realizarse durante una parada programada, ya que requieren condiciones especiales de seguridad y acceso técnico. «El objetivo es evaluar en profundidad el estado de los equipos, incorporar mejoras y reforzar los estándares operativos de la central», recalcaron.

A lo largo de todo el proceso también participó la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN), que mantuvo inspectores especializados en la planta para supervisar el desarrollo de las tareas y verificar el cumplimiento de los requisitos establecidos en la Licencia de Operación.

Con la vuelta de Atucha II, el sistema eléctrico recupera una de las principales fuentes de generación de base del país. La central posee una potencia eléctrica bruta de 745 MW, suficiente para abastecer aproximadamente a 4 millones de personas.

Una pieza clave de la generación nuclear argentina

Atucha II inició su operación comercial en junio de 2014 y está emplazada sobre la margen derecha del río Paraná, en la localidad bonaerense de Lima, partido de Zárate, a unos 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires.

La central incorporó la experiencia operativa acumulada por Atucha I y fue diseñada bajo estándares internacionales de seguridad nuclear. Como el resto de las centrales nucleares argentinas, opera bajo licencia otorgada por la Autoridad Regulatoria Nuclear.

El regreso anticipado de la planta representa además un dato relevante para el sistema energético argentino en un contexto de creciente demanda eléctrica y necesidad de contar con generación estable y libre de emisiones de carbono.

Desde la compañía remarcaron que la operación de Atucha II continúa apoyándose en criterios de “seguridad, planificación y mejora continua”, alineados con las mejores prácticas de la industria nuclear internacional.

En el Día de la Armada se advirtió por el ajuste y se reclamó recursos para defender el mar argentino

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La Armada conmemoró este domingo el 212 aniversario de su creación, con un acto en el Estadio de la Base Naval Puerto Belgrano, y con la presencia de los ministros de Defensa, teniente general Carlos Presti, y de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Pablo Quirno.

El discurso del jefe de la Armada, almirante Juan Carlos Romay, anfitrión en la ceremonia buscó combinar historia naval, geopolítica y reclamo presupuestario en una narrativa coherente: la Argentina necesita volver a pensar el mar como un espacio central de poder y no como una periferia olvidada.

Más que discurso conmemorativo, fue una pieza de doctrina estratégica y de presión institucional moderada. Los cuadros formados en la base Puerto Belgrano y en las unidades navales esperaron en vano alguna definición sobre la marcha de la obra social militar.

La presencia de los dos ministros cuyas áreas de competencia articulan una política de Estado en relación con los intereses estratégicos navales del país puso el contexto adecuado.

La diplomacia tiene más capacidad de negociación cuando detrás existe una capacidad militar creíble a eso apuntó el texto. No se trata necesariamente de usar la fuerza, sino de demostrar presencia, vigilancia y capacidad de control.

Romay habló sabiendo que su mensaje tenía dos receptores concretos dentro del Poder Ejecutivo.

En primer lugar, hizo lo acostumbrado, basarse en la tradición naval argentina —la figura del almirante Guillermo Brown y el Combate de Montevideo de 1814— como fundamento doctrinario de una idea central: “sin control del mar no hay soberanía efectiva”.

Funcionó como argumento legitimador para reclamar capacidades navales concretas cuando se prevé ralentizar la adquisición de helicópteros para los patrulleros oceánicos y aún no sale del tablero de las opciones cuál arma submarina reemplazará la capacidad perdida tras el naufragio del submarino ARA San Juan.

La frase de Romay apuntó a un tema de coyuntura que preocupa al mundo uniformado por su impacto a futuro tanto en alistamiento como en adiestramiento del denominado “instrumento militar”.

Se trata de la reciente adecuación presupuestaria por Decisión Administrativa 20/2026 o sea la poda o “motosierra” a más de 45 mil millones de pesos del presupuesto de Defensa.

La guadaña anticipa un calvario para la operatividad de las tres fuerzas armadas, aunque nadie se anime a decirlo en público.

En marzo pasado durante el recordatorio del fallecimiento del almirante Brown el jefe de la Armada había reclamado submarinos y fragatas modernas, insistiendo en recuperar “capacidades postergadas”.

El Atlántico sur eje y fundamento de reclamo presupuestario

El eje más fuerte del mensaje del jefe naval fue el estratégico. Romay insistió en que el Atlántico Sur dejó de ser un espacio periférico y pasó a ser un escenario crítico por varias razones: la protección de recursos pesqueros y energéticos; el control de rutas marítimas; la proyección antártica; (un asunto hoy en emergencia tras conocerse el recorte de más de 1.900 millones de pesos en sostén logístico); y la relevancia de los pasos bioceánicos australes.

El punto tiene especial relevancia porque vincula la agenda naval argentina con la creciente tensión internacional sobre corredores marítimos estratégicos.

Juan Carlos Romay aseguró que la Argentina necesita volver a pensar el mar como un espacio central de poder y no como una periferia olvidada.

Faltó citar la participación de la marina con un oficial de estado mayor en la Fuerza Marítima Combinada (Combined Maritime Foreces) un esquema multinacional con presencia en el Golfo Pérsico para actuar junto a naciones amigas en escenarios complejos, donde la comunidad internacional procura garantizar la libertad de navegación y la seguridad del tráfico marítimo, vital para el comercio y el abastecimiento mundial.

Aunque no mencionó conflictos específicos, el contexto global —interrupciones de rutas comerciales (Ormuz), disputas por recursos y militarización de espacios oceánicos— estuvo presente en la alocución, así lo interpretaron una decena de agregados militares de países extranjeros invitados a la ceremonia.

El almirante habló del comercio exterior, de las vías marítimas y de la economía argentina. “La vida y la grandeza de la República Argentina dependen principalmente de su intercambio comercial”, señaló en un párrafo y enfatizó la necesidad de tener una «conciencia marítima” para el control de los 4.700 kilómetros del litoral nacional.

El objetivo buscado: presentar a la Armada no como un gasto sectorial sino como una herramienta de protección de activos estratégicos nacionales.

Hacer docencia al Príncipe de que las funciones esenciales de la defensa nacional no constituyen un gasto prescindible, sino una obligación indelegable del Estado, vinculada a mandatos superiores de resguardo de los ciudadanos, de los bienes estratégicos y de la integridad territorial de la Nación.

Otro aspecto importante fue la reiteración de una idea clásica del pensamiento naval: “el mar se controla estando en el mar”.

Esa frase resume una crítica indirecta al deterioro operativo acumulado durante décadas.

El discurso evitó el tono confrontativo explícito, pero el diagnóstico fue severo: obsolescencia de medios, insuficiencia logística y pérdida de capacidades.

Sin estrategia, sin inversión y sin conciencia ciudadana, esa riqueza se pierde”, afirmó Romay al referirse a la importancia del Atlántico Sur, la Zona Económica Exclusiva argentina y la necesidad de garantizar presencia permanente en aguas nacionales.

El apoyo político del ministro al pedido de Romay

Se podría interpretar que Presti; el interlocutor político para abrir la billetera de Economía; dio un claro apoyo al reclamo del jefe naval; a su turno el ministro habló de: «recuperar capacidades, modernizar medios, volver a operar con los estándares de las Marinas con las que Argentina debe poder integrarse, hacerlo con la seriedad y la previsibilidad que el momento estratégico exige, porque el escenario internacional ha cambiado».

«La Argentina necesita una Armada moderna, robusta y preparada, capaz de ejercer vigilancia y control efectivo en sus espacios marítimos, capaz de operar de manera integrada en todos los dominios, con las demás fuerzas armadas, capaz de sostener la presencia permanente donde y cuando los intereses de la Nación lo requieran», pontificó el ministro.

En ese sentido, el almirante articuló tres demandas estratégicas: inversión sostenida en defensa; recuperación de la industria naval y para la defensa; e incorporación tecnológica.

La novedad es que no circunscribió el debate a buques o armamento convencional. Introdujo los drones, la guerra electrónica y la ciberdefensa.

Esta última actividad; por Resolución N°344/14; aún está limitada sólo a proteger objetivos de valor estratégico ante ataques digitales o los que busquen obstaculizar operaciones militares. Quedó pendiente y en estudio su modificación en línea con la reciente adecuación del Sistema de Inteligencia de Defensa que restableció la capacidad de contrainteligencia militar y permitiría ciber operaciones defensivas, ofensivas (actuar sobre redes del adversario) y de exploración, (inteligencia y contrainteligencia para obtener información y neutralizar acciones digitales intrusivas)

Edgardo Aguilera

Columna: Argentina pone los cerebros pero no pone la mesa para la IA

En febrero de este año, Chile presentó Latam-GPT, el primer modelo de lenguaje grande desarrollado desde y para América Latina. Un proyecto coordinado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial chileno (CENIA), financiado por el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y construido sobre la arquitectura abierta Llama 3.1 de Meta. Participaron más de 60 instituciones de 15 países — entre ellos, Argentina. Y sin embargo, la noticia pasó acá prácticamente desapercibida.

Conviene entender de qué se trata antes de evaluarlo. Latam-GPT es un modelo de 70 mil millones de parámetros, entrenado con más de 300 mil millones de tokens en español y portugués. El corpus incluye materiales que los modelos comerciales del norte global simplemente no tienen: decisiones judiciales de Buenos Aires, registros de bibliotecas de Perú, libros de texto escolares de Colombia. Para ponerlo en perspectiva técnica: su rendimiento actual se compara con el de ChatGPT 3, el de 2020-2022. No compite con GPT-4 ni con Claude. No fue diseñado para eso. Fue diseñado para que la región deje de ser solo consumidora de modelos ajenos y empiece a construir los propios.

El dato que importa: se hizo con 550.000 dólares. Mientras OpenAI levanta rondas de miles de millones, un consorcio latinoamericano armó un modelo fundacional con menos de lo que cuesta un departamento en Palermo. La primera versión corrió en la nube de Amazon Web Services. La próxima va a entrenarse en un supercomputador instalado en la Universidad de Tarapacá, en el norte de Chile, con una inversión de casi 5 millones de dólares y una matriz energética casi 100% renovable.

Dónde está Argentina en todo esto

Argentina figura en la lista de países participantes. Aportó datasets — los textos judiciales porteños son parte del corpus de entrenamiento. Según datos del sitio oficial del proyecto, el avance argentino en contribución de datos llegaba al 82%, detrás de Chile (89%) y Brasil (84%). Hay investigadores argentinos involucrados. Pero Argentina no lidera el proyecto, no lo financia y no aloja ninguna parte de la infraestructura de cómputo.

El contraste con lo que sí está haciendo el gobierno en materia de IA es revelador. En marzo, durante la Argentina Week en Nueva York, se firmó un Memorando de Entendimiento con Salesforce para implementar inteligencia artificial en el Estado, con una promesa de inversión de 500 millones de dólares en cinco años. Antes, en octubre de 2025, OpenAI y Sur Energy anunciaron Stargate Argentina: un mega centro de datos en Patagonia con una inversión estimada de 25.000 millones de dólares. Y la Agencia I+D+i lanzó una convocatoria de subsidios de hasta 500.000 dólares para consorcios que trabajen con IA y ciencia de datos.

Nada de eso es menor. Pero todo apunta en una dirección: que vengan otros a construir acá. No que construyamos nosotros.

Dos modelos, una región

Lo que se está definiendo en Sudamérica no es solo quién tiene más data centers. Es algo más de fondo: quién construye capacidad propia y quién depende de que los gigantes tecnológicos decidan invertir en su territorio.

Chile eligió un camino. Con presupuesto modesto, armó un consorcio regional, entrenó un modelo con datos propios y está instalando un supercomputador en su territorio. No pretende competir con Silicon Valley. Pretende tener una base sobre la cual desarrollar herramientas que los modelos comerciales no van a hacer: asistentes de salud pública en español local, herramientas de gestión municipal, aplicaciones para lenguas indígenas. Brasil fue por otro lado pero en la misma dirección: lanzó un plan de IA de 4.000 millones de dólares a cuatro años, enfocado en soberanía tecnológica con modelos y computación domésticos. Microsoft comprometió 2.700 millones en infraestructura de nube e IA en territorio brasileño.

Argentina, mientras tanto, ocupa el cuarto lugar en el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA), detrás de Chile, Brasil y Uruguay, clasificada como «adoptante» — no como «pionera». Los números del índice son incómodos: la infraestructura de conectividad está por debajo de la media regional, no hay despliegues significativos de 5G, la inversión en I+D como proporción del PBI es menos de la mitad que la de Brasil, y los 13 centros de datos del país suman apenas 32 megavatios — concentrados en un 71% en la Ciudad de Buenos Aires.

Un informe de CABASE presentado en el Internet Day 2026 lo puso en estos términos: el contraste con Santiago de Chile o San Pablo sigue siendo enorme, pero por primera vez en mucho tiempo hay herramientas para acortar esa distancia.

El problema del modelo ajeno

Hay una tensión que atraviesa todo esto y que conviene nombrar. Latam-GPT se presenta como un bien público regional, un modelo abierto, transparente, auditable. Pero su primera versión se entrenó en la nube de AWS. El conocimiento es público; el cómputo es privado. Si mañana Amazon decide cambiar las condiciones, el modelo queda en el aire.

Un análisis del Centro Latinoamericano de Investigación en Inteligencia Artificial y Salud (CLIAS), publicado desde Argentina, lo dijo sin rodeos: sin una alineación explícita entre incentivos corporativos y objetivos sociales, esa asimetría puede convertirse en una nueva forma de dependencia tecnológica. Y la analogía histórica que eligieron para ilustrar el riesgo no es menor: la red de fibra óptica de UNASUR, anunciada en 2009 para reducir la dependencia del tráfico ruteado por Estados Unidos. Nunca se construyó.

El mismo riesgo aplica para la estrategia argentina de atraer inversión extranjera. Stargate suena impresionante — 25.000 millones de dólares —, pero es un anuncio. La Patagonia tiene viento, frío y energía renovable, tres cosas que las big tech necesitan para enfriar servidores. Eso no es lo mismo que tener política tecnológica. Si el atractivo es puramente geográfico y energético, Argentina se convierte en territorio de extracción digital: otros ponen los servidores, otros entrenan los modelos, otros se llevan los datos procesados. Lo que queda acá es la factura de la luz.

Lo que viene

La primera versión completa de Latam-GPT se espera para septiembre de este año. Va a ser un modelo abierto, descargable, disponible para universidades, gobiernos y empresas de toda la región. Incluirá lenguas indígenas en fases posteriores. No va a cambiar el mercado global de IA. Pero puede cambiar algo más importante para la región: la pregunta de si es posible tener voz propia en una tecnología que hasta ahora habla casi exclusivamente en inglés.

Argentina tiene investigadores que participaron en el proyecto. Tiene datos únicos que ya están en el corpus. Tiene un ecosistema de startups de IA que crece. Y tiene anuncios de inversión que, si se concretan, podrían cambiar el mapa de infraestructura regional. Lo que todavía no tiene es algo que Chile decidió construir con mucho menos presupuesto: una estrategia que no dependa de que otro venga a ponerle la mesa.

Columna de IA por Esteban Terranova

Científicos crean con IA nuevas moléculas para combatir superbacterias resistentes a antibióticos

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Un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford en Estados Unidos y la Universidad McMaster en Canadá desarrolló una herramienta de Inteligencia Artificial (IA) capaz de diseñar moléculas para enfrentar superbacterias resistentes a antibióticos, en un avance que podría transformar la forma en que se descubren y producen nuevos fármacos.

La herramienta, denominada “SyntheMol-RL”, es un modelo generativo que permite crear candidatos a medicamentos de molécula pequeña que, además de ser efectivos, pueden sintetizarse con relativa facilidad. Según detallaron los científicos en la revista Molecular Systems Biology, el sistema logró diseñar compuestos completamente nuevos con potencial para tratar infecciones que hoy resultan difíciles de controlar.

“Estos resultados validan la capacidad de SyntheMol-RL para generar candidatos a antibióticos sintéticamente accesibles”, escribieron los investigadores. El avance representa una alternativa frente a los métodos tradicionales, que suelen fallar al intentar combinar eficacia terapéutica con viabilidad de producción.

SyntheMol-RL genera compuestos que combinan eficacia y facilidad de producción.

Uno de los focos principales del estudio fue combatir bacterias como el Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (MRSA), una amenaza creciente tanto en hospitales como en la comunidad.

Los resultados concretos en laboratorio

Tras el diseño digital, los científicos seleccionaron las moléculas más prometedoras y las llevaron al laboratorio para su validación. De las 79 generadas por el sistema, 13 demostraron una alta actividad contra Staphylococcus aureus en pruebas experimentales.

Entre ellas se destacó un compuesto llamado “synthecin”, que logró frenar infecciones por MRSA en un modelo de herida en ratones. Este resultado permitió demostrar que el proceso no se limita a simulaciones, sino que puede traducirse en efectos reales sobre organismos vivos.

Además, SyntheMol-RL mostró un rendimiento superior al de otras estrategias basadas en inteligencia artificial y a los enfoques clásicos, tanto en la diversidad como en la calidad de las moléculas obtenidas.

Una respuesta a un problema global

La resistencia a los antibióticos es uno de los mayores desafíos actuales para la medicina. Bacterias como Staphylococcus aureus desarrollaron mecanismos que las vuelven inmunes a tratamientos que antes eran efectivos, generando infecciones complejas y, en muchos casos, mortales.

“La rápida propagación de la resistencia a los antibióticos es un desafío crítico para la medicina moderna”, advirtieron los especialistas. En este contexto, la inteligencia artificial aparece como una herramienta clave para acelerar la búsqueda de soluciones y adaptarlas a las necesidades actuales.

La resistencia a los antibióticos es una de las mayores amenazas para la medicina actual.

Desafíos y próximos pasos

Pese a los resultados alentadores, los investigadores señalaron que aún queda camino por recorrer. Solo una parte de las moléculas generadas mostró eficacia en el laboratorio, lo que obliga a seguir perfeccionando los modelos predictivos.

También destacaron la importancia de continuar con pruebas en animales y, eventualmente, en humanos antes de que estos compuestos puedan convertirse en tratamientos disponibles. Ajustar la diversidad química y mejorar los algoritmos será fundamental para optimizar los resultados.

Actualmente, la resistencia a los antimicrobianos causa más de 1,27 millones de muertes al año en el mundo y amenaza con revertir décadas de avances médicos. En ese escenario, desarrollos como SyntheMol-RL abren una puerta prometedora: acelerar la creación de antibióticos eficaces y accesibles, capaces de enfrentar una de las crisis sanitarias más urgentes del presente.

Milei necesita que la Corte demore la ley de financiamiento universitario para sostener el superávit

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El Ejecutivo tiene una expectativa; para el gobierno, positiva. Para la sociedad, difícil. Según la información que circula por los pasillos oficiales con contactos ante la Corte Suprema de Justicia (CSJ); el máximo tribunal judicial del país no definiría de manera urgente la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario. Entendiendo por urgente una decisión contraria al oficialismo que implique la aplicación inmediata de la legislación aprobada en el Congreso Nacional, pero judicializada por el Ejecutivo. Si bien no hay pistas serias sobre la manera en que el tridente cortesano pueda volcarse de un lado o de otro, desde las oficinas fiscales del gobierno se trabaja con una resolución negativa. Algo lógico teniendo en cuenta que ya hay dos fallos en contra de la no aplicación de la ley en primera y segunda instancia. Los que saben de modos judiciales, afirman que es casi utópico que en la Corte se defina algo contrario a lo que en conjunto se falle en primer y segunda instancia. Ante el panorama pesimista, el Ejecutivo se aferra entonces al factor tiempo. Que, en términos prácticos se mide en millones de dólares. Dicho de otra manera, cuanto más tarde en definir la CSJ una situación contraria al gobierno, más dinero se ahorrará el Ejecutivo en aplicar la ley. Y, en consecuencia, menos dólares se “gastarán” en aplicar le Ley.

La instancia de máxima en este sentido, es que la Corte demore hasta fines de junio, para que la reglamentación se aplique en julio y los gastos comiencen en agosto. Así, en términos fiscales, el gasto final para el ejercicio 2026 sería de entre 467 a 580 millones de dólares; y no de 1.400 millones; partiendo de la base que el costo fiscal de ejecución de la Ley de Financiamiento Universitario tendría un volumen de 0,2% del PBI. Mensualmente serían unos 117 millones de dólares mensuales sobre la base del producto del 2025, única manera legal de mensurar sobre presupuesto vencido; ya que las partidas para aplicar no están en la letra del presupuesto nacional aprobado por el Congreso para este ejercicio. En consecuencia, el gobierno tiene legalmente la posibilidad de ejecutar el gasto suspendido a partir y hacia delante que la Corte avale la legislación, con lo que el gasto concreto partiría desde el mes inmediatamente posterior al eventual fallo. Y como se trata de dinero para presupuesto sobre mes vencido, el pago se ejecutaría a comenzar el mes siguiente. Así, por ejemplo, si la CSJ falle en junio, el gasto se ejecuta en julio y se liquida en agosto. Siguiendo esta cuenta fiscal, cada mes que la Corte demore una definición, son unos 117 millones de dólares que el gobierno no tiene que gastar para este año. Luego, para el 2027, la historia dependerá de la negociación del nuevo presupuesto, donde el Ejecutivo intentará nuevamente dormir la ley y retomar la negociación con la “oposición constructiva”.

En concreto, y en términos fiscales, el gobierno gana unos U$S 117 millones por mes de demora de la Corte. Algo que en términos fiscales es oro en polvo teniendo en cuenta la meta de superávit fiscal primario de 1,4% del PBI que se deben cumplir según el acuerdo de Facilidades Extendidas vigente con el Fondo Monetario Internacional (FMI) vigente para este año. Cuanto más se tarde en el tiempo en aplicar la ley, menos dinero habrá que conseguir en algunas otras cuentas públicas o sacrificar ingresos para poder hacer frente a la erogación.

La causa por la Ley de Financiamiento Universitario está en condiciones de resolverse en la Corte Suprema, pero sin fecha definida. El conflicto judicial se originó porque el gobierno de Javier Milei suspendió por decreto la aplicación de la ley aprobada por el Congreso, argumentando que no tenía financiamiento y que afectaba el equilibrio fiscal. Las universidades nacionales, nucleadas en el Consejo Interuniversitario Nacional, fueron a la Justicia para exigir su cumplimiento.

Hasta ahora, las universidades obtuvieron fallos favorables en instancias inferiores:

*La Cámara Contencioso Administrativa Federal confirmó una cautelar que ordena aplicar artículos clave de la ley, especialmente los vinculados con actualización presupuestaria, salarios docentes y no docentes, y becas estudiantiles.

*Luego, esa misma Cámara habilitó el recurso extraordinario presentado por el Estado, lo que abrió formalmente la intervención de la Corte Suprema.

*La Cámara había dejado en firme el fallo de primera instancia a favor de la aplicación de la Ley dictado por el juez federal en lo Contencioso Administrativo Enrique Cormick, CIN y varias universidades nacionales. La decisión había declarado aplicable (de manera provisoria y hasta que definan los tribunales superiores) el decreto del Poder Ejecutivo que suspendía la ejecución de la ley 27.795 y ordenó al Gobierno comenzar a cumplir los artículos centrales de la norma.

El eje jurídico central que deberá resolver la Corte es si el Poder Ejecutivo puede dejar sin efecto o suspender la aplicación de una ley vigente aprobada por el Congreso mediante un decreto. También está en discusión si existe afectación al derecho a la educación y a la autonomía universitaria.

Mientras tanto, el Gobierno mantiene su postura de no aplicar la norma hasta que el Congreso indique una fuente específica de financiamiento

La estrategia oficial se base en este escenario fiscal:

*Aplicar la ley tal cual fue aprobada por el Congreso Nacional tendría un costo fiscal aproximado de 0,2% del PBI; con lo que medido sobre el producto nacional versión 2025 implicaría un costo anualizado de U$S 1.350 millones.

*Como ya estamos en mayo, y de aceptarse su ejecución comenzaría en junio o julio, el nivel de erogación debería dividirse en dos, dado que se aplicaría sólo para el segundo semestre. Esto es, unos 675 millones de dólares. O, medido sobre el PBI, 0,1% del total.

*Si se tiene en cuenta la meta comprometida con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para todo el año de un superávit primario de 1,4%, cruzado con la proyección acumulada a abril de un resultado positivo final de 1,5% (según los primeros resultados del año), el costo fiscal de aplicar la ley en lo que queda del 2026 sería neutro. O, a lo sumo, requeriría un esfuerzo fiscal mínimo para el segundo semestre del año.

*Si bien se registra en los primeros cuatro meses del 2026 una contracción de la recaudación sobre inflación, con una caída acumulada en el primer cuatrimestre de 5% aproximado; los analistas consideran que para el segundo semestre (cuando podría aplicarse la ley), los ingresos por impuestos ya estarían operando por arriba de la inflación.

*En cuanto al superávit financiero, se estima que para el año se proyecta un 0,4% final; con lo que el costo final de aplicar la ley reduciría el indicador a un 0,2 o 0,3%. Este superávit no es meta fijada con el FMI, con lo que una caída por ejecutar la legislación universitaria no cambiaría el panorama, siempre que el resultado se mantenga positivo.

*Los datos reales indican que las transferencias presupuestarias cayeron un 25% desde diciembre del 2023 hasta abril del 2026. Los salarios promedios de los profesores titulares de las universidades públicas cayeron entre 30 y 35% dependiendo de la dedicación y exclusividad. Los salarios de los profesores universitarios se ubican entre los 350.000 (simple) y 1,8 millones en bruto para los rectores, según el dato de febrero; ultima actualización. Con la nueva ley el primero pasaría a cerca de 500.000 pesos y el segundo a 2,3 millones. Siempre en bruto.

*Dos datos que menciona el gobierno. Que se habilitó a las universidades a cobrar aranceles a los estudiantes extranjeros (la medida nunca se ejecutó) y la UBA no habilitó ninguna de las auditorías comprometidas.

El Gobierno mira el problema desde el punto de vista fiscal con el FMI como pared, y a partir de haber comprometido para este ejercicio un superávit fiscal primario de 1,4% del PBI. Esto es, simplemente, el resultado entre recaudación y gastos. En total, serían unos 6.200 millones de dólares de ahorro primario durante todo el ejercicio, cuando, según informó ayer el Ministerio de Economía, durante los primeros cuatro meses del año se acumuló un superávit primario de aproximadamente 0,5% del PBI y un superávit financiero de aproximadamente 0,2%.

La velocidad de ahorro parece conveniente. Sin embargo, la evolución negativa de la recaudación impositiva contra la inflación pone en duda la meta. El quinto piso del Palacio de Hacienda debe trabajar en la aplicación durante 2026 del esquema de 2024, basado en el símbolo “Licuadora y Motosierra”. Esto es, bajar el gasto con una doble combinación: aplicar, primero, una reducción directa del gasto público cercana al 2% en cada área de gestión administrativa, instrucción que el propio Luis “Toto” Caputo difundió entre sus colegas ministros con el aval personal de Javier Milei.

Es la llamada “Motosierra”. Sin embargo, también se está aplicando una licuación de parte del gasto al congelar el nivel de erogaciones (fundamentalmente salarios) en un esquema inflacionario que, necesariamente, implica una contracción del gasto ante una mejora de la recaudación (aunque sea nominal) por el incremento de los precios. Es la denominada “licuadora”. Entre ambos factores ayudaron al 0,5% de superávit primario del período enero-marzo. El problema es que el esquema parece agotarse, especialmente por la necesidad de, ahora sí, actualizar algunos gastos, como incrementos salariales y transferencias a provincias, además de la siempre complicada atención del déficit previsional, que en el primer trimestre del año mostró una contracción del 5% en los ingresos de los aportantes, con la obligación de mantener los incrementos de los jubilados y pensionados vía inflación.

Con este panorama, resulta más que difícil para la teoría fiscal oficial cumplir con la Ley de Financiamiento Universitario. Los cálculos más conservadores hablan de un costo fiscal de 0,2% del PBI, lo que implicaría entre $2 y $3 billones anuales, dependiendo de la evolución final de la inflación durante el ejercicio. Si este cálculo (conservador) se aplicara, la meta de 1,4% del PBI sufriría un impacto grave, en medio de un panorama donde la evolución de la recaudación está seriamente comprometida. Hay que recordar que la ley indexa gastos (salarios + funcionamiento) por inflación y, aunque el costo se mantiene como porcentaje del PBI, sube en pesos nominales.

Carlos Burgueño