Ganadores y perdedores en dos años de Milei: de Elsztain a Rocca

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El mercado bajó el pulgar en 2025 a la industria pesada y a los bancos en un año de selectividad quirúrgica. Quiénes son los empresarios que festejaron el modelo de tarifas y RIGI, y por qué el acero de Techint se derrumbó en la pizarra.

Mientras que el 2024 fue un año de volantazo para el modelo económico, el 2025 fue de consolidación. El veredicto del mercado sobre la economía real y las alianzas políticas de Javier Milei provocaron que la «fiesta» financiera del primer año de Gobierno se terminara para la mayoría de las empresas y dio paso a una selectividad quirúrgica donde solo ganaron los sectores regulados y los aliados estratégicos del modelo.

Mientras que las compañías vinculadas a la energía lograron sortear la volatilidad cambiaria y electoral, los gigantes de la industria pesada —con Paolo Rocca a la cabeza— y los bancos, que habían sido los grandes ganadores del inicio del mandato, sufrieron un duro revés en sus cotizaciones en dólares. Estos últimos se mantienen liderando las ganancias desde diciembre del 2023, pero la actividad productiva por el contrario perdió hasta la mitad de su valoración.

Los dueños de la energía: los ganadores del modelo

El podio del período pasado se lo llevó Central Puerto (CEPU). La generadora eléctrica controlada por las familias Bemberg y Reca —históricos jugadores del sistema energético— cerró el año con una suba de su valor en 24,7% en dólares, según indicó un informe de Portfolio Personal de Inversiones (PPI).

Grafico

No es casualidad. Según detallan desde PPI, la firma fue «beneficiada tanto por la desregulación del sector energético como por anuncios vinculados a la provisión de energía para Sur Energy». A esto se suma un driver político clave: la potencial asociación con YPF Luz y la solicitud de ingreso al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) de AbraSilver, una de sus apuestas mineras, por poco más de USD 500 millones. El mercado leyó que el management de CEPU entendió hacia dónde van los incentivos del Gobierno: tarifas libres y grandes proyectos extractivos.

El otro gran ganador del año fue Eduardo Elsztain. Su buque insignia, IRSA, anotó un alza del 10,3% en dólares. El empresario, dueño del Hotel Libertador —búnker de Milei durante la campaña y sus primeros meses de gestión— y quien le abrió al presidente una red de contactos en el mundo religioso, capitalizó la estabilidad de los «activos reales».

Un escalón más abajo, pero en terreno positivo, aparece Loma Negra (+6,7%). La cementera, en pleno proceso de venta por parte de su controlante brasileño InterCement al dueño de Pampa Energía, Marcelo Mindlin, logró sostenerse pese a la parálisis de la obra pública, especulando quizás con un cambio de manos que ponga en valor sus activos estratégicos.

La caída de los industriales

La contracara del éxito energético es el derrumbe de la industria pesada. Si se mira la película completa desde que Milei gestiona, el dato es lapidario: Ternium Argentina (TXAR) perdió un 48,5% de su valor en dólares y Aluar (ALUA) retrocedió un 31,1%.

En 2025, la tendencia se profundizó. La siderúrgica del Grupo Techint se desplomó un 40,6%, mientras que la aluminera de la familia Madanes Quintanilla cayó un 13,5%. Dos industrias vinculadas a la construcción y la industria automotriz, esta última en caída en el segmento de producción y a la vez con mucha competencia importadora, sobre todo de productos chinos cuyos precios ya son referencia en los mercados. Se sumó el crawling peg sobre las bandas cambiarias, que apreció el tipo de cambio, y golpeó la competitividad de estos exportadores industriales.

Otro que sufrió el año fue el holding Comercial del Plata (COME), que lideró las pérdidas del panel líder con un rojo furioso del 57,8% en 2025. A pesar de haber ganado un 17,5% en el acumulado de la era Milei, el último ejercicio borró gran parte de las ganancias, exponiendo la fragilidad de los papeles más volátiles (o small caps) ante la incertidumbre política.

Bancos: de la suba al ajuste de márgenes

El caso de los bancos es particular. Si se observa la columna de rendimientos desde el 31 de diciembre de 2023, las entidades financieras son las dueñas absolutas: el BBVA (+231,6%)Banco Macro de la familia Brito (+228,1%) y Grupo Financiero Galicia de los Escasany (+215%). Fueron los grandes vehículos del trade electoral y la limpieza del balance del Banco Central.

Sin embargo, 2025 fue un baño de realidad. Gustavo Araujo, Head of Research de Criteria, explicó que el sector de Servicios Financieros tuvo un desempeño «mayormente negativo», afectado por la «compresión de márgenes y la cautela del mercado frente al ciclo económico».

En números: Grupo Galicia cayó un 13,8% y Supervielle se hundió un 21,3% en el último año. Con la baja de tasas y la desaparición de los pasivos remunerados (Leliqs/Pases), los bancos se vieron obligados a volver a su negocio tradicional de prestarle al sector privado en un contexto recesivo, lo que ajustó sus rentabilidades extraordinarias.

El «cisne negro» de la Provincia y la volatilidad política

El recorrido del Merval en 2025 no fue lineal. El informe de PPI destaca un evento que casi hace descarrilar el programa financiero: las elecciones de medio término en la Provincia de Buenos Aires.

«El revés de las elecciones, en las cuales el oficialismo perdió por más de 13,5 puntos contra el kirchnerismo, hundió al Merval por completo hasta su mínimo de USD 1.071«, graficó la consultora. En ese momento, el índice llegó a perder el 50% de su valor.

La recuperación vino de la mano de los comicios nacionales, que mostraron una realidad diferente a la del conurbano bonaerense. «En el lunes poselectoral el índice registró su mayor suba histórica (+31,2%)», detallan desde PPI. Hoy, el Merval oscila en los USD 2.000, un nivel de «equilibrio tenso» que depende exclusivamente de que la macroeconomía se consolide en 2026.

Petróleo: la promesa pendiente

Finalmente, el sector de Oil & Gas mostró un comportamiento heterogéneo. Mientras Marcelo Mindlin logró que Pampa Energía terminara «neutra» (-0,9%) gracias a su diversificación, la petrolera estatal YPF cayó un 14,1% en 2025.

Araujo, de Criteria, advierte que si bien YPF y Vista finalizaron con pérdidas, el sector «continúa concentrando expectativas de mediano plazo, apalancadas en el desarrollo de Vaca Muerta«. La apuesta del mercado es clara: si el Gobierno logra abrir el cepo y garantizar el flujo de dividendos estas acciones son las candidatas a liderar el rebote en 2026. Por ahora, el mercado prefiere la caja segura de las tarifas de luz y gas (TGS subió 3,8% y Transener 3,3%) antes que el riesgo de la perforación.

En síntesis, el mercado habló: premió a los dueños de la energía y los servicios públicos —sectores donde el Gobierno puso el foco de la normalización tarifaria— y soltó la mano de la industria tradicional, que deberá reconvertirse o esperar un tipo de cambio más favorable que, por ahora, no aparece en el horizonte libertario.

Eugenia Muzio

La caída de Bioceres

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 La empresa tecnológica que lideró el mundo de las startups como modelo de una nueva era donde el conocimiento y el desarrollo científico irrumpían en el mercado y llegaban a la cúspide para cotizar en Nasdaq arrastra una deuda millonaria que se calcula entre los 30 a los 80 millones de dólares.

La situación llevó al holding Bioceres S.A. a zona crítica que podría derivar en la quiebra de la firma. Fuentes del mercado señalaron que la tecnológica integra una compleja red de empresas controlantes, subsidiarias y asociadas donde se mezclan inversores crypto de dudosa solidez y referentes de los nuevos mercados.

Según fuentes del agro señalaron que Bioceres Crop Soluciones (BIOX) y Rizobacter que son las que cotizan en Nasdaq, se escindieron de todo ese entramado cuando en 2024 el holding inició un proceso de reestructuración accionaria. 

Mientras que BIOX se habría quedado con los principales desarrollos biotecnológicos como el trigo resistente a la sequía HB4, Bioceres S.A., que contaba con estructura accionaria propia, dejó de ser la controladora de BIOX y vendió sus títulos.

A partir de allí apareció Juan Sartorio, yerno de un magnate ruso y ex candidato a presidente de Uruguay. En el país vecino se lo señala como un oscuro zar de las criptomonedas que desde el arribo de Milei hizo sus inversiones en Argentina. Tiempo atrás compró Adecoagro y ahora quiere quedarse con el 50 por ciento de las acciones de YPF en Profertil, la mayor productora de fertilizantes del país.

Juan Sartori fue candidato a presidente de Uruguay pero perdió la interna con Lacalle Pou

En Bioceres SA, Sartori puso al frente a  Alejandro Antalich. El CEO tambíen es uruguayo y estuvo vinculado al desarrollo de las empresas agrotecnológicas de cannabis que convirtieron al país vecino en productor líder durante los años del Frente Amplio desde la legalización de la marihuana.

Lo cierto es que ahora el default por 5 millones de dólares que encendieron las alarmas el año pasado se convirtió en un rojo que asciende a 35 millones de dólares y hay quienes dicen que esa deuda podría duplicarse lo cual amenaza a Bioceres S.A. con la quiebra.

La tormenta arrastró a todos los activos vinculados y las acciones de BIOX sufrieron un derrumbe impactante que hizo que se borrara la esperanza de que se convirtiera en uno de los unicornios locales más importantes.

Según publicó LPO, desde su pico histórico en 2021/2022, cuando su valuación bursátil superaba los USD 900 millones y sus acciones cotizaban a cerca de USD 15,70, se desplomó más de un 90% y hoy sus papeles rondan los USD 1,70, con una capitalización inferior a los USD 110 millones, como anticipó Bloomberg Línea.

En la primera mitad del 2025, Bioceres reportó ingresos por USD 75 millones, un 40% menos que lo proyectado; una pérdida operativa de USD 15 millones y un resultado neto negativo de USD 48 millones que derivaron en la profunda crisis financiera.

En el grupo ya hablan de un pedido de quiebra que la justicia definirá los límites de cada responsable de una compleja red de sociedades y firmas subsidiarias y dirá si Bioceres se trató de un jugador de peso en las nuevas industrias que prometían tallar una nueva era del capitalismo global u otro fiasco como tantos que aprovecharon las sombras de los éxitos del Silicon Valley. 

Fabricio Navone

Nucleoeléctrica batió su récord de generación eléctrica por 2do. año consecutivo

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Nucleoeléctrica Argentina alcanzó en 2025 un récord histórico de generación eléctrica, consolidando por segundo año consecutivo su máximo nivel de producción anual. En el desagregado, dos de sus centrales nucleares, Atucha II y Embalse, batieron récords individuales de generación.

Durante el último año, la empresa estatal operadora de las centrales nucleares superó su récord de generación neta anual, con un total de 10.760.572 MWh netos, sobrepasando el máximo registrado en 2024, que había sido de 10.449.015 MWh netos.

La electricidad generada por la empresa representó aproximadamente el 7,5% de la generación nacional total durante el 2025, indicaron desde la empresa.

Récords de generación en Atucha II y Embalse

La Central Nuclear Embalse alcanzó en 2025 una generación neta de 5.352.203 MWh, superando su marca anterior de 5.224.058 MWh, registrada en 2023.

Por su parte, la Central Nuclear Atucha II generó 5.408.370 MWh netos, superando el récord previo de 5.200.490 MWh, alcanzado en 2016.

Estos resultados reflejan el alto nivel de confiabilidad y desempeño operativo de las centrales nucleares argentinas.

Avances en proyectos estratégicos

En paralelo a este desempeño, Nucleoeléctrica avanza con proyectos estratégicos clave para asegurar la continuidad y el fortalecimiento de la generación nuclear en el país.

En la Central Nuclear Atucha I continúa el Proyecto de Extensión de Vida, una de las obras de infraestructura energética más relevantes de la Argentina.

A un año del inicio de la parada programada, el proyecto registra un 48% de avance, con importantes progresos en la modernización de sistemas esenciales. Esta obra permitirá que Atucha I continúe aportando energía segura y confiable durante 20 años más.

Asimismo, en la Central Nuclear Atucha II, Nucleoeléctrica avanza con el Proyecto de Almacenamiento en Seco de Elementos Combustibles Gastados (ASECG II), que ya presenta un 38 % de progreso.

Esta obra es esencial para asegurar el futuro operativo de Atucha II y garantizar una gestión responsable del combustible nuclear, conforme a los estándares internacionales más exigentes.

Nicolás Deza

Tratado Mercosur-Unión Europea: lo esencial de un acuerdo «aprobado», pero aún pendiente

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Tras 25 años de arduas negociaciones, el Consejo Europeo avanzó con la firma del Acuerdo Unión Europea-Mercosur. Se trata de un paso con impacto global que el próximo sábado 17 de enero será rubricada en Asunción, capital de Paraguay, el país que ejerce la titularidad del Mercosur durante este semestre. Se espera que Argentina esté presente.

Punto por punto, esta son las principales definiciones que se llegó a esta altura:

¿De qué se trata el Acuerdo?

Es un tratado político y comercial cuyo objetivo es reforzar las relaciones birregionales mediante la apertura de mercados, la cooperación política y el desarrollo sostenible. Su estructura se basa en tres pilares: el político, el de cooperación, orientado al desarrollo económico, social y ambiental; y el comercial, que establece normas para el intercambio de bienes y servicios, la reducción de aranceles y la regulación de inversiones y comercio.

¿Cuáles son sus alcances?

Los dos bloques juntos representan más del 30% del PBI mundial y cerca del 35% del comercio global. El Acuerdo crearía un mercado integrado de más de 700 millones de personas.

¿Qué le permite a la Unión Europea?

Le permite obtener acceso preferencial a un bloque que tradicionalmente ha mantenido un alto grado de protección de su mercado, lo que convierte este acuerdo en una oportunidad estratégica para las empresas europeas. Además, contribuye a los objetivos de la UE de diversificar sus socios comerciales, fortaleciendo vínculos con países afines a sus valores democráticos, sociales y ambientales.

¿Cuáles son los beneficios para la región del Mercosur?

Se espera que el Acuerdo impulse el comercio bilateral. Se prevé que las exportaciones de la UE al Mercosur aumenten en un 39%, mientras que las exportaciones del Mercosur a la UE aumentarían en un 17% (48.700 millones EUR y 8.900 millones EUR, respectivamente).

En general, se espera que el Acuerdo aumente el PBI de la UE en unos 77.600 millones EUR y el del Mercosur en unos 9.400 millones EUR de acá a 2040.

La UE eliminaría el 92% de los aranceles aplicados a las exportaciones del Mercosur y otorgaría preferencias adicionales al 7,5% restante (cuotas y preferencias fijas).

En agricultura, liberalizaría el 99% del comercio, eliminando barreras que afectan a productos clave como frutas, vegetales, aceites, pescados, vinos y alimentos procesados. También incluiría grandes mejoras para productos agroindustriales.

La UE concedería los volúmenes de cuota más altos jamás otorgados a un socio comercial. Con incentivos para la inversión y la modernización productiva y una posible integración a las cadenas globales, con costos de producción más bajos y acceso a componentes europeos.

¿Cuáles son los aspectos particularmente relevantes para Argentina?

Que el Acuerdo le permitiría recuperar exportaciones en sectores como biodiésel, aceites, langostinos, cítricos y pesca. Le daría ventajas inmediatas para productos donde Argentina es particularmente competitiva. La eliminación o reducción rápida de aranceles beneficiaría directamente a productos clave del país, como soja procesada, aceites, maní, frutas del Alto Valle, cítricos y pesca, ampliando acceso en sectores donde Argentina es especialmente competitiva.

También daría impulso a la agroindustria y a la cadena cárnica. Porque la eliminación del arancel sobre la cuota Hilton fortalecería a la industria bovina argentina, así como las exportaciones de carnes. La UE reconocería 104 indicaciones geográficas argentinas, principalmente vinculadas a vinos y productos regionales, lo que favorecería el posicionamiento internacional de Cuyo, la Patagonia y otras regiones productoras.

Además, como Argentina importa mucha maquinaria, insumos y bienes de capital desde Europa, la baja arancelaria reduciría costos de producción y mejoraría la competitividad industrial en sectores como automotriz, metalmecánica y química.

La apertura del mercado europeo, además, permitiría expandir un sector donde Argentina lidera dentro del Mercosur, favoreciendo exportaciones de alto valor agregado y empleo calificado.

¿Cuáles son los próximos pasos?

El Acuerdo pasaría al Parlamento Europeo para su aprobación. Al mismo tiempo, los gobiernos de cada país del Mercosur comenzarían el proceso de ratificación de acuerdo a sus procedimientos nacionales. Una vez concluidos los procedimientos internos de la Unión Europea, el Acuerdo entrará en aplicación con los países de Mercosur que lo hayan ratificado.

¿Cuándo se puede esperar la entrada en aplicación del Acuerdo?

La entrada en vigencia depende de los procesos de ratificación en la Unión Europea y en los países del Mercosur. Si los procesos de ratificación avanzan sin contratiempos, podría entrar en aplicación a finales de 2026.

¿Por qué las negociaciones se demoraron más de 25 años?

Las negociaciones comenzaron en 1999, pero estuvieron suspendidas de facto durante unos 14 años, principalmente en los períodos 2002–2010, 2012–2015 y 2020–2022. Las pausas respondieron a diferencias estructurales entre ambas partes, crisis económicas, cambios políticos y, en la etapa más reciente, a preocupaciones ambientales, que retrasaron la conclusión del Acuerdo incluso tras el entendimiento político de 2019.

Todavía esta semana, los agricultores europeos advierten que el acuerdo facilitará el ingreso de productos agroindustriales provenientes de América Latina a precios más bajos y con estándares ambientales y sanitarios distintos, lo que -sostienen- profundizaría la crisis del sector por una «competencia desleal».

Inundaciones bonaerenses: Kicillof comienza el último tramo de la obra del Río Salado

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La semana pasada el gobierno de Axel Kicillof anunció que ya está en marcha el financiamiento internacional para el tramo V del Plan Maestro del Río Salado, una obra integral y emblemática para mitigar las inundaciones en el centro y noroeste de la provincia de Buenos Aires.

Según detallaron desde el Ejecutivo bonaerense, las obras de la etapa 1 y 2 del último tramo del Plan Maestro del Río Salado implican una inversión total de USD 138 millones a través de financiamiento mixto (USD 110 millones del Banco Europeo de Inversión (BEI) y USD 28 millones del Tesoro Provincial). La fecha de apertura de sobres de licitación se efectuará el próximo 26 de febrero.

“Esta obra permite mitigar los efectos de las inundaciones, amplía la frontera agropecuaria de toda la cuenca y mejora la calidad de vida de más de 1,5 millones de bonaerenses. Una vez concluido el Tramo V, cerca del 50% de este Plan Maestro Integral habrá sido finalizado”, afirmó el ministro de Infraestructura bonaerense, Gabriel Katopodis.

Las primeras dos etapas de obra del Tramo V se extienden sobre 60 de los 95,3 kilómetros en total atravesará el cauce desde Alberti hasta Chacabuco. Además de la obra sobre el río, incluye la intervención en infraestructura complementaria, compuesta por la reconstrucción de 7 puentes (5 viales y 2 de ferrocarril).

En ese sentido, el grueso de las obras consistirá en la adecuación, ensanche y profundización del cauce del río, a través de tareas de dragado y relleno que permitirán el escurrimiento encauzado ante crecidas. De esta manera, la profundidad de la cuenca del Río Salado pasará de dos acuatro metros.

La etapa V del Plan Maestro del Río Salado se extiende desde Alberti hasta Junín.
La etapa V del Plan Maestro del Río Salado se extiende desde Alberti hasta Junín.

“Se amplía la sección primaria del río y se ejecutan nuevas secciones a cada lado, llamadas recintos, que son rellenadas con el material recuperado mediante el dragado para absorber las crecidas.  Esto, a su vez, posibilitará que las áreas alrededor del Salado, que suelen quedar anegadas, puedan ser utilizadas para la producción”, detallaron desde el Ministerio de Infraestructura.

Vale señalar que, el Plan Maestro Integral de la cuenca del Río Salado se trata de la obra hidráulica más emblemática de la Provincia y lleva más de 25 años de ejecución. Permitirá mitigar los efectos de los períodos de sequías e inundaciones en la cuenca del río, que abarca 531 km y alcanza a un total de 59 municipios.

Para planificar los trabajos a ejecutar conjuntamente entre el Gobierno Nacional y la Provincia, el curso del río fue dividido en cinco tramos: el I, II y III están finalizados; el IV se encuentra finalizado en sus etapas 1, 3 y 4 y paralizado en la etapa 2, mientras que la licitación del tramo V iniciará a fines de febrero.

En rigor, el Tramo I tiene una extensión de 48 km, los trabajos comenzaron en 2004 y finalizaron en 2007, abarcando a los municipios de Castelli, Lezama y Pila; en tanto, el Tramo II, con 57 km de longitud, alcanzó a Lezama, Pila, Chascomús y Gral. Belgrano; inició en 2005 y culminó en 2008; y el Tramo III empezó en 2011 y concluyó en 2017, recorriendo 118 km entre Gral. Belgrano, Gral. Paz, San Miguel del Monte y Chascomús.

Los intendentes de los municipios integrantes de la Cuenca del Río Salado estuvieron presentes en la reunión con funcionarios bonaerenses.

La paralización del tramo IV fue un eje de la disputa entre el Gobierno provincial y la administración nacional durante las inundaciones en el centro bonaerense de septiembre y octubre de 2025.  “Los subtramos que conforman la etapa 2, con una longitud de 33,4 km, se iniciaron en mayo de 2023 y actualmente se encuentran neutralizados por falta de financiamiento de Nación”, cuestionaron desde Provincia.

En rigor, el Gobierno Nacional debe financiar estas obras a través del Fideicomiso de Infraestructura Hídrica, conformado por un porcentaje de la recaudación del Impuesto a los Combustibles. No obstante, los trabajos siguen suspendidos y sólo se completó un 6% de los mismos, lo que generó el reclamo tanto del Ejecutivo provincial como de entidades agropecuarias.

Obras en el Río Salado: reunión conjunta entre ministros, intendentes y entidades agrarias

El ministro de Infraestructura bonaerense, Gabriel Katopodis, y el titular de la cartera de Desarrollo Agrario, Javier Rodríguez, encabezaron el lunes una mesa de trabajo junto con entidades agropecuarias e intendentes para dar detalles de la ejecución de la etapa 1 y 2 del tramo V de la obra en el Río Salado.

En el encuentro, participaron los jefes comunales de los municipios integrantes de la cuenca, es decir, María José Gentile (Nueve de Julio); Jorge Gaute (Alberti); Darío Golía (Chacabuco); Alberto Gelené (Las Flores); Sergio Barenghi (Bragado); Facundo Diz (Navarro) y Ramiro Egüen (Veinticinco de Mayo). También dijeron presentes los senadores bonaerenses Germán Lago y Valeria Arata.

Por parte de las entidades agropecuarias, estuvieron el representante de CARBAP en el Consejo Auditor del Salado, Alberto Larrañaga; el integrante de la Federación Agraria, Aníbal Chiramberro; el secretario Mario Raiteri y la asesora Patricia Luke, ambos de CONINAGRO; y el presidente de la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), Francisco Farras.

“La inversión histórica en el marco del Plan Maestro del Río Salado tiene una importancia fundamental para el sector productivo y para el conjunto de la actividad económica. Tenemos una mirada federal de la provincia de Buenos Aires, a partir de la convicción de que no hay municipios ni bonaerenses de primera y de segunda”, detalló el ministro Rodríguez.

EE.UU. considera al hemisferio occidental su zona de influencia. Riesgos

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(Este artículo de Ricardo Auer, consultor de riesgo geopolítico, fue publicado por primera vez dos semanas antes de la incursión de tropas estadounidenses en Venezuela que capturó al presidente Maduro. Los acontecimientos posteriores parecen darle la razón).

Todas las naciones procuran obtener la mayor autonomía estratégica posible, como principio rector del progreso de sus naciones, entendido como desarrollo económico, preservación de sus tradiciones y culturas y un efectivo bienestar de su propio pueblo. Saben por experiencia histórica que las grande spotencias siempre están ocupadas en sus disputas geopolíticas, pero que frecuentemente acuerdan entreellas, zonas de influencia propias, que disminuyen los grados de libertad de los países involucrados y en consecuencia, dificultan enormemente el desenvolvimiento de sus propias potencialidades. El período de la Guerra Fría es aún muy recordado por muchos países por verse obligadas en atender las necesidadesestratégicas tanto de Moscú como de Washington, y no las propias. Hagamos un poco de historia.

El siglo XIX se caracterizó por el desarrollo del Capitalismo Industrial, producto de la revolución iniciada poco antes en Gran Bretaña, lo que llevó, a los inicios del siglo XX, a las potencias principales a luchar por su predominio, iniciando la I GM. Si bien impusieron ideas liberales a terceros países para facilitar susexportaciones, cada élite imperial usó su poder geopolítico nacional para auto-protegerse. La Geopolítica era más importante que la Geo-economía. Este poderoso desarrollo capitalista permitió el crecimiento del proletariado industrial, que fue adoptando ideologías marxistas y socialistas que tuvieron un eco inicial en Europa Central, pero luego hicieron raíces en Rusia. Nuevamente la lucha geopolítica entre las principales potencias industriales generó la II GM, devenida luego en la Guerra Fría, entre Occidente y la URSS y China. Para entonces la lucha geopolítica se disfrazó de lucha ideológica.

Los países fronterizos que limitaban ambos campos fueron fuertemente beneficiados por EEUU para demostrar las bondades del sistema capitalismo frente al socialismo. Así, el plan Marshall inicia el proceso del Estado de Bienestar en Europa y Alemania Occidental es colocada como mejor ejemplo, frente a laRDA, aunque ésta gozara de una mejor situación económica y social que los restantes países del pacto deVarsovia. Lo mismo ocurría con Japón o Corea del Sur para enfrentar al comunismo chino de Mao Zedong. Lucha geopolítica mediática, pero siempre con escaparates ideológicos. La lucha realmente armadapasaba a las periferias: ÁfricaAmérica LatinaVietnam, resto de Asia. Luego de la caída de la URSS, el poder hegemónico de EEUU transita una década donde se incuba el desarrollo de un nuevo poder global,que se independiza de sus mandantes estatales y comienza a desarrollar la globalización financiera, quetransforma ese capitalismo industrial en un capitalismo financiero, conceptualmente desligado del poderde las naciones.

La lucha geopolítica parecía entonces desaparecer, pero sólo por un breve período, hasta que EEUU descubre que había perdido muchas batallas industriales a pesar que pareciera haber ganado muchasbatallas militares. China irrumpe ya en este siglo como una potencia desafiante y Rusia desafía las claras intenciones de disminuirla a un papel secundario. La geopolítica nunca se fue, quedó enmascarada por laola financiera, hasta que ésta explotó, y ha vuelto con más fuerza. Potencias intermedias ocupan ampliasfranjas del poder global y adquieren autonomías estratégicas propias. El mundo se convierte así enmultinodal con muchos nodos de poder compitiendo y colaborando simultáneamente entre sí.

Este año, 2025, aparece EEUU con Trump y emite su proclama; una nueva estrategia de seguridad nacional, que cambia drásticamente las prioridades de EEUU. Es presentada como una visión de “realismoflexible” que sacude el orden post-II GM, liderado por EEUU, construido sobre una red de alianzas ygrupos multilaterales, que parece entrar en su ocaso. Veamos un análisis pormenorizado:

AMÉRICA LATINA (AL) se le pretende aplicar el “Corolario Trump” de la doctrina Monroe de 1823, segúnla cual AL quedaba fuera del alcance de potencias extra hemisféricas. En su versión actual, no está claro sipretende restringir solo China y Rusia o también a las europeas, aunque exceptuando a Gran Bretaña, su socio aún más confiable. Su finalidad es dificultarles la posesión de infraestructura crítica, operar instalaciones militares o controlar activos estratégicos en la región. Sería una grave restricción a la autonomía estratégica de AL, supuestamente compensada con “ayudas” y cooperación directa, mediante incentivos económicos, presión diplomática y herramientas financieras para que los gobiernos de la región rechacen asociaciones con esos países.

Pareciera ser que EEUU reduciría prioridades en Europa y Medio Oriente, y destinaría más recursos políticos, económicos y militares a AL. Pero su descripción hace hincapié en los intereses nacionales de EEUU (migraciones, narcotráfico y crimen organizado trasnacional), pero no en el desarrollo armónico de AL. Lo dice taxativamente: la era de la migración masiva ha terminado; un país soberano debe decidirplenamente a quién admite y en qué número; combatir militarmente a los cárteles y organizacionescriminales; expulsar la influencia china y rusa del continente, especialmente en el control de puertos,infraestructura tecnológica y telecomunicaciones, energía y minería; reforzar alianzas con socios regionalesestables, incluyendo nuevos acuerdos comerciales, militares y tecnológicos, así como reubicar recursosmilitares hacia el continente.

Impactos previsibles: dada la estrecha relación de EEUU con sus países aledaños, independiente del colorde los gobiernos de turno, esta nueva política tendrá su mayor impacto en MéxicoCentroamérica y todoel Caribe. El nearshoring con MX se incrementará en la medida de la colaboración de MX en el controlmigratorio y del narcotráfico. Habrá más presencia militar norteamericana en el CaribeGolfo, frontera surde EEUU, y corredores marítimos de Centro y Sudamérica.

EUROPA (EU) es descripta como que sufre un “desvanecimiento civilizatorio” y “debe cambiar de rumbo”. El orden post II GM, con EU como aliado más fuerte de EEUU está puesto definitivamente en crisis. EEUU leha informado oficialmente a EU que no financiará más su Estado de Bienestar, una anomalía ideológica,producto de la puja geopolítica contra la URSS, ya finalizada. Se lee un claro apoyo a las tesis de los partidos políticos soberanistas (llamados por la prensa liberal, de extrema derecha). Critica abiertamenteque sería “plausible” que “en pocas décadas, ciertos miembros de la OTAN tengan poblaciones,mayoritariamente, no europeas. También afirma que EEUU debería centrarse en “poner fin a la percepción, y prevenir la realidad, de la OTAN como una alianza en perpetua expansión», un claro apoyo a la tesis de Putin, cuya visión sobre la decadencia de Europa comparten. Se refiere a que las acciones de la Unión Europa y “otros organismos trasnacionales que socavan la libertad política y la soberanía” (¿hablará de Bruselas o inclusive de la OTAN?).

En el capítulo referido a ASIA, describe a CHINA como un competidor, pero haciendo foco en la economía y no en lo militar. “Reequilibraremos la relación económica de EEUU con China, priorizando la reciprocidad y la equidad para restaurar la independencia económica estadounidense». Sobre Taiwán, sólo reitera los llamados a mantener el statu quo, aunque insta a Japón y Corea del Sur a contribuir más para garantizar militarmente la defensa de Taiwán. A India le propone “contribuir con la seguridad del Indo-Pacífico”. Corea del Norte no es mencionada ni una vez.

Pone mucho menos énfasis sobre MEDIO ORIENTE Y ÁFRICA, en lo que tradicionalmente era el foco de su política exterior. Parecería que el siempre conflictivo petróleo ya no es una prioridad, dado que EEUU dispone de una amplia autonomía energética y es uno de los principales exportadores del mundo. La contención y la actual debilidad de Irán satisface y tranquiliza a las monarquías del Golfo Pérsico, y el problema palestino de Gaza pareciera, por ahora, encaminarse hacia un arreglo a largo plazo, con laaceptación tácita de Moscú y Beijing. Sobre Israel se dice poco, aunque lo importante es que mantenga su seguridad estratégica, lo cual parece estar claramente garantizada. Sobre África, alienta mayores inversiones que permita “aprovechar los recursos naturales y el potencial económico latente” del continente.

En resumen, lo más sorprendente de ese documento de 33 páginas es lo que dice en forma enmascarada. Claramente EE.UU. busca establecer la estabilidad estratégica (pacificación) con RUSIA, a la que deja de ver como una “amenaza directa”, intentando concluir la guerra en Ucrania. Sobre el último gran tratado de control de armas nucleares con Rusia, conocido como New START, que expira en dos meses, el documento no prevé una renovada, costosa y desestabilizadora carrera armamentística con Rusia.

Sobre CHINA no ve un peligro militar inminente sino una fuerte disputa industrial, tecnológico y comercial. “El tema de fondo es quién emergerá como ganador en tecnología: inteligencia artificial, computación cuántica, biotecnología, ciberseguridad. Esos temas están relacionados con la intensa competencia militar que mantenemos diariamente con China en todo el Indo-Pacífico.

Esto nos induce a pensar que se está buscando establecer una era de zonas de influencia, en el cual el hemisferio occidental sería la zona de influencia de Washington. Pero simultáneamente alienta ciertaconflictividad en Asia, de la mano de IndiaJapón y Corea del Sur. La gran duda es si las potencias intermedias están dispuestas a jugar ese juego y si se resignarán a ser furgones de cola de las superpotencias. Me inclino a pensar que muchos de ellos no van a aceptar mansamente este juego. Otros si lo harán, y van a perder oportunidades que daría una muy amplia libertad de negociación y por lo tanto pagarán las consecuencias en su deterioro económico y social. Más aún aquellos países que, comoArgentina, están encerrados en una doble dependencia estratégica: con Washington y con Beijing.

Ricardo Auer

El nuevo escenario en Venezuela altera el mapa del petróleo en América. Qué pasa con Vaca Muerta

Los cambios que se anuncian en Venezuela luego de la operación militar estadounidense que removió a Nicolás Maduro del poder prometen alterar el mapa del comercio del petróleo en el continente americano. Para las petroleras en Vaca Muerta, la atención estará puesta en la atracción de capital norteamericano en Venezuela y en los plazos de ingreso de nueva producción venezolana.

Por fuera de la Argentina, Guyana se perfila como el país inmediatamente más beneficiado por la intervención estadounidense, al diluir el riesgo de un conflicto militar con Venezuela por la disputa territorial entre los dos países en torno al Esequibo. En cambio, las productoras en Canadá verían esfumada la posibilidad de exportar más crudo pesado a las refinerías estadounidenses en el Golfo de México.

Crudo Medanito y crudo Merey no compiten en EE.UU.

La producción venezolana no compite particularmente con el crudo argentino por el acceso al mercado estadounidense. Las refinerías sobre el Golfo de México operan principalmente con crudos pesados, mientras que los volúmenes argentinos de crudo Medanito exportados a los EE.UU. tienen como destino principal la costa oeste del país.

El Senior Business Development Manager de ArgusNazareno Ferrero, consideró que el impacto sobre Vaca Muerta de un eventual incremento de producción en Venezuela sería marginal.

«Vaca Muerta produce crudo liviano con contenido medio de azufre, muy distinto al Merey venezolano, que es pesado y con alto contenido de azufre», dijo Ferrero ante una consulta de EconoJournal.

En materia de precios, una mayor oferta venezolana competiría con otros crudos sudamericanos pesados. «Si se observa algún movimiento en los precios, será en forma de descuentos para los crudos pesados, como los ecuatorianos Napo y Oriente, los colombianos Vasconia y Castilla, y el brasileño Peregrin, frente a los grados medios y livianos, como WTI, Brent o Medanito«, apuntó el representante de Argus.

Potencial competencia con Vaca Muerta por las inversiones

En todo caso, el principal riesgo para Vaca Muerta podría ocurrir por el lado de un renovado interés inversor estadounidense en Venezuela que vaya en detrimento de la inversión en la Argentina, aunque las inversiones necesarias para maximizar la producción venezolana serían muy elevadas en un contexto de precios con tendencia a la baja.

Venezuela supo alcanzar picos de producción de 3,5 millones de barriles diarios. Pero la producción actual quedó reducida a un tercio o menos del máximo histórico.

La consultora Rystad Energy evaluó que las inversiones necesarias para volver a producir 3 millones de bpd hacia el 2040 ascienden a US$ 183.000 millones, de los cuales 102.000 millones serían para upstream y 81.000 millones en infraestructura.

Chevron es la única petrolera norteamericana que sigue produciendo en Venezuela. El CEO de la empresa, Mike Wirth, marcó en noviembre un interés latente de aumentar las inversiones. «Los vaivenes que se observan en lugares como Venezuela son desafiantes, pero nosotros jugamos a largo plazo«, dijo Wirth.

En cambio, el CEO de ExxonMobilDarren Woods, en ese mismo mes se había mostrado más cauteloso sobre la idea de regresar al país. «Venezuela nos ha expropiado dos veces», declaró Woods.

ConocoPhillips y ExxonMobil cesaron sus operaciones en Venezuela y tienen sentencias favorables contra el Estado por la «nacionalización» de proyectos petroleros bajo el chavismo. El monto conjunto de los reclamos a favor de estas compañías asciende a unos US$ 10.000 millones.

La administración del presidente Donald Trump informó este lunes que mantuvieron conversaciones sobre Venezuela con múltiples petroleras. «Todas nuestras compañías petroleras están listas y deseosas de realizar grandes inversiones en Venezuela que reconstruirán su infraestructura petrolera«, dijo una vocera de la Casa Blanca. Sin embargo, hasta el momento ninguna petrolera estadounidense se pronunció tras el llamado de Trump a invertir en el país sudamericano.

Venezuela: producción y exportación de petróleo

Kpler, una firma de seguimiento comercial, indica que la producción promedió unos 900.000 bpd durante el 2025, con la excepción de una baja drástica en noviembre y diciembre por problemas de servicio en el complejo petroquímico de Jose.

En cambio, el ex gerente corporativo de PDVSA y experto en upstream, Einstein Millan Arcía, considera que Venezuela cerró el 2025 con una cifra de producción de 1,2 millones de bpd si se computan los barriles utilizados en la dilución del crudo pesado y una producción no declarada a la OPEP de entre 60 y 70.000 barriles de condensado.

El país exportó un promedio de 750.000 bpd en 2025 según Kpler. De estas exportaciones, las refinerías independientes en China absorbieron en promedio unos 430.000 bpd en 2025 según Argus.

EE.UU. fue el segundo destino de las exportaciones venezolanas, con Chevron exportando unos 200.000 bpd durante el año pasado, aunque en diciembre las redujo a 120.000 bpd debido a los problemas en el complejo petroquímico.

El rol del crudo canadiense

Un incremento en la producción y exportación de petróleo venezolano a los EE.UU. podría desplazar a las importaciones del resto de los crudos pesados que se producen en el continente americano. Para los productores de crudo bituminoso en Canadá podría significar un golpe a la expectativa siempre latente de suplir con mayores volúmenes a las refinerías en el Golfo de México.

Canadá en los últimos diez años se transformó en una importante fuente de suministro de petróleo para los EE.UU, representando el 60% de las importaciones en 2023, en comparación con un 33% en 2013. Los volumenes importados se ubican en el orden de 4 millones de bpd. Las refinerías en los estados del Medio Oeste de EE.UU. son las principales consumidoras del crudo canadiense.

Las productoras también tienen la capacidad de transportar hasta 700.000 bpd desde la provincia canadiense de Alberta y con dirección a las refinerías en Texas a través del oleoducto Keystone. Un segundo proyecto cancelado, el oleoducto Keystone XL, hubiera podido incrementar esa capacidad de transporte al Golfo de México hasta 830.000 bpd.

Sin embargo, al crudo canadiense le costaría competir contra la llegada de mayores volúmenes de crudo Merey a las refinerías del golfo, cuyo costo de extracción es más bajo. «Están temerosos de perder mercado porque saben de la desventaja de su crudo pesado, que en realidad es un bitumen, es una pasta que no fluye. Lo excavan, llevan a un mejorador, lo mezclan y ahí sí fluye. En cambio en el petróleo de la faja del Orinoco se perfora a un kilómetro de profundidad y en el 80% de los casos fluye naturalmente a condiciones iniciales», explicó Millan Arcía.

Nicolás Deza

Marco Rubio anunció un plan de 3 fases para Venezuela. Lo ejecutará Delcy Rodríguez

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Estados Unidos esbozó un plan de tres etapas para Venezuela que se iniciará con la estabilización del país luego de la captura del presidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, continuará con una fase de recuperación económica y social, y culminará con una transición política.

Así lo explicó este miércoles el secretario de Estado, Marco Rubio, tras informar a senadores y legisladores sobre la hoja de ruta definida por la Casa Blanca, luego de algunos días de incertidumbre. No presentó plazos para la implementación del plan.

“No queremos que esto se convierta en un caos”, afirmó Rubio al detallar que la prioridad inmediata de Washington es evitar un colapso institucional y económico en el país tras la operación militar ejecutada el fin de semana. Según el funcionario, la primera fase apunta a asegurar el control de la situación interna y a limitar las fuentes de financiamiento que, a juicio de Estados Unidos, alimentaron la corrupción del régimen chavista.

En ese marco, Rubio defendió la política de presión y aislamiento económico aplicada sobre Venezuela, a la que definió como una “cuarentena” clave para la estabilización.

“Parte de esa estabilización, y la razón por la que creemos que tenemos la mayor influencia posible, es nuestra cuarentena”, sostuvo ante el Congreso. Como ejemplo concreto, mencionó las nuevas incautaciones marítimas realizadas en las últimas horas.

“Como han visto hoy, dos barcos más fueron incautados. Estamos en medio de este proceso y, de hecho, a punto de cerrar un acuerdo para tomar todo el petróleo que tienen, el petróleo que está estancado en Venezuela”, explicó Rubio.

Según detalló, Estados Unidos planea hacerse cargo de entre 30 y 50 millones de barriles de crudo, que serían vendidos en el mercado internacional a precios plenos, sin los descuentos que recibía Caracas en los últimos años.

El secretario de Estado subrayó que los fondos obtenidos por esas ventas serán administrados bajo un esquema de control internacional. “Ese dinero se manejará de tal manera que controlaremos su distribución para beneficiar al pueblo venezolano, no a la corrupción ni al régimen”, aseguró, al presentar la medida como una herramienta para sostener la gobernabilidad durante la etapa inicial.

En sintonía con ese enfoque, la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó este miércoles en conferencia de prensa que la administración Trump —incluidos el secretario de Estado Marco Rubio y el vicepresidente JD Vance— “mantiene una estrecha comunicación con las autoridades interinas de Venezuela”.

“Obviamente, tenemos la máxima influencia sobre ellas en este momento y sus decisiones seguirán siendo dictadas por Estados Unidos”, sostuvo.

Leavitt agregó que esas “autoridades interinas acordaron liberar” el petróleo confiscado a favor de Estados Unidos.

La segunda fase del plan, definida como de “recuperación”, estará orientada a la reinserción gradual de Venezuela en el mercado global. Rubio indicó que Washington buscará garantizar que “las empresas estadounidenses, occidentales y de otros países tengan acceso al mercado venezolano de una manera que sea justa”, con reglas claras y supervisión externa. En paralelo, adelantó que se impulsará un proceso de reconciliación política y social.

“Comenzar a crear el proceso de reconciliación nacional dentro de Venezuela, para que las fuerzas de la oposición puedan ser amnistiadas y liberadas de las cárceles o repatriadas al país, y comenzar a reconstruir la sociedad civil”, enumeró el funcionario, al señalar que este componente será central para estabilizar el escenario interno tras años de confrontación.

La tercera y última etapa será la de transición política. “Y luego, la tercera fase, por supuesto, será de transición. Parte de esto se solapará”, aclaró Rubio, al dar a entender que las tres fases no serán compartimentos estancos sino procesos parcialmente simultáneos, bajo monitoreo permanente de Estados Unidos.

La explicación oficial llegó pocos días después de la caída de Maduro. El sábado 3 de enero de madrugada, fuerzas estadounidenses ejecutaron una misión para extraer al líder chavista de Venezuela. Tras la operación, Delcy Rodríguez, vicepresidenta del régimen, asumió la administración interina del gobierno con el aval de Washington, una decisión que generó sorpresa y malestar en sectores de la oposición, en particular entre seguidores de María Corina Machado.

Desde entonces, Estados Unidos reiteró que controlará de manera directa la transición y que trabajará de forma coordinada con Rodríguez para cumplir la agenda fijada y evitar un colapso institucional.

Argentina en el mar IX – El ARA San Juan y el CINAR

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«Publicado en El blog de Abel el 12 de diciembre de 2017». Entonces se hizo un llamado, que todavía no fue respondido.

En el posteo anterior de esta serie se trató de dar respuesta, tentativa, a la pregunta ¿Qué pasó con el ARA San Juan? Ya ahí llegó el esperable «comentario» (no lo autoricé) que lleva un sólo obsesivo mensaje «Aquí no podemos hacerlo». Argentina no puede, no debe, fabricar o reparar submarinos, o siquiera tenerlos activos ¿Para qué? Más, no debe formar a los hombres y mujeres capaces de llevar de empujar la frontera de nuestras capacidades ¿Para qué?

No hace un mes todavía que 43 hombres y una mujer dieron sus vidas respondiendo a esa otra pregunta.

Perdimos un submarino. No perdamos un astillero

Todos los submarinos con potencia AIP (Air Independent Power), tienen motores diésel-eléctricos como primera opción para recargar las baterías. Éstas son las que mueven la hélice mediante motores eléctricos de corriente continua, generalmente muy silenciosos.

La particularidad de los AIP es una 2° planta de potencia anaerobia, que no depende de tener que aspirar aire atmosférico mediante el snórkel. Y es que desde los ’90 a esta parte, los medios de detección electrónicos, térmicos, químicos y sónicos se perfeccionaron muchísimo, y a profundidad de snórkel un submarino deja huellas que son incluso perceptibles para satélites.

Por eso, los AIP están hechos para no acercarse siquiera a la superficie durante lapsos de 2 a 4 semanas, según cada fabricante y cada modelo. El oxígeno necesario para la 2° planta de potencia, la anaerobia, se lleva licuado en grandes botellas, o comprimido a por lo menos 60 atmósferas

Eso le devuelve a un sub lo que realmente no debe perder jamás: ser una amenaza ubicua, que puede estar en cualquier lado, al que hay que dedicar una gran cantidad de efectivos y energía para detectar y neutralizar, la peor pesadilla de cualquier flota de superficie.

Hasta que coincidiendo con el nuevo milenio surgieron los AIP contemporáneos, esto sólo se lograba con potencia nuclear. A Gran Bretaña en 1982 le bastó con el HMS Conqueror para que toda la Flota de Mar argentina se tuviera que meter en Puerto Belgrano y no asomara la nariz durante toda la guerra. Y ojo, el Conqueror, como cualquier submarino nuclear, tiene bombas de refrigeración del núcleo que, por muy bien diseñadas e insonorizadas que sean, emiten ruido.

Un sub AIP es mucho más silencioso que un nuclear, cuando navega con su planta anaerobia. Las ventajas de un nuclear sobre un AIP son dos: una autonomía sólo limitada por el stock de comida a bordo, y la posibilidad mantener indefinidamente velocidades mayores a 32 nudos a cualquier profundidad de inmersión. Los AIP a profundidad operativa, en cambio, son bastante lentos: 5 nudos, si se quiere conservar la batería. En un apuro, a lo sumo 22 nudos, y durante una o dos horas. Pero la superioridad de la potencia nuclear viene con un precio impagable: con el costo de un Clase Los Ángeles, los suecos te fabrican 8 Götlands AIP, y los tremendos submarinos yanquis no logran siquiera detectarlos, por ahora.

Por ello Brasil estará construyendo en pocos años en su astillero especializado de Itaraguaí, Rio de Janeiro, cuatro Scorpene franceses AIP y a continuación su primer submarino de caza con un motor atómico de desarrollo propio. Éste último tiene fecha (dudosa) de botadura en 2029. Ante semejante combo, la 4° Flota de los EEUU, armada para tener superioridad naval sobre el Atlántico Sur, deja de tenerla. Como dicen en Río de Janeiro, «chupate esa mandarina».

Sería bastante lógico convertir a AIP los dos solitarios subs que nos quedan: el Santa Cruz, un TR-1700, y el viejo Salta, un HW-Tipo 209. Hay paquetes de conversión en oferta de la Thyssenkrupp para el Santa Cruz por aproximadamente 60 palos verdes, pero la operación en su conjunto (que se puede hacer perfectamente en los astilleros CINAR, el Complejo Industrial Naval Argentino, en Dársena Norte) es mucho más cara. Hay que volver a cortar el casco del Santa Cruz, como cuando se le hizo el mantenimiento de vida media, e insertarle todo un anillo nuevo, que alarga bastante la eslora (más o menos 12 metros). El resultado, si el trabajo se hace en tiempo y forma, es un submarino mucho más letal.

Sería una tontería hacer esto fuera del país, con el tremendo equipamiento que tiene CINAR, y otra estupidez no menor el considerar únicamente ofertas de Alemania, un vicio naval argentino que se ha hecho crónico desde fines de los ’60. A fecha de hoy, han desarrollado distintos sistemas AIP Francia, Suecia, la India, Japón, China y Rusia.

España está trabada en dificultades técnicas del desarrollo de su propio sistema para sus submarinos S-80 con un AIP cuya fuente de energía indirecta es alcohol etílico, o etanol. De ahí se obtiene hidrógeno para oxidarlo en una «fuel cell», o celda combustible, que produce electricidad sin ninguna vibración, ya que es un proceso electroquímico que no involucra partes móviles. El hidrógeno de los S-80 españoles sale de un proceso de «reforming» catalítico del alcohol. Dato interesante, fue el doctor Miguel Laborde y su laboratorio de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires quienes suministraron la tecnología original química en 2004, bajo contrato de Abengoa, una empresa hispánica contratada a su vez por los astilleros Navantia. Laborde sigue viviendo en la Argentina y es un alto investigador del CONICET, para más información.

Las tratativas quizás demasiado acarameladas y monogámicas entre Argentina y la República Federal Alemana para dotarnos de una flota diésel-eléctrica poderosa empezaron en 1968. Son esas idioteces con nombre glorioso, del tipo de «alianza estratégica», cuando la realidad es que ese tipo de relaciones no suceden entre elefantes y hormigas.

Cuando en los ’70 y ’80 se compraron los subs que todavía tenemos, amén del astillero entonces llamado «Domecq García» para hacer más unidades, se puso énfasis no tanto en la defensa de la Plataforma, como recomendaba el Almirante Segundo Storni en su libro «Nuestros intereses marítimos». Para ello habrían bastado algunos HW Tipo 209. Por el contrario, la idea era adquirir una capacidad de ataque sumamente veloz, sorpresivo y a gran distancia, y de ahí los planes y equipamiento para tener al menos 6 TR-1700, que en los ’80 eran los submarinos diésel-eléctricos más veloces del mundo (24 nudos en inmersión snórkel), y cargaban suficiente combustible como para darle vuelta a la Tierra (33.000 km. de autonomía teórica).

Ha sido publicado en muchas ocasiones que la hipótesis de conflicto de los TR-1700 era usarlos en el Pacífico y contra la Armada chilena, en una suerte de Pearl Harbour múltiple y submarinístico contra las bases de nuestros vecinos. Alguna guerra tenía que conseguirse la valiente muchachada de la Armada, pero cuando eligió a Inglaterra como contendiente consiguió que sólo llegaran al país 2 TR-1700 en 1985 y 1986, y que luego las presiones yanquis y británicas para atajar la construcción de 4 unidades más se volvieran insportables. Detenidos los astilleros, el siguiente paso fue destruirlos, y Menem lo hizo… o casi.

En aquellos años la propulsión AIP, por la que Alemania venía trabajando desde la 2da Guerra, era todavía un montón de experimentos fallidos en muchos países. Hoy maduró y es un «game changer», un cambio de paradigma. Hay 57 AIP en más de 20 países, y dentro de 6 o 7 años, van a ser el doble de naves.

Conociendo a este gobierno y a la Armada, en la actual situación de cambio tecnológico, los subs diésel-eléctricos convencionales van a estar de oferta. Y como ha observado más de un observador sagaz, Macri tiene un gran magnetismo personal. Se le pega la chatarra, especialmente la que descarta la OTAN.

En cuanto al astillero hoy llamado CINAR, que reúne las capacidades de Tandanor y el Domecq García, (rebautizado Storni), no es improbable que el gobierno actual trate de cerrarlo. Ya hay gente echándole la culpa del accidente del San Juan a la «corrupción» del CINAR, y esto sucede ante la vista del poder judicial mas repelentemente sumiso de nuestra historia reciente. Si pueden cerrarlo a carpetazos, no dejarán de intentarlo.

El cierre de nuestra capacidad (relativa, pero existente) de construir y mantener nuestros propios submarinos es un viejo objetivo histórico de EEUU e Inglaterra. Empezó mucho antes de 1982. Cada uno por sus motivos, ambos países aborrecen esta alianza entre la Argentina y la entonces llamada República Federal Alemana. Y las desventuras que atravesaron ambos astilleros en la posguerra de Malvinas, con su momento más vergonzoso en el el gobierno de Menem, no han sido ajenas a esta animadversión.

Hay más cuchillos apuntados a la yugular del CINAR, pero son criollos. Sumando edificios y tierras, el dúo de astilleros tiene 135.000 metros cuadrados sobre Dársena Norte. Este gobierno tiene como integrantes y fans a muchos empresarios de la construcción que podrían hacer un nuevo intento de transformar ese capital inmobiliario premium en shoppings y barrios tilingos.

No sería nuevo. El citado riojano trató de hacerlo en 1990, cuando privatizó el astillero y se lo vendió a una sociedad fantasma. Cito a una fuente poco frecuente en este blog, Daniel Santoro, de Clarín, artículo del 29-11-2017.

En septiembre de 1990 se llamó a licitación para privatizar el astillero Talleres Navales Dársena Norte (TANDANOR), dependiente del Ministerio de Defensa de la Nación en épocas del fallecido Erman Gónzalez. En el llamado original, la empresa fue tasada en 168 millones de dólares: 8 millones pagaderos en efectivo y 160, en bonos de la deuda Externa Soberana, todo lo cual debía cancelarse indefectiblemente a la firma del contrato.

Tras un trámite licitatorio lleno de irregularidades, Tandanor le fue adjudicada a un consorcio de empresas encabezado por CIAMAR (transportista marítimo argentino), Banco Holandés Unido (actual AMR AMRO BANK) y SUD MARINE ENTERPRISES (astillero de origen francés).

Una vez adjudicada, el entonces Presidente Carlos Menem emitió un decreto por el cual cambió sustancialmente el precio y la forma de pago por Tandanor: el valor a abonar se estableció en U$D 59.760.000 millones de dólares (ya no en bonos, sino en efectivo), pagaderos de la siguiente manera: un adelanto por US$ 7.200.000 y el saldo restante (US$ 52.560.000) cómodamente financiado a nueve años de plazo con tres de gracia.

La sociedad que se quedó con ambos astilleros paralizó los trabajos de construcción de los TR-1700 «Santa Fe», al 70% del grado de avance, y del «Santiago del Estero», al 30% de avance.

Los compradores no pudieron chatarrearlos porque los cascos de acero ultrarresistente HY-80 dan mucho trabajo para el desguace y el material no tiene mercado local. Otros dos submarinos arribados aquí como piezas sueltas e igualmente «nonatos» pero sin bautismo, el S-45 y S-46, sufrieron distintas suertes: el primero fue «carancheado», es decir se volvió fuente de repuestos para el SUSJ y el Santa Cruz, aquellos dos subs que llegaron construidos y navegando desde los astillero Thyssen en Emden, Alemania. No tengo datos fiables sobre ese meccano desarmado que era el S-46; parece haber sido vendido como chatarra.

No es lo único que trató de vender la sociedad fantasma que fingió adquirir los astilleros. Le vendió también 10 hectáreas de terrenos a la inmobiliaria IRSA por 18 palos verdes, a ver si la ranada pasaba. No pasó, y después lo explico. Mis cifras sobre hectáreas y dólares difieren un poco de las de Santoro, pero se entiende de qué iba el juego. ¿Puede repetirse? Sí.

En su momento todo esto armó mucho ruido de medios, que sofocó oportunamente el poder judicial federal con su rapidez y energía característicos, procesando a carradas de implicados. Uno suponía que los esperaba la guillotina, pero los dos principales, Erman González, ex ministro de defensa, logró morirse de viejo sin sentencia, y Menem vive en olor de santidad judicial y amparado por fueros aparentemente a prueba del paso de años y de magistrados. Ni siquiera los muchos «pichis» pegados a esta matufia fueron en cana.

En 2004 el lamentado Néstor Kirchner trató de abrir los astilleros, cuyo personal había logrado mantenerlos con vida al modo heroico, formando una cooperativa de gerentes y trabajadores. Pero CINAR sólo logró arrancar operativamente en 2007: la pérdida de recursos humanos calificados había sido muy grande. Pese al amor a la camiseta y a la bandera, hasta el más patriota se descorazona en circunstancias tan jodidas, y la industria privada, aún en recesión, sabe elegir ingenieros y técnicos de élite.

Es una lástima que el CINAR haya nacido de una «alianza estratégica» con la RFA y sin una universidad propia al pie, así como la CNEA tiene el Instituto Balseiro. Como proveedor constante de ingenieros, físicos, químicos, metalurgistas, expertos en materiales y otros cráneos del mayor nivel regional, el Balseiro evitó en buena medida el «Alzheimer institucional» de la CNEA por pérdida de cuadros en las malas épocas, que fueron muchas y largas. Ni Cavallo pudo descerebrar a la institución, y las pruebas de ello fueron la exitosa campaña de exportaciones de INVAP, aún en los años más tétricos, y la conclusión de Atucha II y el inicio de las obras del RA-10 en los tiempos de NK y CFK. Década perdida, my left foot, como dicen en Soho.

Tal vez los lectores no hayan reflexionado sobre el asunto, pero Balseiro fundó esa pequeña universidad tecnológica que hoy lleva su nombre cuando el presidente Arturo Frondizi cortó a un 50% el presupuesto de la CNEA. La gente nuclear, hasta entonces protegida por el paraguas de la Armada, se dio cuenta de que este tenía agujeros y se aprestó para una lucha por la supervivencia, que creíamos pasada pero todavía sigue. Y esa supervivencia se basa en la regeneración de recursos humanos «de alta». Esa gente que no se consigue aunque uno ponga un aviso en Clarín. Porque no la fabrican ni las mejores universidades nacionales (ni hablo de las privadas).

Un astillero de submarinos se parece más a una fábrica de aviones o de satélites que de barcos mercantes. Los materiales y procedimientos son exquisitos, los márgenes de error y las tolerancias, ínfimos, muy parecidos a los de la industria nuclear. Un astillero de subs necesita un elenco humano con capacidad de diseño autónomo, capaz de mandar a bañarse en el estrecho de Jutland a cualquier oferente atravesado. Aún si uno termina adquiriendo naves extranjeras, es el modo de saber que no le están vendiendo basura, y de asegurar la fabricación nacional de componentes críticos, creando una cadena de proveedores calificados. Si Jorge Sabato se hubiera dedicado a los submarinos, habría hecho eso, empezar de a poco y desde abajo, fabricando primero la gente, luego la fábrica, y finalmente los fierros.

El pecado fundacional de la Armada fue creer que se puede adquirir esta capacidad industrial «llave en mano» comprando unidades y fábricas y confiando en que Thyssen (o quien sea) van a cumplir a rajatablas con las «transferencias de tecnología». Transferencias que a la hora de la hora, terminan no existiendo. Sobre todo cuando el comprador pregunta algo cuya respuesta al vendedor le tomó 30 años de investigacion y desarrollo, es decir N experimentos fallidos. Ningún proveedor quiere generar autonomía, o peor aún, fabricar competidores.

Cuando la CNEA decidió comprar su primera central, Atucha I a la KWU, hoy SIEMENS, ya llevaba fabricados varios reactores nucleares de investigación. En ciertas cosas, hay que empezar creando el capital humano, y asegurándose de tener una fabricación local e ininterrumpida del mismo. «Sabatismo explícito», como dirían en el Balseiro.

CINAR, aunque viene de una historia mucho más ripiosa, es un activo formidable para la Argentina, y no sólo militar sino tecnológico, laboral y educativo. Por algo tiene tan poderosos enemigos externos. Y además, es un costo hundido: a lo largo de décadas, el todavía asombroso equipamiento de ambos talleres costó algo así como US 9600 millones, transferidos a la RFA. Equivale casi a la vieja deuda argentina con «El Club de París». Si ya pagamos por bueno ese astillero, es mejor que le demos la plata que necesita y lo usemos de una maldita vez. En 10 años, podemos tener una buena flota.

En cambio si volvemos al chiste de adquirir unidades extranjeras llave en mano porque están de oferta, y además usadas y sin potencia AIP, no sólo vamos a haber perdido un sub todavía muy bueno, como el SUSJ, y sus 44 bravos tripulantes, sino de yapa un astillero excelente y una capacidad de reparación envidiable: más de 800 naves de todo tipo hicieron mantenimientos en el hoy CINAR a lo largo de su accidentada vida.

Perder ese capital sería la peor ofensa que se puede infligir a la memoria de los 44 del ARA San Juan.

La «Guerra de Fondos» y nuestras Malvinas – 2ª parte

La 1ª parte de este artículo está aquí: La «Guerra de Fondos (marinos)» hoy, y una batalla naval de Malvinas en 1914 – 1ª parte

En los años de entreguerras, el carbón perdió su preeminencia ante los combustibles líquidos en la industria y en la propulsión naval. Fue una revolución técnica que decidió desde 1945 el modo de hacer cosas en este mundo, desde aceros a caramelos, por citar a un célebre malvado. Pero el efecto sobre las marinas de guerra fue inmediato.

Los nuevos barcos tenían no sólo una autonomía mucho mayor, sino que podían repostar búnker oil (el peor corte) o fuel oil (menos lesivo) de borda a borda. Y lo hacían en una cita secreta con una nave auxiliar, en cualquier lugar apartado de los océanos y mares.

Las Malvinas, entonces, perdieron importancia como lugar donde la flota inglesa acudía a «carbonear». Pero por su geomorfología tallada por glaciares, tienen la única línea costera del Atlántico sur perfecta para hacer puertos profundos y abrigados del viento. Es muy escotada, y recuerda la de Inglaterra, donde nada está a más de 100 kilómetros del mar.

Es bien distinta de la predominante en Argentina, tan rectilínea, baja, arenosa o barrosa. La de la Patagonia en particular está interrumpida por acantilados, con rompientes llenas de restingas rocosas que han destripado tantos barcos, y 2 de cada 3 días, azotada por violentos vientos. Estos, para peor, suelen cambiar de cuadrante en horas.

Y para rematar la cosa, del Río Negro para abajo, hay algunos puertos donde la diferencia de altura entre pleamar y bajar es enorme. Son 11 metros en San Antonio Oeste. En consecuencia, se forman brutas corrientes de marea, y ese oleaje incoherente e innavegable que son los escarceos, cuando cuando las corrientes enfrentan la dirección del viento.

De modo que es nuestra historia geológica, especialmente la sedimentación, y su combinación con la meteorología las fuerzas que logran que la costa argentina tenga muy pocos puertos naturales aceptables. Buenos Aires es pésimo por sedimentación, y se llega atravesando un canal especialmente largo, que requiere de dragados continuos o desaparece.

Los puertos no digamos buenos, pero al menos funcionales, son Quequén, White y Belgrano, en el área de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires.

En Río Negro y Chubut, los puertos son ventosos, desabrigados y de poco fondo por las restingas. Eso al punto que la carga de petróleo en Caleta Olivia y Comodoro se hace lejos de la costa, en boyones flotantes, para impedir varaduras.

Deseado, San Julián y Punta Quilla en Santa Cruz, amén de los del canal del Beagle: Harberton y Ushuaia son mejores por profundos y abrigados. Deseado exporta pescado, y mucho. Ushuaia mueve mucho turismo. El resto, vegeta.

Sin embargo hubo y hay imperios navegantes con peores costas: Holanda, por ejemplo. Dominar estratégicamente el Mar Argentino debería haber sido una decisión soberana, y el único tipo que la puso en tinta sobre papel fue el Alte. Segundo Storni, un olvidado eterno. Por eso a la Armada (ARA) sólo se la ve -y no mucho- en Belgrano y Ushuaia. No se le eche la culpa a la geografía.

Lo que los devalúa en términos estratégicos esta ringla discontinua de puertos es su casi total desconexión del interior. Deseado habría podido y debería ser el apostadero naval por excelencia de la Armada Nacional: está exactamente frente a las Malvinas.

Tuvo un minúsculo apostadero naval, en general reducido a una oficina y a veces, alguna torpedera anclada. También tiene una línea ferroviaria de trocha ancha que sube a través de 12 estaciones hacia el Noroeste hasta la ciudad de Las Heras, zona muy petrogasífera. Con esa línea férrea y sus aguas profundas, Deseado podría haber embarcado tanto petróleo como Caleta Olivia y tal vez a menor costo, y transportado por tierra los equipos petrolíferos (enormes, pesados, importados) hasta los pozos.

Con eso se podría haber hecho un puerto militar sustentable económicamente. Y una guarnición. Para el caso, en la barranca norte de Deseado está el 9 de Caballería Blindada, y cruzando nomás la ruta nacional 281, un aeródromo para cazas de ataque de ataque a tierra Pucará, con pista de 1500 metros. Era asfaltar otro kilómetro más, poner combustible, agua y talleres y se tenía una base aérea «de despliegue», más bien austera, pero desde la cual, cuando la guerra de Malvinas, podrían haber operado perfectamente los A4 Skyhawk y los Hércules de reabastecimiento aéreo de la Fuerza Aérea.

El sentido de las bases de despliegue es defensivo y ofensivo. Se trata ante todo de no tener los aviones en una o dos bases, regalados ante un ataque sorpresa. Fue lo que le pasó a la considerable Fuerza Aérea Egipcia a manos de la aviación israelí: en la mañana del 5 de junio de 1966 perdió 288 aviones en tierra, y en los 5 días subsiguientes, el total fue de 388 sobre un total de 420. Al mediodía de aquel primer día, la Guerra de los 6 Días estaba ganada.

El sentido ofensivo es evidente. La distancia entre cualquiera de las BAM (Bases Aérea Militares) patagónicas y las islas varía entre los 700 y 1000 kilómetros, lo que normalmente supone un reabastecimiento aéreo a la ida, a la vuelta, o ambas para las misiones de muy largo alcance, como el ataque al portaaviones HMS Invincible. La Argentina entró en combate con sólo dos Hércules tanqueros. Era liquidar uno en tierra en San Julián, y había que rendirse.

Pero además, las dos invalorables «Chanchas» orbitaban alrededor de un punto fijo de reabastecimiento. Allí se dirigían los A4 que volvían de una misión, normalmente agujereados a tiros y perdiendo combustible. Ese punto, estaba a unos 300 km. mar adentro, sobre el paralelo 47, cuadradamente frente a Deseado. Para un avión «que viene sangrando» y no sabe si llega a tierra, Deseado era el camino más corto.

Algo grande iba a hacer allí la Fuerza Aérea en 1982: puso al NE de Deseado, junto a la RN 81, dos grandes radares Westinghouse vigilando el mar. Y hasta ahí le llegó el amor. Sus 1500 metros de pista fueron abandonados, están poceados e invadidos por arbustos ya viejos.

Interesa ver cómo cada una de las tres Fuerzas Armadas en Deseado usó su plata sin coordinar un plan común. Parecían pertenecer a tres países diferentes. Esa incoherencia se repitió en el teatro de operaciones, en 1982, cuando la guerra de Malvinas. Y antes de ello, en 1978, en la casi guerra contra Chile.

NO ESTÁBAMOS CONDENADOS AL TRIUNFO

Nada indica que contra Chile en 1978 nos hubiera ido mejor que en Malvinas. De hecho, tras un comienzo muy violento en el que ambos países habríamos perdido gran cantidad de efectivos, la cosa probablemente habría degenerado en una guerra prolongada a lo largo de 5308 km., la tercera frontera más larga del mundo.

Es fácil imaginar algo parecido a la guerra de trincheras de 8 años entre Irak e Irán, con terceros que vendieron armas a ambos contendientes, y ganaron plata y autoridad regional sobre dos países petroleros. Terminado el pifostio, había 1 millón de muertos de uno y otro lado, otro millón de heridos y discapacitados, y un número de entre 100 y 200.000 de civiles kurdos gaseados en sus aldeas con agentes nerviosos y gas mostaza.

Tanta masacre, y la frontera entre ambos países no se había movido. Las consecuencias económicas y humanitarias todavía se viven hoy. De hecho, Irak no existe. Fue invadido por la OTAN, que lo había apoyado a fondo durante la guerra.

No hay dos guerras iguales, pero sí hay algunas parecidas. La OTAN se habría alineado sin mucho disimulo con Chile, pais geopolíticamente más confiable. Más que un empate territorial, como en la contienda entre Irak e Irán, Argentina podría haber perdido algunas provincias patagónicas, tan despobladas e indefendibles. No habría sido no inevitable. Sí bastante probable.

En 1978 laas FFAA del general Pinochet eran más pequeñas pero mucho más profesionales, estaban regionalmente mejor desplegadas, y mejor entrenadas para la cooperación interfuerzas. De yapa, el país era histórica, diplomática y miltarmente más ligado a Inglaterra y los EEUU que el nuestro.

Particulamente a Inglaterra no le habría convenido en absoluto ni el triunfo ni el empate con Chile de la Argentina, un país 11,4 veces más extenso que el Reino Unido, y con el que desde 1833 tenemos parva de reclamos territoriales.

PUERTO DESEADO NO FUE INGLÉS O CHILENO DE PURO CUETE

Deseado podría haber sido chileno o inglés, y lo tenemos de chiripa.

Los Brits le echaron el ojo hace mucho, cuando Santa Cruz era tierra de los Aonik Enk, nombre real de los tehuelches.

El corsario Thomas Cavendish recaló en la ría con su barco Desire y dos escoltas en diciembre de 1586, bautizó la ría con el nombre de su nave (Port Desire), reclamó con naturalidad el inmenso entorno como propiedad de su rey Charles II y sólo se quedó 11 días. No encontró agua pero sí a los Aonik’ Enk, que debían ser antimonáquicos. Algunos hombres de Cavendish se llevaron algunas flechas como souvenir, pero incrustadas en el cuerpo.

Menos suerte aún tuvo su seguidor, George Farmer, capitán de la HMS Swift, en la primavera de 1770. Atención al prefijo del nombre de la goleta de Farmer: HMS, His Majesty’s Ship. Es decir que la corona británica estaba militarmente interesada por la ría.

Como pasó con Cavendish, ambos hombres trataban de repetir la hazaña de Magallanes y de Elcano, dar la vuelta al mundo. Pero no para quedar en la historia, sino para darle la vuelta al Cabo de Hornos y subir por la costa chilena, tomando naves y saqueando cada ciudad española que les saliera al paso. Iban sobre todo a por botín, pero oficialmente, aquellas eran operaciones que hoy serían llamadas de «area denial»: estorbar a España en su ocupación del Pacífico.

Tanto para Inglaterra como para España, tener algún puerto protegido del viento en la margen atlántica de la Patagonia Austral era un buen modo de reponer víveres y agua, eso antes de cruzar a la brava hacia el Pacífico. Así se fundó esa ciudad distribuida sobre ambas orillas del tramo final del Río Negro: Viedma y Carmen de Patagones. Ese exclave del Virreinato, sin embargo, nunca fue buen puerto: mucho barro, poco fondo.

Em Deseado y evitando escollos y vientos, Farmer ancló aguas adentro de la ría, lejos de la brutal corriente de la desembocadura, frente a la Isla de los Pájaros. Hay decenas de miles nidos de gaviotas, gaviotines, petreles y skúas. Te declaran «persona non grata» no bien te acercás.

Pájaros aparte, Farmer no tuvo en cuenta que la amplitud mareológica en la ría es de 4,5 metros, y con luna nueva o llena llega a 6. Lo que causa que 4 cuatro veces por día la ría se vacíe como una jeringa inmensa, haga una pausa de 15 minutos (o stoa), y luego se llene de agua a toda velocidad.

Por eso las corrientes de marea llegan a 7 nudos en la angostura de Punta Cascajo: si entrás con la marea bajante, hay que avanzar trabajosamente contra la corriente para que el timón no pierda autoridad, y puedas mantener el rumbo. Incluso con motor, no es fácil. ¿Cómo habrán hecho Cavendish y Swift, con barcos a vela, una balandra de 18 cañones y una fragata? Eran barcos livianitos, pero cuantimás daban entre 7 y 11 nudos.

Te puede ir peor. Si salís al mar cuando el pico de la bajante, la correntada de cola te hacer perder timón, te pone el barco de través, y si sopla desde el norte, es probable que termines varado en la restinga Chaffers, en la orilla sur de la boca de la ría. En grata compañía de miles de pingüinos magallánicos, circunspectos como ingleses.

Farmer no tuvo una salida difícil. No tuvo una salida. Buscó el interior de la ría, donde ésta se expande, y echó el ancla medio pegado a la costa norte, donde la corriente es menor. Lo hizo a profundidad aparentemente segura. Pero la marea bajó de golpe, según usos y costumbres, y a caballo de su escollo, la Swift se tumbó por lateral.

Cundió zafarrancho de evacuación, y de los 91 tripulantes lograron escaparse 88: el cocinero y dos marines se ahogaron dentro de la fragata. Horas después entró en riada la pleamar y, encontrándo la nave acostada, la terminó de inundar. Los 88 sobrevivientes quedaron muy a su aire en una enorme caleta desértica enérgicamente libre de agua potable, salvo un chorrito miserable en el fondo del Cañadón de la Aguada. No está lejos del sitio del accidente. Pero tampoco se lo encuentra fácil, salvo que uno tenga la paciencia y la desesperación.

Farmer se vio muerto cuando llegara el frío, y no tuvo más escapatoria que el heroísmo: se subió con 2 tripulantes 3 tripulantes a un cutter de salvamento sin cubierta, abierto, y se mandaron a vela, sextante y ojo de buen marino hasta Puerto Egmont, por ayuda.para conseguir

Navegar casi 600 kilómetros por el Mar Argentino, embarcando y desagotando agua a cada rato, y afrontando las mil perradas del oleaje, de los escarceos y de los vientos, todo eso tiene mérito. Pero de yapa pegarle de lleno a ese ínfimo primer enclave militar británico en Malvinas, ¿cómo evaluarlo?

El rescate desde Egmont tardó pero llegó, la tripulación del Swift de seguir viva, y el premio del Almirantazgo para con Farmer fue hacerle corte marcial por perder su nave. Aquel vaciadero de tilingos con peluca tenía algunos problemas de liderazgo.

No están solos. En 1978 estuvimos a punto de ir a la guerra con los primos transandinos por 3 escuetos islotes en el Beagle. «A punto de» significa que el 22 de diciembre en la base aeronaval de Ushuaia los Aermacchi argentinos, con las coheteras Zuni bajo las alas, estaban calentando turbinas para ir a misilear su contraparte chilena de Punta Arenas.

1978, BUEN AÑO PARA GANAR EL MUNDIAL Y PERDER EL PAÏS

Los 3 islotes de marras se llaman Picton, Lennox y Nueva, están en la boca occidental del Canal de Beagle y tienen el clima horroroso de esa zona del planeta (vientos de hasta 160 km/h, tormentas intempestivas, lluvia a cada rato). No son estrictamente roca pelada: hay pastizal altísimo, flameante y empapado, lagunitas aquí y allá, llenas de agua marrónn por la turba, y unos arbustos pegados al suelo en posición de «cuerpo a tierra».

Cuando se mira bien ese chaparral, sin embargo, ve lengas y ñires, los mismos árboles que en el corazón de la isla de Tierra del Fuego forman bosques de 30 metros de altura: aquí no logran ni reptar. Nada es lo que parece, en estos infiernitos resbalosos. Uno pisa, con alivio, algún raro tramo de suelo a nivel y se hunde hasta la rodilla en suelo blando y esponjoso.

No era tierra firme, era turba. Trata de sacar el pié, y sale tras mucho tironeo, haciendo un SLURRP de sopapa, y el agujero empieza a llenarse de agua color té, por el ácido húmico. Caminante, no hay camino. Bienvenido

Picton, Lennox y Nueva son sitios excelentes para desterrar gente que uno odia muy especialmente. Fuera de sobrevivir, no hay nada que hacer o cómo hacerlo. Los pingüinos magallánicos, sin embargo, se sienten a gusto aquí, pero las parejas reproductivas cavan guaridas entre las raíces de los arbustos para no congelarse.

Durante décadas, los gobiernos argentinos, y especialmente los militares, deben haber supuesto que los islotes no servían para nada e hicieron lo que hacen siempre: nada. Así, por su marcial vocación de no salir de La Reina del Plata y ocupar un poco el paisaje, habían perdido, desde el siglo XIX, toda la margen sur del Canal de Beagle.

Antes de 1971, los chilenos, por su parte, hicieron lo que han hecho siempre desde el siglo XIX: instalar a algunos pobres cristos bajo bandera en un sitio no reclamado o sí reclamado por Argentina, que descree de la ocupación como base de derecho. Luego, construirles alojamiento, ponerles un muelle bien construido, hacerlos ondear la bandera, darles comida, bebida e incluso leña, el paso siguiente era incluir el sitio en su cartografía oficial y reclamarlo como «Alcaldía de Mar».

El reclamo por Chile de los alrededor de 400 km2 que suman Picton, Lennox y Nueva alborotó plumas en escritorios de almirantes y diplomáticos argentinos. Como quien dicen, salieron del coma.

Esos peñascos de martirio están en medio de la vaguada del Beagle, en posición más o menos indecisa. ¿Son argentinos o chilenos? Lo que cuenta es que en los ’70 Chile ya estaba ahí, y nosotros no. Pero en 1978 faltaban apenas cuatro años para la CONVEMAR, el órgano de los EEUU que fija derechos de propiedad de los estados nación sobre océanos y mares, estableciera como límite de toda jurisdicción las 200 millas marinas medidas desde la costa. Y eso le regalaba a los vecinos una ZEE, o Zona Económica Exclusiva, con derechos de pesca, dentro del Mar Argentino.

La Cancillería estaba ocupada en probarle al mundo que los argentinos somos derechos y humanos. ¿Y la ARA? En esa época estaba muy ocupada organizando el Mundial de Fútbol, y administrando decenas de campos de exterminio, entre ellos la Escuela de Mecánica, que había que llenar de secuestrados, porque esos cretinos no se presentan solos por guardia. Mucho trabajo. No se puede estar en todo.

Hay que ser un bruto con poca geografía, porque es tan lindo tener islotes…

El caso de tapa de libro es Francia continental, un pañuelo. Francia y Córcega suman 551,500 km de tierras secas metropolitanas. Pero entre ambas, tienen una ZEE específicamente metropolitana de 335.00 km2 más.

Hasta ahi, todo normal. Pero con las islas que revistan como tierras francesas de ultramar, Francia cambia mucho. Sumando colonias como Guayana Francesa, sus archipiélagos sobre el Pacífico como la Polinesa y muchos otros sobre el Índico, más otra miríada de territorios de ultramar, algunos casi inaccesibles, antárticos e insólitos como la isla polar de Kerguelen, la ínfima Francia Metropolitana, dueña de tanta isla, islita, islote y escollo que supo ranfañar a otros en sus lejanos tiempos de grandeza, adquiere una ZEE de 11,691,000 km², apenas algo menor que la de los USA.

No haga la cuenta, chamigo, es más o menos 11 veces la ZEE que tiene Argentina hoy. Y «hoy» significa tras perder por segunda vez las Malvinas, y luego la vergüenza de perder en las sucesivas negociaciones a calzón bajado con los ingleses, un total de 1.640.000 más de km2 de jurisdicciones marítimas.

En términos jurídicos, esto sucedió porque las Malvinas son un archipiélago de más de 200 islas e islotes, y a eso hay que sumarle otros islotes que son la continuidad emergente de la Cordillera de los Andes y de la Península Antártica: las Georgias, las Sandwich, las Orcadas y las Shetland.

En términos reales sucedió porque, perdida de golpe y luego lentamente su capacidad militar de disuasión, la Argentina nunca se sentó a negociar sino a conceder, un ejercicio de genuflexión sistemático que pudre históricamente nuestra diplomacia. Ante ello, la ventaja británica es que con haber derrotado (y desarmado) a la Argentina, no necesita poner ni siquiera un pingüino con la Union Jack sobre un escollo para decirnos: «Esto es mío y no se toca».

Bien no quería salirme de tema, pero simplente subrayar que los islotes sin habitantes ni importancia perdidos en la vastedad del mar pueden ser importantísimos. Se puede saber de geografía, se puede saber de diplomacia, y sin embargo ser un total pelotudo en geopolítica.

La discusión con los chilenos por los islotes se puso densa, y en 1971 entre los presidentes Salvador Allende y el dictador Alejandro Lanusse acordaron que el asunto fuera zanjado por Su Graciosa Majestad, la reina Elizabeth. No other.

Seriously?

Lanusse aceptó el arbitraje de un país que en 1833 nos había sacado a patadas de las islas Malvinas, que había bloqueado más de 7 años y en 2 ocasiones el Río de la Plata, que invadió 2 veces Buenos Aires con tropas, que ocupó con su flota el río Paraná hasta Corrientes por considerarlas no aguas interiores sino internacionales de libre tránsito, hasta que lo disuadimos a persistentes cañonazos…

Con la pérdida de aquellos tres desharrapados islotes sobre la boca oriental del Beagle, la vieja base doctrinal del Tratado de Punta Arenas de 1881, que fue «Chile en el Pacífico y Argentina en el Atlántico», moría allí mismo. Ese papel firmado por los presidentes Julio Roca y Federico Errázuriz, nos dieron casi un siglo de paz. Muerto ese tratado, siguió y seguirá el actual «vale todo».

Si de suyo fue malo aceptar a un juez que siempre fue parte, la respuesta argentina al arbitraje (decidido en total favor de Chile en 1987) fue una ruptura sumamente imbécil de leyes y tratados internacionales. En 1978 había que tener la fuerza militar de EEUU o la URSS para ignorar de modo tan vehemente a las Naciones Unidas.

Obviamente, para ser el taita de estos andurriales sudacas, mínimamente, necesitabas armas nucleares, o al menos la posibilidad tecnológica de tener una primera en pocos meses. La entonces poderosa Comisión Nacional de Energía Atómica tuvo que decidir, interrogada por el dictador militar antecesor de Lanusse, Juan Carlos Onganía, si era conveniente dar aquel paso.

Nota de interés: Onganía, dictador y estúpido de pies a cabeza, no ordenó: preguntó a los que sabían. Ese hábito murió con Carlos Menem.

Fiel a usos y costumbres muy arraigados en el ambiente nuclear allá por 1966, el contraalmirante Oscar Quihillalt puso la pregunta a consideración de su cúpula tecnológica, política y legal, es decir el directorio. Se votó en contra, ignoro si por unanimidad o mayoría simple. El argumento es que el camino hacia la bomba se podía hacer rápido, tal vez 3 o 4 años hasta detonar la primera.

La objeción de la CNEA fue que esto habría desatado una carrera de bombas atómicas entre Chile, Brasil y la Argentina. Habríamos corrido con mucha ventaja técnica inicial, ¿pero y una década más tarde? ¿Y el bloqueo de comercio exterior que nos habría impuesto el Consejo de Seguridad de la ONU?

Quhillalt le contestó exactamente eso a Onganía. Hoy sabemos con seguridad que en esa competencia, habríamos arruinado la economía del país: la URSS no se desplomó sola, sino bajo el peso de sus gastos en defensa. Al momento del colapso político, llegaban a entre el 20 y el 25% de su PBI.

Otra nota de interés: muy respaldado por la USA y Gran Bretaña debía sentirse Pinochet, meterse en una guerra contra un país que en poco tiempo podría tener la bomba.

Vuelvo a la pista de la Base Aeronaval de Ushuia. Son las 09.50 del 17 de diciembre de 1978. En rigor, todavía deberían quedar casi 3 horas de luz diurna, pero hay un viento feroz y cae la lluvia. El primar Aermacchi rueda con sus misileras Zuni a bajo las alas hasta la pista de despegue, a esperar el semáforo verde. Lo siguen 7 más.

La idea cruzar en vuelo rasante sobre el canal, para evadir el radar, y cohetear los aviones chilenos en su base de Punta Arenas, sin darles tiempo para que despeguen. Es repetir la estrategia de Israel en la Guerra de los 6 Días, pero con una fuerza de ataque muy inferior. En retaguardia, en el portaaviones 25 de mayo que baila desaforadamente en la tormenta, 8 A4R también de la Armada, capaces de volar más lejos y llevar hasta 750 kg. de bombas, hacen cola para lanzarse desde la única catapulta de prota.

Con casi 200 horas anuales de entrenamiento, los pilotos navales pueden volar en la más bruta oscuridad, aún con viento de frente y casi rascando el oleaje.

¿Es factible?, se preguntan nuestros aviadores. Desde Ushuaia son apenas 380 kilómetros, 20 minutos de vuelo. La verdad es que no es factible en absoluto: Ushuaia está llena de espías chilenos, en general nada sordos.

Durante demasiados años la Marina se ha concentrado en hacer inteligencia sobre estudiantes, obreros de la caña, profesores y laburantes industriales, trabajo policial y de yapa, parapolicial. La verdad es que de la geopolícita de su oficio a esta altura de las cosas ya no saben un carajo. Triunfen o no en esta primera jornada nocturna, Argentina pierde.

VA CAYENDO GENTE AL BAILE

El portaaviones ARA 25 de Mayo no puede dar la orden de despegue: está inmerso en la coctelera de la tormenta, y nuestro único portaaviones tiene un casco demasiado angosto como para no rolar a babor y a estribor de modo incontrolable. En su historia previa, al menos un marinero bajó por el tobogán de la cubierta empapada y terminó en el mar. Otra mala compra de ARA, y van…

Es deseable que los A4Q puedan llegar minutos después de la pasada de los Aermacchi y aprovechar el caos, y aunque son 200 km/h más veloces, al despegar desde mucho más lejos, ya deberían estar en el aire. Los A4Q y los Aermacchi que logren regresar a Ushuaia, tienen otra misión más: surtirle más Zunis y bombas Snakeye antibuque a las lanchas rápidas chilenas.

Éstas, a su vez, esperan la aparición en la boca del Beagle del ARA Lasala, el solitario buque anfibio de la ARA, cargado de infantes de marina del BIM 5 y tanquetas multirrueda. La estrategia, consiste en capturar los tres islotes en disputa y quedarse allí hasta que el Papa Juan Pablo II interceda por terminar la guerra. Gran seguridad de la Junta Militar Argentina en que el Papa es hincha nuestro, dado que Dios es Argentino.

Los chilenos, con otras ideas teologicas, piensan torpedearlo para impedir el desembarco.

La fiesta del Beagle armando.

Los bimotores antisubmarinos Tracker esperaban en el 25 de Mayo, calentando turbinas, la orden de salir a buscar a las unidades sumergicles chilenas.

De los 3 tres submarinos de la ARA son 2 HW alemanes tipo 209, veloces, muy bien armados y silenciosos, esperan la salida masiva hacia aguas abiertas de las unidades de superficie de la Escuadra Nacional Chilena, todavía invulnerable y oculta en su laberinto de canales.

Dirigida por ese Nelson sudaca, el Alte. Emilio Massera, la ARA quiera atraer a la Escuadra Nacional de Chile a una sola y decisiva batalla en aguas abiertas argentinas, cerca de la Isla de los Estados. Dada la presunta superioridad argentina en efectivos, no duda de que va a ganar.

¿Y cómo no? La vida le sonríe. Es un playboy que pernocta en la discoteca Mau Mau, donde junta más gatos que el Jardín Botánico. Suele posar tomando champague con las chicas para los medios, lo que escandaliza a los otros dos chupacirios graves de la Junta. Ya ha hecho desaparecer y morir a miles de civiles. El tercer submarino de la Armada, el Santa Fe, un viejo clase Guppy de la 2da Guerra, no sirve para nada, y está relegado a observación avanzada.

Los dos submarinos chilenos más modernos, británicos y de tipo Oberon, vigilan en el silencio típico de su oficio la boca oriental del Estrecho de Magallanes por donde deberán aparecer crucero ARA Belgrano, sus destructores de escolta y para acudir al baile decidido por Massera.

El Ejército Argentino, por su parte, avanza con tanques, carriers, cañones y camiones hacia los pasos de montaña de Mendoza, San Juan, Neuquén y Tierra del Fuego. Es un ataque sobre un frente larguísimo contra el centro y el sur de la tercera mayor frontera de la Tierra, con 5300 kilómetros, rigurosamente minada por Chile.

Esa estrategia de «vamos por todo» es muy del general Luciano Benjamín Menendez, quien ha prometido barrer con el país vecino, brindar con sangre chilena en el el palacio presidencial en Santiago, mear en el Pacífico, matar a los hombres y abusar de las mujeres (sic). Su primer objetivo es la capital chilena, Santiago. Le gusta empezar la guerra por la victoria misma.

«El Cachorro» como lo llamaban sus pares, anda siempre con el inconsciente al aire. Nunca se le ocurre que algo va a salirle mal. Es invencible, como tanto represor de su laya y época, y confunde la plácida cacería de opositores civiles desarmados con guerra entre estados. Viene de dirigir exitosamente la desaparición, tortura y asesinato de al menos 2000 argentinos en diversos campos de exterminio de las 10 provincias a cargo del 3er Cuerpo del Ejército.

Como muchos oficiales del Proceso, Menéndez quiere proseguir su gesta con los primos del otro lado de los Andes, tan inferiores a los argentinos en personal, armamento y espíritu, según su discutible juicio. Como casi todos los grandes verdugos del Proceso, hay cierta racionalidad en su método: quiere reciclarse como prócer, héroe, algo así.

A las 22:00 de aquel día 22 de diciembre, pese a la tormenta y actuando por su cuenta, Menéndez ya rueda con sus tropas y equipos hacia los pasos de frontera.

Cuando el Papa toca el silbato y para el partido, Menéndez se rechifla de furia y llama traidores a los oficiales que acatan la orden del presidente, el general Jorge Rafael Videla.

Éste ordena desmovilizacion y regreso a cuarteles, y la historia argentina, a punto de cambiar para siempre, se detuvo. Como quien dice, al borde de la cornisa.

Ojo, quien acaba de retroceder frente a una orden papal probablemente muy severa, no es cobarde. Videla escapa bastante a las categorías humanas. Como todo burócrata extremo, acata la verticalidad extrema. Después de todo, los Papas son infalibles, dijo en 1870 Pío IX, sin error alguno ya que era Papa. Videla es racional, frío y acata una autoridad superior a la suya. Nunca fue distinto ni lo será después.

Mandó a hacer barbaridades desde un escritorio con la seguridad de estar salvando a la patria, y afirmó, ya en la cárcel y ante Ceferino Reato, que en 1978 las entre 7 y 8000 personas que debían morir para estabilizar el país estaban muertas, y que la guerrilla también. Los crímenes posteriores debían ser la propina.

El 17 de diciembre de 1978, cuando ya había decidido la guerra, se le plantó delante un Papa no mejor que él, pero con más política, milenios de política.

En 2013 Vicela morirá en paz con su Dios, sin arrepentimiento alguno, sentado en el inodoro de su celda en la cárcel común de Marcos Paz, con 30 causas imprescriptibles por lesa humanidad, varias perpetuas y una de ellas, póstuma.

Y VUELVO A LA CUESTIÓN PORTUARIA

Vuelvo a la cuestión portuaria, porque nuestro país tiene una costa continental de 5117 kilómetros, una Zona Económica Exclusiva residual de 1, 2 millones de km2. Residual porque tras la historia de Malvinas, fue perdiendo a manos de Gran Bretaña una superficie que supera los 1.639.900 km² de espacios marítimos argentinos donde antes pescaba libremente y mostraba la bandera. 

Chile, en sus fiordos del sur, acumula decenas de puertos abrigados, profundos, llenos de selva fría, arroyos y pesca. Allí puede esconder flotas enteras. Los puertos mineros de Arica, Parinacota, Tarapacá y Antofagasta ganan tanta plata exportando minerales que compran en vecindad todo el agua y el gas que quieran. Aquí, por ejemplo.

Si se volviera a armar trifulca con Argentina (y José Kast, presidente electo de Chile, vive pidiendo la suya), sí que los más de dos siglos de desinterés argentino por fundar puertos sobre el Atlántico. Y no se fundan solos.

¿Puertos perfectos? De esos no tenemos, fuera de Puinta Quilla y Ushuaia. Son muy buenos desde el aspecto de su hidrogeografía. Pero están colgados de la Ruta Nacional Nro. 3. Ninguno tiene tren que lo conecte al «hinterland», esos 2,748 millones de km2 de Argentina. Bahía Blanca, donde la Armada construyó Puerto Belgrano, tuvo un ramal de doble vía y trocha ancha hasta esa base durante 142 años.

Pero el presidente Javier Milei lo ha hecho cerrar. Cero protestas.

¿Qué se puede hacer con una dirigencia economica, política y militar emperrada en volvernos un país meditarráneo? Bolivia al menos lo es por haber perdido una guerra con Chile.

CUANDO PELEAN LOS ELEFANTES, ¿QUÉ HACEN LOS RATONES?

En la 2da Guerra ya no quedaban flotas militares movidas carbón.

El Rivadavia y el Moreno, los dos acorazados argentinos comprados a los USA antes de 2014, en 2024 fueron convertidos a combustibles líquidos. Como todas las grandes unidades de combate de aquellos tiempos, a media máquina (15 nudos) hacían unos 30.000 km., 2/3 de la vuelta al mundo por latitud cero, sin repostar. A plena máquina daban 22 nudos, pero con menor alcance.

Pensábamos que era mucho, pero estábamos equivocados.

Los acorazados y cruceros británicos y alemanes de la 2da guerra, como los que se demolieron a cañonazos en el Río de la Plata en 1939, alcanzaban los 30 o 31 nudos, podían escapar o perseguir de flotas adversas, si convenía, y trenzarse en batalla de noche, con lluvia o niebla, y fuera de alcance visual: los realmente modernos estaban radarizados.

Ésa es le historia de hoy. Porque la primera gran batalla naval de la 2da Guerra sucedió aquí nomás, en el Río de la Plata, los cañonazos aturdieron el balneario porteño de Costanera Sur, y nuevamente involucró al apostadero de la Royal Navy en Port Stanley.

Con barcos auxiliares que repusieran combustible, comida, munición, repuestos y munición y una flota de superficie nuevecita, el Gran Almirante de la Kriegsmarine, Erich Raeder, se atrevía, y fue su error, a bloquear (aunque no total ni indefinidamente) la economía de Inglaterra, nomás por devolver favores de la guerra anterior.

De movida lo intentó pero a distancia: a distancia, eso sí, porque no habría podido nunca evitar una salida masiva al mar de la Royal Navy desde Portsmouth o Scapa Flow. La británica era la mayor flota del mundo, no la mejor entrenada ni la más moderna. Pero habría podido barrer del mar la flota de superficie alemana, aunque a un muy alto.

Para Raeder, el modo de bloquear la economía debía hacerse con sus acorazados y cruceros monumentales, símbolos de gran estrépito de la nueva Alemania resurgente de sus cenizas. Y bien a distancia de las islas británicas metropolitanas, con emboscadas inesperadas que cortaran las líneas de suministro desde las colonias y semicolonias de Su Graciosa Majestad.

Las islas británicas se parecen a las japonesas en tres cosas: están llenas de puertos buenos, importan casi todo lo que comen y, resueltamente, también todo lo que queman, salvo el carbón. Amputadas de sus colonias en los años ’40, enfrentarían frío, oscuridad y hambre.

Pero bloquear Inglaterra, incluso a distancia, era como ponerle un babero a un tigre. La Royal Navy empezó la 2da Guerra mundial con unos 9000 barcos, 885 de los cuales eran de combate. Hablo de submarinos, torpederas, destructores, cruceros comunes, de batalla y acorazados grandes, y de yapa 52 portaaviones.

La economía inglesa estaba aplastada por tanto fierro, ¿pero cómo renunciar al mismo? En 1931, para consternación mundial de ahorristas en libras, abandonó la convertibilidad de la esterlina por su equivalente en oro, inamovible desde 1816. El Imperio empezó a evaporarse junto con su moneda. Por algo las monedas fuertes se llaman «divisas», hasta que dejan de serlo.

Su Graciosa Majestad sabía que un bloqueo, incluso a distancia, se paga en lucha de clases. Si hartos de frío, hambre y desocupación los obreros se alzan en huelgas generales y los soldados y marineros se amotinan, pueden seguir el mal ejemplo alemán o el ruso, asaltar los arsenales y comisarías, distribuir las armas y cada puerto, cada fábrica y cada cuartel y puerto militar se vuelven un Arbeter und Soldatenräte. En criollo, un soviet. Bueno, en criollo eslavo.

Para que ello esta vez sucediera en Inglaterra, Escocia e Irlanda y no en Alemania, la Kriegsmarine debía emboscar las rutas entre Gran Bretaña y su red de colonias, pero sin emplear grandes flotas. Entre otras cosas porque no las tenía. Y pese al «risorgimiento» nazi, Alemania no sólo tuvo prohibido el intento de hacerse de una flota a la inglesa, francesa, italiana, japonesa o yanqui no sólo por interdicción lega, que eso se arregla, sino porque que no tenía la plata y sus enemigos principales (Francia, la URSS) eran terrestres.

El paso o por algún inevitable estrecho de un Schlachtschiff, o de sus unidades de abastecimiento, habría despertado la curiosidad del MI-6. Después de todo, el mundo de fines de los años ’30 ya estaba intercomunicado por el telégrafo inalámbrico de Marconi, o los cables submarinos de las potencias aliadas occidentales.

Por oposición a las fortalezas flotantes de acero del Gross Admiral Räder, el U-Boote, arma preferida del almirante y submarinista Karl Dönitz, todavía era más costera que oceánica: en los ’30 los submarinos tenían poca autonomía en combustible, agua potable y comida. Aún con reabastecimientos en citas secretas de altamar, a la Befehlshaber der U-Boote no le daba el cuero para hambrear a los laburantes de la rubia Albión. Todavía, al menos.

Sí que le empezó a dar el cuero cuando los nazis capturaron los puertos de Francia y Noruega para construir sus apostaderos de submarinos. Eran una mezcla de amarra y búnker, cada submarino protegido por losas de hormigón ultradenso, muy armado, de doble techo y 7 metros de espesor. Los ingleses desarrollaron bombas capaces de perforarlos (y no del todo) cuando la guerra ya se acababa.

Dönitz tenía razón, probó la historia, pero donde manda Gran Almirante no manda almirantito. Cuantimás, a Hitler le apasionaban los cañones y fierros wagnerianos, y las tapas de diario que tales fierros generaban en todo el planeta. Por ello, la tarea de bloquear un poco a Gran Bretaña recayó en los pocos acorazados y cruceros pesados que Alemania pudo construir entre 1935 y 1939. Un desatino.

Pero sí que eran inmensos y casi imposibles de hundir, bien al gusto nibelungo. Räder jugaba su mando a cercenar de sus colonas el mayor imperio de ultramar de la historia con apenas 7 acorazados grandes, 3 llamados «de bolsillo», y a un número considerable de cruceros y destructores, todos cazando mercantes, solitarios o de a pares. A añadir, como pie de página: 50 submarinos.

Pero contra una Royal Navy con 9000 barcos no vas a llegar lejos, aunque sean inferiores. Con apenas 50 submarinos, tampoco.

La novedad en la flota germana eran los acorazados de bolsillo, los 3 Panzerschiffen llamados Deutschland, Admiral Scheer y el Admiral von Spee. Ateniéndose al tratado del armisticio de 1919, los 3 declaraban un desplazamiento máximo de 10.000 toneladas, una cifra más falsa que dólar rojo: con combustible y munición andaban en las 16.000 toneladas.

Los ganadores de la Primera Guerra se hacían los idiotas, conscientes de que, exhaustos por la Primera Guerra, no podrían frenar el resurgimiento militar del Führer, que para alivio y alborozo confeso de Churchill, al menos estaba barriendo con los comunistas.

Ya montada la guerra, una de aquellas esas unidades «de bolsillo» empezó haciendo haciendo daños serios en el generalmente tranquilo hemisferio sur. Los Aliados habían despojado a Alemania de todas sus colonias africanas y asiáticas. Eso a Alemania le generó muchas rutas comerciales para cortar, y la tarea la empezó el Panzerchieff Admiral Graff von Spee. En tres meses se volvió dueño de casa de estos mares australes donde la inmensa Royal Navy casi no pintaba.

Sin embargo, la del Gross Admiral Erich Räder mostró ser una estrategia insostenible.

DOS MARINOS Y UN ODIO

Räder, con su preferencia por las grandes unidades de superficie, no era forzosamente un idiota ni un insensible a la gloria, y sí que la tenía. Los submarinistas en general no la consiguen. Su servicio es agazapado, silencioso y homicida. ¿Qué submarinista recoge náufragos del agua?

Räder era el chico diez: había peleado bravamente en los tres grandes combates navales de la Kayserliche Marine en 1914 y 1918, ganado prestigio y una parva de condecoraciones por su valor, su frialdad en peligro extremo y su capacidad táctica. Y sin embargo, de geopolítica no había aprendido nada.

Era un genio de la guerra, pero de la anterior, la gloriosa.

Dönitz, tipo de mirada mucho más sórdida y eficaz, a fuerza de submarinista, pensaba que a Räder le sobraba coraje pero le faltaba un jugador. Ambos hombres se odiaban minuciosamente, casi con amor, y vivían conspirando el uno contra el otro.

El que probó saber cuántos pares son tres alpargatas fue Dönitz, pero recién pudo demostrarlo a partir de 1941, cuando todos los acorazados alemanes estaban hundidos o refugiados sin oficio ni beneficio, recluidos en solitarios fiordos noruegos.

UN MUNDO DE ENIGMAS Y SEÑALES

Los Panzerschieffen no eran cruceros ni acorazados. Eran una nueva clase de bestia que no se volvió a repetir: castillos flotantes veloces como cruceros, pero con armas, blindajes y turbinas de acorazado.

Eran muy nuevos, todos productos de los años previos a 1935. Hasta entonces Alemania fingía aceptar los términos de su capitulación en 1919 firmada en Versalles, y los aliados fingían no enterarse de que Hitler les estaba metiendo el perro. Versalles exigía ningún barco de combate superior a las 10.000 toneladas. Y de submarinos, nada, y de portaaviones, ni hablar.

El Tratado Anglogermano de 1935 se resume como la venía para que los alemanes construyeran lo que se les cantara, mientras liquidaran a los republicanos en España y a los comunistas en Italia, y por qué no también, en Francia. Churchill fue un precursor del chino Deng Xiao Ping: no importa de qué color sea el gato, mientras cace ratones.

En su década fascista, a Churchill Benito Mussolini le parecía el mayor legislador entre los vivientes, elogiaba a Francisco Franco como campeón de un nacionalismo marcial, por contraste con la miseria igualitaria del comunismo, y a Adolf Hitler lo elogiaba por el coraje, la perseverancia y el ímpetu vital.

¿Y qué tiene eso que ver con el Admiral Graff von Spee, y la batalla naval del Río de la Plata? El Tratado Naval Anglogermano libera a Alemania de sus restricciones navales, que de todos modos estaba incumpliendo no a la callada, sino con exhibicionismo.

En 1935 el Acuerdo Naval Anglogermano sella el asunto con tinta sobre papel. Que Alemania construya a como se le cante, pero cuidadito, que el nuevo límite para tener sus acorazados es el 35% en tonelaje de lo que tiene la Royal Navy, ojito con eso. Churchill sabe que Hitler no va a cumplir, y Hitler sabe que Churchill no quiere pararlo, pero además ya no puede.

El Spee, de 10.000 toneladas MUY presuntas, se pone en quilla en 1932 y el canciller alemán jura por los Evangelios y Jesucito que cumple con Versailles, ni un gramo más que ese límite. Pero el Bismarck entra en quilla en 1936, a meses del Acuerdo Naval Anglogermano. Y ya no tiene nada de acorazado de bolsillo, aunque drena los bolsillos de la Kriegsmarine, plata que habría sido mejor invertir en submarinos.

El canciller de Hitler, Joachim von Ribbentrop, dice sin despeinarse que ese barco va a andar por las 35.000 toneladas, ni un gramos más, hein? Y Churchill acepta sin mosquearse que, equipado a pleno, esa bestia va a rascar arriba de las 50.000. Y efectivamente, desplazó 51.300, y su gemelo posterior, el Tirpitz, 52.000, que hizo mucho más daño sin moverse del fiordo noruego donde se escondía, porque Gran Bretaña sacrificó centenares de vidas y de dinero para hundirlo, y no lo logró hasta fines de 1944.

Los acorazados germanos fueron pocos pero mejores que sus contrapartes británicas. A fuerza de nuevecitos, tenían la novedad del radar para detección y tiro. No era algo común en las flotas de guerra. Podían ser letales así fuera de noche, lloviera o brillara el sol.

Con sus 30 y más nudos, los dos Panzerschieffen del linaje del Spee, el Lützow y el Scheer, le amargaron la vida a la Royal Navy e incluso al Ejército Rojo en el Índico, el Mar del Norte y en el Báltico. Típicamente, los tuvo que liquidar la Royal Air Force amarrados en puerto en Abril de 1945, con la guerra ya casi acabada, y con bombas Tall Boy de 5400 kg., diseñadas casi ad-hoc. Las llamaban «bombas terremoto» porque demolían la edificacion más robusta en torno al punto de impacto, simplemente enterrándose en el suelo y explotando a 20 o 30 metros de profundidad.

Barnes Wallis, su diseñador, pensó que serían muy eficaces contra acorazados no por impacto directo, que desde 6000 metros de altura era imposible pegarles, sino usando el impacto hidráulico del agua cuando casi 2,5 toneladas de tórpex explotan bajo el casco. Wallis es uno de esos genios ingleses que podrían haber acortado bastante la guerra, si los jefazos hubieran usado más la cabeza.

Que el Spee sólo pudiera ser hundido gracias a un engaño del MI-6 y que el Scheer y el Lützow duraran intactos hasta los últimos días de la guerra son algunas de las poquísimas pruebas de que el Gross Admiral Erich Räder no era únicamente otro idiota glorioso afecto al gigantismo.

Una de las cosas que preservó del exterminio a las grandes unidades alemanas era un asunto más de software que de hardware. Golpeaban, desaparecían y volvían a aparecer a centenares de km. Eran difíciles de acorralar porque estaban protegidos por los códigos de la máquina de cifrado Enigma, el arma naval más potente de Alemania.

No desplazaba 53.000 toneladas. Cabía en una valijita.

LOS ENIGMAS DE LA ENIGMA

El sistema de encriptación y decriptación a bordo del Spee, o de cualquier unidad alemana de superficie o submarina, era una caja de buen roble llamada Enigma. No era mucho mayor que una máquina de escribir eléctrica portátil de entonces, vale decir no tan portátil.

Constaba de un teclado puramente alfabético y de teclas luminosas, un clavijero diminuto adelante de dicho teclado, algo así como una miniatura de las centrales telefónicas de los edificios chetos, y por popa parecido al de la centralita telefónica de un edificio cheto, y remataba hacia atrás con algo realmente extraño: rotores veloces, regidos por las órdenes eléctricas del clavijero. Estaban tachonados de letras alfabéticas, y decidían el encriptado final de los mensajes.

En tiempos del Spee eran tres rotores, pero fueron aumentando en cantidad a medida que avanzaba la guerra. Cuanto más rotores, más blindada la encriptación. La Kriegsmarine nunca tuvo que tirar la Enigma y volver a empezar con algo que los ingleses no pudieran crackear. Solo añadirle rotores y volverla más enigmática.

La escritura original en el teclado era puramente alfabética, sin dígitos numéricos arábicos. Para poner un punto entre oraciones se escribía la palabra «punto». Las palabras se pegoteaban entre sí sin solución de continuidad. Nada era numérico. Para para indicar 7 unidades de algo se escribía «sieteunidades». El resultado era tan legible como los viejos telegramas que hemos leído todos los canosos. «Papa: no corras a más de 150» en el teclado de la Enigma se hubiera escrito como «puntopapadospuntosnocorrasamasdecientociencuentapunto», un horror. Los operadores de télex y los telegrafistas, si queda alguno vivo, me entenderán.

El clavijero tenía 10 agujeritos receptores de electricidad y diez clavijas macho. Según se interconectaran antes de teclear el mensaje en una lengua humana, el clavijero eliminaba toda inteligibilidad y te metía de cabeza en planeta Enigma. Cualquier humano nacido en la Tierra debía saber exactamente qué cables macho se habían conectado con cuáles bases hembra si quería entender el original. Pero el factorial de 10, que en matemática se escribe como 10!, da 3.628.800 combinaciones posibles.

Para complicar la tarea del descifrador, cuáles de todas esas combinaciones de enchufado de clavijas y de bases el capitán la elegía cada día (siempre distinta de la anterior y de la subsiguiente) de un libro secreto preimpreso de códigos que le daban en puerto, antes de zarpar, y que se guardaba en una caja fuerte a bordo. También se le daba la orden de que ninguna máquina y el librito de códigos cayera jamás en manos enemigos, lo que obviamente terminó pasando. El principio de Murphy es la fuerza motriz de toda guerra.

El clavijero permitía cambiar al azar un par de letras consecutivas, supongamos AF, por otras dos distintas, supongamos ZX. Con sólo diez machos y hembras la posibilidad de reconstruir la AF original a partir del galimatías final era de una contra unos 150 billones de combinaciones de clavijero. Gringos, están avisados de que estoy hablando de billones de los de 12 dígitos, no de los yanquis de sólo 9.

Eso ya desalentaba a los decodificadores «por fuerza bruta», los que le tiran al alfabeto entero encima al texto 150 billones de veces a ver si alguna vez pinta cuál era el escrito original. Hoy cualquier hacker sabe cómo hacer esa operación randomizada en forma automática con una que genera letras, mientras toma un café y mira los noticieros. Es como poner 100 monos a escribir a máquina. Si son indefinidamente longevos, y las máquinas, irrompibles, se les da un tiempo ilimitado, es imposible que no surja, alguna vez y de puro cuete, el texto de «Cien años de soledad». Pero comprensiblemente, siempre habrá que cifrar y descifrar más rápido.

Los rotores de la máquina Enigma recogían este producto impenetrable que salía del clavijero y lo seguían encarajinando secuencialmente, uno trad otro. Cada rotor tenía 26 caracteres ortográficos, y su giro aleatorio iba empeorando agravaba el galimatías inicial del clavijero, hasta lograr una chorreadura de letras que daba la posibilidad de reconstruir el mensaje original se volvía de una contra 159 quintillones. ¿Quiere contar la cantidad de dígitos que hay ahí? Bienvenido.

Estaba en los criptógrafos ingleses el volver a encontrar esa solitaria píldora inicial de sentido disuelta en una sopa de letras calibre océano.

Pero al parecer Gran Bretaña iba en vías de descifrar algunas cosas: parecería que a comienzos de diciembre de 1939 podían meterse siquiera un poco dentro de la cabeza del capitán Langsdorff y de sus superiores en Berlín, a medio planeta de distancia. Más probablemente haya sucedido que algún telegrafista de los 9 mercantes interceptados por el Spee llegara a dar su posición antes de que el carguero fuera detenido, abordado, inspeccionado, y él y sus compañeros trasladados al acorazado antes del hundimiento del carguero. Langsdorff evitaba a todo trance matar inútilmente a marineros civiles y los trataba bien. Esto le valía bastantes rencores. Era un caballero perdido en una guerra nada caballerosa.

Las unidades acorazadas alemanas eran demasiado caras como para andar sin escolta. Pero el Spee fue, mientras duró, un cazador solitario oculto en la vastedad de mares vacíos, con rutas comerciales mucho menos transitadas que las del Atlántico Norte. Llegado el caso de un mal encuentro, además, el Spee podía comerse cruda a cualquier fuerza mediana con que los británicos le salieran al cruce.

Los británicos podían confiar en que sus comunicaciones por cable estaban blindadas por algo más que un código: 4000 km. por el fondo del mar son mejores. Pero lo que los ingenieros llaman «la última milla», es decir el contacto radial con su flota se hacía por aire y era vulnerable para un equipo fuerte de criptógrafos. La Royal Navy ya se había aprovechado aquella ventaja en 1914 para mandar a una emboscada en las Malvinas al Escuadrón de Asia.

En aquella ocasión (esto se ve en el capítulo anterior) la inteligencia naval británica creó un falso mensaje del Almirantazgo a la embajada británica en Santiago de Chile. El apostadero naval de Port Stanley ya había sido empleado por el contraalmirante Craddock en su desquiciado intento de atajar el escape de la Kayserliche Marine desde el Pacífico hacia el Atlántico. desgraciadamente ya no tenía ninguna unidad inglesa para protegerlo y pedía ayuda a Londres. Si las cosas fueron así o no, todavía es objeto de debate.

Von Spee acababa de lograr la primera derrota de la Royal Navy en 104 años, frente a la isla chilena de Coronel. Y qué derrota: dos acorazados británicos hundidos, ningún sobreviviente, cero daños en la flota alemana. Había sido un hecho histórico y de primera plana en todos los diarios de Europa

Cuando von Spee recaló en Santiago, ya era un héroe. Las niñas de la considerable comunidad alemana local lo fueron a recibir a puerto, regándolo a Spee y a sus oficiales con rosas. De un ánimo más bien negro, el almirante comentó por lo bajo a sus adláteres que aquellas flores decorarían sus tumbas. Inglaterra estaba obligada a vengarse o perdía su prestigio de eterna vencedora.

Pero se alegró cuando el attaché naval de la embajada alemana le mostró el mensaje, escrito en perfecto código naval británico. La traducción por los criptógrafos le aseguraba a Spee que apostadero de Port Stanley estaba desprotegido y que solicitaba ayuda. Spee reembarcó con el ánimo cambiado, y le explicó a sus altos oficiales que el camino de regreso a casa estaba despejado de ingleses, al menos hasta llegar al nido de avispas del Mar del Norte.

Pero añadió que estaban muy cortos de carbón. Venían de cruzarse todo el Pacifico escapando de británicos y japoneses, y en la batalla de Coronel habían gastado mucha munición y combustible. ¿Y si tomaban Port Stanley, destruían el puerto y su estación de radiocomunicaciones, y se robaban el carbón?

A toda máquina el consumo de combustible se dispara, pero necesitarían mucha velocidad -y por ende mucho combustible- para escaparse intactos de la Royal Navy, que ya estaba bloqueando a Alemania por mar y debía estar esperándolos Casi todos sus hombres olieron gato encerrado y votaron en contra, pero donde manda capitán, ya se sabe, y también se sabe cómo terminó aquello.

Algo parecido a escala menor le volvió a suceder en 1939 cerca de Buenos Aires al barco que llevó, como homenaje, el apellido nobiliario del conde von Spee.

Las comunicaciones de la Royal Navy eran bastante inviolables en los físico: corrían mayormente por cables de un cuarto de metro de grosor tendidos a entre 4000 y 5000 metros de profundidad por los fondos oceánicos. Pero para dirigir sus escuadrones en alta mar, la Royal Navy debía usar la telegrafía inalámbrica, protegida tan sólo por la encriptación.

A los alemanes los protegía el software del código Enigma, no el hardware del cable submarino. Los ingleses tenían ambas cosas, pero el asunto de «la milla final» hasta todo barco era «broadcasting», mensajes por aire, y eso les permitió armarle una segunda trampa a la flota alemana.

Los historiadores caen fácil en la idiotez de creer que los alemanes cojean siempre del lado del gigantismo. No es así. En general, cuando les da por ese lado es porque no tienen más remedio. Pero cuando no tienen más remedio, agarrate Catalina. Räder tampoco era un tipo vacío de estrategia. Su idea de grandes barcos terribles, pero pocos, sueltos por los mares era perfecta para obligar a la Royal Navy a dispersar por el planeta sus 9000 activos navales.

Eso hasta podría haberles dado buenos frutos. Tampoco es cierto que, al igual que los británicos, estadounidenses, franceses y belgas, los alemanes carecieran de cables suboceánicos. Y muy buenos, como casi todo lo que fabrica Siemens. Pero en la última milla, allí donde desembarcaban en alguna playa barrosa… en fin, tendían a romperse. Vaya a saber por qué. Verdammte Unterseekabel!

La guerra de fondos, esa que los historiadores británicos están adiestrados para ignorar con fruición, aunque haya pasado tanto tiempo, seguía existiendo y en Europa, salvo por España e Italia, Alemania tenía pocos amigos. De yapa, los nibelungos se habían quedado sin colonias y puertos coloniales propios en toda África y Asia. Sus pocos y potentes salteadores del mar dependían nuevamente del tausendfach verdammter verschlüsselter Telegraph. Y la pérfida Albión estaba parando la oreja.

En realidad, odiaban el telégrafo inalámbrico, y por buenas razones.

La ut supra mentada pérfida Albión había mudado sus analistas de «signals», códigos navales de guerra desde la habitación 40 de la Admiralty House en Whitehall, a una mansión rural más bien fea de Bletchley Park, a unos 82 km. de distancia. Los crackeadores eran una pequeña multitud, sobre todo de mujeres de clase media adictas a los crucigramas, y se agolpaban en las llamadas «huts» (es decir chozas) 8 y 4 de la finca. A ojos del espía alemán bisoño, esto podía ser prueba de que la inteligencia de la Royal Navy estaba para atrás.

Pues no. Como suele suceder con todo lo inglés, las cosas eran más complejas. La capacidad instalada en cerebros humanos no estaba en chozas, y la capitaneaba el megamatemático Max von Neumann, diseñador de Colossus, la primera computadora programable de la historia humana. La construyó un equipo de investigación del laboratorio del Post Office, como quien dice el Correo Argentino AM (antes de Macri), sus valvulas de vació desprendían tanto calor que el aparato no podía apagarse nunca, porque se hubieran rajado casi todas por la termocontracción.

Producía calor como para calentar varias habitaciones y servía para todo lo que entrara a Hitler por orejas y le salíera por boca, lo que dependió primero del mentado Erich Räder y luego de Karl Dönitz. El encargado de romper los códigos, renovados día a día de la maquinita mecánica de encriptación de un tal Lorenz, compacta y linda como una inocente máquina de escribir.

Esa maquinita hermosa y limpia de todo cableado incómodo sirvió para blindar en cambiantes galimatías llamados código Enigma, hundió centenares de miles de toneladas de mercantes salidos desde las Américas llenos de vituallas, combustibles y armas con destino a Inglaterra. Los mensajes eran instrucciones a los submarinos de la Kriegsmarine para interceptar los convoyes.

Y el que rompía constantemente los códigos eran decenas de adictas a los acertijos y crucigramas, dirigidas por el genial megamatemático (y atleta) Alan Turing. Se dice que su trabajo acortó un año la guerra, pero son bolazos: eso fue una obra colectiva. Un director no hace nada sin una orquesta.

Y AQUÍ TALLAN LAS MALVINAS

Como apostadero remoto, las islas demasiado famosas seguían siendo un buen modo de la estrategia alemana para campear en los océanos del hemisferio sur. Y lo hicieron de un modo pasivo, con muy poco desgaste de hombres y de fierros.

En las islas se ocultaba un buen crucero pesado pero veloz, el HMS Cumberland: cañones de 8 pulgadas (203mm) en torretas. Disparaban proyectiles perforantes de alrededor de 116 kg a 28 km. de distancia. Muy loable, aunque los cañones del Spee eran menos pero mucho mayores, de 283 mm. Sumaban 6, repartidos en dos torretas triples.

El Cumberland estaba al acecho, las calderas tibias y los marineros fumando tranquilos sus pipas en el silencio de Port Stanley. Podía acudir en 48 o 72 horas a cualquier lugar del Atlántico Sur no bien sonara la alarma de la aparición del Spee.   

El 14 de diciembre de 1939, a los 103 años de que perdiéramos (por primera) vez las Malvinas, sitio tan digno de olvido si no tuviéramos tantos argentinos muertos en ellas o por ellas, su indiscutible utilidad geopolítica volvió a corroborarse. Esa fecha volcó contra Alemania la primera batalla naval de la 2da Guerra Mundial. Que no se ganó tanto por cañones como por comunicaciones.

De comunicaciones ya se habló de sobra. Hablemos de caños y de personas. Concretamente de una, y muy admirable, Hans Langsdorf. Un escuadrón de sólo tres cruceros, uno pesado y dos livianos (los HMS Exeter, HMS Ajax y NZD Achilles) emboscó finalmente al Panzerschieff Graf von Spee. Su Graciosa Majestad, con oídos en todo el planeta, había reunido de apuro a esa pequeña jauría naval para darle mastuerzo al bloody Hun.

Los cañones que se usaron aquel día no eran moco de pavo, pero los del bloody Hun eran prodigiosos. Mi viejo, a la sazón un atlético pelirrojo de 28 años, salió temprano de su laburo en el microcentro, junto con miles de otros porteños en mangas de camisa por el calo. Se quedaron horas junto a la estatua de las Nereidas escuchando los cóncavos retumbos que llegaban desde río adentro, provenientes de más de 300 kilómetros de distancia. Los vendedores de helados, de cerveza Quilmes Cristal y de naranja Bilz del balneario de Costanera Sur vendían sus existencias en minutos y repostaban sin preguntar el precio en la cervecería Munich, mientras dos naciones se mataban en el estuario.

El bloody Hun aquel día fue un jabalí atacado por un mastín y dos boxers. En una hora y media, el Exeter quedó hecho un pontón, arrasado hasta la línea de cubierta, privado de puente, de castillo, de torretas, de radar, de telemetría de apuntamiento visual y de comunicaciones, aunque a flote de algún modo. Vapuleados, vengadores y valientes, el Ajax y el Achilles persiguieron al Spee, que se desangraba a espuertas de búnker oil en las aguas marrones del estuario, pero guardando distancia.

El cuero ya no le pedía biaba a casi nadie. Los anglos cerraban el día con 72 muertos y 47 heridos, la mayoría en el Exeter.

El casi milagroso acorazado alemán ya no tenía castillo de proa, ostentaba 24 impactos dicen unos, casi 70 dicen otros, cargaba con 36 muertos y 60 heridos y claramente no le daría aguante para intentar un regreso a través del borrascoso Atlántico invernal hasta Alemania. Eso, sumado a la Royal Navy. Entre los heridos figuraba el capitán, Hans Langsdorff, con dos astillazo de metal.

El Spee tenía las torretas con sus 6 cañones intactas de 280 mm. intactos: todavía estaba para dar pelea, aunque al cuete. Langsdorff pidió al gobierno uruguayo las 48 horas de cuartel obligatorio por ley internacional en el apostadero nava de Montevideo, donde lo esperaban decenas de ambulancias uruguayas de la asistencia pública, miles de asombrados mirones, y diplomáticos y espías de su propia embajada. Langsdorff se bajó del Mercedes negro vendado y rengueando para dar su informe y pedir instrucciones.

Entre tanto, el HMS Cumberland llegó jadeante desde Malvinas para cerrar, junto a los descalabrados Ajax y Achilles, todas las posibles rutas de escape del escape hacia el Atlántico del Spee. Era un corralito precario, habida cuenta de la potencia de fuego intacta del acorazado alemán. Cada obús del Spee llegaba a 36,5 km. y pesaba 300 kg.

Si el Spee lograba cruzante por frente como el palito de la T, y te disparaba en simultáneo con las dos torretas de 3 cañones cada una, te hacía llover encima 1,8 toneladas de acero y explosivos con cada volea por lateral. Y según pegaba desde 20 km. de distancia, casi fuera de distancia visual, debía tener una telemetría óptica y un radar de los buenos.

Si Langdorff decidía volver a la batalla, aún con el Cumberland ya sumándose al bloqueo, la escuadrilla británica tenía amplias posibilidaes de terminar en el fondo del estuario, aunque el Spee también.

Ahí es donde el attaché naval de la embajada alemana fue perreado por la inteligencia naval inglesa. En Berlín habían recibido un parte inglés fragmentado pero debidamente según la criptografía de aquel día. Londres Informaba al derrengado escuadrón británico que se mantuviera en espera a la salida del estuario, donde el agua no se decide a ser barrosa o azul, y hay casi 15 metros de profundidad. Ya se sabe quién ganó. Lo importante fueron el cómo y el porqué.

EL CÓMO Y EL POR QUÉ

La espera de los resultados fue larga, y los diarios germanófilos de la Argentina daban por sentado el triunfo del Spee. Juan Domingo Perón, aún no era presidente, pero sacaba y ponía presidentes y les daba el libreto. El gobierno argentino se mantenía silencioso pero atento. Córdoba estaba a punto de anotarse dos ciudades «llave en mano», hoy muy cerveceras y turísticas.

Pero estoy adelantándome demasiado.

Pese al lobby desesperado de la embajada alemana sobre el presidente de la república oriental, general Alfredo Baldomir, para ganar tiempo extra y reparar los peores daños del Spee, Baldomir otorgó las 73 horas estrictas de cuartel un cualquier puerto neutral, según convenciones de la Haya. Langsdorff estaba obligado a dejar Montevideo sin tiempo ni materiales para remendar un poco los muchos descosidos del Spee.

Se quedó con algunos oficiales y botes e hizo bajar por planchada a sus 1150 de sus marinos, heridos incluídos, y a los casi 300 tripulantes de los 9 mercantes que había interceptado y hundido en sus 3 meses de campaña. Entre los prisioneros no había heridos. Habían estado presos en el rancho de marineros del Spee, y tratados bien. La comida escaseaba y ocasionalmente Langsdorff, para indignación de sus propios oficiales, dejaba subir a los asombrados oficiales presos al puente de mando, «pa´ver».

El capitán del Spee mostró más inteligencia y humanidad que su antecesor y enemigo, el contraalmirante Sir Christopher Craddock, 25 años antes, frente a la isla chilena de Coronel. Ateniéndose a órdenes absurdas, la salió al cruce Craddock, les recuerdo, con una escuadrilla de miserias y risa, eligió salirle al cruce a la potente flota de mar del Pacífico a la Kriegsmarine, decidido a luchar «for King and Country» hasta la muerte.

Y lo logró plenamente.

No sobrevivió ninguno de sus barcos de batalla, ni ninguno de sus tripulantes. 1660 ñatos, todos al fondo, pero qué heroísmo, qué huevos, dirán los giles. Del lado germánico de la ecuación. tres heridos. Y todo para nada. Primer derrota naval británica desde que Lord Horace Nelson, un desobediente crónico, usara esa ventaja militar sobre los disciplinados para darle matarile a la flota combinada francoespañola en Gibraltar.

Desobedeciendo a su vez Berlín, Langsdorff se negó a hacer matar a toda su tripulación en una batalla que pensaba suicida. Tales fueron las órdenes rajantes del Fúhrer, y ya ahí ya se supo, al toque de iniciada la guerra, que el Bigotito estaba bastante crazy y que era un líder de mierda.

Bletchley Park le había vendido a Berlín que estuario afuera lo aguardaba al Spee una escuadra avasallante, que incluía al portaaviones HMS Ark Royal y al acorazado HMS Renown. Pescado podrido puro, al menos para aquella fecha.

En aras de salvar a sus hombres de una idiotez grandiosa al estilo Craddock, Langsdorff hizo evacuar su barco, lo sacó de puerto con una tripulación esquelética y lo dinamitó frente a Montevideo. Los esqueléticos se subieron a los botes, chau. Oficiales, suboficiales y marinería en número de 1000 fueron evacuados a Buenos Aires, y de ahí a Córdoba por órdentes de… bueno, Perón himself. El Viejo siempre fue ducho en tolerar a los alemanes, que le caían bien, y bancarse a los ingleses, que le caían atravesados, mientras la Argentina no se jodiera.

Los últimos 67 tripulantes de otras banderas capturados por Langsdorff en sus fulminantes tres meses de campaña, más pasajeros que prisioneros por el trato recibido, fueron puestos en libertad sin ningún requisito.

El Spee, expertamente eventrado y con todas las esclusas abiertas para inundarse parejito, se fue yendo al fondo sin prisas en horizontal, nada de levantar dramáticamente la popa en el aire para la foto. Hasta hoy sigue ahí, asentado a 11 metros de profundidad en el barro, a 27 kilómetros de la rada de Montevideo. El cuidadoso Langsdorff tuvo hasta la delicadeza de no obstruir las vías de navegación.

En 1940, la diplomacia británica coimeó al general Baldomir para unas noches oscuras de salvamento y vista gorda, y los buzos de la Royal Navy se alzaron con lo que pudieron del cadáver subfluvial del Spee.

Durante muchos años, los mástiles sobresalieron apenitas del agua marrón del Plata, a medida que los indiscutibles tornillos de la gravedad fueron ajustando sus 16.000 toneladas reales (10.000 declaradas) en el fláccido sedimento. Deseoso de un «scuttling» irreversible, Langsdorff había rajado su barco al medio como una sandía. Nadie lo reflotaría jamás. No era cosa de que sus sistemas admirables de puntería óptica y de radar, que le costaron 72 muertos y 28 heridos a la escuadrita inglesa, fueran a caer en manos británicas.

Hitler, se dice, se puso violeta de furia al enterarse. Se abstuvo de un buen «Sipperhaft», esa práctica de exterminar las familias de los oficiales muertos que le hubieran desobedecido. En este caso, habría sido un segundo desastre de propaganda.

Luego, en Buenos Aires, como para dejar en claro que lo suyo no era la sumisión ni había sido la cobardía, Langsdorff en su habitación de hotel se vistió de gala, se extendió sobre la bandera de la Keyserliche Marine (nada de cruces svástikas para este caballero) y se pegó un corchazo en el mate.

En Argentina se le dieron funerales de estado (Perón, ¿quién otro?), y no faltó el agregado naval británico para rendirle un callado pero emocionado homenaje.

«La muerte de los valientes/ toda la creación agranda», había escrito mucho antes el poeta gauchesco Hilario Ascasubi pensando en el escocés Francis Drummond. Aquel fue otro capitán de los buenos. Murió en brazos de su suegro, el irlandés William Brown en 1827, tras la derrota de la Confederación de las Provincias Unidas del Río de la Plata ante el Imperio de Brasil. Eso fue frente a las costas de Ensenada, puro pajonal.

Sí que corrió sangre brava por estas aguas marrones.

En sólo 3 meses de campaña, el Spee había hecho estragos en la navegación comercial de los océanos Índico y Atlántico Sur, con 9 cargueros de diversa bandera apresados y hundidos. Es fama que Langsdorff, en lugar de librar a su suerte a aquellas tripulaciones civiles, las había albergado en el rancho de tripulantes y de suboficiales del Spee.

Los trató bien aunque tuvo que bancarse los gruñidos irritados de su propia gente. Le gustaba codearse un poquito con los prisioneros, dejaba a veces que los oficiales capturados subieran al puente, y cuando ya se la acababan la comida y el agua los fue desembarcando en puertos ínfimos y aislados del Índico, donde la inteligencia británica no tuviera agentes, cónsul o telégrafo a mano. El único puerto en el que realmente para recaló terminó siendo el último.

COROLARIO DE ESTA HISTORIA

Durante el resto de la guerra, la población inglesa tuvo un flujo irrestricto de trigos y carnes congeladas desde ambas bandas del Plata. Con su flota mercante a salvo de ataques de submarinos alemanes, la Pampa Húmeda argentina fue la panera y el “freezer” de Gran Bretaña, lo que volvió casi tolerable el durísimo racionamiento alimentario.

Winston Churchill habló pestes de la disimulada germanofilia del gobierno argentino durante la 2da Guerra, pero poco y nada de cómo eso evitó hambrunas en Inglaterra en lo peor de la “Batalla Atlántica”, entre 1941 y 1942. Bueno, era Churchill.

La Kriegsmarine no volvió jamás al Atlántico Sur, salvo con submarinos que enloquecieron a nuestros primos brasucas, incluso antes de que Getulio Vargas, indeciso hasta 1942, terminara por plegarse al bando aliado, en parte harto de que los submarinos nazis le hundieran mercantes. De modo que salvo para los reclutas kelpers que marcharon a la guerra en otros frentes, el archipiélago regresó a su agreste y ventoso aburrimiento.

Hasta 1982. 

Todo este rollo puede parecer innecesario y largo, pero no hay marina de guerra en el mundo en cuyas academias no se enseñe esta historia, con pocas variantes. Las Malvinas, tan bien ubicadas y llenas de puertos profundos y abrigados, con incluso un buen pastizal plano en el medio de la Isla Soledad para una base aérea en Mount Pleasant, ese archipiélago que sólo exporta pescado y licencias de pesca, es un activo estratégico fabuloso.

En manos británicas, es el sitio perfecto para atacar por aire y por mar, y capturar, Tierra del Fuego, Santa Cruz y Chubut. Acordonado tecnológicamente por la Argentina, las cosas se les ponen más difíciles a los johnnies.

Hoy las Malvinas constituyen el único enclave aeronaval indiscutido de la OTAN en el Atlántico Sur para bloquear por mar y aire la navegación china a través del estrechos de Magallanes, o el mucho más ancho y ríspido, el de Drake. Y lo de indiscutido ya lo veremos…

Las Malvinas como dijo Churchill de la isla de Malta, son “un portaaviones de piedra”. Ése sí que nos jodió la vida, pero escribía bonito.

Con el recalentamiento global, ese portaaviones cuida intereses adicionales: el derretimiento de los hielos flotantes y de los glaciares antárticos se está volviendo la pesadilla de casi todas las ciudades costeras del mundo. Pero a las mineras y petroleras les abre el acceso al único continente geológicamente virgen del planeta.

La Antártida está protegida precariamente de estas industrias extractivas (y de los reclamos de soberanía tanto de países vecinos como de potencias distantes) por el Tratado Antártico de 1959. Pero nadie puede dar certeza de que este papelito siga vivo de aquí a 20 o 30 años. Se firmó en un mundo bipolar, donde existía la Unión Soviética, Gran Bretaña todavía retenía pedazos de su imperio, y  China, la India y Brasil no movían el amperímetro.

Hoy sí que lo mueven. Si el tratado es impugnado, y lo será, pintarán reclamos de propiedad, incidentes diplomáticos y militares, y habrá guerra. Según el presidente Trump, un ricachón inmobiliario, nuestro país es un estado más, medio austral pero bien situado, de su propio país. Piensa lo mismo de Canadá, pero al menos allí lo putean y boicotean los productos «made in USA».

Empresas mineras y tecnológicas con más plata y armas que cualquier país sudaca se trenzarán a daga para repartirse los pedazos del Continente Ya No Tan Blanco.

Mi problema -también el suyo, lector- es que esto nos agarra tras perder miserablemente una guerra, derrota que hemos pagado con 43 años de desarme militar y la pérdida suicida de nuestras industrias de defensa.

Nos sacaron tarjeta roja y lo estamos aceptando como idiotas. En penitencia, ya no fabricamos aviones, turbinas, computadoras, equipos electrónicos, barcos civiles o militares, submarinos, tanques y cañones. Ya no fabricamos un carajo. En eso nos parecemos un poco a los EEUU.

Peor aún, siendo casi gratis, no fabricamos drones. Peor aún, nuestros almirantes no tienen puta la idea de que fue la guerra de fondo la que decidió ya las dos batallas navales más épicas del siglo XX, las que decidieron el destino de dos guerras casi de movida.

La imbecilidad no es militar sino social. Los partidos autodenominados «de centro», como el PRO, conspiran exitosamente contra nuestro desarrollo nuclear a través de la privatización de sus empresas, como NA-SA, o el aniquilamiento de otras con buenos quilates en Defensa, drones, sistemas antidrone y radares civiles y militares, terrestres, móviles y espaciales, como INVAP.

La ultraderecha libertaria está matando nuestro desarrollo científico e industrial, ése que decidió la victoria de las armas aliadas contra las del eje en la última guerra mundial. Y nuestro último sistema de comunicaciones militares difícilmente interferibles, la línea de satélites geoestacionarios ARSAT, fue cerrada por Macri y nunca más resucitó.

Cables submarinos propios, no tenemos. Barcos de guerra de fondos que permitan espiar, interferir o arrancar los cables de nuestros adversarios, tampoco.

El despliegue continental de la REFEFO (Red Federal de Fibra Öptica) que hizo de ARSAT la primera compradora mundial de cables ópticos entre 2009 y 2012, murió con Macri. Nadie quiso continuarlo desde entonces en forma submarina, para cablear el millón de kilómetros cuadrados de nuestra plataforma continenta. Ni siquiera para detección y ubicación de navegación pesquera pirata o ilegal. No de navegación hostil, porque según casi todo gobierno subsecuente a la catástrofe de 1982, no tenemos. Haceme reir.

No hay nada que inventar, sólo es copiar la red SOSUS con la que la OTAN estorbó desde los años ’50 el tránsito de submarinos soviéticos a través de sus dos únicas salidas al Atlántico, y hoy lo hace con los rusos. Aquí, eso es construir otra REFEFO ya no en seco sino bajo el agua, y dotarla de hidrófonos y sensores de presión. Una obra bastante barata, que signifique «te estamos mirando, gringo».

Una obra atada a otra obra más móvil: diseñar, fabricar y desplegar drones submarinos furtivos «durmientes» en los fondos de la Plataforma. INVAP y nuestros astilleros -si sobrevivió alguno- podrían dar la talla. Toda nave militar que se meta en nuestras aguas sin pedir permiso, sabrá «te estamos mirando y tal vez incluso apuntando, gringo».

Citando al almirante Hyman Rickover, creador del Nautilus, primer submarino nuclear del mundo, por su capacidad disuasoria es mejor un submarino en el mar que una bomba en el sótano. Sólo que los submarinos carísimos y tripulados son un arma infalible, pero en la guerra naval del siglo XX.

Despiértense, argentos. Estamos en el siglo siguiente, dueños de territorios que no podemos defender, y en pelotas.

Mi pronóstico, por lo que vale: incluso si el achicamiento económico, diplomático y militar de Inglaterra volviera impagable su permanencia en Fortaleza Malvinas, cosa que está ocurriendo desde 2000, Estados Unidos tomaría su lugar rápido, a cara de perro. Y por primera vez, con Argentina y Brasil mostrándole los dientes. Quiero ver ese día, o que lo vean mis hijos. Será el final de nuestro «Siglo de la Humillación».

Sí, claro, por ahora la Argentina no tiene dientes que mostrar.

Pero todavia somos (un poco) hijos de Brown. Si conozco a mi país, ya le volverán a crecer.

DANIEL E. ARIAS