Columna: Agosto llegará antes de lo que parece

La Unión Europea fijó el 2 de agosto de 2026 como fecha límite para que las empresas que operan con sistemas de inteligencia artificial de alto riesgo cumplan los requisitos de la AI Act. Faltan menos de cuatro meses. Y la pregunta que casi nadie se está haciendo en Argentina es si eso nos afecta o no.

La respuesta corta: más de lo que parece. Si una empresa argentina le vende servicios a alguien en Europa, o usa software que procesa datos de personas ubicadas allá, entra en el alcance de la norma. No automáticamente como infractora, pero sí como eslabón de una cadena que ahora tiene obligaciones formales. La AI Act tiene alcance extraterritorial: lo que importa no es dónde está la empresa que usa la herramienta, sino dónde está la persona a la que esa herramienta afecta.

Los sistemas de alto riesgo, según la regulación, incluyen IA aplicada a contratación de personal, evaluación crediticia, salud, infraestructura crítica y logística. Todos sectores donde la automatización creció más rápido en los últimos dos años. La ley no prohíbe usar esas herramientas; exige transparencia, documentación técnica y supervisión humana verificable. Para una empresa que adoptó un sistema de scoring crediticio, un asistente de selección de personal o un software de gestión logística sin preguntarse demasiado de dónde viene el modelo ni cómo toma sus decisiones, la noticia es que ya debería estar revisando esa cadena.

La especialización como próxima fase

Mientras la regulación avanza en Europa, el mercado de modelos de IA muestra una tendencia que se empieza a consolidar: la especialización.

La semana pasada cubrimos en este portal el caso de Claude Mythos, el modelo de Anthropic que identificó miles de vulnerabilidades zero-day en sistemas operativos y navegadores, incluyendo un bug de 27 años en OpenBSD. Un dato que vale la pena precisar: Mythos no fue entrenado específicamente para ciberseguridad. Es un modelo de propósito general cuyas capacidades de razonamiento y codificación agéntica resultaron ser devastadoramente efectivas en ese dominio. Anthropic decidió no lanzarlo al público y restringir su uso a un consorcio defensivo de empresas como Apple, Google, Microsoft y CrowdStrike.

Eso plantea una distinción importante. La especialización que viene no necesariamente va a surgir de entrenar modelos desde cero para un solo sector. Va a surgir de algo más accesible y más estratégico: alimentar modelos potentes con datos específicos de un dominio que los generalistas simplemente no tienen.

Y ahí es donde la conversación se vuelve concreta para Argentina. Los modelos generalistas — por más poderosos que sean — manejan con dificultad contextos muy locales: precios del Matba-Rofex, normativa del SENASA, ciclos de cultivo de la Pampa Húmeda, regímenes cambiarios que cambian cada trimestre. El desarrollo de modelos alimentados con datos sectoriales argentinos no es un proyecto de ciencia ficción. Ya hay equipos trabajando en eso. El punto es que quien lo haga primero y los ponga en manos de productores, estudios jurídicos o contadores va a construir una ventaja difícil de replicar, porque esos datos de entrenamiento son únicos e históricamente situados. No se googlean.

La infraestructura primero

Microsoft anunció a principios de abril una inversión de 10.000 millones de dólares en Japón, desplegada entre 2026 y 2029. Es la mayor apuesta de la compañía en ese mercado. Incluye construcción de centros de datos, alianzas con SoftBank y Sakura Internet para capacidad de cómputo con GPUs, y un programa para entrenar un millón de ingenieros para 2030. No va a Japón a vender consultoría: va a construir la infraestructura donde los modelos sectoriales — los que van a mover industrias específicas — se van a entrenar y alojar. Infraestructura primero, servicios después.

Japón tiene energía estable, tiene territorio, tiene un gobierno dispuesto a firmar acuerdos de largo plazo. Argentina también tiene energía y territorio. La semana pasada este portal abordó el debate sobre la posición del país en la geografía de los data centers latinoamericanos. Ese debate sigue abierto. Lo que se agrega esta semana es una capa de urgencia: si la especialización sectorial es la próxima fase de adopción de IA — y la evidencia apunta en esa dirección — entonces el momento de construir esa infraestructura y esos modelos es ahora, no cuando el mercado ya esté consolidado y las posiciones tomadas.

Lo que viene

El 2 de agosto llegará antes de lo que parece. Y con él, la primera prueba concreta de si las empresas que adoptaron IA en los últimos años lo hicieron con criterio o simplemente siguieron la corriente.

Pero agosto no es solo una fecha regulatoria. Es un punto de inflexión donde se van a cruzar tres tendencias que hoy corren por separado: la regulación europea que exige trazabilidad, la especialización de modelos que premia el conocimiento sectorial profundo, y la carrera por la infraestructura de cómputo que va a definir qué países procesan sus propios datos y cuáles dependen de los centros de datos de otros.

Argentina tiene con qué jugar en al menos dos de esas tres dimensiones. La pregunta es si alguien va a tomar la decisión de hacerlo antes de que la ventana se cierre.

Columna de IA por Esteban Terranova

TANDANOR continúa la reconstrucción de la Base Antártica Conjunta Petrel

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En el marco de la Campaña Antártica de Verano 2025/2026, Argentina continuó avanzando en la reactivación de la Base Antártica Conjunta Petrel, con nuevos progresos en la construcción de su infraestructura, destacándose la finalización de la estructura del Módulo I y avances significativos en el Módulo II, en un proyecto impulsado por el Ministerio de Defensa.

Según lo informado, el Módulo I alcanzó la finalización de su estructura durante la actual campaña, incorporando aproximadamente 400 metros cuadrados de superficie cubierta al conjunto edilicio proyectado para la base, ubicada en la isla Dundee. Este avance representa un paso clave dentro del proceso de recuperación de Petrel, considerada una instalación estratégica por su ubicación y potencial como punto logístico en la Antártida.

En paralelo, se registraron progresos en el Módulo II, cuya estructura había sido completada durante la Campaña Antártica anterior. Durante la presente etapa se avanzó en la instalación de la envolvente exterior, incluyendo el montaje de aproximadamente 750 metros cuadrados de panelería, en línea con el cronograma constructivo previsto.

La envolvente del módulo incorpora soluciones específicas para el entorno antártico, incluyendo sistemas de aislamiento térmico y refuerzos estructurales, diseñados para soportar condiciones climáticas extremas y mejorar la eficiencia energética de las instalaciones. Asimismo, durante esta fase, se concretó el montaje de la escalera de acceso que conecta los módulos I y II, integrando funcionalmente ambos sectores.

Los trabajos fueron desarrollados en base a una planificación técnica conjunta entre el astillero TANDANOR y el Ejército Argentino, con participación del Comando Conjunto Antártico (COCOANTAR). En este sentido, durante diciembre de 2025 se llevaron a cabo jornadas de trabajo con personal del Arma de Ingenieros, donde se definieron criterios de ejecución adaptados al entorno antártico y se capacitó a los equipos encargados del montaje.

En línea con esto, el componente logístico también resultó clave para el avance de la obra, incluyendo el traslado de materiales mediante el rompehielos ARA Almirante Irízar y el buque logístico ARA Puerto Argentino, que permitieron el transporte de paneles y estructuras hacia la isla Dundee en condiciones operativas complejas.

Maria Victoria Pierucci

Números del INDEC: la caída de la industria argentina se acentúa

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La industria cayó 8,7% interanual en febrero y 4% versus enero. En el primer bimestre acumula una baja de 6% contra igual período de 2025

Luego de haber ilusionado con una suba de 3,1% en enero versus diciembre, la industria registró una fuerte caída en febrero, con una baja de 4% respecto del mes previo. El retroceso fue de mayor magnitud en la medición interanual y en el acumulado del año, con caídas de 8,7% y 6%, respectivamente.

El dato fue publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) en su Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPIM). En ese informe se puede ver, además, que la mayoría de los sectores industriales relevados exhibieron caídas.

Según indicó el Indec, 14 de las dieciséis divisiones de la industria manufacturera presentaron caídas interanuales. Entre los de mayores incidencia en el nivel general, las principales bajas se dieron en “Alimentos y bebidas” (-6,9%); “Maquinaria y equipo” (-29,4%); “Vehículos automotores, carrocerías, remolques y autopartes” (-24,6%); “Otros equipos, aparatos e instrumentos” (-24,6%); “Prendas de vestir, cuero y calzado” (-18,2%), y “Productos de caucho y plástico” (-15,7%), entre otros.

En la comparación intermensual, también hubo retrocesos importantes. Entre ellos, se destacaron “Minerales no metálicos y metálicas básicas” (-11,8%); “Automotores y otros equipos de transporte” (-7,3); “Productos de metal, maquinaria y equipo” (-5%); “Textiles, prendas de vestir, cuero y calzado” (-4%), y “Alimentos, bebidas y tabaco” (-3,1%).

Este resultado se conoce en un contexto delicado para la industria, en el que la apertura económica dispuesta por el Gobierno, con el consecuente ingreso de un gran volumen de productos importados que compiten con los nacionales, golpea a gran parte de las empresas locales.

El economista Claudio Caprarulo, director de la consultora Analytica, comentó que febrero fue un mes de contracción de la economía. “En particular, la industria acumula una caída de 6% anual en el primer bimestre y tuvo su peor febrero desde 2009 para volver al nivel de junio de 2024. Un resultado que es poco optimista para proyectar los indicadores de empleo del primero trimestre de este año”, explicó.

Si bien enero y febrero suelen ser períodos particulares, debido a que hay vacaciones y paradas de planta, el crecimiento de 3,1% en el primer mes del año había generado cierta expectativa de una recuperación definitiva del sector. Se trató de un crecimiento incluso superior al que habían proyectado algunas consultoras privadas, como la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) y OJF y Asociados, que habían consignado hace diez días alzas de 2,1% y 1,2%, respectivamente

Esas consultoras habían señalado entonces que esos datos podían constituir las primeras señales de una reversión del ciclo contractivo que había marcado los últimos meses. Sin embargo, el resultado de febrero, dio por tierra con esa idea y postergó la definición de una tendencia para cuando se conozca el indicador de marzo.

En este sentido, el economista Camilo Tiscornia, director de C&T Asesores Económicos, remarcó es difícil analizar los datos de la industria en los dos primeros meses del año, debido a la desestacionalización. “La caída de febrero parece anormal tras una fuerte subida en enero. Por eso, es mejor esperar a tener el primer trimestre completo para sacar conclusiones más claras”, sugirió.

El economista Lorenzo Sigaut Gravina, de la consultora Equilibra, señaló que “el resultado de febrero refleja un estancamiento de la industria, uno de los sectores más afectados desde el inicio del gobierno de Javier Milei”. Y agregó: “Enero y febrero son meses complejos, por vacaciones y paradas técnicas. Por eso, siempre hay que tomar el bimestre, y ahí se ve que está en los niveles del año pasado todavía. Habrá que esperar a marzo para ver si hay recuperación”.

En tanto, Federico González Rouco, economista de la consultora Empiria, dijo que febrero ya perfilaba como un mes malo de actividad en varios indicadores. “La industria no puede salir de su estancamiento, más allá de breves períodos en los que registra dos meses buenos y después se calma”, destacó.

Con el foco puesto en lo que sucede en los distintos sectores industriales, la economista Natacha Izquierdo, directora de Operaciones de la consultora Abeceb, señaló que el comportamiento sectorial es heterogéneo. “Mientras algunas ramas vinculadas a energía y química muestran crecimiento —como refinación de petróleo (+19,7%) y sustancias y productos químicos (+3,7%)—, la mayoría de los sectores manufactureros presentan contracciones», refirió.

Además, Izquierdo analizó que la serie tendencia-ciclo registró una variación positiva del 0,2%, “lo que sugiere una desaceleración en la caída, pero aún sin señales claras de recuperación”.

Resistencia al arsénico en el ADN de habitantes de la región andina

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En cualquier otro contexto, consumir agua con una concentración de arsénico muy por encima de los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) representaría un grave riesgo para la salud. Pero en San Antonio de los Cobres, en el altiplano del noroeste argentino, a más de 3.700 metros de altitud, esa ha sido durante siglos –y probablemente milenios– una condición cotidiana de vida.

Antes de que se instalara un sistema de filtración en 2012, el agua de la localidad contenía alrededor de 200 microgramos de arsénico por litro. El límite recomendado por la OMS es de apenas 10. Y, aun así, se trata de una zona ocupada por seres humanos desde hace al menos 7.000 años, quizá incluso 11.000. La pregunta inevitable es: ¿cómo es posible?

El arsénico no es precisamente un veneno menor. La exposición crónica se asocia con cáncer, lesiones cutáneas, malformaciones congénitas y muerte prematura. Cuando entra en el organismo, las enzimas del cuerpo lo transforman a través de varias formas químicas. 

Pero no todas tienen el mismo efecto. El compuesto monometilado, o MMA, resulta particularmente tóxico, mientras que el dimetilado, conocido como DMA, se presta mejor a su eliminación urinaria. El problema es que, en la mayoría de las personas, el metabolismo del arsénico genera proporciones relativamente altas de ese compuesto intermedio más dañino antes de transformarlo en la forma que el organismo puede excretar con mayor facilidad.

Un gen clave en la resistencia al arsénico

A mediados de los noventa, un estudio identificó en esta población femenina un procesamiento inusual del arsénico: el organismo acumulaba menos del derivado más tóxico y avanzaba con mayor eficacia hacia la forma eliminable por la orina. En otras palabras, su metabolismo del arsénico era inusualmente eficiente.

Durante años, el fenómeno quedó como una curiosidad bioquímica. Pero en 2015, un equipo liderado por las biólogas evolutivas Carina Schlebusch y Lucie Gattepaille, de la Universidad de Uppsala, publicó en Molecular Biology and Evolution una posible explicación genética.

Para investigarlo, los científicos analizaron el ADN de 124 mujeres de San Antonio de los Cobres y compararon sus datos con los de poblaciones de Perú y Colombia. Lo que encontraron fue revelador.

Los científicos centraron una parte clave de la explicación en torno a AS3MT, un gen esencial en el metabolismo del arsénico. En su entorno detectaron variantes cuya presencia se relacionaba con un procesamiento biológico más eficiente del metaloide. Esas variantes aparecían con mucha mayor frecuencia en los habitantes de San Antonio de los Cobres que en poblaciones genéticamente similares de Perú y Colombia, regiones donde los niveles ambientales de arsénico son mucho menores, según el estudio.

El análisis reveló además señales claras de lo que los genetistas llaman un «barrido selectivo”, la huella que deja la selección natural cuando favorece rápidamente un rasgo en una población. En términos simples, este patrón sugiere que las variantes protectoras del gen AS3MT pudieron conferir una ventaja en entornos con altos niveles de arsénico. Con el paso de las generaciones, esa ventaja habría favorecido que dichas variantes se volvieran cada vez más frecuentes en la población.

«La adaptación para tolerar el arsénico como factor de estrés ambiental probablemente ha impulsado un aumento en la frecuencia de variantes protectoras de AS3MT», escribió el equipo en su estudio, que calificó el hallazgo como «la primera evidencia de adaptación humana a una sustancia química tóxica».

Adaptación al arsénico en otras poblaciones andinas

¿Se trata de un caso aislado? Los datos sugieren que no. Un estudio posterior publicado en Chemosphere en 2022 examinó poblaciones indígenas de los Andes bolivianos –grupos aimara-quechua y uru– y encontró señales igualmente fuertes de selección positiva cerca del mismo gen. De hecho, los bolivianos presentaban la mayor frecuencia registrada hasta la fecha de alelos asociados a un metabolismo eficiente del arsénico, y la señal de selección se situaba entre el 0,5 % más intenso de todo el genoma.

Todo ello apunta a que la adaptación al arsénico no es un fenómeno local ni puntual, sino un proceso evolutivo que podría haber ocurrido en paralelo en distintas comunidades andinas expuestas durante generaciones al mismo veneno natural. Cuando la presión ambiental persiste durante siglos, la evolución puede favorecer adaptaciones similares en poblaciones expuestas a presiones ambientales comparables.

Más allá del ADN: la epigenética entra en escena

La evolución humana, sin embargo, no siempre implica cambios directos en el ADN. Además de las mutaciones heredables, existen mecanismos epigenéticos que modifican la forma en que los genes se activan o se silencian en respuesta al entorno. Estas alteraciones no cambian la secuencia genética y pueden ser más flexibles, ya que no siempre se transmiten de forma estable entre generaciones.

Mientras los genetistas buscaban respuestas en el código del genoma, otros han mirado precisamente en esta dirección. Por ejemplo, más recientemente, investigadores de la Universidad de Emory se preguntaron si la adaptación andina a la altitud –un enigma en sí mismo, ya que los pueblos andinos no poseen el mismo «gen de la altitud» identificado en los tibetanos– podría estar escrita no tanto en el ADN, sino en la forma en que este se expresa.

Para explorarlo, examinaron las marcas epigenéticas distribuidas a lo largo del ADN en 39 participantes de dos entornos muy diferentes: los Andes ecuatorianos, representados por los kichwa, y la cuenca amazónica, representada por los ashaninka. 

El estudio, publicado en la revista Environmental Epigenetics, detectó cambios epigenéticos en genes relacionados con el funcionamiento del sistema vascular y del músculo cardíaco, además de señales en la vía PI3K/AKT, un circuito biológico implicado en procesos como el crecimiento muscular y la formación de nuevos vasos sanguíneos.

Según los investigadores, estas diferencias epigenéticas podrían ayudar a explicar algunos rasgos fisiológicos característicos de las poblaciones andinas de gran altitud, como el engrosamiento de las paredes arteriales y el aumento de la viscosidad sanguínea. Ambos podrían estar relacionados con la adaptación fisiológica a la hipoxia –la escasez de oxígeno propia de la altura–, aunque también se han asociado con un mayor riesgo de hipertensión pulmonar.

«Los hallazgos son particularmente interesantes porque no estamos viendo estas señales fuertes en el genoma, pero cuando observamos el metiloma sí aparecen estos cambios», explica John Lindo, profesor de antropología en Emory y autor principal del estudio, en un comunicado de la institución.

Más allá del caso concreto, los cambios epigenéticos pueden constituir una respuesta más flexible al entorno y no siempre se transmiten de forma estable entre generaciones. Que estas modificaciones aparezcan en poblaciones cuya presencia en las tierras altas andinas se remonta a casi 10.000 años plantea una pregunta importante: hasta qué punto la epigenética desempeña un papel constante en la adaptación humana a ambientes extremos.

El modelo tibetano: otra solución evolutiva a la hipoxia

Para entender mejor cómo los seres humanos se adaptan a la vida a grandes altitudes, conviene mirar otro laboratorio natural de la evolución: la meseta tibetana. Allí, la evolución habría tomado un camino distinto.

Recientemente, se escribió en DW sobre un estudio publicado en PNAS, liderado por la antropóloga Cynthia Beall de la Universidad Case Western Reserve, analizó a 417 mujeres tibetanas de entre 46 y 86 años que vivían a altitudes de entre 3.000 y 4.000 metros en el Alto Mustang, Nepal. El objetivo era identificar qué características fisiológicas se asociaban con mayor éxito reproductivo, uno de los indicadores más directos de adaptación evolutiva.

El resultado no fue el que muchos habían esperado. Las mujeres con más hijos –algunas llegaron a tener 14– no presentaban niveles excepcionalmente altos de hemoglobina. Por el contrario, mantenían niveles cercanos al promedio, pero con una mayor saturación de oxígeno en la sangre.

Esa combinación se asocia con una mayor eficiencia en el transporte de oxígeno sin espesar la sangre, evitando así la sobrecarga del corazón. Además, las mujeres más fecundas mostraban mayor flujo sanguíneo hacia los pulmones y ventrículos cardíacos más anchos, rasgos que mejoran la eficiencia del sistema circulatorio en condiciones de hipoxia.

Parte de esta adaptación tiene un origen inesperado. Una variante del gen EPAS1, que regula la concentración de hemoglobina y es característica de las poblaciones tibetanas, parece haber sido heredada de los denisovanos, una especie humana extinta que vivió en Siberia hace unos 50.000 años. Sus descendientes la habrían extendido al migrar hacia la meseta tibetana.

«La adaptación a la hipoxia a gran altitud es fascinante porque el estrés es grave, lo experimentan todos por igual a una altitud determinada y es cuantificable», explicó Beall en Science Alert. «Es un bello ejemplo de cómo y por qué nuestra especie presenta tanta variación biológica».

Tomados en conjunto, estos estudios dibujan un panorama que desafía la idea de que la evolución humana es un proceso ya cerrado. Más bien sugieren lo contrario: nuestra especie sigue adaptándose a los entornos en los que vive. En los Andes, poblaciones expuestas durante miles de años a toxinas naturales y escasez de oxígeno han desarrollado respuestas genéticas, epigenéticas y fisiológicas distintas. En el Tíbet, frente al mismo desafío de la hipoxia, la evolución ha seguido una vía genética diferente. La biología humana, al parecer, sigue negociando con su entorno.

Felipe Espinosa Wang

Comentario de AgendAR:

Es así tal cual. Y no se puede decir que la resistencia al arsénico en San Antonio de los Cobres se haya generado en un período corto. Ese lugar está poblado desde hace 7000 años por población poco móvil.

Tal vez la gente haya adquirido algunos genes nuevos, pero nada preparados contra el hidroarsenismo con la llegada del tren.

Pero los hijos, nietos y choznos de europeos no se quedan allí para hacer familias, entre otras cosas porque viven apunados: no aguantan la baja presión de oxígeno.

Hay arsénico de napa en gran parte del territorio argentino, y las llanuras no se salvan..Es geológico, vino con la ceniza fina emitida por los volcanes chilenos.

La ciudad más jodida por arsénico no es puneña: es Venado Tuerto, en Santa Fe. Como toda sal metálica o de metaloides, las de arsénico son casi imposibles de eliminar del agua salvo por ósmosis inversa, un proceso muy caro en instalaciones y en costo operativo: consume bocha de electricidad.

El arsénico en el agua de napa suele estar asociado a flúor. En Puerto Deseado, Santa Cruz, los NyC tienen dientes medio marrones pero como de piedra, libres de caries. Mal sitio para odontólogos.

Daniel E. Arias

En el INTI denuncian que el Estado ofrece empleo precarizado de forma clandestina

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Desde la asamblea de las y los trabajadores del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) emitieron un comunicado en que aseguran que tras el cierre de las áreas Dirección de Metrología Legal (DML) y del Servicio Argentino de Calibración (SAC), comenzaron a recibir ofertas laborales precarizadas. Parte del desguace en el Estado que está ejecutando el gobierno de Javier Milei

«En las últimas semanas, comenzaron a llegar mails a trabajadores del INTI desde el Organismo Argentino de Acreditación (OAA) y algunos laboratorios privados de calibración. Les solicitaron realizar -denuncia el comunicado- auditorías y ensayos que hasta hace unos meses formaban parte de la oferta tecnológica del Instituto. Esta ‘oferta laboral’ ofrecida de manera clandestina implica facturación de manera individual de esos servicios». 

Y completa: «Es decir, nos ofrecen infringir la Ley de Ética Pública, que nos impone a las y los trabajadores del Estado la exclusividad y confidencialidad, valiéndose de la enorme necesidad económica que estamos atravesando».

«Cacería de talentos» en el INTI

El comunicado continúa señalando que esta “cacería de talentos” demuestra, tal como los trabajadores lo vienen diciendo hace tiempo, que «el INTI es el único organismo con capacidad técnica para garantizar la calidad y trazabilidad de las mediciones». 

También explica que van a buscarlos a ellos porque aunque los privados digan tener equipamiento más moderno y dispongan de recursos discrecionales, «no tienen lo fundamental: a nosotros, los trabajadores del INTI, nuestra capacidad y pericia técnica», remarca.

El escrito de las y los trabajadores enfatiza en que el cierre de la Dirección de Metrología Legal y del Servicio Argentino de Calibración, «se inscribe en la política de disolución del Instituto que este Gobierno se dio desde que asumió«. 

Además, hace un repaso sobre cómo se fue dando el desguace. Primero con la Ley Bases en la que el Gobierno pretendía cerrar el INTI. Luego con el Decreto 462/25, que los transformaba en una mera oficina técnica.

Sin embargo, ese Decreto fue derrotado por la lucha de las y los trabajadores. Entonces empezaron a buscar otras alternativas para llevar adelante el mismo plan y avanzar con la centralización del instituto por la fuerza.

Trabajadores del INTI denuncian que el Estado ofrece empleo precarizado de forma clandestina

Un plan de vaciamiento

«Por ejemplo, el cierre de líneas de trabajo estratégicas como DML y SAC, la falta de presupuesto, el congelamiento salarial, el entorpecimiento de las compras son todas medidas en pos de ese plan de vaciamiento», apunta el comunicado.

El reclamo de las y los trabajadores explica que hubo todo un camino recorrido hasta llegar al cierre de las áreas antes mencionadas. Señala que primero fue con la habilitación de laboratorios privados de metrología a realizar controles metrológicos que el INTI tenía como exclusivas por su capacidad técnica y por su imparcialidad.

Continúa: «Luego, como los usuarios siguieron concurriendo por nuestros servicios, la gerencia de comercialización del INTI decidió aumentar considerablemente los aranceles de los servicios en un 300%«.

Además, cabe destacar que el Sistema Argentino de Calibración fue cerrado y no permitieron a esa red continuar con su labor que está técnicamente reconocida y avalada  por los laboratorios públicos y privados del país.

El Gobierno también disolvió la Dirección de Metrología Legal, que tenía por objetivo cuidar a la población en actividades donde existieran mediciones como el comercio y la salud. Y en medio de toda esta operación que señalan las y los trabajadores: «se desplazó al gerente de metrología histórico, no como un simple cambio de personal, sino como un ‘desguace‘ completo del engranaje metrológico del país».

El comunicado asegura que estas medidas tienen por único objetivo favorecer a unos pocos laboratorios dejando sin oportunidades a otros muchos laboratorios que hacían sus mediciones correctamente.

Advierte que se está convergiendo a una posición monopólica en favor de uno o dos actores en un sistema del que hasta hace poco participaban más de cien laboratorios, tanto públicos como privados. 

El escrito finaliza. «Actualmente, si bien seguimos con tareas, no vemos una línea laboral y de objetivos clara, institucional, sino que la sostenemos por nuestro propio convencimiento. Porque los funcionarios pasan, pero al INTI lo hacemos entre las y los trabajadores«.

Jesús Cabral

Soberanía digital: un desafío concreto para Argentina

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Mientras que las discusiones en torno a los usos de la inteligencia artificial (IA) que circulan por los medios se circunscriben a impactos sociales, culturales y educativos, hay hoy un tema urgente que merece su espacio en los titulares: cómo crecen los desafíos geopolíticos y ambientales en países del sur global, como en Argentina, con grandes extensiones de territorio y recursos naturales disponibles. Ya se habla no solo de la burbuja de la IA, sino también de la capacidad de estos monstruos de chupar energía. Las cinco Big Tech invertirán 736 millones de dólares entre 2025 y 2026, según Goldman Sachs, y la Agencia Internacional de Energía dice que, para el 2030, absorberán alrededor del 20 % de la demanda global de energía.

Cuando el año pasado se anunció la posibilidad de la construcción de un data center de OpenAl en la Patagonia, no fueron pocas las voces que alertaron sobre la pérdida de soberanía digital, además de los costos ambientales. Esta inversión se da en el marco del polémico RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones),impulsado por el actual Gobierno, que le quita al Estado nacional herramientas para exigir estándares ambientales, fiscales y de producción local, y que para muchos críticos no es más que un plan paulatino de entrega de recursos argentinos al mejor postor extranjero.

De hecho, se está discutiendo en el Congreso una reforma de la Ley de Glaciares que podría habilitar actividades hoy prohibidas en zonas protegidas como minería y obras de infraestructura, y que constituye un grave retroceso.

Yas García, directora de IA y datos para la Fundación Conocimiento Abierto y Jump Educación, lamenta la falta de transparencia de las negociaciones público-privadas. “Suele ser poco transparente porque mezcla uso de suelo, obras de red eléctrica, contratos de energía, beneficios fiscales (depende del país) y compromisos de empleo, pero bajo confidencialidad comercial”, critica. Agrega que el lanzamiento de Stargate Argentina con Sur Energy y Open AI simula una puerta de empleo, pero en realidad la fuerza laboral será, en un principio, para la construcción. “Es un punto favorable, pero no escalable. Luego permanecerá un equipo reducido”. La incógnita para ella es qué dice la letra pequeña de los verdaderos acuerdos. “¿Tierra?, ¿energía?, ¿quién paga las obras?”, se pregunta.

En un contexto en que las empresas se apresuran a hacer tratos circulares (OpenAI le paga a Oracle por capacidad informática, Oracle a Nvidia por chips y Nvidia invierte millones en OpenAI) y en que buscan cerrar contratos antes de que explote la burbuja, ya no parece exótica la idea de construir un data center en casi cualquier lugar, sean los Polos o hasta el espacio exterior.

Según Milagros Miceli, socióloga y doctora en ingeniería informática en DAIR Institute y Weizenbaum-Institut, la construcción de data centers juega un papel crucial en el convencimiento a los inversores. “El data center es un lugar tangible que se le puede mostrar a un inversor para decir estamos haciendo algo’. La construcción de data centers es un poco inseparable del tema de la burbuja de la IA, que definitivamente es una burbuja y que como tal se sostiene con una promesa: hay que invertir porque esto va a mejorar todo, porque esto va a revolucionar la industria”.

Miceli también resalta que, si bien desde un punto de vista técnico podría pensarse a los sistemas de automatización no como devoradores de energía y datos, sino como algo más sostenible, esto requeriría crear sistemas con menos datos, más cuidados y con infraestructuras mucho más pequeñas. “Pero esta no es la mentalidad que prima en la industria de la inteligencia artificial, sobre todo en Occidente, sobre todo en Silicon Valley”, lamenta.

Pero más allá de la mentalidad en el exterior, aquí las cosas no son mejores. Si afuera las grandes empresas no encuentran incentivos para suavizar el impacto ambiental que conlleva la instalación de estos centros, o marcos legales que las obliguen, en Argentina el proyecto político de “desregulación” se presta no solo para que el entramado de negociación no sea transparente, sino para beneficiar precisamente la falta de controles en todo el espectro.

Hace apenas unas semanas, el Ministro de Desregulación y Transformación, Federico Sturzenegger, comentaba públicamente —y contra tendencia a lo que sucede inclusive en el norte global— que su única tarea es que no aparezca una regulación con respecto a la IA. ¿Qué tipo de salvaguarda de algún tipo se puede esperar entonces?

Dependencia digital

Hay más riesgos para considerar aparte de los ambientales y más allá de si va a haber más claridad sobre las condiciones de desarrollo de la infraestructura y el uso de los recursos locales. Estamos hablando de algo muy importante que ya se advierte desde Nadia (Nodo Argentino de Inteligencia Artificial) en un manifiesto que publicaron: nuestra autonomía y nuestro rol en la cadena global de valor de la IA para no terminar como un mero “depósito” de data centers.

¿Qué gana Argentina con esto? Es una pregunta indispensable y extrapolable a toda la región, ya que hablar de producción de infraestructura y tecnología desde el Sur es uno de los mayores desafíos. “La soberanía digital no es negarse a inversiones: es negociar de forma que haya control, transparencia, retornos locales y protección de derechos”, contextualiza García. “Argentina tiene el potencial para ser un receptor de los grandes poderes de la tecnología, pero debemos fijar condiciones ahora como precedente regulatorio que quede instalado”.

¿Podemos entonces pensar en alternativas que sean más soberanas? ¿Y cómo se vería esa inversión en autonomía real? García asegura que para Argentina hay posibles empresas que pueden liderar una estrategia de soberanía, como YPF y Arsat, en el ámbito energético. “Pero la soberanía digital no la lidera un solo actor: requiere una estrategia país”, comenta.

“Necesitamos un ancla pública de infraestructura y conectividad, un sistema energético que garantice adicionalidad renovable y flexibilidad sin competir con la demanda local, y una serie de capacidades —universidades, ciencia y sector productivo— para capturar valor”, cierra. “Si solo atraemos máquinas sin construir capacidades, nos volvemos territorio de cómputo y no productores de tecnología”.

Laura Marajofsky

Ley de semillas: productores agrarios rechazan una parte clave del acuerdo comercial con EE.UU.

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En medio del debate por una eventual actualización del marco normativo en semillas, desde el norte argentino surgió una fuerte señal de alerta. La Asociación de Productores Agrícolas y Ganaderos del Norte (Apronor) cuestionó la posibilidad de avanzar hacia un esquema alineado con UPOV 91 y advirtió sobre un presunto riesgo de concentración del mercado y pérdida de derechos para los productores. UPOV 91 es un tratado internacional que amplía derechos a los obtentores en semillas y al cual el Gobierno se comprometió adherir en el acuerdo comercial con Estados Unidos.

En un comunicado, la entidad puso el foco en lo que considera un diagnóstico equivocado sobre el estancamiento productivo. “Más de un funcionario del actual Gobierno afirma que los volúmenes de producción en Argentina se mantienen estancados por no tener una nueva Ley de Semillas”, señalaron.

En esa línea, cuestionaron directamente la idea de que la adhesión a UPOV 91 sea la solución. “Se está instalando en los medios de comunicación especializados y no tan especializados en materia agropecuaria que nuestro país tiene que adherir a las normas UPOV 91”, indicaron.

El documento también incluyó críticas al Gobierno por el enfoque del problema. “El señor ministro Federico Sturzenegger falta a la verdad, confunde a la opinión pública, incluso tal vez al Presidente de la Nación”, afirmaron.

Para Apronor, el origen del estancamiento productivo no está en la legislación de semillas, sino en la presión impositiva. “Claramente nuestra producción no crece por efecto de los Derechos de Exportación (DEX), que desde hace años esquilman a nuestros productores y empobrecen los pueblos del interior de nuestra Patria”, expresaron.

En ese contexto, pidieron un cambio de enfoque en la política agropecuaria. “Le pedimos al ministro que no favorezca a unos pocos con RIGI y mate a muchos con DEX”, remarcaron.

En ese sentido, marcaron una diferencia clave en el modelo regulatorio. “Hablemos claro, Brasil adhiere a UPOV 78 (permite el uso propio) y no tiene Derechos de Exportación”, afirmaron
En ese sentido, marcaron una diferencia clave en el modelo regulatorio. “Hablemos claro, Brasil adhiere a UPOV 78 (permite el uso propio) y no tiene Derechos de Exportación”, afirmaronArchivo

Como contrapunto, el comunicado tomó el caso de Brasil para reforzar su postura. “En Brasil, el sector agropecuario pasó de representar el 18% al 25% del PBI en 10 años, y duplicó su producción total de granos en el mismo tiempo”, indicaron.

Además, destacaron el crecimiento sostenido del país vecino. “Alcanzó niveles récord (345 millones de toneladas), impulsada principalmente por soja y maíz”, señalaron.

En ese sentido, marcaron una diferencia clave en el modelo regulatorio. “Hablemos claro, Brasil adhiere a UPOV 78 (permite el uso propio) y no tiene Derechos de Exportación”, afirmaron.

Otro de los puntos críticos del documento apunta a la institucionalidad del sistema. “Es llamativo cómo funcionarios provenientes de distintos semilleros han ocupado los principales cargos del instituto [Inase] que tiene que ‘regular’ el área de semillas”, cuestionaron.

La entidad también puso en duda el perfil técnico de algunos funcionarios. “Igualmente, es llamativo que algunos sean abogados y no profesionales del área de producción”, remarcaron.

En ese marco, plantearon interrogantes sobre el alcance de eventuales controles. “¿A quiénes van a enviar cartas documento? ¿A quiénes van a llevar a juicio? ¿A quiénes van a multar? A buen entendedor…”, advirtieron.

El comunicado también diferenció la situación según el tipo de cultivo. En el caso del maíz, señalaron problemas productivos que, según indicaron, no reciben la atención necesaria. “En alógamas como el maíz el instituto del área y otros organismos del Estado parecen no preocuparse”, afirmaron. En particular, mencionaron dificultades sanitarias en el norte. “No hacen foco en los problemas graves que sufrimos, especialmente en el norte, por ejemplo, el complejo de enfermedades del achaparramiento del maíz”, indicaron.

Agregaron que en cultivos autógamos el control es más estricto. “En autógamas la situación cambia: el instituto envía cartas documento, aplica multas millonarias. Es inflexible y atenta permanentemente contra el uso propio de las semillas de los productores agropecuarios”, sostuvieron.

Incluso apuntaron contra decisiones regulatorias recientes. “Dictan resoluciones retroactivas (inconstitucionales) que parecieran redactadas en las oficinas de la poderosa asociación que nuclea a los semilleros (ASA)”, afirmaron.

Frente a este escenario, el tono del documento se volvió más enfático. “¡Señores productores, estemos alerta, vienen por nosotros!”, advirtieron.

Según señalaron, el avance regulatorio podría afectar prácticas históricas del sector. “Durante muchos años conservamos nuestras semillas y alimentamos a la humanidad toda”, remarcaron.

Recordaron planteos previos que, según indicaron, no se condicen con la realidad actual. “Todavía resuena la frase de algunos dirigentes del Norte: ‘no queremos que paguen multas, queremos que ustedes inviertan en genética’. Pero la realidad es que al Estado, como así a algunos semilleros, poco les importa la producción: solo les importa la recaudación/facturación”, señalaron.

Científicos «inventaron» una enfermedad para probar a la IA. La aceptó como real

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¿Tienes los ojos irritados y con picazón? Probablemente eres una de las millones de personas que pasan demasiado tiempo mirando pantallas, siendo bombardeadas con luz azul. Si te frotas los ojos demasiado, los párpados podrían adquirir un ligero tono rosado.

Hasta aquí, todo normal. Pero si, en los últimos 18 meses, usted escribió esos síntomas en una variedad de chatbots populares y preguntó qué le pasaba, podría haber obtenido una respuesta extraña: bixonimania.

La afección no aparece en la literatura médica estándar, porque no existe. Es la invención de un equipo dirigido por Almira Osmanovic Thunström, investigadora médica de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), quien se inventó la afección cutánea y luego subió dos estudios falsos sobre ella a un servidor de preimpresión a principios de 2024. Osmanovic Thunström llevó a cabo este inusual experimento para comprobar si los grandes modelos de lenguaje (LLM) tragarían la desinformación y luego la escupirían como un consejo de salud de buena reputación. «Quería ver si podía crear una afección médica que no existiera en la base de datos», dice.

El problema fue que el experimento funcionó demasiado bien. A las pocas semanas de que subiera información sobre la afección, atribuida a un autor ficticio, los principales sistemas de inteligencia artificial comenzaron a repetir la afección inventada como si fuera real.

Lo que resulta aún más preocupante, según otros investigadores, es que los artículos falsos fueron citados posteriormente en publicaciones revisadas por pares. Osmanovic Thunström afirma que esto sugiere que algunos investigadores se basan en referencias generadas por IA sin leer los artículos subyacentes.

Fingir una enfermedad

La bixonimanía no existía antes del 15 de marzo de 2024, cuando aparecieron dos entradas de blog sobre ella en el sitio web Medium. Luego, el 26 de abril y el 6 de mayo de ese año, aparecieron dos preimpresiones sobre la afección en la red social académica SciProfiles (véase doi.org/qzm5 y doi.org/qzm4). El autor principal era un investigador falso llamado Lazljiv Izgubljenovic, cuya fotografía fue creada con IA.

Osmanovic Thunström dice que la idea de inventar a Izgubljenovic y la bixonimania surgió de estudios sobre cómo funcionan los grandes modelos de lenguaje. Cuando enseña a sus alumnos cómo los sistemas de IA formulan su «conocimiento», les muestra cómo la base de datos Common Crawl, una gigantesca red de los contenidos de Internet, informa sus resultados. También les muestra a los estudiantes cómo la inyección de instrucciones —darle a un chatbot de IA una instrucción que lo desvía de sus barreras de seguridad— puede manipular el resultado.

Como trabaja en el campo de la medicina, decidió crear una afección relacionada con la salud y se le ocurrió el nombre de bixonimania porque «sonaba ridículo», dice. «Quería dejar muy claro a cualquier médico o miembro del personal médico que esta es una afección inventada, porque ninguna afección ocular se llamaría manía, ese es un término psiquiátrico».

Por si esto no fuera suficiente para levantar sospechas, Osmanovic Thunström sembró muchas pistas en los preprints para alertar a los lectores de que el trabajo era falso. Izgubljenovic trabaja en una universidad inexistente llamada Asteria Horizon University, en la igualmente ficticia Nova City, California. En los agradecimientos de un artículo se da las gracias a «la profesora Maria Bohm de la Academia de la Flota Estelar por su amabilidad y generosidad al contribuir con sus conocimientos y su laboratorio a bordo de la USS Enterprise». Ambos periódicos afirman que fueron financiados por la «Fundación Profesor Sideshow Bob para su trabajo en el arte del engaño avanzado». Este trabajo forma parte de una iniciativa de financiación más amplia de la Universidad de Fellowship of the Ring y la Tríada Galáctica.

Incluso si los lectores no llegaran hasta el final de los artículos, habrían encontrado señales de alerta desde el principio, como las afirmaciones de que «todo este artículo es inventado» y «se reclutaron cincuenta individuos inventados de entre 20 y 50 años para el grupo de exposición».

Triptych showing close-up views of slightly swollen and red eyelids.
AI-generated images of bixonimania, a fictitious illness.Source: Preprints.org doi.org/qzm4 (2024).

Poco después de que Osmanovic Thunström publicara por primera vez información sobre la condición falsa, esta comenzó a aparecer en los resultados de los chatbots de modelos de lenguaje grande más utilizados. El 13 de abril de 2024, el Copilot de Microsoft Bing declaraba que «la bixonimanía es, en efecto, una afección intrigante y relativamente rara», y el mismo día, el Gemini de Google informaba a los usuarios de que «la bixonimanía es una afección causada por la exposición excesiva a la luz azul» y les aconsejaba visitar a un oftalmólogo. El 27 de abril de 2024, el motor de respuestas de Perplexity AI describió su prevalencia (una de cada 90.000 personas se veía afectada) y ese mismo mes, el GPT de OpenAI les decía a los usuarios si sus síntomas equivalían a bixonimania. Algunas de esas respuestas se obtuvieron al preguntar sobre la bixonimania, y otras fueron en respuesta a preguntas sobre la hiperpigmentación en los párpados por la exposición a la luz azul.

Estas respuestas de los modelos de lenguaje grandes han alarmado a algunos expertos. «Si el proceso científico en sí y los sistemas que lo sustentan son competentes, y no están captando y filtrando fragmentos como estos, estamos condenados», afirma Alex Ruani, investigadora doctoral en desinformación sanitaria en el University College de Londres. «Esta es una clase magistral sobre cómo operan la desinformación y la información errónea».

Ruani dice que los detalles del experimento de la enfermedad falsa pueden parecer tontos, pero hay un problema más grande y fundamental. «Tiene una pinta rara, pero espera, tenemos un problema aquí», dice ella.

La desinformación en línea no es algo nuevo; Google lleva mucho tiempo luchando contra los intentos de manipular sus clasificaciones de búsqueda con contenido falso o engañoso. La empresa y otras han pasado años perfeccionando algoritmos para clasificar y filtrar la información que los motores de búsqueda presentan a los usuarios, pero los LLM tienen dificultades con esto.

Desde que salieron los documentos falsos, algunas versiones de los principales modelos de lenguaje han llegado a ser lo suficientemente sofisticadas como para expresar sospechas sobre la bixonimania. Cuando se le preguntó sobre la condición el 11 de marzo de 2026, por ejemplo, el chatGPT declaró que la condición «es probablemente una etiqueta inventada, marginal o pseudocientífica». Pero unos días después, el propio chatGPT se mostró menos escéptico y afirmó: «La bixonimania es un nuevo subtipo propuesto de melanosis periorbital (ojeras) que se cree que está asociado con la exposición a la luz azul de las pantallas digitales».

A mediados de marzo, Microsoft Copilot afirmó que la bixonimania «aún no es un diagnóstico médico ampliamente reconocido, pero varios artículos y reportes de casos emergentes la discuten como una condición benigna y mal diagnosticada, vinculada a la exposición prolongada a fuentes de luz azul como las pantallas».

Y en enero de este año, Perplexity describía la bixonimanía como «un término emergente». Al mostrarle esa respuesta, un portavoz de Perplexity dijo: «La principal ventaja de Perplexity es la precisión». No pretendemos ser 100 % precisos, pero sí afirmamos ser la empresa de IA más centrada en la precisión.

Un portavoz de OpenAI dijo: «Los modelos que impulsan la versión actual de ChatGPT son significativamente mejores para proporcionar información médica segura y precisa, y los estudios realizados antes de GPT-5 reflejan capacidades que los usuarios no encontrarían hoy en día».

Cuando se le preguntó sobre las respuestas anteriores de Gemini que trataban la bixonomanía como una condición real, un portavoz de Google dijo que tales resultados reflejaban el rendimiento de un modelo anterior. Añadieron: «Siempre hemos sido transparentes sobre las limitaciones de la IA generativa y proporcionamos indicaciones en la aplicación para animar a los usuarios a verificar la información». Para asuntos delicados como el asesoramiento médico, Gemini recomienda a los usuarios que consulten con profesionales cualificados.

Microsoft no respondió a una solicitud de comentarios.

Parte del problema es que los modelos de IA pueden ofrecer resultados muy diferentes dependiendo de lo que se les pregunte y del tipo de información en la que se basen. Busca «bixonimania» y la descripción general de IA de Google podría tratarlo como una afección legítima. Pregúntale: «¿Es real la bixonimania?» y la misma descripción general de la IA podría confirmar que no es legítima.

Mahmud Omar, médico e investigador especializado en las aplicaciones de la IA en la atención sanitaria en la Facultad de Medicina de Harvard en Boston, Massachusetts, dice que la velocidad a la que las empresas de IA están implementando nuevos modelos hace que sea difícil llegar a «una cartera de proyectos, un consenso o una metodología para probar automáticamente cada modelo».

El formato del experimento de la enfermedad falsa, y la forma en que los resultados pretendían provenir de una fuente oficial, es decir, un artículo académico, podría haber sido un factor clave en su éxito. En un estudio independiente de 20 LLM, Omar descubrió que los LLM son más propensos a alucinar y a elaborar información errónea cuando el texto que procesan parece profesionalmente médico (formateado como una nota de alta hospitalaria o un artículo clínico) que cuando procede de publicaciones en redes sociales (M. Omar et al. Lancet Digit. Salud 8, 100949; 2026). «Cuando el texto tiene un aspecto profesional y está escrito como lo haría un médico, aumentan las tasas de alucinación», afirma Omar.

El alcance del experimento se ha extendido ahora a la literatura médica publicada. La investigación sobre la bixonimania ha sido citada por un puñado de investigadores, incluido un estudio que apareció en Cureus, una revista publicada por Springer Nature, la editorial de Nature, por investigadores del Instituto Maharishi Markandeshwar de Ciencias Médicas e Investigación en Mullana, India (S. Banchhor et al. Cureus 16, e74625 (2024); retractación 18, r223 (2026)). (El equipo de noticias de Nature es editorialmente independiente de su editor). Ese estudio cita uno de los preprints falsos y dice: «La bixonimania es una forma emergente de POM [melanosis periorbital] vinculada a la exposición a la luz azul; se está investigando más a fondo el mecanismo».

El autor correspondiente no respondió a una solicitud de comentarios sobre esta historia. Después de que Nature se pusiera en contacto con Cureus para pedirle comentarios, la revista retiró el artículo el 30 de marzo. El aviso de retracción dice: «Este artículo ha sido retirado por el editor en jefe debido a la presencia de tres referencias irrelevantes, incluida una referencia a una enfermedad ficticia. Como resultado, el equipo editorial de la revista ya no confía en la exactitud ni en la procedencia del trabajo, por lo que se requiere su retractación. Los autores no están de acuerdo con la decisión de retractarse.

Ruani afirma que el problema va más allá de los modelos de lenguaje grandes, porque el experimento de la bixonimanía también engañó a los humanos que citaron la investigación falsa. «Tenemos que proteger nuestra confianza como si fuera oro», dice. «Ahora mismo es un desastre».

Cuestiones experimentales

Osmanovic Thunström tuvo reservas al desarrollar su experimento; le preocupaban los riesgos de sembrar una enfermedad falsa en la literatura científica. Así que se puso en contacto con un asesor de ética para evaluar las preocupaciones sobre el trabajo y eligió una condición de riesgo comparativamente bajo para limitar el impacto. «Quería asegurarme de que no estuviéramos causando más daño que bien al demostrarlo de esta manera», dice.

Ese asesor, David Sundemo, médico que investiga la IA en la atención sanitaria en la Universidad de Gotemburgo, afirma que la decisión estuvo finamente equilibrada. «Creo que es un trabajo muy valioso, pero también es un poco controvertido en algunos aspectos, especialmente cuando se trata de mostrar esta información falsa», dice. «Desde mi punto de vista, vale la pena el coste ético de plantar información falsa a este respecto», dice Sundemo.

Pero incluso con esas comprobaciones, el experimento resulta incómodo para algunos investigadores. «Me parece que han generado una forma de desinformación», dice Glenn Cohen, de la Facultad de Derecho de Harvard en Cambridge, Massachusetts, quien se especializa en la intersección de la ética médica y el derecho. Sin embargo, sigue diciendo que le parece un «gran estudio» y que «el seguimiento de los resultados es bueno».

Por su parte, Osmanovic Thunström está indecisa sobre qué hacer con los dos artículos falsos y lo discutirá con otros investigadores. «Si se retira, podría ser difícil para otros encontrar la fuente y verificar nuestro camino», dice. «Si se deja, seguirá apareciendo en las búsquedas». La pregunta que siente que debe abordar es si dejar los preprints disponibles hace más daño que bien al demostrar los problemas potenciales de la IA.

El experimento de la bixonimanía es una nueva vuelta de tuerca a un problema mayor: el envenenamiento de los sistemas de IA por parte de personas que manipulan la literatura académica. Elisabeth Bik, microbióloga y detective de la integridad en la investigación, señala que los investigadores han creado libros y artículos falsos para inflar sus recuentos de citas en Google Scholar, explotando así los mismos sistemas de indexación automatizados que alimentan los datos de entrenamiento de los LLM. La preocupación es que cuanto más contenido falso se introduce en los modelos de IA, más probable es que esos modelos de IA regurgiten la información falsa, alejándonos aún más de los hechos y la realidad. «Todo está automatizado, por lo que hay muy pocas posibilidades de que un humano interfiera y elimine información falsa», dice.

Es especialmente peligroso cuando la información fabricada se filtra en las guías médicas de los modelos de lenguaje grandes, dice Bik. «Eso puede ser muy perjudicial». Y a medida que más empresas de IA lanzan productos centrados en la salud (OpenAI lanzó ChatGPT Health en enero, por ejemplo), el daño potencial resultante de cualquier error aumenta, según informaron algunos investigadores a Nature.

OpenAI cuestiona esa opinión. «El sistema de salud de ChatGPT está impulsado por nuestros últimos modelos que ofrecen el mayor rendimiento en el uso de la salud en el mundo real, un razonamiento clínico más sólido, menos errores fácticos y un mejor rendimiento en las evaluaciones», dice un portavoz de OpenAI. Añaden que los resultados de Osmanovic Thunström «reflejan capacidades que los usuarios no encontrarían hoy en día en ChatGPT o en la versión para profesionales de la salud de este programa».

Sin embargo, entre algunos investigadores existe un escepticismo creciente sobre las capacidades de los modelos de IA en medicina. Cuando se le preguntó sobre este tipo de uso, Cohen dijo: «Hay preguntas abiertas sobre cuánta confianza merece, especialmente en lo que respecta a cuestiones específicas de la aplicación».

La tendencia acrítica de la IA a absorber información, a menudo sin verificar su exactitud, significa que existe el riesgo de que podamos ver una «asimetría de la información», dice Jennifer Byrne, oncóloga molecular y detective de integridad de la investigación en la Universidad de Sídney en Australia. Un solo artículo correctivo sobre la investigación del cáncer, por ejemplo, puede verse abrumado por cientos de artículos que repiten una afirmación falsa, dice. «El chatGPT tiene bastante confianza en rellenar los huecos y dar a la gente todo tipo de información sobre el origen de esa línea celular, el paciente del que procede, cómo se ha utilizado en la literatura, su utilidad en la investigación, etc.», dice.

Y si los modelos de lenguaje grandes pueden ser envenenados, «esto es algo que nos preocupa», dice Byrne.

Otra preocupación es que los modelos podrían ser manipulados, potencialmente para obtener un beneficio comercial. Osmanovic Thunström afirma que un actor malintencionado podría explotar la misma técnica que ella utilizó con fines de lucro. «¿Y si yo fuera una vendedora de gafas de luz azul y quisiera usar esto como argumento?», dice. Un posible vendedor podría decir: «Puedes hablar con ChatGPT y te dirá que esto es un problema». «Puedes evitarlo con estas gafas tan caras», sugiere.

Una forma de abordar esto sería tener un proceso de evaluación automatizado y de acceso abierto: una batería estandarizada de pruebas que todos los modelos de salud orientados al consumidor tendrían que superar antes de su implementación, comprobando no solo las alucinaciones, sino también la susceptibilidad a la desinformación, los sesgos sociodemográficos y otros puntos de presión. «Deberíamos evaluarlo y tener un plan para una evaluación continua», dice Omar.

El tiempo apremia, porque a Byrne le preocupa que el problema identificado por Osmanovic Thunström sea solo la punta del iceberg. «Es preocupante que estas afirmaciones tan importantes se acepten sin cuestionarlas en la literatura o en la revisión por pares», afirma. «Creo que probablemente haya muchos otros problemas que no se han descubierto».

Eso es algo que también preocupa a otros expertos, ya que la IA se está convirtiendo en la norma en todas las áreas de nuestras vidas, incluida la forma en que las personas piensan sobre su salud. «Nosotros y nuestra salud no deberíamos ser los probadores beta de las empresas», dice Cohen.

Chris Stokel-Walker

Modi anuncia el encendido del reactor nuclear más avanzado de India

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El primer ministro indio, Narendra Modi, ha anunciado que el Reactor Prototipo de Reproducción Rápida (PFBR) de Kalpakkam, en el estado sureño de Tamil Nadu, ha alcanzado la «criticidad», un hito técnico que marca el inicio de una reacción nuclear en cadena autosostenible.

«Hoy, la India da un paso decisivo en su viaje nuclear civil. El reactor de diseño y construcción nacional ha alcanzado la criticidad. Este reactor avanzado, capaz de producir más combustible del que consume, refleja la profundidad de nuestra capacidad científica», escribió Modi en la red social X.

Este avance sitúa a India en la vanguardia tecnológica mundial, uniéndose a Rusia y China como las únicas naciones con reactores rápidos de gran potencia en fase operativa o de pruebas avanzadas.

Mientras Rusia opera modelos a escala comercial y China mantiene un reactor de demostración desde 2023, India busca con esta planta de 500 megavatios eléctricos (MWe) la viabilidad comercial para su independencia energética.

Modi ya había visitado la planta el 4 de marzo de 2024 para presidir el inicio de la carga del combustible en el núcleo, que marcó el comienzo de la fase final de pruebas.

El reactor nuclear de India

La clave de este reactor es su capacidad para «reproducir» combustible mediante neutrones rápidos, lo que permitirá al país utilizar sus inmensas reservas de torio y alcanzar la independencia energética total, según datos del Departamento de Energía Atómica.

La criticidad del reactor se ha alcanzado tras una gestión accidentada que obligó a retrasar el encendido efectivo dos años desde que comenzara la carga de combustible en marzo de 2024, debido a fallos mecánicos en los sistemas de transferencia.

Informes de auditoría del Comité Parlamentario de Ciencia y Tecnología de India revelan un retraso acumulado de 16 años respecto a la planificación original de 2010, lo que ha disparado el presupuesto desde los 34.920 millones de rupias indias iniciales (unos 325,4 millones de euros) hasta los 81.810 millones reportados en junio de 2025, unos 762,5 millones de euros al cambio de hoy.

Tras alcanzar la criticidad este lunes, el reactor iniciará ahora una fase de pruebas a baja potencia bajo la supervisión de la Junta Reguladora de Energía Atómica antes de su conexión definitiva a la red eléctrica, prevista para finales de este 2026.

43 años de la central Embalse: un hito en el desarrollo de la energía nuclear en Argentina

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La energía nuclear vuelve a posicionarse como un pilar estratégico en la matriz energética global. Un buen momento para recordar que en marzo de 2026, la Central Nuclear Embalse cumplió 43 años desde la puesta en marcha de su reactor, mientras que Atucha I continúa destacándose como una de las instalaciones más emblemáticas del país. Ambas centrales no solo celebran su trayectoria, sino que refuerzan su rol en la generación eléctrica nacional.

Actualmente, las centrales nucleares aportan alrededor del 10% de la electricidad que se consume en Argentina, un porcentaje que resulta clave para garantizar un suministro constante y reducir la dependencia de combustibles fósiles. En un escenario global marcado por la transición energética, el sector nuclear se mantiene como una fuente confiable y de bajas emisiones.

En el caso de Embalse, ubicada en la provincia de Córdoba, el aniversario cobra especial relevancia. El 13 de marzo se cumplieron 43 años de la puesta en marcha de su reactor, que cuenta con una potencia de 656 MW. Se trata de la segunda central nuclear construida en el país y una de las más importantes del sistema eléctrico nacional.

Tras finalizar su primer ciclo operativo en 2015, la planta atravesó un ambicioso Proyecto de Extensión de Vida, que concluyó en 2019 y le permitió iniciar un nuevo ciclo de operación por otros 30 años. Este proceso incluyó trabajos de gran complejidad técnica, como el recambio de tubos de presión, generadores de vapor y sistemas informáticos.

La obra no solo permitió modernizar la central, sino que también tuvo un fuerte impacto económico y tecnológico. Más de 3000 personas participaron de manera directa en el proyecto, que además impulsó el desarrollo de proveedores nacionales especializados en bienes y servicios de alta complejidad.

Gracias a esta extensión de vida, Embalse continuará aportando energía segura y confiable para más de 3 millones de habitantes. Además, contribuye a diversificar la matriz energética, reducir emisiones de gases de efecto invernadero y sostener el empleo de más de 1000 familias durante las próximas décadas.

Otro aspecto destacado es su capacidad para producir Cobalto 60, un insumo clave utilizado en aplicaciones médicas e industriales, que también se exporta. Este valor agregado posiciona a la central no solo como generadora de electricidad, sino también como un actor relevante en el desarrollo tecnológico.

Por su parte, la Central Nuclear Atucha I, ubicada en Lima, provincia de Buenos Aires, continúa siendo un símbolo de la historia nuclear argentina. Desde su primera conexión a la red en 1974, se consolidó como la primera central nuclear de América Latina y mantiene su operación con una potencia de 362 MW.

Atucha I utiliza una combinación de uranio natural y levemente enriquecido, y su tecnología basada en agua pesada le permite operar con altos estándares de seguridad. A lo largo de su historia, ha contribuido al ahorro de recursos naturales y a la reducción del impacto ambiental, evitando emisiones contaminantes.

El complejo nuclear argentino se completa con Atucha II, una central de mayor potencia —745 MW— que fue finalizada tras la reactivación del Plan Nuclear en 2006. Su puesta en funcionamiento permitió recuperar capacidades técnicas e industriales en el país, fortaleciendo el desarrollo del sector.

La historia nuclear argentina se remonta a más de seis décadas, cuando el Estado comenzó a impulsar esta actividad como parte de una visión estratégica de largo plazo. Desde entonces, el país ha desarrollado tecnología propia, recursos humanos especializados y una infraestructura que lo posiciona entre las naciones con capacidad nuclear.

De cara al futuro, el desarrollo del sector aparece como un componente clave en la planificación energética hacia 2050. La extensión de vida de las centrales existentes y la eventual expansión del parque nucleoeléctrico forman parte de los desafíos para garantizar el abastecimiento y avanzar hacia una matriz más diversificada y sustentable.

En ese marco, el aniversario de Embalse no solo celebra su historia, sino que también refleja la continuidad de una política energética que apuesta por la innovación, la soberanía tecnológica y la seguridad en el suministro eléctrico.