Argentina planteó en la COP27: necesitará u$s 185 mil millones hasta 2030 por el cambio climático
Esta cifra la presentó la delegación argentina en lla conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, COP27, que se reunió en Egipto.
Argentina necesita 185 mil millones de dólares para mitigar y adaptarse al cambio climático desde hoy hasta 2030. Así lo anunció en la conferencia la jefa de la delegación de nuestro país, la Secretaria de Cambio Climático argentino, Cecilia Nicolini. Esta gigantesca conferencia reunió más de 33.000 personas de 200 países, incluidos varios de los principales líderes mundiales, en Sharm El Sheikh, Egipto. Cuyos traslados en avión hicieron, necesariamente, un aporte no mínimo a la emisión de gases de invernadero, y de ese modo al calentamiento global. El planteo argentino está dentro del contexto de un evento donde por primera vez las grandes potencias -generalmente también los grandes emisores- aceptaron tratar el concepto de «Losses & Damages», Pérdidas y Daños, provocados por el cambio climático. Y las cifras son generalmente de miles de millones de dólares. “Juntos por la implementación” es el título que puso a la Conferencia el gobierno de Egipto, en referencia a que se trata de llevar del papel a la realidad, por fin, los objetivos que el mundo fijó en 2015, a través del Acuerdo de París, para la contención del cambio climático.Posición argentina:
“Queremos que los países que más contribuyeron y más siguen contribuyendo al cambio climático se hagan responsables y que el financiamiento llegue en tiempo y forma para que las transformaciones de nuestra economía tengan impacto en el territorio”, dijo Nicolini en diálogo con los periodistas argentinos que asisten a la COP 27, a la que no vino el presidente Alberto Fernández y ni siquiera asistió el ministro de Ambiente, Juan Cabandié. La secretaria presentó en Sharm El Sheikh una actualización de Plan Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático, ante un grupo compuesto básicamente por funcionarios y activistas ambientales argentinos, con 250 medidas para lograr una Argentina “sostenible, inclusive e innovadora a 2030”. Pero la Argentina, que se esfuerza en aparecer del lado «bueno» en las cotroversias sobre las medidas concretas para aminorar el calentamiento global, no está en condiciones de unirse -por ejemplo- al clamor de los activistas contra los combustibles fósiles. La propia Nicolini admitió que Argentina no puede darse el lujo de desaprovechar el potencial de hidrocarburos de Vaca Muerta. “Diversificar nuestra matriz energética es un compromiso, pero no va a ser de un día para el otro. Argentina tiene la segunda reserva de gas natural más importante en el mundo. El gas natural es fundamental para el desarrollo económico argentino y sirve para la transición a corto y mediano plazo. El abandono de los combustibles fósiles es un objetivo a largo plazo”, dijo. En ese sentido, consideró positiva la inversión que está haciendo el Estado para ampliar la capacidad de transporte de gas natural y dijo que, para ampliar su generación de energías renovables, es también imprescindible que la Argentina amplíe también su capacidad de transporte de electricidad. También la Secretaría de Agricultura argentina estuvo presente en Sharm El Sheikh, encabezada por el secretario Juan José Bahillo, quien llegó con una delegación que levantó la bandera de la sostenibilidad de la producción agropecuaria nacional, frente a cuestionamientos que llegan de los países ricos. Se apunta, fundamentalmente, a la ganadería, por su elevada emisión de gases de efecto invernadero. “La agricultura argentina está entre las más eficientes del mundo y tenemos un rol decisivo en la seguridad alimentaria mundial”, dijo el subsecretario de Coordinación Política de la secretaría de Agricultura, Ariel Martínez. Martínez aseguró que Argentina produce el 4% del total de alimentos que se comercializan en el mundo, pero que sólo emite el 0,3% de los gases de efecto invernadero globales. “Quiere decir que tenemos un impacto insignificante en términos de cambio climático, pero si dejamos de producir se generaría un impacto gravísimo en términos de la seguridad alimentaria”, concluyó.Resumen y resultados de la COP27
El llamado Sur global (hace algunas décadas se decía «el Tercer Mundo» intentó presionar para que las naciones desarrolladas no sólo cumplan con su promesa realizada en 2009 de aportar 100.000 millones de dólares anuales para acción climática, sino que aumentan esa cifra. Como anticipamos en AgendAR, el giro diplomático de China, al apoyar por primera vez estas mociones, contribuyó a que Estados Unidos no las bloqueara, como había sucedido en la COP26 y anteriores. Así, como sintetizó el periodista Nicolás Deza en las redes sociales, El texto final del documento de la COP 27 que se consensuó este domingo finalmente no incluyó un llamado explícito a eliminar los combustibles fósiles («phase out fossil fuels»). Sí introduce un elemento nuevo: llama a crear un fondo internacional para compensar los daños causados por eventos climáticos en los países no desarrollados. Pero no dice cómo se financiará.Premio Nacional L’Oréal-Unesco a una científica argentina. Regeneración de los huesos
Carla Giacomelli trabaja en el Instituto de Investigaciones en Físico-Química de Córdoba. Fue reconocida por su trabajo sobre biomateriales para implantes que usan genes para regenerar el hueso. El premio aporta $ 1,5 millones.
Esta semana se concretó una nueva edición, la 16a, de uno de los premios más prestigiosos que distingue a las mejores científicas argentinas: el Premio Nacional L’Oréal-Unesco Por las Mujeres en la Ciencia, que recayó en el equipo que dirige Carla Giacomelli, investigadora del Conicet en el Instituto de Investigaciones en Físico-Química de Córdoba. ¿Su mérito? Avanzar en el desarrollo de nuevos biomateriales médicos para facilitar la recuperación de pacientes que necesitan implantes, facilitando la regeneración ósea. “La mayoría de las fracturas se solucionan solas. Pero en entre el 5% y el 10% de los casos los traumas óseos o desgastes requieren intervenciones quirúrgicas donde se colocan prótesis metálicas o injertos sintéticos”, dijo la todavía sorprendida ganadora del premio. Y Giacomelli –profesora titular del Departamento de Fisicoquímica de la Universidad Nacional de Córdoba– agregó: “Pero a veces los biomateriales sintéticos generan inconvenientes o rechazos que terminan en reintervenciones quirúrgicas y las prótesis no terminan de integrarse completamente a los tejidos del paciente”. Buscando solucionar ese problema, su grupo planteó desarrollar un nuevo tipo de material biocompatible para implantes, que además de dar soporte o inmovilizar y fijar el hueso, tenga funcionalidades terapéuticas.
Enrique Garabetyan
La nave ‘Orión’ de la misión Artemis está en órbita alrededor de la Luna
La nave ‘Orión’ de la mision Artemis de la NASA está sobrevolando la Luna. La belleza de la foto lo dice todo.
Artemis I es una misión orbital lunar sin tripulación, el primer vuelo espacial del programa Artemis de la Nasa. Se trata de la primera prueba de vuelo integrada de la nave espacial Orión y el megacohete Space Launch System, SLS, que despegó el 16 de noviembre del Centro Kennedy en Florida para una misión de ida y vuelta de 25 días al vecindario lunar. El objetivo final es que los astronautas de la Nasa vuelvan a pisar la Luna, medio siglo después del programa Apolo. Orion permanecerá en esta órbita durante aproximadamente una semana para probar los sistemas de la nave espacial. El retrógrado distante llevará a Orión 65.000 kilómetros más allá de la Luna antes de que regrese a la Tierra. La mayor distancia de Orión a la Tierra será el lunes 28 de noviembre, en más de 432.000 kilómetros. La mayor distancia de Orión a la Luna será el viernes 25 de noviembre, a más de 76.000 kilómetros por hora. Su acercamiento mayor a la superficie lunar será de 130 kilómetros. D
Esta es una de las fotos que tomó la misión Apolo 8, la primera vez que ojos humanos contemplaron la Tierra desde la Luna. Fue hace 54 años. Después hubo otras misiones, pero pasó medio siglo sin otras visitas. Esta vez, la intención es permanecer.
¿Se puede ser original para difundir las bondades de la energía nuclear? Si, se puede…
Collins Wafula, de Kenia 🇰🇪, rapeando sobre la energía nuclear. #Atoms4Climatepic.twitter.com/49BrjV8r7b
— Operador Nuclear (@OperadorNuclear) November 19, 2022
Todo lo que necesita saber sobre el litio. Y propuestas sobre cómo aprovecharlo en Argentina
Qué es el litio
El litio es un elemento químico con el símbolo Li: un metal alcalino blando de color blanco plata. No ocurre libremente en la naturaleza, sino en compuestos: por ejemplo, disuelto en agua de mar y en el fluido residual de la producción de petróleo, pero la mayor concentración -y la explotable- se encuentra principalmente en un determinado tipo de roca (espodumeno) y en salmuera. Si bien se utiliza litio hace tiempo en la medicina, la elaboración de cerámicas y vidrios o la fabricación de baterías, el aumento explosivo de la demanda surgió a partir de la aceleración de la transición a la electromovilidad y – aún en menor medida- el almacenamiento de energía renovable. Según la Comisión Chilena del Cobre (COCHILCO) la demanda mundial de litio pasará de 465 mil toneladas en 2021 a 2114 mil toneladas en 2030.Yacimientos y producción global de litio
Actualmente, los mayores productores de litio son Australia (46%), Chile (23%) y China (16%). En conjunto extraen aproximadamente el 86% del total global. Argentina, con un 7% del mercado, es el cuarto productor del mundo. En el triángulo del litio, que compartimos entre Argentina, Bolivia y Chile, se concentra más del 56% de los recursos de litio identificados en el mundo. Martín Obaya, en esta nota, hace un repaso por las principales estrategias de cada uno de los países para la explotación del mineral. Sin embargo, cuando miramos las reservas (los recursos económica y técnicamente explotables), nos encontramos con que Chile tiene el 51%, seguido por Australia con el 16% y Argentina con el 10%, seguidos por China (6%), Estados Unidos y Canadá (6%) y otros. Dadas las características de los recursos bolivianos, no son clasificados como reservas aún.El impacto ambiental
Si hubiera que explicarlo en una oración, la minería de litio de salmuera consiste en bombear el agua subterránea y exponerla al viento y la radiación solar en grandes piletones para que el mineral de interés se concentre y luego poder separarlo en una planta química. Este proceso tiene dos impactos ambientales principales. Por un lado, la acumulación de sales de descarte y, por el otro, la afectación del agua a través de la extracción de salmuera, el uso de agua dulce y -potencialmente- la infiltración entre acuíferos. La doctora en Química Victoria Flexer explica este proceso de obtención del litio en profundidad, los impactos ambientales que genera, qué alternativas están desarrollando en el Centro de Investigación y Desarrollo en Materiales Avanzados y Almacenamiento de Energía de Jujuy (CIDMEJU) que ella dirige, y cómo funciona la vinculación tecnológica y qué desafíos tiene en el país. En este punto, el fortalecimiento de las capacidades estatales resulta clave para monitorear los impactos, sobre todo -en la medida que más proyectos entran en producción- el efecto agregado sobre los ecosistemas. Asimismo, la actualización de los mecanismos de vinculación tecnológica, resulta menester para permitir una asociación más fluida entre el sector productivo y el de ciencia y técnica.El litio y los territorios
En la mayoría de los salares argentinos habitan comunidades indígenas ancestralmente. La doctora en Ciencia Política Deborah Pragier cuenta en esta entrevista sobre las limitaciones de las instancias de consulta a las comunidades y que, frente a la llegada de los proyectos litíferos, las comunidades responden de manera diversa, planteando posiciones y exigencias diferentes a las autoridades y empresas. Por ejemplo, en Jujuy las comunidades del salar Salinas Grandes se han opuesto a los proyectos de explotación, mientras que las vecinas al salar de Olaroz han aceptado la instalación. Asimismo, sostiene que luego de la aceptación de los proyectos la negociación entre las comunidades y las empresas por los cánones, empleos y demás es considerado un acuerdo entre privados, generando así situaciones de desigualdad de poder e información donde el rol del Estado como garante no está regulado.Quién explota el litio
Actualmente, Argentina tiene dos plantas de producción de litio operativas: uno de la empresa Sales de Jujuy en el Salar de Olaroz (Jujuy) y el otro es el proyecto Fénix de Livent en el Salar de Hombre Muerto, (Catamarca) que a su vez están ampliando sus capacidades productivas. Al mismo tiempo, hay varios proyectos en construcción. El más avanzado comenzará a operar este año y es de la minera Exar, también en Jujuy, en el Salar Cauchari. El presidente de la minera Exar, Franco Mignacco, explica en esta entrevista por qué el régimen actual argentino resulta más atractivo que el de los otros dos integrantes del triángulo del litio, lo cual les abre una gran ventana de oportunidad para producir litio en nuestro país. Por su parte, Sales de Jujuy es operada por Allkem, una empresa de capitales australianos. Hersen Porta, su COO, habla en esta nota de una articulación muy productiva con la provincia y las comunidades locales y sostiene que el aumento de la demanda de litio a nivel mundial indica que el futuro del sector solo puede ser de crecimiento. Pero Sales de Jujuy no es propiedad exclusiva de Allkem. Gracias a un arreglo institucional particular de la provincia, un 8,5% de las acciones pertenecen a JEMSE, la empresa estatal de minería de la provincia de Jujuy. Araceli Guzmán, la jefa de operaciones mineras de la compañía, cuenta cuándo y por qué se creó JEMSE, cómo abordan la conflictividad socioambiental -particularmente en Salinas Grandes-, y las diversas exigencias que piden -y pedirán- a las empresas para entrar al negocio del litio en Jujuy. En este punto también vale resaltar la creación de YPF Litio en 2022. La entrada de la firma al sector brinda oportunidades en el desarrollo de proyectos de exploración como el que está llevando adelante en Fiambalá, Catamarca, el desarrollo tecnológico a través de YTEC a partir de la planta laboratorio de fabricación de celdas de batería en Ensenada y de la investigación sobre tecnologías de extracción directa de Litio que están llevando a cabo junto al CICDEMJU-CONICET, como así también en la aplicación de 100 años de experiencia adquirida en el sector hidrocarburos en roles como la exploración, la respuesta a desafíos logísticos, y la investigación y el desarrollo aplicado a la mejora de procesos.Un marco normativo para el litio
El investigador Martín Obaya analiza los modelos de abordaje del litio en el triángulo sudamericano y sostiene que Chile tiene un modelo de captura de la renta minera y un nuevo rol para el Estado, Bolivia busca un esquema de control estatal e integración de la cadena de valor, mientras que en Argentina se desarrolla un modelo de liberalismo y fragmentación federal. Bajando un escalón administrativo, Carlos Freytes y Víctor Delbuono de Fundar observan en esta nota que la creación de capacidades productivas y tecnológicas en torno al litio enfrenta desafíos de diversa índole y que el régimen federal de gobernanza precisa una mayor coordinación entre niveles de gobierno para construir una política integral para el recurso. Asimismo, la secretaria de Minería Fernanda Ávila resalta en esta entrevista la importancia de la estabilidad regulatoria para la inversión, así como el fortalecimiento del control estatal y cuenta algunas medidas como la adhesión a Iniciativa de Transparencia de Industrias Extractivas (EITI, por sus siglas en inglés), el Sistema de Información Abierta a la Comunidad sobre la Actividad Minera (SIACAM) y la Mesa de Minería Abierta a la Comunidad (MEMAC) para abordar algunos de los desafíos del sector. El tiempo dirá cuál de los modelos caracterizados por Obaya fue el más exitoso, pero a partir de la caracterización del modelo argentino como fragmentado, la instancia de la Mesa del Litio es celebrada entre todas las voces como un espacio institucionalizado de interlocución entre jurisdicciones y niveles de gobierno para articular una visión estratégica que permita una mayor coordinación de las políticas públicas y consecuente aprovechamiento de la explotación del mineral.El desarrollo nacional
El aporte del sector a la economía nacional tiene diferentes dimensiones. En primer lugar, las exportaciones y la generación de divisas necesaria para que el conjunto de la economía pueda crecer. En lo que va del año exportamos 458 millones de dólares. El litio es el tercer mineral que se exporta, después de oro y plata, pero viene disputando el segundo lugar. Actualmente es una porción pequeña de las exportaciones (menos del 1%). No obstante, la expectativa de la Secretaría de Minería es que en 2030 lleguemos a 8.000 millones (el equivalente al 9% de las exportaciones totales de 2021). Es decir, se prevé aumentar más de 10 veces los montos actuales a partir del crecimiento exponencial de las cantidades producidas dado que es posible que los precios seguramente bajen respecto del pico donde se encuentran ahora.Desarrollo productivo: ¿deberíamos hacer baterías?
El desarrollo productivo tiene dos direcciones: aguas arriba y abajo. Cuando hablamos de agregado de valor solemos pensar de modo automático en la modalidad aguas abajo, es decir, la famosa industrialización del litio exclusivamente como sinónimo de fabricación de baterías. Pero empecemos por la otra dirección: el desarrollo de proveedores, esto es, los eslabonamientos aguas arriba, que suelen ser minimizados en la discusión pública sobre la industrialización en torno a los recursos naturales, pero tienen un enorme margen para agregar valor al recurso. Una planta litífera consume diversos bienes y servicios: construcción y mantenimiento, maquinaria, reactivos químicos, servicios de transporte, logística, catering y lavandería, entre otros. Según el documento “El impacto de la minería argentina en los proveedores locales” (también elaborado por el CEP-XXI) el gasto en proveedores nacionales es el principal impacto que tiene la minería en Argentina, por encima de la masa salarial creada o la recaudación. El estudio detalla hacia dónde se dirigen esos gastos: proveedores de la industria manufacturera (24%), construcción (17,6%), comercio (15,3%), servicios profesionales y empresariales (10,7%), petróleo y gas (8,7%), transporte y logística (8,5%), la propia minería (7,9%) y hoteles y restaurantes (3,5%). Vale aclarar que estos datos refieren al conjunto de la minería y no específicamente al litio. Prácticamente todos los especialistas consultados señalan el desarrollo de proveedores como una pieza fundamental del aprovechamiento del litio que permite generar actividades económicas en torno al mineral, garantiza la factibilidad de la operación en sí misma y constituye un aspecto clave del vínculo virtuoso con las comunidades. En este sentido, el desarrollo de proveedores es promovido tanto a nivel nacional como provincial y la constitución de la Mesa y la Región del Litio vuelven a aparecer como instancias valiosas para la articulación entre jurisdicciones. Aguas abajo, la materia prima con la que se trabaja es la salmuera y el proceso de separación y purificación del litio ya es un agregado de valor para nada despreciable. Luego, si podemos (o debemos intentar) fabricar baterías a partir del mineral es una discusión aún abierta. En sí mismo, la idea de que -dado que tenemos el recurso- tenemos la posibilidad de hacer baterías no carece de lógica. Sin embargo, hay una serie de cuestiones a tener en cuenta. En primer lugar, el litio representa menos del 10% de la batería. Hay otros componentes, como el cobalto o el manganeso, que no producimos en Argentina. Luego, la eficiencia productiva y logística diría que finalmente las baterías serían utilizadas en los centros de mayor producción automotriz y cerca de los centros de consumo de automóviles, por lo cual tendría más sentido producirlas allí. Por último, el desarrollo de la tecnología no es sencillo y -menos aún- un grado de escalamiento pasible de competir con las empresas establecidas. De todas formas, hay cierta coincidencia en que resulta de interés avanzar en el desarrollo tecnológico y estudiar las alternativas de inserción. Particularmente, sería interesante esta apuesta si se logra consolidar un mercado latinoamericano de baterías para almacenamiento energético y electromovilidad. Un paso adelante, Jimena Rubio y Matías Gutman, investigadores del área de desarrollo productivo de Fundar, hacen un análisis minucioso para que los recursos (limitados) del Estado apunten a una inserción quirúrgica en la cadena de valor de la electromovilidad. En este sentido, postulan que, más allá de si logramos producir celdas (el componente principal de la batería), sería de interés para Argentina apostar al desarrollo de packs de baterías. Estos packs consisten en decenas o cientos de celdas de litio interconectadas entre sí y constituyen el corazón de los vehículos eléctricos. Y, según los autores, el pack de baterías puede ser rentable a una escala menor porque tiene mayores posibilidades de customización, por ejemplo, para bicicletas, monopatines y buses urbanos.Fortalecer al Estado como mantra
El mundo de la transición energética le ofrece a Argentina un mercado altamente relevante para nuestro litio, así como inversores interesados en la explotación del mineral en nuestro país. Sin embargo, que los proyectos efectivamente se lleven adelante y, sobre todo, que la explotación del recurso se haga desplegando todo su potencial, requiere la toma de decisiones virtuosas en materia de requerimientos de empleo, compras locales, controles ambientales, participación ciudadana, aporte fiscal, vinculación científica y tecnológica y demás. Todos estos temas surgieron en las notas y entrevistas y prácticamente siempre se habló del fortalecimiento de las capacidades estatales como elemento fundamental para la mejora del desempeño de cada uno. El litio nos exige un fino equilibrio entre dos objetivos (aprovechar el boom y gestionarlo responsablemente) que parecen estar en tensión, pero no necesariamente es así. Por un lado, tenemos el objetivo de aprovechar este momento de enorme demanda del mineral (que bien puede desaparecer en poco tiempo si se desarrolla una alternativa tecnológica) que nos permite aumentar y diversificar nuestra canasta exportadora y aportar a la descarbonización global. Esto nos exige generar las condiciones regulatorias propicias para que se radiquen las inversiones. Por otro lado, está el objetivo de que la explotación del mineral evite (o minimice) los impactos negativos y maximice los resultados positivos. Esto significa: i) normar la participación de manera tal que asegure los derechos de las comunidades, ii) regular los controles ambientales y fortalecer las capacidades de control de las jurisdicciones, iii) maximizar el aporte tributario a través de todas las herramientas disponibles desde el control de mecanismos de subfacturación, pasando por la armonización normativa hasta la discusión de la renta, iv) exigencias en materia de reducción de las brechas de género, desarrollo local, encadenamientos productivos y vinculación tecnológica. El equilibrio es fino pero puede ser virtuoso. Garantizar condiciones para la inversión aportará al alivio de las dificultades macroeconómicas que en el mediano y largo plazo nos permitirá negociar cada vez con mayor fortaleza. Pero también, las empresas litíferas cotizan en bolsa y entonces las exigencias ambientales que las obligan a operar con altos estándares (aunque pueden parecer inicialmente molestas y costosas) evitan problemas ambientales y de reputación. En el mismo sentido, la clara regulación de la participación social desde la ideación misma de los proyectos puede parecer un escollo para algunos actores pero aporta a la prevención de conflictos socioambientales futuros y a un desarrollo local más inclusivo, lo que resulta en una mejor situación donde todos saben qué pueden ganar o perder y toman su propia decisión.En síntesis, hay un boom del litio, debemos ser muy inteligentes para aprovecharlo de manera justa y sostenible.»
El bosque nativo del Gran Chaco está muriendo. AgendAR avisa los costos para el país
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«Aunque atrae menos atención que su vecino amazónico, el Gran Chaco tiene una de las tasas de deforestación más altas del mundo, habiendo perdido más de una cuarta parte de su superficie forestal desde el año 2000. La destrucción del bioma, que se extiende por el norte de Argentina, Paraguay, el sur de Bolivia y el extremo sur de Brasil, se ha visto impulsada en las últimas décadas, en particular, por la expansión de la producción de soja modificada genéticamente y la ganadería. Sin embargo, en la provincia de Chaco, en el norte de Argentina, el bosque ha vivido recientemente un período de paz incómoda. A finales de 2020, se introdujeron protecciones legales para suspender la tala de bosques en la provincia, después de que sus autoridades no actualizaran su plan de uso del suelo para los bosques nativos, conocido como «ordenamiento territorial» (OTBN). La ley argentina exige a las provincias que actualicen estos ordenamientos cada cinco años, clasificando sus áreas forestales según su valor de conservación. Sin embargo, el ordenamiento más reciente de Chaco había expirado en 2014.El sistema de ordenación territorial se estableció con la Ley de Bosques Autóctonos de 2007, que entró en vigor en 2009. Establece tres categorías de clasificación para las zonas forestales: Categoría I, (Roja) para áreas de alto valor de conservación que no deben ser transformadas; Categoría II (Amarilla), para áreas de mediano valor de conservación, que pueden ser degradadas pero siempre y cuando se realicen actividades adecuadas de restauración; y Categoría III (Verde), áreas de bajo valor de conservación que pueden ser transformadas parcial o totalmente.
La laguna El Cachapé, con sus ranas cantoras, es un reflejo de la biodiversidad que aún abunda en el Chaco. (Imagen: Ignacio Conese)
Según la plataforma de monitoreo de la deforestación a cargo de la Red Agroforestal Chaco Argentina (Redaf), entre 2008 y 2020, la provincia perdió más de 376 mil hectáreas de bosque nativo, en su mayoría en las áreas Verdes, pero también en las Amarillas y Rojas, donde la deforestación no está permitida. A pesar de estas pérdidas, a finales de septiembre, el gobierno provincial presentó una propuesta de actualización del plan de ordenamiento territorial de los bosques nativos, según la cual se ampliarían las áreas categorizadas como verdes (a expensas de las otras dos), abriendo la puerta a una mayor deforestación. La propuesta aún debe ser aprobada por la legislatura provincial, pero ha suscitado duras críticas, pues se teme que acelere la destrucción del segundo bosque más grande de Sudamérica. Impulsada por la extracción de la madera dura Schinopsis balansae, o árboles de quebracho rojo -nombre que viene de «rompehachas»-, la deforestación comenzó a ritmo acelerado con las operaciones de la empresa maderera británica La Forestal a finales del siglo XIX. Aunque La Forestal desapareció en la década de 1960, en la época de la dictadura militar argentina (1976-1983), el gobierno comenzó a penetrar en el bosque profundo de la ecorregión del Chaco. Hoy, en las áreas de conservación del Rojo ubicadas en el noroeste de la provincia, sólo queda entre el 20 y el 25% del bosque original. Rubén Luca es el líder indígena wichí de MOWITOB, una organización que representa a los grupos indígenas moqoit, wichí y toba y que controla la llamada Reserva Grande, un territorio de 300.000 hectáreas en el norte del Chaco. Luca afirma que la organización apoya el uso sostenible de los bosques del Chaco y entiende la necesidad de utilizar los recursos. El problema es que los árboles, especialmente el quebracho colorado y el algarrobo, son regalados, dijo Luca. «Cada vez quedan menos algarrobos, las empresas madereras deciden el precio, y lo que pagan es miserable». Ricardo Tiddi, de la ONG Somos Monte Chaco, dijo que, según los datos oficiales, se extrae un millón de toneladas de madera al año en el Chaco, una cifra que probablemente no da la imagen completa, dada la gran cantidad de madera que se extrae ilegalmente; la escala real puede alcanzar niveles de hasta dos o tres millones de toneladas al año. «Para el sector agroforestal es más barato comprar tierras en zonas boscosas que por ley no pueden ser desmontadas, y luego presionar para obtener permisos especiales de desmonte, o simplemente pagar las ridículas [pequeñas] multas», dice Tiddi. «Lo que estamos presenciando en el Chaco ya no es un daño a los bosques nativos, sino simplemente su extinción».Fábricas de tanino en el Chaco
A finales de 2020, Chaco celebró la entrada en funcionamiento de dos plantas de biomasa que utilizan los residuos de la industria del tanino y que se presentan como una fuente de energía sostenible. Según las estadísticas oficiales, en 2021 se produjo un total de 423.000 toneladas de troncos en el Chaco, gran parte de ellos extraídos del bosque nativo por la industria forestal provincial. De esta producción, el 38%, es decir, 163.000 toneladas, se destinó a la industria del tanino, y el resto de la madera y subproductos fueron utilizados por aserraderos, carpinterías y fabricantes de muebles.
Un camión cargado de troncos de quebracho rojo llega a la planta de Indunor en La Escondida, en la provincia argentina de Chaco, para ser procesado para la extracción de taninos. (Imagen: Ignacio Conese)
La planta de tanino de Indunor, en la localidad de La Escondida, requiere más de 160.000 toneladas de troncos al año. Junto con la otra instalación de Indunor en La Verde, también en la provincia del Chaco, la planta contribuye a la producción anual de la empresa de 25.000 toneladas de tanino, que se utilizarán en la producción de cuero, el procesamiento de petróleo y minerales, cemento y asfalto, cerámica y productos sanitarios. Michelle Battaglia, presidenta de Indunor, afirmó que en los últimos 10 años la empresa ha utilizado madera procedente de tierras deforestadas, ya que «no tiene sentido dejar que se queme». En los últimos años se han producido repetidas oleadas de incendios forestales en el Gran Chaco, y en los cuatro países se han producido algunos de los peores incendios en décadas. Para el ingeniero zootécnico Mauricio Tinari, de la Fundación Gran Chaco, las especies de interés forestal -algarrobos y quebrachos, principalmente- deben ser aprovechadas de manera ordenada y aplicando los criterios técnicos adecuados. «Si se sigue cosechando indiscriminadamente, estos árboles desaparecerían todos en unos 15-20 años», dice.
Troncos de quebracho rojo en la parte trasera de la planta UNITAN, empresa productora de taninos del quebracho, antes de ser procesados. (Imagen: Ignacio Conese)
Los activistas de Somos Monte Chaco llevan mucho tiempo denunciando el uso por parte de las empresas de tanino de madera procedente de desmontes o de cambios de uso del suelo, muchos de ellos sin permisos oficiales. Tiddi también se queja de algunos de los entresijos, y de la indulgencia de los castigos. «Cuando se descubren plantas de tanino [que han utilizado madera procedente de talas ilegales] y son sancionadas por las autoridades, las empresas o los propietarios de los campos de los que proceden las talas ilegales son sancionados con multas que pueden pagarse en cuotas, y que pueden descontarse si se realizan como pagos al contado», dijo Tiddi.El desarrollo del Chaco en el contexto mundial
El nuevo plan de ordenamiento territorial de los bosques nativos propuesto ha sido presentado por el gobierno provincial como sostenible, a pesar de su apertura a la tala en zonas donde actualmente está prohibida. El gobernador del Chaco, Jorge Capitanich, dijo que el plan permite que el sector agrícola se expanda de forma sostenible, y prometió mejorar los sistemas de vigilancia y hacer frente a la deforestación ilegal con multas más fuertes.
El gobernador de la provincia del Chaco, Jorge Capitanich, habla sobre la gestión de los bosques nativos y los planes de desarrollo para su provincia. (Imagen: Ignacio Conese)
Capitanich también dijo que recaudará fondos para la protección y vigilancia de los bosques mediante la emisión de bonos verdes a través de «Eco-Tokens» que cubran 100.000 hectáreas de bosques de la provincia. El gobernador señaló recientemente que «como país, debemos fortalecer nuestra estrategia de acreedores ambientales», refiriéndose al hecho de que Argentina está proporcionando servicios ecosistémicos al resto del mundo debido al dióxido de carbono capturado por sus bosques nativos, un argumento que también utiliza el gobierno nacional de Argentina. Los créditos de carbono, comercializados en los mercados internacionales, son objeto de un creciente entusiasmo en el país. A principios de noviembre, el presidente argentino Alberto Fernández presentó el Plan Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático de cara a la cumbre del clima COP27 en Egipto. Tras la victoria electoral de Lula da Silva en el país vecino, declaró a la prensa durante la presentación del plan que «junto con Brasil y los países latinoamericanos, somos el pulmón del mundo». Pero los nuevos planes en el Chaco ponen en duda la administración del país sobre estos pulmones. Matías Mastrangelo, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET), escribió recientemente en El Diario que el nuevo ordenamiento territorial de los bosques nativos en el Chaco viola de hecho la Ley de Bosques Nativos de Argentina, ya que degrada el valor de conservación de Amarillo a Verde de más de 376.350 hectáreas de bosques nativos. En Chaco, el ministerio provincial de Medio Ambiente tiene poder de policía en casi todo lo relacionado con el control de los recursos naturales, excepto en la protección de los bosques, que es manejada por el ministerio de Producción. «Aquí, las empresas tanineras preceden a la provincia y al Estado, por lo que siguen creyendo que pueden gobernar por encima de la ley», dijo Paula Soneira, bióloga y ex subsecretaria de Medio Ambiente y Biodiversidad de Chaco. Para Soneira, ya no se trata sólo de conservar lo que estipula la ley de bosques, sino de preparar a la provincia para los efectos del cambio climático: «Este año en El Impenetrable y en la capital chaqueña hemos sufrido picos de calor que no se habían producido antes. No es posible producir productos básicos de la misma manera que hace 100 años. En esta década hay que adaptarse y reducir los graves impactos del cambio climático». En una reciente entrevista, el diputado chaqueño Nicolás Slimel dijo que quiere votar una nueva propuesta que pueda representar los intereses sociales y ecológicos de la provincia, de acuerdo con las leyes forestales nacionales. El grupo de trabajo del que forma parte quiere ampliar las áreas productivas de la provincia sin reducir las áreas de conservación.»Comentario de AgendAR:
Que China nos refriegue la cara con asuntos de daño ambiental es como que el muerto se ría del degollado. Dicho esto, el bosque chaqueño, el mayor bioma argentino por su extensión original, va camino de desaparecer en un par de décadas. Y esto hoy sucede mayormente por la ampliación de la frontera agrícola y su protagonista es la soja que nos compra China para criar chanchos. Pero la culpa no es del chancho, como dicen en el campo. La idea de vender «créditos verdes» por el 2do bosque de Sudamérica (sólo que puesto a la mayor velocidad de tala y quema del mundo) es cómica. No da ni para «greenwashing» de carteras de inversión. En ese bosque -y se sabe- estamos emitiendo carbono a lo bestia, tanto desde el suelo desnudado como de las hogueras e incendios, no fijándolo. Y si el Gran Chaco es «nuestro pulmón»… estamos como Sandro. El paisaje remanente tras la desaparición del bosque NO son los sojares. A la larga, estos empiezan a perder plata: no aguantan la agudización de los ciclos de seca e inundación inevitables tras la pérdida del bosque, ni la degradación del suelo, que se queda sin su microfauna y flora bacteriana y fúngica por los pesticidas. También se queda sin nitrógeno y fósforo, porque la alternancia de calor letal (en sequía) y de anoxia (cuando los anegamientos) matan los hongos que garantizan la biodisponibilidad, y la escorrentía de las lluvias encharcadas lavan los minerables. Y no es sólo bioquímica sino física. El suelo tampoco resiste la novedad de la mayor frecuencia y gravedad de las olas de calor que el bosque mitigaba un poco con su evapotranspiración. Se pone comu un ladrillo. Como explicaba el agrónomo Jorge Molina Buck, ex jefe de Cátedra de Agricultura de la Facultad de Agronomía de la UBA, el suelo chaqueño suele ser rico en arcillas sódicas, pero la mala agricultura lo vuelve cada vez más pobre en celulosa: la soja sin rotación con otros cultivos aporta muy poco rastrojo. Entonces el suelo se pone abiótico, «se plancha», pierde estructura, se impermeabiliza, deja de almacenar agua y forma esos «pisos de arado» duros como baldosa, que sólo se rompen a rastra de discos pesados y gastando gasoil a lo pavote. Pensar en siembra directa conservacionista cuando ya llegaste a esa situación… haceme reír. Lo único comestible capaz de crecer en esos suelos como de hormigón rojo son los zapallos. Con la logística complicada por unos caminos rurales que te la cuento, a la larga la tasa de ganancia de los fondos de inversión se evapora. Resucitar el suelo demoliéndolo con aradas y a golpes de urea y fosfatos amónicos es como darle respirador artificial y cardioversión a un muerto de nueve días: no funciona, pero además de inútil es caro. Hay recetas de recuperación lenta del suelo: la de Molina Buck era plantar agropiro o «sorgo de escobas» varias campañas, bajo alambrado e interdicción de ingreso del ganado. Toma años, pero aceptando que hasta que el suelo se recupere, hay lucro cesante. Los fondos de inversión que se compraron 50 o 60 mil hectáreas de un saque para luego entrar echando a patadas a los pobladores anteriores, cuando el suelo se les hace como portland terminan alzando campamento. Como no vinieron a hacer beneficencia ni invirtieron en fierros, riego, edificios ni nada -pasaron dos o tres décadas subcontratando todo laboreo y manejo-, no están atados a la tierra. Son lo que fueron siempre: capital golondrina. Se piantan con el primer quinquenio de bajón sostenido de la soja. Lo que queda tras su paso, a la larga, no es bosque chaqueño incipiente. Los nuevos dueños o el fisco pueden recurrir al salvavidas de siempre: la ganaderia extensiva. Pero el ganado suelto, tras barrer con el poco pasto, son los renovales de árboles de maderas nobles, como el quebracho colorado, el algarrobo, el palosanto o el definitivamente extinto palo rosa. Lo que vuelve entonces es vinalar, un paisaje de arbustos petisos e impenetrablemente espinosos: el churqui, el vinal, el viscote, el arca, el teatín y otras leguminosas hirsutas de pinchos. De pinta nomás, es repelente pero, sobre todo y ante todo, resulta inhabitable por económicamente inútil. Para el caso, con más de 60 millones de hectáreas blindadas de espinal en 8 provincias que antes tenían grandes islas de bosque, somos el mayor caso de arbustización del planeta, muy por encima de Australia y Sudáfrica. Eso es algo de lo que los argentinos no tienen ni siquiera registro. Quienes atraviesan la región e incluso quienes hoy viven allí creen que ése es el paisaje original o al menos, histórico. No es así. Es un asunto viejo: el arbustal fue formándose ante la mirada impasible de tres generaciones de clases dirigentes que no entendieron la historia por su lentitud. Pero sin embargo sucedió, es sencilla y hoy se está acelerando. Hace un siglo, cuenta el doctor Enrique Buchler, investigador en ecología forestal de la Universidad Nacional de Córdoba, esas tierras eran un mosaico muy habitable de «Chaco», palabra que en las tres lenguas originarias predominantes significa exactamente lo que se veía entonces: una alternancia de pradera y y bosque muy alto, con dominio del quebracho colorado. La actividad humana estaba limitada por la falta de ríos, por los acuíferos demasiado profundos (o demasiado arsenicales), y en la franja más oriental de ese paisaje, por una estación seca de 7 u 8 meses. Es esa estación seca de clima monzónico la que establece las diferencias clave entre las 900.000 km2 de Llanura chaqueña y los 600.000 km2 de Pampa Húmeda. Los suelos se parecen, pero la Pampa Húmeda, con lluvias a año completo, se banca maltratos que el ecosistema chaqueño no logra tolerar. Bastó que en 1920 la historia juntara dos tecnologías como el ferrocarril y el pozo artesiano para que al Chaco entrara el colono europeo, hacha en una mano y una vaca traída del ronzal con la otra. El hacha se encargó de los lapachos y quebrachos en pie, la vaca de comerse sus renovales, y el estado nacional que administraba ese territorio entonces federal, se encargó de no decir “esta boca es mía”. El resultado: el pastoreo extensivo (a la que te criaste) eliminó no sólo el bosque futuro, sino también los pastos incendiables. Estos cumplían una función clave: al incendiarse espontáneamente por rayos, o por fogatas mal apagadas en las estaciones secas, los pastizales limpiaban periódicamente de arbustos espinosos el bosque existente, que era columnar y «caminable». Desaparecidos los bosques y las praderas, el stock de semillas del sotobosque espinoso, antes sólo una nota al pie en todo sentido, pasó al frente y se adueñó del paisaje. La acción hormiga del chiquitaje rural, los colonos hoy llamados «criollos», no fue lo decisivo de esta historia. La devastación en serio empezó con las corporaciones como La Forestal, desde fines del siglo XIX hasta los años ’60 del siglo XX, y hoy con los fondos de inversión internacionales que acuden al agronegocio del NEA y de la Región Centro porque aquí vale todo. La lentitud de película iraní del desmonte hoy se aceleró a velocidad de videoclip de TikTok. Adiós hacha, adiós motosierra, llegan las topadoras y las quemas. La función siguiente es la arbustización. No sin conscuencias demográficas profundas: el arbustal ha casi despoblado 60 millones de hectáreas, pero tiene una única virtud: al ser impenetrable para el ganado y económicamente inútil, mitiga la erosión eólica de la capa fértil. Con sus durísimas y enormes raíces logra que el suelo absorba algo de agua. Sin los arbustos, los años de sistema climático «Niña» como estos tres que venimos de agarrar en cadena, serían pura tormenta de polvo, y los años de «Niño» pasarían entre inundaciones de horizonte a horizonte. Más vale arbustal que peladal… que también hay. Pero este pseudobosque petiso e intratable expulsa juventud, porque no permite vivir de la vaca y la madera dura, como los abuelos, que mal que mal, zafaban. Ni siquiera del chivo y el carbón, como papá y mamá, que la pasaban realmente mal. La tercera generación de criollos hace su valijita y se va adonde no lo echen. Las primera provincia en vaciarse simultáneamente de bosques y de jóvenes fue Santiago del Estero, hasta hace no mucho tan boscosa que en su libro de 1946 don Ricardo Rojas la llamó «El país de la selva». Siguieron ocho provincias más, de las cuales la de presente y pronóstico más sombríos es Chaco. El problema siempre fue solucionable, a escala de gobiernos provinciales o nacional. Ergo, nunca se solucionó, en parte porque la arbustización no tiene diagnóstico. Es muy probable que la palabra y el concepto le sean nuevos, lector/a. Si el suelo es recuperable en una década con el método de Molina Buck, probablemente responda algo más rápido con métodos de pastoreo ultrraintensivos pero itinerantes del francés André Voisin y el zimbabweño Allan Savory. El asunto es que ni unos ni otros no se han intentado más que como experimentos individuales de grandes propietarios con ideas alternativas, y en superficies que, frente a la escala del problema, no mueven el amperímetro. Estos tres métodos -y hay otros- recargan el suelo de carbono, nutrientes, celulosa y estructura, y permiten una producción agrícola y ganadera cautelosa: dicho de nuevo, con lluvias monzónicas y estaciones secas que se van alargando hacia el Oeste, esto no será nunca la Pampa Húmeda. Pero quede claro que este paisaje no está condenado a ser un erial biológico y demográfico. La familia de sistemas derivados del Voisin-Savory van en contra de la tercerización. Son muy «labour-intensive»: fijan más mano de obra y crean mercados locales de trabajo, producción y consumo de comida vegetal y animal diversificados. Generan oasis microeconómicos, y no es imposible que dejen más plata en los bolsillos que engordar chanchos en China. Sólo que es plata en otros bolsillos, los de la gente local y con menos chequera. No sería imposible que reverdecer la tierra deje también margen para replantar bosque. Pero si la intención es maderera tradicional, los quebrachos y los palosantos son de crecimiento lentísimo: los turnos de clareo excederían los 30 años, y los de corta final y replantación, entre los 80 y 100. Una reforestación con tiempos tan geológicos no tiene sentido. Al menos, mirados por un agrónomo que lee los suplementos rurales y confunde la agricultura con una carrera de Fórmula Uno. Pero si a la forestación se le añade producción industrial que genera valor agregado EN SERIO, es otra cosa. El quebracho es la madera más densa, dura e imputrescible del mundo. Puede sustituir a la piedra, sólo que es más difícil de tallar aún, por la veta. El árbol rompedor de hachas no sólo sirve para aplicaciones estructurales, como la carpinteria de muelles, los durmientes ferroviarios y las tableestacas de estabilización de costas. El quebracho se puede vender mucho más caro en aplicaciones de arquitectura «pipí-cucú», como mesadas de cocina y de baños, o parquets literalmente eternos. Por algo, el cierre de los ferrocarriles por Menem, especialmente el del Belgrano Norte, generó una enorme actividad ilegal de «carancheo» de durmientes. Tras un siglo y monedas de intemperie los durmientes siguen intactos, y terminaron fungiendo de senderos para autos en los céspedes country-clubs y de casas señoriales. Y los de mejor calidad hoy son parquets, escaleras y mesadas. Lo mismo vale para el lapacho, el algarrobo, el viraró o el palosanto, maderas de grano fino y de una dureza menos militar y, por ende, más tallables. Permiten hacer muebles finos durables, de esos que varias generaciones sucesivas se pueden ir pasando por herencia. El valor agregado final crea trabajo calificado y elimina la necesidad de una forestería «minera», que extrae materia prima sin reponer. Pero eso requiere de programas nacionales y/o provinciales con base en la industria local y la capacitación laboral. Y la dirigencia está muy en otra. La industria «facilonga», la que no genera casi valor agregado, es usar esas maderas excelentes para hacer carbón, briquetas, fabricar electricidad o, peor aún, «cocinar» quebracho y volver a exportar tanino, como en la Década Infame. Hablando justamente de aquella década, la población juvenil expulsada desde los ’40 por la arbustización terminó confluyendo en las villamiserias de las megalópolis de la llanura chacopampeana. El asunto era menos grave cuando al menos en esos sitios había una fuerte industria nacional ávida de mano de obra. Pero esa industria también ha venido muriendo desde 1975, y la educación pública, ni te cuento. Hoy, si en la punta rural y provinciana del problema hay una descapitalización por ruina de la capacidad productiva de la tierra, en la otra punta, la urbana, hay el fenómeno del hacinamiento, la marginalidad y la ingobernabilidad. El problema no es sencillo y local, sino complejo y nacional. Pero no hay gobernador del NEA que entienda la arbustización. No conocen la palabra. No aparece en sus discursos. Tampoco lo oí de boca de ningún presidente/a de la Nación. Eso, en el país más arbustizado del planeta. No es el caso del pez que no percibe el agua porque está en el agua. Tiene otra lógica, más perversa y tributaria: los beneficiarios de que los bosques Amarillos se recataloguen como Verdes revientan la tierra un par de décadas, fugan la plata y están hechos. Y si fuera por el estado nacional y la AFIP, se sembraría soja hasta en la base Marambio. Y ahora, ya no sólo es la soja sino el regreso de la pseudoindustria del tanino, que viene a caranchear los quebrachos todavía en pie. Pero ojo, nos advierte Michelle Battaglia, es «para que no se incendien».Daniel E. Arias
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Descubren en La Rioja huellas fósiles que aportan información novedosa sobre mamíferos extintos
Por primera vez, dos paleontólogas del CONICET hallaron en La Rioja huellas fósiles de dos géneros de mamíferos, macrauquénidos y toxodóntidos basales, que habitaron Sudamérica hace 10 millones de años en un período geológico conocido como Mioceno.
Su análisis y el de su entorno permitió determinar su masa corporal y arrojar información sobre su hábitat. El nuevo trabajo, cuyos resultados se describen en Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, brinda información novedosa sobre dos especies que fueron protagonistas de una singular fauna de mamíferos completamente extinta.
Las huellas de toxodóntidos recibieron el nombre de Llastaya yesera y se hallaron en total 43 con un largo y ancho promedio de 7 cm. Con estos y otros datos las autoras del estudio e integrantes del Grupo de Estudios Paleobiológicos en Ambientes Continentales del IDEAN estimaron que su peso corporal promedio era de casi 75 kg.
Krapovickas y Vera también analizaron las rocas, donde fueron halladas las huellas fósiles, y restos de maderas fosilizadas y concluyeron que los mamíferos extintos estudiados vivían en praderas y bosques desarrollados bajo climas áridos cercanos a ríos y lagunas, similares a los paisajes del noreste argentino. “Junto con la presencia de huellas de otros mamíferos y aves, podemos reconstruir un retrato completo de esos tiempos”, destaca Krapovickas quien es licenciada en Biología y doctora en Ciencias Geológicas.
Los macrauquénidos y toxodóntidos no poseen representantes vivos. “Sin embargo, comparten algunas características de forma convergente con algunos mamíferos actuales. Si bien tienen historias evolutivas muy distintas, los macrauquénidos y los camélidos tienen cuerpos robustos con extremidades elongadas, cuellos largos, hábitos alimenticios similares y hasta comparten los mismos hábitats, siendo así que donde hallamos las huellas hoy caminan guanacos y vicuñas”, señala Vera.
Por otro lado, los toxodóntidos tradicionalmente fueron comparados con rinocerontes. “Los que vivieron en Vinchina eran de porte menor, quizás más similares a un tapir”, ejemplifica Vera.
“Los restos óseos de estos mamíferos en el norte de Argentina y de Sudamérica son escasos, fragmentarios y discutidos. El hallazgo de abundantes huellas bien distribuidas a lo largo de los paleoambientes de Vinchina revela que existió un vínculo espacial entre las faunas patagónicas, tan bien conocidas, y las de latitudes medias, que hasta ahora sólo estaban representadas por restos menos informativos”, destaca Vera.
Y agrega: “Nuestro trabajo aporta información novedosa sobre cómo eran las asociaciones de ungulados previamente al Gran Intercambio Biótico Americano, un evento clave en la historia de la biodiversidad actual que comenzó cuando Sudamérica y América del Norte se unieron a través del Istmo de Panamá”.
En los últimos años la Formación Vinchina ha sido foco no sólo de estudios que abarcan aspectos paleontológicos, geológicos y arqueológicos sino también de actividades turísticas. “Tal el interés por las huellas fósiles que los guías locales incluyen en sus recorridos puntos de observación de huellas fósiles siendo la misma comunidad quien hace los descubrimientos más interesantes”, afirma Krapovickas. Y concluye: “Parte de nuestras investigaciones está muy arraigada a este sitio, por eso nuestra intención es nutrir de conocimiento y herramientas a la comunidad riojana en agradecimiento por su participación activa en la conservación del patrimonio”.
En su artículo, ambas paleontólogas agradecen especialmente a la Dirección de Patrimonio Cultural y Museos, La Rioja, particularmente a Ana Mercado Luna y Carlos Ariel Ormeño por su colaboración.

