El uso de la capacidad industrial instalada de la industria aumentó al 68,6%

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El uso de la capacidad instalada en la industria subió en septiembre al 68,6%, 2,3 puntos porcentuales por encima del 66,3% de igual mes del año pasado, informó este miércoles el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Los bloques sectoriales que presentan niveles de utilización de la capacidad instalada superiores al nivel general fueron Productos minerales no metálicos, con 83,3%: Metálicas básicas, 81,4%; Papel y cartón, 78,5%; Refinación del petróleo, 77,9%; y Sustancias y productos químicos, 69,8%. Los bloques sectoriales que se ubicaron por debajo del nivel general fueron productos Alimenticios y bebidas, 68,6%; Edición e impresión, 65,9%; Automotriz, 65,6%; Tabaco, 63,5%; Textiles, 62,6%; Metalmecánica, 56,3%; y Derivados del caucho y plástico, 55,3%. El correlato con el nivel de actividad industrial La variación en la utilización de la capacidad instalada tuvo su correlato con el nivel de actividad de la industria que aumentó de manera interanual 4,2% durante septiembre, pero retrocedió 0,2% respecto a agosto.
De esta manera, en los primeros nueve meses del año, la actividad industrial acumuló un alza de 6%.
La semana pasada, el secretario de Desarrollo Productivo, José Ignacio de Mendiguren, afirmó que «en el mundo ven a Argentina como un activo público global por todo lo que tiene para ofrecer», principalmente en materia de energía, alimentos, minería y economía del conocimiento.  

¿Ya nos olvidamos del Covid?

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En su valioso newsletter de información política, DesPertar, el periodista Marcelo Falak hace la pregunta del título, y agrega un reflexión. La reproducimos: Los casos documentados de covid-19 fueron 1.485 y crecieron 9,4% en la última semana, aunque, por suerte, se mantienen en niveles bajos. Sin embargo, hubo que lamentar ocho nuevas muertes. El Gobierno parece haber perdido el interés en instar a la gente a vacunarse y en la Ciudad de Buenos Aires la inmunización ha pasado a ser silvestre: cada cual va a recibir una dosis si le parece y sin que ninguna autoridad se esfuerce en explicar si hace falta, en qué casos y cuánto tiempo después de recibida la anterior. Nadie comunica casi nada. Ayer fui a la sede de San Lorenzo en Avenida La Plaza y el panorama era propio de un desierto. De los 300 aplicadores que supieron trabajar allí, solo quedan nueve. Si bien el sábado en ese centro se habían suministrado 800 vacunas a personas pertenecientes a grupos de riesgo, el inicio de los refuerzos a la población general resultaba ayer desalentador –ver foto–, con una veintena escasa de personas esperando su turno alrededor de las 10 horas en un salón que fue drásticamente «achicado». La relativa tranquilidad actual es producto de una campaña de vacunación que supo ser intensa y de una inmunización conseguida por las malas debido a una circulación arrasadora del virus, que hizo que muchos hayamos debido llorar a alguna de las 130.011 víctimas acumuladas hasta el momento. «Vemos que de los 21 millones de argentinos que se dieron el (primer) refuerzo, solo 6 millones recibieron el segundo entre abril o mayo. El problema es que hay 15 millones que hace casi un año no reciben ninguna dosis», dijo el jueves Patrick Bergstedt, vicepresidente comercial de Moderna, quien exploró con la ministra de Salud, Carla Vizzotti, modos de concientizar a la gente sobre el hecho de que «el covid no va a desaparecer, va a continuar mutando y se va a quedar a vivir con nosotros». Que las autoridades nacionales, provinciales y, en el caso de lo que vi ayer, de la Ciudad de Buenos Aires, se pongan media pila. Al menos por un rato, entre tanta rosca y polémica boba.

Un paradigma posneoliberal está surgiendo… en Estados Unidos

«En ningún otro país ha sido el neoliberalismo más influyente, y el intervencionismo estatal un tema más tabú, que en Estados Unidos durante los últimos 40 años.
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Podría decirse que Estados Unidos fue el país donde la crítica neoliberal al keynesianismo, la celebración del poder de los mercados y el desprecio al Estado se llevaron a sus consecuencias más extremas.
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La famosa afirmación de Ronald Reagan que «el gobierno no es la solución a nuestro problema; el gobierno es el problema» encapsulaba una visión del Estado como una maquinaria ineficiente y derrochadora que debía mantenerse a raya para permitir el florecimiento de la iniciativa privada.
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En el centro-izquierda, esto fue seguido por puntos de vista antiestatistas similares, como lo ejemplifica la famosa afirmación de Bill Clinton de que «la era del gran gobierno ha terminado» en su discurso sobre el Estado de la Unión de 1996.
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Sin embargo, la sucesión de crisis que hemos vivido en la última década parece conducir a un alejamiento del dogma neoliberal, que si acaso es aún más pronunciado en Estados Unidos que en Europa.
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Las guerras comerciales de Donald Trump con China y Europa ya habían alterado muchos supuestos bien arraigados sobre lo que constituía una política económica aceptable. Este cambio de paradigma se está haciendo más evidente como consecuencia de las políticas económicas de Joe Biden, que han incluido grandes programas de inversión pública por valor de billones de dólares y un fuerte énfasis en la política industrial, como se ha visto con la recientemente aprobada Ley CHIPS y de Ciencia, que pretende convertir a EE.UU. en un centro de producción de semiconductores, reduciendo así la dependencia del país de Asia Oriental y Taiwán para este material estratégico.
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Estas diversas tendencias demuestran que la fe en la globalización y en la sabiduría superior de los mercados que marcaron la era neoliberal se están desvaneciendo y que algo nuevo está en marcha.
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¿Pero qué tipo de nuevo paradigma está surgiendo? Para abordar esta cuestión, nos sentamos con Felicia Wong, Presidenta y Directora General del Instituto Roosevelt, que ha contribuido a liderar esta transición en la elaboración de políticas en Estados Unidos.
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Como destaca Wong, «el neoliberalismo puro ha perdido su influencia. Pero el nuevo paradigma sigue siendo algo hacia lo que estamos luchando», ya que se está desarrollando una importante lucha política e ideológica entre la izquierda y la derecha en dirección al mundo posneoliberal.
. Paolo Gerbaudo.- En 2020 usted escribió un influyente análisis del panorama argumentando que estábamos asistiendo a un abandono del dogma neoliberal. ¿Podría explicar por qué cree que el neoliberalismo ha desaparecido?
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Felicia Wong.- El neoliberalismo critica el papel del gobierno en la economía. Para los neoliberales, muchas herramientas del gobierno son ilegítimas, y sólo deben utilizarse en caso de emergencia o con fines de seguridad nacional. Pero ahora hay una ola en la dirección opuesta que está haciendo que la acción directa del gobierno -tanto la inversión como la elaboración de normas- sea una parte más habitual de la gestión de la economía.
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En el Instituto Roosevelt hemos defendido durante al menos los últimos ocho años que la política debe reclamar todas las herramientas del gobierno: desde la fiscalidad hasta la política industrial, pasando por las infraestructuras y la planificación. Por razones tanto de escala como de velocidad, muchos de los retos de nuestro tiempo requieren una acción gubernamental afirmativa: descarbonizar nuestra economía y luchar contra el cambio climático; crear una mayor equidad racial, de género y de riqueza; construir una infraestructura manufacturera norteamericana más fuerte. Este papel más audaz y robusto del gobierno va en contra del pensamiento neoliberal de la década de 1980 en adelante, y creo que los estadounidenses y la política dominante estadounidense han aceptado cada vez más la necesidad de ello.
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En cualquier caso, nos hemos alejado del viejo manual de Reagan e incluso del viejo manual de Clinton. El componente libertario, de pequeño gobierno y bajos impuestos del neoliberalismo ha perdido gran parte de su poder explicativo y su dominio político, aunque sigue siendo el estándar en la forma en que mucha gente piensa que funciona la economía. Ahora, tenemos que asegurarnos de que el gobierno trabaja realmente en favor del interés público y de que es democrático.
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P.G.- ¿Cuáles son las razones del declive del neoliberalismo? ¿Es realmente su fin?
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F.W.- El neoliberalismo ya no es hegemónico en la política estadounidense, en gran medida por sus fracasos: malos indicadores económicos, desigualdades galopantes y evidentes excesos empresariales.
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Es cierto que muchos elementos del neoliberalismo persisten, porque están arraigados en las relaciones económicas y de poder existentes. El neoliberalismo ha permitido el crecimiento de megacorporaciones con un poder de mercado desmesurado en sectores como el tecnológico, el farmacéutico, el agrícola y el minorista, y su poder es muy difícil de frenar.
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Pero en los debates políticos, el cambio es muy evidente: hay un fuerte impulso a las políticas económicas que se centran en una mayor igualdad y resistencia. Y las actitudes hacia la globalización han cambiado sustancialmente: como dice Rana Foroohar en su reciente libro Homecoming, nos dirigimos hacia un mundo más local y menos globalizado, y en el que se da más importancia a la creación de economías locales resistentes, en lugar de deslocalizar puestos de trabajo a países con salarios bajos.
. P.G.- ¿En qué medida este cambio en el sentido común político es resultado del trabajo del Instituto Roosevelt?
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F.W.- Creo que nuestro trabajo ha tenido un impacto, aunque por supuesto hay muchos otros factores. El Instituto Roosevelt ha crecido mucho. Hemos estado a la vanguardia de los debates sobre la política industrial, hemos presentado argumentos económicos en apoyo de un New Deal verde y, durante una década, hemos defendido los principios económicos de un mayor poder de los trabajadores y un poder financiero y empresarial menos extractivo. Tanto en términos de presupuesto como de personal, ahora somos cinco veces más grandes que cuando empecé. Lo más importante es que muchas de las ideas de Roosevelt han cobrado importancia, pero eso no se debe únicamente al Instituto. Se trata más bien de una transformación colectiva. Hay muchos otros think tanks que han trabajado en este ámbito.
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Somos relativamente pequeños; nuestro presupuesto es una décima parte del de organizaciones más grandes. Pero hemos encontrado un nicho estratégico en lo que describimos como ‘cambio de paradigma’. Reunimos a economistas, politólogos y expertos en comunicación para pensar en la transformación a largo plazo y en las políticas e ideas necesarias para ello.
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Las condiciones externas también han contribuido a este cambio. La pandemia de Covid y, antes de eso, la recuperación del bajo crecimiento de la crisis de 2008 han demostrado que el viejo pensamiento económico no estaba funcionando. En cierto modo, la presidencia de Donald Trump, con su ruptura de las viejas reglas neoliberales sobre el comercio y el déficit, mostró que era posible un cambio de paradigma. En la izquierda, figuras como Bernie Sanders y Elizabeth Warren han impulsado la política económica y también este cambio. Nuestro trabajo en Roosevelt complementa ese pensamiento, al realizar investigaciones y desarrollar visiones políticas a largo plazo, algo en lo que los políticos a menudo carecen de recursos para llevar a cabo.
. P.G.- ¿Por qué razón está siendo sustituido el consenso neoliberal?
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F.W.- Mientras que el declive del neoliberalismo está bastante claro, lo que viene a continuación es incierto. La gran pregunta es si el nuevo paradigma será más igualitario, más progresista y más inclusivo o lo contrario. Hay una versión de la historia que termina con una especie de etnonacionalismo de derechas, donde en lugar del neoliberalismo nos sumergimos en un conservadurismo de línea dura. El riesgo es una especie de alternativa autocrática, autoritaria o incluso fascista al neoliberalismo.
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Pero ese no es el único escenario posible. También hay una salida progresista e inclusiva del actual estancamiento, y eso es por lo que han estado luchando los progresistas en Estados Unidos, y lo que Biden ha avanzado en parte. . P.G.- Uno de los niveles en los que el cambio respecto a la sabiduría neoliberal parece ser más evidente es en el contexto de la política industrial y comercial. ¿Qué importancia considera que tiene la actuación de Biden en este ámbito?
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F.W.- El desarrollo de una estrategia industrial ha sido un objetivo clave de la administración Biden, y ha sido fundamental en la legislación aprobada en los dos últimos años. Las políticas de la administración se han centrado en el lado de la oferta y en los trabajadores que forman parte de esa oferta.
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Algunas de estas políticas están destinadas a estabilizar el mercado laboral, lo que constituye un paso esencial para llevar a cabo una estrategia industrial. Otras se centran en las infraestructuras, en las que se han invertido 1.2 billones de dólares, y otras se dirigen a la tecnología y a los componentes tecnológicos estratégicos. Quizá el ejemplo más notable sea la Ley Chips y de Ciencia, que supone una inversión de 250.000 millones de dólares en semiconductores y en investigación básica. La administración Biden también ha puesto en marcha medidas destinadas a desarrollar nuestra capacidad de fabricación ecológica, que abarcan desde bombas de calor hasta turbinas eólicas y paneles solares, aunque obviamente los vehículos eléctricos reciben mucha atención.
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El gobierno está, pues, asumiendo un papel de liderazgo en el fortalecimiento de partes de la cadena de suministro y de nuestra capacidad para construir cosas en áreas que el mercado no ha sido capaz de proporcionar. . P.G.- A menudo estas políticas se presentan también como si tuvieran un elemento social. Pero, ¿hasta qué punto esta estrategia de deslocalización va a contribuir a la mejora económica de las antiguas regiones industriales empobrecidas de Estados Unidos?
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F.W.- Si nos fijamos en los detalles de estas leyes, piden que se construya en regiones de Estados Unidos que desde los años 80 han sido realmente diezmadas, como en el llamado Cinturón del Óxido del Medio Oeste y el Noreste. La idea es llevar la fabricación, el empleo, las infraestructuras y la banda ancha a estas regiones del país.
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El proyecto de ley Chips prevé la creación de unos 20 centros regionales diferentes para la fabricación de semiconductores, que por el momento se encuentran en un 80% en Asia, en el este de Asia, y en particular en Taiwán. Esto va a ser un gran reto, y depende en gran medida del diseño de las políticas. Pero hay una oportunidad real para que las comunidades y los trabajadores se beneficien de este cambio de política. . P.G.- Los republicanos se ven como probables ganadores de las elecciones de medio mandato. ¿Podría esto detener el alejamiento del neoliberalismo que usted describe?
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F.W.- Si los republicanos ganan una o ambas cámaras, sin duda será muy difícil que los demócratas puedan hacer algo más a nivel legislativo. Algunos también afirman que los demócratas no han hecho lo suficiente durante su período en el poder. Sin embargo, lo que a menudo se pasa por alto es que la actual coalición demócrata va de gente como AOC a gente como .Joe Manchin, y su mayoría es muy estrecha.
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Cuando Franklin Delano Roosevelt y Lyndon B. Johnson crearon el New Deal y la Gran Sociedad, tenían algo así como un 70% de mayoría en el Congreso. Ahora mismo, el Senado está dividido casi por igual, y por eso ha sido tan difícil y ha llevado tanto tiempo aprobar leyes. Si los republicanos ganan en las elecciones de medio mandato, las cosas se pondrán ciertamente más difíciles para la agenda económica progresista.
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Pero no creo que se produzca una reversión completa de este giro posneoliberal. Los planes de inversión de la administración Biden ya han sido aprobados y el dinero asignado: sólo queda gastarlo. Gran parte de la atención debe centrarse ahora en cómo vamos a aplicar la legislación que ya hemos aprobado. El problema del diseño de la política y el impacto real de esta legislación apenas han comenzado. . P.G.- Usted ha subrayado a menudo que las políticas redistributivas deben ir acompañadas del desarrollo de las instituciones democráticas. ¿Qué quiere decir con esto y por qué cree que es tan importante?
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F.W.- No hay justicia social sin democracia. Necesitamos que los ciudadanos y los trabajadores participen en las decisiones que les afectan.
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En cuanto a los proyectos de infraestructuras, tenemos que hacer que la gente forme parte del proceso de planificación. Cualquier proyecto de construcción requiere conciliar intereses contrapuestos. El riesgo es que repitamos los errores cometidos en el pasado con los proyectos de infraestructuras que a menudo afectaron negativamente a las comunidades obreras y negras, provocando la segregación y la exclusión. Para evitarlo, es necesario que las comunidades participen de forma afirmativa en el proceso de planificación. No es fácil, pero en el futuro debemos gestionar estos productos de forma diferente a como lo hemos hecho en el pasado.
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También es importante llevar más democracia al lugar de trabajo. Estamos asistiendo a una enorme ola de sindicalización, y los sindicatos son más populares ahora que en los últimos 75 años. Tenemos que asegurarnos de que los trabajadores no sólo reciben mejores salarios, sino que también pueden opinar sobre sus condiciones de trabajo, sobre su horario y sobre cosas como la seguridad en el lugar de trabajo. Sólo así podremos conseguir que el mundo posneoliberal sea más justo socialmente y más democrático, y que la gente vea que el gobierno es suyo.»
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Habla el vice ministro de Economía. Y nos deja preocupados

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El secretario de Programación Económica y «espada técnica» del Ministerio de Economía, Gabriel Rubinstein, hizo este lunes afirmaciones que, más allá de que sean ciertas o parciales, alimentaron las percepciones negativas sobre la situación económica actual (más bien, sobre la situación financiera, precisamos nosotros). Reproducimos la versión más completa de sus dichos:

La charla fue en el marco del 14° Simposio de Mercado de Capitales y Finanzas Corporativas, organizado por el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF). “Apenas las cosas van bien, los políticos empiezan con que, frente a cada necesidad, nace un derecho y con eso podemos hacer cualquier cosa. Massa cambia la impronta en la dirección correcta aunque el camino es sinuoso. No sabemos hasta dónde vamos a llegar, pero él tiene una capacidad de trabajo fenomenal y de negociación grande. Yo aporto desde lo macro en el tema fiscal y cambiario”, afirmó durante un evento en el Yatch Club de Puerto Madero. En diálogo con Douglas Elespe, presidente y CEO de FIX y presidente del Comité de Certificaciones Financieras Internacionales de IAEF, y Marcelo Fell, presidente de IAEF, que destacaron su “sinceridad”, Rubinstein sumó «Haberse apartado de la macroeconomía que había hace 20 años, en los primeros años de Néstor Kirchner, con 3% de superávit comercial, 2% de superávit en cuenta corriente, US$ 40.000 millones de reservas netas, 5% de inflación, una tasa de interés del 6%, sin control de precios y ningún tema cambiario, es “para pegarse un tiro”.

También se refirió a su decisión de ser parte del equipo de Massa. Sostuvo que “no existe que te pongan el aparato del Estado a favor”, y que “siempre es más fácil ser consultor que meterse en el fango”.

En este sentido, dijo que el país experimenta una baja en la demanda de dinero, que es equivalente a aumentar el déficit fiscal, pero que, si se pudiera equilibrar eso, se vería que el déficit fiscal del año próximo, del 1,9%, “cuesta uno y la mitad del otro porque todos los días hay quejas del Congreso, del Gobierno y de la oposición”.

“Si lo logramos (cumplir la meta de 1,9% de déficit), sería compatible con una inflación para el año próximo del 50%, 60%, mientras que el 100% de este año es overshooting, inercia”, agregó.

En este punto volvió a defender el acuerdo Precios Justos, porque es coincidente, según su opinión, con una inflación mensual del 4% y anual del 60%.

Un 60% de inflación es horrible, pero 60% es mejor que 100% y pone mejor el panorama para cualquier gobierno que venga. Yo no creo que cuanto peor, mejor. Cuanto mejor, mejor”, continuó.

Según el viceministro de Massa, el objetivo es déficit fiscal cero y un tipo de cambio único. Sostuvo que el tipo de cambio único es, quizás, “la llave”, pero que para eso se necesita orden fiscal y reservas, porque hay que lidiar con el mercado de pesos y hay que poder intervenir.

“Se necesitarían US$20.000 millones de reservas netas para que no nos tumben las noticias económicas. No se puede liberar el cepo o sí, pero con alto riesgo. Para nosotros, abrirlo con riesgo no tiene sentido”.

De acuerdo con esto, dijo que, si hay controles, tienen que funcionar bien, y que el Sistema de Importaciones de la República Argentina (SIRA) trata de que no se afecte la producción, pero es un embudo.

“Es como eran los hospitales en la época del Covid. Había un stress por la cantidad de pacientes que ingresaban y había que ir dividiéndolos entre los que iban a terapia, los que quedaban internados y los que volvían a la casa. Se está trabajando para que el SIRA funcione lo mejor posible, sabiendo que todos quieren dólares y que hay empresas que se stockearon para ocho a 10 años, y no las condeno”, graficó.

Congreso IAEF. Gabriel Rubinstein
Congreso IAEF. Gabriel RubinsteinMauro Alfieri .

“Son cosas transicionales. No tienen sentido per se, pero si uno piensa que en algún momento vamos a tener más dólares por dólar soja 1, dólar soja 2 o préstamos, estas restricciones tendrán sentido, lo mismo que el acuerdo de precios. Hay que llegar a una macroeconomía ordenada como la de hace 20 años y seguir discutiendo cuestiones puntuales como qué hacemos con Aerolíneas, reformas laborales, bajas de impuestos. Avanzaremos todo lo que se pueda y esa es la vida”.

Consultado, en tanto, por Elespe, dijo que cualquier unificación del tipo de cambio va a tener un componente devaluatorio y que seguro el tipo de cambio y los salarios están retrasados.

Quizás lo único que está adelantado es el margen empresario, pero no es para pegarles un palo. En algún momento empezaron a fijarse en los dólares alternativos y a pricear eso porque la brecha genera mucho desorden. Ahora el juego es como desarmar el rompecabezas. Te dicen unificá y listo y ¿Cuál es el riesgo? Si devalúas y sale mal, podés terminar en un Rodrigazo”.

En cuanto a la reducción del déficit fiscal de cara a 2023, dijo que va a ser de cerca de un punto porque de 2,8% se pasará a 1,9% ya que el 2,5% de este año no era tal porque hubo una “triquiñuela contable”. “El Fondo Monetario ve con simpatía que no sigamos con ese desvío que podríamos haber peleado. A futuro espero que no haya que hacerlo si hay un desbande. Espero que no lo haya”, apuntó y agregó que quieren bajar el déficit no porque lo pida el Fondo sino porque si no lo tienen que financiar con inflación.

Además, se refirió a las restricciones políticas y dijo que son grandes, pero no las vinculó a la participación de Cristina Kirchner en el gobierno. En ese sentido, dijo que si ella no estuviera, la interna estaría en la calle con los piqueteros.

«No hay consenso sobre un plan de estabilización. Quizás algunos se asustaron con lo de julio y por eso el presupuesto se aprobó con más votos que en los últimos años, pero va a ser difícil que se cumpla porque las demandas son permanentes y serán más fuertes en un año electoral. El equipo económico está muy comprometido, pero eso no quiere decir que confiamos que se va a cumplir, es una lucha diaria. No hay conciencia política de bajar el gasto. Ningún ministro quiere que se lo bajen porque piensan que se los quiere desplazar. Yo no soy el doctor No, hay varios, pero está instalado que se gasta y después se ve cómo se paga”.

Misión Artemis: la NASA lanzó con éxito su flamante megacohete para volver a la Luna

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La NASA lanzó ayer desde el Centro Espacial Kennedy de Cabo Cañaveral, su nuevo megacohete lunar SLS y la nave espacial Orion en una misión de 6 semanas alrededor de la Luna y de regreso a la Tierra. El objetivo del viaje, que se realiza sin tripulantes en el marco del programa Artemis I, es en un futuro llevar astronautas al satélite para realizar exploraciones prolongadas.

Este es el primer vuelo del programa de exploración lunar de la NASA del siglo XXI que fue bautizado Artemis (Artemisa) por la hermana de Apolo. Durante las misiones del siglo pasado bautizadas con el nombre del dios, 12 astronautas aterrizaron en la Luna entre 1969 y 1972, con estancias de unos pocos días. Ahora la NASA quiere establecer una base lunar en las misiones Artemis en la que los astronautas puedan permanecer allí varias semanas. El despegue de la misión Artemis I se produjo a las 3.48, hora Argentina, 44 minutos más tarde de lo previsto porque fue necesario reemplazar una conexión informática y subsanar fugas intermitentes detectadas horas antes durante el repostaje de la etapa superior con hidrógeno y oxígeno líquidos. La misión ya se había pospuesto dos veces: el 29 de agosto, debido a un sensor de temperatura defectuoso; y el 4 de septiembre, por una fuga de hidrógeno líquido en una interfaz entre el cohete y el lanzador móvil. Qué harán el cohete y la nave Orion A medida que la nave Orion orbite alrededor de la Tierra, desplegará sus paneles solares y la etapa de propulsión criogénica provisional (ICPS) le dará el gran impulso necesario para abandonar la órbita de la Tierra y viajar hacia la Luna. A partir de ahí, Orion se separará del ICPS unas dos horas después del lanzamiento. En tanto, el ICPS desplegará una serie de pequeños satélites, conocidos como CubeSats, para realizar varios experimentos y demostraciones de tecnología. El plan es que la nave espacial vuele luego más allá de la Luna, más lejos de lo que jamás haya volado ninguna nave construida para humanos, cerca de 450.000 kilómetros desde la Tierra. Además, para comprobar el nivel de sustentabilidad y mantenimiento de la nave, con vistas a ser ocupada en el futuro por personas, permanecerá en el espacio más tiempo que cualquier nave para astronautas sin acoplarse a una estación espacial y regresará a la Tierra más rápido y soportando más temperatura que nunca. El viaje de ida a la Luna llevará varios días, tiempo durante el cual los ingenieros evaluarán los sistemas de la nave espacial y, según sea necesario, corregirán su trayectoria. El segundo vuelo de Artemis, ya con tripulación, volará en una trayectoria diferente y probará los sistemas críticos de Orion con humanos a bordo. Para ese entonces el cohete SLS deberá evolucionar ya que las condiciones cambian cuando el objetivo es llevar personas al espacio. Las futuras misiones de exploración con tripulación a bordo de Orion se ensamblarán y acoplarán con la futura Estación Orbital de enlace lunar Gateway. El siguiente paso sería Marte, quizá a finales de la década de 2030 o principios de la década de 2040.

Principales socios comerciales de EE.UU. y de China, en el 2000 y en 2020. La batalla que ya se dió

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También puede decirse, los 20 años que cambiaron el planeta.

(agradecimiento a Pedro Baños Bajo)

El Gobierno analiza dos ofrecimientos para la compra de submarinos. En AgendAR hablamos de ceguera

  • La Armada Argentina actualmente no tiene ningún submarino operativo para el control de nuestro mar. Tampoco para entrenar a los submarinistas: deben practicar en los de un país hermano, el Perú.
  • Frente a esta situación, el gobierno está evaluando ofertas francesas y alemanas -un submarino nuevo costaría entre 400 millones y 500 millones de dólares y su construcción demoraría varios años- y, en adición, la compra de uno usado a Brasil.
  • Desde AgendAR expresamos nuestra opinión, y apuntamos a una ceguera increíble de las autoridades responsables.
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Mariano de Vedia, el experto (??) de La Nación para estos temas, empieza la nota que reproducimos recordando que el ARA San Juan se hundió el 15 de noviembre de 2017, con sus 44 tripulantes a bordo, a la altura del golfo San Jorge
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Ahora, tomada la decisión de avanzar en la compra de un submarino para la Armada, el Gobierno analiza dos ofertas recibidas para recuperar la capacidad operativa perdida hace cinco años, con el trágico hundimiento del ARA San Juan,
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Fuentes navales confirmaron que las propuestas de las empresas Thyssen, de Alemania, y Naval Group, de Francia, superaron ya las etapas de evaluación de la Armada y del Ministerio de Defensa e ingresaron en áreas del Ministerio de Economía y otras esferas que reportan al presidente Alberto Fernández
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Se trata de una inversión estimada entre 400 millones y 500 millones de dólares, aunque no se descarta que la negociación derive en la adquisición de más de un submarino. Sin embargo, todos son conscientes de que la profundidad de la crisis económica y social condiciona la ejecución de “una decisión estratégica”, interpretan en ámbitos navales.
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“El número deseable para cubrir la extensión completa de la plataforma marítima argentina es de cuatro submarinos, pero no debería sorprender que finalmente se opte por tres, por dos o por uno”, se sinceró una fuente consultada por este diario.
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El ministro de Defensa, Jorge Taiana, visitó en julio pasado las plantas de ambas empresas –Thyssen y Naval Group- y en ese momento declaró que “si un país está sin submarinos, no cumple adecuadamente con la obligación de controlar su propio espacio marítimo”.
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Mientras la empresa Thyssen ofreció a la Argentina una versión modernizada del submarino clase 209, la compañía francesa Naval Group propuso el modelo Scorpene, que presenta una dimensión mayor. En cualquier caso, se trataría de desarrollos a largo plazo, estimados en diez años, por lo que la llegada de las embarcaciones estratégicas no sería inminente.
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“La inversión está destinada a recuperar la capacidad operativa submarina, que hoy es nula y se intenta suplir con otros medios que intervienen en el control de los espacios marítimos. Pero, hasta que la posible operación se concrete, la Argentina no puede darse el lujo de perder el adiestramiento de los marinos, que hoy se realiza en el submarino Salta –no apto para operar en aguas profundas- y en una capacitación que ofrece la Marina de Guerra de Perú”, confió un vocero naval.
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En ese cuadro de situación surge la posibilidad de que la Argentina compre adicionalmente un submarino ya usado –probablemente a Brasil- para destinarlo a la formación y el adiestramiento de sus submarinistas. En la actualidad, dos o tres oficiales y entre ocho y diez suboficiales por año se capacitan en instalaciones de la Escuela de Submarinistas del Perú, para complementar la formación teórica que reciben en la Armada Argentina.
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La premisa, se indicó, es “no perder el expertise de ir a inmersión y controlar el submarino”. El adiestramiento de los marinos es fundamental y a eso apuntaría la posibilidad de incorporar una unidad usada.
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Entre nada y algo
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“Cualquiera de las dos ofertas –la de Thyssen, que construye los submarinos clase 209, y la de Naval Group, que diseñó los Scorpene que compró Chile- cumple con los requerimientos de la Armada. Entre nada y algo, siempre algo es mucho más”, dijo un oficial naval.
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Más allá de las funciones prácticas, la puesta en el agua de submarinos constituye una potente señal con fines disuasorios en el mar. En la Armada recuerdan que una de las primeras medidas que Lula anunció al asumir como presidente de Brasil fue la construcción de un Scorpene y de una base naval.
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Llegado el momento se evaluarán las modalidades de compra más apropiadas y se verá si la Argentina opta por una transacción de Estado a Estado, o a través de un acuerdo de financiamiento con bancos.
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Según se pudo saber, más relegados quedaron otros ofrecimientos que habría recibido el gobierno de Alberto Fernández desde Rusia y China. En la Armada prefieren pisar sobre seguro y recurrir a sistemas de submarinos más familiarizados con las unidades que en su momento sirvieron a la Argentina.»

Comentario de AgendAR:

Esta nota se llevó una hora larga de análisis de la primera reunión presencial completa de este portal en dos años. La pregunta sin contestación es: ¿son o se hacen?
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Mariano de Vedia es ventrílocuo crónico y acrítico de altos oficiales que baipasean al MinDef. Su titular, el Dr. Jorge Taiana, es citado por declaraciones anteriores: es un estadista fogueado. No nos consta que al menos él esté pensando en compras llave en mano. No le da por ese lado, y además en este final de mandato el gobierno está alineado más bien en evitar que la inflación escale a híper.  
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Y no entendemos que la Armada pueda siquiera pensar en importar submarinos costeros alemanes o franceses, o unidades de segunda mano brasileñas, pero lo hace sin parar. Y eso cuando tiene en reparación inconclusa un submarino TR-1700 probablemente mejor, o al menos oceánico y no costero.
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El trabajo se discontinuó en 2017 por decisión del peor multiministro del gobierno anterior, Jorge Aguad: tras el hundimiento del ARA San Juan, del cual siempre adujo no tener arte ni parte, decidió no continuar con la reparación -ya avanzada- de último tercio de vida de su unidad gemela, el ARA Santa Cruz.
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Cuestión de coherencia: un par de años antes, como ministro de Telecomunicaciones, nos había dejado sin los satélites ARSAT 3 y 4. Cuando llegó a Defensa, nos dejó sin submarinos. We all live with no Yellow Submarine! Ni amarillo ni de ningún otro color.
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Si se terminara el trabajo en el Astillero Alte. Storni, parte del complejo CINAR, el Santa Cruz volvería a entrenar a nuestros submarinistas durante al menos 5 o 6 años más. Y podríamos dejarnos de mendigar y dar vergüenza regional mangueando «training» a los amigos y hermanos peruanos.
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¿Qué nos vienen a bardear, señores almirantes, con comprar un Scorpène (U$ 800 millones, 10 años para la entrega)? Un único sub, con tanto mar, no sirve para nada, lo dicen Uds. mismos. Y el FONDEF, que tiene que cubrir la reposición y modernización de las tres fuerzas armadas, este año logró recaudar unos U$ 500 millones. ¿Los señores almirantes piensan dejar sin renovar equipos al Ejército y la Aviación durante un año y medio? ¿Qué les pasa?
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¿Qué nos vienen a bardear con que no hay más remedio que comprarles el SB Tupí -hecho fruta- a los brasileños, y ponerle U$ 40 o 50 millones para resucitarlo un poco, cuando tienen un fierro excelente como demostró ser el Santa Cruz esperando volver al mar por mucha menos plata que ésa?
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Hay imbecilidades peores: que en la enorme nave del Storni sigan sin terminar el ARA Santiago del Estero y el ARA Santa Fe, otros dos TR-1700, y así desde 1994.
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¿Por qué obstinarse en construir estos submarinos de otro siglo y de otro milenio? Porque ya los tenemos pagados, porque resultaron excelentes y porque son oceánicos. Seguramente habría que rehacerlos de sensores, computadoras y de armamento, asuntos que han evolucionado enormemente desde los ’80.
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Pero eso se puede hacer. Los cascos de presión de estas dos naves siguen abiertos. Ergo, es factible entrar y reemplazar cantidad de sistemas y subsistemas sin tener que hacer cirugía de la brava. Y para eso hay que decirle a los muchachos de ThyssenKrupp que vengan al Storni a analizar el estado del astillero: Menem, al cerrarlo, vendió cantidad de máquinas-herramienta de precisión al costo del kg. de fierro, y no creo que hayan regresado solas.
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Resucitar el astillero en equipos ya sería toda una historia. Luego querríamos que los alemanes se sienten a la mesa de diseño con nuestros ingenieros y contadores, y decidamos qué se va, qué se queda y qué se pone en los TR-1700, y se hace un cronograma para todo, incluidos los pagos, con cargo al FONDEF.
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Lo que no hay que decirles a los de Thyssen es que les vamos a comprar un Tipo 209 cero kilómetro, porque van a decirnos que está descatalogado hace rato. ¿Un 214, entonces? Van a suspirar piadosamente: «Eso es para chicos de la OTAN, y no para todos. A los turcos, por ejemplo, nos prohibieron vendérselo. Y son OTAN».
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Fuera de ello, un solo sub no sirve de nada, y porque es costero, y sobre todo porque no tenemos la plata.
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Pero sobre todo, porque lo prioritario para la Argentina es recuperar y reequipar el astillero, y estabilizar sus recursos humanos. Estamos lejísimos de ello, pero lo básico y principal es que nuestros ingenieros navales especializados en submarinos puedan vivir de su profesión, y que vean navegando las obras que empezaron, y a los egresados de la Escuela de Submarinistas aprender su oficio a bordo de las mismas. Porque ése astillero también lo tenemos comprado desde fines de los ’70, y a Thyssenkrupp, no a la francesa Naval Group.
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¿Se puede hacer todo esto en diez años? Ante todo, ¿por qué 10 años? Porque sería el tiempo que le tomaría a Naval Group construirnos y entregarnos un Scorpene pelado de armas, es decir inútil (si se habla de sólo U$ 500 millones, es que falta el armamento).
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Las esperas son largas: así de dura es la vida de quien no fabrica nada y compra todo afuera. En esos tremendos astilleros franceses en Toulon todavía no tienen los submarinos en anaqueles de supermercado. De modo que incluso si se compran sin armas, uno no sale con la nave subida al changuito, tras pasar por la caja y dar tarjetazo.
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Si volviéramos a usar nuestro astillero (no va a suceder, al parecer nadie quiere que suceda) en 2025 podríamos tener al Santa Cruz de regreso en el mar, y en 2032 podríamos estar botando el Santiago para sus pruebas iniciales, y terminando el Santa Fe. Es decir que más o menos por la misma plata y en el mismo tiempo en que los señores almirantes estiman podrían recibir un submarino costero cero kilómetro, tendríamos tres oceánicos, dos de ellos nuevos. Y sobre todo y ante todo, tendríamos un astillero.
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¿Suena lógico? Sí, porque es lógico. Y olvídense de los franceses, salvo para dar rienda suelta a esa otra pasión argentina adjunta a la importación: el turismo militar. Olvídense de la bella Toulon, porque toda nuestra ingeniería de submarinos es alemana desde hace casi 50 años. ¿Hay que tirar todo ese capital de know-how a la basura?
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No por casualidad, es la misma pregunta que hoy enfrenta a distintos bandos del Programa Nuclear Argentino. Desde 1984, cuando terminamos solos Embalse, en Córdoba, quedó bien establecido que podemos perfectamente construir centrales nucleares de uranio natural y agua pesada tipo CANDÚ sin los canadienses (sus diseñadores).
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Hoy, se compre o no la central china Hualong-1 de uranio enriquecido, ¿hay que renunciar a que NA-SA (Nucleoeléctrica Argentina SA) siga construyendo clones potenciados, modernizados y mejores de Embalse? Sería tirar medio siglo acumulado de know-how en uranio natural a la basura.
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Argentina (cierta Argentina) es una gran empezadora. No es muy buena terminando cosas, sin embargo. Y si termina alguna bien, fija que tratará de no repetirla.
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¿Por qué emperrarse con los TR-1700? Por todo lo dicho antes, pero sobre todo por su alcance, son submarinos oceánicos, y como tales, constituyen armas de contrabloqueo. Ayuda-memoria a los señores almirantes: los ingleses nos bloquearon 2 veces en el siglo XIX, entre 1806 y 1807, cuando el Virreinato, y luego entre 1845 y 1850 en tiempos de Rosas. El costo económico para la naciente Confederación Argentina fue enorme.
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Salvo que reinventemos un poco nuestra geografía y nuestra producción, siempre seremos un país fácil de bloquear. Con la geografía con la que este país nació y quedó, el 80% de lo que producimos sale por el Plata.
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Todos los submarinos alemanes que tuvimos han mostrado ser acústica y magnéticamente difíciles de detectar, como el viejo San Luis, un tipo 209 testeado en Malvinas por la Royal Navy, que todavía debe seguir buscándolo. Pero los TR-1700 de yapa tienen una velocidad en inmersión (26 nudos) y un alcance que los vuelve armas muy desequilibrantes, por sorpresivas. Pueden reventar un bloqueo por retaguardia, llegando al Río de la Plata, Quequén, White o San Antonio desde otros mares y por distintas rutas. Esto a los 209 viejos o viejísimos (como el Tupí) les queda fuera de capacidades, por su autonomía más acotada. Lo mismo para los Scorpène. Sin embargo le damos la razón en algo a los almirantes: poner una nueva base y un submarino en el mar es siempre un gesto asertivo, como el de Lula en 2008, cuando hizo construir su primer Scorpène, el Riachuelo, en los astilleros de Ilha de Madeira. ¿Comprar una nave «llave en mano», el industrialista Lula? Esqueça isso, carinho! Si tu misión es volver muy costoso un bloqueo naval, pensá en grande y pagá lo menos que puedas. Operá desde mar adentro con tus naves y que, como norma, rara vez se sepa adónde están. Obligá al enemigo a destinar destructores a buscarlas por medio planeta, y a temer por sus propios puertos y amarraderos, y a protejerlos. Volvete peligroso por ubicuidad, capacidades y sigilo. Es un buen modo de evitar constantes prepeos y eventuales guerras. Cierta tranquilidad diplomática: eso es lo que te darían tres TR-1700 en el mar, y difíciles de encontrar. Fierros de los ’70, pero de una ingeniería tan notable que -como lo demostró de un modo terrible el naufragio del San Juan- con la tripulación probablemente ya muerta y la nave cayendo hacia el talud continental, el casco de presión se negó a implotar hasta que llegó a los 600 metros de profundidad. Por eso los restos desprendidos del casco externo quedaron bastante agrupados alrededor del casco de presión. Con tres TR-1700 navegando de aquí a diez años, en AgendAR nos conformamos. El paso siguiente será entonces robotizar las armas de guerra naval, lo que implica multiplicarse en fierros y reducirse en tripulaciones, desarrollar redes furtivas de hidrofonía en el fondo de la Plataforma Submarina, y flotillas de drones semiautónomos, tanto de superficie como sumergidos, que multipliquen las capacidades de nuestros TR-1700. Y a eso sumarle más satélites de radar de apertura sintética, como los 2 SAOCOM que ya tenemos en vuelo, pero en banda X, de definición casi fotográfica. Mucho trabajo para INVAP y nuestros astilleros. Puedo imaginar el escepticismo del lector, y lo comparto no poco. ¿Pensar en estas cosas al borde de una híper? Es que creo que la Argentina va a seguir y hay que ver con qué industrias, con qué armas y con qué industrias de armas. Pero ojo, al Mar Negro «el futuro ya llegó hace rato», como dicen Los Redondos. Es mirando ese futuro que uno entiende la estupidez sublime de comprar un submarino nuevo. Armas carísimas y tripuladas, como los pesados tanques y los portentosos cruceros, que atravesaron más de un siglo sin perder vigencia, en la guerra de Ucrania se han vuelto tumbas móviles. Se las liquida cada vez más a distancia, y con sistemas cada vez más informatizados, autónomos y baratos. Hemos examinado con asombro esta «noticia» de un ofrecimiento francés y otro alemán. Obviamente fue fabricada por la Armada en base a ignorar un astillero y tres submarinos comprados y pagados. Bueno, finalmente los señores almirantes alguna cosa fabrican. Lo que nos preguntamos es por qué somos el único portal que contrapone propuestas industriales a tanta hueca pavada, y por qué nadie se toma siquiera la molestia de refutarnos. Volvemos a la pregunta inicial: «¿Son o se hacen?». Se contesta fácil: ambas cosas. La idea de que Argentina recobre algo de su vieja soberanía marítima no le cierra a ninguno de nuestros acreedores, y por ende tampoco a nuestra sumisa clase dirigente. Por eso, cuando pinta el tema submarinos y en AgendAR decimos «comprar no, fabricar sí», nos quedamos hablando solos, como quien menta la soga en casa del ahorcado. Y es que no se trata de cualquier casa: el verdugo es parte de la familia.

Daniel E. Arias

Hoy, 18 hs. «La industria del software y la ciberdefensa»

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El Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Manuel Belgrano del Ministerio de Defensa – CEEPADE – invita a un nuevo encuentro virtual del Ciclo de Conferencias del año 2022.

Se realiza este miércoles 16 de noviembre a las 18 horas. Compartiremos la exposición de dos destacados especialistas que disertarán sobre: “LA INDUSTRIA DEL SOFTWARE Y LA CIBERDEFENSA»: A.S. Jorge ZACCAGNINI – Dr. Ariel VERCELLI. La presentación y apertura estará a cargo de la Dra. Nilda GARRÉ, Secretaria Ejecutiva del CEEPADE. La Mg. Sol GASTALDI, investigadora y docente de la UNDEF tendrá a su cargo la moderación de la mesa.

*Para inscribirse se deberá completar este formulario.

Ya somos 8.000 millones de personas en el mundo. India, cerca de superar a China en población

Según los modelos del UN Population Division Data Portal, la población mundial alcanzó los 8 mil millones de personas ayer, 15/11/2022, menos de un siglo después de que el planeta albergara solo 2 mil millones.

Este rápido crecimiento fue impulsado por los avances en la salud pública y la medicina, que permitieron que más niños sobrevivan hasta la edad adulta. Y las tasas de fecundidad se mantuvieron altas en los países de bajos ingresos. Pero el crecimiento se está desacelerando y, dentro de unas pocas décadas, la población de la Tierra comenzará a reducirse. Hoy en día, casi la mitad de la población de la Tierra vive en lugares donde la fertilidad a lo largo de la vida es inferior a 2,1 nacimientos por mujer, aproximadamente el nivel necesario para que las poblaciones con baja mortalidad dejen de crecer a largo plazo.
De aquí a 2050, más de la mitad del aumento de la población mundial se producirá en solo ocho países: la República Democrática del Congo, Egipto, Etiopía, Nigeria, Pakistán, Filipinas, Tanzania e India.

El caso de India

En algún momento del año que viene, el llanto de un recién nacido en India marcará un momento decisivo para el país: el de superar a China y convertirse en la nación más poblada del mundo. Sin embargo, en lndia, la historia del boom demográfico son en realidad dos historias. En el norte, la población sigue en aumento, liderado por solo dos estados. En el sur, más rico, las cifras se están estabilizando y hasta disminuyen en algunas zonas. Las profundas diferencias entre estas regiones ponen al Gobierno frente a un desafío único: las consecuencias de un baby boom y el envejecimiento de la población, todo dentro de un mismo país. En India viven actualmente más de 1.390 millones de personas, cuatro veces más que en Estados Unidos y más de 20 veces más que en Gran Bretaña. En China viven 1.410 millones, pero India está en camino de ponerse en cabeza en 2023 con los 86.000 bebés que nacen en el país cada día (frente a los 49.400 de China). India puede alcanzar los 1.650 millones de personas en 2060. El crecimiento demográfico ejercerá una presión enorme sobre los recursos, la estabilidad económica y la sociedad de India, con repercusiones que se sentirán mucho más allá de sus fronteras. La disminución de recursos como el agua podría convertirse en un factor decisivo para el futuro de la población en un país que sufre fenómenos meteorológicos extremos el 80% del año y está en primera línea de la crisis climática. Un país, dos historias Hace más de un siglo que prolifera el temor de una “explosión demográfica” en India, un escenario donde el desarrollo económico no sería suficiente para sostener el peso de una población que crece de manera descontrolada y los recursos del país se verían desbordados, dejando a millones de personas en estado de inanición. La población de India creció a un ritmo considerable tras la independencia del país: pasó de 350 millones a 1.000 millones de personas entre 1947 y 1997. Pero desde los años 80 ha habido varias iniciativas para convencer a los ciudadanos sobre las ventajas de la planificación familiar, sobre todo en los entornos más pobres y marginales, que suelen tener más hijos. Como resultado, la tasa de fertilidad de India comenzó a descender más rápido de lo que preveían los escenarios fatalistas sobre la “explosión” demográfica. Pero el freno al crecimiento de la población no ha sido homogéneo en todo el país. La arraigada división entre el norte y el sur ha jugado un papel clave en la demografía, con consecuencias políticas y sociales. En la próxima década, un tercio del crecimiento demográfico de India tendrá su origen en solo dos estados del norte, Bihar y Uttar Pradesh. El deseo de tener hijos varones, que en algunas partes del país todavía se consideran mucho más deseables que las hijas, ha sido una razón clave para las mujeres del pueblo. Surta Devi, de 36 años, cuenta que tuvo seis hijos para asegurarse de que hubiera dos hombres que “continuaran el linaje”. “Solo después de dar a luz a todos mis hijos, los médicos me hablaron de la planificación familiar”. El rejuvenecimiento de la población Un reto demográfico específico, extendido por todo el país y especialmente concentrado en los estados más pobres del norte, es el del rejuvenecimiento de la población. La mediana de edad de un indio es de 29 años y el país tiene que lidiar con una población joven extensa, ambiciosa y cada vez más inquieta, en su mayoría no cualificada, para la que no hay suficientes colegios, universidades ni programas de formación. Pero, sobre todo, no hay suficientes puestos de trabajo.
Según la ONU, cada año se producen 10 millones de embarazos no deseados en India.
El aborto es legal en el país pero ha habido que esperar hasta 2022 para que fuera legal también para las mujeres solteras. Para las casadas sigue siendo un tabú y la mayoría de los abortos son practicados por los “curanderos” de los pueblos, a menudo con consecuencias para la salud a largo plazo. “La crisis a la que se enfrentará pronto el sur es la del envejecimiento poblacional”, dice Aparajita Chattopadhyay, profesora del Instituto Internacional de Ciencias de la Población. “India pronto tendrá a más del 10% de su población envejecida, lo que en nuestro contexto es una cifra gigantesca. Esto plantea problemas importantes en términos de empleo, de seguridad social, pero sobre todo en la sanidad, donde el gasto sigue siendo muy bajo y la incidencia de enfermedades como la diabetes es muy alta entre las personas mayores. Esto no se puede ignorar”.

La inflación de octubre fue del 6,3%. Interanual, llega al 88%

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El INDEC dio a conocer ayer la inflación de octubre, que reportó un alza del 6,3 por ciento, una decima por encima del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de septiembre. Los rubros que más impactaron fueron Comunicaciones y tarifas, y la sorpresa la dio Textiles, que mostró una baja de casi 4 puntos respecto al número del mes previo.

En los primeros diez meses del año hubo un alza acumulada del 76,6 por ciento; mientras que los precios minoristas medidos entre octubre del 2022 y mismo mes del 2021, tuvieron un incremento del 88 por ciento. Si bien se venía de dos meses de baja, del 7,4 de Guzmán pasando a un 6,7 y luego a un 6,2, en el Gobierno sostiene que el 6,3 de octubre da la chance de que el IPC del año de por debajo de los 100 puntos, número anímico. Incluso, ya hablan cerca de Massa que el indicador de noviembre tendrá «un 5 adelante». Los sectores El rubro Comunicación tuvo un incremento del 12,1 por ciento, y fue el que más subió en el mes, explicado principalmente por aumentos en los servicios de telefonía e internet. En segundo lugar se ubicó el ítem Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con el 7,5 por ciento, explicado fundamentalmente en luz y gas con la puesta en marcha de la segmentación tarifaria. El rubro Alimentos y bebidas no alcohólicas, que marcó en el mes una suba de 6,2 por ciento, fue el que tuvo mayor incidencia en todas las regiones del país, destacándose el alza de precios en verduras, tubérculos, legumbres y frutas. Durante octubre, también sobresalieron los aumentos salariales de trabajadores de casas particulares, con impacto en el ítem Equipamiento y mantenimiento del hogar, que marcó un avance de 4,9 por ciento. Por su parte, el incremento en la cuota de la medicina prepaga incidió en la división Salud, que subió 7,1 por ciento; a lo que también se sumaron peajes y combustibles, más el arrastre que dejó el alza de las tarifas del transporte público en septiembre, que impactaron sobre la división Transporte. Por categorías, en octubre el alza mensual fue liderado por productos y servicios Estacionales, con un avance del 9 por ciento, explicado en parte por las subas de verduras, tubérculos, legumbres y frutas, seguido por los Regulados, con un incremento del 7,4 por ciento; mientras que el IPC Núcleo reflejó un aumento del 5,5 por ciento. En lo que respecta de manera específica a los alimentos, el precio de la leche entera en sachet subió en octubre 17,3%, la botella de cinco litros de aceite de girasol marcó un incremento de 13%, el kilo de batata aumento 48,4% frente al mes previo y el kilo de papa reflejó una mejora del 57,6%. En el subrubro verduras y hortalizas los productos que bajaron fueron el tomate, con una merma del 18%; y la lechuga, -4,9%. Por regiones, tanto la zona delimitada por la Capital Federal y el Gran Buenos Aires (GBA), como la Patagonia, se ubicaron por encima de la media general con una suba de 6,6%. En línea con la media, en las provincias del Noreste argentino la inflación de octubre fue de 6,3%. Mientras que Cuyo marcó una suba de 6%, la región Pampeana, 6,1%; y los distritos del Noroeste, 62%.