La «Guerra de Fondos» y nuestras Malvinas – 2ª parte

La 1ª parte de este artículo está aquí: La «Guerra de Fondos (marinos)» hoy, y una batalla naval de Malvinas en 1914 – 1ª parte

En los años de entreguerras, el carbón perdió su preeminencia ante los combustibles líquidos en la industria y en la propulsión naval. Fue una revolución técnica que decidió desde 1945 el modo de hacer cosas en este mundo, desde aceros a caramelos, por citar a un célebre malvado. Pero el efecto sobre las marinas de guerra fue inmediato.

Los nuevos barcos tenían no sólo una autonomía mucho mayor, sino que podían repostar búnker oil (el peor corte) o fuel oil (menos lesivo) de borda a borda. Y lo hacían en una cita secreta con una nave auxiliar, en cualquier lugar apartado de los océanos y mares.

Las Malvinas, entonces, perdieron importancia como lugar donde la flota inglesa acudía a «carbonear». Pero por su geomorfología tallada por glaciares, tienen la única línea costera del Atlántico sur perfecta para hacer puertos profundos y abrigados del viento. Es muy escotada, y recuerda la de Inglaterra, donde nada está a más de 100 kilómetros del mar.

Es bien distinta de la predominante en Argentina, tan rectilínea, baja, arenosa o barrosa. La de la Patagonia en particular está interrumpida por acantilados, con rompientes llenas de restingas rocosas que han destripado tantos barcos, y 2 de cada 3 días, azotada por violentos vientos. Estos, para peor, suelen cambiar de cuadrante en horas.

Y para rematar la cosa, del Río Negro para abajo, hay algunos puertos donde la diferencia de altura entre pleamar y bajar es enorme. Son 11 metros en San Antonio Oeste. En consecuencia, se forman brutas corrientes de marea, y ese oleaje incoherente e innavegable que son los escarceos, cuando cuando las corrientes enfrentan la dirección del viento.

De modo que es nuestra historia geológica, especialmente la sedimentación, y su combinación con la meteorología las fuerzas que logran que la costa argentina tenga muy pocos puertos naturales aceptables. Buenos Aires es pésimo por sedimentación, y se llega atravesando un canal especialmente largo, que requiere de dragados continuos o desaparece.

Los puertos no digamos buenos, pero al menos funcionales, son Quequén, White y Belgrano, en el área de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires.

En Río Negro y Chubut, los puertos son ventosos, desabrigados y de poco fondo por las restingas. Eso al punto que la carga de petróleo en Caleta Olivia y Comodoro se hace lejos de la costa, en boyones flotantes, para impedir varaduras.

Deseado, San Julián y Punta Quilla en Santa Cruz, amén de los del canal del Beagle: Harberton y Ushuaia son mejores por profundos y abrigados. Deseado exporta pescado, y mucho. Ushuaia mueve mucho turismo. El resto, vegeta.

Sin embargo hubo y hay imperios navegantes con peores costas: Holanda, por ejemplo. Dominar estratégicamente el Mar Argentino debería haber sido una decisión soberana, y el único tipo que la puso en tinta sobre papel fue el Alte. Segundo Storni, un olvidado eterno. Por eso a la Armada (ARA) sólo se la ve -y no mucho- en Belgrano y Ushuaia. No se le eche la culpa a la geografía.

Lo que los devalúa en términos estratégicos esta ringla discontinua de puertos es su casi total desconexión del interior. Deseado habría podido y debería ser el apostadero naval por excelencia de la Armada Nacional: está exactamente frente a las Malvinas.

Tuvo un minúsculo apostadero naval, en general reducido a una oficina y a veces, alguna torpedera anclada. También tiene una línea ferroviaria de trocha ancha que sube a través de 12 estaciones hacia el Noroeste hasta la ciudad de Las Heras, zona muy petrogasífera. Con esa línea férrea y sus aguas profundas, Deseado podría haber embarcado tanto petróleo como Caleta Olivia y tal vez a menor costo, y transportado por tierra los equipos petrolíferos (enormes, pesados, importados) hasta los pozos.

Con eso se podría haber hecho un puerto militar sustentable económicamente. Y una guarnición. Para el caso, en la barranca norte de Deseado está el 9 de Caballería Blindada, y cruzando nomás la ruta nacional 281, un aeródromo para cazas de ataque de ataque a tierra Pucará, con pista de 1500 metros. Era asfaltar otro kilómetro más, poner combustible, agua y talleres y se tenía una base aérea «de despliegue», más bien austera, pero desde la cual, cuando la guerra de Malvinas, podrían haber operado perfectamente los A4 Skyhawk y los Hércules de reabastecimiento aéreo de la Fuerza Aérea.

El sentido de las bases de despliegue es defensivo y ofensivo. Se trata ante todo de no tener los aviones en una o dos bases, regalados ante un ataque sorpresa. Fue lo que le pasó a la considerable Fuerza Aérea Egipcia a manos de la aviación israelí: en la mañana del 5 de junio de 1966 perdió 288 aviones en tierra, y en los 5 días subsiguientes, el total fue de 388 sobre un total de 420. Al mediodía de aquel primer día, la Guerra de los 6 Días estaba ganada.

El sentido ofensivo es evidente. La distancia entre cualquiera de las BAM (Bases Aérea Militares) patagónicas y las islas varía entre los 700 y 1000 kilómetros, lo que normalmente supone un reabastecimiento aéreo a la ida, a la vuelta, o ambas para las misiones de muy largo alcance, como el ataque al portaaviones HMS Invincible. La Argentina entró en combate con sólo dos Hércules tanqueros. Era liquidar uno en tierra en San Julián, y había que rendirse.

Pero además, las dos invalorables «Chanchas» orbitaban alrededor de un punto fijo de reabastecimiento. Allí se dirigían los A4 que volvían de una misión, normalmente agujereados a tiros y perdiendo combustible. Ese punto, estaba a unos 300 km. mar adentro, sobre el paralelo 47, cuadradamente frente a Deseado. Para un avión «que viene sangrando» y no sabe si llega a tierra, Deseado era el camino más corto.

Algo grande iba a hacer allí la Fuerza Aérea en 1982: puso al NE de Deseado, junto a la RN 81, dos grandes radares Westinghouse vigilando el mar. Y hasta ahí le llegó el amor. Sus 1500 metros de pista fueron abandonados, están poceados e invadidos por arbustos ya viejos.

Interesa ver cómo cada una de las tres Fuerzas Armadas en Deseado usó su plata sin coordinar un plan común. Parecían pertenecer a tres países diferentes. Esa incoherencia se repitió en el teatro de operaciones, en 1982, cuando la guerra de Malvinas. Y antes de ello, en 1978, en la casi guerra contra Chile.

NO ESTÁBAMOS CONDENADOS AL TRIUNFO

Nada indica que contra Chile en 1978 nos hubiera ido mejor que en Malvinas. De hecho, tras un comienzo muy violento en el que ambos países habríamos perdido gran cantidad de efectivos, la cosa probablemente habría degenerado en una guerra prolongada a lo largo de 5308 km., la tercera frontera más larga del mundo.

Es fácil imaginar algo parecido a la guerra de trincheras de 8 años entre Irak e Irán, con terceros que vendieron armas a ambos contendientes, y ganaron plata y autoridad regional sobre dos países petroleros. Terminado el pifostio, había 1 millón de muertos de uno y otro lado, otro millón de heridos y discapacitados, y un número de entre 100 y 200.000 de civiles kurdos gaseados en sus aldeas con agentes nerviosos y gas mostaza.

Tanta masacre, y la frontera entre ambos países no se había movido. Las consecuencias económicas y humanitarias todavía se viven hoy. De hecho, Irak no existe. Fue invadido por la OTAN, que lo había apoyado a fondo durante la guerra.

No hay dos guerras iguales, pero sí hay algunas parecidas. La OTAN se habría alineado sin mucho disimulo con Chile, pais geopolíticamente más confiable. Más que un empate territorial, como en la contienda entre Irak e Irán, Argentina podría haber perdido algunas provincias patagónicas, tan despobladas e indefendibles. No habría sido no inevitable. Sí bastante probable.

En 1978 laas FFAA del general Pinochet eran más pequeñas pero mucho más profesionales, estaban regionalmente mejor desplegadas, y mejor entrenadas para la cooperación interfuerzas. De yapa, el país era histórica, diplomática y miltarmente más ligado a Inglaterra y los EEUU que el nuestro.

Particulamente a Inglaterra no le habría convenido en absoluto ni el triunfo ni el empate con Chile de la Argentina, un país 11,4 veces más extenso que el Reino Unido, y con el que desde 1833 tenemos parva de reclamos territoriales.

PUERTO DESEADO NO FUE INGLÉS O CHILENO DE PURO CUETE

Deseado podría haber sido chileno o inglés, y lo tenemos de chiripa.

Los Brits le echaron el ojo hace mucho, cuando Santa Cruz era tierra de los Aonik Enk, nombre real de los tehuelches.

El corsario Thomas Cavendish recaló en la ría con su barco Desire y dos escoltas en diciembre de 1586, bautizó la ría con el nombre de su nave (Port Desire), reclamó con naturalidad el inmenso entorno como propiedad de su rey Charles II y sólo se quedó 11 días. No encontró agua pero sí a los Aonik’ Enk, que debían ser antimonáquicos. Algunos hombres de Cavendish se llevaron algunas flechas como souvenir, pero incrustadas en el cuerpo.

Menos suerte aún tuvo su seguidor, George Farmer, capitán de la HMS Swift, en la primavera de 1770. Atención al prefijo del nombre de la goleta de Farmer: HMS, His Majesty’s Ship. Es decir que la corona británica estaba militarmente interesada por la ría.

Como pasó con Cavendish, ambos hombres trataban de repetir la hazaña de Magallanes y de Elcano, dar la vuelta al mundo. Pero no para quedar en la historia, sino para darle la vuelta al Cabo de Hornos y subir por la costa chilena, tomando naves y saqueando cada ciudad española que les saliera al paso. Iban sobre todo a por botín, pero oficialmente, aquellas eran operaciones que hoy serían llamadas de «area denial»: estorbar a España en su ocupación del Pacífico.

Tanto para Inglaterra como para España, tener algún puerto protegido del viento en la margen atlántica de la Patagonia Austral era un buen modo de reponer víveres y agua, eso antes de cruzar a la brava hacia el Pacífico. Así se fundó esa ciudad distribuida sobre ambas orillas del tramo final del Río Negro: Viedma y Carmen de Patagones. Ese exclave del Virreinato, sin embargo, nunca fue buen puerto: mucho barro, poco fondo.

Em Deseado y evitando escollos y vientos, Farmer ancló aguas adentro de la ría, lejos de la brutal corriente de la desembocadura, frente a la Isla de los Pájaros. Hay decenas de miles nidos de gaviotas, gaviotines, petreles y skúas. Te declaran «persona non grata» no bien te acercás.

Pájaros aparte, Farmer no tuvo en cuenta que la amplitud mareológica en la ría es de 4,5 metros, y con luna nueva o llena llega a 6. Lo que causa que 4 cuatro veces por día la ría se vacíe como una jeringa inmensa, haga una pausa de 15 minutos (o stoa), y luego se llene de agua a toda velocidad.

Por eso las corrientes de marea llegan a 7 nudos en la angostura de Punta Cascajo: si entrás con la marea bajante, hay que avanzar trabajosamente contra la corriente para que el timón no pierda autoridad, y puedas mantener el rumbo. Incluso con motor, no es fácil. ¿Cómo habrán hecho Cavendish y Swift, con barcos a vela, una balandra de 18 cañones y una fragata? Eran barcos livianitos, pero cuantimás daban entre 7 y 11 nudos.

Te puede ir peor. Si salís al mar cuando el pico de la bajante, la correntada de cola te hacer perder timón, te pone el barco de través, y si sopla desde el norte, es probable que termines varado en la restinga Chaffers, en la orilla sur de la boca de la ría. En grata compañía de miles de pingüinos magallánicos, circunspectos como ingleses.

Farmer no tuvo una salida difícil. No tuvo una salida. Buscó el interior de la ría, donde ésta se expande, y echó el ancla medio pegado a la costa norte, donde la corriente es menor. Lo hizo a profundidad aparentemente segura. Pero la marea bajó de golpe, según usos y costumbres, y a caballo de su escollo, la Swift se tumbó por lateral.

Cundió zafarrancho de evacuación, y de los 91 tripulantes lograron escaparse 88: el cocinero y dos marines se ahogaron dentro de la fragata. Horas después entró en riada la pleamar y, encontrándo la nave acostada, la terminó de inundar. Los 88 sobrevivientes quedaron muy a su aire en una enorme caleta desértica enérgicamente libre de agua potable, salvo un chorrito miserable en el fondo del Cañadón de la Aguada. No está lejos del sitio del accidente. Pero tampoco se lo encuentra fácil, salvo que uno tenga la paciencia y la desesperación.

Farmer se vio muerto cuando llegara el frío, y no tuvo más escapatoria que el heroísmo: se subió con 2 tripulantes 3 tripulantes a un cutter de salvamento sin cubierta, abierto, y se mandaron a vela, sextante y ojo de buen marino hasta Puerto Egmont, por ayuda.para conseguir

Navegar casi 600 kilómetros por el Mar Argentino, embarcando y desagotando agua a cada rato, y afrontando las mil perradas del oleaje, de los escarceos y de los vientos, todo eso tiene mérito. Pero de yapa pegarle de lleno a ese ínfimo primer enclave militar británico en Malvinas, ¿cómo evaluarlo?

El rescate desde Egmont tardó pero llegó, la tripulación del Swift de seguir viva, y el premio del Almirantazgo para con Farmer fue hacerle corte marcial por perder su nave. Aquel vaciadero de tilingos con peluca tenía algunos problemas de liderazgo.

No están solos. En 1978 estuvimos a punto de ir a la guerra con los primos transandinos por 3 escuetos islotes en el Beagle. «A punto de» significa que el 22 de diciembre en la base aeronaval de Ushuaia los Aermacchi argentinos, con las coheteras Zuni bajo las alas, estaban calentando turbinas para ir a misilear su contraparte chilena de Punta Arenas.

1978, BUEN AÑO PARA GANAR EL MUNDIAL Y PERDER EL PAÏS

Los 3 islotes de marras se llaman Picton, Lennox y Nueva, están en la boca occidental del Canal de Beagle y tienen el clima horroroso de esa zona del planeta (vientos de hasta 160 km/h, tormentas intempestivas, lluvia a cada rato). No son estrictamente roca pelada: hay pastizal altísimo, flameante y empapado, lagunitas aquí y allá, llenas de agua marrónn por la turba, y unos arbustos pegados al suelo en posición de «cuerpo a tierra».

Cuando se mira bien ese chaparral, sin embargo, ve lengas y ñires, los mismos árboles que en el corazón de la isla de Tierra del Fuego forman bosques de 30 metros de altura: aquí no logran ni reptar. Nada es lo que parece, en estos infiernitos resbalosos. Uno pisa, con alivio, algún raro tramo de suelo a nivel y se hunde hasta la rodilla en suelo blando y esponjoso.

No era tierra firme, era turba. Trata de sacar el pié, y sale tras mucho tironeo, haciendo un SLURRP de sopapa, y el agujero empieza a llenarse de agua color té, por el ácido húmico. Caminante, no hay camino. Bienvenido

Picton, Lennox y Nueva son sitios excelentes para desterrar gente que uno odia muy especialmente. Fuera de sobrevivir, no hay nada que hacer o cómo hacerlo. Los pingüinos magallánicos, sin embargo, se sienten a gusto aquí, pero las parejas reproductivas cavan guaridas entre las raíces de los arbustos para no congelarse.

Durante décadas, los gobiernos argentinos, y especialmente los militares, deben haber supuesto que los islotes no servían para nada e hicieron lo que hacen siempre: nada. Así, por su marcial vocación de no salir de La Reina del Plata y ocupar un poco el paisaje, habían perdido, desde el siglo XIX, toda la margen sur del Canal de Beagle.

Antes de 1971, los chilenos, por su parte, hicieron lo que han hecho siempre desde el siglo XIX: instalar a algunos pobres cristos bajo bandera en un sitio no reclamado o sí reclamado por Argentina, que descree de la ocupación como base de derecho. Luego, construirles alojamiento, ponerles un muelle bien construido, hacerlos ondear la bandera, darles comida, bebida e incluso leña, el paso siguiente era incluir el sitio en su cartografía oficial y reclamarlo como «Alcaldía de Mar».

El reclamo por Chile de los alrededor de 400 km2 que suman Picton, Lennox y Nueva alborotó plumas en escritorios de almirantes y diplomáticos argentinos. Como quien dicen, salieron del coma.

Esos peñascos de martirio están en medio de la vaguada del Beagle, en posición más o menos indecisa. ¿Son argentinos o chilenos? Lo que cuenta es que en los ’70 Chile ya estaba ahí, y nosotros no. Pero en 1978 faltaban apenas cuatro años para la CONVEMAR, el órgano de los EEUU que fija derechos de propiedad de los estados nación sobre océanos y mares, estableciera como límite de toda jurisdicción las 200 millas marinas medidas desde la costa. Y eso le regalaba a los vecinos una ZEE, o Zona Económica Exclusiva, con derechos de pesca, dentro del Mar Argentino.

La Cancillería estaba ocupada en probarle al mundo que los argentinos somos derechos y humanos. ¿Y la ARA? En esa época estaba muy ocupada organizando el Mundial de Fútbol, y administrando decenas de campos de exterminio, entre ellos la Escuela de Mecánica, que había que llenar de secuestrados, porque esos cretinos no se presentan solos por guardia. Mucho trabajo. No se puede estar en todo.

Hay que ser un bruto con poca geografía, porque es tan lindo tener islotes…

El caso de tapa de libro es Francia continental, un pañuelo. Francia y Córcega suman 551,500 km de tierras secas metropolitanas. Pero entre ambas, tienen una ZEE específicamente metropolitana de 335.00 km2 más.

Hasta ahi, todo normal. Pero con las islas que revistan como tierras francesas de ultramar, Francia cambia mucho. Sumando colonias como Guayana Francesa, sus archipiélagos sobre el Pacífico como la Polinesa y muchos otros sobre el Índico, más otra miríada de territorios de ultramar, algunos casi inaccesibles, antárticos e insólitos como la isla polar de Kerguelen, la ínfima Francia Metropolitana, dueña de tanta isla, islita, islote y escollo que supo ranfañar a otros en sus lejanos tiempos de grandeza, adquiere una ZEE de 11,691,000 km², apenas algo menor que la de los USA.

No haga la cuenta, chamigo, es más o menos 11 veces la ZEE que tiene Argentina hoy. Y «hoy» significa tras perder por segunda vez las Malvinas, y luego la vergüenza de perder en las sucesivas negociaciones a calzón bajado con los ingleses, un total de 1.640.000 más de km2 de jurisdicciones marítimas.

En términos jurídicos, esto sucedió porque las Malvinas son un archipiélago de más de 200 islas e islotes, y a eso hay que sumarle otros islotes que son la continuidad emergente de la Cordillera de los Andes y de la Península Antártica: las Georgias, las Sandwich, las Orcadas y las Shetland.

En términos reales sucedió porque, perdida de golpe y luego lentamente su capacidad militar de disuasión, la Argentina nunca se sentó a negociar sino a conceder, un ejercicio de genuflexión sistemático que pudre históricamente nuestra diplomacia. Ante ello, la ventaja británica es que con haber derrotado (y desarmado) a la Argentina, no necesita poner ni siquiera un pingüino con la Union Jack sobre un escollo para decirnos: «Esto es mío y no se toca».

Bien no quería salirme de tema, pero simplente subrayar que los islotes sin habitantes ni importancia perdidos en la vastedad del mar pueden ser importantísimos. Se puede saber de geografía, se puede saber de diplomacia, y sin embargo ser un total pelotudo en geopolítica.

La discusión con los chilenos por los islotes se puso densa, y en 1971 entre los presidentes Salvador Allende y el dictador Alejandro Lanusse acordaron que el asunto fuera zanjado por Su Graciosa Majestad, la reina Elizabeth. No other.

Seriously?

Lanusse aceptó el arbitraje de un país que en 1833 nos había sacado a patadas de las islas Malvinas, que había bloqueado más de 7 años y en 2 ocasiones el Río de la Plata, que invadió 2 veces Buenos Aires con tropas, que ocupó con su flota el río Paraná hasta Corrientes por considerarlas no aguas interiores sino internacionales de libre tránsito, hasta que lo disuadimos a persistentes cañonazos…

Con la pérdida de aquellos tres desharrapados islotes sobre la boca oriental del Beagle, la vieja base doctrinal del Tratado de Punta Arenas de 1881, que fue «Chile en el Pacífico y Argentina en el Atlántico», moría allí mismo. Ese papel firmado por los presidentes Julio Roca y Federico Errázuriz, nos dieron casi un siglo de paz. Muerto ese tratado, siguió y seguirá el actual «vale todo».

Si de suyo fue malo aceptar a un juez que siempre fue parte, la respuesta argentina al arbitraje (decidido en total favor de Chile en 1987) fue una ruptura sumamente imbécil de leyes y tratados internacionales. En 1978 había que tener la fuerza militar de EEUU o la URSS para ignorar de modo tan vehemente a las Naciones Unidas.

Obviamente, para ser el taita de estos andurriales sudacas, mínimamente, necesitabas armas nucleares, o al menos la posibilidad tecnológica de tener una primera en pocos meses. La entonces poderosa Comisión Nacional de Energía Atómica tuvo que decidir, interrogada por el dictador militar antecesor de Lanusse, Juan Carlos Onganía, si era conveniente dar aquel paso.

Nota de interés: Onganía, dictador y estúpido de pies a cabeza, no ordenó: preguntó a los que sabían. Ese hábito murió con Carlos Menem.

Fiel a usos y costumbres muy arraigados en el ambiente nuclear allá por 1966, el contraalmirante Oscar Quihillalt puso la pregunta a consideración de su cúpula tecnológica, política y legal, es decir el directorio. Se votó en contra, ignoro si por unanimidad o mayoría simple. El argumento es que el camino hacia la bomba se podía hacer rápido, tal vez 3 o 4 años hasta detonar la primera.

La objeción de la CNEA fue que esto habría desatado una carrera de bombas atómicas entre Chile, Brasil y la Argentina. Habríamos corrido con mucha ventaja técnica inicial, ¿pero y una década más tarde? ¿Y el bloqueo de comercio exterior que nos habría impuesto el Consejo de Seguridad de la ONU?

Quhillalt le contestó exactamente eso a Onganía. Hoy sabemos con seguridad que en esa competencia, habríamos arruinado la economía del país: la URSS no se desplomó sola, sino bajo el peso de sus gastos en defensa. Al momento del colapso político, llegaban a entre el 20 y el 25% de su PBI.

Otra nota de interés: muy respaldado por la USA y Gran Bretaña debía sentirse Pinochet, meterse en una guerra contra un país que en poco tiempo podría tener la bomba.

Vuelvo a la pista de la Base Aeronaval de Ushuia. Son las 09.50 del 17 de diciembre de 1978. En rigor, todavía deberían quedar casi 3 horas de luz diurna, pero hay un viento feroz y cae la lluvia. El primar Aermacchi rueda con sus misileras Zuni a bajo las alas hasta la pista de despegue, a esperar el semáforo verde. Lo siguen 7 más.

La idea cruzar en vuelo rasante sobre el canal, para evadir el radar, y cohetear los aviones chilenos en su base de Punta Arenas, sin darles tiempo para que despeguen. Es repetir la estrategia de Israel en la Guerra de los 6 Días, pero con una fuerza de ataque muy inferior. En retaguardia, en el portaaviones 25 de mayo que baila desaforadamente en la tormenta, 8 A4R también de la Armada, capaces de volar más lejos y llevar hasta 750 kg. de bombas, hacen cola para lanzarse desde la única catapulta de prota.

Con casi 200 horas anuales de entrenamiento, los pilotos navales pueden volar en la más bruta oscuridad, aún con viento de frente y casi rascando el oleaje.

¿Es factible?, se preguntan nuestros aviadores. Desde Ushuaia son apenas 380 kilómetros, 20 minutos de vuelo. La verdad es que no es factible en absoluto: Ushuaia está llena de espías chilenos, en general nada sordos.

Durante demasiados años la Marina se ha concentrado en hacer inteligencia sobre estudiantes, obreros de la caña, profesores y laburantes industriales, trabajo policial y de yapa, parapolicial. La verdad es que de la geopolícita de su oficio a esta altura de las cosas ya no saben un carajo. Triunfen o no en esta primera jornada nocturna, Argentina pierde.

VA CAYENDO GENTE AL BAILE

El portaaviones ARA 25 de Mayo no puede dar la orden de despegue: está inmerso en la coctelera de la tormenta, y nuestro único portaaviones tiene un casco demasiado angosto como para no rolar a babor y a estribor de modo incontrolable. En su historia previa, al menos un marinero bajó por el tobogán de la cubierta empapada y terminó en el mar. Otra mala compra de ARA, y van…

Es deseable que los A4Q puedan llegar minutos después de la pasada de los Aermacchi y aprovechar el caos, y aunque son 200 km/h más veloces, al despegar desde mucho más lejos, ya deberían estar en el aire. Los A4Q y los Aermacchi que logren regresar a Ushuaia, tienen otra misión más: surtirle más Zunis y bombas Snakeye antibuque a las lanchas rápidas chilenas.

Éstas, a su vez, esperan la aparición en la boca del Beagle del ARA Lasala, el solitario buque anfibio de la ARA, cargado de infantes de marina del BIM 5 y tanquetas multirrueda. La estrategia, consiste en capturar los tres islotes en disputa y quedarse allí hasta que el Papa Juan Pablo II interceda por terminar la guerra. Gran seguridad de la Junta Militar Argentina en que el Papa es hincha nuestro, dado que Dios es Argentino.

Los chilenos, con otras ideas teologicas, piensan torpedearlo para impedir el desembarco.

La fiesta del Beagle armando.

Los bimotores antisubmarinos Tracker esperaban en el 25 de Mayo, calentando turbinas, la orden de salir a buscar a las unidades sumergicles chilenas.

De los 3 tres submarinos de la ARA son 2 HW alemanes tipo 209, veloces, muy bien armados y silenciosos, esperan la salida masiva hacia aguas abiertas de las unidades de superficie de la Escuadra Nacional Chilena, todavía invulnerable y oculta en su laberinto de canales.

Dirigida por ese Nelson sudaca, el Alte. Emilio Massera, la ARA quiera atraer a la Escuadra Nacional de Chile a una sola y decisiva batalla en aguas abiertas argentinas, cerca de la Isla de los Estados. Dada la presunta superioridad argentina en efectivos, no duda de que va a ganar.

¿Y cómo no? La vida le sonríe. Es un playboy que pernocta en la discoteca Mau Mau, donde junta más gatos que el Jardín Botánico. Suele posar tomando champague con las chicas para los medios, lo que escandaliza a los otros dos chupacirios graves de la Junta. Ya ha hecho desaparecer y morir a miles de civiles. El tercer submarino de la Armada, el Santa Fe, un viejo clase Guppy de la 2da Guerra, no sirve para nada, y está relegado a observación avanzada.

Los dos submarinos chilenos más modernos, británicos y de tipo Oberon, vigilan en el silencio típico de su oficio la boca oriental del Estrecho de Magallanes por donde deberán aparecer crucero ARA Belgrano, sus destructores de escolta y para acudir al baile decidido por Massera.

El Ejército Argentino, por su parte, avanza con tanques, carriers, cañones y camiones hacia los pasos de montaña de Mendoza, San Juan, Neuquén y Tierra del Fuego. Es un ataque sobre un frente larguísimo contra el centro y el sur de la tercera mayor frontera de la Tierra, con 5300 kilómetros, rigurosamente minada por Chile.

Esa estrategia de «vamos por todo» es muy del general Luciano Benjamín Menendez, quien ha prometido barrer con el país vecino, brindar con sangre chilena en el el palacio presidencial en Santiago, mear en el Pacífico, matar a los hombres y abusar de las mujeres (sic). Su primer objetivo es la capital chilena, Santiago. Le gusta empezar la guerra por la victoria misma.

«El Cachorro» como lo llamaban sus pares, anda siempre con el inconsciente al aire. Nunca se le ocurre que algo va a salirle mal. Es invencible, como tanto represor de su laya y época, y confunde la plácida cacería de opositores civiles desarmados con guerra entre estados. Viene de dirigir exitosamente la desaparición, tortura y asesinato de al menos 2000 argentinos en diversos campos de exterminio de las 10 provincias a cargo del 3er Cuerpo del Ejército.

Como muchos oficiales del Proceso, Menéndez quiere proseguir su gesta con los primos del otro lado de los Andes, tan inferiores a los argentinos en personal, armamento y espíritu, según su discutible juicio. Como casi todos los grandes verdugos del Proceso, hay cierta racionalidad en su método: quiere reciclarse como prócer, héroe, algo así.

A las 22:00 de aquel día 22 de diciembre, pese a la tormenta y actuando por su cuenta, Menéndez ya rueda con sus tropas y equipos hacia los pasos de frontera.

Cuando el Papa toca el silbato y para el partido, Menéndez se rechifla de furia y llama traidores a los oficiales que acatan la orden del presidente, el general Jorge Rafael Videla.

Éste ordena desmovilizacion y regreso a cuarteles, y la historia argentina, a punto de cambiar para siempre, se detuvo. Como quien dice, al borde de la cornisa.

Ojo, quien acaba de retroceder frente a una orden papal probablemente muy severa, no es cobarde. Videla escapa bastante a las categorías humanas. Como todo burócrata extremo, acata la verticalidad extrema. Después de todo, los Papas son infalibles, dijo en 1870 Pío IX, sin error alguno ya que era Papa. Videla es racional, frío y acata una autoridad superior a la suya. Nunca fue distinto ni lo será después.

Mandó a hacer barbaridades desde un escritorio con la seguridad de estar salvando a la patria, y afirmó, ya en la cárcel y ante Ceferino Reato, que en 1978 las entre 7 y 8000 personas que debían morir para estabilizar el país estaban muertas, y que la guerrilla también. Los crímenes posteriores debían ser la propina.

El 17 de diciembre de 1978, cuando ya había decidido la guerra, se le plantó delante un Papa no mejor que él, pero con más política, milenios de política.

En 2013 Vicela morirá en paz con su Dios, sin arrepentimiento alguno, sentado en el inodoro de su celda en la cárcel común de Marcos Paz, con 30 causas imprescriptibles por lesa humanidad, varias perpetuas y una de ellas, póstuma.

Y VUELVO A LA CUESTIÓN PORTUARIA

Vuelvo a la cuestión portuaria, porque nuestro país tiene una costa continental de 5117 kilómetros, una Zona Económica Exclusiva residual de 1, 2 millones de km2. Residual porque tras la historia de Malvinas, fue perdiendo a manos de Gran Bretaña una superficie que supera los 1.639.900 km² de espacios marítimos argentinos donde antes pescaba libremente y mostraba la bandera. 

Chile, en sus fiordos del sur, acumula decenas de puertos abrigados, profundos, llenos de selva fría, arroyos y pesca. Allí puede esconder flotas enteras. Los puertos mineros de Arica, Parinacota, Tarapacá y Antofagasta ganan tanta plata exportando minerales que compran en vecindad todo el agua y el gas que quieran. Aquí, por ejemplo.

Si se volviera a armar trifulca con Argentina (y José Kast, presidente electo de Chile, vive pidiendo la suya), sí que los más de dos siglos de desinterés argentino por fundar puertos sobre el Atlántico. Y no se fundan solos.

¿Puertos perfectos? De esos no tenemos, fuera de Puinta Quilla y Ushuaia. Son muy buenos desde el aspecto de su hidrogeografía. Pero están colgados de la Ruta Nacional Nro. 3. Ninguno tiene tren que lo conecte al «hinterland», esos 2,748 millones de km2 de Argentina. Bahía Blanca, donde la Armada construyó Puerto Belgrano, tuvo un ramal de doble vía y trocha ancha hasta esa base durante 142 años.

Pero el presidente Javier Milei lo ha hecho cerrar. Cero protestas.

¿Qué se puede hacer con una dirigencia economica, política y militar emperrada en volvernos un país meditarráneo? Bolivia al menos lo es por haber perdido una guerra con Chile.

CUANDO PELEAN LOS ELEFANTES, ¿QUÉ HACEN LOS RATONES?

En la 2da Guerra ya no quedaban flotas militares movidas carbón.

El Rivadavia y el Moreno, los dos acorazados argentinos comprados a los USA antes de 2014, en 2024 fueron convertidos a combustibles líquidos. Como todas las grandes unidades de combate de aquellos tiempos, a media máquina (15 nudos) hacían unos 30.000 km., 2/3 de la vuelta al mundo por latitud cero, sin repostar. A plena máquina daban 22 nudos, pero con menor alcance.

Pensábamos que era mucho, pero estábamos equivocados.

Los acorazados y cruceros británicos y alemanes de la 2da guerra, como los que se demolieron a cañonazos en el Río de la Plata en 1939, alcanzaban los 30 o 31 nudos, podían escapar o perseguir de flotas adversas, si convenía, y trenzarse en batalla de noche, con lluvia o niebla, y fuera de alcance visual: los realmente modernos estaban radarizados.

Ésa es le historia de hoy. Porque la primera gran batalla naval de la 2da Guerra sucedió aquí nomás, en el Río de la Plata, los cañonazos aturdieron el balneario porteño de Costanera Sur, y nuevamente involucró al apostadero de la Royal Navy en Port Stanley.

Con barcos auxiliares que repusieran combustible, comida, munición, repuestos y munición y una flota de superficie nuevecita, el Gran Almirante de la Kriegsmarine, Erich Raeder, se atrevía, y fue su error, a bloquear (aunque no total ni indefinidamente) la economía de Inglaterra, nomás por devolver favores de la guerra anterior.

De movida lo intentó pero a distancia: a distancia, eso sí, porque no habría podido nunca evitar una salida masiva al mar de la Royal Navy desde Portsmouth o Scapa Flow. La británica era la mayor flota del mundo, no la mejor entrenada ni la más moderna. Pero habría podido barrer del mar la flota de superficie alemana, aunque a un muy alto.

Para Raeder, el modo de bloquear la economía debía hacerse con sus acorazados y cruceros monumentales, símbolos de gran estrépito de la nueva Alemania resurgente de sus cenizas. Y bien a distancia de las islas británicas metropolitanas, con emboscadas inesperadas que cortaran las líneas de suministro desde las colonias y semicolonias de Su Graciosa Majestad.

Las islas británicas se parecen a las japonesas en tres cosas: están llenas de puertos buenos, importan casi todo lo que comen y, resueltamente, también todo lo que queman, salvo el carbón. Amputadas de sus colonias en los años ’40, enfrentarían frío, oscuridad y hambre.

Pero bloquear Inglaterra, incluso a distancia, era como ponerle un babero a un tigre. La Royal Navy empezó la 2da Guerra mundial con unos 9000 barcos, 885 de los cuales eran de combate. Hablo de submarinos, torpederas, destructores, cruceros comunes, de batalla y acorazados grandes, y de yapa 52 portaaviones.

La economía inglesa estaba aplastada por tanto fierro, ¿pero cómo renunciar al mismo? En 1931, para consternación mundial de ahorristas en libras, abandonó la convertibilidad de la esterlina por su equivalente en oro, inamovible desde 1816. El Imperio empezó a evaporarse junto con su moneda. Por algo las monedas fuertes se llaman «divisas», hasta que dejan de serlo.

Su Graciosa Majestad sabía que un bloqueo, incluso a distancia, se paga en lucha de clases. Si hartos de frío, hambre y desocupación los obreros se alzan en huelgas generales y los soldados y marineros se amotinan, pueden seguir el mal ejemplo alemán o el ruso, asaltar los arsenales y comisarías, distribuir las armas y cada puerto, cada fábrica y cada cuartel y puerto militar se vuelven un Arbeter und Soldatenräte. En criollo, un soviet. Bueno, en criollo eslavo.

Para que ello esta vez sucediera en Inglaterra, Escocia e Irlanda y no en Alemania, la Kriegsmarine debía emboscar las rutas entre Gran Bretaña y su red de colonias, pero sin emplear grandes flotas. Entre otras cosas porque no las tenía. Y pese al «risorgimiento» nazi, Alemania no sólo tuvo prohibido el intento de hacerse de una flota a la inglesa, francesa, italiana, japonesa o yanqui no sólo por interdicción lega, que eso se arregla, sino porque que no tenía la plata y sus enemigos principales (Francia, la URSS) eran terrestres.

El paso o por algún inevitable estrecho de un Schlachtschiff, o de sus unidades de abastecimiento, habría despertado la curiosidad del MI-6. Después de todo, el mundo de fines de los años ’30 ya estaba intercomunicado por el telégrafo inalámbrico de Marconi, o los cables submarinos de las potencias aliadas occidentales.

Por oposición a las fortalezas flotantes de acero del Gross Admiral Räder, el U-Boote, arma preferida del almirante y submarinista Karl Dönitz, todavía era más costera que oceánica: en los ’30 los submarinos tenían poca autonomía en combustible, agua potable y comida. Aún con reabastecimientos en citas secretas de altamar, a la Befehlshaber der U-Boote no le daba el cuero para hambrear a los laburantes de la rubia Albión. Todavía, al menos.

Sí que le empezó a dar el cuero cuando los nazis capturaron los puertos de Francia y Noruega para construir sus apostaderos de submarinos. Eran una mezcla de amarra y búnker, cada submarino protegido por losas de hormigón ultradenso, muy armado, de doble techo y 7 metros de espesor. Los ingleses desarrollaron bombas capaces de perforarlos (y no del todo) cuando la guerra ya se acababa.

Dönitz tenía razón, probó la historia, pero donde manda Gran Almirante no manda almirantito. Cuantimás, a Hitler le apasionaban los cañones y fierros wagnerianos, y las tapas de diario que tales fierros generaban en todo el planeta. Por ello, la tarea de bloquear un poco a Gran Bretaña recayó en los pocos acorazados y cruceros pesados que Alemania pudo construir entre 1935 y 1939. Un desatino.

Pero sí que eran inmensos y casi imposibles de hundir, bien al gusto nibelungo. Räder jugaba su mando a cercenar de sus colonas el mayor imperio de ultramar de la historia con apenas 7 acorazados grandes, 3 llamados «de bolsillo», y a un número considerable de cruceros y destructores, todos cazando mercantes, solitarios o de a pares. A añadir, como pie de página: 50 submarinos.

Pero contra una Royal Navy con 9000 barcos no vas a llegar lejos, aunque sean inferiores. Con apenas 50 submarinos, tampoco.

La novedad en la flota germana eran los acorazados de bolsillo, los 3 Panzerschiffen llamados Deutschland, Admiral Scheer y el Admiral von Spee. Ateniéndose al tratado del armisticio de 1919, los 3 declaraban un desplazamiento máximo de 10.000 toneladas, una cifra más falsa que dólar rojo: con combustible y munición andaban en las 16.000 toneladas.

Los ganadores de la Primera Guerra se hacían los idiotas, conscientes de que, exhaustos por la Primera Guerra, no podrían frenar el resurgimiento militar del Führer, que para alivio y alborozo confeso de Churchill, al menos estaba barriendo con los comunistas.

Ya montada la guerra, una de aquellas esas unidades «de bolsillo» empezó haciendo haciendo daños serios en el generalmente tranquilo hemisferio sur. Los Aliados habían despojado a Alemania de todas sus colonias africanas y asiáticas. Eso a Alemania le generó muchas rutas comerciales para cortar, y la tarea la empezó el Panzerchieff Admiral Graff von Spee. En tres meses se volvió dueño de casa de estos mares australes donde la inmensa Royal Navy casi no pintaba.

Sin embargo, la del Gross Admiral Erich Räder mostró ser una estrategia insostenible.

DOS MARINOS Y UN ODIO

Räder, con su preferencia por las grandes unidades de superficie, no era forzosamente un idiota ni un insensible a la gloria, y sí que la tenía. Los submarinistas en general no la consiguen. Su servicio es agazapado, silencioso y homicida. ¿Qué submarinista recoge náufragos del agua?

Räder era el chico diez: había peleado bravamente en los tres grandes combates navales de la Kayserliche Marine en 1914 y 1918, ganado prestigio y una parva de condecoraciones por su valor, su frialdad en peligro extremo y su capacidad táctica. Y sin embargo, de geopolítica no había aprendido nada.

Era un genio de la guerra, pero de la anterior, la gloriosa.

Dönitz, tipo de mirada mucho más sórdida y eficaz, a fuerza de submarinista, pensaba que a Räder le sobraba coraje pero le faltaba un jugador. Ambos hombres se odiaban minuciosamente, casi con amor, y vivían conspirando el uno contra el otro.

El que probó saber cuántos pares son tres alpargatas fue Dönitz, pero recién pudo demostrarlo a partir de 1941, cuando todos los acorazados alemanes estaban hundidos o refugiados sin oficio ni beneficio, recluidos en solitarios fiordos noruegos.

UN MUNDO DE ENIGMAS Y SEÑALES

Los Panzerschieffen no eran cruceros ni acorazados. Eran una nueva clase de bestia que no se volvió a repetir: castillos flotantes veloces como cruceros, pero con armas, blindajes y turbinas de acorazado.

Eran muy nuevos, todos productos de los años previos a 1935. Hasta entonces Alemania fingía aceptar los términos de su capitulación en 1919 firmada en Versalles, y los aliados fingían no enterarse de que Hitler les estaba metiendo el perro. Versalles exigía ningún barco de combate superior a las 10.000 toneladas. Y de submarinos, nada, y de portaaviones, ni hablar.

El Tratado Anglogermano de 1935 se resume como la venía para que los alemanes construyeran lo que se les cantara, mientras liquidaran a los republicanos en España y a los comunistas en Italia, y por qué no también, en Francia. Churchill fue un precursor del chino Deng Xiao Ping: no importa de qué color sea el gato, mientras cace ratones.

En su década fascista, a Churchill Benito Mussolini le parecía el mayor legislador entre los vivientes, elogiaba a Francisco Franco como campeón de un nacionalismo marcial, por contraste con la miseria igualitaria del comunismo, y a Adolf Hitler lo elogiaba por el coraje, la perseverancia y el ímpetu vital.

¿Y qué tiene eso que ver con el Admiral Graff von Spee, y la batalla naval del Río de la Plata? El Tratado Naval Anglogermano libera a Alemania de sus restricciones navales, que de todos modos estaba incumpliendo no a la callada, sino con exhibicionismo.

En 1935 el Acuerdo Naval Anglogermano sella el asunto con tinta sobre papel. Que Alemania construya a como se le cante, pero cuidadito, que el nuevo límite para tener sus acorazados es el 35% en tonelaje de lo que tiene la Royal Navy, ojito con eso. Churchill sabe que Hitler no va a cumplir, y Hitler sabe que Churchill no quiere pararlo, pero además ya no puede.

El Spee, de 10.000 toneladas MUY presuntas, se pone en quilla en 1932 y el canciller alemán jura por los Evangelios y Jesucito que cumple con Versailles, ni un gramo más que ese límite. Pero el Bismarck entra en quilla en 1936, a meses del Acuerdo Naval Anglogermano. Y ya no tiene nada de acorazado de bolsillo, aunque drena los bolsillos de la Kriegsmarine, plata que habría sido mejor invertir en submarinos.

El canciller de Hitler, Joachim von Ribbentrop, dice sin despeinarse que ese barco va a andar por las 35.000 toneladas, ni un gramos más, hein? Y Churchill acepta sin mosquearse que, equipado a pleno, esa bestia va a rascar arriba de las 50.000. Y efectivamente, desplazó 51.300, y su gemelo posterior, el Tirpitz, 52.000, que hizo mucho más daño sin moverse del fiordo noruego donde se escondía, porque Gran Bretaña sacrificó centenares de vidas y de dinero para hundirlo, y no lo logró hasta fines de 1944.

Los acorazados germanos fueron pocos pero mejores que sus contrapartes británicas. A fuerza de nuevecitos, tenían la novedad del radar para detección y tiro. No era algo común en las flotas de guerra. Podían ser letales así fuera de noche, lloviera o brillara el sol.

Con sus 30 y más nudos, los dos Panzerschieffen del linaje del Spee, el Lützow y el Scheer, le amargaron la vida a la Royal Navy e incluso al Ejército Rojo en el Índico, el Mar del Norte y en el Báltico. Típicamente, los tuvo que liquidar la Royal Air Force amarrados en puerto en Abril de 1945, con la guerra ya casi acabada, y con bombas Tall Boy de 5400 kg., diseñadas casi ad-hoc. Las llamaban «bombas terremoto» porque demolían la edificacion más robusta en torno al punto de impacto, simplemente enterrándose en el suelo y explotando a 20 o 30 metros de profundidad.

Barnes Wallis, su diseñador, pensó que serían muy eficaces contra acorazados no por impacto directo, que desde 6000 metros de altura era imposible pegarles, sino usando el impacto hidráulico del agua cuando casi 2,5 toneladas de tórpex explotan bajo el casco. Wallis es uno de esos genios ingleses que podrían haber acortado bastante la guerra, si los jefazos hubieran usado más la cabeza.

Que el Spee sólo pudiera ser hundido gracias a un engaño del MI-6 y que el Scheer y el Lützow duraran intactos hasta los últimos días de la guerra son algunas de las poquísimas pruebas de que el Gross Admiral Erich Räder no era únicamente otro idiota glorioso afecto al gigantismo.

Una de las cosas que preservó del exterminio a las grandes unidades alemanas era un asunto más de software que de hardware. Golpeaban, desaparecían y volvían a aparecer a centenares de km. Eran difíciles de acorralar porque estaban protegidos por los códigos de la máquina de cifrado Enigma, el arma naval más potente de Alemania.

No desplazaba 53.000 toneladas. Cabía en una valijita.

LOS ENIGMAS DE LA ENIGMA

El sistema de encriptación y decriptación a bordo del Spee, o de cualquier unidad alemana de superficie o submarina, era una caja de buen roble llamada Enigma. No era mucho mayor que una máquina de escribir eléctrica portátil de entonces, vale decir no tan portátil.

Constaba de un teclado puramente alfabético y de teclas luminosas, un clavijero diminuto adelante de dicho teclado, algo así como una miniatura de las centrales telefónicas de los edificios chetos, y por popa parecido al de la centralita telefónica de un edificio cheto, y remataba hacia atrás con algo realmente extraño: rotores veloces, regidos por las órdenes eléctricas del clavijero. Estaban tachonados de letras alfabéticas, y decidían el encriptado final de los mensajes.

En tiempos del Spee eran tres rotores, pero fueron aumentando en cantidad a medida que avanzaba la guerra. Cuanto más rotores, más blindada la encriptación. La Kriegsmarine nunca tuvo que tirar la Enigma y volver a empezar con algo que los ingleses no pudieran crackear. Solo añadirle rotores y volverla más enigmática.

La escritura original en el teclado era puramente alfabética, sin dígitos numéricos arábicos. Para poner un punto entre oraciones se escribía la palabra «punto». Las palabras se pegoteaban entre sí sin solución de continuidad. Nada era numérico. Para para indicar 7 unidades de algo se escribía «sieteunidades». El resultado era tan legible como los viejos telegramas que hemos leído todos los canosos. «Papa: no corras a más de 150» en el teclado de la Enigma se hubiera escrito como «puntopapadospuntosnocorrasamasdecientociencuentapunto», un horror. Los operadores de télex y los telegrafistas, si queda alguno vivo, me entenderán.

El clavijero tenía 10 agujeritos receptores de electricidad y diez clavijas macho. Según se interconectaran antes de teclear el mensaje en una lengua humana, el clavijero eliminaba toda inteligibilidad y te metía de cabeza en planeta Enigma. Cualquier humano nacido en la Tierra debía saber exactamente qué cables macho se habían conectado con cuáles bases hembra si quería entender el original. Pero el factorial de 10, que en matemática se escribe como 10!, da 3.628.800 combinaciones posibles.

Para complicar la tarea del descifrador, cuáles de todas esas combinaciones de enchufado de clavijas y de bases el capitán la elegía cada día (siempre distinta de la anterior y de la subsiguiente) de un libro secreto preimpreso de códigos que le daban en puerto, antes de zarpar, y que se guardaba en una caja fuerte a bordo. También se le daba la orden de que ninguna máquina y el librito de códigos cayera jamás en manos enemigos, lo que obviamente terminó pasando. El principio de Murphy es la fuerza motriz de toda guerra.

El clavijero permitía cambiar al azar un par de letras consecutivas, supongamos AF, por otras dos distintas, supongamos ZX. Con sólo diez machos y hembras la posibilidad de reconstruir la AF original a partir del galimatías final era de una contra unos 150 billones de combinaciones de clavijero. Gringos, están avisados de que estoy hablando de billones de los de 12 dígitos, no de los yanquis de sólo 9.

Eso ya desalentaba a los decodificadores «por fuerza bruta», los que le tiran al alfabeto entero encima al texto 150 billones de veces a ver si alguna vez pinta cuál era el escrito original. Hoy cualquier hacker sabe cómo hacer esa operación randomizada en forma automática con una que genera letras, mientras toma un café y mira los noticieros. Es como poner 100 monos a escribir a máquina. Si son indefinidamente longevos, y las máquinas, irrompibles, se les da un tiempo ilimitado, es imposible que no surja, alguna vez y de puro cuete, el texto de «Cien años de soledad». Pero comprensiblemente, siempre habrá que cifrar y descifrar más rápido.

Los rotores de la máquina Enigma recogían este producto impenetrable que salía del clavijero y lo seguían encarajinando secuencialmente, uno trad otro. Cada rotor tenía 26 caracteres ortográficos, y su giro aleatorio iba empeorando agravaba el galimatías inicial del clavijero, hasta lograr una chorreadura de letras que daba la posibilidad de reconstruir el mensaje original se volvía de una contra 159 quintillones. ¿Quiere contar la cantidad de dígitos que hay ahí? Bienvenido.

Estaba en los criptógrafos ingleses el volver a encontrar esa solitaria píldora inicial de sentido disuelta en una sopa de letras calibre océano.

Pero al parecer Gran Bretaña iba en vías de descifrar algunas cosas: parecería que a comienzos de diciembre de 1939 podían meterse siquiera un poco dentro de la cabeza del capitán Langsdorff y de sus superiores en Berlín, a medio planeta de distancia. Más probablemente haya sucedido que algún telegrafista de los 9 mercantes interceptados por el Spee llegara a dar su posición antes de que el carguero fuera detenido, abordado, inspeccionado, y él y sus compañeros trasladados al acorazado antes del hundimiento del carguero. Langsdorff evitaba a todo trance matar inútilmente a marineros civiles y los trataba bien. Esto le valía bastantes rencores. Era un caballero perdido en una guerra nada caballerosa.

Las unidades acorazadas alemanas eran demasiado caras como para andar sin escolta. Pero el Spee fue, mientras duró, un cazador solitario oculto en la vastedad de mares vacíos, con rutas comerciales mucho menos transitadas que las del Atlántico Norte. Llegado el caso de un mal encuentro, además, el Spee podía comerse cruda a cualquier fuerza mediana con que los británicos le salieran al cruce.

Los británicos podían confiar en que sus comunicaciones por cable estaban blindadas por algo más que un código: 4000 km. por el fondo del mar son mejores. Pero lo que los ingenieros llaman «la última milla», es decir el contacto radial con su flota se hacía por aire y era vulnerable para un equipo fuerte de criptógrafos. La Royal Navy ya se había aprovechado aquella ventaja en 1914 para mandar a una emboscada en las Malvinas al Escuadrón de Asia.

En aquella ocasión (esto se ve en el capítulo anterior) la inteligencia naval británica creó un falso mensaje del Almirantazgo a la embajada británica en Santiago de Chile. El apostadero naval de Port Stanley ya había sido empleado por el contraalmirante Craddock en su desquiciado intento de atajar el escape de la Kayserliche Marine desde el Pacífico hacia el Atlántico. desgraciadamente ya no tenía ninguna unidad inglesa para protegerlo y pedía ayuda a Londres. Si las cosas fueron así o no, todavía es objeto de debate.

Von Spee acababa de lograr la primera derrota de la Royal Navy en 104 años, frente a la isla chilena de Coronel. Y qué derrota: dos acorazados británicos hundidos, ningún sobreviviente, cero daños en la flota alemana. Había sido un hecho histórico y de primera plana en todos los diarios de Europa

Cuando von Spee recaló en Santiago, ya era un héroe. Las niñas de la considerable comunidad alemana local lo fueron a recibir a puerto, regándolo a Spee y a sus oficiales con rosas. De un ánimo más bien negro, el almirante comentó por lo bajo a sus adláteres que aquellas flores decorarían sus tumbas. Inglaterra estaba obligada a vengarse o perdía su prestigio de eterna vencedora.

Pero se alegró cuando el attaché naval de la embajada alemana le mostró el mensaje, escrito en perfecto código naval británico. La traducción por los criptógrafos le aseguraba a Spee que apostadero de Port Stanley estaba desprotegido y que solicitaba ayuda. Spee reembarcó con el ánimo cambiado, y le explicó a sus altos oficiales que el camino de regreso a casa estaba despejado de ingleses, al menos hasta llegar al nido de avispas del Mar del Norte.

Pero añadió que estaban muy cortos de carbón. Venían de cruzarse todo el Pacifico escapando de británicos y japoneses, y en la batalla de Coronel habían gastado mucha munición y combustible. ¿Y si tomaban Port Stanley, destruían el puerto y su estación de radiocomunicaciones, y se robaban el carbón?

A toda máquina el consumo de combustible se dispara, pero necesitarían mucha velocidad -y por ende mucho combustible- para escaparse intactos de la Royal Navy, que ya estaba bloqueando a Alemania por mar y debía estar esperándolos Casi todos sus hombres olieron gato encerrado y votaron en contra, pero donde manda capitán, ya se sabe, y también se sabe cómo terminó aquello.

Algo parecido a escala menor le volvió a suceder en 1939 cerca de Buenos Aires al barco que llevó, como homenaje, el apellido nobiliario del conde von Spee.

Las comunicaciones de la Royal Navy eran bastante inviolables en los físico: corrían mayormente por cables de un cuarto de metro de grosor tendidos a entre 4000 y 5000 metros de profundidad por los fondos oceánicos. Pero para dirigir sus escuadrones en alta mar, la Royal Navy debía usar la telegrafía inalámbrica, protegida tan sólo por la encriptación.

A los alemanes los protegía el software del código Enigma, no el hardware del cable submarino. Los ingleses tenían ambas cosas, pero el asunto de «la milla final» hasta todo barco era «broadcasting», mensajes por aire, y eso les permitió armarle una segunda trampa a la flota alemana.

Los historiadores caen fácil en la idiotez de creer que los alemanes cojean siempre del lado del gigantismo. No es así. En general, cuando les da por ese lado es porque no tienen más remedio. Pero cuando no tienen más remedio, agarrate Catalina. Räder tampoco era un tipo vacío de estrategia. Su idea de grandes barcos terribles, pero pocos, sueltos por los mares era perfecta para obligar a la Royal Navy a dispersar por el planeta sus 9000 activos navales.

Eso hasta podría haberles dado buenos frutos. Tampoco es cierto que, al igual que los británicos, estadounidenses, franceses y belgas, los alemanes carecieran de cables suboceánicos. Y muy buenos, como casi todo lo que fabrica Siemens. Pero en la última milla, allí donde desembarcaban en alguna playa barrosa… en fin, tendían a romperse. Vaya a saber por qué. Verdammte Unterseekabel!

La guerra de fondos, esa que los historiadores británicos están adiestrados para ignorar con fruición, aunque haya pasado tanto tiempo, seguía existiendo y en Europa, salvo por España e Italia, Alemania tenía pocos amigos. De yapa, los nibelungos se habían quedado sin colonias y puertos coloniales propios en toda África y Asia. Sus pocos y potentes salteadores del mar dependían nuevamente del tausendfach verdammter verschlüsselter Telegraph. Y la pérfida Albión estaba parando la oreja.

En realidad, odiaban el telégrafo inalámbrico, y por buenas razones.

La ut supra mentada pérfida Albión había mudado sus analistas de «signals», códigos navales de guerra desde la habitación 40 de la Admiralty House en Whitehall, a una mansión rural más bien fea de Bletchley Park, a unos 82 km. de distancia. Los crackeadores eran una pequeña multitud, sobre todo de mujeres de clase media adictas a los crucigramas, y se agolpaban en las llamadas «huts» (es decir chozas) 8 y 4 de la finca. A ojos del espía alemán bisoño, esto podía ser prueba de que la inteligencia de la Royal Navy estaba para atrás.

Pues no. Como suele suceder con todo lo inglés, las cosas eran más complejas. La capacidad instalada en cerebros humanos no estaba en chozas, y la capitaneaba el megamatemático Max von Neumann, diseñador de Colossus, la primera computadora programable de la historia humana. La construyó un equipo de investigación del laboratorio del Post Office, como quien dice el Correo Argentino AM (antes de Macri), sus valvulas de vació desprendían tanto calor que el aparato no podía apagarse nunca, porque se hubieran rajado casi todas por la termocontracción.

Producía calor como para calentar varias habitaciones y servía para todo lo que entrara a Hitler por orejas y le salíera por boca, lo que dependió primero del mentado Erich Räder y luego de Karl Dönitz. El encargado de romper los códigos, renovados día a día de la maquinita mecánica de encriptación de un tal Lorenz, compacta y linda como una inocente máquina de escribir.

Esa maquinita hermosa y limpia de todo cableado incómodo sirvió para blindar en cambiantes galimatías llamados código Enigma, hundió centenares de miles de toneladas de mercantes salidos desde las Américas llenos de vituallas, combustibles y armas con destino a Inglaterra. Los mensajes eran instrucciones a los submarinos de la Kriegsmarine para interceptar los convoyes.

Y el que rompía constantemente los códigos eran decenas de adictas a los acertijos y crucigramas, dirigidas por el genial megamatemático (y atleta) Alan Turing. Se dice que su trabajo acortó un año la guerra, pero son bolazos: eso fue una obra colectiva. Un director no hace nada sin una orquesta.

Y AQUÍ TALLAN LAS MALVINAS

Como apostadero remoto, las islas demasiado famosas seguían siendo un buen modo de la estrategia alemana para campear en los océanos del hemisferio sur. Y lo hicieron de un modo pasivo, con muy poco desgaste de hombres y de fierros.

En las islas se ocultaba un buen crucero pesado pero veloz, el HMS Cumberland: cañones de 8 pulgadas (203mm) en torretas. Disparaban proyectiles perforantes de alrededor de 116 kg a 28 km. de distancia. Muy loable, aunque los cañones del Spee eran menos pero mucho mayores, de 283 mm. Sumaban 6, repartidos en dos torretas triples.

El Cumberland estaba al acecho, las calderas tibias y los marineros fumando tranquilos sus pipas en el silencio de Port Stanley. Podía acudir en 48 o 72 horas a cualquier lugar del Atlántico Sur no bien sonara la alarma de la aparición del Spee.   

El 14 de diciembre de 1939, a los 103 años de que perdiéramos (por primera) vez las Malvinas, sitio tan digno de olvido si no tuviéramos tantos argentinos muertos en ellas o por ellas, su indiscutible utilidad geopolítica volvió a corroborarse. Esa fecha volcó contra Alemania la primera batalla naval de la 2da Guerra Mundial. Que no se ganó tanto por cañones como por comunicaciones.

De comunicaciones ya se habló de sobra. Hablemos de caños y de personas. Concretamente de una, y muy admirable, Hans Langsdorf. Un escuadrón de sólo tres cruceros, uno pesado y dos livianos (los HMS Exeter, HMS Ajax y NZD Achilles) emboscó finalmente al Panzerschieff Graf von Spee. Su Graciosa Majestad, con oídos en todo el planeta, había reunido de apuro a esa pequeña jauría naval para darle mastuerzo al bloody Hun.

Los cañones que se usaron aquel día no eran moco de pavo, pero los del bloody Hun eran prodigiosos. Mi viejo, a la sazón un atlético pelirrojo de 28 años, salió temprano de su laburo en el microcentro, junto con miles de otros porteños en mangas de camisa por el calo. Se quedaron horas junto a la estatua de las Nereidas escuchando los cóncavos retumbos que llegaban desde río adentro, provenientes de más de 300 kilómetros de distancia. Los vendedores de helados, de cerveza Quilmes Cristal y de naranja Bilz del balneario de Costanera Sur vendían sus existencias en minutos y repostaban sin preguntar el precio en la cervecería Munich, mientras dos naciones se mataban en el estuario.

El bloody Hun aquel día fue un jabalí atacado por un mastín y dos boxers. En una hora y media, el Exeter quedó hecho un pontón, arrasado hasta la línea de cubierta, privado de puente, de castillo, de torretas, de radar, de telemetría de apuntamiento visual y de comunicaciones, aunque a flote de algún modo. Vapuleados, vengadores y valientes, el Ajax y el Achilles persiguieron al Spee, que se desangraba a espuertas de búnker oil en las aguas marrones del estuario, pero guardando distancia.

El cuero ya no le pedía biaba a casi nadie. Los anglos cerraban el día con 72 muertos y 47 heridos, la mayoría en el Exeter.

El casi milagroso acorazado alemán ya no tenía castillo de proa, ostentaba 24 impactos dicen unos, casi 70 dicen otros, cargaba con 36 muertos y 60 heridos y claramente no le daría aguante para intentar un regreso a través del borrascoso Atlántico invernal hasta Alemania. Eso, sumado a la Royal Navy. Entre los heridos figuraba el capitán, Hans Langsdorff, con dos astillazo de metal.

El Spee tenía las torretas con sus 6 cañones intactas de 280 mm. intactos: todavía estaba para dar pelea, aunque al cuete. Langsdorff pidió al gobierno uruguayo las 48 horas de cuartel obligatorio por ley internacional en el apostadero nava de Montevideo, donde lo esperaban decenas de ambulancias uruguayas de la asistencia pública, miles de asombrados mirones, y diplomáticos y espías de su propia embajada. Langsdorff se bajó del Mercedes negro vendado y rengueando para dar su informe y pedir instrucciones.

Entre tanto, el HMS Cumberland llegó jadeante desde Malvinas para cerrar, junto a los descalabrados Ajax y Achilles, todas las posibles rutas de escape del escape hacia el Atlántico del Spee. Era un corralito precario, habida cuenta de la potencia de fuego intacta del acorazado alemán. Cada obús del Spee llegaba a 36,5 km. y pesaba 300 kg.

Si el Spee lograba cruzante por frente como el palito de la T, y te disparaba en simultáneo con las dos torretas de 3 cañones cada una, te hacía llover encima 1,8 toneladas de acero y explosivos con cada volea por lateral. Y según pegaba desde 20 km. de distancia, casi fuera de distancia visual, debía tener una telemetría óptica y un radar de los buenos.

Si Langdorff decidía volver a la batalla, aún con el Cumberland ya sumándose al bloqueo, la escuadrilla británica tenía amplias posibilidaes de terminar en el fondo del estuario, aunque el Spee también.

Ahí es donde el attaché naval de la embajada alemana fue perreado por la inteligencia naval inglesa. En Berlín habían recibido un parte inglés fragmentado pero debidamente según la criptografía de aquel día. Londres Informaba al derrengado escuadrón británico que se mantuviera en espera a la salida del estuario, donde el agua no se decide a ser barrosa o azul, y hay casi 15 metros de profundidad. Ya se sabe quién ganó. Lo importante fueron el cómo y el porqué.

EL CÓMO Y EL POR QUÉ

La espera de los resultados fue larga, y los diarios germanófilos de la Argentina daban por sentado el triunfo del Spee. Juan Domingo Perón, aún no era presidente, pero sacaba y ponía presidentes y les daba el libreto. El gobierno argentino se mantenía silencioso pero atento. Córdoba estaba a punto de anotarse dos ciudades «llave en mano», hoy muy cerveceras y turísticas.

Pero estoy adelantándome demasiado.

Pese al lobby desesperado de la embajada alemana sobre el presidente de la república oriental, general Alfredo Baldomir, para ganar tiempo extra y reparar los peores daños del Spee, Baldomir otorgó las 73 horas estrictas de cuartel un cualquier puerto neutral, según convenciones de la Haya. Langsdorff estaba obligado a dejar Montevideo sin tiempo ni materiales para remendar un poco los muchos descosidos del Spee.

Se quedó con algunos oficiales y botes e hizo bajar por planchada a sus 1150 de sus marinos, heridos incluídos, y a los casi 300 tripulantes de los 9 mercantes que había interceptado y hundido en sus 3 meses de campaña. Entre los prisioneros no había heridos. Habían estado presos en el rancho de marineros del Spee, y tratados bien. La comida escaseaba y ocasionalmente Langsdorff, para indignación de sus propios oficiales, dejaba subir a los asombrados oficiales presos al puente de mando, «pa´ver».

El capitán del Spee mostró más inteligencia y humanidad que su antecesor y enemigo, el contraalmirante Sir Christopher Craddock, 25 años antes, frente a la isla chilena de Coronel. Ateniéndose a órdenes absurdas, la salió al cruce Craddock, les recuerdo, con una escuadrilla de miserias y risa, eligió salirle al cruce a la potente flota de mar del Pacífico a la Kriegsmarine, decidido a luchar «for King and Country» hasta la muerte.

Y lo logró plenamente.

No sobrevivió ninguno de sus barcos de batalla, ni ninguno de sus tripulantes. 1660 ñatos, todos al fondo, pero qué heroísmo, qué huevos, dirán los giles. Del lado germánico de la ecuación. tres heridos. Y todo para nada. Primer derrota naval británica desde que Lord Horace Nelson, un desobediente crónico, usara esa ventaja militar sobre los disciplinados para darle matarile a la flota combinada francoespañola en Gibraltar.

Desobedeciendo a su vez Berlín, Langsdorff se negó a hacer matar a toda su tripulación en una batalla que pensaba suicida. Tales fueron las órdenes rajantes del Fúhrer, y ya ahí ya se supo, al toque de iniciada la guerra, que el Bigotito estaba bastante crazy y que era un líder de mierda.

Bletchley Park le había vendido a Berlín que estuario afuera lo aguardaba al Spee una escuadra avasallante, que incluía al portaaviones HMS Ark Royal y al acorazado HMS Renown. Pescado podrido puro, al menos para aquella fecha.

En aras de salvar a sus hombres de una idiotez grandiosa al estilo Craddock, Langsdorff hizo evacuar su barco, lo sacó de puerto con una tripulación esquelética y lo dinamitó frente a Montevideo. Los esqueléticos se subieron a los botes, chau. Oficiales, suboficiales y marinería en número de 1000 fueron evacuados a Buenos Aires, y de ahí a Córdoba por órdentes de… bueno, Perón himself. El Viejo siempre fue ducho en tolerar a los alemanes, que le caían bien, y bancarse a los ingleses, que le caían atravesados, mientras la Argentina no se jodiera.

Los últimos 67 tripulantes de otras banderas capturados por Langsdorff en sus fulminantes tres meses de campaña, más pasajeros que prisioneros por el trato recibido, fueron puestos en libertad sin ningún requisito.

El Spee, expertamente eventrado y con todas las esclusas abiertas para inundarse parejito, se fue yendo al fondo sin prisas en horizontal, nada de levantar dramáticamente la popa en el aire para la foto. Hasta hoy sigue ahí, asentado a 11 metros de profundidad en el barro, a 27 kilómetros de la rada de Montevideo. El cuidadoso Langsdorff tuvo hasta la delicadeza de no obstruir las vías de navegación.

En 1940, la diplomacia británica coimeó al general Baldomir para unas noches oscuras de salvamento y vista gorda, y los buzos de la Royal Navy se alzaron con lo que pudieron del cadáver subfluvial del Spee.

Durante muchos años, los mástiles sobresalieron apenitas del agua marrón del Plata, a medida que los indiscutibles tornillos de la gravedad fueron ajustando sus 16.000 toneladas reales (10.000 declaradas) en el fláccido sedimento. Deseoso de un «scuttling» irreversible, Langsdorff había rajado su barco al medio como una sandía. Nadie lo reflotaría jamás. No era cosa de que sus sistemas admirables de puntería óptica y de radar, que le costaron 72 muertos y 28 heridos a la escuadrita inglesa, fueran a caer en manos británicas.

Hitler, se dice, se puso violeta de furia al enterarse. Se abstuvo de un buen «Sipperhaft», esa práctica de exterminar las familias de los oficiales muertos que le hubieran desobedecido. En este caso, habría sido un segundo desastre de propaganda.

Luego, en Buenos Aires, como para dejar en claro que lo suyo no era la sumisión ni había sido la cobardía, Langsdorff en su habitación de hotel se vistió de gala, se extendió sobre la bandera de la Keyserliche Marine (nada de cruces svástikas para este caballero) y se pegó un corchazo en el mate.

En Argentina se le dieron funerales de estado (Perón, ¿quién otro?), y no faltó el agregado naval británico para rendirle un callado pero emocionado homenaje.

«La muerte de los valientes/ toda la creación agranda», había escrito mucho antes el poeta gauchesco Hilario Ascasubi pensando en el escocés Francis Drummond. Aquel fue otro capitán de los buenos. Murió en brazos de su suegro, el irlandés William Brown en 1827, tras la derrota de la Confederación de las Provincias Unidas del Río de la Plata ante el Imperio de Brasil. Eso fue frente a las costas de Ensenada, puro pajonal.

Sí que corrió sangre brava por estas aguas marrones.

En sólo 3 meses de campaña, el Spee había hecho estragos en la navegación comercial de los océanos Índico y Atlántico Sur, con 9 cargueros de diversa bandera apresados y hundidos. Es fama que Langsdorff, en lugar de librar a su suerte a aquellas tripulaciones civiles, las había albergado en el rancho de tripulantes y de suboficiales del Spee.

Los trató bien aunque tuvo que bancarse los gruñidos irritados de su propia gente. Le gustaba codearse un poquito con los prisioneros, dejaba a veces que los oficiales capturados subieran al puente, y cuando ya se la acababan la comida y el agua los fue desembarcando en puertos ínfimos y aislados del Índico, donde la inteligencia británica no tuviera agentes, cónsul o telégrafo a mano. El único puerto en el que realmente para recaló terminó siendo el último.

COROLARIO DE ESTA HISTORIA

Durante el resto de la guerra, la población inglesa tuvo un flujo irrestricto de trigos y carnes congeladas desde ambas bandas del Plata. Con su flota mercante a salvo de ataques de submarinos alemanes, la Pampa Húmeda argentina fue la panera y el “freezer” de Gran Bretaña, lo que volvió casi tolerable el durísimo racionamiento alimentario.

Winston Churchill habló pestes de la disimulada germanofilia del gobierno argentino durante la 2da Guerra, pero poco y nada de cómo eso evitó hambrunas en Inglaterra en lo peor de la “Batalla Atlántica”, entre 1941 y 1942. Bueno, era Churchill.

La Kriegsmarine no volvió jamás al Atlántico Sur, salvo con submarinos que enloquecieron a nuestros primos brasucas, incluso antes de que Getulio Vargas, indeciso hasta 1942, terminara por plegarse al bando aliado, en parte harto de que los submarinos nazis le hundieran mercantes. De modo que salvo para los reclutas kelpers que marcharon a la guerra en otros frentes, el archipiélago regresó a su agreste y ventoso aburrimiento.

Hasta 1982. 

Todo este rollo puede parecer innecesario y largo, pero no hay marina de guerra en el mundo en cuyas academias no se enseñe esta historia, con pocas variantes. Las Malvinas, tan bien ubicadas y llenas de puertos profundos y abrigados, con incluso un buen pastizal plano en el medio de la Isla Soledad para una base aérea en Mount Pleasant, ese archipiélago que sólo exporta pescado y licencias de pesca, es un activo estratégico fabuloso.

En manos británicas, es el sitio perfecto para atacar por aire y por mar, y capturar, Tierra del Fuego, Santa Cruz y Chubut. Acordonado tecnológicamente por la Argentina, las cosas se les ponen más difíciles a los johnnies.

Hoy las Malvinas constituyen el único enclave aeronaval indiscutido de la OTAN en el Atlántico Sur para bloquear por mar y aire la navegación china a través del estrechos de Magallanes, o el mucho más ancho y ríspido, el de Drake. Y lo de indiscutido ya lo veremos…

Las Malvinas como dijo Churchill de la isla de Malta, son “un portaaviones de piedra”. Ése sí que nos jodió la vida, pero escribía bonito.

Con el recalentamiento global, ese portaaviones cuida intereses adicionales: el derretimiento de los hielos flotantes y de los glaciares antárticos se está volviendo la pesadilla de casi todas las ciudades costeras del mundo. Pero a las mineras y petroleras les abre el acceso al único continente geológicamente virgen del planeta.

La Antártida está protegida precariamente de estas industrias extractivas (y de los reclamos de soberanía tanto de países vecinos como de potencias distantes) por el Tratado Antártico de 1959. Pero nadie puede dar certeza de que este papelito siga vivo de aquí a 20 o 30 años. Se firmó en un mundo bipolar, donde existía la Unión Soviética, Gran Bretaña todavía retenía pedazos de su imperio, y  China, la India y Brasil no movían el amperímetro.

Hoy sí que lo mueven. Si el tratado es impugnado, y lo será, pintarán reclamos de propiedad, incidentes diplomáticos y militares, y habrá guerra. Según el presidente Trump, un ricachón inmobiliario, nuestro país es un estado más, medio austral pero bien situado, de su propio país. Piensa lo mismo de Canadá, pero al menos allí lo putean y boicotean los productos «made in USA».

Empresas mineras y tecnológicas con más plata y armas que cualquier país sudaca se trenzarán a daga para repartirse los pedazos del Continente Ya No Tan Blanco.

Mi problema -también el suyo, lector- es que esto nos agarra tras perder miserablemente una guerra, derrota que hemos pagado con 43 años de desarme militar y la pérdida suicida de nuestras industrias de defensa.

Nos sacaron tarjeta roja y lo estamos aceptando como idiotas. En penitencia, ya no fabricamos aviones, turbinas, computadoras, equipos electrónicos, barcos civiles o militares, submarinos, tanques y cañones. Ya no fabricamos un carajo. En eso nos parecemos un poco a los EEUU.

Peor aún, siendo casi gratis, no fabricamos drones. Peor aún, nuestros almirantes no tienen puta la idea de que fue la guerra de fondo la que decidió ya las dos batallas navales más épicas del siglo XX, las que decidieron el destino de dos guerras casi de movida.

La imbecilidad no es militar sino social. Los partidos autodenominados «de centro», como el PRO, conspiran exitosamente contra nuestro desarrollo nuclear a través de la privatización de sus empresas, como NA-SA, o el aniquilamiento de otras con buenos quilates en Defensa, drones, sistemas antidrone y radares civiles y militares, terrestres, móviles y espaciales, como INVAP.

La ultraderecha libertaria está matando nuestro desarrollo científico e industrial, ése que decidió la victoria de las armas aliadas contra las del eje en la última guerra mundial. Y nuestro último sistema de comunicaciones militares difícilmente interferibles, la línea de satélites geoestacionarios ARSAT, fue cerrada por Macri y nunca más resucitó.

Cables submarinos propios, no tenemos. Barcos de guerra de fondos que permitan espiar, interferir o arrancar los cables de nuestros adversarios, tampoco.

El despliegue continental de la REFEFO (Red Federal de Fibra Öptica) que hizo de ARSAT la primera compradora mundial de cables ópticos entre 2009 y 2012, murió con Macri. Nadie quiso continuarlo desde entonces en forma submarina, para cablear el millón de kilómetros cuadrados de nuestra plataforma continenta. Ni siquiera para detección y ubicación de navegación pesquera pirata o ilegal. No de navegación hostil, porque según casi todo gobierno subsecuente a la catástrofe de 1982, no tenemos. Haceme reir.

No hay nada que inventar, sólo es copiar la red SOSUS con la que la OTAN estorbó desde los años ’50 el tránsito de submarinos soviéticos a través de sus dos únicas salidas al Atlántico, y hoy lo hace con los rusos. Aquí, eso es construir otra REFEFO ya no en seco sino bajo el agua, y dotarla de hidrófonos y sensores de presión. Una obra bastante barata, que signifique «te estamos mirando, gringo».

Una obra atada a otra obra más móvil: diseñar, fabricar y desplegar drones submarinos furtivos «durmientes» en los fondos de la Plataforma. INVAP y nuestros astilleros -si sobrevivió alguno- podrían dar la talla. Toda nave militar que se meta en nuestras aguas sin pedir permiso, sabrá «te estamos mirando y tal vez incluso apuntando, gringo».

Citando al almirante Hyman Rickover, creador del Nautilus, primer submarino nuclear del mundo, por su capacidad disuasoria es mejor un submarino en el mar que una bomba en el sótano. Sólo que los submarinos carísimos y tripulados son un arma infalible, pero en la guerra naval del siglo XX.

Despiértense, argentos. Estamos en el siglo siguiente, dueños de territorios que no podemos defender, y en pelotas.

Mi pronóstico, por lo que vale: incluso si el achicamiento económico, diplomático y militar de Inglaterra volviera impagable su permanencia en Fortaleza Malvinas, cosa que está ocurriendo desde 2000, Estados Unidos tomaría su lugar rápido, a cara de perro. Y por primera vez, con Argentina y Brasil mostrándole los dientes. Quiero ver ese día, o que lo vean mis hijos. Será el final de nuestro «Siglo de la Humillación».

Sí, claro, por ahora la Argentina no tiene dientes que mostrar.

Pero todavia somos (un poco) hijos de Brown. Si conozco a mi país, ya le volverán a crecer.

DANIEL E. ARIAS

El gobierno transfirió el control de un yacimiento de oro a la provincia de Catamarca

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El gobierno nacional formalizó la salida del Estado del control de Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (YMAD) y transfirió su conducción y administración a Catamarca, en respuesta a un pedido del gobernador peronista Raúl Jalil, que fue clave en el Congreso para definir la distribución de fuerzas internas de las Cámaras y para aprobar el Presupuesto y la Ley de Inocencia Fiscal en las sesiones extraordinarias.

YMAD explota principalmente oro y plata en el complejo Farallón Negro.

La medida se oficializó este lunes mediante un Decreto publicado en el Boletín Oficial, que reformó la ley constitutiva de YMAD y modificó su estructura societaria: la provincia pasó a contar con 60% de participación, mientras que la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) quedó con el 40% restante, eliminando la intervención directa del Estado nacional.

El decreto, firmado por el presidente Javier Milei y el Gabinete, sustituyó los artículos principales de la Ley 14.771, estableciendo que el directorio y la presidencia de la empresa ya no serán designados por el Poder Ejecutivo, sino por Catamarca, que asumirá la representación mayoritaria en la gestión operativa y estratégica del ente minero. Fuentes del sector indicaron que la producción de oro allí por ahora es reducida.

Este traspaso se concretó luego de un acuerdo conciliatorio celebrado el 15 de diciembre de 2025 entre la Nación, Catamarca y la Universidad Nacional de Tucumán, que puso fin a décadas de disputas por la titularidad y la conducción de la empresa, fundada en 1959 para la exploración de los yacimientos de Agua de Dionisio, en Belén, un área estratégica para la minería metálica en Argentina.

En el plano político, la decisión refuerza la posición de Jalil como interlocutor de la Casa Rosada en la aprobación de leyes clave, como el Presupuesto 2025 y la Ley de Inocencia Fiscal, en las que la bancada provincial aportó votos decisivos en ambas cámaras. La relación de cooperación con la gestión nacional se tradujo en un avance concreto sobre un recurso estratégico para Catamarca.

YMAD. Mineros en el yacimiento

Jalil también tuvo un rol decisivo para que el Gobierno consiga en la Cámara baja la primera minoría. Más allá de que la Casa Rosada consiguió la incorporación de aliados y ex PRO a la bancada de La Libertad Avanza, el retiro de tres diputados catamarqueños del bloque peronista relegó a Unión por la Patria a ser la segunda minoría.

Durante meses, Jalil insistió ante la Casa Rosada en la necesidad de acelerar la transferencia total de YMAD, con el fin de que la provincia logre mayor autonomía sobre sus recursos y pueda impulsar proyectos de inversión y desarrollo productivo sin las restricciones que, según su gobierno, imponía la participación estatal nacional en la dirección del organismo.

La medida se enmarca en la estrategia oficial de reducción del Estado y racionalización del gasto, argumentos empleados por el Ejecutivo para justificar la desvinculación de empresas públicas o mixtas que, según su análisis, ya no requieren intervención nacional directa.

En Catamarca, el traspaso fue recibido por actores políticos y económicos locales como “un hito histórico” que restituye a la provincia la gestión de un activo considerado estratégico para el desarrollo regional.

La resolución ya está vigente desde su publicación en el Boletín Oficial y marca el inicio de una nueva etapa para YMAD. Se espera que Catamarca, con el control mayoritario, articule de forma más directa su participación en proyectos de exploración, explotación y comercialización de minerales, en un escenario donde la minería mantiene su centralidad en las políticas públicas provinciales y nacionales.

Si bien en el yacimiento hay una pequeña explotación de oro, el valor de ese activo también es estratégico para la provincia por la titularidad de las tierras en la zona.

Facundo Chaves

La «Guerra de Fondos (marinos)» hoy, y una batalla naval de Malvinas en 1914 – 1ª parte

Un choque ruso inglés que sucedió hace semanas en el Mar del Norte nos toca de cerca, argentos, aunque no parezca. Remite a dos batallas navales: la de Malvinas en 1914, y la del Río de la Plata, en 1939. La primera, sucedida al norte de Port Stanley, decidió el resultado del resto de la Pimera Guerra Mundial.La última fue tan brutal y cercana que los cañonazos se escuchaban en la Costanera Sur de la Capital Federal.

Indirectamente, ambas batallas decidieron la historia actual. En 1914 y en 1939 el Reino Unido era la primera potencia naval del planeta. Hoy, en cambio, es un rejunte rajado de tres países que se odian y que pretende ser un solo país. Y en términos cientificos, tecnológicos, industriales, económicos, culturales, diplomáticos y y militares, se ha vuelto irrelevante: no es ni la sombra de su sombra.

Y sin embargo sigue aferrado a nuestras islas Malvinas con uñas y dientes. Si en la década de los ’70 estudiaba discretamente cómo hacer retrocesión del archipiélago a la Argentina, hoy no tiene maldita la intención de irse. Es más, más que nunca, tiene razones excelentes para no irse.

La noticia que dispara estas reflexiones y recuerdos argentinos la acaba de provocar el Yantar. El mismo buque ruso que buscó durante un mes al submarino ARA San Juan en 2017, y sin cobrar un mango. Volvió a ser noticia en noviembre pasado en los medios ingleses en noviembre. Y en la perruna prensa argentina, ya no se lo menciona como barco heroico, sino como buque espía.

Chocolate por la noticia. Es ambas cosas. Y además es un buque de sabotaje de infraestructura submarina, es decir especializado en «guerra de fondos», algo muy ajeno a la cultura y las tradiciones navales argentas, pero que decide la historia del mundo y de sus guerras.

La Marina Real Británica detectó su presencia en las aguas del norte de Escocia este noviembre, por segunda vez en el año. En esta ocasión, la amenaza fue más seria: el buque apuntó con rayos láser a los pilotos de los aviones de la Fuerza Aérea británica que lo vigilaban.

El láser en banda visible hoy es un apuntador. Sigue y designa un blanco y el reflejo, muy intenso sirve de guía para cualquier misil antiaéreo de guiado óptico. Como mensaje para el piloto, significa «te tengo en la mira, bro, tomátelas». Pero ya hace 40 años servía para causar ceguera temporaria en los pilotos. Mensaje: «Seguí aquí, y vas a aterrizar con perro y bastón».

El ministro de Defensa británico, John Healey se puso cabrero, no se imaginen lo cabrero que se puso. «Mi mensaje para Rusia y para Putin es que los vemosSabemos lo que están haciendo. Y si el Yantar se dirige hacia el sur esta semana, estamos preparados«, declaró en una conferencia de prensa.

Aparentemente los rusos también están preparados.

Una fragata de la Marina Real y varios aviones P-8 de la RAF (Fuerza Aérea Real) persiguen al Yantar, calificado por las inteligentes autoridades militares británicas como un barco de inteligencia. Lo dicho, es más que eso.

El Yantar es un cortaplumas suizo y como tal, un arma

El buque Yantar («Ámbar», en ruso) está registrado en el catálogo de Lloyd’s como barco de investigación oceanográfica en aguas profundas. Cuenta con dos pequeños submarinos autónomos, llamados Rus y Konsul En 2017 se usaron para buscar al ARA San Juan a entre 200 y 6000 metros de profundidad, en el talud de la plataforma continental argentina y el fondo abisal. Su minuciosa peinada no tuvo éxito.

Pero ahora, con su geolocalización desactivada, es inubicable y, con pleno derecho considerado un arma de guerra, de sabojotaje o de espionaje. Chocolate de nuevo. Según el gobierno británico, se usa para mapear el fondo del mar, y podría cortar o espiar cables submarinos de fibra óptica. Más y más chocolate.

«Forma parte de una flota rusa diseñada para poner en peligro y comprometer nuestras infraestructuras submarinas y las de nuestros aliados», aseguró el ministro de Defensa británico. Según Healey, se trata de «un programa ruso destinado a desarrollar capacidades que permitan asegurar la vigilancia en tiempo de paz y el sabotaje en tiempo de conflicto«.

De esto último, allá en Londres «la saben lunga». Como se verá enseguida.

UN CASO RECIENTE DE GUERRA DE FONDOS

En 2022 dos barcos noruegos especializados en esta vieja disciplina levaron buzos tácticos de la US Navy. A 90 metros de profundidad estos volaron los gasoductos Nord Stream-1 Nord Stream-2. Eran dos haces de dos tubos cada. Corrían por el fondo del Mar Báltico, y habían sido construidos con plata rusa. La idea de Gazprom, rusa y la mayor empresa mundial en gas natural, era facturar gas a Alemania, y vía Alemania, a casi todo el norte de Europa.

Sin los Nord Stream la industria más amenazada de una recesión energética era la germana, y por falta de potencia electromotriz. Alemania acababa de cerrar la última de sus 18 plantas nucleares, algunas con 20 años de servicio por delante, y las había reemplazado a la que te criaste reabriendo viejas plantas térmicas a carbón en el valle del Ruhr y en Silesia. Y con gas ruso, como todo el resto de la UE, pero mucho más que el resto de la UE:

Los resultados fueron horribles. La electricidad domiciliaria germana postnuclear se volvió hasta 10 veces más cara, y la quema de carbón desde principios de siglo fue llenando de humo humo campos y ciudades a sotavento. Produce lluvia ácida (un problema que había casi desaparecido en toda Europa media y orienta.

La lluvia ácida ahora sigue cayendo en la República Checa, norte de Italia, Francia, Polonia, Holanda, Hungría, Bulgaria, Bélgica, Eslovaquia y e incluso España. Mata los bosques, esteriliza las tierras cultivadas, corroe la infraestructura urbana metálica y de piedra… en suma, es una porquería.

El cierre de Brokdorf, Grohnde, Gundremmingen C, Isar 2, Emsland y Neckarwestheim no fueron las primeras malas decisiones tomadas por Alemania (a consultar con un tal Adof H.) que terminaron jodiendo a casi toda Europa. Pero esta movida arrancó por perjudicar a la propia Alemania.

En 2018 se medió la pérdida de expectativa de vida causada en la población urbana de Alemania por la emision de chimeneas y de escapes: Ya estaba en 18 meses. Alegría, amigos: Greenpeace y el Partido Verde les acaban de acortar la vida en un año y medio. Y recién empiezan.

Francia, la más nuclear de las economías europeas, pudo rellenar al menos parcialmente el bache de consumo eléctrico, pero por el exceso de demanda causado por la desnuclearización total de Alemania, el precio francés al consumidor final de megavatios hora saltó de 27, 76 euros a 49 y al toque, a 68 euros en el caso de los contratos interrumpibles. Amigos, Greenpeace les está saliendo un poco cara.

Los europeos se colgaron del gas natural ruso como chancho de la teta. Sin embargo, no había ni hay suficientes ductos y el precio de última milla del gas natural seguía yéndose al requinto. La última esperanza de Alemania, Bélgica y Holanda fue la inaguración del segundo Nord Stream. Era claro que habría un tercero y un cuarto Pero la explosión de los dos primeros liberó a la atmósfera 480.000 toneladas de metano y ocurrió en zonas económicas exclusivas de Suecia y Dinamarca. Ergo, vigiladas por esos dos países.

Los que el 26 de septiembre de 2022 reventaron ambos ductos sabían lo que hacían. Ésa es guerra de fondo, oh, lectores míos y mis únicos amigos verdaderos. La guerra de fondos no sale en los noticieros, al menos con ese título. En general logra no salir. Y tiene extraños efectos no sólo bélicos sino sociales y diplomáticos.

En unidades de masa, el gas natural, o GN, es hasta un 10% más eficiente que el licuado (GNL) en su capacidad de producir calor. El gas natural es casi todo metano, el hidrocarburo más liviano y volátil de todos. A diferencia del GNL, formado más bien por propano y butano, el GN no requiere de instalaciones portuarias de regasificación caras. Tampoco necesita de una distribución tipo «hub and spoke», en la que hay que arremangarse y construir ductos nuevos desde los puertos al interior, o resignarse a un abastecimiento discontinuo y muy salado en camiones metaneros, zepalines y garrafas.

La Unión Europea se tuvo que pasar con el mismo entusiasmo que suscita ir al dentista al gas licuado estadounidense. Éste llega a la UE en cantidades mucho menores, a precios mucho mayores, y de yapa te obliga a afiliarte, con paciencia de monaguillo, y hasta los sobacos, en las directivas de política exterior del State Department.

Esta fagocitosis de la UE por los EEUU se hizo más fácil, porque en febrero de 2022 ya había que barrer de las calles las nieves de invierno.

Tras dos años de investigaciones, Dinamarca y Suecia llegaron a la conclusión de que no sabían quiénes habían sido los de la voladura del Nordstream. Ellos mismos no, líbrelos Dios. ¿Cómo los investigadores podrían investigar a los investigados? Es un contrasentido lógico.

Nadie se preguntó el clásico «cui bono» de los jueces romanos. La prensa europea acusó a Rusia. Lógico, si algo le gusta a los ivanes es invertir U$ 18.500 millones en caños submarinos, no recuperar jamás ese desembolso, y soltarle los tientos económicos, diplomáticos y militares a esa vaca atada y a espera de cuchillo que es la UE.

Nadie se inculpa de la insuficiencia eléctrica de la UE, ni de los apagones españoles. Son los malditos rusos, sin los cuales los europeos no podrían vivir. Y no pueden.

Por ejemplo, el presidente Manual Macron en 2017 decidió, en un rapto de ecologismo y clarividencia casi alemán, que no alcanzaba con haber dejado en cierre por abandono la mitad de las 56 centrales nucleares de su país. No señor, dejaría decaer a la mitad no cerrada, y luego mandaría a todas a decomisión. ¿Para qué gastar en uranio proveniente del Sahel, cuando entre eólica, solar y sobre todo, gas ruso barato, se podría abastecer toda la demanda francesa?

Como Francia importa todo lo que quema, el mercado de combustibles de Francia en 2017 pensó que las cosas podían ser menos rosadas, y los usuarios intensos de transporte público, otro tanto. Por eso, en octubre de 2017 el gas natural doméstico pegó un salto del 20%, el de la nafta un 16% y el del gasoil, más recargado de impuestos, un 27%.

Francia tiene inviernos fríos, la clase media y los ricos viven en los cascos céntricos, los pobres urbanos en «la banlieue», los cinturones externos. Y los allí residentes viven viajando al y desde el centro.

Pero hasta el tren, totalmente eléctrico en todos los ramales franceses, depende desproporcionadamente del gas visto que el parque nuclear movía hasta los ferrocarriles. La flota nuclear de Francia en 2000 suplía el 80% de la demanda interna, cifra record jamás alcanzada por ningún otro país del planeta, pero en 2017 había caído 30 puntos.

La diseñadora-operadora y constructora de las centrales atómicas es Électricité de France, EDF. La derecha liberal la odia por demasiado estatal, hoy nuevamente 100% estatal. En cambio el extraño casorio de izquierda histórica con ecologistas boutique odiaba a EDF por demasiado nuclear.

Como sea, entre todos lograron que a partir de 2012, y por ley nacional, Francia detuviera su plan nuclear. Basta de centrales. Ni una más. No fuera que ocurriera un Chernobyl o un Fukushima galo. El tren de la electricidad nuclear francesa fue frenando de a poco desde los ’90 por un consenso de cúpulas.

¿Franceses inocentes de ello? No hay. Boludos sí, pero los argentinos no estamos en condiciones de señalar a nadie con el dedo.

En 2004, culpando a la dirección de EDF de mala administración de sus centrales, visto que por decisión de la centroderecha ya no se construían nuevas unidades, el gobierno de centroderecha de Jacques Chirac decidió privatizar la empresa. Sus sucesor, Nicolas Sarcozy, decidió transformarla en el equivalente francés de una SRL, y vendió el 15% de las acciones a tenedores que, no por nada, siguen bastante anónimos. No son pequeños accionistas.

La izquierda francesa, si existe, se comió todo el sapo y pidió más. Los ecologistas también, con menos asquitos porque jamás fueron estatistas y son íntimamente pro-mercado.

Francia logró vivir sin grandes apagones, y no por su considerable inversión en eólica o solar, sino porque toda la Senta Madre UE funciona inmersa en un único y enorme cableado de distribución eléctrica, y esa red ya en 2004 mamaba gas natural de la teta de la otra Santa Madre, la Santa Madre Rusia. Los precios de consumidor final de los europeos fueron subiendo, como que mal o bien, los decidía Rosatom. Pero a fuerza de subsidios del caso, la calle todavía no sentía el pinchazo.

Pero los paraísos artificiales son cartón pintado. No bien entraron los privados a dar las órdenes, EDF, hasta entonces la mayor vaca lechera del estado francés, y proveedora de energía nuclear incluso de Alemania, Francia, Bélgica y Polonia, dejó de invertir no sólo en nuevas unidades nucleoeléctricas. De yapa, dejó de mantener las existentes. Las crema y la frutilla de una torta de facturación como no la tuvo jamás una empresa núcleoeléctrica del mundo, se la empezaron a ranfañar los nuevos accionistas privados, primero con el dedo, y luego en balde.

Si la Argentina no entiende que aquí con NA-SA va a pasar lo mismo y peor, no es sólo porque no entienda una goma de política internacional. Es porque no entiende su propia historia nacional reciente, y además eso le resbala. El primer beneficio de ser un bruto es que nunca de enterás de que sos un bruto. En ese sentido, los argentinos somos privilegiados.

Salto nuevamente a 2017. Émmanuel Macron, el nuevo genio a cargo del Élysée, equivalente francés de nuestra Casa Rosada, decide eliminar subsidios y aplicar nuevos impuestos, fundamentalmente dirigidos a los consumidores pobres de gas y de transporte público. Los precios de todo se dispararan, todos. Y los franceses no están tan acostumbrados a que les toquen el culo.

La CGT francesa decidió, apa, no estábamos muertos, resucitar de la hibernación. Huelga general, cabrones. Los camiones de dos acoplados de los choferes ruteros bloqueron las entradas y salidas de fábricas y supermercados.

La Francia de los obreros, los estudiantes universitarios, los de secundaria, la Francia de los buenos servicios públicos, la Francia de los «Cheminots» (los ferroviarios), esa Francia proletaria casi evaporada, salió a la calle tocando tambores y bombos, trajeada de chalecos amarillo-flúo. Eso en francés se dice «gillets verts». Fueron un ejército.

Incontenibles para la policía y la gendarmería, los manifestantes alzaron guillotinas delante de la residencia presidencial del ‘Elysée.

Macron, que a veces lee los diarios, se lo tomó como algo personal. No deja de tener razón. Bajo cortina de lluvia de balas de goma y granizada de latas de gas urticante, autoconvocados a la rabiosa fiesta popular, los bomberos se pusieron sus cascos con máscaras filtrantes, sus gruesos trajes antillamamas, se rociaron de nafta, se prendieron fuego y caminaron lentamente, en formación, para abrazarse a los aterrados policías.

Francia es así. Pasa de monárquica a revolucionaria en horas.

Macron decidió posponer elegantemente las subas de la enegía. Es más, en 2023 reestatizó EDF y hoy dice que quiere construir 16 centrales nuevecitas, pero eso sí, inmensas, de 1600 megavatios. Hoy se ha vuelto «El hombre nuclear». Descubrió que amaba, con pasión de converso, las 28 máquinas de entre 900 y 1000 megavatios, las que le dieron a Francia el mejor precio a consumidor de Europa, y además, SER el enchufe de Europa.

Y NO ME PERDÍ, LECTOR: VUELVO A LA GUERRA DE FONDOS

Como pueden ver, lectores míos y mi mayor premio en la vida, la OTAN tiene el más justificado miedo de la guerra de fondos para la que nació el Yantar. La guerra de fondos te deja sin gas, sin electricidad, y que te ayude Dios. Sólo que la piedra que desató la furibunda carestía eléctrica de la UE fue la desnuclearización terminal de Alemania, y la privatización y decadencia de EDF.

Éstas dos causas coincidieron con elo alud de sobrecostos eléctricos causado por un buque que dinamitó los ductos Nordstream 1 y 2.

Y esa nave no fue el Yantar sino de bandera de oportunidad, armador anónimo y con una fuerza de buzos estadounidenses del US Navy Diving and Salvage Center de Panamá City, en Florida. A estas conclusiones llegó en 2023 Seymour Hersh, decano del periodismo de investigacion de los EEUU desde tiempos de Vietnam. Su página es substack.com/@seymourhersh, y vale la pena leerla.

Hersh explicó que se prefirió contratar a civiles que NO pertenecen a la US Navy, aunque la opción lógica habrían sido los SEALS. Es que en 2022, semejante operación contra los intereses de otros gobiernos (en este caso, no sólo Rusia) clasificaban como acto de guerra, y como tal deberían haber pasado por cierto escrutinio de las comisiones de inteligencia del Congreso. Que estaba menos pintado en la pared, aquel año. Hersh dice que la operación se ejecutó desde un yate privado con papeles truchos.

Cuando sucedió el hecho, las armadas de Suecia y Dinamarca estaban enérgicamente distraídas en los ejercicios de guerra BALTOPS, conducidos no muy lejos del sitio de la explosión, y con participación de todos los estados fundacionales de la OTAN, incluidos los de Alemania y obviamente. El gobierno de los EEUU rechazó totalmente el destape de Hersh, que ha vivido acumulando rechazos de casi todos los gobiernos de su país desde tiempos de Richard Nixon.

Los servicios de inteligencia de Alemania llevan años investigando el hecho.

Han atribuído el asunto a Serhii Kuznietsov) y Volodymyr Zhuravlov, el primero exoficial de buzos tácticos de la Armada de Ucrania, y el segundo, un instructor de buceo técnico (avanzado, sólo para profesionales, con uso de mezclas de oxígeno puro con gases nobles) en una academia privada de Kiev. Alemania pidió formalmente la detención de ambos, y la Interpol pescó a Zhuravlov en Italia, donde el Poder Judicial lo absolvió al toque porque consideró que su accionar había sido parte de una guerra justa.

Si Hersh no macanea, suponemos que el navío recreativo trucho usado por la US Navy era lo suficientemente grande y potente como para tener una cámara de descompresión. Sin ese recipiente presurizado para personas, tras pasar un rato a 90 metros en la superficie te morís por burbujeo de nitrógeno en la sangre. La cámara es lo primero que debe tener un buque de guerra de fondo, incluso improvisado. Lo segundo, al menos hoy, son ROVS, robots semiautónomos teleguiados y con gran capacidad de manipulación para cortar, soldar o interferir caños y cables.

No conozco ningún otro caso en la historia humana de que un conflicto que hoy pone al mundo al borde de una guerra nuclear se haya podido montar desde una plácido yate de ricachones que la pasaban bomba (en todos los sentidos.).

Con la UE inmersa en algo que jamás probó, una miseria energética que te la cuento, sólo la salvan sus aliados. Por suerte o más bien desgracia de la UE, los EEUU tienen enormes cantidades de gas de fracking para verderle. Podría decirse, si uno es malísimo, que la voladora de los ductos Nord Stream fue la captura de un mercado por parte de Cheniere, Venture Global y Sempra, con puertos de licuefacción en la costa del Golfo de México.

Pero sería reduccionismo. Éstas son simples start-ups atraídas por un mercado infinito, moscas caídas en la miel. El casus belli del fondo del Báltico es cosa de gente más seria, «The Company», como la llaman en Langley, Virginia.Y allí trabajan para las principales petroleras de la Cuenca Pérmica yanquis: Exxon Mobil, Chevron y Conoco Phillips.

Y aunque todo esto es cierto, más cierto aún es que el State Department, una burocracia permanente, profunda y experta, que ve distraídamente pasar demócratas y republicanos por la Casa Blanca. No de otro modo las vacas ven pasar los trenes de pasajeros para un lado y para el otro lado, y se cagan, unánimes en ambos: están desde antes y tienen sus propios negocios de vaca.

Los puertos regasificadores, y el ir y venir de zepelines y garrafas con GNL irán creciendo. Esos puertos suelen estar separados de los de cargas líquidas comunes, son unidades de muchos millones de dólares, y sólo vale la pena construirlas donde los caños para conectarlas a una red nacional están cerca.

Daniel E. Arias

(Continuará)

La inversión estatal en investigación y ciencia cayó al 0,16 % del PIB

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Desde hace 24 meses, uno de los sectores más golpeados por la motosierra fue el de la investigación en ciencia y tecnología. El Grupo EPC-CIICTI -especializado en estos análisis- publicó una investigación que resume los cuatro principales ejes de corte que caracterizaron esta gestión en el sector.

El financiamiento público de la ciencia llegó a un mínimo histórico argentino: pasó del 0,30% del PBI en 2023 hasta el 0,164% en 2025. Se trata de una reducción del 43,8% en dos años. De esta manera, hoy se encuentra por debajo incluso del anterior mínimo en el año 2002.

El ajuste es transversal y afecta a todos los organismos e instituciones de ciencia del país. En dos años, el CONICET perdió el 31,4% de su presupuesto, el INTA el 36,2%, CNEA el 44%, el INTI el 47,1%, el ex MINCyT, ahora degradado a Secretaría, cayó un 79,6% y la Agencia IDI perdió un 82,2%.

Sueldos en caída

Otro rubro golpeado fueron los sueldos del sector científico, que cayeron hasta un 38%: investigadores, personal técnico y personal de apoyo de CONICET, de organismos dependientes del Sistema Nacional de Empleo Público y de universidades nacionales padecieron mes a mes un deterioro programado de sus ingresos.

No solo cayó la inversión en salarios científicos. El monto total en becas y servicios cayó un 20,3% en dos años en términos reales; el gasto en insumos lo hizo un 51,2%, la inversión en bienes de uso y equipamiento lo hizo un 64,7% y las transferencias lo hicieron un 81,7% respecto del 2023.

Se destruyeron empleos en todos los organismos y empresas de ciencia: se perdieron 4.481 puestos en organismos de CyT y 711 en empresas del sector público. La destrucción de empleos en el sector alcanzó la cifra de 5.192 puestos entre diciembre 2023 y septiembre 2025, con fuertes caídas en el CONICET (-1.912); el INTI (781) y el INTA (654). La Agencia IDI y la Secretaría de ICT perdieron el 40% de su planta de personal.

Enrique Garabetyan

Telefónica-Telecom. Se define la puja entre Milei, y el Grupo Clarín

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Las partes van a una colisión. Fuerte. Entre poderosos. Por un lado, Javier Milei y su gobierno, no tienen ninguna intención de avalar la compra de Telefónica por parte de Telecom. La visión que tiene el Presidente sobre la operación está hoy en la peor de las consideraciones; tanto en el aspecto económico como político. Y, si por él fuera, no aceptaría la adquisición. Por el lado del grupo Clarin y los vendedores españoles se trata de Cosa Juzgada y sin vuelta atrás. Y sólo restaría que el Gobierno tome esta realidad como algo definitivo y lo acepte.

En el medio, hoy es la fecha límite en la que el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) debe tomar una decisión final sobre si autoriza o no, la compra de Telefónica Móviles Argentina (Movistar) por parte de Telecom Argentina, ya que vence la prórroga del decreto 448/2025 y el Ente queda así obligado a cerrar sus diagnósticos y tomar una determinación sobre la compra. Para bien o para mal. Y, por lo que se cree (y lo que ordenó Javier Milei), la tendencia del organismo es a rechazar la operación por problemas de defensa de la competencia y peligros de monopolios.

El problema es que para los españoles de Telefónica no hay marcha atrás. Los europeos ya recibieron el pago de unos US$ 1.245 millones, y ese dinero figura desde febrero del año pasado (cuando se consumó la compra, y consecuentemente el pago) dentro de los balances de activos de la empresa. Y no habrá marcha atrás con lo liquidado. Hacia delante, en todo caso, es responsabilidad de los compradores atender los requerimientos del gobierno argentino. Igualmente, Telefónica, para los libertarios, ya es parte del pasado. Todos los muchos, enormes, problemas que trajo la operación habrá que tratarlos de manera directa con Telecom. La empresa compradora que, para aclarar el panorama, tiene al Grupo Clarín como uno de los principales propietarios del paquete accionario con un 40%, pero no la mayoría, ya que se comparte cartel por porcentaje con la compañía Fintech, del mexicano David Martínez. Uno de los personajes más interesantes de la historia empresarial reciente de la Argentina, y que aparece en el escenario local desde el inicio del “juicio del siglo” entre el país y los fondos buitre que no aceptaron la reestructuración de la deuda planteada por Roberto Lavagna entre 2005 y 2006. Y que luego de reconvertirse en “buitre amigo” terminó como socio del Grupo Clarín en la compra de Telecom, y la autorización de operatoria en la telefonía celular. El otro 20% de las acciones es de cotización abierta. Sin embargo, el Gobierno no cree en atomizaciones y considera que todo es Clarín. Y que la batalla es con ellos. La ingeniería financiera fue realizada al mejor estilo primer mundo. Como hace muchos años no se veía en el mercado local. Fue una combinación de movimiento de miles de millones de dólares, armado de estructura de crédito, intervención de actores del primer mundo financiero mundial y un secretismo envidiable. Para comenzar, los agentes bancarios fueron el BBVA, Santander, ICBC y el Deutsche Bank. Entre todos, y bajo la garantía de la presencia de David Martínez y la gestión del vendedor español, de los 1.245 millones de dólares de la operación, casi el 90% proviene de apalancamiento financiero, un porcentaje poco habitual en este tipo de movimientos; donde en general, hay un importante aporte de capital propio. Más si el pago viene desde el mundo en desarrollo, como la Argentina. Sin embargo, el buen Veraz internacional del socio mexicano, la presencia del Grupo Clarín y su aceptable currículum y, fundamentalmente, las ganas de Telefónica de acelerar su salida del muy complicado mercado argentino, hicieron que las negociaciones se destrabaran rápido. Las conversaciones entre Telefónica y Telecom se dieron de manera directa desde mediados del año pasado, cuando desde Buenos Aires el Grupo Clarín y Fintech decidieron encarar la aventura. Se estima que los contactos directos comenzaron en junio 2024, y se aceleraron en el último trimestre de ese año, para cerrar sorpresivamente en febrero de ese año, la compra de la empresa. En este paso hay que tener una cuestión siempre sobre la mesa: Telefónica quería irse de América Latina en general y Argentina en particular, lo antes posible.

¿Por qué no hubo negociación con otros grupos para potenciar una competencia al mejor postor? Fue una condicionalidad de los compradores finales. La operación sería a todo o nada, poniéndose de acuerdo en un precio y cerrando la liquidación final con un giro de los millones de dólares correspondientes. Punto. Si desde Madrid se hubiera querido una negociación abierta, probablemente Telecom no hubiera participado. Y ante la comparación de los carteles del grupo comprador y el resto de los potenciales interesados (y la potencial billetera financiera de estos), se decidió avanzar con el principal competidor de Telefónica de Argentina. Con un detalle importante. Impuesto por el Grupo Clarín y el mexicano Martínez. Toda la negociación debería ser secreta. Blindada. No debería haber filtraciones de ningún tipo. Incluyendo la intervención del gobierno nacional.

La visión que tiene hoy el presidente Javier Milei está en la peor de las consideraciones

La protesta oficial sobre la compra fue pública, notoria y desde la emisión de un comunicado firmado por la Oficina del Presidente. En las oficinas de la Casa Rosada había otros empresarios y grupos en mente para que se hicieran cargo de Telefónica de Argentina. Concretamente los elegidos por los libertarios eran tres: el grupo Werthein, Eduardo Elsztain y el grupo Mindlin. De hecho, en uno de los casos, el nombre era más impulsado desde el Gobierno que desde el verdadero interés del privado. Sin embargo, al correr las horas la ansiedad oficial por el anuncio del cierre de las negociaciones entre Telefónica y Telecom comenzó a ceder y se tomaron una serie de decisiones cruzadas. La primera, dar por cerrada y confirmada la operación. Telefónica había vendido a Telecom su participación en la Argentina, y ya nada había para hacer. Caso cerrado. La segunda: plantearles a los compradores que se abre una etapa de negociación en la que, ahora sí, el Estado nacional estará presente. Y será la llave para que el desembarque llegue a buen puerto.

El oficialismo siempre puso sobre la mesa de análisis (y aprobación) la letra de la Ley de Defensa de la Competencia donde se establecen las “regulaciones para evitar la formación de monopolios y garantizar una competencia justa en los mercados”. Allí figura que “cualquier operación que implique una participación igual o superior al 25% del mercado relevante debe ser revisada por la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC), el organismo encargado de evaluar y dictaminar sobre la legalidad de la transacción”. Siguiendo la lógica presidencial, Telecom detentaría el 70% del mercado de las telecomunicaciones y el servicio de contenidos de cable, se estaría perforando la frontera del 25%. No es como ven las cosas desde Telecom desde el principio de la operación. Los compradores de Telefónica consideraron siempre que la competencia real no debe medirse dentro del mercado de telecomunicaciones estándar, sino tomar en cuenta el gran escenario que implica la apertura inevitable del espectro al servicio de internet satelital. Dicho de manera más directa, la irrupción en el mercado de Starlink, la empresa de Elon Musk, que hoy detenta el 100% de ese mercado. Pero también, como Telecom participa del mercado de market place digital y las billeteras digitales a través de Personal Pay, la apertura comparativa sería aún más amplia, ya que debería sumarse a la división porcentual a los bancos que operan la billetera de MODO y, obviamente, aMercado Libre-Mercado Pago, de Marcos Galeperin. Este sería para el tándem Clarín-Martínez (nunca hay que dejarlo afuera en estas acciones) el inmenso mercado donde debería considerarse la operación de compra de Telefónica, donde, obviamente ese 70% del que habla el Gobierno se diluiría en un nivel inferior al 25%.

Para la mirada oficial, esto no es así. Y quizá solo habría que tener en cuenta si es o no competencia la telefonía satelital con la que la empresa de Elon Musk quiere inundar el territorio argentino, con una inversión que permitiría llegar no solo a las ciudades, sino también, directamente, a los celulares.

En definitiva, nada que no se pudiera negociar. Y así lo entendieron desde el principio desde el lado de los compradores. Sin embargo, desde el oficialismo, siempre se consideró a la operación como “semiclandestina”, sin intervención oficial, algo que debería haber ocurrido ya que se trata de un servicio concesionado, y una demostración de abuso de poder y posición dominante del Grupo Clarin. Lo que abrió hacia delante una situación de conflicto en la relación entre el Ejecutivo y el grupo periodístico.

El 23 de marzo, el Gobierno habló desde la institucionalidad. “El gobierno nacional, a través de la Secretaría de Industria y Comercio del Ministerio de Economía, tomó la decisión de dictar la suspensión de la operación, como “medida preventiva” basada en “la recomendación de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia, atento a que la fusión de ambas compañías incrementaría en forma significativa su participación en el mercado”.

Una curiosidad por cierto que esa oficina prácticamente desmantelada por los libertarios, en menos de un mes haya emitido dictamen. Sigue la comunicación rezando que “la participación resultante de la operación implicaría una concentración del 61% para el mercado de telefonía móvil, 69% para la telefonía fija; y, respecto al servicio de internet residencial, en algunas zonas del país, la concentración podría llegar al 80%”.

Es verdad que Telecom detentaría más del 70% del mercado de las telecomunicaciones y el servicio de contenidos de cable, se estaría perforando la frontera del 25%. Telecom opina diferente. Entra así un nuevo actor en escena. Según los compradores de Telefónica, la irrupción en el mercado de Starlink, la empresa de Elon Musk, que hoy detenta casi el 100% de ese mercado de las telecomunicaciones satelitales (en el país y, salvo China, Rusia y ahora Canadá, del mundo), cambia la ecuación de las comunicaciones en el país. Y que es imposible pensar en el mercado de internet y la telefonía por celular, sin este nuevo y poderosísimo actor que cuenta con varios satélites personales. Además de una amistad manifiesta con el propio Javier Milei. Telecom le suma más argumentos a la defensa de su operación de compra de Telefónica. Habla de un futuro donde participa del mercado del market place digital y las billeteras digitales a través de Personal Pay, con la intención de hacer una gran inversión en este frente. Pero el Gobierno de Javier Milei no quiere dar por terminada la operación: habla de una suspensión temporal, hasta alcanzar un nuevo nivel de negociaciones.

Aquí Milei tuvo su idea. Algunas de las actividades que hoy ejecuta Telecom deberían ser vendidas. Las principales actividades de esa compañía son la telefonía fija, la celular, la televisión por cable, el servicio de internet, el contenido periodístico y los medios de comunicación. En la mira oficial están todas estas unidades de negocios. Algo que, obviamente, Telecom ni considera siquiera pensar.

Se trata de una historia con final abierto. Y que quizá exceda el actual mandato presidencial. Pero que a partir de hoy haya obligatoriamente novedades.

Carlos Burgueño

Venezuela: las demandas de petroleras de EE.UU. por las nacionalizaciones del chavismo

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Donald Trump fue directo al grano al momento de justificar la conveniencia de la operación militar ejecutada en Venezuela para capturar y extraer al presidente venezolano Nicolás Maduro. En conferencia de prensa, el presidente de los Estados Unidos habló de recuperar el petróleo «robado», en referencia a la ola de nacionalizaciones de activos de petroleras estadounidenses en Venezuela durante el chavismo.

Sin mencionarlas, Trump apuntaba a los casos de las petroleras ConocoPhillips y ExxonMobil, que tienen sentencias favorables contra el Estado venezolano por la «nacionalización» de proyectos petroleros. El monto conjunto de los reclamos a favor de estas compañías asciende a unos US$ 10.000 millones.

El presidente estadounidense celebró en conferencia de prensa la captura de Maduro, a quien calificó como “el capo de una vasta red criminal responsable del tráfico de cantidades colosales de drogas letales e ilícitas a Estados Unidos”.

En ese sentido, el Departamento de Justicia informó la existencia de una causa abierta en Nueva York contra Maduro, su esposa e hijo por tráfico de drogas y otros delitos. Maduro también fue acusado por el delito de conspiración narcoterrorista.

Sin embargo, Trump enfatizó que la principal ganancia con la captura del líder chavista es la oportunidad de recuperar los recursos energéticos estatizados por Venezuela. «Nos robaron enormes infraestructuras petroleras como si fuéramos bebés, y no hicimos nada al respecto», dijo el presidente, quien prometió inversiones de las petroleras norteamericanas en territorio venezolano.

Las sentencias por activos petroleros estatizados en Venezuela

En efecto, el gobierno de Hugo Chávez procedió en 2007 con la denominada nacionalización de activos de ExxonMobilConocoPhillips y demás petroleras. Las petroleras iniciaron juicios en tribunales internacionales y finalmente obtuvieron sentencias favorables que suman unos US$ 10.000 millones.

El gobierno de Chávez obligó a las petroleras extranjeras a renegociar los términos de los contratos de explotación que mantenían con la petrolera estatal PDVSA a través de empresas mixtas. Bajo los nuevos acuerdos, PDVSA tendría al menos el 60% de participación en todos los proyectos.

Petroleras como TotalEnergies y Chevron aceptaron los nuevos términos. No fue el caso de ConocoPhillips y ExxonMobil, que calificaron la medida como una expropiación sin compensación económica, optando por retirarse de sus operaciones en Venezuela e iniciando demandas en tribunales internacionales.

ExxonMobil dejó el proyecto Cerro Negro, sobre el cual obtuvo en 2014 un fallo favorable en un tribunal del CIADI por 1600 millones de dólares. ConocoPhillips abandonó sus participaciones en Petrozuata, Hamaca y el Golfo de Paria y logró en 2019 un fallo favorable también del CIADI por US$ 8370 millones. Las sentencias fueron ratificadas en cortes estadounidenses.

Trump: «Las petroleras de EE.UU. van a invertir en Venezuela»

«Vamos a hacer que nuestras enormes compañías petroleras, las más grandes del mundo, entren, gasten miles de millones de dólares y arreglen la infraestructura petrolera», prometió Trump en el marco de la conferencia de prensa que dio para confirmar la acción sobre Venezuela. Más aún: aseguró que está empujando a las petroleras estadounidenses a volver a invertir en ese país.

Venezuela actualmente produce cerca de un millón de barriles diarios de petróleo, muy por debajo del pico de más de tres millones de bpd alcanzado hace más de una década.

Las exportaciones de crudo y combustibles superan los 700.000 barriles por día. China fue el principal mercado de colocación, representando en 2025 entre el 55 y el 90% de las exportaciones petroleras mensuales de Venezuela.

Nicolás Deza

Atucha II: Nucleoeléctrica recibió una grúa pórtico fabricada por IMPSA para un proyecto clave

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Nucleoeléctrica Argentina alcanzó un nuevo hito en el Proyecto de Almacenamiento en Seco de Elementos Combustibles Gastados (ASECG II) con la llegada de una grúa pórtico de última generación fabricada en IMPSA. El proyecto ASECG II es indispensable para garantizar la continuidad de operación de la central nuclear Atucha II luego del 2027.

El equipamiento fue desarrollado por IMPSA en base a una especificación técnica elaborada íntegramente por la Gerencia de Proyectos de Nucleoeléctrica.

La grúa cuenta con un diseño innovador que permitirá mover y posicionar con precisión los canastos que contienen los elementos combustibles gastados durante las tareas de almacenamiento en seco.

La instalación y puesta en marcha del equipo está prevista para principios de 2026 y se estima que tomará cuatro meses.

ASECG II, un proyecto clave para Atucha II

La empresa generadora estatal informó un avance general de 38% en la ejecución del proyecto ASECG II, que será necesario para poder seguir operando el reactor de Atucha II luego de 2027.

El proyecto ASECG II registra un avance de 38%.

Durante su vida útil, las centrales almacenan los elementos combustibles gastados en piletas de decaimiento con capacidad limitada. Por ello, el estándar internacional actual es el almacenamiento en seco, una solución segura, eficiente y sostenible que utilizan los países con industria nuclear desarrollada.

En Atucha II se estima que la capacidad de las piletas se alcanzará hacia diciembre de 2027, lo que refuerza la importancia de avanzar en tiempo y forma con este proyecto. Ya se completaron obras civiles claves como la base de hormigón de alta resistencia donde se ubicarán los silos y se avanza en la construcción de los componentes del sistema.

El diseño del sistema incorpora ventilación pasiva, que mantiene la temperatura dentro de rangos seguros sin necesidad de energía eléctrica ni intervención humana, aumentando la confiabilidad a largo plazo.

En el caso de Atucha I, Nucleoeléctrica inauguró en 2022 un centro de almacenamiento en seco para alojar los combustibles gastados, pensando también en la operación futura de esta central nuclear, sobre la cual se estan ejecutando los trabajos del proyecto de extensión de vida. La inversión conjunta en este proyecto y el ASECG II esta valuada en US$ 700 millones.

Nicolás Deza

«La transformación argentina a partir de su agrobioindustria»

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“Existe una oportunidad histórica para que Argentina se transforme a partir de su agrobioindustria”, sostiene Federico Mayer, fundador del Club AgTech, durante la presentación de su libro “AGRO 10X: La plataforma para potenciar Argentina”, en un encuentro realizado en la Sociedad Rural Argentina con la prensa y referentes del agro argentino.

El autor sostiene que estamos frente a un cambio de época, impulsado por la convergencia entre la digitalización, la inteligencia artificial y la biotecnología, un proceso que redefine la manera en que se produce, comparte información y crean valor; y la agroindustria está en el centro de esas transformaciones. 

“Esta nueva revolución —basada en sensores, algoritmos, redes y almacenamiento masivo— reconfigura la manera en que observamos, procesamos y compartimos datos, habilitando organizaciones más eficientes y colaborativas”, sostiene.

“En paralelo, el mundo enfrenta la presión de los límites planetarios. Esto abre una enorme oportunidad para el agro, el único sector capaz de secuestrar carbono de manera masiva y a partir de esto generar biomasa transformable en alimentos, energía y biomateriales”, insistió Mayer.

Además, nuevas corrientes financieras reconocen que el 60% del PBI global depende directamente de la naturaleza, por lo que cuidarla ya no es solo un tema ambiental, sino un tema de negocios. En ese contexto, Mayer propone superar la lógica de adaptación y asumir un rol activo como “hombres y mujeres transformadores”, capaces de diseñar nuevas realidades en un contexto cada vez más volátil y complejo.

Fue ahí que sostuvo que Argentina cuenta con activos clave para aprovechar este contexto:

● Un sector agro-bioindustrial competitivo, profesional y con prácticas sustentables.

● Ahorros argentinos en el exterior estimados en hasta USD 400.000 millones, cuyo 1% podría impulsar nuevas empresas.

● Una diáspora global con talento y vínculos, capaz de motorizar innovación como hizo Israel.

● Un ecosistema emprendedor en crecimiento.

“Uno de los ejes centrales de AGRO 10X es la bioeconomía, presentada como un nuevo paradigma para generar desarrollo económico, ambiental y social en Argentina. A partir del uso inteligente y sostenible de los recursos biológicos, potenciados por las herramientas digitales y biotecnológicas, el autor muestra cómo el país puede multiplicar por diez el valor del sistema, impulsando bioproductos, bioenergía, economías circulares y modelos colaborativos que integran ciencia, tecnología y territorio”, resaltó Mayer.

La obra destaca ejemplos concretos de cómo la agrobioindustria argentina ya está transitando este camino, y ofrece herramientas para que productores, emprendedores, empresas e instituciones puedan acelerar su transición hacia esta nueva matriz productiva.

Además, el libro subraya el rol clave de las ciudades del interior como espacios donde la innovación, el talento y la actividad económica se articulan de manera natural con las cadenas de valor bioindustriales, generando oportunidades genuinas en todo el país.

“La transformación de Argentina depende de nuestra capacidad para innovar, colaborar y pensar en grande. Debemos dejar de esperar soluciones mesiánicas y asumir la responsabilidad de crear redes, empresas y capacidades que permitan a la Argentina procesar la complejidad del mundo actual”, señaló Mayer durante el lanzamiento.

En el evento de presentación del libro también participaron con unas palabras Ricky Negri —productor, profesor, ingeniero en Producción Agropecuaria y MBA— quien escribió el prólogo del libro, y Ernesto van Peborgh, autor de la contratapa. Ernesto es ingeniero, MBA por Harvard y un referente regional en sostenibilidad e innovación regenerativa. Co-creó Regen Designers junto a John Fullerton y es cofundador de SEVA Institute, es una organización dedicada a impulsar el diseño regenerativo como una forma consciente de servir a la vida, integrando finanzas, tecnología y propósito.

«Agro 10X se presenta así como un llamado a la acción y una guía para todos aquellos que buscan contribuir a un futuro más próspero, sostenible y basado en el conocimiento. Con mentalidad moderna, cooperación y nuevas plataformas de sueños colectivos, es posible construir una Argentina pujante, atractiva y protagonista de la nueva era”, concluyó Mayer.

¿Vaca Muerta nos va a salvar? No, pero puede ser una palanca para el desarrollo

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Uno de los dilemas centrales para el futuro de la matriz productiva argentina pasa por desentrañar si Vaca Muerta podrá servir como palanca de un plan de desarrollo integral del país, o si -en cambio- se limitará a ser un proyecto de enclave energético que aporte divisas sin generar un derrame significativo sobre la industria y el empleo.

Para analizar el desafío de transformar el boom de los hidrocarburos no convencionales de la Cuenca Neuquina en verdadero desarrollo a escala nacional, Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo Sostenible y curador de Argendata en Fundar; Juan Manuel Telechea, economista y columnista en Cenital; y Patricia Charvay, economista y socia de la consultora Economía y Energía, conversaron en la última emisión de Dínamo – Charlas de Energía, ciclo conducido por Nicolás Gandini.

Schteingart abrió el debate señalando que el rol de los recursos naturales es crucial, pero la historia demuestra que en muchos países han sido más un problema para el desarrollo que una solución concreta para sus habitantes. La clave, a su entender, radica en qué se hace con la renta de su explotación. Ejemplos de gestión exitosa, como Noruega o Australia, particularizó, contrastan con los fracasos de naciones como Venezuela o Angola.

“Noruega, por caso, utiliza su renta petrolera invirtiéndola en activos globales y no en gastos corrientes, logrando que cada noruego posea 250.000 dólares per cápita a partir de eso, además de haber desarrollado una fenomenal política de proveedores en torno a su industria energética”, ejemplificó.

En definitiva, opinó, para que Vaca Muerta sea una palanca de desarrollo la renta generada debería invertirse en educación, infraestructura, ciencia y fortalecimiento de cadenas de valor aguas arriba y aguas abajo. “Esto incluye fomentar la actividad petroquímica, el gas natural licuado (GNL) y el entramado metal-mecánico, que hoy está muy golpeado”, puntualizó.

Sin embargo, advirtió, esta agenda no resulta especialmente interesante para la gestión de Javier Milei. “El Gobierno nacional, bajo una visión ideológica liberal, parte de la idea de que la estructura productiva es neutral en términos de crecimiento, lo que significa que da lo mismo producir bananas que satélites. Esta postura no prioriza el desarrollo de actividades que involucren conocimientos más complejos, perdiendo la oportunidad de multiplicar el empleo indirecto”, se lamentó.

Dependencia mutua

En octubre, tal como remarcó Charvay, la Argentina batió su mejor marca de producción de petróleo desde 1998, alcanzando los 865.000 barriles diarios. El panorama, acotó, es bastante similar en el plano de la oferta gasífera, que esta temporada logró su mejor rendimiento desde 2003. “Más allá de todo, podría decirse que recién estamos retomando los niveles productivos de fines de los ’90 y principios de los 2000. Estamos volviendo, pero nos llevó 25 años”, consideró.

Gracias a esta tendencia alcista, explicó, se dio un drástico cambio en la balanza comercial: el sector pasó de generar una salida continua de divisas durante 15 años a verificar un superávit auspicioso. “En solo dos años (2022 y 2023), Vaca Muerta aportó US$10.000 millones más a la balanza comercial. Se proyecta, en un escenario optimista, que en una década la Argentina podría producir 1,5 millones de barriles de petróleo, con 1 millón destinado a la exportación”, vaticinó la especialista, quien acotó que esa expansión suena perfectamente viable, aunque podría ralentizarse si la cotización internacional del recurso se mantiene baja; es decir, cercana a los US$60 por barril.

En estos momentos, intervino Telechea, la discusión macroeconómica lo consume todo. “Todavía hay que seguir remachando acerca de lo importante que es el crecimiento económico para el bienestar de la población argentina”, aseguró. Existe una sinergia y una dependencia mutua en relación con el desempeño del sector hidrocarburífero, a su criterio, ya que para poder desarrollar Vaca Muerta hace falta contar con “una macro estable”. “Asimismo, para que haya una macroeconomía estable se necesita a Vaca Muerta«, señaló el analista, remarcando que la incertidumbre reduce el margen de negociación con las multinacionales.

“El Gobierno nacional, bajo una visión ideológica liberal, parte de la idea de que la estructura productiva es neutral en términos de crecimiento, lo que significa que da lo mismo producir bananas que satélites», planteó Schteingart.

Encrucijada socioeconómica

Después de casi 15 años sin crecimiento económico en la Argentina, aseguró Telechea, es hora de “apelar a todo lo que tengamos”, ejerciendo controles ambientales y sociales, pero sin prohibir ninguna actividad productiva per se. “Retomar el crecimiento es la condición necesaria, aunque no suficiente, para salir de la encrucijada socioeconómica del país”, enfatizó.

Schteingart, por su parte, matizó esta visión, advirtiendo que importa mucho “cómo se crece”. En ese sentido, expuso que la minería y el petróleo generan en total unos 100.000 empleos formales, lo que representa el 0,5% de la ocupación total en la Argentina. “El riesgo de un modelo apalancado casi exclusivamente en actividades muy capital-intensivas es que el derrame social sea bajo, llevando a la paradoja de una economía que crece sin crear empleo”, cuestionó.

Es sumamente problemático, desde su mirada, que el sector estrella de la economía nacional no esté creando tanto trabajo como se esperaba ni deteniendo la pérdida de empresas, habilitando así la aparición de discursos de rechazo hacia la industria extractiva. “La caída en términos laborales y empresariales en cuencas maduras como la del Golfo San Jorge no se ve compensada por el crecimiento de Vaca Muerta o el litio. De hecho, se han perdido 18.000 empresas en los primeros 20 meses de la gestión de Milei, con 150.000 empleos formales menos que al inicio”, especificó.

El concepto de «destrucción creativa», comentó Telechea, puede funcionar en entornos como Silicon Valley, pero en la Argentina la pérdida de una empresa metalmecánica equivale a una «desertificación del entrampado productivo». La estrategia gubernamental de “abrir sin paracaídas” significa que las compañías deben arreglárselas solas ante el «tsunami productivo». “Esto genera una ‘tormenta perfecta’ para los sectores que deben reconvertirse, ya que el Gobierno subestima la enorme dificultad de reconstruir las capacidades productivas perdidas”, acotó Schteingart.

Daniel Schteingart, Juan Manuel Telechea y Patricia Charvay analizaron el desafío de transformar el boom de los hidrocarburos no convencionales de la Cuenca Neuquina en verdadero desarrollo a escala nacional.

Oportunidad latente

A decir de Charay, la estacionalidad de la demanda de gas en la Argentina (que es alta en invierno y baja en verano) dificulta sobremanera la productividad continua. La instalación de plantas licuefacción, planteó, resultará clave para acotar esa limitación estacional al permitir un bloque de producción más continuo y estable durante todo el año. “Si bien el ingreso de divisas por la vía del GNL parece que viene mucho más lento de lo que se anuncia, existe un proyecto concreto como el de Southern Energy, que ya cuenta con decisión final de inversión y contratos firmados. La posibilidad está, pero para su concreción faltan unos años”, reconoció.

Por lo pronto, afirmó Schteingart, el desarrollo de Vaca Muerta está reconfigurando el mapa productivo territorial. “Neuquén ya es la quinta provincia en materia de Producto Bruto Interno (PBI), sólo por detrás de Buenos Aires, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Córdoba y Santa Fe. Si las proyecciones se cumplen, los neuquinos podrían duplicar su participación en la economía nacional, acercándose al 7% u 8% del PBI argentino en la próxima década”, anticipó.

Este crecimiento, admitió, trae consigo una deuda de infraestructura urbana. “La falta de servicios y viviendas hace que la infraestructura esté corriendo siempre por detrás, tal como se ve en Añelo”, ilustró.

Al ser un segmento que no deja de crecer, argumentó Charvay, muchos ‘cuellos de botella’ emergen y se van resolviendo sobre la marcha. “Los retos seguirán apareciendo y es deseable que así sea. Entre las mayores prioridades a atender figura el transporte de energía eléctrica, un segmento cuyas obras fundamentales vienen siendo postergadas desde hace muchísimos años”, criticó.

No menos relevante, agregó, será continuar con la ampliación de la red de gasoductos y oleoductos. “Más allá de los últimos avances registrados, el abastecimiento del norte del país es un punto especialmente crítico porque tiene que ver con el sistema energético argentino en su totalidad”, reflexionó.

Objetivo realista

Telechea identificó un problema grave en el peronismo: la falta de conducción política, que genera miradas divergentes sobre temas trascendentales. “El desgaste macroeconómico hace que estas discusiones de desarrollo pasen a un segundo plano”, reclamó.

Es cierto, concedió, que el boom hidrocarburífero podría significar un reverdecer del PBI. “No obstante, incluso con las proyecciones más optimistas, el sector no solucionará por sí solo los problemas estructurales de la economía argentina”, manifestó.

En la misma sintonía se expresó Charvay, quien reivindicó la importancia del desarrollo de los hidrocarburos a la hora de captar dólares y gestar dinámicas internas positivas. “Pero con eso sólo no alcanzará”, recalcó.

El gran riesgo, para Schteingart, es caer en la narrativa “Eldoradista”, incurriendo en el sobredimensionamiento del potencial de la Cuenca Neuquina. “Yo no me imagino que con Vaca Muerta tengas algo que automáticamente te transforme en Noruega o en España”, comparó.

El objetivo realista, expresó, pasa por volver a acercarse a los países vecinos que han sacado «varias cabezas de ventaja». “Sin gestión estratégica, podríamos encaminarnos a la frustración, como ya ocurrió con el hidrógeno verde o con los anuncios de inversión que demoran en materializarse”, sostuvo.

Detrás del ataque a Nucleoeléctrica

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La politóloga Cecilia Degl´ Innoccenti, incisiva y escarbardora, investigó las reacciones de la nomenklatura vieja y nueva ante la inminente privatización de la más redituable de las empresas nacionales, Nucleoeléctrica Sociedad Anónima. Publicado en el diario Perfil, conocido por imparcial, su artículo es como meter la mano en una bolsa de ratas.

Sin más preámbulos, vamos a las ratas.

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La privatización parcial de Nucleoeléctrica (Na-SA), operadora de las centrales Atucha I,II y Embalse, agregó un nuevo capítulo a la frenética política nuclear argentina. La medida forma parte de un conjunto, con la adhesión formal al programa FIRST de Estados Unidos y al congelamiento de otros proyectos, incluidos Atucha III y IV que habían sido negociados con financiamiento chino. En ese movimiento se lee no solo un ajuste económico o una impronta «comercial», sino una respuesta al cambio geopolítico que imprimió el gobierno de La Libertad Avanza en el corazón del estratégico sector atómico.

El giro impulsado por Javier Milei —con el asesoramiento directo de Damián Reidel, su asesor estrella en materia tecnológica y nuclear— fue interpretado por especialistas, exfuncionarios y legisladores como una «entrega de soberanía tecnológica». Críticos del oficialismo señalan que tanto la venta de Na-Sa como la parálisis del CAREM, reactor modular insignia de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), no son hechos aislados. Sino que tienen una lectura geopolítica: implica abandonar años de desarrollo local para subordinarse al «club de compradores» de tecnologías norteamericanas.

La decisión también reavivó tensiones diplomáticas de ambos lados de la grieta: tras años de negociaciones con Beijing, que ofrecía financiamiento para la central Hualong y el swap como respaldo, diez años después la Casa Rosada teñida de violeta puso en práctica su alineamiento total con Washington, que, bajo gestión de Donald Trump, relanzó su programa nuclear para usos civiles y así disputar el liderazgo ruso y chino en la materia en la región.

En esa línea, la visita de la embajadora interina estadounidense, Heidi Gómez Rapalo, al sur del país y a la sede de INVAP funcionó como gesto de respaldo de al nuevo rumbo el pasado 19 de septiembre. El broche, sin embargo, ocurrió tres días después, cuando Estados Unidos anunció que Argentina se convirtió en un «socio contribuyente», el primero de América Latina, en firmar el FIRST, una idea de Joe Biden que Trump siguió para garantizar el liderazgo norteamericano en el incipiente mercado de reactores modulares pequeños (SMR).

«Con el programa FIRST, entramos al rebaño, a una fila para comprar tecnología estadounidense que veníamos desarrollando nosotros y luego paralizamos. Es un escándalo», sostuvo Diego Hurtado, exsecretario de Planeamiento en Ciencia y Tecnología. «Se trata de sumarse a un club de futuros compradores».

La narrativa oficial habla de «eficiencia», «modernización» y «apertura al capital privado», pero en el ecosistema nuclear el diagnóstico es otro: vaciamiento institucional, pérdida de autonomía estratégica, fuga de cerebros y un guiño explícito a Washington, que busca revitalizar su presencia en la industria nuclear regional.

Mientras tanto, dentro del sistema nuclear local se multiplican las renuncias y la fuga de profesionales, en un clima de incertidumbre sobre el futuro del sector. En esa línea, el CAREM —único reactor modular en construcción en América Latina y con patente argentina— fue directamente paralizado, según explicaron fuentes de la central. Mientras tanto, el Estado planea instalar cuatro reactores ACR-300, patentados por INVAP en Estados Unidos, pero que aún estánen etapa de diseño, con inversión extranjera y sin plazos claros de ejecución.

Damián Reidel, Javier Milei.

El mapa nuclear argentino

El mapa nuclear argentino siempre fue una rareza en América Latina. Una articulación entre Estado, ciencia, industria y geopolítica que logró hitos como ser el primer país del hemisferio sur en operar un reactor de investigación (1958), exportar reactores a países como Argelia o Australia a través de INVAP, y proyectar la construcción del CAREM, el primer reactor modular pequeño (SMR) de diseño nacional. Ese ecosistema se sostenía en cuatro pilares: la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica), Nucleoeléctrica, INVAP y el proyecto CAREM. Hoy, tres están en pausa o desfinanciados, y el cuarto —Nucleoeléctrica— se encamina a la privatización.

El CAREM, en particular, representa un símbolo: una central de potencia con tecnología 100% argentina, evaluada en 2023 entre las cinco más avanzadas del mundo por la Agencia Internacional de Energía. Su construcción en Lima (provincia de Buenos Aires) estaba en un 85% de obra civil, con más de 400 millones de dólares ya invertidos. Y su proyección creció en paralelo al avance de la IA, del mundo cripto que creó un mercado «interminable» de electricidad segura y limpia.

Sin embargo, hoy está paralizado. Según testimonios internos, en la empresa estatal se prohibió incluso mencionarlo. «El albertismo empezó con la expulsión de personal del sistema científico y tecnológico, con Milei se potenció dio un salto de calidad enorme. Nunca se vio el parate que hay hoy. El proyecto está completamente parado», indicaron a este medio.

Pero el corazón del conflicto del devenir nuclear argentino no es solo económico o comercial, sino estratégico. El CAREM, desarrollado por la CNEA desde 2010, es uno de los proyectos más avanzados a nivel global en SMR . «Estábamos entre los cinco reactores mejor posicionados en el mundo según la Agencia Internacional de Energía Atómica», aseguró Adriana Serquis, presidenta de la CNEA hasta diciembre de 2023. «No es inviable», dijo, en alusión a la frase de Reidel. «Tenía el 85% de la obra civil finalizada y fecha proyectada de finalización para 2028, antes que el resto de los competidores internacionales», agregó.

«En Nucleoeléctrica hasta se prohibió usar la palabra CAREM.”, sumó Hurtado en la misma línea, aludiendo a los bozales con lo s que cuentan los funcionarios que quieren llevarse bien con Casa Rosada.

De la visita de Heidi Gómez Rapalo a Bariloche a la firma de FIRST

La adhesión de Argentina al programa FIRST, el pasado 22 de septiembre, se anunció con entusiasmo desde la Embajada de EE.UU. en Buenos Aires y fue acompañada por visitas estratégicas, como la de Heidi Gómez Rápalo a Bariloche. La representante estadounidense, que oficia de embajadora interina hasta que llegue Peter Lamelas, recorrió el Instituto Balseiro, el INVAP y se reunió con el embajador rionegrino, Alberto Weretilneck, días antes

Heidi y Weretilneck 01102025
Heidi Gomez Rapalo y el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck

Según el comunicado oficial, el país «se suma a un distinguido grupo de socios contribuyentes como Japón, Corea del Sur y Canadá», con la meta de acelerar el despliegue global de SMRs bajo estándares de seguridad y no proliferación. Sin embargo, fuentes señalan que esta participación implica el congelamiento de proyectos propios para ceder prioridad al desarrollo estadounidense.

El llamado «Plan Nuclear Argentino» lanzado por Milei y Reidel el 20 de diciembre de 2024 —acompañados por Rafael Grossi, titular del OIEA— es, para algunos exfuncionarios, una puesta en escena. «Prefiero llamarlo el Plan Reidel más que ‘argentino’. Está basado en un reactor que aún es una patente, el ACR-300 de INVAP», agregó Hurtado, destacando el tiempo que llevará para que estén operativos (unos 5 años). La idea es que estos cuatro reactores, explica, reemplacen a la cuarta central, de capitales chinos, que está actualmente congelada por orden de Casa Rosada. Para él, lo grave es que, además del desmantelamiento, el CAREM «dejó de mencionarse en reuniones técnicas» y usar su nombre en la CNEA se volvió tabú.

En off, voces cercanas a la gestión de Reidel afirman que el CAREM fue frenado por su «falta de viabilidad comercial» y reconocen que el objetivo es «vender conocimiento» más que construir reactores. Pero desde adentro del proyecto, una fuente describe otra realidad: «Es un elefante gris, mal gestionado por todos los gobiernos«, declaró, destacando que la debacle comenzó con Alberto Fernández mientras que con el gobierno libertario se produjo un verdadero «salto de calidad» en el desmantelamiento.

El factor China: del prestigio perdido al socio descartado

El otro gran actor del drama es silencioso pero no menor: China. En 2014, durante el segundo mandato de Cristina Kirchner, Argentina tenía firmado un acuerdo para construir dos centrales: una con tecnología con patente nacional (tipo CANDU, uranio natural, agua pesada) y otra con tecnología china (Hualong, uranio enriquecido). Atucha III y Atucha IIV respectivamente. Según la lectura de ese momento, el pacto se interpretó como una jugada audaz: obtener infraestructura y fondos, pero también preservar capacidad de diseño e industria local.

Ese equilibrio se perdió con la llegada de Cambiemos al poder en 2015 y se desdibujó definitivamente con la gestión de Milei. Para Federico Basualdo, exsubsecretario de Energía Eléctrica durante la presidencia de Cristina Kirchner, el viraje no es técnico, sino ideológico. «La asociación con China no era política, era comercial», sostuvo a AM530, advirtiendo la débil posición argentina ante la escasez para financiar el sector nuclear (y la necesidad de buscar fondos afuera)..

En ese punto también coincidió Hurtado, quien describió la maniobra realizada para terminar el proyecto en ese momento: China financiaría a cambio de la venta de la central Hualong, la primera de esas características a ser instalada en la «prestigiosa» potencia nuclear latinoamericana. «Argentina no tenía para poner el 15% acordado mientras que China quedó a la espera. Gustavo Béliz no lo pidió. Fue una paralización. Tras la salida de Béliz, no se destrabo tampoco. Yo creo que el gobierno de Fernández fue sensible a las presiones de EEUU. Tuvo una política exterior débil, invirtió pero no hubo una política nuclear convergente».

Argentina figuraba hasta 2023 en el mercado global de reactores modulares pequeños por el proyecto CAREM.

La privatización de Nucleoeléctrica Argentina SA, eje del «Plan Reidel»

La disconformidad con el decreto 695/2025 que habilita la privatización del 49% de NA-SA —44% vía licitación internacional y 5% al personal— saltó la grieta y despertó alertas incluso en sectores tradicionalmente favorables a la participación privada. Julián Gadano, exfuncionario del área durante la presidencia de Mauricio Macri, advirtió en un hilo de X que «la forma y el momento son inadecuados». Aunque relativiza el concepto de «soberanía» en una empresa que «no diseña ni exporta tecnología», considera que la operación, tal como está planteada, podría terminar en un «precio ridículo» por la falta de incentivos reales para inversores sin control accionario.

Sin embargo, el punto de contacto vuelve a ser la paradoja que representa CAREM, un punto en el que el kirchnerismo y el macrismo confluyen. «La idea es generar las condiciones para atraer capitales y vender el conocimiento, el diseño. Por lo que es necesario terminar de construirlo», indicaron una fuente cercana al expresidente que siguió el tema y aseguró que durante esa gestión hubo una inversión de 400 millones de dólares por parte del estado nacional.

Reidel, por su parte, dejó en claro que no habrá inversión pública en función de la motosierra libertaria. «El financiamiento (de las centrales) vendrá de un equity extranjero», afirmó. Pero, a casi un año del anuncio del «Plan Reidel», que incluyó la paralización del CAREM y el congelamiento de la cuarta central nuclear, no hay señales de esos inversores que le prometió la figura que encandiló a Milei con sus contactos en Silicon Valley, previendo la posibilidad de que la Patagonia se transformara en un polo de IA.

En tanto, relanzamiento de la agenda nuclear argentina bajo el paraguas de Estados Unidos no solo marca un reordenamiento geopolítico, sino una redefinición profunda del rol del Estado en sectores estratégicos. En nombre del déficit fiscal, algunos denuncian que se frena una tecnología nacional en pleno desarrollo, mientras que el Gobierno, como «socio contribuyente» del programa nuclear de EEUU, destinará recursos que apuntan a posicionar a EE.UU. como proveedor global. Con un sector privado todavía renuente a invertir, sin garantías de rentabilidad ni infraestructura concreta, el plan nuclear, por ahora, más a promesa de marketing que a política de estado.

Cecilia Degl’Innocenti

Comentario de AgendAR:

El Plan Nuclear de Reidel es de salvataje de la industria nuclear. De la industria nuclear estadounidense, que está bastante más muerta que la nuestra, aunque venga tan llena, llenísima de proyectos.

Está muerta porque son proyectos de proyectos de proyectos, puru vulevú con soda, poco fierro y cero hormigón, mucho power points, canapés y cartas de intención absolutamente vacías, acciones de empresas inexistentes que sólo compra un gil a espera de encajárselas a algún otro aún más gil, y todas esas alegrías de la timba financiera.

Desde que la construcción de centrales nucleares se detuvo en EEUU, en tiempos de Jimmy Carter, las proveedoras de suministros quebraron, y los recursos humanos en diseño, fabricación de componentes, montaje y puesta en marcha se jubilaron y/o murieron. Inevitable, fueron 45 años de nada continua. EEUU cerró 18 centrales y construyó 2, pero Westinghouse tardó el triple de lo acordado en ponerlas en línea, y salieron 4 veces la mosca pactada. Un chiche, el panorama nuclear yanqui.

Por eso, al «Súbanse al FIRST», la propuesta para Argentina de los gauleiters del State Department, doña Heidi Rapalo, y el Pete Lamelas (nombres sugerentes), hay que entenderla como un «Súbanse al Titanic». Barco famoso, a su modo. Pero hay que garpar el pasaje (sólo la ida).

A esos exultantes infelices empresarios nucleares yanquis, unánimente «traders» (en Avellaneda, mesadineristas y/o chorros), los venimos a salvar como la caballería nosotros, los argentos. Perdón, no quise insultarnos, compatriota. Los están salvando Reidel y Milei. Reidel, es directamente del palo, en su prontuario brillan JP Morgan, Goldman Sachs, y otras trituradoras de republiquetas endeudadas. Milei… bueno, es Milei. No sabe mucho de finanzas ni de nada, pero al menos pergeñó una criptoestafa argentina.

Esto no los descalifica moral o políticamente, porque desde tiempos de Mauricio Macri el nivel de la nomenklatura es ése. Sin entrar en consideraciones penales, son gente muy adversa y ajena a fierros, laboratorios, investigación, industria, empleo o construcción. Tilingos light, pero con escolta diplomática heavy.

Y al Titanic que es la industria nuclear yanqui, los van a salvar… con la nuestra (gracias, presidente. Buena tuya).

COMO LA GELATINA DE PESCADO

Frente a las narices de una oposición parlamentaria firme como la gelatina de pescado (perdón, pescados), estos dos… ¿vendepatrias? (la palabra queda chica y está gastada, se entró a una etapa superior en la breve historia de la infamia argenta).

Decía: frente a las narices de radicales Green Beret (Boinas Verdes, hablan castellano pero operan para los gringos), frante a las narices de peronistas de los de poncho reversible (puzó por fuera, celeste por dentro), estos cosos van a :

  • Vender Nucleoeléctrica a precio vil,
  • Ya suspendieron el CAREM «sine die»,
  • Y pisaron la terminación del RA-10, de cuya producción futura de radoisótopos se va a apropiar alguna multinacional como GE HealthCare o NorthStar Medical Radioisotopes a costo cero.
  • Si la CNEA tuviera mostrador a la calle para vender la producción del RA-10 con marca propia, levanta a este tipo de revendedores con la pala y los tira a la basura. El mercado de radioisótopos médicos este año facturó U$ 13.760 millones. El RA-10 puede acorralar, solito con su alma, el 20% de esa torta. ¿No se alegran, Heidi y Lamelas? Tenemos tanto para darle a yanquilandia…

En resumen, el crapulaje libercriollo está mandando a desguace el Programa Nuclear Argentino de 2014. Que no que tiene un corno que ver con el de Reidel y Milei. Malo o bueno, el Programa de 2014 al menos era argentino.

El Programa Nuclear de Reidel y Milei consiste en que nos volvamos clientes forzosos de la dicharachera y devastada aunque artrítica industria nuclear yanqui. Desde los años ’70 somos exportadores nucleares y hemos fajado MAL a los EEUU en varias licitaciones de reactores. Pero ahora el FIRST nos poner a ser el salvavidas sudaca de esta manga de caídos de la palmera.

Jauretche definía la independencia económica como asunto no de cambiar de collar, sino dejar de ser perro. Reidel, Milei y su gavilla lo que quieren es volvernos el perro del perro.

Pero no hay collares con garantía, e incluso el perro del perro puede morder al amo.

Un ejemplo de ello. Muy podrida tiene que ser la cosa para que incluso el sociólogo Julián Gadano, «El Hombre Nuclear» de Macri (y de quien venga), evite salpicarse de reidelismo explícito.

Este muchacho siempre está siempre listo, como diligente boy scout de embajada, para volver a dirigir la Subsecretaría de Energía Nuclear. Posiblemente lo haga cuando la dirección actual de ese templo atómico se estrelle, junto con el actual gobierno. Puede hacerlo incluso antes, si a la nueva conducción nuclear le destapan las cloacas, y a Dios por fin le dan arcadas y decide volverse nuevamente argentino.

Pero dejemos al ansioso y ganoso don Julián, que no importa, y vamos a los bifes. La hago cortita porque entre la expresidenta de la CNEA, Adriana Serquis, y mi compañero Diego Hurtado dijeron todo lo esencial, pero lo hicieron -es su estilo- sin desparramar mierda. Son respectivamente una dama y un caballero.

Yo no lo soy.

MI REINO POR UN AXEL

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, acaba de juntar a la mesnada nuclear histórica y legítima en el Salón Dorado de la casa de gobierno, en La Plata. Y ahí se mandó y dijo que está en contra de la privatización de NA-SA. Se entiende: las Atuchas I y II están en territorio bonaerense.

Para el Kichi todos los escenarios de privatización de NA-SA son malos, y alguno es directamente horroroso.

Si los nuevos dueños de NA-SA previsiblemente pijotean en inversión, entonces no se construyen nuevas centrales y la provincia, que en 2014 tenía planes para dos centrales nuevas por 700 y 1120 MW instalados, pierde plata.

Si pijotean bastante, las centrales se quedan sin mantenimiento y a la larga pierden la licencia para operar, y… bueno, dejan de operar. Las Atuchas generan el 51% de la electricidad nuclear. Si se caen, Buenos Aires, provincia sin gas ni petróleo, debe gastar de U$ 400 a U$ 600 millones en gas, para tapar el bache eléctrico. Más plata pierde, entonces, la provincia. Y también la Nación, de la que Kicillof podría volverse presidente, quién te dice.

Pero si las nuevos dueños de NA-SA se ponen las pilas en serio y afanan muy a mansalva, tanto como lo han hecho los propietarios de TODAS las empresas públicas privatizadas por Carlos Menem, alguna de las Atuchas por ahí termina teniendo un quilombo técnico que ya no va a ser de disponibilidad, sino de seguridad. Y del resto, se encarga la fuerza de las cosas, o el contador Magnetto, que ES la fuerza de las cosas.

Por ejemplo, ponele que se produce un incidente de grado 2 en la escala INES, que tiene 7 grados. El grado 7 es Chernobyl, ¿se entiende? 41 muertos por enfermedad aguda de radiación, 18.000 casos de cáncer de tiroides (el 90% curados), 2 ciudades y 279 caseríos evacuados en Belarús, Ucrania y Rusia, que llegaron a sumar 350.000 personas que debieron reinventarse la vida. A añadir, 784.320 hectáreas de praderas y bosques sacadas de producción y transformadas en parque nacional.

En fin, el grado 7 INES es un megombo histórico perdurable tres o cuatro generaciones. ¿Se entiende?

Pero un incidente de grado 2 en la escala INES es banal. Sumamente banal y habitual. Sucede generalmente por la rotura de un caño y supone alguna liberación de radiación, pero sin consecuencias significativas fuera del emplazamiento. Se limpia el área contaminada y nadie muere ni dentro ni afuera de la central. Nadie queda jodido por irradiación. Ni adentro ni afuera. Eso es un INES 2.

Atucha 1 tuvo al menos uno de estos, «el taponazo» de 1987. Sin consecuencias, salvo que hubo que parar la central 14 días para limpieza, y reponer alrededor de un metro cúbico de agua pesada derramada (es muy cara). Nadie se irradió.

Pero un INES 2 como estos hoy cae en manos del Gran Diario Argentino y te lo vuelven un Chernobyl multimediático, te inventan muertos, te entrevistan a las acongojadas viudas, te fabrican huérfanos irradiados, los dejan morir ante tus ojos en la tele, te obligan a vaciar al pedo ciudades como Lima o como Zárate, y luego entierran contentísimos a NA-SA en juicios por daños. Greenpeace puede y debe sumarse a estas nobles iniciativas.

Y entonces viene el fin definitivo del Programa Nuclear Argentino, al menos del verdadero. Cierren todo. Chau, Jorge Sabato, has trabajado en vano, y tanto, y tan bien. Chau 75 años de lucha, decepciones y triunfos. Algunos miles de técnicos y profesionales nucleares se rajan del país o se quedan para manejar para Uber. De un desastre de RRPP y RRHH como ése no se regresa.

Bueno, la privatización de NA-SA no es estrictamente un negocio chorro menemista del montón, onda el Estado Nacional puso la guita, los dueños de la privatizada la levantan con la pala sin poner un mango, o un mengo, y menos un Mingo. Y in embargo milagrosamente la empresa anda fetén, no tiene ningún desbole de seguridad, y en el caso concreto de NA-SA en 2023 ganó U$ 350 millones.

El estado ineficiente. Fumate eso, Bro.

No señor, privatizar NA-SA es un negocio más estratégico. Es buscar despacio y sin apuro el incidente o accidente, magnificarlo, cerrar para siempre el Programa Nuclear Argentino y poner a este país, hasta hoy exportador nuclear, y el que más palizas y en más licitaciones internacionales le dio a los EEUU, en comprador bobo y «per saecula saeculorum» de la chatarra nuclear estadounidense. Que además viene siendo invendible en todo el planeta desde fines de los ’70. Y eso por cara y por complicada.

Por eso voy a gritarle en la cara hasta despeinarlo, amigo lector, que el de Reidel es un plan de salvataje de la industria nuclear, pero hablo de la industria nuclear yanqui.

Y sobre todo, le digo esto al gobernador bonaerense don Axel Kicillof. Es el único que sabe hacer cuentas, y está del lado de los buenos.

QUIEN TIENE MÁS QUE PERDER SI SUCEDE LO PIOR (O PEOR)

FIRST es un plan típicamente MAGA: Make America Great Again. Sólo que EEUU no son América (ya quisieran) porque la forman 24 estados-nación, y fue tanta la caída y es tan baja la credibilidad del átomo yanqui, que no alcanzaría con degollar 24 programas nucleares como el argentino de 2014 para hacerlos Great Again.

Lo difícil no es rescatar a General Electric, a Westinghouse, que ostentan una potente y luenga historia fierrera pero ignoro cuántas quiebras tienen en el debe. Lo francamente imposible son hacer grandes a las varias decenas de «start ups» nucleares yanquis, que son sólo humo financiero para giles y lo van a ser siempre.

Por supuesto, no hay apuro para llegar a ese resultado estratégico. Mientras no llega, la hipótesis de mínima para los futuros nuevos propietarios de NA-SA es ganar U$ 350 millones/año, como lo hizo el Estado Argentino en 2023. Probablemente mucho más que eso, porque los «inversores» (haceme reir) en cuatro añitos van a aumentar el precio al consumidor de la electricidad entre un 3000 y un 3700% –

¿Por qué hago muy tranquilo esta afirmación? Porque es lo que sucedió en los cuatro interminables añitos de Mauricio Macri. ¿Al menos la murga de don Mauricio estuvo causando cortes de luz y quiebras a cambio de nuevas centrales eléctricas, fueran nucleares, hidroeléctricas o térmicas?

Un carajo. Las multinacionales del rubro Central Puerto, Pampa Energía, AES CorporationTotal EnergiesENEL Green Power, el Grupo Albanesi, Edesur, Edenor, Edelap y siguen las firmas. Esa runfla simplemente facturó horrores más por lo mismo, y se llevó una magna torta de guita afuera, porque aquí no reinvirtió ni un vintén.

La Hermandad de la Costa declinó participar: los piratas de la Isla Tortuga tienen códigos.

La nueva jefatura de NA-SA podría ir mucho más lejos, sencillamente porque Macri enfrentaba una parlamento que fingia oponerse, y mucha oposición de la calle, intensa y brutalmente real. Esta vez las cosas podrían ser distintas. Los nuevos datos son que la oposición (haceme reir) está aún más vendida, la calle aún más débil y dispersa, y la represión de los descontentos, sean discas o abuelitos, se fue poniendo salvaje. Ahora va con muertos.

Macri, volvé, te perdonamos (era un chiste).

En fin, cierro con dos datos. El gobernador que más guita y prestigio puede perder si se pone de culo contra esta privatización es el cordobés Martín Llaryora. ¿Por qué? Porque tiene a Embalse en su territorio. No sé si le gusta, pero es la central más segura, resistente y gananciosa de las tres que tiene NA-SA. Embalse asegura casi 30 años de vida operativa por delante, muestra una seguridad operativa impecable desde 1986 y tiene un factor de disponibilidad (agarrate, Catalina) del 97,99%.

En plata, eso significa que trabaja a potencia máxima 358 días por año. Está cerrada por mantenimiento 7 días por año, promedio. Es una fábrica de dólares como sólo la tiene el Departamento del Tesoro de los EEUU, pero no vende dólares inflados ni papelitos pintados. Vende electricidad real. Si se deja de mantener Embalse y hay que cerrarla, Córdoba pierde el 86% de su abastecimiento eléctrico.

SIC. Que en latín, significa SIC.

Yo no entiendo por qué Llaryora no junta su gente para impedir la privatización de NA-SA. Si cierra Embalse, cierra la provincia. En realidad sí entiendo. Llaryora quiere ser presidente de la nación, y desde Macri a esta parte, ése es un cargo que requiere de no irritar a la Embajada, y de practicar un derechismo sumamente perruno, con perdón de los perros. Le sale bárbaro.

Mientras la recesión industrial mitigue los apagones en la provincia, por ahora don Martín zafa de la guillotina.

En la provincia de Buenos Aires la guillotina es mayor se zafa menos. El bonaerense es el 49% del producto bruto industrial de la Argentina, y Córdoba sólo el 8%. Frente a un apagón de Embalse, la provincia de Llaryora probablemente reinventaría el Cordobazo, del que todavía tiene la patente. Pero ante un apagón de ambas Atuchas el panorama político provincial y nacional sería bastante más… ¿la palabra es «complicado»? Solitas las dos, son el 5% de un Mercado Eléctrico con un déficit de potencia instalada firme que, en mis cuentas de almacenero, da casi 14.000 MW desde 2014.

Cuando venís tan débil, ese 5% te manda a la Chacarita.

Creo que el Kichi es un tanto más realista, y bastante menos pelotudo. Personalmente, de pelotudo no le veo nada, ni un pelo. Su único defecto, visto cómo viene la política nacional, es no hacerse el macho rompeportones. Que como dice la politóloga Elena Pérez, viene a ser su máxima virtud. Con eso discrepamos, Elena y yo. Tal vez tenemos razón los dos.

Al lado de Elena, yo tengo menos política que la revista «Para Tí». Tal vez por eso no entiendo por qué el Kichi no va a fondo con la milonga, y no dice -porque hay que decirlo ahora- que si Milei privatiza NA-SA, él (el Kichi) la renacionaliza -y sin indemnización- en cuanto salga presidente. Si sale. Pero lo hace.

A mi leal y limitado saber y entender, es lo que hay que decir y el momento de decirlo. La causa es que hoy por hoy Kichi The Great es el único que puede atarle la boca a los empresaurios que Milei convoca para almorzarse el Programa Nuclear Argentino.

Como se sabe, los saurios, incluídos los cocodriloformes y los varánidos como el dragón de Komodo, tienen músculos de poca fuerza para abrir la boca, En revancha, ostentan unos maseteros espectacularmente fuertes cerrarla y morder. El negocio, sobre todo de los cocodrilos, no es dejarte escapar.

Tratemos, oh Axel, de que estos tipos se asusten y no quieran ni abrir la boca. Lo hagas o no, no vas a tener una vida más fácil en ningún caso. Y perdido por perdido, mejor que sea en tu ley.

Como mandril bien nacido, le agradezco al presidente Javier Milei por su neologismo «empresaurios». Él lo supo inventar en viejos tiempos de ínfimo lobbista de (dicen) incluso la CGT, que no me acuerdo qué era.

Daniel E. Arias