Plan Argentina 2030: La apuesta de Kulfas por 10 sectores a desarrollar, y Mariana Mazzucato

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, presentó este martes 29 de marzo el Plan Argentina Productiva 2030, «una hoja de ruta que proyecta crear más de 2 millones de puestos de trabajo asalariados formales en el sector privado, sacar a 9 millones de argentinas y argentinos de la pobreza y crear más de 100.000 empresas. A través de diez misiones productivas que se realizarán en todo el país se prevé abordar y resolver los principales problemas económicos, tecnológicos, sociales y ambientales». ¿Suena ambicioso, verdad? Es interesante que no se planteen esquemas trillados, que haya conciencia de los cambios en la tecnología y en la sociedad, que obligan a descartar ideas y planes que eran válidos sólo 20 años atrás. ¿Pero es realizable? Sólo la realidad nos lo podrá decir, con esa su voz terminante. Por ahora, compartimos esta nota del periodista Alejandro Rebossio, que rastrea la inspiración del plan en el pensamiento de una economista italiana.

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«Muchas veces los gobiernos argentinos lanzan planes productivos que nunca se cumplen. Puede que lo mismo suceda con el programa Argentina Productiva 2030 que este martes presentaron el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y su futuro ejecutor, el director del Centro de Estudios de la Producción (CEP XXI), Daniel Schteingart. Pero al menos se distingue por su enfoque inspirado en una de las economistas más influyentes (y originales, agregamos nosotros) del mundo actual, Mariana Mazzucato, italiana que migró de pequeña con su familia a Estados Unidos y ahora está basada en la Universidad College de Londres. Es citada por Alberto Fernández, el papa Francisco, consultada por políticos norteamericanos como las demócratas Elizabeth Warren y Alexandria Ocasio-Cortez pero también por el republicano Marco Rubio, los británicos Theresa May, conservadora, y Jeremy Corbyn, laborista y por gobiernos como fue el de la alemana Angela Merkel. Mazzucato sostiene que los progresistas como ella deben hablar menos de redistribución de la riqueza y más de cómo crearla y por eso defiende el rol del Estado en el impulso de la innovación, tanto dentro de la administración pública como en el sector privado. En su último libro, Misión economía, de 2021, Mazzucato intenta derribar cinco “mitos”. El primero, que “las empresas crean valor y asumen riesgos y los gobiernos sólo aportan seguridad y facilitan el trabajo”. Ella considera que los funcionarios juegan un papel clave en la innovación. El segundo, “el propósito del gobierno es corregir los fallos del mercado”. La economista considera que no debe limitarse a eso. El tercero, “el gobierno tiene que funcionar como una empresa”. El cuarto, “la externalización”, es decir, la contratación de empresas para cumplir funciones que hasta ahora hace el Estado, “ahorra dinero a los contribuyentes y reduce el riesgo”. Con esto no quiere decir que esté a favor de una administración pública ineficiente, derrochadora y burocrática sino emprendedora. Por último, el quinto mito es que “los gobiernos no deben elegir ganadores” y pone como ejemplo que sí lo hicieron Estados Unidos, Reino Unido y Corea del Sur. Mazzucato propone entonces elegir sectores y apoyarlos con un “enfoque orientado por misiones: asociaciones entre los sectores público y privado cuyo objetivo sea resolver los principales problemas de la sociedad”. Inspirados en Mazzucato, Kulfas y Schteingart eligieron “diez misiones productivas”, con las que se procurará resolver una serie de “desafíos económicos, tecnológicos, sociales y ambientales”. El ministro prometió que “no serán meramente declamativas sino que se ajustarán a metas mensurables, cuantitativas”. Las diez misiones productivas son las siguientes: 1.- Desarrollar la economía verde para una transición ambiental justa. 2.- Producir más bienes y servicios ligados a la salud para garantizar el acceso equitativo al sistema sanitario nacional. 3.- Impulsar la movilidad del futuro con productos y tecnologías nacionales. 4.- Equipar a las fuerzas armadas y de seguridad con mayor producción nacional de alta tecnología. 5.- Adaptar la producción de alimentos a los desafíos del siglo XXI. 6.- Digitalizar empresas y hogares para aumentar las capacidades tecnológicas del país. 7.- Desarrollar el potencial minero argentino con un estricto cuidado del ambiente. 8.- Modernizar y crear empleos de calidad en los sectores industriales tradicionales. 9.- Potenciar encadenamientos productivos a partir del sector primario para generar más trabajo y más desarrollo. 10.- Duplicar las exportaciones [el año pasado fueron US$ 78.000 millones] para hacer sostenibles las mejoras sociales y económicas“. Más allá de los muchos números que se prometen con Argentina Productiva 2030, como la creación de 2 millones de empleos privados formales y de 100.000 empresas en blanco y la salida de la pobreza de 9 millones de personas (respecto a las 19 millones actuales), quizás lo más novedoso es la combinación de dos aspectos: elegir sectores -no dejar la selección librada al mercado ni tampoco concentrarse sólo en las áreas que a primera vista aparecen como las más competitivas, como pretendía el gobierno de Mauricio Macri con el campo, la minería, el petróleo y la economía del conocimiento- y plantear misiones. Ahora sólo falta nada más y nada menos que concretarlas. Poner el marco teórico en práctica. Superar el desafío hasta ahora siempre inalcanzable en el camino esquivo al desarrollo armónico de la economía y la sociedad argentinas.»
Mariana Mazzucato

Crean una lechuga transgénica para evitar pérdida ósea en astronautas. Puede servir para tratar la osteoporosis

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La NASA se está preparando para enviar seres humanos a Marte en la década de 2030. En esa misión, de unos tres años de duración, los astronautas se verán expuestos a un largo periodo de microgravedad que les hará perder masa del hueso. Algunos estudios indican una pérdida media de más del 1 % de material óseo por cada mes que se pasa en el espacio, una afección conocida como osteopenia (asociada en la Tierra con el envejecimiento). Ahora, científicos de EE UU ofrecen una posible solución. Durante la reunión de primavera que la Sociedad Americana de Química (ACS) celebra estos días de forma virtual en San Diego, investigadores de la Universidad de California en Davis han presentado una lechuga transgénica con una hormona que estimula la formación de hueso. Algún día, los astronautas podrían cultivarla en el espacio para mitigar su merma ósea simplemente comiendo una gran ensalada. Estas lechugas transgénicas tienen una hormona que estimula la formación de hueso, por lo que algún día los astronautas podrían cultivarla en el espacio para mitigar la pérdida de masa ósea que causa la falta de gravedad “Ahora mismo, los astronautas de la Estación Espacial Internacional realizan ciertos ejercicios para tratar de mantener su masa ósea”, apunta Kevin Yates, un estudiante de posgrado que ha presentado el trabajo en la reunión, “pero no suelen estar allí más de seis meses”. Sin embargo, en una misión tripulada a Marte se tardarían unos 10 meses en llegar y los astronautas se quedarían alrededor de un año para estudiar el planeta antes de hacer el viaje de vuelta a la Tierra. Este viaje de tres años podría favorecer la vulnerabilidad de los viajeros a la osteopenia y, más tarde, a la osteoporosis. Se ha comprobado que un medicamento con un péptido de la hormona paratiroidea (PTH) humana estimula la formación de hueso y ayudaría a restaurar la masa ósea en condiciones de microgravedad, pero este tratamiento requeriría inyecciones diarias. Además, transportar grandes cantidades del fármaco y jeringuillas para administrarlo durante las misiones espaciales tampoco es muy práctico. Mejor comer la hormona que inyectarla Como alternativa y con ayuda de la NASA, Yates y sus colegas Somen Nandi y Karen McDonald de la Universidad de California pensaron una forma para que los tripulantes produjeran ellos mismos esa sustancia: las lechugas. En ellas se podría expresar el péptido PTH para luego tomarlo vía oral en lugar de por inyección, además de ser una sabrosa verdura en medio de tanta comida enlatada y liofilizada. “Los astronautas pueden llevar semillas transgénicas, que son muy pequeñas –puedes tener unos cuantos miles en un frasco del tamaño de tu pulgar– y cultivarlas como si fueran lechugas normales”, señala Nandi, “así podrían utilizar las plantas para sintetizar productos farmacéuticos como la PTH y luego comérselas”. Con experimentos realizados en la Estación Espacial Internacional se ha confirmado que se pueden cultivar lechugas normales en este entorno tan limitado. Por otra parte, estudios anteriores también han demostrado que un trozo de una proteína llamado fragmento cristalizable (Fc) se puede unir al péptido PTH para aumentar su tiempo de circulación en la sangre, haciéndolo así más eficaz. Considerando esto, los investigadores introdujeron el gen que codifica la PTH-Fc en la lechuga infectando sus células vegetales con Agrobacterium tumefaciens, una especie de bacteria utilizada en el laboratorio para transferir genes a las plantas. La sustancia que favorece la formación de hueso aparecía tanto en la lechuga como en su progenie. Los resultados preliminares indican que, por término medio, las plantas expresan entre 10 y 12 miligramos de la hormona peptídica modificada por kilo de lechuga fresca. Según Yates, esto significa que los astronautas necesitarían comer unos 380 gramos al día para obtener una dosis suficiente de la hormona, suponiendo una biodisponibilidad de alrededor del 10 %, lo que reconoce que es una “ensalada bastante grande”. “Una de las cosas que estamos haciendo ahora es examinar todas estas líneas de lechuga transgénica para encontrar la que tenga la mayor expresión de PTH-Fc”, apunta McDonald, “de momento solo hemos analizado algunas de ellas, y hemos observado que la media era de 10-12 mg/kg, pero creemos que podríamos incrementarla más; y cuanto más podamos aumentar la expresión, menos cantidad de lechuga habrá que comer”.
Estas lechugas producen una hormona que estimula la formación de hueso, lo que podría evitar la pérdida ósea en el espacio y en la Tierra.
Futuras pruebas en el espacio El equipo también quiere comprobar qué tal crece la lechuga transgénica en la Estación Espacial Internacional y si produce la misma cantidad de PTH-Fc que en la Tierra. Respecto a su sabor, aunque los investigadores aún no la han probado porque no se ha establecido su seguridad, prevén que será muy parecido al de una lechuga normal, como la mayoría de las demás plantas transgénicas.
Este tipo de lechuga también podría ayudar a evitar la osteopenia y la osteoporosis
En cualquier caso quedan varias fases antes de que la hortaliza pueda adornar los platos de los astronautas. Los investigadores todavía tienen que optimizar los niveles de expresión de la PTH-Fc y luego probar la capacidad de esta variedad para prevenir con seguridad la pérdida de hueso en modelos animales y en ensayos clínicos con humanos. “Me sorprendería mucho que, para cuando enviemos astronautas a Marte, las plantas no se estén utilizando para producir productos farmacéuticos y otros compuestos beneficiosos”, predice Yates. Además de sus beneficios para los futuros viajeros espaciales, los investigadores afirman que este tipo de verdura también podría ayudar a evitar la osteopenia y la osteoporosis en regiones de la Tierra con recursos limitados y sin acceso a los medicamentos tradicionales.        

Empresas chinas ven en Rusia «una tierra de oportunidades», dice Russia Today

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Las pequeñas y medianas empresas de China ven en Rusia «una tierra de oportunidades», en medio del éxodo de muchas compañías occidentales del mercado ruso, informa el diario South China Morning Post.

Las sanciones occidentales impuestas contra Moscú por su operación militar en Ucrania han provocado la salida de muchas empresas de Rusia. Esto ha creado oportunidades para las empresas chinas, a pesar de las advertencias de EE.UU., y de sus aliados, de no comerciar con Moscú. Algunas compañías del gigante asiático, que ya estaban presentes en el mercado ruso, han comenzado a ampliar sus operaciones y sus ofertas, mientras que otras han empezado a analizar los mecanismos para incursionar en el país. La Embajada de China en Rusia también ha instado a los empresarios del gigante asiático, presentes en la nación euroasiática, a aprovechar las oportunidades comerciales que surgen de la crisis y a reestructurar sus negocios para «llenar el vacío en el mercado ruso».

La clave del impuesto a los bienes en el exterior no declarados: una ley de EE.UU.

El proyecto de un impuesto de emergencia a «los bienes situados y/o radicados en el exterior que se localicen o detecten … y no hayan sido declarados ante la AFIP» que presentó en el Senado el oficialismo depende, en apariencia, de los convenios que ha celebrado la AFIP con el IRS –Internal Revenue Service, el organismo recaudador de EE.UU.- y otras agencias de recaudación de muchos países. El problema es que la mayoría de esos acuerdos no son de aplicación automática: requieren, en cada caso, de un pedido específico de un juez o de otra autoridad competente. Y su trámite puede ser largo. La aplicación de esta ley, si se aprueba, requeriría de un largo trabajo de investigación y de diplomacia por parte de nuestro gobierno. Pero hay otro factor que puede ser decisivo, apunta el periodista Gabriel Morini. Y es el motivo de la reunión de la vicepresidenta Cristina Kirchner con el embajador Marc Stanley: la ley FATCA (Foreign Account Tax Compliance Act, Ley de Cumplimiento Fiscal para Cuentas en el Extranjero). Se trata de una legislación que EE.UU. aprobó en 2010 y exige a entidades financieras extranjeras de todo el mundo que informen los movimientos de cuentas de clientes que sean ciudadanos estadounidenses. (Si el congreso argentino aprobara una ley semejante, la oposición la denunciaría como un delirio de omnipotencia, violador del derecho internacional. Pero la oposición y el oficialismo en EE.UU. no toleran, al menos en público, la evasión impositiva). Esta ley FATCA es, claro, una ley nacional, aunque haga exigencias a bancos extranjeros. Reclama que se informe al IRS sobre las cuentas de ciudadanos estadounidenses en el exterior (en su país ya la tienen). No se aplica, naturalmente, a ciudadanos de otros países. La clave entonces de la reunión del lunes que se muestra en la foto que encabeza esta nota sería un pedido al gobierno de EE.UU. para que haya “reciprocidad” en el flujo de información y “masividad” para que se corran automáticamente los datos bancarios que permitan detectar personas físicas o jurídicas argentinas que hayan constituido activos como titulares o beneficiarios finales y no tener que reclamar caso por caso. Este sería un intercambio de información financiera como el que busca Argentina con Paraguay pero en mucha mayor escala. Según resolución del IRS, esa información que podría recopilar para intercambio es a nivel federal, lo que incluiría la actividad de las entidades financieras domiciliadas en Delaware, Dakota del Sur, Alaska, Florida o Nevada. Estas jurisdicciones están en orden de acuerdo a la tabla de opacidad financiera que recopila una ONG, Tax Justice Network, Red para Justicia Fiscal. El periodista cita al final el cálculo estimado sobre los dólares fuera del sistema –»colchón» o fuera del país- que alcanzarían una cifra cercana a los u$s 290.000 millones. Los tributos que el fisco no recaudó pueden, así, ser cercanos al 50% del PBI de la Argentina.

El gobierno invertirá $ 1000 millones para contruir una planta «multiplataforma» para fabricar vacunas

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Los Ministerios de Salud y de Ciencia anunciaron en forma conjunta ayer martes 29 una inversión para fortalecer las capacidades productivas del Instituto Maiztegui, que vuelve a elaborar la vacuna contra la fiebre hemorrágica, y producirá otros inmunizantes, incluso contra el Covid.

La ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, su par de Ciencia, Tecnología e Innovación, Daniel Filmus, anunciaron en el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas (INEVH) “Dr. Julio Maiztegui” una inversión de 1.000 millones de pesos para la construcción de una nueva planta productora de vacunas. En el instituto, ubicado en la localidad bonaerense de Pergamino, se volvió a elaborar en septiembre de 2021 la vacuna Candid #1 contra la fiebre hemorrágica argentina (FHA), discontinuada en octubre de 2018 por el desfinanciamiento de la institución. En AgendAR habíamos advertido de la falta de vacunas para la FHA aquí. “Esta inversión será un punto de inflexión para el instituto porque tiene una proyección que va mucho más allá de lo que ya hace, que es muchísimo, para pensar en una planta que produzca otras vacunas”, expresó Vizzotti en el instituto que forma parte de la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS) “Dr. Carlos Malbrán”. Por su parte, Filmus manifestó: “Estamos acá para apoyarlos y traer las inversiones y los recursos que no pueden faltar cuando hay necesidades del pueblo. Tanto salud como ciencia y tecnología son dos áreas que han sido señaladas como temas sobre los cuales es imposible que haya ajustes en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, y que deben aumentar fuertemente la inversión. Y eso es lo que estamos haciendo”. En la misma línea, el presidente de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, Fernando Peirano, indicó que “hoy este instituto va a empezar una etapa nueva con una modernización en todo su proceso productivo con una nueva escala y capacidad de producción de vacunas frente a la fiebre hemorrágica, pero también para ser una plataforma para otras vacunas”, y agregó que la proyección de la inversión “va a permitir que en la Argentina haya una planta moderna de producción de vacunas que va a poner todos los avances que tenga el sistema científico en función de la prevención y del cuidado”. Para la construcción de esta nueva planta productora de vacunas hay una proyección de 36 meses de trabajo. Durante la primera etapa, y con un tiempo estimado de 18 meses, se prevé la construcción de las instalaciones y de la planta multipropósito de vacunas. La presidenta de la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos (ANLAP), Ana Lía Allemand, aseguró que el Instituto Maiztegui es un claro ejemplo de la importancia de la producción publica de medicamentos “para dar respuesta a las necesidades sanitarias concretas” de nuestro país, como en el caso de la producción de la vacuna para la fiebre hemorrágica. A su vez, celebró el trabajo conjunto desarrollado y llamó a continuar con la sinergia y la asociación estratégica entre todas las áreas del Estado. En este contexto, las autoridades destacaron la importancia de las inversiones del Gobierno nacional que permitieron volver a producir en septiembre de 2021 la vacuna Candid #1 contra la Fiebre Hemorrágica Argentina (FHA), discontinuada en octubre de 2018 tras el desfinanciamiento de la institución. “Estamos poniendo en marcha algo que nunca debería haberse interrumpido y que puso en peligro la protección de la población contra una enfermedad cuya única opción de prevención está en la vacuna que elabora este instituto”, afirmó Vizzotti, e informó que desde la aprobación a mediados de octubre de 2021 por parte de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica, la planta ya ha producido tres lotes de 80.000 dosis cada uno.   La fiebre hemorrágica es una enfermedad viral grave que se transmite a través de un roedor silvestre, afecta principalmente a las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y La Pampa, y puede llegar a tener hasta un 30 por ciento de letalidad. La vacuna Candid #1 está incluida en el Calendario Nacional de Vacunación para la zona endémica. El médico infectólogo Pablo Bonvehí, integrante de la Comisión de Vacunas y ex presidente de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), afirmó que “es muy importante que la Argentina asegure la producción de la vacuna contra la fiebre hemorrágica ya que es una enfermedad huérfana, esto es, no tiene ninguna empresa farmacéutica que la produzca y el único que la puede garantizar su producción es el Estado nacional”. Durante el recorrido, las autoridades celebraron la incorporación de un equipo de aféresis de flujo discontinuo para el banco de plasma que permite obtener plasma de convalecientes de FHA, el único tratamiento que logró descender la letalidad del 30 al 1 por ciento. Además, destacaron la inversión en equipamiento para poner en marcha el nuevo laboratorio de genómica que forma parte de la Red Nacional de Genómica y Bioinformática, el cual está realizando ya secuenciación genómica de variantes de COVID-19. La inversión en equipamiento –que entre otros ítems incluye también equipos de laboratorio, sistema de purificación de agua de calidad farmacéutica, validador térmico y estufas para la producción de vacunas, recambio y actualización de equipos de cámara fría, así como equipamientos de laboratorio, mobiliario y mantenimiento– alcanza la suma de 135.402.347 pesos, mientras que la inversión de la obra –que incluye la remodelación de la planta de producción de vacunas, la reestructuración del tanque de agua blanda y del tanque de reserva, y la planta de producción de biológicos– alcanza los 47.934.214 pesos. Se trata así de una inversión total que supera los 183.000.000 de pesos.

Santa Fe apuesta a la biotecnología, y a la sinergia entre el apoyo del Estado y los emprendendores

La biotecnología es uno de los campos en los que la ciencia argentina, y también nuestros productores, se destacan. Basta con ver las transformaciones en el agro en los últimos 60 años. Por algún motivo, la provincia de Santa Fe reúne algunos de los desarrollos más importantes del rubro. La misma Bioceres, impulsora principal de este proyecto, el más reciente, es un ejemplo de eso. Pero ahora el objetivo es crear muchas más empresas biotecnológicas. Centenares de ellas. Enrique Garabetyan cuenta la crónica del lanzamiento:

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«No faltó nadie a la cita: desde el gobernador santafesino a altos directivos de la ciencia, pasando por investigadores reconocidos. Tampoco faltó uno de los empresarios más destacados de la zona norte. Es que bajo la convocatoria de la compañía Bioceres que aportará el 50%, y en sociedad con el estado provincial (10%) más un 40% de otros socios privados se lanzó esta semana el SF500, un ambicioso fondo de inversiones que apalancará exclusivamente empresas ligadas a la ciencias de la vida y los negocios biotech. Su apuesta es poner US$ 300 millones para, en 10 años, apalancar el nacimiento y desarrollo de 500 compañías de este nicho.

El lanzamiento oficial -aunque el emprendimiento comenzó a funcionar en beta y ya tiene cuatro empresas “invertidas”- convocó en el predio del Centro Científico Tecnológico de la ciudad de Rosario a a casi 300 invitados de mundillo científico, con la presencia de varios “stars” de la ciencia argentina, especialmente convocados para motivar a las nuevas generaciones y mostrar no solo la ambición y seriedad del proyecto sino también que “hay vida más allá de la carrera del Conicet”.

SU APUESTA ES INVERTIR US$ 300 MILLONES EN 10 AÑOS

Pero no fue esa la única razón del éxito de esta convocatoria que incluyó la presencia del gobernador Omar Perotti y de Federico Trucco, CEO de Bioceres. La otra novedad es que apuntan a invertir en las nuevas compañías en el momento “presemilla“, con montos que rondan los US$ 250 mil a cambio de una participación que oscila en alrededor del 20% del paquete accionario. Por otra parte, el apoyo del SF500 no se limitará a emitir un cheque para los seleccionados. Para diferenciarse de otros VC el SF500 se mueve sobre cuatro ejes de trabajo:

● SF Build: una especie de “escuela” para equipos de emprendedores con una idea prometedora de negocios pero que todavía deben desarrollar las capacidades que les permitan hacer el pasaje exitoso de la idea del laboratorio a una verdadera start-up.

● Laboratorios propios: la ciencia argentina sufre, desde hace años, de una notable falta de infraestructura de base para la investigación: faltan laboratorios y equipamientos científicos. El SF500 se propone invertir parte de sus fondos en ese tema para disponer de infraestructura que pueda albergar a algunos de emprendedores en un formato que optimice las inversiones y baje los costos de las nuevas PyMES. “No tendrán que salir a gastar en alquilar de espacio o instrumentos básicos de laboratorio”, traducen desde el fondo.

● Capital emprendedor: para fondear el nacimiento y crecimiento de nuevas compañías, desde la concepción de la idea hasta su expansión. Si bien la cifra promedio quen planean invertir por cada nueva ronda los US$ 250 mil (que se efectivizarán en pesos), otras compañías que tengan su proyecto más avanzado podrán aplicar a sumas mayores. De hecho, Oncoliq -una de las cuatro compañías que ya fondearon y que se dedica a desarrollar un nuevo tipo de diagnostico precoz para el cáncer, recibieron US$ 600 mil. Y si el caso lo justifica, la inversión podría subir hasta el US$ 1 millón.

● Comunidad: para generar una red que potencien las futuras startups y todo el ecosistema de SF500 planifican una plataforma que sumará acuerdos, red de mentores, workshops, eventos y vinculación con perfiles de negocios que puedan invertir en las empresas -ups en rondas de inversión sucesivas.

¿Porqué lanzar un nuevo fondo con esta particularidad? Según dijo a Francisco Buchara, Managing Director del flamante fondo, “este momento es ideal para apoyar negocios en este segmento. Y eso se ve en todos lados y con datos sólidos: en 2019, el mundo del Venture Capital invirtió en empresas de biotecnología alrededor US$ 23.800 millones. Pero para 2021 esa inversión se más que duplicó y alcanzó los US$ 65.000 millones”.

¿Qué diferencia a este fondo de otros? Según explicó Fernando Isa Pavía, cofundador y Director de Finanzas del Fondo, por un lado concentrarse en la etapa “presemilla“. También el sumar elementos como infraestructura y laboratorios propios y, finalmente, su naturaleza mixta público-privada. De hecho, la firma de la constitución original, realizado a mediados del 2021, se hizo con aportes de US$ 3 millones por parte de la provincia de Santa Fé y US$ 27 millones por parte de Bioceres y otros inversores.

El interés del sector por este tipo de herramientas quedó patente en detalles no usuales, como la presencia del gobernador. Pero también la de la doctora Ana Franchi, actual presidenta del Conicet. Franchi afirmó que “la creación de esta aceleradora puede significar el desarrollo de nuevas empresas de base tecnológica que nos permitan desarrollar productos para el mercado interno y también externo. Muchos investigadores del Conicet, becarios y técnicos ya están involucrados en diversos proyectos que podrían dar lugar a estas futuras compañías”.

El Fondo aspira a crecer en forma acelerada, algo que se ve en el hecho de que ya tiene cuatro inversiones, otras 18 compañías en proceso de análisis y el objetivo de llegar a fines de 2022 con 25 nuevas empresas funcionando. “Si hacemos los números se ve que somos ambiciosos”, reflexionó Buchara con una sonrisa. “Si queremos llegar a nuestro objetivo de invertir en 500 empresas tenemos que estar incorporando a nuestro fondo una nueva empresa por semana, durante toda la próxima década”.

Enrique Garabetyan

Es posible que la Planta Industrial de Agua Pesada se empiece a reactivar este año

Tras la última reunión con la presidenta de la CNEA, Adriana Serquis, los representantes de los trabajadores de la PIAP expresaron que hay intenciones concretas de reactivar la planta antes de fin de año.

La iniciativa de una quinta central nuclear a construirse en el país despertó las expectativas para la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) ubicada en Arroyito, Neuquén. A pesar de no presentarse una propuesta concreta para el destino de la producción, los trabajadores se reunieron con la presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Adriana Serquis, y se abordó la posibilidad de comenzar en el segundo semestre su puesta en marcha. «Hubo un cambio de discurso, hasta hace poco venían con que era difícil y desde hace un mes para acá ya bajaron la orden desde la gerencia que hay que prepararse porque en cualquier momento empezamos con la reactivación de la planta«, expresó el delegado de ATE en la planta, Cristián Salas. El presidente de Nucleoeléctrica Argentina, José Luis Antúnez, adelantó en varias ocasiones que se construirá una quinta central nuclear. Estiman que para su funcionamiento necesitarán alrededor de 600 toneladas de agua pesada, lo que despierta nuevas posibilidades para la PIAP. Sin embargo, Salas expresó que en la reunión con Serquis no se habló de una propuesta concreta para el destino de la producción. «No se sabe si va a ser para una central, que todavía no está o simplemente para ir haciendo un stock«. El delegado destacó, igualmente la iniciativa de la funcionaria, que remarcó tuvo una «postura más firme» con «la reactivación, cosa que antes no se veía». En la actualidad, la PIAP tiene unos 100 trabajadores activos, dedicados principalmente al mantenimiento de las instalaciones. Según expresaron desde la junta interna de ATE a fines del año pasado, necesitarían aproximadamente unos 20 meses para reacondicionar la planta y reactivar su funcionamiento. Por lo que el tiempo apremia para que no continúen deteriorándose las instalaciones.

La planta de fertilizantes, una oportunidad ante el contexto internacional

La propuesta de anexar una planta productora de fertilizantes ganó fuerza con el contexto internacional de guerra. Rusia se posicionó como un importante exportador de fertilizantes: genera el 13% de la producción mundial. El jueves pasado el presidente Vladimir Putin dio la orden de suspender las exportaciones del producto, lo que podría abrir una puerta a la PIAP para responder al déficit que genere esta disposición. Uno de los países más afectados por esta medida es Brasil, que importa el 85% de los fertilizantes. A partir de esta situación, desde el ministerio de Agricultura local iniciaron acuerdos con países árabes para aumentar la exportación de fertilizantes y suplir la escasez. Según aseguró Salas, la cercanía con este país podría presentar una oportunidad para invertir en la planta productora de fertilizantes. Sin embargo, comentó que el contexto internacional está cambiando constantemente, por lo que «hay que ver cómo va a ser en los próximos meses. Es una inversión muy grande, pero con el aumento de precios tal vez puede ser necesaria«. ACLARACIÓN A PEDIDO: Recibimos una comunicación de Matías Marchant , Secretario de prensa de la Junta interna de ATE PIAP de Neuquén. Ahí nos informa que quienes participaron de la reunión con la presidenta de la CNEA, Adriana Serquis, registrada en la foto que encabeza la nota fueron Nicolás Ventura, secretario general, Marcelo Scrugli, secretario adjunto, Carlos Lagos, secretario gremial y Antonio Palacios secretario de género. Y agrega que Cristián Salas no es delegado de la Junta interna ATE PIAP.

El mapa actual de la guerra en Ucrania. Quién controla cuáles territorios

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Creemos que es de interés -ahora que parece que se empieza a negociar en serio el final del conflicto- reproducir este mapa que confeccionó AlJazeera, mostrando la distribución de fuerzas al comenzar el trigésimo cuarto día de la guerra en Ucrania. Está en inglés, pero se nos ocurre que no será inconveniente para entenderlo.

La escasez de baterías en todo el mundo hará subir el precio del litio

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El Financial Times de hoy martes advierte que la demanda insatisfecha de baterías que se está experimentando en los mercados globales elevará el precio del litio, al menos por los próximos años.

La situación no se debe a la guerra en Ucrania, aunque ésta la haya acentuado. Ya en enero de este año los medios especializados informaban del problema que veían venir. También la transición energética en marcha influye: los vehículos eléctricos o híbridos han pasado a ser un sector significativo de la producción automotriz. Pero el hecho fundamental es que la civilización moderna cada vez usa más baterías. Y hasta que se descubra un sustituto del litio, este seguirá siendo el mineral clave. Es una gran oportunidad para Argentina, Brasil y Chile, si saben aprovecharla.

La guerra en Ucrania es por el gas

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La guerra de Ucrania tal vez ya terminó. Quizás lo hizo en su tercer semana. Sólo que algunas de las muchas partes en esta pugna (teóricamente de dos) prefieren, cada una por sus razones, que sigan muriendo ucranianos y rusos antes que declarar “game over” y entrar a negociar la paz en paz. El triunfo ruso lo cantó el 14 de marzo un ex coronel del Ejército Estadounidense, Doug McGregor, consejero militar de Donald Trump, de forma no muy discutible y a través de Fox News, fuente poco frecuente de AgendAR. Pero aquí, con otras palabras, dijo casi lo mismo el coronel (RE) del Ejército Argentino Gabriel Aníbal Camilli, un técnico en logística y estrategia, entrevistado por Eduardo Battaglia en radio Milennium. El clip de McGregor se puede ver aquí. Rusia ya conquistó en Ucrania el equivalente de la superficie entera de Gran Bretaña. Y lo hizo sin apuro ni emplearse a fondo, citando al estratega Carlitos Gardel, “como juega el gato maula/con el mísero ratón”. Sólo que este ratón tiene una mordida que te la cuento, y el gato perdió un ojo y ya no juega. Pero sigue siendo el gato. Para ponerle números a las cosas , Vladimir Putin dispone de un ejército terrestre de 900.000 soldados y 2 millones de reservistas. De esos recursos humanos hasta ahora empeñó 175.000 hombres. Están debajo de la suma del personal militar ucraniano hoy combatiente, 209.000 hombres, al cual se añaden 100.000 más de la Defensa Territorial, parecida a nuestra Gendarmería, pero armada y entrenada para la guerra. Rusia viene ahorrando en artillería y en aviación, muy lejos de viejas costumbres militares ante las ciudades que tuvo que tomar en otros sitios: demoler, aplanar y recién luego ocupar. Así, por ejemplo, sigue sin apropiarse de Kiev (y tal vez no tenga la necesidad o la intención). La lógica militar, desde Sun-Tzu en adelante, indica que para un ejército campal, diseñado y adiestrado para combatir en abierto (y el ruso es eso), lo mejor es no meterse en luchas urbanas. Rusia tampoco ha retomado Mariupol, y sin embargo esa ciudad no tiene más remedio que rendirla, o al menos ocuparla. Es la capital del viejo óblast de Donetsk. Desde 2014 a 2015, cuando esa provincia ucraniana se volvió una republiqueta rusófila e independiente de Kiev, Mariupol fue capital de un fugaz estado nacional. En 2015 volvió a ser capturada por las fuerzas ucranianas, y hasta hoy sigue bajo autoridad de Kiev.  Mariupol era ucraniana pero rusoparlante en 2014, además de hermosa, culta y rica, según viejas fotos y estadísticas de Wikipedia. Pero ha cambiado demasiado de manos últimamente, está concomitantemente hecha pelota y encara nuevos martirios y demoliciones por entre el propietario actual y el próximo. Mariupol es demasiado importante para Rusia, entre otras cosas por su industria pesada, y por ser no sólo la capital más importante del Este ucraniano sino un puerto sobre el Mar de Azov. Con esta ciudad en manos del Kremlin, Crimea, esa joya gasífera, quedaría resguardada por el Este. Y el Mar de Azov se volvería un lago salado bajo control 100% ruso. De nuevo, es imposible no rendirla o tomarla, aunque la ciudad quede hecha definitivamente percha. Pasa que aún con una ciudadanía rusoparlante, ergo rusófila (o la que haya quedado de ella), extricar de esa urbe al Ejército Ucraniano, aunque éste sea visto localmente como ocupante, puede ser pésimo para la salud del presunto libertador. Si se toman por antecedentes las intervenciones de la Federación Rusa en Chechenia, Siria o Georgia, la contención no ha sido jamás el “modus operandi”. Si se amplía hacia el pasado soviético, durante las primeras dos semanas la de Ucrania fue una invasión “con freno de mano”, como dijo el politólogo azerí Shirvan Neftchi, en este video de Caspian Report, su canal. Para el caso, no hay indicios que los lanzacohetes termobáricos tácticos Tos-1 Buratino, capaces de no dejar nada en pie en 8 hectáreas con una sola salva de 24 misiles, se hayan empleado contra alguna ciudad ucraniana. Una única pasada de un Buratino tiene más o menos el efecto termomecánico de una cabeza atómica táctica de 1 kilotón, pero sin complicaciones radioactivas ni diplomáticas. ¿El Buratino es un arma salvaje e indiscriminada en tejido urbano, o urbanizado? Sí, mucho más aún que las bombas racimo, que Rusia sí está empleando, con justificada indignación de los medios del autodenominado Occidente. No se indignaron en 1982 cuando las usaban los Harrier británicos contra la soldadesca argentina en las Malvinas. ¿Se acuerda de las blancas bombas Beluga, que dispersaban 167 simpáticas sub-unidades, algunas de las cuales sólo explotaban cuando salían nuestros camilleros a auxiliar a los heridos? La tentación rusa de usar armas muy destructivas en las ciudades cercadas no debe ser menor. Rodearlas, sitiarlas y dejarlas sin agua, comida o electricidad es una cosa, si éstas luego tienen la cortesía de rendirse. Es algo que por ahora casi no está sucediendo, incluso las urbes rusófonas como Mariupol, donde los corredores de evacuación funcionan. Pero tomar ciudades grandes casa por casa, con tanto misil liviano disparable desde hombros ucranianos, es suicida para los blindados y helicópteros rusos. Sun-Tzu tiene tanta razón hoy como hace 2500 años, aunque en su tiempo todo ese armamento no existía. Las azoteas y cruces de rutas y calles de las zonas calientes se han erizado de misiles NLAW, Javelin, Panzerfaust 3, Carl Gustav y Stinger, llegados en número de 26.000 durante el primer mes de conflicto. Fueron 860 nuevos cada día, cortesía de la OTAN, dice el canal Conocimiento Militar, con fuentes en el Ejército y en la Fuerza Aérea argentinas. En teoría, por muy lastrado que esté de blindaje reactivo, no debería haber tanque ruso que resista un impacto directo de tales cargas huecas secuenciales, o que explotan hacia abajo al sobrevolar la torreta, caso del Javelin. Máxime si pegan por emboscada y desde corta distancia. Sin embargo la efectividad real promedio de todo este armamento liviano y refinado, según la misma fuente, en Ucrania mide entre el 6% y el 11,8%, de creerle a los rusos o a los ucranianos. Por supuesto, todos mienten por la barba, como sucede en cualquier guerra. Pero ojo, incluso un 6% implica pérdidas insostenibles a largo plazo para Rusia. Sin embargo, en el corto plazo esos misiles ya no son un “game changer”, como sí lo fueron los antiaéreos Stinger cuando la ocupación soviética de Afganistán. La sola longitud desmesurada de los cañones de 125 mm. de los tanques rusos de casi todo modelo los pinta como armas para batalla en llanura. En una calle cerrada, no pueden ni girar demasiado la torreta, salvo rompiendo paredes o tirando árboles con el tubo. Lo cual no acelera en absoluto la adquisición del blanco. Contra el aluvión de armamento portátil, nuevo y no tan nuevo de la OTAN, la vieja cura rusa sería traer los mentados Tos-1 Buratinos. Desde la precaria seguridad de 6 km. de distancia, estas canastas lanzamisiles autotransportadas, apuntables en 360% y con un alza muy variable, saben transformar ciudades en playas de estacionamiento. Es lo que hizo Rusia con Grozny, capital de Chechenia. Sólo que ya no corre 1999, y los ucranianos son tipos que quieren venderle hidrocarburos a quien se les chifle el moño a ellos, y no a quien les ordene la Santa Madre Rusia, como Lukoil o Gazprom. Están defendiendo el uso más o menos soberano del que a futuro podría ser su principal recurso. Soberano hasta donde te dejan la Shell o la Chevron, “of course”. Ciertamente, distan de ser aquellos religiosos regidos por Shamil Dudaiev, tan dispuestos a incendiar el Cáucaso (y Moscú también) en una Jihad que volviera a Chechenia, Daguestán y a toda etnia montañesa que no lograra escaparse, partes de la futura República (?) de Ichkeria, un estado único primero wahabbi, y más tarde, salafista. Ya pasados los chechenos al salafismo puro y duro, sucedió otro intento de estado con el nombre de Imrat Kavkás (Emirato del Cáucaso), despojado de toda pretensión republicana, regido por el emir Magomed Suleimanov y la Sharia. Debía mantenerse por un 20% de impuesto religioso pagado por la población local, y por negocios mafiosos extrazona: la falopa, el juego, la prostitución y el secuestro en Moscú, por ejemplo. Estaba diseñado para que la vida femenina, estudiantil, científica y cultural fuera una esclavitud, o una imposibilidad, o un crimen punible con fatwah de latigazos y/o decapitación. El separatismo tribal caucásico, sin embargo, tiene credenciales antiimperialistas indiscutibles, que vienen de tiempos de los zares, ocupantes de pésimos modales. La revolución de 1917 prometió apertura y nuevo trato, pero no cumplió y las cosas en esa zona empeoraron, para sorpresa de nadie, con las brutalidades, las deportaciones y las rusificaciones forzosas de Stalin. Promediando los ’80 Mikhail Gorbachov trató de zurcir los desgarros de lealtad hacia la URSS a cambio de libertades religiosas y civiles, pero en el Cáucaso ya nadie parecía demasiado interesado en repúblicas, pactos, paz, tribunales, escuelas, separación de poderes y redacción de constituciones. También para sorpresa de nadie, ante el persistente separatismo regional, Boris Yeltsin retrotrajo la respuesta rusa a su bestialidad zarista original: a exterminio con los rebeldes, pero usando espionaje y armas muy modernas. En este siglo, Moscú sostuvo y ganó dos guerras indescriptibles contra el separatismo checheno. La ocupación rusa de lo ocupable de Siria se explica sólo en parte con los hidrocarburos de fracking con que piensa cobrarle a su “strongman” local, el presidente vitalicio y dinástico (pero hoy sin país) Bashar al Assad, si éste logra reconstruir algo parecido a un estado-nación. Más allá del obvio Oil&Gas, que Rusia esté en Siria se debe a que el fallido Imrat Kavkás llegaba al Norte de ese país, y sus pocos emires e imanes sobrevivientes hoy pelean contra Assad desde el Estado Islámico infuso en Siria, y todavía con metástasis transcaucásicas vivas. Sus caciques no han renunciado a llevar la Jihad incluso a Siberia, así de lejos. Hasta la izquierda occidental más antiimperialista se abstiene de defender a esta muchachada. Los ucranianos, en cambio, parecen hechos para la Deutsche Welle: son rubios, cristianos, educados y muchas mujeres de ese país viven de sus grados y posgrados académicos. No tienen sólo mejor imagen, sino millones de imágenes. Tantas como celulares filman y suben los combates a las redes, a veces en tiempo real. Repetir Chechenia, Rusia puede. Pero no quiere ni lo está haciendo. Dejaría un tendal de atacantes, defensores y civiles que agravaría lo que para Moscú viene siendo un megombo diplomático, económico y político de retaguardia, fundado en más de 5500 sanciones comerciales y financieras. El Tos-1 Buratino, una canasta móvil de 24 misiles termobáricos o de explosión secuencial, llamados “bombas de vacío”: eliminan en forma prolongada el oxígeno de los sitios donde revientan. Si el edificio no se te vino encima por la onda de choque, adentro te asfixiás. Georgia se volvió una república independiente de la URSS desde 1991. En 2008 intentó sumarse a la OTAN, pero Rusia no trató de capturar TODO ese escueto e inmanejable territorio montañoso. Y tampoco apeló, como en Chechenia, a eso que Tácito cuenta que hizo Roma con Cartago: crear un desierto y llamarlo paz. Usó algo que, forzando la vista, se vislumbra en Ucrania, pero a una escala incomparablemente mayor. A Georgia, Rusia sí la atacó a totalidad: peleó 12 días en todo ese escueto país, como si pretendiera tomarlo «ad integrum» –que no era su propósito- y abrumando a sus tropas y ciudades por tierra, aire y mar. Con eso logró forzar no sólo la neutralidad futura del gobierno georgiano, sino que éste jurara que dejaría tranquilas a dos republiquetas separatistas hincadas en su territorio. Éstas, ya desde 1989, cuando empezaba el colapso estatal soviético, venían tratando de permanecer soviéticas y no georgianas. En el Cáucaso, una república propia no se le niega a ningún intendente. Pero el peligro de los secesionistas son los “metasecesionistas”, que proclaman estados nación de tamaño y viabilidad menores que las municipalidades. Esas republiquetas son respectivamente Osetia del Sur y Abjazia. Esta última es la que importa: yace tendida como una estrecha planicie costera a pie de los muy altos y nevados montes Gagra, Bzib, Chialta y Kodori sobre el mentado Mar de Azov. Si Ud. no reconoció a estos paisitos, no se culpe: los borró de su mente. Sólo los visitaron los medios aquel 2008, y esas masacres entre aldeas vecinas o, peor aún, entre vecinos de la misma aldea, empezaron y terminaron con limpiezas étnicas de una crueldad atónita. Son cosas que uno lee y trata de olvidar, porque se repiten con monotonía, y hablan pestes ya no de tales o cuales regiones o países, sino de nuestra especie. En Abjazia, tan ignota, la OTAN ambicionaba Ochamchire y Gudauta, dos bases aeroportuarias que, bajo gobierno georgiano, habrían sido como la punta de un facón apoyada con suavidad en el bajo vientre ruso. El Oso entró, rompió, ganó, se retiró y hoy esas bases son rusas, cortesía del gobierno –muy agradecido- de Abjazia. El FSB, hijo natural de la KGB, ahora tiene playa. Perdidos tales apostaderos, la OTAN se desinteresó de Georgia. Confiaba en que Ucrania, con mejores pergaminos como nación, a la larga se uniría al club del Atlántico Norte. Sí, es un oceáno lejanísimo del Mar de Azov, de creerle a los mapas. Pero le daría bases decentes a la OTAN sobre este otro mar, casi de juguete. E incluso un buen puerto, como Mariupol. ¿Se entiende mejor por qué Rusia no puede no tomar Mariupol? Este ínfimo Azov, con sus 29.000 km2, es un mar de problemas: con esa profundidad de laguna y su tendencia a congelarse en invierno, no es inútil del todo: está bien ubicado para comerciar desde las estepas y el Cáucaso con los mares Negro, Mediterráneo, el Atlántico y el mundo. Abjazia, encerrada entre montaña y mar como Chile, pero fraccionada de Georgia, fraccionada a la vez de la vieja URSS, a la que sin embargo antes regaló su mandón más duradero: Josip Stalin. Eso, sólo a condición de que a uno le dan luz verde para cruzar todos estos “chokepoints” navales con tres distintos administradores: los estrechos de Kerch (hoy, de Rusia), el del Bósforo, el Mar de Mármara y el de los Dardanelos (tres de Turquía) y finalmente, Gibraltar (de Gran Bretaña, ergo de la OTAN). En tiempos de paz, el Azov gana plata sacando por agua las producciones de uno de los sitios de mayor continentalidad del planeta. Pero en tiempos como el actual sirve, especialmente, para joder militarmente a Rusia. O a Ucrania, según quien tenga orillas en él. II Aquel agosto de 2008, cuando Rusia atacó a Georgia, en tiempos de Dmitri Medveiev presidente, fue la primera vez desde el derrumbe del estado soviético en que las Fuerzas Armadas Rusas se atrevieron a salir de sus fronteras y de su postrauma post-imperial. ¿No se parece a la invasión, en 1983, de la minúscula isla de Granada por Ronald Reagan? Sí que se parece. Con ella, EEUU se sacudió el postrauma de Vietnam. Invadir países chicos cura a los grandes de sus derrotas gigantes. Pero la invasión de Ucrania de pequeña no tiene nada. El día 21 de marzo el tabloide oficialista moscovita ‘Komsomolskaya Pravda’ admitió 9.861 muertos propios, demasiado por encima de los 498 del acumulado oficial hasta aquel día, y al rato nomás borró la noticia: habrá sonado el teléfono y los finados revivieron. Komsolskaya declaró también en esa ocasión 16.153 heridos. Y es quizás por las demasiadas bajas que Rusia empieza mostrar su célebre artillería, y ésta a usarse no sólo contra blancos militares o infraestructura, sino contra edificación civil. Si los muchos casos de impacto en shoppings o en consorcios son accidentales, los rusos apuntan horrible. En Ucrania o en cualquier otro lado, esa salvajada sólo serviría para aterrorizar a la población urbana, vaciar ciudades e inundar las rutas de fugitivos. Pero los rusos parecen estar en otro “business”. Rodear y sitiar ciudades, y dejarlas sin agua, comida o electricidad es una cosa, si éstas tienen la cortesía de rendirse, cosa que por ahora casi no está sucediendo mucho. Pero tomar ciudades grandes casa por casa es suicida. La opción de tratar a Kiev como Roma trató a Cartago es imposible. No es Grozni, ni corre 1999, y los ucranianos son tipos que quieren venderle su gas a quien quieran ellos, no a la Santa Madre Rusia. ¿Tienen un exceso de nazis? ¿Tienen un exceso de mercenarios? No más que los propios rusos. No sólo a los ucranianos los salva un poco su buena imagen, sino millones de imágenes. Tantas como ciudadanos con celulares filmando y subiendo los combates a las redes, a veces en tiempo real. Hacer de la capital nacional en una playa de estacionamiento dejaría un tendal demasiado horroroso de atacantes, de defensores y de civiles, amén de agravar lo que para Rusia viene siendo, por ahora, un ostracismo diplomático y económico potencialmente letal. Ya se ligó más de 5500 sanciones comerciales y financieras, y contando. Aunque Rusia no intente tomar en serio más que algunas, las ciudades ucranianas eyectan multitudes. 3,8 millones de habitantes ya se fueron de Ucrania, mientras que los desplazados a tumbos por las rutas hacia el Oeste ya suman 10 millones. 1 de cada 12 ucranianos quedó fuera de su país, y 1 de cada 4 fuera de su casa. ¿Cuánto costará reconstruir la nación? Un alto oficial activo del Ejército Argentino que prefiere firmar con seudónimo (Twitter @TomELawrence1), fue entrevistado el 26 de marzo por Alberto López Girondo, de Tiempo Argentino. @TomElawrence1 como se ve aquí, dijo cosas sorprendentes, habida cuenta de la deriva otanesca del gobierno argentino en su búsqueda de autorización del FMI para pagarle al FMI. El anónimo jefazo militar criollo opina oblicuo y filoso sobre esa conducta tan rara de Rusia: rodear muchas ciudades, nada conectadas regionalmente, pero no tomarlas. Dice que Rusia está “aferrando” a tropas ucranianas que se ven obligadas a defender urbes muy desperdigadas sobre la amplia geografía local (país de 609.000 km2). Mientras, Rusia prepara su propia movida. Ésa es quedarse con el Oriente ucraniano y todo lo que pueda de las costas marinas ya no sobre el Mar de Azov, sino sobre el Negro. En suma, @TomELawrence1 opina igual que McGregor y Camilli, coroneles que no tienen quién les escriba. Quien les escriba al menos en The Economist, The Guardian, The New York Times y El País, que hoy tanto imitan, aunque con menos profesionalismo y objetividad, a Clarín, La Nación, Infobae y Perfil. Las tropas ucranianas que defienden las ciudades en más de un caso son equivalentes en número a las atacantes… que, como dice Shirvan Neftchi, atacan más bien “de oficio”. Pero tampoco se van ni dan respiro. Lo que Rusia logra es no dejar salir a las divisiones ucranianas defensoras, no permitir que se reagrupen, maniobren y contraataquen en serio. Para romper esos cercos urbanos desde adentro, dice @TomELawrence1 (y se atiene a manuales militares clásicos), se necesitarían 3 soldados ucranianos por cada ruso. En cambio, para conquistar desde afuera el centro de esas ciudades, harian falta 6 rusos por cada ucraniano. Pero para que los ucranianos no puedan lograr nada de provecho en el Donbás, Crimea y en parte de su costa sobre el Mar Negro, alcanza con inmovilizarlos en esas urbes con una correlación de 1 a 1 entre cercadores y cercados, y no darles paz. No parece una descripción desatinada de lo que se ve en Kiev, Chernihiv, Sumy y Jarkov. Estas miradas milicas alternativas desafían el Evangelio Según la OTAN, a saber: los rusos están perdiendo. Viven embotellados por patologías militares que les son inherentes desde tiempos soviéticos, o incluso zaristas: la estupidez logística y los equipos en mal estado. Pero según quién mire, los embotellados podrían ser los ucranianos. En la guerra aérea, la divergencia en interpretación de los hechos es aún más bárbara, y también muy según quién mire. En mi barrio, por ejemplo, aseguran que Rusia no tiene superioridad aérea. ¿Qué piensa la OTAN de esto, más allá de lo que dice la OTAN a los periodistas acreditados? Millennium 7, un canal de tecnología militar dirigido por un ingeniero aeronáutico con un pasado en Airbus, EADS y el Ministero della Defesa de Italia, da estas cifras: en la tercera semana del pifostio, la aviación rusa estaba haciendo 200 salidas diarias, que hoy son 250, y la ucraniana, entre 5 y 10, pero bajando. Puede ver el programa aquí, es sucinto, técnico, claro y tiene una objetividad que va evaporándose de Youtube desde que lo compró Google. El Kalashnikov KUB es una granada antipersonal inteligente con visión interpretativa, alas y un motorcito eléctrico silencioso, con media hora de baterías para un vuelo de 130 km/h de velocidad. Tres observaciones: las misiones rusas son casi todas de ataque: con sus bases en territorio propio o bielorruso, Rusia no emplea (y en este caso no necesita) vuelos de apoyo logístico. Lo segundo y sorprendente es que las alas rusas casi no entran en cielos ucranianos: disparan armas guiadas aire-aire y aire-tierra de largo alcance, desde la comodidad de sus propios territorios. El ataque “stand off” de hoy no es el de hace 20 años. Lo tercero es que de los 70 aviones de combate que tenía cuando empezaron los tiros, a Ucrania hace dos semanas le quedaban 56. Toda vez que los Sukhoi 27 ucranianos despegan para ataque o patrulla aérea, los “adquieren” al toque los radares de las baterías S-400 rusas ubicadas fuera de Ucrania y los voltean. Un S-400 en Belarús llegó a abatir un caza ucraniano a 100 km. de distancia, un “first timer” histórico. Rusia, por lo mismo, empezó también perdiendo cazas de ataque a lo bestia. Por eso hoy prefiere atacar desde afuera del mapa, dado que el mapa lo permite. Le tiene un saludable jabón a las baterías S-300 y Buk de los ucranianos. Las conoce bien. Como que son “made in Russia”. El éxito aéreo incontestable de Ucrania son los drones Bayraktar turcos: hechos con curvas “stealth” y en plástico poco reflectante de las microondas de radar, a baja altura y máxime sobre territorio boscoso o construido se disimulan en el “clutter” de ecos generado por el suelo. Gracias a su invisibilidad, esos drones han destruido muchos blindados e incluso derribado helicópteros artillados rusos, otro “first timer”. La guerra aérea terminó de volverse teledirigida y robótica en Ucrania. Se ignora si los rusos usan mucho o poco sus drones, porque en términos aeronáuticos lo suyo parece pescar en un barril, y con dinamita. Se difundió no poco la existencia de un dron kamikaze ruso muy barato, el Kalashnikov KUB, poco menos que una granada montada en un ala delta con un callado motor eléctrico y una camarita inteligente, visible aquí. Si es de Kalashnikov, es simple. Es inherente a la marca. Lo complejo, como sucedió con el fusil Automat Kalashnikov o AK-47, el más popular del planeta, es diseñar algo tan simple, y que funcione. Ucrania denuncia que el KUB se está usando sin controlador humano, es decir de modo autónomo, con su algoritmo de detección satelital de coordenadas o reconocimiento del blanco por imagen óptica. Por supuesto, Rusia lo niega. ¿Otro first timer? No si uno ha estudiado la breve segunda guerra entre Azerbaiyán y Armenia, o la que continúa en Libia desde 2011, y el uso en ellas de robots asesinos libres de supervisión humana. En general son turcos o israelíes, y no sólo constituyen una realidad efectiva sino barata. ¿Por qué mueren tantos generales rusos? Tal vez porque van al frente, o tal vez porque con drones tan imperceptibles como un francotirador ya casi no hay más retaguardia, en la vieja acepción. Alguien deberá explicar la longevidad de los generales ucranianos. Lo indudable es los Bayraktar y los Kalashnikov KUB no confieren superioridad aérea a nadie, y que ésta, medida en despegues, es a la vez rusa, irrebatible y rara: depende más de sistemas integrados de defensa antiaérea que de los cazas tripulados en sí. Aunque Rusia haga todo de modo al revés que la OTAN, así en el cielo como en la tierra, no significa que no esté ganando. ¿Por qué sino el presidente Volodymir Zelensky pidió que la OTAN le armara una zona de interdicción aérea? ¿Por qué cuando la OTAN le contestó: “Ni ahí” para no iniciar una Tercera Guerra Mundial, Zelensky pidió todos los MiG-29 polacos? Y los obtendrá: son de fabricación soviética: los pilotos ucranianos los conocen bien. Pero el pedido trasunta que hoy en Ucrania debe haber unos cuantos pilotos de a pie. ¿Y cómo Ucrania, si tiene superioridad aérea, dejó casi sin atacar por aire aquel atasco fenomenal de tránsito ruso rumbo a Kiev? Fueron 65 km de blindados inmóviles de Norte a Sur más de una semana. Semejante oportunidad no se vio desde que en 1967 la aviación israelí rostizó a puro napalm una ringla de 10 km. de tanques y camiones egipcios en fuga, embotellados en el paso de Mitla. Planta de reparaciones de los MiG-29 ucranianos en Lviv, a 65 km. de la frontera con Polonia. Cuando Zelensky solicitó aparatos similares para reponer pérdidas, esta instalación fue atacada desde lejos por misiles Kinzhal hipersónicos el 18 de marzo. Destrucción total. En su último “speech” de caciques de la OTAN, el presidente Joe Biden acaba de pedir no sólo el derrocamiento de Putin a manos de sus socios en el Kremlin, sino que aseguró que él pensaba seguir esta guerra… hasta el último ucraniano. El alemán Olaf Scholtz y el francés Emmanuel Macron lo miraban azorados. No son cosas de decir cuando se está ganando. Días antes, por primera vez, el alto mando ruso había mentado alguna estrategia en voz alta. Ignoro si tenía alguna o tal vez demasiadas. Pero los ivanes no habían declarado nada al respecto. El 25 de marzo el Jefe del Estado Mayor Conjunto de Rusia, Sergei Rudskoi, dijo que los objetivos de la primera parte de las operaciones habían sido alcanzados, y le puso nombres y números: Rusia se va a quedar con el Donbás, la cuenca del Don, donde –según Rudskoi– las armas rusas ya dominan el 93% de la superficie de la republiqueta separatista prorusa de Luhansk, y el 54% de la de Donetsk. ¿Hasta adónde en el Oeste querrá llegar Rusia con esta Rusia ampliada? Ni idea. Si se refiere a todo el óblast de Donetsk, el histórico según mapas cuando la secesión de Ucrania en 1991, Rudskoi pretende toda la llanura interfluvial entre el Don y la orilla izquierda del Dniéper. Si esto es cierto, los coroneles que no tienen quién les escriba no estaban tan errados. Y tampoco @TomELawrence1. Se deduce entonces que el dificultoso y aún incompleto cerco de Kiev, e incluso un posible golpe de mano a Odessa, no necesitan ser triunfos. Alcanza con que sean bazas para tener aferrados a los defensores, y canjearlos. Eso, mientras se negocia “sotto voce” esa posible nueva frontera fluvial de Rusia con Ucrania: ya no el Don sino mayormente, el Dniéper. A lo cual Zelensky ya se ha negado pública y vigorosamente. Aunque ya se sabe (ver membrecía de la OTAN): a veces cambia de idea. Pero estamos hablando de territorio cuando deberíamos estar hablando de petróleo y gas, la madre del borrego como dicen en mi barrio. ¡A por ello! Sobre eso, habrá segunda parte.

Daniel E. Arias