El plan antiinflacionario que se aplicó en Argentina en 1952 – 3ra. y última parte
Claudio Belini, doctor en Historia de la Universidad de Buenos Aires, investigador del CONICET y del Instituto Ravignani, hace aquí un análisis detallado, con su correspondiente bibliografía, que publicaremos en 3 entregas consecutivas. Esta es la 3ra. y última. Vale la pena el tiempo dedicado a leerlas.
La primera parte de este artículo está aquí., y la segunda aquí.
III – El primer programa de estabilización de posguerra
El 18 de febrero de 1952, Perón anunció un “Plan de Emergencia Económica” que partía del diagnóstico según el cual el fuerte crecimiento del consumo no era acompañado de un incremento similar de la producción. Por lo tanto, era imprescindible restaurar el equilibrio entre ambos, alentando la producción en todos los sectores, pero fundamentalmente en el agro pampeano que era el principal generador de divisas. Asimismo, señaló que la población debía moderar el consumo y anunció una política de aliento al ahorro. Perón anunció el nuevo programa por medio de la Radio del Estado. En su discurso afirmó: “Los hombres y los pueblos que no sepan discernir la relación del bienestar con el esfuerzo, no ganan el derecho a la felicidad que reclaman”. El plan suspendió por dos años las paritarias y al mismo tiempo ordenó el congelamiento de los precios. Estas medidas buscaban frenar la puja distributiva entre capital y trabajo, que era una de las causas de la inflación. Luego del fracaso de las negociaciones entre las partes en el marco de la Comisión Nacional de Precios y Salarios (Sowter, 2013), el gobierno fijó una escala de aumentos salariales. De esta forma, el Estado asumía un papel central en la búsqueda del equilibrio entre capital y trabajo. El equipo económico identificaba otra causa de la inflación en las políticas fiscales y monetarias, que en el pasado habían acompañado el crecimiento del ritmo inflacionario. En este plano, el programa anunciaba un recorte de los gastos públicos mediante la suspensión de las obras públicas en marcha y la reducción de “los gastos superfluos”, la postergación del Segundo Plan Quinquenal para 1953 y la imposición de nuevas restricciones al otorgamiento de créditos. En cuanto al sector privado, se anunció también una contracción del crédito oficial hacia la industria y el apoyo a la producción agraria. Con el propósito de resolver la crisis del sector externo, que se adjudicaba sobre todo a la grave sequía de 1951-1952, se dispuso que el IAPI otorgara precios más remunerativos para los productos agrícolas. Esta medida se tomaba en el momento en que los precios internacionales continuaban declinando, lo que implicaba de hecho un subsidio al sector agrario. En cambio, el equipo económico rechazó la idea de devaluar el tipo de cambio. Principalmente, se temía que la devaluación tuviera efectos más negativos sobre los salarios reales, ya afectados por el incremento del ritmo de la inflación. Al mismo tiempo, estaba presente la idea de que la devaluación monetaria no constituía por sí un instrumento suficiente para alentar las exportaciones. Era imprescindible superar algunos problemas estructurales del agro pampeano, alentar una mayor mecanización y el uso de agroquímicos. En el caso de la carne se confiaba en esa situación de emergencia, en moderar el consumo interno a fin de dejar disponibles mayores saldos exportables. En cualquier caso, la modificación de los tipos de cambio traería más inconvenientes que beneficios. En el caso de las exportaciones no tradicionales, el equipo económico intensificó las medidas tomadas a partir de 1948 de conferir tipos más beneficiosos para los exportadores de bienes primarios con algún grado de elaboración –como tops de lana y aceites vegetales– o incluso de manufacturas como textiles y productos metalúrgicos (Belini, 2014a). En todos los casos, el nuevo Ministerio de Comercio Exterior, dirigido por Antonio Cafiero, intensificó la política exportadora, buscó abrir nuevos mercados y reclamó precios equitativos en los organismos internacionales. El equipo conducido por Gómez Morales rechazaba la idea de volver al tipo de cambio único y flotante, que era propuesto por el FMI como un requisito para la integración al organismo. Y aunque el gobierno peronista reinició las conversaciones con los organismos internacionales para beneficiarse de los créditos que otorgaban los bancos, rechazó la incorporación al FMI (Keldar, 2012). La aplicación del “Plan de Emergencia Económica” durante el duro 1952 –el año de la muerte de Evita– quedó grabado en la memoria popular por la escasez de energía y el consumo de “pan negro”, debido a la escasez de harina de trigo (Anguitta y Cechinni, 2020). La política de congelamiento de precios implicó una severa fiscalización del Estado, a través del Ministerio de Industria y Comercio y con el auxilio de la Dirección Nacional de Vigilancia de Precios. Apoyado por un aparato del Estado que mostraba entonces capacidad de fuerte intervención, se pusieron en marcha campañas contra el agio y la especulación que involucraron grandes multas para las grandes empresas y duros castigos para los comerciantes minoristas, que iban desde clausuras temporarias hasta cierres definitivos de comercios que violaban los precios máximos y alentaban el “mercado negro”. Se aplicó una fuerte contracción monetaria y crediticia –especialmente para la industria– pero hubo que financiar los créditos al sector agrario, los quebrantos de las operaciones de exportación del IAPI y los subsidios a otras empresas. También surgió con fuerza el déficit de las empresas públicas –especialmente la Corporación de Transportes de Buenos Aires y los ferrocarriles–, lo que traslucía un problema de mayor envergadura hacia el futuro. No obstante, el programa de 1952 pasó a la historia por ser el primer plan de estabilización de posguerra que alcanzó cierto éxito. La moderación de la lucha por la distribución del ingreso mediante el congelamiento de precios y salarios, y las políticas monetarias y crediticias contractivas, derrumbaron la inflación minorista del 37% en 1951 a sólo un 4% anual en 1953. Es cierto que en gran medida el freno a la inflación se produjo a costa del nivel de actividad de la economía urbana –la industria sufrió una recesión particularmente aguda en los sectores textiles, confección y calzado– y los salarios reales. Pero la crisis no se prolongó demasiado. De hecho, no se observó un incremento sustancial de la desocupación. Lo interesante es que además el programa evitó el uso de la devaluación monetaria como instrumento para corregir la crisis externa –algo que sería usual en los programas de estabilización que, apoyados por el FMI, se implementaron a partir de 1958. Tampoco se comprometió al país aumentando su deuda externa. Es cierto que entonces las posibilidades de tomar deuda eran muy limitadas y que la decisión de no adherir al FMI significaba que el país no podría recurrir al apoyo financiero del organismo. Por cierto, el programa de 1952 dejaba entrever una percepción clara de los problemas estructurales que enfrentaba la economía argentina: el deterioro de los términos del intercambio, el estancamiento del agro pampeano y la dinámica de una inflación impulsada por la puja distributiva. A la hora de pensar en nuevos instrumentos, durante la vigencia del Plan de Emergencia, el equipo analizó un proyecto de ley de inversiones extranjeras que sería finalmente sancionado por el Congreso a mediados de 1953. El proyecto incluía cláusulas restrictivas al ingreso de capitales especulativos y al egreso que las inversiones generaban, de forma tal que implicaba una comprensión de los límites impuestos por las inversiones extranjeras. Entonces, afirmaba Gómez Morales que: “No hemos proyectado esta ley con la idea de que nos van a venir una lluvia de capitales extranjeros al país. (…) La ley ha sido promovida entre otros con el propósito de aliviar nuestro balance de pagos. (…) Si se radica una empresa que produce aquí lo que actualmente tenemos que importar y se lleva un diez por ciento de lo que produce, eso no puede ofrecer una situación de dificultades” (Ministerio de Asuntos Económicos, 1954: 46). La resolución de la crisis externa no vendría de una llegada irrestricta de inversiones norteamericanas, como poco después apostarían Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio. Aunque la Ley 14.222 de Inversiones Extranjeras rectificaba la postura nacionalista inicial del peronismo –como ha sostenido la historiografía clásica–, no dejaba de imponer condiciones a las multinacionales que se proponían ingresar al mercado nacional. Esas prevenciones serían abandonadas luego de 1955 y tendrían resultados disímiles. Por un lado, alentarían la instalación de nuevas y complejas industrias; pero al mismo tiempo provocarían un fuerte proceso de transnacionalización del sector manufacturero. Esto es, el sector más dinámico de la economía argentina quedaría en manos de capitales extranjeros. Pero esa es otra historia.»«Guerra contra la inflación». El presidente anunció un fondo para el trigo y convocó a empresarios y sindicalistas
Alberto Fernández anunció ayer viernes la creación del fideicomiso de trigo para contener el precio de la harina y el pan en el mercado interno, en el contexto de la escalada inflacionaria y la guerra en Ucrania. A pesar de las expectativas, el Presidente no dio a conocer más medidas específicas, pero anticipó que ehoy sábado comenzará una ronda de conferencias de prensa de ministros del gabinete económico para comunicar nuevas iniciativas en lo que él mismo denominó «guerra contra la inflación».
Sí afirmó que el Gobierno podrá aplicar la ley de abastecimiento para hacer cumplir los controles de precios vigentes y los que se adopten.
Se crea un fideicomiso de trigo: «El aumento del trigo haría que aumenten los costos de producción del pan, de los fideos, de la harina que millones de argentinos y argentinos consumen. Y no se trata de aumentos que lamentablemente padecemos debido al desorden macroeconómico que nos tocó afrontar, sino de un impacto que golpearía aún más a los hogares con subas inusitadas en la canasta básica», dijo el Presidente.
«He decidido constituir un fondo de estabilización con el objetivo de evitar el traslado de esta suba del precio internacional al precio que pagan los argentinos y argentinas», agregó sobre la creación de este fideicomiso, que había anticipado en exclusiva BAE Negocios.
El mandatario contextualizó esta medida en la fuerte suba del trigo el último mes debido a la guerra en Ucrania. «En la historia mundial nunca el trigo llegó a costar lo que costó en estos días, alcanzando valores superiores a los 400 dólares la tonelada. Ningún país escapa a semejante escenario. Tampoco la Argentina», señaló.
En ese sentido, explicó que «el precio interno del trigo que se utiliza para el pan, que se estaba comercializando en torno a los 26.000 o 27.000 pesos por tonelada antes del 20 de febrero, se elevó rápidamente a valores superiores a los 30.000 pesos apenas iniciado el conflicto, y en los últimos días supera los 35.000 pesos por tonelada».
De esta forma, más allá del impacto positivo que podría tener para Argentina el mayor ingreso de dólares por la suba de este commodity de exportación, el país sufrirá también un alza inflacionaria por el aumento de precios para el mercado interno, que este «fondo de estabilización» busca contener.
Por ahora no hubo anuncios sobre retenciones a los derivados de la soja, otra de las medidas para el agro contra la suba de precios que se tenían en carpeta.
Fernández adelantó que el Gobierno no va «a dejar de controlar y fiscalizar precios, aplicar la ley de abastecimiento si es necesario y utilizar todos los instrumentos con los que cuenta el Estado para cumplir con el objetivo de controlar los precios».
Además, precisó que a partir de ehoy sábado 19, los ministros del gabinete económico comenzarán a anunciar una serie de medidas antiinflacionarias. «He instruido a mis ministros para que tomen las medidas necesarias y ellos serán los encargados de comunicarlas a partir de mañana», dijo al respecto.
Los anuncios comenzarán hoy a las 11 de la mañana, cuando el titular de la cartera de Agricultura, Julián Domínguez, dará los detalles de la creación del fideicomiso de trigo.
Luego, amplió: «He decidido que el gabinete económico se concentre desde este momento en implementar todas las medidas necesarias para enfrentar a la inflación, en particular la que vemos en los alimentos. He dado indicaciones a mis ministros y ministras para que construyan acuerdos con los diferentes sectores pero que no duden en aplicar todas las herramientas del estado para fijar y hacer cumplir las medidas necesarias. Ellos y ellas serán los encargados de mantenerlos informados diariamente sobre las medidas que se irán implementado desde este mismo momento».
El presidente celebró la aprobación del acuerdo con el FMI en el Congreso.
«Anoche hemos dado un paso muy importante para empezar a solucionar otro de los enormes problemas de los que tuvimos que hacernos cargo», dijo al comienzo de su discurso, y consideró que se trató de «un momento histórico», ya que «por primera vez la refinanciación de una deuda con el FMI se discute y se aprueba en el Congreso».
«Fue una decisión de mi gobierno que me enorgullece: nunca más un presidente podrá endeudarse a espaldas de los argentinos y las argentinas».
Breve comentario de AgendAR:
La única medida concreta anunciada -un fondo para estabilizar el precio del trigo y su harina- y todo el texto del discurso, muestra que el gobierno no se ha decidido a encarar una «guerra contra la inflación». Ni tampoco, lo que sería más realista, a encarar un plan antiinflacionario. (Hoy mismo publicamos la conclusión de un artículo sobre el Plan de Estabilización que llevó adelante Juan Domingo Perón en 1952). Por supuesto, como aún ese ejemplo lejano en el tiempo deja claro, reducir una inflación alta y prolongada como la argentina es difícil, tiene costos políticos, y desfinancia al Estado. Entonces, se trata de controlar los precios de artículos muy básicos y sensibles para todos, como los alimentos. Eso puede ser necesario en esta situación, pero no encara el problema de la inflación, el «todo sube porque todo sube», la continua desvalorización de la moneda nacional. Los hechos muestran que, por ahora, el gobierno ha decidido convivir con la inflación, y negociar con todos los sectores para moderarla. La pregunta es si esa convivencia será posible, y por cuanto tiempo.Argentina quiere dejar atrás el covid, y crecen los casos de gripe A
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Se registra un aumento importante de casos de Gripe A, prematuro para esta época del año.
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La aparición de esta variante se detectó cuando los pacientes ingresaban a la guardia con síntomas de Covid-19.
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Desde el Ministerio de Salud anticiparon que «todos tienen que prepararse para vacunarse».
Todos tienen que preparase para vacunarse, esperemos que los primeros días de abril podamos empezar con la campañaEntre ellas se refirió a los mayores de 60 años, los menores de 2 años, los trabajadores de la salud, o los que tienen enfermedades crónicas. Asimismo, el sanitarista agregó que «hoy tenemos un brote y algunas internaciones de neumonía por esta gripe, pero las medidas son las mismas que para el Covid-19 como la ventilación cruzada y lavarse las manos». Los motivos de la aparición temprana de la gripe Al ser consultado de por qué se adelantó la aparición de este tipo de gripe, el ministro dijo que «hace como dos años que no hay una epidemia fuerte», y consideró que en las últimas semanas hubo un relajamiento de los cuidados sanitarios que hicieron que volvieran «a circular enfermedades respiratorias que, aunque no son tan contagiosas como el coronavirus se contagian fuera de tiempo». Por eso, instó a «aplicar lo que aprendimos con la pandemia; el cuidado de la higiene, la ventilación de ambientes, no ir a trabajar con mocos, estornudos, o tos, ya que eso es lo que contagia». «Tenemos el 94% de la primera dosis que es un porcentaje altísimo, y más de 84% de la segunda dosis. La tercera dosis viene aumentando pero en las últimas semanas bajó la velocidad, es importante ir a vacunarse y darse la segunda y tercera dosis», comentó y sostuvo que «el riesgo lo tenemos ahora cuando venga el frío, no hay que llegar tarde».
Un estudio argentino señala la necesidad de sumar una tercera dosis para hacerle frente a Omicróm
La 3ra. dosis de la vacuna contra el COVID-19 es fundamental para elevar el nivel de protección contra la nueva variante de SARS-CoV-2 prevalente en la actualidad, en Argentina y en el mundo; la variante Ómicron.
Así lo sugiere un estudio de científicos del CONICET, del Instituto Leloir y del INBIRS realizado en conjunto con el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires. Llegaron a ese resultado tras analizar durante un año la respuesta inmune inducida por la vacuna Sputnik V en 100 voluntarios.
La respuesta inmune inducida por dos dosis de vacunación frente a la variante ómicron de SARS-CoV-2 no es óptima, lo que reafirma la importancia de una tercera dosis como refuerzo, reveló un estudio de científicos argentinos publicado en la prestigiosa revista internacional “The Lancet Infectious Diseases”.
“Para protegerse contra ómicron resulta clave que las personas adultas se apliquen la dosis de refuerzo, en el momento indicado. Varios estudios están demostrando de manera contundente que la tercera dosis aumenta de manera muy significativa el nivel de anticuerpos neutralizantes que bloquean a esta nueva variante”, afirmó la viróloga molecular Andrea Gamarnik, líder del estudio, jefa del Laboratorio de Virología Molecular de la Fundación Instituto Leloir (FIL) e investigadora superior del CONICET.
El trabajo publicado es la culminación de un estudio iniciado hace un año, cuando comenzó el programa de vacunación masiva en Argentina. La publicación incluye la información basada en el análisis de muestras de sangre de 100 voluntarios vacunados con dos dosis de la vacuna Sputnik V, que fueron estudiados a lo largo de un año. Los voluntarios recibieron las dos dosis de vacuna entre enero y febrero de 2021.
Durante el lapso de enero del 2021 a enero de 2022, el equipo de científicos midió periódicamente el nivel de anticuerpos contra SARS-CoV-2 empleando el test COVIDAR IgG, desarrollado por investigadores del CONICET. Asimismo, empleando cultivos virales, realizó mediciones a fin de evaluar la capacidad de los sueros provenientes de los individuos vacunados para neutralizar, o sea impedir la infección, por parte de la variante de SARS-CoV-2 original (linaje B.1 aislado en Wuhan, China) y por parte de la variante ómicron, aislada y caracterizada en nuestro país. Si bien las muestras de suero mostraron presencia de altos niveles de anticuerpos neutralizantes dirigidos contra la variante original luego de la aplicación del esquema de vacunación basado en la administración de dos de la vacuna Sputnik V, los investigadores observaron una caída dramática en la capacidad neutralizantes frente a la variante ómicron.
“Ómicron presenta una alta capacidad de evadir la respuesta inmune montada por el individuo vacunado. Esto se expresa en una notoria disminución (de más de 60 veces) en la capacidad de los anticuerpos inducidos por la vacuna para bloquear la infección con ómicron cuando se lo compara con dicha capacidad para bloquear a la variante original B1 (que ya no circula en nuestro país)”, indicó Gamarnik. Este “defecto” es ampliamente superado al recibir el individuo vacunado una tercera dosis de vacuna.
“Estudios realizados en distintas naciones y en nuestro país indican que la vacunación de refuerzo que combina plataformas de vacunas diferentes (por ejemplo Sputnik V con Pfizer/BioNTech, Moderna, Sinopharm o AstraZeneca) representaría una opción sumamente efectiva a fin de acelerar la vacunación y aumentar los niveles de anticuerpos neutralizantes contra la variante ómicron”, afirmo el también líder del estudio Jorge Geffner, investigador superior del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y SIDA (INBIRS), que depende de la Facultad de Medicina de la UBA y del CONICET.
En el terreno de la vacunación frente a COVID-19 se plantean dos grandes desafíos: el surgimiento de nuevas variantes y la perdurabilidad en el tiempo de los mecanismos de defensa conferidos a través de la vacunación, indicó Geffner. Y agregó: “En función de estas dos variables habrá que ir ajustando los esquemas de vacunación y, en este sentido, cobra particular relevancia el estudio realizado por nosotros y otros similares realizados a nivel mundial. La vacunación frente a COVID-19 es la gran herramienta con la que contamos a fin de aplastar la pandemia por SARS-CoV-2. Deberemos seguir estudiando cómo ajustar y mejorar los actuales esquemas de vacunación, a fin de optimizar la protección de la población frente a este nuevo virus”.
“En la provincia de Buenos Aires cada decisión tomada en materia de vacunación fue evaluada a partir de la evidencia internacional, y de la evidencia local generada por estudios como éste que realizamos en articulación con prestigiosas instituciones de investigación”, afirmó el también autor del estudio Nicolas Kreplak, médico clínico y Ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires.
“Una vez que contamos con los resultados de este estudio recién publicado, que comenzó con el primer grupo poblacional vacunado en diciembre de 2020, pudimos evaluar la importancia de dar dosis de refuerzo en población general y definir la mejor ventana de tiempo para ello”, agregó el ministro.
De acuerdo con Kreplak, los resultados de la investigación muestran que luego de 6 meses hay una caída significativa de la capacidad neutralizante de los anticuerpos generados por la vacunación contra la variante ómicron, indicando la necesidad de una dosis de refuerzo entre los 4 y los 6 meses para garantizar protección máxima.
“Este estudio se complementa con otros que analizan la efectividad en la vida real, en cada momento de la pandemia y con una estricta vigilancia epidemiológica. Todos los que aún no se aplicaron la dosis de refuerzo y ya pasaron 4 meses desde la segunda dosis es importante que vayan a vacunarse”, enfatizó Kreplak.
Marina Pifano, doctora en ciencia y tecnología, asesora biotecnológica del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires y coordinadora general de este estudio, remarcó la importancia de articular entre distintas instituciones. “La rapidez con la que se llevó a cabo este proyecto para poder estudiar de manera local el efecto de las vacunas en nuestra población permitió ir generando evidencia propia para la toma de decisiones en tiempo real acorde a los tiempos que imponía el dinamismo de la pandemia”, indicó.
Los demás autores del estudio son Lautaro Sanchez, Santiago Oviedo Rouco, Diego Ojeda, Carla Pascuale, María Mora González López Ledesma, Pamela Rodriguez, Esteban Miglietta y Andrés Rossi, del CONICET y de la FIL; Ana Ceballos, Facundo Di Diego García y Bianca Mazzitelli, del INBIRS. Y también participaron integrantes del laboratorio de Serología y Vacunas de la FIL y profesionales de hospitales públicos de la Provincia de Buenos Aires.
El Senado aprobó el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional
El Senado sancionó -al ratificar la aprobación de la Cámara de Diputados- la ley que consagra el acuerdo alcanzado por la administración de Alberto Fernández con el Fondo Monetario Internacional para evitar la caída en default del préstamo tomado por la gestión de Mauricio Macri en 2018.
El acuerdo obtuvo 56 votos a favor, 13 en contra y 3 abstenciones. El bloque opositor -Juntos por el Cambio- unificó su postura como ya lo había anticipado a favor del acuerdo. De sus 33 senadores, 32 votaron por la aprobación y una se abstuvo. Los cuatro senadores que responden a partidos provinciales también votaron a favor. El oficialismo -el Frente de Todos- votó dividido. De sus 35 bancas, 20 votaron a favor, 2 se abstuvieron y 13 se decidieron por el rechazo. Se trata de los senadores más cercanos a Cristina Kirchner. Los 13 luego emitieron un documento donde justificaron su posición «desde su verdad relativa», una expresión de Néstor Kirchner. Ayer, cuando en AgendAR anticipamos la sanción del proyecto, dijimos «el punto al que los observadores prestarán especial atención es uno de posicionamiento político hacia el futuro: cuántos serán los senadores del FdT que, en la línea de Cristina Kirchner, no sabotearán la decisión del gobierno nacional de firmar el acuerdo, pero dejarán expresada su oposición».El plan antiinflacionario que se aplicó en Argentina en 1952 – 2da. parte
Volvemos a publicar estas 3 notas sobre un plan que se aplicó en nuestro país, para enfrentar una circunstancia donde se sumaron inflación, recesión y desequilibrio externo, 72 años atrás. Creemos que puede servir para el debate polìtico.
Claudio Belini, doctor en Historia de la Universidad de Buenos Aires, investigador del CONICET y del Instituto Ravignani, hace aquí un análisis detallado, con su correspondiente bibliografía, que publicaremos en 3 entregas consecutivas. Esta es la 2da. Vale la pena el tiempo dedicado a leerlas.
La primera parte de este artículo está aquí.
II – La crisis que llegó pronto
En los años iniciales, la política económica peronista fue conducida por Miguel Miranda, un empresario industrial que ocupó la presidencia del Banco Central y del Consejo Económico Nacional. Es conocido que en 1946 se implantaron importantes reformas institucionales en el área económica que dotaron al Estado argentino de nuevos y poderosos instrumentos: la nacionalización del Banco Central y de los depósitos, la creación del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) y la nacionalización de las grandes empresas de servicios públicos en manos de capitales norteamericanos, ingleses y franceses (Novick, 1986; Gerchunoff y Antúnez, 2000; Rougier, 2012; Stettini y Audino, 2012). También se nacionalizaron empresas industriales que habían pertenecido al capital alemán. La política económica de esos años es bien conocida y consistió en el apoyo crediticio a la industria a tasas de interés reales negativas, una gran expansión del gasto público –especialmente en lo relativo al gasto social– y el estímulo al consumo mediante el incremento de los salarios reales, que en solo tres años crecieron un 60% entre los trabajadores industriales. El gobierno apoyó las reivindicaciones de la clase trabajadora y alentó la sindicalización masiva de los obreros industriales, como, por ejemplo, los textiles y los metalúrgicos, que conformaron sindicatos poderosos (Schiavi, 2013; Luciani, 2014a y 2014b). La política laboral peronista y el nuevo poder de negociación de los sindicatos favorecieron el éxito de las huelgas y permitió cambiar en pocos años el patrón de distribución del ingreso a favor de los asalariados. El enfoque inicial de la política económica peronista se sustentó en un proceso de redistribución del ingreso desde el sector exportador hacia la economía urbana a través del IAPI. Esta institución fue clave, ya que monopolizaba las exportaciones de carnes y cereales, así como algunos rubros de las importaciones. El IAPI adquiría en el mercado interno a precios más bajos que los que colocaba en el mercado externo. Sourrouille y Ramos (2013) han demostrado que esta operatoria fue, al menos en el caso del trigo, algo diferente. Han señalado que no existía virtualmente un mercado mundial y que la posibilidad de colocar la producción en el mercado externo dependió de la habilidad negociadora argentina en el marco de los convenios bilaterales. Más interesante aún es el hecho de que una gran parte de las exportaciones fueron posibles gracias a operaciones de crédito realizadas por el IAPI con apoyo del Banco Central. Por eso muchas operaciones de venta de productos primarios se realizaron a precios más altos que los norteamericanos. Pero al mismo tiempo, no aseguraron que el país lograra importar manufacturas de países europeos que continuaban teniendo pocas manufacturas o equipos que ofrecer luego de la destrucción causada por la guerra. Más conocido es el efecto negativo ocasionado por la declaración de la inconvertibilidad de la libra, en agosto de 1947, que hizo imposible financiar las compras en Estados Unidos –entonces casi el único proveedor de equipos y maquinarias– con los saldos favorables que Argentina tenía con Gran Bretaña. En cualquier caso, los problemas económicos reaparecieron muy pronto y tomaron la forma de una crisis de balanza de pagos en el verano de 1949. Para entonces las divisas acumuladas durante la guerra se habían evaporado en las nacionalizaciones de las empresas extranjeras de servicios públicos, el rescate de la deuda, la creación de una importante flota mercante y las importaciones de bienes de capital y de consumo. Sin dudas, el manejo de la economía por parte de Miranda había incurrido en errores y una estimación equivocada del poder de negociación de la Argentina. Un caso diferente fue la adquisición de los ferrocarriles británicos. Sabemos que ni Perón ni Miranda la tenían en mente, y que actuaron en una coyuntura marcada por la presión externa –la necesidad de Gran Bretaña de desprenderse de esas inversiones– e interna, como el apoyo de los grupos nacionalistas y del movimiento obrero (Fodor, 1989). Lo que estaba por detrás de la crisis de 1949 era el inicio de una etapa marcada por la crisis permanente del sector externo inducida por el estancamiento de las exportaciones argentinas, la caída de los precios internacionales de las materias primas y el aumento de la demanda de divisas generado por el crecimiento industrial. La bonanza externa duró muy poco en la posguerra y abrió paso a un periodo de crisis del balance de pagos que se mantendría hasta la década de 1960. Una doble crisis económica y política en ese verano condujo al relevo de Miranda por un equipo de economistas conducido por Alfredo Gómez Morales y Roberto Ares, este último vinculado al canciller Juan Atilio Bramuglia. La nueva conducción económica diseñó un conjunto de medidas para resolver o paliar algunos de los problemas ya evidentes. Para algunos autores esto habría marcado un “cambio de rumbo” de la economía peronista (Girbal Blacha, 2003; Rougier, 2012), pero en realidad se estuvo muy lejos de modificaciones sustanciales de las políticas económicas. Se moderó la expansión de los gastos públicos y del crédito –sobre todo al sector estatal–, se anunciaron mejoras para los precios de las cosechas que adquiría el IAPI y se pusieron en marcha créditos para el sector, complementados con los primeros intentos de establecer una industria de maquinaria agrícola. Pero se estuvo lejos de imponer un enfoque ortodoxo. Gómez Morales y Ares rechazaban, por ejemplo, la idea impulsada por el Fondo Monetario Internacional –al que la Argentina no había adherido– de proceder a la unificación de los tipos de cambio y a la liberación del mismo. Para la conducción económica eso “significaría desconocer lo que se ha venido sustentando reiteradamente en el sentido de que una adhesión de esta índole lesionaría la libertad de acción” (Comisión Económica Nacional, 1950: 6). Por eso, en septiembre de 1949, cuando Gran Bretaña devaluó la libra, la Argentina modificó sus tipos de cambio, pero solo para compensar el deterioro de otras monedas. Recién a mediados de 1950 se introdujeron otras modificaciones en el control de cambios y se devaluó una vez más el peso, pero sin que alcance el nivel requerido para ajustar el sector externo mediante una recesión de la economía doméstica. La ausencia de un enfoque económico sustancialmente diferente, más allá del apoyo crediticio al agro, fue en buena medida el resultado de que el equipo económico aguardó hasta último momento la reversión de algunas de las condiciones externas que habían perjudicado a la Argentina. A mediados de 1950, el inicio de la Guerra de Corea pareció anunciar una reversión de la declinación del precio de las exportaciones, pero muy pronto quedó claro que las potencias industrializadas no dejarían a los países exportadores primarios aprovechar la coyuntura, de forma tal que organizaron un Comité Internacional de Compras de productos primarios, que tuvo el efecto de deprimir los precios. Estas políticas fueron censuradas por las autoridades económicas. Así, Gómez Morales sostuvo en 1951 que “El comienzo evidentemente no ha sido feliz. Nosotros opinamos que la creación de estos organismos, los problemas que abordarán, sus procedimientos, deberían haber surgido de una conferencia en la que participaran todos los países interesados y no solamente los países llamados grandes”. Y agregó: “No debemos olvidar que a una mejor correlación de los precios de los productos exportados con los importados corresponderá una mayor disponibilidad de importaciones esenciales, aspecto que nos resultará vital en nuestro grado de evolución económica actual” (Gómez Morales, 1951: 37 y 43). Por otro lado, una nueva sequía, que se sumó a los efectos de la producida en 1949-1950, derrumbó la producción a los niveles más bajos del siglo XX. La escasez de divisas resultante y la aceleración de la inflación, alentada por la puja distributiva, hicieron que la inflación trepara al 37% anual en 1951. Para entonces, el deterioro del poder de compra de los salarios amenazaba destruir las posiciones adquiridas por la clase trabajadora en los años iniciales del gobierno peronista. No obstante, en noviembre de ese año, Perón fue reelegido presidente con amplia mayoría de sufragios. En esos días, un informe del equipo económico señaló al presidente “la necesidad imperiosa de adoptar un conjunto sistemático de medidas de emergencia” (Consejo Económico Nacional, 1951: 1).(Concluirá mañana)
Elon Musk desembarca en Argentina con Starlink: como funciona
El mediático multimillonario Elon Musk -de quien se dice que su ego nos llevará al espacio- inscribió en la Argentina su servicio de internet satelital ultrarrápida Starlink.
Starlink fue inscripto como una sociedad en la Inspección General de la Justicia bajo el nombre «Starlink Argentina S.R.L.» y fue publicada en el Boletín Oficial. La sociedad será controlada oficialmente por Starlink Holdings Netherlands y SpaceX Netherlands, es decir, por la filial de la firma de Elon Musk en Países Bajos. En el documento, se detalla que Starlink proporcionará «servicios de administración, técnicos, financieros, económicos o de gestión en materia prestación de servicios de Internet a empresas o individuos» y brindará «servicios de conectividad a Internet y proporcionar servicios de Internet vía satélite». Además, planean «desarrollar, comercializar e instalar dispositivos de hardware, incluyendo antena y terminal de usuario». ¿Qué es y cómo funciona Starlink? Se trata de un servicio de internet que se brinda por medio de una constelación de, en principio, 1.700 satélites de órbita baja, que en inglés por la sigls LEO, (Low Earth Orbit). Varias veces se los pudo ver pasar por los cielos argentinos como una fila de luces que se mueven a gran velocidad. Estos satélites funcionan en combinación con transceptores terrestres. Al estar situados en una órbita baja, más cerca de la Tierra, reducen la latencia (la demora en la transmisión de la señal). Por otro lado, se apoyan en una tecnología de conectividad láser para ofrecer mayores velocidades. La empresa de Elon Musk había prometido inicialmente una velocidad de descarga de entre 50 y 150 Mbps. En algunos lugares, está superando las expectativas, con velocidades de descarga de más de 160 Mbps. Según el popular proveedor de pruebas de velocidad Ookla, esto supone un 95 % más que otros proveedores de Internet en los Estados Unidos. En Canadá, por otro lado, se reportaron velocidades de 300 Mbps y en algunos casos, de hasta 400 Mbps. Para tomar dimensión de estas velocidades, se puede poner de ejemplo la velocidad promedio de la conexión en la Argentina: conforme a datos de la Cámara Argentina de Internet, el 51% de los argentinos navega a velocidades de 20 Mbps y el promedio de velocidad a escala nacional ronda los 40 Mbps. Por el momento, no hay fecha de llegada precisa de Starlink a la Argentina, pero se espera que esté disponible en 2023. Reservar por adelantado cuesta u$s 99 y se hace a través del sitio oficial de la firma.Comentario de AgendAR:
La idea de Starlink ha sido cuestionada desde el comienzo por los que dicen, con buenos argumentos, que miles de satélites en órbitas bajas, aumentarán la «chatarra espacial» y la probabilidad de accidentes. El espacio es inmenso, pero cualquier choque se multiplica en miles de fragmentos, que seguirán orbitando a gran velocidad. También se ha ganado el odio de astrónomos, profesionales y aficionados, porque dificulta la práctica de su vocación. Y los que tenemos experiencia con la televisión satelital, sabemos que la recepción a través de la atmósfera, es muy inferior a la de la fibra óptica. Por otro lado, Starlink puede ser una solución para países extensos que no cuentan con la infraestructura necesaria. Argentina cuenta con la REFEFO, la Red Federal de Fibra Óptica, pero si ARSAT queda en manos que desconocen el tema, o no les interesa, Starlink puede ser un recurso. Si es así, y el usuario argentino pregunta «¿Quién podrá defenderme?» la respuesta no será el Chapulín Colorado sino Elon Musk.La importancia de la 3° dosis: un estudio argentino sobre una vacuna rusa, es publicado en la británica The Lancet
De las investigaciones de la Dra. Andrea Gamarnik y sus colaboradores sobre la duración de anticuerpos generados por la Sputnik V hemos hablado otras veces en AgendAR, más recientemente aquí.
Hoy traemos este tuit suyo porque -en el momento en que una guerra vuelve a despertar pasiones y rencores -justificados en quienes sufren bombardeos e invasiones- pero que mueven también a burocracias internacionales, todavía en algunos ámbitos de la ciencia se trabaja para la humanidad. Ahí está la ciencia argentina.
CIENCIA ARGENTINA: Es un gran orgullo q haya salido publicado el estudio que hicimos investigadores de CONICET y MinSalud PBA en la revista Lancet ID
— Andrea Gamarnik (@GamarnikLab) March 17, 2022
Evaluamos por un año la rta inmune generada por dos dosis de Sputnik. Frente a ómicron es importante administrar la 3ra dosis?? pic.twitter.com/JhdELGSmq4

