Las opciones de energía nuclear, a la luz del derecho ambiental. El caso a favor del CAREM
El incremento en la demanda de energía a nivel mundial y el consiguiente aumento en la producción, junto con la necesidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, hacen que las inversiones en nuevas tecnologías energéticas libres de carbono sean en la actualidad más importantes que nunca.
Este último aspecto adquiere notoria importancia para Argentina y los más de 120 países que han ratificado el Acuerdo de París de 2015 sobre los esfuerzos que realizan cada uno de ellos para combatir el calentamiento global. Y es relevante para el cumplimiento de varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que integran la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.
Una nueva tecnología prometedora son los reactores pequeños de agua ligera y de uranio levemente enriquecido, o Small Modular Reactors (SMR). Su tamaño, diseño modular, con tiempos de construcción reducidos y seguridad mejorada, entre otras características, los convierten en una fuente de energía potencialmente atractiva. Significan una reinvención de la energía nuclear, sin embargo, un elemento fundamental para evaluar su potencial de desarrollo futuro es su viabilidad económica en relación con otras fuentes de energía.
Es cierto que la capacidad de producción de electricidad de un SMR (el Carem comercial en estudio generaría entre 100 y 120 MW) es mucho menor que los modelos que China o Rusia ofrecen construir en la Argentina (1.200 MW, en cada caso), pero la reinvención de la energía nuclear implica repensar su aplicación donde, en vez de una o dos grandes centrales nucleoeléctricas, quizás se deban evaluar módulos de 8 0 10 reactores Carem instalados cerca de zonas de altos consumos y baja población.
Características de la inversión
Los proyectos nucleares tienen un horizonte de análisis muy extenso, donde la inversión inicial es muy elevada y, como el plazo de construcción y puesta en marcha es de al menos siete años, el capital recién se empieza a pagar al primer año de generación eléctrica. Esto implica un largo período de maduración y recupero de la inversión.
Si se analiza la estructura de costos del megavatio nuclear se observa un peso relativo muy fuerte de los costos de capital. Por eso, es indispensable el acceso al financiamiento a tasas bajas.
Generalmente los proyectos nucleares son pocos, pero de gran envergadura: grandes costos hundidos en su inicio, plazo de construcción prologando (7 años, contra 3 años promedio de otras opciones) y largo período de maduración y recupero de la inversión. Pero, por otro lado, los costos de operación y mantenimiento y de combustible son bajos. Con lo cual, su viabilidad va a estar determinada por el acceso al crédito y por la obtención de una baja tasa de interés para repagar el capital.
Al tratarse de proyectos financiados por transferencias del Tesoro nacional, están atados a las decisiones de la administración nacional en materia presupuestaria, los giros de partidas públicas y los vaivenes de las cuentas públicas.
La métrica más común para evaluar la viabilidad económica de un sistema de energía es el costo nivelado de la electricidad (LCOE, por sus siglas en inglés) a lo largo de la vida útil del proyecto y permite comparaciones entre tecnologías de producción de energía con diferentes costos de capital, operación, combustible y otros, así como diferentes niveles de energía producida y horizontes operativos.
Hasta la fecha existe una incertidumbre sustancial con respecto a estos costos de capital para los SMR y, como resultado, la consiguiente incertidumbre sobre su viabilidad económica en relación con otras fuentes de energía.
Ventaja comparativa
Con el fin de reducir esta incertidumbre, si se observa la simplificación del diseño de los pequeños reactores, la reducción de los componentes, la modularidad, y otras características del diseño SMR, todo ello da como resultado ahorros significativos en los costos básicos generales, comparándolos con los grandes reactores de potencia. Por lo tanto, tienen el potencial de ser económicamente competitivos con otras fuentes de energía y, al mismo tiempo, producir beneficios significativos en términos de reducción de las emisiones de carbono en las instalaciones generadoras de energía.
Un modelo para observar es el finlandés, en donde muchos de los proyectos nucleares se impulsan mediante cooperativas o “mankalas” donde los socios se hacen cargo de los costos y obtienen la electricidad de manera proporcional a su participación accionaria. La cooperativa no persigue un beneficio económico, sino que el objeto es producir energía a precios accesibles para los socios.
La empresa finlandesa TVO, la mayor productora de electricidad en su país, es un consorcio conformado por empresas de diversas actividades (muchas vinculadas a la producción de pasta de celulosa para papel) y más de 100 municipios que son dueños en parte de la energía que produce la central nuclear finlandesa de Olkiluoto. Las industrias con alta demanda de capacidad energética lo necesitan, y los usuarios residenciales se benefician por los menores precios y el suministro constante.
Por otro lado, para generar 1.000 MW de energía eléctrica, un reactor SMR requeriría menos del 1% del área de ocupación de tierra que necesitan para generar esa misma potencia las energías renovables tales como la de biomasa, eólica, solar e hidroeléctrica.
Inmediatamente surge la posibilidad de maximizar las oportunidades para otros usos beneficiosos de esos espacios “libres” como por ejemplo la mayor cantidad de tierra para la protección de hábitats críticos de flora y fauna, para viviendas y la recreación de las personas, o incluso por el mero valor estético. En el caso de la energía eólica concretamente, se evitarían los tipos de infraestructura física que podrían alterar los patrones de las aves migratorias o los ciclos de vida de los organismos que habitan en el fondo del océano.
El modelo SMR en Argentina
Corría 1984 cuando el proyecto Carem 25 fue expuesto por primera vez en un congreso de la industria nuclear celebrado en Perú, como alternativa a las grandes y muy costosas centrales nucleares de potencia, y ante la necesidad de encontrar una opción diversa al gas natural.
En ese entonces, una pequeña delegación de la Dirección de Centrales Nucleares de la CNEA presentó como precedente del Carem a un reactor alemán, el Otto Hahn, de 38 MW, instalado en la cubierta de un barco carguero de igual nombre que, entre 1970 y 1972, logró navegar más de 460.000 km. sin recargar combustible, utilizando únicamente como propulsor 22 kg. de uranio. En dicho viaje se transportaba fosfatos fertilizantes, otras cargas a granel y pocos pasajeros.
Una curiosidad: Otto Hahn fue Premio Nobel en 1944 por haber descubierto la fisión del uranio y del torio y tuvo como discípulo al radioquímico Walter Seelmann Eggebert, quien vivió en Argentina entre 1949 y 1955, desarrollando parte de su profesión en la recién creada Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Una de sus tareas fue elaborar, junto a varios ingenieros nucleares de la institución, los primeros esbozos de un reactor nuclear de tipo modular.
En 2011 se inicia, en el predio de Complejo Nuclear Atucha, ubicado en Lima (Provincia de Buenos Aires), la excavación del pozo para los cimientos para instalar el primer SMR argentino, pero es recién en 2014 cuando empieza la obra civil propiamente dicha.
En 2016 el plan nuclear argentino, incluido el proyecto Carem, sufrió una paralización muy importante por falta de presupuesto. En la actualidad, la administración nacional ratificó el carácter de proyecto estratégico del desarrollo del sector y la construcción del primer reactor Carem, pero la pandemia impuso postergaciones que dilatan el proceso de construcción.
Allí se levanta la primera central nuclear diseñada enteramente en Argentina, con un concepto modular que implica que la mayor parte de los equipos y componentes se construyen en talleres de empresas nacionales bajo altos estándares de calidad internacional, facilitando así dicho proceso y acortando los tiempos de montaje, con la posibilidad de localizar un grupo de reactores en un solo sitio.
Hasta agosto 2020, con el 60% de la obra civil culminada, la Comisión Nacional de Energía Atómica era la responsable del control de los materiales y de la construcción de dicha obra. A partir de esa fecha la construcción del Carem 25 continúa con Nucleoeléctrica Argentina S.A. como contratista.
Esta central pertenece al segmento de reactores modulares de baja y media potencia (SMR, por sus siglas en inglés), y es una variante de los llamados PWR (Pressurized Water Reactor, o reactores de agua presurizada), que representan la mayoría de los reactores nucleares en operación en el mundo. Pero su diseño e ingeniería presentan aspectos de construcción, operación y mantenimiento mucho más simplificado que los grandes reactores.
El Carem consiste en un reactor integrado, con un único recipiente de presión, donde los sistemas de seguridad son pasivos, ya que se accionan automáticamente por las leyes de la física y sin necesidad de alimentación eléctrica, y no se utilizan bombas para la circulación del líquido refrigerante.
Su mayor proyección, con una generación de 32 MW, es la de abastecer de energía a poblaciones de hasta 120.000 habitantes alejadas de los grandes centros urbanos o la de proveer a polos fabriles con alto consumo de electricidad. Esto permitiría la aparición de redes potencialmente independientes al Sistema Interconectado Nacional, con implicancias económicas aún no determinadas por encontrarse en etapa de desarrollo.
Además, ofrecerá otras prestaciones, como la desalinización del agua, convirtiéndola en agua potable, o la provisión de vapor para usos industriales.
El requerimiento por parte de la provincia de Formosa para albergar al primer de los reactores comerciales del Carem trajo discusiones y pedidos de información por parte del Paraguay. Con la futura instalación de este sistema la provincia puede acceder al mapa nuclear nacional con acuerdos para la construcción de un centro de medicina nuclear y la nueva planta de procesamiento de dióxido de uranio, Dioxitek (actualmente en Córdoba), además de mejoras en la salud pública y en el desarrollo tecnológico regional.
La energía nuclear provoca pasiones encontradas, pero, al final del día, toda la responsabilidad de promover y sostener la actividad nuclear recae sobre el gobierno de turno con el riesgo de que el que continúe no haga lo mismo.
Queda entonces formularse la obligada pregunta: ¿Conviene optar por tecnologías desconocidas para técnicos y profesionales nacionales, como son las que ofrecen aplicar China (Hualong One) y Rusia (VVER-1000) en la Argentina, cuando se puede desarrollar un modelo de generación federal con tecnología nacional?
Laura Canale Abogada especializada en derecho ambiental
Nota de AgendAR: Notamos que la abogada Canale se refiere al prototipo del CAREM, de 32MWe, como si se tratara de la central comercial. Supusimos que nuestros lectores se encargarían de subrayar el equívoco. Y efectivamente, el ingeniero nuclear Carlos Gil Posadas, de la Gerencia CAREM de la CNEA, nos escribe lo siguiente: «La central CAREM comercial fue diseñada con 4 módulos de 120 MWe para generar, como mínimo, 480 MWe. No es una central de 120 MWe ni otra aún más chica, y por una cuestión de costos. El costo por kW instalado es bastante más caro para un CAREM de 120 que para uno de 480, y lo mismo el LCOE. «Canale dice: ‘Su mayor proyección (la del CAREM) con una generación de 32 MW es la de abastecer a poblaciones de hasta 120.000 habitantes alejadas de los grandes centros urbanos». Esto es impracticable por el costo del kW instalado. «El reactor de 32 MWe es un prototipo para testear la tecnología, nada más. Hay que tener un diseño estandarizado para bajar costos». Nos interesa la opinión de Gil Posadas porque trabajó dos décadas en el programa nuclear de Sudáfrica, país periférico como el nuestro pero -también como el nuestro- con un importante desarrollo propio de tecnología nuclear. Gil Posadas se puede imaginar un módulo de 120 MW del CAREM trabajando aislado de la red eléctrica en un sitio inaccesible pero de alta demanda eléctrica, como una industria electrointensiva, pero cree que el producto estándar es un reactor mediano de 4 módulos, conectado a la red nacional, y compitiendo mano a mano con todo otro tipo de máquinas (desde parques eólicos a otras centrales nucleares) por el costo nivelado de la electricidad, y ganándoles por goleada por la seguridad operativa, la disponibilidad 24×7, la bajísima huella de carbono, el escaso impacto paisajístico, etc. El target del CAREM -y coincidimos con Gil Posadas- no es un producto extraordinario para ubicaciones extraordinarias. Puede serlo, por supuesto. Pero básicamente es un producto innovador, mejor, más barato, más fácil de terminarse rápido y más seguro en ubicaciones comunes. Lo interesante de tener un prototipo tan chico, de 32 MWe, y un diseño industrial de 4 módulos que comparten 2 turbinas, es que la decisión final sobre qué se lleva cada cliente la tendrá cada cliente. No es una oferta rígida. Pero es una oferta industrial. El director del Organismo Internacional de Energía Atómica de las Naciones Unidas es el Dr. Rafael Grossi, argentino, y le tiene mucha fe al proyecto. Nos acaba de escribir: «Si ponen el prototipo a funcionar, tienen 4 o 5 clientes en una semana». Añade: «Lo sé porque siento y escucho la demanda de muchos países en desarrollo por un reactor así».La economía post pandemia, el bitcoin y las burbujas
Aníbal Kohan es egresado del Nacional Buenos Aires, graduado en Economía Política de la Universidad Nacional de Buenos Aires, autor de «¡A LAS CALLES! UNA HISTORIA DE LOS MOVIMIENTOS PIQUETEROS Y CACEROLEROS DE LOS ’90 AL 2002«, y también músico y cantautor, en su grupo Santa Revuelta. Y esas son sólo algunas de sus aficiones.
A través de un amigo común, nos hizo llegar esta nota a principios de febrero. Pero por esas cosas que pasan en los portales (¿gremlins?) quedó archivada en algún disco rígido.
Creemos que este accidente aumenta el interés del artículo, porque más de 4 meses después, vemos algunas de sus predicciones en marcha. Eso sí, no estamos seguros de una de ellas: que la burbuja de las criptomonedas se pinche por completo, si es que lo hace. Por razones que comentamos en otra nota reciente.
Alerta de burbujas y de su estallido en la postpandemia. Pero tal vez de la madre de todas las burbujas. El 10 de este mes, Cristina Criddle, especialista en TICs de BBC News, advirtió que “la minería de Bitcoins” (aclaraciones, después) hoy consume más electricidad que la Argentina. Y efectivamente, su gráfico indica que los complejos sistemas de verificación de esa divisa virtual acaban de superar los alrededor de 120 Teravatios/hora que consume la Argentina, y ahora sigue creciendo: si Bitcoin fuera un país, dentro de unos días estará bebiéndose entero el equivalente del consumo eléctrico de Noruega, y luego el de Ucrania. ¿Qué descalabros podrá dejar el estallido de esta burbuja, en la postpandemia?
Bitcoin es un caso extremo de otras burbujas, básicamente bursátiles pero incluso inmobiliarias, que se van inflando a contramano de la recesión casi mundial (China se siente exceptuada de todo bajón).
Los economistas prestamos atención a lo que se mueve a contracorriente de bienes y servicios reales, o sea: dinero, activos de refugio de valor, etc. En una caída casi vertical de la economía real, lo que se debe es pisar el acelerador del gasto público y de la emisión monetaria –o sea de la depreciación de dinero y bonos– para generar trabajo, desprenderse de los billetes, y consumir e invertir. Esto hoy lo hace –por fuerza ahorcan- hasta los gobiernos más conservadores y enemigos de la emisión.
Pero la actual depresión económica ha sido causada por una pandemia mundial, agravada por distintas e intermitentes cuarentenas. Y a diferencia de otras ocasiones, la enorme emisión de los gobiernos en 2020 fue poco keynesiana: no estuvo destinada a que la gente trabaje, consuma e invierta más, sino a lo contrario: a que se quede en casa y minimice contagios y muertes.
Para la lógica económica, eso es pisar a fondo el acelerador pero a la vez clavar frenos. Pero la lógica económica es parte y no toda la lógica de una sociedad, que en este caso ha priorizado criterios sanitarios.
Con el dinero recién impreso, y equivalentes de IFEs y ATPs criollos, distintos gobiernos pagaron bienes y servicios “esenciales” de la parte de la sociedad que se mantuvo trabajando. Pero quienes dentro de esta parte ahorraron, no tienen cómo dar salida a ese dinero en turismo, viajes, teatros, restoranes… ni reinvertir en emprendimientos inmediatos.
El dinero es un gran invento para mediar en intercambio de bienes y servicios. Funciona como una buena llave francesa en un taller mecánico: algo inespecífico para usar en casi todo. Y es no sólo esperable sino bueno que ese instrumento se desgaste en su trabajo: Keynes veía bien una inflación anual del 5%. No objetaba en absoluto el depreciar la herramienta de intercambio, aunque teniendo cortos a los financistas para que, precisamente, no fabricaran burbujas alcistas con, luego, corridas bajistas.
Sin embargo en los países que han debido emitir mucho, la gente ahora está queriendo escaparle al dinero, previendo acertadamente inflaciones fuertes. En EEUU, Trump imprimió cantidades inéditas de dólares (en vano, al menos según sus intereses). Le pasó lo mismo que a la parva de dólares inyectada por Macri en nuestro país vía endeudamiento: tampoco logró su reelección.
La consecuente devaluación yanqui está en marcha, ya causó aumentos de precios internacionales de los granos. Peor aún, cuando termine la pandemia, además de restartear su economía interna con inflación, el sistema financiero estadounidense desparramará cientos de miles de millones de dólares por el mundo.
Aunque Biden es más afín que Trump al sector financiero, es poco probable que inicialmente aumente las tasas de interés, porque eso dificultaría la recuperación y el “empleo pleno” (desocupación inferior al 4%), una de sus metas explícitas. De hecho los republicanos ya lo atacan por prometer otra ola de subsidios a parados para que se sigan quedando en sus casas: los muertos acusan a los degollados.
Son buenas noticias para Latinoamérica que contará, si aprovecha, con más dólares para insumos industriales; y para Argentina, que renegociará deuda a tasas bajas en una moneda depreciada. Sí, estimados, convendrá alargar las negociaciones con el FMI.
Habrá dólares que permitan revalorizar el mercado inmobiliario, en caída desde 2018, e incluso más de un tonto confundirá esa crecida con flotación y venderá antes de tiempo. Esperemos que no esté en el poder un gobierno argentino que, nuevamente, re–endeude y dilapide el arribo de divisas, sea como lluvia o sólo llovizna, en fugas y turismo exterior.
Quienes hoy tienen dólares sobrantes en EEUU están locos por gastarlos antes de que la emisión se traslade a precios. Pero mientras la pandemia dure no pueden. Eso origina comportamientos frenéticos, como las burbujas actuales a contramano de la economía real en Wall Street. Por eso también se reactivaron las criptomonedas.
Prometí aclarar por qué la criptomoneda fundadora, el Bitcoin, gasta tanta energía eléctrica. Michel Rauchs, investigador del The Cambridge Centre for Alternative Finance, dependiente de la Universidad de Cambridge, lo explica como algo tecnológicamente inmodificable:
La llamada “minería” del Bitcoin usa computadoras, generalmente especializadas, conectadas a la red de esta criptomoneda. Su finalidad: verificar mediante cuestionarios y adivinanzas que las compraventas de Bitcoins las hagan personas reales. Es un obstáculo a quienes quieran piratear en su favor las actas de transacción.
Eso genera una profesión: los “mineros” reciben pequeñas comisiones ocasionales en Bitcoins, en lo que se describe como una lotería. Para aumentar sus ingresos por minería, hay gente que llena hangares enteros de computadoras conectadas a la red Bitcoin 24×7, completando los cuestionarios de verificación.
El equipo de finanzas alternativas de la Universidad de Cambridge, usando distintas eficiencias de “minado” y un precio promedio nivelado de 5 centavos de dólar por kilovatio hora, llegó a la conclusión de que estos hangares consumen tanta electricidad como la Argentina, y contando. Rauchs prevé más consumo, y por ende quema de combustibles fósiles para sostenerlo, y denuesta de tipos como Elon Musk, el dueño de Tesla Motors, quien milita a favor –dice- de la economía real y contra –también dice- del recalentamiento climático. Musk valorizó el Bitcoin de tres modos: recomendándolo por Twitter como inversión apalancada, comprando U$ 1500 millones y aceptándolo como pago por sus autos eléctricos.
Detrás de los millones de inversores que corren adonde los guíe este tecnogurú New Age, se ve una búsqueda desesperada de compraventa de esas entelequias: toma de ganancias de unos a costa de pérdidas de otros, porque por el momento nadie puede revalorizar con solidez sus activos reales. El toquillo comprado por Musk sigue subiendo sin techo aparente.
Aclaraciones: no se trata de un problema de “capitalismo” en general. Se trata de un sector “esencial” valorizado que debe sostener a otro sector “no esencial”, y éste último resulta económicamente un lastre.
La arrogancia de “el campo argentino” en esta época, en la que un cultivador de hortalizas resulta más esencial que un equipo de mecánicos aeronáuticos, es parte de ese paquete. Por eso Alberto Fernández debió recular con amargura su pretensión de no exportar el 28% del maíz, algo que hubiera evitado la actual suba en carnes de pollo y cerdo. En los ’60 el dictador Juan Carlos Onganía, jamás cuestionado por la Sociedad Rural Argentina, atajó el precio interno de la carne vacuna poniendo cupo a su exportación. Nadie chistó.
Tras la pandemia ¿qué ruta seguirán los saldos de dinero hoy ocioso? Turismo -> aerolíneas y hoteles, gastronomía en primer lugar; seguidos por espectáculos y producciones artísticas, más las ramas industriales que esas actividades traccionan: transportes de personas, autopartes, combustibles, video, sonido, etc. Habrá reactivación en forma porque los salarios reales han caído, la inflación forzará a invertir y los gobiernos no querrán inicialmente contenerla, deseosos de reducir el desempleo y la pobreza.
Las inflaciones serán efecto posterior e inevitable de las cuarentenas. Todos los gobiernos, sin importar de qué persuasión económica, emiten alegremente y dejan crecer rampas bursátiles o las mucho más impresentables criptomonedas. Estas burbujas no pueden no estallar.
Cuando suceda, los neoliberales hoy destronados acusarán a quienes no son de su lana de haber desmanejado la economía, cuando sencillamente, a veces bien, a veces mal, sencillamente mitigaban el impacto de la pandemia, como todo el planeta. No faltarán quienes les crean.
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«PANDEMIA Y MÁS ALLÁ, LA INUNDACIÓN
Alerta de burbujas y de su estallido en la postpandemia. Pero tal vez de la madre de todas las burbujas. El 10 de este mes, Cristina Criddle, especialista en TICs de BBC News, advirtió que “la minería de Bitcoins” (aclaraciones, después) hoy consume más electricidad que la Argentina. Y efectivamente, su gráfico indica que los complejos sistemas de verificación de esa divisa virtual acaban de superar los alrededor de 120 Teravatios/hora que consume la Argentina, y ahora sigue creciendo: si Bitcoin fuera un país, dentro de unos días estará bebiéndose entero el equivalente del consumo eléctrico de Noruega, y luego el de Ucrania. ¿Qué descalabros podrá dejar el estallido de esta burbuja, en la postpandemia?
Bitcoin es un caso extremo de otras burbujas, básicamente bursátiles pero incluso inmobiliarias, que se van inflando a contramano de la recesión casi mundial (China se siente exceptuada de todo bajón).
Los economistas prestamos atención a lo que se mueve a contracorriente de bienes y servicios reales, o sea: dinero, activos de refugio de valor, etc. En una caída casi vertical de la economía real, lo que se debe es pisar el acelerador del gasto público y de la emisión monetaria –o sea de la depreciación de dinero y bonos– para generar trabajo, desprenderse de los billetes, y consumir e invertir. Esto hoy lo hace –por fuerza ahorcan- hasta los gobiernos más conservadores y enemigos de la emisión.
Pero la actual depresión económica ha sido causada por una pandemia mundial, agravada por distintas e intermitentes cuarentenas. Y a diferencia de otras ocasiones, la enorme emisión de los gobiernos en 2020 fue poco keynesiana: no estuvo destinada a que la gente trabaje, consuma e invierta más, sino a lo contrario: a que se quede en casa y minimice contagios y muertes.
Para la lógica económica, eso es pisar a fondo el acelerador pero a la vez clavar frenos. Pero la lógica económica es parte y no toda la lógica de una sociedad, que en este caso ha priorizado criterios sanitarios.
Con el dinero recién impreso, y equivalentes de IFEs y ATPs criollos, distintos gobiernos pagaron bienes y servicios “esenciales” de la parte de la sociedad que se mantuvo trabajando. Pero quienes dentro de esta parte ahorraron, no tienen cómo dar salida a ese dinero en turismo, viajes, teatros, restoranes… ni reinvertir en emprendimientos inmediatos.
El dinero es un gran invento para mediar en intercambio de bienes y servicios. Funciona como una buena llave francesa en un taller mecánico: algo inespecífico para usar en casi todo. Y es no sólo esperable sino bueno que ese instrumento se desgaste en su trabajo: Keynes veía bien una inflación anual del 5%. No objetaba en absoluto el depreciar la herramienta de intercambio, aunque teniendo cortos a los financistas para que, precisamente, no fabricaran burbujas alcistas con, luego, corridas bajistas.
Sin embargo en los países que han debido emitir mucho, la gente ahora está queriendo escaparle al dinero, previendo acertadamente inflaciones fuertes. En EEUU, Trump imprimió cantidades inéditas de dólares (en vano, al menos según sus intereses). Le pasó lo mismo que a la parva de dólares inyectada por Macri en nuestro país vía endeudamiento: tampoco logró su reelección.
La consecuente devaluación yanqui está en marcha, ya causó aumentos de precios internacionales de los granos. Peor aún, cuando termine la pandemia, además de restartear su economía interna con inflación, el sistema financiero estadounidense desparramará cientos de miles de millones de dólares por el mundo.
Aunque Biden es más afín que Trump al sector financiero, es poco probable que inicialmente aumente las tasas de interés, porque eso dificultaría la recuperación y el “empleo pleno” (desocupación inferior al 4%), una de sus metas explícitas. De hecho los republicanos ya lo atacan por prometer otra ola de subsidios a parados para que se sigan quedando en sus casas: los muertos acusan a los degollados.
Son buenas noticias para Latinoamérica que contará, si aprovecha, con más dólares para insumos industriales; y para Argentina, que renegociará deuda a tasas bajas en una moneda depreciada. Sí, estimados, convendrá alargar las negociaciones con el FMI.
Habrá dólares que permitan revalorizar el mercado inmobiliario, en caída desde 2018, e incluso más de un tonto confundirá esa crecida con flotación y venderá antes de tiempo. Esperemos que no esté en el poder un gobierno argentino que, nuevamente, re–endeude y dilapide el arribo de divisas, sea como lluvia o sólo llovizna, en fugas y turismo exterior.
Quienes hoy tienen dólares sobrantes en EEUU están locos por gastarlos antes de que la emisión se traslade a precios. Pero mientras la pandemia dure no pueden. Eso origina comportamientos frenéticos, como las burbujas actuales a contramano de la economía real en Wall Street. Por eso también se reactivaron las criptomonedas.
Prometí aclarar por qué la criptomoneda fundadora, el Bitcoin, gasta tanta energía eléctrica. Michel Rauchs, investigador del The Cambridge Centre for Alternative Finance, dependiente de la Universidad de Cambridge, lo explica como algo tecnológicamente inmodificable:
La llamada “minería” del Bitcoin usa computadoras, generalmente especializadas, conectadas a la red de esta criptomoneda. Su finalidad: verificar mediante cuestionarios y adivinanzas que las compraventas de Bitcoins las hagan personas reales. Es un obstáculo a quienes quieran piratear en su favor las actas de transacción.
Eso genera una profesión: los “mineros” reciben pequeñas comisiones ocasionales en Bitcoins, en lo que se describe como una lotería. Para aumentar sus ingresos por minería, hay gente que llena hangares enteros de computadoras conectadas a la red Bitcoin 24×7, completando los cuestionarios de verificación.
El equipo de finanzas alternativas de la Universidad de Cambridge, usando distintas eficiencias de “minado” y un precio promedio nivelado de 5 centavos de dólar por kilovatio hora, llegó a la conclusión de que estos hangares consumen tanta electricidad como la Argentina, y contando. Rauchs prevé más consumo, y por ende quema de combustibles fósiles para sostenerlo, y denuesta de tipos como Elon Musk, el dueño de Tesla Motors, quien milita a favor –dice- de la economía real y contra –también dice- del recalentamiento climático. Musk valorizó el Bitcoin de tres modos: recomendándolo por Twitter como inversión apalancada, comprando U$ 1500 millones y aceptándolo como pago por sus autos eléctricos.
Detrás de los millones de inversores que corren adonde los guíe este tecnogurú New Age, se ve una búsqueda desesperada de compraventa de esas entelequias: toma de ganancias de unos a costa de pérdidas de otros, porque por el momento nadie puede revalorizar con solidez sus activos reales. El toquillo comprado por Musk sigue subiendo sin techo aparente.
Aclaraciones: no se trata de un problema de “capitalismo” en general. Se trata de un sector “esencial” valorizado que debe sostener a otro sector “no esencial”, y éste último resulta económicamente un lastre.
La arrogancia de “el campo argentino” en esta época, en la que un cultivador de hortalizas resulta más esencial que un equipo de mecánicos aeronáuticos, es parte de ese paquete. Por eso Alberto Fernández debió recular con amargura su pretensión de no exportar el 28% del maíz, algo que hubiera evitado la actual suba en carnes de pollo y cerdo. En los ’60 el dictador Juan Carlos Onganía, jamás cuestionado por la Sociedad Rural Argentina, atajó el precio interno de la carne vacuna poniendo cupo a su exportación. Nadie chistó.
Tras la pandemia ¿qué ruta seguirán los saldos de dinero hoy ocioso? Turismo -> aerolíneas y hoteles, gastronomía en primer lugar; seguidos por espectáculos y producciones artísticas, más las ramas industriales que esas actividades traccionan: transportes de personas, autopartes, combustibles, video, sonido, etc. Habrá reactivación en forma porque los salarios reales han caído, la inflación forzará a invertir y los gobiernos no querrán inicialmente contenerla, deseosos de reducir el desempleo y la pobreza.
Las inflaciones serán efecto posterior e inevitable de las cuarentenas. Todos los gobiernos, sin importar de qué persuasión económica, emiten alegremente y dejan crecer rampas bursátiles o las mucho más impresentables criptomonedas. Estas burbujas no pueden no estallar.
Cuando suceda, los neoliberales hoy destronados acusarán a quienes no son de su lana de haber desmanejado la economía, cuando sencillamente, a veces bien, a veces mal, sencillamente mitigaban el impacto de la pandemia, como todo el planeta. No faltarán quienes les crean.
Aníbal Kohan
Wall Street Journal «América del Sur es ahora el foco global de la pandemia»
Según el diario estadounidense The Wall Street Journal, la tasa de decesos diarios en Suramérica excede ocho veces a la tasa mundial. La región ya es de hecho el foco más importante de la pandemia.
Un informe elaborado por ese diario afirma que, de los 10 países con más alta taza de defunciones diarias por el coronavirus, 7 están en esta región. Entre los 12 países en los que está dividida políticamente la región meridional de América suman 970.722 decesos por la pandemia, más de un cuarto de los registrados a nivel mundial (3.868.790, según la Universidad Johns Hopkins). En cuanto a los casos registrados, los 31.615.256 de las 12 naciones suramericanas representan un poco más de la quinta parte con respecto a la cifra global (178.635.836). Según el diario estadounidense, la tasa de decesos diarios en Suramérica excede ocho veces a la mundial. En todo el continente se cuentan hasta la fecha 70.815.310 infecciones y 1.861.798 defunciones, de acuerdo con las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).Las muertes en Brasil, Argentina, Colombia y Paraguay
En Brasil, que el 20 de junio sobrepasó la cifra de los 500.000 decesos y en el que en promedio mueren cerca de 2.000 personas por día, se dan -según The Wall Street Journal– cinco veces más defunciones diarias por COVID-19 que en India, país que hace algunas semanas acaparaba los titulares. Al presidente brasileño, Jair Bolsonaro, no le hizo mucha gracia este lunes que la prensa le preguntara por las 500.000 víctimas mortales que ha dejado el virus en su país y espetó un «lamento todas las muertes». Brasil roza ya los 18 millones de casos de COVID-19, tras sumar 39.903 contagios en las últimas 24 horas, informaron ayer lunes fuentes oficiales. Otro de los datos sobresalientes que entrega The Wall Street Journal en su informe es que Argentina y Colombia, con cerca de 95 millones de habitantes sumados, están superando en tres veces los decesos cada 24 horas en toda África. En Argentina, donde el Gobierno del peronista Alberto Fernández ha tenido que implementar duras restricciones después de que el 27 de mayo se presentaran 41.080 casos, registró la semana anterior un promedio de 529 muertes diarias. Por su parte, en Colombia, donde ya se rebasaron los 100.000 decesos, los siete días anteriores arrojaron una media trágica de 594 defunciones, según la Universidad Johns Hopkins. El artículo del principal diario financiero mundial también detalla que Paraguay, con cerca de 7 millones de habitantes, 406.220 casos y 11.633 decesos por el coronavirus, registra 19 veces más muertes per cápita diariamente que Estados Unidos, lo que lo hace el número uno a nivel mundial en esa estadística. Este lunes, las autoridades paraguayas comenzaron la vacunación de las personas adultas de más de 50 años, en una nueva extensión de una campaña de inmunización que busca alcanzar a 4,7 millones de habitantes. Por su parte, el Gobierno de Estados Unidos, que se aseguró una cantidad enorme de vacunas de diferentes laboratorios para inocular a su población contra el COVID-19, donará más de 14 millones de dosis a una veintena de países de Latinoamérica y el Caribe, la mayoría a través del mecanismo COVAX de la OMS. Esas dosis llegarán a Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Ecuador, Guatemala, Honduras, Haití, Perú, Paraguay, Panamá, Uruguay y otros países de la Comunidad del Caribe (CARICOM). En tanto, la falta de planificación y de orden estaría conspirando en contra de la vacunación en Venezuela, país al que algunas organizaciones y expertos señalan de poco transparente en cuanto a las cifras que otorga sobre el impacto del coronavirus. El director de la ONG Médicos Unidos de Venezuela (MUV), Jorge Lorenzo, denunció que hay una «anarquía» en la programación de la vacunación contra el COVID-19. (Hemos reproducido la versión en castellano por la agencia alemana Deutsche Welle del original en inglés. Sólo agregamos que nos llama la atención que se omitiera mencionar la situación en Chile. Donde, pese a una importante campaña de vacunación, la pandemia también golpea con fuerza).Llegan dosis de AstraZeneca y Sinopharm y el ritmo de la vacunación se mantiene
Ayer lunes 21 a las 9:50 arribaron al aeropuerto de Ezeiza 1.139.000 vacunas AstraZeneca en un Boeing 767, de Latam Cargo Colombia. El principio activo había sido producido por la empresa mAbxience en la provincia de Buenos Aires. El proceso de envasado final de este lote se hizo en la planta AMRI de Albuquerque, EE.UU.
Con este cargamento, nuestro país ya recibió 21.806.145 dosis de las distintas vacunas contra la Covid-19 desde diciembre. Además, esta prevista la llegade desde China entre hoy y mañana de otros dos millones de dosis de la vacuna del laboratorio Sinopharm transportadas en dos vuelos especiales de Aerolíneas Argentinas y en otro vuelo comercial de Qatar Airways. Hasta el domingo, Argentina había recibido un total de 20.677.145 vacunas, distribuidas de la siguiente manera, según laboratorio y componente: 9.415.745 corresponden a Sputnik V (7.875.585 del componente 1 y 1.540.160 del componente 2) 4.737.400 AstraZeneca (principio producido por Mabxience en la Argentina) 4.000.000 Sinopharm 1.944.000 AstraZeneca (mecanismo COVAX) 580.000 AstraZeneca (Covishield)Costos ambientales de la energía solar
Nicolás Deza aclara que el trabajo fue difundido por Harvard Business Review, y puede consultarse (el original, en inglés) aquí. Atención: Esta breve nota no es un cuestionamiento de AgendAR a la energía solar. Lo que hemos hecho con insistencia es recordar que, por su misma naturaleza, no puede ser la única fuente de energía en ningún sitio: depende de la presencia del sol; necesita otra fuente «de base», que pueda aportar sin interrupciones a la red. Por lo menos, hasta que sea posible almacenar electricidad en forma mucho más eficiente que con las baterías o los otros métodos actuales. Entonces, esta nota es un recordatorio de un hecho básico, pero que se omite en mucha literatura promocional: todas las fuentes de energía, incluso las renovables, tienen costos ambientales. Que deben ser tenidos en cuenta al planificar. No hay magia.El informe que Harvard acaba de publicar sobre basura generada por el descarte anticipado de paneles solares hará ruido. Según el modelo empleado, en 2035 "los paneles desechados superarían las unidades nuevas vendidas en 2,56 veces". El debate: quién/cómo se paga el reciclaje?
— Nicolás Deza (@NicolasDeza) June 21, 2021
Habla Martín Guzmán sobre inflación e impuestos
«Están dadas las condiciones para que, con algunos vaivenes, la inflación se vaya reduciendo». Bajo la consigna «Tranquilizar la economía» (y a los empresarios), el ministro de Economía, Martín Guzmán, habló con los representantes más influyentes del sector empresarial del país, con un discurso fiel a su estilo conciliador.
(El título que elegimos en AgendAR puede parecer demasiado corto y general. Después de todo, una parte muy importante de la tarea de nuestro ministro de Economía es hablar con gobiernos, instituciones, acreedores e inversores del exterior. Pero, tal vez por eso mismo, en los últimos meses le quedó poco tiempo para explicar sus políticas entre nosotros. Es cierto que en esta ocasión el tema principal de su discurso fue la inflación, que no es el único tema de una política económica. Ni siquiera el principal. PERO, es el problema que, si no se soluciona o al menos controla, termina derrotando a cualquier política económica. Reproducimos entonces este resumen -hecho por una periodista bien predispuesta hacia el ministro, de una charla que dio ante directivos del Consejo Interamericano de Comercio y Producción y de la Unión Industrial Argentina, es decir, los empresarios más poderosos de Argentina.)ooooo
El ministro planteó la visión del Gobierno sobre las problemáticas de la macroeconomía e invitó elegantemente a los empresarios a ser parte de la estrategia contra la suba de precios. Fue durante su participación como orador del evento organizado por el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (CICyP). El encuentro generó especial expectativa por dos puntos centrales: por un lado, lo organizaba la entidad empresaria que encabeza el flamante presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Daniel Funes de Rioja, que se manifestó públicamente en contra de muchas medidas vinculadas a la política antiinflacionaria. Además, la disertación fue horas antes de que se conociera el dato de inflación de mayo, que terminó siendo de 3,3%, un nivel aún alto pero desacelerándole con respecto a los últimos meses. En un recorrido por los principales temas de la agenda económica, el «profesional notable en términos académicos cuyos antecedentes le dan prestigio a todo el país» (de acuerdo a la presentación de Funes de Rioja) realizó un punto aparte para hablar de la inflación. Recordó que había anticipado que el índice de precios de marzo iba a ser el más alto, pero que iba a ir bajando «y eso ocurrió», aunque admitió que «todavía estamos en niveles por encima de lo que consideramos que macroeconómicamente factible». Atribuyó este fenómeno a la remarcación de precios que tienen más que ver con las expectativas de inflación que con la evolución real de las variables macroeconómicas, como por ejemplo la brecha cambiaria, que con una reducción de 150 a 70 desde octubre hasta hoy, redujo también las expectativas devaluatorias. Guzmán sostuvo que la inflación es un fenómeno multicausal que no se resuelve únicamente con política monetaria e hizo foco en cómo la inercia inflacionaria dificulta el ancla de los precios: «Desde el punto de vista macroeconómico podemos definir un sendero consistente de desinflación. Es decir, explicar cómo generar determinado nivel de divisas para resolver la política cambiaria, o bien la hoja de ruta para atacar la parte fiscal», explicó, para agregar que » las expectativas y la formación de precios sobre la base de ellas son importantes. Ahí se necesita un consenso colectivo. Si remarcamos precios en función de expectativas que no van, es posible que terminemos en un sendero muy alto que no le hace bien a nadie». Después remarcó la conducción responsable por parte de los sindicatos en este punto, y convocó a los empresarios a participar de ese comportamiento: «Acá la cooperación entre todos los actores de la economía, incluyéndolos a ustedes, es fundamental«.
