El Corredor Bioceánico está a 21 metros de unir Brasil y Paraguay

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El Corredor Bioceánico, una de las obras de infraestructura más importantes de Sudamérica, ingresó en una etapa decisiva: el puente que conectará Carmelo Peralta, en Paraguay, con Porto Murtinho, en Brasil, quedó a solo 21 metros de completar su unión estructural sobre el río Paraguay. La obra forma parte de un proyecto regional que busca integrar por vía terrestre a Brasil, Paraguay, Argentina y Chile.

La infraestructura es considerada una pieza central del corredor, ya que permitirá avanzar en una conexión vial de aproximadamente 3.250 kilómetros entre el océano Atlántico y el océano Pacífico. El trazado proyectado parte desde Brasil, atraviesa Paraguay y el norte argentino, y culmina en puertos del norte de Chile, con el objetivo de abrir una nueva ruta logística para el comercio internacional.

El proyecto apunta a mejorar la competitividad de las exportaciones regionales, especialmente de productos agropecuarios, minerales y mercaderías provenientes del centro-oeste brasileño y de otros puntos del Mercosur. Con esta conexión, los países involucrados buscan reducir tiempos de traslado, descongestionar rutas tradicionales y facilitar el acceso a mercados de Asia y Oceanía a través del Pacífico.

Más allá del avance del puente, la plena operatividad del Corredor Bioceánico dependerá también de obras complementarias en rutas, accesos, pasos fronterizos, aduanas y zonas logísticas. Sin embargo, la cercanía de la unión entre ambos extremos del puente representa un hito concreto para la integración regional y para un proyecto que podría modificar el mapa del transporte y el comercio en América del Sur.

RIGI: los proyectos aprobados restarán ingresos fiscales por u$s 1.800 millones al año

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Mientras el gobierno de Javier Milei apuesta a los proyectos del RIGI y el Super RIGI para impulsar la recuperación económica, desde la oposición hacen énfasis en el costo fiscal que tienen los beneficios para las empresas que ingresan al régimen de incentivos, en un contexto en que la recaudación sigue cayendo y el Ejecutivo profundiza la motosierra para sostener el superávit fiscal.

De acuerdo con el diputado nacional Guillermo Michel, extitular de Aduana durante la gestión de Sergio Massa en el Ministerio de Economía, los 13 primeros proyectos que el RIGI aprobó tendrían un costo fiscal equivalente a 0,27 puntos del PBI. Dicho de otro modo, se perderían u$s1.837 millones al año en impuestos no cobrados.

La estimación aún no contempla los últimos dos proyectos aprobados, que llevaron el total de iniciativas ya validadas a 15, según la consultora Paspartú. Así, la resignación de recursos sería aún mayor en términos nominales.

De todas maneras, el informe difundido por la oposición sí calculó que «por cada u$s100.000 millones de inversión, el gasto tributario proyectado es de 1 puntos porcentuales del PBI», lo que pone de manifiesto el esfuerzo fiscal que el gobierno de Milei asume para sostener el esquema de inversiones.

El impacto del Super RIGI

A esa estimación, Michel agregó que si utilizan «los mismos supuestos y considerando la proyección de puestos de trabajo a incorporar» los beneficios adicionales del Super RIGI — que incluye una reducción de Ganancias al 15% y de Contribuciones al 10% — «el gasto tributario proyectado se incrementa a 1,27 punto porcentual del PBI«.

De ese porcentaje se desprende que la pérdida de recursos extra por el Super RIGI equivaldría a u$s8.640 millones por año, aunque el informe elaborado por Michel no puntualiza en esa cifra.

Desde Paspartú explicaron que esta nueva iniciativa apunta a «nuevas industrias que actualmente no se desarrollen en el país o con desarrollo experimental o piloto».

Entre ellas, citaron la industrialización de litio, baterías, hidrógeno «verde», GNL onshore, reactores nucleares modulares, paneles solares, turbinas eólicas, vehículos eléctricos, petroquímica, aeroespacial, uranio, pesca y fertilizantes.

«Se plantea el fomento a las cadenas de producción locales, pero no contiene política de proveedores industriales ni fomento de I+D (Investigación y Desarrollo)», cuestionó la consultora que dirige Juan José Carbajales.

Cuáles son los proyectos aprobados por el RIGI

Los 13 proyectos analizados por Michel suman una inversión por u$s27.210 millones, con los cuáles se proyecta una creación de 36.873 puestos de trabajo. Además, en su conjunto generarían exportaciones por u$s21.006 millones.

Entre los proyectos de mayor importancia se destacan el proyecto de GNL de Southern Energy (u$s15.156 millones), Vaca Muerta Sur —el consorcio liderado por YPF— (u$s2.900 millones) y Rincón de Río Tinto (u$s2.744 millones), además de proyectos mineros como Los Azules de McEwen Copper (u$s2.672 millones) y Diablillos de AbraSilver (u$s764 millones).

Para Paspartú, en el caso petrolero se «habilita proyectos de producción en Vaca Muerta que ya eran rentables sin el RIGI, dado que: están en un sector dinámico, orientados a exportación y que cuentan con infraestructura asociada ya adherida al RIGI (Oil & Gas para ductos, plantas de tratamiento y licuefacción de GNL)».

Por ese motivo, también se cuestionó el «riesgo fiscal» que implica esta decisión, ya que significa «dar beneficios a inversiones que ocurrirían igual». A su vez, también criticó la «ausencia de tope» por Vehículo de Propósito Único — el instrumento jurídico que se inscribe en el RIGI — ante ampliaciones.

El argumento que esgrimen desde el Gobierno, sin embargo, es que tanto para el RIGI, como para el Super RIGIsin incentivos de ese tipo la mayoría de esas inversiones no se radicarían en Argentina, por lo que no tendría sentido calcular la pérdida de ingresos tributarios que de otra manera ni siquiera existirían.

Juan Marcos Pollio

Industria química: «moléculas imposibles»

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Un equipo de científicos del Massachusetts Institute of Technology (MIT) aisla una extraña molécula formada por boro y oxígeno que hasta ahora pertenecía más al terreno de las predicciones teóricas que al de la realidad experimental.

El compuesto en cuestión es un peróxido de boro. Cabe recordar que el oxígeno es extremadamente reactivo. Tanto, que suele “robar” electrones a otros elementos para estabilizarse. El boro, por su parte, también tiene una química peculiar y electrónicamente “incompleta”. Juntar ambos en determinadas configuraciones genera estructuras tan tensas e inestables que los científicos asumían que colapsarían antes siquiera de poder observarlas.

Pese a ello, lo que ha conseguido el equipo del MIT es capturar y estabilizar una de esas estructuras imposibles. Para lograrlo, tuvieron que trabajar a temperaturas extremadamente bajas y utilizar técnicas espectroscópicas avanzadas capaces de detectar moléculas efímeras antes de que se desintegraran.

La importancia del hallazgo, publicado en Nature, no está solo en “haber creado algo raro”. En química, demostrar que una molécula imposible puede existir obliga a revisar modelos teóricos sobre cómo interactúan los electrones y cómo se forman los enlaces químicos. Y eso puede tener consecuencias muy prácticas.

Los compuestos basados en boro son especialmente interesantes en campos como la electrónica avanzada, los materiales ultraligeros, la catálisis industrial o incluso el almacenamiento de energía. El boro tiene propiedades electrónicas poco comunes y aparece en materiales utilizados en semiconductores, superconductores y sistemas resistentes a altas temperaturas.

Además, los peróxidos (moléculas que contienen enlaces oxígeno-oxígeno) desempeñan papeles fundamentales en procesos biológicos, combustión y química atmosférica. Comprender nuevas formas de estabilizarlos podría abrir caminos inesperados para diseñar materiales reactivos más controlables o catalizadores más eficientes.

“Este tipo de moléculas nos ayuda a entender mejor los límites fundamentales del enlace químico – explica Chonghe Zhang, líder del estudio, en un comunicado – Al demostrar que estos compuestos pueden generarse en condiciones controladas, nuestro trabajo abre la puerta a nuevos tipos de química. A largo plazo, estos hallazgos podrían proporcionarnos nuevas y poderosas herramientas para las reacciones de oxidación en síntesis y ciencia de los materiales”.

Precisamente allí está la verdadera relevancia del descubrimiento. La ciencia no avanza solo construyendo tecnologías útiles; también avanza encontrando excepciones: cada vez que aparece una molécula que “no debería existir”, la naturaleza obliga a reescribir un pequeño fragmento de sus propias reglas.

Los «Juegos Olímpicos de los esteroides» y los límites del cuerpo humano

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Los así llamados «Juegos Olímpicos de los esteroides» son los Enhanced Games, una competición polémica que permite a los atletas el uso de sustancias dopantes para mejorar su rendimiento. Su primera edición se celebró el 24 de mayo en Las Vegas, EE.UU., y ha generado un intenso debate global sobre los límites del cuerpo humano y la ética deportiva. Este artículo de Nature encara el tema desde el punto de vista de la ciencia.

Imaginen un evento deportivo de élite que permita, e incluso aliente, a los atletas a usar drogas para mejorar el rendimiento: la idea parece descabellada. Sin embargo, hace una semana se celebraron los primeros «Juegos Mejorados» en Las Vegas, Nevada.

Las organizaciones deportivas han respondido con dureza. El presidente de World Athletics, Sebastian Coe, describió los juegos como «tonterías» y dijo que los atletas serían «cretinos» si se unieran. Travis Tygart, director de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos con sede en Colorado Springs, lo calificó como un «espectáculo peligroso de payasos». Algunos atletas han expresado preocupaciones éticas y de salud.

Los juegos, programados para el 24 de mayo, no rivalizarán con los Juegos Olímpicos en tamaño o espectáculo. Se llevarán a cabo un puñado de eventos de atletismo, natación y fuerza. Las federaciones deportivas no ratificarán ningún posible récord mundial establecido allí.

Sin embargo, los atletas se han inscrito. Como sociólogo que trabaja en el uso de sustancias en deportes y ejercicio, creo que desestimar su interés, o este evento por completo, sería un error.

Muchos, y quizás todos, de los competidores usarán drogas para mejorar el rendimiento. Pero los Juegos Mejorados no están pensados para ser un festival de drogas: solo se permiten sustancias aprobadas por la Administración Federal de Medicamentos de EE. UU. Y los atletas deben cumplir con las leyes federales de EE. UU. y del estado de Nevada. Los participantes contarán con el apoyo de profesionales médicos encargados de minimizar los riesgos y dar el visto bueno a los atletas para competir, aunque escasean los detalles específicos de los planes de reducción de daños del evento. Por ejemplo, no se ha revelado cómo se determinarán las sustancias y dosis apropiadas y, crucialmente, cómo se gestionará la atención posterior al evento y el cese del consumo de sustancias. Esta omisión puede dar la impresión de que las drogas para mejorar el rendimiento son fáciles de usar y dejar, minimizando la compleja atención y los riesgos involucrados.

Aquellos que se preguntan por qué alguien se sentiría tentado por los Juegos Mejorados solo necesitan considerar las vidas de los atletas de élite. Muchos competidores olímpicos trabajan a tiempo completo además de entrenar. Algunos viven por debajo del umbral de pobreza, incluso en naciones como Australia y Estados Unidos, que a menudo se sitúan cerca de la cima de las clasificaciones. Las presiones financieras son un factor de riesgo conocido para el dopaje. Los Juegos Mejorados pagarán a los atletas por competir y darán bonificaciones de hasta 1 millón de dólares estadounidenses por romper un récord mundial.

Los deportes de élite también presentan una serie de riesgos para la salud física y mental de los atletas. Algunos riesgos físicos de los deportes son bien conocidos, como las lesiones musculoesqueléticas agudas. Los impactos repetidos en la cabeza en deportes de contacto como el rugby y el fútbol americano pueden causar enfermedades neurodegenerativas, incluida la encefalopatía traumática crónica, que puede tardar años o décadas en manifestarse. Los deportes competitivos también afectan la salud mental de los atletas. La gimnasta Simone Biles, la tenista Naomi Osaka y el velocista Noah Lyles se encuentran entre quienes han hablado públicamente sobre sus luchas contra la depresión y la ansiedad.

El acceso de los atletas a la atención médica es variable y, a veces, prohibitivamente caro. Y las personas que usan medicamentos o suplementos para tratarse a sí mismas corren el riesgo de dar positivo por algunas sustancias que mejoran el rendimiento.

El dopaje es complejo. Cientos de sustancias están prohibidas, y se añaden nuevas periódicamente. Un sistema diseñado en la década de 1960 para detectar el uso de estimulantes en competiciones —una tarea relativamente sencilla— ahora intenta recoger muestras de atletas de todo el mundo para detectar cada vez más sustancias con una sensibilidad cada vez mayor. Y la aceptación social de sustancias prohibidas, incluidas las hormonas peptídicas, los moduladores selectivos de los receptores de andrógenos y la testosterona, ha cambiado. Algunos son promocionados en las redes sociales por influencers de fitness y bienestar.

Sí creo que se necesita más investigación sobre sustancias prohibidas y regulaciones actualizadas en torno a las drogas para mejorar el rendimiento. Ignorar sus riesgos en última instancia perjudica a los atletas. Pero la comunidad deportiva también debe reflexionar sobre el sistema antidopaje que ha construido.

Creo que el mundo del deporte necesita una organización de integridad que abarque políticas antidopaje, de protección, antibullying y contra la manipulación de partidos. La infraestructura existente de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) podría pasar de un enfoque punitivo a uno de apoyo a los derechos de los atletas y la integridad deportiva.

Esto debe comenzar con la participación inclusiva de atletas de todos los niveles, de todas las edades y con una variedad de antecedentes en el uso de sustancias para mejorar el rendimiento. Como muchas organizaciones deportivas, la estructura de la AMA es principalmente de arriba hacia abajo. Los atletas tienen voz a través de su Consejo de Atletas, pero sus miembros han tenido éxito en su mayoría en el sistema actual. Capturar un espectro más amplio de opiniones de atletas, así como de expertos, funcionarios y aficionados, podría influir en las políticas antidopaje. Estos grupos podrían apoyar más investigación sobre cómo se podría acortar la lista de sustancias prohibidas, o sobre cómo se podría organizar y llevar a cabo mejor el proceso de pruebas. O tal vez no propongan ningún cambio en absoluto. Independientemente de esto, el sistema debería ser liderado por atletas, con aportes de otros.

Queda por ver si los Juegos Mejorados ganarán suficiente impulso e interés para desafiar verdaderamente el panorama deportivo actual. Pero la comunidad deportiva no puede ni debe eludir las conversaciones difíciles sobre la mejora, la integridad y los derechos de los atletas. Afrontar este desafío como una oportunidad podría ser la diferencia entre un sistema estancado en el pasado y uno que evoluciona para satisfacer las necesidades de los atletas.

April Henning

La guerra ahora es por el control del estrecho de Ormuz

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Reflexiones del editor:

El 7 de abril escribía en mi blog personal Irán, Israel y EE.UU.: lecciones de una guerra corta y una tregua caliente: «Esta guerra de 40 días es parte de una mayor, de 47 años. Y, lo importante, no terminó». Así fue, pero los días dejaron ver ganadores y perdedores entre esos 3 países, según sus objetivos.

El objetivo de Irán, el del estado iraní, estaba muy claro, dada la asimetría abrumadora de poder militar: sobrevivir. Y lo consiguió: apoyado en una industria militar modesta pero propia, y, sobre todo, en la cohesión que mantuvo.

El objetivo de Israel es también obvio: debilitar y si es posible destruir la capacidad militar de Irán, una potencia regional que hizo del enfrentamiento con el estado judío una política central. Así, Irán se convirtió en el promotor y financista del «Eje de la Resistencia» en la región. Formado, principalmente, por las comunidades chiitas en Oriente Medio, más los palestinos, sunnitas, pero que no veían a ningún otro país dispuesto a apoyarlos frente a Israel.

En el plano de la capacidad militar iraní, hay un aspecto que Israel considera un peligro existencial, pero que EE.UU. toma en serio: la posibilidad de acceder a armas nucleares. En realidad, a ningún otra potencia le entusiasma la proliferación nuclear…

En lo que hace a los objetivos de Israel: esta «guerra corta» destruyó mucho de las fuerzas armadas de Irán, y bastante de su industria militar. Pero nada que no pueda reemplazar por sí mismo o con la ayuda de discretos aliados. El gobierno israelí no consiguió sus objetivos, hasta ahora.

De EE.UU. no puede decirse esto, porque nunca definió objetivos claros. Salvo, tal vez, alimentar el ego del presidente Trump. Como si lo necesitara.

Esta nueva etapa, que se planteó abiertamente ayer sábado 18, es muy distinta, por el control del Estrecho de Ormuz.

Repasemos, con ayuda de IA, algunos datos geográficos: ese estrecho conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el océano Índico. No es muy grande: su longitud es de unos 167 km. El ancho varía entre 39 km  y 97 km. Tres países tienen costas, y puertos en él: al norte, Irán, y al sur dos países árabes: Omán y Emiratos Árabes Unidos.

No hay otros países con orillas directas en el estrecho. Los puertos de Arabia Saudita, Kuwait o Qatar se encuentran más adentro del Golfo Pérsico y no en las orillas del propio estrecho.

Y es uno de los puntos de estrangulamiento (chokepoint) marítimos más críticos del mundo. Por ahí transitaban, antes del bloqueo, unos 20 millones de barriles de petróleo al día, lo que representa cerca del 20% del consumo global de petróleo y alrededor del 25% del comercio marítimo mundial de petróleo y productos petrolíferos. Además, pasa por allí cerca del 20% del gas natural licuado (GNL) mundial, principalmente desde Qatar.

El bloqueo causa, ya causó en este 2026, subidas bruscas en los precios del petróleo, afectar la inflación global y generar escasez energética, especialmente en Asia (China, India, Japón y Corea del Sur reciben la mayor parte). Además de «daños colaterales»: escasez de fertilizantes, de helio, …

Es decir: el estrecho de Ormuz es una posición geopolítica muy poderosa.

Ahora, Estados Unidos tiene, además del apoyo a Israel, la preocupación por una posible arma nuclear iraní, y la fantasía de Trump sobre una «operación Venezuela» en Medio Oriente, un desafío como Gran Potencia global: ¿puede permitir que Irán controle el arma más potente, por ahora, de guerra económica?

Esta preocupación también la tienen las debilitadas potencias europeas. La misma China, a pesar de su privilegiado acceso a los recursos energéticos de la Federación Rusa, también debe estar analizando la situación, y conversando con su aliado tradicional, Pakistán.

Porque EE.UU. es la única potencia en condiciones de poner un ejército -«botas en el terreno»- para impedir el control iraní del estrecho. Destruir los cañones, drones, misiles que podría usar. Si lo consiguiera, el control real pasará a sus manos.

Si mi evaluación de espectador desde el lejano Sur es correcta, hay un interés decisivo de las otras dos Grandes Potencias y de las potencias regionales en Eurasia en evitar una nueva etapa de esta guerra. Una etapa que supere el nivel de masacre y destrucción que ya se alcanzó.

Abel B. Fernández

El OIEA ayuda a transportar uranio muy enriquecido de Venezuela a EE.UU.

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El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) ha desempeñado un papel clave en el envío eficaz de uranio muy enriquecido (UME) desde Venezuela hasta los Estados Unidos, en una misión conjunta minuciosamente planificada y llevada a cabo en condiciones de estricta seguridad, ya que este material nuclear puede plantear un riesgo de proliferación o una amenaza para la seguridad si cae en las manos equivocadas.

Mediante una operación compleja y de carácter estratégico, los tres países involucrados —los Estados Unidos, el Reino Unido y Venezuela— y el OIEA colaboraron estrechamente para garantizar que la carga de 13 kilogramos de UME se transportara de forma tecnológica y físicamente segura por tierra y mar desde América del Sur hasta América del Norte. 

«Esto ha sido un ejemplo de firme voluntad, coordinación eficaz y dedicación y profesionalidad de todas las partes implicadas», dijo el Director General del OIEA, Rafael Grossi.

«Al trabajar junto a nuestras contrapartes de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear del Departamento de Energía, el Reino Unido, el OIEA y Venezuela, hemos demostrado cómo las alianzas eficaces pueden eliminar los riesgos de proliferación nuclear y mejorar la seguridad nuclear mundial», dijo Christopher T. Yeaw, Subsecretario de la Oficina de Control de Armamento y No Proliferación del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

El uranio —en forma de combustible nuclear enriquecido poco más del 20 % en el isótopo fisible uranio 235— fue transferido desde un reactor de investigación en régimen de parada situado en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), a 15 km al suroeste de la capital (Caracas), hasta el emplazamiento de Savannah River del Departamento de Energía de los Estados Unidos, en Carolina del Sur.

En su condición de centro internacional de cooperación en el ámbito nuclear, el OIEA contribuyó al transporte del combustible desde el reactor RV-1 —que operó durante tres decenios, hasta 1991— proporcionando orientación en materia de seguridad nuclear tecnológica y física, capacitación y conocimientos técnicos especializados. En el marco de su mandato de verificación a escala mundial, el OIEA siguió aplicando salvaguardias al material nuclear durante todo el proceso. 

En los últimos decenios el OIEA ha respaldado los esfuerzos internacionales encaminados a eliminar el UME de los emplazamientos de reactores de investigación en todo el mundo, con el fin de reducir los riesgos de proliferación asociados al uranio enriquecido a altos niveles. 

Durante su vida útil, el reactor venezolano utilizó combustible nuclear que contenía uranio procedente tanto de los Estados Unidos como del Reino Unido. Tras esta misión, ya no queda combustible en el reactor.

El Gobierno de Venezuela solicitó la ayuda del OIEA para transportar este combustible desde el país, y el Gobierno de los Estados Unidos decidió aceptar el material y suministrar un contenedor especial para su envío al emplazamiento de Savannah River, lo que allanó el camino para que la misión de alta seguridad pudiera proceder.

A finales de abril, un convoy nocturno protegido por el ejército venezolano partió del IVIC hacia la ciudad portuaria de Puerto Cabello, donde el contenedor de combustible fue cargado en un barco de bandera británica, que inmediatamente se dirigió hacia los Estados Unidos, donde a principios de mayo llegó a salvo al emplazamiento de Savannah River.

La mayoría de los reactores de investigación se construyeron en los años sesenta y setenta con tecnología que necesitaba UME para realizar experimentos destinados a la investigación científica, pero hoy muchas de estas investigaciones pueden llevarse a cabo con uranio poco enriquecido (UPE), cuya concentración en uranio 235 es inferior al 20 %.

Hasta la fecha, 111 reactores de investigación e instalaciones de producción de isótopos de uso médico han pasado de utilizar UME a utilizar UPE o se ha confirmado que están en régimen de parada, y más de 6930 kilogramos de UME se han repatriado desde decenas de países a su país de origen o han sido objeto de disposición de otro tipo. Los reactores nucleares de potencia, que se utilizan para generar electricidad, funcionan con UPE.

China inauguró el primer data center submarino alimentado con energía eólica marina

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China puso en funcionamiento frente a las costas de Shanghai el primer centro de datos submarino alimentado con energía eólica marina, una infraestructura diseñada para reducir el enorme consumo energético asociado al crecimiento de la inteligencia artificial.

El proyecto fue desarrollado en el Área Especial de Lingang y demandó inversiones cercanas a los u$s226 millones, en medio de la carrera global por construir centros de procesamiento de datos cada vez más eficientes y sustentables.

La iniciativa combina energía renovable, refrigeración natural con agua oceánica y procesamiento intensivo para sistemas de inteligencia artificial y telecomunicaciones.

El centro de datos opera bajo el mar

La instalación fue desplegada directamente dentro de un parque eólico marino frente a Shanghái.

En su interior funcionan módulos submarinos que albergan cerca de 2.000 servidores destinados principalmente al procesamiento de redes 5G y al entrenamiento de modelos de inteligencia artificial.

El proyecto fue impulsado por Shanghai Hailanyun Technology junto con empresas del sector tecnológico y de telecomunicaciones.

China viene acelerando sus desarrollos de inteligencia artificial de código abierto con plataformas como Qwen y DeepSeek, lo que incrementó fuertemente la demanda de infraestructura informática y consumo eléctrico.

Cómo funciona el sistema de refrigeración natural

Uno de los principales objetivos del proyecto es reducir el consumo energético que generan los centros de datos tradicionales.

Para lograrlo, la infraestructura utiliza el agua fría del océano como sistema de refrigeración natural mediante un circuito pasivo que prácticamente no requiere gasto adicional de energía.

Eso permite disminuir significativamente el consumo eléctrico necesario para enfriar los servidores, uno de los principales costos operativos de la industria tecnológica.

Según los desarrolladores, el centro de datos alcanza un índice de eficiencia energética cercano a 1,15, muy por debajo de muchos centros de datos terrestres.

Ahorro energético y menor uso de agua

La compañía aseguró que el diseño permite un ahorro eléctrico estimado del 22,8%.

Además, elimina completamente la necesidad de utilizar agua dulce para refrigeración, uno de los principales cuestionamientos ambientales que enfrentan actualmente los grandes centros de procesamiento vinculados a inteligencia artificial.

La combinación entre energía eólica marina y refrigeración oceánica busca reducir tanto costos operativos como emisiones asociadas al funcionamiento de la infraestructura.

Los desafíos de operar bajo el océano

El despliegue de infraestructura tecnológica submarina también presenta desafíos técnicos importantes.

Entre ellos aparecen la corrosión provocada por el agua salada, las dificultades de mantenimiento y la complejidad de eventuales reparaciones.

Para minimizar esos riesgos, los módulos fueron diseñados para soportar condiciones extremas y cuentan con monitoreo remoto permanente y sistemas frecuentes de respaldo de información.

Tras completar las pruebas iniciales realizadas a comienzos de año, el centro de datos ya opera a plena capacidad.

La carrera energética detrás de la inteligencia artificial

El crecimiento explosivo de la inteligencia artificial comenzó a generar preocupación global por el fuerte aumento del consumo eléctrico de centros de datos.

Empresas tecnológicas y gobiernos vienen explorando alternativas para reducir costos energéticos y limitar el impacto ambiental de estas infraestructuras.

China aparece como uno de los países que más aceleró inversiones en centros de procesamiento vinculados a IA, telecomunicaciones y computación avanzada.

El nuevo proyecto submarino refleja cómo la industria tecnológica empieza a combinar energías renovables, sistemas de refrigeración alternativos y nuevas arquitecturas de infraestructura para sostener la expansión global de la inteligencia artificial.

El programa nuclear argentino celebra su cumpleaños 76, pero no lo invitaron

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No es costumbre de los verdugos celebrar el cumpleaños del condenado. Tampoco brindar con su familia. 

Por ello, este domingo las autoridades nucleares hacen un escueto acto por los 76 años de existencia de la Comisión Nacional de Energía Atómica, CNEA, en el salón de actos de la Sede Central y a puertas cerradas. 

El sanedrín que está desmontando la casa, adentro, y los profesionales, técnicos y laburantes nucleares históricos afuera, en la esquina de Libertador y Ramallo.

No han sido invitados, para su bien. Roma soporta a los saqueadores, pero es Roma. Hasta hoy, los ha sobrevivido. 

Desde el 10 de diciembre de 2023, pronóstico reservado. Apestando a honestidad, intercurrieron las sucesivas cúpulas del “Nuevo Programa Nuclear”, con personajes pintorescos como el mesadinerista Demián Reidel o el picapleitos Federico Ramos Napoli.

Con gente así, la CNEA perdió entre 300 y 474 puestos de trabajo sobre 3647 a la fecha mencionada, dependiendo de las fuentes: el INDEC y los registros sindicales.

El éxodo sobrevino por la pérdida de un 40% del poder de compra del salario nuclear, que sumergió al 92% de sus integrantes bajo la línea de pobreza. 

Pero el mayor disruptor fue la paralización de proyectos estratégicos. Doy sólo dos, pero hay más. 

El reactor RA-10, en construcción en Ezeiza desde hace 12 años, y parado una vez más “porque no hay plata”. 

Uno de los proyectos estratégicos parados es la central de potencia compacta modular CAREM-25, en el predio de las Atuchas, liquidada con un 75% de avance multiaxial. 

Otro es el reactor RA-10 multipropósito de Ezeiza, desfinanciado de muerte con un 85% de avance. Pese a que puede, literalmente, levantarla con la pala. 

Ambas plantas inconclusas están ligadas a autoabastecimiento y exportación. 

El RA-10 puede facturar U$ 90 millones/año en radioisótopos medicinales y silicio irradiado, eso, de movida y contando. Faltan buenos reactores, el RA-10 puede ser el mejor durante al menos durante dos décadas, y la demanda internacional de productos explota. 

La de radioisótopos cerró 2024 en U$ 8900 millones, y va a finalizar 2026 en U$ 10.410 millones. Viene creciendo entre un 8% y un 10,2% anual.

El RA-10 de Ezeiza -muy potente- podría zamparse  del 20 al 30% de ese mercado sin romperse ningún diente. Mal momento para bajarle el 40% del presupuesto a la CNEA. 

Mal momento para frenar la puesta en marcha de una obra casi completa. En sólo dos años, la actual caterva de menguados ya nos costó U$ 1510 millones en lucro cesante. Y de la tuya, lector. 

¿Pero acaso no nos prometió el presidente Javier Milei barrer con “la casta” de científicos y tecnólogos? Prometió de sobra, y cumplió de más. Aunque la barrida, ejercida por personajes con más prontuario que antecedentes, nos viene saliendo cara. 

Es que el CAREM muy exportable como planta nucleoeléctrica. Pero claro, a condición de que se termine y se lo ponga en marcha de una puta vez. 

Aquí se ha hecho un arte el sabotearlo. Por ahora es sólo un modelo de demostración tecnológica inconcluso, apuntando a unos flacos 32 MWe de potencia instalada. 

Atención, chichipíos: el CAREM 32 nunca trató de ser un producto final sino una unidad de testeo, y una vidriera para inversores. 

Como en 1976 lo fue el RA-6 de Bariloche: costó U$ 8 millones, con 0,5 MWt de potencia. Pero esa movida nos hizo vender 7 reactores más en 7 países, como corazón de 9 complejos nucleares. Y cada vez más salados. El PALLAS de Holanda tendrá 55 MWt y a la Argentina le dejan U$ 440 millones. 

El CAREM es un showroom, y desde el vamos. En 1988 Turquía la quiso comprar y sobre planos, a sabiendas de que era chico para el enorme consumo eléctrico turco. 

Ánkara quería ese fierro para algo MUY turco desde hace unos 9500 años, cuando surgió la ciudad-estado de Çatalhöyük, en la meseta de Anatolia. En esas tierras desfilaron 5 grandes imperios: dedicados mayormente a comprar y revender. Y el estado-nación actual continúa. 

La operación fue urdida por el embajador Adolfo “Chinchí” Saracho, nació en los 2 años finales del presidente Raúl Alfonsín. Pero murió saboteada por el presidente Carlos Menem y su Ministro de Relaciones Carnales.

Degollada mil y una veces en la cuna, el CAREM luchó 3 décadas por salir de planos y existir. Pero desde 2024 la obra hoy vegeta, vacía una vez más, mirando el Paraná de las Palmas junto a las Atuchas 1 y 2. By the way, producen la electricidad más barata y confiable del país.

Un CAREM comercial, con 4 módulos y 500 MWe sumando todos, puede venderse por U$ 2000 millones, probablemente más porque la demanda mundial de potencia nuclear está en rampa. Es barato porque la inversión inicial es chica y el recupero es rápido: puede construirse en 4 etapas financiadas “en cascada”: la anterior paga la construcción y puesta en marcha de la siguiente con electricidad. 

La idea nació aquí en 1984. Hoy es una moda mundial. Pero las ideas no se cobran. Los fierros y la tecnología, sí.

Según la Agencia de Energía Nuclear de ese club de ricos, la OCDE, el CAREM viene a ser el cuarto mejor proyecto del mundillo de los SMRs (Small Modular Reactors), medido contra otros 127. 

Sólo está, (bueno, estuvo) precedido por 3 otras plantas de potencia, dos chinas y una rusa. La mayor ventaja de estas sobre el CAREM desde 2023, cuando la OCDE inició sus comparaciones, viene siendo la existencia: ya están funcionando. 

Les faltaron 40 años de sucesivos y reincidentes cretinos, turros, burros, colaboracionistas, vendidos y saboteadores. En tales regímenes como los mentados van en cana, en el mejor de los casos. Aquí se les niega reja o bala, y flotan cual plácidos escíbalos, y tenemos para exportar.

Al CAREM, expertos de la talla del mesadinerista Demián Reidel y el abogado Ramos Napoli lo llamaron invendible, y en nombre de “la honestidad intelectual”. Miralos a los honestos. 

Hay más víctimas del “Nuevo Plan Nuclear Argentino”, que en realidad es yanqui y consiste básicamente en que no tengamos ninguno. 

El lugar donde nos quieren poner es en el de un país que exporte uranio a los EEUU. Un estúpido vendedor de naturaleza cruda. 

Eso, y dejar las rupias, los fierros y la exportación de tecnología jugosa “a los que saben”. Que tanto no saben, porque en cada licitación internacional por reactores los pulverizamos.

Por eso hoy celebramos los 76 años de energía nuclear argentina. Sus verdugos, festejan encerrados en el salón de actos de la CNEA, recién pintado para recibir a la hermana del presidente y sus chupamedias. 

Los laburantes históricos, chupando no medias pero sí frío en la vereda, Libertador esquina Ramallo. Ya veremos quiénes ven pasar la caravana fúnebre de quiénes.

Por ahora, es Milei cumple, Karina dignifica.

Daniel E. Arias

Argentina: desguace nuclear

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En los comienzos fue la CNEA. Creada por el presidente Perón el 30 de mayo de 1950, todo lo que hoy existe en la Argentina relacionado con la industria y la tecnología nuclear emergió como desprendimiento de la Comisión Nacional de Energía Atómica, por su iniciativa e impulso. Los efectos multiplicadores –geopolíticos, productivos, tecnológicos, científicos, culturales– son inabarcables.

En febrero de 2014, la CNEA inició la construcción de una de las apuestas tecnológicas más importantes en la historia argentina. En el predio de la empresa Nucleoeléctrica, en Atucha, se realizó el primer hormigonado del CAREM-25 –prototipo de pequeño reactor nuclear de baja potencia para producir electricidad 100% nacional–, amparado por la Ley 26.566/2009, que lo declara de interés nacional. Este proyecto se propone competir en la carrera de los llamados pequeños reactores modulares (SMR, por sus siglas en inglés). El mercado de los SMR aún no existe, está en proceso acelerado de conformación. Se proyecta una alta demanda de esta familia de reactores en la década siguiente.

De hecho, es probable que se esté incubando una burbuja financiera alrededor del proceso de irrupción de esta nueva tecnología, a juzgar por los más de 120 proyectos declarados alrededor del mundo, de los cuales solo dos están en operación –en China y Rusia–, menos de diez en construcción –entre ellos el CAREM-25–, y alrededor de 110 están en el papel En este escenario, Estados Unidos aspira a transformar su patio trasero en consumidor de los futuros reactores SMR “made in USA”. Trump ordena, Milei y lacayos cumplen.

Vale la pena revisar, a continuación, el proceso fraudulento de paralización del CAREM y el estatus del reactor ACR-300, el SMR patentado por INVAP en Estados Unidos, que se encuentra hoy en el populoso grupo de los reactores de papel –que podrían estar bombeando una burbuja especulativa–, y que Demián Reidel y Milei utilizaron como pantalla para complacer a su verdadero y único Jefe de Mar-a-Lago.

Paralización de facto

Desarrollar reactores nucleares para producir electricidad es el premio mayor que no logra alcanzar el sector nuclear argentino. Es poco conocida la historia de los tenaces, permanentes y eficaces palos en la rueda del Departamento de Estado de Estados Unidos, desde la década de 1970, para evitar que la Argentina pueda fabricar reactores de potencia. En los últimos años, los esfuerzos del hegemón decadente se concentran con éxito en paralizar el desarrollo del CAREM-25.

Los detractores locales sostienen que el proyecto viene de cinco décadas atrás. Es falso. La genealogía del proyecto –no el proyecto CAREM– se remonta a fines de la década de 1970. Pero el proyecto CAREM, con trayectoria semejante al SMR estadounidense NuScale, se inicia a fines de los años ‘90. En la memoria anual de CNEA de 2000 se lee que “la CNEA ha avanzado, en el último período, en el diseño y la ingeniería conceptual del reactor de potencia innovador CAREM”. También se agrega:

“Durante 2000 se comenzó la ingeniería básica temprana en las áreas temáticas críticas y se hicieron ensayos de caracterización de componentes críticos. El próximo paso es la construcción de un prototipo para verificar el diseño integral y la obtención de datos para optimizar el diseño de reactores CAREM comerciales, de mayor potencia”.

El proyecto arrancó y tomó impulso con Cristina Kirchner en la presidencia, el macrismo lo continuó en el período 2016-2017 y el mega-endeudamiento de Macri lo hizo colapsar. Con sus tiempos, Alberto Fernández lo retomó. En abril de 2022, una delegación de Estados Unidos visitó la Argentina. La jefa de la delegación, Ann Ganzer, funcionaria del Departamento de Estado, le dedicó varias alusiones públicas al desarrollo del CAREM-25. En una entrevista del diario La Nación (11/04/22), dijo Ganzer: “Queremos asociarnos con la Argentina para proveer estos reactores al resto de la región. Tal vez el que está diseñando la Argentina o alguno nuestro o de algún otro país”. Por supuesto que la única opción real era “alguno nuestro”, como se avisó desde El Cohete a la Luna en mayo de 2022.

A comienzos de marzo de 2023, la Nuclear Energy Agency (NEA) de la OCDE realizó una evaluación de los principales proyectos de SMR que se estaban desarrollando en el planeta. Analizó seis dimensiones: estadio del proceso de licencias, sitio de emplazamiento, financiamiento, cadena de suministro, compromisos para futuros desarrollos y elementos combustibles. Se seleccionaron para el análisis 56 proyectos por su grado de viabilidad. El CAREM figuraba en ese momento entre los cinco primeros.

El proyecto se encontraba en diciembre de 2023 en el 64% de avance general. En términos más específicos, estaba en un 84% de avance la ingeniería de detalle, y en un 78% los componentes electromecánicos, listos para la compra. A casi cuatro meses de asumir Milei, el 27 de marzo de 2024, un comunicado firmado por 13 gerentes/as de la CNEA advertía sobre la sequía presupuestaria y sobre la ralentización del avance en la construcción del CAREM-25. El mismo día, Infogremiales contaba: “La UOCRA confirma también un centenar de despidos en la construcción del reactor nuclear CAREM-25”.

A fines de mayo de 2024, el nuevo presidente libertario de CNEA, Germán Guido Lavalle, sostuvo en una entrevista que iba a someter al CAREM-25 a un proceso de “revisión crítica de diseño”. El 6 de junio, a través de la Resolución 262, formalizó el “Comité de revisión de pares”. En la lista de miembros figuraba un doctor en ingeniería mecánica que, a las pocas semanas, publicó en el diario Los Andes un artículo que comienza así: “Para comprender las razones del fracaso del proyecto CAREM debemos retrotraernos al origen y objetivo del mismo”. Es decir, un miembro del Comité conformado para evaluar cómo había que seguir avanzando con el CAREM-25, antes de evaluar nada, publicó que el proyecto era un fracaso. Tratándose de un desarrollo con futuro comercial, estas declaraciones deberían haberse desmentido de forma enfática. En silencio, se desplazó al illuminati.

Mientras se usaba de pantalla la supuesta “revisión crítica de diseño” –retrospectivamente, una farsa apurada, sin mínimo rigor–, en septiembre se puso fin a 140 contratos con empresas. Hasta esa fecha habían sido despedidos alrededor de 230 trabajadores de la obra civil, que superaba el 90% de avance. Los gremios UOCRA y UECARA realizaron medidas de fuerza.

El presidente de la CNEA respondió el 10 de septiembre a los reclamos con un comunicado donde afirmaba que “la obra del Reactor Nuclear Modular CAREM continúa y no se ha detenido”. Agregaba que “la baja registrada en diversos contratos se debe al avance y finalización de la obra civil”. Y continuaba: “La obra civil está esencialmente terminada. Faltan detalles que se van a ir completando en los próximos años, a medida que avancen los temas de ingeniería y el montaje electromecánico”. Ahora bien, la obra civil no estaba terminada y los contratos no estaban finalizados. De todas formas, la obra se paralizó y quedó en régimen de mantenimiento, desde entonces en franca degradación.

Comunicado de CNEA, no encontrado en ninguna red de difusión de la CNEA.

Anunciomanía

El 10 de diciembre de 2024, por cadena nacional, Milei sostuvo que iba a dar a conocer pronto un supuesto “Plan Nuclear Argentino”. Ese mismo día comenzó a circular que la Oficina de Patentes y Marcas de los Estados Unidos había aprobado una patente de un SMR desarrollado por miembros de la empresa INVAP, llamado ACR-300, que se encontraba en etapa de ingeniería conceptual, es decir, en el papel.

Con escenografía solemne, el 20 de diciembre por la noche, Milei y Demián Reidel, en ese momento jefe de Asesores del Presidente, anunciaron el “Plan Nuclear Argentino”. El primer paso de este plan, sostuvo Reidel, era la construcción de un reactor SMR en el predio de Nucleoeléctrica, en Atucha. La palabra “CAREM” no fue pronunciada. Al margen de los muchos desatinos de la intervención de Reidel –como ciudades nucleares en la Patagonia, o que se terminaría con los cortes de luz–, era paradójico que se anunciara que se iba a invertir en un SMR que apenas arrancaba y que se instalaría en las vecindades del mismo predio donde habitaba el CAREM-25. Este y otros rascacielos verbales ocurrían en paralelo al 30,67% de pérdida de poder adquisitivo de los salarios del personal de la CNEA –a lo largo de 2024– y un recorte de 27,5% de su presupuesto.

Anuncio del “Plan Nuclear Argentino”: Reidel, Milei y Rafael Grossi, de la OIEA.

En enero de 2025, cuando ya era evidente que la paralización del CAREM-25 era un mandato quirúrgico, Reidel anunciaba que se construirían cuatro ACR-300 en Atucha. ¿Quién los construiría? La patente de este SMR había motivado la creación de la empresa Meitner Energy, con 40% de participación accionaria de Black River –filial de INVAP en Estados Unidos– y el otro 60% en manos del grupo estadounidense Ansari, que aportaba 50 millones de dólares para desarrollar el ACR-300. En paralelo, en febrero, se concreta la extranjerización de IMPSA, que pasa a manos de la empresa estadounidense ARC Energy, que con esta compra pasaba a tener a su cargo el desarrollo del recipiente de presión del CAREM-25 y, especialmente, la capacidad de fabricación de recipientes de presión para futuros SMR.

Mientras Meitner Energy, aprovechando los salarios de pobreza de la CNEA, comenzaba a succionar profesionales y técnicos, el presidente de la CNEA, Guido Lavalle, se dirigía al personal en el discurso de fin de año. “Seamos honestos intelectualmente –dijo–, no vamos a vender 50 CAREM, sabemos que no es así, que no es económicamente competitivo ese reactor”. Y finalmente concluyó: “El CAREM es donde estamos aprendiendo a hacer reactores”. ¿En qué se fundamentaba este anuncio? La única justificación era la llamada “revisión crítica de diseño”, una teatralización que, ahora quedaba claro, había sido diseñada para dar algún respaldo a la decisión ex ante de paralizar el CAREM-25.

Apremiado por sus propias improvisaciones, mientras que en septiembre del año anterior Guido Lavalle había sostenido que “la obra del Reactor Nuclear Modular CAREM continúa y no se ha detenido”, ahora explicaba que había encargado a un grupo de CNEA un documento de requerimientos para evaluar nuevos diseños conceptuales. “Recibí el primer borrador del documento –explicó–, un brillante documento analizando las distintas tecnologías, si en la Argentina vamos a hacer un reactor de sales fundidas o de sodio líquido”. Por supuesto que nunca más se supo nada de la maravilla lingüística.

Pasemos en limpio. Reidel habla del SMR de papel de INVAP. Guido Lavalle de reactores que habitan en “un brillante documento”. Horas antes del fin de 2024, también nos enteramos que la empresa argentina Nuclearis presentó al gobierno el diseño de otro SMR que busca inversores. No sería un problema que debajo de cada baldosa pareciera haber un proyecto de SMR argentino, si no fuera que el único proyecto real, que lleva 690 millones de dólares invertidos por el Estado nacional, fue paralizado por presiones geopolíticas.

Todos los caminos conducen a Washington

La fuga hacia adelante siguió con el anuncio de la “fase 1” del Plan Nuclear Argentino, a comienzos de marzo de 2025, que consistía en la construcción de cuatro reactores ACR-300 en el predio de Nucleoeléctrica, en Atucha. La fase 1 se concretaría en cinco años, un plazo irrealizable. En una entrevista en Infobae, Reidel cuenta que la “fase 2” consistía en “aprovechar la comercialización de estos reactores modulares para venderlos con un compromiso de compra de uranio argentino”. Al margen de que confunde “uranio” con “elementos combustibles”, agregaba que “si nosotros desarrollamos este reactor a tiempo y tenemos poder monopólico u oligopólico en su comercialización, podemos aprovechar la enorme demanda que va a haber sobre esto para imponer ciertas condiciones de venta”. A la pregunta del periodista sobre si había “fase 3”, Reidel responde: “Sí, es la más visionaria para el futuro. Es mi sueño, la llamo ‘Nuclear City’”.

En abril, Reidel fue nombrado presidente de la empresa pública Nucleoeléctrica. En el camino, a mediados de junio, también se mostró con el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, y el presidente de YPF, Horacio Marín, para anunciar la creación de YPF Nuclear para impulsar la minería de uranio que reclamaba Trump, como explicitó Scott Bessent en Fox News en octubre: “la Argentina es rica en tierras raras y en Uranio. Están comprometidos con la entrada de empresas privadas estadounidenses”.

Esta película tuvo un final abrupto: el Lobo de Wall Street que soñaba una “Nuclear City” tuvo que escapar por los sótanos de Nucleoeléctrica por sobreprecios en un contrato de limpieza, según versiones internas a la empresa. ¿Y la ristra de anuncios?

El 9 de diciembre, el Ministerio de Economía nos cuenta en un “Comunicado Oficial” que la Argentina se convertirá en la “Arabia Saudita del uranio”. Diez días más tarde, la Embajada de Estados Unidos comunicaba la decisión de la Argentina de convertirse en el primer país de América Latina en sumarse como socio contribuyente al programa de Infraestructura Fundamental para el Uso Responsable de la Tecnología de Reactores Modulares Pequeños, o programa FIRST, que se propone aportar “soluciones de energía nuclear civil, incluyendo el uso de pequeños reactores modulares (SMR)”. Es decir, el gobierno de Milei se sumaba al rebaño de compradores de los futuros SMR estadounidenses.

Si restaba alguna ironía por ejecutar, el CEO de la IMPSA extranjerizada, Omar Salcedo, la materializó en una entrevista para Forbes, a mediados de marzo de 2026. Salcedo sostuvo que el recipiente de presión del CAREM-25 se utilizará “como una carta de presentación para vender este tipo de materiales a los desarrolladores de reactores modulares pequeños (SMR) en Estados Unidos”. Salcedo explicaba que “los desarrolladores de reactores modulares en Estados Unidos están proyectando construir entre 15 y 30 unidades cada uno. IMPSA tiene actualmente la capacidad de fabricar entre tres y cuatro vasijas al año, con posibilidad de expandirnos”.

Así llegamos al presente, con el CAREM-25 sepultado y la Argentina alineada para comprar reactores SMR “made in USA” y entregar el uranio a la industria nuclear de Estados Unidos, mientras el grupo ARC Energy utiliza los aprendizajes logrados por IMPSA con inversión pública argentina para fabricar los recipientes de presión de los SMR “made in USA”.

¿Especulación financiera con reactores?

En esta tragicomedia tecnológica libertaria, aún nos queda una pieza suelta: ¿cuál es la proyección del ACR-300 en manos de la empresa Meitner Energy?

Como dijimos, una posibilidad es que los SMR estén generando una burbuja financiera montada en la expectativa de alimentar la demanda masiva de electricidad de los centros de datos de IA. En este contexto, el grupo estadounidense Ansari, dueño del 60% de la empresa Meitner Energy, invirtió 50 millones de dólares para pagar salarios a profesionales y técnicos succionados en su mayoría de CNEA. El objetivo es mostrar una vidriera que genere credibilidad en el proyecto ACR-300, en etapa de validación de diseño –donde estaba, como vimos, el CAREM en 2000–, para buscar inversores privados o, eventualmente, sacar a la bolsa a Meitner Energy cuando se comience a agotar la inversión inicial.

En esta segunda opción, se podrían recaudan alrededor de 200 millones de dólares en venta de acciones. Recuperados los 50 millones invertidos más 150 de ganancia, Ansari se podría retirar dejando un cráter en la CNEA y a los profesionales y técnicos a la buena de Dios. Hace unos días, un ex presidente de Shell en la Argentina, Teófilo Lacroze, asumió como CEO de Meitner Energy, que también habilitó hace un par de semanas una página web. Si se avanzara por el camino legítimo –conseguir inversores para desarrollar el ACR-300–, no queda claro que una empresa de mayoría estadounidense pueda emplazar su tecnología en terreno público, en este caso de la empresa Nucleoeléctrica. De hecho, a más de un año de que Reidel anunciara la “fase 1”, los avances sobre este punto son nulos.

Mientras el caleidoscopio libertario-trumpista sigue girando, la farsa que se utilizó para paralizar el CAREM-25 mantiene crepitando la indignación de muchos cuadros de CNEA, que no se resignan a su clausura y que trabajan para mantener latente su reactivación.

Diego Hurtado

El «reloj genético» que indica la edad biológica, y la expectativa de vida

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Un potente reloj molecular, calibrado mediante datos sobre la actividad génica de miles de individuos, puede predecir el envejecimiento biológico en roedores, monos y seres humanos, así como el tiempo restante hasta la muerte en las personas.

El reloj, descrito en *Nature*, se basa en un análisis de la actividad génica en más de 25 tejidos de cuatro especies: ratones, ratas, los monos conocidos como macacos cangrejeros (*Macaca fascicularis*) y seres humanos. Aunque todavía no está listo para aplicaciones médicas, este reloj podría llegar a ser de gran utilidad para los biólogos interesados en descubrir qué fármacos o cambios en el estilo de vida podrían mitigar los múltiples efectos del envejecimiento en el organismo.

«Incluso si se quiere realizar un experimento con ratones, evaluar su esperanza de vida lleva mucho tiempo», afirma João Pedro de Magalhães, biólogo de la Universidad de Birmingham (Reino Unido) que estudia la genética del envejecimiento y no participó en el trabajo. Si dispusieras de algo que te ofreciera una indicación más rápida de si tu tratamiento va a funcionar o no, eso sería muy ventajoso.

Tic-tac

Por lo general, la edad se mide por el transcurso constante de los años, pero el tic-tac del reloj en las células de una persona puede entrecortarse, detenerse y reiniciarse en función de la salud y el entorno del individuo. En los últimos años, los investigadores han desarrollado una variedad de relojes moleculares que evalúan el envejecimiento biológico: el deterioro del organismo con el paso del tiempo. Estos relojes se basan en diversas mediciones: la composición de metabolitos o proteínas presentes en la sangre, las exploraciones cerebrales o la presencia de grupos químicos en el ADN (metilación) que pueden afectar a la actividad génica. Este último tipo, denominado reloj epigenético, es por lo general el más preciso y el más utilizado.

Sin embargo, los relojes epigenéticos son difíciles de interpretar, afirma Magalhães, ya que se sabe poco sobre los cambios biológicos que conducen a modificaciones en la metilación. «Sabemos que se correlaciona con la edad cronológica; sabemos que se correlaciona con la mortalidad», afirma Magalhães. Pero no entendemos del todo qué es lo que mide el reloj.

Para desarrollar un reloj más revelador, Vadim Gladyshev —investigador que estudia el envejecimiento en la Facultad de Medicina de Harvard, en Boston (Massachusetts)— y sus colegas decidieron examinar la actividad génica en lugar de las marcas químicas en el ADN. Los genes que aumentan o disminuyen su actividad a medida que las personas envejecen podrían aportar información sobre las vías y los procesos biológicos que podrían desempeñar un papel en el envejecimiento.

Así, Gladyshev y sus colegas desarrollaron nuevos relojes basados en la actividad génica de 11.000 individuos e incorporaron datos de roedores sometidos a decenas de intervenciones genéticas, dietéticas y farmacológicas, algunas de las cuales se sabe que influyen en el envejecimiento y la longevidad.

Patrones compartidos

El equipo descubrió que muchas firmas del envejecimiento eran compartidas, tanto entre diferentes tejidos de una misma especie como entre distintas especies. «Compartimos cambios fundamentales y conservados relacionados con el envejecimiento», afirma el coautor del estudio Alexander Tyshkovskiy, biólogo computacional del Brigham and Women’s Hospital, también en Boston. En los seres humanos, los relojes también predijeron el momento de la muerte por cualquier causa entre los participantes de un gran estudio sobre salud cardiovascular.

Cabe destacar que los relojes se aceleraban o desaceleraban en respuesta a factores que se sabe afectan al envejecimiento y a la esperanza de vida, como la exposición a radiación gamma, las enfermedades crónicas y la conexión del sistema circulatorio de un animal viejo con el de uno más joven. Esto significa que los nuevos relojes podrían ser más sensibles que los relojes epigenéticos, los cuales tardan más en responder y podrían no captar los efectos de los cambios ambientales, afirma Tyshkovskiy.

Sin embargo, al igual que ocurre con otros relojes del envejecimiento, los investigadores aún no saben si los cambios que detectan son la causa del envejecimiento o una respuesta a este. Esa sigue siendo una de las grandes incógnitas de estos estudios: ¿son estos factores impulsores del envejecimiento o son meros pasajeros? Dice Magalhães.

Tampoco está claro si estos relojes captan información específica sobre el envejecimiento o si revelan cambios más amplios en la salud general del individuo. «Reflejan el nivel general y acumulado de daño biológico», afirma Tyshkovskiy.

Antes de que los relojes pudieran utilizarse en la clínica, sería necesario probarlos en diversas poblaciones y contextos. Estos relojes están diseñados para su uso en poblaciones y no pueden predecir el resultado para un individuo.

Pero es probable que los investigadores adopten el nuevo enfoque, dice Magalhães. «Esta será una herramienta valiosa», dice. Hasta ahora, es bastante impresionante.

Heidi Ledford