Investigadoras del CONICET trabajan en mejorar el rendimiento de la planta de papa

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Investigadoras del CONICET describieron por primera vez la cepa de una bacteria que podría convertirse en un biofertilizante.

Las plantas están expuestas a una variedad de estímulos externos que afectan y modulan su desarrollo y, en el caso de cultivos agronómicos, impactan directamente sobre su rendimiento. En el Laboratorio de Transducción de señales en Plantas dependiente del CONICET, un equipo de investigadoras busca estudiar el papel de determinadas enzimas para, mediante manipulación biotecnológica, obtener plantas de papa más resistentes y con mejor rendimiento. “Con el correr de los años, habrá una prevalencia cada vez mayor de la agricultura en tierras marginales, áridas y semiáridas, por lo tanto, es preciso mejorar la productividad de los cultivos para sustentar la alimentación mundial. Nosotros nos abocamos a mejorar la respuesta de la planta ante la salinidad de los suelos y el tizón tardío, una enfermedad que causa importantes pérdidas productivas”, explicó Rita Ulloa, investigadora principal del CONICET. En esta búsqueda, las científicas encontraron una bacteria promotora del crecimiento vegetal que generó cambios muy positivos. “Inoculamos a las plantas con Methylobacterium sp. 2A, una cepa nueva de este conocido género de bacterias, y se registró un cambio en la arquitectura de la raíz, un mayor desarrollo de los pelos radiculares y una mejor respuesta ante situaciones de estrés salino”, detalló la Licenciada en Genética Cecilia Grossi, becaria doctoral del laboratorio. “Este aislamiento no había sido descripto hasta el momento y la secuenciación de su genoma nos permitió identificar genes involucrados en distintas vías metabólicas asociadas con su capacidad promotora del crecimiento vegetal y biocontroladora de microorganismos perjudiciales para los cultivos”, aseveró Grossi, quien acaba de publicar un artículo sobre este descubrimiento en la revista científica Frontiers in Plant Science. Estos enfoques presentan una alternativa a biocontroladores poco amigables con el planeta. “Para estos problemas, el manejo químico es una estrategia popular, pero puede producir daño en el medio ambiente y, para garantizar la producción de alimentos a largo plazo, debemos desarrollar prácticas agrícolas sostenibles y con un impacto adverso mínimo”, planteó Grossi a la vez que aseguró que también tienen la intención de realizar ensayos en cultivos de tomate y arroz, ya que creen que estos efectos benéficos se pueden replicar en otras plantas. Al destacar la importancia de investigar sobre estos recursos presentes en la tierra de forma natural, la doctora Rita Ulloa señaló: “Se estima que en un gramo de tierra puede haber miles de especies de bacterias y hasta 40 millones de células bacterianas. Las del suelo son el grupo más abundante y diverso entre los organismos vivos y, aunque han sido estudiadas por más de un siglo, la mayoría todavía no fue descripta”.

¿Por qué estudiar a la papa?

En 30 años, habrá entre dos y tres mil millones de personas más para alimentar. Según la base de datos estadísticos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), del 50% de la tierra habitable que se utiliza hoy en día para la agricultura, la mayor parte está abocada a la cría de ganado y solo el 23% es para la producción de cultivos alimentarios. El desafío actual de la industria agraria, afirman las investigadoras, es aumentar la productividad de los cultivos a un ritmo más rápido que el crecimiento de la población y lograr que sus variedades se adapten a ambientes cada vez más hostiles.
La papa se produce en más de 100 países y es el tercer cultivo alimenticio más importante del mundo, después del arroz y el trigo.
«Una hectárea de esta planta puede producir de dos a cuatro veces la cantidad de alimento que los cultivos de cereales y son hasta siete veces más eficientes en el uso de agua”, explicó la investigadora principal del CONICET Rita Ulloa al destacar la importancia de este tubérculo. En Argentina, se destinan cerca de 62 mil hectáreas a la producción de papa. Sin embargo, se estima que el rendimiento productivo de este tubérculo es solo del 40 al 76%, dependiendo la zona, por lo que trabajar en tratamientos que disminuyan sus limitaciones, puede elevar esos porcentajes y representar una gran mejora económica para el sector agrario y alimentario.

El FMI y la OCDE ven una recuperación global más fuerte. Pero preocupan las nuevas cepas del covid

Hace pocos días la OCDE, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico («el club de los países ricos»), anunció que sus perspectivas económicas para el mundo habían mejorado gracias a la aceleración de la distribución de vacunas de COVID-19 y a la puesta en marcha de un nuevo y amplio paquete de medidas de estímulo en Estados Unidos. Ayer, el primer subdirector gerente del FMI, Geoffrey Okamoto, dijo que a principios de abril el Fondo actualizará su pronóstico de enero para un crecimiento global del 5,5%, con el fin de reflejar el gasto adicional del estímulo fiscal en Estados Unidos, La economía mundial se recuperará este año con un crecimiento del 5,6% y se expandirá un 4% en el 2022, dijo la OCDE en sus previsiones económicas provisionales. Esto constituye una notable mejoría con respecto a sus últimas previsiones de principios de diciembre, cuando el organismo político con sede en París preveía un crecimiento mundial del 4,2% para este año y del 3,7% para el próximo. Sin embargo, la mejora de las perspectivas se enfrenta a importantes riesgos, sobre todo en lo que respecta a la velocidad con la que las autoridades mundiales están vacunando a la población, la rapidez con la que se levantan las restricciones y el control de las nuevas variantes de coronavirus.
el producto bruto mundial volverá a los niveles anteriores a la pandemia a mediados de este año, aunque con muchas divergencias entre países
La economía estadounidense crecería un 6,5% este año y un 4,0% el próximo, dijo la OCDE, aumentando sus previsiones respecto a las anunciadas en diciembre de un 3,2% en 2021 y un 3,5% en 2022. La OCDE estimó que el paquete de Estados Unidos, que incluye 400.000 millones de dólares en pagos únicos de 1.400 dólares a muchos ciudadanos, impulsaría la producción del país en torno al 3-4% de media en su primer año completo. Con la afluencia de dinero público a la mayor economía del mundo, el paquete podría dar lugar a la creación de hasta tres millones de puestos de trabajo en Estados Unidos para finales de año, pero también podría aumentar la inflación en 0,75 puntos porcentuales al año de media en los dos primeros años. Por su parte, en un discurso ante el Foro de Desarrollo de China, el subdirector del FMI Okamoto expresó su preocupación por la creciente divergencia entre las economías avanzadas y los mercados emergentes, con unos 90 millones de personas más que quedaron debajo del umbral de pobreza extrema desde que comenzó la pandemia. Y advirtió que persisten riesgos significativos, incluida la aparición de mutaciones del coronavirus.

China, rica, pero sin agua ni aire – Conclusión

(La primera parte de este artículo está aquí; la segunda, aquí)
  1. Un pequeño consejo de John F. Kennedy
La tormenta de hollín y arena que hoy oscurece el sol en el Oriente chino indica problemas muy refractarios. Para acercarse a ser un país neutral en emisiones de carbono, China debería llegar a 2040 con un 28% de electricidad nuclear, lo que no figura ni en planes (llegan a un 15% con toda la furia). La expresión “carbon neutral” no significa nada en la política local. El tractor de PBI capaz de darle solidez al mandato de Xi Jingping seguirá siendo el carbón, aunque eso inculpe a China con el 26% del inventario de emisión de gases de efecto invernadero. El resto del mundo puede hartarse de subsidiar el crecimiento de China con sequías, inundaciones, olas de calor letal y retroceso de costas en sus propios territorios. Si le empieza a zampar aranceles a sus exportaciones industriales, la estrella de Xi se cae. Estamos ante una combinación de ambiente, política y país obligados a no cambiar, y en peligro por no hacerlo. Y la reacción puede ser antes interna que externa. La semana pasada,  Xi Jingping se reunió con delegados de Mongolia Interior. El Diario del Pueblo celebró entonces los esfuerzos de la provincia y el país para contener la desertización de esa zona. El artículo salió el lunes 15, en coincidencia exacta con la tormenta de arena y hollín de la década. El suelo de la provincia desde la cual llegaron cabalgando Gengis Khan y a su estirpe estaba simultáneamente en tapa del diario… y en el aire de la vieja capital imperial. La historia suele vengarse de esas ironías involuntarias. Y con esto, llego al interés argentino por estos asuntos. Lo prometí al principio. Cuando los argentinos negociamos algún asunto importantísimo con China, (y este 2021 nos tocan varios), deberíamos tener en claro que con sólo 45 millones de habitantes, nuestro país no está al límite del límite en su uso del territorio y los recursos. China sí, y de modos casi incomprensibles para nosotros. China nos paraliza con su estado monolítico, su diplomacia oblicua, su PBI descomunal, su fondeo de la deuda con que nos clavó el gobierno anterior, y su rol de comprador principal de naturaleza argentina cruda: se queda con el 85% de nuestros porotos de soja, y tras 20 años de negociaciones, tal vez acepte graciosamente U$ 10.000 M de harinas de soja, que supone casi el 70% del valor de ese cultivo industrial. Esto se logró no sin que durante esos dos decenios las granjas de cría chinas fueran devastadas, y a repetición, por gripes aviares y luego por la fiebre porcina africana. El sistema chino de fabricación de proteína animal viene averiado por diseño: es demasiado intensivo, los animales no lo soportan y terminan con virales respiratorias que enferman, además, a las personas. Más precisiones sobre esto, aquí. Por eso China ahora accede a comprarnos harinas: tiene que reconstruir sus granjas rápido, o 410 millones de miembros de su nueva clase media se quedan sin ese privilegio rutilante, la carne. El regreso al puro arroz y verduras podría ser pésimo para Xi Jingping. Pero en su devastadora urgencia cárnica, los chinos prometen instalar sus granjas porcinas también aquí, cruz diablo. ¿Qué tarado los invitó? Como si no fueran a reventar, como primera medida, nuestra industria propia de cría, del mismo modo en que los frigoríficos ingleses destruyeron a los argentinos en la Década Infame: con precios diferenciales y a través de su control del transporte, por ejemplo, y la lista de métodos sigue y sigue. Resucitá, Lisandro de la Torre, que los autores del Plan Megacanje nos arrastran al Plan Megachancho… China está demasiado a las piñas con EEUU como para seguir comprando soja y subproductos allí. Eso también nos permite vender mejor. Pero no tanto como el hecho de que el Reino del Medio no es el único país asiático cuyos pollos y chanchos los vuelven soja-dependientes: ¿o no existen Vietnam, Indonesia, la India y Bangladesh? ¿Qué aconsejaría Maquiavelo al Príncipe, un único señor o cuatro? ¿O cinco? Según acuerdos aprobados por el Parlamento en 2014, la CNNC (China National Nuclear Corporation) nos ofrecía financiar una central CANDU de diseño y construcción argentina, a uranio natural y agua pesada y mayormente hecha de componentes locales. Eso, a cambio de que les compráramos en el mismo paquete financiero su modelo de exportación, la Hualong-1, que es a uranio enriquecido y que China trata de vendernos según alguna de estas tres modalidades: EPC (Engineering, Procurement and Construction), BOT (Build, Operate, Transfer) o BOO (Build, Operate, Own). En buen criollo: hoy las tres opciones equivalen a “fumá, no hagas nada, nos encargamos nosotros”. Las tres generan un montón de trabajo y capacitación… en China. La última modalidad, en que no tenemos ni la propiedad del fierro, nos deja con una simpática central-embajada, operada por chinos y legalmente extraterritorial. La primera, nos deja con una máquina propiamente bajada de un helicóptero y en la que la Argentina, que fue desarrollando trabajosamente una industria privada nuclear en metalmecánica y electromecánica, participará a lo sumo con obra civil (hormigón y ladrillos), la parte «boba» de la central. Tras 7 décadas de investigación, desarrollo e industria nuclear, tras remarla hasta que INVAP se volviera el más respetado proveedor mundial de reactores multipropósito, tras 4 décadas de ir y venir con un proyecto de central compacta 100% nacional (el CAREM), ¿qué es esto de comprar una planta nucleoeléctrica ajena, enorme, tecnológicamente disruptiva por su tipo de combustible, pero además cara y, de yapa, llave en mano? Ante todo, es no entender la batalla cuesta arriba de China por imponer su marca nuclear, la Hualong-1. No la tienen fácil. El único país que compró esas máquinas chinas fue Pakistán, aliado incondicional. En Europa Oriental, a la iniciativa china de La Franja y la Ruta le están dando exactamente eso, su ruta. Los autodenominados americanos y la UE acaban de fletar a otra corporación estatal nuclear china, la CGN, de Rumania, y Rusia les dio el espiante en Hungría. ¿Cómo estos países le ganan a China? ¿Por antigüedad en el métier atómico? No. ¿Por tecnología? Tampoco. Con precio regalado, financiación del 100% y regalos varios. Lección uno: la industria nuclear occidental, literalmente destruida por los ecologistas, está desesperada por vender. Hace regalos. Lección dos: los EEUU y la UE (y también Rusia) harán lo que sea por evitar que China cope el negocio de las centrales nucleares. Lección tres, y la más importante: cuando la República Federal Alemana nos vendió ambas Atuchas, no sólo regaló la primera, sino que asoció a la SIEMENS con la CNEA en una empresa mixta (ENACE) para vender una versión muy mejorada de Atucha I, la central ARGOS, en África. Es más, había clientes interesados. Luego sobrevino Chernobyl y se pudrió todo. ¿La CNNC nos está ofreciendo una alianza comercial comparable? En absoluto. En su furia rígida por vender, nos ofrecen lo mismo que a cualquier país sin historia nuclear, sin recursos humanos nucleares, sin industria nuclear, sin exportaciones nucleares. Están locos. Pero más locos estaríamos nosotros de agarrar viaje. O ese viaje. ¿Necesitamos la Hualong-1? No, es un proyecto puramente energético. Nos interesan sólo los proyectos industriales y tecnológicos, es decir los que producen trabajo calificado y dan pie a posibles exportaciones. Y para eso, tenemos un proyecto de central nuclear compacta propio: el CAREM. ¿Los chinos necesitan venderle sí o sí una Hualong-1 a Argentina? Sí. Somos el único país nuclear exitoso de la región. Si compramos nosotros, les estamos abriendo la puerta de Latinoamérica a la CNNC. ¿Y eso cuánto vale? Ésa es la pregunta a hacerle al Tío Xi. Con ese tipo de preguntas, en 1968 se consiguió Atucha I a U$ 70 M por parte de la Siemens. Era un robo, pero argentino, y la robada era la República Federal Alemana. Aún así, el gobierno alemán añadió por las dudas un reactorcito de investigación, otro regalo más, el RA-4, todavía activo en la Universidad Nacional del Litoral. Si Alemania no hacía todo eso, bueno… teníamos otras 16 ofertas. Si una brusca rampa de PBI nos obligara a salir a comprar una central nuclear a como fuera (no parece que vaya ser el caso), cualquier licitación derecha nos garantizaría al menos una oferta china, otra estadounidense, otra coreana y una rusa. Hasta podríamos recibir un 100% de financiación estadounidense para construir nuestra propia CANDU Nac & Pop y crear 7000 puestos de trabajo calificado directos durante la construcción. ¿O acaso no acaba de suceder eso en Rumania, en septiembre de 2020? Pájaros volando a ciegas en la Ciudad Prohibida el 15/03/2021. No estamos negociando bien con China. Nos necesitan más a nosotros que nosotros a ellos. Estamos olvidándonos de nuestro lugar en el mundo atómico, con lo que costó ganarlo. Cuatro años de Macri, y recaemos en lo que Héctor “Cacho” Otheguy llamaba “menemismo explícito”, la forma más grave de colonialismo mental de nuestra historia. Si fuera sólo eso… Ahora, tras haber dejado que el Gran Rosario se llenara de puertos privados donde la AFIP y la Aduana no pintan y se subfactura y contrabandea lo que quieras, tras haber rifado la flota de ultramar de ELMA (la segunda del mundo) para que la soja llegara a China en barcos chinos (con una pérdida en fletes de ultramar que en 2014 ya era de U$ 5000 M/año), tras abandonar el 98% del transporte fluvial de la cosecha a empresas paraguayas, tras renovarle porque sí la concesión a la empresa belga que hace dragado y balizamiento del Paraná, llamado Hidrovía desde tiempos del difunto Carlos Menem, ahora se espera esa Gran Oferta China Gran que barra con todas las otras. Es que los argentinos somos malísimos navegando, dragando y balizando: se nos caen los ríos de las manos. Hidrovía, las pelotas, compatriotas. Si al Paraná le devolviéramos su nombre, nos quedaría algo más claro que es el principal río argentino, una joya que hubo que defender a cañón de la escuadra anglofrancesa en Vuelta de Obligado y en Quebracho, y que la Argentina conservó pagando con sangre y por poco margen, y que no debería entregarse a nadie: es de la Nación. No me imagino a China concediendo hoy el manejo del Yang Tzé. No hay que ponerle la firma a ninguna adquisición que agrave la piratería pesquera china en la Zona Económica Exclusiva del Mar Argentino, o le siga entregando cada vez más a ese país el manejo total del negocio agropecuario argento desde la genética hasta la navegación, o la minería metalífera y de litio, o las llaves de nuestro Programa Nuclear. Basta de estupideces. Seamos país. ¿Nos sobra deuda? El problema es también los acreedores. ¿Nos falta tecnología? Eso no se compra, se genera con educación pública, investigación y desarrollo, y de eso hemos conservado no poco, pese a décadas de vientos contrarios. En cambio lo que a China le falta es naturaleza. Y eso no se compra ni se consigue. Por eso en Beijing respiran basura. Ecológicamente, están contra las cuerdas. Nosotros no. Tenemos buenos “fundamentals”. Inevitable recordar aquí aquella frase redonda de John F. Kennedy: “Nunca tengas miedo de negociar, pero nunca negocies con miedo».

Daniel E. Arias

Los precios de la soja y el maíz se recuperaron de las bajas previas en la semana. Pero hay incertidumbre

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El precio de la soja en el Mercado de Chicago subió un 1,7% este viernes y alcanzó los US$ 520, recortando casi la totalidad de las bajas que había tenido en el día anterior. La Bolsa de Comercio de Rosario lo atribuyó a compras técnicas y de oportunidad: «Si bien las lluvias que tuvieron lugar en nuestra región habrían frenado el deterioro del cultivo, aún existe cierta incertidumbre respecto de cómo resultará la cosecha sudamericana, lo cual también apuntaló al mercado». El maíz finalizó la semana con ganancias del 2%, y recupera parte del terreno cedido el jueves, apuntalado también por compras técnicas. Además el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) informó de nuevas ventas con destino China por 800.000 toneladas, marcando así el cuarto día consecutivo con compras por parte del gigante asiático, que totalizan 3,9 millones de toneladas en la semana. Las bajas en los precios internacionales de los granos que se produjeron después que habían llegado a los niveles más altos en el último lustro hizo que algunos periodistas, y productores, alarmados se preguntaran si está llegando a su fin el ciclo alcista de precios de commodities agrícolas. La respuesta es: «No sabemos». El dato indiscutible es que el motor de las subas ha sido (otra vez) la demanda china. El arranque del 2021 había sido muy bueno para los exportadores netos de commodities: «Los precios internacionales no sólo han recuperado lo perdido durante la Pandemia, sino que han pasado a ubicarse en un nivel claramente superior al que tenían previo a principios del 2020», destacó Juan Manuel Garzón, economista del IERAL. En el caso de los productos que más interesan a Argentina, las materias primas agrícolas y los alimentos, la mejora de las cotizaciones es de entre un 20% y 30% (promedio) según las canastas de bienes que monitorean los organismos internacionales. Pero más importante aún fue el salto de los insumos para la fabricación de bienes industriales (minerales, metales), que se ubican en promedio 30% arriba del 2019. Para tener dimensión, en los dos primeros meses de este año, el gasto en bienes importados por parte de China ha crecido 34% y 26% respecto a similares períodos del 2020 y 2019, respectivamente. Ahora bien, cuando se repasa el detalle, se observan variaciones interanuales muy elevadas en las compras de muchas commodities, por caso del 80% en los aceites, el 61% en el mineral de hierro, el 49% en cereales y harinas, el 34% en cobre, etc. Garzón, prudente, afirma: «Los precios de las commodities agropecuarias parecerían haber llegado a sus techos, al menos aquellas más relevantes para Argentina, caso de la soja». El Mercado de Futuros de Chicago está operando con un ajuste de entre 10% y 15% para la segunda mitad del año en el precio de la oleaginosa: «Nótese que no se trata de una vuelta al nivel pre-pandemia, sino más bien a una situación intermedia». El editor de «Bichos de campo», Matías Longoni, apunta como causa de los altibajos en los precios a la incertidumbre que crea la tensión en el Pacífico, un posible enfrentamiento entre EE.UU. y China si ésta amenaza militarmente a Taiwan. La semana pasada el Jefe del Comando Indo-Pacífico de EE.UU., almirante Philip Davidson, dijo ante un audiencia ofrecida en el Senado de esa nación que China se está haciendo cada vez más fuerte en la región del Pacífico. Como sea, nos parece importante señalar que los factores que influyen en los precios de nuestras exporataciones son múltiples, en mercados donde juegan fuerte los capitales especulativos. Los productores, y los gobiernos, prudentes deben tomarlo en cuenta y precaverse. Para ejemplo, el trigo, que cerró su tercer jornada consecutiva en baja y toca mínimos en lo que va del año: «La falta de novedades contundentes en el plano externo sumado a la mejora en la condición del cultivo en EEUU luego de las recientes lluvias y a las señales de que Rusia se encamina a una cosecha mayor a la esperada habrían presionado a las cotizaciones que culminan su tercer jornada consecutiva en baja», comentó la Bolsa de Comercio de Rosario. En el mercado local hubo ofertas de compras bajistas para la soja, estables por girasol, y dispares por los cereales. Por soja, el valor propuesto por la mercadería disponible cayó a U$S 325. Por su parte, el precio ofrecido por maíz con entrega contractual alcanzó los U$S 200, y la oferta por trigo Mayo ascendió a U$S 210.

La «segunda ola» del covid en Chile, a pesar de su intensa campaña de vacunación

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SANTIAGO, Chile.- Chile superó ayer sábado por primera vez los 7000 casos diarios de Covid-19 desde el inicio de la pandemia, en medio de un fuerte aumento de los contagios que llevaron al gobierno a confinar a unas 9 millones de personas y poner en cuarentena a todos los viajeros. El Ministerio de Salud chileno informó que hay 2,227 pacientes internados en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), una cifra récord en lo que va de la pandemia en el país. Actualmente, existen 198 camas críticas disponibles y desde el Ministerio anunciaron que se está trabajando para incrementar la dotación de camas, en momentos en que el país avanza con rapidez en el plan de vacunación. Las autoridades sanitarias reportaron en las últimas 24 horas 7.084 casos nuevos, alcanzando los 925.089 contagios desde que se confirmó el primer caso el 3 de marzo de año pasado. La anterior cifra más alta había sido 6.983 casos, registrados el 14 de junio, en plena primera ola. También se informaron de 93 nuevos fallecidos en un día, para un total de 22.180 muertes confirmadas. ”Se mantiene el crecimiento de contagios y eso no lo hemos negado, lo admitimos”, indicó el ministro de Salud, Enrique Paris, durante el informe. El nuevo récord de casos se produjo cuando también se alcanzó la mayor cifra de exámenes PCR (hisopados) diarios: 76.275 tests. En total se han realizado 10.492.677 pruebas de Covid-19. El incremento de casos de Covid-19 contrasta con el exitoso proceso de vacunación en Chile, con más de 5,5 millones de personas que han recibido al menos la primera dosis de la vacuna contra el coronavirus. El gobierno chileno estima que el 30 de junio tendrá vacunada al 80% de la población. Durante marzo se ha registrado un fuerte aumento de los casos que han llevado a las autoridades a poner en cuarentena a unas 130 comunas donde viven unas nueve millones de personas, cerca de la mitad de los 19 millones de habitantes de Chile, según datos del Ministerio de Salud. El gobierno informó ayer sobre nuevas restricciones para visitantes del exterior y aumentó de 10 a 14 días la cuarentena para viajeros que lleguen desde Brasil, medida tomada la semana pasada por la nueva cepa de coronavirus detectada en ese país. Los visitantes de Brasil deberán confinarse en hoteles transitorios las primeras 72 horas en Chile, que podrán abandonar tras presentar un PCR negativo que les permitirá seguir la cuarentena en sus domicilios. El resto de los viajeros que lleguen a Chile deberán cumplir una cuarentena de 10 días y si son positivos al Covid-19 deberán confinarse en residencias sanitarias por 11 días. ”Deben mantenerse aislados y ese es el objetivo de la cuarentena”, sostuvo Paula Daza, subsecretaria de Salud. Las nuevas medidas comenzarán el próximo jueves y durarán un mes. Los viajeros solo pueden entrar a Chile por el aeropuerto de Santiago. El caso chileno completa el cuadro del grave aumento de los contagios en Uruguay y Paraguay, además del colapso sanitario en Brasil. La realidad refuerza el reclamo del cierre de las fronteras y también el prepararse para la «segunda ola» en nuestro país.

Encontraron evidencias que el ser humano ya habitaba América del Sur hace 24.000 años

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Un objeto encontrado en Brasil desmiente la aceptada hipótesis de que los primeros pobladores llegaron a Sudamérica no antes de hace 15.000 años.

Un equipo internacional de arqueólogos encontró en Vale da Pedra Furada (Brasil) una herramienta de piedra de 24.000 años de antigüedad que contradice la aceptada hipótesis de que los primeros pobladores llegaron a América del Sur no antes de hace 15.000 años, como consideraba la arqueología oficial norteamericana. El hallazgo, que confirma ocupaciones humanas durante el pleistoceno en esta región de Sudamérica, se publicó en la revista PLOS ONE. El objeto hallado tiene una antigüedad de entre 27.600 y 24.000 años, y su función aún no ha sido totalmente precisada por los investigadores, que excavaron el sitio pleistocénico de Vale da Pedra Furada (Piauí, Brasil), donde encontraron indicios de ocupaciones humanas que podría llegar hasta 40.000 años antes del presente. El artefacto es una placa de arenisca limosa bien cementada de 21 centímetros de largo, 18,5 de ancho y 2,9 de grosor, que fue tallada por artesanos con forma hexagonal y simétrica. Según los arqueólogos, esta pieza es, sin duda, de creación humana y revela una novedad técnica durante la ocupación pleistocénica de América del Sur. En esta excavación, los arqueólogos hallaron 2.200 artefactos líticos, cuyo análisis por carbono 14 así como el análisis por OSL (Optically Stimulated Luminescence) de los sedimentos alrededor de ellos revelaron que la capa en la que se encuentra la herramienta tiene entre 27.600 y 24.000 años. Además, los arqueólogos reconocen en la manufactura del instrumento cinco etapas distintas de transformación técnica que indican que el artefacto pudo tener varios procesos de uso. Además de Vale da Pedra Furada, existen otros asentamientos como el de Chiquihuite (México), de más de 30.000 años, y el Cerutti Mastodon Site (Baja California), de 130.000 años, que demuestran la existencia de asentamientos en América de mayor antigüedad de lo que se creía hasta hace unos años. La herramienta encontrada se encuentra custodiada en el Museo del Hombre Americano en Sao Raimundo Nonato (Piauí) de la Fundação Museu do Homem Americano.

China, rica, pero sin agua ni aire – 2da. parte

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(La primera parte de este artículo está aquí)
  1. El PBI sube en rampa, pero los recursos caen en picada
La idea de capacidad de porte aplicada a los ecosistemas humanos se resume en que un conjunto de ellos, como el de China, tiene límites en materia de cuántos humanos pueden vivir en él y de él, administrando del mejor modo posible los recursos naturales existentes “in situ”: agua, aire, tierra fértil, fotosíntesis, materias primas y recursos energéticos. Con su población que en tiempos de Mao Zedong estaba en 500 millones y hoy anda por los 1393 millones, no hay consenso científico sobre si China sobrepasó su capacidad de porte hace décadas o siglos. Pero un número elocuente es que de cada 5 personas en los 195 países del mundo, una es china o vive en China. Pese a que su demografía dejó la rampa y va insinuando una probable y lenta baja, pese a ocupar 9,6 millones de km2 del continente asiático, hoy la dilatada y continental China vive como el insular y minúsculo Japón, que tiene 11 veces menos población; en ambos casos hacinada en las exiguas llanuras fluviales y/o costeras. Ambos países forman, a su pesar, parte de esos sitios del mundo que importan casi todo lo que comen y queman, y a los cuales el agotamiento de suelos y de aguas no logra eximir de generar catástrofes en suelo propio o a distancia. El refinamiento tecnológico trata de huir hacia el futuro, pero el presente a veces interpone paredes. Y no todas son rodeables o derribables. Como ejemplo de tapa de libro, con su apuesta explícita a la hidroelectricidad, las turbinas eólicas y las centrales nucleares, Xi Jingping encabezó lo que llamó “una revolución verde”. Ese slogan, en tiempos de Deng habría sido una herejía anti-desarrollista y en los de Mao (cuando las revoluciones sólo podían ser muy rojas), causal de tiro en la nuca. Hoy la continuidad de Xi en el poder depende de que la economía siga creciendo “a tasas chinas”, como se dice fuera de China, y éste es un tema ya no tanto de demografía como de energía. Con una población cada vez más urbana y consumidora de electricidad, cada punto logrado cuesta arriba en la rampa del Producto Bruto Interno (PBI) es imposible sin una rampa subyacente porcentual de 1,5 puntos en oferta eléctrica. Por ello, la mejora del nivel de vida de las masas suele medirse indirectamente por su consumo de electricidad per capita. Y en China, entre 2009 y 2019, pasó de 2.782 kw/h a 5.161 kw/h. Pero esa pendiente se trepó básicamente a carbón. Y continúa. Suecia, como referencia de país en el otro extremo del arco, con escasa población y muy altos índices de desarrollo humano, andaba en los 13.000 kw/h y a la baja desde los ‘90, por el constante ahorro de energía. Con algo más de 10 millones de habitantes, a Suecia le sobra a tal punto la electricidad que exporta el 15%, pero además logra eso emitiendo la mitad de C02 a la atmósfera que en 1979, y para envidia de alemanes e ingleses, hace eso mientras reconvierte su flota automotriz a vehículos “full electric”: en 2030 prohibirá el motor de combustión interna, hasta aquí llegaste. Parece un acto circense pero les está saliendo bien: se descarbonizan, punto. Suecia logra eso no por sus 3600 molinos eólicos -que son muchos- sino porque tiene centrales hidroeléctricas que dan el 45% de la potencia de base anual y 10 centrales nucleares que dan el 40%. Éstas no piensa cerrarlas ni a palos, visto cómo la ha ido a los alemanes con esa idea. Los considerables excesos de potencia generados por los parques eólicos –en otros circuitos, su principal peste- se exportan caros a la red eléctrica europea. Ésta los absorbe fácil por su traza de alta tensión, muy mallada, con tramos cortos entre miríadas de ciudades consumidoras, y por la enorme demanda crónica generada en Europa Occidental por el cierre de las centrales nucleares alemanas. Los suecos no dependen del viento o del sol (¿cuál sol?) para lo básico: iluminar sus  ciudades, mover su industria o recargar sus autos. Para eso, ríos y el átomo, a bajo precio. El viento lo venden afuera, y caro. Sin embargo, en su consumo eléctrico per cápita China parece todavía muy lejos del techo, si Suecia fuera el techo posible. El país que la prensa boba suele llamar “gigante asiático” choca con los límites objetivos de su realidad geofísica. El gigantismo chino es muy overo: está muy intercurrido de enanismo. China desplazó a Brasil como el país más hidroeléctrico del mundo, pero, a pura continentalidad, carece de sus lluvias. En 2009 tenía 172 GW instalados en sus represas, en 2015 ya eran 356 GW, y el gobierno cree que el techo de ingeniería estaría entre los 500 y 600 GW. Con esa quimera a la vista, se siguen construyendo represas a lo bestia, pero la mayor parte de las cabeceras de cuenca están en la llamada “Torre del Agua de Asia”: el altiplano del Tibet. Si China en 1950 ocupó militarmente esa región, si se dedicó 71 años a pavimentarla de chinos Han traídos a carretadas, si desde entonces enfrenta sublevaciones populares de tibetanos, y recurrentes, todo eso sucede porque ese altiplano de casi 4000 metros de altura promedio es la fuente de los ríos que permiten la vida de la mitad de la humanidad, desde los hormigueros demográficos de Pakistán y del Sudeste Asiático hasta la desolada frontera sino-siberiana. Pero si China sigue represando a escape las altas cuencas del Indus, del Ganges, del Brahmaputra, del Irrawady, del Solween, del Mekong, del Yang Tze y del Amarillo, que dan bebida, riego, pesca y potencia a países vecinos aguas abajo, terminará generando conflictos con todos ellos. Sólo tiene paz garantizada con Pakistán, por ahora su único y verdadero aliado estratégico en el vecindario. Pese a la impresionante habilidad de China para una diplomacia de zanahoria y/o garrote, los países que ya resienten las bajantes drásticas e imprevistas, las inundaciones repentinas, la desaparición de pesca y la mala calidad de agua creadas cuenca arriba por los proyectos hidroeléctricos chinos en Tibet son la India, Bangladesh, Vietnam, Camboya, Tailandia, Laos y Mianmar. Sin perjudicar a más población ribereña que la propia (y eso también se paga), China sólo podría proseguir su desarrollo hidroeléctrico en el Yang Tze y el Río Amarillo, cuyos cursos, medios y finales (no así las cabeceras de cuenca), son exclusivamente chinos. Con la India y con Vietnam, en cambio, China tuvo guerras en 1962 y 1979 respectivamente, todas de corta duración pero masivas, sangrientas y mal saldadas. Y eso sucedió mucho antes de que hubiera mediado siquiera la cuestión hídrica. Pero ahí está, y en los países más agraviados por los proyectos hidroeléctricos chinos, viven más de 3000 millones de habitantes. Ni China puede sobornar a todos esos estados-nación a la vez, y menos aún, pelearse con todos. Tampoco puede darles el ejemplo, que eso también sirve. El 70% de los ríos chinos está severamente contaminado, lo que deja en escasez de agua potable a 300 millones de chinos. Y tampoco puede vender ilusiones científicas de la abundancia hídrica en el Sudeste Asiático: el recurso básico de la hidrología en ese rincón del mundo son los 46.298 glaciares tibetanos inventariados por la Academia China de Ciencias, y forman el máximo reservorio planetario de agua dulce después de la Antártida y Groenlandia. Pero ese stock está en  retroceso. La Academia admite una pérdida del volumen glaciario del 7% desde 1960. Suena a poco. Circle of Blue, una publicación dedicada a hidrología y geopolítica, cree que la fusión glaciaria es peor y que para 2035 muchos de tales formaciones «permanentes» van a haber desaparecido en quebradas inaccesibles, así como están volviéndose caminables por el fondo cientos de lagos tibetanos, y eso debido al recalentamiento global. Los datos los provee el Environmental Change and Security Program del Woodrow Wilson International Center for Scholars in Washington, D.C, es decir un “think tank” estadounidense. Puede ser una visión sesgada, por estadounidense. Los científicos chinos, en cambio, se maravillan de sus enormes recursos hidroeléctricos, y parecería que se creen Brasil, sólo que el agua brasileña llueve sobre Brasil y fluye por Brasil: no proviene de un país vecino anexado militarmente por Brasil. Para muestra, un botón: este “paper” de Xiaoling Chang, Xinhong Liu y Wei Zhou en la revista Energy, accesible aquí. La opinión forzosamente equilibrada la da el IPCC, el Panel Internacional de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, que representa a 195 países, y dice que el derretimiento glaciario en los Himalayas y el Tibet es el más rápido del planeta. China comparte un problema hídrico con Argentina: una superficie árida en su 70%. Pero aunque los chinos gozan de un territorio 3,42 veces mayor que el nuestro, encierran en él una población 30,45 veces mayor, y eso en un país de clima incomparablemente más continental, es decir, seco. Mucha menos agua en mucha menos tierra y para alimentar a mucha más gente. Nuestras exportaciones a China son, básicamente, ventas de agua y nutrientes de la llanura chacopampeana, con la soja a la cabeza. Así como los suecos exportan viento a Europa, nosotros vendemos la lluvia y la tierra negra de la Cuenca del Plata a China, cosas que los chinos tienen cada vez menos y vienen perdiendo desde inicios de la dinastía Han. Me eximo de hablar del impresionante desarrollo chino en energías alternativas. Genera mucho trabajo calificado y exportaciones. Sucede obviamente que una economía de ese porte tiene que funcionar también de noche o cuando el viento se plancha, y la red eléctrica de alta tensión es más lineal que mallada y no permite exportar picos de generación. De modo que el viento no les resuelve la vida. En los hechos, como se ve en muchos otros países, China tiene el 21% de su potencia instalada metida en viento y sol. Pero la intermitencia y el factor de disponibilidad relativamente bajo de ambos recursos, amén de las altas pérdidas en transmisión a distancia, esa inversión rinde sólo el 9% de su producción eléctrica. Por ello y para entender a China en comparación con otros países, me remito a comparar únicamente fuentes de potencia de base, o “despachables”, las que están disponibles 24×7. Gas y petróleo, se sabe, en China no hay un metro cúbico o una gota: todo eso se importa. Carbón, en cambio, hay a patadas, pero tan a lo bruto lo queman que aún así se debe importar desde Australia. China depende entre un 70 y 80% del carbón, con un 45% usado por la industria y el resto para electricidad. Consume alrededor del 48% de la producción carbonífera mundial, aunque triplicó la suya entre los ’90 y 2010.
Parejas bailando con máscaras en el smog de la ciudad de Fuyang, provincia de Anhui, China, en 2017

Baile de máscaras (bueno, de mascarillas) en Fuyang, Anhui, año 2017.

            El periodismo bobo tiene un segundo lugar común para China, además de aquello del “gigante asiático”: es el título de “la locomotora de la economía mundial”. Este último pasa por alto que la ecológica Australia viene a ser la carbonera de esa vieja locomotora a carbón. Pero sobre todo, pasa por alto que en algún momento, un mundo archipodrido de sequías, incendios masivos, olas mortales de calor y pérdidas por inundación o salinización de llanuras costeras le va a tocar el silbato a ambos países. Y les va a bolear las exportaciones con unos aranceles que te la cuento. Serán medidas defensivas, probablemente descoordinadas y unilaterales, pero reventarán en cascada no bien algún audaz o desesperado tire la primera piedra. Probablemente las cosas sucedan de ese modo, ya que antes se va a congelar el infierno que la ONU le dé bola a su propio organismo científico, el IPCC, e imponga un impuesto universal y severo a la emisión de gases de efecto invernadero (GEI). China, EEUU y Rusia no lo permiten. El desarrollo nucleoeléctrico chino empezó recién en 1981, 7 años detrás del nuestro. Hasta entonces, y desde finales de los ’50, todo el desarrollo atómico chino había sido bélico, con una primer arma testeada en 1964. Pero comprando patentes de transferencia de tecnología estadounidense, canadiense y francesa, han venido desarrollando su núcleoelectricidad a la carrera, al punto que hoy tienen la segunda flota de centrales después de la yanqui, y que la china es incomparablemente más joven (y mejor). Los chinos han comprado, probado, adoptado, adaptado y en algunos casos mejorado todos los diseños de planta occidentales. Su modelo ya tecnológicamente propio, «de bandera» y exportable es el Hualong-1, inspirado en un PWR francés de 900 MW desarrollado por Ëlectricité de France en los ’70 que, a fecha de hoy, sigue siendo el reactor más exitoso, seguro y barato del mundo. Tal vez el Hualong-1 tenga esa misma  trayectoria. Pero hoy, pese a sus 47.498 MW nucleares instalados en 49 centrales, y a los 15.906 MW de otras 16 en construcción, China sólo extrae del átomo el 6% de su consumo eléctrico. Éste es justamente el único recurso eléctrico en el cual China, realmente, no tiene techo.

Centrales nucleares operativas, en construcción y planeadas. En el “Far West” chino, las enormes, desérticas y conflictivas provincias occidentales, no hay ni planeadas, y más por falta de agua como refrigerante que de población.

            Tampoco tiene casi uranio, para el caso, pero tiene aprovisionamiento externo muy bien asegurado, y además está preparando un programa nucleoeléctrico 2.0 movido por torio, elemento del que su geología propia dispone con cierta largueza. Y en esas dos cosas China se parece a la India, y por eso ambos países siguen construyendo tenazmente centrales nucleares de agua pesada y tubos de presión tipo CANDU, los chinos aún bajo licencia canadiense. Permiten quemar óxidos mixtos de uranio y plutonio reciclados de combustibles gastados, y son el puente hacia otras máquinas muy distintas, los “breeders”, o reactores reproductores, activadas a torio. Si China no avanzó con reactores convencionales más tierra adentro (aunque planes, sobran) es por su reticencia a interpolarlos en los cursos medios de sus ríos. Estos están llenos de ciudades aguas abajo, y esos municipios podrían objetar (bajo la mesa las patadas son peores) las descargas de agua caliente de los circuitos terciarios, y su posible efecto eutrofizante. La palabrita griega significa “generador de algas unicelulares”. Éstas, en combinación con las descargas cloacales y la lixiviación de fertilizantes que atormenta al 70% de los ríos chinos, suman un combo infalible para pudrir aguas. Pero definitivamente, si el PCCh hoy prefiere la ubicación costera para desarrollos futuros es porque, además de más población e industria a pie de central, la dirección comunista es aversa a 1) las pérdidas de potencia en líneas de alta tensión demasiado largas, 2) las consecuencias de accidentes de grado INES 7, como Chernobyl y Fukushima, en despliegues intracontinentales. La ubicación costera del complejo nuclear japonés (y también la pura suerte) determinaron que las plumas de iodo 131 y cesio 137 emitidas en cada accidente tuvieran destinos muy distintos. La nube de productos de fisión emitida por Chernobyl IV, central ucraniana accidentada en 1986, se depositó desde Escocia hasta Italia sobre los suelos de media Europa, Medio Oriente y Asia Central. Amén de exacerbar las tensiones OTAN-Pacto de Varsovia, a retaguardia de ese último, este hecho destruyó las ya flacas lealtades políticas entre la URSS, Europa Oriental y los países bálticos y turcomanos, y precipitó su secesión, que no fue menor: derrumbada la URSS, se cortaron solos 15 estados-nación que hoy no son parte de la Federación Rusa. En cambio, salvo por la municipalidad de Itate, la pluma de Fukushima mayormente fue soplada mar adentro por los vientos costeros. Pese a protestas de los vecinos de ultramar con peores recuerdos de la ocupación japonesa de preguerra y guerra (Corea, Filipinas, China y Vietnam), en esos países no hubo precipitación de productos de fisión. Y dentro del archipiélago japones, el impacto sanitario y político fue menor: no se murió nadie, no cayó siquiera el gobierno nacional, y tampoco se secesionó ninguna prefectura. La central Hualong-1 podría clonarse N veces. Así lo hizo EDF con su modelo de 900 MW durante las presidencias de Georges Pompidou, Valéry Giscard d’ Éstaing y de Francois Mitterrand, al punto que todavía hoy Francia obtiene del átomo el 70,6% de su consumo eléctrico, y un territorio en el que se distribuyen 56 centrales nucleares casi idénticas entre sí, con predominio de la EDF de 900 MW y 3 «loops» de refrigeración. Son las únicas máquinas nucleoeléctricas del mundo que realmente se llegaron a fabricar en serie, y por ello también las más baratas del mundo. Gracias a ellas, los franceses pagan la tarifa eléctrica domiciliaria promedio a mitad de precio que los alemanes. Estos son muy ecologistas y cerraron sus 18 centrales. Por lo cual han vuelto a quemar carbón, incluso a importarlo de Polonia, y aún así se ven obligados a comprarle electricidad a Francia. Es decir electricidad nuclear. ¿Accidentes de consecuencias? Cero. Sólo incidentes. Con los abundantes ríos y acuíferos de Francia, estas máquinas PWR de EDF, que necesitan de bastante agua lo suficientemente fría para refrigerar el circuito secundario, pudieron distribuirse uniformemente sobre todo el territorio, al punto que sólo 18 están sobre el litoral marino. De hecho, con el recalentamiento global sucedido desde los ’70 fogoneado (en todo sentido) por la troika de grandes emisores de carbono (EEUU, el resto de la UE y China), durante la ola de calor de agosto de 2018 los franceses tuvieron que cerrar 4 plantas situadas sobre los ríos Rhin y el Ródano, cuyas aguas bajaban demasiado calientes como para refrigerar las máquinas. Cuando las plantas se construyeron, ése parecía un escenario imposible, de climatología-ficción… En China la continentalidad del clima se impone con otra dureza. La Hualong-1, parecida a la EDF francesa hasta en sus 3 loops, parece el «fierro» ideal para un despliegue en el «hinterland», pero éste es muy seco. Por ahora, el abarrotamiento de ubicaciones costeras -y por ende, entreveradas con el tejido urbano de las megalópolis- constituye un freno simultáneamente geográfico y político al desarrollo nucleoeléctrico chino. Y eso es especialmente notorio en el “Far West” nacional, en el Tibet y en el Xingjiang uighur, donde el cariño por Beijing mide en números negativos. De esos límites, que no sólo son políticos sino físicos, en el Reino del Medio, se habla poco y nada. Todo esto hoy por hoy, equivale a una condena a que la electricidad china salga de combustibles fósiles en un 70%, cifras casi calcadas de la Argentina, aunque lo que queman ellos es carbón y no gas natural. Y eso se hace con aproximadamente la mitad de eficiencia térmica, es decir el doble de emisiones de carbono por MW/h producido. No sin consecuencias: la Organización Mundial de la Salud fija un máximo tolerable de 25 microgramos de hollines finos de tipo 2,5 micrómetros, los que más hondo calan en los alvéolos pulmonares, donde por su correlación superficie/masa, logran traspasar fácilmente productos de combustión incompleta de hidrocarburos a la circulación. Y son muy irritantes. Algunos argentinos que viven o han vivido en Beijing me dicen que lo normal es el aire con 200 mg. de partículas PM 2,5. Pero que en la primera década de este siglo eran casi normales los eventos como el del lunes 15, con casi 1000 mg, es decir 30 veces la carga de particulados ultrafinos de hollín que el de Villa Inflamable. Para los no bonaerenses, es el barrio al pie de las refinerías de petróleo de “El Doque”, en Avellaneda, situado también a sotavento de las chimeneas de la Central Eléctrica Costanera de Edesur. El portal Statista estima que a fines de año el PBI chino habrá crecido un 8,1%. Lo que no entra en esas cuentas son las externalidades, las pérdidas económicas causadas en su propio país y en otros por destrucción o maltrato de recursos sin reposición. Entre esos recursos, además del agua y el aire, está el parénquima pulmonar de 1,6 millones de habitantes/año, cuyo comentario respecto de la calidad de aire en las ciudades chinas es resignado, silencioso y elocuente: se mueren.

(Concluirá mañana)

Daniel E. Arias

Un requisito para ser un país desarrollado

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Fernando Stefani es vicedirector del Centro de Investigaciones en Bionanociencias (Cibion, Conicet), profesor titular de Física Experimental en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, UBA. Hemos publicado otras veces sus reflexiones en AgendAR (ver en el Buscador: valen la pena). Aquí comenta la reciente sanción de la la Ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. Un paso necesario pero no suficiente para llegar a ser un país desarrollado.

«A pesar de la siempre abrumadora coyuntura, cada tanto la política argentina encuentra un huequito para dar un paso importante para nuestro futuro. Días atrás el Congreso Nacional dio uno: aprobó con amplia mayoría la ley de financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología. La norma establece un incremento progresivo de la inversión pública en investigaciones científicas y desarrollos tecnológicos (I+D) ligado al PBI, llevándola desde un 0,28% del PBI en 2021 hasta el 1% en 2032; Referencia: en 2019 esta inversión fue de 0,21% PBI, y tuvo su pico de 0,46% PBI en 2015.

Podemos pensar que con esta ley se resuelve positivamente el largo debate sobre si debemos o no invertir en ciencia y tecnología de manera planificada. Una excelente noticia. Sin este paso, necesario pero no suficiente, resulta estéril cualquier estrategia de crecimiento económico sostenido en el tiempo.

El planeamiento presupuestario definido por la nueva ley es importante por dos motivos. Primero, su proyección de 11 años es compatible con los proyectos de I+D. Proyectos cortos requieren unos años; ejemplos: validar una hipótesis sobre el mecanismo de una enfermedad, o modernizar una línea de producción. Proyectos más ambiciosos requieren una década o más; ejemplos: diseño, fabricación, aprobación e instalación de radares (Invap), o desarrollo, aprobación y comercialización de una nueva semilla (trigo resistente a la sequía del Conicet y la Universidad del Litoral). La nueva ley garantiza la necesaria continuidad por un lapso razonable, que deberá ser extendido oportunamente.

En segundo lugar, la ley establece una velocidad de incremento de la inversión. Para progresar, la Argentina necesita generar conocimiento e innovaciones a una cierta velocidad, superior a la que marcan los líderes. Se trata de una carrera por la economía global. Cada año, el mercado internacional se nutre de nuevos productos y servicios que apuntan a mejorar nuestra calidad de vida en todos sus aspectos: salud, alimentación, educación, vivienda, transporte, trabajo, comunicaciones, entretenimiento, etc. Estos nuevos productos y servicios se consumen en todo el mundo, pero se generan en abrumadora mayoría en los países desarrollados. Esto es así porque esos países son lo que cuentan con la capacidad de innovación. Para sostener su potencia económica, los países desarrollados invierten cada año una fracción mayor de sus PBI en I+D. El ritmo de este avance puede medirse. Los datos del Banco Mundial o Unesco muestran que, en promedio, los países desarrollados invierten cada año un 0,03 %PBI más que el año anterior. Esa es la velocidad promedio de los líderes: Estados Unidos va al 0,02 %PBI/año, Alemania al 0,04 %PBI/año. Los verdaderos países en desarrollo aumentan su inversión en I+D a un ritmo superior. Por ejemplo, China lo hace al 0,08% PBI/año. Corea de Sur va al 0,15% PBI/año, Malasia al 0,06 %PBI/año. Es una carrera. Si uno quiere ganar posiciones debe ir más rápido que los líderes.

La Argentina, con importantes altibajos, viene aumentando su inversión en I+D a un ritmo promedio de 0,01% PBI/año; tres veces más lento que los países desarrollados (ver gráfico). Venimos acumulando un retraso científico-tecnológico fenomenal. Es importante asimilar estas métricas comparativas con los países desarrollados y en desarrollo porque si no, desde el punto de vista de nuestro retraso, nos confundimos avances locales con estar en desarrollo. La nueva ley brinda una oportunidad para revertir esta tendencia condenatoria.

% PBI invertido en investigaciones científicas y desarrollos tecnológicos (I+D)

Para visualizar esta carrera por la innovación, el gráfico muestra la inversión en I+D en función del tiempo de algunos países de referencia. Mayor pendiente indica mayor velocidad de transformación. Como ejemplo de países desarrollados están Alemania y Estados Unidos. Como ejemplo de países en desarrollo, China y Malasia. Argentina y Brasil están estancados; Brasil en un nivel superior. China nos superó en los 1990, pasó a Brasil en 2002, y alcanzará a Estados Unidos en 2026. Malasia superó a la Argentina en el 2000 y a Brasil en 2005.

La inversión que cuenta en este análisis es la total, pública + privada, expresada como fracción del PBI; la fracción de la economía que se invierte en I+D. La nueva ley, desde luego, solo planifica la inversión pública. En la Argentina, la participación del sector privado es de un 20 a 30%. La proyección a futuro para la Argentina que se muestra en el gráfico toma la inversión pública programada por la nueva ley y asume una participación privada constante de 25%. Esto ya implicaría un cambio sustancial, aunque modesto para el nivel de retraso que hemos acumulado. Alcanzar a Brasil recién sería posible en 2035; Malasia aparece en un horizonte inalcanzable. Ni hablar China o los países desarrollados. Pero de aplicarse bien la nueva ley, la participación del sector privado debería crecer, dando como resultado una aceleración mayor.

Un país en desarrollo se caracteriza por un proceso en el que la inversión total en I+D aumenta a una velocidad competitiva (0.06% – 0.15% PBI/año), y dónde la participación del sector privado crece. Corea del Sur, por caso, arrancó en los 1960s con una inversión 95% pública. Le llevó 30 años impulsar a su sector privado a invertir el 50%. Unos poco años después alcanzó la relación 75% privado – 25% público, que en la actualidad es la norma en los países desarrollados. Esta proporción responde a un balance entre el conocimiento científico generado principalmente con fondos públicos, y su demanda a través de tecnologías por el sector productivo.

El sistema científico se encuentra en un estado muy preocupante, con salarios de pobreza y enormes dificultades para trabajar. Muchos científicos, jóvenes y no tanto, buscan otros horizontes geográficos, virtuales (telemigrantes) o laborales. Sin dudas, parte del nuevo presupuesto debe destinarse a mejorar las condiciones laborales de los científicos en instituciones estatales, pero no debe limitarse a eso.

Para salir del estancamiento y las crisis recurrentes, la Argentina necesita que todas sus empresas sean cada vez más competitivas, que generen y comercialicen productos y servicios cada vez de mayor valor en la economía global. Para ello, deben innovar, convertirse en genuinos demandantes de conocimiento y tecnología. Y de nuevo, para que sea exitoso, este proceso de aprendizaje y mejora debe hacerse con un mínimo de velocidad. Si no, no reducimos nuestro retraso.

El sector empresario es donde se concretan las innovaciones. No hay que confundir una invención con una innovación. Una invención es una idea para un nuevo producto o servicio; en principio, la puede hacer cualquier persona, en cualquier lugar. Desde luego, con más conocimiento y creatividad se producen mejores invenciones. Pero una innovación es otra cosa, consiste en transformar una invención en un producto o servicio real, producido y distribuido a escala para la sociedad. No la puede hacer una sola persona, ni se puede hacer en cualquier lugar. La capacidad de innovación es algo complejo y cada vez más desafiante. Requiere de un conjunto de habilidades específicas para cada sector, que incluyen, además del dominio de tecnologías clave, conocimiento de regulaciones, mercadeo y prospectiva, captación de capitales, financiación, fabricación, logística, comercialización, y gerenciamiento de la innovación; en sectores estratégicos incluso de política exterior y lobby internacional.

Para la enorme mayoría de las empresas argentinas (y del mundo) es imposible reunir todas estas capacidades por sí solas. Tampoco las reúnen las oficinas o unidades de vinculación tecnológicas existentes en nuestro país. Los países desarrollados y en desarrollo cuentan con instituciones especializadas en esta tarea para cada sector productivo. Allí, las empresas del sector encuentran la tecnología y el asesoramiento profesional para poder innovar. La institución estrella de este tipo son los Institutos Fraunhofer de Alemania (80 centros especializados). Este esquema tiene una doble ventaja: 1) la inversión hecha en esas instituciones, que sería imposible de afrontar para una empresa individual, se amortiza entre muchas empresas del sector; 2) la capacidad de innovación se concentra en un sitio, el conocimiento se pasa de generación en generación, y el aprendizaje se aprovecha mejor; la experiencia hecha en un caso sirve para casos futuros.

En resumen, para que la inversión pública en I+D sea efectiva, requiere de una estrategia con lineamientos y objetivos sostenibles, en un clima desarrollo integral del país. Si no, será infructuosa y generará un crecimiento del sistema científico desacoplado de las necesidades de la sociedad, generando más problemas que soluciones. La inversión pública en I+D debe incluir estímulos a la inversión privada en innovación en diversas formas: incentivos económicos, facilidades regulatorias, y centros sectoriales especializados en innovación.

Si esto se hace correctamente, la inversión privada en I+D aumentará junto a la pública, y con el tiempo lo hará a un ritmo superior. Esto, a su vez, dará mayor competitividad a nuestras empresas, generando más riqueza, más y mejores puestos de trabajo, y mayor recaudación, permitiendo al Estado continuar aumentando la inversión pública en I+D. Se establece un círculo virtuoso donde la inversión pública se multiplica y permite el crecimiento sostenido. Esto puede parecer una sobre-simplificación, que ignora o subestima los obstáculos prácticos, pero no lo es. Se trata de definir un camino sostenible y con propósito. Los obstáculos aparecerán, pero si el objetivo está claro se sortean uno a uno. Una buena aplicación de esta nueva ley tiene el potencial de desencadenar un círculo virtuoso que impulse a nuestro país por un sendero de desarrollo en solo unas décadas.»

Protistas: un estudio que cambia conceptos básicos de la distribución biológica

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Un consorcio internacional de científicos, con participación argentina, estudió microorganismos claves para la vida en el planeta. 

Investigadores de 7 países europeos y de la Argentina pusieron la mira en pequeños y grandiosos organismos que habitan los más recónditos sitios del planeta: los protistas. Los secuenciaron y descubrieron que muchos de ellos eran desconocidos hasta entonces. Aun más: encontraron que mostraban más diversidad que la esperada, en especial, en aquellos que habitan los suelos. También observaron que los sistemas terrestres ofrecen mucho más de lo pensado. “Estos ambientes no han sido muy estudiados y la diversidad encontrada en este trabajo es altísima. Esto está demostrando que sólo conocemos la punta del iceberg”, señala la bióloga Irina Izaguirre. Ella integró este equipo científico internacional que analizó cientos de muestras de estos microorganismos en tierras, mares, ríos y lagos de distantes sitios del mundo.

Los protistas son fundamentales para la vida en el planeta

Su nombre proviene de una palabra que en su origen significa “los primerísimos”. Constituyen las bases y el sustento de las cadenas alimentarias de muchos ecosistemas. Unicelulares en su mayoría, y muy distintos entre sí, algunos, por ejemplo, son parásitos y causan enfermedades como la malaria; otros son fotosintéticos y captan el dióxido de carbono atmosférico contribuyendo al balance global del planeta. Pero todos son pequeñísimos. “Como son organismos muy chiquitos resultan muy difíciles de estudiar. Por eso, estos trabajos se basan en métodos moleculares, porque es la única manera de analizar su biodiversidad. Por su aspecto o morfología es muy complejo hacerlo porque hay especies muy parecidas entre sí”, describe Izaguirre, investigadora del Departamento de Ecología, Genética y Evolución de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y del IEGEBA (UBA-CONICET), y cuenta su propia experiencia con muestras extraídas en sus campañas científicas en la Antártida. “Aun puestos bajo los más precisos microscopios no lográbamos distinguir a cinco protistas diferentes, en tanto que, con los medios moleculares -compara- encontramos a cientos”. Tras desentrañar la información genética del ADN del microorganismo, se envía la secuencia para registrarla en el GenBank, la base de datos de secuencias genéticas del National Institutes of Health de Estados Unidos. Este banco de datos de libre acceso permite corroborar si la secuencia obtenida ya había sido asentada o hallada en otras investigaciones. “De este trabajo, un porcentaje muy bajo de lo que se encontró, sobre todo en muestras de suelo, mostró alta similitud con lo ya registrado en el GenBank. Es decir, era casi todo nuevo”, nota. Mares como el Mediterráneo, océanos como el Atlántico, lagunas pampeanas, lagos patagónicos o antárticos, o distintos suelos del planeta, son solo algunos de los 122 sitios de donde se obtuvieron muestras con protistas. “Algunos de estos organismos son fotosintéticos. Y algunos de ellos, inclusive, cuando no tienen suficiente luz pueden ingerir bacterias, lo que se denomina mixotrofia. Es como si los humanos, además de comer, pudiéramos hacer fotosíntesis”, remarca con admiración biológica. Este mundo, minúsculo en tamaño pero gigante por su relevancia en el planeta, mostró en este trabajo diferencias según los hábitats de estudio. “El suelo alberga la mayor diversidad de protistas, seguido de los océanos y el agua dulce”, publica este equipo multinacional, bajo la dirección de David Singer, en Environment International En otras palabras, esta investigación puso al descubierto que en la tierra, bajo nuestros pies, estaban ocultas la mayor cantidad de especies protistas no descriptas hasta entonces. Asimismo, mostró al suelo como un gran tesoro de microorganismos, al guardar una mayor variedad que la hallada en aguas saladas o dulces. “Por primera vez se puede poner en evidencia que la tierra tiene una diversidad muy importante de protistas, hecho que tal vez se subestima porque no hay tantos estudios realizados sobre ambientes terrestres”, puntualiza. Hasta ahora se considera que en el mar habitan microorganismos, entre ellos numerosos protistas como las microalgas, que llevan adelante la fotosíntesis y son responsables de gran parte de la producción de oxígeno y de la fijación de carbono en el planeta. Esta investigación no encontró diferencias significativas en la abundancia relativa de organismos fotosintetizadores en las muestras marinas y de suelo, aunque mostró que son dominantes en el agua dulce. “Esperábamos que hubiera muchos organismos fotosintetizadores en el mar, pero no pensábamos encontrar una cantidad tan grande en la tierra. Esto es sorprendente y podría sugerir que en el suelo se realiza una contribución, en el ciclo global del carbono, mayor de lo que se suponía”, indica Izaguirre, al tiempo que concluye: “El mundo microscópico terrestre está poco explorado. Y su relevancia puede llegar a ser mayor de lo que se sabe”.

OMS: “La desigualdad en la distribución de vacunas es un catastrófico fracaso moral”

El titular del organismo, Tedros Ghebreyesus, criticó la actitud de los fabricantes de vacunas que buscan la aprobación reglamentaria de los países prósperos en lugar de someter sus datos a la OMS para obtener una luz verde global.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que el mundo puede enfrentarse a un “catastrófico fracaso moral” si los países ricos acapararan las vacunas contra el coronavirus en detrimento de las naciones pobres. Pero este alerta ya se dio hace un par de semanas, y en el informe de ayer de la OMS se puede leer que se registran 121.464.666 de contagios confirmados en el mundo, y el número de muertes por esa causa alcanza a 2.684.093. En un informe preparado para la reunión de la OMS, un panel de especialistas subrayó que “al referirse a la cronología inicial de la primera fase de la epidemia, se constata que habría sido posible actuar más rápido sobre la base de las primeras señales“. “Lo que está claro para el grupo es que las autoridades sanitarias locales y nacionales de China podrían haber aplicado medidas de salud pública más contundentes en enero“, agregó y destacó que la rápida transmisión del virus en el mundo a principios de 2020 se vio facilitada por el hecho de que “la epidemia fue en gran parte ocultada” en esa potencia asiática. Mientras tanto, el director general de la OMS, Tedros alertó sobre una de las principales preocupaciones actuales de la organización multilateral: la creciente concentración de vacunas en manos de unos pocos países en detrimento a gran parte del mundo que aún no consiguió dosis o solo negoció para una parte insuficiente de su población. “Debo ser franco. El mundo está al borde de un catastrófico fracaso moral y el precio de este fracaso será pagado con vidas en los países más pobres del mundo”, sentenció Tedros. En un discurso en la apertura de un consejo ejecutivo de esta agencia de la ONU, en Ginebra, criticó la actitud “egoísta” de los países más ricos y a los fabricantes de vacunas que buscan la aprobación reglamentaria de los países prósperos en lugar de someter sus datos a la OMS para obtener una luz verde a escala mundial para la utilización de la vacuna. Para el director general de la OMS la situación pone en peligro el acceso equitativo en todo el mundo a la vacuna y afirmó que 39 millones de dosis de vacunas contra el coronavirus ya se habían administrado a fines de enero en al menos 49 países ricos y en apenas un puñado de naciones en desarrollo.