En el gobierno actual, más de 15.000 efectivos pidieron la baja voluntaria en las Fuerzas Armadas

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El reciente Informe 144 de la Jefatura de Gabinete expuso que, desde el 10 de diciembre del 2023 a la fecha, las Fuerzas Armadas de Argentina registraron la baja voluntaria de más de 15.000 efectivos. Esta cifra se da en el marco del alto perfil que ganó en las últimas semanas la salida del personal militar, situación motivada por diversos factores, entre ellos el salarial.

Los detalles de las bajas voluntarias en las Fuerzas Armadas de Argentina emanan de la respuesta que brindó el Ministerio de Defensa a la pregunta n° 447. En esta se solicitaron los siguientes puntos:

  • ¿Cuál ha sido la cantidad de bajas y/o renuncias realizadas en las Fuerzas Armadas, desde el 10 de diciembre de 2023 al presente?
  • Describa cantidad realizadas en cada una de las fuerzas, discriminadas por categorías y lugares de destino.
  • ¿Cuáles han sido los motivos enunciados por cada baja y/o renuncia en las Fuerzas Armadas?

De un breve análisis de las cifras expuestas por el Ministerio de Defensa se desprende que, al menos 15.415 efectivos de la Armada, Ejército y Fuerza Aérea Argentina solicitaron la baja voluntaria en el período de poco más de 20 meses que abarca desde el 10 de diciembre a la fecha (entiéndase por fecha en la cual la cartera de Defensa elaboró la respuesta). A estas bajas de oficiales, suboficiales y soldados voluntarios no solo deben sumarse aquellas consideradas obligatorias, por destitución, recisión de contrato, decisión de la Fuerza, entre otras, sino que también se le añaden los retiros voluntarios y anticipados.

Conforme a las cifras detalladas por el Ministerio de Defensa, las bajas voluntarias registradas desde el 10 de diciembre del 2023 son las siguientes:

Armada Argentina: 89 oficiales; 779 suboficiales y marineros tropa voluntaria. Reflejado en porcentajes, un 10,25% de las bajas corresponden a oficiales, mientras que el restante se reparte entre suboficiales y personal voluntario. Tomando como ejemplo los casos de las otras Fuerzas, se podría decir que los % de estos últimos se repartirían en un +/-9% y +/-79%, respectivamente.

Fuerza Aérea Argentina: 137 oficiales; 344 suboficiales y 1989 voluntarios. En porcentajes, se reparte de la siguiente manera: 5,54% oficiales, 13,92% suboficiales y 80,52% personal voluntario.

Ejército Argentino: 421 oficiales; 1327 suboficiales y 10329 soldados voluntarios. En porcentajes sería 3,48% oficiales, 10,98% suboficiales y 85,52% tropa voluntaria. Además, el Informe menciona que “…un total de 185 Oficiales y Suboficiales han solicitado el retiro anticipado (con una permanencia menor a los 35 años de servicios)..”, así como la renuncia y rescisión de contrato de 119 civiles (426 en total, por diversas razones).

La suma final da que 647 oficiales, 2450 suboficiales y 12318 voluntarios solicitaron la baja voluntaria en poco más de 20 meses.

Según el Informe, las razones de las bajas voluntarias son multicausales: la principal es la económica/salarial, seguida de cuestiones personales, desarrollo profesional, etc. Vale destacar que la contabilización, razones y detalle por año no se realizó siguiendo los mismos parámetros para las tres Fuerzas, por lo que resulta complejo discernir aspectos adicionales. La pregunta tampoco ahondó en una comparativa con otros períodos, sabiendo que la problemática de la salida de personal militar es una realidad que se arrastra desde hace años.

En los primeros días de agosto abordábamos esta cuestión, la cual está relacionada directamente con la pérdida de capacidades de las Fuerzas Armadas de Argentina. La salida de personal con años de servicio y experiencia, y en muchos casos con formación que demanda una considerable inversión de tiempo y recursos, no solo tiene un impacto inmediato en las tres Fuerzas, sino que se ha ingresado en un proceso donde ocupar esos espacios vacíos cada vez resulta más difícil.

Bajas Fuerza Aérea Argentina

A modo de ejemplo, podemos señalar la situación que se desarrolló en la Fuerza Aérea Argentina entre el 2020 y el 2024 incluido. Según lo detallado por el Informe 143 de la Jefatura de Gabinete, 252 oficiales lograron egresarse de la Escuela de Aviación Militar, mientras que 268 se fueron de baja. Otros 420 oficiales se retiraron. En el caso de los suboficiales, para similar período se registraron 716 egresos, 515 bajas y 1326 retiros.

ATE denuncia el vaciamiento del sector nuclear y movilizará a la CNEA

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Los trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) acusaron al Gobierno de impulsar un “vaciamiento y privatización encubierta” del sector. Denuncian paralización de proyectos estratégicos, precarización laboral y convocan a movilizarse este 28 de agosto en defensa de la soberanía energética.

Trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) denunciaron un proceso de “entrega, vaciamiento e intento de privatización” del organismo y convocaron a una movilización para este jueves frente a la sede central, ubicada en avenida Libertador 8250.

Según expresaron en un comunicado difundido este miércoles, las políticas impulsadas por el Gobierno Nacional bajo el rótulo de un “plan nuclear” esconden “un esquema de negocios” que, consideran, degrada la capacidad científica y tecnológica del sector y afecta directamente a los trabajadores.

Entre las medidas criticadas, los gremios señalaron la paralización del proyecto CAREM, la privatización de la producción del reactor RA-10, la detención de la producción de agua pesada en favor de la importación y la posible entrega de la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) a la empresa canadiense CANDU Energy. También denunciaron la apertura de las minas de uranio en Mendoza y Santa Cruz a corporaciones extranjeras, así como la promoción del reactor extranjero ACR-300 en reemplazo del desarrollo nacional.

El comunicado advierte, además, sobre la intención oficial de avanzar en la privatización de NA-SA, la operadora de las centrales nucleares argentinas, lo que —según el gremio— implica una pérdida de soberanía energética y tecnológica.

En paralelo, describen un escenario de precarización laboral dentro de la CNEA: congelamiento salarial que empuja a gran parte del personal por debajo de la línea de pobreza, jubilaciones compulsivas que dejan áreas críticas sin personal, falta de pases a planta para becarios y contratados y un creciente éxodo de profesionales.

Frente a esta situación, los trabajadores anunciaron que se movilizarán este jueves con un pliego de reclamos que incluye:

  • Recomposición salarial urgente
  • Pase a planta permanente de becarios y contratados
  • Rechazo al vaciamiento, la privatización y la entrega de los recursos estratégicos

“No es un plan, es una estafa. Se juega el futuro de nuestra soberanía tecnológica y energética”, concluye el comunicado.

El gobierno cierra una empresa conjunta de INVAP y ARSAT. AgendAR denuncia una decisión irracional

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La empresa Centro de Ensayos de Alta Tecnología S.A. (CEATSA), una sociedad entre la rionegrina Invap y la nacional Arsat, “ingresó en una fase de liquidación, razón por la cual ha dejado de prestar servicios”. El mensaje aparece en el sitio web de la compañía, sin mayores precisiones.

Más que una empresa en sí misma Ceatsa es una gran instalación dentro del predio principal de Invap en Bariloche.

La decisión de invertir 40 millones de dólares en este centro encontró su justificación en la necesidad de hacer los ensayos de los satélites que, según el plan del gobierno de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner, iba a construir la empresa rionegrina en Bariloche.

Ceatsa es mayoritariamente de Arsat, una empresa del Estado nacional que maneja los dos satélites de comunicaciones geoestacionales que llevan ese mismo nombre, además de una red de fibra óptica y otros medios de telecomunicación. Invap es socio minoritario.

Hasta que este centro se inauguró, los satélites que construía Invap (todos de una escala mucho menor) se enviaban a Brasil para los ensayos por la falta de instalaciones en Argentina. Eso significaba un gasto extra muy alto y una logística demasiado complicada, además de la toma de riesgos.

Nación liquida Ceatsa, donde se ensayaron los Arsat

Por allí pasó la primera versión, además del Arsat-2, los dos Saocom (Satélite Argentino de Observación Con Microondas), y el Sabiamar (Satélite de Aplicaciones Basadas en la Información Ambiental del Mar).

Los ensayos a los que someten allí a los satélites y a sus prototipos simulan las condiciones a los que serán sometidas en la etapa del despegue del cohete lanzador y las que tendrán en el espacio durante su vida útil.

Por qué se liquida la empresa que ensaya satélites

“El año pasado decidieron cerrar Ceatsa por una optimización de procesos administrativos. Actualmente hay un convenio para el uso de las instalaciones para ensayos”, dijo un vocero de Invap, cuya conducción prefiere no aparecer en los medios.

“Luego vamos a tener un convenio de uso para alquilar la facilidad a terceros”, añadió. El convenio se hará con la empresa Arsat.

Tanto Ceatsa como Arsat, cuyo accionista es el Estado nacional, quedaron dentro de la Agencia de Transformación de Empresas Públicas, un organismo que depende del ministerio de Economía y que tiene la misión de privatizar.

Las aplicaciones que se pensaron como asociadas al propósito fundacional del centro de ensayos van desde la telefonía hasta la industria automotriz, aunque hasta ahora no hubo avances en la venta de estos servicios.

Cuando Invap comenzó a hacerse fuerte en el área de radares, el laboratorio sirvió para ensayar cuestiones menos mecánicas, ya que en las instalaciones hay una cámara anecoica (absorbe ondas sonoras o electromagnéticas, y elimina el eco y el ruido externo).

DIARIO RÍO NEGRO consultó a exdirectivos de Ceatsa y les preguntó por los ensayos en la industria automotriz. La respuesta fue que, como se trata de motores (con combustible y aceites) existía el temor de que se perdieran las condiciones de “cuarto limpio”, que sin indispensables para aparatos como un satélite.

El futuro de la fábrica de satélites de Invap es incierto. Desarrolló, junto con una empresa similar de Turquía, un prototipo de satélite a menor escala, que iba a ser el modelo para el tercer Arsat, pero no prosperó.

Cómo es el centro de ensayos de satélites de Bariloche

Un centro de ensayos de este tipo podría ser ocioso si en nuestro país no se construyen más satélites . El universo de elementos que podrían probarse en instalaciones preparadas para similar condiciones del espacio profundo, no es tan amplio.
En Ceatsa hay:

  • Una cámara de termovacío, que es una especie de tanque en cuyo interior no hay aire y la presión es 10.000 millones de veces inferior a la del ambiente terrestre. Se aplican temperaturas extremas, de 150 grados centígrados sobre y bajo cero.
  • Un “shaker” o sacudidor que somete al aparato a un movimiento extremo en sus tres ejes.
  • Enormes equipos de sonido con columnas que rodean al satélite y aplican sobre él hasta 141 decibeles, el triple de volumen de un recital de rock.
  • Una cámara anecoica, donde se reproduce lo que ocurre entre la antena y la Tierra y se analiza además la “autocompatibilidad electromagnética” para evitar que los componentes del satélite, una vez encendidos, dañen al propio satélite.

Martín Belvis

Comentario de AgendAR:

Esto es grave. CEATSA es una sociedad mixta de ARSAT e INVAP, con ARSAT dueña del 90% de las acciones.

INVAP es estatal, y aunque esto ofenda a unos cuantos, gana plata exportando reactores nucleares y radares.

Hasta 2017, cuando Mauricio Macri decidió que el país dejara de lado todos sus planes aeroespaciales, INVAP, con 7 satélites construidos y buenos, venía ofreciendo «expertise» satelital argentino al mundo.

La idea era repetir en el espacio orbital lo que INVAP logró en la Tierra: tomar un nicho del mercado y dominarlo. Es difícil, pero desde 2000 es la mejor constructora de reactores nucleares multipropósito. Gana todas las licitaciones internacionales.

Parece que eso jode a algunos.

ARSAT, también estatal, vive sin déficit ni subsidios, de vender señal de sus dos satélites en Sud, Centro y Norteamérica.

No hay maldito el motivo para liquidar CEATSA. Es vender -a precio seguramente vil- la segunda mayor cámara de testeos de pre-vuelo del Hemisferio Sur.

En 2017 la Cámara de Diputados se acordó de pronto de que era «Honorable» y destruyó el intento macrista de embretar para siempre a ARSAT con la Hughes Space. Hacían una UTE más bien eterna, el estado argentino ponía toda la plata, y la firma yanqui se quedaba con el 51% de las acciones y se adueñaba del programa argentino de telecomunicaciones «forever and ever».

Se armó quilombo en Diputados, y el abogado runfla que oficiaba de interventor de ARSAT se tuvo que volver a rosquear a Córdoba.

La Honorable, sin embargo, se quedó con deberes sin hacer. Por ejemplo, reanudar el diseño y construcción de la flota satelital de ARSAT. Honorable, ma non troppo.

La Hughes desapareció… por ahora. Es parte de la Boeing desde 2000, y parte de los proveedores del Pentágono. Algún cuadro de ese otro tótem a punto de quebrar desde 2019 debe estar leyendo esta noticia argentina con cierto interés buitre.

Desde hace un mes y medio, la Honorable Cámara de Diputados decidió resucitar y volver al trabajo. Le rebotó 37 decretos más bien horrorosos al gobierno de Javier Milei.

Sería bueno que ese alto templo de sabiduría legislativa le explique al país por qué no está deteniendo el troceo de CEATSA. Se necesita para defender la industria aeroespacial argentina. Y es un activo nacional de muchos centenares de millones de dólares. Pero lo van a partir y repartir como un pollo.

Mucho gato a alimentar, parece.

Daniel E. Arias

Nuevo huso horario ¿Solución o problema?

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Todo aquel que haya crecido en el sur del país conoce las sospechas de que algo en la hora argentina nunca estuvo del todo bien, de que la hora oficial no se corresponde con la hora solar sino con algún capricho de allá lejos donde se toman las decisiones.

Por eso, a primera vista, el proyecto de ley que busca modificar el huso horario y que ya obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados parece una buena noticia. Reconoce un problema real y largamente discutido: Argentina vive en el huso horario equivocado.

Desde el punto de vista geográfico, la mayor parte del territorio argentino debería regirse por el meridiano de 60 grados oeste, correspondiente al huso UTC-4, donde el sol alcanza su punto más alto cerca del mediodía. En cambio, nos aferramos al UTC-3, un capricho histórico que nos mantiene en un eterno horario de verano desde que en 1970 se abandonó la alternancia estacional y se mantuvo por error el huso adelantado. Ninguna porción del territorio nacional se encuentra dentro del huso UTC-3. 

El diagnóstico, entonces, es correcto pero el problema es que el proyecto además propone alternar entre un horario de invierno y uno de verano, una solución anticuada y un experimento fallido que el resto del mundo está abandonando y que ignora décadas de evidencia científica sobre los costos que esta práctica tiene para la salud pública, tal como advierte el cronobiólogo Diego Golombek.

El origen de la idea

La idea de adelantar los relojes, el llamado horario de verano (conocido en inglés como Daylight Saving Time o DST), es un zombi conceptual que se niega a morir. Fue sugerido por primera vez en forma de sátira en 1784 por el enviado estadounidense en Francia, Benjamin Franklin, que publicó anónimamente una carta en la que proponía que los parisinos economizaran el uso de velas levantándose más temprano, además de gravar las persianas, racionar las velas y despertar al público tocando las campanas de las iglesias y disparando cañones al amanecer. Pero pareciera ser que a varios se les escapó la obvia ironía de Franklin —y el hecho de que en la Europa del siglo XVII no se mantenían horarios sincronizados— y al día de hoy le siguen atribuyendo equivocadamente este concepto. Típico.

Aunque en algunas partes de Canadá se lo implementó en los primeros años del siglo XX, Alemania fue la primera nación en incorporarlo en 1916, en un intento desesperado por reducir el consumo de carbón para el esfuerzo bélico, y otras potencias la siguieron. Desde entonces, el argumento del ahorro energético se ha repetido como un mantra, una justificación tan conveniente como infundada. 

La evidencia habla

La evidencia al respecto es aplastante, pero ni siquiera hace falta remitirse a lo que sucede en otros países: la propia experiencia argentina lo demuestra. Durante los veranos de 2007 a 2009, cuando se intentó aplicar un horario estival aún más adelantado (UTC-2), el resultado fue un aumento del consumo energético de entre un 0,4% y un 0,6%. Como explica un informe publicado en Le Monde Diplomatique por los autores Esteban Rodofili, Diego Golombek y Marina Rieznik, el consumo energético en Argentina no desciende tanto tras la puesta del sol porque muchas actividades, como la cena, se realizan igualmente a esa hora. Además, aumenta el consumo por la mañana para iluminación y por la tarde para refrigeración, especialmente en latitudes templadas.

Entonces, si el argumento del ahorro es falso, podemos preguntarnos por qué persiste la idea. La respuesta, como casi siempre, tiene que ver con intereses comerciales. El mito popular dice que el cambio de hora se creó para beneficiar a los agricultores, pero la realidad es que el lobby del campo históricamente lo detestó. Para ellos, el reloj de la naturaleza —el sol— es el que manda, no el del gobierno. Menos luz por la mañana significaba menos tiempo para cosechar y llevar sus productos al mercado.

¿A quién beneficia?

Los verdaderos impulsores del horario de verano fueron siempre los comerciantes. Como explica el autor Michael Downing en su libro Spring Forward (2005), la Cámara de Comercio estadounidense fue la primera y más persistente defensora de la medida: con una hora extra de luz solar al final de la jornada laboral, la gente tiende a permanecer en la calle y se ve más tentada por los comercios iluminados.

A lo largo del siglo XX, la industria del golf, los fabricantes de parrillas y hasta el lobby de las golosinas se sumaron a la causa, calculando ganancias millonarias por esa hora extra de luz vespertina para el consumo. La extensión del DST en Estados Unidos fue un triunfo de estos grupos, que llegaron a dejar calabazas con caramelos en los escaños de los senadores para asegurarse de que Halloween cayera dentro del horario con tardes más largas.

¿Cómo se paga?

Pero esa hora extra la pagamos con el cuerpo, que se rige por un reloj interno moldeado evolutivamente a lo largo de la historia de nuestra especie para corresponderse con el ciclo natural de luz y oscuridad. Este reloj maestro, ubicado en el núcleo supraquiasmático del cerebro, regula desde nuestros patrones de sueño y hambre hasta la producción de hormonas y la temperatura corporal. Su principal sincronizador, o zeitgeber, es la luz solar. Como señala Andrea Pattini, investigadora del CONICET, no iniciar las actividades diurnas con luz natural genera lo que los especialistas llaman un «jet lag social» autoinducido. Es como obligar a toda la población a tomar un vuelo hacia el este sin moverse de su casa.

Las consecuencias no son triviales. El desajuste agudo de los días posteriores al cambio se asocia con un aumento en el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares, así como un incremento en los accidentes de tránsito y laborales. Pero el problema es más profundo y silencioso. Vivir durante casi ocho meses en un incorrecto y permanente horario de verano nos somete a una desalineación circadiana crónica, un estado de tensión constante entre nuestra biología y nuestro entorno. Esto parece ser especialmente perjudicial para los adolescentes, cuyo reloj biológico ya está naturalmente retrasado por la pubertad —su tendencia a dormirse y despertarse más tarde no es pereza, es fisiología—, y a quienes obligamos a ir al colegio en plena oscuridad, afectando su capacidad de aprendizaje y su salud mental.

Como se destaca en el informe para Le Monde Diplomatique, varios estudios locales encontraron una relación directa entre el cronotipo de los adolescentes y su rendimiento escolar, e incluso un estudio en Chile —que tuvo un horario doblemente adelantado en 2015— registró un aumento del ausentismo escolar del 2,4%.

Hay rechazos

El mundo está empezando a tomar nota de este cúmulo de evidencia. Lejos de ser una idea de vanguardia, la propuesta argentina va a contramano de la tendencia global. En la Unión Europea una consulta pública masiva realizada en 2018 expuso que un 84% está en contra del cambio de horario bianual, y en 2022, México abolió el horario de verano y adoptó un horario estándar permanente, citando precisamente los beneficios para la salud y la productividad. La Asociación Médica Estadounidense y la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño pidieron formalmente la adopción del horario estándar durante todo el año, que es el que mejor se alinea con la fisiología humana. Insisten en que, aunque la gente prefiera la luz extra por la tarde, los beneficios para la salud de la luz matutina son abrumadoramente más importantes.

La discusión sobre el huso horario en Argentina es una oportunidad para tomar una decisión informada, basada en evidencia científica y no en justificaciones obsoletas o intereses comerciales. Aunque el diagnóstico del proyecto de ley es acertado, y nuestro reloj oficial está desfasado, la solución, sin embargo, no es someternos a un caos bianual que potencialmente dañe nuestra salud.

Una posible solución

Lo mejor sería adoptar de manera permanente el huso horario que nos corresponde, el UTC-4. Para algunas regiones del oeste del país donde la diferencia es aún mayor y el sol sale exasperantemente tarde, incluso podría considerarse un segundo huso horario, como sugiere el especialista en medicina del sueño Facundo Nogueira. Lejos de ser una complicación logística, es una práctica común en países de similar extensión territorial como Estados Unidos, Canadá o Australia, que entienden que la geografía no debería ser ignorada.

La discusión sobre el huso horario es, en el fondo, un caso testigo sobre el lugar que le damos a la ciencia en las políticas públicas. Ojalá esta discusión ya inaugurada pueda encaminarse en torno a la abundante evidencia y no al capricho o la negligente imitación. Nuestro cuerpo y nuestra mente funcionan mejor cuando nuestro reloj social se alinea con el sol, no cuando lo forzamos a vivir en un verano perpetuo y artificial.

Si vamos a ajustar los relojes, hagámoslo bien. Ya es hora.

Valentin Muro

Un millón 300 mil particulares compraron US$ 5.432 millones en julio

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Los argentinos parecen haberse tomado muy a pecho la recomendación que, a comienzos de julio pasado, les hizo el ministro de Economía, Luis Caputo, al refutar las críticas al supuesto atraso cambiario. “¡Comprá, no te la pierdas, campeón!”, había ironizado con relación al debate sobre un dólar barato ante un auditorio de 700 ejecutivos en el cierre del Summit IAE Business School (Universidad Austral).

Los datos oficiales ahora muestran que le hicieron caso: 1,3 millones de individuos compraron dólares para atesoramiento o para atender pagos durante ese mes, 30% más que el promedio de los tres meses previos, desde que se abrió el cepo cambiario para la demanda de personas.

De esta manera, se alzaron por esa vía con US$3408 millones, el mayor monto desde el último mes previo a la reinstalación de esta demanda, luego de las PASO de 2019. Así lo indicó el Balance Cambiario de julio dado a conocer hoy por el Banco Central (BCRA). Además, es un 41% más que los US$2416 millones adquiridos en junio.

Eso supone una compra promedio de alrededor de US$2600. Vale señalar que eso sucedió incluso cuando, con una inflación del 1,9%, la cotización del billete subió de $1217,9 a $1385,5, es decir, se encareció un 13,8% a lo largo de julio.

En ese mismo lapso, unas 576.000 personas vendieron divisas (un 5,9% más que en junio), aunque por apenas US$367 millones (7,35% menos que el mes previo). Esto arroja un desprendimiento promedio de US$637 y sugiere que parte de quienes siguieron la recomendación de Caputo habrían decidido, con el correr de las semanas, vender parte de lo adquirido para aprovechar la suba y cancelar gastos. Eso sí, lo hicieron de manera medida ante el temor de que la escalada del billete —que se detuvo en agosto por el inédito apretón monetario implementado por el Gobierno— pudiera continuar.

En tanto, el sector privado realizó compras netas en el mes por US$2812 millones. Pero si a eso se agrega la salida de divisas por US$2621 millones registrada -rubro que contabiliza los pagos y transferencias desde cuentas locales al exterior- se observa que en julio el total de salidas asciende a US$5432 millones, aunque hay que destacar que US$1734 millones quedaron en depósitos bancarios privados.

Los datos confirman que el levantamiento del cepo para la compra de dólares por parte de personas, dispuesto sorpresivamente a mediados de abril, desató una fuerte demanda que a la economía le costará atender sin generar desequilibrios. Más aún, si se considera que en julio —un mes con ingresos récord por exportaciones de bienes— la cuenta corriente cambiaria aportó al país solo US$1374 millones.

“Nuestra sensación es que no hicieron bien los cálculos, y ese paso debió darse cuando se sintieran más los ingresos generados por las exportaciones de los sectores que están despegando, como energía y minería”, explicó el economista Pablo Goldín, de Macroviews.

La observación toma en cuenta el sostenido déficit que presenta la cuenta de servicios, que en julio alcanzó los US$928 millones (825% más que en junio). Este salto se explicó por egresos netos en concepto de:

  • Consumos de bienes y servicios pagados con tarjetas, viajes y pasajes (excluyendo servicios digitales): US$817 millones
  • Otros serviciosUS$333 millones
  • Fletes y segurosUS$132 millones

Estos fueron parcialmente compensados por ingresos netos en concepto de servicios empresariales, profesionales y técnicos por US$355 millones, detalló el informe.

El BCRA aclaró que la cuenta de “consumos de bienes y servicios pagados con tarjetas, viajes y pasajes” no debe asociarse únicamente a gastos por viajes, ya que en los giros al exterior para cancelar saldos con empresas emisoras de tarjetas internacionales se incluyen tanto consumos por viajes al exterior como compras no presenciales de bienes y servicios a proveedores del extranjero.

Sin embargo, luego debió reconocer que los egresos brutos pagados por este concepto llegaron a US$1192 millones en julio. Esto se desglosa así:

  • US$129 millones por servicios de transporte de pasajeros
  • US$124 millones por giros al exterior de operadores turísticos
  • US$1063 millones por gastos con tarjetas, dentro de los cuales US$146 millones fueron por compras de servicios digitales y US$94 millones por pagos de bienes despachados por servicios postales

“Así, la estimación de gastos con tarjetas por consumos asociados a viajes alcanzó los US$952 millones en julio”, detalló el informe, que también estimó que el 70% de esos egresos fueron cancelados directamente por los clientes con fondos en moneda extranjera.

Lo concreto es que, desde mediados de abril —cuando se levantaron las restricciones a la demanda— y hasta julio, la compra de divisas por parte de personas, ya sea con fines de ahorro o para pagar gastos en el exterior, superó los US$13.000 millones. Esto surge de sumar

  • US$10.100 millones en compra de billetes
  • US$3350 millones en consumos turísticos

“Es un nivel de demanda muy alto que en junio y julio se pudo atender gracias a las fuertes liquidaciones del agro, motivadas por la baja de retenciones. Pero ahora, y por unos meses, solo queda la oferta residual del agro (unos US$70 millones diarios) y lo que pueda aportar el sector energético. De ahí que tal vez estén alentando esta suba de tasas para tentar a que la gente se quede en pesos”, interpretó el economista Amílcar Collante, del Centro de Estudios del Sur (Cesur).

Javier Blanco

El lento regreso de la inflación

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Salió el dato de inflación asociado a julio: 1,9%. En lo que va del 2025, los precios acumulan un aumento del 17,3% y si miramos lo ocurrido entre agosto del 2024 y julio del 2025, la suba fue del 36,6%. Acá te muestro el cuadro resumen publicado por el INDEC:

La interpretación de la mayor parte de los analistas –me incluyo– es que a grosso modo la inflación “viene bajando”. Pero lo cierto es que el número de julio admite diversas interpretaciones porque la inflación es un bicho complicado. Además el dólar subió bastante y esto genera dudas sobre lo que podría pasar en los próximos meses.

Un dato bueno, malo y feo

Empecemos con lo bueno. Desde el salto cambiario de diciembre del 2023, que llevó los precios a crecer al 20-25% mensual a principios del 2024, el Gobierno recorre un camino que le permitió ir reduciendo paulatinamente la tasa de inflación a un nivel que es alto, pero que para los estándares argentinos se puede exhibir como un logro y es probablemente el mejor activo electoral de cara a octubre. Además, la inflación “núcleo” (que excluye rubros regulados y con estacionalidad, por lo que es una mejor medida del componente “persistente”) aumentó “sólo” un 1,5%.

Ahora vamos con lo malo. Es el segundo mes consecutivo que el dato de inflación es mayor al mes anterior (el dato había sido 1,5% en mayo y 1,6% en junio), y eso que todavía no se ven los impactos del salto del dólar durante julio –que si impacta, lo hará a partir del próximo dato, que conoceremos este mes–.

Finalmente, lo feo. Los precios habrían seguido corriendo por encima de los ingresos; las canastas básica alimentaria y básica total aumentaron también al 1,9%. Como muestra Federico Pastrana acá, los ingresos están estancados desde fines del año pasado: los salarios están operando como “ancla” del proceso de desinflación y sólo algunos trabajadores formales recuperaron lo que perdieron desde diciembre del 2023 (el resto sigue bastante abajo).

La inflación mayorista cerró en 2,8%. Este dato no es ni bueno, ni malo ni feo. Algunos analistas sugieren que el dato mayorista anticipa al minorista del mes que viene, pero esto no es necesariamente así. El dato mayorista incluye un mayor número de precios de bienes “transables”, cuya evolución sigue más de cerca al dólar. Como el tipo de cambio aumentó, es lógico que este índice sea más alto que el minorista. En una economía en donde hay mucha inflación y todo viene aumentando, es lógico que un aumento del tipo de cambio impacte rápidamente en los precios “no-transables”. Pero todavía no sabemos si, efectivamente, estamos ante un nuevo escenario con menos traslado a precios. Lo que me lleva al ítem de la siguiente sección.

No todas las inflaciones son iguales

No todos los procesos inflacionarios son iguales; varían en función del nivel de la tasa de inflación. La inflación baja –digamos de un dígito anual– es relativamente inocua y probablemente nadie la registra (compará lo que pasa en cualquier país con el nuestro, en donde todo el mundo mira de reojo el dato del INDEC). 

La inflación moderada –cuando es mayor al 10% anual pero no es muy alta– es como los mosquitos: molestan y podés vivir con ellos, pero no los podés ignorar porque te pican. Te lo pongo así: supongamos que hay 20% de inflación anual y tu sueldo no aumenta desde enero, a fin de año lo vas a sentir y le tenés que pedir aumento a tu jefe. Si la cosa no está muy complicada, tu jefe te lo va a dar porque es justo y lo puede pagar (porque seguramente él ya pudo subir sus precios un 20%).

La inflación alta –llegando a los tres dígitos– directamente destruye la economía y exige medidas correctivas o la economía puede deslizarse peligrosamente hacia una hiperinflación –que es un proceso caótico donde todo aumenta una vez por día o más–.

La economía argentina estaba en el 2023 en un proceso de alta inflación y se necesitaba hacer algo. El gobierno tomó nota e implementó un fuerte ajuste fiscal, una corrección cambiaria y política monetaria inicialmente laxa (con tasas de interés declinantes), hoy muy contractiva. Gracias a mantener el dólar creciendo por debajo de los precios todos los meses, la tasa de inflación fue cediendo y así pasamos de tener niveles de dos dígitos mensuales a menos del 2% también por mes.

Para que te des una idea de cuán exóticas eran las tasas de inflación que tuvimos hasta hace poco y la que todavía tenemos, este mapa que se puede armar usando el visualizador del FMI nos muestra cómo están los países al día de hoy: apenas un puñado de países tienen tasas mayores al 25% anual (los que están pintados de marrón oscuro).

Todos los países avanzados (básicamente Estados Unidos, Europa y Japón) tienen “un dígito bajo” (0%-3% anual), mientras que nuestros vecinos (excepto Venezuela) tienen “un dígito alto” (3%-10% anual). No hay países con deflación (que es caída del nivel general de precios), o al menos yo no llego a ver, y sólo un puñado ocupa el podio (25% anual o más) o están en el medio (entre 10% y 25% anual).

Si retrocedés hasta 2023 (te invito a probarlo, es cuestión de mover el cursor en el visualizador) vas a poder ver que había muchos más países en algún tono de marrón. Pero acordate que Argentina tenía una inflación del 200% anual mientras que casi todos los demás estaban bien por debajo de los dígitos; esto es algo que la categoría “25% o más” oculta.

La estabilización es más un arte que una ciencia

Paradójicamente, es más complejo estabilizar una economía con tasas de inflación moderada que una con tasas altas. Esto se debe a que cuando la inflación alcanza niveles muy altos los precios se revisan con mucha frecuencia, lo que tiende a coordinarlos. De este modo, una economía en donde todo el mundo cambia los precios todo el tiempo, se puede organizar mediante un programa consistente que mande una señal poderosa: la forma más efectiva en nuestro país es fijar o contener el tipo de cambio, ya que muchos agentes, en ausencia de un mejor mecanismo de coordinación, aumentan cuando aumenta el dólar.

En una economía en donde las tasas de inflación no son tan altas hay precios que no se tocan tan a menudo y esto genera un problema: cualquier programa que busque bajar la inflación encontrará que algunos precios no se han actualizado y seguramente se actualizarán más adelante, con el consecuente impacto sobre el número del INDEC. Es por esto que muchos programas de estabilización arrancan corrigiendo algunos precios importantes, como el tipo de cambio o las tarifas; de lo contrario, sos ese tío que empieza la dieta el lunes, sin reparar que se comprometió a asistir a un desayuno con buffet el miércoles.

Entonces, luego de pasar de inflación alta a moderada, la economía argentina se encuentra hoy en un contexto en donde la estabilización se ha tornado una tarea muy complicada, que requiere mantener medidas consistentes de forma sostenida: justo lo opuesto a lo que piden un escenario electoral como el argentino.

En la vida hay que elegir

Como es importante salir con aire de las elecciones de medio término, desde hace rato que en Argentina, de una forma u otra, la política macroeconómica se enfrenta con un imperativo: atajar el dólar para que los precios no suban tanto y los ingresos no sufran. Esto suele mejorar el desempeño electoral del oficialismo, pero tiene el problema de sentar las bases para una corrección posterior. La versión 2025 de este fenómeno lo vemos en los esfuerzos del Gobierno por tranquilizar –hasta octubre– los mercados financieros sosteniendo tasas de interés muy elevadas, lo que tiene el desagradable efecto de afectar la actividad económica. Por más que el presidente se empeñe en afirmar lo contrario, la política económica reconoce la centralidad del tipo de cambio en la política inflacionaria.

Lo que se esconde bajo la alfombra son los vencimientos de la deuda en dólares del gobierno con los mercados internacionales, que a partir del 2026 pasan a ser más importantes que hasta ahora. Al no comprar dólares y acumular reservas internacionales, por ahora no hay señales que garanticen que el Estado argentino recupere el tan necesario acceso a los mercados. El gobierno jura y perjura que, una vez ganada la elección, el mercado se reabrirá como por arte de magia. 

Esta posibilidad no puede descartarse, pero existe el riesgo evidente de que la incertidumbre electoral pueda trasladarse al año 2027, cuando sean las elecciones presidenciales. Porque si el fantasma del kirchnerismo acecha durante el 2025, lo seguirá haciendo durante los años siguientes, a menos que una fuerza mística erradique a sus representantes y, lo que es más importante, a su base electoral. Si la economía real sigue empiojada, porque estamos en una fase del programa de estabilización que es, por lo que contábamos anteriormente, más compleja, todo indica que es muy probable que no todas las noticias sean buenas para los bolsillos.

Así como la posibilidad de retorno del kirchnerismo es lo que mantiene elevado el riesgo país, el elevado riesgo país complica la macro ¡y hace más probable que vuelva el kirchnerismo!

Tres deseos

Estabilizar es una tarea compleja, el proceso es lento y no lineal. Lamentablemente, es un imperativo para tener una economía más normal y ocuparnos de problemas realmente importantes (como el cambio climático, el futuro del trabajo, la desigualdad, etc.). Si pudiera soplar y pedir cosas que nos permitan derrotar la inflación la cosa sería algo así: 1) que baje la inflación; 2) que baje de forma sostenida; y 3) que no la dejemos volver a subir. 

Para que los deseos se cumplan, no solamente hay que acertar con el plan antiinflacionario, también hay que lograr consensos entre los diferentes espacios políticos y actores de la sociedad (ni el kirchnerismo, ni los libertarios, ni el PRO o el radicalismo, o mejor dicho sus representados, van a desaparecer de un plumazo), fundamentalmente para que la baja de la inflación se sostenga y para que no la volvamos a subir.

Acá es donde pienso que, en algún momento, debería plasmarse –no digo en una discusión explícita, pero en la práctica– una serie de definiciones que involucran, por ejemplo, el futuro de la obra pública, las universidades nacionales, el INTA, el Garrahan, los jubilados, los científicos, en fin, todos los sectores sobre los que cayó el grueso del programa antiinflacionario. Porque si el ajuste lo van a bancar solamente estos sectores, la probabilidad de que mi tercer deseo no se cumpla parece nada despreciable.

Emiliano Libman

Tokatlian: El mundo de Trump, y el lugar de Sudamérica

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El doble mandato de Barack Obama delineó, en un marco democrático interno bastante jaqueado y con expectativas menos confiables respecto a la fortaleza de la globalización financiera después de la crisis de 2008, un curso de acción que sigue vigente en términos de pilares de la política exterior, de defensa y comercial de Estados Unidos: la imposición de medidas proteccionistas y el cercamiento militar de China. Por un lado, impuso aranceles y restricciones a Beijing y, por el otro, lanzó la llamada “pivot strategy” para frenar y debilitar el ascenso chino.

La administración de Trump I reforzó notoriamente ambas prácticas, extendiendo los aranceles a aliados y amigos y procurando — como propósito de máxima — revertir el auge de China y su proyección internacional. A esos dos pilares principales le añadió uno complementario: en sus palabras interrumpir “la intrusión de potencias extranjeras expansionistas” en América Latina mediante la revitalización de la Doctrina Monroe. Se trataba, en este caso, de recuperar la preponderancia de Washington en el área de influencia más próxima. Cabe aclarar que ya en su primer gobierno Donald Trump no pretendió restaurar una hegemonía ya debilitada, sino imponer, con coerción y sin persuasión, una dominación explícita.

La presidencia de Joe Biden, en un contexto doméstico de creciente pugnacidad, no se alejó de aquellos dos pilares prioritarios, al tiempo que insinuó, sin mucho éxito, fomentar un nuevo diálogo con Latinoamérica.

Trump II vuelve a la Casa Blanca en medio de una polarización cristalizada y con una ambición autoritaria elocuente, mientras enarbola un discurso hiper-proteccionista con el que pretende estimular la reindustrialización del país. A esta altura, qué hacer con China es más que un objetivo; es una obsesión que, sin embargo, no pareciera ser un incentivo para gestar una estrategia sistemática y de largo plazo. A su vez, la disputa con Beijing tiene un escenario de manifestación cada día más evidente en América Latina. Implícitamente para Washington hay una dinámica triangular (Estados Unidos-China-Latinoamérica) donde se expone su capacidad disciplinante. En breve, la región se ha convertido en una especie de laboratorio de control.

Si lo anterior se expresa en el terreno de las relaciones inter-estatales, existe una importante dimensión adicional a considerar: los vínculos transnacionales de actores no estatales ligados a viejas y nuevas derechas. Básicamente, lo que ha ido adquiriendo forma y contenido es una Internacional Reaccionaria (IR).

Una Internacional en la que se reflejan dos dinámicas. Por una parte, una actitud frente a la política, la moral y la cultura en términos de desengaño y frustración, acompañada de una exaltación de un pasado promisorio y la glorificación de una Arcadia futura romantizada. Por otra parte, la existencia de un culpable de los males actuales, llámese comunismo, progresismo, multiculturalismo, cosmopolitismo — fenómenos a ser combatidos o eliminados. Esas dos dinámicas, con las respectivas singularidades nacionales, se detectan en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica. Esta IR dispone de cuantiosos recursos de mega magnates, de think-tanks, de plataformas digitales, de organizaciones políticas, de gobiernos, y de redes de diferente tipo. Y tiene un tótem: Donald Trump. Y una oportunidad: América del Sur en particular.

El cuadro político de Suramérica podría cambiar significativamente en los próximos 14 meses. Hace poco, Daniel Noboa en Ecuador reafirmó su mandato, al tiempo que en el Paraguay de Santiago Peña no se divisa nada distinto que el predominio derechista. En octubre habrá segunda vuelta en Bolivia con dos candidatos más inclinados hacia la derecha. En noviembre de este año se llevará a cabo la elección en Chile y, por el momento, el avance de la ultra derecha parece sólido. En abril de 2026 se votará a la presidencia en Perú y, con una derecha dispersa y una izquierda fragmentada, es difícil anticipar un resultado. Pero no sería extraño que triunfe una candidatura de derechas. En mayo habrá elección presidencial en Colombia: en un marco inusual de más de 60 candidatos no es descartable — pero tampoco seguro — que la derecha se unifique e intente recuperar el poder que proverbialmente ejerció. Y en octubre será la contienda presidencial en Brasil en un ambiente inestable y disputado donde la derecha buscará retomar el control del Ejecutivo.

Un plegamiento integral

En esa dirección, resulta importante precisar el caso de Javier Milei y la relación de la Argentina actual con Estados Unidos. Todo lo hecho internacionalmente en cuanto a Washington indica una disposición desmesurada a secundarlo en temas globales, regionales y bilaterales. Veamos la evidencia disponible y de acuerdo a las áreas de gobierno. La Cancillería asume los pronunciamientos y votaciones en Naciones Unidas. De acuerdo al informe anual del Departamento de Estado sobre Voting Practices in the United Nations, en 2024 la Argentina fue el segundo país en el mundo, sobre 192, en cuanto a sus coincidencias con Estados Unidos en relación a las votaciones generales no unánimes: 82%; un récord histórico que supera ampliamente a la época de las llamadas “relaciones carnales” durante los dos mandatos de Carlos Menem. El año de mayor coincidencia del menemismo con Washington fue 1994 y alcanzó el 68.8%. La media de las coincidencias con Estados Unidos de toda América Latina y el Caribe fue del 41% (El Salvador de Nayib Bukele coincidió en un 38%). En los 19 temas más importantes para Estados Unidos se batió otro récord: 97%; en esos temas las coincidencias de Israel con Washington llegaron al 92%.

En cuestiones regionales, la Argentina se desinteresó de CELAC, intentó avanzar a favor de un tratado comercial con Estados Unidos por fuera de MERCOSUR, se expresó con agravios y desdén hacia varios gobernantes y gobiernos, y solo manifestó interés en tener lazos relativamente cercanos, por su afinidad ideológica, con El Salvador y Paraguay. Jamás propuso ser, de modo pragmático, un nodo (hub) productivo con sus vecinos inmediatos ni desplegar activos proyectos conjuntos respecto al Atlántico Sur y la Antártida. En cuanto a los asuntos globales, reflejó su ira con el multilateralismo, el cambio climático, la cuestión de género, entre otros; ratificando lo que con Malacalza denominamos “semántica de la violencia”.

Por su parte, el Ministerio de Defensa no ha ahorrado gestos pro-Estados Unidos. El gobierno se sumó en su momento al Grupo de Contacto en Defensa para Ucrania constituido por el Pentágono; siendo el único país latinoamericano en hacerlo. También se incorporó a las Fuerzas Marítimas Combinadas creada por Estados Unidos y con sede en Bahréin. Además, la administración solicitó ser Socio Global de la OTAN. También, reactivó la relación con la Guardia Nacional del Estado de Georgia que estableció el gobierno de Macri en 2016 y que se paralizó durante la presidencia de Fernández. Más recientemente y frente al bombardeo a Irán por parte de Estados Unidos — que no tuvo una autorización interna para el uso de la fuerza, ni invocó legítima defensa, ni llevó el tema a la ONU — el ministro de Defensa, Luis Petri, en su encuentro con la contraparte estadounidense, Pete Hegseth, afirmó: “Estados Unidos demostró que la paz no se negocia, se garantiza desde la fuerza. El liderazgo del presidente Trump frente a Irán dejó una enseñanza clara: las democracias deben tener capacidad de disuasión para defender sus valores y la libertad de sus compatriotas. Con el presidente Milei, Argentina está transitando ese mismo camino”.

Y en un hecho sin comparación con ningún otro país de Latinoamérica y el Caribe, en el lapso de 16 meses dos comandantes (Richardson en un caso y Holsey en dos oportunidades) del Comando Sur han visitado la Argentina. En su segunda visita a la Argentina esta semana el general Alvin Hosley se ocupó de subrayar la amenaza de China para la región y su desafío a la “neutralidad de la Antártida“. Por su parte, el ministro Petri observó que “es muy importante este encuentro (la cumbre SouthDec 2025) porque ratifica la decisión y el mandato del presidente Javier Milei de alinearnos con la administración de Donald Trump”. En tiempos del imperio romano, el procónsul era el administrador provincial del cónsul. Los vínculos entre el Comando Sur ubicado en Miami — como representante del poder localizado en Washington — y la Argentina parecen replicar aquella función proconsular.

Adicionalmente, el Ministerio de Seguridad encabezado por Patricia Bullrich buscó desde el inicio del gobierno incrementar los vínculos con Estados Unidos, repitiendo, por un lado, y ahondando, por el otro, su gestión que, en el mismo ministerio, desempeñó durante la administración Macri. La vieja agenda de las denominadas “nuevas amenazas” (narcotráfico, terrorismo, crimen organizado, etc.) se reflotó con el objetivo, a su vez, de involucrar a las fuerzas armadas en cuestiones de orden público que corresponden a las fuerzas de seguridad. Esto es algo que Washington ha pedido sistemáticamente desde 2016 en adelante. En esa dirección, hace pocos días se anunció una Resolución Conjunta que, de acuerdo a su primer artículo, resuelve crear “en el ámbito del Ministerio de Defensa y del Ministerio de Seguridad Nacional, la Mesa Conjunta de Coordinación, conforme lo establecido en el artículo 17 del Decreto №1112/24, que tiene por objeto establecer un mecanismo interministerial permanente para que las Fuerzas Armadas complementen (negrilla personal) el accionar de las Fuerzas Policiales y de Seguridad Federales, con el objetivo de tener en cuenta los ámbitos de actuación, responsabilidades primarias y comando operacional, según el caso, establecidos por la Ley de Defensa Nacional №23.554 y sus modificatorias y la Ley de Seguridad Interior №24.059 y sus modificatorias.”

En lo que hace a la Inteligencia, el borrador del Plan de Inteligencia Nacional 2025 constituye un hecho excepcional. El documento asevera en su Lineamiento Estratégico №1 la centralidad del seguimiento, análisis y accionar de lo siguiente: a) “Situaciones, actores, hechos o circunstancias que impidan, limiten o condicionen el relacionamiento estratégico con Estados Unidos de América”. Más adelante destaca “posible escenarios de conflicto para el Actor Nacional, derivados del afianzamiento de relaciones estratégicas con Estados Unidos de América e Israel”. Sintéticamente, lo principal sería la evaluación de los “posicionamientos” y las “conductas” de los entornos europeo, asiático y latinoamericano “respecto del alineamiento estratégico del Gobierno Nacional”.

Todo es claro; no hay vacilación: en materia de inteligencia el encuadramiento a Estados Unidos es pleno. Respecto al Ministerio de Economía se ha profundizado la dependencia de Estados Unidos a través del papel decisivo de Washington para la obtención de un endeudamiento adicional con el Fondo Monetario Internacional mediante un decreto sin aprobación del Poder Legislativo. La interdicción es el estado al que se llega cuando un individuo ha sido declarado incompetente y se lo priva de la administración de su persona y bienes. Interdicción e incapacidad son equivalentes; un interdicto es quien carece de autonomía y requiere un tutor. Extrapolando la figura jurídica de la interdicción, es posible aseverar que la Argentina es un país interdicto en materia financiera.

Y desde la presidencia ha sido taxativo el enunciado de un alineamiento irrestricto con Estados Unidos. En abril de 2024 Milei dijo: “Quiero aprovechar la vista de la general Richardson (comandante entonces de SouthCom), para anunciar una nueva doctrina de política exterior para la Argentina. Las alianzas tienen que estar ancladas en una visión común del mundo y no deben someterse a los que atentan contra los valores de Occidente… Con nosotros se inaugura una nueva época de las relaciones de Argentina con el mundo. Nuestra alianza con los Estados Unidos, demostrada a lo largo de estos primeros meses de gestión, es una declaración para el mundo”. Y agregó: “El mejor recurso para defender nuestra soberanía…es precisamente reforzar nuestra alianza estratégica con los Estados Unidos”.

Para el presidente eso garantizaría, además, una especie de liderazgo internacional de la Argentina. En noviembre de 2024 en Mar-a-Largo señaló, a los efectos de defender a Occidente, un polígono de poderes: “Los Estados Unidos liderando en el norte; la Argentina en el sur; Italia en la vieja Europa; e Israel, el centinela en la frontera de Medio Oriente. El regreso de la “Argentina Potencia”.

Ahora bien, corresponde enfatizar que, como señala en un escrito reciente Consuelo Thiers, este plegamiento integral a Washington fue posible gracias, en parte, al desmantelamiento del Ministerio de Relaciones Exteriores; lo cual representa un esfuerzo de La Libertad Avanza por desprofesionalizar el servicio exterior y sobre-ideologizar el manejo de la diplomacia del país.

A modo de Coda

En resumen, el ensayo y la ambición de promover y consentir un seguimiento incondicional a Estados Unidos por parte del gobierno de Milei es meridiano. Quizás supera en intención y anhelo a la última dictadura militar y a los gobiernos de Carlos Menem y Mauricio Macri. Es algo más que un realineamiento. Paralelamente, para Washington la Argentina actual significa una oportunidad infrecuente. Primero, es un partenaire que concede con bastante facilidad a las preferencias estadounidenses, e incluso sobreactúa sus pronunciamientos, medidas y votaciones en consonancia con la Casa Blanca; antes con Biden y ahora aún más con Trump. Los reiterados viajes presidenciales a Estados Unidos corroboran, además, la idea de fortificar los lazos con derechistas y empresarios: el vínculo con personas es, para Milei, tan o más importante que las vinculaciones inter-estatales. Segundo, el gobierno destaca su predilección por limitar el alcance de los lazos con China y eventualmente alterarlos; lo cual constituye una prioridad indudable de Estados Unidos que agradece tal disposición argentina. Un ejemplo de ello lo muestra Esteban Actis: hay que volver a 1971 — antes del establecimiento de relaciones diplomáticas con China — para identificar un nivel tan bajo de coincidencias con Beijing en la ONU. Tercero, Trump y Milei conforman parte de la Internacional Reaccionaria; el uno como tótem, el otro como idólatra. Eso acrecienta, sin duda, el estrecho relacionamiento argentino-estadounidense.

En este último sentido, la Argentina hoy ocupa un lugar relevante para Estados Unidos, los partidarios ideológicos de Trump y el mundo de los negocios afín. En materia militar la cabecera playera remite al hecho de que una unidad alcanza la costa, defiende el área circundante hasta que se suman refuerzos; lo cual genera una posición fuerte que alienta una ofensiva mayor. En esa dirección, el experimento de la modalidad de derecha de Milei es una suerte de cabeza de playa para la ola reaccionaria que pudiera desplegarse a lo largo de los próximos 14 meses. Habrá que ver si funciona y no derrapa. Ahora bien, en el fondo, la meta principal de Washington es el triunfo de los ultras en Brasil; de ese modo buena parte de Suramérica se podría convertir en fervorosos trumpistas periféricos.

Juan Gabriel Tokatlian

Un láser para analizar cultivos

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Investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA y del CONICET diseñaron un dispositivo que permite obtener información sobre el estado de un cultivo o un grano con solo apuntarle con un láser.

Actualmente, en el trabajo agrícola se usan muchos dispositivos diferentes para poder analizar diversos aspectos de las plantas. En la producción es muy importante saber el porcentaje de humedad del grano, si la planta va a seguir creciendo o si ya es hora de la cosecha, y sobre qué tan saludable se encuentra. Para muchos de estos análisis se debe llevar una muestra a un laboratorio y luego de días de trabajo se pueden conocer los datos buscados. Un dispositivo desarrollado por investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y del CONICET permite obtener resultados en pocos segundos, y cada productor podría contar con un equipo en su campo.

Conocer estos parámetros del cultivo y el grano es lo que determina el rinde o el éxito de una campaña y permite tomar decisiones sobre el momento de sembrar o cosechar. Solo el conocimiento, sin la necesidad de invertir dinero extra, puede mejorar una campaña.

El dispositivo tarda de 5 a 10 segundos y no es invasivo para la planta porque la ilumina y el reflejo es captado por un sensor con el que se puede obtener la información.

Para medir la viabilidad de una semilla hoy se la corta, se la deja un día humedecida y luego se la pone en un compuesto (tetrazolio) que tiñe de rojo las células vivas de la semilla. Esta sustancia es muy tóxica y costosa, además de que el ensayo debe hacerse con una estufa a temperatura constante. Con el nuevo dispositivo se podría lograr en poco segundos en cada producción y sin el uso de estufa.

Para la medición de humedad de granos hoy es bastante común usar un equipo pequeño y económico que puede medirla por la conductividad eléctrica y es común que todo productor tenga uno. De todas formas, este nuevo dispositivo concentraría en un solo aparato todas las mediciones necesarias sobre el cultivo. Andrés Dolinko, investigador del CONICET y docente de la Cátedra de Física de la FAUBA, le dijo: “Es un medidor láser que captura información de los tejidos, puede ser de la semilla, el tallo o las hojas. Nos da mucha información que después se usa para saber los parámetros fisiológicos de referencia de la planta. Tarda de 5 a 10 segundos y no es invasivo para la planta porque la ilumina y el reflejo es captado por un sensor con el que podemos obtener la información”.

La clave del proyecto está en el estudio del reflejo de la planta y en comprender qué significa cada parámetro fisiológico. El trabajo que queda por delante es hacer los ensayos con diferentes métodos para mejorar el análisis de los parámetros que resultan de las imágenes obtenidas en diferentes cultivos para poder ampliar el rango de aplicaciones.

Mariana Munner y Andrés Dolinko.

Para algunos productores, este desarrollo sería una herramienta esencial. Los productores de orgánicos reutilizan sus propias semillas, por lo que necesitan saber qué porcentaje de ellas tienen viabilidad para tener mayores certezas sobre si se pueden usar o qué cantidad por metro cuadrado deben sembrar. Usualmente, hacen estos estudios en laboratorios costosos pero con el nuevo dispositivo podrían hacerlo por sus medios o en cooperativas cercanas. En el caso de productores que compran en semilleras, ese análisis ya está hecho y la semilla suele tener entre un 80 y un 90% de posibilidades de brotar.

Además de Dolinko, también forma parte del proyecto Mariana Munner, médica especialista en nutrición y estudiante de la Tecnicatura en Producción Vegetal Orgánica de la FAUBA, y trabajan con colaboradores de muchos laboratorios diferentes. “Todos tuvieron mucho que aprender de la disciplina del otro para poder llegar a un dispositivo que integre conocimientos tan diferentes y seguimos aprendiendo, porque en lo interdisciplinario al principio se habla en lenguajes diferentes y luego te vas adaptando hasta encontrar el idioma común. Es un aprendizaje permanente”, contó Munner.

El proyecto está buscando contactarse con empresas interesadas en producir el dispositivo a escala comercial ya que hoy tienen un prototipo funcional y todo el conocimiento detrás de los parámetros a medir. “Nos han contactado varias empresas interesadas y estamos viendo cómo se puede comercializar el equipo y cómo hacer el producto final para largarlo al mercado”, dijo Dolinko.

El prototipo tiene el tamaño de una cámara de fotos y es fácilmente transportable. Su capacidad de medir parámetros fisiológicos es prácticamente ilimitada. El conocimiento que hay que construir es ver qué significan los parámetros medidos según cada especie. Por ejemplo, los parámetros de movimientos hormonales durante la germinación y otros procesos bioquímicos que se podrían detectar en forma óptica.

Matías Alonso

El negocio de la IA: deuda e inversión moldean el futuro de los gigantes tecnológicos

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Las mayores empresas tecnológicas de Estados Unidos están combinando la rentabilidad de sus negocios en Silicon Valley con los balances de los del Valle del Ruhr. Los inversores que hace una década compraron acciones de Alphabet, Meta y Microsoft acumulan ocho veces su capital, sin contar los dividendos. El dinero gastado en la construcción de centros de datos implica que esas empresas poseen propiedades y equipos —activos tangibles, en el lenguaje contable— por un valor superior al 60% de su valuación total, frente al 20% que tenían hace una década. Si al gasto de capital de esas tres empresas durante el último año le sumamos el de Amazon y Oracle, otros dos gigantes tecnológicos, el total supera el de todas las empresas industriales que cotizan en bolsa de Estados Unidos juntas.

Jason Thomas, de la firma de inversiones Carlyle, estima que un tercio del crecimiento económico de Estados Unidos durante el último trimestre responde al auge del gasto de las tecnológicas. Este año, las empresas invertirán U$400.000 millones en la infraestructura necesaria para ejecutar modelos de inteligencia artificial (IA). Las predicciones sobre la factura final a pagar son, en general, exorbitantes. Los analistas de Morgan Stanley estiman que para finales de 2028 se habrán invertido U$2,9 billones en centros de datos e infraestructura relacionada la IA, mientras que los consultores de McKinsey lo sitúan en U$6,7 billones para 2030. Como en esas fiestas malas que se hacen en un buen restaurante, nadie está demasiado seguro de quién pagará la cuenta…

Gran parte de la carga recaerá sobre la caja de las grandes tecnológicas. Desde 2023, Alphabet, Meta y Microsoft han dividido unos US$800.000 millones de flujo operativo de caja en partes iguales entre inversión en capital y rentabilidad para los accionistas. Esta asignación ideal del capital, que combina un auge de nuevas construcciones con una visita para extraer dinero del banco, no tiene precedentes, incluso entre otras empresas del mismo rango. Los accionistas de Amazon, por ejemplo, pagan enormes gastos de inversión en capital, pero se han visto privados de su rentabilidad, y los inversores de Apple tuvieron el beneficio de poder hacer grandes recompras de acciones, pero hoy les preocupa que por falta de inversiones Apple se está quedando rezagada en materia de IA.

Sin embargo, la inversión en capital está creciendo más rápido que los flujos de caja. Según cálculos de Morgan Stanley, durante los próximos tres años la brecha de financiación entre ambas será de US$1,5 billones. Y la brecha podría ser mayor si los avances tecnológicos incrementan aún más el gasto o eliminan las actuales fuentes de ingresos de las empresas. Por el contrario, si las empresas tardan más que los consumidores en adoptar la IA, las grandes tecnológicas tendrán dificultades para obtener un retorno rápido de su inversión, y entonces los accionistas podrían exigir el reparto de una mayor proporción de ganancias para compensar esa lentitud del crecimiento.

Aunque no haya demasiada certeza de la magnitud de ese déficit de financiación, de lo que sí hay certeza es el tipo de inversores que buscarán cubrirlo, porque el clímax del auge de la IA se está trasladando de los mercados bursátiles a los mercados de deuda. Esto es sorprendente, ya que la actitud de las mayores empresas tecnológicas hacia la toma de deuda ha sido básicamente “a la alemana”. Están mucho menos en deuda con sus banqueros, por ejemplo, que las empresas de telecomunicaciones a principios de siglo, durante la fiebre de las puntocom. Hoy los balances sólidos son muy apreciados, y las grandes emisiones de bonos han sido superadas por cantidades aún mayores de aportes de dinero en efectivo. (Si las “siete magníficas” gigantes tecnológicas unieran sus activos financieros líquidos y formaran un banco, sería el décimo más grande de Estados Unidos).

Pero de a poco eso está cambiando. Durante el primer semestre de 2025, la financiación con grado de inversión de las empresas tecnológicas fue un 70% superior a la del primer semestre de 2024. En abril de este año, Alphabet emitió bonos por primera vez desde 2020. Microsoft ha reducido su liquidez de caja, pero desde 2023 sus leasings financieros —un tipo de deuda básicamente relacionada con sus centros de datos— casi se han triplicado, hasta alcanzar los US$46.000 millones (y hay otros US$93.000 millones de esos pasivos que todavía no figuran en sus balances). Meta está en conversaciones para obtener unos US$30.000 millones de prestamistas privadas, como Apollo, Brookfield y Carlyle. El mercado de títulos de deuda respaldados por préstamos relacionados con centros de datos, donde los pasivos se agrupan y fraccionan de forma similar a los títulos hipotecarios, fue creciendo de niveles cercanos a cero en 2018 hasta alrededor de US$50.000 millones en la actualidad.

La fiebre por conseguir financiamiento es todavía más intensa entre los rivales de las grandes tecnológicas. CoreWeave, una empresa de IA en la nube, obtuvo generosos préstamos de fondos de crédito privados y de inversores en bonos para comprar chips de la empresa Nvidia. Fluidstack, otra startup de computación en la nube, también se está endeudando fuertemente usando sus chips como garantía de repago, y la japonesa SoftBank está financiando con deuda su participación en una gigantesca alianza con OpenAI, la desarrolladora de ChatGPT. “En realidad no tienen ese dinero”, escribió en enero Elon Musk, cuando se formalizó esa alianza. Tras endeudarse por U$5000 millones a principios de este año, xAI, la startup de inteligencia artificial de Musk, ahora está buscando US$12.000 millones más para la compra de microchips.

Todos esos movimientos significan que la revolución tecnológica se está acercando cada vez más a una revolución financiera. Los más altos ejecutivos de Silicon Valley no son las únicas élites de Occidente que tras décadas subidas a la torre de marfil de las ideas han decidido que su mejor opción es el mundo físico y material. Los fondos de capital privado se están convirtiendo en prestamistas y acreedores de la economía real. Y la consecuente transformación de sus balances ha sido, si es posible, más drástica todavía que la de Silicon Valley. Los centros de datos generan inmensas cantidades de deuda, pero eso encaja fácilmente en los enormes balances que manejan esas empresas, que suelen financiarse con fondos de pólizas de seguro de vida. Al igual que ocurre con la concentración de las grandes tecnológicas, el mercado de fondos privados también está cada vez más concentrado. Las tecnológicas están captando todo el capital que pueden porque están convencidas de que eventualmente las ganancias de la IA se concentrarán en unos pocos actores del mercado. Y los inversores les prestan porque saben que en Wall Street está pasando lo mismo.

Simbiosis favorable

En cierto sentido, esta creciente “simbiosis” es un tributo a la innovación en Estados Unidos: el país no solo tiene los mejores ingenieros de IA del mundo, sino también a los ingenieros financieros más entusiastas. Para algunos, sin embargo, también es una señal de advertencia, porque además de los riesgos a los que están acostumbrados —como el riesgo de que no les paguen y de estar atados a las tasas de interés— los acreedores también podrían estar asumiendo riesgos propios del sector tecnológico. Y también debería preocuparlos el historial de los anteriores ciclos de capital, porque los momentos de auge de las inversiones en capital suelen conducir a un exceso de construcción de capacidad operativa, lo que a su vez desemboca en quiebras cuando bajan los rendimientos. Los inversores en renta variable tienen espalda para sobrellevar una crisis de ese tipo. No así los inversores “apalancados”, como los bancos y las aseguradoras de vida, que poseen deuda de alta calificación a la que consideran segura.

J. M. Bulgheroni plantea un acuerdo tripartito para enfrentar al ciclo de precios bajos del petróleo

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El vicepresidente de Planificación y Estrategia de Operaciones Upstream de PAE, Juan Martín Bulgheroni, consideró que el ciclo actual de precios bajos del petróleo internacional presenta el desafío y la oportunidad de lograr un trabajo tripartito en el ámbito laboral, el gubernamental y el industrial para ganar la competitividad de Vaca Muerta.

El ejecutivo, al participar este jueves de la 22 edición del Council of the Americas, explicó que el descenso de precios, tras un período sostenido por los recortes de producción de la OPEP, se debe a una sobreoferta global generada por el crecimiento de nuevos productores. «El precio del petróleo es cíclico y estamos hoy en un momento de precios más bajos a raíz de que (la OPEP) estaba empezando a perder mercado”.

«La situación actual obedece a esos precios altos porque hay otros productores en el mundo que empezaron a desarrollar sus recursos en el Mar del Norte, en Guyana, en Estados Unidos, y en la Argentina”, agregó el directivo, para quien esta situación presenta “una oportunidad y, a la vez, un desafío para el país de convertirse en un exportador de crudo, para lo cual debe ser competitivo con el resto de los productores globales”.

Para lograr ser competitivos, el ejecutivo de PAE propone un trabajo conjunto entre el ámbito laboral, el gubernamental y el industrial. En el ámbito laboral, el foco está en la tecnología como clave para la eficiencia, con la capacitación de la fuerza de trabajo en nuevas herramientas digitales para la automatización de procesos.

«Nosotros vemos que la competitividad se logra con una charla tripartita en el ámbito laboral, el ámbito gubernamental y el ámbito industrial, y entre los tres tenemos que mantener estas conversaciones para lograr competitividad», afirmó el ejecutivo de PAE.

En el aspecto laboral expresó que una de las formas que están buscando ser competitivos es a través de la tecnología. “Aplicando tecnologías nuevas en nuestros equipamientos, tecnología digital a través del monitoreo, a través de la automatización de nuestros procesos, nos permite ser mucho más eficientes porque podemos focalizar la gente que tiene que hacer el trabajo en campo”.

Pero a la par, el uso de nuevas tecnologías requiere “contar con gente capacitada en esas nuevas tecnologías, así que ahí en el ámbito laboral hay que trabajar junto con los sindicatos en lo que es la capacitación y ver cómo ir transformando el ámbito de la fuerza laboral”.

El VMOS y el LNG a la luz del RIGI

Sobre los grandes proyectos de inversión que lleva adelante la industria y en los que participa PAE, Bulgheroni destacó la importancia de un marco regulatorio estable para impulsar este tipo de infraestructura. En este sentido, subrayó el rol del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) como un factor «fundamental» que provee seguridad jurídica y fiscal a largo plazo.

«Hay que destacar el marco que te presenta el gobierno, donde te da una seguridad fiscal, una seguridad jurídica de largo plazo, porque son proyectos de más de 20 años que requieren para realmente poder salir adelante», enfatizó el ejecutivo al señalar que esta colaboración entre el sector privado y el gobierno es crucial para que la industria pueda llevar a cabo las inversiones necesarias y monetizar los recursos del país, generando así un impacto positivo en la economía.

Bulgheroni profundizó en el proyecto VMOS, un oleoducto de 500.000 barriles diarios de capacidad inicial, que permitirá a la Argentina exportar hasta un millón de barriles de petróleo por día a medida que aumente la producción. «Es un proyecto que va a permitir, junto con toda la infraestructura que se ha desarrollado, que la Argentina logre exportar prácticamente hasta un millón de barriles día de petróleo, a medida que se vaya creciendo la producción».

El proyecto, con un avance del 25% y una inversión estimada de 3.000 millones de dólares, busca generar cerca de 15.000 millones de dólares en exportaciones. En este sentido, Bulgheroni resaltó que la colaboración de siete compañías productoras ha sido clave para su éxito, demostrando que la unión de la industria hace al sector más competitivo: «Este proyecto logró conseguir un financiamiento récord de 2.000 millones de dólares para la Argentina y para un proyecto de esta envergadura».

Por último, se refirió al proyecto Argentina LNG, liderado por PAE a través de su alianza inicial con la noruega Golar y otras compañías del sector. Este plan, que busca posicionar a la Argentina como un exportador de gas licuado, contempla la contratación de dos buques metaneros.

«Este proyecto de gas licuado tiene contractualizados dos barcos. El primero ya tuvo su anuncio en julio del año pasado, y con el tocamiento del RIGI este año también fue aprobada la inversión. Y a la misma vez estuvimos negociando un barco adicional que estaría para 2028.»

“El proyecto permitirá exportar 6 millones de toneladas de GNL al año, lo que representa un quinto de la producción de gas, y consolidará la visión de la nación como un proveedor energético a nivel mundial, así que con esto creo que estamos muy bien encaminados para tener Argentina exportadora”, concluyó.

Ignacio Ortiz