3° parte de «Los Radares de INVAP»: radares HF costeros para el mar argentino

(La primera parte de «Defensa: resucitan los radares de INVAP» está aquí. La segunda, aquí) Mire atentamente el mapa de arriba, antes de seguir leyendo. Es una propuesta de 2004, hecha por INVAP al Ministerio de Defensa. Vea lo que mide el área bajo vigilancia aérea y marina. Tome el mayor costo presupuestado (U$ 500 millones) y triplíquelo o cuadruplíquelo, ya que se trata de tecnología muy compleja e incomprable, de modo que creer que se pueda desarrollar aquí sin fracasos iniciales y ajustada a presupuesto puede ser ingenuo. Luego actualice ese valor a dólares de hoy. ¿Le da como U$ 2500 millones, o por ahí? Esa torta de dólares no llega a lo que pierde la Argentina cada año por el saqueo constante de su Zona Económica Exclusiva (ZEE). Retenga esa cifra. En 2004 INVAP todavía no había fabricado ningún radar militar convencional y debía resolver la radarización 2D (mucho más sencilla), de los aeropuertos argentinos. Eso lo hizo rápido y bien. Hoy tiene 22 equipos de esos ya desplegados, y está viendo cómo repotenciarlos. Pero con su tic de empezar por el futuro, en 2004, estudió las dos tecnologías llamadas genéricamente “Over the Horizon” (OTH) o “transhorizonte”. Y ofreció desarrollar al menos una de ellas al Ministerio de Defensa. La que acabo de mostrarle es la más potente en área vigilada, difícil en lo técnico, y probablemente imposible en lo político. Era inevitable que en 2004 a INVAP no le dieran bola con semejantes propuestas: había otras urgencias. Pero también fue una lástima. Unos OTH en la costa habrían permitido poner la lupa sobre nuestra Plataforma Continental, que como sabe el lector se divide en tres: 1 millón de km.2 de aguas indisputadamente propias, o Zona Económica Exclusiva (ZEE) hasta la milla 200; desde ahí y hacia afuera, aguas de nadie o de todos (la Alta Mar); y finalmente las aguas perdidas: hoy en poder del Reino Unido, arrebatadas en la Guerra de Malvinas y fundamentalmente en la paz posterior. Ésas suman 1.639.900 de km2. En nuestro millón de km2 de Zona Económica Exclusiva, en 2004 operaban 95 barcos ilegales. Hoy son 500 barcos, y no quieras ver lo que hacen los legales. Ya poner orden en casa sería mucho pedir. Para ello, en aquel ya lejano 2004, INVAP planteó aquellas 2 tecnologías transhorizonte, una muy loca por lo cara, y otra absolutamente sensata si se comparan los costos de tenerla con los efectos de no tenerla. Veamos la más loca. UNA LOCURA RAZONABLE Esta es la cobertura que admite tener Australia de las rutas marítimas hacia China, Japón y el Sudeste Asiático, de las que depende su economía. Por causas históricas, los Aussies se vieron obligados a desarrollar los radares de mayor alcance del mundo. La locamente cara de las propuestas futuristas de INVAP en 2004 es la ionosférica. No es insensata en absoluto, si se tienen los incentivos adecuados. La empezó a inventar Australia en los ’50 con el nombre de JORN (Jindalee Operational Radar Network). Aquí se llama “radar ionosférico transhorizonte”. Cuando luego de tres décadas de trabajo los Aussies lograron ponerla a punto, los inevitables socios militares de ese país (Gran Bretaña y los EEUU), hasta entonces escépticos, se sumaron. Es tecnología muy compleja, y si la encaráramos, daría un acceso a información absolutamente disruptivo en lo geopolítico. Nadie que la domine nos daría siquiera una ayudita, porque quien más, quien menos, aquí saldrían perjudicados. El desarrollo 100% local planteado en teoría por INVAP constaba de una estación emisora y otra adyacente receptora, ambas sumando algunos centenares de hectáreas, con la idea de vigilar millones de km2: todo el Atlántico y el Pacífico Sur, incluidos el Norte del Estrecho de Drake y “las islas demasiado famosas”. Las antenas parecen ringlas inexplicables de postes metálicos verticales, pero son muchos. Forman matrices con aspecto de calles o de manzanas. Si “matrices” suena demasiado ginecológico, oh ingenieros electrónicos, llámenlas “cuadrículas” o “conjuntos”, pero me niego a denominarlas “arreglos”, como hacen Uds. con la palabra “array” traducida a lo bestia desde el inglés técnico. Vuelvo a la tecnología. Lo cierto es que estas cuadrículas enormes, casi monumentos al cepillo del tamaño de aeropuertos, debían estar en Santiago del Estero. La señal salida y dirigida desde la cuadrícula emisora debía ser de HF, y tener rebote en la ionósfera. ¿En la qué? Estimados, la ionósfera es parte de la termósfera, una capa muy enrarecida y caliente de la cáscara gaseosa que delimita nuestro planeta del espacio orbital. Un radar transhorizonte inosférico usa la ionósfera como espejo para obtener imágenes de lugares situados a 3000 km. de distancia La presión de gases atmosféricos en la ionósfera es bajísima, no ande buscando muchas moléculas gaseosas aquí porque las disocian fácil los impactos de partículas cargadas, rayos X y rayos gamma originados por el sol. Algunos de los átomos disociados no están enteros, sino enteramente pelados de sus cortezas de electrones, como medida del calor ambiental. Es decir, están ionizados. De allí el nombre de la región. En períodos de gran actividad solar, los gases ionosféricos llegan a 1500º C: son realmente un plasma excitado eléctricamente, como el que hace brillar nuestros tubos de neón o de gas de sodio o de mercurio. La comparación no es tan mala: a veces, el plasma de la ionósfera tiene suficiente excitación como para iluminar todo el cielo. Sucede mucho en el círculo polar Norte, y un poco menos en el Sur. Durante las auroras, como se las llama, el oxígeno y el nitrógeno ionizados en la ionósfera emiten plumosas y móviles cortinas de luz morada, azul, amarilla y verde toda la noche. Dan suficiente luz como para leer el diario, aunque debido al frío y a veces a los lobos, la gente no lo hace. Si los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS), habitantes habituales de la ionósfera, no se fríen por la insana temperatura de su lugar de trabajo, es porque la masa gaseosa por la que circulan tiene una densidad tan baja que su capacidad de transmitir calor resulta nula, pese a sus 1500º C. Y es que según nuestros burdos parámetros barométricos de habitantes de los bajos fondos de la tropósfera, en la ionósfera reina más bien un alto vacío. Y tan vacío es ese vacío que la ISS, que dista mucho de tener la forma de una bala,  circula a 7,7 km por segundo a través de esos gases insustanciales sin sufrir casi de frenado aerodinámico. Sin embargo ese plasma, pese a lo incorpóreo, tiene una actividad electromagnética fuerte: refleja las ondas de radio HF como un espejo en el cielo. Lo que sube desde la superficie, rebota y baja a la superficie. Lo notable es que allí, en la superficie, tal vez a 2000 o 3000 km. de nuestra hipotética estación emisora de Santiago del Estero, la bajada de ondas HF generaría otro nuevo rebote, el de la «huella». Más notable aún es que el haz HF de ese segundo rebote logre realizar el camino inverso, reflejarse una última vez en la ionósfera y bajar, ya paupérrrimo de potencia pero cargado de información, a la matriz de antenas receptoras en Santiago del Estero. Siempre fuimos un país fuerte en informática. En el plan A de 2004 de INVAP, esa imitación del Jindalee australiano, ya existían en el país la capacidad de tejer software y una fuerza bruta de cálculo enormes, y así peinar el galimatías de ecos algo y refinar una fotografía de la superficie marina y costera sobre tres océanos y un pasaje interoceánico, y también de los barcos y aviones en ella. Hasta que no hubo computación capaz de discernir información y desechar ruido, la OTH ionosférica fue una tecnología con pocos entusiastas. En 1983, tras 33 años de trabajo, el JORN australiano logró captar un barco navegando por el Estrecho de Torres… desde Alice Springs, muy al Sur, una ciudad minúscula y continental que aguanta en medio de ese desierto rojo, tórrido, vacío y reseco llamado “el Outback australiano”, rodeada de la nada polvorienta de los Northern Territories. En 1984, el proyecto JORN ya estaba captando aviones volando entre Indonesia, Nueva Guinea y las Filipinas, y podía determinar trayectoria, altura y velocidad. Febrero de 1942: explota el Neptuna, un buque lleno de munición, en medio del ataque aeronaval japonés contra Darwin, en lo que se llamó “el Pearl Harbor” australiano. Detrás de este éxito laborioso, que continuó mejorando, hay una historia. El 19 de febrero de 1942 la aviación naval japonesa atacó la capital de los Northern Territories, para neutralizar todo posible ataque desde allí contra su nuevo y breve imperio sobre el Pacífico Sur. Ordenado por el Alte. Isoroku Yamamoto, el ataque tuvo la fortuna de encontrarse con un único radar estadounidense, apagado por falta de repuestos. ¡Sorpresa! A lo largo de tres horas y tres olas de bombardeo, los japoneses borraron del mapa y sin oposición alguna la capital territorial: Darwin, su puerto, su hospital, su comisaría, sus calles y manzanas, los barcos en la rada, las dos pistas aéreas llenas de aviones caza y bombarderos, los hangares de estos, los depósitos de combustible, los cuarteles del Ejército y las baterías antiaéreas. Fueron crueles y minuciosos. La cifra real de muertos todavía sigue más que dudosa, perpleja. Los australianos llaman a este episodio su propio Pearl Harbor. Desde entonces, el DSTO, Defense Science and Technology Organization, rama científica del Departamento de Defensa de Australia, se toma muy en serio lo de tener independencia nacional en radarística, y de contar con una tecnología como no la soñaron sus aliados tradicionales y tampoco sus enemigos hipotéticos (antes Japón, hoy China), y para el caso, añadan al resto del planeta. Si tenés una fuerza aérea y una armada chicas para defender un país gigante, invertí en sensores para que no te las borren de un plumazo, “that’s all, mate, have a beer”. A fecha de 2003, el Jindalee había costado medio siglo de trabajo y al menos 1200 millones de dólares australianos (incluida la cerveza), pero los Aussies controlaban desde tres lugares centrales de su reseco continente más de 37.000 km2 de rutas marítimas hacia el Norte. De ellas depende casi el comercio exterior. Serían inmediatamente bloqueadas en caso de un conflicto con China. Las cuentas de este desarrollo resultaron demasiado saladas para el estado australiano. Atraídas por el éxito técnico del JORN, aparecieron con grandes chequeras BAE,  Raytheon y Lockheed Martin, empresas de armamento respectivamente del Reino Unido y EEUU, por ahora los 2 grandes socios militares de Australia.
La tecnología que pueden ver en este video es de una potencia informática monstruosa. Filtra detecciones reales del “ruido planetario de fondo” generado en la “huella” del radar por el oleaje, las corrientes oceánicas y de marea, amén de las alteraciones eléctricas de la tropósfera y la ionósfera. En parte debido al derrumbe de la convertibilidad 1 a 1 del peso contra el dólar y a que desde «Clemantina» somos una subpotencia informática, INVAP en 2004 pensó que en Santiago del Estero podía lograr algo parecido al JORN por entre U$ 300 y U$ 500 millones (cifra de 2004 no actualizada). ¿Estaban locos? Técnicamente, quizás no; políticamente, un poco. El Ministerio de Defensa, pobre de solemnidad y con el país resucitando de a poco del crack de 2001, no estaba acostumbrado aún al “compre nacional”, ni a que pudiéramos ser mejores que ningún país anglo, australianos incluidos, en alguna rama de la tecnología. Y eso iba ya contra toda evidencia, porque en 2004 INVAP le estaba construyendo a Australia un reactor nuclear, el OPAL. Con esa planta, hoy Australia domina el 40% del mercado mundial de radioisótopos médicos. Es un reactor que los australianos, todavía hoy, no podrían copiar. Pero así las cosas, Defensa aconsejó a INVAP empezar por algo menos “Wow”, como los mentados radares secundarios de los aeropuertos. Y no sin razón: esos modestos aparatos colaborativos que identifican a aviones que literalmente ruegan ser identificados, eran de suyo suficiente provocación. Los lobbistas que en los ’90 habían salpimentado de coimas las licitaciones radarísticas de Menem y De la Rúa, todas fallidas, representantes de INDRA, Raytheon, Thales, en fin, tanto pirata sin barco que se había quedado sin cobrar, incendiaron, unánimes, los medios contra la advenediza firma barilochense. ¡Fuera de Argentina, argentinos! En aquellos años perdí la cuenta de leer en diarios “serios” (ja) que INVAP tenía problemas de identidad empresarial: era demasiado nuclear como para hacer algo bien en tecnología espacial, o en radarística. Fabriquen chocolate y pulóveres, barilochenses. En 2006 y 2007, mis alumnos de los Talleres Federales de Periodismo Científico de la SECyT leían esas pelotudeces, y –hablo de gente sumamente profesional- se preguntaban y me preguntaban si todo aquello no sería cierto. La tremenda antena de radar del satélite SAOCOM 1B. Así empezó INVAP en radares, en 1998, con la del 1A. Fue como tomar las primeras clases de andinismo en el Everest. No lo era, pero me faltaba la foto que acaba de ver. En aquellos años INVAP había resuelto exitosamente, con ayuda del Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la ingeniería básica del entonces único radar espacial del mundo en banda L. Es un monstruo cuya antena pesa 1,5 toneladas y mide 35 m2 desplegada. Desde 600 km. de altura, ese radar emite microondas de longitud relativamente larga que logran detectar y mapear agua bajo el suelo. Sí, ya la identificó, oh lector sagaz, hablo de la antena del satélite SAOCOM 1A de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). De modo que ya en 1998, con su primer radar, INVAP tuvo que lidiar con la dificultad de una antena enorme que se pliega en 7 partes, y una potencia de emisión que literalmente estruja las baterías del satélite. Fue como ser aprendiz de andinismo y empezar por el Everest. Y según anda el SAOCOM 1A, ese trabajo “preliminar” les salió joya, y ahora está en plataforma de lanzamiento su mellizo, el 1B. Pero eso lo sabemos con el diario de hoy. Retrocediendo la historia a 2004, cuando los de Defensa le dijeron a INVAP: “Concentrate en los radares aeroportuarios, y después vemos”, cuatro ministros sucesivos estaban siendo realistas del modo en que lo son los políticos. La primera tarea de un Ministro de Defensa es… defenderse. Y no sólo de ajenos sino de propios, y máxime si adolece de cierto nacionalismo tecnológico sabatiano, que aquí, entre los colonizados mentales, como los llama Conrado Varotto, se ha vuelto como la marca de Caín. INVAP, por supuesto, instaló rápidamente 22 unidades radares INKAN de aeropuerto a la mitad del menor precio cotizado por yanquis y europeos en las licitaciones fallidas de los ’80 y ’90. Mientras, en paralelo, fue desarrollando su línea de radares militares RPA 170 y 240, cuya denominación es “Radar Primario Argentino” y la cifra que sigue define el alcance en millas náuticas. A eso sumó radares portátiles de menor potencia pero bastante sofisticación, y en 2014, grandes radares meteorológicos de alerta de tormentas, y así llega a fecha de hoy con más de 100 entregados. Entre 2015 y 2019 el gobierno del ingeniero Mauricio Macri le canceló los proyectos preexistentes y dejó impagos los ya entregados. Pero –dato nuevo- un día de 2018 quiso viajar a Bariloche y el periodismo –y no sólo el local- lo vapuleó de un modo tan bestia en pleno aeropuerto, que a la semana debió presentar un plan de pagos. A todo eso, INVAP venía evitando un despido masivo abonando sueldos en cuotas… Lo que salvó a INVAP, aquel año, fue el estado… holandés. Ganó por segunda vez la licitación del 2do mayor reactor de producción de radioisótopos del mundo, en Holanda. Y como nada tiene tanto éxito como el éxito, INVAP aquel año se terminó de volver una especie de marca: la de “la Argentina Posible”. Y desde entonces, la defienden a capa y espada colegas míos que en 2017 no tenían idea de su existencia. Se los identifica porque insisten en llamarla “EL INVAP”, creyéndola tal vez un instituto del CONICET. Nada de eso, es una empresa: si no vende, se funde. Y con el estado más en contra que a favor casi toda su historia, ha vivido históricamente al borde de la quiebra. Uno puede aburrirse de los invapios, pero ellos no tienen cómo aburrirse en su vida que pasa de la montaña rusa a la ruleta rusa, y -por motivos entendibles- no parecen demasiado susceptibles a la humildad. Lo que les cuesta es descifrar cómo los ven los políticos que tenemos, pero eso también lo han ido desculando. Sobre todo cuando cuadros emergentes del partido político que más daño le ha hecho a INVAP (el PRO), como Facundo Manes, admiten públicamente su admiración por la empresa. Hoy con esta firma sucede, a escala local, lo que a la Ferrari -que sólo construye 10.000 autos/año- a escala global: la marca excede excede por mucho el valor de la empresa. Es una lástima que, como sí se puede permitir la Ferrari, INVAP no venda remeras ni gorritos langa. PASEMOS AL PLAN B En 2004, y como no son giles, en INVAP tenía un plan B para enamorar ministros de Defensa: desarrollar radares militares “monoestáticos” HFSWR (High Frequency Surface Radar), que emiten en banda HF (entre 10 y 100 metros de longitud de onda) desde una matriz de antenas radiantes cercanas a otra matriz de antenas receptoras, todas en la costa. Como ya se dijo, parte de las ondas HF emitidas en lugar de propagarse en línea recta como la luz se pegan a la superficie del agua, abrazan la curvatura terrestre. Gracias a ello logran detectar objetos en la superficie marina que el observador parado al lado de la matriz de antenas emisoras no podría ver ni con el mejor telescopio y el día más diáfano: quedarían bajo la línea del horizonte. Pero las ondas HF no se despegan del agua y viajan hasta una distancia de 240 MN (440 km), donde llegan con poca potencia. Dentro de ese considerable rango, resulta difícil esconder un barco o un avión. Tal vez se salve de la detección una fragata de formas y materiales “stealth”, esos que disipan los ecos en lugar de devolverlos a origen. Pero un pesquero aparece en la foto sí o sí. Estos radares OTH, los llamados HFSWR, mucho menos costosos que los ionosféricos, tampoco son un invento de INVAP. En 2004, ya los tenían desplegados los australianos (proyecto SECAR), el Reino Unido (proyecto OVERSEER), y los EEUU (proyecto  CODAR). Chinos y rusos también, por supuesto. Ya vimos de sobra lo que pueden y no pueden hacer los radares “microonderos” de INVAP, cuya limitación para ver la superficie es el horizonte. A diferencia de estos, los HFSWR transformarían no sólo la ZEE, si no la Plataforma Continental toda en una especie de “reality show”, donde no habría lugares o momentos en que un honrado pesquero pirata goce de privacidad. Pero esta propuesta B se puede mejorar, y sin costos adicionales, si en lugar de considerar únicamente radares OTH monoestáticos se añadiera al menos uno biestático. Paso a explicarme: un monoestático no es un primate en éxtasis. Es simplemente un radar como casi todos los microonderos, que usa la misma antena para emitir ondas y recibir ecos. Un biestático emite en una parte, y recibe en otra, que puede estar geográficamente muy alejada. Si se instalara una antena emisora en HF sobre cualquier plataforma petrolera marina vieja, mire… hay unos bajíos excelentes ubicados a unas 180 millas náuticas frente a Puerto Deseado, Santa Cruz. La profundidad no supera los 50 metros. Oportunidad inmobiliaria: sería un crimen desperdiciarlos. Ponga una antena emisora allí, subida a cualquier plataforma marina petrolífera de 2da mano. Las antenas receptoras serían decenas, colocadas en la costa, y tendrían esa estructura extraña de grilla extensa de estacas metálicas verticales. Cuando les llega desde mar adentro un tren de ondas HF pegadas al agua y copiando la curvatura terrestre, todo barco interpuesto entre antena emisora y grillas receptoras costeras quedaría destacado “a contraluz”. Más aún, la «huella» total iluminada (vea el mapa) tendría forma de un óvalo gigante, tendido entre la Meseta Central Santacruceña y la milla 400 del Atlántico. ¿Y adónde te vas a esconder ahora, Barbanegra? De haberse encarado a principios de siglo, ese modesto plan de 6 radares monoestáticos HFSWR desde Mar del Plata hasta Isla de los Estados, con uno biestático en Puerto Deseado, habría desequilibrado a favor de la Argentina la situación en la ZEE. Bien, todavía puede hacerlo. Si hay un buen momento para repensar la idea es ahora, justamente porque es nuestro peor momento, el de mayor pérdida de soberanía, recursos y dinero. Si se supiera en tiempo real y con certeza judicial adónde están y quiénes son los invasores, el ahorro en patrullaje sería enorme, y se podría concentrar nuestros nada brillantes recursos represivos en infligir daño económico real, a fuerza de decomisos sistemáticos de naves y de artes de pesca (suelen costar más), a la flota pirata. Sí, habría que tener más y mejores jueces federales, y más veloces. Nuevamente, no me interesa en absoluto apresar a los capitanes: son simples empleados. Menos aún, a los marineros: en las flotas asiáticas (pero también en otras muy europeas y tilingas), suelen ser trabajadores esclavizados. Lo que sí me importa es destruir sistemática y metódicamente la tasa de ganancia de los armadores. Y si tuviera que elegir entre los piratas puros, sin licencia argentina, y los que sobrepescan, capturan juveniles o incurren sistemáticamente en el “by catch”, o pesca incidental, pero con planta de fileteo en suelo argentino y todos los papelitos en orden, digo que hacen más daño los lobos con piel de oveja. Son los que desde los ’90 impusieron la fama, hoy mundial, de que en el Mar Argentino vale todo. Entiendo que la tecnología no logra remediar “per se” las miserias de la política ni las de la justicia. Pero un dispositivo de 6 radares transhorizonte costeros desde Marpla hasta Isla de los Estados, que incluya un biestático frente a Puerto Deseado, generaría una capacidad de información tan penetrante, tan minuciosa, tan abrumadora, tan incontestable, que obligaría a casi todos los actores de este drama a cambiar de libreto. Al iniciar esta última parte de mi artículo, le pedí que retuviera una cifra. ¿Ya la encontró? El valor de un sistema costero completo OTH presupuestado por la entonces inexperta INVAP, allá por 2004, no superaba los U$ 10 millones, porque la base tecnológica, mal que mal, no deja de ser relativamente simple. ¿Lo actualizamos a U$ 14 millones, por la inflación del dólar? En la situación actual, es lo que pierde la Argentina en 2 días de rapiña pesquera.

Daniel E. Arias

Creció un 37% la cantidad de camas de terapia intensiva desde el inicio de la pandemia

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El aislamiento social preventivo y obligatorio que se dispuso en todo el país el 20 de marzo para disminuir la velocidad del crecimiento del número de casos de COVID-19 y fortalecer el sistema de salud, permitió aumentar en un 37 % el número de camas de terapia intensiva y en un 38 % el de respiradores. Así, las 8.521 unidades de cuidados intensivos con las que contaba el país antes de la pandemia aumentaron a 11.668, y los 6.211 respiradores pasaron a ser 8.602. “Ahora tenemos un porcentaje de camas libres del 40%, gracias al trabajo con las jurisdicciones, la seguridad social, el sector público y el privado para aumentar la capacidad del sistema de salud”, afirmó la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti. La funcionaria destacó el esfuerzo de la sociedad argentina durante el aislamiento social y aseguró que “en este momento cada día es relevante, cada persona que evitemos que se infecte y que transmita el virus es muy importante para minimizar el número de casos y el porcentaje de personas que van a ocupar una cama de terapia intensiva”. Respecto de los datos epidemiológicos consolidados de COVID-19 a nivel nacional, el subsecretario de Estrategias Sanitarias, Alejandro Costa, informó que son 80.447 los casos confirmados y 1.602 los fallecidos, por lo que la tasa de letalidad es del 2 por ciento. Hay 688 personas internadas en terapia intensiva y 30.095 recuperadas. La cantidad de tests realizados por PCR son 414.697 y el porcentaje de positividad promedio es de 23,47%. El porcentaje de ocupación general de camas de terapia intensiva en el país es de 51,6 % y el del Área Metropolitana Buenos Aires es de 58,8 %.

Los préstamos para MiPyMEs y Servicios de Salud ya superaron los 300 mil millones de pesos

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Reproducimos esta columna de opinión del economista Jorge Carrera, vicepresidente 2° del Banco Central de la República Argentina:
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«Esta semana los préstamos aprobados en el marco de la Línea de Crédito para MiPyMEs y Servicios de Salud, a tasa subsidiada del 24%, superaron los $ 300.000 millones. Se registra un total de 174.648 créditos en tan sólo 63 días hábiles.
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Los analistas pensaban que si se llegaba a $150.000 millones era un gran logro dada la histórica dificultad del sistema financiero para financiar a las MiPyMEs, máxime en un contexto tan particular. Objetivamente nunca se había dado tanto crédito, a tal cantidad de empresas, en tan poco tiempo.
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El impacto de esta línea de crédito fue tan importante, que en el bimestre abril-mayo de este año el saldo de préstamos en pesos a personas jurídicas PyME creció en términos reales un 75% respecto al bimestre previo (pre-pandemia) y un 23% respecto al mismo bimestre del año anterior. Esto fue posible gracias al trabajo de todo el conjunto de bancos, sin importar su tipo de capital. De hecho, los créditos se reparten en forma balanceada en los tres tercios del sistema (capital privado nacional, capital privado extranjero y bancos públicos). Asimismo, se destaca el rol del FoGar, que garantizó préstamos desembolsados por $ 46.955 millones, un 16% del total. Lo que muestra una importante coordinación entre distintas áreas del sector público. Adicionalmente a la línea de crédito al 24% para MiPyMEs, se lanzó el crédito a Tasa Cero (subsidiada por el FONDEP) por hasta $150.000 orientado a monotributistas y autónomos, de carácter obligatorio para los bancos que reciban las solicitudes. Según los últimos datos, mediante esta línea se otorgaron 422.101 préstamos, por un monto total de $50.828 millones. Además, se emitieron más de 135.000 tarjetas de crédito nuevas, lo que impactará en un mayor nivel de inclusión financiera a futuro. Vale mencionar también que recientemente la AFIP incorporó nuevos criterios para evaluar los niveles de facturación y la existencia de ingresos por trabajos en relación de dependencia con el objetivo de ampliar la cobertura de esta línea de crédito Si bien la Línea de Crédito al 24% a MiPyMEs fue un éxito desde el inicio, se realizó un trabajo de rastreo que detectó empresas poco bancarizadas, que no tenían acceso al crédito y justamente eran las más vulnerables en el actual contexto de pandemia. Atendiendo a ello, el BCRA implementó la línea MiPyMe Plus al 24% con garantía automática del FOGAR, con la característica de que los bancos están obligados a otorgarla ante una solicitud. Según los últimos datos, unas 1.838 empresas accedieron a estos créditos. El monto aprobado promedio por empresa fue de $750.000. Un dilema económico para la política monetaria en este contexto consistía en cómo promover un financiamiento subsidiado en pesos de carácter masivo, sin que eso se volcara a los mercados del dólar, presionando excesivamente la brecha. En general, las líneas han funcionado de manera adecuada y si bien algunas empresas inicialmente usaron el crédito para cancelar deuda comercial externa, acumular importaciones o ir al CCL, eso se fue corrigiendo a través de la regulación, dado que no era prioritario usar crédito en pesos a tasa subsidiada para esos fines. Actualmente el BCRA está implementando una ampliación de la Línea MiPyMe que implica una inyección de al menos $200.000 millones adicionales con varios objetivos: 1) Profundizar el uso: las empresas que ya accedieron a la línea de financiamiento MiPyMEs al 24% pueden renovar los créditos por el equivalente a la masa salarial mensual. 2) Expandir el alcance: Se buscará llegar a empresas aún no alcanzadas. 3) Invertir en bienes argentinos: La Línea Invertir dará crédito a la tasa subsidiada del 24% de esta línea a empresas de cualquier tamaño que deseen invertir y compren equipamiento y bienes de capital producidos por MiPyMES argentinas. La suma de las tres líneas de crédito que analizamos llegó a $ 353.952 millones (es decir, 1,4 p.p. del PIB), lo cual es un hito operativo del sistema financiero argentino en un contexto tan especial. Esperemos sea también un punto de partida para una interacción entre sistema financiero y MiPyMEs más intensa y productiva, ya que estas empresas son un pilar imprescindible de toda estrategia de desarrollo inclusivo.

El gobierno compensará el 50% de los gastos en turismo interno

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El Gobierno presentará un ambicioso plan para reactivar el turismo pospandemia. A partir de la aprobación del proyecto de ley, que ingresará en las próximas horas en la Cámara de Diputados, todos los paquetes turísticos que se vendan antes del 31 de diciembre recibirán el 50 por ciento del valor en compensación para gastar en ese viaje u otro en el futuro. Según las proyecciones que realizó el ministro de Turismo y Deporte, Matías Lammens, a cargo de la redacción de la iniciativa, esto beneficiará a unas 1.000.000 personas. En total, el Gobierno espera que se muevan unos 32.000 millones de pesos. Aquellas personas que adquieran planes de preventa turística en paquetes se le devolverá la mitad del importe en una tarjeta de crédito del Banco Nación para gastos de viaje. «El objetivo es reactivar una industria que es generadora de empleo y también tendrá una fuerte repercusión en las economías regionales», explicó Lammens que ya habló del tema con el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Pese a la poca actividad parlamentaria, en la Casa Rosada son optimistas en que el proyecto saldrá rápido y con respaldo de parte de la oposición. Aunque en la comisión de Turismo, que preside el radical Alfredo Cornejo, avanzan dos dictámenes: uno por el proyecto que impulsa Cornejo y otro, el del oficialismo, que presentó el diputado Ramiro Fernández Patri. En medio de la pandemia y con la profundización de la crisis económica, la decisión de subsidiar al turismo busca además «proteger el empleo» en uno de los sectores más golpeados por la cuarentena. Para Lammens, una vez finalizada la pandemia, con este incentivo, se multiplicará la generación de trabajo. La Argentina, entre turismo interno y turismo receptivo, movió en 2019 15.000 millones de dólares , incluso más que la soja, y se crearon 1.200.000 empleos. En paralelo, además, el Ministerio de Turismo tendrá como fin la reactivación económica. En este punto, como medida para encarar todos los proyectos, el presidente Alberto Fernández decidió multiplicar por tres el presupuesto que administra Lammens, que este año será de 9000 millones de pesos. Para eso se pondrá en marcha el plan 50 Destinos, que impulsa más de 50 obras de infraestructura turística en todo el país, con una inversión de $1200 millones que saldrán del impuesto PAIS. Otro de los lanzamientos es el plan de Auxilio, Capacitación e Infraestructura para el Turismo (Pacit), que consiste en la inversión de 4000 millones de pesos para fomentar el turismo nacional. También está previsto avanzar con obras para las unidades turísticas de Chapadmalal y Embalse , predios que hoy están destinados al aislamiento de la población durante la pandemia. En total, la inversión -estará destinada a arreglos en techos, electricidad, pintura, carpintería, ente otras cuestiones- será de 350 millones pesos. En este contexto, el presidente de la Cámara Argentina de Turismo (CAT), Aldo Elías, planteó que la vigencia de la legislación que se alcance se extienda como mínimo por un año. Explicó que “las más importantes entidades internacionales de turismo, como la OMT y la WTTC, estiman entre dos a tres años la recuperación de la actividad turística”.

Defensa: resucitan los radares de INVAP – II

(La primera parte de este artículo está aquí) Con 1.529.585 km2, la Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEE), inscripta dentro del límite de las 200 millas marinas medidas desde la costa,  excede la radarística convencional, terrestre o móvil. Los mejores radares costeros de microondas topan con tres límites físicos: los barcos raramente vuelan, la Tierra es curva y las ondas electromagnéticas cortas o muy cortas se propagan en línea recta, como la luz. Para “iluminar” con radar un barco pirata en la milla 200, oculto bajo el horizonte por la curvatura terrestre, se debe usar ondas de radio de alta frecuencia (HF), con longitudes de onda entre los 10 y 100 metros. En ese rango, parte del haz de fotones se pega al agua y copia a la curva de la Tierra, de modo que busca su blanco bajo el horizonte. Su alcance máximo está más bien definido por la sensibilidad ante ecos de su receptor, y por su capacidad informática para analizar esos ecos y separar ruido de señal. Un experimento simple en automóvil permite corroborar este hecho, escaparse al Partido de la Costa (cuando se vuelva a abrir a visitantes) y en el camino, librarse de cumbia y reggaetón. En la ruta provincial bonaerense 11 a la altura de la Bahía de Samborombón se puede escuchar muy bien en AM la notable discoteca clásica y popular del SODRE (Servicio Oficial de Difusión, Representaciones y Espectáculos), con terrible antena en el cerro de Montevideo. Más allá de la altura de la antena de esa radio oficial, y de su incuestionable  potencia de emisión, esa estación nos queda muy debajo del horizonte del Río de la Plata. Pero sus ondas llegan a la radio del auto pegada a la superficie del agua, copiando la curvatura terrestre. Si oímos a Bach o Zitarrosa, es que también podríamos ser iluminados con señal de radar en una frecuencia parecida. ¿Y que hay de radarizar nuestros barcos de guerra o de patrulla? Ya lo están, aunque se les puede mejorar los equipos a casi todos. Pero son pocos y viejos para tanto mar y tan invadido. En la Armada hay 30 unidades con capacidad de patrulla (aunque sólo el ARA Bouchard es un patrullero diseñado para ese fin). Se suman las 24 unidades marítimas remanentes de la Prefectura Naval, y con el total resultante (54 naves) y los escasos medios aéreos de ambas fuerzas con capacidad de patrulla (23 unidades en total), no se controla nada. Otra cosa sería poder usar esa fuerza tan escasa y cara con economía, sin gastarla en patrullas ambulatorios. Pero para eso se necesitan radares HFSWR (High Frequency Surface Wave Radar). Ojo: su sola construcción ya sería un acto disuasivo. Desde Australia a Canadá, desde Rusia a China, todos los países que han sufrido de “síndrome de la milla 201” desarrollaron el suyo. Los canadienses desplegaron su primer HFSWR en Cabo Bonavista, sobre la costa de Terranova, y los piratas ya no se les atreven. Pero no porque los canadienses tengan esta radar, sino porque los piratas tienen memoria. Canadá primero los echó, el HFSWR lo hizo después. Aquí deberíamos invertir el orden, o al menos ir mezclando cautelosamente esas acciones. En 1995, tras una década consecutiva de política pesquera nacional idéntica a la de Argentina desde 1982, los armadores gallegos habían vaciado de bacalao los legendarios caladeros de Terranova, Labrador y Nueva Escocia. En esas costas se habían perdido 40.000 puestos de trabajo. Aldeas pesqueras ya centenarias y otrora prósperas se habían vuelto pueblos fantasma. Una acotación: son aguas con algunos parecidos a las de la ZEE argentina: hay una corriente cálida, salada y pobre en nutrientes (allá, la del Golfo de México, aquí la de Brasil) que se mezcla con una fría, hipohalina y llena de nitratos, fosfatos y hierro (allá, la de Labrador, aquí, la de Malvinas). Y ese mezclado sucede sobre fondos bajos y bien iluminados por el sol (allá, los Grandes Bajíos, “Great Banks”, aquí, la Plataforma Submarina). El resultado del «combo» de luz, calor y fertilizantes, en ambos ecosistemas, es una fotosíntesis marina poderosa, sobre la cual se arman largas cadenas de consumidores y predadores marinos. Y entre los predadores, hay especies que se hicieron famosas y crearon discretas fortunas: allá, el bacalao y el arenque, aquí, la merluza hubbsi, la merluza negra, el langostino, el calamar. En realidad  estamos hablando de ecosistemas bastante más diversos, con decenas de especies de diferente interés pesquero. Pero nos limitamos a las icónicas y realmente caras. No es fácil reventar caladeros tan ricos como los de Terranova y Labrador, pero España, a esa altura del siglo XX con más prontuario que antecedentes, pudo. El asunto finalmente enloqueció al Ministro de Pesca y Océanos, Brian Tobin, quien venía de meses de negociaciones estériles con la Unión Europea para terminar con la rapiña. Ante la sordera europea, Tobin promulgó una ley que le permitía salir a cazar pesqueros más allá de la 201, es decir una ley internacionalmente ilegal. Epa. ¿Una señal? No la escucharon. Y el 9 de marzo de 1995, con 2 naves guardacostas, Canadá atacó de sorpresa y capturó al arrastrero gallego Estai, ya en aguas internacionales tras horas de persecución, no sin tiros sobre la proa. Trajo el barco al puerto de San Juan de Terranova, incautó las 200 toneladas de fletán (también llamado hipogloso, o turbot) de la bodega y dejaron al capitán y sus hombres en la comisaría local de la Policía Montada (suena a chiste, no lo fue). La UE primero reaccionó furiosa y en bloque, luego el bloque se fue fracturando. La UE acusó a Canadá de piratería, y España, por la propia, envió sucesivamente los patrulleros Vigía, Serviola y Centinela, y al remolcador militar Mahón (por lo que pudiera pasar) con instrucciones de defender a la flota gallega (con sede en Vigo) a como fuera. Ésta flota estuvo semanas bajo acoso permanente de la Guardia Costera Canadiense, que intentó capturar los arrastreros Verdel, Mayi IV, Ana María Gandon y José Antonio Nores. Los capitanes se salvaron de pernoctar en el Spa Policía Montada porque los patrulleros españoles se interpusieron todo el tiempo. Pero a cierta altura de las cosas, ya no pescaban más que sustos y estaba todo el mundo con los pelos de punta y el dedo en el gatillo. El 14 de abril Canadá redobló la apuesta y se trajo al ring a la Armada, mientras los cazas F-18, con misiles antibuque bajo las alas, hacían sobrevuelos rasantes de los aterrorizados barcos españoles. A todo esto, el Primer Ministro Jean Chrétien le avisó al ministro de defensa español, Narcís Serra, que esta vez iban a por los pesqueros sí o sí, y que cuando la Armada Española intentara interferir, la orden era tirar. España “recalculó” unas 3 horas… y reculó en chancletas. Tuvo que pagar 300.000 euros por la liberación del Estai y su tripulación, y luego soportar que la Corte de Justicia Internacional (donde el Reino Unido se dio vuelta y les votó en contra) rechazara su pleito. Todo eso sucedió en cinco semanas de locos en 1995 llamadas desde entonces “La Guerra del Fletán”, sin mayor exageración: durante 3 horas, las naves armadas de Canadá y España estuvieron por entrar en combate. Sólo que nadie disparó primero. Si dos países de la OTAN casi se agarran a misilazos y cañonazos en 1995 por venderle a Japón unos lenguaditos de morondanga, peces que en 1993 no tenían valor comercial, para peor chicos y de fondo, es que en la columna de agua ya se barrió con todo lo históricamente valioso de la zona: lo dicho, el bacalao y el arenque. Como había probado en los ’80 en Namibia y Somalía, donde vació el mar y dejó en la ruina a los pescadores ribereños artesanales, de la flota con sede en Vigo, Galicia, puede decirse lo que dicen que decía Atila de sí mismo: “Donde pisa mi caballo, no vuelve a crecer el pasto”. Los episodios de Terranova fueron la primera parada mundial de carro que tuvieron los pescadores peninsulares. Para ver cómo narran esta casi guerra sus perdedores, hay un link aquí. No es la falta de radares lo que explica la invasión actual de la ZEE argentina por unas 500 naves piratas. Es el potente lobby que fueron tejiendo en nuestro país las pesqueras españolas desde los ’90. Es un entramado de gobernas, diputados, senadores y jueces que ya era imposible desmontar sino incluso revelar en tiempos de Menem. Desde 2014, para mayor inri, los chinos empezaron a comprar pesqueras españolas icónicas en Patagonia, como Arbumasa, Lan Fish o Patagonian Seafood, pero también otras más norteñas, como Altamare, Chiarpesca, Ardapez, Arhepez. Las españolas son (¿eran?) las dueñas reales del Mar Argentino. Y nosotros, los titulares teóricos según cartografía, «la vemos pasar» pintados en la pared, y vamos de la sartén al fuego. La Plataforma Continental Sudamericana llega muy al Este y al Sur, de acuerdo a qué costa se considere como línea de base. En 1991, con la ley 23.968 “de líneas de base”, que volteó la 17.094, se dio por legalmente británica la costa malvinera, con lo que se le regaló a Inglaterra una una nueva ZEE de 438.000 km2, recortados lindamente del Mar Argentino. En 1993, Gran Bretaña se puso más orientalista: saltó 1450 km hacia el Este, como quien dice de Stanley a Grytviken, y extendió su ZEE sobre las islas Georgias y Sandwich del Sur. En 2011, tras pensarlo mejor, decidió darle incluso un matiz ecológico a esta avanzada militar y ahora ese nuevo millón de km2 de océano incautado es una reserva, o AMP (Área Marina Protegida). Con ello, la jurisdicción efectiva inglesa en el Atlántico Sur pasó de los modestos 11.410 km2 que ocupaba distraídamente en 1982 a los 1.639.900 de km2 de hoy. Recortados, nuevamente, de aguas antes internacionales donde pescaba Argentina, y que según leyes internacionales, deberían ser ZEE argentina. Nuestros ecologistas finos, encantados. En 1994, la Cancillería Argentina estableció vedas de captura de calamar Illex argentinus contra… Argentina. Garantizan la llegaba estacional en la fase cálida de esta especie a la ZEE malvinera desde Brasil. Stanley, agradecida pero sin efusividad, a lo británico. En 1995, acaso para sacarle al menos una sonrisa a Su Majestad, chica tan seria, el Palacio San Martín convino con Whitehall “la investigación conjunta” (haceme reir) de la biología del Atlántico Sur, con lo que las autoridades de Stanley, cuyos ingresos dependen en un 75% de la pesca en general y un 50% del calamar, accedieron gratis a la información y planificación generadas por el laborioso Instituto Nacional de Investigaciones y Desarrollos Pesqueros (INIDEP). La investigación inglesa todavía la estamos esperando. En 1998, se firmó la «cooperación militar» con Gran Bretaña, y ésta mudó de la isla Ascensión a la Gran Malvina su Comando Sur, donde estableció Mount Pleasant, la mayor base aeronaval de la OTAN en el Hemisferio Sur. Regularmente allí revistan de 900 a 1200 efectivos de las tres armas británicas, amén de viajeros frecuentes con millaje: en Mare Harbour nunca falta algún destructor antiaéreo, alguna fragata antisubmarina, algún submarino nuclear de la Royal Navy y al menos 4 cazas multipropósito Eurofighter Typhoon de la Royal Air Force. Ahí también operan las patrulleras marinas de las Fuerzas de Autodefensa Isleñas. En 1999, nuestra increíble cancillería, que sufre o goza (no se sabe) del síndrome de Estocolmo, firmó con Londres otro acuerdo para perseguir en forma conjunta a los pescadores piratas que no tuvieran licencia otorgada en Port Stanley. Ya somos marineritos de Su Majestad. En 2000, se firma “la administración conjunta con el Reino Unido de los recursos transzonales” (es decir de la pesca de calamar con licencia kelper). Si Elizabeth no se rió con esto, es de corcho. Con la movida se crea una OROP (Organización Regional de Ordenamiento Pesquero) en la que las Malvinas son estado ribereño. Nuestros ecologistas del jet-set, que revistan en ONGs internacionales y tienen «visión planetaria» (es decir tanta geopolítica nacional como la revista “Para Ti”), elogian ese pragmatismo. En 2005, Néstor Kirchner volteó los acuerdos científicos de 1995: si Inglaterra quería información biológica del mar que nos quitó y dice administrar, que gastara en investigación propia. El INIDEP, después de todo, es nuestro. En Marpla, sede del instituto, asienten: cobran en pesos, y poco. Luego Kirchner convenció al Mercosur e invitados de hacer ciertos sacrificios: a Chile, de que LAN desistiera de vuelos desde el continente a Port Stanley. Ricardo Lagos, no muy de acuerdo, pero… A Uruguay, Kirchner pidió que le negara servicios de puerto a los pesqueros con licencia kelper. El Pepe Mujica, gruñendo reticencias, pero sus propios conmilitones del Frente le ladraban. En 2016, la nueva canciller Susana Malcorra, primera persona en su cargo con nacionalidad argentina Y española, «puso orden»: le devolvió el INIDEP a los británicos, autorizó a LAN a hacer vuelos Stanley-Córdoba-San Pablo. Pero su sucesor Jorge Faurie llegó aún más lejos: en 2018, durante el G20, se abrieron nuevos acuerdos pesqueros con China y Rusia, se autorizaron los trasbordos pesqueros en alta mar y se le hizo un guiño final a Uruguay para que brindara en forma libre sus servicios de puerto a la flota potera china y española. Bueno, en realidad ya lo venía haciendo, pero… Y los barcos poteros, que atraen al calamar desde las profundidades a la superficie usando enormes lámparas, concurren de a centenares al Plata, y ya que están, pescan un poco. El estuario cambió a ojos vista: de noche, en 2012, desde los balnearios de la costa uruguaya entre Montevideo y Punta del Este, el horizonte marino nocturno hacia el Sur era una boca de lobo: negro, con las ocasionales luces de posición de algunos pocos barcos. Hoy el horizonte está iluminado desde abajo por los poteros, como por una ciudad flotante. Y lo son. Matriz de antenas emisoras de un radar transhorizonte australiano. Cubre centenares de hectáreas, pero terreno vacío ese país tiene de sobra. Epa, también nosotros. Y los australiano saben de electrónica. Epa… Si en 1970 las 10 mayores pesqueras en el Mar Argentino eran nacionales, hoy quedan 3 y están siendo compradas. Es tanto lo perdido y tan brutal la desproporción de fuerza económica y militar entre nuestro país y los nuevos dueños del Mar Argentino que uno se pregunta cómo y por dónde empezar a recuperar algo. Mi respuesta es que hagamos al revés que los canadienses en 1995. Empecemos por construir una cadena de radares costeros HFSWR. Es un gesto político, pero de esos que generan dudas porque dan para más: piratas, los estamos mirando. Cuando salgamos a cazarlos, si alguna vez lo hacemos, seremos más efectivos que en el último par de decenios. Se acabaron las 2,5 capturas por año y las multas indoloras. Empiezan las decomisiones de barcos y de artes de pesca (valen más que las naves), que repararemos en Astilleros Río Santiago (una ley, ahí) y luego entregaremos a empresas y cooperativas pesqueras nacionales. A las que el Banco Nación apuntalará con créditos blandos, ¿o acaso son todos para la familia Vicentín? Con esto no echamos a 500 piratas, pero al menos empezamos a exorcizar nuestro postrauma malvinero. Me interesa el efecto antiséptico que eso pueda tener sobre nuestra propia sociedad: legisladores, diplomáticos y jueces argentinos, también los estamos mirando. Están, literalmente, bajo el radar. La patrullera OPV chilena “Fuentealba” de patrulla en la Antártida. Chile las construye, Colombia también. Pinta inocente de barco civil, pero el helicóptero le da capacidad antisubmarina. Nosotros pagamos la ingeniería, y no las construimos. Y como sin barcos y sin abordajes no se arregla nada, le sacamos aún más el polvo a los Astilleros Río Santiago y empecemos a construir allí las 5 patrulleras Fassmer OPV planificadas en 2010, que no se resolvieron durante el gobierno de CFK y que el presidente Macri dejó de lado para comprar (a un precio mucho mayor) 4 patrulleras francesas terminadas, entre ellas la ARA Bouchard, entregada el año pasado. Macri prefirió pagarle a Francia U$ 328 millones por 4 patrulleras “llave en mano”, en lugar de construir 5 unidades en los Astilleros Río Santiago. Con dos agravantes: la primera en entregarse a la Argentina, «L’Androit», ya vino con 7 años de uso en la Marina Francesa. El segundo agravante es que un presidente argentino y un ministro de defensa (Oscar Aguad) evitaron pagarle al estado bonaerense un total de U$ 250 millones por 5 naves nuevas. En cambio prefirieron darle U$ 328 millones, es decir 78 millones más a Francia por sólo 4 unidades, todas menos modulares y polivalentes que las Fassmer, y una de ellas ya cascoteada por uso. Habida cuenta de que las 4 «nuevas» patrulleras francesas deberán vigilar 1 millón de km2 de mar (lo que nos queda), no parece que por sí solas puedan cambiar mucho la situación de descontrol de pesca actual. Pero de tener una flota patrullera del Cono Sur, con Colombia y Chile, y de bajar costos «yendo en vaquita» con los repuestos, mantenimientos, desarrollos y modernizaciones (nuestro negocio, claramente), de eso a olvidarse. Aguad y Macri también prefirieron sacrificar 1200 puestos de trabajo calificado en los inmensos astilleros de Ensenada, que en tiempos de Menem pasaron de Nación a Provincia en estado de abandono, y que hoy apenas si hacen reparaciones. Pero la buena noticia es que con esta firma Francia se aseguró 2000 puestos en Naval Group, talleres de Toulon. El cardenal Richelieu, fundador de ese astillero en 1631, sonríe desde el Más Allá. El problema es que ya tenemos comprada y pagada la ingeniería de las OPV a Chile, que a su vez la compró a Alemania, y que los astilleros oficiales ASMAR de Chile y COTECMAR de Colombia las están construyendo (pueden verse en este video). Son unas naves espléndidas, muy modulares, a las que se le puede motorizar, remotorizar y dotar de los radares y la electrónica que se quiera. Y en versión 1.0, vienen con 8000 km. de autonomía, lo que significa posibilidad de patrullas muy largas. ¿Cómo no empezar al menos a construir la primera? Nuevamente, sería otro gesto político interesante. Un «no digan que no avisamos».
Y de paso que mandamos señales nuevas, generamos trabajo en Ensenada, gobernador Axel Kicillof, donde no sobra. Escuche esta idea, porque es keynesianismo puro. Y construimos estos hermosos barcos en pesos, no en dólares, y para evitar que se sigan fundiendo las pesqueras en Marpla, o que las compren los chinos. ¿Y qué hacemos luego con 5 patrulleras “made in Argentina” y 4 francesas, y unos radares que cubren la ZEE? Las sumamos al medio centenar de naves que ya tenemos e integramos electrónicamente todo. Y lo sumamos a los radares costeros HFSWR que vamos a construir. Y entonces, con mucho trabajo, respecto del Mar Argentino, empezamos a dar vuelta la página. Terminamos con una larga historia de agachadas, humillaciones y pérdidas posmalvineras. Barajamos y volvemos a dar. Vamos dejando de ser un lugar. Volvemos a ser un país. Feliz día de la Patria, lectores.

(Concluirá mañana)

Daniel E. Arias

(La 1° parte de este artículo está aquí; la 3° y final, aquí)

Trump y López Obrador, el romance inesperado

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, llegó ayer a Washington en el primer viaje internacional desde que asumió la presidencia. Casi como respondiendo a la polémica que despertó, sobre todo en México, la visita de AMLO a su par de los Estados Unidos, Donald Trump, ambos líderes intercambiaron elogios en un tono que sus diferencias ideológicas hacían difícil predecir. “Estoy aquí para expresarle al pueblo de EE.UU. que su presidente se ha comportado hacia nosotros con gentileza y respeto. Nos ha tratado como lo que somos, un país y un pueblo digno, libre, democrático y soberano. (…) Usted no ha pretendido tratarnos como colonia”, dijo López Obrador desde la Casa Blanca. AMLO también le agradeció la “comprensión y la ayuda” que recibió por parte de la Administración Trump y resaltó que durante su mandato no recibió agravios hacia su persona ni hacia su país. En un tono también distinto al que había usado en el pasado, Trump dijo que la relación con México nunca había sido “tan fuerte ni cercana como ahora” y expresó que los “increíbles ciudadanos mexico-americanos (…) enriquecen cada aspecto de la vida nacional estadounidense». Ambos se concentraron en destacar la importancia del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá TMEC, o United States–Mexico–Canada Agreement USMCA, en inglés) el ‘nuevo Nafta’ que promete fortalecer el intercambio comercial entre los tres países (que representa cerca de u$s 1,2 billón al año) y que Trump puso incluso por arriba del acuerdo comercial con China. Mientras el presidente norteamericano mencionó rápidamente otros temas como el narcotráfico, la inmigración ilegal y la trata de personas, López Obrador se concentró en la cooperación bilateral e hizo una breve referencia histórica a la estatización de las petroleras, una de sus principales políticas de gobierno. Ninguno de los dos, obviamente, habló del muro entre EE.UU. y México. La visita de López Obrador –que voló a Washington en clase turista– ha recibido críticas tanto desde un sector de la oposición mexicana como de una parte de los demócratas estadounidenses, que consideraron que la visita a la Casa Blanca, tan cerca de las elecciones estadounidenses, podría ayudar a Trump con el voto hispano, más afín a Joe Biden. De hecho, ambos presidentes se refirieron a la comunidad de 36 o 38 millones de mexicanos (cada líder dio una cifra distinta) viviendo en los EE.UU. Días antes de viajar, López Obrador aclaró en una conferencia de prensa que no era un «vendepatrias» y que su agenda en Washington estaba exclusivamente centrada en el TMEC, vigente desde el miércoles pasado, 1° de julio. En su visita, el presidente de México estuvo acompañado por una delegación de empresarios mexicanos, incluyendo a uno de los hombres más ricos del mundo, el empresario de medios Carlos Slim, que tenía agendada una cena con Trump y un grupo de ejecutivos estadounidenses para anoche en la Casa Blanca. La gira de AMLO por EE.UU. se acortó a sólo un día, después de que el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, declinó la invitación en medio de nuevas amenazas de EE.UU. de imponer aranceles a productos canadienses. Trudeau prefirió quedarse en su país, para reuniones de gabinete y debate parlamentario. Sin embargo, tuvo una conversación telefónica con AMLO el lunes por la mañana, donde hablaron del TMEC.

Felipe Solá ante las cámaras empresarias: «Relevamos 242 oportunidades para exportar»

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El canciller Felipe Solá presentó ayer ante 64 cámaras empresariales el informe: “Mercados Agroalimentarios. Relevamiento de Oportunidades”. El ministro explicó que el trabajo es producto de un relevamiento realizado por las embajadas argentinas buscando oportunidades comerciales para las exportaciones, aún en el marco de la pandemia Covid-19. Y aseguró «Hay que partir de un cambio de mentalidad para que las exportaciones argentinas de origen agroindustrial exploten”. Solá dijo en la reunión -celebrada por teleconferencia- que fueron relevados en total 93 mercados. La Cancillería marcó como prioritarios 62 mercados en 10 regiones. A su vez para cada mercado destacado en esta primera etapa, se anexó una priorización de hasta 5 productos que tienen potencial exportable. “Esta crisis sanitaria afectó la producción y el consumo de alimentos, y eso trae problemas y oportunidades”, dijo el ministro. “Acá estamos destacando las oportunidades.” “Queremos ir por mucho más”, dijo Solá, y dio un ejemplo. “En la Argentina existe el proyecto de Vaca Muerta. Si el criterio con que se encaró Vaca Muerta fue ‘hagamos todo lo necesario para que esto se dé’, ¿por qué no tener ese mismo criterio hacia el aumento de exportación de productos agroindustriales?” Solá detalló que podría tratarse de “los productos básicos, agrícolas, anuales o cultivos perennes, agroindustria, unido a todo lo que tenemos nosotros como inteligencia para exportar, que es muy grande”. “Hay que salir de la cuestión de si algo tiene o no valor agregado: los productos primarios tienen enorme valor agregado, tienen genética, inteligencia, agrónomos, industria química…”. Y agregó: “El problema no es si tienen no valor agregado. El problema es que son los de valor más bajo. Hay mucho valor agregado pero un valor bajo. Entonces tenemos que avanzar hacia productos de mayor valor. Con este criterio por qué no pensar que si hubo una Vaca Muerta puede haber una vaca viva que exporte grano de maíz o carne porcina o aviar, solo por dar ejemplos. Hay que partir de un cambio de mentalidad para que las exportaciones argentinas de origen agroindustrial exploten”. La mayoría de las oportunidades a explorar corresponden a cereales y oleaginosas, aceites vegetales (soja, girasol, oliva), carnes (bovina, aviar, porcina), frutas frescas, frutos secos, productos de la pesca, lácteos (leche, leche en polvo, quesos), harinas, vinos, yerba mate, golosinas y preparaciones alimenticias. “Este es el primero de los encuentros que nosotros tenemos previstos alrededor del incremento de las exportaciones de origen agroindustrial”, dijo el canciller. Mencionó que “hay una serie de decisiones institucionales que vendrán y serán motivo de otras reuniones, y en algunas queremos que esté el Presidente de la Nación, Alberto Fernández, que está entusiasmado con este trabajo y con una ampliación concreta de las oportunidades para las exportaciones”. El secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Jorge Neme, dijo que “la idea es mantener este diálogo abierto y producir resultados, porque el país necesita divisas sobre todo en un contexto internacional de alta incertidumbre y de caída de la demanda”. «El reto es buscar el modo de “agregar mayor valor, conseguir mayores precios del producto, diversificar nuestra oferta exportadora, porque nosotros no tenemos una nave insignia de las exportaciones. La soja ha dado lo que da pero la Argentina y la soja no es como Arabia Saudita y el petróleo». Como era previsible, los empresarios también aprovecharon la oportunidad para señalar todas las barreras que se oponen a las exportaciones, cuando no se trata de las commodities que comercializan los gigantes. Aprovecharon la reunión para detallar un largo listado de problemas, ahora que la Cancillería recuperó el manejo del comercio exterior en el gobierno de Alberto Fernández.

Alberto Fernández anunció que el IFE se prorrogará un mes más en todo el país

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El anuncio se hizo en la videoconferencia que el mandatario mantuvo ayer con los gobernadores. Hace dos semanas Alberto Fernández había anticipado que el programa se achicaría: de aplicarse en todo el país pasaría a estar vigente solo en las regiones que aún atraviesan una cuarentena dura. Esto es el AMBA, Chaco y algunas localidades puntuales de Río Negro y Neuquén. Si se hubiera mantenido esa decisión, la mitad de los actuales 9 millones de beneficiarios dejarían de percibir el IFE.
El encuentro comenzó cerca de las 18 desde la Residencia de Olivos, y contó con la participación del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti y su par santafesino, Omar Perotti, entre otros. Por el Gobierno estuvieron presentes el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; los ministros de Economía e Interior, Martín Guzmán y Eduardo «Wado» de Pedro y el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Desde legisladores de Juntos por el Cambio hasta el Centro de Almaceneros de Córdoba se habían sumado al operativo clamor para que en la tercera fase del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) no hubiera recortes y se extendiera a todo el país. El argumento oficial era que esta asistencia ya no es necesaria en las zonas en las que se ha retomado la actividad. ​Esto le permite al estado achicar las partidas que destina a este programa en medio de la escalada del déficit fiscal, que apunta ser del 7% del producto bruto este año. Así, el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, publicó anoche en su cuenta de twitter que el IFE 3 será para todos. «Muchas gracias Sr. Presidente @alferdez por extender el IFE a todo el país por un mes más!!!»​. El Presidente sostuvo durante el encuentro que el IFE significó que “millones de argentinos no caigan en la pobreza, pero indicó que es una “herramienta de emergencia”. “No vamos a poder darlo siempre”. Y pidió a los mandatarios provinciales «seguir trabajando juntos» para reactivar las economías regionales en cada distrito del país. «Necesito que desarrollemos juntos el día después en las provincias».  

Primer atlas de sequías de la América del Sur. Reúne 600 años de registros climáticos

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(Este tipo de estudios los usualmente los publicamos en AgendAR en Ciencia y Técnica. Éste quisimos que apareciera también como parte de lo que dedicamos a la Producción. Porque el cambio climático en curso, las lluvias y las sequías, se ha convertido en un factor decisivo para grandes regiones de nuestro país). La ocurrencia de fenómenos climáticos extremos en América del Sur es cada vez más frecuente. El calentamiento global impacta en la cantidad, duración, intensidad y magnitud de lluvias y sequías, lo que provoca efectos adversos en las actividades económicas y sociales y pone de manifiesto la extrema vulnerabilidad de muchas regiones del continente. Para poder comprender y cuantificar fehacientemente estos eventos, un grupo internacional de investigadores reconstruyó, mediante el estudio de los anillos de árboles, las variaciones hidroclimáticas interanuales y decenales para la región de América del Sur comprendida entre el sur de Perú y Tierra del Fuego, de los últimos seiscientos años. Toda la información obtenida fue compilada en el Atlas Sudamericano de Sequía (SADA, por sus siglas en inglés), la primera colección hidroclimática con resolución anual de América del Sur. “Por medio del análisis del ancho de los anillos de los árboles es posible conocer la historia climática de una región. El número de estos estudios, principalmente para la zona de los Andes se ha incrementado notablemente durante las últimas décadas, existiendo en la actualidad una red de más de 280 registros correspondientes a diferentes especies forestales de ambos márgenes de la Cordillera de los Andes”, declara Mariano Morales, investigador adjunto del CONICET en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA, CONICET-UNCUYO-Gob. Mza.), y responsable del estudio. Científicos de Argentina, Chile, Bolivia, Estados Unidos, Francia e Inglaterra trabajaron de forma conjunta en esta investigación que logró recopilar datos de más de 15 mil árboles de doce especies diferentes ubicados en aproximadamente trescientos bosques de ambos lados de la cordillera, desde el Altiplano y los valles subtropicales intermontanos hasta los bosques patagónicos. “El desarrollo de este estudio significó un intenso trabajo de varios años de colaboración. Durante las últimas décadas, los autores, principalmente dendrocronólogos de Chile, Argentina y Bolivia, hemos incrementado enormemente las colecciones de registros de anillos de árboles en América del Sur. Esto posibilitó contar con una densa red de registros que nos permitió construir este Atlas. El SADA está compuesto por 2715 reconstrucciones y 600 mapas anuales de un índice de humedad del suelo de la temporada de verano denominado Índice de Severidad de Sequías de Palmer”, detalla el investigador. El SADA, junto con otro atlas de sequías desarrollados previamente en Australia y Nueva Zelanda, contribuye a la comprensión de la variabilidad climática de largo plazo en el hemisferio sur y, por lo tanto, representa una importante contribución al conocimiento del paleoclima de la región. “Utilizamos el SADA junto con el Atlas de Sequías de Australia y Nueva Zelanda para determinar los principales motivos de las variaciones hidroclimáticas en el hemisferio sur durante los últimos quinientos años. Encontramos que para el periodo 1500-2000 las oscilaciones entre los eventos de El Niño y La Niña, acoplados con los patrones de variación de los vientos en latitudes medias del hemisferio sur, determinan la ocurrencia de sequías y lluvias espacialmente extendidas en gran parte del continente”, detalla Morales. Además, los investigadores observaron que en los últimos sesenta años la ocurrencia de sequías y lluvias extremas son cada vez más frecuentes en distintas regiones. El alcance espacial de esta reconstrucción permite también comprender cómo los cambios en las condiciones hidroclimáticas afectaron a las diferentes zonas, ya que aporta datos sobre dónde y cuándo se han producido inundaciones o disminuciones en el suministro de agua. “Nuestros resultados pueden ser utilizados para modelar experimentos climáticos y determinar la contribución de la actividad humana al aumento de las sequías y lluvias extremas en el continente. El atlas proporciona información hidroclimática crítica que puede ser usada para refinar las proyecciones para el siglo XXI bajo diferentes escenarios de emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera”, agrega el científico. En este sentido, el estudio permite situar los recientes fenómenos climáticos extremos en un contexto más amplio y argumentar sobre las probabilidades de que aumenten bajo los escenarios que plantea el calentamiento global. Por ello se convierte en una herramienta útil para hacer frente a los problemas ambientales ante el futuro estrés hídrico y avanzar en legislación que permita un uso eficiente de los recursos hídricos y garantice una proporción de agua para el funcionamiento de los ecosistemas y el consumo de la población.

Comienzan las pruebas de un spray nasal para prevenir contagios de coronavirus

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Un spray nasal aprobado por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) podría brindar protección contra el SARS-CoV-2, el coronavirus causante de la actual pandemia.

Un equipo de investigación argentino iniciará los ensayos clínicos para evaluar un spray nasal que impediría que el virus ingrese al organismo a través de la nariz, probablemente la principal vía de infección. Se trata de un medicamento cuyo principio activo es la carragenina, una molécula obtenida de ciertas algas rojas, que se usa en las industrias alimentaria, farmacéutica y cosmética. Por tratarse de un compuesto con carga eléctrica negativa, se estima que la carragenina interactúa con las cargas positivas de la superficie de las partículas virales previniendo la penetración de los virus en las células del huésped. “Numerosos estudios han descripto el potencial antiviral de la carragenina contra distintos tipos de virus respiratorios, como el del resfrío común, el de la influenza y algunos coronavirus. Pero, hasta donde sabemos, todavía nadie probó en seres humanos el efecto de la carragenina sobre el SARS-CoV-2”, revela Osvaldo Uchitel, investigador del CONICET y director científico del proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. “En pocos días iniciaremos los ensayos clínicos con un spray que contiene carragenina para probar su efectividad contra el SARS-CoV-2”. El equipo comandado por Uchitel y por el médico Juan Manuel Figueroa, director clínico del proyecto, pondrá a prueba el potencial de la carragenina en dos centros de salud porteños: el Hospital Británico y el CEMIC. “Estamos en tratativas con centros de salud del conurbano bonaerense para extender el estudio”, anticipan. El proyecto apunta a administrar el medicamento a tres poblaciones. Una de ellas es el personal de salud que está a cargo de pacientes con COVID-19: “Son personas que están expuestas a un alto riesgo de contagio y queremos ver si podemos protegerlos disminuyendo la tasa de infección que los afecta actualmente”, señala Uchitel, y avisa: “Con el personal sanitario comenzamos el estudio la semana que viene”. Otra población que ingresará al estudio son los pacientes que se internan con un cuadro leve de la enfermedad: “Deben iniciar el tratamiento dentro de las 48 horas de efectuado el diagnóstico y aplicarse el spray durante unos 20 días. La expectativa es evitar que esos pacientes se agraven y tengan que pasar a terapia intensiva”. Finalmente, el estudio también se llevaría a cabo en las zonas donde podría surgir algún foco de infección. En ese caso, se administraría el medicamento a los contactos cercanos para disminuir la probabilidad de contagios. Uchitel destaca el hecho de que “es un tratamiento muy sencillo, es un spray que se aplica cada cuatro a seis horas en cada orificio nasal, por lo que puede hacerlo cualquier persona sin necesidad de asistencia profesional”. El uso de la carragenina comenzó hace más de 600 años en un pueblo de Irlanda llamado Carrigeen, donde ciertas algas rojas (musgo irlandés o musgo carrageen) se hervían para formar gelatinas que se usaban para la elaboración de postres. Siglos después, mientras el mundo explota su sofisticado potencial tecnológico para desarrollar antivirales o vacunas que permitan enfrentar la mayor pandemia de la historia, es posible que un elemento tradicional pueda ser útil para combatir los estragos que provoca a la humanidad otro producto de la naturaleza.