«Todavía cantamos»: Argentina en la cooperación Sur-Sur

Como ha sido anunciado en la mayoría de los medios, se desarrolla hasta mañana viernes en Buenos Aires la II Conferencia de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre la Cooperación Sur-Sur, que la Argentina preside.

Se trata de uno de los habituales eventos de relaciones públicas diplomáticas -necesarios por otra parte; los conflictos salen mucho más caros- que brindan contactos y oportunidades para desarrollos productivos de cooperación internacional.

Con este motivo, el ministro Jorge Faurie hizo preparar una lista de áreas y proyectos donde Argentina está jugando un rol importante en la cooperación internacional. Es inevitable que, al empezar a leerla, se dibuje una sonrisa amarga -los lectores se darán cuenta porqué- pero conviene leerla con atención, de todas maneras.

Muestra las capacidades que hay en la sociedad argentinas, todavía muy altas. Que buen vasallo fuera, si buen señor hubiera…

«En Filipinas han comenzado a consumir más y mejor calidad de leche; en Armenia cada vez más gente aprende a hablar español; en India se desarrolla una vacuna contra enfermedades bovinas y, en Vietnam, avanza la identificación de soldados caídos durante la guerra.

Posiblemente muy pocos lectores conozcan esos datos. Menos aún, que conozcan el rol que Argentina ha desplegado para que ello sea posible: el desarrollo lácteo en Filipinas es consecuencia de nuevos métodos de ordeñe que enseñaron técnicos agropecuarios argentinos, lo que generó un impacto positivo en la demanda, que al no poder satisfacerse con la producción local, traccionó un aumento del 133% en nuestra exportación de leche a Filipinas en el último año. El Laboratorio de Idiomas de la UBA capacita docentes y desarrolla material pedagógico en Armenia; las vacunas en India se elaboran con participación de investigadores argentinos, y trajeron un rendimiento comercial, y así nuestro país lleva vendidas más de 2200 dosis a India. El Equipo Argentino de Antropología Forense ha hecho la diferencia para muchas familias vietnamitas al recuperar restos e identificar a los soldados, enterrados sin nombre».

Sigue señalando el texto que la cooperación, lejos de ser mera filantropía, constituye para Argentina una oportunidad para construir liderazgo en sectores intensivos del conocimiento y la tecnología.

Dice también «Esta Conferencia no trata simplemente de cooperación, sino que es la Cumbre de cooperación más importante del mundo emergente. La Cooperación Sur-Sur nos conecta con las regiones más dinámicas del mundo, con los países que más crecerán en las próximas décadas. Además permite superar el paradigma país donante – país receptor, y ser protagonistas de la construcción de un sistema internacional más horizontal y con mayor equidad.

Por eso, vamos a continuar contribuyendo con el cultivo de quinoa en Egipto y la modernización arquitectónica del Malecón de La Habana. Y en Perú seguirá floreciendo la Cantuta, su flor nacional, ya que técnicos del INTA colaboraron en la creación de un banco de germoplasma de la flor que permitió que pudiera empezar a crecer en la costa, cuando la aridez de la zona más continental del país amenazaba con su extinción.

Seguiremos en la senda de activa contribución en los asuntos de interés global, desarrollando, por ejemplo, el programa de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares, a través del cual bibliotecas de Popayán, Algeciras y Puerto Asís, zonas altamente vulnerables para el reclutamiento forzado en Colombia, se transforman en mejores espacios de contención para niños, niñas y adolescentes, por las actividades recreativas y las donaciones de libros y capacitaciones de la CONABIP (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares).

Continuaremos implementando el “Plan de Trabajo Regional para el Manejo de la Langosta” en Bolivia, que ya permitió controlar la propagación de esta plaga que había azotado a nuestro vecino en 2017, destruyendo cultivos de maíz y trigo. Como la langosta no conoce fronteras, a la fecha el Plan evolucionó y actualmente también trabajamos con Paraguay para evitar otros brotes.

Médicos argentinos que pertenecen al INCUCAI continuarán compartiendo con sus colegas de Paraguay, Uruguay, Perú y Costa Rica experiencias y formación en el proceso de donación y trasplante de órganos, mejorando las campañas para que más gente sea donante, perfeccionando los armados de “listas de espera” y progresando en la detección y traslado de órganos.

Ocupar un rol relevante en el mundo no es fortuito. Es una construcción colectiva y cotidiana, que requiere esfuerzo, coordinación y constancia, y todos los argentinos que implementan los más de 165 proyectos de cooperación que nuestro país lleva a cabo, definitivamente están haciéndolo».

La sonrisa amarga a que hicimos referencia al comienzo se debe a que mientras en Filipinas se consume más y mejor calidad de leche gracias a técnicos agropecuarios argentinos, en nuestro país pasa lo contrario: la leche es cara y a veces es un «producto lácteo», sin leche. Y los tambos se cierran. Todo gracias a políticas idiotas. Pero eso no borra lo que somos y lo que podemos ser.

El agro compra menos de la mitad de maquinarias que hace un año

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El agro es la actividad productiva más competitiva de Argentina. Además, es el sector que, junto al petrolero, el gobierno de Macri ha apostado. A pesar que no recibe los precios promocionales ni los subsidios que se vuelcan en Vaca Muerta.

Si los productores rurales no están invirtiendo, algo anda muy mal en este esquema.

LaCorte Suprema rechaza reelecciones en La Rioja y en Río Negro

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De acuerdo a lo que trascendió ayer, una decisión de la Corte Suprema descarta hoy las posibilidades de reelección de los gobernadores de La Rioja, Sergio Casas, y de Río Negro, Alberto Weretilneck.

Así, se reitera la posición del fallo que impidió en 2013 la reelección de Gerardo Zamora en Santiago del Estero. De todos modos, dada la preferencia del gobierno nacional por la continuidad de Weretilneck ante el riesgo de una victoria del opositor Soria en Río Negro, este fallo marca una voluntad de autonomía de una mayoría, sino todos, de los miembros de la Corte Suprema.

La industria cayó un 7,3% en febrero

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La producción industrial retrocedió un 7,3% en febrero, en comparación con igual mes de 2018, según un informe de FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas.

El informe agrega que «en el acumulado para el primer bimestre del año y en la comparación interanual, la actividad industrial la caída fue de 8,4% respecto del mismo período de 2018».

En el acumulado para los dos primeros meses del año y en la comparación interanual, mostró un avance la producción de papel y celulosa con 1,1%, mientras que «las restantes ramas de actividad muestran un retroceso interanual».

La producción automotriz tuvo una caída de 22,3%; los insumos químicos y plásticos bajaron 14,3%, la metalmecánica expuso una merma de 11,8%, y la producción de minerales no metálicos lo hizo un 10,8%.

Científicos de la UBA crean humedales artificiales para descontaminar

Por medio de un sistema de plantas acuáticas nativas, un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA logró reducir, en un cuerpo de agua que reproducía la condición de las cursos fluviales que atraviesan el Gran Buenos Aires, más del 90% la concentración de diversos contaminantes típicos de los efluentes agroindustriales y agropecuarios que se vierten en esa cuenca. La polución se redujo a los valores permitidos por la legislación.

En la porción alta y media de la cuenca del Río Matanza-Riachuelo se desarrollan diversas actividades agropecuarias y agroindustriales que vierten residuos líquidos sin los tratamientos adecuados. Para reducir los impactos negativos que generan estos efluentes, investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) diseñaron y pusieron a prueba humedales artificiales basados en especies vegetales nativas. Para ello, simularon vertidos a partir de excremento animal y, con esta técnica, disminuyeron la concentración de los principales contaminantes hasta los valores que establece la normativa vigente.

“En las cuencas alta y media del Río Matanza-Riachuelo hay fuentes puntuales de contaminación agropecuaria y agroindustrial, como mataderos y feedlots, que no suelen tratar sus efluentes de manera adecuada. Cuando estos vertidos llegan al río reducen notablemente la calidad de las aguas. Por eso, pensamos en los humedales artificiales como alternativa para disminuir la carga contaminante de esos residuos líquidos”, explicó Roberto Serafini, docente de la cátedra de Química Inorgánica y Analítica de la FAUBA.

“Entre los principales contaminantes de estos efluentes se destacan el fósforo (P) y el nitrógeno (N), que provienen de las excretas animales, y la materia orgánica. Si bien estos elementos son fundamentales para el desarrollo de las plantas, provocan múltiples problemas ecológicos cuando se vierten en exceso. Por ejemplo, se acelera la eutrofización, se promueve el crecimiento de bacterias productoras de toxinas y se pierde biodiversidad acuática”, contó Nicolás Arakaki, docente en la misma cátedra que Serafini.

La eutrofización es un proceso natural que se caracteriza por el aumento de la concentración de nutrientes, en especial nitrógeno y fósforo, en ecosistemas acuáticos. Tal incremento promueve crecimiento masivo de algas y genera condiciones de escasez de oxígeno en aguas y sedimentos de ríos, lagos y arroyos. La eutrofización antrópica ocurre a velocidades mayores como consecuencia de arrojar desechos líquidos, ricos en nutrientes y materia orgánica, a los cuerpos de agua.

En este contexto, los investigadores diseñaron ecosistemas artificiales con especies vegetales nativas y evaluaron su capacidad remediadora: “Con estos humedales, logramos bajar más del 90% de la concentración de contaminantes como N —tanto orgánico como inorgánico—, carbono orgánico, P y sólidos en suspensión. Conseguimos que sus valores se ajusten a las normativas de la Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR) y de la Autoridad del Agua (ADA)”, destacó Arakaki. Estos resultados están incluidos en su reciente tesis de Licenciatura en Ciencias Ambientales de la FAUBA.

Serafini contó que, tras verificar la capacidad de la técnica para disminuir las concentraciones de estos contaminantes en condiciones controladas, quieren probarla a mayores escalas y profundizar en el estudio de su funcionamiento. Al respecto, agregó: “Los humedales artificiales pueden ser una alternativa interesante para los establecimientos agropecuarios y agroindustriales que generan estos tipos de efluentes”.

Humedales con plantas nativas

“Los humedales artificiales son piletones en donde se colocan diferentes capas de sustrato y especies de plantas adaptadas a estos ambientes húmedos. Hay muchas formas de diseñarlos; nosotros trabajamos con humedales verticales y horizontales, que se diferencian entre sí por la forma en que se mueve el agua dentro del sistema. A su vez, esto define qué tipo de procesos fisicoquímicos y biológicos se promueven y qué contaminantes se pueden tratar”, señaló Arakaki.

En la parte media y alta de la cuenca existen miles de establecimientos agropecuarios y agroindustriales que suelen arrojar sus efluentes sin un tratamiento adecuado.

Además, añadió: “Son sistemas muy estables y tienen un costo bajo de construcción y operación. Si el diseño y la implementación se realizan de forma adecuada, el mantenimiento es muy sencillo ya que el humedal captura el exceso de materia orgánica, P, N y otros contaminantes de los efluentes, y los transforma en biomasa vegetal. Las plantas de este sistema artificial se cosechan una o dos veces al año para evitar que aumenten mucho su tamaño. De esta manera se mantiene el sistema en dimensiones adecuadas de operación”.

Asimismo, Serafini resaltó que eligieron un junco nativo, Schoenoplectus californicus, porque en estudios previos ya habían comprobado su gran producción de biomasa y su tolerancia a condiciones de contaminación e inundación. “Al realizar tratamientos con especies vegetales nativas evitamos promover las exóticas —o no nativas—, que podrían transformarse en invasoras y alterar la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas naturales”.

“Por otro lado, la biomasa cosechada se puede emplear para tratar otros tipos de contaminación. Existen antecedentes del uso de juncos secos en sistemas de tratamiento de efluentes, dado que poseen propiedades para retener metales sobre la superficie de sus tallos y hojas. Otra característica interesante de los juncos es su bajo costo, ya que crecen de forma natural en distintos ecosistemas acuáticos. Nosotros los recolectamos en la localidad bonaerense de San Nicolás”, comentó entusiasmado Arakaki.

Naturalmente purificadores

“Diseñamos y usamos los humedales artificiales teniendo en cuenta cómo funcionan los naturales. Los humedales naturales tienen una capacidad extraordinaria para tratar aguas residuales, ya que son ecosistemas muy productivos y eficientes para capturar el exceso de nutrientes y transformarlos en biomasa vegetal. Entonces, pueden depurar residuos líquidos y dejarlos aptos para el vertido. Así se afectan mucho menos los ecosistemas que se encuentran aguas abajo en las cuencas”, afirmó Serafini.

A su vez, reflexionó: “Además de su función depuradora de aguas, brindan otros servicios ecosistémicos. Por ejemplo, proveen el hábitat para una diversidad biológica muy particular, ya que son ambientes de transición entre los terrestres y los acuáticos. Estos factores hacen que sea clave preservarlos desde el punto de vista ambiental y ecológico”. (SLT-FAUBA / Sebastián M. Tamashiro).

América del Sur: la economía argentina se contrae mientras el resto de la región crece

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La semana pasada el Banco Itaú, el mayor de la región, organizó un seminario en su casa matriz de San Pablo en el que presentó sus planes de negocios y sus proyecciones para los seis países de América del Sur en los que está operando: Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile y Colombia.

En 2019 Argentina parece que se moverá a contramano del resto de Sudamérica. Según el análisis presentado por el Itaú, mientras las otras economías —a excepción de Venezuela— enfrentan un escenario favorable, con inflación de un dígito y tasas de crecimiento de entre 1 y 4%, nuestro país seguirá en medio de la recesión y de los precios desbocados.

Santa Fe: reciclarán desechos vegetales en biocombustible

De cada diez mil kilos de zanahoria que se producen en Santa Fe, cuatro mil terminaban como desechos. El voluminoso descarte de la producción de zanahorias generaba, entre otros problemas ambientales, malos olores, proliferación de roedores y degradación de los suelos.

Todo eso sucedía hasta que en el año 2013, desde la empresa “Val Mar” -dedicada al lavado y empaque de zanahorias en la localidad de Santa Rosa de Calchines- se contactaron con investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) para buscar una solución al asunto. La idea que surgió fue crear una planta que permita reciclar los desechos de la hortaliza en biocombustibles y suplementos dietarios.

El primer paso que dieron los investigadores fue estudiar la composición de la zanahoria. “Esta hortaliza está compuesta en un 80 % de agua, pero si seguimos en orden decreciente aparecen los azúcares -casi su totalidad fermentables y posibles de transformar en alcohol-, luego las fibras y los carotenos”, señala Juan Carlos Yori, doctor en Ciencias Químicas del CONICET que trabaja en el Instituto de Investigaciones en Catálisis y Petroquímica (INCAPE).

Con esa información, en 2014 idearon una planta para producir bioetanol, fibras y colorantes naturales a partir del descarte. Primero la construyeron a escala de laboratorio y luego, en septiembre de 2018, la inauguraron como planta piloto, con capacidad para procesar dos toneladas de descarte por día.

Tal como explicaron los investigadores que lo idearon, los azúcares presentes en la zanahoria tienen la característica de ser en su totalidad fermentables, por lo que pueden transformarse en bioetanol de segunda generación, útil para la industria de los combustibles, bebidas, farmacopea, perfumería, entre otras aplicaciones. Y el biocombustible producido en la planta piloto se utiliza como solvente de extracción para obtener otros bioproductos: fibras dietarias y carotenos. Las fibras dietarias y los carotenos obtenidos, en tanto, demandan una etapa de refinamiento y adecuación de sus propiedades para poder utilizarlos como aditivos para la preparación de alimentos funcionales o suplementos dietarios.

“En esta etapa pudimos llevar los subproductos a una fase de utilización en alimentos y en la forma de suplementos dietarios. Teníamos un precipitado con caroteno (colorante natural) que debimos emulsionar para presentarlo como los productos (colorantes) que compra un panadero o la fábrica de pastas. También probamos la incorporación de la fibra en la fabricación de chorizos, hamburguesas y fiambres. Y en lo que respecta a quesos y yogures, lo hicimos en colaboración con el INLAIN (CONICET-UNL)”, explicó Yori.

Hoy, la planta piloto ya genera colorante natural, cápsulas y comprimidos de fibra dietaria para consumo personal y fibra empaquetada para incorporar en la producción de alimentos.

En cuanto a la rentabilidad, si bien el objetivo inicial de la planta piloto era recuperar los costos de lo que el productor pierde con el descarte de la zanahoria, los resultados fueron más allá. Hay que tener en cuenta que el costo de las semillas, siembra, laboreo, riego, plaguicidas y cosecha es de mil dólares por hectárea, y con los descartes, de cada tres hectáreas sembradas de zanahoria, el productor pierde una.

Con la planta industrial, cada cien toneladas de zanahoria -que es lo que se cosecha en una hectárea aproximadamente de acuerdo a la variedad- pueden producirse cinco mil litros de alcohol (con un precio de un dólar por litro), veinte kilos de caroteno (que se importan a un precio de entre setecientos cincuenta y mil dólares por kilo) y tres mil kilos de fibra (que se importa a quince dólares el kilo), lo que la hace mucho más rentable de lo pensado.

Los investigadores que idearon esta solución pertenecen al Grupo de Valorización de Descartes Agroindustriales (GVDA), formado por investigadores del INCAPE, eI Instituto de Desarrollo Tecnológico para la Industria Química (INTEC) y la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral (UNL).

“En lo que respecta a la planta industrial de aprovechamiento de descartes de zanahoria, se terminó el plan de negocios del proyecto y está en evaluación de dos posibles inversores”, señaló por su parte Débora Manuale, investigadora del CONICET que pertenece al GVDA.

El dólar quedó en $ 41,95. Las tasas, en 65,4%. El doble torniquete que aplasta

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Al mediodía, el Banco Nación -estatal- vendía dólares al público a $42,10. Para frenar el alza, el Banco Central volvió a subir la tasa de las Leliq. En las dos licitaciones del día, colocó $ 210.122 millones a una tasa promedio del 64,89%. En la segunda subasta, llegó a pagar una tasa promedio del 65,4%.

Esta política es, literalmente, una locura. Ningún país puede sostener, pagar, estos intereses por un plazo largo de tiempo. Todas las actividades que dependen de la financiación, incluido el consumo, se perjudican o se paralizan.

Tampoco los tenedores de las Leliq pueden estar seguros que realizarán sus ganancias. Pero el gobierno no conoce otra manera de contener la escalada del dólar. Que es, en realidad, la caída del peso. ¿Puede sostenerse esta situación hasta el 10 de diciembre?

El Boeing 737 Max, inestable por diseño

La primera parte de este artículo puede leerse en La responsabilidad de Boeing en las dos catástrofes aéreas.

¿Quién tuvo la idea de añadirle al MAX este hoy debatido parche informático llamado MCAS? No importa tanto qué cabezas rueden, sino saber qué estaban pensando. El MCAS es un añadido para corregir los vicios de vuelo de un diseño enteramente nuevo e  inherentemente inestable desde el punto de vista de la física newtoniana.

¿Cómo embarcar semejantes motores?

Por asuntos de cargas estáticas y dinámicas respecto del centro de masa, un MAX tiene sus enormes motores colocados en una posición poco ortodoxa. Como se ve en cualquier foto, esos motores son “turbofanes extremos”: obtienen la mayor parte de su empuje del aire ventilado a velocidad subsónica y sin quemar alrededor de la turbina, que eyecta un reducido caudal de gases quemados a velocidad supersónica por sus toberas.

Es una idea muy ahorrativa en combustible y en ruido, nacida en los ’70 con otro “best seller” de Boeing, el 747 Jumbo Jet, y que cambió la historia de la aviación: la puso por primera vez al alcance de las clases medias inferiores en el Hemisferio Norte. Antes del 747, la gente se empilchaba paquetamente para volar y los aeropuertos eran lugares 5 estrellas. Si es viejo, se acordará.

Los LEAP, motores turbofan del 737 MAX, tan bocones que alojan a un argentino parado. El problema era cómo despegar esos motorazos 43 centímetros del piso. Foto de La Capital de Rosario.

Nacido con flacos y obsoletos turbojets en sus modelos iniciales (como el 737-100), el modelo de cabotaje de Boeing fue copiando al 747, al adoptar turbofanes cada vez más potentes, ahorrativos y “bocones”. Así creció en tamaño y prestaciones hasta que llegaron los LEAP, motores disruptivos si los hay. Tienen un diámetro interior de boca de 1,76 metros: un adulto argentino promedio entra parado en esa caverna, y todavía sobra lugar para un sombrero. El aumento de empuje se mide comparando el caudal del aire ventilado “crudo” perimetral contra el de gases quemados en una cifra llamada “by-pass ratio”. En el papi de la línea MAX, el New Generation, la tasa andaba en 5 volúmenes de aire “crudo” contra 1 de gases quemados. En los MAX con motores LEAP, anda en 9 contra 1. Y sumando ambos caudales fríos y calientes, cada motor empuja unas 140 toneladas.

Eso le da a los MAX un “impulso específico” un 15% mayor que el New Generation, con el ahorro consabido de JP1 (es el querosene aeronáutico, y no lo regalan). También hay una reducción de gases de carbono un 20% menor y la mitad de la emisión de óxidos de nitrógeno (otro gas invernadero) por milla volada. Re-económico y re-ecológico pero a un costo: las turbinas LEAP no solo son boconas sino pesadas: 2780 kilos cada una, casi 400 kg. más que las de los 737 New Generation.

El asunto era entonces cómo lograr un despeje de seguridad de al menos 43 centímetros entre semejantes “turbinones” y la pista. No es bueno que estén cerca del suelo, porque pueden impactar contra el mismo en un aterrizaje brusco (sucede bastante), o aspirar basura del mismo durante el rodaje o el despegue. En un aeropuerto movido, no hay tiempo de barrer la pista entre partidas y llegadas, y una vulgar tuerca tragada por la turbina la hace puré por dentro.

¿Se podia colocar esos motorazos en alguna otro lugar más alto, como la cola? Boeing lo pensó, y cosas más extrañas también, pero eso habría implicado un rediseño absoluto de la célula (el conjunto fuselaje y alas) y admitir ante aerolíneas y pilotos que el nuevo 737 no era un 737 en absoluto. Comercialmente, era como sacar otro album de los Rolling Stones, pero con Mick Jagger gordo, pelado y cantando boleros. La compañía aeronáutica de Seattle, Washington, prefirió esperar a 2030 para lanzar su siguiente “hit” regional conceptualmente nuevo.

Pero sobre todo, prefirió conservar el uso de esa curiosidad regulatoria estadounidense, los “Grandfather Rights”. Según esa filosofía de licenciamiento, un MAX tiene ganados los derechos de un 737-100 de 1967 en casi todos sus componentes sin necesidad de revalidarlos, aunque se trate de un avión incomparablemente distinto. El licenciamiento yanqui es como el matrimonio católico: indisoluble. Ese marco regulatorio está pensado para favorecer más la longevidad y diversidad de una progenie que su seguridad. En general, si uno recuerda clásicos como el 707 o el 747 (o los 737 “verdaderos”), las cosas así salen más o menos bien. Bueno, no siempre.

La solución MAX fue levantar esos motorazos de sus góndolas subalares y colocarlos muy arriba y adelantados respecto de la raíz del ala, además de alargar 20 cm. el tren de aterrizaje. Todo ese peso y ese empuje casi pegados a la nariz generaron momentos angulares indeseables sobre el centro de masa del avión. En buen criollo, una tendencia espontánea del aparato a cabriarse de morros. Mirar pa’ arriba, dicen en mi barrio.

El MCAS es un “engañapichanga” informático para anticiparse y picar la nariz, de modo de evitar la pérdida. Y no es cierto que la inconducta del MCAS sólo se haya manifestado en las aerolíneas del Tercer Mundo: hubo capitanes de vuelo de Southwestern y United que denunciaron viajes al estilo “montaña rusa”, lucha continua de hombres contra el maldito robot por controlar la actitud del avión. El tipo de incidente tiene hasta nombre propio: “stabilizer runaway”, o “descontrol de los timones de profundidad”. Pero la FAA desoyó al menos dos advertencias serias de capitanes: sólo fueron admitidas (y enterradas) en una base de datos de la NASA, que las aerolíneas jamás consultan, ya que no viajan al espacio ni se ocupan de aviones experimentales. O eso creen.

Queda para análisis de adónde salió una idea tan loca como fabricar masivamente un avión que, por física newtoniana, es inestable, y de corregir sus vicios por “software” y velocidad de procesamiento de datos.

La noción se generó en la aviación militar y con pleno éxito. Lejos del ideal enunciado tan bonitamente por Marcel Dassault, diseñador del Mirage (“Un avión lindo vuela bien”), la informática que corrige automáticamente los planos de control de un avión inestable ha sido un éxito.

El F-117 Nighthawk, el avión más feo y aerodinámicamente inestable del mundo, que sólo logra volar a fuerza bruta de cálculo computacional. Ante el radar, tiene el tamaño de un pájaro.

Es lo que le permite volar sin autodestruirse a los aviones “stealth”, casi invisibles al radar, y darles no poca agilidad. Ha sido el caso del avión más feo de la historia, una especie de caja de zapatos estilo gótico, el bombardero F-117 Nighthawk, que debutó en la Primera Guerra del Golfo bombardeando a placer a la gente de Saddam Hussein.

Por no hablar del del “ala voladora B2”, chata como un huevo frito y carente de planos de deriva, el avión que habría querido diseñar el germano-argentino-cordobés Reimar Horten, si hubiera vivido hasta estos tiempos de computadoras ultrarrápidas. Cualquier aerodinamista anterior a los ’70 habría jurado por Isaac Newton y Jacob Bernouilli, padres de la mecánica clásica y de la aerodinámica respectivamente, que ambos aviones no pueden volar. Y la verdad es que sí pueden, pero a puro software y fuerza bruta de cálculo: las computadoras de vuelo enmiendan constantemente la actitud de ambos aviones miles de veces por segundo, e impiden que derrapen y se desintegren en el aire.

No obstante en ambos casos, los humanos a bordo son pocos y sacrificables: lo importante es que estos aviones despeguen y cumplan la misión, no necesariamente que vuelvan y aterricen. Son drones con al menos un tripulante. Como es obvio, este principio es incomunicable e invendible a los pilotos civiles y no debe discutirse en el ámbito de la aviación comercial. Ni hablemos de confesarlo ante el público. Pero es lo que sigue.

¿Todo lo dicho significa el fin del 737 MAX en sus ya 4 modelos? Difícilmente: retractarse y discontinuar la fabricación sería el fin de la Boeing y el principio de una catarata de juicios contra la compañía que sostiene, junto con la Lockheed-Martin, el sistema de defensa aeroespacial estadounidense.

Además de ello, Boeing mantiene también centenares de miles de puestos de trabajo directos e indirectos que, por razones de seguridad, no se pueden mudar a China. Boeing no es siquiera sacrificable a los dioses de Wall Street, como lo fue el banco Lehman Brothers en 2008. Más bien los bancos la rodean como barrabravas al presidente del club. Boeing es “too big to fall”, y además, “too American to fall”. Demasiado grande para quebrar; demasiado norteamericana para cerrar). Si se derrumba, y máxime en un año de recesión mundial, la catarata de cierres y rupturas de cadena de pagos en la economía real estadounidense sería impredecible.

Los magos del software tendrán que hacer nueva y mejor magia para que los MAX sigan fabricándose y volando sin sacrificar más pasajeros, o la credibilidad de la FAA, o la de su filosofía regulatoria. Y eso deberá durar suficientes años libres de accidentes hasta que se puede derivar el próximo cabotaje largo acortando, por ejemplo, unel Boeing 787 Dreamliner, y olvidarse del MAX y de su terrible infancia. ¿Será posible? Citando la frase frecuente de Abel Fernández, del comité editorial de AgendAR: “El que viva lo verá”.

De todos modos, en el oficio aeronáutico se mastica poco vidrio: más de una aerolínea con pedidos de MAX pendientes hoy está llamando a Airbus, a ver si quedaron algunos A 320 “en parrilla” y con entrega rápida. El teléfono da ocupado.

Entre tanto, es bueno saber que en nuestras pampas criollas la “excomunión aérea” del 737 MAX, por lo que dure, fue obra de un sindicato (APLA) con muy poco poder y no pocas gónadas, y no una decisión del estado (al menos, no del argentino). Con esta ANAC nadie duerme sin frazada.

Daniel E. Arias

Jubilaciones: la justicia declara inconstitucional la ley que redujo los aumentos

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Un fallo de la Sala I de la Cámara Federal de la Seguridad Social declaró inconstitucional el aumento del 5,71% que recibieron los jubilados y demás beneficiarios sociales en marzo de 2018 según la nueva ley de movilidad. Y ordenó que se aplique la fórmula anterior, que daba el 14,5%, porque las leyes no pueden aplicarse en forma retroactiva.

Así lo resolvió la Sala I de la Cámara, con la firma de los jueces Adriana Lucas y Victoria P. Perez Tognola, en la causa Lavecchia Roberto c/ ANSeS. Meses atrás, la Sala III en la causa Fernández Pastor Miguel c/ ANSeS, se habia pronunciado en el mismo sentido.

La nueva ley de movilidad- la N° 27426– fue aprobada por el Congreso Nacional el 29 de diciembre de 2017 cuando faltaban tan solo 2 días para el cierre del cálculo del reajuste según la fórmula anterior. Y la nueva ley “retrotrajo” el cierre a septiembre de 2017 “produciéndose así un atraso de seis meses en el período de referencia, y diferiéndose el último trimestre para el aumento correspondiente a junio de ese año”, señala la sentencia de segunda instancia.

Además, prosigue el fallo, esta diferencia en perjuicio del jubilado, “pretendió ser zanjada con un “subsidio extraordinario” por única vez que recibieron los que ganaban menos de $ 10.000”. Ese «subsidio» fue de entre de $375 y $750.

Vale la pena recordar que la ley que el fallo declara inconstitucional, fue aprobada entre disturbios. Disturbios que, en diciembre de 2017, marcaron el final de la «luna de miel» que una buena parte de la sociedad le había otorgado al gobierno de Macri.