

No es la primera vez que el rubro textil aumentó más que la inflación general. Más bien al contrario: se convirtió en una constante en lo que va del año, con excepción de enero y febrero. En septiembre, los precios registraron un aumento generalizado del 6,2%, cuando esta categoría presentó un alza del 10,6% (+4,4 p.b). En agosto, aumentaron 7% versus 9,9%, respectivamente. En julio, la inflación fue del 7,4%, pero alcanzó el 8,5% para esta categoría. Y la lista continúa.
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Desde la ONG Fundación ProTejer -muy vinculada a la Secretaría deIndustria- esta vez decidieron no salieron a defenderse porque creen que ya está todo dicho. Consideran que el IPC del Indec está “mal representado” porque no pondera los nuevos canales comerciales con precios más accesibles y competitivos que los shoppings. En comunicador anteriores, también se excusaron por la suba internacional de los precios de los insumos.
“Yo los protejo, no dejo entrar producciones elaboradas en China, pero los precios no paran de subir acá”, se había quejado ya el Presidente, Alberto Fernández, en mayo pasado. En conferencia de prensa, el mandatario admitió que “hay un desmadre” desde el proceso de producción hasta el precio final, lo que explica los incrementos desmedidos.
Los intentos del Gobierno por contener los precios han sido varios. En marzo se lanzó el programa Acción Moda, una suerte de “Precios Cuidados” versión textil, que estuvo vigente hasta finales de julio. En septiembre, el secretario de Comercio, Matías Tombolini, llegó a un acuerdo con representantes de 40 marcas de indumentaria para mantener los precios congelados hasta el 1 de diciembre. Aún así, los precios siguen aumentando.


El argentino Rafael Mariano Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) tiene entre manos una misión crucial: la de devolver la paz a la central nuclear más grande de Europa, que en marzo fue capturada por las fuerzas rusas y desde entonces se convirtió en un blanco de ataques, que se agravaron desde que Ucrania lanzó una poderosa contraofensiva.
Aunque, según dice, los reactores nucleares son capaces de soportar la caída de un avión, la situación en Zaporiyia es de una “enorme precariedad”.
Con su uniforme azul o su chaleco para la radiación, este diplomático de 61 años de edad, negocia con Vladimir Putin y se abre paso entre los misiles para sentarse a la mesa con el presidente ucraniano Volodimir Zelensky.
Pero lejos de la guerra, Grossi llegó este lunes a la Argentina en la primera visita oficial desde que asumió el liderazgo del OIEA, en donde conversó con nosotros luego de recibir el Doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
-Usted es una de las pocas personas en el mundo que recientemente se reunió con los dos grandes antagonistas del conflicto ¿Cómo avanzan las negociaciones para establecer una zona de seguridad en Zaporiyia?
Vamos avanzando. El primer objetivo era establecer un mínimo común denominador entre ambos líderes. No quiero decir con esto que ellos lo hayan acordado. Simplemente estoy estableciendo el perímetro de lo posible, de lo que podemos llegar a acordar. Hay una disposición que es indispensable para mí, manifestada por ambos líderes, que es la de trabajar conmigo, con el OIEA, y aceptar que el establecimiento de esta zona de protección es un objetivo factible. Sino, me dirían “no pierda el tiempo, no estoy de acuerdo, no se puede”. De modo tal que vamos avanzando incrementalmente con un sentido también de urgencia. Yo lo que estoy diciendo es si una planta está bajo ataque o está en una situación tan precaria no podemos tardar meses en negociar, es algo que tenemos que acordar lo antes posible. Creo que la contienda no está en un momento de distensión, está en un momento de agravamiento. Hay una contraofensiva importante por parte de Ucrania. Las fuerzas rusas también están intentado tomar medidas para frenar esa contraofensiva. Y con un incremento de los intercambios armados, la posibilidad de un accidente en la central nuclear también sube. Por lo tanto, insisto aún más en la necesidad de lograr ese acuerdo.
-¿Cuáles son las demandas de ambas partes? ¿Y cómo complican las negociaciones las acusaciones cruzadas?
Creo que las acusaciones cruzadas y la retórica son parte del paisaje esperable en una guerra. Yo trato de hacer caso omiso de eso porque si lo tomara como un indicador de la posibilidad de negociar algo tendría que renunciar a esa tarea ya mismo. Lo que yo tengo que tratar, y es muy importante, es de mantener mi interlocución con ambos. De nada sirve que yo asuma una posición militante o crítica, sino que debo mantener constantemente mis ojos en el objetivo que tengo que lograr: que es proteger la planta.
Obviamente cada uno de ellos tiene una visión diferente de por qué está sucediendo esto. Y obviamente cada uno de ellos acusa al otro de estar incurriendo en este tipo de conductas. Yo también hago caso omiso de eso y trato de establecer una zona de protección urbi et orbi, donde esté claro que lo que no puede hacerse o lo que no es legítimo es tomar una planta nuclear como un objetivo militar.
En cuánto a las demandas, estoy en medio de la negociación por lo que no sería prudente de mi parte decir cuáles son específicamente. Pero lo que está muy claro es que estamos tratando es lograr que exista un mecanismo o un compromiso político de no disparar sobre la central nuclear o de no afectarla en su estructura periférica.
-Teniendo en cuenta que debe mantener un discurso prudente, ¿qué sintió al reunirse y estrechar la mano con el presidente Vladimir Putin? Y tras su encuentro con él, ¿contempla la posibilidad de alguna mejora de la situación en el corto plazo?
En el plano humano sentí una gran sensación de responsabilidad. Más allá de las características psicológicas, históricas o de carácter de mi interlocutor. Yo sentí que tenía una gran responsabilidad, que también es válida con el presidente Volodimir Zelensky, de mostrarle a ese líder que hay una solución factible que puede ser considerada, que puede ser realista. Y en eso concentré toda mi energía.
-Por las noticias que llegan constantemente de Zaporiyia pareciera que todo está por estallar por los aires en cualquier momento. De hecho, este lunes Energoatom comunicó que la última línea externa de la central nuclear tuvo que ser desconectada como consecuencia de bombardeos de las fuerzas rusas, algo que catalogó como “cambio de estrategia” de Moscú para “chantajear” a Ucrania y al mundo entero. ¿Cuál es el grado de peligro actual?
El peligro es muy real. Yo evalúo las cosas respecto a los informes de mis inspectores. Una de las cosas más importantes que logró el organismo luego de mi visita fue la de establecer una misión permanente de observadores en la planta y esto es crucial porque también en una guerra las narrativas son contradictorias. Entonces, al tener gente experimentada ahí, podemos evaluar claramente cuál es la realidad. Y la situación no es peor que ayer, es igual de mala. Sigue siendo de una enorme fragilidad, de una enorme precariedad.
-¿A qué se refiere con “enorme precariedad”? Para entender mejor, ¿cómo compararía una posible catástrofe nuclear en Zaporiyia con lo que ocurrió en Chernobyl en 1986?
Depende de cual fuera el accidente. En Chernobyl se trató de un reactor cuyo núcleo explotó y, por lo tanto, hubo una enorme proyección en el medio ambiente de material radioactivo. En este caso se trata de centrales mucho más seguras, que no presentan todas esas características.
Sin embargo, si las centrales dejaran de recibir el aprovisionamiento eléctrico, todo su enfriamiento se interrumpiría. Y eso puede llevar al famoso meltdown. Es decir, al derretimiento del núcleo del reactor, con la obvia liberación de radiación en el medio ambiente. La cantidad dependería de cuántas centrales, porque son seis. Y además de eso tenés que sumarle el combustible usado que está ahí en depósitos, que podría ser objeto también de un ataque. Con esto a lo que voy es que las posibilidades de riesgo son múltiples.
-El Kremlin coqueteó en numerosas ocasiones con la idea de utilizar armas nucleares en caso de que la situación escale; Estados Unidos, por su lado, comenzó a abastecerse de pastillas para la radiación. ¿Estamos ante la posibilidad de una guerra nuclear?
Yo creo la posibilidad del uso directo de un arma nuclear en ese estadio del conflicto no es muy alta. Los países que tienen armas nucleares —los cinco países del Consejo de Seguridad son los que tienen armas nucleares legítimamente, después hay otros que tienen un puñadito y fuera del Tratado de No Proliferación— tienen una doctrina del uso del arma nuclear, una serie de requisitos que deben cumplirse para el uso de éstas. Y generalmente giran en torno a si son ellos mismos atacados por un arma nuclear, cosa que en este caso no puede ser porque Ucrania no las tiene. O si se produce una ataque de tipo convencional de tal magnitud que ponga en riesgo la existencia misma del estado. Esta es una guerra en curso, pero al día de hoy no veo esa configuración de factores. Pero evidentemente el riesgo no podría excluirse completamente.
-La mira está puesta en la guerra en Ucrania. Pero, ¿deberíamos preocuparnos por otros actores, como, por ejemplo, Irán?
El de Irán es un problema de un programa nuclear con un cierto riesgo de proliferación. Es decir que un programa nuclear pacífico cruce la línea roja y se transforme en un programa bélico. Y sobre esto ha habido una negociación por más de un año y medio entre los cinco países, más Alemania, y con la coordinación de la Unión Europea (UE) para tratar de revivir ese acuerdo que existía hasta que el presidente Trump en el año 2018 decidió retirarse, por considerar que era un acuerdo demasiado benevolente con Irán. Entonces él se retiró y los iraníes se fueron retirando.
Después con el advenimiento al poder del presidente Joe Biden, él comienza un proceso para intentar revivirlo. Por el momento eso no ha dado resultados. Se está en una especie de impás, donde nadie da por muerto completamente el acuerdo pero las posibilidades de sobrevida del mismo son cada vez más limitadas. Si eso sucediera, tendríamos seguramente una nueva luz titilando en el tablero de la seguridad internacional.
-Es su primera visita oficial a la Argentina desde que asumió como director general del OIEA, ¿cómo ve al país en materia de energía nuclear en comparación con otros países?
La Argentina tiene un programa nuclear muy sólido, que no es de hoy; es un programa nuclear de décadas. Es un programa nuclear efectivo, con tres centrales que funcionan muy bien y una central nuclear pequeña de diseño nacional de Carem que se está construyendo… Hoy tuve también la posibilidad de visitar el reactor RA-10, un reactor de investigación muy importante que nos va a servir para los próximos años. Creo yo que el sector nuclear argentino sigue siendo una fuente de satisfacción para la República Argentina.
La energía nuclear da aproximadamente el 8% de la energía del país, no es desdeñable, y hay idea de seguir construyendo nuevas centrales, una decisión inteligente. La Argentina, México y Brasil son los tres únicos países de América Latina que están en la generación nucleoeléctrica. Además, la Argentina tiene características únicas; es el único país que exporta reactores de investigación, tiene una noble tradición en esa materia. Así que como director general del OIEA estoy muy conforme con lo que veo.
Como muestra del compromiso de Argentina y del Presidente @alferdez, es un honor y un orgullo para nuestro país y para mí anunciar que Argentina será sede de la V Cumbre Mundial de Salud Mental en 2023.
— Carla Vizzotti (@carlavizzotti) October 14, 2022
Gran oportunidad, no solo para Argentina sino también para América Latina. pic.twitter.com/p2xJI9tr07
Mapas como éste, e información razonablemente precisa, pueden encontrarse en la página del Institute for the Study of War, aquí. Este dato que apunta el agudo periodista Nicolás Deza es algo más que un fenómeno cultural rioplatense (también lo encontramos en Perú, como en otros países). Muestra algo más importante: el bimonetarismo no es una causa inevitable de una infliación altísima como la que padecemos. Los motivos hay que buscarlos en otro lado.En Uruguay, el país con la moneda más fuerte de la región en el último tiempo, el dólar sigue siendo rey para los ahorristas. Más del 74% (US$ 27.387 millones) de los depósitos bancarios a agosto estaban denominados en dólares. 🇺🇾💵t.co/0vau1VmWCN
— Nicolás Deza (@NicolasDeza) October 16, 2022
Para acceder al informe mensual del INDEC, cliquear aquí. ooooo
Mide 1,73 metros, pesa 57 kilos y puede correr hasta 8 km por hora, regar las plantas, saludar, transportar 20 kilos y levantar 68. Se llama Optimus, y es el nuevo robot humanoide de la empresa Tesla, que busca convertirse en el primero en venderse masivamente. La firma fabricante de automóviles presentó un prototipo de robot humanoide que caminó rígidamente, sin amarras, en el escenario en el Día de la Inteligencia Artificial de Tesla, saludó lentamente a la multitud e hizo gestos con las manos durante aproximadamente un minuto. Por lo visto, Optimus, que dispone de wifi y puede actualizarse y programarse a través de Internet, está destinado a realizar tareas sencillas en los hogares. En los videos mostrados por Tesla, el robot está cargando cajas o regando las plantas. Son funciones básicas y repetitivas, aunque, como siempre, Elon Musk, el CEO de la compañía, piensa a lo grande: “El trabajo físico será una elección y podría transformar la economía mundial”.
Un día como cualquier otro (muy neblinoso) en el Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), Huarangal, Lima, con los reactores RP-0 y RP-10 hechos por la CNEA e INVAP.
Dadas las represalias de EEUU contra que saliéramos a vender “en su traspatio”, que fueron durísimas e incluyeron el boicot de uranio enriquecido, creo que Ornstein celebró inicialmente la llegada de la DIGAN de Saracho en auxilio del Programa Nuclear, en 1984. Lo que no quita que ambos personajes luego no mantuvieran peleas memorables y a puertas cerradas sobre si debíamos vender o no tecnología nuclear pacífica al país X o al país Y, conforme los EEUU cambiaban de enemigo favorito a toda velocidad dentro del mundo islámico: al alineado y obsecuente hoy, mañana lo declaramos terrorista y viceversa. That’s the name of the game! EEUU no objetó que en 1965 –aquí, tiempos de Illia- el Shah de Irán recibiera ayuda de la CNEA –y bien pagada- para construir su primer reactorcito nuclear en Teherán. Como que al Shah lo coronaron ellos. Caído el Shah, el Irán de Khomeini, a quien también inventaron ellos, fue anatema: no había que venderle nada, ni siquiera trigo (aunque en 1986 los persas habían suplantado a los soviéticos como primer cliente de Argentina). Pero en 1987 los EEUU aprobaron a través del OIEA, que casi siempre (pero no siempre) manejan en Viena “de taquito”, que INVAP reconstruyera ese mismo reactorcito de Teherán, gastos pagos por Viena, para funcionar con uranio enriquecido al 20% (grado civil), en lugar de 90% (grado militar). Y sin embargo, en 1991 los EEUU pusieron a INVAP al borde de la quiebra cuando estaba por embarcar caños y maquinaria a Irán, también bajo salvaguardias OIEA, para fabricar dióxido de uranio natural. Es imposible hacer bombas con uranio natural: la movida iba dirigida claramente a lograr la bancarrota de INVAP, que venía del crimen serial de exportar el reactor NUR a Argelia y el ETRR2 de Inshas a Egipto. Bastante le costó luego a Menem hacer fracasar una tercera exportación de INVAP mucho más importante: la de la central nucleoeléctrica compacta CAREM a Turquía, siguiente destino del infatigable Saracho luego de dejar la DIGAN en 1987. La TAEK (Comisión Atómica de Turquía) no tenía la tecnología, pero quiso asociarse con INVAP para testear dos prototipos, uno en cada país, y luego salir a venderlos producidos en serie, como aviones, y para ensamblar en destino. Para las ventas, se usaría la red internacional de negocios de Turquía, mucho más vasta y antigua que la de INVAP. Un win-win redondo, que habría cambiado el perfil de exportaciones de la Argentina en favor de la industria. Menem destruyó el acuerdo. Desde entonces INVAP logró venderle reactores a Australia, Arabia Saudita y a Holanda. “Pudieron hacerlo porque firmaron el TNP, morochos”, te dicen en Viena. No, brother, lo entendiste al revés. Pudimos hacerlo pese a. Y no me vengas con Protocolos Adicionales, porque no te firmo más nada. Ornstein, cuya navegación por la diplomacia –como se ve- no dejó tormenta sin atravesar, fue un integrante de esa rarísima raza híbrida, la de los “marinos nucleares”. Hasta que no los conocí, no sospechaba siquiera de su existencia, aunque estaban bien a la vista. Montados sobre un decreto de Perón, fueron quienes crearon la CNEA en 1950. En su línea se inscriben los Altes. Roberto Iraolagoitía, Oscar Quihillalt y Carlos Castro Madero. Todos ellos fueron sumamente industrialistas y nacionalistas, las ovejas blancas de una Armada que desde su creación hasta 2013, según el catálogo Histarmar, sólo fabricó el 14,77% de sus naves: el resto, fueron importadas, y en ellas figura ese melancólico lote de chatarra de la OTAN con el que en 1982 fuimos a pelearnos con… caramba, ¿la OTAN? Consta antes múltiples testigos que Castro Madero hizo lo posible por impedir que el Alte. Isaac Anaya, el ideólogo del desembarco en Malvinas, diera curso a una guerra que nuestro país sólo podía perder. Tras la derrota y ya retirado del arma y de la CNEA, Castro Madero se puso como misión de vida convencer a la Argentina de 1984 de meterle propulsión nuclear a uno de los submarinos TR-1700, entonces en construcción, detenida en 1994 y todavía hoy sin terminar. No lo logró. El Dr. José Converti, de la CNEA, tiene diseñado el motor atómico para ello y el futuro ARA Santa Fe lo espera en el astillero Storni, pero los almirantes hoy quieren importar submarinos convencionales franceses, a U$ 800 M la unidad, aunque aquí tienen un astillero especializado (el Storni), dos submarinos excelentes a terminar y uno a reparar, todos TR-1700. Es que quieren generar recursos humanos (bueno, en Toulon, Francia). Lo dicho: los marinos nucleares fueron las ovejas blancas. Los industrialistas navales son gente con dos únicos antecedentes en la alta oficialidad de mar: el Alte. William Brown y mucho después, el Alte. Segundo Storni. Tal vez haya sucesores de los marinos nucleares, pero no aparecen a la vista. Muy contra sus instintos, la Armada tuvo que crear y luego defender a la CNEA: esa institución chúcara, llena de científicos barbudos y respondones, e ingenieros fierreros y remisos a lo importado. La protegió con una mezcla de orgullo, desconfianza y esperanza: Onganía nunca intentó siquiera una Noche de los Bastones Largos en el ámbito nuclear. La CNEA –fundacionalmente opuesta a “la bomba”- le podía dar a la Armada lo único que hace entrar en “meltdown” el corazón de cualquier almirante, y que es absoluta y totalmente imposible de importar: un submarino nuclear. Y además, con ese prestigio de lo atómico, la Armada siempre ganó palanca para discutir cargos públicos con el Ejército, una fuerza mucho más poderosa, cuando los frecuentes golpes de estado. Pero en 1976 el Alte. Emilio Massera y el general Menéndez secuestraron y mataron a 17 científicos y técnicos de la CNEA, muchos de ellos de un laboratorio fundado por decreto del propio Perón y que ofendía particularmente a los EEUU: el de Reprocesamiento. Es fama que Castro Madero trató de que Massera y Menéndez liberaran a todos, aunque tuvo muy pocos éxitos, y en ese cruce de la Av. Libertador, desde la Sede Central de la CNEA hasta la Escuela de Mecánica de la Armada, volvió pálido y se encerró el resto del día en su despacho con órdenes de no ser molestado, cuenta el Dr. Luis Colangelo, entonces Jefe de Relaciones Públicas de la CNEA. Probablemente ese día cosechó algunos de los 5 by-passes coronarios con que terminaría muriendo en 1990. Más éxitos tuvo don Carlos en llevarse a la siguiente lista de víctimas al Centro Atómico Bariloche y a INVAP, entre ellos al famoso Dr. Tommy Buch, para evitar que los mataran. Pero es algo que incluso hoy no se le reconoce. Al menguado capaz de confundir a Castro Madero con aquel playboy mafioso y genocida, Emilio Massera, les recuerdo (está en el libro de Max Gregorio Cernadas) lo que el «Almirante Cero» le dijo en uno de tantos choques: «Si yo fuera presidente, Ud. no sería ni portero de la CNEA». Los marinos nucleares fueron seres muy contradictorios: proteccionistas de puertas de la CNEA para adentro, de puertas para afuera apoyaban sin reparos al neoconservador más peludo que encontraran subido a la palmera política. Y aquí sí que abundan. Nunca me hice amigo de Roberto Ornstein, algo que hoy lamento, y fue para no discutir de política nacional, o sobre desaparecidos. O incluso sobre el TNP. Ignoro si Ornstein estaba a favor de ese documento, o simplemente se lo tuvo que tragar en silencio y sin agua, como parte del feroz mundo monopolar posterior a 1991. Un periodista se puede poner principista, un diplomático no puede no ser pragmático. El principismo daltónico es la causa por la que, a partir de 1985, cuando me volví un periodista científico con cierta debilidad por lo atómico, nunca llamé por teléfono al mayor constructor del Programa Nuclear Argentino, que fue sin duda Carlos Castro Madero. Y por no haber tenido ese coraje de cruzar al menos un rato una grieta muy profunda por un tablón precario, me deprimí ferozmente cuando se murió. Cosa que hoy se me repite con Ornstein. Y explica que haya tardado dos semanas en escribir este mamotreto, de cuyo desorden y emocionalidad pido disculpas. Esos navales fueron un poco como aquellos milicos mitológicos que generó el Ejército durante el siglo XX: los generales ingenieros Manuel Savio y Enrique Guglialmelli en metalurgia, industria pesada y fabricación de armas, Enrique Mosconi y Alonso Baldrich en petróleo y química, y el brigadier Juan de San Martín en construcción aeronáutica. Son los que –muy a su riesgo y pagándolo caro, a veces con prisión- aprovecharon ese recurso tan raro en Sudamérica, la educación pública y gratuita de calidad, para inventar la industria argentina sustitutiva liviana, y luego la compleja y pesada, marca de un país mejor que el actual en todo. Roberto Ornstein no es el único ni el último retirado insustituible en seguir yendo a la CNEA “ad honorem”. Van quedando pocos y los llaman “los Eméritos”. “El Apagón Nuclear” es el título que la periodista Eleonora Gosman, de Clarín, le puso al período de destrucción de recursos entre 1983 y 2006. La gente incorporada durante el Primer Renacimiento Nuclear, sucedido entre 2006 y 2015, advertida de que hay próceres sueltos y vivos por los pasillos, los mira dudando cuando los cruza, mientras se pregunta: “¿Y quién será este viejo?”. Cosa que, certifico, a los viejos los desconcierta. Son los que discutían mano a mano el Programa Nuclear con Jorge Sabato. Son los inventores de la CNEA. Es como si Nikola Tesla, que impuso la electricidad alterna, anduviera por los pasillos del directorio de la Westinghouse, y los CEOs y sus secretarios no lo reconocieran. “Tesla, Tesla… me suena. ¿No es un auto?” Sí, OK, el tema es Ornstein. Pero es imposible entenderlo fuera de su salsa histórica, que es triplemente rara por marinera, por nuclear y por desconocida. Creo que la persona más adecuada para explicar a Ornstein se acaba de morir. Fue el propio Ornstein, la única vez que se vio obligado a hablar públicamente de su persona. Lo hizo en un reportaje del sagaz Fernando Krakowiak en Página 12, allá por 2010. Ornstein no fue el único entrevistado en la ocasión: estaba también otro Emérito célebre de la CNEA, el Dr. Renato Radicella, otra historia que habrá que contar alguna vez. Pero en la foto (y esto es muy característico de él), Ornstein prefirió ponerse en segundo plano. Tarde, pero empiezo a conocerte, Roberto. «–¿Por qué siguen viniendo a la CNEA? Ornstein: –Porque siento un fuerte sentido de pertenencia. La CNEA es una institución única en el país que a uno lo va atrapando. Yo ingresé en 1979, ya de grande, y en muy poco tiempo me entusiasmó el empuje de la gente. Desde entonces, hemos pasado por épocas buenas y malas, pero la mayoría de la gente mantuvo esa pertenencia. Además, creo que estoy cumpliendo un papel todavía útil para la institución, y mientras mi salud y las sucesivas presidencias me lo permitan pienso seguir trabajando y compartiendo lo que aprendí con las nuevas generaciones. –¿Cuáles son los proyectos más importantes de los que formaron parte? Radicella habla de su participación en la exportación del Centro Atómico de Huarangal a Perú, completo, con dos reactores, y el del reactor experimental NUR a Argelia desde INVAP. Ornstein contesta lo siguiente: –Yo estuve como jefe durante la terminación del Proyecto Perú, cuando Radicella dejó el cargo, y desde el área de Relaciones Internacionales intervine bastante en el resto de las exportaciones nucleares que realizó el país. Además, representé a la Argentina como gobernador alterno del Organismo Internacional de Energía Atómica durante casi 15 años. En la actualidad, sigo trabajando en el área de Relaciones Internacionales. –¿En qué medida el resurgir de la actividad nuclear durante los últimos años influyó para que ustedes decidieran seguir en la CNEA? Va sólo la contestación de Ornstein: – El apoyo del Gobierno a la actividad nuclear es un aliento. Esto no ocurría desde la década del 80, y se evidencia en un notable incremento del presupuesto y en el desbloqueo de las vacantes después de más de doce años de congelamiento. Nosotros no podíamos cubrir ninguna vacante y el promedio de edad en el organismo se había elevado hasta los 56 años. Ahora, en cambio, se incorporó una gran cantidad de gente joven que está permitiendo impulsar una renovación. El reportaje sigue. Krakowiak pregunta por qué el átomo ha resurgido en Argentina y el mundo, a lo que Ornstein contesta (¡y lo hace en 2010!) que el petróleo se está encareciendo y viene de lugares inestables y llenos de guerras, y que además en Argentina no hay tanto gas como cree el Ing. Jorge Lapeña (un antinuclear acérrimo), y que los combustibles fósiles están desquiciando el clima en todo el planeta. Siguiendo con el desmantelamiento del Programa durante el Apagón Nuclear entre 1983 y 2006, Ornstein dice: – No hay que olvidarse de que el ministro de Economía, Domingo Cavallo, mandó a los científicos a lavar los platos a su casa. Krakowiak se entera, no sin sorpresa pese lo conocedor, de que a los antiguos A1 (categoría top del elemento profesional de la CNEA) Cavallo les ofrecía U$ 100.000 de jubilación anticipada, con tal de que se fueran a romper el átomo a otra parte. Hechos los cálculos de depreciación del dólar, a fines de 2021 eran U$ 199.000. Y Krakowiak también se entera de que en general, en lo peor del Apagón Nuclear, los atómicos se negaron a agarrar viaje. –¿Qué hacían durante esos años?- pregunta Krakowiak (lo supongo desconcertado). Y dice Ornstein: – No soy de los que se van a casa a mirar televisión. Voy a seguir trabajando hasta el día en que me muera, salvo que la salud me lo impida. ¿Me piden algo más personal? En un mail al citado Mario Mariscotti, Ornstein confiesa que decidió volver a trabajar a la CNEA como fuera, cuando a pocos días de jubilarse se vio en el espejo barbudo y con pijama. ¿Qué pulcro oficial naval soporta esa visión? Pero hay más. Transcribo parte de un mail que me mandó su reciente viuda, Laura. “Días atràs encontré un dato en su PC que te puede interesar… es la nota (o borrador de nota) que redactò Roberto con tal motivo, con números de decreto, explicación legal, etc…. en la que al pie informa a la superioridad de Marina, que renuncia al retiro pero no al estado militar. “Desde ese dìa hasta el ùltimo de la vida Roberto no cobrò retiro militar alguno, eso sì, continuò aportando voluntariamente a las instituciones de las que formaba parte, (Centro Naval, Sociedad Militar Seguro de Vida, Asociaciòn Socorros Mutuos de las Fuerzas Armadas, Hogar Stella Maris, Hospital Naval Dr Pedro Mallo, etc), en calidad de adherente». “En 2012, habiendo cumplido ya 85 años y con los años de aportes por CNEA necesarios, se jubilò por ANSES. «En ese entonces la Presidente de CNEA, Dra Norma Boero, lo designó Investigador Consulto por 5 años, por el mérito de su tarea y él siguiò trabajando ‘ad honorem’ por propia decisiòn, por considerar que su trabajo quedaba cubierto con la jubilación de ANSES. “Al cumplir los 90 años le fue renovada esa distinción, por la que continuó trabajando para CNEA, en la redacciòn de la Memoria Institucional y de la Revista, tal y como venía haciendolo desde el año 2000, hasta que a finales del año 2019, delegó esas responsabilidades en personal más joven al que previamente habìa estado formando para la tarea. “En la Asociación Mutual de Empleados de la CNEA, en la que ocupò diversos cargos, su participaciòn se prolongó ininterrumpidamente hasta el jueves 22 de septiembre de 2022, atento a que por la situaciòn sanitaria de pandemia, trabajó en forma virtual desde 2020. “Dos fechas para tener presentes: Roberto decidió partir el 26 de septiembre 2022. Su cumpleaños 95 sería el 2 de octubre… “Se puede decir que cumplió, también, su sueño de trabajar hasta que la muerte lo llamara...» No comment.Daniel E. Arias
Dólar ilegal, ¿cuál es el problema?
El blue influye mucho menos que el tipo de cambio oficial en la formación de precios internos e incluso menos que los dólares negociados en bolsa.
Sin embargo, no es inocuo, hace titulares, crea expectativas y estimula a remarcar a los pequeños comercios. Además, su trayectoria no es ajena a la de los financieros, que de hecho ayer crecieron hasta 2,3% y superaron incluso la barrera del ilegal.
Si la idea de Massa es reducir la brecha cambiaria «desde abajo», acelerando las minidevaluaciones cotidianas del oficial, y «desde arriba», amesetando los paralelos, un desdoblamiento creciente y desordenado como el que se está llevando a cabo es un torpedo que el Gobierno lanza, con efecto banana, sobre la propia canoa con la que pretende atravesar un maremoto. De hecho, la brecha con el blue interrumpió su reciente tendencia a la baja y volvió a superar un peligroso 90%.
El intento de reducir la brecha en estas condiciones es complejo. El dólar oficial mayorista se ha ajustado en lo que va del año 47%, sin que le alcance, pese a los esfuerzos, para empardar una inflación que hasta agosto acumulaba 56,4% en el año. A eso habrá que sumarle una cifra que será mayor que 6 y menor que 7 –según le anticipó el ministro de Economía al FMI en Washington–. Actualizar la paridad que rige el grueso del comercio exterior implica acelerar la inflación.
Las causas de una resistencia
¿Por qué, así las cosas, no realizar un desdoblamiento más simple, con un «dólar comercial» que rija los aspectos más sensibles de las importaciones –las esenciales para la producción, las vinculadas a los alimentos o las que tengan mayor potencial inflacionario– y enviar todo lo demás –el turismo al exterior, la contratación de Coldplay, el atesoramiento privado…– a uno libre o financiero?
Quienes tenemos más de 50 años sabemos que el tema es sensible por dos motivos: por un lado, esos esquemas complican a las empresas –estatales y privadas– que deben hacer frente al pago de deudas; por el otro, tienden a ampliar la brecha con el oficial y las expectativas de devaluación porque, básicamente, implican liberar al Banco Central de todas las cajas deficitarias en divisas.»
Abel B. Fernández