Ayer, 7 de febrero, el importante diario brasileño Folha de S. Paulo publicó con el titulo «Los mandos militares brasileños ven a Francia como amenaza en los próximos 20 años« un trabajo confidencial de su Ministerio de Defensa «Cenários de Defesa 2040», una encuesta realizada en 2019 en la Escuela Superior de Guerra entre 500 altos oficiales de sus tres Fuerzas Armadas sobre las hipótesis de conflicto en las siguientes décadas.
El copete de esa nota continúa diciendo: «A França, com sua renovada defesa da internacionalização da Amazônia, tomou o centro das preocupações da elite militar brasileira como principal fonte de ameaça estratégica para o país nos próximos 20 anos«.
El cónsul de Francia en San Pablo, Brieuc Pont, ya dijo «Uno no sabe si reír o llorar«. Como sea, también en las preocupaciones de los militares brasileños figuramos nosotros -por eso aparece en nuestros medios, que no perdonarían la ofensa de ignorarnos- pero ya no somos el enemigo favorito como hasta los ’80 del siglo pasado: se juega con la hipótesis de la instalación de una base china en nuestro territorio para 2034, pero se plantea presión diplomática por parte del Brasil, no una invasión armada.
Lo interesante de estas hipótesis de conflicto fantasiosas -que hacen todos los ejércitos del mundo, por otra parte- es lo que revela de los supuestos estratégicos actuales de los militares brasileños. Y también porqué un medio influyente de San Pablo, de Brasil, decide publicar un documento confidencial.
Para empezar, reproducimos la versión en nuestro idioma más fiel al original de Folha:
«Militares brasileños trazaron varios escenarios de posibles conflictos para 2040 en América del Sur, entre ellos un intento de China de instalar una base militar en la Argentina en 2034 y una avanzada de la «enemiga» Francia para crear una república indígena en la Amazonia brasileña, donde, según un documento del Ministerio de Defensa, podría instalarse una base de Estados Unidos.
El Ministerio de Defensa confirmó la existencia del documento, producto de consultas en todos los cuarteles del país, tanto del Ejército, Fuerza Aérea y Marina.
Varias hipótesis coinciden con los conceptos del presidente Bolsonaro, como la posible intención de Francia de ocupar la Amazonía más allá de la Guyana Francesa, para salir en defensa de los indígenas yanomamis, también en la frontera con Venezuela.
Francia sería el principal enemigo de Brasil en 2040, según el documento, luego de que en 2019 Bolsonaro y el presidente francés, Emmanuel Macron, se enfrentaron por los incendios amazónicos.
También en esas hipótesis están confirmadas las líneas bolsonaristas de diplomacia: Estados Unidos e Israel serán aliados militares y proveerán un escudo contra misiles balísticos a Brasil para defenderse de Venezuela.
El documento prevé también un escenario bélico entre Venezuela y Colombia y entre Bolivia y Chile, además de una invasión brasileña a la región oriental boliviana de Santa Cruz de la Sierra para proteger a los hacendados brasileños.
En el documento no faltan escenarios distópicos, como un ataque terrorista con armas biológicas en shows multitudinarios como Rock in Rio dentro de 20 años.
Respecto de la Argentina, el documento del Ministerio de Defensa indica que el principal socio regional de Brasil ya habrá superado sus crisis económicas y que Brasil logrará interceder para evitar que China instale una base militar en su territorio.
El documento dice que el escenario tiende a la bipolaridad entre China y Estados Unidos y que los estadounidenses lograrán instalar bases militares en la región, incluido el propio Brasil.»
En AgendAR remarcamos en primer lugar, un dato evidente: además de la imaginación, un tanto convencional, de los militares brasileños para explorar posibles conflictos, se nota mucha coincidencia con las ideas del presidente Jair Bolsonaro, que es, después de todo, un ex capitán del Ejército.
Y algo no tan obvio: los posibles motivos de Folha. No tenemos bastante información como para saberlo, pero es inevitable especular con el fastidio que círculos poderosos de San Pablo sientan ante el aperturismo ideologizado que se ha puesto en marcha en Brasil. Recordemos que las Fuerzas Armadas han sido los impulsores originales de la candidatura Bolsonaro, aunque también funcionen como la contención de sus impulsos más imprudentes.
A propósito, una pregunta inevitable: nuestro Ministerio de Defensa ¿no debería elaborar -con más prudencia que la mostrada aquí- los posibles conflictos que Argentina deberá encarar, participando o no- en esta década que comienza?
Leímos hace pocos días un titular desafiante «La Argentina debería considerar los efectos del avance de las monedas digitales». En tiempos de crisis e incertidumbre, como los actuales, proliferan los análisis monetarios que desafían el «sentido común» aceptado. Desde los estudios de John Maynard Keynes y las propuestas de Silvio Gesell a especulaciones delirantes.
Pero en este caso la autora estudió Economía en la UBA y siguió con la maestría en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Cursó un doctorado en Economía en cotutela de las universidades de Basilea (Suiza) y París Nanterre, y un posdoctorado en la Escuela de Economía de Rotterdam y en el departamento de Investigación de la Fed de St Louis. Hoy es profesora asociada en la Universidad París Dauphine. Es decir que conoce su tema. Y leyéndolo, encontramos un análisis prudente y sensato. Compartimos el reportaje:
«A Mariana Rojas Breu siempre le gustó la idea de estudiar economía en Francia, donde hay escuelas muy fuertes en temas de sociología y ciencias políticas. «El enfoque es multidisciplinario, no es solo la declaración puramente económica, y a mí me interesaba sobre todo el tema de la moneda, donde se conjuga lo político, lo sociológico y lo económico», señala. Vive desde 2002 en París. Tiene doctorado y posdoctorado en Economía y trabajó un año en el banco central de Francia, haciendo investigaciones monetarias.
-¿Por qué el dólar sigue siendo la moneda predominante y el euro no logró hacerle competencia?
-No hace tantos años que el euro existe como tal; recién se cumplen 21 años de la creación de la moneda europea. El hecho de que una moneda se vuelva internacional requiere de mucho tiempo, no es algo que se da de un día para el 2otro. Por otra parte, el euro tiene algunos déficits importantes, porque no es una moneda asociada a un solo país, sino que está asociada a muchas economías y eso hace que carezca de la misma legitimidad que puede tener el dólar. Por ejemplo, en los últimos años, con la crisis económica importante que se vivió, el euro estuvo a punto de morir como moneda. Si Grecia no podía hacer frente a la deuda externa y salía de la zona euro, iba a implicar no solo un problema de credibilidad para Grecia, sino para el conjunto de la zona euro. Después de Grecia venían Italia, Portugal y otros países sumamente endeudados que podían tener el mismo problema. El euro todavía es un caso muy único, en el sentido de que hay un banco central para muchos gobiernos diferentes. Ellos pueden tener problemas de deuda externa diferentes y no tienen la capacidad de coordinarse con el banco central de la misma manera que puede hacerse en un país, que puede juntar a la autoridad fiscal, que es el Tesoro, con la autoridad monetaria. La historia dirá si el euro subsistirá como moneda, pero es un experimento bastante único el tener a las autoridades fiscal y monetaria separadas.
-¿Por qué se decidió instrumentar el euro? ¿Cree que fue apresurado, teniendo en cuenta que todavía faltaba más integración?
-Fue una apuesta política enorme frente a China, a Estados Unidos y a potencias económicas enormes. Los dirigentes políticos de Europa creen que para que la zona pueda subsistir en este contexto es necesario unirse y emitir una moneda única. No creo que haya sido apresurado, pero sin duda fue una política de riesgo. Por otro lado, se inscribe en el proceso de unificación de Europa, que viene después de la Segunda Guerra Mundial y que ya lleva décadas; que tiene que ver con la integración comercial, de mercados de trabajo, de capital, de favorecer las inmigraciones.
-China es la segunda economía del mundo. Sin embargo, el renminbi no es una moneda que sea considerada por la gente para ahorrar porque no fluctúa libremente. ¿Cómo es la política de China al respecto?
-China está anunciando ahora que va a desarrollar una moneda digital, que es algo que puede llegar a modificar mucho el paisaje monetario de los próximos años. Y no es solo China, sino que hay muchos bancos centrales en el mundo, 70 o más, que están pensando en pasar a una moneda digital. Esto no significa necesariamente dejar de emitir moneda física, pero sí empezar a emitir también una moneda digital. Y en algunos años vamos a poder abrir una cuenta bancaria directamente en el banco central. Sería una manera de reemplazar el efectivo físico por uno digital. La diferencia es que en vez de tener plata en el banco, que es una entidad que puede quebrar, la tengo en una cuenta en el banco central. China está muy avanzada con eso. Esto se une a las criptomonedas, que están creciendo mucho. Facebook, por ejemplo, está desarrollando su propia moneda, la Libra. No se sabe qué pasará con ese proyecto, porque los reguladores mostraron mucha preocupación, sobre todo en los Estados Unidos. Pero lo cierto es que hay proyectos del sector privado para emitir nuevas monedas que competirán con las monedas de los estados. Frente a eso, los países aceleraron mucho la reflexión sobre la propuesta de una alternativa digital. Porque el poder que puede llegar a tener Facebook emitiendo una moneda es gigantesco.
-¿Son seguras las monedas privadas? Si Facebook quiebra, ¿quién respalda esa moneda? No daría la misma seguridad que tiene una moneda soberana.
-Exactamente. Por eso lo de Facebook plantea problemas de protección al consumidor y de estabilidad financiera. Además, esa moneda sería una forma de obtener muchos datos de toda la gente que la usaría. Sería también muy delicado en temas de protección de datos.
-¿Qué beneficios daría, en comparación con las monedas de los estados?
-La Argentina, si bien tiene otras urgencias, debería considerar esto seriamente. Porque frente al peso, que sufre una inflación importante, tener una moneda de Facebook no es necesariamente peor. Puede haber un riesgo con Facebook, pero esa moneda, en principio, si la empresa no quiebra y no hace malas inversiones, en el futuro sería tal vez un instrumento de ahorro mucho más fácil que la moneda local, que sufre mucha inflación. Lo mismo ocurriría con otras monedas digitales de los estados. Esto reforzará la competencia. Se habla de que podrían ocurrir procesos de dolarización digital, porque en realidad, si las monedas empiezan a ser emitidas en formato digital y los costos de pasar de una a otra se reducen, será más fácil que una población se pueda dolarizar.
-¿Esto significa que en el futuro, un banco central, en vez de imprimir billetes físicos, porque nadie los usaría, comenzaría a emitir de forma digital y se contabilizaría en la base monetaria?
-Sí. Ahora se reúne el Banco de Pagos Internacionales, una organización internacional financiera propiedad de numerosos bancos centrales, para analizar la moneda digital. Una posibilidad sería que fuese con una cuenta en el banco central. Otra posibilidad sería que fuese como un token [los dispositivos físico utilizados para acceder a un recurso restringido electrónicamente], sin que se sepa cuál es la identidad de la persona. Porque si tengo una cuenta en el banco central, a priori, no es algo anónimo, es como tener una cuenta en el banco, que sabe quién soy. En ese sentido no es igual al efectivo, que una de las ventajas o no ventajas, según para qué, es que es anónimo. Uno puede hacer una transacción y nadie se entera. Una de las discusiones es si esta moneda digital del banco central tendría que respetar ese anonimato o no, porque están todas las cuestiones del financiamiento del terrorismo y de lavado de dinero.
-Pero si uno quiere prestarle dinero a un familiar sin que el Estado sepa, se daría lugar a esa privacidad.
-Una opción sería que la moneda digital tuviese una característica de anonimato limitada a pagos de montos pequeños y que, para montos altos, no se pueda utilizar. Hay cuestiones, además, que tienen que ver con la inclusión financiera. Hay mucha gente que no tiene acceso a los bancos y, entonces, se pierde de participar en muchas transacciones.
-Tener una cuenta en un banco central, ¿no le hace competencia a los bancos comerciales, que en ese caso no estarían muy de acuerdo con esta idea?
-Exactamente, y esa es una de las grandes cuestiones. Un problema sería que el banco otorgue menos préstamos a la economía real, porque si no tiene depósitos, menos podrá prestar o será más caro. Eso podría terminar teniendo un efecto negativo en los que toman préstamos y en la inversión. Es algo que se está analizando. El otro problema es que, así como podría haber dolarización digital, también podría haber corridas bancarias digitales. Es decir, podría tener mi plata en el banco, pero si hay un mínimo problema saco todo el dinero y lo convierto muy fácilmente a moneda digital en el banco central. Por eso, no creo que los bancos centrales vayan a lanzar esto mañana, porque hay muchas problemáticas a analizar. Pero es cierto que están acelerando mucho la reflexión porque las alternativas, las criptomonedas, por ejemplo, van avanzando. Esto plantea un problema de déficit democrático, porque para usar una moneda digital, necesariamente tengo que pasar por un banco, que es un intermediario, es privado y puede quebrar. Hay una cuestión de por qué el ciudadano común no tiene acceso al banco central de una manera más directa.
-¿Cómo afectaría la moneda digital a la política monetaria?
-Durante la crisis, los bancos centrales en el mundo bajaron mucho la tasa de interés porque era la manera de estimular la economía en medio de la recesión. Pero, en determinado momento, la tasa de interés llegó a cero y después era muy difícil seguir bajándola, porque pasa a ser negativa. Puede ser un poquito negativa, pero llegado un punto no se la puede seguir bajando. Si el banco central quisiera poner la tasa en -5%, los bancos buscarían otra manera de conseguir el efectivo o pasarían ese costo a los consumidores y ellos se pasarían al efectivo para no tener que pagar esa comisión. Hay algunos economistas que pensaron en esto de la moneda digital como una manera de que el banco central pueda tener más herramientas de política monetaria. Si tengo una cuenta en el banco central, en realidad puede subirme o bajarme la tasa de interés directamente en mi cuenta bancaria para hacer política monetaria; no tendría que pasar más por los bancos, como es hoy en día.»
Los ictiosaurios fueron un grupo de reptiles que forman parte de lo que se considera el paradigma de adaptación al medio marino de los tetrápodos, es decir los vertebrados terrestres con dos pares de extremidades. Con un antecesor que se estima se desplazaba con sus cuatro patas sobre la tierra, a lo largo de su extensa historia evolutiva que comenzó en los albores del Triásico hace 250 millones de años, éstos fueron transformando completa y radicalmente su arquitectura ósea para desempeñarse plenamente en el agua. De esta manera, sus miembros se volvieron aletas, su cola simple pasó a ser una herramienta propulsora muy útil para el nado, e incluso desarrollaron una aleta dorsal. Es decir, sin tener relación de parentesco, su cuerpo se transformó casi netamente en uno similar al de un pez. De la ventana de tiempo que ocuparon los ictiosaurios, más de la mitad fue dominada por la familia de los oftalmosaurios, que se caracterizaba por la gran dimensión de sus ojos que llegaban a alcanzar órbitas de más de 30 centímetros de diámetro.
Recientemente, investigadores del CONICET que se desempeñan en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) reportaron el hallazgo del cráneo, huesos del oído interno y el miembro anterior derecho de un ejemplar de oftalmosaurio que vivió hace unos 150 millones de años en cercanías de lo que hoy es la ciudad de Zapala, Neuquén. La novedad se acaba de publicar en la revista Zoological Journal of the Linnean Society.
“El cráneo hallado mide alrededor de medio metro. Estimamos que este animal debe haber tenido unos sesenta y cinco centímetros desde la zona occipital hasta la punta de la trompa, y un cuerpo de dos a tres metros de largo. Es un tamaño discreto si consideramos que su familia alcanzó dimensiones de ocho a diez metros, y si adicionalmente pensamos que el grupo de los ictiosaurios fue el más grande de los reptiles marinos, alcanzando los veintidos metros a finales del Triásico, hace doscientos millones de años”, comenta el becario del CONICET Lisandro Campos, primer autor del trabajo.
Más allá del hallazgo del material en sí, una de las particularidades del trabajo radica en el método utilizado para su estudio posterior. Valiéndose de tomografías computadas y utilizando un software especial, los expertos pudieron diferenciar digitalmente y con mucha precisión los huesos del sedimento adherido a ellos, para lograr identificar con exactitud cada estructura ósea. “Además de reconstruir y modelar los huesos uno por uno, esa herramienta computacional nos permitió volver a articularlos entre sí para dar una aproximación a cómo estaban ubicados y de qué manera funcionaban cuando este animal vivía”, explica Campos.
Esta reconstrucción digital arrojó lo que para Campos es “el punto fuerte” del estudio: entender la morfología de las fosas nasales. “Presentan una estructura muy particular ya que está divida por un tabique óseo formado por dos huesos, uno nasal descendente y otro maxilar ascendente, resultando cada fosa con dos aberturas. Si bien no es una forma novedosa porque ya se la conoce en otros dos ejemplares hallados en Rusia y Australia, esos pertenecen el Cretácico, es decir son más nuevos, y en el caso de nuestro oftalmosaurio es la primera y única aparición de esa configuración en el Jurásico, lo que lo vuelve el más antiguo que se conoce en el mundo con estas características”.
Los expertos se propusieron estudiar qué correlato funcional, es decir qué implicaba para estos animales tener las fosas nasales divididas en dos partes. “Para todos los organismos relacionados con hábitat de estrés osmótico, es decir espacios donde la regulación de agua en relación con los niveles de concentración de sales en el cuerpo es más compleja, se conocen mecanismos o estructuras para la expulsión del exceso de esas sales. En el caso de los reptiles marinos existe una estructura conocida como glándula de la sal. Es un órgano extrarenal que cumple la función de concentrar iones y sales, funciona como un riñón sin serlo, y aparece siempre en distintas zonas de la cabeza”, desarrolla Campos, y amplía: “Los ictiosaurios estaban sometidos a estas condiciones porque permanentemente ingerían agua, tanto a la hora de atrapar alimento, o porque éste –mayormente moluscos– ya tenía en su interior una cantidad de sal abundante”.
Según explica el experto, la expulsión de esas secreciones de la glándula de sal debe ser rápida debido a que se encuentra en grandes concentraciones. “La solución hiperconcentrada que generan las glándulas de la sal en varios reptiles, incluidos los ictiosaurios, se expulsa a través de las fosas nasales y de no eliminarlas en un tiempo muy corto pueden formarse cristales que obstruyen las vías respiratorias”. Algunos animales, por ejemplo las iguanas marinas, generan algo semejante a un estornudo para expulsarlas y otros, como las gaviotas, sacuden la cabeza a alta velocidad para limpiar con celeridad esos conductos. “En los ictiosaurios no hay evidencia de musculatura para generar un estornudo, ya que ésta se asocia a la región pélvica que en ellos estaba extremadamente reducida, como ocurre con las ballenas actuales. Además de esto, su plan corporal contaba con una región cervical reducida, lo que hacía imposible que sacudieran la cabeza lateralmente. Teniendo en cuenta esto, postulamos una nueva hipótesis sobre el por qué de estas dos aberturas en las narinas: una abertura servía para vaciar la glándula de la sal, y la otra para respirar. Probablemente cumplía otras funciones, pero esta es la primera vez que se relaciona esa morfología con una función así”, cierra Campos.
El Gobierno nacional puso en marcha un comité interministerial para analizar la evolución del coronavirus y coordinar un «discurso común» respecto al combate de la enfermedad. La primera reunión, encabezada por el ministro de Salud, Ginés González García, se realizó este viernes al mediodía en la Casa Rosada, horas después de que se confirmara el primer caso de un argentino infectado en Japón. Una medida similar se tomó en 2009, ante el brote de influenza.
«La idea es coordinar más lo que venimos haciendo. Habrá reuniones sistemáticas con los ministerios y la comunidad científica para salir a hablar con un discurso común», explicó Ginés, quien comparó al nuevo comité con el que se conformó en 2009 con el brote de influenza.
Y agregó, en esa línea: «La situación es estable. Hay un buen dato que es que disminuyeron los casos nuevos. Estaríamos entrando en el período de descenso de la epidemia».
De la primera reunión participaron además el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Roberto Salvarezza, el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y dirigentes de otras áreas de Gobierno y la comunidad científica.
Según informaron fuentes del ministerio, el objetivo primordial del comité será «informar sobre las acciones en proceso, dar recomendaciones para empresas, aeropuertos y puertos» y «coordinar la información para unificar el mensaje oficial».
«Un punto que Ginés destacó mucho fue que el coronavirus afecta a los chicos en mínimo porcentaje. Afecta a grupos etarios de mayor edad, con bajas defensas. Nos transmitió tranquilidad. Tenemos más preocupación por el dengue que por el coronavirus», revelaron las fuentes.
El secretario de Asuntos Estratégicos del gobierno argentino, Gustavo Beliz, planteó en un seminario en el Vaticano la necesidad de elaborar políticas para manejar las deudas públicas. «Nunca más deudas públicas insostenibles, ni en la Argentina ni en América Latina», declaró.
Béliz disertó en el seminario sobre «Nuevas Formas de Fraternidad Solidaria», organizado por la Academia Pontificia de Ciencias Sociales. Después de acompañar la primera parte de la gira europea del Presidente, fue uno de los primeros oradores de este encuentro, que reúne a economistas de renombre de todo el mundo, entre ellos el ministro de Economía argentino, Martín Guzmán y la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva.
«Los libres movimientos de capitales de corto plazo son como los falsos profetas, que vienen con piel de cordero pero por adentro son como lobos rapaces. En la Argentina queremos ir más allá de esta situación utilizando herramientas que nos aseguren que nunca más tomemos deudas insostenibles. Queremos hacerlo a través de las instituciones democráticas que tutelen la regla de la ley, la transparencia y la responsabilidad, a través de un Consejo Económico y Social multisectorial y un esfuerzo conjunto entre la Presidencia y el Parlamento. El objetivo de esta iniciativa es establecer prioridades claras y entender su racionalidad.»
Gustavo Beliz también afirmó en ese encuentro «América Latina es la prueba viviente de que la teoría económica del efecto derrame no funcionó«. El colaborador de Alberto Fernández propuso «reinventar nuestras democracias» con una «nueva plataforma económica«.
Entre otras herramientas, esa plataforma, comentó, «necesita un nuevo esquema digital de impuestos que redistribuya los dividendos digitales. El problema no es el auge de robots, sino la falta de verdadera justicia social tecnológica.»
Paulatinamente, el Ministerio de Desarrollo Social está concretando uno de los planes iniciales que el ministro Daniel Arroyo planteó desde antes de asumir su cargo: la inserción laboral de beneficiarios de planes sociales, el Plan Empalme.
Son 540 mil los beneficiarios de planes sociales en todo el país. Según las cifras del ministerio, ya hay más de 30 mil argentinos con plan -el 6%- que están trabajando. Son 12.000 en provincia de Buenos Aires y el resto en las demás provincias, todos dedicados a tareas de reparación y refacción de escuelas.
Desde el Gobierno explicaron que el objetivo final es que los 540 mil planes totales (cifra que alcanzan el Salario Social Complementario y el plan Hacemos Futuro) sigan ese camino para, sin plazo, accedan a un empleo conservando por un período el beneficio.
Actualmente el Estado nacional paga la mitad del Salario Mínimo, Vital y Móvil por cada plan. La idea es que la otra mitad la abone el empleador, ya sea el Estado o compañías privadas. En el caso de los que ya están trabajando en escuelas, la mitad la cubre la Nación y el resto vía convenios con cada provincia de las 15 en los que está activo el esquema impulsado por Desarrollo Social.
La decisión de impulsar este Plan Empalme se tomó en el seno de la Mesa Contra el Hambre, en la que participa el Estado, los movimientos sociales, la CGT y empresas de peso de todos los sectores de la economía.
El otro hito importante que empujó el programa fueron varias reuniones que en 2019 mantuvieron los «Cayetanos» (la trilogía de Barrios de Pie, la CTEP y el Movimiento Evita) con dirigentes de la Unión Industrial Argentina (UIA), que también integran la Mesa contra el Hambre.
La producción de las Pymes Industriales cayó 0,9% en diciembre frente a igual mes del año pasado y cerró 2019 con una baja anual de 6%, según un informe elaborado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) que se difundió en estos días.
Según la Encuesta Mensual Industrial de CAME, entre 300 industrias pymes de todo el país, «en la comparación mensual la industria pyme creció 1,6% en diciembre, sin desestacionalizar». De esta manera, el Índice de Producción Industrial Pyme (IPIP), que mide el desempeño mensual en la elaboración manufacturera de las pequeñas y medianas industrias (PYMIS) argentinas, se ubicó en 81,3 puntos, el diciembre más bajo desde que se comenzó a medir en 2008.
«Las empresas con menos de 50 empleados, más afectadas por la crisis, tuvieron una caída de 3,5% en su producción (frente a igual mes del año pasado). Aquellas con 50 empleados o más, en cambio, tuvieron un leve crecimiento anual de 0,8%», indicó CAME. El informe se obtiene durante los primeros 20 días del mes en base a encuestas directas realizadas entre 300 pymes industriales del país por un equipo de 30 encuestadores localizados en las ciudades capitales del país, Gran Buenos Aires y Capital Federal incluidas.
En tanto, el subgrupo de firmas exportadoras exhibió «un aumento de 3,4% anual en su producción de diciembre, impulsada especialmente por industrias que venían con niveles de exportación más bajos y tuvieron un salto el mes pasado».
Según indicó la Confederación, «de los 12 sectores relevados, 4 crecieron en la comparación anual, 1 se mantuvo sin cambio y 7 cayeron». Los sectores en alza fueron: Alimentos y bebidas con una suba anual de 2,6%, Calzado y marroquinería (+4,3%), Maderas y muebles (4,3%) y Productos Químicos (5,4%). La encuesta mostró «sin cambios» los sectores de Indumentaria y productos textiles, que fue «el primer mes del año que no registró descenso».
En cambio, «cayeron fuerte en la comparación anual: Minerales no metálicos (-8,3%), Material de transporte (-10%), Productos electromecánicos, informática y manufacturas varias (-9,8%) y Papel, Cartón, Edición e impresión (-6,0%)».
De las pymes encuestadas, «muchas» declaran que están «sosteniendo el empleo a la espera de una reactivación, pero que hoy les alcanzaría con menos personal para atender el negocio, que se ha reducido fuertemente».
Los sectores que están trabajando con menos porcentaje de su capacidad instalada fueron textil y productos electromecánicos e informáticos, ambos con 50%.
Ayer, jueves 6, Jorge Argüello, que ya había sido embajador en Washington de 2011 a 2013, presentó sus cartas credenciales al presidente Donald Trump. Y la recepción fue muy cordial.
“¿Cómo está Argentina?”, fue la pregunta inicial del Donald. Y Argüello, como buen embajador, respondió: “Estamos haciendo un esfuerzo para tener el mismo resultado que se observa en Estados Unidos sobre al crecimiento de la economía y los niveles de alto empleo”.
Trump fue enfático, como es su estilo: “Dígale al presidente Fernández que puede contar con este presidente”.
Luego ambos se sacaron varias fotos juntos, con las cartas credenciales que incluía un mensaje de Alberto Fernández a Trump con un encabezado en el que lo llamaba “Grande y buen amigo”, especialmente escrito para la ocasión.
Después también de la gira presidencial, podemos decir que contamos con el apoyo de Trump, Merkel, Macron, Sánchez, Conti, la comprensión de la directora Georgieva, y el respaldo del Papa Francisco. Ahora, hay que enfrentar a los acreedores.
Ayer, 6 de febrero, la embajada de la República Popular China distribuyó el siguiente comunicado:
«La Embajada de la República Popular China en la República Argentina ha tomado nota de la información de algunos medios de comunicación locales sobre «un empleado de la Embajada china que está en cuarentena por los síntomas similares al nuevo coronavirus».
Esta Embajada aclara con total seriedad y responsabilidad que ninguno de los diplomáticos y empleados de esta misión se encuentra en cuarentena por los síntomas similares al nuevo coronavirus. Las notas concernientes no corresponden a la realidad. Tampoco se ha verificado tal información con la Embajada antes de la publicación.
La Embajada ha adoptado las más estrictas medidas de prevención y control respecto a la propagación del nuevo coronavirus. En este momento crucial de la lucha contra la epidemia, necesitamos más hechos que especulación y los rumores y el pánico infundado producen más daño que la propia epidemia.«
El Senado nacional aprobó por unanimidad la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva en el Marco de la Emergencia Pública, que ya tenía sanción favorable de Diputados, también con los votos de oficialismo y oposición (sólo faltaron 2 votos del FIT).
En el curso del debate ambas bancadas se acusaron vigorosamente. Y dejaron claro que sus visiones del país, y el sector de la población que aspiran a representar, son bien distintos. Pero también resulta evidente que el «principio de la realidad» al que se refería el Dr. Freud, tiene peso en las decisiones de la dirigencia política. Un default (otro, 18 años después) agravaría mucho la situación de los argentinos. Y el gobierno que está a cargo desde hace algo más de un mes es el que puede encarar el desafío de una deuda externa gigantesca.
Estos son los puntos principales de la ley:
Declara «prioritaria para el interés de la República Argentina la restauración de la sostenibilidad de la deuda pública emitida bajo ley extranjera», que se calcula en unos 142 mil millones de dólares.
Autoriza al Ministerio de Economía a «incluir en los documentos pertinentes las aprobaciones y cláusulas que establezcan la prórroga de jurisdicción a favor de tribunales extranjeros y que dispongan la renuncia a oponer la defensa de inmunidad soberana».
Establece que esa renuncia «no implicará renuncia alguna respecto de la inmunidad» de la Argentina con relación a la ejecución de ciertos bienes, como los del Banco Central, cualquiera perteneciente al dominio público en el país o cualquiera localizado dentro o fuera del territorio «que preste un servicio público esencial» entre otros.
Autoriza al Ministerio de Economía a emitir nuevos títulos públicos para modificar el perfil de vencimiento de intereses y amortizaciones de capital, así como determinar plazos y procedimientos de emisión y designar instituciones o asesores financieros para el proceso de estructuración.
Las comisiones que puedan cobrar los bancos o asesores financieros que actúen como agentes colocadores «en ningún caso podrán superar el 0,1% por todo concepto del monto efectivamente canjeado y/o reestructurado».
La reciente propuesta del gobernador Kicillof de postergar el pago de un bono, por el importe (relativamente menor) de 250 millones de dólares y el hecho de no conseguir la aceptación de un porcentaje suficiente de los acreedores, indican que éstos no están dispuestos a disminuir los beneficios esperados si no es absolutamente inevitable (lo que era de esperar; a los administradores de fondos de inversión no se les paga para que tengan conciencia cívica).
Y también muestra que todos los sectores con poder en el Frente de Todos, en el peronismo, están resueltos a evitar el default.
Si en este marco el ministro Martín Guzmán, y por encima de él el presidente Alberto Fernández tienen poder de negociación, es que hay un hecho indiscutible: la deuda contraída en los últimos años por la Nación es efectivamente impagable en las condiciones en vigencia. Los acreedores que se nieguen a modificarlas estarían, ellos, provocando el default, más allá de la voluntad de este gobierno y de cualquier otro.
Y para que los fondos «buitres» lucren con un default, es necesario que los bonos de la deuda argentina a adquirir estén muy por debajo de su valor actual, para que sea rentable litigar por alrededor de 10 años. Que es lo que hizo Paul Singer, por ejemplo. No estamos en la situación de 2001, no están dadas esas condiciones, y no tiene porqué arribarse a esa situación.
Como estaba previsto, el Senado de los Estados Unidos votó ayer por la absolución en el juicio político al presidente Donald Trump.
El resultado de la votación en los dos cargos de los que había sido acusado -abuso de poder y obstrucción al Congreso- fue ligeramente distinto: el primero registró 52 votos por la absolución contra 48, porque el republicano Mitt Romney (el único que cruzó la línea partidaria) votó por condenar al presidente, junto a todos los demócratas.
En el segundo, la absolución sumó 53 votos contra 47. Los senadores demócratas y algunos republicanos expresaron inquietud por los hechos que derivaron las acusaciones. Pero los oficialistas decidieron que no correspondía condenarlo.
Este resultado no fue ninguna sorpresa. La Constitución de los EE.UU. exige los dos tercios del Senado -67 votos- para remover al Presidente. Aún así, fue un triunfo del Donald: la moción no consiguió siquiera mayoría simple, y mostró que el Partido Republicano considera que es el mejor candidato para noviembre.
Trump lo festejó «his way», con este desafiante tuit:
Europa está adelantando el fin de los autos a nafta o diésel. En un extremo, en Noruega (país próspero gracias al petróleo), más del 60% de los 0 km que se venden son eléctricos. En los otros países nórdicos el porcentaje es menor, pero va en ascenso. El resto de Europa sigue sus pasos como consecuencia de normas que limitan el uso de vehículos contaminantes.
Esta semana Gran Bretaña anunció que prohibirá la venta de automóviles nuevos de nafta, diésel e híbridos a partir de 2035, cinco años antes de lo previsto, en un intento por reducir la contaminación del aire. Esta tendencia podría poner fin a más de un siglo de dependencia de los motores de combustión interna.
Pero en los próximos años, podría abrir un nicho de exportación interesante a las terminales automotrices radicadas en nuestro país. Donde han visto descender dramáticamente sus ventas. El 21 de abril del año pasado AgendAR publicó el siguiente informe:
La Asociación de Fabricantes de automotores, ADEFA, ya estudiaba en ese momento esa posibilidad: «Argentina puede hacerse fuerte en la producción de vehículos con motorización tradicional, para abastecer a mercados emergentes».
La industria automotriz es una de las más importantes de la Argentina. Está atravesando un momento muy duro: caída en las ventas y en la producción, suspensiones de personal,… Y por eso mismo está explorando estrategias.
En la Asociación de Fabricantes de Automotores (ADEFA) se elaboró un informe reservado “ADEFA: visión estratégica 2020/2030”. En él se plantea que mientras las inversiones y la demanda de vehículos eléctricos o híbridos, en los próximos años, se concentrarán en las potencias automotrices, incluyendo China, la Argentina puede hacerse fuerte en la producción de vehículos con motorización tradicional, para abastecer a mercados emergentes.
El argumento que se sostiene en el estudio, preparado por la consultora ABECEB, se basa en que, por el atraso en infraestructura y costos, mercados como Latinoamérica, África y, en menor medida, Oceanía, seguirán consumiendo vehículos con motores a combustión. También tienen las mayores superficies a cubrir donde la provisión de electricidad es limitada.
Por eso, ahí se plantea como objetivo capturar la demanda de países emergentes con tecnología ICE (Internal Combustion Engine): motores de combustión interna, que seguirán dominando ese mercado en 2030. Se prevé que las inversiones de las marcas en vehículos con nuevas tecnologías se dirigirán a los países centrales. También estima que Brasil “se concentrará en Etanol”.
Sólo para Latinoamérica, el informe estima un mercado para los próximos años de 6,6 millones de vehículos, lo que equivale a u$s 85.000 millones. Para África y Oceanía, el volumen de operaciones será de alrededor de 2,5 millones de 0km por un monto de u$s 33.000 millones. Esto hace un mercado potencial de 9,1 millones de unidades por u$s 118.000 millones. Esta estrategia de supervivencia (esa es la palabra utilizada en el estudio) podría ir más allá del 2030 ya que se estima que la vigencia de la actual tecnología tiene una “ventana” de 20 años.
Entonces, el trabajo propone una estrategia global: “Convertirse en productores líderes de ICE con productos eficientes, conectados y seguros, abasteciendo al hemisferio sur y capturando inversiones que no se renuevan en desarrollados».
No todas las terminales parecen apostar a este proyecto. Algunas tienen previsto incorporar motorizaciones “ecológicas” en el mediano plazo. Toyota -que ha expresado sus diferencias con ADEFA- planea producir en la Argentina la pickup Hilux híbrida antes del 2025. También Peugeot está desembolsando una inversión en su planta local con una plataforma que permite la producción de autos eléctricos, por lo que podría adaptarse rápidamente a los nuevos tiempos.
Sin abrir juicio sobre la estrategia que propone el informe -sus posibilidades, y las de la industria argentina en general, dependen de que el país se dé una política económica acertada- en AgendAR observamos que no son alternativas excluyentes. La transformación del parque automotor local hacia modelos más sustentables nos parece inevitable, en un plazo más o menos largo. Pero una política exportadora debe encararse en áreas donde podamos competir.
Un recuerdo muy, muy breve. El más largo está en las memorias de los veteranos a quienes nos acompañó en la niñez o juventud. Agreguemos que como productor, se jugó para terminar con la «lista negra» de Hollywood.
“Resucitando” la desalinizadora de Kurnell, porque Sydney está por quedarse sin agua.
El concepto mismo de “agua pura” es una contradicción en término. El agua, humilde como pinta, es un solvente tan activo que si Ud. pide un vaso del producto al gerente de RRPP de la planta de OI (ósmosis inversa) de Kurnell, y de puro corteses se lo traen en una linda copa de vidrio, sucederán dos cosas:
Ud. no logrará detectar gusto a sal alguno: la hay, no lo dude, pero por debajo del nivel de detección humano, pese a que es muy alto.
Pero además de sal indetectable Ud. estará bebiendo inevitablemente algunas moléculas del vidrio de la copa, disueltas en el agua. No es comer vidrio ni un chiste local sino física universal. Sí, si quiere Ud. también puede tomar vidrio disuelto en agua en su casa. AySA lo invita. ¡Llame ya!
Saque cuentas de que para llegar a ese resultado imperfecto, agua imposible de librar de sales y otros solutos, hubo que aplicar energía, horrores de ella, y sin fluctuaciones. ¿Se puede hacer eso con electricidad intermitente? Dejo picando la pregunta y prosigo.
El agua de mar en Australia ya es la fuente de materia prima de 30 plantas de OI que abastecen millones de canillas. Hubo una ola de instalación durante “La Seca del Milenio”, y suministra una proporción aún chica de lo que bebe el 80% de la población, que es toda costera.
Las instalaciones de OI se dispararán en nuevas rampas si hay que intercalar copias de St. Mary’s, entre las viejas plantas de tratamiento convencional y la red de distribución. Y como tal vez haya que añadir varias nuevas desalinizadoras costeras, se vienen tiempos de gran demanda eléctrica “de base”, disponible 24x7x365, o cerquita.
Eso limita las opciones: nueva hidroelectricidad (no es fácil, en el continente más seco del mundo), o nuevas centrales térmicas (no es bueno, cuando Australia es el 2do contaminador mundial en emisiones de carbono anuales por habitante).
Australia en realidad es el 1er contaminador/habitante entre los países desarrollados. Llegó a ese poco envidiable lugar porque en términos de exportaciones, es la carbonera de dos grandes locomotoras vecinas: China y la India. Y seguirá siéndolo, porque eso produce un saldo de balanza de pagos de U$ 56.000 por australiano. ¿Quién se privaría de esa beca?
Pero Australia también contamina debido a su actual despliegue de renovables, especialmente de eólica. Parece una paradoja, pero por ahora no hay medios de que las energías renovables eliminen las térmicas, y por una cuestión de intermitencia. 92 nuevas plantas eólicas fuerzan a Australia a seguir quemando carbón como “respaldo caliente” de una sobreinstalación impresionante de fuentes no confiables. Es que hay que cubrir decenas de baches diarios de generación, y sin apagones. Y aún así, los apagones en Australia forman parte del menú diario.
En un gesto hacia un mundo que ya los mira de reojo, los Aussies acaban de cerrar la venerable planta térmica a carbón de Liddell. Pero no confundamos relaciones públicas con física: si la planta de OI de Kurnell necesita 38 MW disponibles 24x7x365, no los saca de parque eólicos sino de la red eléctrica del National Electrical Market (NEM). Y para que el NEM no colapse cuando se cae el viento aquí y allá -sucede todo el tiempo-, necesita de plantas de carbón encendidas, quemando, pero “fuera de línea”, listas para entrar en pocos minutos a pedido del NEM. Respaldo caliente significa exactamente “contaminando, pero al cuete”. Bienvenido al lado oscuro de las energías renovables.
Les guste o no a sus dueños, las 15.906 plantas de OI del mundo todavía dependen, aunque les encanta negarlo, de los combustibles fósiles. Lo hacen al punto de forzar la emisión de unas 76 millones de toneladas de C02/año. El crecimiento proyectado de esta industria, si no cambia de fuente de potencia firme, o de base, la hará emitir 218 millones de toneladas en 2040, como declara en su página web la Global Clean Water Desalination Alliance (GCWDA). A admisión de parte, relevo de pruebas.
Y no es que en la GCWDA amen el carbono fósil. Aman la electricidad de base. No pueden permitirse caídas de tensión ni apagones. Es que las membranas triples de filtración necesitan de una presión continua y de un flujo unidireccional de agua. Caso contrario, se incrustan con las bacterias, virus, metales pesados, sales y cloruro de sodio, sobre todo la capa interna de poliamida, y andá a sacarlos, después. Y eso le quita vida útil a instalaciones que, como Kurnell, costaron U$ 1306 millones.
La leyenda urbana de la industria OI es que se nutre exclusivamente de potencia eólica, o eólica y solar, y en Australia eso es artículo de fe incluso para periodistas científicos. Si ante esa afirmación Ud. se les ríe en la cara, después de pegarle unas cuantas piñas (no es bueno pelearse con australianos), le mostrarán los contratos de compra exclusiva con parques eólicos (de propiedad de la compañía desalinizadora, o simplemente vecinos). Y luego le darán una cerveza, son amigables.
Pero hay un divorcio entre lo contractual y la física, entre lo percibido y lo real. Australia cree estar descarbonizándose porque vino instalando cantidades impresionantes de gigavatios renovables: 92 parques eólicos terrestres, algunos con turbinas de 225 m. de alto en punta de pala como el de Dundonell, Victoria, con 336 MW instalados. Por no hablar de 28 parques solares como el de Limondale, Balranald, New South Wales, de 900 hectáreas y 349 MW instalados. Y ni le cuento de los 56 más que se vienen.
Pero el sol, predeciblemente, no brilla de noche, y el viento, además de intermitente, es impredecible. El gigantismo de las instalaciones renovables oculta su baja densidad energética y su bajo factor de disponibilidad, en Australia y en el mundo. En Australia, es de entre el 31 y el 37% para las eólicas en los estados con mejores vientos (South Australia y Tasmania). Es decir, un 69 y un 63% del tiempo, el “downtime”, allí zafan quemando carbono fósil. Y el resto del tiempo, el «uptime», cuando hay viento y las eólicas entregan potencia a una red que la pide, hay que tener una cantidad X de plantas de carbón en «parada caliente», contaminando al cuete.
¿Y qué tal la solar? En los estados más desérticos, North Australia y West Australia, hay territorios inmensos donde el sol derrama entre 22 y 24 Megajoules/m2 de terreno, una ferocidad de iluminación como sólo la tienen Egipto y Arabia Saudita cerca del Mar Rojo, o nosotros en la Puna de Atacama. Con alta heliofanía (en cristiano, cielo casi sin nubes), en el 70% de Australia el sol es predecible: horrores de potencia al mediodía, poca en los crepúsculos, nada de noche. Y aunque el factor de disponibilidad de las instalaciones fotovoltaicas en Australia andan por el 27%, la curva de potencia que generan copia bien los picos de demanda diurna de las ciudades.
La electricidad fotovoltaica australiana en rampa. Pero por ahora, hay más producción en los techos de los domicilios que en grandes parques.
Única excepción, ese extra crepuscular de consumo cuando el laburante tipo vuelve a su casa y prende, desesperado, el aire acondicionado. Y la TV. Y destapa una cerveza y carga un “six pack” en la heladera. Pero en 2 millones de hogares australianos, ese esforzado trabajador tiene un equipo fotovoltaico en su techo y gracias al medidor de doble vía, su casa estuvo vendiéndole electricidad a la red, más que comprando. Si le colaron marca berreta, en lugar de 25 años le va a durar 4 o 5, pero no paga transporte de electricidad.
Por el contrario, las tierras más recontrafritas por el sol en Australia están lejos de todo centro de consumo. O más bien, lejos de todo. Ése es un país de 7.692 millones de km2 (caben casi 3 Argentinas), pero con apenas 25,5 millones de habitantes, mayormente en la zona templada y húmeda de la costa Sudeste. Sin embargo ese desaforado y vacío país tiene la demanda eléctrica de uno de los mayores Productos Brutos Internos del mundo (puesto número 14).
Hacer entrar esas tierras del Outback “en línea” costaría un infierno en tirar líneas de alta tensión (LATs) para conectar los desiertos con la Australia poblada e industrial. Olvídese de la instalación de los propios parques fotovoltaicos, sería casi una nota al pie. Las LATs son caras, y su longitud y el calor multiplican su resistencia e ineficiencia. Es el gigantismo del recurso y del continente, en este caso, lo que oculta la difícil disponibilidad del sol. De todos modos, con parte del mundo en rebelión contra los combustibles fósiles, más temprano que tarde, eso se hará.
En 2017, cuando a Australia volvió, matando, la sequía, la matriz energética era ésta. Seguramente hoy tiene más renovables, pero no mucho menos carbón.
Pese al “boom” de renovables, a la hora de medir producción anual, los Aussies estaban en el 15%, con un dominio relativo de hidroelectricidad, una tajada ya casi equivalente de eólica, un casi 21% de fotovoltaica doméstica trepada a casi 2 millones de tejados, pero apenas un 2% de fotovoltaica industrial, en parques de gran escala. Y como detalle no menor, un 9,3% de biomasa, todavía subdesarrollada pero con la promesa de dar potencia de base.
Hay un posible «game changer» en el horizonte: baterías capaces de almacenar a bajo costo los excesos de producción eléctrica del viento o del sol cuando la red no pide potencia. Y no me refiero a las baterías gigantes recargables de iones de litio que produce Elon Musk, sino a una tecnología nueva y disruptiva: la basada en el bromuro de zinc. En una primera etapa, este tipo de baterías eran de solución líquida circulante, y más parecidas a plantas de galvanoplastía que a las pilas secas o a las baterías de auto que Ud. y yo conocemos. Prometen transformar las fuentes intermitentes en firmes, son baratas y de una densidad energética interesante.
Por aproximadamente U$ 10.000, cada australiano con fotovoltaicas en su tejado podría hacer funcionar su casa en forma casi autónoma de la red, usando de noche la electricidad acumulada durante el día, y vendiéndole los excedentes al NEM. Esto transformaría a los enormes suburbios australianos no sólo en generadores sino en acumuladores de electricidad a escala nacional. Los operadores de las tres redes de Australia verían la autogeneración distribuida no como un problemón de inestabilidad, sino como un sistema de generación de respaldo, es decir una solución.
Ya hay 2 proveedores estadounidenses, 2 chinos y 1 australiano de este tipo de baterías. Pero la verdadera revolución en almacenamiento podría darla una derivación compactada de la tecnología de bromuro de zinc. La patentó Thomas Maschmeyer, nanotecnólogo de la University of Sydney. Es la batería de gel, que se puede incluso incorporar en las paredes de los edificios, como parte de la estructura.
Si todo esto del bromuro de zinc llega a tener sentido económico, Australia le va a cambiar la vida al mundo, y le va a quitar la mala fama de «apagoneras» e hipersubsidiadas que tienen las renovables en el mundillo energético. Si es solo «hype», sería una lástima, pero ahí es donde entramos a tallar nosotros. Porque el CAREM está pensado para dar potencia de base, y a un precio nivelado de alrededor de U$ 60 el MW/hora, competitivo con lo que le pongan delante: viento, sol, agua, lo que sea. Y durante 60 años.
Si se miran las cosas desde la disponibilidad de agua potable, lo que surge de los gráficos de 2017 no es que haya que detener el furibundo despliegue de renovables, nada de eso. Lo obvio es que hay que darle el raje de una vez al carbón y sustituirlo por otra fuente de base, como nueva fuente de respaldo de las intermitentes. Con máquinas seguras, libres de emisiones invernadero, producidas en serie, transportables en tren o camión, instalables por módulos para seguir la demanda, con 60 años de vida útil y un factor de capacidad mayor del 90%.
I rest my case, your Honour”, como dicen los abogados gringos a los jueces en las películas: unas cuantas plantas CAREM a Australia le vendrían como anillo al dedo. Que el jurado decida.
En realidad, creo que antes venderemos el CAREM en Malasia o Indonesia. Pero como Ud. sospecha hace rato, dados algunos parecidos físicos y demográficos entre Australia y Argentina, este texto en realidad está dirigido a nosotros mismos.
Construyamos de una vez el CAREM, invitemos al mundo a conocer el prototipo de 32 MW, y tratemos de llegar rápido a un modelo comercial, preferiblemente ligado a una planta de desalinización. No preveo problemas de “siting”: somos un país seco, y cada vez más. ¿Qué gobernador, qué intendente se niegan a un vaso de agua? La ósmosis inversa es cara para cualquier ciudad, pero no tanto como la sed.
Y a meterle pata, que con EEUU, Canadá y el Reino Unido con proyectos parecidos (evité decir “copiados”), hay nuevos competidores. Y son mucho más peligrosos que el antinuclearismo bobo, el de los Aussies o el de por aquí nomás.
El ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, anunció ayer martes que el Estado nacional se hará cargo de la gestión de cinco corredores viales que estaban concesionados, para “poner en marcha un modelo que dé prioridad al interés público sobre el privado y mantenga en buen estado las rutas”.
Son 3238 kilómetros en cinco corredores viales, que están en situación de deterioro y cuyas concesionarias registran incumplimientos en sus obligaciones. Serán transferidos a Vialidad Nacional uno por mes hasta el 1° de junio.
Katopodis hizo los anuncios en la Casa Rosada junto al Director Nacional de Vialidad, Gustavo Arrieta, y el presidente de Corredores Viales, Gonzalo Atanasof.
El ministro explicó que en los últimos cuatro años, estos concesionarios recibieron $ 18 mil millones -$ 5.800 millones en 2019- que no se han visto reflejados en obras. Informó que se encargó una serie de auditorias “para ver en qué se usaron estos subsidios”.
Según informaron, estos corredores viales «presentan alta siniestralidad vial, mínima conservación de las calzadas, ahuellamientos en distintas trazas, déficit en la demarcación horizontal, fallas en las luminarias, deficiencias en la señalización de pasarelas peatonales y refugios».
“Nos hemos encontrado con un Ministerio que es un verdadero desquicio. Estamos juntando los pedazos. Las auditorias de la Sigen han determinado que de 4500 kilómetros de rutas seguras se habían hecho solo 6. Esto da cuenta del resultado de los incumplimientos de la gestión pasada”. Katopodis también declaró que al inicio de su gestión se encontró “que habían dinamitado casi $ 35 mil millones de deuda y que el 60% de las obras estaban paralizadas”.
En AgendAR queremos recordar que, a principios de la década del ´90 -cuando comenzó la privatización de las autopistas (un comentario en ese tiempo era que «la 1° obra eran las casillas de peaje«)- Vialidad Nacional, junto a Gas del Estado, eran dos reparticiones estatales que más conservaban eficiencia y orgullo de equipo. Es de esperar que ahora esté a la altura del desafío.
Los corredores viales a gestionar por Vialidad:
El primer Corredor Vial que ya está bajo gestión estatal -a partir del 1° de febrero – es el n°3, que en su recorrido conecta ciudades como La Banda, Santiago del Estero, Termas de Río Hondo, San Miguel de Tucumán, Rosario de la Frontera, Salta, San Salvador de Jujuy y San Pedro.
Tiene una extensión de 797,83 km y está conformado por los tramos de la Ruta Nacional (RN) N° 34, desde el límite Santa Fe –Santiago del Estero Km 398 hasta la Banda, Santiago del Estero, en el Km 725,11; la RN N° 9 desde el empalme con la RN N° 64 Santiago del Estero Km 1139,68 hasta San Miguel de Tucumán Km 1289; la RN N° 9 desde San Miguel de Tucumán Km 1300 hasta el empalme con la RN N° 34 Torzalito – Salta Km 1554,89; y desde el empalme con RN N° 9 Torzalito –Salta Km 1130 hasta el acceso a San Pedro de Jujuy Km 1196,51.
Además, durante este año se sumarán el Corredor Vial N° 2, ubicado en la provincia de Buenos Aires, a partir del 1° de marzo; el Corredor Vial N° 6, que atraviesa las jurisdicciones de Misiones, Corrientes y Chaco, a partir del 1° de abril; el Corredor Vial N° 8, que recorre San Luis, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires, a partir del 1° de mayo; y el Corredor Vial N° 4, que pasa por Córdoba y Santa Fe, a partir del 1° de junio.
Anteayer, el lunes 3/2, fue la primer etapa del proceso electoral que definirá las candidaturas presidenciales en los Estados Unidos. El «caucus» en Iowa. Y 36 horas después del cierre, todavía están contando los votos en el Partido Demócrata. Manualmente.
Sucede que las autoridades del partido en el estado decidieron contratar una app móvil para tener los resultados más rápido. Los «caucus» son una institución tradicional del sistema partidario norteamericano que se conserva en varios estados. Se puede describir como asambleas de los afiliados a cada partido que se reúnen en cada localidad y votan por el candidato que prefieren; en algunos lugares en forma oral, en otros con boletas. La idea era que un mecanismo informático iba a simplificar el trabajo de contar los votos.
Los dirigentes del estado niegan terminantemente que haya habido un «hackeo»; dicen que se produjeron «incongruencias» en los resultados. La gente mal pensada se pregunta si el hecho que el ex vicepresidente (de Obama) Joe Biden parece haber estado ahí muy por debajo de las expectativas, haya tenido algo que ver. Biden es el favorito de la dirigencia demócrata.
Pero son Pete Buttigieg, un joven (38) político de Indiana de perfil transgresor y muy apoyado por las empresas tecnológicas, y Bernie Sanders, el veterano (78) senador de Vermont, autoproclamado socialista, quienes encabezan el escrutinio, hasta ahora. Las encuestas le daban una buena chance a Sandres, pero lo de Buttigieg ha sido una sorpresa para todos.
Con los datos del 62% de los distritos electorales disponibles, el tercero en las encuestas, Buttigieg, se erigía vencedor (con el 26,99% de los delegados), seguido de cerca por el favorito, Sanders (25,1%). Los separan cuatro décadas y muchas ideas (Buttigieg se enmarca en el lado moderado del espectro demócrata, Sanders, bien a la izquierda del partido), pero ambos comparten un perfil atípico, outsiders en los códigos de la política tradicional «yanqui».
El Partido Demócrata busca al hombre o mujer con quien superar el trauma de 2016, cuando una candidata de manual, Hillary Clinton, cayó derrotada frente a uno que parecía un imposible, un chiste habitual en los programas de humor. El país ha cambiado en estos cuatro años. La «grieta» es tan feroz como acá, o más. La presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, rompió públicamente el texto del discurso de Trump ante el Congreso.
En 2016, Donald Trump y Bernie Sanders eran, pese a las abismales diferencias en ideas y estilo, dos heterodoxos que habían llegado para sacudir la política estadounidense. Hoy, uno se sienta en el Despacho Oval y el otro ha pasado de moverse en los márgenes ideológicos del partido a representar una corriente central y situarse a la cabeza en varias encuestas.
Tampoco Buttigieg es una criatura de Washington. Se presentó a las primarias sin más experiencia en la Administración que ocho años de alcaldía de una ciudad de 100.000 habitantes, South Bend (Indiana). Si ganase, sería el primer presidente millenial, también el primero abiertamente homosexual. Forjado políticamente en un territorio eminentemente conservador, es religioso, ex militar y muy culto, con un discurso de aire obamaniano que habla de unificar el país, de lograr una gran coalición de votantes. Sanders es el viejo luchador de la izquierda, un independiente que hace cuatro años empezó a sacudir los cimientos del partido demócrata, al enfrentarse con fuerza a Hillary Clinton, y ahora espera dar el golpe definitivo al tablero político.
Los resultados, de consolidarse con el 100% del recuento, revelan el hambre de cambio del partido y son preocupantes para las expectativas de Joe Biden, el vicepresidente de la era Obama, que encarna la apuesta continuista y se ha situado cuarto, aunque sigue liderando los sondeos de ámbito nacional. La progresista senadora Elizabeth Warren quedaría tercera con un 18%.
En cualquier caso, Iowa no decide la nominación. Sólo elige a 41 de los 1.991 delegados necesarios para ganarla. Es un estado pequeño, blanco y rural, y es el primero en celebrar las primarias de ambos partidos por tradición (una que después del papelón del lunes va a ser cuestionada). Pero es el primer resultado, y todos son influenciados, quieran o no, por esos votos que todavía se están contando. A mano.
Tras largos días de una tensa negociación, y que se corriera un par de veces el plazo, la propuesta del gobernador Kicillof de postergar el pago del capital d del bono BP21 -250 millones de dólares- no consiguió la necesaria aceptación del 75% de los bonistas.
De acuerdo a una versión recogida por todos los medios, fue el fondo de inversión Fidelity, en poder del 16,43% de esos bonos, quien impidió el acuerdo. La posición dura de ese fondo está confirmada -el mismo Kicillof aludió a que pretendía cobrar el total, y sólo aceptaba hacerlo en un par de pagos mensuales. Pero finalmente no fue el único obstáculo.
Frente a la alternativa del default, y habiendo tensado la cuerda hasta el límite, el gobernador decidió -en AgendAR entendemos que correctamente- que ese era el desenlace más perjudicial para la provincia. Y decidió pagar capital e intereses con los recursos fiscales de la provincia y una colocación de letras por 10 mil millones de pesos en el mercado doméstico.
La decisión fue bien recibida por los «mercados»: bajó el riesgo país. Es evidente que el temor a un default bonaerense había sido real, y sin duda acentuaba el temor por la situación de la deuda nacional.
El gobernador anunció que planteará una reestructuración del total la deuda en moneda extranjera de la provincia. Esto será un proceso lento, y aunque distinto del que lleva adelante el ministro Guzmán, sus desarrollos estarán muy vinculados.
En un Especial de AgendAR ¿Qué hacer con ARSAT? (con nuevas autoridades), aplaudimos la gigantesca tarea de conectar por fibra óptica el extenso territorio argentino. Pero también preguntamos por los satélites geoestacionarios que una ley nacional, y el desarrollo de las capacidades argentinas, disponía seguir construyendo.
Hoy ARSAT, e INVAP, nos están dando la respuesta. Gracias.
ARSAT RETOMA EL DESARROLLO DE SU TERCER SATÉLITE En la Estación Terrena de Benavidez junto a la Lic. @micasmalcolm y el Lic. @martinolmosok, se realizó la primera reunión de trabajo con @invapargentina, para retomar el desarrollo del 3° satélite geoestacionario de comunicaciones. pic.twitter.com/kgLJE9ATAD
Vale la pena repasar los parecidos y las diferencias entre Argentina y Australia. Su territorio continental es casi tres veces más extenso y su población es bastante menor (25 millones de aussies contra 44 de nosotros). Una economía más próspera que la nuestra, con muy bajo desempleo. Pero no los envidiemos (demasiado). Como gran exportador de materias primas, también le ha resultado difícil desarrollar una base industrial avanzada. Y ahora tiene muy graves problemas ambientales, de los que los incendios que ustedes leyeron fueron solamente un agravante. Son mucho más serios que los nuestros (todavía). En este artículo, Daniel Arias hace una descripción técnica y angustiante. Pero también indica lo que podría ofrecer Argentina para ayudarlos a enfrentar su problema más agudo. Y, de paso, beneficiarnos nosotros.
AUSTRALIA SE SECA. ¿PODEMOS MOJAR?
El
smog oculta la Opera de Sydney. Cuando baje la ceniza por los ríos, la ciudad
se queda sin agua.
Alerta, argentos: la Secretaría de Energía dio prioridad al proyecto de central nuclear modular compacta CAREM y se abren posibilidades. Destaco un cliente dificilísimo pero no imposible: ese país al cual en 2000 le vendimos –casi contra su voluntad (ver aquí)- un reactor nuclear que hoy es la joya entre sus pares en el mundo. Con todo derecho, Australia lo bautizó OPAL (la piedra semipreciosa emblemática nacional) porque entre otras cosas le está permitiendo apropiarse del 40% del mercado mundial de radioisótopos médicos.
Nuestra nueva oferta sería bien distinta: Australia necesita fierros nucleoeléctricos como el CAREM comercial de entre 120 y 480 MW, todavía en ingeniería preliminar. Serán aparatos comerciales de potencia mayor que la del prototipo de 32 MW cuya construcción se reanudó en Lima, provincia de Buenos Aires. Lo bueno (para nosotros) es que los australianos necesitarán bastantes, y no para volverse ricos sino sencillamente para tener agua potable. Lo malo (también para nosotros) es que aún no lo saben.
Y los australianos, antinucleares viscerales como son, no va a ser fácil que lo entiendan. Tampoco es imposible que lo descubran: la naturaleza está de nuestro lado, y fija las velocidades. Si debido a las cenizas a punto de bajar por las cuencas hídricas el acceso a agua potable en Sydney bajara de los actuales 315 litros/día/persona a cifras israelíes (los 137 litros/día/persona) o menores, los tipos tendrán que repreguntarse algunas certezas.
Que Australia se seca e incendia no es noticia: lo viene haciendo de a poco desde hace 15 millones de años. Pero en los últimos 30 años el calentamiento global abatió la media pluvial del país de 460 a 277 mm/año: en Argentina sería como saltar desde Santa Rosa, La Pampa a los llanos de La Rioja en una generación. Y lo de ellos parece más tendencia que episodio.
El SE de Australia orilla en latitud los “roaring fourties”, el límite norte del Vórtice Antártico, esa fábrica de tormentas de los océanos y mares australes. El Vórtice irrumpe con tempestuosos frentes fríos, pero ya lleva tres inviernos sin suceder, informa la climatóloga Nerilie Abram en Scientific American el 31 de diciembre de 2019.
La otra fábrica confiable de lluvias de Australia son los monzones de verano que riegan el NE continental, y también acumulan tres “ausentes sin aviso”. Las lluvias anuales –sigue Abram- vienen un 20% a la baja en el Oeste del país desde los ’70, y desde los ’90, hay un 11% en descenso en la “Australia Verde”, la vivible, la de los estados sudorientales de New South Wales, Victoria, el Capital Territory y South Australia.
Entre 1996 y 2010, los australianos transitaron una seca que, acaso esperanzadamente, bautizaron “La del Milenio”. En 2017 ya se iban olvidando de ella cuando el cielo se secó de un modo más feroz, y continúa. O están –seamos optimistas- ante otra “Seca del Milenio”, o este milenio –no seamos optimistas- viene mucho más seco que los 15.000 milenios anteriores.
El calentamiento global está disparando cada vez más coincidencias de fase positiva de dos oscilaciones independientes que deciden el clima continental. Lo explica la climatóloga Ágata Imielska, del Australian Bureau of Meteorology, en este video sobre el Dipolo del Océano Índico, (IOD) y el Dipolo Anular Austral (SAM, por sus siglas en inglés). Sí, su sospecha es correcta: el IOD es casi una copia local de nuestra némesis sudaca, los ciclos “Niño-Niña”, otro dipolo.
Con ambos dipolos asiáticos trabados en fase positiva, la temporada de incendios se volvió algo jamás visto. En diciembre, trabajar en las calles de Sydney ya equivalía a fumarse un paquete diario, por el humo.
Citado por Science Times, enero de 2020, dice Ross Bradstock, director del Centro para el Manejo de Riesgo Ambiental de la Universidad de Wollongong, en New South Wales: “Lo que estamos viendo en Australia… son fuegos que empatan o superan la magnitud de cosas que sólo vimos en los bosques más remotos del mundo”. Bradstock alude a los incendios masivos de la taiga siberiana, el bosque costero californiano y la selva amazónica durante 2019. Añade que hace tiempo que en su país se predicen temporadas de fuego peores y más largas, pero en esas proyecciones la devastación actual debería suceder dentro de 40 o 50 años, no ahora.
“La severidad de la seca actual causó la muerte de amplias fajas de vegetación, lo que desató estos incendios locos en lugares que normalmente no deberían arder”, concuerda Abrams, en referencia a las selvas y manglares regados por monzones de verano que faltaron a la cita, los de de Queensland y North Australia. Jamás se habían incendiado antes.
El área boscosa australiana que ardió este verano supera la suma de las superficies quemadas en la taiga rusa, las masas forestales ardidas en California, y además las del Amazonas brasileño en 2019. En Australia ya suman 8 millones de hectáreas destruidas, y el baile sigue.
Esto amenaza de contaminación persistente por ceniza los “catchments”, las laboriosas cadenas de embalses que los australianos vienen entretejiendo desde hace un siglo en las alturas de la Cordillera Transversal. Lo hicieron para recoger la escorrentía de sus cuencas hidrográficas. Esa gastada cadena de sierras y mesetas, cuyo pico máximo rasca apenas los 2200 metros, es el único activo geológico australiano capaz de generar lluvias orográficas por enfriamiento, y hasta algo de nieve.
Warragamba, el embalse que da agua a Sydney, con los fondos al aire, seco a grado caminable.
En ese continente chato como un billar, los “catchments” montañeses son las únicas fuentes fijas de agua pluvial para Brisbane, Newcastle, Gold Coast, Bourke, Sydney, Wollongong, Canberra, Traralgon, Melbourne, Goetong, Mount Gambler, Port Augusta y Adelaide y siguen las firmas. Son las ciudades donde se amucha casi el 70% de la población del continente.
Por dar como ejemplo a Sydney, la mayor ciudad del país, Stuart Khan, ingeniero en procesamiento de agua de la University of New South Wales, explicó a Nat Geo que ya ardió del 80 al 90% del bosque que rodeaba el embalse de Warragamba. Éste, en los últimos 3 años, perdió además el 60% de su agua. Atención: es la fuente de 4 de los 5 millones de “Sydneysiders”. Hoy parte de ese profundo lago es caminable por los fondos. Por ende, y debido al ingreso de cenizas al agua, la materia prima que ahora le queda para potabilizar a la ciudad no sólo es poca. También es mala.
¿Tan mala? La ceniza está llena de nitratos y fosfatos fertilizantes. Si llueve (y algo llovió), va a bajar por arroyos hace 3 años secos. En los lagos, hará explotar la zona iluminada con cianobacterias, organismos fotosintéticos unicelulares muy primitivos, entre cuyas muchas especies hay 20 reputadamente toxicas. Para muestra, unos peces en la cuenca del Murray-Darling.
Tribulaciones de las percas en cuencas incendiadas: el agua se intoxica de cianobacterias, que consumen el oxígeno del agua. Mueren asfixiadas.
Por otra parte, el hollín de los incendios forestales está lleno de HAPs, (Hidrocarburos Aromáticos Policíclicos): son cancerígenos y liposolubles: se acumulan en las grasas del consumidor. Y como remate, el suelo, desnudado por “tormentas de fuego” (superan los 1000º C de temperatura a nivel de las raíces), ya no tiene flora superficial alguna, ni siquiera bacteriana.
Así las cosas, la lluvia lixiviará fácilmente de las rocas y la tierra de dos de sus metales pesados más solubles: el hierro y el manganeso: ennegrecen el agua y le dan un regusto terroso. Pero como las cianobacterias de yapa habrán acidificado los embalses, los fondos lacustres lixiviarán también también mercurio, que entra lentamente a las cadenas tróficas como metilmercurio, mucho más tóxico.
Las cianobacterias Ud. las precipita con floculantes, pero le confieren al agua un insondable olor a podrido. Las sales de hierro, las de manganeso, el metilmercurio, las cianotoxinas y los HAPs son una sopa del demonio, muy difícilmente manejable en un proceso de potabilización común como el de las plantas entre “catchments” y las ciudades. Fueron construídas mayormente el siglo pasado, cuando nadie preveía estas quemazones bíblicas.
Los australianos anticipan malos tragos (en todo sentido). Ya lidiaron décadas con otras cenizas geográficamente acotadas a 18 lugares del país, pero tóxicas a rabiar: las dunas de escorias generadas durante un siglo y medio por las centrales termoeléctricas de carbón. De ese combustible los australianos quieren prescindir, o eso dicen. Creemos que podríamos darles una ayudita, pero deben seguir leyendo.
La ceniza de sus difuntos bosques hoy deja a las ciudades del SE entre la espada y la pared. Si sigue sin llover, faltará agua, y si llueve, especialmente si llueve mucho, la que tendrán será intomable. ¿Por cuánto tiempo? Ross Thompson, ecólogo de la University of Australia en Canberra especializado en aguas dulces interiores, cree que los “catchments” volverán a la normalidad… en una década. Eso suponiendo que no sucedan nuevas secas ni incendios, lo que –vistas las tendencias climáticas- es difícil.
Ante lo cual o bien los Aussies intercalan instalaciones de ósmosis inversa (OI) entre las plantas de tratamiento convencional y las redes de distribución urbana, o construyen otras aún más grandotas y potentes para desalinizar agua de mar en la costa. Tal vez deban hacer ambas cosas.
La ósmosis inversa (OI) pasa por comprimir agua a cifras muy altas (de 30 a 70 atmósferas) forzándola a fluir a través de membranas de tres capas enrolladas dentro de grandes baterías de tubos de acero. La que atrapa hasta los mínimos iones sodio y cloruro pero deja pasar moléculas de agua es la membrana interna, de poliamida de 25 micrones de espesor: a simple vista parece tan permeable como el vidrio. Y a bajas presiones, lo es.
Pero las presiones en las plantas de OI son de altas a muy altas, según la materia prima y según el producto deseado. Como las bombas presurizadoras devoran electricidad, máxime si el objetivo es agua potable, el país enfrenta un futuro energética y políticamente complicado: de aquí a dos décadas literalmente tendrá que beber electricidad, agua de mar y bastante pis (sic).
El concepto queda bien ilustrado con el siguiente video sobre la unidad de reciclado de aguas servidas de Sydney, llamada St. Mary’s. Ésta se alimenta de 58 millones de litros de aguas negras y da 50 millones de litros/día de producto final aceptable: es fisiológica y infectológicamente inocuo, aunque nadie dijo barato.
Debido al llamado “yuck factor” (“efecto asquito” en el público), St. Mary’s se abstiene de darle unos “saques” adicionales de OI que lleven el producto a potable, para luego distribuirlo a las canillas. Lejos de ello, St. Mary’s lo descarga al río Hawkesbury-Nepean, del cual Sydney Water extrae… sí, agua para volver a potabilizar (¿¿??). Bueno, es una decisión política, no técnica, pero muestra que en Sydney todavía hay agua y plata. Resulta contraintuitivo, pero en general sacar un producto bebible partiendo de aguas negras puede ser menos costoso que potabilizar agua marina. La tolerancia fisiológica humana ante la ingesta de agua salada es bajísima: es lo que suele matar de deshidratación a los náufragos.
El agua salada, por su parte, es físicamente más compleja de lo que pinta: la disociación de sal en aniones cloruro y cationes sodio, así como cloruro de hidrógeno e hidróxido de sodio, y la disociación del agua misma en radicales hidroxilo y protones, todo eso vuelve al agua salada un entrevero caótico pero estable de partículas eléctricamente cargadas que colisionan entre sí, o se disocian y asocian, y se rechazan y atraen. Es dificilísimo retrotraer ese caos al orden de sus componentes iniciales.
Hacerlo supone un trabajo energético feroz y sin final a la vista, si quiere llegar a un platito de sal seca por un lado y una jarra de agua purísima por otro. El objetivo límite de una planta como Kurnell, la desalinizadora que Sydney Water está reactivando de apuro, lo vota una mesa de sanitaristas, ingenieros y contadores: agua lo suficientemente bebible por un lado, salmueras hipertónicas a descartar por otro. Y a otra cosa. Y a qué precio. Esa planta de 45 hectáreas a lo sumo podrá proveer al 16% de los Sydneysiders (aclaración, no son un club de fútbol: simplemente los 5 millones de pobladores de la ciudad).
A dos semanas para que se abra la inscripción a la moratoria por deudas impositivas y de la seguridad social, que alcanzará a pymes, monotributistas y autónomos, la titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Mercedes Marcó del Pont, sostuvo que ese plan «no será un parche» -como consideró que fueron los programas de facilidades de pagos anteriores-, sino parte de una política más amplia: una estrategia tendiente a dar incentivos para que pueda haber más oferta de bienes y servicios en la economía.
«La moratoria se enmarca en una situación de crisis muy profunda del entramado productivo», afirmó el día en que fue publicada en el Boletín Oficial la reglamentación del plan aprobado por ley. Allí se contempla una condonación de multas e intereses y planes de pago de hasta 40, 60 o 120 cuotas para un monto de entre el 95% y el 100% de lo adeudado, dependiendo del tamaño del contribuyente y del mes en que se haga la adhesión.
La funcionaria anticipó que, por fuera de la moratoria, a mediados de este mes se lanzará un nuevo plan de pagos de deudas con el organismo, con condiciones más flexibles que las de los actuales y que incluirá a las grandes empresas. Y afirmó que puso un equipo a trabajar en un proyecto para aliviar el salto que implica pasar del monotributo al régimen impositivo general. El año pasado se había elaborado una iniciativa en ese sentido, pero finalmente no fue enviada al Congreso.
-Desde 2011 o 2012, cada vez que hubo mejoras resultaron repuntes temporales para volver a algún lugar donde ya habíamos estado, mientras que la economía no tiende a crecer a mediano plazo. ¿Por qué pensar que ahora puede haber algo distinto?
-Creo que hay una definición política que pone el eje en la producción y el trabajo. En los últimos cuatro años hubo un proyecto donde las condiciones para la rentabilidad no estaban en lo económico, sino básicamente en la timba financiera. El proceso de endeudamiento, valorización financiera y fuga ya se vivió en otras etapas de modelos neoliberales.
-¿Qué expectativas hay en cuanto al monto que ingresaría a la moratoria? [Cálculos de la AFIP indican que hay obligaciones impagas por $416.000 millones.]
-Es muy difícil estimar. Pero hay que pensar que si se seguía con la inercia se iba a generar un costo fiscal mayor, porque los incumplimientos podían llegar a ser mayores; hay que pensar el plan dentro de un contexto que busca generar crecimiento y más recaudación. Un aspecto relevante de la ley de solidaridad es el de recomponer parte de las distorsiones generadas por la reforma tributaria de 2017, que tuvo cambios regresivos, por ejemplo, en las contribuciones a la seguridad social y en Bienes Personales. De Bienes Personales se dice que recauda poco, pero en los últimos años hubo una falta de vocación de salir a captar recursos en los sectores de mayor capacidad. El blanqueo, por ejemplo, generó una base para hacer una tarea de seguimiento, de ampliación de la base imponible, y considero que eso se desaprovechó. Ahora volvemos a la tabla anterior de alícuotas de Bienes Personales y ponemos la alícuota especial para activos en el exterior, que tiene un sentido de incentivar la vuelta de parte de ellos.
-¿No se considera baja la base de 2 millones de pesos para empezar a tributar, teniendo en cuenta la inflación y la devaluación?
-No, porque nosotros hicimos un esquema de progresividad en las alícuotas. Se podría haber planteado subir la base, pero estamos en situación de emergencia económica y la ley de solidaridad pone ese punto en discusión con la sociedad: hay que hacer un esfuerzo compartido y la prioridad está en los sectores más débiles. A medida que la economía se ponga en funcionamiento vamos a poder revisar todo lo que sea necesario. Esta moratoria va a ayudar mucho y no va a ser un parche, sino que estará integrada a una serie de políticas para recuperar el crecimiento, dinamizar el mercado interno y tener un Banco Central que se ocupe de la economía real. Esta es una medida extraordinaria en un contexto fiscal muy complicado, que busca atender urgencias. Algunos sectores podrían demandar genuinamente y preguntar por qué a mí no, pero se están atendiendo prioridades.
-¿Cómo será el plan de facilidades de pago de deudas, por fuera de la moratoria, que incluirá a las grandes empresas?
-Lo estamos evaluando. En los planes que hubo hasta ahora la cuestión federal no aparece, y en realidad hay diferencias a nivel regional. Estamos tratando de avanzar en la definición de políticas para realidades distintas. Y trabajamos en el mix de cuotas y tasas de interés y en si habrá períodos de gracia o no. La diferencia con la moratoria es que no hay quita de intereses ni condonación de multas. Probablemente a mediados de este mes tengamos el plan listo.
-¿Cómo viene la recaudación del impuesto del 30% a las operaciones y a la compra de moneda extranjera?
-Al impuesto PAIS hay que pensarlo como un instrumento con un objetivo central y otros secundarios. Había quedado en evidencia el problema de la insuficiencia estructural de dólares; entonces el impuesto fue pensado con el objetivo de ahorro de divisas, con una contracara fiscal y una contracara virtuosa, que es el efecto reactivante que vemos en el turismo interno. En términos fiscales es temprano para conocer el efecto. El objetivo de este impuesto es cuidar los dólares, hay un control de cambios que ya había aplicado el gobierno anterior y luego aparece el encarecimiento del dólar turista y para atesoramiento.
-La administración de tipo de cambio basada en cupos de compra y un impuesto no parece ni está planteada como algo sostenible en el tiempo. ¿Cuál puede ser la salida de fondo?
-El desafío en un contexto de compromisos de deuda tan enormes es garantizar la estabilidad de la economía y la vuelta al crecimiento. En las cuestiones estructurales está lo que tiene que ver con la especialización productiva. En los últimos cuatro años se profundizó la enorme primarización y se está planteando el desafío de avanzar en políticas productivas que generen procesos de desarrollo tecnológico, sustitución virtuosa de importaciones e industrialización para la inserción en el mundo.
-En materia tributaria, una cuestión muy específica que se plantea hace años es la del diseño del monotributo y el salto que significa ir al régimen general cuando se pasan los límites; ¿hay algún proyecto sobre el tema?
-Tengo una comisión trabajando en el tema de monotributo, que fue creado como medio de inclusión y simplificación, pero que a lo largo del tiempo se ha ido transformando en lo que se denomina enanismo fiscal. Hay un salto muy grande al régimen general y estamos evaluando cuál es el puente que se puede generar. Con vocación por la formalización de gran parte del entramado productivo y comercial, trabajamos muy fuertemente con la tarjeta alimentaria, para que no solo haya efectos en el consumo, sino también para que eso pueda ser aprovechado por parte de los sectores comerciales más pequeños y, para eso, se necesita un programa de inducción y formalización, en el cual el monotributo tiene un rol muy relevante.