Como autoridad de aplicación de la ley, la secretaria de Energía asignó a la firma Enarsa la tarea de manejar y garantizar la continuidad de los servicios de Alicurá, El Chocón, Planicie Banderita y Piedra del Águila una vez que concluyan los contratos de concesión de esos activos hidroeléctricos, en agosto próximo.
La Secretaria de Energía de la Nación instruyó formalmente a la empresa estatal Energía Argentina Sociedad Anónima (Enarsa) a tomar el control de las represas hidroeléctricas del Comahue. La secretaria Flavia Royón encomendó a Agustín Gerez, gerente general de Enarsa, tomar el control de los complejos hidroeléctricos Alicurá, El Chocón y Planicie Banderita una vez que expiren sus concesiones, algo que sucederá el 11 de agosto de este año. La instrucción también contempla la toma de posesión de Piedra del Águila, cuyo contrato vence oportunamente el 29 de diciembre de 2023; es decir, en el arranque del mandato de las próximas autoridades nacionales. Hasta esa fecha Alicurá se mantendrá en manos de la firma norteamericana AES, mientras que El Chocón, Planicie Banderita y Piedra del Águila seguirán en poder de Enel, Orazul Energy y Central Puerto, respectivamente. En concreto, Royon le pidió al titular de Enarsa que «adopte las medidas necesarias para encontrarse en condiciones de asumir transitoriamente la actividad de generación de energía eléctrica ante la proximidad del vencimiento de las concesiones y a partir de la fecha del mismo, incluyendo, sin limitación, la eventual transferencia del personal y los contratos relacionados con dichas centrales». La secretaria de Energía puso el foco en la importancia estratégica que tiene para el país la generación hidráulica, sobre todo en el marco de la transición energética, concibiendo a esta fuente renovable como una de las más confiables y flexibles para dar rápida respuesta a las fluctuaciones de la demanda, aparte de resaltar sus bajos costos operativos. Según la nota, el Estado se encuentra obligado a implementar «las tareas necesarias para concretar la devolución de las concesiones hidroeléctricas», hecho que comprende una serie de aspectos políticos, jurídicos, económicos y técnicos.El humo de los incendios forestales cubre casi todo el norte de los Estados Unidos
Comentario de AgendAR:
Un fallido ChatBot que funciona con IA mostró los límites que todavía tiene esta tecnología
Muchas empresas han puesto asistentes “virtuales” para brindar ayuda automatizada y rápida
- Contar las calorías
- Realizar un déficit calórico de 500 a 1000 calorías diarias
- Pesarse y medirse semanalmente
- Tener como objetivo perder 400 a 800 gramos por semana
Diseño argentino de vehiculos no tripulados: Aire, tierra y agua

Usos y funciones
En efecto, Skua surgió como un producto con fines industriales y luego fue rediseñado ante la necesidad de CoCoAntar de un sistema terrestre no tripulado con un sistema electrónico capaz de resistir las condiciones climáticas del continente blanco. Además, los ingenieros y diseñadores industriales de la empresa están desarrollando un segundo vehículo llamado Mula, de mayor tamaño y con otras funciones, en especial de carga. La capacidad de esta tecnología de adaptarse a distintas funciones y necesidades llevó a la cartera que dirige Jorge Taiana a crear el Programa de Desarrollo de Sistemas No Tripulados para la Defensa. “El uso de estos sistemas ha ido acrecentándose en todo el mundo, tanto en la órbita civil como en la órbita militar”, asegura la secretaria de Investigación, Política Industrial y Producción para la Defensa, Daniela Castro. Según la funcionaria, “como todo sistema, utiliza una serie de tecnologías por lo que hay una cantidad de disciplinas involucradas en estos desarrollos en los que Argentina tiene capacidades que puede incrementar a partir de los proyectos con los que contamos”.Defensa
Castro añadió que los sistemas no tripulados están considerados dentro de la directiva de política de defensa actual, y que al momento hay 13 proyectos en análisis y desarrollo para tierra, aire y agua que cuentan con el financiamiento del Fondo Nacional de la Defensa (FoNDef). Además de brindar funciones específicas de vigilancia y control de espacios de jurisdicción nacional, reconocimiento y transporte de carga útiles, otro de los propósitos “es permitir el desarrollo y dominio nacional de ciertas tecnologías transversales y contribuir de esta manera a incrementar la soberanía nacional”, expresa el director de Normalización, Certificación y Nuevos Productos del Ministerio de Defensa, Federico Di Venanzio. Para ello “empezamos a elaborar un mapa de más de 4.000 proveedores de la Defensa, de los cuales 1.000 son de base industrial. Un número interesante del cual partir y poder programar un crecimiento de un sector a ser considerado dentro de la matriz productiva”, adelanta Castro.
Remotamente operados
Por su parte, el director del Instituto de Desarrollo Costero (IDC) de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, Javier Tolosano, explica que decidieron utilizar un Vehículo Remotamente Operado (ROV) de la empresa Pancora Robótica Submarina ante la necesidad de elaborar mapas de sensibilidad ambiental de áreas subacuáticas que requieren un mayor cuidado de conservación y medidas de mitigación rápida en caso de un derrame. Con el ROV, los investigadores pueden relevar profundidades a las que los buzos no pueden llegar o permanecer por mucho tiempo a causa de los efectos de la presión en el organismo. El relevamiento que realiza el IDC incluye además el análisis de recursos marinos, costeros, sitios arqueológicos y turísticos y forma parte de un convenio con la empresa Terminales Marítimas Patagónicas, Termap, encargada del transporte de hidrocarburos. “Cuando empezamos a hacer los mapas de sensibilidad ambiental, parte del financiamiento que obtuvimos para desarrollar esta actividad la destinamos a la compra de un ROV para complementar la actividad de los buzos”, comenta Tolosano.Submarinos
Por otro lado, el equipo también se usará para realizar el monitoreo y la línea de bases ambientales para un futuro proyecto de dragado a partir de un convenio con la Administración Portuaria de Comodoro Rivadavia: el ROV relevará los organismos bentónicos presentes en una zona de más de 50 metros de profundidad. “A futuro también tenemos planificadas otras tareas relacionadas con la prospección de zonas de congregación de centollas en épocas reproductivas y podríamos utilizarlo en algunos proyectos de acuicultura que están desarrollando investigadores del IDC”, amplia Tolosano.
ROV
El ingeniero detalla que dentro de esta familia se encuentran los ROV que son operados en forma remota por medio de un cable, como el que utiliza el IDC, y aquellos que cuentan con inteligencia artificial y sensores para tomar decisiones con lógica. “Estamos trabajando una línea que va hasta 100 metros de profundidad y otra hasta los 300”, menciona Nowakowski y añade que, a mayor profundidad, el desafío tecnológico para mantener la comunicación es más grande. Entre las distintas funciones que pueden tener estos vehículos subacuáticos, el ingeniero agrega el uso en la industria acuícola para el control de las jaulas y estudios de impacto ambiental del alimento que queda como resto en el lecho marino o lacustre que puede generar desequilibrios en el medio, al igual que el uso de antibióticos. “Los robots con sistemas aplicados a la industria son capaces de limitar y prevenir ese impacto ambiental”, señala Nowakowski. Finalmente, también se pueden utilizar para inspección de cascos de barcos y otras estructuras, e incluso con la tecnología adecuada, el control de la pesca ilegal.Con producción hidropónica cultivan vegetales frescos en la Antártida Argentina
- El agrónomo Jorge Birgi cosecha verduras en una base argentina para abastecer al personal.
- Hoy hay más de 400 plantas en módulos de producción hidropónica
Corría el año 2015 cuando el ingeniero agrónomo e investigador argentino Jorge Birgi recibió un correo electrónico con una pregunta que avivó su curiosidad: ¿es posible producir verduras en la Antártida? Tras ocho años de investigación y desarrollo, cuatro viajes al continente blanco y adversidades de todo tipo, dos de las trece bases que administra la Argentina cosecharon en 2022 la primera tanda de verduras de hoja, con el objetivo de abastecer al personal civil y militar. Hoy ya hay más de 400 plantas en módulos de producción hidropónica y ya proyectan incorporar nuevas especies.
Ni bien recibió el correo electrónico, Birgi (41 años, Santa Cruz) se puso a trabajar en el diseño de un módulo de producción, sin conocer al detalle las condiciones climáticas de la Antártida. Allí, en las bases más próximas al continente, los inviernos pueden azotar con temperaturas de 35 grados bajo cero.
Experto en desarrollos productivos en zonas áridas y semiáridas, el investigador del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y de la Universidad de la Patagonia Austral se volcó de lleno al proyecto. Primero, a través de pruebas en 3D. Luego, con viajes al territorio.
Ni bien publicó los primeros estudios de un módulo en 3D en Internet se despertó el interés del Comando Conjunto Antártico. “Me pidieron que viaje a la Antártida para ver cómo se vivía, cómo era el terreno y cuáles eran las condiciones”, recuerda Birgi. El investigador acaba de regresar al continente luego de una recorrida por las Bases Marambio – la más conocida y una de las más pobladas – y la Base Esperanza. En esos dos lugares fue donde se instalaron los módulos de producción hidropónica. Cada una de ellas tenía 240 plantas monitoreadas en tiempo real a distancia y administradas por el mismo personal que integra las campañas antárticas, que se renueva todos los años. Eso supone un desafío a la hora de capacitar y preparar a quienes gestionarán los cultivos a diario.
Tienes un e-mail, tienes una planta
El correo electrónico que dio origen al interés científico fue enviado por integrantes del equipo médico de la Base Carlini. “Querían saber si existía posibilidad de mejorar la dieta del personal, porque no tienen disponibilidad de verduras frescas todo el año, comen muchos enlatados, que tienen alto contenido de sodio”, explica Birgi, quien trabajó durante el desarrollo junto al vicecomodoro Federico Vasallo, del Comando Conjunto Antártico; y el suboficial César Ismael Araujo Prado, a cargo de la división de Prevención de Accidentes, Seguridad e Higiene y Ambiental.
Para 2019, Birgi ya había desarrollado diseños en 3D que habían sido validados en el terreno: era posible plantar verduras en la Antártida. Pero cuando todo parecía concretarse, la pandemia de coronavirus alteró los planes y los dilató dos años, debido a que las restricciones sanitarias impedían el acceso al continente blanco. En 2022, con la campaña de verano que abastece a todas las bases, se enviaron parte de los materiales. “Había que solicitar permisos, no está permitido hacer cualquier cosa, hay que respetar protocolos y nosotros elevamos los niveles de seguridad”, dice Birgi.
Antes de viajar, las semillas son sometidas a análisis en el laboratorio de fitopatología para determinar sus características y calidad. El traslado tampoco es sencillo: se deben embalar en frascos de doble fondo que viajan en cajones de alto impacto. “El desafío era darle forma a la mecánica de trabajo, los materiales voluminosos deben viajar en el rompehielos Almirante Irizar, que sale en diciembre y regresa en marzo y hasta el año siguiente no vuelve a partir. Si tenés que llevar algo grande, hay que esperar a la próxima campaña”, explica. “Cualquier demora nos obligaba a esperar un año más”.
El modelo de producción es posible debido a que no se utiliza tierra, sino que se realiza en un medio líquido, lo que permite acceder a cultivos en sitios donde hay suelo de mala calidad, disponibilidad escasa de agua o condiciones climáticas adversas. En el caso de la Antártida, se cumplen las tres condiciones. “A pesar de que está la mayor reserva de agua dulce, tener agua es difícil porque está todo congelado”, remarca el ingeniero.
Los tiempos de cultivo, además, son mucho menores. Durante la investigación, Birgi y su equipo proyectaban que habría cosechas cada 45 días, debido a que en las pruebas en el laboratorio en Santa Cruz el proceso duraba 64 días. “En las bases, un cultivo de lechuga demora 30 días”, ejemplifica, y aclara que es debido a que las plantas reciben luz y calor las 24 horas. “Las plantas hacen la fotosíntesis las 24 horas y, por ende, producen más”.
Pizza con rúcula y el desafío de la espinaca
El objetivo del proyecto es mejorar la alimentación del personal civil y militar de las bases mediante la producción de las especies de hoja, con métodos hidropónicos de interior. Hay países que tienen cultivos con una tecnología similar, aunque sólo destinados a investigación, como el proyecto Eden-ISS que se desarrolla en la base alemana Neumayer III.
Según Birgi, los módulos argentinos abastecen a entre 140 y 150 personas, que cada dos semanas pueden comer de forma escalonada ensaladas. “Por ahora tenemos acelga, perejil, rúcula – que es la estrella -, una variedad de lechuga verde y otra morada”, explica. En el corto plazo, se incorporarán albahaca morada, albahaca verde, espinaca y rabanitos. El ingeniero aclara que se podría producir, además, todo tipo de frutas y verduras. “Podríamos tener frutillas [fresas], tomates, pero antes se debe evaluar e investigar los cultivos”, remarca.
Birgi, que monitorea desde el continente día a día los cultivos, explica que las verduras plantadas allí tienen una mejor textura. “No tienen ningún elemento agresivo que las haga crecer de forma diferenciada, son plantas muy blandas, crocantes”, grafica, y cuenta que, desde la primera cosecha, todos los sábados en las bases argentinas se cena pizza casera con rúcula.
¿Un modelo para producir alimentos?
En medio de la crisis por efecto de la sequía que azota a la Argentina, sumado a las dificultades del país en el acceso al agua, la tierra y la energía eléctrica en las zonas más alejadas, Birgi cree que el cultivo hidropónico podría extenderse y ayudar no sólo a mejorar la calidad de los alimentos que se consumen, sino a ahorrar agua, reducir la contaminación y garantizar productos frescos en aquellas zonas que, por cuestiones climáticas, no se pueden cultivar de forma convencional.
Pero, además, el investigador apunta a que trascienda a las necesidades de la Antártida. “Se puede utilizar en cualquier lugar del país, desde escuelas rurales a comunidades muy alejadas”, se entusiasma, y dice que se puede cultivar cualquier fruta o verdura, con modificaciones según la variedad.
A Birgi le cuesta encontrar palabras para describir a la Antártida. “Hay glaciares, mares congelados y nieve, es un lugar hermoso donde se hace un trabajo muy sacrificado. Retrocede ocho años y recuerda el correo electrónico que lo llevó a plantar verduras en el lugar más extremo del planeta. “No sé cuál será el balance final, pero aplicando tecnología que permita producir localmente, podríamos ahorrar mucho. Es un sistema que no tiene límites, se puede hacer cualquier cosa”, concluye.
Ensayo clinico con un nuevo farmaco para el cancer que reemplazaria a terapias agresivas
En 2017, después de sufrir una crisis epiléptica, Alberto (nombre ficticio) recibió una noticia terrible. Ese año, en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, le diagnosticaron un tumor cerebral extraño al que sus médicos no sabían bien cómo enfrentarse. Indecisos, “decidieron no darme quimio ni radio y ver qué pasaba”, comenta. “Después –recuerda–, empecé a tener crisis convulsivas cada vez más frecuentes y decidieron operarme de nuevo”. Esa operación la realizó otro cirujano, que le ofreció extirparle el tumor completo. Tras la operación, perdió la movilidad del lado derecho de su cuerpo y debió comenzar una dura rehabilitación.
“Recuerdo sentirme perdido al ver que los médicos no sabían qué camino seguir. Eso me hizo buscarme por mi cuenta otro cirujano y acabé encontrando al doctor Sepúlveda”, dice. Juan Manuel Sepúlveda, coordinador de la Unidad de Neurooncología del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, se sorprendió al escuchar que no había recibido ni radioterapia ni quimioterapia, pero le contó que, en esta ocasión, la suerte había estado de su lado. Sepúlveda se encontraba en ese momento reclutando a pacientes para el ensayo Indigo, diseñado para probar un nuevo fármaco en pacientes que no habían recibido más tratamiento que la cirugía.
Los tumores como el de Alberto son los conocidos como gliomas de grado bajo, y fue un glioma de este tipo el que sufrió el conocido golfista Severiano Ballesteros, fallecido en 2011. Esos tumores se caracterizan por tener una mutación en los genes IDH 1 y 2. Esta alteración genética, hallada gracias a los proyectos de secuenciación masiva de los genomas de decenas de tipos de cáncer lanzada en 2008, cambia la actividad de dos enzimas esenciales en el funcionamiento del organismo, que siguen haciendo su tarea, pero empiezan a generar un metabolito tóxico que daña el ADN. Con el paso del tiempo, el daño se acumula y proliferan las mutaciones que azuzan el crecimiento del cáncer.
Cirugía y deterioro
Desde hace décadas, las personas con esta dolencia se someten a una cirugía para extirpar el mal y después reciben quimioterapia y radioterapia para controlarlo. Estos tumores no se curan con cirugía y suelen volver, aunque el regreso se puede retrasar hasta cinco años. Con la quimioterapia y la radioterapia era posible prolongar la vida entre 10 y 20 años, con buenas condiciones. Después, los daños de la radioterapia se empiezan a manifestar y aparecen problemas de memoria, desciende el rendimiento intelectual o resulta difícil caminar rápido. Normalmente, en 12 o 14 años los pacientes no pueden hacer una vida normal e independiente.
El descubrimiento de las mutaciones de IDH permitió desarrollar medicamentos dirigidos a inhibir la acción de esa enzima alterada que intoxica el cerebro. Según cuenta Sepúlveda, el vorasidenib, un medicamento con una especial capacidad para alcanzar el cerebro, se empezó a utilizar –como casi siempre sucede al principio con los medicamentos experimentales– en personas con enfermedad avanzada, “gliomas difusos que ya se habían tratado con quimioterapia y radioterapia, en algunos casos en varias ocasiones”. “Pero solo respondía entre el 30% y el 40% de los pacientes”, advierte.
Aquellas cifras hicieron pensar que el fármaco no servía, pero después se plantearon que quizá lo habían utilizado demasiado tarde, cuando la modificación en la expresión de los genes y la evolución de los clones del tumor habían descontrolado la situación y la inhibición de una enzima ya era inútil. “Entonces decidimos ir al principio”, explica Sepúlveda. “Hicimos un estudio para pacientes con glioma de grado 2 que habían sido operados, pero no habían recibido quimio ni radio”, apunta. Los resultados de aquel trabajo se acaban de presentar en el encuentro anual de la Sociedad Americana de Oncología Médica, en Chicago, y se publicaron en la revista New England Journal of Medicine.
El estudio Indigo, que incluyó 331 pacientes de todo el mundo, mostró que el fármaco, desarrollado por la farmacéutica Servier, incrementaba el tiempo en el que la enfermedad no progresaba tras la cirugía, desde los 11,1 meses cuando se recibía placebo hasta los 27,7 meses con vorasidenib. Dos años y medio después del comienzo del estudio, la enfermedad había progresado en un 28% de los participantes, frente al 54% de los que recibieron placebo. El principal autor del estudio, Ingo Mellinghoff, del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, contó en una presentación ante los medios de comunicación, que “los resultados ofrecen una oportunidad de cambiar los tratamientos de este tipo de gliomas con una nueva terapia dirigida”.
“De momento, podemos decir que retrasamos el contador 27 meses hasta el momento en que estas personas tienen que recibir tratamientos más agresivos con más secuelas a largo plazo”, relata Sepúlveda, que cree que “va a haber un grupo de muy largos sobrevivientes, porque es gente muy sensible a estos fármacos”. “Hay un paciente que empezó a tomarlo hace tres años, el tumor se redujo y no se ve, y no sabemos cuánto puede permanecer así”, ejemplifica.
“Esto abre la puerta a la medicina personalizada para estos pacientes. Esta enfermedad es rara, es un tipo de tumores muy poco frecuentes, y estos resultados dan esperanza para una enfermedad en la que había poca investigación”, opina Cristóbal Belda, ahora director del Instituto de Salud Carlos III y antes oncólogo especialista en tumores cerebrales. En su momento, trató a Ballesteros. “Es un avance excepcional”, afirma.
Seis años después de su diagnóstico y tras períodos horribles, en los que necesitaba una gran cantidad de medicación contra la epilepsia y ni siquiera podía salir a la calle o acudir a rehabilitación, Alberto vive con esperanza. “Ahora estamos bajando la medicación y sigo notando mejoría porque había perdido mucha capacidad física. No podía ni ponerme delante de la computadora, porque me daba un ataque epiléptico”, detalla Alberto, que antes trabajaba como ingeniero informático. “Ahora puedo salir de casa y caminar, que te parecerá una tontería, pero para mí es increíble, y he vuelto a una rehabilitación intensiva. Estoy muy contento”, resume.
Comentario de AgendAR:
Es un avance minúsculo y enorme a la vez, por lo que implica como posible cambio de paradigma clínico para gliomas de bajo grado. Si se logra convencer al mundo oncológico, el tratamiento debería empezar por este «mib» (un anticuerpo monoclonal murino), y seguir la vía normal de radioterapia, quimio y cirugía después de que el foco inicial vuelve a ponerse agresivo, y sólo si lo hace. Abre caminos en medicina personalizada: si detectás los dos genes defectuosos activos en un portador sano, silenciarlos antes de que logren generar cancerización. Imposible no preguntarse si algo de este nuevo paradigma podrá aplicarse a neuroblastoma multiforme, otro cáncer cerebral más común y letal.Daniel E. Arias
Trigo: nueva genética con potencial de rendimiento y tolerancia a la sequía
Una nueva tecnología llamada HB4 está siendo incorporada por los productores para cultivos de trigo. En la campaña pasada, se sembraron 50,000 hectáreas con estas variedades y se estima que para esta temporada se duplicará la superficie.
Este gran avance genético es un logro 100% argentino llevado a cabo por Bioceres y CONICET, liderado por la doctora Raquel Chan, docente de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Se trata de la única tecnología en el mundo que brinda tolerancia a la sequía para los cultivos de soja y trigo. Esto significa que permite aumentar la producción en situaciones de limitaciones hídricas, al mismo tiempo que se promueve un cuidado más riguroso del medio ambiente y los recursos naturales.
La novedad llega a los productores a través del programa de identidad preservada “Generación HB4″ con el que estos pueden acceder a la tecnología con dos beneficios comerciales: los insumos financiados a cosecha a tasa 0% y como los productores actúan como proveedores de servicios para la empresa, pueden facturar con IVA 21%.
Pero además en esta campaña 23/24, Bioceres sumará un nuevo canal de comercialización; un acuerdo para que los productores puedan adquirir la bolsa de semilla de primera multiplicación con el evento tecnológico HB4. El nuevo modelo permite diversificar y ampliar la propuesta de valor que la compañía ofrece para acceder a la tecnología.
Otra novedad para esta campaña es el lanzamiento de dos variedades de ciclo intermedio-largo con alto potencial de rendimiento. Un atributo que venía siendo especialmente solicitado por los productores en las últimas campañas. Iruya HB4 está recomendado para las regiones de Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y norte de Buenos Aires, mientras que Traful HB4 ha demostrado un excelente rendimiento en el sur de la provincia de Buenos Aires. Con estos nuevos materiales, Bioceres complementa su portafolio actual ofreciendo variedades adaptadas a diversos ambientes.
El rendimiento de esta nueva tecnología está comprobado por las pruebas realizadas durante 2022 y 2023. En los ensayos HB4 vs. no-HB4, se observó una diferencia promedio de rendimiento del 22% a favor de la tecnología desarrollada por Bioceres y CONICET en todos los ambientes evaluados.
En ambientes con rendimientos menores a 2,000 kg/ha, la diferencia promedio fue del 50% con una tasa de éxito del 100% a favor de HB4. En ambientes con rendimientos entre 2,000 kg/ha y 4,000 kg/ha, la diferencia promedio fue del 15% con una tasa de éxito del 80% a favor de HB4. Mientras que en ambientes con rendimientos superiores a 4,000 kg/ha, la diferencia promedio fue del 2% a favor de HB4.
Flavia Royón: «El año próximo se termina el déficit de la balanza energética»
Comentario de AgendAR:
No podemos dejar de señalar algo que nos llama la atención: que la Secretaria de Energía no haya mencionado -o los medios no hayan registrado- a la energía nuclear, que provee una parte no insignificante de la provisión eléctrica de nuestor país. Ni a la hidroelectricidad, a pesar que Economía ha anunciado que se ha obtenido que se obtendrá financiación para terminar dos grandes represas en Santa Cruz.Reparando Atucha II
Después viene la segunda tarea, sacar los trozos del separador. Para esto, bajarán por otro canal una herramienta “canasto” (que afectuosamente llaman “el camión de la basura”). Pasa por el orificio de 100 mm de diámetro y se despliega en el fondo. Una tercera herramienta, también diseñada ad hoc, toma los trozos cortados, y en varios viajes los deposita dentro del canasto.
Por último, hubo que desarrollar una mesa de trabajo. “Al cortar con electroerosión, se hace chispear un electrodo contra la pieza que uno quiere cortar –detalla Antúnez–. El electrodo es de un elemento muy conductor, para este caso hemos optado por el grafito. Entre el cuerpo a cortar y el electrodo se establece un campo oscilatorio de frecuencia relativamente baja. Como eso se acerca automáticamente, la gracia está en disponer de la electrónica necesaria para que cuando se percibe que la chispa está cortando, se mantenga subiendo y bajando el electrodo, bajándolo hasta que chispee y subiendo lo necesario para que no se corte el arco. La mesa de trabajo es para hacer eso. Entra plegada y se arma abajo, es una pieza de relojería también diseñada por nosotros”.
Por supuesto, además habrá que bajar cámaras que puedan funcionar adentro del reactor para visualizar toda la operación. A diferencia de las que se utilizaron durante la reparación de 1988, que duraban tres días y las lamparitas, que no resistían la radiación, las actuales soportan más de un mes.
NORA BÄR
Ya circula en La Plata el primer ómnibus propulsado por una baterías de litio del país
Este 5 de junio Día Mundial del Ambiente se puso en circulación del primer ómnibus a propulsión eléctrica con baterías de litio, desarrollado por Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y la Empresa Nueve de Julio.
El Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Daniel Filmus, participó del acto y remarco que el proyecto se financio a partir de un Aporte no Reembolsable Asociativo “Movilidad Eléctrica” de 49 millones de pesos otorgado por la Agencia I+D+i, que funciona bajo la órbita del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.





