Daniel Arias comenta la extensa nota de un medio Pakistani sobre la venta de los cazas JF-17 a nuestro pais.
Es interesante ver cómo nos ven en Pakistán, sitio de origen de al menos el 40% de los U$ 50 millones que nos costaría cada caza JF-17 Thunder. Es un avión mediocre pero nuevo, tirando a caro, y fundamentalmente dotado de una aviónica y un armamento que te los cuento. ¿Y cómo nos ven los pakistaníes? Con esperanzas -creo que erróneas- de que seamos el primer gran comprador externo de ese lindo avión. ¿Pero doce aviones nos hacen un gran comprador? ¿Qué se fumaron, tigres?Pocos o muchos, los JF-17 vienen a ser exactamente lo contrario de esos F-16 daneses que la generala Laura Richardson, jefa del Comando Sur del Pentágono, nos quiere meter como sea y por donde nos quepan: viejos, tirando a baratos, aunque con un diseño original excelente, y una aviónica y armamentos obsoletos.Por ahora la posición de AgendAR, amigos pakistaníes del Express Tribune, es que la Argentina necesita volver a diseñar y construir drones. Respecto de cazas de superioridad aérea, tan caros en todos lados, por el momento recomendamos a nuestros compatriotas esperar y ver si algo se nos pone a tiro en prestaciones, precio y fabricación nacional. Este gobierno está en eso, patear el problema para adelante, pero las presiones externas e internas se multiplican y el próximo presidente probablemente no quiera o pueda darse ese lujo: tanto el State Department como la cancillería china creen que comprarse 12 avioncitos, que en una guerra entre estados durarían algo menos de 12 horas, es un compromiso matrimonial. No lo es, y queremos decirle eso mismo a los colegas del Express Tribune de Pakistán. Preferimos mantener la neutralidad argentina, como lo hicieron -y con no poco trabajo- los presidentes Hipólito Yrigoyen y Juan Perón en las dos guerras mundiales del siglo XXI. Podemos o no comprar aviones, pero no una política exterior acompañante.
Queremos también decirles tres cosas más: cuando quieran saber qué cazas necesita la Argentina, no alcanza con preguntarle a un par de académicos en defensa con domicilio en el Reino Unido y a un par de jefes retirados de la Fuerza Aérea Pakistaní. Sería bueno que incluyan también algunos argentinos de ambos dos palos, y si tienen experiencia de vuelo y/o combate, mejor aún. Aquí podemos añadir mucho a su desconcierto, colegas.La segunda cosa: sus compatriotas aviadores son gente seria que no dice gansadas. Suele pasar con los que volaron en guerra. Pero ojo con los tanquistas, y me refiero a ese par de miembros de “Think Tanks” londinenses que Uds. eligieron, el Dr. Carlos Solar y el Dr. Lukas Fiala, tipos que aquí llamamos opinólogos. Colegas, estos muchachos, sin importar pasaporte, a veces no diferencian un caza de una empanada, ignoran enérgicamente la historia local a la que se refieren, y en ocasiones incurren en barbaridades conceptuales y técnicas. Carlos Solar sin duda se lleva las palmas cuando explica que para la Fuerza Aérea Argentina sería un gran problema no tener F-16 como sí los tiene la Fuerza Aérea Chilena, porque ambas perderían “inter-operabilidad” en su defensa del Cono Sur.Amigo (es un decir) Solar, los F-16 chilenos son poco inter-operables sin salir siquiera de su país: la de Chile es una flota formada por 2 modelos distintos de este avión, pero según fuentes de la Fábrica Argentina de Aviones, en realidad y mirando detalles, son 4 modelos. Lo cual constituye un problema de mantenimiento, porque en muchos casos sus componentes y repuestos no son muy intercambiables, lo que explica la baja disponibilidad de esa flota: raramente supera el 50%. Más sobre inter-operabilidad binacional. Mire, doctor Solar, desde que en 1978 estuvimos a horas de una guerra entre Chile y Argentina, desde que en 1982 el gobierno de Pinochet ayudó al Reino Unido con inteligencia, radares y bases operativas durante nuestra Guerra de Malvinas, no hay mucho “affectio societatis” militar entre nuestros dos países. Y lo hubo aún menos desde 2022, cuando el candidato José Kast, de la derecha pinochetista chilena, dijo públicamente que está dispuesto a ir a guerra contra Argentina por un territorio marino austral que el gobierno de Piñera decidió reclamar como propio, aunque lo hizo antes de perder la votación presidencial, y para no perderla. Aquí en Argentina esas cosas las tomamos en serio, y nos provocan una vocación de inter-operabilidad con Chile muy a la baja. En su avisado criterio, doctor Solar, desunidos como estamos con nuestros vecinos: ¿contra quiénes debemos operar conjuntamente? Ahora sólo falta que un nabo de un think-tank fundado en 1831 por el Duque de Wellington nos venga a elegir no sólo las armas, sino los adversarios. Hasta nuevo aviso, don Solar, nuestra única hipótesis de conflicto es con el Reino Unido. Se mantiene por la ocupación hostil de 11.410 km2 de las islas demasiado famosas, y 1,675 millones de km2 de mar costero de ésas y otras islas del Atlántico Sur, las Sandwich, Orcadas y Georgias. Y por supuesto, en nuestra hipótesis entran inevitablemente los aliados “de facto” y «de jure» del Reino Unido: Chile al Oeste, y la hoy extensísima OTAN al Noreste. En nuestro modo taimado de ver las cosas, siempre dijimos que el Reino Unido en las Malvinas es un mero testaferro de poderes mucho mayores. Mal le habría ido en guerra convencional (no nuclear) a Su Graciosa Majestad sin el apoyo de EEUU, que les suministró misiles aire-aire, logística e inteligencia mientras duraron los tiros. Mal también le habría ido sin la cobertura diplomática estadounidense luego de ellos. Sin Washington para cortar el bacalao en las Naciones Unidas y en el Organismo Internacional de Energía Atómica, el Reino Unido, que llevó armas antisubmarinas nucleares WE-177 a Malvinas, por si las moscas, habría sido expulsado como estado garante del Tratado de Tlatelolco. Y ni Argentina ni Brasil hubieran firmado el TNP, o Tratado de No Proliferación. El tratado de Tlatelolco, doctor Solar, impide no sólo el uso sino el ingreso y despliegue de armamento nuclear en América Latina y el Caribe.Supongo que lo que querría el Dr. Solar es que las aeronáuticas militares del Cono Sur fueran interoperables contra las armadas de Rusia y China. Mire, estimado, con Rusia no tenemos problemas. Con China hay un diferendo pesquero a resolver en el millón de km2 de la Zona Económica Exclusiva que nos quedó en la posguerra. Pero es un asunto mucho menor y más negociable que el entuerto territorial que mantenemos con Su Graciosa Majestad desde 1833. Doctor Solar, vaya a elegirle aliados, enemigos y equipamiento a Andorra o a Mongolia. Se nos ocurren otros lugares, pero somos gente educada.Me distraje, oh colegas del Express Tribune: prometí tres consejos y me atrasé con el tercero. Miren, es cosa de no ignorar la historia de nuestros países. Pakistán, nacido oficialmente en 1948, es un país relativamente nuevo. La Argentina no es demasiado más vieja, ya se tome como fecha de inicio independiente el año 1816 o 1852, el de la Constitución que nos sacó de la condición de rejunte de provincias y regiones y nos dio más empaque de país. Pero pese al carácter casi novedoso de nuestros países, algún recorrido conjunto hemos tenido. En Argentina hemos tenido una industria de defensa de la gran siete, antes de ser derrotados en Malvinas y entregarla al más estúpido abandono. Según nuestros antecedentes en construcción aeronáutica, que datan de 1927, deberíamos ser nosotros los que le ofrecen aviones argentinos a Pakistán. Es más, en 1951, cuando el Pulqui II hizo su espectacular debut público en el Aeroparque de Buenos Aires, Pakistán estuvo entre los primeros posibles clientes, y con un pedido nada chico: de 200 aviones. Otros dicen 100. Por favor, cotejen ese dato.Tenía su lógica: el país de Uds. nació prácticamente en guerra con la India, y en una situación de grave inferioridad en armamento. Y el Pulqui II en 1951 era ligeramente mejor que el MiG 15, el caza que parte de Extremo Oriente se apresuró a comprar. También fue marginalmente mejor que el Sabre F-86 que Uds. debieron comprar para enfrentar los Vampire y Gnat británicos de la India en los cielos sobre Lahore.El caso del Pulqui muestra las complejidades de desarrollar una tecnología de punta o de frontera tecnológica.Sobre cómo terminamos por no construir el Pulqui II y cómo (cosa mucho peor y más sórdida) se destruyó la planta de fabricación de turbinas Rolls Royce Derwent V y Nene II de Córdoba, aquí se ha escrito mucho. Podemos recomendarles bibliografía muy variada, con puntos de vista muy encontrados, y muy encendidos. Pero haciéndola corta, nos interesaría volver a construir turbinas, al principio bajo licencia: empezaríamos con casi 70 años de demora una carrera en la que en 1956 volvimos, por una decisión secreta del gobierno de la autodenominada Revolución Libertadora, al casillero cero. Sin esa decisión, en realidad sin aquel golpe de estado, es probable que Kurt Tank se hubiera quedado diseñando cazas en el Instituto Aerotécnico de Córdoba, en lugar de mudarse a la India para no caer preso. Y no es improbable que la Argentina se hubiera dotado de una fuerza de 100 o 200 Pulqui II, y en unos años habría podido hasta vender una partida de ellos a Pakistán. Uds. no eran los únicos interesados, ojo al piojo, y la construcción de cazas, incluso de primera generación, es incomparablemente más artesanal y lenta que la de automóviles. No nos habría dado el cuero para tanta gente haciendo cola. Es que había pedidos de fabricación de Pulquis bajo licencia por parte de Holanda, que había sobrevivido a la 2da Guerra, y con la fábrica Fokker demolida al ras, estaba sin aviones. También hubo un pedido secreto para fabricación bajo licencia por parte de la Lockheed de EEUU. Este fabricante no había podido diseñar un monomotor decente durante todo el conflicto, y tampoco para la guerra de Corea. Desatendimos a ambos posibles clientes estúpidamente, vaya a saber por qué mal consejo. El embajador Spruille Braden podría decirnos algo al respecto, si no estuviera tan muerto. Tal vez todavía tenga información el embajador Marc Stanley, indudablemente muy vivo.
Perspectiva rara del Pulqui, en una Imagen computada de Nicolás Ciancio. El canalizador único de flujo alar parece el del prototipo IV de 1953 pero la pintura de cola es la del V. La flecha alar es de 40º, pero la supera en 15º la de los timones de profundidad, que forman “T” sobre el enorme plano de deriva. La turbina radial RR Nene II, bocona como un barrilito, está bajo las escarapelas y explica el ancho del fuselaje. Aún así, el avión es tan liviano como el MiG-15, y de muy baja carga alar.Más allá de la fama de gran diseñador adquirida en la Alemania nazi por Tank, el Pulqui II, aunque bastante derivado de su interceptor Ta-183, era un caza interesante por sus adaptaciones a un país enorme, casi despoblado y con pocas pistas decentes: tenía un tren de aterrizaje brutalmente resistente, un fuselaje lo suficientemente ancho como para acomodar una turbina radial, y mucha autonomía: el quinto prototipo logró un alcance de 3000 km. en vuelo “ferry”. Esto le daba una capacidad de ataque a tierra o de escolta a distancia imposibles para interceptores puros como el MiG 15 o el F-86 Sabre. Fue posiblemente el único jet monomotor con una cierta capacidad multirrol de los años ’50, pese a que su motor no era ninguna maravilla. En plan de política-ficción, no habría sido imposible que los duelos aéreos sobre Lahore en la guerra de 1965 hubieran sido protagonizados por Sabres indios y Pulquis pakistaníes. Yendo a los bifes, como decimos aquí cuando llamamos a la realidad, entendemos que las turbinas del JF-17 que el binomio Pakistán-China nos ofrece son las rusas Klimov RD-33. Amigos del Tribune Express, preferiríamos las turbinas chinas Taishan WS-13, que llegan a casi 100 kilonewton de empuje y parecen algo mejores en economía de combustible y vida útil. Además, eso es algo que deberíamos negociar con China, porque Pakistán por ahora no se ocupa de motores. Por motivos públicos, en este momento resulta imposible negociar con Rusia por los Klimov RD-33 para cualquier democracia sudamericana. Los riesgos de golpe de estado serían altísimos. Pero creemos que el Taishan es, como muchas plantas de potencia chinas de hoy, una versión mejorada de algo cuyo diseño nació en Rusia. Esperamos sepan comprender.AgendAR tiene el berretín de reconstruir la industria argentina de defensa. Éste es un portal que defiende la industria argentina en general, en todas sus ramas. Pero la de defensa es una industria muy industrializante: genera unas cadenas muy largas de proveedores calificados que a su vez crean empleo bien pago y realimentan la enseñanza de ingenierías en nuestras universidades. Y entre todas las industrias de defensa, la que genera la cadena industrial y educativa más interesante por ahora es la aeroespacial. Por eso somos unos terribles manyaorejas de INVAP y de la FAdeA. Hemos buscado la traducción al urdu de “manyaorejas”, pero sin éxito. Deberíamos hablar más seguido, colegas, y con menos intermediarios.Si alguna vez llegamos a tener alguna injerencia en las compras militares argentinas -no parece nada inminente- la barra de AgendAR es perfectamente capaz de recomendar la compra del JF-17, pero si viene acompañada de la instalación de una fábrica de turbinas Taishan WS-13. Nos interesan más esos motores que el caza en sí, que en realidad nos parece muy atractivo. Pero no tanto por la célula como por el radar AESA y por los misiles aire-aire acompañantes de largo alcance PL-15. Con INVAP y FAdeA como punta de lanza aeroespacial del país, estamos seguros de aprovechar toda la transferencia de tecnología que consientan en darnos en materia de turbinas y de misiles, y resolver lo que no quieran darnos a la larga, y por ingeniería inversa. Nos interesa sobremanera la Taishan WS-13 no porque sea la mejor turbina aeronáutica del mundo, ni la más duradera (que no lo es), sino como planta motriz inicial de posibles drones argentinos. Uno era el BAAV (Blanco Aéreo de Alta Velocidad) que venía diseñando INVAP en 2015 como parte del programa SARA, Sistema Aéreo Robótico Argentino. El BAAV era una posible semilla de misil crucero. Hace años que venimos diciendo que hoy las guerras se ganan más con drones que con aviones. Se probó en Malvinas, con los AM39 Exocet, que son robots aéreos, y se prueba hoy todos los días en Ucrania, con sangrienta monotonía. Los robots aéreos tienen más futuro que los Barones Rojos. Estos seguirán siendo imprescindibles, pero más como directores de drones que como combatientes: pastores no de ovejas, sino de lobos.Por eso si les compramos el JF-17, posiblemente pidamos modelos bipostos, de los de aprendizaje. Sólo que en el asiento de atrás sentaremos no a un alumno avanzado sino al tipo verdaderamente importante, el que dirige los drones de combate que van 50 o 100 km. al frente, a través del radar AESA y el data-link. No queremos guerra ninguna, solo recuperar capacidad de disuasión para mantener nuestra paz y nuestros territorios. Pero para disuadir y mantener la paz, debemos estar preparados no para guerras pasadas, sino para las del futuro.
Esperamos noticias de Uds., colegas.
Recientemente, Roberto Salvarezza recibió el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), en reconocimiento a su trayectoria y aportes en el ámbito de la tecnociencia en la Argentina. “Desde el punto de vista personal es el reconocimiento más importante que he tenido en mi carrera porque me lo otorgó la propia comunidad donde desarrollé mi actividad científica durante más de 45 años”, destaca el bioquímico pionero de la nanotecnología y nanociencia en Argentina en la década de 1990.
Además de hacer investigación y firmar casi 400 trabajos publicados en revistas científicas, Salvarezza se convirtió en un actor clave en el desarrollo de políticas científicas y en el impulso del sistema científico nacional a través de diferentes cargos: director del Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA, CONICET-UNLP), presidente de la Asociación Argentina de Investigación Fisicoquímica, coordinador del Centro Binacional Argentino Brasilero de Nanociencia y Nanotecnología, presidente del CONICET (2012-2015), ministro de Ciencia y Tecnología (10 de diciembre de 2019 al 20 de septiembre de 2021) y ahora presidente de los directorios de YPF Litio y de la empresa I+D de energía del CONICET y de YPF: YPF Tecnología (Y-TEC).
En la siguiente entrevista Salvarezza describe su contribución al desarrollo de la nanotecnología y la nanociencia en Argentina, sus aportes orientados al impulso de la ciencia argentina y su articulación con el sector productivo y los logros de Y-TEC e YPF Litio.
-Usted formó parte de los pioneros que en la década de 1990 comenzaron a impulsar en Argentina la investigación en nanociencia y en nanotecnología. ¿Qué fue lo que lo motivó a trabajar en estas disciplinas?
En la década de 1980, en la UNLP, uno de mis temas de investigación, titulado “Nucleación y crecimiento de fases”, pretendía conocer la estructura de nuevos materiales a nivel atómico y molecular. En 1987 surgió la posibilidad de hacer un posdoctorado en la Universidad Autónoma de Madrid especializándome en dos nuevos instrumentos, el microscopio efecto túnel y el microscopio de fuerzas atómicas. En aquellos días el microscopio de efecto túnel estaba revolucionando la física y la química porque con ellos se podían “ver” y manipular átomos y moléculas cuyo tamaño está en la escala del nanómetro (unidad de medida que equivale a la milmillonésima parte de un metro). Por su parte, el microscopio de fuerzas atómicas no sólo contribuía en estas áreas sino también al campo de la biología porque podía observar estructuras biológicas en un nivel de resolución sin precedentes. Para un físicoquímico y bioquímico esto era realmente algo impensado en aquellos años, muy motivante. En 1992, volví al país y puse en marcha los Laboratorios de Nanoscopías y de Fisicoquímica de Superficies en el INIFTA, ocho años antes de que Bill Clinton lanzara, durante su presidencia, el programa federal de los Estados Unidos para impulsar la nanociencia y la nanotecnología. Podemos decir que en nuestro país esta área comenzó en el período 2003-2004, cuando se convocó a la creación de redes de investigación en nanociencia y nanotecnología por parte de lo que en esa época era la actual Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i).
-¿Qué temáticas abordó durante su etapa como investigador en INIFTA?
He liderado cerca de 30 proyectos, la mayoría relacionados con el área de nanociencia y la nanotecnología. Trabajamos mucho en entender qué factores determinan la capacidad que presentan átomos y moléculas de organizarse en forma espontánea y cómo controlarlos. Esto permite fabricar objetos muy pequeños y modificar superficies en forma sencilla. Algunos ejemplos en este campo: logramos avances en el desarrollo de materiales cuyas superficies presentan propiedades antibacterianas que pueden ser utilizadas en dispositivos médicos o implantes dentales. También avanzamos en la síntesis de nanopartículas metálicas de oro con estructura definida que pueden eliminar células cancerosas al ser irradiadas con un láser o bien ser utilizadas para transportar fármacos en su superficie. Además, pudimos modificar superficies metálicas con distintas moléculas para aumentar su resistencia a la corrosión. Son líneas de investigación cuyos resultados han sido publicados en revistas científicas internacionales.
-¿Por qué la nanociencia y la nanotecnología cobraron tanta relevancia?
La nanociencia y la nanotecnología permitieron el dominio de la materia en la escala de pocos átomos o moléculas permitiendo utilizar propiedades únicas que la materia presenta en esa escala de tamaño. Además, permitió reducir marcadamente el tamaño de distintos dispositivos. Hoy en día la nanociencia y la nanotecnología están presentes en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, durante la pandemia de COVID-19 la nanotecnología aplicada al campo de la biotecnología estuvo presente en vacunas a ARN y en distintos test de diagnósticos. Hoy los materiales activos que componen el cátodo de las baterías de ion litio están compuestos de nanopartículas. La nanotecnología sigue reduciendo el tamaño de los chips utilizados en dispositivos electrónicos que hoy están en tamaños de unos pocos nanómetros. En otras palabras, ambas están presentes en todas partes, desde la medicina hasta la energía y la electrónica.
-¿Podría describir cómo se fue involucrando en la gestión de políticas científicas y en el impulso de la ciencia argentina con una mirada federal?
Además de hacer ciencia básica y aplicada en el INIFTA durante años y presidir este Instituto, sentí que era importante apoyar el desarrollo de todo el sistema científico de nuestro país. En 2005 me involucré como coordinador en la evaluación del área de proyectos de Química de la Agencia I+D+i. Esta experiencia fue muy útil para comenzar a ampliar mi mirada sobre todo el conjunto de la investigación en química del país y en las distintas instancias de evaluación científica. Más tarde, presidir el CONICET, la institución científica más relevante de Argentina, me permitió tener un panorama muy amplio de la actividad científica, no sólo de este organismo sino también de todo el conjunto de la ciencia argentina dada la interacción del CONICET con las universidades y demás organismos de CyT. Sin duda este conocimiento me permitió abordar el desafío de liderar el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación en un momento muy complicado como fue el de la pandemia.
-Y-TEC, la empresa del CONICET y de YPF, cuyo directorio preside fue creada cuando usted era presidente del CONICET.
Efectivamente. En esa etapa me tocó firmar el acuerdo para la creación de Y-TEC, hoy la empresa de investigación y desarrollo para la industria energética más importante de la Argentina. El origen de la empresa se remonta a 2012 cuando los argentinos y argentinas recuperamos YPF tras una etapa de privatización que había debilitado las capacidades científicas y tecnológicas de YPF al desmantelar los laboratorios que la empresa tenía en Florencio Varela. Y-TEC, cuyas modernas instalaciones dotadas de equipos de última generación fueron inauguradas por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en 2015, genera tecnologías para un área tan estratégica para el país como lo es la industria energética (petróleo, gas, energías renovables, hidrógeno y litio). Hoy en su sede, en Berisso, trabajan 260 tecnólogos de los cuales más de 60 son personal del CONICET. Pero, además, otros 130 investigadores, técnicos y becarios del CONICET, de más de 30 institutos, participan en proyectos de la empresa.
-¿Podría destacar los principales logros y objetivos de Y-TEC?
Son muchos los avances que se han logrado en diferentes áreas. Se optimizaron procedimientos de fracturas para la extracción de gas y petróleo no convencional, se desarrollaron polímeros para recuperación terciaria de yacimientos maduros, se han implementado tecnologías para remediación ambiental y desarrollado nuevos productos químicos para la industria del petróleo. Producimos bioinsumos para YPF Agro quien los hace llegar a nuestros productores. En la transición energética acompañamos a YPF Luz e YPF Litio en agregar valor a este recurso. Argentina tiene las segundas reservas de litio más grandes del mundo y es el cuarto exportador de carbonato de litio. Este compuesto es la materia prima utilizada en la fabricación de los materiales activos para los cátodos de las baterías que se utilizan para almacenar energía renovable y para movilizar vehículos eléctricos. También estamos trabajando en tecnologías para la producción de hidrógeno, considerado como el vector energético del futuro en reemplazo de los combustibles fósiles.
-¿Qué proyectos encaminados a la industrialización del litio están impulsando?
En breve inauguraremos en La Plata, junto con la UNLP y con el apoyo del Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación, la primera Planta Nacional de Desarrollo Tecnológico de Celdas y Baterías de Litio (UniLiB). Una vez que se ponga en marcha esta planta, de una superficie de 1650 m2 y capacidad de 15 MW h/año, comenzaran a fabricarse por primera vez las celdas de las baterías de litio en nuestro país. Además, el gobierno de Santiago del Estero, junto a la Universidad local y nuestro apoyo, está construyendo una planta de fabricación de celdas de 75 MW h/año de capacidad. Unos años atrás, decir que Argentina podía industrializar el litio, agregarle valor a este insumo, era considerado utópico. Hoy ya no se discute esta posibilidad. Tenemos los conocimientos acumulados durante años por nuestros científicos y la tecnología para hacerlo. Es de enorme importancia agregarle valor a los recursos naturales en nuestro país dando trabajo y mayores posibilidades de desarrollo socioeconómico a los argentinos.
–Así como trabajó por la federalización de la ciencia como presidente del CONICET y ministro de Ciencia, ¿en Y-TEC también se trabaja de manera federal?
Efectivamente, para poder desarrollar los diferentes proyectos en el área del petróleo, gas, agro, litio, e hidrógeno, buscamos integrar actores del sistema de ciencia que puedan aportar con sus conocimientos y los encontramos en diferentes provincias del país. Por ejemplo, hemos transferido nuestra planta piloto de biogás a un centro de desarrollo tecnológico en Santa Fe que tiene a la Universidad de Rosario como socio y otorgado valioso equipamiento para el estudio del transporte de petróleo a la UTN Neuquén, y de resistencia de materiales al INTEMA de Mar del Plata. Como mencioné, estamos con una planta de producción de celdas de ion litio en Santiago del Estero y firmamos un acuerdo para la instalación de una planta de fabricación de materiales activos para los cátodos de las baterías de ion litio en Catamarca. Además, en el Centro de Investigación y Desarrollo en Materiales Avanzados y Almacenamiento de Energía de Jujuy tenemos un piloto para desarrollar nuevas tecnologías eficientes y sustentables para la extracción y procesamiento de salmueras ricas en litio y con el Instituto de Energía de Santa Cruz avanzamos en proyectos centrados en hidrogeno. En agro estamos construyendo un centro en Mercedes, provincia de Buenos Aires, asociados con el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Como ven, son muchas las líneas de trabajo que se están desarrollando en todo el ámbito del país.
-¿Por qué es importante que CONICET forme empresas o sea parte de ellas?
Desde mi punto de vista hay varios modelos de interacción entre el sistema de ciencia y el sistema socio productivo. Para que un país sea desarrollado y soberano es fundamental que el conocimiento que generan sus universidades y el sistema público de investigación sea capturado por empresas locales y se transforme en productos con alto valor agregado. Y es muy positivo que en esa dirección un organismo como CONICET no solo aporte con conocimiento de sus científicos y científicas sino también se involucre en la creación y el desarrollo de empresas de base tecnológica.
-¿Cómo ve la ciencia argentina en la actualidad y hacia dónde tiene que apuntar?
Argentina tiene el sistema de ciencia más potente de Latinoamérica. Un sistema que ha podido construir reactores nucleares, satélites y hacer desarrollos muy valiosos en biotecnología vegetal y humana. Argentina tiene tres investigadores cada mil habitantes de población económicamente activa, el mejor número de Latinoamérica. Lo que tenemos que lograr es una eficiente interacción entre este sistema y el sistema productivo que permita capturar el conocimiento y lo transforme en bienes que tengan un alto impacto socioeconómico. Y esto involucra a todo el sistema de ciencia. No se limita a las ciencias llamadas duras, porque cada proyecto tecnológico que hoy tenemos en marcha, como el caso del litio, requiere también una mirada socio-ambiental. Hoy en día ningún proyecto tecnológico avanza si no tiene una garantía de sostenibilidad y para eso es preciso un enfoque transdisciplinario que integre a las ciencias sociales, a las ciencias económicas con las otras disciplinas exactas e ingenieriles. Sin las ciencias sociales (ambientales que lo validen) ningún proyecto tecnológico del siglo XXI va a conseguir la licencia social. Estamos en una muy buena posición en Latinoamérica aunque aún hay mucho por hacer para fortalecer nuestro sistema de CyT. La Ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovacion, que logramos aprobar durante mi gestión en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, es una muy buena herramienta que da previsibilidad al sistema. Tenemos muchos desafíos por delante, pero sabemos que la ciencia básica y sus aplicaciones son claves para el desarrollo y soberanía de nuestro país.
Esteban Torres, investigador del CONICET en el Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS, CONICET-UNC), fue incorporado este año al Instituto de Investigación Social (Institut für Sozialforschung – IfS) de la Goethe-Universität de Frankfurt (Alemania). Fundado en 1923, el IfS fue el hogar histórico de la “Escuela de Frankfurt” y de importantes intelectuales de la teoría crítica como Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse, Erich Fromm y Walter Benjamin.
“En mi caso particular, el actual director del IfS, Stephan Lessenich, propuso al Consejo Directivo mi candidatura para el estatus de Investigador Permanente (Permanent Fellow), como una forma novedosa de incorporación. Este tipo de nombramiento está reservado, tradicionalmente, para reconocer trayectorias de colegas alemanes, por lo general ligados al Instituto. A la fecha, soy el primer científico social latinoamericano que ingresa en el IfS como Investigador Permanente”, declara Torres.
Consultado por las funciones específicas de su participación en el Instituto de Investigación Social, manifiesta que: “La primera línea de trabajo es la construcción de un proyecto intelectual en conjunto con Lessenich, orientado a la renovación de la teoría crítica y, más en general, de las ciencias sociales críticas. El principal obstáculo epistemológico que ambos detectamos, y que deseamos superar, tiene que ver con la idea restrictiva y antigua de sociedad que las ciencias sociales dominantes continúan empleando para el estudio de las sociedades históricas. Se trata de un tipo de reduccionismo que resulta particularmente dañino para intentar comprender los procesos de cambio social en América Latina”.
“Los principales problemas que experimentan hoy las sociedades -prosigue el especialista- trascienden con creces, cada vez más rápido, las fronteras territoriales que fijaron la mayoría de los Estados entre los siglos XIX y XX. Además, las sociedades nacionales son crecientemente interdependientes, al punto de constituirse en lo que yo llamo ‘intersociedades’. Sin embargo, la sociología aún no terminó de acusar recibo de este proceso de mundialización”.
Para Torres, es urgente el desarrollo de un nuevo paradigma teórico, acorde a este marco de interconexión mundial, si es que las ciencias sociales pretenden dar respuestas adecuadas a las transformaciones actuales. Y agrega: “Desde nuestra perspectiva, el primer requisito para la renovación intelectual de las ciencias sociales pasa por la mundialización de los programas de investigación, de los equipos de trabajo que los producen, así como de las múltiples prácticas científicas que se pueden recrear al interior de esta red académica. Y esta pretensión compartida sin dudas demandará nuevas herramientas institucionales que la hagan posible”.
En esa línea, la incorporación de Torres al IfS tiene un segundo objetivo: estrechar vínculos con el campo de las ciencias sociales latinoamericanas, en el marco de un programa de internacionalización del Instituto propulsado por su director.
“En ese horizonte de expectativas, apostamos a la consolidación de un equipo de trabajo internacional, integrado por colegas y becarios/as doctorales y posdoctorales tanto del IfS como del CONICET. El primer paso lo concretamos entre febrero y abril de 2023, a partir de una doble incorporación institucional. Por un lado, se efectivizó mi integración como Permanent Fellow en el IfS, y luego Lessenich se incorporó al CIECS como codirector del Programa Cambio Social Mundial, bajo mi dirección. Esta doble incorporación genera condiciones óptimas para desplegar un programa teórico y una dinámica de investigación social colectiva multilocalizada”, declara el científico.
“La articulación con Stephan Lessenich y el IfS es un proyecto a largo plazo que abrirá posibilidades de cooperación binacional con el CIECS y otros centros de investigación en ciencias sociales del CONICET. A futuro, esto podría involucrar la gestión de un programa de intercambio de investigadores/as en formación, la organización de eventos académicos, así como la elaboración de programas y cursos de posgrado para instrumentar en ambos países, entre otras iniciativas”, augura Torres.
Se conocieron las figuras distinguidas a partir de 21 disciplinas. Este año, por única vez, se creó la categoría «Pandemia-Covid 19» para reconocer a seis referentes por su lucha contra la pandemia.
En el marco de los Premios Konex 2023, se difundió la lista de las cien personalidades que destacaron durante la última década en el campo de la Ciencia y la Tecnología. La ceremonia de entrega se llevará a cabo el martes 12 de septiembre en Ciudad Cultural Konex y de manera excepcional incluye la categoría especial “Pandemia-Covid 19”, que reconoce la lucha de los profesionales ante la enfermedad.
La nómina fue presentada por el presidente de la institución, doctor Luis Ovsejevich y el Gran Jurado de los Premios Konex 2023, presidido por Alberto Kornblihtt (Premio Konex de Brillante 2013) y está conformado por 20 figuras destacadas.
De acuerdo a la metodología, se designaron a Cien personalidades sobresalientes de la última década (2013- 2022) en el área de la Ciencia y la Tecnología, seleccionando a cinco por cada una de las 20 disciplinas. Adicionalmente se creó la categoría «Pandemia-Covid 19», por lo que en esta oportunidad serán 21 y, en ese sentido, seis profesionales serán distinguidos con los respectivos diplomas al mérito.
La ceremonia se llevará a cabo el martes 12 se septiembre, donde 20 personalidades recibirán el Konex de Platino. El Gran Jurado seleccionará a la más destacada de todas para que se le otorgue el Konex de Brillante, máximo galardón que otorga la Fundación. Este acto se realizará el martes 31 de octubre.
En tanto, se otorgarán diferentes distinciones especiales, Menciones Especiales a la Trayectoria -para el Dr en Bioquímica Juan José Cazzulo y el cirujano Juan Carlos Parodi- y el Konex de Honor a una personalidad de relieve fallecida en la última década.
Lista completa de los premiados
1 – Matemática
Alicia Dickenstein
Jorge Lauret
Ricardo Maronna
Julio Rossi
Andrea Rotnitzky
2 – Física y Astronomía
Daniel de Florian
María Teresa Dova
Gloria Dubner
Gustavo Romero
Damián Zanette
3 – Fisicoquímica y Química Inorgánica
Marcelo Avena
Raúl Carbonio
Fabio Doctorovich
Ezequiel Leiva
Marta Litter
4 – Química Orgánica
Edgardo Durantini
Juan Bautista Rodríguez
Ariel Sarotti
Carlos Stortz
Miriam Strumia
5 – Ciencias de la Tierra y de la Atmósfera
Ricardo Astini
Andrés Folguera
Juan Otamendi
Celeste Saulo
Carolina Vera
6 – Paleontología
Beatriz Aguirre Urreta
Zulma Brandoni de Gasparini
Fernando Novas
Diego Pol
Sergio Vizcaíno
7 – Ecología y Ciencias Ambientales
Marcelo Aizen
Amy Austin
Jorge Casal
Sandra Díaz
Ricardo Villalba
8 – Bioquímica y Biología Molecular y Celular
Beatriz Caputto
Diego de Mendoza
Marcelo Rubinstein
Alejandro Schinder
Alejandro Vila
9 – Microbiología e Inmunología
María Cecilia Freire
Daniela Hozbor
Gabriel Rabinovich
María Eugenia Rodríguez
Norberto Zwirner
10 – Ciencias Biomédicas Básicas
José Belizán
Alfredo Cáceres
Marisa Colombo
Ana Belén Elgoyhen
Osvaldo Uchitel
11 – Medicina Interna
Sebastián Ameriso
Eduardo de Vito
Adrián Gadano
Gustavo Kusminsky
José Milei
12 – Cirugía
Victoria Ardiles
Miguel Ángel Ayerza
Mariano Giménez
Gabriel Gondolesi
Ricardo Torres
13 – Salud Pública
Pedro Cahn
Favio Crudo
Ángela Gentile
Rodolfo Rey
Mario Sebastiani
14 – Biotecnología
Raquel Chan
Walter Farina
Fernando Goldbaum
Hugo Menzella
María Elena Otegui
15 – Nanociencias y Química Analítica
Vera Álvarez
Graciela Escandar
Héctor Goicoechea
Fernando Stefani
Roberto Zysler
16 – Desarrollo Tecnológico
Marcos Daniel Actis
Mónica Casella
Andrea Gamarnik
Andrés Kreiner
Alberto Martín Ghiselli
17 – Ciencias Agrarias y de los Alimentos
Carlos Ballaré
María Alejandra García
Lucas Garibaldi
Esteban Jobbágy
Noemí Zaritzky
18 – Ingeniería
Mirta Aranguren
Raúl Bertero
Luis de Vedia
Silvia Goyanes
Ricardo Sánchez Peña
19 – Energía y Sostenibilidad
Alberto Caneiro
Victoria Flexer
Fabiana Gennari
Abel Julio González
Sol Pedre
20 – Ciencias de la Información e Inteligencia Artificial
Diego Fernandez Slezak
Pablo Goloboff
María Vanina Martínez
Gabriel Mindlin
Sebastián Uchitel
21 – Pandemia – COVID19
Jorge Aliaga
Elsa Baumeister
Juliana Cassataro
Humberto Debat
Jorge Geffner
Fernando Polack
Menciones especiales:
ANLIS – Malbrán
CITES – Centro de Innovación Tecnológica, Empresarial y Social
Y-TEC
Menciones Especiales por Trayectoria:
Juan José Cazzulo
Juan Carlos Parodi
Konex de Honor:
Eduardo Charreau
Christiane Dosne Pasqualini
Los Inolvidables
También, se ha decidido homenajear con la categoría Inolvidables a algunas personalidades fallecidas durante la década 2013-2022. Algunas ya habían recibido el Premio Konex en ediciones anteriores. Se trata de: Patricia Alvarado, Alejandro Arvía, José La Torre, Arturo López Dávalos, Ángel Ramón Minguez, Elsa Moreno, Héctor Otheguy, Alberto Pignotti, Edmundo Rúveda y Elsa Segura.
Luego de permanecer apenas 46 días en el cargo, el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, renunció como interventoradministrativo de Edesur, una de las dos grandes distribuidoras eléctricas que tiene el Área Metropolitana de Buenos Aires. Si bien su nombramiento por 180 días fue anunciado con bombos y platillos por el gobierno, la salida de Ferraresi después de un mes y medio en Edesur se hizo pública formalmente el sábado pasado a las 23:15. Allegados al intendente de Avellaneda dejaron entrever que la temprana salida de la distribuidora tendría que ver con las demoras en la ejecución de las obras que relevó con el resto de sus pares del conurbano. En ese sentido, agregaron que la intervención tenía un problema de raíz ya que el rol de Ferraresi estaba reducido sólo a relevar obras sin capacidad ejecutiva del plan.
“Cuando asumimos la intervención administrativa de Edesur se nos encomendó fiscalizar y elaborar un plan de obras en su área de concesión. Trabajando con los intendentes, intendentas y el ENRE, lo hicimos en un mes”, publicó Ferraresi en sus redes sociales el sábado a última hora. Y añadió que “con la ruta trazada, consideramos que la actuación como interventor está cumplida”.
Ferraresi mantuvo la doble función como intendente e interventor administrativo de Edesur desde el martes 21 de marzo, cuando desembarcó formalmente en la distribuidora encomendado por el ministro de Economía, Sergio Massa. Asumió en medio de la ola de calor de marzo que generó repetidos cortes del servicio eléctrico en la zona de concesión de Edesur. Pero, de fondo, Ferraresi asumió también como parte del plan de presión del gobierno a Enel para que el grupo italiano acelere el proceso de venta de Edesur, que anunció en noviembre pasado.
Salida imprevista
Fuentes del gobierno indicaron que Ferraresi, integrante del ala kirchnerista del Frente de Todos (FdT), asumió el rol de interventor en un compromiso con Cristina Fernández. Tenía 180 días para confeccionar un plan de obras en el conurbano acordado con los intendentes, pero lo presentó en un mes. Si bien las mismas fuentes señalaron que el plan está listo hace tiempo, en el ENRE tienen otra versión ya que sostuvieron que recién lo presentó el viernes pasado, un día antes de su renuncia, y ahora el ente regulador que dirige Walter Martello tiene que validar ese listado de obras.
Acostumbrado a tener el control de la gestión, Ferraresi prefirió salir de Edesur ya que su rol como interventor no tenía ninguna potestad para avanzar en la práctica. El intendente de Avellaneda le comunicó a Massa el viernes pasado su salida de Edesur, que finalmente concretó el sábado por la noche. Cerca del jefe comunal destacan que pudo alinear rápidamente a los intendentes detrás del cronograma de obras eléctricas, pero advirtió que esas iniciativas no se iban a concretar a la misma velocidad.
El 24 de abril el propio Massa presentó el “Plan para energía eléctrica” con 278 obras en 12 municipios del conurbano: Florencio Varela, San Vicente, Presidente Perón, Ezeiza, Esteban Echeverría, Quilmes, Cañuelas, Avellaneda, Lomas de Zamora, Berazategui, Lanús y Almirante Brown. El plan «contará con una inversión de $ 7.000 millones y beneficiará a 600.000 usuarios, es decir, un total de 2.400.000 personas«, había remarcado Massa ese día, en un evento realizado en el CCK donde también participaron la secretaria de Energía, Flavia Royón, el titular del ENRE, Walter Martello, y el propio Ferraresi.
Invierno y verano
Ferraresi dejó listo el plan de obras prioritarias para el conurbano. El cronograma se extiende por seis meses, porque -en los papeles- el foco está puesto en mejorar el servicio para el próximo verano. Ahora, el Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) deberá verificar que las obras que relevó el intendente de Avellaneda no sean las mismas que Edesur presentó en su plan de inversiones 2023.
Según el plan, la distribuidora deberá destinar el 37% del aumento de tarifas del 60% que recibió Edesur y Edenor exclusivamente al plan de Ferraresi, independientemente de las obras previstas por la distribuidora en sus inversiones para este año. El ENRE está terminando una auditoría sobre Edesur que tendrá como fin elaborar un informe sobre la situación operativa de la distribuidora desde la última Revisión Tarifaria Integral (RTI) a la actualidad.
El jefe de la agencia de supervisión nuclear de las Naciones Unidas expresó su creciente preocupación sobre la seguridad de la central nuclear de Zaporiyia después de que el gobernador de la zona ocupada por Rusia ordenara evacuar una localidad donde viven la mayoría de los trabajadores de la central, en medio de ataques a la zona.
Al mismo timpo, Rusia informo que «las operaciones en la central nuclear de Zaporiyia fueron suspendidas por «provocaciones» de las fuerzas ucranianas».
La planta se encuentra cerca del frente y las autoridades ucranianas dijeron que una mujer de 72 años había muerto y otras tres personas habían resultado heridas después de que las fuerzas rusas arrojaran más de 30 proyectiles sobe Nikopol, una ciudad cercana bajo control ucraniano.
La central nuclear de Zaporiyia
“La situación general en la zona cerca de la central nuclear de Zaporiyia se está volviendo cada vez más impredecible y potencialmente peligrosa”, indicó el director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), el argentino Rafael Grossi, en una advertencia antes del último reporte de ataques.
“Estoy extremadamente preocupado por los riesgos muy reales de seguridad y seguridad nuclear que sufre la planta”, añadió.
Las declaraciones de Grossi respondían al anuncio el viernes de Yevgeny Balitsky, gobernador nombrado por Rusia para la provincia parcialmente ocupada de Zaporiyia, de que había ordenado la evacuación de civiles de 18 poblaciones en la zona, incluida Energodar, que se encuentra cerca de la central nuclear, la más grande de Europa.
Las poblaciones afectadas estaban a entre 50 y 70 kilómetros de la línea de combates entre Ucrania y Rusia, y Balitsky dijo que Ucrania había intensificado los ataques en la zona en los últimos días.
La región también está ampliamente considerada como un lugar donde Ucrania podría centrar su esperada contraofensiva de primavera. El Estado Mayor ucraniano dijo que la evacuación de Energodar había empezado ya.
El director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica, Rafael Mariano Grossi, escucha una pregunta durante una conferencia de prensa
En un reporte en Facebook, el Estado Mayor dijo que los primeros vecinos evacuados eran los que habían adoptado la ciudadanía rusa después de que Moscú tomara la ciudad al principio de la guerra. Fueron trasladados a la costa del Mar de Azov, ocupada por Rusia, unos 200 kilómetros al sudeste.
Grossi dijo que para el sábado, el personal que mantiene la planta, que tiene sus seis reactores apagados, no había evacuado todavía, pero que la mayoría vive en Energodar. Los expertos del OIEA en el complejo, señaló, “siguen oyendo proyectiles de forma habitual”.
“Debemos actuar ahora para impedir la amenaza de un accidente nuclear grave y sus consecuencias asociadas para la población y el medio ambiente”, dijo Grossi. “Esta gran instalación nuclear debe ser protegida. Seguiré presionando en favor de un compromiso de todas las partes para alcanzar este objetivo vital”.
El Ministerio de Gobierno y Educación de la provincia de Neuquen informó que ya se encuentra operativa la primera red de monitoreo sísmico y volcánico en la Isla Decepción, en la Antártida, tras la finalización de la campaña antártica de le fue parte un equipo de técnicos calificados de la OPTIC (Oficina Provincial de Tecnologías de la Información y la Comunicación).El coordinador de la OPTIC, Mariano Paniccia, indicó: “En un hecho histórico para la Provincia, aportamos toda nuestra experiencia y trabajo calificado para montar en 45 días la infraestructura necesaria y comenzar con la vigilancia en tiempo real de esta isla volcánica ubicada a 1200 kilómetros al sur de Ushuaia”.“El sistema puede generar alertas tempranas y brindar información a las autoridades ante potenciales eventos en la zona volcánica considerada activa con procesos de actividad sísmica” explicó Paniccia.Paniccia ponderó: “Este logro es el resultado de una política de inversión sostenida en desarrollo y tecnología, impulsada por el gobernador Omar Gutierrez y coordinada a través del Ministerio de Gobierno y Educación a cargo del ministro Osvaldo Llancafilo”.
La misión argentina conformada junto con el Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar) también permitió conectar las bases de la zona al telepuerto provincial NEUSAT que ya brinda servicios de conectividad e internet.
“Neuquén es la única provincia que cuenta con este equipamiento satelital que, además de brindar este servicio fundamental en uno de los lugares más visitados de la Antártida, ya transmite los datos de la red de monitoreo a nuestra provincia, que luego son enviados a Buenos Aires para su análisis” explicó Paniccia.
El proyecto contempló la instalación de tres estaciones sismológicas de alta precisión, dos receptores, paneles solares para la provisión de energía eléctrica y cámaras web que amplían la red de monitoreo volcánico en tiempo real del Observatorio Argentino de Vigilancia Volcánica (OAVV).
La Isla Decepción es uno de los destinos en la Antártida más visitados anualmente por los turistas. El grupo de profesionales neuquinos estuvo integrado por Carlos Lordi, Miguel Prado y Esteban Laffitte, quienes trabajaron junto a los equipos de la Subsecretaría de Defensa Civil y la Dirección de Aeronáutica.
El escrutinio avanza con lentitud en las tres provincias que este domingo eligieron gobernador, pero en todos los casos los resultados favorecen con claridad a los oficialismos.
(noticia en desarrollo)
Con el agua al cuello. Así estaba Tandanor poco antes de que la Argentina se fuera a pique en la crisis del 2001. El naufragio en cámara lenta había comenzado durante el menemato. «Hacíamos agua por todos lados: la empresa estaba concursada, no cobrábamos los sueldos, dormíamos en los galpones. Pero los laburantes la sacamos a flote, algo de eso sabemos«, remarca, orgulloso, Marcelo Mazzullia, gerente de la Jefatura de Buques del astillero de la Armada Argentina.
Con más de 20 años en el gremio naval, don Mazzullia capeó junto a sus compañeros mil y una tormentas. Privatización, negocios inmobiliarios non sanctos con el predio portuario, renacimiento durante el primer kirchnerismo, vaciamiento en el macrismo y otra vez a flotar desde 2019.
Grafica el curtido obrero, viejo lobo de mar, en la caminata matutina de cara al Canal Sur del Puerto de Buenos Aires: «Nunca bajamos los brazos, resistimos y hace años que no paramos de crecer. Desde la reestatización, los trabajadores somos dueños del 10% de la empresa. Ya no es estar a flote, navegamos con viento en popa».
Bajo el sol otoñal, su figura queda diminuta frente a las moles flotantes que duermen la siesta seca sobre las plataformas. Titánicos petroleros, buques de carga y pesqueros escapados de algún sueño de Melville. Frente a los barcos, la escala humana se evapora para medirse con los océanos y los cetáceos. Navíos de 200 metros de largo y más de 30 de altura.
«Acá se te va el ego, somos hormiguitas reparando estos bichos, que a la vez son boyitas en la inmensidad del mar», dibuja con palabras Mazzullia. Dice que trabaja en un hospital de barcos: «Les curamos las heridas, son tratamientos para ponerlos a punto. Es una responsabilidad enorme. La botadura es el cierre de la historia, vuelven al agua sanos».
Más de 100 embarcaciones pasan todos los años por los talleres. El obrero recuerda el petrolero Illia de más de una cuadra de eslora, el granelero Vega Tauro que había encallado en el Estrecho de Magallanes y precisó 120 mil kilos de chapa para sellar su panza; el rompehielos Irizar, resucitado con 100% mano de obra nacional: «Con todos aprendí algo. Por eso, cuando los veo irse, los extraño».
Anfibia
Con 143 años de historia, Tandanor –Talleres Navales Dársena Norte, donde estaba emplazado en sus orígenes– pasó épocas muy buenas, regulares, malas y también muy malas. Las memorias del astillero y taller de reparaciones pueden ser leídas como una alegoría de la historia de nuestra patria en espiral: glorias, crisis, desinversión, tragedias, y otra vez volver a remar. Batallas (navales) argentinas.
La empresa Talleres Navales de la Marina, fundada en 1879 durante la presidencia de Nicolás Avellaneda para el mantenimiento de los buques de la Armada, es el tercer taller naval más importante del mundo. En 1922 fue renombrada Arsenal Naval Buenos Aires y en 1971 se constituyó como sociedad anónima con participación mayoritaria del Estado.
En los ’40 tenía más de 6000 operarios y en 1950 impulsó la carrera de Ingeniería Naval en la UBA. Durante décadas atendió sin respiro las necesidades de la marina mercante nacional. En 1992, pleno reinado del neoliberalismo, pasó al grupo privado Inversora Dársena Norte (Indarsa). En 1999 llegó la quiebra fraudulenta y la resistencia de los trabajadores. Néstor Kirchner declaró de nulidad absoluta la privatización. En 2007 decretó la reestatización.
Durante la primera presidencia de Cristina se produjo la incorporación de Tandanor, junto a su vecino Astillero Almirante Storni, al complejo Industrial Naval Argentino. El gobierno cambiemita intentó bajarle la persiana y no ahorró en palazos contra los trabajadores.
Desde 2020 vive un proceso de crecimiento (a pesar de la pandemia): tiene 500 laburantes que terminaron un buque hidrográfico Swath, construyen remolcadores y una embarcación polar. Como novedad, la empresa que depende del Ministerio de Defensa sumó proyectos para tierra firme: puentes modulares, mobiliario urbano y bases para la Patagonia y la Antártida. Una industria anfibia.
Sinfonía metálica
En los galpones del Storni trabaja José Luis Oca, un joven ingeniero naval formado en casa. Los techos son altísimos, besan el cielo. «Hacer un barco es como construir un edificio flotante. Chapa, madera, electricidad. Escuche ese ruido de soldadoras, de golpes de martillo, es una sinfonía«, entona Oca con metal pesado de fondo.
El Storni atesora el ARA Santa Fe, un submarino TR1700 Made in Argentina que empezó a construirse en los ’80 y quedó frenado. El taller asistió también a dos embarcaciones fabricadas en Alemania: el Santa Cruz y el San Juan, la nave que se hundió trágicamente en 2016 con 44 tripulantes héroes.
El ingeniero Oca en los galpones.
Hoy Tandanor estudia proyectos para construir submarinos. «Es un desafío supremo, porque hay que aprovechar espacios y tiempos, debe flotar y resistir la presión del mar, ser sigiloso. Es la F1 de los barcos«, detalla el ingeniero.
Observa un rato el esqueleto de la Goleta del Bicentenario, un proyecto de buque escuela, y los puentes modulares listos para ser emplazados sobre las vías del ferrocarril Sarmiento: «Durante el macrismo se frenó todo, años de tristeza e incertidumbre. Ahora hay ruido, vida, es la casa de 500 trabajadores».
La palabra atarazana es sinónimo de astillero. De origen árabe (ad-dar as-sina’a), significa «la casa de la fabricación». Frente al Margot, un pesquero que entró a boxes hace pocos días, Gustavo Castor Flores mueve andamios con la grúa sampi: «23 años en Tandanor, una vida. En verano nos cocinamos y en invierno somos cubitos, pero amo este oficio. Cuando me tocan vacaciones, a la semana quiero volver a trabajar con mis compañeros».
Gustavo es el artista encargado de lavarle la cara a los barcos. Pintó obras monumentales, como el Irizar: «me enseñó mi tío, que me hizo entrar en 1996. Acá somos compañeros, y sobre todo familia». El ingeniero Raúl Mario Ramis tiene ojos color océano y el pecho inflado de orgullo por la reparación del Irizar: «la más grande de los últimos 30 años de la historia naval. Aunque muchos digan que las empresas del Estado no sirvan, se hizo acá, en Argentina».
A Claudio Rocha le toca una tarea pesada. Con 22 compañeros pilotea el Synchrolift, un ascensor capaz de hacer levitar buques de 15 mil toneladas: «Pesaditos, pero no hubo gigante que nos venciera». Compartió oficio naval con su viejo y lleva cuatro décadas en la empresa. Antes de volver al trabajo pesado, mira el puerto. Revela que nunca navegó. ¿Será preciso navegar? «Sería lindo algún día. Mi trabajo termina cuando bajamos el barco al agua y parten a altamar. Eso me hace feliz».
«En los años de Cambiemos ponían candados»
La noticia se conoció a principios de año. Decía que Tandanor superó «todos los registros anteriores» de producción y facturación, haciendo crecer a la empresa estatal con el objetivo de «reimpulsar a la industria naval, pero también a la metalmecánica». Las palabras pertenecían a Miguel Tudino, presidente de la firma que en noviembre cumple 144 años.
Junto a Alberto Schprejer, el vice, reciben a Tiempo en las oficinas ubicadas en la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires, en terrenos históricamente deseados por el mercado inmobiliario y las administraciones neoliberales. Los custodia un cuadro que lleva tatuada una frase del almirante Brown: “Es preferible irse a pique que rendir al pabellón”.
Los funcionarios destacan el cambio de paradigma que vivió el astillero en los últimos tiempos: “Venía de cuatro años de vaciamiento macrista. Con desinversión y persecución contra los trabajadores. Nosotros trabajamos para ponerlo activo. Es un desafío extraordinario y estamos unidos, hay una conciencia de defender la empresa, que se defiende como a la familia.”
Frente al discurso privatizador de la derecha, Tudino es clarito: “Ellos dicen que hay que cerrar las empresas del Estado porque generan déficit, y Tandanor demuestra que hay un Estado productivo, que produce bienes industriales, que dan rentabilidad y además trabajo. Venimos de tres años que dejaron utilidades y se reinvierten. Cinco millones de dólares en maquinaria, edificios y mejoras para los trabajadores. La derecha habla de sociedades desarrolladas, que son las industriales, que producen tecnología. Nosotros trabajamos para construir esa Argentina moderna. En los años de Cambiemos ponían candados, eso es desprecio por el trabajo.”
Por su parte, Schprejer destaca los proyectos de Tandanor: “a la actividad de los talleres de reparación, sumamos la construcción. Remolcadores para la Armada, lanchas para el Ministerio de Ambiente y con la industria metalmecánica estamos haciendo los puentes modulares que permiten cerrar los viejos pasos a nivel del tren Sarmiento. Hay proyectos para construir una grúa para el Puerto Belgrano y avanzamos con las bases integradas en el sur del país y la Antártida.”
Tudino y Schprejer
El patrullero ARA Murature: la memoria del centro clandestino que funcionó sobre el mar
Tandanor, el astillero insignia del país y uno de los cinco más grandes del mundo, conserva la memoria de la industria naval argentina. También resguarda pruebas del horror de la última dictadura cívico–militar.
En el predio, en el sur del Puerto de Buenos Aires, se encuentra el patrullero ARA Murature, un barco construido en el Astillero Río Santiago y botado en 1944. El Murature funcionó como centro clandestino de detención. Anclado en medio del río Paraná, formó parte de un gran circuito de terror en la zona de Campana, Zárate y Escobar, conocido como “Área 400”, al mando de fuerzas combinadas del Ejército, la Armada y la Policía Bonaerense.
El buque fue allanado en el puerto de Campana en 2004. Desde entonces Tandanor lo tiene bajo resguardo. En el predio también se conserva el submarino ARA San Luis, que combatió en la Guerra de Malvinas.