Invertirán 4 millones de dólares en la construcción de un polo científico en La Rioja

0
La Rioja tendrá un polo científico y tecnológico que cuya inversión alcanzará a los US$ 4.767.000. La obra que tendrá 4 mil metros cuadrados, estará ubicada en la zona sur de la ciudad y nucleará al sistema científico tecnológico provincial. El acuerdo quedará plasmado en un convenio que será firmado entre el Gobierno de La Rioja y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Así lo anticipó el secretario de Ciencia y Tecnología Hugo Vera. “Estamos a días de que el gobernador (Ricardo Quintela) con el ministro Daniel Filmus firmen el convenio para iniciar el llamado a licitación”, dijo el funcionario a Radio La Red. Lo había adelantado el Gobernador cuando anunció que el Gobierno nacional “tomó la decisión de acompañar el proyecto para la creación del edificio del Polo Tecnológico de la Provincia de La Rioja, con un financiamiento aproximado de 1.100 millones de pesos que firmarán próximamente en Buenos Aires”. Por medio del Programa Federal “Equipar Ciencia”, se gestionó y ejecutó financiamiento para la adquisición de equipamientos con una inversión de 3.075.963 de dólares, destinados a laboratorios de la Universidad Nacional de La Rioja (UNLaR), Universidad Nacional de Chilecito (UNdeC), la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), CRILAR, CENTEC, IREPCYSA e INTA.

Autorizan en Argentina la comercializacion de mifepristona, usada para situaciones de aborto

0
Mediante la disposición 1470/2023, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) autorizó, el pasado martes 7 de marzo, la comercialización de la especialidad medicinal denominada mifepristona y con ello permite su distribución y venta en farmacias y su uso en los tres subsistemas de salud -público, obras sociales y prepagas-. La mifepristona es una medicación que se usa combinada con el misoprostol para la interrupción del embarazo en uno de los esquemas recomendados por la OMS. La aprobación para su comercialización se enmarca en el cumplimiento de la Ley 27.610 de acceso a la interrupción voluntaria y legal del embarazo (IVE/ILE). La Organización Mundial de la Salud (OMS) consideró, desde 2005, a la mifepristona y al misoprostol como drogas esenciales para proveer servicios de salud de calidad y ratificó su eficacia y seguridad en el reciente documento “Directrices sobre la atención para el aborto” publicado en 2022. Cabe destacar que el laboratorio LIF de Santa Fe se encuentra en proceso de desarrollo de la producción pública de mifepristona y en el año 2022 el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires firmó un convenio con la Universidad Nacional de La Plata para su producción. Además, el Ministerio de Salud de la Nación inició, en el 2022, la distribución del tratamiento combinado de mifepristona y misoprostol, a través del programa REMEDIAR, a los programas provinciales de salud sexual y reproductiva y centros de salud y hospitales públicos que garantizan IVE/ILE en todo el país.

Consecuencias positivas del uso de esta droga

Las estadísticas muestran que entre los años 2020 y el 2021 se logró un descenso del 40% de la mortalidad materna por embarazo terminado en aborto. Las muertes maternas ligadas al “aborto médico, otro aborto, aborto no especificado e intento fallido de aborto” cayeron de 13 en 2020 a 9 en 2021. Si se consideran todas las defunciones por aborto, se observa que la disminución fue de 23 en 2020 a 15 en 2021.

En el día de la Mujer «nuclear»: afirman que el aporte femenino en el sector gana en valoración y visibilidad

0
En 1957, la Comisión Nacional de Energía Atómica conformó un equipo para construir el que sería el primer reactor experimental de América Latina. Entre sus integrantes había hombres y mujeres, la mayoría surgidos del primer curso de reactores que se dictó en la institución. Trabajaron a la par, con roles repartidos en función de sus conocimientos y capacidades. De esta manera, el mismo proyecto que sentó las bases de la soberanía nuclear argentina, también fue una muestra de lo que significa la igualdad de género. Las mujeres eran minoría en ese equipo. Pero hasta hace muy poco, ocupaban apenas el 35% de los puestos de trabajo en la CNEA y solamente un 20% de las áreas técnicas. El organismo, que este 8 de marzo se suma a la conmemoración del Día de la Mujer, impulsa una política para cambiar esa situación, incentivar la participación de las mujeres, alcanzar la equidad de género y quebrar el techo de cristal que durante años impidió el acceso femenino a los cargos jerárquicos. “Cuando asumí no había ninguna mujer al frente de ninguna de las gerencias de la CNEA. Hoy ya tenemos casi equidad de género: pasamos de 0 a casi un 45% de mujeres a cargo”, cuenta la doctora en Física Adriana Serquis, que en junio de 2021 se convirtió en la tercera mujer presidenta de la CNEA. Creada en 1950, la Comisión tuvo su primera mujer en la presidencia recién 37 años después: la física Emma Pérez Ferreira, quien se hizo cargo del organismo entre 1987 y 1989. La segunda fue la licenciada en Química Norma Boero, entre 2007 y 2016. En 2023, todavía hay mucho por hacer. “Estamos dándole institucionalidad a una tarea que se empezó hace tiempo, dándole un apoyo a los movimientos de mujeres y colectivos de diversidades que están tratando de lograr una mayor representación en las posiciones de decisión, pero también en el día a día. Buscamos tener mayor equidad en la participación en temas técnicos y, también, evitar la violencia de género, que está presente con todas sus sutilezas como en el resto de la sociedad”, afirma Serquis. Para eso, explica, se creó el Departamento de Mujeres, Género, Diversidades e Inclusión Laboral dentro de Recursos Humanos, junto al que actualmente se trabaja para la aprobación de un protocolo de intervención institucional para casos de violencia de género, acoso o discriminación.
Celda caliente donde se telemanipulan químicamente los radioisótos farmacológicos fabricados en el reactor RA-3 de Ezeiza.
Las pioneras de la energía nuclear y sus aplicaciones En 1951, el químico alemán Walter Seelmann-Eggebert fue contratado por CNEA para crear una división de Radioquímica en la que brillarían las mujeres. Entre ellas, la física Ilse Franz y las químicas Josefina Rodríguez, Sonia Nassiff, María Cristina Palcos, Sara Abecasis y Maela Viirsoo, quien se sumó en 1961. La tarea de este grupo fue fundamental para el desarrollo de radioisótopos en la Argentina. “Había siempre un trato directo y personal. Éramos todos muy jóvenes y nos tratábamos como iguales. Además, la mayoría éramos mujeres”, cuenta la doctora en Química Maela Virsoo, profesora e investigadora especializada en radioisótopos de la CNEA y fundadora de Women in Nuclear (WIN) Argentina. Tiene 85 años y está retirada, pero durante la entrevista en la que recuerda aquellos tiempos luce orgullosamente su guardapolvo de investigadora. Ella descubrió dos de los 20 radioisótopos identificados por su División. Nacida en Estonia en 1937, Maela emigró con su familia durante la 2° Guerra Mundial, en 1944, y vivió en Finlandia y en Suecia. Ya en la Argentina, se radicaron en Tucumán, donde ella estudió en la Universidad Nacional de esa provincia. Su padre, ingeniero agrónomo, era docente universitario. En su hogar no había otra opción: ella también sería profesional. “La Asociación de Mujeres Universitarias de Estonia, de la que formo parte, existe desde 1911 y la de hombres, desde 1860. Son tradiciones de la Edad Media”, dice Maela, que descree de que exista una diferencia intelectual entre los géneros. “Todo tiene que depender de la persona, de su capacidad y de su experiencia, más allá de su género. Por eso tampoco estoy de acuerdo con el cupo femenino”, opina. En el equipo que construyó el RA-1, el primer reactor nuclear de América Latina que aún funciona en el Centro Atómico Constituyentes, también se destacaron las mujeres. Clara Mattei y Elda Pezzoni hicieron los cálculos de la configuración del núcleo del Reactor. Velia Hoffmann supervisó y trabajó en el desarrollo del blindaje de hormigón. Además, participaron Vera Vininski y María Delfina Bovisio. “Mi mamá tenía 24 años y era la única ingeniera civil del grupo, que estaba a cargo de Fidel Alsina. Los operarios la respetaban porque se ponía el mameluco igual que ellos para hacer la dirección de la obra. Para mí era normal que mi mamá fuera ingeniera. Estudió esa carrera porque mi abuelo trabajaba en la Dirección de Obras Públicas y ella siempre lo acompañaba a las obras”, cuenta Mariana Geiger, la hija de Velia Hoffmann y del ingeniero Miguel Alberto Geiger, quien también trabajó en la construcción del RA-1. “El matrimonio atómico”, los bautizó la revista Vea y Lea por aquellos años. Velia falleció en 2021. Pero dejó un escrito sobre su experiencia al frente del laboratorio que desarrolló hormigones de alta densidad para las paredes de protección contra las radiaciones del RA-1. Su taller estaba en un galpón en el predio de General Paz y Constituyentes. “Estábamos todos muy entusiasmados y poniendo el mayor empeño en pos del objetivo de lograr nuestro primer reactor nuclear. El avance de su diseño y el de la construcción de sus componentes no daba tiempo a pensar en otra cosa. Éramos un grupo de profesionales muy jóvenes, trabajando muchas horas, en el tramo final hasta de noche, en ese descampado”, relata. También cuenta que dormía en un catre que había llevado al laboratorio y que, como no tenían baños, les prestaban los del taller mecánico que había en el mismo predio. “A mí me dieron la llave del privado del jefe del taller”, recuerda. “Mi mamá me contó que en el proyecto no se hacían diferencias por sexo, sino por capacidad. Cada uno tenía un rol a cumplir y se sabía que tenía la capacidad para hacerlo. Era un trabajo en equipo. No tuvo un techo de cristal en CNEA, aunque sí lo tuvo cuando trabajó para una empresa privada. Ella pensaba que no debía haber diferencias por una cuestión de género”, enfatiza Mariana. El 20 de enero de 1958, día de la inauguración oficial del RA-1, Velia se sentó en la consola y le indicó al entonces presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu cuándo accionar el botón para que el reactor alcanzara criticidad. Detrás suyo estaba su esposo, Miguel Geiger. En el diario Noticias Gráficas salió una foto de ese momento en el que decían que ella era una operadora y él un ingeniero. “Esa nota causó malestar en mi casa, por su machismo –dice Mariana‒. Mamá también era ingeniera”. “Gracias a todas esas pioneras siempre hubo un montón de capacidades aportadas por mujeres en CNEA. Pero con el paso de los años, por alguna razón se fueron invisibilizando”, evalúa Serquis. “Me parece importante darle impulso y visibilidad a las mujeres capaces que vienen haciendo su tarea en forma invisible”, concluye. Las nuevas generaciones de mujeres de CNEA Dentro del nuevo organigrama hay gerencias de área a cargo de mujeres. Una de ellas es la de Producción de Radioisótopos y Aplicaciones de la Radiación, encabezada por Natalia Stankevicius, quien es egresada de Aplicaciones Nucleares del Instituto Beninson. Con 14 años de trabajo en la CNEA y conocimiento de los desafíos a enfrentar liderando grupos de trabajo, lo primero que se planteó al asumir fue cambiar ciertos roles prefijados por género. “En fisión o en la planta de producción de radioisótopos no había operadoras, a pesar de que había mujeres con capacidades para entrenarse para ese puesto”, señala. “En el imaginario estaba que una mujer no iba a tener fuerza para manejar los telemanipuladores, que son los brazos robóticos. Hoy tenemos operadoras, jefas de proceso, una jefa de instalación de la planta y una subgerenta. Y las mujeres tenemos mayor participación en la visión estratégica y en la toma de decisiones”, dice Natalia. En el medio hubo que acondicionar las instalaciones de la planta, como los baños, porque habían sido diseñados sólo para hombres. “Ante un evento de seguridad, las mujeres no tenían duchas y tenían que usar las del baño de hombres”, cuenta Natalia. ¿Qué es lo que falta? “Para mí hay que avanzar con respecto a la cultura organizacional, fortalecer una cultura de respeto, en condiciones seguras y vinculada con la perspectiva de género. Tener buenas condiciones laborales nos permite trabajar en forma segura y eso no se puede si no confío en mi compañero o si mi compañera no se va a animar a expresar su idea. Cómo nos tratamos forma parte de la cultura de la seguridad”.

La saga de la Argentina nuclear – XLIII

0
Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó Los anteriores capítulos de la saga estan aqui Todo para nada “Repro” había empezado en el Centro Atómico Ezeiza, en un laboratorio del tamaño de una cochera doble, el ERE. En 1974, bajo paraguas duplicado de Perón e Iraolagoitía, ya se había vuelto el PR, algo mayor en metros cuadrados, elenco y sistemas de radioprotección. Con ese tamaño nimio, reprocesó con el sistema químico PUREX 0,5 g. de plutonio del combustible quemado por el reactor vecino RA-3. El paso siguiente –que interrumpió la bestia de Massera- era un segundo laboratorio, el PR2, donde trabajarían 40 expertos ya designados para modificar o afinar la química extractiva del proceso PUREX, que data de los años 40, con la idea de llegar a los centenares de gramos, y quizás a los kilos. Sobre esto, tengo información contradictoria. La idea de llamar “Procesos Radioquímicos” (PR) a estos sucesivos laboratorios fue del propio Perón. Éste le había sugerido a Morazzo en 1974 evitar la palabra “reprocesamiento”, para no buscarse problemas. Pero cuando se planeó el PR2 las alarmas ya estaban sonando en La Embajada y los problemas ya lo estaban buscando a él. Sólo que Morazzo no lo sabía. Ante el ataque físico contra Repro, Castro Madero se jugó a la desesperada y muy por fuera de su arma, o eso es lo que interpreto yo. Lo que explicaría lo siguiente: Uno de los pocos físicos nucleares con grado militar de jefe que tenía el Ejército en la CNEA, el coronel Luis “Lucho” Argüello, quedó a cargo de liberar a los que pudiera de la ESMA. Al menos, eso le dijo Argüello al radioquímico Carlos Calle, entonces secuestrado, torturado y bastante resignado a morir, cuando lo fue a visitar a su celda. ¿Le dio mandato Castro Madero? No se sabe. Si parece que Argüello en esa movida no estaba solo: detrás se alineaban el entonces teniente coronel y físico nuclear Ricardo Rapacioli, y un general de brigada del arma de Ingenieros con iguales quilates atómicos, Máximo Abbate. En tercera línea, detrás de todos, se adivina todavía hoy un “señor de la muerte” de gran calibre del Ejército, el general de división Luciano Benjamín Menéndez, ya muerto, como todos los milicos citados aquí. Pero éste partió de este valle de lágrimas con 13 condenas encima a prisión perpetua por imputado en más de 800 desapariciones, torturas y asesinatos en Córdoba. Sus conmilitones lo llamaban «El Cachorro», sus víctimas, «La Hiena». No creo que Menéndez pudiera distinguir un protón de una llave inglesa, pero sí puedo imaginarlo tratando de conseguirle a su arma, el Ejército, una mayor autoridad, o tal vez la máxima, en aquel reducto académico-naval (y viceversa) bastante autogestionado que había sido hasta entonces la CNEA. Menéndez era una bestia cuartelera clásica. No entendía una mierda de nada salvo de golpes de estado, matanza de civiles y alpinismo en el tótem militar, que viene a ser el «Trivium» escolástico básico de su arma desde 1930. Me lo puedo figurar con planes de que el próximo presidente de la CNEA fuera del Ejército, y que sus camaradas le debieran homenaje por ello. No me cuesta imaginarlo tratando de conseguir los planos o maquetas de «la bomba de Perón» (que no existieron nunca, pedazo de imbécil) para ver cómo usaba esa palanca con (o contra) Videla. O con la Embajada. Como fuera, a alguien le sacaría algo. Creo que a fines de Marzo y principios de Abril de 1976, por las vidas de aquellos 33 secuestrados de la CNEA hubo una pelea múltiple y sorda: Menéndez por la suya y por la gloria, Argüello, Rappacioli y Abbate para plantar unos borcegos de Ejército en la dirección de aquel antro naval nuclear, y Massera intentando regalarle a la Embajada un sacrificio humano masivo, y junto a él, los planos de una bomba imaginaria. Y detrás de todos la CIA, discreta y letal, haciendo lo suyo. Probablemente quien estaba tratando de salvar a algunos náufragos atómicos en aquel «feeding frenzy» de tiburones con gorra haya sido Castro Madero. Y añadiría también a los tres altos oficiales de Ejército con pergaminos atómicos. Y creo que si yo estuviera acertado, eso último sucedió porque, sin importar de qué arma, los milicos nucleares son (¿eran?) una rara hermandad de locos que trataban de reinventar al país a través de la tecnología. Estaban muy contagiados del ambiente atómico, muy asimilados: intelectual y políticamente volaban kilómetros más arriba que sus conmilitones supuestamente sensatos. Pero lo mío es conjetural, tal vez un poco ingenuo, y puedo estar muy equivocado. Como sea, con el Proceso recién nacido pero ya gateando por lagos de sangre, la intromisión inesperada de Lucho Argüello en la celda de la ESMA donde Calle esperaba la muerte entre una y otra sesión de tortura debe haber sido, en lenguaje naval, un cañonazo por delante de la proa para el Almirante Cero, pero disparado desde el Ejército. Hasta acá, pibe. Pará las máquinas. Era impensable que Marina y Ejército se agarraran a tiros como lo habían hecho en la decada del ’60 por ejemplo, y menos que menos por 33 científicos y tecnólogos civilacos. Pero Massera, aunque lo suficientemente imbécil para creerse en serio lo de «la bomba de Perón», y pese a que con Videla y Agosti formaba parte de la Primera Troika procesista, nunca brilló por su coraje físico. No por nada: toda vez que se fueron a las armas los verdes contra los azules, el Ejército siempre pudo más. Resumiendo, de 33 desaparecidos nucleares (sumando todos los de la CNEA y 4 egresados del Balseiro), 12 pasaron de la ESMA a un buque cárcel y de ahí a la cárcel de Devoto, donde fueron declarados a disposición del PEN y posteriormente liberados, entre ellos Morazzo, físicamente hecho tiras. Los otros 19, parte de aquella burbujeante “primavera política nuclear” que empezó en 1970 con la campaña de APCNEA para que Embalse fuera de uranio natural, hoy tienen el mural que muestro arriba, y que los recuerda. Y que me parte el alma. Lo que nadie recuerda, lo que se ha hecho todo lo posible por olvidar o minimizar o bastardear, fue la respuesta de Castro Madero a Massera, y a la/las s embajada/s que probablemente secundaron el intento de exterminio de Repro. Esa respuesta fue el LPR, o Laboratorio de Procesos Radioquímicos, una instalación monumental que costó U$ 200 millones (equivalentes a U$ 530 millones de hoy). El LPR era más una planta de demostración tecnológica que una unidad fabril, pero su objetivo obvio era separar plutonio del combustible quemado de Atucha I, elegida deliberadamente. Como la central estaba bajo salvaguardias del Organismo Internacional de Energía Atómica, el reprocesamiento debía hacerse aceptando un control «full scope» de inspectores llegados de Viena sin avisar, y con rendición de cuentas del destino de cada gramo de los elementos físiles recuperados. Los planes de uso del LPR eran limitados: obtener en total 15 kg. de un plutonio que, por haberse formado en una central que intenta el mejor quemado posible del uranio 235, iba fatalmente a venir sobreirradiado, demasiado cargado de isótopos 240, 241 y 242, excesivamente radioactivos y reactivos como para fungir de «pits» de bombas nucleares. Pero las «salvaguardias pegajosas» adquiridas por el uranio en su paso por Atucha I obligaban luego a la CNEA a usar el plutonio para cosas potencialmente útiles y fiscalizables, como enriquecer el uranio natural de sus centrales, Atucha I y Embalse, y todo bajo vigilancia de Viena. Que era exactamente lo que quería Castro Madero. Legalidad internacional. Se suponía que una dosis bajísima de plutonio añadida al uranio natural lograría un aumento importante no de la potencia, pero sí de la eficiencia del «quemado» de ambas centrales, medible en megavatios/día/tonelada de combustible. En los planes setentistas de la CNEA de llegar a 1990 con al menos 2700 MWe nucleares instalados en 7 centrales, el LPR podía ser un modo inteligente de paliar la probable escasez de uranio en el país, y evitar las importaciones. Eso era lo que quería el reactorista Castro Madero de modo manifiesto. Un militar, a la sazón miembro de la única arma que prácticamente se jacta de haber importado casi todos sus fierros y no fabricar nada, y que tenía por ministro de Economía al vendepatria «summa cum laude» don José Martínez de Hoz, tratando de comprar nacional, y peleando por cierta autonomía tecnológica… Qué corso a contramano, ¿no? ¿Se entiende de qué hablo cuando digo que años de inmersión profunda en la cultura sabatiana de la CNEA le cambiaba el bocho a algunos milicos? La física, en líneas generales, le dio la razón a Castro Madero: cuando en 1987 se probó enriquecer ligerísimamente no con plutonio sino con uranio 235 el combustible de Atucha, al pasarlo del  0,71% natural al 0,85%, el «quemado» de la máquina saltó de 6,5 MW/día/tonelada a alrededor de 12 MW/día/tonelada. Esto significa que los elementos combustibles desde entonces duran un 80% más de tiempo en el núcleo de la central hasta perder reactividad. Y no la pierden por falta de uranio 235 sino por haber acumulado demasiados elementos de fisión, que atrapan neutrones. Es bueno añadir que en 1978 Castro Madero se bancó el boicot de uranio enriquecido del presidente estadounidense James Earl Carter, destinado a dejar parados todos nuestros reactores y los dos que le acabábamos de vender a Perú. En respuesta, don Carlos Castro Madero, anticomunista fundamental, le compró enriquecido a la URSS, tomá mate, Jimmy. Entre tanto, le daba mandato a aquella empresita desconocida fundada por Franco Varotto, INVAP, para desarrollar una planta de enriquecimiento de uranio en algún lugar de la meseta patagónica. Pero nada grande, muchachos, no fuera que los gringos la detectaran y se julepearan. Y en el máximo secreto, tampoco fuera cosa de que nos siguieran desapareciendo expertos, como había sucedido con el Proyecto Repro. Y ése es el origen de Pilcaniyeu. Es de tecnología de difusión gaseosa, deliberadamente atrasada y cara en energía, pero nos permite comprar enriquecido libremente. Nadie objeta que lo hagamos bajo salvaguardias: presienten que si no nos venden, de pronto nos agarra el ataque de la argentinidad al palo y modernizamos y ampliamos Pilca, y a cantarle a Gardel. Somos impredecibles. O no tanto: siempre que llega un gorilazo a la presidencia del país, cierra «Pilca». O no la reabre, si ya la encontró cerrada. Sí, mejor no me pregunte qué pasa hoy.   Seguramente, con el LPR Castro Madero también quería decirle a los EEUU que si sus propias leyes lo obligan a no reprocesar el uranio de las centrales nucleoeléctricas, y lo fuerzan a mandarlo a repositorio tras un único quemado, con un 96% de potencia térmica sin usar, y cuantimás hay que enterrarlo en su momento de máxima radiotoxicidad, bueno… esa ley no es argentina. Aquí no se aplica, pero no sólo por extranjera, sino básicamente por estúpida. Tampoco se aplica aquí el mandato de los EEUU que impide que los países que no pertenecen al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas enriquezcan uranio, pese a la creciente lista de infractores. Y ésa del enriquecimiento también se la debemos a Castro Madero. El objetivo del contraalmirante fue bastante obvio: dominar ambas tecnologías, enriquecimiento y repro, y poner al país a salvo de boicots y aprietes, onda «si exportás te dejo sin combustibles», o «si no nos das patente de sobrepesca, te dejo el AMBA en apagón». Por eso fue también Castro Madero quien continuó con las investigaciones tecnológicas de la CNEA en una tercera tecnología «non sancta» ante el ojo iracundo del águila: la fabricación de agua pesada. Las investigaciones se habían iniciando en tiempos del presidente Arturo Illia. Fabricar agua pesada es otro proceso de enriquecimiento, y esos siempre son difíciles, caros y dispendiosos en energía. Y además ofenden a adivinen qué Tío afecto a llamar «proliferantes» a vagos y malentretenidos como nosotros. Pero Castro Madero sacó los asuntos de agua pesada del limbo académico y no paró hasta construir una gigantesca planta de demostración tecnológica, la PEAP, Planta Experimental de Agua Pesada, al lado de Atucha I. Grandota como era, resultaba de bajo rendimiento, daba muy pocas toneladas por año de producto. Usaba sulfuro de hidrógeno como gas de proceso. Y se hizo porque nadie se había atrevido a vendernos una planta realmente industrial, por no desairar al Tío, que sabe vengarse. Pero con tal de que no mejoráramos y ampliáramos la PEAP, los autodenominados americanos no hicieron objeción a que lanzáramos una licitación internacional en la que se molieron las costillas a codazos cantidad de oferentes. De allí salió la actual Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) junto al embalse de Arroyito, Neuquén. La hizo Sulzer de Suiza, funciona a amoníaco, y es muy distinta de la PEAP, hace décadas desmantelada. Con una capacidad de 180 toneladas de producto por año, la PIAP hoy es la mayor unidad del mundo en su tipo, y como Pilca, resulta otro alerta fiel de primate en la Rosada: el que llega ahí, la cierra. O no la reabre. No abundaré en esto. Con esto concluyo mi caso sobre Castro Madero, su Señoría: nos hizo crecer a velocidad de vértigo en las tres tecnologías que hay que dominar para tener un programa independiente. ¿Eso lo absuelve de partícipe en 33 secuestros, seguidos de 19 muertes? Como Juan D. Perón, Castro Madero no era ningún santo cívico. Al menos, no de mi devoción. Pero no me lo imagino mandando a asesinar a expertos de la CNEA, y menos que menos a los de «Repro». Por muy marino y mandón y facho que fuera, esos 33 eran nucleares, que durante décadas aquí fue como decir «familia». Y además porque don Carlos quería más o menos lo mismo que esos tipos, y no era de tirotearse las patas. Y al negarse a dar de baja el proyecto PR, y redoblar la apuesta y construir el LPR bajo las narices del Tío que te dije, y de yapa con todos los amparos legales que fija para estos casos el OIEA, Castro Madero, antiperonista como pocos, estaba continuando una idea iniciada en 1973 por el contralmirante Iraolagoytía y el presidente Perón. Este último, por ende fue el verdadero autor intelectual real del LPR. El Perón que yo conocí fue el de la Triple A y López Rega. No me muero de entusiasmo por su tercer gobierno. Me debe amigos, muertos de modo muy cruel. Pero me puedo imaginar, aunque sea contrafáctico, qué habría hecho El Viejo ante un boicot de uranio enriquecido por parte de los EEUU. ¿Mi pálpito?: mandar construir Pilcaniyeu, o algo parecido, en algún páramo parecido, y en un secreto parecido. Habría convocado al ya célebre Franco (a) «El Petiso» Varoto, le habría dado plata y uno de sus célebres «metalé, amigo», y ya. Creo eso porque, mientras le duró la vida, Perón le puso un paraguas de fierro sobre la cabeza a Morazzo y al proyecto PR. Esas no son elucubraciones, son hechos. La CNEA tenía, y tal vez todavía tiene, esa virtud de juntar archienemigos políticos y acollararlos a un proyecto tecnológico complejo y muy Nac & Pop, y hacerlos tirar juntos del carro. ¿No es un poco increíble? Pero es verdad. Es historia. Sucedió. Sin embargo era muy impredecible que, llegado el presidente Raúl Alfonsín, hombre de instintos democráticos, nombrara sin embargo a un gauleiter sin charreteras en la CNEA, el ingeniero Alberto Constantini. El embajador Max Cernadas Gregorio, nuclear pero alfonsinista de frente y revés, escribió todo un libro tratando de explicarse ese desastre. Constantini paró todo en la CNEA: Atucha II, la PIAP, Pilca, todo, todo, todo, sin perdonarle la vida a ningún proyecto. Pero la instalación del LPR la detuvo en seco justo cuando había que empezar los testeos preliminares. Y ahí quedó esa planta, tan bella e imponente, al cuete, a espera de que pasaran los años y las decepciones y llegara Menem a tumbarla, como tumbó tantas otras cosas. Muicho antes de su demolición la pude ver por dentro. No soy dado a la química industrial, pero esa interfase de tecnología extractiva en fase líquida con recaudos de seguridad radiológica no los había visto jamás. Seguramente ya no los veré. Me quedé un rato absorto en la contemplación de centenares de túbulos de titanio destinados a llevar combustible quemado disuelto en suspensión acuosa ácida desde el punto A al punto B. Las soldaduras de los túbulos en sus salidas y llegadas eran tan finitas, exactas y minuciosas que las habían tenido que hacer técnicos adolescentes, recién graduados de las escuelas técnicas locales. La CNEA siempre ha sido un segundo Ministerio de Educación, con sus obras complejas. Y es que en los ochenta todavía no existían esos robots chiquitos de soldadura, y menos de titanio, y menos que menos capaces de suturar semejante ensalada de fideos metálicos. Se necesitaban pibes, de perfecta visión cercana y un pulso de neurocirujano. No creo que en su vida posterior esos muchachos hayan vuelto a conseguir trabajo soldando titanio. This is Argentina! Eso me contó el jefe de planta, sabedor de que todo ese esfuerzo nacional había sido al pedo. «El titanio lo entiendo, no reacciona con nada, tolera casi cualquier ácido. Pero ¿por qué no usaron un caño único grandote y chau?», le pregunté al experto. «Para evitar excursiones críticas, pedazo de gil», me contestó el tipo, irritado. Aclarando un poco: una excursión crítica no es un picnic de comentaristas de cine. Es la reacción en cadena espontánea e indeseada de demasiados átomos físiles en proximidad, y puede suceder no sólo en sólidos sino en fluidos. Eso en una planta como el LPR generaría unos fogonazos azules que te la cuento, y estallidos de cañitos por gasificación instantánea de sus contenidos líquidos. Pero eso se había vuelto imposible por diseño, y ejecutado además con mucho arte. Hay una belleza en ciertas instalaciones tecnológicas que es difícil de transmitir, incluso con imágenes. Lo que yo pensaba, más bien melancólicamente, era que iba a ser un parto  venderle el LPR a Clarín, lograr que lo defendiera, derivando a la derecha como iba, día a día, el Gran Diario Argentino. Algo logré, finalmente. Obvio, no sirvió de nada. El LPR nunca fue inaugurado. Los radicales no te clausuran jamás un proyecto tecnológico, sobre todo si éste tiene algún calor patriótico: sólo posponen las cosas indefinidamente y las dejan pudrir. Ya se sabe, dividen los problemas entre los que se arreglan solos, y los que no arregla ni Magoya. Lo impresionante es cuánta y cuán distinta gente entró en esa volteada, pudrir el LPR. No fueron sólo los radicales. Lo terminó demoliendo Menem, ¿quién otro? Pero en 1987 la decisión alfonsinista de cajonear el LPR vino acompañada de una rarísima campaña de medios. El LPR, se decía, amenazaba a la población de Ezeiza y también a la de Capital con un Chernobyl. Ni más ni menos. No hay ninguna central nucleoeléctrica en Ezeiza. Pero las imágenes acompañantes no mostraban aquella mal diseñada central soviética tras su accidente, de suyo suficientemente desoladoras. Mostraban como fondo el hongo atómico de un arma nuclear, y un primer plano de lugares icónicos de Baires, como el Obelisco. Eran imágenes gráficamente muy torpes, como las viejas películas japonesas de Godzilla. No parecían fruto de una mente confusa, sino la de mentes expertas en confundir a otras mentes, pero ejecutadas con el nivel artístico de nabos totales, sin pedigrí publicitario alguno. Raro, eso, porque esa campaña debió bancarla un grupo de vecinos millonarios de Ezeiza, en aquel momento un municipio más bien gasolero, de clasemedieros, laburantes y cuentapropistas. Digo «millonarios», porque la movida contra el LPR anduvo meses en las paredes del área metropolitana en forma de carteles, y cabalgó por los noticieros y horarios centrales de la TV y la radio. Nada de eso es gratis. Y el barrio, en aquel entonces, no daba para tanto. ¿Entonces, quién puso la tarasca y quién puso la jeta? A la plata ya llegaré. Sobre asuntos de jeta: como la gente suele hacer lo que le aconseja el médico, alguien persuadió a la hasta entonces políticamente inocua Federación Médica de Buenos Aires (FEMEBA) de lanzar una carga «banzai» sobre el LPR. No a toda FEMEBA, ojo, sino a su representación en Ezeiza, que decidió que el LPR nos iba a envenenar con plutonio a todos los habitantes del área metropolitana, y que había que cerrarlo. El mensaje visual siempre venía servido con una fragante salsa de hongos atómicos. Los diarios y la TV se entusiasmaron y empezaron a tomar el tema por la propia. Se sabe, produce más huevadas un hato de periodistas amarillos que un fajo de billetes verdes, pero de esos no faltaron. «Money makes the world go round», como cantaban Liza Minelli y Joel Grey en la película «Cabaret». No puedo omitirme en esta historia. Le escribí a FEMEBA un editorial en Clarín, página derecha completa. Increíblemente, me dejaron. Clarín todavía tenía un corazoncito desarrollista oculto en algún lado, aunque bien escondido. A algunos de sus directivos del tercer piso, frondicistas de origen, les daba un orgullito nacional inconfesable haber tenido un país tan industrial, tan cientifico, tan tecnológico, tan nuclear, y la página de Opinión -que me ayudó no poco- todavía me toleraba algunas atrocidades. Después Clarín se volvió Godzilla,  pero ésa es otra historia. A la mutual médica la incomodé con algunos datos. Según la Organización Mundial de la Salud de las Naciones Unidas, la medicina nuclear ya se había vuelto la principal fuente de exposición a radiaciones ionizantes de los humanos, muy por encima de toda instalación nuclear civil o militar. «Tordos necios que acusáis…» Invité también a los directivos de FEMEBA –previa autorización de la CNEA- a conocer el LPR por dentro para que entendieran las diferencias entre una prolija planta radioquímica y una mala central nucleoeléctrica, como el RBMK de Chernobyl. La invitación serviría también para que algún médico experto en radioprotección con chapa mundial, como Dan Beninson, les explicara a sus colegas de la Regional Ezeiza las diferencias conceptuales entre instalaciones radioquímicas de demostración tecnológica y bombas atómicas. Y les pregunté también, oh doctores, ya que en su preocupación por el LPR era la primera vez que esa prestigiosa mutual médica se metía de lleno en asuntos de salud pública, por qué FEMEBA no había dicho nada respecto de la leche bonaerense. Me explico: había acaecido días antes una iniciativa del gobierno bonaerense (que pese a su origen lácteo, no cuajó). Era dejar de pasteurizar la leche de vaca para bajar su costo. Eso le hubiera abierto la puerta a dos infecciosas muy difíciles de tratar: la tuberculosis enteral y la brucelosis. Dicho sin mala leche, entiéndase. FEMEBA cambió de tema rápidamente y se olvidó por completo del LPR. Por supuesto, sus dirigentes no visitaron jamás la instalación y los dejé en paz. De todos modos, el daño estaba hecho. Prometí hablar de dólares. La abundancia de medios de FEMEBA Ezeiza para hacer campaña contra el LPR sucedió en coincidencia temporal con la visita a la Argentina del Dr. David Albright, representante del ISIS. Ojo, no del Estado Islámico o Daesh, todavía inexistente, sino de un antiguo y persistente think tank yanqui cuyo acrónimo viene de “International Science and International Security Institute”. Este viejo organismo académico se dedica a generar información para el gobierno de los EEUU, y también a apretar a otros gobiernos respecto de temas “de proliferación”, como llaman ellos a intentos incluso tímidos de independencia tecnológica. Los Albright de este mundo viven en la primera clase de los aviones, paran en hoteles con más estrellas que la revista Hola, y no faltan a ningún congreso. Pero logran no pintar jamás en los medios grossos. Los «direccionan». A Albright lo tuve que ver dos veces, ambas a pedido de él, y lo que me arrastró a la primera cita fue una curiosidad más bien entomológica: me faltaba conocer la especie. Albright, aburrido, hizo un intento ritual de convencerme de que el LPR era “proliferante”, es decir esa instalación ponía a la Argentina como país sospechoso de construir armas nucleares. Le contesté, candoroso, que semejante sospecha, viniendo desde el gobierno de un país con entonces alrededor de 24.000 armas nucleares, era como que la madama se preocupara por la moral de sus putas. Cara de piedra, el ñato. Ya había escuchado decenas de veces ese tipo de réplicas. Yo también puedo ser ritual. Los Albright de este mundo son un combo de espías, paganinis y chantajistas, con la ventaja añadida de no figurar oficialmente en la nómina de sueldos de las agencias federales de seguridad. No quiero decir con ello que don David fuera un valijero premium. ¿Un master en física y matemática haciendo esas cosas? La pata faltante fue Greenpeace, que en abril de 1987 recién abría su filial argentina. Su dirección fundacional estaba formada por toxicólogos, biólogos y bioquímicos antes que por lobbistas y militantes científicamente silvestres, pero re-verdes. Aquella primera Greenpeace decía que en nuestro país había problemas más urgentes que la CNEA: a saber, peones rurales afectados por agroquímicos, y asuntos hídricos urbanos, es decir contaminación de ríos y acuíferos. El Riachuelo, sin ir más lejos. Eran antinucleares, va de suyo, pero consideraban que el pequeño y atascado programa atómico local en tiempos de Alfonsín no merecía su atención inmediata, ya que todavía no había causado ningún desastre y además, estaba muriéndose solo y de pobreza. Eso me lo dijeron entre buenos canapés en el cóctel con que inauguraron su existencia oficial en el país, y me pareció científicamente coherente. El vino no era malo, tampoco. Sin embargo, aquella paz duró poco. En Greenpeace Argentina sobrevino gran raje de autoridades con pergaminos científicos y el equivalente juvenil y verde de los Guardias Rojos de Mao, pero pro-capitalistas, gente vehemente y rápida para su business. Que es exactamente eso: business. Desde el desastre de Chernobyl, en plan de salvar el planeta, nada hace que el pequebú de Holanda o Canadá haga sangrar su tarjeta de crédito tan rápido como el ser convencido de que Baires, por ejemplo, está bajo amenaza de un hongo atómico en Ezeiza, y eso debido a una maffia de científicos locos militaristas de la CNEA. La plata progre de Holanda y Canadá fluye desde las casas matrices al sitio de la periferia que logra generar más decibeles de ruido. Y este culis mundi, la Reina del Plata, capital del 2×4, es perfecta para decibeles. El que no llora no mama, dice el tango. Y como buena multinacional que es Greenpeace, aunque a diferencia de una empresa no presente balances, no aclare cómo se elige a sus dirigentes y menos que menos pague impuestos, apunta su prédica adonde haya plata y pueda vender su producto principal… que es Greenpeace. El LPR les encantó a los grinpisios. Se enamoraron. ¡Cómo facturaba! Cuando salí a pegarles desde Clarín, dado que no estaban acostumbrados a recibir sino a dar, me citaron a un bar. Allí me admitió “off the record” un directivo talibán de la nueva camada: “Si digo que hay que limpiar el Riachuelo ni salgo en tapa ni vemos un mango. Pero invento un quilombo nuclear, y soy Dios”. A ese muchacho le ha ido muy bien en la vida. Para Greenpeace era facilísimo fajar a la CNEA cuando ésta agonizaba bajo la dirección del ingeniero Alberto Costantini. Este señor, silbando bajito, se dedicaba al desguace material, intelectual y moral  de la institución, tarea en la que acumulaba harta experiencia. Con el ing. Álvaro Alsogaray como jefe, en 1961 Costantini había intentado cerrar de un saque 17.000 km. de ramales ferroviarios del estado. Eso culminó en la primera huelga general por tiempo indeterminado de ambos gremios del riel. El ingeniero Costantini sufría por ello de esa alergia a los medios que conviene al chatarreo silencioso. Atacar a la CNEA, otrora motivo de orgullo nacional, en 1988, con semejante presidente y cuantimás después del accidente de Chernobyl, a Greenpeace y similares saprófitos les resultaba tan sencillo y poco peligroso como pegarle  patadas a una vaca muerta. Y encima, daba prestigio y plata. Aquel año recrudeció toda una guerra contra la CNEA que se focalizó en el LPR. Y ya que hablamos de bombas y plutonio, evítenme repetir otra vez lo difícil que sería usar combustible de Atucha 1 para hacer una bomba de implosión, incluso muy primitiva, digamos una “Fat Man” gauchesca. En lugar de PUM haría FSSS, no sin antes irradiar a muerte a sus fabricantes y al piloto del avión. En este capítulo quise dejar en claro que el LPR, aquella instalación tan linda y por la que fueron secuestrados, torturados, ejecutados y siguen desaparecidos tantos compatriotas honestos, calificados y laburantes, estaba muy para otra cosa. Sí Ud. nunca oyó hablar del LPR es porque también lo desaparecieron. Me falta explicar eso y la segunda cita con Albright, en la que me vengué de él. Muy poco, sin embargo.

 

Argentina: Entre los proveedores globales de imágenes satelitales

A través de la empresa VENG, cuyo accionista mayoritario es la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), la tecnología de los satélites SAOCOM llega cada vez a más mercados. La compañía es la encargada de comercializar las imágenes de los satélites argentinos, pero hay más.

Apartir del 2020, la Argentina comenzó a exportar las imágenes satelitales de los satélites radar SAOCOM 1A y SAOCOM 1B. Desde aquel entonces, ya se comercializaron más de 2600 imágenes, y las perspectivas según los directivos de la compañía, son alentadoras: “Ya superamos los 2 millones de dólares de facturación y para 2023 esperamos que las ventas crezcan al menos un 50 % o más. Con este trabajo que venimos haciendo la Argentina se suma al reducido grupo de países que pueden comercializar la información radar de sus propios satélites de observación de la Tierra”, sostiene Juan Cruz González Allonca, vicepresidente de VENG. Desde fines de 2020, la compañía comenzó a tejer alianzas con empresas internacionales para potenciar la penetración de la tecnología SAOCOM en nuevos mercados. Recientemente durante los primeros días de febrero se firmó en Nueva Delhi, un acuerdo con la empresa de la India, Suhora, especializada en brindar soluciones con análisis geoespacial, para comercializar escenas SAOCOM en India, en nuevos mercados de Asia, y en todo el continente africano. 
Foto de perfil de Juan Cruz Gonzalez Allonca
 Juan Cruz González Allonca, vicepresidente de VENG
El acuerdo se firmó en la residencia del embajador de Argentina en la India, Hugo Javier Gobbi, y en representación de VENG, el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, Daniel Filmus, rubricó el convenio entre ambas empresas. Amit Kumar, director de Operaciones y cofundador de Suhora, afirmó respecto al acuerdo: “Creemos que las imágenes en Banda L de los SAOCOM provistas por VENG ayudarán a Suhora a generar información importante en varios campos, como en infraestructura, monitoreo de desastres naturales y agricultura. Lo vemos como una situación en la que todos ganamos, tanto para nuestros clientes en la India como para el sector espacial argentino”. Pero el acuerdo con la empresa de la India no fue el único, dado que el objetivo es cubrir la mayor cantidad de mercados posibles. “El objetivo de las alianzas comerciales con empresas internacionales para distribución de escenas SAOCOM apunta a penetrar nuevos mercados de una manera rápida y eficiente. En el caso reciente de Suhora, ellos conocen bien las necesidades de sus clientes en la India y en las regiones cercanas. Hacerlo nosotros sólos desde la Argentina llevaría mucho más tiempo”, explicó Adrián Ungersubgerente de soluciones basadas en Información Satelital de VENG.
Foto de perfil de Adrián Unger CSEP, OCSMP, CPRE
Adrián Unger, subgerente de soluciones basadas en Información Satelital de VENG.
El primer acuerdo VENG lo firmó en diciembre de 2020 con la empresa italiana e-GEOS, propiedad de la Agencia Espacial Italiana (20%) y la empresa Telespazio (80%). Luego durante la segunda mitad del 2021, VENG firmó acuerdos con Bsed (Beijing Smart Earth Digital), de China; Restec (Remote Sensing Technology Center of Japan), de Japón y MDA, de Canadá. Finalmente, en marzo de 2022, y en el marco de la feria internacional Satellite, en Washington D.C., VENG firmó un acuerdo con la empresa URSA Space Systems, de Estados Unidos. Hasta ahora los países con mayor demanda para el tipo de imágenes que ofrece la constelación SAOCOM son en primer lugar, China, seguida de Brasil, Estados Unidos, Papúa Nueva Guinea e Indonesia. Durante 2022 la compañía recibió consultas y pedidos desde Arabia Saudita, Ghana, Golfo Pérsico, Haití, India, Malasia, Mongolia, Perú, Sudáfrica, Tanzania y Zambia.
satelite
Imagen ilustrativa.
Respecto a su utilidad, las escenas satelitales radar de los SAOCOM son requeridas, en general, para detección de buques, monitoreo de recursos naturales, monitoreo ambiental, gestión y prevención de desastres, visualización de mapas de ambientes de humedad, detección de fugas de agua potable en zonas urbanas, y detección de manchas de petróleo en el mar y en el océano. “Dado el incremento exponencial que estamos logrando con la comercialización de imágenes, y las perspectivas de crecimiento global del mercado de observación satelital de la Tierra, VENG dobla la apuesta y busca incorporar valor agregado a esas escenas, desarrollando distintos productos en cooperación con actores del sistema científico y tecnológico nacional. Y esto a través de la incorporación de procesos de I+D, donde se aplica ciencia de datos e inteligencia artificial”, concluyó González Allonca.
img-20230228-wa0005
 

Un mercado global con perspectivas de crecimiento

Según datos publicados en diciembre de 2022 por Euroconsult, empresa internacional de consultoría especializada en el sector espacial y satelital, el mercado global de observación de la Tierra llegará a los 7900 millones de dólares para 2031. Esto incluye satélites de tipo óptico, infrarrojo, pancromático y radar (este último es el tipo de satélites que conforman la constelación SAOCOM). Según Euroconsult, este mercado se compone de información satelital sin un uso específico al momento de la ventas, y, por otra parte, por aquella información satelital con valor agregado destinada a verticales de la industria específicos, como puede ser la minería, monitoreo de catástrofes, medio ambiente, industria marítima, entre otras. Mientras el primero generó 1700 millones de dólares en 2021 y se prevé que casi se duplicará en 2031 (2700 millones de dólares), el segundo generó 2800 millones de dólares en 2021 y se prevé que llegará a los 5200 millones de dólares para 2031.
Satélites.
.
“Casi la totalidad de nuestras ventas se enmarcan en el primer tipo de mercado. Es decir, nosotros vendemos un tipo de escena de tipo primario que puede tener o no un procesamiento posterior. Luego es el cliente quién define qué tipo de uso le dará, explicó Adrián Ungersubgerente de soluciones basadas en Información Satelital de VENG.  En esa misma línea, señaló que, en general, gran parte de nuestras escenas son utilizadas para generar “stacks” interferométricos. Es decir, series temporales de escenas correspondientes a un mismo lugar, tomadas bajo idénticas condiciones que, mediante una preselección que realizamos desde VENG, sirven como materia prima para estudios interferométricos. «Estos estudios permiten detectar cambios en el terreno de pocos centímetros que pueden utilizarse para el monitoreo de daños en infraestructura, alerta por probabilidad de aludes, explotación minera y petrolera, monitoreo de salud de represas y diques de cola, entre otros usos”, añadió. A nivel global, hoy la información se comercializa a partir de 370 satélites que se encuentran en órbita y sólo 153 fueron lanzados en 2021. Según Euroconsult, en 2031, habrá alrededor de 1040 satélites en órbita  desde los cuáles se comercializará información.

En la UNLP se analizó el avance de la Planta de Fabricación de Celdas y Baterías de Litio

Con una agenda de trabajo centrada en la inminente puesta en marcha de la Planta Nacional de Desarrollo Tecnológico de Celdas y Baterías de Litio (UniLiB), se reunió en el Rectorado la Mesa de Litio de la Universidad Nacional de La Plata. Este espacio multidisciplinario coordina, diseña e impulsa proyectos de gran impacto en el sector, y está integrado por diferentes grupos de investigación que pertenecen a la Universidad platense.

El encuentro contó con la participación del presidente de la UNLP, Martín López Armengol, el vicepresidente Académico, Fernando Tauber, el secretario de Ciencia y Técnica, Nicolás Rendtorff y el secretario de Producción, Daniel Tovio. También asistieron a la reunión Calos Della Védova, vicedirector de CCT -CONICET La Plata, y Guillermo Garaventta, investigador, especialista en litio de la UNLP. La Mesa es coordinada por la secretaría de Vinculación e Innovación Tecnológica, a cargo de Javier Díaz. Durante la reunión, se expusieron los detalles respecto al estado de avance de la Planta, creada en el marco de un consorcio del que participan la propia UNLP junto a la empresa Y-TEC, con el apoyo del MinCyT. Cabe recordar que, en el pasado mes de diciembre, arribaron a la ciudad de La Plata más de 115 toneladas de equipamiento tecnológico proveniente de China. Con esta etapa culminada comenzó a hacerse realidad uno de los hitos más importantes en el desarrollo de la cadena de valor del litio en la Argentina. Con los equipos instalados, se estima que en dos o tres meses UniLiB comenzará a fabricar las celdas y baterías de litio. Es la primera Planta Nacional de Desarrollo Tecnológico de Celdas y Baterías de Litio. Uno de los temas salientes de la reunión estuvo vinculado con la importancia de desarrollar este tipo de tecnologías desde la Universidad Pública. Sobre este particular, se coincidió en la necesidad de promover la transferencia de conocimiento y replicar la experiencia para avanzar en el camino de la soberanía en materia de energías limpias no contaminantes. El presidente de la UNLP, Martín López Armengol, destacó “la importancia de la continuidad de esta Mesa que se aboca al trabajo de un tema importante y estratégico para nuestra Universidad”. Además, remarcó el “el carácter multidisciplinar de este espacio que se transformará en una herramienta de desarrollo surgida de nuestra Universidad Pública; un modelo a replicar en todo el país, que traerá beneficios para toda la comunidad”. Por su parte, Fernando Tauber valoró el encuentro y destacó que “esta es una gran posibilidad para configurar nuestra política de transferencia hacia la comunidad. Este desarrollo sirve para concentrar nuestra experiencia y en un futuro ampliar esta fábrica para satisfacer las necesidades de la región”. El vicepresidente dijo: “nuestro objetivo es que la universidad sea referencia y puntapié para el sector privado y estatal en la producción de energías limpias”. “Nuestra Universidad tiene la capacidad de generar conocimiento científico promoviendo la conciencia y el cuidado ambiental”. Y completó: “hay una incipiente concreción sobre una mirada estratégica de una universidad que desde el conocimiento es capaz de ser una referencia en políticas públicas que construyan decisiones soberanas”. Planta de Baterías de Litio: la UNLP pionera en el tratamiento de este mineral Denominada UniLiB, la UNLP contará con la primera planta de desarrollo tecnológico de celdas y baterías de ion litio de la Argentina. Se trata de un emprendimiento inédito en el país, impulsado y desarrollado por la Universidad Nacional de La Plata e Y-TEC, la empresa de tecnología de YPF, con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación. Ubicada en el Centro de Innovación y Transferencia Tecnológica que la UNLP posee en diagonal 113 entre 64 y 66, según las estimaciones, la planta estará operativa y comenzará a producir las primeras baterías a fines de 2022. El edificio donde funcionará UniLiB cuenta con una superficie de 1.650 m2. La planta tendrá una capacidad de producción anual -medida en energía almacenada- de 13 MWh, equivalente a 1000 baterías para almacenamiento estacionario de energías renovables o unas 50 para colectivos eléctricos. La puesta en marcha de la primera fábrica argentina de baterías de Litio demandó una inversión total de 7 millones de dólares. De ellos, unos 5,5 millones corresponden a la obra civil, maquinaria y la producción de materiales de electrodos (MINCyT 1.5 MM, la Universidad Nacional de la Plata 2 MM, Y-TEC 2 MM). A su vez USD 1 M corresponde a los laboratorios y planta piloto adquiridos oportunamente por Y-TEC con fondos propios que permitieron desarrollar el conocimiento que hoy se utilizará en la producción industrial.

La NASA no renovará la estación espacial y le abre el juego a empresas privadas

0
Cuando llegue el momento de acabar con la estación espacial internacional, la NASA no tiene planes para sustituirla. La agencia acaba de hacer pública su intención de ceder futuros desarrollos a compañías privadas y reservarse el papel de mero usuario de lo que en su jerga denomina CLD: “Destinos Comerciales en Órbita Baja”.
.
Con el tiempo se quiere que sea la iniciativa privada la que vaya estableciendo pequeños (o no tan pequeños) laboratorios orbitales, desde instalaciones industriales para fabricación y procesamiento de materiales hasta los tantas veces soñados “hoteles espaciales”.
.
Ya hay precedentes: Space X lleva años ofreciendo sus servicios de lanzamiento, tanto a la NASA como a empresas particulares, y ha llegado a poner en órbita cargas militares sujetas a serias restricciones de confidencialidad. Blue Origin acaba de firmar un acuerdo con la NASA para lanzar una sonda hacia Marte el año próximo, utilizando su nuevo supercohete New Glenn, que aún no ha volado.
.
En 2016, otra compañía —Bigelow Aerospace— envió a la estación espacial un módulo inflable, una especie de esfera de tres metros de diámetro acoplable a la sección “Harmony” de la ISS, la que siempre mira hacia la Tierra. Allí sigue. Bigelow dejó de operar en marzo de 2020, víctima de las restricciones por la pandemia, y la propiedad del módulo pasó a la NASA, que continúa financiando las tareas de mantenimiento.
.
Las estructuras inflables no son tan frágiles como pudiera parecer. Están construidas con un tejido similar al Kevlar de los chalecos antibalas y sus múltiples capas ofrecen buena protección contra radiaciones. Existen proyectos para emplearlas en la construcción de pequeños hoteles para turistas espaciales. Por el momento, acoplados a la ISS, pero en el futuro, una vez dotados de sistemas de generación de energía, podrían separarse y volar de forma independiente.
.
La actual propuesta de la NASA se centra en que los propietarios de las futuras estaciones espaciales ofrezcan servicios completos, desde el entrenamiento de astronautas hasta su transporte a órbita, estancia y retorno a tierra. Y también, gestión de los que eufemísticamente denomina “percances”: como responder a fallos imprevistos durante el lanzamiento u operaciones en el espacio, incluida la participación de personal de la NASA en las tareas de rescate.
.
En su papel de cliente, la NASA estima que podría necesitar entre 3.000 y 4.000 horas-hombre anuales, para realizar, como máximo, unos 230 experimentos. Eso implicaría llevar a órbita unas 5 toneladas de equipo con un volumen equivalente a una furgoneta pequeña y retornar al suelo los materiales procesados. Como cualquier cliente, la agencia cubriría los costes, pero la responsabilidad de las operaciones sería del propietario de la estación con supervisión de técnicos de la NASA.
.
El pliego de requerimientos especifica que el hábitat deberá permitir la estancia en mangas de camisa, un ambiente tranquilo para facilitar el sueño y la relajación, eliminación de olores, una cocina adecuada para preparar comidas calientes y aparatos para practicar ejercicio (fundamental en situaciones de microgravedad).
.
Y también otros detalles como que los astronautas deberán disponer de cepillo y pasta de dientes, sistemas de recogida de restos fisiológicos, como recortes de uñas o cabellos; tener acceso a internet, correo electrónico, películas, juegos y libros digitales. Además, deberán contar con un compartimento privado donde almacenar artículos personales: fotografías, joyas (que luego serán más apreciadas, al haber “estado en el espacio”) y, si se tercia, una guitarra o un saxo.
.
Es curioso que las peticiones de la NASA no incluyen una exclusa de aire para salir al exterior, aunque reconocen que sería útil si hay que realizar reparaciones fuera de la nave y sí que se requiere algún sistema para exponer experimentos al vacío y recuperarlos después.
.
Lo que subyace tras este detallado pliego de condiciones es que la NASA es muy consciente de los retos que depara el futuro a no muy largo plazo.
.
La ISS no es la única estación espacial; China tiene su Tiangong, ya terminada y operativa. Es de tamaño muy inferior, más parecida a las antiguas Salyut y Mir rusas, pero más moderna y aún susceptible de futuras ampliaciones.
.
China aún no ha llevado a su estación astronautas de otros países, aunque a través de la agencia de la ONU para asuntos espaciales sí que la ha ofrecido para acoger experimentos científicos a cualquiera interesado. Algunas compañías occidentales ya has aceptado la oferta, en detrimento de las capacidades que ofrece la ISS.
.
En el futuro, el uso del espacio exterior puede ser el nuevo escenario en el que se generen proyectos multimillonarios.

PBA lanzó la segunda convocatoria del Fondo de Innovación Tecnológica provincial

0
El Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica a través de su Subsecretaría de Ciencia, lanzó la segunda convocatoria del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires. La iniciativa cuenta con 3 líneas y está orientada a financiar proyectos de desarrollo tecnológico conjuntos entre universidades u otras instituciones públicas de ciencia y tecnología junto con MiPyMEs y cooperativas (Línea A), organismos públicos (Línea B) o municipios bonaerenses (Línea C). Esta nueva edición permanecerá abierta hasta el 14 de abril de 2023 y otorgará ANRs (Aportes No Reembolsables) por hasta $16.000.000 a través del Ministerio de Hacienda y Finanzas bonaerense para los proyectos que resulten adjudicados. Al igual que en su primera edición, las instituciones de ciencia y tecnología serán las beneficiarias de los fondos y estarán a cargo de desarrollar y transferir las innovaciones. Por su parte, las empresas, organismos públicos o municipios recibirán una solución tecnológica diseñada a la medida de sus necesidades. Los ANRs financiarán hasta el 80% del valor total de los proyectos, con un máximo de $16.000.000 para aquellos que correspondan a la temática Desarrollo Productivo (Línea A) y por hasta $8.000.000 para las temáticas de Desafíos Provinciales (Línea B) o Gobiernos Locales (Línea C). En todos los casos, los adoptantes y/o los beneficiarios deberán realizar un aporte en concepto de contraparte de al menos el 20% del monto total del proyecto. Cabe destacar que los proyectos deberán elaborarse de manera conjunta entre las instituciones públicas de Ciencia y Tecnología y/o las universidades nacionales y provinciales, y los adoptantes, según la temática correspondiente. A su vez, ambos deberán estar ubicados en la provincia de Buenos Aires. A través de esta segunda convocatoria del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires, el Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica aspira a seguir brindando herramientas para fortalecer al sistema científico-tecnológico provincial, y a colocar a la ciencia y la tecnología al servicio del sector productivo, las demandas sociales y la administración pública de los y las bonaerenses. Se podrá acceder a las bases y condiciones de la convocatoria aquí 

Desarrollo nacional: Inteligencia artificial para clasificar virus

0

Investigadores de instituciones públicas locales desarrollaron una aplicación bioinformática que permite caracterizar los distintos tipos de influenza A y B en humanos. La herramienta ofrece más del 99% de precisión, es de acceso libre y ya está disponible para su uso.

Debora Marcone es epidemióloga molecular de virus respiratorios. Parte de su trabajo implica detectar qué tipos de virus de influenza circulan en determinado momento en alguna región. Hasta el momento, el método para saberlo era hacer lo que se denomina “análilsis de filogenia”, que demanda mucho tiempo y requiere capacidades informáticas más complejas que las que suele tener una computadora estándar. Ahora, también cuenta con INFINITy, una herramienta bioinformática basada en machine learning e inteligencia artificial, que desarrolló junto con su colega Marco Cacciabue, investigador del CONICET en la Universidad Nacional de Luján (UNLu) y del Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular (IABIMO, CONICET-INTA). INFINITy es una aplicación de acceso libre, destinada a bioquímicos, estudiantes, investigadores y laboratorios de referencia o investigación que permite clasificar secuencias de virus influenza A y B obtenidas de personas que cursaron la enfermedad, de forma rápida y precisa, con más de un 99% de precisión. “El estudio de los genomas virales es relevante para determinar si han aparecido nuevas variantes, además de monitorear las existentes, si los métodos diagnósticos siguen siendo adecuados para su detección, e incluso, reformular la composición de las vacunas cuando es necesario”, afirma Marcone, que se desempeña en el Instituto de Investigaciones en Bacteriología y Virología Molecular (IBaViM) de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, y explica que estos virus tienen una gran capacidad de mutar su genoma. Así, los cambios que se van produciendo y acumulando dan origen a nuevas variantes.
INFINITy es una aplicación de acceso libre, destinada a bioquímicos, estudiantes, investigadores y laboratorios de referencia o investigación que permite clasificar secuencias de virus influenza A y B obtenidas de personas que cursaron la enfermedad, de forma rápida y precisa, con más de un 99% de precisión.
El virus de influenza A (H1N1), por ejemplo, sufrió grandes cambios en su genoma y en el año 2009 provocó una pandemia que afectó a infectó a miles de personas en todo el mundo. Desde entonces, los subtipos de influenza A (H1N1) pmd09 y A(H3N2) y dos linajes de influenza B, Victoria y Yamagata, han sido responsables de la mayoría de los casos. Cuando irrumpió la pandemia por COVID-19, Marcone dejó en pausa su investigación en influenza para abocarse al Sars-Cov-2. Así se conocieron con Cacciabue, que en aquel momento estaba desarrollando una herramienta informática similar pero subtipificar las distintas especies de este último virus, bautizada Covidex. Cuando la urgencia que provocó la pandemia disminuyó, ambos investigadores se pusieron de acuerdo y empezaron a trabajar en esta nueva idea. Tras un año de trabajo en conjunto, y con el apoyo de la Agencia I+D+i, lograron lanzar INFINITy. “La aplicación está basada en una herramienta similar a la que desarrollamos para COVID pero, en este caso, además de los modelos de clasificación actualizados para secuencias de influenza, hemos logrado mejorar varios aspectos del software para que cumpla con diversos estándares de calidad”, explica Cacciabue. La aplicación está escrita en el lenguaje de programación R, de código abierto, y otros paquetes de programación.
“El estudio de los genomas virales es relevante para determinar si han aparecido nuevas variantes, además de monitorear las existentes, si los métodos diagnósticos siguen siendo adecuados para su detección, e incluso, reformular la composición de las vacunas cuando es necesario”, afirma Marcone.
“Lo más desafiante fue lograr una herramienta robusta en cuanto a asegurar su correcto funcionamiento, y que al mismo tiempo sea fácil de usar”, afirma Cacciabue, y destaca que se puede utilizar en diversos formatos: a través de Internet, ya que cuentan con un servidor en la UNLu adonde está alojada toda la información; o de manera local, ya que quien lo desee puede descargar la aplicación en su computadora. INFINITy cuenta con dos modelos: uno se denomina FULL HA, que permite clasificar secuencias del gen de la proteína viral hemaglutinina (HA); y el otro se llama “HA1”, para clasificar las secuencias del gen de su región parcial HA1. Ambas regiones genómicas son usualmente utilizadas a nivel mundial para realizar estudios de epidemiología y vigilancia epidemiológica. Para testear su funcionamiento, los investigadores la pusieron a prueba utilizando secuencias virales de influenza provenientes de todo el mundo, descargadas de una base de datos de secuencias públicas llamada GISAID. Los resultados y el funcionamiento de la aplicación fueron publicados en una de las revistas científicas más prestigiosas del área, Influenza and other respiratory viruses. “Para ambos modelos, tanto la hemoglutinina completa como la región parcial HA1, que se puede clasificar, la precisión fue mayor al 99%”, dice Marcone, y destaca que eso los alentó a terminar el desarrollo y publicarlo. “Durante la revisión del paper, un investigador contrastó la herramienta con su base de 50.000 secuencias y le dio una precisión mayor al 95%. Eso nos puso todavía más contentos, ya que demuestra que no sólo funciona para nosotros sino también para cualquier persona que quiera utilizarla”, concluye Marcone.

Vanina Lombardi

La saga de la Argentina nuclear – XLII

0
Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó Los anteriores capítulos de la saga estan aqui Castro Madero, ¿inocente o culpable? carlos-castro-madero El físico en reactores nucleares y además vicealmirante Carlos Castro Madero. Al revisar los desastres represivos del Proceso dentro de la CNEA, puse la lupa sobre el caso de los expertos en “Repro”, o reprocesamiento de combustible quemado. El grupo, como ya dije, venía trabajando bajo el paraguas, desde 1973, del nuevamente presidente de la CNEA, Iraolagoitía, quien tenía el paraguas añadido del presidente Juan D. Perón. Y cobró potencia en presupuesto y personal por órdenes expresas al doctor Santiago Morazzo aquel mismo año. Repro es un caso aparte dentro del salvajismo que cayó sobre la JP “Monto” y la izquierda para sembrar terror entre el personal profesional y técnico de la CNEA, que vivía en estado deliberativo. La idea en Repro fue más precisa: descabezar el grupo y terminar con el proyecto en sí. ¿Quiénes lo hicieron y por qué? Las cosas que hizo el nuevo presidente de la CNEA, el contraalmirante Carlos Castro Madero, lo sacan del banquillo de acusados, al menos el de esta historia en particular. Atención: Castro Madero murió en 1990 de un «bobazo» largamente cultivado a pesar de cinco by-passes, defendiendo de palabra hasta el último minuto a algunos de sus conmilitones que -paradójicamente- habían sido sus enemigos personales: el almirante Emilio Massera, sin ir más lejos. Sin haberlo sido, Carlos Castro Madero se alineó con los peores terroristas de estado de la historia argentina. Por esa causa –apología lisa y llana de delito no prescribible-, no me muero de amor por él. Pero en este caso puntual de los 33 secuestrados de la CNEA lo que me importa no es tanto lo que dijo después, sino lo que hizo en el momento. Hay un testimonio del Jefe de RRPP fundacional e histórico de la CNEA, Lic. Luis Colángelo: cuando Castro Madero se enteró de la desaparición de Morazzo se cruzó de inmediato y por la propia la avenida que lo separaba del centro operativo del Sumo Desaparecedor Argentino. Viaje de menos de 100 metros, desde el 8250 de Libertador, CNEA, Sede Central, hasta el 8151, Escuela de Mecánica de la Armada. Allí le exigió cuadradamente a su superior, el Comandante en Jefe de la Armada, Emilio Massera, que soltara a su gente. A la que en ese momento y lugar ya estaban torturando. Morazzo relató después que la runfla de Massera tenía ideas muy vagas sobre el trabajo del grupo Repro: la pregunta insistente era: “¿Dónde hicieron la bomba de Perón?”, o su variante “¿Adónde está la bomba de Perón?”. Daban palos de ciego a ver qué salía. La bomba no existió nunca, ni como proyecto. Y es que la comprensión del Programa Nuclear Argentino y la cultura tecnológica de Massera, en general, cabía en el reverso de una estampilla y sobraba lugar. Su cultura política no llenaba más superficie. Eso se mostró su intento nada solapado de volverse presidente y soñar que, de puro cheronca y playboy, podría gozar de la popularidad de un Perón. Era un Isidorito Cañones genocida. Pero subrayo que los que dirigían estos interrogatorios parecían unos tremendos pelotudos, cosa no habitual en los represores de la ESMA, bastante más profesionales que su jefe. Colángelo, un trabajólico, pasaba no menos de 12 horas por día con Castro Madero, y cuando por fin se iba a su casa a medianoche aún veía la luz prendida en presidencia. Por esas cosas de Castro Madero, por su doctorado en reactores, por el “boom” de obras y proyectos nucleares sucedido bajo su administración, por su administración honrada del presupuesto de la CNEA, en el ambiente nuclear todavía hoy el último marino a cargo que suscita una mezcla intraducible de repudio, dudas, respeto y admiración, todo junto. No soy ajeno a esa confusión. Pero como lo malo está tan a la vista, prefiero iluminar un poco lo otro. Décadas después, algunos de los testimonios de los “chupados” que sobrevivieron (el del doctor Carlos Calle, radioquímico, por dar un caso), apilan evidencias de que Castro Madero estuvo involucrado en los secuestros. Pero estas evidencias en parte son circunstanciales, y en todo caso no aclaran su rol. Otras opiniones, como la del citado Colángelo, difieren en 180º. El propio embajador Max Cernadas, integrante de la Dirección de Asuntos Nucleares y Desarme de la Cancillería en sus mocedades, cuenta que la Dra. Emma Pérez Ferreira, física nuclear que dirigió la CNEA en los años finales de Alfonsín, pudo llegar con vida a ese cargo en 1987 porque en 1976 Castro Madero la salvó de una patota de la Armada. Eso a Max se lo contó la propia Emma. ¿Castro Madero negoció salvar a algunos y se lavó las manos del resto? No tengo idea, y no sé quién la tiene. Secretos que don Carlos se llevó a la tumba. Según Colángelo, aquel 28 de mayo en su duelo verbal con Massera por la liberación de Morazzo y los otros, Castro Madero le exigió al «Comandante Cero» la vida de todos los nucleares desaparecidos, no únicamente los de “Repro”. Aquella mañana no logró nada, y volvió a entrar a la CNEA abatido, pálido y temblando de furia. Pidió a Colángelo que lo dejara solo, y estuvo el resto de aquel día y hasta deshoras con la luz apagada y haciendo llamadas. Massera -se supo mucho después- se había negado a entregar sus capturas, y para agregar insulto a la herida, le habría dicho que cuando él, Massera, fuera presidente de la nación, a Castro Madero lo pondría como portero de la CNEA. Pero al parecer, no era para lavar la afrenta que Castro Madero se quedó haciendo llamadas. Lo que lleva a la segunda cosa que lo exculpa. Y es que, finalmente logró que el presidente Jorge Rafael Videla declarara a disposición del Poder Ejecutivo Nacional a los sobrevivientes. Si estabas a disposición del PEN en 1970 no era bueno: te ibas a pasar años encerrado sin cargos ni defensa legal. Si estabas a disposición del PEN en 1976, en cambio, eso era buenísimo: te habían blanqueado, ya no eras un desaparecido. No te iban a soltar, pero tampoco a matar. Después de que los pasaran a presidios comunes a los 12 sobrevivientes de aquel día, Castro Madero logró que fueran liberados y a algunos -al menos a 6- les consiguió rápidamente trabajo en el programa nuclear italiano, para preservar sus vidas y carreras. El radioquímico Calle desmiente esto: los trabajos los ofreció espontáneamente el ENEA, la entonces muy activa agencia nuclear de Italia, dice. Tal vez es la tercera acción de Castro Madero la que define mi opinión: si la intención de quien estuviera detrás de estos crímenes era que Repro no avanzara –hay un diablo detrás del diablo y huele a Embajada- con Castro Madero se jodió. Al menos, un tiempo. Castro Madero redobló la apuesta por Repro. Típico de él. Hizo construir el LPR, el Laboratorio de Procesos Radioquímicos en el Centro Atómico Ezeiza. ¿Qué destino tuvo? lpr Centro Atómico Ezeiza, foto vieja y de baja resolución. Cuesta identificar el Laboratorio de Procesos Radioquímicos (LPR). Si hay imágenes mejores, fueron eliminadas de la iconografía oficial de la CNEA. El LPR fue y es un trauma. Es otro desaparecido… pero en democracia.