La vacuna ARVAC Cecilia Grierson, diseñada para proteger contra las variantes de SARS-CoV-2 circulantes en la región, incluyendo una versión bivalente contra Ómicron, entró en el último tramo de ensayos clínicos (la etapa 2 de la fase 2/3).
Esta etapa está a cargo de Gonzalo Pérez Marc, el médico que realizó junto a su equipo el ensayo de la vacuna contra COVID-19 de Pfizer en Argentina. La misma evaluará la seguridad e inmunogenicidad de tres fórmulas de ARVAC en 1.782 personas voluntarias. La primera etapa de la fase 2/3 ya reclutó 151 personas voluntarias, de acuerdo a lo esperado. Ingresá en arvac.com.ar para obtener más información y postularte.
Científicos argentinos están desarrollando la vacuna proteica ARVAC Cecilia Grierson contra COVID-19, diseñada para proteger contra las variantes de SARS-CoV-2 circulantes en la región, incluyendo una versión bivalente contra Ómicron.
Los resultados de la primera etapa de la investigación han demostrado que esta vacuna es segura. Además, los valores preliminares de respuesta inmunológica resultan prometedores. Ahora se debe continuar con la fase más avanzada del desarrollo de la vacuna para generar los resultados que serán presentados a la ANMAT para su aprobación como vacuna de refuerzo.
Durante la fase 1 se probó la vacuna en 80 personas. La fase 2/3 tiene dos etapas. En la primera -que está en curso- se administra la vacuna a 232 personas en dos centros de la Ciudad de Buenos Aires (CABA): CEMIC y Clinical Pharma. Esa etapa comenzó en enero de 2023. Ahora comienza la etapa 2 en la que se aplicará la fórmula de ARVAC en 10 centros distribuidos en cuatro provincias argentinas y en la ciudad de Buenos Aires.
«Se están realizando los últimos ensayos para demostrar que ARVAC es una vacuna segura y eficaz. Estamos agradecidos por el apoyo de la sociedad. Hasta ahora, 151 personas voluntarias han participado en la primera etapa de la fase 2/3, y este número seguirá aumentando hasta completar 232 personas voluntarias. Nuestro próximo desafío es reclutar 1.782 voluntarios en distintas provincias y CABA», dijo Juliana Cassataro, líder del proyecto ARVAC e investigadora de la UNSAM y del CONICET.
El cuerpo médico que llevará a cabo los ensayos está compuesto por destacados profesionales. En particular, la etapa 2 de la fase 2/3 de los ensayos clínicos será liderada por el médico Gonzalo Pérez Marc, quien dirigió los ensayos clínicos de las vacunas contra COVID19 de Pfizer en Argentina.
La etapa 2 de la fase 2/3 de ARVAC requiere la participación de 1.782 personas voluntarias que tengan 18 años o más; que hayan recibido hasta tres dosis de vacunas contra COVID19 (esquema completo y hasta un refuerzo) y que residan en alguna de estas ciudades: CABA, La Plata, Mar del Plata, Córdoba capital, Mendoza capital, o Salta capital.
ARVAC Cecilia Grierson es un desarrollo inicial de la Universidad Nacional de San Martín, el CONICET y el Laboratorio Cassará, con apoyo de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, sumados al esfuerzo conjunto de más de 20 instituciones públicas y privadas del país.
Todas las vacunas que se aplican actualmente fueron posibles gracias a las personas voluntarias que participaron de ensayos como este. Participar es una decisión personal, completamente voluntaria y no definitiva. Cada voluntario o voluntaria del estudio se puede retirar en cualquier momento, sin costo.
De ser exitoso este ensayo clínico de fase 2 y 3, se solicitará la aprobación final a la autoridad regulatoria para que ARVAC CG pueda ser aplicada como vacuna de refuerzo en territorio argentino, marcando un nuevo hito para la ciencia y la tecnología del país y la región.
¿Te interesaría participar en el estudio clínico de la vacuna argentina ARVAC Cecilia Grierson contra COVID-19? Si quieres postularte, tenés que ingresar a arvac.com.ar y completar el formulario allí disponible.
Investigadores principales de los centros participantes (en etapa regulatoria):
Dr. Gonzalo Pérez Marc, líder de la fase 3 del ensayo de ARVAC
Dr. Oscar Roldán, CDS, Clínica Privada del Sol, Córdoba
Dr. Tomás Smith, CIC, Centro de Investigaciones Clínicas Salta, Salta
Dr. Jorge Llensa, Clínica de Cuyo CDC Centro Médico, Mendoza
Dr. Gonzalo Corral, IIC, Instituto de Investigaciones Clínicas, Mar del Plata
Dr. Ignacio Uriarte, CNyF, Clínica del Niño y la Familia, Mar del Plata
Dra. M.Fernanda Alzogaray, IMP, Instituto Médico Platense, La Plata
Dr. Nicolás Itcovici, CICB,Centro de Investigaciones Clínicas Belgrano, CABA
Dra. Miriam Bruno, Vacunar, CABA
Dra. Gabriela Vidiella, SMG, Centro Médico Barrio Parque, CABA
Dr. Pablo Lapadula, Otamendi, Centro Médico Sanatorio Otamendi y Miroli, CABA
Daniel Justo, presidente de Ford Sudamérica y Martin Galdeano, presidente de Ford Argentina, anunciaron durante una reunión con Sergio Massa, ministro de Economía, la decisión de realizar una nueva inversión de 80 millones de dólares destinada mayormente a la fabricación en Argentina de una nueva familia de motores de alta tecnología que impulsarán a la próxima generación de la pick-up Ranger.
Con este anuncio, el total de inversiones para la producción de la próxima generación de la pick-up Ranger en el país alcanza un total de 660 millones de dólares.
Fabricar esta nueva familia de motores demandará una importante transformación de la planta de motores de Pacheco, incorporando las últimas tecnologías y procesos productivos de Ford a nivel global, así como conceptos de manufactura 4.0.
La prioridad en el diseño de esta planta y sus procesos es entregar motores de alta calidad para los clientes de Sudamérica. El inicio de producción de los nuevos motores en Planta Pacheco tendrá lugar durante el año 2024.
El doctor Luis Cámera, un experimentado médico clínico e integrante del Comité Asesor de Presidencia en su momento pico, la pandemia de covid-19 ya pasó.
Asegura que el virus mutó y que para las personas inmunizadas y con sus refuerzos su letalidad ya es menor a la de la gripe.
Propone un esquema de vacunación anual, y discutir cuáles son los grupos de riesgo que deberían recibirla en forma prioritaria.
La oportunidad perdida para discutir cómo se debería mejorar la ventilación en ambientes cerrados.
El 3 de marzo de 2020 el por entonces ministro de Salud Ginés González García confirmaba el primer caso de covid-19 en la Argentina. Desde entonces transcurrieron una pandemia, tres años, 130.463 personas fallecidas, 10 millones de contagiados, desconcierto, campañas de vacunación, cambios sociales y una larga serie de etcéteras que todavía no dimensionamos bien. Ayer, a tres años de esa fecha iniciática, el presidente Alberto Fernández y la ministra de Salud, Carla Vizzotti, realizaron, en el Centro Cultural Kirchner (CCK), la Jornada “Un país, una respuesta”, que reunió a representantes del Consejo Federal de Salud, a personal del sistema sanitario de todas las provincias y referentes de los organismos descentralizados y del sector privado. ¿El propósito? Poner en valor las acciones realizadas para dar respuesta a la pandemia y homenajear a quienes permitieron morigerarla.
Justamente, el impacto global fue enorme: se calcula que murieron unos 20 millones de personas directa o indirectamente. Podría decirse que el covid fue la tragedia más grave de los últimos cien años, solo superada por la Segunda Guerra Mundial.
Para resumir lo que generó esta conmoción e imaginar los próximos tiempos, entrevistamos al doctor Luis Cámera, médico clínico y asesor del gobierno nacional. Cámera fue uno de los profesionales que más pusieron la “cara” ante las cámaras para explicar y pensar, en reuniones técnicas y en los medios, lo que nos pasó durante los últimos 36 meses.
La primera pregunta es obvia e implica saber si seguimos en pandemia. Y su respuesta es contundente: “Ya podríamos decir que es otra cosa. Yo hablo de ‘epipandemia’ o un Covid-22, que es muy diferente al original”. Según Cámera, “si analizamos cómo evolucionóel coronavirus y sus últimas cepas –especialmente Omicron–, cambió muchísimo respecto a 2020. La variante hoy predominante es capaz de evadir la protección vacunal al contagio y es altamente transmisible. Pero también se ha vuelto menos letal. Como para ubicarse: la Delta tenía una tasa de letalidad de tres fallecidos cada cien contagiados, mientras que Omicron está en menos de 1. Si le sumamos que un porcentaje alto de la población está vacunado o padeció la enfermedad, podemos decir que, desde hace un año mutó el concepto de pandemia. Ya no es más el covid-19 contagiando a personas suceptibles o no vacunadas.
“Creo”, dijo el experto que trabaja en el Hospital Italiano, “que ya deberíamos hablar de covid-22 y el ‘modo pandemia’ ya fue”. Para Cámera “estamos en una epipandemia, con una situación de personas que vuelven a contagiarse el SARS-Cov-2, pero que lo atraviesan con síntomas menores”.
El modelo actual apunta a que seguiremos registrando brotes pero que serán cortos y causando síntomas similares, o más leves, que una gripe. Eso siempre y cuando el contagiado esté inmunizado con las vacunas y refuerzos. Además, todo indica que deberán ser, al menos, las bivalentes.
Según Cámera, “podríamos decir que hoy casi toda la población de los países occidentales, alrededor del 95%, tuvo al menos un episodio y casi todos son recontagios. Esto también suma a que la tasa de mortalidad sea baja y se haya vuelto una enfermedad de pocas complicaciones.
De hecho, en los últimos meses, Europa y EE.UU. volvieron a registrar alta mortalidad por enfermedades respiratorias. Pero los análisis mostraron que era por influenza y enfermedad sincitial respiratoria, que ahora también está afectando a la tercera edad. En otras palabras, el covid tiene asociada en este momento una mortalidad menor a la de la gripe.—¿Qué pasará con la vacuna?
—Tendremos que darnos un refuerzo anual, de alguna bivalente. Debería sumarse al calendario obligatorio y posiblemente haya que priorizar a qué grupos de riesgo ofrecerlas ya que tal vez no sea necesario vacunar, como ahora, a toda la población.
—¿Qué aprendimos de la pandemia?
—De esta catástrofe contemporánea los médicos aprendimos a gestionar mejor a los pacientes y la logística de la práctica profesional. También a coordinar los esfuerzos de los equipos. Y mejoramos temas de epidemiología. Por ejemplo, comprobamos que los registros de mortalidad de muchos países –incluso desarrollados– eran muy malos. Argentina tuvo errores cercanos al 10%, pero en Canadá o EE.UU., llegaron al 30%.
—¿Dejamos algo afuera?
—Creo que perdimos una oportunidad grande para repensar temas de salud pública. Por ejemplo, ya no se habla de mejorar los sistemas de ventilación de ambientes cerrados donde se juntan personas ni cómo hacer más accesible y universal el uso de filtros de aire de calidad. También tendríamos que ser capaces de poder usar barbíjos, en lugares cerrados, con mucha gente apiñada, o en momentos de alta circulación. Si pudiéramos cambiar estas cosas, no solo habría menos Covid, también disminuirían otras enfermedades infecciosas respiratorias.
Todo lo que se podría haber hecho de otra manera en la pandemia
Algo que Cámera resalta con tristeza es que “acá y en el mundo los médicos y la comunidad de salud no recibieron el reconocimiento social –ni económico– que se merecía por haber estado en la primera fila. De hecho, eso llevó a que muchos trabajadores y colegas hoy se estén alejando de la profesión. Esto, que quedó en el debe, no fue un tema exclusivo de un gobierno, sino que quien no concretó ese reconocimiento que muchos esperábamos fue la sociedad”.
Por otra parte, llama la atención que hubo en los últimos tres lustros muchos indicios de que podía llegar una pandemia. “Pero no lo tomamos en serio. Si lo hubiéramos hecho, las vacunas podrían haber aparecido mucho antes. También pasó que a ciertas instituciones les costó cambiar sus paradigmas, como pasó con la OMS y su visión sobre la forma de contagio. Me parece que por cierto “ego” corporativo no lograron estar a la altura de las circunstancias y se tardó demasiado en aceptar que las evidencias apuntaban a otra cosa. De ahí tenemos que sacar un aprendizaje para el futuro”.
Enrique Garabetyan
Balance de la pandemia
◆ La pandemia fue la mayor crisis sanitaria de los últimos cien años.
◆ El 95% de la población argentina ya se contagió o recibió sus vacunas y refuerzos.
◆ El coronavirus provocó más de 130 mil fallecidos en Argentina.
◆ Faltó un reconocimiento social y económico a la comunidad médica que estuvo en primera fila durante los meses de crisis.
◆ Al menos 41 millones de argentinos iniciaron su esquema de vacunación.
◆ Un grupo de investigadores del Conicet está haciendo la fase II/III de una vacuna “argentina”.
Reproducimos esta columna de Juan Martín Paleo, Jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas Argentinas. No se trata de un tema vinculado a la producción Argentina pero si es fundamental hoy para nuestra nación.
Cada tanto, en la Argentina, ante sucesos mediáticos se reabre el debate del empleo de las Fuerzas Armadas (FF.AA.) en cuestiones de seguridad vinculadas al narcotráfico y crimen organizado que son caracterizadas como nuevas amenazas. El sustento teórico de esa doctrina de empleo radica en los supuestos de que los conflictos interestatales se han terminado y que post 1990 las amenazas provienen principalmente de grupo no estales armados que se financian con las actividades provenientes del narcotráfico y del crimen organizado. De este modo, no tendría sentido tener FF.AA equipadas y adiestradas para repeler amenazas estatales militares externas, sino que habría que reconvertirlas para lidiar contra las redes globales de narcotráfico, crimen organizado y grupos irregulares armados transnacionales. El propósito de este artículo es demostrar la concepción de empleo de las FF.AA contra las nuevas amenazas es una doctrina errónea que llega tarde, cansada y pasada de moda a nuestro país. Es preciso aclarar que no es el rol de este Estado Mayor Conjunto (EMCO) opinar sobre el marco normativo vigente que regula el empleo del instrumento militar, sino tal como lo establece el decreto reglamentario 727/06 emitir un asesoramiento técnico y profesional desde el nivel estratégico militar sobre qué tipo de misiones el instrumento militar está en condiciones de cumplir y para cuáles no es apto.
Nuevas amenazas y el pasado de una ilusión
Toda concepción responde a la época en la que fue escrita. La doctrina de las nuevas amenazas fue concebida en un mundo unipolar donde los EE.UU. eran como afirmaba Samuel Huntington la “superpotencia solitaria”. En ese orden internacional el conflicto entre Estados era altamente improbable por la abismal diferencia del balance de poder militar existente. Algunos autores más audaces se animaban a vaticinar el fin de la historia donde prevalecería para siempre un orden liberal estable que sólo se vería amenazado por “Estados paria” y algunos grupos armados irregulares (financiados por actividades ilegales) que cuestionarían a dicho orden internacional. En ese contexto tenía su lógica repensar el rol de las FF.AA para combatir las nuevas amenazas y participar en “coaliciones de voluntarios” para intervenir en aquellos escenarios donde hubiese una amenaza a la paz internacional.
Muy pocos analistas como Cristopher Layne (The unipolar illusion. Why great powers will rise,1993) y Stephen Walt (Never say never. Wishful thinking on democracy and war, 1999) se animaron a cuestionar ese diagnóstico que por más de una década fue hegemónico. En esa misma línea fue John Mearsheimer (La tragedia de las grandes potencias, 2001), él que quizás desarrolló el argumento teórico mejor fundamentado empíricamente de porque el conflicto armado interestatal sigue siendo una posibilidad vigente y relevante. Para dicho autor, mientras el mundo siga siendo anárquico (no en un sentido de caos, sino de ausencia de un ente que posee el monopolio legítimo de la fuerza a nivel global) y los Estados deseen sobrevivir van adquirir capacidades militares para defenderse. Como las grandes potencias nunca pueden estar seguras de las intenciones de las otras grandes potencias, tienen fuertes incentivos estructurales para incrementar en forma permanente sus capacidades militares y atacar primero cuando surja una oportunidad favorable. Tal como lo afirmaba Paul Kennedy en Auge y caída de las grandes potencias (1987) el hegemón global tiende a desgastarse mediante el fenómeno de hiperexpansión al tratar de mantener su supremacía interviniendo en todas las regiones del mundo. Frente a ese desgaste, sus rivales intentan sacar provecho acrecentando su poder e interviniendo en sus áreas de influencia. Yendo de la teoría a la práctica el lector podrá sacar sus propias conclusiones de qué está ocurriendo y porque están ocurriendo los conflictos en Medio Oriente, Europa del Este y la dinámica de la geopolítica del Sudeste Asiático.
Vale destacar que ante la situación actual muchas voces militares y políticas de países de occidente del primer mundo lamentan la pérdida de capacidades para enfrentar una guerra convencional por haberse dedicado por más de 20 años a combatir al terrorismo y las nuevas amenazas. Frente a este escenario internacional y teniendo en cuenta nuestros recursos naturales altamente demandados a nivel global, la usurpación de nuestros territorios en el Atlántico Sur y la bicontinentalidad antártica, pensar emplear a las FF.AA en detener a un grupo de personas que tiene una cocina de pasta base es un despropósito total.
(Crédito: Franco Fafasuli)
¿Crisis de misión o falta de visión? La desesperación es mala consejera
Durante la década del 90 y buena parte de los 2000 surgió una literatura que hablaba que las FF.AA en Argentina no tenían un misión (dado que para esta visión los conflictos entre Estados eran cosa del pasado) y por lo tanto no se le asignaban los recursos suficientes. Las razones del largo proceso de desinversión en defensa fueron explicadas públicamente tanto por el ex ministro de defensa Agustín Rossi como por el actual ministro Jorge Taiana. En ningún momento dichos ministros, que además poseen una larga trayectoria en la política argentina, mencionaron la falta de misión de las FF.AA como un factor explicativo del proceso de desinversión. Ese diagnóstico errado de que no había misión para las FF.AA llevó a la desesperación a ciertos sectores que se autoperciben como especialistas en defensa en querer asignarle a las FF.AA la función de combatir al narcotráfico para que le dieran mayor presupuesto. Se quería poner al carro delante del caballo.
Como bien lo demuestra la realidad de las últimas gestiones esa forma de pensar resultó ser errónea. Sin cambiar la misión histórica de las FF.AA en el año 2020 se logró el necesario blanqueó de los salarios incrementando sustancialmente el haber de los retirados. En esa misma línea se acaba de iniciar el proceso de equiparación salarial con las FF.SS y además desde 2020 se dispone por ley de un fondo nacional de la defensa destinado específicamente a recuperar capacidades militares. El EMCO es plenamente consciente que ese proceso es todavía muy incipiente y que se dista en la actualidad de la recuperación de sistemas de armas claves como los cazas polivalentes, submarinos, mecanizados, etc. Estos procesos llevan su tiempo (al menos 10 años para los sistemas más sofisticados) y resulta un factor de éxito la continuidad del otorgamiento de fondos y la continuidad en la ejecución de los planes diseñados. Hoy la importancia de estos primeros pasos es que por primera vez en mucho tiempo se ha logrado revertir la curva descendente del proceso de inversión en capacidades militares incluyendo una recuperación salarial acorde a la importancia de la profesión militar.
Además de lo anterior, lo más grave de todo es la falta de criterio de pensar que la “policialización” de las FF.AA pueda llevar a que las mismas tengan más presupuesto. Si la amenaza a repeler es una banda de narcotraficantes no se necesitaría contar con submarinos, corbetas, cazas de 4ta generación, sistemas antitanque o antiaéreos, etc. Si vemos hoy el tiempo y la inversión que está llevando recuperar ciertas capacidades, no es difícil imaginar lo prácticamente imposible que supondría revertir una situación en donde las FF.AA hayan sido “policializadas”.
¿Sirven las FF.AA para combatir al narcotráfico y al crimen organizado?
Juan Gabriel Toklatián, uno de los mayores especialistas argentinos en términos de seguridad internacional, ha publicado numerosos estudios comparados que demuestran la inefectividad del empleo del instrumento militar en la lucha contra el narcotráfico y crimen organizado. Básicamente el mencionado académico demuestra que este tipo de amenazas son multidimensionales y que para combatirlas requieren de profundas reformas para mejorar los mecanismos de contralor, reforzar las capacidades de la justicia y las FF.SS, así como también la presencia efectiva del Estado ante situaciones de pobreza y marginalidad. Sería redundante explicar los conceptos que desarrolla claramente Toklatián por lo que este artículo se centrará en las características del instrumento militar que no lo hacen un instrumento idóneo para combatir al narcotráfico.
Juan Martín Paleo, Jefe de Estado Mayor del Conjunto de las Fuerzas Armadas
Las FF.AA cuando operan tratan de concentrar el máximo poder de fuego sobre los objetivos a batir. En un contexto de guerra las FF.AA están autorizadas a realizar fuego letal sobre los objetivos militares. Eso requiere un adiestramiento especial que es muy distinto al de las FF.SS cuyo objetivo no es matar al delincuente, sino prevenir o hacer cesar el delito. Eso implica un uso graduado y proporcional de la fuerza totalmente distinto a la forma de operar que tienen las FF.AA. Es por esto que cuando se utilizan a los militares para detener o combatir a narcotraficantes que operan en las ciudades termina habiendo un número muy alto de daños colaterales a civiles.
La segunda cuestión es el argumento de disponer de más efectivos para combatir al narcotráfico que hoy están ociosos. Como se explicó en otro artículo las FF.AA no están ociosas. Las mismas operan en tiempos de paz adiestrándose permanentemente; ejercen la presencia del Estado en áreas de interés estratégico; disuaden a otros Estados de agredir a nuestro país o coaccionarlo dándole a la Argentina autonomía para decidir su política exterior y fomentan la integración regional interoperando con sus vecinos. Más allá de esto, no siempre una mayor cantidad de efectivos resulta lo mejor para combatir una amenaza. Es propio de una mentalidad del siglo XIX creer que a una frontera se la controla con más efectivos y medios. La experiencia de otros países que despliegan una enorme cantidad de medios y efectivos en sus fronteras terrestres y marítimas y aún así el narcotráfico penetra es una prueba de que esos enfoques no serían los más adecuados. Si la idea es desarticular redes de narcotráfico, más que de brigadas de tanques desplegadas en la frontera se requiere de inteligencia criminal sofisticada y de grupos pequeños de fuerzas especiales de seguridad destinados a neutralizar esas amenazas. Las FF.SS cuentan con personal altamente calificado y profesional para llevar a cabo esas tareas. Las FF.AA además de que está prohibido taxativamente por ley, no saben hacer inteligencia criminal ni allanar bases del narcotráfico. Querer forzar a las FF.AA a realizar ese tipo de tareas sería totalmente contraproducente.
En tercer lugar, el Estado emplea la fuerza bajo los criterios de proporcionalidad y gradualidad. Esto responde a un uso eficiente de los recursos y a principios de derecho básicos que regulan el uso de la fuerza del Estado. Así, la policía provincial o municipal está preparada y equipada para combatir al delito común como pueden ser diverso tipo de robos, vandalismo y situaciones de violencia. Cuando el delito es más complejo (narcotráfico, crimen organizado, trata de personas) e involucra una sofisticación en las bandas criminales que lo cometen, el Estado recurre a las fuerzas federales que cuentan con mayores capacidades (inteligencia, medios y personal especialmente adiestrado) para combatirlo. Emplear a las FF.AA (que tienen medios como tanques, artillería, cazas, destructores, submarinos para enfrentarse a otros Estados) contra el narcotráfico es violar el más elemental sentido común de usar la fuerza en forma gradual y proporcional conforme al estado de derecho.
Finalmente existe la cuestión de los efectos corruptivos del narcotráfico en las agencias del Estado. Es denigrante para el militar suponer que toda la institución se corrompería si se la usara para combatir dicha amenaza. De la misma manera sería injusto poner a todo el personal de las FF.SS y de la justicia en la misma bolsa que aquellos que se han corrompido. Es preciso reconocer el esfuerzo, profesionalidad y abnegación del personal de las FF.SS y de la justicia que incluso han dado de su propia vida para proteger nuestra seguridad. Sin embargo, los militares debemos ser humildes y admitir que no somos ni peores ni mejores que el resto de la sociedad y que es altamente factible que una minoría se pueda llegar a corromper con los efectos perniciosos que eso trae para la institución. Sumar un problema más sin beneficios concretos para la lucha contra el narcotráfico simplemente no tiene sentido.
Conclusiones
Nadie puede discutir la gravedad del problema del narcotráfico y sus efectos perniciosos en la sociedad tanto en Argentina como a nivel global. Pero la legítima demanda de la sociedad de dar respuesta a este flagelo no puede conducir a pedir a las FF.AA que hagan algo para lo cual no están preparadas. Académicos serios mediante estudios rigurosos demostraron que las FF.AA no han sido eficientes cuando se las empleo contra el narcotráfico y cuyos efectos han sido totalmente contraproducentes en términos de desprofesionalizar a las FF.AA para su misión de disuadir y repeler una amenaza militar estatal extranjera. Más útil que emplear a las FF.AA contra el narcotráfico es apoyar a los programas sociales para jóvenes con problemas de adicción como los que lleva adelante el Padre Pepe Di Paola mediante los Hogares de Cristo o los programas integrales de talleres de oficios que llevan a cabo los jesuitas en Quilmes Oeste con el Padre Fabio Solti s.j.
Tal como lo señala la Directiva Política de Defensa Nacional existe una competencia geopolítica actual de alta intensidad en donde los conflictos interestatales han recobrado su protagonismo. Argentina posee lo que muchas potencias les interesa poseer energía, comida y otros recursos naturales estratégicos. Suponer que no es necesario tener FF.AA para defender esos recursos y estar preparadas para los desafíos del siglo XXI representa un riesgo enorme para la seguridad y desarrollo del país.
El EMCO ha finalizado y actualizado el planeamiento para el diseño equipamiento y doctrina de las FF.AA de acuerdo al marco legal vigente y los desafíos del siglo XXI. Este plan junto con el FONDEF constituyen los cimientos sobre los cuáles se reconstruirán las FF.AA. Para que ello suceda requiere de la continuidad de la ejecución de los planes diseñados por parte de la conducción política y militar que nos sucedan. Desviarnos de ese curso de acción con doctrinas anacrónicas e ineficientes no suma para la defensa nacional y nos deja muy vulnerables para los riesgos y amenazas que presenta el siglo XXI.
Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyóLos anteriores capítulos de la saga estan aquiDiferencias entre basura, combustible y bombas nucleares.Piletón de enfriamiento de combustibles gastados de Atucha I. La luz azul, radiación de Cerenkov, muestra su intensa radioactividad. El asunto es que el 96% del inventario de uranio 235 que tenían estos combustibles cuando nuevos, ahora que están gastados sigue sin quemar. Las especies radioquímicas artificiales de muy larga vida media que albergan también son combustibles nucleares aprovechables, si se las reprocesa. O basura radioactiva de larguísima vida media, y además voluminosa, en caso contrario. ¿Qué destino lógico deberían tener?
La CNEA, esa jabonería nuclear de Vieytes, esa crepitante cripto-democracia protegida de los milicos por los propios milicos desde 1950, fue lo primero que los milicos trataron de matar, en 1976. Nuestros hombres de armas no soportan sus propios éxitos, cuando se les salen de control.
Pero la saña de secuestros, torturas y ejecuciones que se abatió sobre el área de “Repro”, que había empezado a ampliarse por orden directa de Perón, me lleva a suponer qué país en particular estuvo detrás del desbande de ese sector cuando llegó El Proceso. También me lleva a asombrarme del papel jugado por Castro Madero en algunas de las posteriores reapariciones y reparaciones.
Para entender la historia, o al menos tratar de hacerlo, hay que discutir un poco el término de basura nuclear “de alta”, la que genera el quemado del uranio 235 en centrales y reactores.
Son basura indiscutida algunos productos de fisión industrialmente inútiles (por ahora) que contienen los combustibles gastados en sus pastillas de cerámica de uranio. Me refiero fundamentalmente al Cesio 137, el Iodo 131 y el Estroncio 90, los que fueron de mayor impacto ambiental a distancia en los accidentes de centrales: Chernobyl en 1986 y Fukushima en 2011.
Ésas y otras especies radioquímicas del combustible gastado califican como “productos de fisión”, lo que quedó de átomos de uranio 235 estallados por el impacto de neutrones. Los productos de fisión son radiotóxicos duros pero tienen vidas medias bastante aceptables, tirando a décadas.
Califican como basura “de alta” por la intensidad de su irradiación y por el calor que emiten cuando recién se los ha extraído del núcleo de la central. No se puede hacer nada con ellos salvo apartarlos del medio ambiente bajo agua y en confinamientos múltiples, cajas dentro de cajas, y esperar que se vayan “enfriando” en el doble sentido de la palabra: radiológico y térmico.
Sin embargo, otras especies que uno encuentra en el combustible gastado, en cambio, resultan buenos combustibles. Son los actínidos, y los más interesantes son los plutonios, familia de isótopos que va desde el 227 al 247, casi todos con vidas medias largas (alrededor de 7000 años haciendo promedios groseros que lograrían mi expulsión de cualquier foro de radioquímicos). Hay 3 terriblemente duraderos: el plutonio 239, con 24.110 años, el 242, con 373.000 años, y el 244, con (agarrate, Catalina) casi 81 millones de años.
Son todos contenciosos para cualquier ecologista (incluido quien firma estas sentidas palabras). De yapa, el plutonio 239 sirve para fabricar bombas nucleares de todo tipo. De modo que los actínidos y transuránidos califican como El Megombo Perfecto en dos categorías: “Política Ambiental” y “Frente Diplomático”.
Lo que sucede es que el problema de unos pocos países es una solución para una mayoría de otros países. A la fecha de hoy decenas de estados-nación con centrales nucleares reprocesan sus combustibles en instalaciones especiales de Francia, Gran Bretaña, Rusia, Japón y la India. Los mencionados y todos sus clientes reciclan el uranio 235 sin quemar y todos los isótopos del plutonio en nuevos combustibles nucleares reciclados llamados MOX, Mixed Oxides, hechos de “óxidos mixtos” de uranio y plutonio.
Si el diablo es longevo (y algunos plutonios lo son en extremo) mejor quemarlos: se los vuelve productos de fisión y se los hace desaparecer del medio ambiente, amén del mercado ilegal de armas. Reciclando combustible nuclear, se le saca un plus de energía de un 30%, mínimo.
De acuerdo a qué tipos distintos de combustibles MOX uno haga, y en qué clase de plantas los queme, y cuántas veces los reprocese, hay más energía aprovechable en la llamada basura nuclear que en el combustible virgen. En cuanto a los productos de fisión, libres de estas dos familias químicas, su volumen se reduce a un quinto y su vida media a menos de un siglo, lo que abarata mucho su confinamiento geológico definitivo.
Los EEUU, en tiempos de Jimmy Carter, sentaron la doctrina de que hay que enterrar enteros e intactos los manojos de combustibles tal como salen de la central, tras darles unos años de pasaje por piletones de enfriamiento para que se vuelvan manipulables, cosa de luego mandarlos tal como están a repositorio geológico. ¡Hasta la eternidad, y más allá!
Esto EEUU lo hace para dar muestras de virtuosismo pacifista a nosotros, el resto de las naciones, tan sotretas. Nos muestra cómo no ellos reprocesan plutonio. Lo que es lógico, ya que fabrican todo el plutonio 239 que necesitan para sus bombas en unidades especiales, reactores plutonígenos militares llamados eufemísticamente «Production Facilities».
Como EEUU cerró 2022 en posesión de un stock de 5428 armas nucleares con carozos de plutonio salidos mayormente de Production Facilities, lo de no reprocesar combustible de centrales nucleoeléctricas es pura santurronería pelotuda. Al cuete, porque el combustible quemado de centrales sobreabunda en especies del plutonio que bien se podrían usar para producir energía (la 240, la 241, la 242 y sigue la lista) pero que son militarmente inútiles por hiperfísiles, por demasiado radioactivas como para manipularlas y transportarlas, o por ambas cosas.
Pagada muy cara, la santurronería, porque el volumen de manojos de combustible nuclear quemado por las 104 centrales que supieron tener los EEUU ya excede las 90.000 toneladas. Más que la masa, es el volumen es que excede varias veces el del repositorio geológico federal de Yucca Mountain, Nevada. Si ese desértico estado no se negara desde hace ya décadas a la habilitación de esos túneles, la basura nuclear no cabría en los mismos. Perdón por llamar «basura» a sustancias que todavía retienen el 90% de su potencial energético sin aprovechar. En fin, que como sucede con muchas de sus políticas internas, EEUU está convencido de que este disparate de Jimmy Carter los demás países del mundo debemos adoptarlo como ley propia.
Los rusos, que tienen 5977 armas nucleares, reprocesan por una razón muy simple: «No enterramos oro», dicen.
Hay más uranio 235 para reciclar en las «colas» de uranio empobrecido: es el descarte del proceso de enriquecimiento, que consta del isótopo presuntamente inútil, el 238, en cantidades casi puras. Y hay otros actínidos en el combustible gastado con valor energético potencial. Son el laurencio, el torio, el protactinio, del propio uranio y los transuránidos menos frecuentes, como el neptunio, el americio y el cerio.
Todos ellos pueden integrarse a combustibles MOX y quemarse en reactores rápidos de cuarta generación llamados «breeders», o «regeneradores», bastante distintos de los PWR o PHWR que hoy dominan la industria. Hubo décadas de experimentación con «breeders» de variadas tecnologías, en la vieja URSS, en Francia y en Japón, pero las dificultades tecnológicas del enfriamiento con sodio líquido, muy corrosivo e inflamable al sólo contacto con oxígeno, hasta ahora terminaron en el cierre anticipado de las plantas.
La única que por ahora parece exitosa es el BN-800 de la planta de Byeloyarsk, Zarechny, en la provincia de Sverdlovsk, activa desde 2014 y en potencia nomial desde 2016 (entrega casi 800 MWe a la red). El combustible es un MOX clásico, hecho de cerámicas de óxidos mixtos, con un 20,5% de plutonio y un 79,5% de uranio 238, el que en los reactores comunes es inútil.
Claramente la tecnología breeder deberá seguir rumbos parecidos al del BN-800. Este reactor lo planificó la URSS para demostrarle a los EEUU, en el marco de los tratados de desarme SALT II, que los camaradas podían eliminar plutonio militar. Pero teóricamente un breeder puede mucho más que eso.
Lo interesante del quemado de un breeder es que la fuente principal de energía de las centrales nucleares futuras saldría de sus desperdicios: el combustible quemado por una parte, y las colas de enriquecimiento, formadas casi enteramente por uranio 238, el considerado no físil, por otra. Eso a la larga llevaría a una economía circular del plutonio y a la suspensión de la minería de uranio virgen. ¿Demasiado bueno para creerlo? Por ahora el BN-800 parece estar funcionando bien.
Algunos actínidos, como el rarísimo plutonio 238, hasta dan más energía que el propio uranio 235, el isótopo combustible por excelencia. Que los combustibles gastados tengan un 96% de su carga inicial de uranio 235 intacta y además algunos actínidos “de regalo”, muestra una sola cosa. Y es que mandar el combustible gastado a repositorio geológico “ad aeternum”, como hacen y mandan a hacer los EEUU es enteramente idiota. Para decir lo mismo que los rusos, tanto como lo sería para YPF el enterrar petróleo y gas vírgenes.
Vale la pena repetirlo, porque casi no es creíble, pero es cuadradamente cierto. Esto lo hacen los EEUU por decisión de Jimmy Carter “para dar el ejemplo moral” al resto del planeta y evitar que se genere una economía circular del plutonio civil. Justo ellos, los principales productores de plutonio del planeta (aunque sólo con fines militares, tranquilos, lectores, es de uso único). Toda una lección de ética diplomática, ahí. Creada, además, por un presidente que era un reactorista nuclear de la US Navy, es decir un tipo muy inteligente y que sabía su física y su radioquímica. Increíble es quedarse corto.
Lo único que han logrado los EEUU con esa estupidez es exterminar su programa de centrales nucleoeléctricas, que llegaron a ser 104 en los años de apogeo de su construcción, a mediados de los ’70. Lo liquidaron porque la masa de manojos generados por tantas centrales ya sobrepasa en 20.000 toneladas la capacidad del repositorio federal de Yucca Mountain. Pero si excavaran varios más del mismo tipo en otros estados, el problema del volumen seguiría intratable. Por ahora, el volumen de desechos «de alta» podría ser el de un campo reglamentario de eso que los autodenominados americanos denominan football, de 109,70 x 48,80, lleno de manojos de combustible hasta una altura de 10 metros.
Pero todavía quedan 94 centrales nucleoeléctricas funcionando, generan 2000 toneladas/año de combustible gastado, y no es imposible una nueva ola de construcción nucleoeléctrica con plantas de 4ta generación. Por ahora, los yanquis tienen que lidiar con 90.000 toneladas acumuladas desde los años ’50, y contando.
Enterrar manojos térmicamente ya fríos conlleva un problema de ingeniería insoluble: radiológicamente, siguen calientes, y seguirán así al menos 10.000 años. Yucca está construida para albergar basura radioactiva de una vida media larguísima, mayor que la de ningún edificio, incluida la pirámide de Khufu en Gizah, Egipto, que cumple 4589 juveniles años.
Pero Yucca no es sólo cara sino contenciosa. No hay modo experimental de demostrar que una construcción humana puede ser más longeva que las pirámides, aunque el hecho de ser subterránea la proteja bastante de la erosión, los terremotos y el saqueo. Aún así, con modelos computados que tratan de vaticinar el futuro de un edificio subterráneo dentro de 100.000 años, el público tiene derecho a ponerse escéptico. Nuestra especie, el Homo sapiens sapiens, existe desde hace menos tiempo.
Los indios shoshone consideran Yucca Mountain como una violación de la Madre Tierra y piden plata para mitigar la afrenta religiosa, que de todos modos no dejarán que suceda. Pero el problema no se limita a «los indios estaban cabreros»: los gobernadores republicanos de Nevada impiden el uso del repositorio con juicios contra la administración federal demócrata… o viceversa, cuando se invierten los dados. Si uno es político en Nevada y admite ser partidario de Yucca Mountain, firma su suicidio profesional. Pero a los opositores, Yucca les puede pagar toda una carrera política.
En semejante despiole legal, ¿qué inversor yanqui va a poner un centavo en nuevas centrales nucleares? Es como instalar una fábrica de automóviles con motor de combustión interna en un país donde el caño de escape está prohibido.
Dicho todo esto, volvemos a la Argentina del 28 de marzo de 1976, y al negro destino que estaba por abatirse sobre los expertos argentinos en «repro».
Saber que con reprocesamiento hay parvas de combustible sin gastar dentro del combustible gastado era una buena noticia. Sobraban aspirantes a integrar esa futura gerencia: era vista como la más dinámica de la CNEA, y la más llena de promesas para el país y para la carrera de cualquier investigador nuclear. Y por pura necesidad.
El reprocesamiento parecía especialmente importante en la Argentina después de 1974, cuando se inauguró Atucha I. Nuestro país tiene una geología más bien avara en uranio, y no es tanto que falte este metal en nuestras viejas rocas graníticas, sino que donde lo hay, está en muy baja «ley».
Por ejemplo, la proporción de uranio contra otros elementos, en las rocas del río McArthur, en Canada, llega al 17,88%. Dicho de otro modo, cada tonelada de roca produce 17,88 kg. de uranio. Por más que se trate de uranio natural, la cantidad de isótopo 235 que hay en la roca de un yacimiento tan despampanante hace que la minería ahí deba ser forzosamente robótica. En cambio en la mejor mina de nuestro país, Sierra Pintada, Mendoza, es raro encontrar roca que tenga más de 338 gramos de uranio por tonelada.
Las reservas aseguradas argentinas de uranio en 1976 se estimaban entonces en suficientes para unos 40 años, según el consumo de entonces. Pero esos años se acortarían a partir del momento en que entrara en línea Embalse (lo hizo en 1984). Y si después se seguía según planes con un programa de centrales CANDÚ, era inevitable que termináramos importando combustible mucho antes de fin del siglo XX. Lo que era un contrasentido en un Programa Nuclear que primero y ante todo, trataba de darle independencia energética absoluta al país.
Hoy, 47 años después del intento de liquidar la capacidad de reprocesamiento argentino mediante el secuestro, tortura y muerte de algunos de sus expertos, sigue siendo cierto que el país necesita esta tecnología. Cualquier país nuclear la necesita. Perdón, cualquier país que quiera ser un país. El resto, puede seguir quemando combustibles fósiles mientras pretende que sus industrias funcionan a viento y sol.
Se encontró algo más de uranio en Cerro Solo, Chubut, y por ahora, por ley, no se puede exportar. Eso da un respiro de unos años, porque la demanda internacional va a crecer. No viene mal ahorrarse algunas minas de tajo “a cielo abierto”, máxime tras malas experiencias como la que se tuvo con la firma Sánchez Granel en Los Gigantes, Córdoba, que, agotado el filón, abandonó el sitio lleno de pozas de ácido sulfúrico y metales pesados, entre ellos uranio. De los pasivos ambientales que se hiciera cargo el estado, je.
Todavía 5 décadas después la CNEA está tratando de remediar el sitio a bolsillo propio, es decir suyo y mío, lector@. Esto determinó, entre otras cosas, que la provincia de Mendoza cerrara expeditivamente la mina de la CNEA cercana a San Rafael y su planta industrial adyacente, Sierra Pintada. Pese a que la CNEA se encargó de hacer una gestión modélica de los residuos de la planta de concentración de uranio de la vecina Malargüe, también en Mendoza.
Como se ve, hoy hay más razones para reprocesar hoy que en 1976, cuando secuestraron a Morazzo y su gente. En estos días todo el interior viene desarrollando una alergia popular antiminera. Eso sucede gracias a la ley que el Superministro Cavallo, en épocas de Menem, le infligió a la Argentina en provecho de las multinacionales, no sin el recaudo de hacerla traducir del inglés.
La Argentina ya está importando uranio de Kazajistán para quemar en sus tres solitarias centrales. Si hay que reiniciar la explotación de uranio en Argentina, la CNEA no se topará únicamente con los problemas de minería que dejó desatendidos, y que ahora viene remediando. Sí, tarde, pero viene.
Se va a encontrar con los problemas que nos está dejando una caterva de empresas libres por ley de dejarte un megombo ambiental e irse del país una vez que se llevaron el oro, el cobre, la plata y otros metales. Si les hacés juicio, gracias a la ley Cavallo que permite contratos verdaderamente abyectos entre provincias y multinacionales, se firman bajo ley del país de origen de los inversores.
Por lo cual la CNEA hoy se encuentra con que otras provincias, como Chubut, adoptan la misma postura que Mendoza. Como si fuera lo mismo llevarse oro gratis a Suiza o a Australia que minar uranio para ponerle todo el valor agregado local que supone hacer manojos de combustibles, y luego sacarle electricidad en el ispa, y para consumo del ispa.
La salida a esta situación de encierro es políticamente complicada. Con reprocesamiento y combustibles MOX, una fuente futura de combustible de nuestras centrales pueden ser… nuestras centrales.
A la gente de “Repro” le cayeron encima por eso. Podían tener la solución a un problema que en 1976 no existía en absoluto.
Pero así como en 1976 sobraban milicos que no se bancaban una CNEA en asamblea, afuera de la Argentina había un país en particular al cual resultaba diplomáticamente intolerable que aquí se hiciera reprocesamiento.
¿Intolerable por qué? Porque es una tecnología química que te da acceso a plutonio. Si le sumás un reactor plutonígeno chico, y para nuestro país serían bastante fáciles de hacer, tenés un programa nuclear bélico.
Fuera de ello, la independencia tecnológica nuclear argentina no le convino nunca a los EEUU ni la los países europeos en general. Y alineando intereses de embajadas extranjeras y represores locales, volver la CNEA “al orden” era “hacer patria”, entre grandes comillas, y de paso exterminar este desarrollo dual. Dos pájaros de un tiro.
Y para probable sorpresa del lector, el vicealmirante Carlos Castro Madero no está entre los culpables, al menos de lo segundo. Déjenme construir mi caso.
La petrolera nacional tiene 30 días para decidir. Si lo hace, pasaría a controlar el 80% de esa central térmica, quedando Pan American Energy como accionista minoritario. Cuáles son los elementos que tomará en cuenta la firma para decidir.
El pasado 17 de febrero la empresa italiana Enel informó que le vendió a Central Puerto el 75,7% que poseía en Central Costanera. Además, agregó que firmó un acuerdo para traspasarle a la misma empresa su participación de 41,2% en la Central Dock Sud, aunque aclaró que esa operación estaba sujeta a “ciertas condiciones”. Ese último detalle no es menor porque la venta involucra a un tercero en disputa. YPF controla el 40% de Central Dock Sud y tiene un derecho de preferencia para igualar la oferta de Central Puerto en un plazo de 30 días, según informaron a EconoJournal fuentes cercanas a la compañía. Si lo hace, esa central térmica pasaría a estar controlada en un 80% por la petrolera nacional, quedando Pan American Energy (PAE) como accionista minoritario.
Central eficiente
La Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad (C.A.T.E.) comenzó la construcción de la Central Dock Sud en 1907. Por aquel entonces fue conocida como “La Gran Usina” y tuvo un papel fundamental en el desarrollo del uso de la electricidad. En diciembre de 1996 se firmó el contrato para la instalación del ciclo combinado y en la actualidad opera con una potencia instalada de 870 megawatt (MW), un ciclo combinado de 797 MW y turbinas de gas de 73 MW, siendo una de las centrales más modernas y eficientes del país.
Su situación contrasta con la Central Costanera, una empresa que tiene varias máquinas fuera de servicio y tecnología desactualizada. Es por eso que Central Puerto ofreció más dinero por la Central Dock Sud. De hecho, pagó 48 millones por el 75,7% de Central Costanera y US$54 millones por el 41,2% de Central Dock Sud.
A su vez, la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA) les ofreció recientemente a las empresas generadoras de energía eléctrica dolarizar una parte de los pagos con el objetivo de promover las inversiones necesarias para garantizar el funcionamiento del parque de generación en el mediano plazo, lo que constituye un incentivo adicional para desembarcar en la empresa.
YPF decide
Como YPF ya está adentro del paquete accionario de la compañía (YPF Luz posee el 30,6% e YPF otro 10% en forma directa) tiene un derecho de preferencia para igualar la oferta de Central Puerto. En este escenario, lo lógico sería que YPF igualara la oferta para tomar el control de Central Dock Sud, pero la decisión final aún no está definida.
YPF Luz apostaba en sus inicios a ser uno de los cinco grandes jugadores del sector de generación eléctrica y este sería un paso contundente en esa dirección. Con un mayor market share, YPF podría sentarse en la mesa que suele definir cuestiones regulatorias con el gobierno. Históricamente, cuatro empresas tienen reservada una silla en ese ámbito de definiciones: Central Puerto, Pampa, AES y ENEL.
YPF controla el 75,01% de YPF Luz, pero el 24,99% restante está en poder de la firma BNR Infrastructure Co-Investment Limited, que se reparte en partes iguales entre General Electric y la china Silk Road Fund.
Fuentes cercanas a la petrolera indicaron que la relación de YPF con este accionista minoritario no es la mejor, ya que la compañía extranjera ha sido muy conservadora a la hora de evaluar alternativas de expansión debido a la delicada situación macroeconómica que atraviesa el país. Resta saber si ese punto podría convertirse en un impedimento a la hora de decidir.
Un segundo aspecto a tener en cuenta pasa por la forma de pago. Central Puerto desembolsó 54 millones de dólares, pero lo hizo en una cuenta del Citibank en el exterior, al margen del cepo. Por lo tanto, a YPF no le va a alcanzar con ofrecer 54 millones de dólares al tipo de cambio oficial y hay que ver qué margen tiene, siendo una empresa controlada por el gobierno, para sacar 54 millones de dólares en medio de la crisis actual y depositarlos en el exterior.
El tercer y último punto que YPF también pondrá sobre la balanza es si conviene destinar ese dinero a la compra de Central Dock Sud o si decide invertirlo en Vaca Muerta. De hecho, durante el último año la firma les pidió a sus subsidiarias repatriar utilidades para financiar el upstream.
La compañía Industrial Hemp Solutions (IHS) introdujo 15 tipos de plantas de cáñamo, con diferencias genéticas que buscan expandir la industria en Argentina y promover la sostenibilidad.
Vale recordar que las fibras del cáñamo pueden emplearse en diversas industrias tales como construcción, celulosa, química, energía, automotriz y textil, y reemplazar materiales no renovables de origen fósil.
IHS es una empresa argentina que se dedica a desarrollar localmente soluciones industriales de valor agregado a base de cáñamo, comenzó en el mes de febrero el cultivo en territorio argentino de 15 genéticas nuevas para expandir la industria.
Las nuevas variedades fueron ingresadas gracias al apoyo del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) y el Instituto Nacional de Semillas (INASE).
“En SENASA estamos trabajando para asegurar el desarrollo de la industria del cáñamo en cumplimiento de los estándares de calidad y de seguridad establecidos para su producción y comercialización. El ingreso de estas nuevas variedades de genética de cáñamo es un paso importante para el desarrollo de esta industria en nuestro país”, comentó la Ing. Agrónoma Diana Guillén, presidenta de SENASA.
Para la selección de las variedades más apropiadas para Argentina, en septiembre de 2022 IHS celebró un convenio específico con la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), liderado por el Ing. Agrónomo Daniel Sorlino, coordinador del grupo de estudio y trabajo en Cannabis (GET Cannabis) e integrante de la cátedra de Cultivos Industriales, donde llevarán adelante la evaluación de diferentes genéticas de cáñamo, no sólo concentrándose en sus rendimientos, sino también en las propiedades de sus derivados para entender el impacto real que puedan llegar a producir en aquellas industrias que elijan migrar hacia el uso de estos biomateriales.
Potencial del cáñamo
«El potencial de la bioeconomía argentina es enorme, y en este contexto el cáñamo se posiciona como sinónimo de desarrollo y progreso. Estamos muy entusiasmados de poder expandir el uso del cáñamo para mejorar el impacto en las industrias del país y potenciar exportaciones con valor agregado. Nuestra compañía cuenta con el equipo y la experiencia internacional para llevar adelante la utilización de nuevos modelos de industrias que permiten crear economías sustentables», expresó Maximiliano Baranoff, Director de Innovación y Nuevos Negocios de IHS.
Entre las genéticas a validar en suelo nacional destacan las del Programa Polaco de Cáñamo dependiente del Ministerio de Agricultura de Polonia, que llevan más de 90 años realizando trabajos de fitomejoramiento maximizando los rendimientos de sus variedades.
El cáñamo es un cultivo anual que puede fijar altos valores de dióxido de carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero responsable del cambio climático. Los países tienen un compromiso importante en la lucha contra el cambio climático, y el desarrollo de negocios que fomenten la producción y el uso del cáñamo puede contribuir significativamente a la captura y reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.
La totalidad de la planta de cáñamo tiene aplicaciones que incluyen la industria alimenticia, usos textiles, cosmetología o usos en la construcción, entre otros. Las fibras pueden emplearse en diversos procesos tales como construcción, celulosa, química, energía y automotriz, entre otros, y su uso puede reemplazar materiales no renovables de origen fósil, reduciendo el impacto negativo de los mismos en la cadena de valor.
De acuerdo con un informe de la ONU, el mercado global del cáñamo podría cuadruplicar su valor estimado de 2020, alcanzando los $18.600 millones de dólares en 20271.
Los granos que provienen del cultivo del cáñamo son considerados un superalimento, por lo que existe una creciente demanda de sus aceites, harinas y proteínas en los países desarrollados. En la actualidad, ya existen 200,000 hectáreas cultivadas de cáñamo en todo el mundo, incluyendo mercados como Europa, China, Canadá, Estados Unidos y Paraguay, entre otros.
El canciller Santiago Cafiero le informó hoy a su par británico, James Cleverly, la finalización del comunicado conjunto firmado en septiembre de 2016, conocido como el acuerdo Foradori-Duncan.Tras calificarlo como “uno de los hechos más lesivos para el histórico reclamo por el ejercicio de soberanía sobre las islas Malvinas”.
El funcionario dio a conocer la decisión del gobierno nacional en el marco de su participación en la Cumbre de Cancilleres del G20 que se realiza en la ciudad de Nueva Delhi, República de la India, donde mantuvo un encuentro con el secretario de Estado para Asuntos Exteriores, Commonwealth y Desarrollo de Gran Bretaña. Tambien le hizo una propuesta para reiniciar negociaciones por la soberanía en la cuestión Malvinas en las Naciones Unidas.
Cafiero señaló que la Argentina ha buscado colaborar en asuntos concretos como vuelos, actividad científica en la Antártida o conservación y preservación de recursos pesqueros, ‘’sin que la disposición demostrada haya sido respondida de manera recíproca por su gobierno’’. Y agregó que ‘’el Reino Unido ha realizado continuadamente actos unilaterales, que han sido oportuna y debidamente protestados por la República Argentina”. “Asimismo, a lo largo de este tiempo, el Gobierno británico se ha negado sistemáticamente a reanudar las negociaciones de soberanía a que reiteradamente instan las Naciones Unidas y que exige el artículo 2(3) de la Carta.
Así las cosas, resaltó que tales acciones son incompatibles con la Resolución 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas que insta a las dos partes a que se abstengan de adoptar decisiones que entrañen la introducción de modificaciones unilaterales en la situación mientras las Islas están atravesando por el proceso de descolonización. Por ello, informó al gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte que “el Comunicado Conjunto del 13 de septiembre de 2016, conocido como ‘Foradori-Duncan’, y sus efectos, se dan por terminados’’.
Qué decía el acuerdo Foradori-Duncan sobre la cuestion Malvinas
Al inicio, el comunicado firmado el 13 de septiembre de 2016 notificaba sobre la visita a la Argentina del Ministro de Estado para Europa y las Américas de la Secretaría de Relaciones Exteriores y Commonwealth británica, Sir Alan Duncan, para mantener reuniones con autoridades nacionales y participar en el Foro de Inversiones y Negocios, organizado por el gobierno argentino.
En ese contexto, el funcionario fue recibido por el Vicecanciller Foradori, con quien, según se informó oficialmente, mantuvieron una reunión de trabajo donde se pasó revista a los principales temas de la agenda bilateral.
Los temas de agenda analizados por Foradori y Duncan y los acuerdos arribados, que ayer quedaron sin efecto.
En esos temas de agenda que incluian un largisimo listado de buenas intenciones referentes a la democracion, los derechos humanos y el cambio climatico aparecian estos puntos vinculados especificamente al Atlantico Sur y Malvinas:
«Malvinas
En un espíritu positivo, ambas Partes acordaron establecer un diálogo para mejorar la cooperación en todos los asuntos del Atlántico Sur de interés recíproco. Ambos Gobiernos acordaron que la fórmula de soberanía del párrafo 2 de la Declaración Conjunta del 19 de octubre de 1989, se aplica a este Comunicado Conjunto y a todas sus consecuencias. En este contexto se acordó adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos. Ambas Partes enfatizaron los beneficios de la cooperación y de un compromiso positivo de todos los involucrados.
De conformidad con los principios establecidos en la Declaración Conjunta del 14 de julio de 1999 y el Acuerdo por Canje de Notas, ambas Partes acordaron que serían establecidas conexiones aéreas adicionales entre las Islas Malvinas y terceros países. En este contexto acordaron el establecimiento de dos escalas adicionales mensuales en territorio continental argentino, una en cada dirección.
Ambas Partes expresaron su pleno apoyo al proceso de identificación de ADN con relación a los soldados argentinos no identificados sepultados en el cementerio de Darwin. Las conversaciones sobre esta delicada cuestión humanitaria serán llevadas adelante en Ginebra sobre la base de una evaluación del Comité Internacional de la Cruz Roja, complementada por las conversaciones bilaterales que sean necesarias. Ambas Partes acordaron que los deseos de las familias involucradas son de la mayor importancia.»
Comentario AgendAR:
El «pacto» Foradori-Duncan nunca llegó a ser un pacto entre naciones. Para que un tratado oblige a nuestro país debe ser aprobado por el Congreso Nacional, según indica nuestra Constitución. Pero este comunicado que durante casi 7 años no fue objetado oficialmente refleja una voluntad de arreglar a cualquier costo las diferencias con «los paises importantes». Es la expresion de un pensamiento que considera que nuestro pais no tiene en realidad intereses estrategicos a defender en el Atlántico Sur.
La Argentina debe medir cuidadosamente sus posibilidad actuales y futuras, sin emborracharse con palabras y slogans. Pero su realidad incluye algo mas de 46 millones de habitantes, el octavo territorio en extension del mundo y una historia con heroismos y esfuerzos sostenidos. Puede ser entonces una nación y las naciones tienen intereses estrategicos permanentes.
La caída del Sistema Argentino de Interconexión, problema de la red de transporte, más exactamente de Transener SA, es resueltamente ajeno a los generadores. Cómicamente, algunos medios -entre ellos la TV Pública- durante las horas iniciales del apagón le colgaron la culpa a las dos centrales nucleares salidas de línea, Embalse y Atucha I. Nada que ver. Pero nada de nada.
Entre ambas nucleares suman alrededor de 1000 megavatios instalados del total de casi 10.000 que se desconectaron automáticamente para proteger sus máquinas de la inestabilidad de la red. Digamos que en este caso las nucleares son casi una nota al pie. Pero no son el 10% del problema. El problema es 100% de distribución, y de la distribución se hace cargo (es un decir) Transener SA.Una salvedad: representando menos del 5% de la capacidad instalada de generación, las nucleares argentinas producen normalmente el 10% de la electricidad anual, y a veces más. Eso porque son las máquinas más robustas del sistema, con un factor de disponibilidad que orilla el 90% y lo excede (Embalse llegó alguna vez al 98%). Es casi el doble de la disponibilidad de las máquinas térmicas. La otra es que si hay tres años seguidos de sequía, sabemos que las nucleares siguen generando a capacidad nominal, a diferencia de las hidroeléctricas sobre el Paraná, el Uruguay y el Limay.En este brete, sin embargo, las máquinas nucleares tardarán algo más que las otras en reconectarse. Dependen de la electricidad de red para el funcionamiento de las bombas que refrigeran los núcleos de sus reactores. Es una opción deliberada.Un neófito podría pensar que podrían autoalimentarse de la misma electricidad que generan, como quien vuela tirándose de los pelos. Pero la sensatez ingenieril prefiere que esa potencia electromotriz venga de afuera. Si hay problemas en la red, no sólo no se puede depender de la electricidad ingresante, sino tampoco en poder inyectar en la red la que sale del turbogrupo.Como medida de protección de la turbina y de las bombas de refrigeración, la central nuclear entonces se desconecta. Todas las centrales se desconectan: lo hacen también máquinas térmicas e hidroeléctricas, para no perjudicar sus turbinas. Esto sucede en fracciones de segundo y en el caso de las atómicas, la desconexión la ejecuta un sistema informático que además da orden de arranque instantáneo a los generadores diésel de reemplazo. Estos dan la electricidad para que las bombas sigan refrigerando el núcleo. Éste, en términos térmicos, no llega a enterarse de que afuera de la central se armó un tremebundo despiole de redes.Pero el núcleo sí se entera en términos neutrónicos: el sistema de protección dispara, junto con la desconexión con la red, un segundo mecanismo de seguridad: la caída de barras de cadmio dentro del núcleo. Este material absorbe el superávit de neutrones libres que garantiza la reacción en cadena, de modo que ésta se exingue en segundos. Atucha 1 se desconectó a los 800 milisegundos de detectada la anomalía en la línea de 132 kilovoltios que le llega desde Zárate.
¿Por qué desconectarse? Ya se dijo, pero explico más: no es cuestión de seguir generando calor en el núcleo, sino de refrigerarlo lo que haga falta -pueden ser días, semanas, meses- hasta que los problemas de red desaparezcan y llegue la orden de reconectar la central nuclear al sistema nacional. En una desconexión corta y automática, la central queda en «parada caliente», con el refrigerante a más de 100 grados Celsius. En una más prolongada, se prefiere ponerla en «parada fría».
Aún así, el arranque no se puede hacer a toque de botón. Una central nuclear no es un generador eléctrico auxiliar de supermercado. Mientras hay superávit de neutrones, el núcleo está relativamente limpio de un contaminante salido de la fisión del uranio 235, que es el Xenón 135. Este radioisótopo del Xenón absorbe neutrones con avidez, exactamente como las barras de control, sólo que con mucha mayor efectividad.Según la lógica, el Xenón 135 debería impedir la reacción nuclear. Pero en operación normal la inmensa cantidad de neutrones libres que genera el reactor en funcionamiento lo mantiene a raya: en marcha a potencia nominal, la máquina genera Xenón 135, pero lo destruye bastante más rápido de lo que lo genera, de modo que la potencia se regula únicamente con las barras de cadmio, sacándolas un poco del núcleo o entrándolas un poco. Es como regular la velocidad de un auto no con el acelerador, sino con el freno.
Sin embargo en un «scram», o enclavamiento, o apagado en emergencia como el que ayer experimentaron Atucha I y Embalse, el Xenón 135 se acumula durante las horas subsiguientes al abrupto «stop» de la central. Pero se va autoeliminando: tiene una vida media bastante corta, de algo más de 9 horas, y se transforma en Cesio 135, que no estorba la reactividad. Superado cierto umbral, se puede pasar a puesta en marcha.Resumiendo: en NA-SA en estos momentos están midiendo los niveles de Xenón 135 en las tripas de ambas centrales, y sólo tratarán de devolverlas a línea cuando este gas haya desaparecido casi enteramente. Recién entonces Atucha I y Embalse volverán al ruedo, primero a potencia reducida y luego a plena.¿Tiempo para ello? A ojo de mal cubero, no menos de dos días desde el «scram». El restablecimiento de la red eléctrica seguramente empezará antes por las centrales térmicas y las hidroeléctricas, y hay como 9000 MWe a reconectar paso a paso, viendo si la red no sigue haciendo pavadas, la gente de CAMMESA, la mayorista de electricidad, tiene para entretenerse. Así como también los argentinos de a pie que, con el apagón y la ola de calor, ahora están perdiendo desde la comida en las heladeras hasta días de trabajo y también la salud. Todos estamos entretenidísimos. Transener no te deja aburrirte.Porque todo esto tiene nombre. Tanta radioquímica nos lleva a la política energética. Es imposible no recordar el Día del Padre de 2019. Se apagó toda la Argentina, y la caída de red afectó incluso a Uruguay y Chile. El origen de ese black-out histórico fue que durante años Transener, que al parecer nos tiene de hijos, se negó a apuntalar físicamente el cruce aéreo sobre el Paraná de una de las tres líneas de alta tensión (LATs) que llegan al AMBA desde una enorme unidad remota de generación, la central «hidro» de Yacyretá. Cuando se cayó ese tramo troncal, toda la red se inestabilizó y se armó una cascada instantánea de desconexiones de generadores que excedió los límites del país.Los problemas de red, ya que éste del 1 de marzo de 2023 ha sido exactamente eso y no un problema de generación, emergen básicamente de su tendido. El Sistema Argentino de Interconexión (SADI) es todavía muy lineal. Lo integra un abanico de tramos larguísimos de líneas de alta tensión (LATs) que van desde una unidad generadora remota a un sitio de demanda. Por caso, las hidroeléctricas del Comahue, o las del Atuel en Mendoza, o la de Yacyretá en Corrientes, o las térmicas sobre el Paraná, cuya electricidad se consume en el AMBA.El tendido eléctrico repite la forma del viejo tendido ferroviario inglés y rodovial: todo va a parar a la Región Centro, pero hay pocas conexiones transversales que formen una verdadera malla. Comentario inevitable: la nuestra es una red muy unitaria y no muy federal, y eso la hace técnicamente muy precaria. Esas pocas LATs transversales que se hicieron a principios de este siglo suman 4500 km. de LATs nuevas, las garpó el estado y las mandó a hacer Julio DeVido como ministro de Néstor Kirchner. Desde las privatizaciones, fue el único intento de «mallar» la red, volverla una imbricación de anillos. El capital privado en esto de robustecer la red prefirió abstenerse. Poner plata no es su negocio.
Con una estructura mallada, la red resiste mejor la súbita inestabilidad de la caída de un tramo troncal, como la que causó en este caso un incendio de pastizales, algo tan normal en un verano con fortísimas olas de calor.¿Por qué un mayor mallado impide la propagación en cadena de una caída de red? Porque hay vías alternativas: la electricidad logra llegar desde A a B aunque el camino más corto esté interrumpido. Sencillamente toma desvíos laterales. La inversión en LATs de mallado nos ha venido salvando de muchos problemas, pero desde tiempos de Néstor Kirchner la inversión en mallado de redes no se volvió a repetir. Incluso con los tarifazos entre 2016 y 2019, que generaron mucha plata. Que fue a parar vaya a saber adónde.
Desde su privatización por Carlos Menem, el mercado eléctrico argentino está dividido en tres niveles: generación de energía, transporte y distribución domiciliaria. Desde entonces, el negocio básico de los concesionarios de los tres niveles es cobrar sin invertir, mientras el Ente Nacional de Regulación de la Electricidad se sume en la contemplación de algún nirvana, que para ello lo hizo Menem. Por ello, hay insuficiencias crónicas en los tres niveles: de generación, de transporte y de distribución. Desde hace… ¿ya 30 años?Cómo pasa el tiempo…Pero éste black-out, como aquel apagón padre y madre del Día del Padre de 2019, es todo de distribución, y tiene nombre. Y para sorpresa de nadie, empieza con Trans.
Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyóLos anteriores capítulos de la saga estan aquiSe va el COCO, llega el cuco y entra a matar gente
Algunos desaparecidos de la CNEA.
Tras desencadenar la primera hiperinflación argentina desde 1889 y matar a unas 1500 personas con sus comandos parapoliciales, el caótico gobierno de Isabel Martínez Perón cayó. Desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983 reinó “El Proceso”, dictadura de una ferocidad desconocida hasta entonces, superior a la máxima imaginable. Mató al menos a 30.000 compatriotas, inventó una guerra sin sentido, la perdió sin honor, y le infligió a la Argentina destrozos económicos, sociales, educativos, geográficos e incluso militares de los que 40 años más tarde no logra recuperarse.
En todo sentido, Menem o Macri, campeones en esto de transformar un país en un mero lugar, no habrían sido posibles sin El Proceso.
Y esto se combina con un asunto que Sábato mentó desde el comienzo: iniciar un programa nuclear es firmar un pacto con el diablo, por ese incómodo asunto de los residuos radioactivos.
Lo que no nos imaginábamos eran cuántos diablos más venían con ese diablo de los residuos radioactivos. En 1976 las patotas y grupos de tareas del proceso y el diablo del que habló Sábato se unieron para destruir a algunos de los mejores cerebros del Programa Nuclear. Entre ellos, el elenco que se ocupaba de darle un destino racional a los residuos.
La CNEA, tan en ebullición intelectual, vivió en asambleas donde valían lo mismo los votos de obreros, técnicos, administrativos y profesionales, durante los gobiernos peronistas desde el 25 de mayo de 1973 hasta el 24 de marzo de 1976. Entonces, con el nuevo gobierno golpista, llegó el vicealmirante Carlos Castro Madero –un físico en reactores de la casa- y “reimplantó el orden”. Y a lo bestia.
¿Pero qué orden? Desaparecieron 17 integrantes de la casa y 4 egresados del Instituto Balseiro, además de lo cual fueron secuestrados, desaparecidos, torturados y “reaparecidos” 12 nucleares más. Hubo, de yapa, unos 160 despidos, 200 según otras fuentes. Hubo hasta un desaparecido que, tras su desaparición, fue despedido por faltar al trabajo…
El análisis de las listas de desaparecidos y el caos de estas operaciones indican no sólo un cambio cualitativo en la crueldad, sino toda una variedad de represores distintos entre sí y con bastante disparidad de objetivos.
Como se dijo ya muchas veces, la CNEA prosperó como refugio de científicos y tecnólogos bajo el paraguas de la Armada, que la dirigía y la protegía de sí misma, pero controlada indirectamente por oficiales del Ejército, que no le tenían un gramo de confianza a la Armada. En esto no hay novedad: en su competencia por el poder, Marina y Ejército han sostenido varios enfrentamientos extraordinariamente sangrientos desde los ’50. Lo raro es que hubieran logrado funcionar pacíficamente en la CNEA desde 1950 hasta 1976, y bajo autoridad abiertamente naval.
La represión del 28 de marzo de 1976 en la CNEA marca no sólo el fin de la protección al personal, sino el comienzo de choques entre Marina y Ejército. Agravado porque -diferenciados en general por su conocimiento técnico y su orientación política- se evidencian al menos dos bandos distintos dentro de la Armada, y otros tantos dentro del Ejército. En ambos casos, no es imposible entrever un quinto actor externo, desdibujado en bambalinas, pero infaltable: la CIA. El escenario, 46 años después, sigue siendo muy entreverado.
Peinando fino, sobre 21 apellidos de los que no volvieron jamás, 10 son judíos: hasta ahí, nada sorprendente. Apesta al tradicional antisemitismo de nuestros canas y milicos. Tener un apellido judío llevó las chances de supervivencia de los nucleares secuestrados a cero. De hecho, ninguno de los 12 reaparecidos tiene apellido judío.
La JP y la izquierda en sus distintas fracciones ligaron duro sin denominación de orígenes nacionales. No desaparecías por ser judío, pero sí por peroncho de izquierda, o simplemente zurdo. A recordar: la CNEA estaba llena de zurdos fundacionalmente. Era el único sitio del país donde los fachos, que en este lugar del mundo mandan seguido en el ambiente científico y académico siendo nulidades absolutas en términos intelectuales, los dejaban investigar en paz. Ese reparo daba réditos tecnológicos, industriales y diplomáticos. Jamás nadie, ni el propio general Juan Carlos Onganía, se hubiera imaginado una «Noche de los Bastones Largos» en la CNEA.
Sin embargo, hubo un área nuclear especialmente devastada, sin distingos políticos o de familia, y fue “Repro”, es decir el laboratorio llamado Procesos Radioquímicos bajo dirección de Santiago Morazzo (que sobrevivió), donde también revistaban el técnico químico Carlos Calle y Domingo Quilici, a quien ya nombré por su participación dirigente en la construcción del primer reactor de formación de personal en el Teherán del Shah.
Y lo que puede desconcertar al más pintado es la conducta que tomó el contralmirante Carlos Castro Madero ante la devastación de esta área de la CNEA. Todavía sigue siendo indescifrable.
Un poco de historia previa. Bajo orden directa y personal del propio Perón en su tercera presidencia, Morazzo investigaba desde 1968 sobre cómo recuperar radioisótopos físiles (los varios del plutonio, otros transuránidos, y el uranio 235 sin quemar) a partir del combustible quemado por reactores y centrales.
Se venían quemando las cejas con las vueltas del proceso extractivo PUREX en el pequeño laboratorio de Ezeiza, llamado PR1, donde habían logrado reprocesar 0,5 g. de plutonio a partir de combustible gastado del contiguo RA-3. El PR-1 era muy chico, más una mesada de laboratorio que una habitación propiamente dicha.
El ambiente de «Repro», sin embargo era conocido en todos los pasillos, y resultaba electrizante: al salir del trabajo cotidiano, sus dirigentes científicos se iban cada tarde desde Ezeiza a Sede Central, en Av. Libertador frente a la ESMA, para transformar hallazgos químicos en línea política, verbigracia, lograr el apoyo de Presidencia de la CNEA. Había que convencer a muchos con prestigio y/o con mando.
El paso siguiente sería más importante: el laboratorio PR2 exigía su propio edificio, dado que la idea era llegar a algo más de una decena de kilos de plutonio. Nadie quería hacer una bomba de plutonio, y habría sido imposible con el «mix» de isótopos de un reactor, con poco plutonio 239 y demasiado 240, 241 y 242, especies excesivamente reactivas y por ende, militarmente inútiles. Esa masa era la mínima para testear en combustibles del tipo «óxidos mixtos» de uranio y plutonio. Obviamente, esto era imposible sin el visto bueno del contraalmirante Pedro Iraolagoitía, nuevo presidente de la CNEA desde 1973.
Iraolagoitía estudió largamente las enormes carpetas presentadas por Morazzo, Calle y Quilici, y dió luz verde, no sin consulta previa con el presidente Juan D. Perón. Esto significa que al menos antes del 1ro de julio de 1974, cuando murió Perón, «Repro» era un proyecto oficial de las presidencias del estado nacional y de la CNEA, aunque todavía medio huérfano de plata y de sustento legislativo.
Debido a ello, cuando terminaban de hacer campaña sobre Presidencia y el directorio de la CNEA, para reclutar apoyo y gente, Morazzo, Calle y Quilici se tomaban algún bondi hasta el Congreso de la Nación. Allí se reunían hasta deshoras con grupos de diputados y senadores, aunque al día siguiente había que levantarse a las 05:00 o por ahí y tomarse la combi temprano hasta Ezeiza.
Lo dicho, la CNEA generaba personajes así, oscuros patriotas que se deslomaban por el país con naturalidad y a cambio de cero fama y ningún privilegio. Trabajólicos Anónimos, los llamo. Todavía existen.
La intención de esta gente treintañera era juntar votos en ambas cámaras y para que el PR2 tuviera respaldo legislativo, una ley marco especial que lo protegiera de interferencias de los EEUU. Como se ve, no hubo el más mínimo intento de clandestinidad. El edificio estaría en el Centro Atómico Ezeiza y tendría grandes y llamativos sistemas de seguridad radiológica.
Las 40 personas metidas en este asunto eran en buena medida peronchos. Por nucleares, sabían bien, particularmente desde el bombazo de Indira, que el desarrollo de esta tecnología en Argentina chocaría de frente con la política externa de los EEUU. Pero también con la del resto del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y de yapa, contra la de un nuevo “lobby” dentro del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) llamado entonces “El Club de Londres”, hoy Nuclear Suppliers Group.
A la gente de “Repro” lo del respaldo legislativo les resultaba imperioso: no se podría avanzar mucho en un terreno tan minado con el único paraguas de una orden presidencial, para más inri verbal y reservada, por más que hubiera venido indirectamente de Perón a Morazzo vía Iraolagoitía. Ninguno de ambos viejos, Perón o Iraolagoitía, era eterno.
De yapa, la tercera presidencia de Perón venía borrascosa por fuera y por dentro. El ministro de Bienestar Social, José «El Brujo» López Rega, era sin disimulos el jefe máximo de la Triple A, el comando parapolicial que venía matando gente de a 2 o 3 por día, ya andaba probándose las pilchas de su jefe en vida de éste. Y el propio líder no derramaba salud o liderazgo.
Hacía falta una ley nacional “paraguas” para que, sucediera lo que sucediera en la presidencia de la Nación y /o de la CNEA, en esta política de Reprocesamiento no hubiera vuelta atrás. Esa mezcla de científico-tecnólogo y militante se daba fácil en la CNEA. Ya lo dije: fue impronta fundacional y creo que incluso hoy, tras tantos porrazos, sigue abollada pero vigente.
Añado un link a un artículo de Alejandra Dandan salido en 2015 en Página 12. Creo contribuye a entender el estado de cosas con «Repro» cuando le cayó encima la furia del Proceso. Está aquí.