Pampa Energía invertirá u$s500 millones para construir un parque eólico en Bahía Blanca
Refugio de Cerro Nevado en Tecnópolis
Tecnópolis, la Embajada de Suecia en Argentina y la Universidad de Gotemburgo inauguraron este domingo la experiencia de realidad virtual que permite a los visitantes recorrer el Refugio de Cerro Nevado y su entorno, e invita a reflexionar acerca del ejercicio de la soberanía nacional en el Sector Antártico Argentino.
El Ministro de Cultura de la Nación, Tristán Bauer, la directora de Tecnópolis María Rosenfeldt, el Embajador del Reino de Suecia Jan Anders Wilhelm Karlsson y el representante de la Universidad de Gotemburgo Jonathan Westin participaron este domingo 5 de febrero en la inauguración de la experiencia de realidad virtual “Refugio Cerro Nevado Antártida Argentina”. “Estas nuevas maneras de narrar y de contar una historia nos abren distintos universos. Hablaban ustedes de cambio climático, veíamos las fotografías de esa península rodeada de hielo, y hoy vemos ahí las fotos sin hielo. El significado que tiene eso para la defensa de la vida y de nuestro planeta: comprender, conocer para transformar es fundamental”, comentó el ministro Tristán Bauer.


Un fondo de inversion en el que participa Arcor invierte en Ruedata, una startup latinoamericana
Argentina: un pais adicto a la inflacion
«Campeones del mundo»
Si examinamos desde 2010 en adelante, hubo solo dos países en el mundo que durante todos los años presentaron una inflación anual superior al 20%: Argentina y Venezuela. Ojo, eso no significa que sean los casos más críticos. Por ejemplo, Líbano —que en 2010 tenía una inflación del 4%— tuvo una crisis económica en 2019 (con corralito incluido) que llevó a que la inflación fuera del 155% en 2021; Sudán presentó una escalada inflacionaria prácticamente ininterrumpida, que pasó del 11% en 2010 al 383% en 2021; Zimbabue, cuya inflación había sido prácticamente nula en toda la década, fue afectada por una sequía histórica que hizo que la inflación superara el 550% en 2020. Lo que distingue a la Argentina de estos países es que acá no se observó ninguna catástrofe económica, política o climática. Y, lo que es más llamativo de todo, es que a lo largo de toda esta década la inflación, como problema, prácticamente desapareció en todo el mundo. Recién ahora con el impacto que tuvo el COVID-19 en las cadenas globales de suministros, combinado con el aumento en los precios de la energía y los alimentos que provocó la guerra entre Rusia y Ucrania la inflación volvió a aparecer como un potencial problema, aunque todavía lejos de ser algo grave. Como se puede ver en el gráfico a continuación, que muestra para cada año la cantidad de países que tuvieron un aumento de precios superior al 20% anual, la inflación fue un problema relativamente global entre 1974 y 1995 (donde aproximadamente el 30% del mundo tenía una inflación elevada), pero una vez que los países lograron contenerla, no volvió a manifestarse. Salvo, claro, en muy escasas excepciones, como Argentina, que volvió a tropezar con la misma piedra.Cantidad de países con inflación superior al 20% anual
«Inflacionarios anónimos»
Al margen de que seamos el país de mayor inflación o no, evidentemente tiene que haber algo más —aparte de la mala gestión— que explique este problema recurrente. Y ahí tiene que estar la respuesta, en la recurrencia. Como si tuviésemos una predisposición a la inflación. O una enfermedad crónica. Como mostramos en una edición anterior, esto es porque la inflación tiene memoria, que podríamos definirla como la capacidad que tiene un proceso, en un momento dado, de conservar ciertas características a pesar de que las causas que la originaron ya no se encuentran presentes en ese momento. Así, el comportamiento de dicho fenómeno no puede ser explicado sólo por las circunstancias actuales, sino por todo el proceso acumulado en el tiempo. Asimismo, esto es lo que lo hace tan difícil de solucionar. Para entenderlo mejor, podemos compararlo con lo que le sucede a una persona que tiene problemas con el cigarrillo. Como la nicotina genera una adicción, eso hace que, a medida que la persona fuma más, se vuelve más dependiente. Con el transcurso del tiempo, la adicción se vuelve cada vez más difícil de combatir. No solo eso, sino que, aún si esa persona lograra dejar de fumar, las ganas de hacerlo la van a acompañar toda la vida, lo que hace más factible la recaída. Por tales motivos, el pecado original fue permitir que, tras la salida de la convertibilidad, la inflación volviera a ubicarse en niveles relativamente elevados. Para peor, en ese momento ni siquiera se consideró que fuese un gran problema, al punto de manipular las estadísticas oficiales para ocultarlo. Así, dejamos rápidamente atrás un contexto de inflación baja, para pasar a lo que la literatura denominada regímenes de inflación moderada, que se producen cuando los incrementos de precios se sitúan en un rango de entre 15% y 30% anual por más de tres años consecutivos (ver, por ejemplo, los trabajos de Dornbusch y Fischer, 1993; o Morra, 2014). Posteriormente, la inflación elevada, combinado con una serie de shocks externos, la acumulación de malas políticas macroeconómicas y un endeudamiento en moneda extranjera irresponsable se tradujeron en recurrentes devaluaciones que llevaron a la economía a la siguiente fase, el régimen de alta inflación, tal como se puede apreciar en el siguiente gráfico.Inflación (en % anual)
«Un plan para dominarlos a todos»
Gran parte de la dificultad para combatir a la inflación reside en lo persistente que es este fenómeno frente a la aplicación de políticas económicas aisladas que buscan frenar los aumentos de precios. En los últimos años, se aplicaron políticas monetarias contractivas (la recomendación más utilizada por los bancos centrales en todo el mundo), controles de precios o anclas cambiarias, y todas fallaron. En algunos casos se observó cierta reducción de la inflación, pero luego resurgió (incluso retomando impulso y aumentando a una velocidad mayor). Esas herramientas pueden funcionar para contrarrestar un aumento repentino de los precios en una economía estable, pero no sirven para luchar contra una inflación crónica. En este tipo de casos, hay dos rasgos particulares que hacen que las políticas tradicionales no sean eficaces: la inercia y la falta de confianza en la capacidad para lograrlo. Para entender bien el concepto de inercia, quizás lo mejor sea apelar a su ciencia de origen, la física. Ésta la define como la resistencia que pone un objeto a que se modifique su estado de movimiento, incluyendo cambios en la velocidad o en la dirección del movimiento. Dicho de otra manera, la inercia no es una fuerza, sino lo que queda una vez que se eliminan todas las fuerzas que operan sobre el objeto. Llevado a la economía, esto significa que aun si lográramos eliminar de un plumazo todas las causas actuales que explican la inflación, seguiríamos observando aumentos de precios por varios meses más. Esto se explica, fundamentalmente, por el grado de indexación de la economía, es decir, por la cantidad de contratos (formales o informales) que se utilizan para ajustar los distintos precios y costos en un entorno inflacionario (esto lo analizamos en detalle acá). Si nos ponemos a mirar alrededor, notaremos que la indexación está por todos lados. La paritaria es el ejemplo clásico más visible, pero lo mismo aplica para los alquileres, el gasto público (por ejemplo, con la Asignación Universal por Hijo/a o la jubilación mínima) o incluso la manera en la que las empresas determinan sus aumentos de precios, porque para tomar dicha decisión no solo tienen en cuenta los incrementos de sus costos sino también los precios que esperan que fije la competencia. Para eso, por lo general su mejor estimación es que los mismos se van a comportar en línea con la inflación pasada. Así, podemos advertir que todos los precios de la economía se encuentran atados —parcial o totalmente— a la inflación pasada a través de un entramado de contratos. Esto hace que sea muy difícil bajar la inflación de manera rápida, ya que buena parte de la misma no depende de las condiciones presentes, que son precisamente aquellas sobre las cuales tiene impacto la política económica. Esto significa que la inercia tiene un efecto propagador, que hace que el proceso inflacionario sea más estable, pero, a la vez, más persistente, provocando que cualquier tipo de shock o cambio brusco en la política económica se transmita lentamente hacia los precios, pero prolongándose por bastante tiempo. Pensemos, por ejemplo, lo que sucede cuando uno calienta a 50 grados la punta de una barra de acero. Al tocar la otra punta no sentimos ningún cambio de temperatura. Pero a medida que el calor se propaga por la barra, la punta empieza a calentarse hasta que, finalmente, alcanza los 50 grados, logrando un punto de equilibrio. Si luego de esto, apagamos el calentador —es decir, aplicamos un cambio brusco— buscando reducir la temperatura, veríamos que tarda bastante tiempo en materializarse. Esto nos lleva al segundo rasgo distintivo, la falta de confianza en que el gobierno de turno pueda bajar la inflación, la cual está explicada por la falta de resultados mencionada anteriormente. Esto le quita potencia a la política económica porque las empresas para determinar sus precios también toman en cuenta la inflación futura, es decir, lo que esperan que suceda con el resto de los precios. Como mostramos acá, si las empresas creen que las políticas aplicadas van a funcionar, eso por sí solo ya va a tener un impacto mitigador, a través de la menor inflación proyectada. Por el contrario, el anuncio de medidas aisladas, que encima por lo general son elaboradas como respuesta a las distintas tensiones que van surgiendo, difícilmente tengan ese efecto persuasivo. Todo lo anterior sirve para cerrar con la conclusión más importante de todas. La única manera de atacar un fenómeno multicausal como la inflación, cuyos 4 componentes principales son la falta de dólares, el excedente de pesos, la inercia y la falta de credibilidad, es con un plan de estabilización diseñado a medida para atacar de manera simultánea los cuatro frentes.Juan Manuel Telechea
La saga de la Argentina nuclear – XXVI
Marina Silva y Lula: divorcio trágico
La génesis de la percepción “del átomo malvado” merece examen: ya no es credo de “minorías intensas” sino algo implantado en casi toda la sociedad brasileña, menos discutible que la redondez de la Tierra. Viendo las cosas en su origen, los militares cometieron la estupidez insuperable de inaugurar el complejo de centrales nucleares Almirante Álvaro Alberto en Angra dos Reis, un parque nacional a sólo 151 km. de Río de Janeiro. Angra tiene un combo de 365 islas, playas inmensas, manglares, aguas prístinas, relictos selváticos de Mata Atlántica, navegación a vela, buceo y ecoturismo. Los militares –y la democracia posterior también- dejaron que Angra se urbanizara con condominios de lujo, paraísos de “weekend” para los cariocas ricos. Son tres usos de la tierra bastante incompatibles entre sí. Los argentinos carecemos de escapadas de esplendor geográfico equivalentes a Angra a tiro de La Reina del Plata. ¿Pero cómo se pondrían los platudos en La Horqueta, Barrio Parque y Recoleta si se levantaran tres centrales nucleares en Cariló? Toda vez que los chicos rubios que salvan las ballenas y el planeta salen por la Rede Globo vaticinando Chernobyles en Angra, cruje el valor inmobiliario invertido allí por los que cortan el bacalao en Río. ¿Empieza a entender por qué –además de las habilidades extorsivas de Jimmy Carter– en Brasil no hay 4 ni 8 centrales, como quería el dictador militar Ernesto Geisel, sino 2 y media? Angra III se empezó en 1984. En 1989 debió haber entado en línea. Como sucedió con sus predecesoras, la construcción se paró demasiadas veces. Aunque en 2010 el presidente saliente, Luiz “Lula” da Silva, trató de ponerle fecha de terminación en 2015 y reactivar proyectos por 4 o 5 centrales más, no tuvo maldita la chance con aquel Parlamento repleto de aspirantes a golpistas, y las tribulaciones ulteriores de su sucesora Dilma Rouseff con la opereta judicial llamada “Lava-Jato” terminaron sacando del ring al alma viviente del Programa Nuclear Brasileño: «seu Othon», como lo llamaba el público, porque tenía una inexplicable popularidad rara en milicos o tecnólogos, y era ambas cosas. El almirante Othon Luis Pinheiro Da Silva, el hombre a cargo –entre otras cosas- de construir la propulsión nuclear del submarino brasileño, ese sueño eterno del país resucitado por Lula. La “opereta política” montada contra Rouseff, el Lava-Jato, dejó preso a Pinheiro da Silva desde fines de Octubre de 2015. Y era un ícono. Y llegamos al caso de otro ícono: Marina Silva, compañera juvenil de militancia del “seringueiro” Chico Mendes, aquel cauchero artesanal asesinado por defender su pedazo de Amazonía en Acre de los “grileiros”. Estos son ladrones de áreas protegidas y otras tierras fiscales selváticas. Generalmente se trata de ganaderos, pero se hacen mineros, madereros o de otras profesiones, de acuerdo al carácter bio y geomorfológico del pedazo de planeta que logren robar. “Grilar” es dejar varios meses una escritura falsificada de cesión a propiedad privada de tierras públicas en una caja con grillos, para que el papel adquiera el aspecto amarillento y roído de un documento oficial de 1930, o por ahí, y coincida con la fecha inventada de la entrega, y los sellos y firmas fraguados. Con tales artesanías de escribano, los grileiros hace más de medio siglo que expulsan a la población residente en la Amazonía para hacer talas rasas y poner ganado, represas o lo que venga, con ayuda de gobernadores, jueces, policías y sicarios. En Brasil las cosas se hacen a lo grande: en 2012 murió Cecilio do Rego Almeida, tras “grilarse” 4,7 millones de hectáreas, la superficie sumada de Bélgica y Holanda, en el estado de Pará, área del río Xingú. Su grupo, CR Almeida, reúne 30 empresas, algunas de ellas de ingeniería. Marina Silva empezó la vida como “alimento balanceado” de tipos como do Rego Almeida: paupérrima seringueira amazónica, huérfana temprana que sobrevivió a hepatitis reincidentes, varias expulsiones de tierra, envenenamiento con metales pesados liberados por la minería de oro, y sobre todo, a muchas amenazas de muerte, esta mujer aprendió a leer a los 16 años, se licenció en historia en la Universidad de Acre a los 28, y pasó de mucama doméstica a activista con Chico Mendes, y luego del asesinato de Mendes, a militante del PT, concejala, diputada nacional y Ministra de Medio Ambiente en el primer gobierno de Lula, entre 2003 y 2008. Este personaje gigantesco –tanto como Lula- no tardó en quedar aislada de ellos y respecto del gabinete del PT. Cayó en desgracia porque en su guerra personal contra los grileiros fue tan “al hueso” que bajó la tasa interanual de deforestación de la Amazonía en un 56% mientras duró su ministerio. La a agroindustria, la minería y las constructoras se la juraron. Su ruptura con Lula tuvo varias causas más, pero la principal fue el apoyo del PT a dos megaproyectos “hidro” en la selva, el desvío del San Luiz y luego aquel represamiento múltiple del Xingú, Belo Monte. Y es que los megavatios “de base” de algún lado tienen que salir. En Brasil, donde Petrobras descubrió no poco petróleo nuevo, off-shore y a 7 km. verticales de la superficie, está creciendo la energía térmica. También hay un “boom” eólico fulminante. Pero el viento es un recurso intermitente: no genera electricidad de base, que es la que cubre demanda 24x7x365, especialmente la industrial. Y en un país tan represado como Brasil, siempre falta potencia de base en años secos como 2001 y 2015. En los años secos (toda esta última década lo ha sido en general) las ciudades entran en apagón, la industria reduce turnos, o cierra, y la hidrodependencia se vuelve una fuerza recesiva formidable. Es lo que desgastó más la presidencia de Henrique Cardoso, y una de las razones por las cuales en 2003 Lula por fin lo pudo derrotar en elecciones. Y qué hidrodependencia: entre el 77 y el 85% y hasta el 95% de la electricidad sale de turbinas hidráulicas, según la hidrocidad de los ríos. Más de 400 embalses artificiales entre el trópico y los 30º de latitud Sur son demasiados, incluso en el país más fluvial del planeta. Todo lo bueno y con alta densidad energética se represó hace rato y lo que queda son ríos selváticos de llanura, con caudal locamente variable por estacionalidad monzónica, poca pendiente, baja densidad energética, orillas no demarcadas, lagos enormes y un impacto social, político y ambiental múltiple. La densidad energética puede ser indicativa de impacto social, pero es medible científica y objetivamente: una muy buena represa, como Xingó, genera 50 vatios por metro cuadrado de lago (w/m2). Una buena, como Itaipú, rinde 8,13 w/m2, y una mala en serio como la selvática Tucuruí, 1,74 w/m2. Xingó tiene 3000 MW instalados y un lago de apenas 60 km2. En cambio, Tucuruí tiene 4240 MW instalados, pero su desaforado lago mide 2340 km2. De ahí su baja densidad energética. Y las hay peores.
Turbinando o vertiendo agua podrida del hipolimnio lacustre, algunas represas amazónicas generan tantos gases invernadero por megavatio/hora como las centrales térmicas de carbón.
Los embalses en zona tropical y fértil tienen un “epilimnio” superficial de agua bien oxigenada, y un “hipolimnio” profundo de agua pobre en oxígeno y saturada de “gases invernadero” disueltos, creados por la putrefacción de materia orgánica. Los gases se evaporan de la superficie del lago, pero las turbinas y vertederos los ventean desde las turbulentas corrientes generadas aguas abajo del cerramiento.
Hasta 1980 se creía, ingenuamente, que la hidroelectricidad era la respuesta contra el recalentamiento global. Haceme reír. Estudios posteriores mostraron que en los trópicos y subtrópicos, los lagos y el agua turbinada emiten cuatro de los seis llamados “gases invernadero” principales: dióxido de carbono, metano, óxido nitroso y sulfuro de hidrógeno, productos de la putrefacción vegetal. Las emisiones sin embargo varían con cada lago hidroeléctrico, su latitud, su temperatura, su fotosíntesis y su profundidad, porque no hay dos iguales.
En líneas generales, los de baja densidad energética llegan a emitir más toneladas anuales de carbono por megavatio/hora producido que las peores plantas termoeléctricas: las de carbón. Los mejores lagos parecen ser los de alta densidad energética, y emiten –según estudios de Luiz Pinguelli Rosa– menos toneladas/kw/h que las mejores plantas térmicas, que son las de ciclos combinados que queman gas natural.
Lo cierto es que el verso de la hidroelectricidad con cero impacto invernadero no se sostiene, al menos en países calientes. Pero el venteo de tales gases no ocasiona ningún problema local: agrava uno planetario. Es una “externalidad”. Mientras Pakistán, Vanuatu, Holanda y Bangla Desh no le reclamen nada a Brasil por sus inundaciones cada vez peores, todo bien.
Los impactos sociales y políticos locales son más trágicos, de pago al contado, y muy “in situ”. A través de corporaciones mixtas (Norte Energia) en que se mezcla dinero del BANDES con constructoras privadas, el estado federal vuelve a financiar como en épocas militares la expulsión, generalmente con alguna masacre de indígenas de poca difusión, en favor de las empresas y sus represas, «el progreso».
Lo que se pierde, además de recursos biológicos y bosque, es el “ethos” mismo de la república, especialmente cuando el PT, el partido de los pobres urbanos, termina haciendo las mismas perradas que el general Emilio Garrastazú-Médici en sus “limpiezas étnicas” del Amazonas, allá a comienzos de los ’70, pero a una escala mayor. La Constitución de 1988, que le da ciudadanía plena y propiedad de sus tierras a los indios se disuelve en fuego, humo, tumbas clandestinas y pasadas de topadora.
En 2010, con pleno acuerdo del PT y la oposición –pero no del PV- se aprobó Belo Monte, construida a velocidad “warp” en más o menos 1/3 del tiempo que tomaron las dos primeras “Angras”, porque había que ir más rápido que los recursos de amparo.
El asunto nunca llegará a la Suprema Corte: con una decisión express de la Abogacía General de la Unión, el Poder Judicial desechó de un saque más de 20 acciones interpuestas por el Ministerio Público Federal. Lo hizo con un rarísimo instrumento legal llamado “suspensión de seguridad”: en síntesis, se construye primero, y después se litiga a ver si se construye. Sic.
Pese a su pragmatismo, por su historia y su origen, Marina Silva dio el portazo antes en el PT. Y no le fue mal con el Partido Verde, o más bien viceversa. Hace poco, Silva adoptó algunas ideas muy “piantavotos” en la base urbana progre: se hizo pentecostal, ergo antiaborto en materia de derechos femeninos, y de yapa creacionista en materia educativa.
Y aún con tales mochilas milicoides en su programa, en las elecciones presidenciales de 2010, ya como rival de Roussef, Silva sacó el 19,3% de los votos. En 2014, con 21%, quedó sólo 7 puntos abajo que la infortunada ganadora, Dilma, y bien por encima del olvidable Aecio Neves. Si había ballotage, quizás Silva ganaba. El “trabalhismo”, muy distributivo pero también espantosamente “friendly” con las constructoras, logró hacer enemigos profundos de aliados naturales, y la Silva transformó al PV en una fuerza nacional, multiclasista, con despliegue territorial… y golpista.
Las 14 turbinas Francis de Belo Monte (4 son de Pescarmona) giran desde marzo de este año, y el lago irá creciendo hasta que sepulte 668 km2 de selva amazónica: tiene 4,2 veces la extensión del de Yacyretá.
Por el lado malo… hubo que “remocionar” (eufemismo casi novedoso) a 40.000 pescadores-cazadores-recolectores Xingú y Kayapó, hasta 2010 alimentariamente autónomos, y hoy despojados de sus ríos, selvas y aldeas porque todo se lo va tragando el lago. Ya son IDS hacinados en campamentos, desconcertados padres de una próxima ola de “favelados” urbanos, aunque a algunos los mataron porque se resistieron.
El 4% de estos IDS recibió otra casa, que a diferencia de la que tenían junto al río viene sin profesión ni pertenencia a una sociedad organizada. Al 96% restante le dieron bonos, algo de efectivo, o nada. “Eletricidade limpia”…
Las cuentas de si el Brasil industrial y urbano con esto gana o pierde plata son casi estúpidas. En ríos de llanura lo típico es que se genera poca electricidad, medida contra gastos y costos colosales. Los MW instalados en Belo Monte son 11.000, pero el “factor de carga” del Xingú es de sólo el 39%, por eso esos 3 a 4 meses de estiaje anual del rio en años normales. Así, la producción anual de Belo Monte equivale a la de 5000 MW nucleares con un factor de disponibilidad «setentoso» del 85%, como el que debió haber tenido Angra I (y no lo tuvo).
Curiosamente, Belo Monte genera tanta electricidad anual como la que entregaría lo que quedó sin hacerse del plan de 1975 del dictador Geisel. Sus 8 centrales alemanas SIEMENS habrían ocupado unas 800 hectáreas de tierras sin mayor valor etnológico, cultural o biológico. Eso es 835 veces menos superficie que la del lago de Belo Monte, cuando se termine de llenar.
OK, estoy haciendo trampa. Añadimos las superficies afectadas a minería y fábricas de combustibles típicas de todo programa de centrales atómicas de potencia. Y además, también las tierras que ocupará el repositorio de desechos nucleares “de alta”, cuando llegue el momento de hacerlo. Salvo en Finlandia, donde ya entraron en funciones dos repositorios geológicos “de alta” y “de media” en Olkiluoto, a profundidades de 500 y 250 metros en roca estable, en superficie esos siempre son usos conflictivos de la tierra, y lo serán aún más en Brasil, con su grieta antinucelar. Pero a la hora de sumar hectárea afectadas e impacto biológico REAL, son muchas menos de las del Brasil víctima de “la fiebre de las represas”.
Y a no confundirse: más allá de las truculencias de las “minorías intensas” como Greenpeace, el antinuclearismo descafeinado pero difuso e infuso en la sociedad brasileña tiene al menos uno de sus orígenes en el talón de Aquiles de casi todo programa nuclear: el sector minero de uranio, que es impresentable.
Pero atención a esto: no lo es por nuclear, sino por minero, por su impacto químico en tierras y napas. Las compañías mineras tienen en casi todos lados, salvo donde se las persigue y aprieta, la maldita costumbre de gestionar en forma precaria sus pasivos ambientales, sobre todo los diques de colas.
Llenos de metales pesados y líquidos de un pH escalofriante, los diques son el regalito que le queda a las generaciones futuras de lugareños cuando la mina cierra y la multinacional propietaria se va silbando bajito a otros lados, sin dejar bienes ejecutables “in situ” como garantía. Y si hay litigio, a dirimirse en los tribunales del país de la casa matriz. Sic.
Las leyes mineras de casi toda Sudamérica fueron modificadas en los ’90 y hoy son todas mellizas, muy parecidas en este “andá a cantarle a Gardel”. La Argentina, hay que reconocer, tiene una del período de Domingo Cavallo que hasta está fue traducida al castellano y todo.
En Brasil, la mala fama del Programa Nuclear Brasileño tiene al menos tres nombres mineros: Caldas, en el estado de Minas Gerais, Caetité, en Bahía, Santa Quiteria en Ceará, todos con pasivos a remediar, con vecinos afectados por contaminación química de tierra y aguas, rodeadas de vecinos furiosos… y menos invisibles para los medios que los indios amazónicos.
Como expresión medible del problema político de las represas, 6 años más tarde de la aprobación de Belo Monte, los diputados del PV, con Silva a la cabeza, levantaron, unánimes, la mano a favor del “impeachment” de Dilma Rousseff, sin que les importara mezclarse con una lúgubre caterva de tilingos, chorros, asesinos de indios, nazis y golpistas confesos, pero bien blindados en fueros legislativos y judiciales.
De verdes a podridos, viaje sin escalas.
Si no resucita su Programa Nuclear, no resucita Brasil. No sé si esto es una fotografía o un epitafio del átomo brasileño.
Pero no ignoro lo que se juega Argentina en ello.
Daniel E. Arias
Un laboratorio argentino desarrolla tecnología para reemplazar el testeo en animales
En términos de eficacia, destacó que «en la mayoría de los casos los modelos que emplean células o tejidos reconstruidos representan mejor la fisiología y fisiopatogenia humana que los modelos animales clásicos como rata, ratón, conejos y cobayos».
En la actualidad son cada vez más los países que imponen restricciones y prohibiciones a la comercialización de productos que fueron testeados en animales, por lo que resulta una barrera para aquellas pymes nacionales que
quieren acceder a esos mercados.
En la región, por ejemplo, países como Brasil, Colombia, Chile ya tienen restricciones y prohibiciones para el testeo de cosméticos, las cuales se van a ir implementando en etapas, gradualmente a medida que vayan incorporando los
métodos alternativos, que llevan tiempo. «Por eso es importante, aunque aún no haya legislación, trabajar en esta temática porque las prohibiciones van a llegar. Por otro lado, aunque en Argentina no tenemos actualmente restricciones, cada vez son más los consumidores que eligen comprar productos no testeados en animales por lo que también condiciona la demanda local», concluyó. «Sin un cambio rotundo en los modos de producción, no se puede pensar en un mundo sin la bacteria salmonella»
Hoy los mercados de Argentina estan en Africa y Asia, mas que en Occidente
¿Desde dónde entran los dólares a Argentina? 8 de cada 10 dólares del comercio ingresan desde Países No Occidentales. Los 7 principales superávits de 2022 están en la región, Asia y África. Una tendencia que se afirma. Nueva era. pic.twitter.com/93LjwAvR2R
— Bernabé Malacalza (@bernabemmm) February 7, 2023
La opinión pública alemana, ahora a favor de la energía nuclear. Pero tarde…
Durante décadas, Alemania tuvo una relación de amor-odio con la energía nuclear. Hoy sigue con 3 centrales atómicas que producen el 6% de la electricidad del país, muy lejos de la década de 1990, cuando 19 centrales nucleares, mayormente construidas en los ’80, producían alrededor de un tercio de la electricidad del país.
Nadie hace entrar en la cuenta las 11 centrales soviéticas VVER, dos de ellas casi nuevas, que fueron cerradas por demasiado comunistas pero no por inseguras, y eso tras la desaparición de la RDA, Alemania Oriental para los que no la conocieron.Si a comienzos de los ’80 los alemanes (occidentales) se hubieran quedado de pronto sin gas ruso barato, para garantizarse potencia de base, disponible 24×7, no intermitente, no impredecible, ergo no renovable, habrían construido más centrales atómicas, punto.
Eran caras, pero en el balance de pagos, ni un «deutsche mark» habría salido del país: tenían una única marca, KWU-SIEMENS, máquinas buenas por disponibilidad y seguridad, y detrás algunos miles de empresas proveedoras locales. Los Verdes, como partido, todavía eran una banda aspiracional periférica descontenta con la OTAN. El poder les quedaba lejos.
El descalabro energético actual se remonta a 1998, cuando una nueva coalición de gobierno de Los Verdes y los socialdemócratas exigió cuadradamente el fin de la energía nuclear, objetivo fundacional de los Verdes. ¿Cuándo y cómo habían crecido de semejante modo?
Este partido había ganado raíces en los ’70 porque eran los únicos pacifistas. Hoy eso está más difunto que los faraones, Los Verdes quieren mandar tanques Leopard a Ucrania, pero trataré de ser cronológico.
Los ’70 fueron un período de gran despliegue de armas nucleares de EEUU sobre territorio alemán occidental. Cualquiera que viviera en cercanías de las 240 instalaciones militares yanquis en la RFA (República Federal) se sabía parado al lado de un blanco potencial de misiles nucleares soviéticos. Moscú, sin saberlo, los ayudaba.
En la visión moralizante y libre de ciencia del ecologismo más silvestre, lo nuclear era diabólico, no importa si en forma de bomba o de central de potencia. En ese brete, Los Verdes ganaron no pocos votos en municipios y länders, estados regionales.
Pero lo que condenó a Los Verdes a un éxito nacional inesperado para ellos mismos fue la catástrofe de la central soviética de Chernobyl. Moscú los seguía ayudando, sin proponérselo.
En el pánico europeo posterior, SIEMENS renunció de movida a armar una campaña educativa sobre la población, aunque tenían la plata, el prestigio y las razones. Y es que todas las centrales alemanas tipo PWR -incluídas las orientales- eran promedio 100 veces más caras en dólares por megavatio instalado que las 4 RBMK del complejo de Chernobyl, en una proporción de U$ 200 por kW instalado en las RBMK contra U$ 2000 en el caso de las PWR. Y la mitad de ese costo adicional en Alemania -en las dos Alemanias- estaba invertido en sistemas de seguridad pasivos resueltamente ausentes del diseño RBMK.
El RBMK fue una planta muy de crisis económica. Era de funcionamiento inherentemente inestable, muy reactiva, moderada con grafito (incendiable) y destripada de todo sistema de seguridad pasivo, como ser un recipiente de presión o al menos un edificio de contención robusto.
El Dr. Raúl Boix Amat, fallecido en 2002, supo dirigir la División Nuclear de Techint (sí, créame, tuvo una), y decía esto: que el RBMK era una consecuencia directa del pacto entre EEUU y Arabia Saudita a fines de los ’70 para deprimir el precio del petróleo, y reventar así la principal fuente soviética de divisas por exportación. Que siempre había sido y seguía siendo el petróleo, aunque ya pintaba el gas.
Mis apuntes, ya amarillentos, de aquella entrevista dicen: «Los rusos cada vez necesitaban exportar más petróleo para ganar lo mismo, e incluso bastante menos, y ya no les alcanzaba la producción de crudo para consumo propio. El RBMK era un reactor militar plutonígeno chico, destinado a producir armas atómicas, fuera de todo control civil y típicamente barato e inseguro. Lo rediseñaron a 1000 MW, lo licenciaron en uso civil por desesperación, para dar electricidad y vapor, y evitar apagones y frío, y construyeron 26. Habrían preferido sus centrales VVER, pero no les daban las cuentas. Y lo barato les salió carísimo».
Por ende el RBMK es incomparablemente peor que la línea de centrales soviéticas típica anterior, la VVER, máquinas en general bien hechas y compradas por 10 países (China, la República Checa, Finlandia, Alemania Oriental, Hugría, Eslovaquia, Bulgaria, la India, Irán y Ucrania). Durante décadas, esas VVER generaron bastante electricidad, pero no titulares.
En cambio las RBMK, incluso en los países extra-soviéticos pero ubicados tras «la Cortina de Hierro», no las quiso nadie. Ucrania se clavó con 4, pero entonces era parte de la URSS, tocaba obedecer y joderse.
Sin embargo, lejos de discutir públicamente estas cosas con Los Verdes, algo quizá tan redituable como argumentar si existe el infierno con los mullahs iraníes, SIEMENS le vendió su división nuclear KWU a la francesa AREVA. En cambio se dedicó a otras cosas que daban mucha plata y cero titulares, como turbinas eólicas.
Por eso las últimas centrales nucleares que se construyeron en Alemania datan de 2002, y luego la política armó un cronograma de cierre progresivo. Menos principistas que sus socios Verdes y con casi un siglo de política real encima, los socialdemócratas estiraron ese cierre todo lo que pudieron.
Para no perder tanto capital hundido, trataron de que cada cierre coincidiera con el fin de la primera vida útil planificada de aquellas centrales SIEMENS: anda por los 30 años de operación continua, que -con los cierres planificados y no planificados- suman unos 32 años de calendario. En suma, adoptaron aquel lema romano: «Festina lente» (apurate despacio).
Y es que la agenda socialdemócrata era antinuclear sólo por contagio: el rol fundamental de ese partido ha sido que su base obrera original tuviera ingresos, derechos educativos y de salud típicos de la clase media. Y respecto de cerrar centrales atómicas, a sentarse en un banquito y esperar que se les agote la licencia original. Nadie que no esté seriamente loco apaga a toque de botón el 33% de la electricidad de su país. Ya esas máquinas se irían muriendo solitas de vejez. Pero además, en treinta años, pueden suceder muchas cosas.
Y sucedieron. En 2010, la llegada al poder de una coalición del Partido Democrático Libre (liberal de derecha) y los conservadores democristianos prorrogó hasta 14 años el uso de la energía nuclear en Alemania. En el fondo, la derecha (y la industria), viendo ganar tracción al activismo contra el cambio climático, apostaban a ir recuperando las capacidades domésticas y de exportación de ingeniería nuclear de la SIEMENS… pero despacito y por las piedras, como dicen en Uruguay.
Los tipos en el fondo preferían esperar a que los Verdes, aliados incómodos por fundamentalistas, se terminaran de evaporar solos. Esa fue, según cuenta el Dr. Abel González, un ingeniero nuclear argentino, la política no muy disimulada de la canciller Angela «Mutti» Merkel, democristiana y fundamentalmente y ante todo, «doctor rerum naturalium» de la Universidad de Leipzig. Una doctora en física no es muy propensa a comprar buzones como la «Energiewende», la nueva doctrina oficial energética de Alemania.
González trató bastante a Merkel. Básicamente, porque fue el primer especialista de radioprotección del UNSCEAR a quien los soviéticos le dieron acceso a Chernobyl en 1986, al toque del accidente. La entidad mentada es el Comité Internacional de las Naciones Unidas en Efectos de Radiaciones Ionizantes, donde la Argentina siempre pisó fuerte. Y los soviéticos prefirieron a González no sólo por «expertise» sino justamente por venir de Argentina, país con el que no tenían pica y al que le compraban casi toda la cosecha de trigo.
Merkel -dice González- sabía perfectamente que gigantes energívoros como la industria metalmecánica y química alemanas no se mantienen con fuentes intermitentes, aunque el grueso de la población crea inexplicablemente que es así, y lo repita como dogma. Y como física, Merkel veía la mala evolución de los asuntos climáticos, y el ocaso consiguiente del carbono fósil: a la larga, sabía, sería abandonado no por escasez sino por mejores cosas, del mismo modo en que la Edad de Piedra no se terminó por falta de piedras.
En ese sentido, la Mutti aventajaba por varias cabezas a sus compañeros de bancada. Para ellos, todo lo que asegurara potencia de base barata, fuera gas ruso, carbón de Silesia o uranio, daba lo mismo, dado que los dramas del calentamiento global, para la industria alemana, eran puras huevadas de Los Verdes. Es curioso, porque el calentamiento global ha sido la única parte del discurso histórico de Los Verdes en que alguna vez dijeron verdades científicas. La Merkel sabía eso, y en contraste con su propio partido podía ser muy conservadora, pero no idiota.
Poco le duró el amor atómico aunque platónico a la «doctor rerum naturalium», sin embargo. Por conveniencia propia, prefirió un romance real con un viejo negro poderoso: el carbón.
En 2011 el accidente simultáneo de 4 centrales nucleares en Fukushima, (mucho más espectacular que el de Chernobyl porque fue televisado en tiempo real), forzó a los democristianos y a la derecha a abjurar nuevamente del átomo y a volverse clientes del carbón propio, del polaco, del ucraniano, y sobre todo, del gas natural ruso, que venían comprando por caño desde los ’80. En este período, Alemania amplió frenéticamente su potencia instalada eólica y fotovoltaica. De la que no vive en absoluto, pero cree que sí.
Sabedora de que el primer deber de todo político es sobrevivir, la Mutti («mamita», en alemán) no se puso a discutirle cosas incómodas a los niños del arco político alemán. Como que el accidente nuclear de Fukushima no mató a nadie, pero el tsunami que lo ocasionó sí, por impacto, aplastamiento y ahogamiento, y suman 15899 muertos, 2556 desaparecidos y unos 6152 heridos. Y ninguno de ellos es un damnificado nuclear.
Tampoco se puso a argumentar que la ingeniería General Electric MK1 que compró TEPCO, la «utility» eléctrica de Tokyo, es la contrapartida finolis y yanqui del RBMK ruso en desinversión en sistemas de seguridad pasivos y activos. O que las centrales alemanas son mucho mejores.
O que las autoridades regulatorias japonesas estaban explícitamente vendidas a TEPCO. Con que esta firma eléctrica privada instalara el complejo de centrales 20 metros más arriba de la barranca, y no al pie, no habría existido accidente nuclear en absoluto porque no se habría inundado la planta. La agencia regulatoria japonesa dejó construir a los muchachos de TEPCO casi a pie de barranca para que ahorraran electricidad, al no tener que bombear agua de mar contra gravedad hasta el coronamiento de la barranca. En centrales costeras, el agua de mar se usa para enfriar y condensar el vapor de las turbinas.
Mutti Merkel todo eso lo sabía, pero también sabía no dejarse volear las patas por los muchos brontosaurios aspirantes a reemplazarla en su partido, gentes a quienes estas disquisiciones le interesan un comino habiendo carbón barato a mano. Alemania entonces hizo, con Merkel a la cabeza y los brontosaurios como numerales, otro giro perfectamente coordinado hacia el carbono fósil, y volvió al plan original de Los Verdes: energía nuclear cero en 2022. Y a darle lecciones de moral energética al mundo. Vamos Energiewende todavía. Cuando Abel González, que en sus tiempos argentinos supo dirigir la construcción inicial de Atucha II, me cuenta estas cosas de Merkel, con quien tenía algunos acuerdos básicos, se pega de cabezazos contra la pared.Es Moscú y no Berlín, finalmente, quien para mal o para bien, vuelve a determinar cómo sigue el derrotero energético de Alemania. País que -dicho sea de paso- se pasó toda su época de gran cierre de plantas SIEMENS comprando electricidad francesa, 71% nuclear, pero el átomo en ojo ajeno no molesta tanto. Desde 2022 la guerra entre Rusia y Ucrania hace replantearse la seguridad energética no sólo a Alemania sino a toda la UE.
Pobre en recursos energéticos de base, la eurozona habría entrado en una recesión brutal sin el gas ruso que sigue comprando, aunque sea a través de terceros, como Turquía por caño y de la India por buque metanero, y aunque no lo confiese. La voladura por parte de la US Navy de los dos ductos Nordstream, tendidos por los fondos del Mar Báltico desde el puerto ruso de Viborg hasta el alemán de Greifswald, obliga a Alemania comprar GNL yanqui, pero no alcanza.
EEUU es un marido fajador y poco proveedor: con esto del gas, Alemania le mete los cuernos toda vez que puede. Pero sale caro, y el costo económico para las industrias tradicionales pesadas y más electrointensivas de Alemania en 2023 viene siendo de terror: éstas ya perdieron el 20% de su facturación y contando, dice Lorenzo Ramírez, periodista económico español.
A todo esto y como sigue y sigue faltando gas, tanto carbón empieza a salir caro también en términos políticos. Cuando el ministro alemán de Economía y Clima, Robert Habeck, de Los Verdes, le mandó la policía encima a la pequeña ciudad de Lützerath, defendía Garzweiler II, un yacimiento superficial explotado a cielo abierto, y que pedía desalojo y demolición de ese villorrio. La propietaria del yacimiento es la minera RWE, que volvió a explotar las minas cerradas de la vieja cuenca carbonífera renana. Necesita ampliar operaciones, y si hay ciudades a su paso, que se corran o que se jodan.
Algunos residentes de Lützerath se quedaron a defender sus casas un año entero en las barricadas, y en ocasiones pararon las topadoras con cócteles Molotov. En Silesia y Renania hubo centenares de Lützerath previos a Lützerath y no pocos cráneos rubios abollados a palos policiales, pero en esta última ocasión estuvo la Deutsche Welle con movileros todo el año. Si la TV estatal alemana decide que es tiempo de dejar que Habeck y su partido color verde carbón se incineren solos ante las cámaras, es que algo está cambiando en Alemania. Pulgar para abajo, Herr Habeck.
Hubo otras advertencias severas de cambio. Como parte del frío y nebuloso Norte de Europa Occidental, Alemania parecía relativamente a salvo de los extremos climáticos brutales del calentamiento global. Pero en 2021, tras lluvias como no las había visto ningún tatarabuelo, el montañés aunque sosegado río Ahr se repletó de golpe, y al paso descendente de la onda de inundación fue demoliendo las poblaciones ribereñas de Bad Münstereifel, Rheinbach, Euskirchen y siguen las firmas.
El agua se llevó puestos autos, árboles, puentes y casas enteras. Casas medioevales de piedra, sólidas como búnkeres, con siglos en su sitio y libres de miedo al agua, al demonio, demolidas. Puentes diseñados por meticulosos ingenieros y aprobados por municipios que no te dejan construir ni una cucha de perro en un cauce de inundación, arrancados de sus asientos. Porque el Ahr el 14 y 15 de junio de 2021 bajó totalmente loco, y excedió en centenares de metros su cauce de inundación.
Según la Deutsche Welle, «La gente se refugió en los tejados de sus casas, donde muchos tuvieron que aguantar toda la noche hasta la llegada del helicóptero de rescate. Pero para algunos, no hubo salvación. Fueron arrastrados por la corriente o sorprendidos en sótanos o garajes subterráneos por la repentina subida del agua. Más de 184 personas murieron y miles de residentes perdieron todas sus pertenencias». Si uno suma a los vecinos belgas, cauce abajo, los muertos del Ahr en 2021 llegan a 220.
En Chernobyl murieron 51 personas, mayormente bomberos y remediadores, por enfermedad aguda de radiación. En Fukushima, los ecologistas declaran un trabajador nuclear encargado de medir radiaciones ambientes en las operaciones de limpieza del complejo de centrales, que no han terminado. Cuatro años tras el desastre, y de cáncer de pulmón, muy atípico en accidentes nucleares. Pero el hombre fue, como muchos japoneses, un fumador de toda la vida. Según la Organización Mundial de la Salud y la Universidad de Tokio, hay 6 casos de cánceres y leucemias más típicos de exposición a radiaciones entre esos trabajadores. Pero por las cuatro centrales destruidas pasaron miles de liquidadores, y sobre ellos a su vez pasó el tiempo. Hoy es muy difícil atribuir sus muertes al trabajo que desempeñaron bajo control radiológico diario, y no al combo de edad, predisposición genética y otros factores ambientales, ese ruido estadístico de fondo. Lo que sí mató gente a lo pavote es la evacuación municipal, que afectó a 30.000 residentes y ya dura 13 años sin justificación radiológica. Esa gente -hablamos de 2202 personas a fecha de hoy- murió de eventos circulatorios ligados a la hipertensión y al stress. Lógico, el 11 de marzo de 2011 perdieron casa y trabajo, todo junto. No los mató la radiación, sino el miedo de las autoridades municipales a ligarse juicios si los dejaban regresar a sus casas, ubicadas en zonas limpias desde hace tiempo de Iodo 131. Porque si un chico regresado al hogar se pega un cáncer de tiroides, que aún sin Iodo radioactivo en el ambiente no son nada infrecuentes entre pibes, andá a decirle a la familia que la causa no fue el desastre de 2011.La guerra de Rusia en Ucrania está obligando a replantearse la seguridad energética no sólo en Alemania, sino en todo el continente. Hasta 2021, Alemania, además de carbón propio y ajeno, vivió de petróleo y gas natural rusos. Lo sigue haciendo con impávido disimulo, y tal vez continuará en ello si puede. Pero el regreso al átomo ya empieza.
«Necesitaremos más energía eléctrica en el futuro. Eso es un hecho. Y un 6% puede ser mucho perder cuando no hay nada nuevo [para sustituirla]. Estaríamos perdiendo un 6% cuando realmente necesitaremos más«, ha declarado el Canciller alemán Olaf Scholz a Deutsche Welle. Quizás Scholz le estaba contestando a su ministro Habeck, el Verde de los palos y el gas pimienta en Lützerath. A comienzos de este año, Habeck dijo que reabrir las plantas atómicas era un riesgo de seguridad inaceptable.
En realidad, es más bien una imposibilidad técnica.
Hoy más o menos el 80% de los alemanes está a favor de prolongar la vida útil de los reactores nucleares propios. Tienen 3 a dejar operativos, Isar 2, Emsland and Neckarwestheim 2, que suman 4200 MWe instalados y por ley deberían haber cerrado a fines de Diciembre de 2022. De los 15 reactores que cerraron hay varios que se no van a poder recuperar, porque iniciaron procesos de desmantelamiento («decomisión», en la jerga).
Pero el problema no es de fierros sino de cerebros. Lo que dice la industria eléctrica privada alemana es que tras tantas décadas de imbecilidad política ya no tienen los recursos humanos para una resucitación cardiopulmonar rápida de sus plantas atómicas.
Tampoco han fabricado el combustible para revivirlas, proceso trabajoso y que requiere de toda una cadena, debidamente licenciada, de abastecimientos, hoy desaparecida. Proveedores, además, cancheros en el uso de materiales especiales como las aleaciones de circonio y las cerámicas de uranio. Ese «know how» desapareció, se dispersó. No se recupera fácil. Tarde para lágrimas.
Según el grupo antinuclear holandés WISE, las centrales nucleares producen 117 gramos de emisiones de CO2 por kilovatio hora (kWh). No llegan a esa cifra ni «a placet», máxime con extensiones de vida que las hacen llegar a 80 años, y no se descartan 100. Cuando se consideran los ciclos de vida totales y de acuerdo a la WNA (World Nuclear Association), el kWh nuclear emite 12 gramos, lo mismo que las turbinas eólicas «off-shore», y la mitad que el promedio mundial de las represas hidroeléctricas. Pero WISE admite que la combustión del carbón favorito de los alemanes, el lignito, produce más de 1.000 gramos de CO2 por kWh.
Los germanos este año venían quemando 100.000 toneladas/mes de lignito antes de la llegada del invierno, y desde que empezó la guerra de Ucrania su precio aumentó un 170%. Ya desde los ’90, volver a respirar hollines de usinas a carbón estaba costando unas 2000 muertes/año en Alemania, víctimas en general de EPOC, Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, aunque mayormente de enfermedades circulatorias por inflamación crónica del endotelio arterial: hipertensión, accidentes cerebrovasculares, bobazos.
By the way, quemar carbón libera carbono 14 a la atmósfera, un radioisótopo de 5730 años de vida media, que se fija en tejidos humanos y emite radiación beta. Medido en la unidad que se quiera, las centrales de carbón liberan una cantidad de radiación ionizante que las nucleares no pueden porque no queman nada, además de por regulaciones y por diseño. Un ejemplo científico, tecnológico, energético, económico y sanitario, el Energiewende de Alemania. Como decía Sancho Panza: «Con su pan se lo coman». Daniel E. AriasCómo se gestó la venta de tecnología nuclear argentina a Corea del Sur- Parte II
Para acceder a la 1° parte de esta nota publicada en 2019, cliquee aquí
Matar células cancerosas sin que se enteren las sanas: noble propósito. Pero a la hora de la clínica, “la rugosa realidad”, como la llamó el poeta Arthur Rimbaud, es más desprolija que las teorías. Eso sucede al punto de que por ahora nadie logra entender por qué la terapia por captura de neutrones en boro, BNCT da algunos resultados tan espectaculares, y otras veces ninguno, y así seguirán las cosas hasta que haya miles de casos tratados. Se necesitan muchos estudios y una fuente de neutrones barata instalada en un hospital especializado en cáncer.
En 2021, uno de los mayores hospitales radiológicos del mundo, el coreano KIRAMS, tendrá un acelerador argentino con el cual empezar experimentos clínicos de fase 1, 2 y quizás 3. Son los pasos previos al licenciamiento y la fabricación masiva, si los números indican ventajas clínicas y económicas respecto de otras terapias radiantes.
Probablemente, cuando el KIRAMS entre a ese ruedo, aquí el Instituto Municipal de Oncología Ángel Roffo y otros, tal vez en un entorno más favorable al desarrollo tecnológico y a la salud pública, quieran y puedan participar de los ensayos con los coreanos. En una fase 3 conviene que sean multicéntricos: muchos hospitales en varios países.
Y no es que el Roffo no haya tratado antes, sólo que se quemó con leche. En 2003, en alianza con la CNEA, ese hospital inició un experimento de fase 1 con una decena de pacientes con melanoma en el reactor RA-6 del Centro Atómico Bariloche. Cuando publiqué el asunto en La Nación, un radiólogo escéptico me dijo: “Arias, el BNCT es la terapia del futuro… y siempre va a serlo”.
Bueno, tuvo razón en ese caso. Aquel fue un experimento demasiado cauteloso y caro en una Argentina cuya economía empezaba a salir del derrumbe en que la habían puesto repetidas recidivas en el Ministerio de Hacienda del intratable doctor Domingo Cavallo.
El melanoma es a su modo el más agresivo y recidivante de los cánceres de piel. Como no era cuestión de inmunosuprimir o matar a los pacientes con una irradiación de cuerpo entero, en el RA-6 sólo se usó el haz de neutrones en las metástasis en las piernas. Suena cruel, pero en un estudio preclínico se mide más la toxicidad del nuevo tratamiento que su eficacia. Si ésta resulta promisoria, es un regalo, los dioses te sonríen y seguís participando. Es un mundo intercomunicado: alguien pondrá la plata para pagar una fase 1 y hasta una 2, ésa quizás con centenares de pacientes.
Para esa fase preclínica criolla hubo que adaptar toda la arquitectura de uno de los haces de salida de neutrones del RA-6, y trasladar los pacientes al lugar. La eficacia fue sorprendente, medida en remisiones totales y parciales, pero el progreso de la enfermedad desde las metástasis no irradiadas del resto del cuerpo de los enfermos siguió su dinámica letal, como era de esperar. Entre 2003 y 2007, por la logística de pesadilla y las limitaciones inherentes al reactor, sólo se pudo tratar a 10 pacientes.
¿Cuáles limitaciones? La lista es larga. En 2007 el RA-6 debió parar un par de años –obligaciones diplomáticas- para reconvertirse de funcionar con uranio militar (enriquecido al 90%) a uranio civil (19,7%). Esta discontinuidad les enfrió los ánimos a los oncólogos involucrados. En 2015, el RA-6 inició nuevos ensayos pre-clínicos con bastantes mejoras en el haz de irradiación. Pero soplaban vientos nuevos.
Aquel año la cantidad de profesionales y técnicos que puso la CNEA bajo dirección del doctor en física Gustavo Santa Cruz en el tema BNCT llegó a 70 personas, como evidencia del interés creciente de la CNEA en la materia a partir de 2008. Simultáneamente, como prueba de un cambio de guardia tecnológico, el doctor en física Andrés Kreiner, experto en aceleradores desde 1974, recibió luz verde de la presidenta de la casa, Norma Boero, para construir el laboratorio y el futuro centro de BNCT en el Centro Atómico Constituyentes.
El laboratorio sigue en veremos, y el aparato es el que puede ver en la foto de apertura de la primera parte de este artículo. Avanzó sin más problema que las perplejidades técnicas del caso entre 2008 y 2015. No fueron pocas. ¿Cómo acelerar protones a muy altas energías para crear neutrones de muy bajas? Es un camino complejo e indirecto, y explicarlo paso a paso requeriría de otro artículo.
La escueta flota mundial de reactores está ocupada en sus misiones de diseño: formar ingenieros y físicos nucleares, desarrollar nuevos materiales electrónicos o de ingeniería, y fundamentalmente, producir radioisótopos médicos. Por ende, es irreal transformarlos en radioquirófanos. Al bajar la producción mundial de radioisótopos médicos, la movida costaría más vidas de las que podrían salvarse. Esto viene frenando a la BNCT como eventual tratamiento estándar desde los ’90.
Pero otros países fueron más audaces que nosotros y lograron otros resultados más sorprendentes con BNCT incluso en reactores: por ejemplo, eliminación de melanomas vulvares y peneales, cuyo abordaje con cirugía o con terapias radiantes fotonicas es mutilante.
La universidad de Pavia, Italia, llegó a extirparle el hígado a dos enfermos con cánceres hepáticos, llevar esos órganos para una “barrida” con neutrones en el reactor académico, y reimplantarlos hora y media después a los pacientes. 100% de remisión sostenida en el tiempo. Increíble, pero 2 casos no son nada. Y no todo paciente resiste ese tiempo en un quirófano sin su hígado, ni todo quirófano tiene un reactor a tiro.
En Japón se hizo un ensayo con pacientes con glioblastoma multiforme, un cáncer cerebral muy intratable por infiltrante y muy radioresistente. Las tasas de sobrevida libre de síntomas de los irradiados excedían lo esperable, pero nuevamente, los casos sumaron algunas decenas y su costo convenció a las obstinadas autoridades médicas japonesas de que llevar un paciente a un reactor era como pretender que la montaña fuera hasta Mahoma.
Japón entonces decidió desarrollar otras fuentes de neutrones, lo que provocó el entusiasmo corporativo de Sumitomo, Mitsubishi e Hitachi por llegar primero y con la mejor. Si el gobierno no se pone al frente, las “zaibatzus” (megacorporaciones familiares, en japonés) se dedican a otros negocios. Se llama capitalismo, guste o no.
Mirando el panorama con ojos muy capitalistas, las terapias radiantes hoy son empleadas como abordaje principal o como refuerzo de algún otro abordaje en el 50% de los casos de cáncer. Incluso una fracción chica de esa fracción gigante es mucho mercado.
Hoy los “abordajes emergentes favoritos” en tumores complicados y diseminados en sitios difíciles son los aceleradores para protonterapia o hadronterapia, máquinas despiadadamente caras. Para la BNCT ahora tiene una oportunidad REAL de hacer estudios masivos con aparatos más baratos, y convencer a los no creyentes o a los simplemente desilusionados de que no han esperado 30 años en vano.
Corea está en mejores condiciones que nosotros para pagar semejante investigación clínica. Si las cosas salen bien, miles de personas hoy sin perspectivas ganarán años de vida y los radiólogos pensarán en la BNCT como un arma opcional para casos difíciles, y luego quizás en un abordaje habitual de primera línea, ya muy lejos de aquel eterno experimento científico. Y en ese caso aquí, como padres intelectuales de la criatura que se ve en la foto, estaremos cobrando unas regalías de órdago.
En suma, que lo que le vendemos a Corea todavía es una solución en busca de problemas, y lo que pagan (U$ 700 mil) es una bicoca. Pero esto nos permite sumarnos a la carrera con 8 países subidos a un potro veloz. Y la propiedad intelectual del acelerador de la CNEA sigue siendo argentina. Esto significa que más que un cliente de única vez, en Corea tenemos un cliente/socio para una relación más larga. Y según vienen las cosas aquí, eso da para celebrar.
Remando en dulce de leche
Esto que narré podría no haber sucedido en absoluto. Desde 2008 a 2015 el progreso fue constante, pero desde 2016 el proyecto siguió vivo sólo por la vocación de remar contra viento y marea del equipo conducido por el físico Andrés Kreiner, quien ha escrito más de una vez en AgendAR.
Kreiner vino peleando cada centavo en una CNEA supeditada desde 2016 a ser una repartición sometida a la Secretaría de Energía, teledirigida a través de una Subsecretaría por indiferentes caciques petroleros, y con un inexplicable sociólogo (sic), el licenciado Julián Gadano, al frente de la mayor masa crítica de doctores y posdoctorados en disciplinas nucleares del Hemisferio Sur.
Según usos y costumbres, los mandamases petroleros no son gente que vaya a poner un mango en desarrollos tecnológicos y médicos como éste. Si les hablan de energía atómica, ¡cruz diablo!, recuerdan que 1000 megavatios nucleoeléctricos son 1.600 millones de metros cúbicos de gas que no te podrán vender. Y si se agarran un cáncer, se van a hacer tratar en EEUU.

Kreiner y otros 150 expertos en el 18° Congreso Internacional sobre BNCT en Taipei, 2018. Es el de saco gris pero sin corbata, en tercera fila a la izquierda. Pudo asistir pese a la negativa del subsecretario de Energía Nuclear a pagarle el hotel. Taiwán se hizo cargo de todo. La venta de la fuente de neutrones de la CNEA a Corea se “chamuyó” en ese congreso.
Bajo tal dirigencia la CNEA, señoras y señores, perdió el 53% de su presupuesto en 4 años. En 2015, fue de U$ 363 millones, y en 2019, de U$ 170. Se paró casi todo proyecto de investigación, se atrasaron y luego frenaron obras críticas como las del reactor RA-10 de Ezeiza y el CAREM 25 en Lima, éste con 500 suspensiones, se cerró la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) en Neuquén con el raje de más de 350 trabajadores altamente calificados, y la lista sigue. En cuatro años retrocedimos veinte.
En la debacle general, el equipo de Kreiner sobrevivió al “presupuesto cero” que decapitó a muchos otros sólo porque estaba defendido por contratos de construcción y equipamiento firmados antes de 2016. Su caída habría generado juicios contra la CNEA.
Gadano tuvo que sostener este proyecto sólo porque fue defendido por sus subordinados, pero lo hizo como la cuerda al ahorcado. La constructora debió haber terminado en 2017 un búnker donde cupiera una máquina del doble de voltaje que la que se ve en la foto, pero esa firma adoptó la costumbre de detener la obra para renegociar, generalizada hoy entre todos los contratistas de la CNEA, razón por la cual hoy está parado todo: el Programa Nuclear en catatonia.
La fuente de neutrones para BNCT sigue comprimida en un laboratorio minúsculo del Centro Atómico Constituyentes. Con un despeje de al menos 10 metros de altura, podría producir 1,45 MeVs (mega electrón volts), lo que habría permitido al menos iniciar un “trial” de fase 1 en Argentina. En el mundo oncológico, si uno tiene resultados publicados y estos prometen, negocia con poder. Los interesados hacen fila ante tu puerta.

El equipo remanente del proyecto BNCT de la CNEA. Kreiner es el de la izquierda. Cortesía de Pedro Roth, revista TSS.
En esta especie de naufragio del Titanic iniciado en nuestro programa nuclear desde 2016, y mientras Kreiner hablaba con medio mundo (y entre ellos, los coreanos), aquí se le incendiaba el rancho: perdió 3 ingenieros electrónicos y 1 técnico, todos por sueldos bajos y niveles de frustración altísimos. Es una muestra micro de lo que pasó desde 2016 en todo el ámbito nuclear argentino. ¿Quiere una prueba gráfica? Compare el elenco de la foto de apertura con el de la mucho más reciente foto anterior.
Kreiner pudo concurrir al Congreso Mundial de BNCT de Taipei, el año pasado, porque los organizadores, que le vieron quilates a los fierros desarrollados en la CNEA, le pagaron todos los gastos. Los acuerdos entre instituciones científicas se cepillan y emprolijan a posteriori, pero los lineamientos técnicos concretos se han charlado antes en los pasillos de los congresos y conferencias. Si uno tiene algo interesante, sirven para eso.
Gadano es llamado “el turista nuclear” en otros pasillos (los de la CNEA) por viajar, infatigable y a escote del país, a todo tipo de eventos mundiales (y no precisamente en clase turista). Pero ante el congreso de BNCT en Taipei de 2018, Gadano se negó a firmarle la hotelería a Kreiner. Para vergüenza de la Argentina, se tuvo que hacer cargo de todo el estado de Taiwán.
En Taipei los coreanos se convencieron de la sencillez y aplicabilidad clínica de nuestra tecnología. Tras algunos meses de pulseada, esto terminó en el contrato que dio lugar a este artículo. “Para ser justo- confiesa Kreiner- tengo que decir que desde el presidente de la CNEA (Dr. Osvaldo Calzetta Larrieu) para abajo, las autoridades de la casa vieron que esto era importante para el país y pusieron el hombro para que todo saliera en tiempo y forma”. El físico se refiere a profesionales nucleares serios con décadas de trayectoria científica y tecnológica (como él mismo), no a turistas ni a petroleros.
Cuando las pesadillas se terminan, es hora de resucitar algunos sueños.
Daniel E. Arias

