sábado, 25 julio, 2026 - 5:37 pm

Rusia y China lanzan su mayor proyecto conjunto de energía nuclear

BEIJING: Rusia y China celebrarán hoy miércoles 19 la ceremonia de inauguración de su mayor proyecto de energía nuclear: Moscú construirá conjuntamente cuatro plantas de energía nuclear en dos ciudades chinas.

El presidente chino, Xi Jinping, se unirá a su par ruso Vladimir Putin a través de un enlace de video en Beijing para presenciar la ceremonia que pone en marcha el proyecto de cooperación bilateral en energía nuclear, anunció ayer el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Zhao Lijian, a los medios de comunicación aquí. Ambos países firmaron un acuerdo de cooperación en 2018 y acordaron construir conjuntamente las unidades 7 y 8 de la planta de energía nuclear de Tianwan y las unidades 3 y 4 de la planta de energía nuclear de Xudapu. La planta de energía nuclear de Tianwan está ubicada en la ciudad de Lianyungang en la provincia de Jiangsu. La planta de energía nuclear de Xudapu está ubicada en Xingcheng, en la provincia de Liaoning. «Este ha sido el mayor proyecto de cooperación en energía nuclear entre China y Rusia hasta la fecha y representa el nivel más alto de cooperación práctica entre las dos partes», dijo Zhao. «El exitoso comienzo de la construcción de las cuatro unidades demuestra los principales resultados de la cooperación en la fabricación de equipos de alta gama y la innovación en ciencia y tecnología, e impulsará la mejora de la cooperación práctica entre los dos países», señaló. «Dado que la energía nuclear es limpia y eficiente, las cuatro unidades, una vez terminadas, reducirán efectivamente las emisiones de dióxido de carbono». Los dos países afianzaron sus estrechos vínculos al enfrentarse a la creciente hostilidad de Estados Unidos y la Unión Europea en una serie de cuestiones.

EE.UU. donará 20 millones de dosis a Covax -el fondo de la ONU- y comienza su diplomacia de vacunas

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El gobierno de EE..UU anunció que enviará a otros países 20 millones de dosis de las vacunas autorizadas en esa nación: Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson. Lo hará a fines de junio y a esa entrega se le sumará la donación de hasta 60 millones de dosis de AstraZeneca, que Estados Unidos no planea usar.

Esa decisiòn colocará a Estados Unidos al frente de la competencia en la diplomacia global de las vacunas que hasta ahora ha tenido como actores principales a Rusia y China.
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La nueva donación de Estados Unidos llega en momentos en los que la pandemia del coronavirus continúa haciendo estragos en la India y América Latina, y mientras Europa todavía intenta imprimirle velocidad a su lenta campaña de vacunación.
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“Estamos tomando un paso adicional para ayudar al mundo”, dijo el presidente Biden, al anunciar la medida, en un mensaje en la Casa Blanca.
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Con la nueva donación de vacunas, la Casa Blanca pondrá en las próximas semanas un total de 80 millones de dosis de vacunas disponibles para los países más afectados por la pandemia del coronavirus, el 13% de las vacunas producidas por el país hasta fines de junio, puntualizó el mandatario norteamericano.
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El gobierno de Biden también respaldó una suspensión temporal de las patentes de las vacunas contra el coronavirus para permitir que otros países puedan elaborarlas, un giro histórico en la política de Estados Unidos que generó elogios pero también rechazos en Europa y en la industria farmacéutica.
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“Son más vacunas de las que cualquier país ha compartido hasta la fecha. Cinco veces más. Es más que Rusia y China, que han donado 15 millones de dosis. Se habla mucho de la influencia de China y Rusa con las vacunas. Queremos liderar al mundo con nuestros valores”, dijo Biden.
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“Así como en la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos fue el arsenal de la democracia en la lucha contra la pandemia de Covid-19 nuestra nación será el arsenal de vacunas con el resto del mundo”, reiteró el mandatario, una de sus frases de cabecera de las últimas semanas.
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El anuncio de Biden llegó poco después de una conferencia de prensa de la Organización Mundial de la Salud, en la cual el director general, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo que los países con altas tasas de vacunación como Estados Unidos tenían que hacer más para ayudar a los países que estaban siendo golpeados más fuerte por la pandemia, una dinámica que para los expertos pone en riesgo la lucha global contra el coronavirus.
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Argentina es uno de los países que espera beneficiarse de las donaciones de Estados Unidos. El gobierno de Alberto Fernández ha desplegado gestiones en Washington para garantizar que parte de las dosis que donará Estados Unidos lleguen al país, donde el avance de la inmunización ha estado por debajo de las expectativas.

Pymes: «Exportando a Bolivia» – Conferencia jueves 20 de mayo, 19 hs.

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El gobierno de la ciudad de Buenos Aires analiza el regreso a las clases virtuales si no bajan los casos

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El ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, admitió que, si no se revierte la tendencia en las próximas 72 horas, acompañarán lo que defina la Nación. Es la primera vez que desde el gobierno de Rodríguez Larreta no descartan suspender las clases presenciales.

Los términos precisos del ministro Quirós fueron «Estaremos muy atentos estos días, si la tendencia al ascenso (de casos de covid) continua, creemos que tenemos que dialogar sobre otras medidas para evitar que continúen ascendiendo. Si los casos no bajan en las próximas 72 horas, entonces acompañaremos las medidas de la Nación». En el gobierno de la provincia de Buenos Aires comenzaron a surgir voces que piden más rigor de cara a las próximas medidas. El viceministro de Salud Kreplak dijo que volvieron a subir los nuevos casos y consideró, en declaraciones radiales, que es «cada vez más lógico tomar una medida de cuidado más fuerte, por un tiempo más acotado» «Si uno logra un cierre muy fuerte, por ejemplo, un cierre total, esos cierres pueden ser más acotados en el tiempo y empezar a liberar a medida que bajan los casos». Mañana AgendAR acercará a sus lectores el estudio del Instituto de Cálculo de la UBA y el Conicet «INFORME SOBRE EL IMPACTO DE LA PRESENCIALIDAD ESCOLAR EN LOS CASOS CONFIRMADOS DE COVID-19». Algunos economistas y un ex ministro salieron a cuestionarlo, pero aparentemente los hechos lo confirman.

«Hacia una Estrategia Nacional Hidrógeno 2030»

El presidente Alberto Fernández había propuesto en la Cumbre Climática de Líderes mundiales, convocada en el pasado mes de abril por el presidente Biden, “renovar la arquitectura financiera global”, sugiriendo un “canje de deuda por acción climática y nuevas asignaciones de derechos especiales de giro sin discriminar a los países de renta media, para así mejorar nuestro medio ambiente”. Allí también señaló que Argentina había asumido compromisos en el marco del Acuerdo de París, que apuntan a disminuir la huella de carbono y el uso de combustibles fósiles. Al repasar las acciones del Gobierno para conmemorar el Día de la Tierra y generar conciencia sobre los desafíos que enfrenta el planeta, Fernández recordó que se elevó la Contribución Determinada Nacional un 27,7% respecto a la de 2016, algo que calificó como “pasos consistentes con la meta de 1,5° grados centígrados, y con la neutralidad de carbono al 2050″. “Asumimos el compromiso de desarrollar el 30% de la matriz energética nacional con energías renovables. Diseñamos un plan de medidas de eficiencia para la industria, el transporte y la construcción. Promoveremos la adopción de tecnologías de punta para la reducción de emisiones de metano y contaminantes de vida corta”. Es en este contexto que deben leerse sus afirmaciones en el cierre del Foro «Hacia una Estrategia Nacional Hidrógeno 2030», una jornada de debates y propuestas que tuvo lugar en el Museo del Bicentenario de Casa Rosada, organizada por el Consejo Económico y Social (CES).

El presidente Alberto Fernández afirmó que «en medio de una emergencia climática global, en el país se está definiendo una auténtica política de mediano y largo plazo, en la cual la Argentina una vez más tiene que estar unida”. Y añadió que «desde el Gobierno se impulsa a una estrategia nacional Hidrógeno 2030”.

Muchos lectores de AgendAR apreciarán en particular una de sus frases «La larga y enorme tradición de Argentina en energía nuclear nos abre la puerta a producir hidrógeno rosa». («Hidrógeno verde»: a partir de energía solar y energía eólica; «hidrógeno azul», producido desde el gas natural; e «hidrógeno rosa», a partir de la utilización de la energía nuclear). La apertura del Foro estuvo a cargo del Secretario de Asuntos Estratégicos y Presidente del Consejo, Gustavo Beliz. Los expertos debatieron en paneles como “Articulaciones público-privadas y potencialidades de los encadenamientos productivos”; “Capacidades del sistema científico-tecnológico para apoyar la agenda del hidrógeno y la descarbonización de la economía” y “Cambio climático y transición hacia energías limpias”. Entre los expositores estuvieron Javier Papa, subsecretario de Planeamiento Energético del Ministerio de Economía; Joerg Husar, manager del Programa de América Latina en la Agencia Internacional de Energía; Alejandro Gesino, Instituto Fraunhofer IEE; Adriana Serquis, INN-CNEA-CONICET-Bariloche; Santiago Sacerdote, gerente general de Y-TEC / Consorcio H2.Ar; Ariel Pérez, gerente de Energías Renovables de Hychico; y Santiago Sajaroff, presidente de la Cámara Argentina de Energías Renovables. También participaron Carolina Vera, jefa de Gabinete del Ministerio de Ciencia y Tecnología; Daniel Pasquevich, director del Instituto de Energía y Desarrollo Sustentable de la CNEA; Norma Amadeo, directora del Instituto de Tecnologías del Hidrógeno y Energía; Rodrigo Rodríguez Tornquist, secretario de Cambio Climático del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable; Carola Ramón, subsecretaria de Negociaciones Económicas Multilaterales y Bilaterales de la Cancillería; y los embajadores de Alemania, Ulrich Sante; de Japón, Takahiro Nakamae; y de Corea del Sur, Jang Myung-soo. Del debate final -“Diálogo y consensos para el desarrollo de la economía del Hidrógeno como políticas de Estado”- participaron la gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras; la ministra de Producción de Santa Cruz, Silvina Córdoba; y los diputados nacionales Omar Chafi Félix (titular de la Comisión de Energía y Combustibles), Rosana Bertone (Tierra del Fuego) y Gustavo Menna (Chubut). Para acceder a la totalidad de las exposiciones, a partir del minuto 17 de un video preparado por el Consejo Económico y Social, cliquear aquí.

El Gobierno suspende por 30 días las exportaciones de carne vacuna ante la suba de los precios

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El Gobierno nacional suspendió por 30 días las exportaciones de carne vacuna, una medida orientada a contener la presión sobre los precios que se viene registrando en los últimos meses, según informó anoche el Ministerio de Desarrollo Productivo.

La decisión fue comunicada este lunes por el presidente Alberto Fernández a representantes del sector nucleados en el Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas ABC, a quienes aclaró que la misma podría levantarse antes si se observan «resultados positivos» por la aplicación de esas y otras medidas que se dispondrán. De esa reunión participaron el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas; la secretaria de Comercio Interior, Paula Español; y los representantes del sector exportador de carnes Mario Ravettino, Carlos Alberto Rusech, Gustavo Kahal y Martín Costantini. También se informó que se habilitarán mecanismos de excepción para operaciones de comercio exterior en curso. La semana pasada, el Instituto de Promoción de Carne Vacuna Argentina (Ipcva) había informado que los precios de los distintos cortes de carne vacuna aumentaron 65,3% durante abril, con respecto a un año atrás, unos 20 puntos por encima de la inflación minorista anualizada hasta el primer cuatrimestre. De la misma manera, en abril la carne de cerdo aumentó su valor minorista en 58,7% respecto a igual mes de 2020 y la de pollo del 44,2%. La suspensión temporal de las exportaciones se da a conocer apenas un día después de que el presidente Fernández expresara su preocupación por el aumento «inexplicable» de los precios en los últimos dos meses. «Celebro que la Argentina exporte carne», dijo el mandatario «pero no que hagan pagar a los argentinos el precio que le hacen pagar por la carne, y que les den una migaja de 8.000 toneladas de carne cuando acá se consumen 200.000». La referencia del presidente fue respecto al acuerdo que el Gobierno alcanzó con el Consorcio de Exportadores y otras cámaras del sector frigorífico para sostener hasta fin de año un programa de 11 cortes de alta demanda local, a precios por debajo del promedio de mercado. Ese acuerdo anunciado hace 10 días preveía llegar a 3.000 bocas de expendió en todo el país con un volumen de 8.000 toneladas mensuales, un 25% más de lo que se venía abasteciendo en los últimos meses desde la puesta en marcha de este acuerdo.

El uso de la capacidad instalada industrial llegó al nivel más alto en dos años

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Según datos relevados por el INDEC, la capacidad instalada de la industria local fue empleada en marzo en un 64,5%. Todas las ramas de actividad incrementaron su potencial productivo y hay cinco sectores por encima del 70%.

La utilización de la capacidad instalada (UCII) en el sector manufacturero alcanzó en marzo el 64,5%, superando ampliamente el nivel al que había tocado en marzo de 2020 (51,6%) y también en marzo de 2019, cuando llegó a 58,8%. Así lo reveló ayer el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), según el cual las doce ramas de actividad analizadas registraron una mejora en términos interanuales. En el desagregado por sectores se destacan Industrias metálicas básicas con un utilización de la capacidad de producción de 79,8%, seguida por Minerales no metálicos (77,4%), Refinación de petróleo (73,8%),  Papel y cartón (71,7%) y Sustancias y productos químicos (70,3%).
Estos cinco sectores con niveles superiores al 70% de la capacidad instalada son indicativos de una recuperación cada vez más consistente y extendida de la actividad económica. Un ejemplo es la industria automotriz, que registró una UCII de 54,8%, mientras que hace doce meses, al decretarse la dura cuarentena por el Covid, se ubicaba en niveles de 25,9%. Así, se observó en esta industria la mayor expansión de marzo, con 29 puntos porcentuales. Otros sectores destacados fueron la Industria de alimentos y bebidas (63,9%), Edición e impresión (57,7%) y la Industria textil, que anotó una utilización de la capacidad instalada de 50,7%, cuando hace un año el registro había alcanzado el 28,7%. El buen desempeño de la actividad industrial se refleja también en el incremento del porcentaje de uso de la capacidad de producción respecto de febrero 2021. En todos los casos se observa un crecimiento en ese sentido, salvo en Refinación de Petróleo, que terminó con 73,8% en marzo, versus 77,3%, en marzo.  

Chile: las urnas reflejaron el estallido social que comenzó en el 2019

SANTIAGO, Chile.- Conocidos los resultados de la megaelección chilena que definió, además de autoridades locales, a los miembros encargados de darle forma a la nueva Constitución, el mapa político del país se reconfiguró de una manera drástica y ofreció diversos hitos, pero una lectura central: nunca le había ido tan mal al bipartidismo chileno: a la centroderecha, y al bloque de centroizquierda, que sumados llegaron a poco más de un 40% y representaron el declive de las fuerzas tradicionales.

Por el lado del oficialismo, además, el desplome fue catastrófico. Pese a evidenciar organización y coordinar una lista única, y aliándose incluso la derecha más radical, el bloque no alcanzó el tercio de escaños necesarios para tener poder de negociación en la Convención Constituyente. La coalición de gobierno obtuvo 37 asientos, lejos de los 52 que requería para poder vetar cambios y así influir en la nueva ley fundamental chilena. Empieza a quedar atrás la política de vetos que predominó durante toda la transición posterior a la dictadura de Augusto Pinochet.

El impacto de la protesta social

El otro aspecto trascendente tuvo que ver con la exitosa performance de la izquierda antiliberal, que totalizó 31 puestos en la Convención constituyente. La alianza entre el Partido Comunista y el Frente Amplio emergió con fuerza y terminó por superar a los partidos de la antigua Concertación, el último bastión de la socialdemocracia de Chile, y que también asomó en la foto de los derrotados. La victoria de la comunista Irací Hassler en la comuna de Santiago por sobre el conservador Felipe Alessandri, fue probablemente la gesta más icónica de la jornada y elevó la efervescencia en las huestes de la izquierda. A ello se sumaron a otras victorias simbólicas como la gobernación de Valparaíso, que consiguió Rodrigo Mundaca, y la elección de Macarena Ripamonti en la alcaldía de Viña del Mar. En Recoleta, en tanto, el posible candidato presidencial comunista Daniel Jadue aseguró su reelección con una votación importante y todavía se perfila como el representante de la oposición mejor aspectado para los comicios de noviembre de este año. Sin embargo, y como elemento más destacado, la incursión de los independientes en los comicios fue la gran sorpresa del fin de semana, con un marcado origen en los movimientos sociales que surgieron tras la revuelta de octubre 2019. Con 45 escaños, este grupo se transformó -en su sumatoria- en el bloque con mayor representación de constituyentes y reflejó la distancia entre los electores y el centro político.

Golpe para el oficialismo

En contraste, se vio la postal del presidente Sebastián Piñera cabizbajo flanqueado por todos sus ministros y reconociendo el golpe. “No estamos sintonizando adecuadamente con las demandas y anhelos de la ciudadanía”, dijo Piñera, en una declaración que sonó extemporánea y que, incluso, puede poner a prueba la fuerza de la lealtad de los partidos de gobierno antes que deba entregar el poder en marzo del próximo año. La bajísima popularidad del mandatario se convirtió en un lastre que fue reconocido por sus representantes de su propio sector y terminó por minimizar su figura, ya condicionada por su manejo en el tema del retiro de los fondos de pensiones para sortear la crisis económica. En todo caso, la centroderecha se desvaneció en una zona que durante años dominó. En la elección de alcaldes, por ejemplo, el bloque oficialista perdió 62 ediles de sus actuales 145, lo que podría significar una señal que va más allá de esta votación puntual y que se puede extrapolar a las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias. Con todo, la Convención Constitucional comenzará a trabajar en los próximos meses y en 2021 se debería votar un plebiscito que la ratifique. En esa oportunidad el sufragio será obligatorio, pero esta elección estimuló un clamor que desde todos los sectores políticos se repitió: que el voto pase a ser obligatorio y así no repetir el 41% de participación que se alcanzó en estos comicios.

Reflexionando sobre las retenciones

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Desde el punto de vista distributivo, los impuestos a la exportación perjudican a los propietarios rurales, y benefician a los destinatarios del gasto público y a los consumidores de alimentos, sostiene Francisco Eggers, secretario de Finanzas de la provincia de Buenos Aires en el ministerio de Jorge Sarghini y miembro del Grupo Fénix de economistas.

Reproducimos su artículo en AgendAR para contribuir a un debate en el que el ruido político ahoga muchas veces los argumentos.

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«En general, no se discute la necesidad de que haya Estado, y que sus gastos sean financiados con impuestos. Algunos tienen buena aceptación por parte de los tributaristas, como el IVA, siempre que la alícuota no sea demasiado alta. Y otros son fuertemente criticados, como los que gravan a las exportaciones (los que se suelen llamar “retenciones”). El Banco Mundial da cuenta de sólo 10 países en los cuales este tipo de impuestos representa más del 2% de la recaudación impositiva; entre ellos, junto con Rusia, Bielorrusia, Kazajistán, Guinea, Guinea Bissau, Costa de Marfil, Níger, Papúa Nueva Guinea e Islas Salomón, está nuestro país. El entonces presidente Macri dijo en julio de 2019 que “las retenciones a la exportación son un mal impuesto que tiene que desaparecer”; pocas semanas después, lejos de ese propósito, las aumentó.

Toda acción del Estado debería tratar de lograr el mayor bienestar posible para la población. Para eso, debe contribuir a que la utilización de los recursos productivos disponibles logre la máxima capacidad de satisfacción de las necesidades económicas (eficiencia) y que esa capacidad de satisfacer necesidades se distribuya entre los miembros de la sociedad de la forma más justa posible (equidad). Entonces, para analizar un impuesto, nos preguntamos: ¿cómo afecta a la eficiencia y a la equidad?

Eficiencia en la recaudación

Podemos descomponer el análisis sobre la eficiencia, diferenciando la eficiencia interna al proceso de recaudación y la «eficiencia asignativa». La primera es la relación entre eficacia y costos de la recaudación, y constituye el mayor atractivo de los impuestos a las exportaciones, en particular cuando gravan “commodities” con precios internacionales conocidos (soja, maíz, trigo, petróleo, etc.). Son capaces de recaudar en poco tiempo sumas muy importantes y, en relación con la recaudación, los costos de calcular el impuesto, pagarlo y cobrarlo no representan un monto significativo ni para el contribuyente ni para el fisco. Probablemente sean algo mayores los costos vinculados con los esfuerzos de los contribuyentes para pagar lo menos posible, a través de subfacturación y contrabando, y del fisco para impedirlo. Pero podemos suponer que no son demasiado altos, en comparación con la recaudación.

Efectos sobre la eficiencia

La mayor crítica que se hace a los impuestos a las exportaciones es que causan ineficiencia asignativa: al resultar en un menor precio percibido por los exportadores, desalientan la producción de bienes exportables. Todo país necesita exportar para poder comprar en el exterior lo que no produce internamente; pero para Argentina la necesidad de exportar es especialmente importante, ya que cuando crece la actividad económica aumenta la necesidad de divisas y, sin suficientes exportaciones, se desemboca en una crisis externa que frena el crecimiento. Se ha puesto como ejemplo (de lo que no se debe hacer) a los impuestos a las exportaciones de combustibles que formaron parte de una política energética que condujo a un fuerte retroceso de la producción desde 2002 hasta 2014, cuando pasamos de ser exportador neto a importador neto de energía; aunque sería muy injusto atribuirles ese resultado a esos impuestos exclusivamente. Pero no quiero concentrarme en el análisis de la política energética sino en las “retenciones” a las exportaciones del complejo sojero, que han sido este siglo la mayor fuente de recaudación fiscal proveniente del comercio exterior.

Estos impuestos fueron establecidos a principios de 2002, y se han mantenido hasta hoy, con tendencia creciente hasta 2008; se redujeron recién a fines de 2015. Ante eso, se podría esperar que hubiera ocurrido lo mismo que con el petróleo: caída de la producción. Lejos de eso, la cosecha 2014/2015 duplicó a la de 2001/2002; con lo, cual el peso del complejo sojero en la economía, a pesar de la presión impositiva, creció. Las variaciones en la producción parecen más asociadas a cuestiones climáticas que a la presión tributaria.

Hay al menos cinco variables que hacen a la rentabilidad de la soja: precio internacional, impuestos que gravan su producción (como las “retenciones”), tipo de cambio real, productividad física y precios de los insumos. Los tres primeros factores deberían reflejarse en el precio interno del producto, una vez que se corrigen los valores en pesos con un índice de precios, para tener una unidad de medida de valor más estable. Aquí utilicé el Índice de Precios al Consumidor; de haber utilizado un índice de costos de la producción de soja, probablemente las variaciones serían menores, dado que parte de los costos están vinculados con el precio del producto. Pero seguramente las tendencias serían las mismas y, por lo tanto, también las conclusiones.

La lógica económica nos dice que la producción de cualquier bien debería variar en el mismo sentido que la rentabilidad ex ante (la estimada antes de tomar la decisión de producción); porque cuando baja la rentabilidad, se hace menos atractivo producir. Entonces, deberíamos ver que, más allá de los vaivenes climáticos, las variaciones en la producción deberían seguir los movimientos de los precios. Pero cuando comparamos ambas variables, no se ve una clara relación. Los precios más altos se registraron en los años 2002, 2003 y 2008 y no fueron seguidos inmediatamente por las cosechas más importantes. La cosecha récord fue la de 2014/2015; y fue precedida por precios con tendencia decreciente y bien por debajo del promedio de las últimas dos décadas.

Este resultado, en principio, nos estaría diciendo que la elasticidad-precio de la producción de soja es baja en el mejor de los casos; si es así, no podemos afirmar con seguridad que la imposición de impuestos a la exportación de soja en Argentina ha tenido un impacto significativo en la producción. Con lo cual, el argumento principal contra estos impuestos (que implican un sesgo anti-exportador significativo) no se ve confirmado por los datos.

¿Cómo se explica esto? Mi hipótesis es que, siendo fijo el principal factor productivo (la tierra cultivable), a partir de un cierto umbral de rentabilidad, un mayor precio no conduce a un incremento importante de la producción. Desde ya, debe haber un precio por debajo del cual se reduce la siembra, ya que, si la perspectiva es una rentabilidad muy baja, no valdría la pena apostar a la producción. En 2015 confluyó el retraso cambiario, las “retenciones” en su máximo y precios internacionales relativamente bajos, para que los precios internos fueran más de 40% inferiores, en valores reales, al promedio de los últimos 20 años. Entonces, se decía que se había llegado a ese umbral de rentabilidad. Pero, de ser así, la producción debería haberse derrumbado. No ocurrió. La tierra se siguió cultivando: señal de que la rentabilidad seguía siendo suficiente para hacerlo.

Pero la lógica económica nos dice que, en ausencia de retenciones, algo más de producción pudo haber habido. ¿Cómo? A partir de un uso más intensivo de agroquímicos, y ampliando el área sembrada con soja, desplazando a otros usos del suelo. Pero ¿eso sería socialmente conveniente? No estamos seguros.

La extensión del cultivo de soja ha sido acusada de provocar externalidades negativas: consecuencias sobre terceros, que no son tenidas en cuenta por los productores. Son bastante conocidas las denuncias acerca de la toxicidad de agroquímicos usados en el cultivo extensivo de soja. Pero, además, la expansión de ese cultivo se hizo en buena medida a expensas de reemplazar pastizales y montes nativos, vegetación con menor valor de explotación económica, pero con rica biodiversidad; su reemplazo por un monocultivo como la soja no es ambientalmente neutral. Además de su impacto sobre la emisión de gases de efecto invernadero, se señala que la vegetación nativa cumple funciones de regulación hídrica. Según decía un guía de Sierra de la Ventana, el pastizal nativo es como una esponja, que retiene el agua de lluvia. Eso implica que, al llover, aguas abajo la velocidad del agua se amortigua y, al irse escurriendo con más lentitud, los cursos fluviales tienen un régimen más estable. Si se reemplaza la vegetación nativa por un monocultivo como la soja, la absorción pluvial disminuye y la velocidad de escurrimiento aumenta, lo que intensifica la erosión y hace más probables las inundaciones, alternadas con períodos de bajo caudal de los ríos en épocas de sequía, cuando más se los necesita.

El cultivo de soja en Argentina tiene una competitividad internacional mayor que otras actividades; los impuestos a las exportaciones ayudan a nivelar esa diferencia. Sin ellos, y suponiendo que la mayor rentabilidad condujera a que se asignen mayores recursos a la soja, habría sido en detrimento de otros bienes, perdiéndose diversificación productiva. Esto haría al país más dependiente de su principal producto de exportación (“enfermedad holandesa”). ¿Qué tiene de malo? La economía sufriría más las fluctuaciones producto de avatares climáticos o del precio internacional. Y cuando los ingresos por el producto “estrella” menguan, no se los puede reemplazar rápidamente con otros bienes que han sido desplazados, si requieren un período de maduración para su desarrollo. Es el caso de Venezuela: dada la alta competitividad del petróleo, prácticamente no exportaba otro bien. Cuando el precio se derrumbó, Venezuela entró en crisis.

Además, la concentración de la producción en un bien como la soja, que emplea relativamente poca mano de obra, puede repercutir también en la riqueza y diversidad de los avances tecnológicos internos: no habría mayor interés en desarrollos que involucren a bienes que no son competitivos, por quedar opacados por el producto de exportación dominante.

Un dato poco conocido es que Argentina, en el primer trimestre de 2021, importó más soja en grano de lo que exportó. Esto fue porque los impuestos a las exportaciones de soja procesada (aceite, subproductos para alimentación animal, biodiesel) han sido en general inferiores a los de la soja en grano. Debido a esta diferenciación, se instaló en el país una moderna industria de procesamiento de la soja, con gran capacidad instalada, que cuando la cosecha local no alcanza para abastecerla de la materia prima, importa soja desde Paraguay.

En definitiva, en cuanto a la asignación de recursos productivos, no estamos seguros de que los impuestos a las exportaciones de soja hayan causado una disminución significativa de su producción; y, si lo hubieran hecho, no está claro que ese resultado fuera opuesto a los intereses del conjunto de la sociedad.   

Efectos sobre la distribución del ingreso

¿Quiénes se perjudican con los impuestos a las exportaciones? Principalmente, los propietarios de las tierras productoras. Estos tributos reducen el precio recibido por el productor y, por ende, su rentabilidad. Si se perciben como habituales, harán que el valor de la tierra disminuya. Los cambios repentinos pueden afectar a arrendatarios y exportadores; pero, normalmente, los exportadores trasladarán el impuesto a los productores, y los arrendatarios a los dueños de los campos.

¿A qué estrato de ingresos pertenecen los dueños de los campos dedicados al cultivo de soja? Gran parte de ellos son de medianos ingresos; pero es posible estimar, en base a información del Censo Agropecuario y a estimaciones de precio de los campos, que el grueso de la producción se obtiene en explotaciones cuyo valor supera el millón de dólares;  aun sin datos precisos, parece lógico suponer que la mayor parte de la recaudación incide sobre propietarios cuyo patrimonio supera al que tiene, en promedio, el resto de la población.

¿Quién se beneficia con los impuestos a las exportaciones? En su ausencia, podría ocurrir una combinación de tres cosas: que se recaude más de otros impuestos, que se reduzca el gasto público, o que aumente el déficit fiscal nacional. Podría plantearse, como hipótesis, que sin impuestos a las exportaciones habría habido menos gasto público: menos jubilaciones (al menos por moratoria), menos planes sociales, menos empleados públicos, menos inversión pública. Lo más probable es que el ingreso promedio de los beneficiarios de este gasto público sea inferior al promedio nacional.

Por otra parte, los impuestos a las exportaciones, al tener el efecto de bajar el precio interno, benefician a los consumidores internos de los bienes gravados. En el caso de la soja, el consumo interno no es muy grande, pero existe: no tanto en forma de grano –excluyendo el que se usa para siembra– sino procesado en forma de aceite comestible, alimentos balanceados y biodiesel. Pero, como sería poco probable que la soja no tenga “retenciones” y otros productos agropecuarios sí, podemos pensar que la ausencia de impuestos a las exportaciones sobre materias primas alimenticias habría resultado en mayores precios de los alimentos, y por lo tanto en menor poder adquisitivo del salario.

Sobre esta base, se podría afirmar que, desde el punto de vista distributivo, los impuestos a la exportación perjudicaron a los propietarios agrícolas, y beneficiaron a los destinatarios del gasto público y a los consumidores de alimentos. Y parece lógico suponer que los primeros tienen un ingreso promedio superior a los últimos, con lo que la distribución del ingreso habría sido menos desigual que si no hubieran existido estos tributos. Pero si eso es justo o injusto, depende de lo que piense cada uno, lo que excede al análisis económico.

En conclusión, mientras que no hay elementos suficientes para afirmar que las “retenciones” a la exportación de soja hicieron que la asignación de recursos sociales productivos sea más ineficiente, hay indicios de que habrían hecho que la distribución del ingreso sea menos desigual. Pero si eso hace que esa distribución sea más o menos equitativa, es una cuestión opinable.

Así que, si usted empezó a leer mi nota porque creyó que iba a dar una respuesta a la pregunta, pido disculpas: sólo le he podido dar elementos para pensarla.»

«Pensamos Argentina como pampa húmeda pero somos el país latinoamericano con más áreas áridas»

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Son declaraciones del presidente del Instituto Nacional del Agua, Juan Carlos Bertoni, que se refirió a algunas de las problemáticas de Argentina hoy: la desertificación, la pérdida de nutrientes de la tierra, agroquímicos, la expansión de la frontera agropecuaria y la bajante del río Paraná.

Bertoni, quien es ingeniero en recursos hídricos por la Universidad del Litoral y doctorando en recursos hídricos en Francia, se refirió a la realidad general del país, que hoy día tiene dos tercios de tierras consideradas áridas o semi-áridas. «No se vivía una bajante del Paraná hace más de 50 años», dijo Bertoni, en referencia a la bajante histórica del río que hoy impacta a la navegación de buques, incluso, y al acceso a Rosario, uno de los principales puertos exportadores de la Argentina. «Este año vamos a tener una situación más compleja, con un impacto en la navegación muy importante con una limitación en el calado de los buques, fundamentalmente en el sector oceánico», dijo Bertoni, y agregó que «la bajante que ocurre en el río Paraná tiene que ver con un déficit de precipitaciones en una gran región como es la cuenca del Plata, no tiene que ver con operación de compuertas de represas de Brasil». «Desde la gestión pública nos preparamos para una situación crítica», dijo Bertoni, y asoció el fenómeno de las precipitaciones «con el cambio en el uso del suelo», y manifestó que «estábamos acostumbrados a grandes cantidades de precipitaciones, por lo que no tenemos preparados hoy los planes de contingencia para afrontarlo». «Los incendios los tocamos porque tienen afectación hidrológica, por la falta de cobertura vegetal», explicó Bertoni sobre los incendios producidos en 2020 en 14 provincias del país, y sostuvo que «las primeras lluvias, arrastran las cenizas y lo depositan en los cursos de agua o en los embalses, y si son pequeños los embalses la afectación en la calidad del agua es tremendamente importante, y hay un impacto económico para el tratamiento del agua». «Hubo localidades en Córdoba que tuvieron que suspender el servicio del agua», dijo Bertoni, y sostuvo que «el 90% de los incendios son causados por el hombre». El agua potable, en pandemia  El INA pertenece al Ministerio de Obras Públicas de la Nación y posee uno de los laboratorios de hidráulica más importantes de América Latina, donde se realizaron simulaciones físicas y computacionales, como por ejemplo el estudio del Canal de Panamá. El Instituto Nacional del Agua posee, además, cuatro centros: uno en Santa Fe, uno en Córdoba, uno en Mendoza y otro en la provincia de San Juan y trabaja, además, con el sector privado con las empresas constructoras de grandes represas hidroeléctricas. «Originalmente había muchos ingenieros en el INA pero hoy es un crisol de especialidades, pero en general se tiene profesionales con gran nivel de capacitación en doctorado y másters», sostuvo Bertoni, sobre el organismo en el que trabajan trescientas personas. «En pandemia una de las cuestiones más importantes es la disponibilidad de agua potable», dijo Bertoni al referirse a la seguridad hídrica en situaciones de contingencia sanitaria, como la actual, y agregó que para ello hay que hablar del manejo de las cuencas hidrográficas, de contar con volumen y cantidades de agua, y para eso hay que controlar el buen manejo de agua en las zonas urbanas, en las zonas rurales, de las sequías, las inundaciones y los planes de contingencia». Por último, Bertoni aseguró que «América Latina ha hecho grandes avances en materia de agua potable y seguridad hídrica». La propuesta de trabajo con la CONAE  El INA se encuentra en proceso de trazar un acuerdo con la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) para el control de los cursos de agua, a través de imágenes de los satélites SAOCOM. Bertoni se refirió a la relación con otros organismos e instituciones, y sostuvo que «la relación entre los organismos de ciencia y técnica están en un momento óptimo». Bertoni aseguró que «hay un apoyo muy fuerte al trabajo interinstitucional desde el Ministerio de Ciencia a los 16 organismos de ciencia y tecnología del país» y particularizó en la relación con ACUMAR, el organismo encargado del control y el saneamiento de la cuenca Matanza-Riachuelo: «El INA trabaja en la temática del Matanza-Riachuelo y en la calidad del agua allí». El presidente del INA habló del acuerdo con la CONAE y explicó que el organismo tiene un trabajo previsto combinando imágenes satelitales con la aparición de floraciones algales en cuerpos de agua de la Argentina. «Esto tiene que ver con la seguridad hídrica porque las floraciones algales tienen que ver con las cianobacterias». «Le estamos haciendo una propuesta a la CONAE para ligar las imágenes del SAOCOM, para detectar problemáticas de distintos cuerpos de agua, y con el tiempo prever las problemáticas que se generan en esos cuerpos de agua para abastecimiento, y eso tiene que ver, también, con la seguridad hídrica», dijo Bertoni. Argentina, un país árido en dos tercios de su territorio  Bertoni habló de la situación que atraviesa el país, en el cual dos tercios de su territorio están considerados tierras áridas o semiáridas. «Cuando se piensa en la Argentina se piensa en la pampa húmeda pero somos el país latinoamericano con más áreas áridas y semiáridas en su territorio, inclusive mucho más que Chile, que tiene Atacama», dijo Bertoni. Por último el presidente del INA se refirió al impacto ambiental en el uso del agua que existe en la actividad agropecuaria, con el uso de agroquímicos, por ejemplo. «Hoy en día es inconcebible que en un país agroexportador un Instituto Nacional del Agua no se relacione con el INTA y con la problemática de la producción, la huella hídrica y la economía circular», dijo Bertoni, quien explicó que «en el futuro la huella hídrica de cada producto va a ser importante en el futuro para la exportación de nuestros productos, Europa va a analizar la huella hídrica de nuestros productos antes de comprarnos para estudiar el uso óptimo del agua».