El cohete SpaceX despegó hacia la Estación Espacial Internacional (ISS) con tres astronautas de la NASA y uno japonés, informó el organismo espacial estadounidense. El despegue se produjo al atardecer de Argentina, 00.27 GMT, desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, sureste de Estados Unidos.
La tripulación está compuesta por los estadounidenses Michael Hopkins, Victor Glover y Shannon Walker y el japonés Soichi Noguchi, quienes deberían arribar a la ISS este martes 17 aproximadamente a las 04.00 GMT, tras 28 horas de viaje. Está previsto que permanezcan allí durante seis meses.
Este vuelo «operacional» da continuidad a la misión de demostración realizada de mayo a agosto, en la que dos astronautas estadounidenses fueron conducidos a la ISS y después regresados a la Tierra por SpaceX.
Con ironía fácil, se ha dicho que los argentinos siempre encontramos un problema para cualquier solución. Y es cierto que resulta extraño que la actividad que es, por lejos, la principal productora de las divisas que el país necesita, pero que necesita el apoyo oficial para solucionar sus serios problemas de logística y las calamidades del clima que siempre ocurren, sea parte de un enfrentamiento enconado entre sectores de la sociedad.Creemos que hacen falta nuevas miradas. Hace algunos meses publicamos una trilogía de Roy Hora La sociedad argentina y el campo. Ahora reproducimos este reportaje de Federico Zapata a Daniel Bertone, referente si los hay de las cooperativas agropecuarias:
«Daniel Bertone da la sensación de ser algo así como un Konrad Adenauer del sector agropecuario argentino. De perfil bajo y de acción. Hijo de una familia de productores rurales que arrancaron como tamberos y lograron, después de 30 años de trabajo, comprar su propio campo. Primera generación de universitarios. Estudió Ciencias Económicas en la agitada Universidad Nacional del Cordobazo. Ingresó a Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA en adelante) en 1973 y le dedicó su vida. Entre 1987 y 2015, formó parte de la Gerencia General de ACA.
En ese período, que caminó junto a otro cordobés Carlos Rosas (fallecido en 2008), lideraron “el gran salto adelante” de ACA, una cooperativa de casi 100 años a la que transformaron en una de las grandes jugadoras del mercado agropecuario argentino: una empresa cooperativa, competitiva, internacionalizada e industrializada.
Hoy es el consultor estratégico de la Asociación. Un poco sobre ACA: una asociación de 147 cooperativas agropecuarias, que agrupan a más de 50.000 productores agropecuarios, presentes en las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Chaco, Entre Ríos, La Pampa, Río Negro, Santa Fe y Santiago del Estero y en más de 600 localidades. 4 puertos propios, 5 plantas industriales, 4 plantas regionales, 2 criaderos de semillas, 1 criadero de cerdos, 46 acopios.
Daniel, hay una discusión con relación a si la categoría de “primaria” para referirse a la agricultura argentina no constituye una nomenclatura obsoleta ¿Qué pensás al respecto?
Para mí es una nomenclatura económica antigua. Antaño, el productor sembraba la semilla del año anterior, la maquinaria eran los caballos, tenía un arado, una sembradora, no había fertilización, no había semillas híbridas, no había tecnología de ningún tipo. Eso era actividad “primaria”. En ese contexto se generó la nomenclatura, y quedó. Creo se la sigue utilizando ahora, erróneamente. Escucho mucha declaración entorno a que “somos un país vendiendo productos primarios, hay que ponerle valor agregado, generar mano de obra…” pero lo que hace el productor agropecuario en la actualidad, está dentro de una cadena de producción muy sofisticada: la semilla sale de un criadero de semillas intensivo en biotecnología; el fertilizante nitrogenado se produce en el país con gas argentino; la siembra y la cosecha se realizan con agricultura de precisión, articulando software e imágenes satelitales, con maquinaria de altísima complejidad tecnológica desarrollada en Argentina.
¿Cuándo cambió?
En los 90 se produce un salto cualitativo del paquete tecnológico, que, de facto, disolvió las fronteras entre agricultura, ciencia, industria y servicios.
Uno de los componentes de ese salto tecnológico fue la “siembra directa”. Explicanos qué es y porqué es tan importante.
El sistema antiguo de producción consistía en la roturación de la tierra para la posterior siembra. Es decir, se usaba un arado y después se le pasaba una rastra. Ese sistema, implicaba una destrucción de la estructura del suelo y un bajo nivel de conservación del agua. La siembra directa, por el contrario, funciona preservando nutrientes del suelo y evitando evaporación del agua, vía la reutilización de una cobertura vegetal. Es decir, se produce una gran incorporación de materia orgánica proveniente del rastrojo que antes se quemaba. Hoy es un insulto a la tierra quemar un rastrojo. El sistema genera una estabilidad de producción muy grande. Antes era muy factible errar cosechas, ahora es mucho más difícil porque el nivel de conservación de la humedad y de los nutrientes es muy alto. Antes llovía y se evaporaba mucho, se perdía. Hoy se retiene mucho más el agua a pesar de que hubo una agricultura muy agresiva durante muchos años que ha erosionado los suelos y hecho muchos desastres. Mediante este sistema, yo he visto recuperar el suelo de campos destruidos, sujetos a agricultura extensiva de cuarenta años y que hoy son muy fértiles. Lo he visto, no me lo han contado.
¿Sería posible la siembra directa sin la biotecnología?
No. La siembra directa funciona vis a vis con la transgénesis de las semillas. Gracias a esa combinación, es posible el control de malezas. Antes, si aplicabas agroquímicos, matabas a la maleza y al cultivo. Hoy, solo matás la maleza. Te lo pongo en perspectiva. Argentina producía 40 millones de toneladas al año en 1993, hoy estamos en 150 millones y han pasado 27 años. El salto productivo de las últimas décadas en Argentina es fenomenal. Se multiplicó por cuatro la producción.
«TENEMOS QUE DESARROLLAR NUEVOS SECTORES QUE EXPORTEN, Y QUE, ADEMÁS, TENGAN CONTENIDO DE MANO DE OBRA ARGENTINA. PORQUE SI NO, VAMOS A SOLUCIONAR EL PROBLEMA DE LOS DÓLARES, PERO NO VAMOS A SOLUCIONAR EL PROBLEMA DEL TRABAJO DE LA GENTE.»
Conversemos del paradigma de la producción orgánica. ¿Hay un mercado? ¿Se pierde en productividad? ¿Son paradigmas antagónicos? ¿De dónde viene la discusión?
Hay algún mercado orgánico. Son nichos. La producción te cae al 50 %. El problema es que es muy difícil que el mercado te pague ese diferencial de costos que tenés. Salvo pequeñísimas cantidades. Bienvenido el desarrollo de esos nichos. En relación con la crítica sobre la producción de modificados genéticamente, hasta ahora, no existe ningún análisis técnico concreto que demuestre que son perjudiciales para la salud. Yo considero que lo que hay ahí es un problema geopolítico. El inventor del transgénico es Estados Unidos y Europa se quedó afuera de esa carrera. Esto va a cambiar ahora que Bayer compró a Monsanto. Los europeos eran los enemigos de la “biotecnología”, y ahora empiezan a hablar de la “bioeconomía”. Esa discusión la impulsan los alemanes, que son los dueños de Bayer. Por eso es importante tener en cuenta nuestro perfil productivo y las ventajas que hemos desarrollado. Porque es una cuestión geopolítica. No defender nuestro perfil productivo, es como no defender a las Malvinas.
Además, está el problema de la alimentación a escala planetaria
Exacto. ¿Vos sabés lo que sería irse a una economía orgánica? ¿Cómo alimentás al mundo? Yo creo que es prioritario enfocarse en otras cosas que nos están haciendo mucho daño como el tema de los gases de efecto invernadero. Ese sí es un problema demostrado. Lo que pasa es que hay intereses enormes: Estados Unidos nunca se quiso sentar de buena fe en la mesa a discutirlo. Pero claramente el tema de los combustibles fósiles es un problema, real, demostrado.
Se ha generado un incipiente debate en torno a si se podría utilizar parte de la producción granaria argentina para producir carne envasada de exportación. Digamos: promover la transformación, vía incentivo fiscal, de proteína vegetal en proteína animal. ¿Cómo crees que esa discusión debe darse desde el punto de vista de las exportaciones de la Argentina?
Mientras no implique perder mercados externos, bienvenida la discusión. Argentina tiene que transformarse en un país más exportador. Tenemos un problema económico crítico: nuestras exportaciones no crecen. Si vos tomás una serie histórica, ha crecido en el período 2005- 2006 por efecto precio, pero no por efecto cantidad. El único sector competitivo es el agro. Y ese hecho es un problema. Tenemos que desarrollar nuevos sectores que exporten, y que, además, tengan contenido de mano de obra argentina. Porque si no, vamos a solucionar el problema de los dólares, pero no vamos a solucionar el problema del trabajo de la gente. Ese es el gran desafío, para mí, de los próximos años.
Profundicemos sobre el tema empleo y su relación con la estructura económica, en clave post-pandemia.
La pandemia ha acelerado mucho la digitalización del trabajo. Home office, robótica, e-commerce, todo avanza. ¿Cuál va a ser la consecuencia de este salto? Que si no somos capaces de crear empleo vamos a tener un problema más allá de los clásicos de la economía argentina. ¿Y cómo hacemos si está demostrado que la industria ya no es la gran creadora de empleo? Es decir, uno puede decir “voy a transformar proteína vegetal en proteína animal”, comparto. Te va a aportar un mayor nivel de exportaciones, pero no te va a ayudar en la creación de empleo de manera sustancial, debido al avance tecnológico.
¿Cómo es eso? Profundizalo.
Si sólo pensamos la generación de empleo asociada a la industria, vamos a invertir enormes cantidades de capital con una baja incidencia en la creación de empleo. En el mundo actual, el empleo es de los servicios, de la tecnología. La Ley de Economía del Conocimiento apunta a eso. Ahí hay que avanzar: eso es servicio que requiere mano de obra. Argentina, con un tipo de cambio competitivo y una estrategia, puede desarrollar una gran industria de servicios con perfil exportadora: software, biotecnología, salud, educación, servicios de apoyo.Y, por supuesto, eso conlleva un desafío a nivel educativo tremendo. Yo siempre traigo a cuento algo: en la época de Sarmiento el 70 por ciento de la población argentina era analfabeta; no sabía leer ni escribir. Han pasado 150 años, ¿quién es el analfabeto hoy? ¿El que no sabe leer y escribir o el que no sabe programar?
Volviendo al agregado de valor en el agro, desde ACA desarrollaron un proyecto emblemático en América Latina vinculado a la producción de carne porcina y biogás: “A.C.A. Yanquetruz”. ¿Qué opinión tenés del proyecto que está circulando de inversiones chinas para instalar granjas dedicadas a la cría de cerdos en Argentina?
En principio, me parece bueno porque en vez de vender maíz, vendés carne de cerdo. Como decía antes, si logramos algún grado de elaboración, le agregamos valor. Más allá de ese marco general, considero que el país debería plantear algunos parámetros a los inversores. Primero, me parece que habría que pedirles instalarse en el país en sociedad con una empresa argentina. Segundo, tener un protocolo muy estricto respecto del tratamiento de efluentes porque la producción de cerdos genera importantes volúmenes, fundamentalmente en el sistema de granjas modernas, de alta tecnología. Nosotros elegimos los biodigestores: generás energía eléctrica y en paralelo fertilizante biológico que vuelve al campo, por lo tanto, hay un equilibrio importante. En tercer lugar, hay que resolver un tema clave: los términos del Convenio Comercial donde se establece el precio y el tipo de cambio para la exportación de esa producción. Son cuestiones para contemplar en un acuerdo comercial mutuamente beneficioso.
«SI SÓLO PENSAMOS LA GENERACIÓN DE EMPLEO ASOCIADA A LA INDUSTRIA, VAMOS A INVERTIR ENORMES CANTIDADES DE CAPITAL CON UNA BAJA INCIDENCIA EN LA CREACIÓN DE EMPLEO. EN EL MUNDO ACTUAL, EL EMPLEO ES DE LOS SERVICIOS, DE LA TECNOLOGÍA. LA LEY DE ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO APUNTA A ESO»
¿Qué salida le ves a Vicentin?
Yo no creo que la empresa pueda seguir como está. Se puede hacer un régimen de fideicomiso de acciones para tratar de arreglar el problema de los acreedores con la propiedad de la empresa, dejando a la familia Vicentin con un determinado porcentaje. Otro esquema podría ser el desguace de la firma. Vicentin tiene una serie de empresas: tiene crushing de soja al cien por cien y en sociedad, tiene plantas de biodiesel, de etanol y de hilado. Por lo tanto, y en esta segunda alternativa, se deberían buscar grupos de interés, que se hagan cargo de distintas unidades productivas. Pueden ser acreedores o no. El que no es acreedor tendrá que poner plata.
¿Cuáles creés que son las obras de infraestructura clave que le permitirían al agro argentino dar un salto cualitativo en los próximos años?
Sí o sí, el ferrocarril. A nivel portuario los privados han hecho mucho. Ahí considero que Argentina está bien. Donde estamos muy mal es en la logística. Nosotros tenemos que lograr mayor competitividad de nuestros productos. Con la foto de hoy, los que somos competitivos en la producción, después lo perdemos en el transporte. No podemos tener producciones a 500, 700, 1000 km de los puertos y traerlas en camión. Eso es impracticable porque el costo es muy alto. Desde el punto de vista de la eficiencia, lo mejor es el barco, después le sigue la barcaza, el ferrocarril y el camión que es muy eficiente en el tramo corto: 100-150 kilómetros. De 300 kilómetros para arriba, el sistema tiene que ser ferroviario por razones ambientales más allá de lo económico. El nivel de contaminación del tren respecto al de un camión es mínimo. En un operativo ferroviario vamos con 1500 toneladas, lo que significa prácticamente el equivalente a 50 camiones.? El gran desafío es la infraestructura ferroviaria.
¿Bajo qué modelo de articulación público-privada debería funcionar un sistema ferroviario sostenible y pensado para el siglo XXI?
El sistema que mejor ha funcionado es el del Estado en la infraestructura de vías y los privados compitiendo por el uso. Lo explico. Para el privado es muy difícil poder desarrollar el sistema de vías y realizar el mantenimiento, porque son inversiones muy grandes, de recuperación a muy largo plazo. Es un bien social prácticamente. Entonces ahí tendría que ser el Estado el que haga la infraestructura férrea y cobre un peaje por su uso. Los privados realizan la inversión del material ferroviario (máquinas y vagones) y compiten por el uso. Es decir, sin exclusividad, un sistema “open access”, bajo determinadas condiciones de seguridad.
Esto me lleva a preguntarte por la famosa hidrovía del Río Paraná, concesión que está por vencerse. Se está analizando que el Estado se haga cargo de la tarea. ¿Cuál es tu posición?
Soy crítico. La hidrovía hasta ahora ha funcionado relativamente bien. Antes de la hidrovía no podíamos pasar un barco de más de 26 pies. Hoy ya tiene 34 pies. Y se paga un canon, hay una empresa que licitó y ganó. Se vence la concesión ahora. Hagamos una nueva licitación. Llamen a empresas internacionales que presten el servicio de calado. Necesitamos ahí a la mejor empresa del mundo. La idea de que el Estado Argentino se quede con esa tarea va a costarnos carísimo, en términos de dinero y de eficiencia. ¿El Estado argentino va a hacer una empresa? ¿va a contratar o a comprar las dragas? ¿En qué termina eso? En que el costo del peaje de los barcos, que hoy es de alrededor a los 3 dólares, va a subir a 5 dólares y no vamos a crecer en la profundidad del río.
«DONDE ESTAMOS MUY MAL ES EN LA LOGÍSTICA. NOSOTROS TENEMOS QUE LOGRAR MAYOR COMPETITIVIDAD DE NUESTROS PRODUCTOS. CON LA FOTO DE HOY, LOS QUE SOMOS COMPETITIVOS EN LA PRODUCCIÓN, DESPUÉS LO PERDEMOS EN EL TRANSPORTE.»
Cuando se constituyó la Unión Europea, los alemanes se quedaron con las finanzas y los franceses se quedaron con la política agrícola común. Los franceses han sido “el” lobby que ha dificultado el ingreso de la producción de origen agropecuario de Argentina al mercado europeo ¿En qué situación está el campo argentino desde el punto de vista productivo-tecnológico en relación con el campo europeo?
Somos muchísimo más eficientes. Te cuento una anécdota: hace 6 años atrás, estábamos evaluando en ACA hacer una maltería. Contactamos a una empresa europea de origen cooperativo (que si no es la primera es la segunda maltera del mundo). Cuando fuimos a visitarlos nos llevaron a conocer sus plantas y después nos llevaron al campo para mostrarnos los adelantos tecnológicos que estaban implementando. Nos mostraron con orgullo que estaban empezando a hacer siembra directa. ¡Nosotros hace 25 años que la hacemos! O sea, allí la agricultura se ha mantenido en base a subsidios. Que tendrá sus razones desde el punto de vista político, geopolítico, poblacional (de contención de las migraciones internas), de preservación de la belleza de la campiña como activo turístico – cultural, pero desde el punto de vista tecnológico y de la producción, Argentina es mucho más eficiente.
¿Estás de acuerdo en que Argentina es una potencia agropecuaria, que paradójicamente, carece de una política de Estado para el sector?
Exacto. Yo creo en la política del Estado, pero en una política que sea consistente, coherente e inteligente. Y nosotros no la tenemos. Te doy un ejemplo concreto: Francia se hizo famosa por muchas cosas, entre ellas por la denominación de origen y diferenciación de sus productos de origen agropecuario como el champagne. Italia por su prosciutto de Parma. Nosotros tenemos la carne pastoril y la hemos dejado ir. O sea, mezclamos todo, sin pautas, sin plan, nos da lo mismo un pastoril que hacer una crianza feed lot, no seleccionamos, no incentivamos, no premiamos. Lo mismo pasa con el trigo. Canadá hace toda una segregación de trigo en distintas calidades. Nosotros mezclamos todo.
Hablemos de la sustentabilidad de los suelos en Argentina. ¿Cómo se podría incentivar la rotación de cultivos?
Para mí son claves los incentivos. Si vos tenés un diferencial de retenciones a favor del maíz, del trigo, de la cebada y en contra de la soja, eso te va a alentar la rotación, porque el productor toma decisiones por rentabilidad. Si la retención es uniforme, como el costo de producción de la soja es más bajo que la del resto de los cultivos, estás incentivando la no rotación de los suelos.
¿Creés que una ley de fertilizantes podría tener utilidad para el cuidado de la tierra?
Sin ninguna duda. Hay una ley que fue aprobada por unanimidad en la Cámara de Diputados y después nunca la trató Senadores. Entiendo que el área de Economía de la anterior gestión se opuso, porque la Ley (denominada Ley de Suelo) implicaba un costo fiscal para promocionar el uso de fertilizantes, y no quería sufrir una merma en la recaudación. La verdad es que, haciendo bien el número, creo que no tiene perjuicio fiscal. El autor de la Ley fue el actual Ministro, Basterra. Ya perdió estado parlamentario.
«TENGO CIERTO OPTIMISMO CON RESPECTO A LOS PRECIOS A FUTURO. EL MUNDO SE HA INUNDADO DE DINERO. Y VAMOS A TENER TASAS DE INTERÉS INTERNACIONALES EN LOS PAÍSES DESARROLLADOS (ESTADOS UNIDOS O EUROPA) PRÁCTICAMENTE EN CERO Y NO POR CORTO PLAZO. ME PARECE QUE VAMOS A EMPEZAR A VISLUMBRAR UNA DEVALUACIÓN DEL DÓLAR Y POR LO TANTO ES ESPERABLE QUE LOS PRECIOS DE LAS COMMODITIES AGRÍCOLAS QUE EXPORTAMOS HACIA ÁREAS NO DÓLAR VAYAN A MEJORAR»
¿Qué opinión tenés del diferencial arancelario entre la exportación de productos en bruto y los transformados?
Para mí tiene que haber un diferencial arancelario, como funciona en la actualidad. Un tres, tres y medio por ciento. Hoy exportás soja y tenés que pagar 35 por ciento de derecho de exportación. Y exportás aceite y harina y pagás 32 por ciento. Es una protección a la industria local. Es decir, funciona como un espejo el revés con respecto a quien importa. Te voy a poner el caso de China: el poroto entra pagando un arancel del 3 por ciento, pero el aceite entra pagando el 9 por ciento. China protegen a su industria. Precisamente, este diferencial trata de neutralizar, en espejo, el arancel chino.
¿Cuál es la crítica al sistema de arancel diferencial?
Se dice que es un subsidio del sector agrícola hacia el sector industrial. Pero hay dos puntos que esa crítica no pondera: (1) nosotros estamos entre los tres grandes productores de soja del mundo junto a Brasil y Estados Unidos. El único de los tres países que exporta el 90 % de la producción es Argentina. Los otros tienen un consumo interno mucho más fuerte; (2) Argentina tiene la peor calidad de soja entre los tres países y, por la distancia a los centros de consumo, el mayor flete. En este marco, Argentina exporta el 20 % de la producción como poroto, el 70 % como aceite y harina, y el 10 % se consume internamente. Si nosotros queremos exportar porotos en la época que lo está haciendo Brasil y luego Estados Unidos, vamos a tener un cuello de botella. A nosotros, en esa época, nos conviene tener una industria, lo que nos permite tener precio todo el año y competitivo. Porque no hay industria más competitiva que la argentina en molienda de soja. Tenemos las mejores plantas del mundo.
¿Cómo te imaginás, desde el punto de vista del comercio exterior, el mundo post-pandemia para Argentina?
En el caso de ACA, hay que repensar el tema de la internacionalización, porque salvo el caso de la posición que tenemos en Hong Kong, no tenemos estructura externa. Mientras que otras multinacionales están en 40 países. Por lo tanto, los viajes para nosotros son un tema central. Creo que la tecnología de las comunicaciones puede ayudarnos a neutralizar esta desventaja. Al respecto, Argentina tendría que pensar muy seriamente en dotarse de una infraestructura de las comunicaciones muy potente porque estamos lejos del mundo desde el punto de vista logístico. Volviendo a la comercialización de la producción agropecuaria, tengo cierto optimismo con respecto a los precios a futuro. El mundo se ha inundado de dinero. Y vamos a tener tasas de interés internacionales en los países desarrollados (Estados Unidos o Europa) prácticamente en cero y no por corto plazo. Me parece que vamos a empezar a vislumbrar una devaluación del dólar y por lo tanto es esperable que los precios de las commodities agrícolas que exportamos hacia áreas no dólar vayan a mejorar. Por ejemplo, China en el 2021 va a crecer el 8 por ciento. Eso nos abre una gran oportunidad. Ojalá que tengamos buenas producciones y que el clima acompañe.»
El físico e investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), y presidente de la Asociación de Profesionales de la CNEA (APCNEAN), Andrés Kreiner, dio por válida la versión respecto a que el Gobierno nacional estaría avanzando en un acuerdo para construir dos centrales nucleares, en asociación con China.
Si se materializa, estaría reflotándose el convenio que la gestión de Cristina Fernández venía trazando con el país asiático para construir las centrales de Atucha III y IV (Argentina cuenta con las centrales Atucha I, II y la central de Embalse).
El interés argentino es que al menos una central sea construida con tecnología tipo CANDU, con uranio natural y agua pesada (tecnología que Argentina maneja y conoce). En cambio, la propuesta de China es construir la próxima de tipo Hua Long, con uranio enriquecido (con un proyecto «llave en mano»).
La tecnología llave en mano implica que Argentina recibe el beneficio de tener mayor potencia en su sistema energético (hoy el sector nuclear aporta un 6% de la energía total) pero no participan sus actores (productivos, científicos, académicos y tecnológicos) en el desarrollo y mantenimiento de la central.
Esto comenzó a cambiar hace algunos meses atrás, cuando el Gobierno confirmó el interés de China de retomar el acuerdo para construir una central nuclear en el país. Algo que desde la CNEA consideran provechoso, si en la agenda ingresa la fabricación de dos centrales, para permitir que, en una segunda (la de tipo CANDU), que Argentina participe con tecnología, financiamiento y conocimiento científico.
«Vamos avanzando para crear conciencia en muchos de los actores importantes del sector nuclear para volver al escenario 2014-15», dice Andrés Kreiner al referirse al viaje que el presidente Alberto Fernández emprenderá hacia el país asiático.
Kreiner, junto al ingeniero José Luis Antúnez, ex titular de Nucleoeléctrica, Gabriel Barceló y Eduardo Barreira, son los referentes del sector nuclear que vienen sosteniendo desde hace años el reclamo para que los próximos proyectos de centrales nucleares incluyan a las de tipo CANDU.
La posibilidad de que el Gobierno nacional reactive la discusión sobre el acuerdo caído durante la gestión Cambiemos, empieza a cobrar forma, al menos en las declaraciones y señales de parte de la actual gestión.
Hablar de su concreción, sin embargo, es demasiado aún, puesto que si bien hay factores que juegan a favor de reactivar el acuerdo de ese momento, como la coyuntura política y la relación con el gigante asiático, hay otros que no son tan favorables como es el volumen de la inversión que Argentina debería realizar en un contexto de fuerte endeudamiento: El proyecto demandaría no menos de 15 mil millones del dólares para el país.
Los cuatro referentes mantuvieron a mediados de agosto un encuentro con el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, en la que le plantearon «no abandonar la tecnología de uranio natural».
En el encuentro, se habló de la demanda de China para avanzar con la cuarta central nuclear en nuestro país (Atucha III), a través de la compra de un reactor PWR de uranio enriquecido y agua liviana (una tecnología que Argentina no maneja) con una inversión de 7.800 millones de dólares.
Kreiner, Barceló y Antúnez, pugnarpn por la construcción de una quinta central con tecnología dominada por el país (CANDU), y que habilita la transferencia tecnológica, el know how y el aporte productivo e industrial nacional. Sin ir mas lejos, Argentina cuenta con la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) más grande del mundo, en Neuquén, que abastece a las centrales CANDU de nuestro país.
En ese encuentro estuvieron además de Kulfas, el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, el ex presidente de Nucleoeléctrica, José Luis Antúnez, el investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Andrés Kreiner y a Gabriel Barceló, del Instituto de Energía Scalabrini Ortíz (IESO).
Allí, los funcionarios confirmaron el interés de China para construir la cuarta central en el país, sin participación argentina. Es por eso que la figura de Kreiner, de Barceló y Antúnez en el encuentro con el ministro Kulfas cobra relieve, ya que representa a un sector de la Comisión Nacional de Energía Atómica que viene embanderando la necesidad de complementar al acuerdo con China la quinta central de tipo CANDU.
La propuesta de esta quinta central implicaría transferencia tecnológica y sería financiada en pesos en un 70%, por lo que buscan acordar que el gigante asiático se encargue de solventar los gastos del otro 30%. La idea, por supuesto, es que el presidente Alberto Fernández incorpore al diálogo con China esta quinta central, en su próximo encuentro con Xi Jinping.
«Al cancelar la línea de uranio natural y agua pesada nos metieron en una lucha Candu – Hua Long que antes no estaba», dijo Kreiner, y consideró que, desde el Gobierno, «se abre de nuevo la cuestión de las dos centrales. Eso está cambiando».
De hecho, la posibilidad de que el Ejecutivo habilite la construcción de las CANDU, hizo que comience a consensuarse la posibilidad de que Argentina se abra también a las centrales de uranio enriquecido. «Las dos centrales no tienen por qué ser excluyentes», dijo Kreiner, y agregó que «hay que trabajar en la línea del uranio enriquecido».
Es más, el físico e investigador, aseguró que «si queremos ser un país nuclear tenemos que tener todas las opciones, como hizo la India», y ponderó que «hay un nuevo interés mundial en las centrales CANDU», por lo que concluyó que «hay que tratar de que la CANDU se financie con pesos y avanzar con las dos centrales».
Por último Kreiner confirmó que «el gobierno está discutiendo esta cuestión».
En el propio Ministerio de Ciencia y Tecnología, Diego Hurtado, Secretario de Políticas y Planeamiento de la cartera que conduce Roberto Salvarezza, también valida la postura de Kreiner, teniendo en cuenta que la Argentina tiene una tradición en construcción y operación de plantas de energía nuclear del tipo CANDU, con uranio natural y agua pesada.
En un conversatorio organizado por el Observatorio de Coyuntura Internacional y Política Exterior, organizado a principios de noviembre, Hurtado, doctor en Física y ex director de la Autoridad Regulatoria Nuclear, aseguró que «si la Argentina adquiere una central tipo Hua Long, hay que tener en cuenta que el combustible seria provisto por China por lo menos de cinco a ocho años, y recién podría empezar a ser nacional después de ese periodo si ese país califica como apto al proveedor local, pero el uranio enriquecido debería ser importado. Tampoco queda claro el interés de China por generar procesos de transferencia de tecnología».
«Si pensamos en una CANDU, con un diseño que incorpore avances respecto de Embalse, lo más importante es que tenemos las capacidades locales para hacerlo. El problema sería quién financia la central, pero me parece que las capacidades que se generaron con la puesta en marcha de Atucha 2, entre otros desarrollos, son activos que no deberían perderse», concluyó Hurtado durante el encuentro.
Ahora resta saber si la segunda central será parte de la agenda que el presidente Alberto Fernández lleve en su próximo viaje a China.
Javier Tiffenberg es un joven físico argentino, de 36 años, formado en la Universidad de Buenos Aires, pero actualmente investigador del Fermilab -el principal laboratorio en EE.UU. para la física de partículas, el segundo acelerador de partículas entre los más potentes del mundo, después del Gran Colisionador de Hadrones, en la frontera franco-suiza.
Javier intenta dilucidar uno de los misterios más provocativos de la actualidad: qué es la materia oscura, una entidad que está presente en los más remotos confines del universo de la que se sabe que quintuplica en cantidad a la materia ordinaria, pero que ni los instrumentos más sensibles logran detectar.
«Es un área de punta que suscita enorme interés -afirma-. Sólo en 2012 se publicaron más de 200 trabajos sobre el tema.»
-¿Cómo saben los físicos que existe la materia oscura?
-Aunque no es visible, porque no irradia, se midieron sus efectos gravitacionales. El gran interrogante se plantea porque hay una enorme cantidad de evidencia indirecta independiente, observaciones, que todas permiten inferir que hay más o menos cinco veces más materia oscura que materia ordinaria, aquella de la que estamos hechos. Entre la energía oscura y la materia oscura (son dos cosas distintas) se calcula que no «vemos» el 96% del universo. La energía oscura es algo de lo que se sabe aún menos que de la materia oscura.
-¿Cuáles son las evidencias que sugieren la evidencia de esta misteriosa forma de materia?
-Hay muchísimas. Observando el movimiento de galaxias y de cúmulos de galaxias, incluso se pudieron desarrollar simulaciones y trazar un mapa de dónde está distribuida en el universo.
-¿Y todo eso sin poder detectarla con ningún instrumento?
Ése es el mayor interrogante que se nos plantea: tenemos todos estos experimentos u observaciones que son inconsistentes con nuestra comprensión actual del universo y que sólo asumiendo la existencia de materia oscura se pueden explicar con un único factor.
Por ejemplo, por las leyes de Newton, uno puede hacer un gráfico de la velocidad a la que los planetas orbitan en el sistema solar en función de la distancia a un punto. Ahora, si uno hace lo mismo con una galaxia, que puede hacerlo perfectamente, y registra la velocidad de rotación de las estrellas alrededor del centro de la galaxia, uno esperaría que «caiga» de la misma manera. Pero lo que se observa es que se mantiene absolutamente constante. Y esto es precisamente lo que uno esperaría si considera que la cantidad de materia que hay no está ubicada en un punto en el interior de la galaxia, sino que es una bola de materia difundida más grande que toda la galaxia. También, cuando dos cúmulos de galaxias chocan, se observa que todo el efecto gravitacional está situado en lugares distintos de donde está el gas que forma parte de las nubes interestelares.
-¿La materia oscura puede haber cumplido un papel en el origen de las estrellas?
Cuando hacemos simulaciones del universo en gran escala, resulta que para que haya formación de galaxias y estrellas tiene que haber «algo» que funcione como una suerte de semilla y haga colapsar la materia. Con la materia ordinaria no alcanza.
-Existiendo toda esta materia oscura, ¿el universo no tendría que estar comprimiéndose, en lugar de expandirse?
Bueno, en un momento ésa fue la hipótesis que prevaleció. La primera idea fue que el universo era estacionario. Después, cuando Hubble mostró que las galaxias se estaban alejando, se pensó que el cosmos estaba en expansión, pero una expansión cada vez más lenta. Hasta que se midió que en realidad pareciera ser que esa expansión se está acelerando y la velocidad es más alta ahora que en el pasado.
-¿Cuál sería el efecto de la materia oscura en esa expansión?
El mismo que el de la materia ordinaria: es decir, tiende a colapsar las cosas. Lo que está jugando el otro papel es la energía oscura, que tiene un efecto como de presión negativa.
-¿Y cómo se imaginan la materia oscura los físicos? ¿Como las partículas que existen en la materia ordinaria?
Sí. Aunque, por supuesto, mientras no haya una detección directa, uno no tiene una certeza absoluta de que exista ni sabe qué es.
-¿Teóricamente es detectable? ¿Hay experimentos pensados?
-Muchísimos, no sólo pensados, sino ya en marcha. La colaboración en la que estoy involucrado es uno de ellos. Pero hasta el momento el panorama es confuso.
Del martes al jueves de esta semana se realizará, en forma virtual, el Primer Congreso Industrial del Consenso Nacional del Trabajo y la Producción. En la organización han participado poderosos gremios industriales, agrupaciones sociales, y más de 630 empresas pymes distribuidas en 20 provincias. Comprometió su intervención el ministro Matías Kulfas.
Las empresas pequeñas y medianas han sido el sector de la producción más golpeado, por lejos, por la recesión de los años anteriores, agravada por la pandemia en el 2020.
Pero también saben que, aunque llegue la vacuna, no se volverá a la «normalidad». Deben capacitarse y transformarse. El salón que del emprendedor que volverán a hacer ahora en diciembre es una manifestación de esta conciencia.
Néstor Montalbano recopila imágenes de noticieros, programas de TV,… de nuestra Argentina en algún año no tan lejano. Ya alguna vez las trajimos a AgendAR, y creo que lo seguiremos haciendo. Estuve viendo éste de 1990, y tengo que decir que parece muy lejano.
Hoy, sábado 14, se oficializará la prórroga de la prohibición de despidos y la doble indeminización, que vencían, respectivamente, a fin de mes y el 17 de diciembre.
Ambas medidas fueron tomadas al inicio de la pandemia para intentar atenuar el impacto de la crisis entre los trabajadores. Pero no lograron evitar que de marzo a esta parte aumente el desempleo. En el segundo trimestre de este año la desocupación pasó del 10,4% al 13,1%, según datos del INDEC. Se trata del peor índice desde 2004.
El impacto ha sido muy irregular. Algunas tareas -las rurales, el transporte de cargas- apenas han sido afectadas. Otras, como las vinculadas al turismo, a la gastronomía y, algo menos, las del comercio, fueron el origen de la mayor parte del desempleo.
En el conversatorio organizado por OCIPEx (Observatorio de Coyuntura Internacional y Política Exterior) “Política nuclear para el desarrollo nacional” que habíamos anunciado aquí, Verónica Garea, de INVAP; Diego Hurtado, del Ministerio de Ciencia, y Agustina Sánchez, de OCIPEx reflexionaron sobre los desafíos y las discusiones que hay que dar.
A lo largo de siete décadas, el sector nuclear de la Argentina se constituyó como un espacio estratégico para el desarrollo de capacidades tecnológicas soberanas, más allá de los altibajos sufridos durante los diversos gobiernos. ¿Cuáles son los desafíos actuales en el área? ¿Cómo trazar una hoja de ruta de largo plazo?
Esas cuestiones fueron enfrentadas en el encuentro virtual del martes 3 de noviembre. Participaron la ingeniera nuclear Verónica Garea, directora ejecutiva de la Fundación INVAP; Diego Hurtado, secretario de Planeamiento y Políticas de CTI del Ministerio de Ciencia, y la especialista en Relaciones Internacionales Agustina Sánchez, investigadora de OCIPEx. El ingeniero Nicolás Malinovsky, investigador del Observatorio de Energía, Ciencia y Tecnología (OECYT) y miembro de Pueblo y Ciencia, fue el encargado de comentar las exposiciones.
Para introducir el tema, el investigador de OCIPEx y moderador de la charla, Federico Sciorra Mei, señaló: “La historia de la tecnología nuclear en la Argentina es un ejemplo claro de desarrollo de capacidades tecnológicas estratégicas en el marco de las condiciones de debilidad propias de un país de la periferia. Sin embargo, no ha logrado completar su ciclo de industrialización. Esta imposibilidad está íntimamente relacionada con los ciclos políticos de nuestra nación, que pendulan entre el desarrollo tecnológico soberano y los procesos de desindustrialización y extranjerización típicos de gobiernos neoliberales”.
Agustina Sánchez se refirió al sector nuclear como una “industria industrializante”, retomando el concepto del tecnólogo Jorge Sabato. “Desde el momento en que se decidió producir el primer reactor de investigación, se logró expandir un entorno institucional y empresarial que dio como resultado que hoy tengamos muchas empresas, pymes y centros de investigación abocados al desarrollo nuclear. A su vez, esto generó una cultura nuclear que permitió el desarrollo de otras industrias estratégicas, como la satelital y la nanotecnología, rompiendo con la lógica que se le asigna a nuestros países en la geopolítica mundial como importador de tecnología”.
Además, la especialista destacó que el sector nuclear adquiere una importancia central en el escenario actual de búsqueda de una transición energética. “Las fuentes renovables de energía, como la solar y la eólica, enfrentan numerosos desafíos para ofrecer energía a gran escala por ser fuentes intermitentes. Por eso, la energía nuclear resulta clave para pensar en una fuente que permita una generación a gran escala. Para eso, es importante que la política nuclear se efectivice como política de estado en el país”.
Verónica Garea, por su parte, remarcó la trayectoria de la energía nuclear en la Argentina al señalar que este año la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) cumplió 70 años e INVAP, empresa estatal líder en el desarrollo de tecnología nuclear, cumplió 44.
“La nuclear es una buena energía de base para avanzar hacia la transición energética, con bajas emisiones y una tecnología consolidada y madura pero que todavía tiene espacio para la innovación”, sostuvo. También sostuvo que se trata de un sector que logró desarrollar toda la cadena de valor, desde el dominio del ciclo de combustible, pasando por el diseño y construcción de reactores de investigación y el desarrollo de materiales, hasta la aplicación industrial y la exportación de la tecnología.
“Tenemos varios desafíos para enfrentar.Si hay un problema que tiene la energía nucleares la falta de licencia social. Lo vivimos con el freno a la quinta central que se iba a instalar en Rio Negro. Es algo que tenemos que abordar como sector de manera interdisciplinaria. Además, hay que ponerle fichas a los reactores modulares pequeños, que son la próxima ola de generación nucleoeléctrica. Otro desafío importante es encarar el desarrollo de la tecnología nuclear como una posibilidad de desarrollo tecnológico regional, aunando capacidades y promoviendo el desarrollo conjunto”, explicó Garea.
Diego Hurtado se refirió al debate que se viene dando en los últimos sobre qué tecnología se debería utilizar en una nueva central nuclear. La Argentina tiene una tradición en construcción y operación de plantas de energía nuclear del tipo CANDU, con uranio natural y agua pesada, pero que requiere una importante inversión. Por otro lado, China ofreció financiar una central de este tipo a cambio de que la Argentina comprase una central de diseño chino (Hualong-1), que funciona con uranio enriquecido y agua liviana.
“Si la Argentina adquiere una central tipo Hualong, hay que tener en cuenta que el combustible seria provisto por China por lo menos por cinco a ocho años, y recién podría empezar a ser nacional después de ese periodo si ese país califica como apto al proveedor local, pero el uranio enriquecido debería ser importado. Tampoco es seguro el interés de China por generar procesos de transferencia de tecnología”, señaló Hurtado. “Si pensamos en una CANDU, con un diseño que incorpore avances respecto de Embalse, lo más importante es que tenemos las capacidades locales para hacerlo. El problema sería quién financia la central, pero me parece que las capacidades que se generaron con la puesta en marcha de Atucha 2, entre otros desarrollos, son activos que no deberían perderse”.
Además, el físico se refirió al rol que debería ocupar la CNEA, a partir de la trayectoria que construyó a lo largo de sus siete décadas de existencia. “La CNEA debería liderar las agendas de investigación y desarrollo de una política de transición energética, coordinando con otras instituciones como el INTI, Y-TEC, Fabricaciones Militares y las universidades nacionales. Como contrapartida, lo que vemos es una tendencia al encapsulamiento, pero me parece que sería interesante aprovechar esas capacidades de gestión tecnológica para volver a colocar en el lugar que se merece al sector nuclear”, indicó.
Malinovsky hizo un repaso de los principales puntos de las exposiciones y dejó algunas pautas para continuar el debate. “Con la disputa acerca de qué tecnología queremos para la nueva central me parece que hemos perdido de vista la discusión de qué es lo que tenemos y hacia dónde estamos yendo con lo que tenemos. Con la política nuclear de Macri, se produjo un desgranamiento de los cimientos que se habían construido con el relanzamiento del Plan Nuclear en 2006. Hay que pensar cómo hacemos para volver a cimentar eso y robustecer al sector científico-tecnológico nuclear. Para eso, hay que apostar e incluir a las nuevas generaciones de profesionales y ver cómo planificamos con los recursos que tenemos un proyecto que trascienda los cuatro años de un gobierno y se pueda sostener a largo plazo”.
Ayer informamos en AgendAR de un avance científico argentino: Fernando Polack: «El uso de plasma transforma al Covid-19 en un mal catarro». Esta es la crónica de la decisión del sistema de salud de la provincia de Buenos Aires de utilizar el plasma de convalescientes como un recurso de emergencia. Y de los resultados.
«Fue una de las primeras recetas que alentaron alguna esperanza en medio de la incertidumbre que generaba el coronavirus. Y unas pocas semanas después de declarada la pandemia, algunos centros de salud bonaerenses comenzaron a utilizar plasma de pacientes recuperados de la infección como medida de tratamiento para mejorar el cuadro de quienes estaban en situación crítica. En casi siete meses, la provincia realizó 6.100 transfusiones a partir de la donación de 2.448 personas, según los últimos relevamientos oficiales.
Muchos de los pacientes asistidos forman parte del programa que dirige Fernando Polack y que este jueves reveló que tiene eficacia para evitar el agravamiento de los cuadros clínicos en el 61% de los enfermos tratados con este procedimiento médico.
“Los resultados indicaron que el tratamiento también funcionó en pacientes con comorbilidades y en mayores de 75 años. Muchas gracias a todo el equipo de investigación, voluntarios y efectores de salud que colaboraron en esta investigación muy importante en medio de la pandemia”, publicó en las redes sociales el viceministro de Salud provincial, Ernesto Kreplak.
“Hay dos grandes motivos para celebrar los resultados favorables de esta investigación: por un lado, que el plasma funciona. La segunda es que esta investigación nos brinda la idea de un posible protocolo de aplicación de plasma en personas mayores en general, y muy particularmente en personas mayores institucionalizadas” señaló Mario Rovere, director de la Escuela en Salud Floreal Ferrara, perteneciente al Ministerio de Salud provincial.
A través de un comunicado, desde la Provincia informaron que las resultados difundidos «se traducen en un importante avance en relación al tratamiento en poblaciones de extrema vulnerabilidad al virus como lo son las instituciones geriátricas (residencias de larga estadía)«.
Según explicaron las autoridades sanitarias bonaerenses, la evolución favorable de los primeros pacientes que recibieron este tratamiento en mayo, orientó otras investigaciones sobre el impacto en la reducción de la mortalidad por coronavirus.
Cuando el virus que llegó desde China estaba aún en pleno ascenso en la provincia, el gobierno de Axel Kicillof desarrolló un protocolo de “Registro Único de Donantes de Plasma de Convaleciente Covid-19” y se iniciaron los primeros estudios en la Provincia. Las dosis podían ser enviadas a centros asistenciales de todo el territorio, en función de los requerimientos médicos y a partir de una red de centros de donación que se puso en marcha desde el Instituto de Hemoterapia provincial.
Allí diseñó y avanzó en pasos claves Nora Etchenique, la especialista que dirigió el instituto hasta su fallecimiento en un accidente de tránsito el 8 de agosto pasado. Desde el mes pasado, el organismo público lleva su nombre, por decisión del ministro Daniel Gollán.
El estudio llevó seis meses y la técnica utilizada es de doble ciego, que indica que los voluntarios no saben si están recibiendo plasma o placebo y los resultados son ampliamente beneficiosos porque determinó que el plasma tuvo una eficacia del 61% en evitar la enfermedad grave. pic.twitter.com/VogYcWvpDG
La tarea de Etchenique incluyó -entre otras- una intensa campaña de donación. Se habilitaron todos los centros de trasplantes y las delegaciones de hemoterapia de la provincia.
Hace tres meses se conoció un estudio observacional sobre 272 casos de Covid-19 internados en hospitales bonaerenses, previamente incluidos en un programa de acceso al plasma de convalecientes; con el objetivo de analizar la letalidad y factores de riesgo independientes.
El estudio registró una evolución favorable tras la administración del plasma en el 81.4% de los pacientes internados en piso; en el 70.9% de los que estaban en unidades de terapia intensiva, en el 39.6% de los ingresados en UTI con ventilación mecánica y en el 27.6% de los internados en terapia con ventilación mecánica y shock séptico. La letalidad a los 28 días de todos los pacientes analizados fue de 26.1%.
Esta investigación, a cargo de un equipo articulado entre el Instituto de Hemoterapia de la Provincia, la Escuela de Gobierno en Salud, la Dirección Provincial de Hospitales y los hospitales San Martín y Sor María Ludovica de La Plata, fue publicado en la Revista Medicina Buenos Aires.
El director de la Escuela de Gobierno en Salud “Floreal Ferrara”, Mario Rovere, dijo que “la intervención prueba tres beneficios, uno subjetivo, relativamente inmediato en las primeras 48 horas; una reducción de personas que entran a terapia y también una disminución en la cantidad de días de internación, además de aminorar el riesgo de fallecimiento”.
Ya en octubre, los técnicos de provincia elaboraron otro informe. Reveló una baja de la mortalidad del 24% sobre 3.529 pacientes adultos con diagnóstico de neumonía por Covid-19 internados en hospitales de Buenos Aires. De ellos, 868 recibieron plasma. La investigación está en instancia de revisión de pares para ser publicada en una revista internacional indexada, dijo Rovere. La publicación preliminar (preprint) de este segundo estudio, está disponible en la biblioteca virtual de la Organización Mundial de la Salud.»