River, el coronavirus y la AFA: una saga de disputas, errores y contagios
Este sábado River Plate resolvió no abrir el Monumental ni presentarse a jugar contra Atlético Tucumán, por el debut de la Copa de la Superliga, para -dijo- preservar el sistema sanitario a raíz de la expansión de la pandemia del coronavirus, mientras el resto de la fecha se disputó a puertas cerradas.
Así, se expuso a una quita de tres puntos, además de los tres en disputa, y una multa del valor de 2.250 entradas, según el artículo 109° del Reglamento de Transgresiones y Penas de la AFA. El Patrón Bermúdez, integrante del Consejo de Fútbol de Boca, dijo en el programa Fútbol sin Manchas «Un club no puede hacer eso».
Hasta a Alberto Fernández le preguntaron sobre el asunto! «Como soy futbolero sé que hay una disputa entre River y los otros clubes y me parece que quisieron cargar en River una actitud individual, que en verdad tuvo que ver más con lo que le pasó a River con un jugador de la Reserva que con la decisión de River sobre que no se deba jugar al fútbol”. (Es un político hábli el presi).
Ahora, quien dio argumentos fuertes, fue el Coordinador General del Departamento Médico de la AFA, Donato Villani, defendió que se siga jugando al fútbol de Primera División en la Argentina.
«El fútbol argentino no tiene que suspenderse . Los futbolistas son chicos jóvenes, bien alimentados, bien entrenados, y que tienen médicos al costado de la cancha», explicó el doctor en el programa «Estudio Fútbol», de TyC Sports.
Y agregó: «La medida más importante es que no vaya el público. Los jugadores no tienen por qué concentrar, sino en una habitación individual. Se suben al micro desinfectado. Llega a un vestuario. No tienen que entrar más que las 25, 30 personas indispensables previamente desinfectadas. Se les enseña las normas. Terminan el partido, se suben a su coche privado y se van a su casa», argumentó el doctor de la selección Argentina en Sudáfrica 2010.
Claro que debió explicar la postura de otros países del mundo, en los cuales sus federaciones suspendieron el fútbol. El profesional de la AFA dijo: «Al fútbol se juega en 320 países (sic). Somos los que le estamos haciendo caso a las directrices que mandan los ministerios de salud. Denme una explicación lógica de por qué hay que parar el fútbol». De hecho, el propio Alberto Fernández pidió que el fútbol siga y se transmita por TV abierta. agregó Villani.
Y el médico también apuntó otro dardo contra el presidente de River, Rodolfo D’Onofrio : » ¿Por qué no cerró Dashi? Ayer no se podía entrar . ¿Quién le dijo del gobierno que tiene que cerrar el club? Están influenciados por la política». Para defender su posición, dijo que «la AFA suspende la actividad de los torneos infantil y juvenil» ya que ellos pueden ser portadores del virus y afectar al resto de las personas.
La comisión directiva encabezada de River por Rodolfo D’Onofrio había tomado la decisión: no presentarse a jugar ante Atlético Tucumán, por la primera fecha de la Copa Superliga , además de cerrar el club para que ninguno de sus socios concurra a las instalaciones a realizar deportes o actividades sociales.
El presidente D’Onofrio no habló públicamente, pero sí recibió las críticas de Marcelo Tinelli, en su nuevo rol de presidente de la Superliga en esta etapa de transición, explicando que todo equipo que no se presenta a jugar recibirá una sanción. «La actitud adoptada unilateralmente por un club integrante de la Superliga será pasible de sanciones. Los reglamentos rigen la competencia y todos los sectores deben subordinarse a ellos. Sobre todo si las autoridades nacionales no encuentran motivos científicos para restringir la disputa de los encuentros, una vez tomado el recaudo de que los mismos se realicen a puertas cerradas y sin público», sostuvo el comunicado firmado por el presidente del Ciclón.
Pero el domingo y el lunes el gobierno nacional tomo medidas muy duras ante la epidemia del coronavirus -suspender las clases, cerrar las fronteras- y la AFA no tuvo otro remedio que suspender el fútbol en todas sus categorías hasta el 31 de marzo. Y así terminó este minidrama.
Pero estamos convencidos que la historia no termina aquí.
Las medidas anunciadas por Alberto Fernández
Ayer a la tarde el Presidente Alberto Fernández, en una conferencia de prensa, acompañado por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, anunció las siguientes medidas. Y advirtió que serán acompañadas por otras, a medida que el consenso de los expertos, las sugerencias de los gobernadores y el desarrollo de la emergencia lo hagan aconsejable. Posteriormente, el punto 2 fue ampliado, con la disposición que será una licencia obligatoria para los mayores de 60 años.
- Suspensión de las clases hasta el 31 de marzo en nivel inicial, primario y secundario. Las escuelas van a estar abiertas atendiendo las «otras» obligaciones colaterales que tienen que ver con el alimento de muchos de esos chicos. Con «la colaboración que los maestros puedan dar a sus alumnos que lo necesiten». Los alumnos, así, no van a tener clases por 14 días.
- Licenciamiento de todos los mayores de 65 años que es la edad de mayor riesgo. Que esas personas se queden en sus casas y se les asignará horarios de atención específica para estos mayores en bancos, centros de salud o lo que puedan necesitar. Que no vivan momentos de aglomeración de gente.
- Se cierran fronteras durante 15 días y nadie va a poder ingresar a la Argentina. Salvo los argentinos nativos o extranjeros residentes en la Argentina.
- El cierre de las fronteras no es restrictivo para quienes deseen salir del país, solo para los que entran.
- Cierre de todos los parques nacionales del país.
- No se van a poder desarrollar ningún tipo de espectáculos, teatros, cines, deportivos o musicales que «signifiquen un número importante de gente que se nuclee en ese encuentro».
- Los argentinos varados en países de riesgo van a ser traídos a la Argentina.
- Si el fútbol se juegan a puertas cerradas, no hay inconveniente.
- Hoy, lunes 16, se reunirá el Gabinete Económico y Social y se evaluará la posibilidad de disminuir el tránsito en el Área Metropolitina de Buenos Aires.
- Todos lo que puedan hacer trabajo a distancia que lo hagan.
La economía global en los tiempos del coronavirus
Queremos compartir este informado análisis de la economista Paula Bach. Desde una definición teórica distinta a la nuestra, indaga en profundidad sobre los factores subyacentes de la situación actual, y los riesgos que implican.
Aunque lo hemos resumido ligeramente, es un informe largo. Recomendamos incluirlo en «Favoritos» para su lectura con tiempo.
«Gran parte del periodismo y el análisis económico convencional tienden a presentar los problemas de la economía global como venidos desde “afuera”. Primero el triunfo del Brexit y luego el de Trump, más tarde la “guerra comercial” entre EE.UU. y China y ahora el coronavirus y el conflicto entre Arabia Saudita y Rusia por el petróleo –responsables inmediatos del actual cataclismo bursátil–, parecen emerger como “rayos en cielo sereno” o, en su versión más moderna, como “cisnes negros”. Pero cuando todos los cisnes son negros o cuando los rayos se multiplican en cielo sereno, parece tiempo de pensar ya sea que aquellas aves están mutando su coloración o que detrás de ese cielo aparentemente sereno, subyace algún tipo de tormenta.
Es evidente que existen factores contingentes –amén de las múltiples teorías conspirativas– capaces de catalizar las tormentas que en este caso deben entenderse como las condiciones de particular debilidad de la recuperación económica post Lehman. Las tendencias actuales de la crisis económica mundial que emergen como la amenaza más aguda desde la crisis del euro de 2010/2012, exigen recapitular algunas de esas debilidades y el modo en que determinados fenómenos específicos pueden amplificarlas o acelerarlas desatando fuerzas que excedan incluso la propia duración de esos fenómenos. Veamos.
Coronavirus y contracción económica
Resulta evidente que la epidemia de coronavirus tiene un rol claro en el desarrollo de las tendencias a la contracción de la economía mundial en curso. China –aparente origen de la enfermedad– emerge –hasta ahora– como el caso más estridente. Tras el comienzo del brote en el mes de diciembre en la ciudad de Wuhan, enfrenta la perspectiva de un crecimiento cero o negativo durante el primer trimestre del año. Según el Índice de Gerentes de Compras (PMI) oficial de China, la actividad fabril se contrajo en febrero a un ritmo incluso peor que durante la crisis de 2008/9. Sin embargo, si al principio se pensaba a China como víctima económica principal, la epidemia parece estar siendo controlada en el país asiático al tiempo que el gobierno –no sin riesgos– comenzaría a disponer medidas para la reactivación. No obstante, el virtual “congelamiento” de China, proveedora del 20 % de los bienes intermedios que se comercian a escala global, destacada exportadora de productos electrónicos, químicos y de transporte y a su vez gran demandante de alimentos y materias primas así como significativa “exportadora” de turismo, generó efectos prácticamente inmediatos sobre los núcleos de la economía mundial. La caída de las exportaciones de bienes intermedios se tradujo, según UNCTAD, en un descenso de las exportaciones de bienes finales principalmente de la Unión Europea, Estados Unidos y Japón pero también de Corea del Sur, Taiwán, Vietnam, Singapur, Reino Unido y México, entre varios otros países. A medida que la epidemia se extendía resultaron duramente afectados Italia –que con las regiones productivas, financieras y turísticas más significativas paralizadas, se encuentra al borde de la recesión– Irán y Corea del Sur.
En respuesta, las bolsas del mundo comenzaron un derrotero de derrumbes –en algunos casos sin precedentes desde la crisis de 2008. Dicho sea de paso, una muestra de la dependencia –en última instancia– de la valorización de los activos financieros y los movimientos de la economía real. O, dicho de otro modo, una constatación de que el capital ficticio que explica buena parte del incremento del precio de dichos activos, no se sostiene sin sustrato de valor –es decir sin bienes y servicios producidos en la economía real.
Acompañando la contracción económica, también el precio del petróleo inició un fuerte curso descendente que habilitó una reunión de la OPEP con el fin de evaluar un recorte en la producción. El fracaso de dicha instancia en la que Rusia se negó a recortar la cuota y Arabia Saudita respondió incrementando la producción, está en el origen inmediato del desplome del precio del petróleo que combinado con un salto en la profundidad y extensión de la epidemia, precipitó el pasado “lunes negro” que conmovió a todas las bolsas del mundo. Acontecimiento al que le siguió la declaración de “pandemia” por parte de la OMS, la decisión del gobierno de Italia de poner a toda la población en cuarentena, la de Donald Trump de suspender los vuelos con Europa y la continuidad del derrumbe catastrófico de las bolsas que no dio respiro hasta el viernes, con un pico alarmante el pasado “jueves negro”.
A este proceso, como es habitual, lo acompaña lo que se llama “vuelo a la calidad”. Es decir la huida de capitales hacia los activos “más seguros” como los Bonos del Tesoro norteamericano cuestión que empuja al alza su valor y hace caer su rendimiento. Como parte del mismo proceso el dólar se revalúa, las restantes monedas se devalúan y caen los precios de las materias primas que suelen ser las principales fuentes de exportación la mayoría de los países “no centrales” y de los latinoamericanos en particular.
Tendencias recesivas
Ahora bien, más allá de su efecto disparador, sería difícil –e injusto– achacarle al coronavirus o a la caída del precio del petróleo, las tendencias recesivas que anidan en la economía mundial. Como también lo era endilgárselas, hace unos meses, a la mal definida “guerra comercial” entre Estados Unidos y China. Teniendo en cuenta el sustrato general de la debilidad de la recuperación económica post 2008, el origen de las tendencias recesivas hay que situarlo aproximadamente en los años 2013/2014.
Por aquel bienio comenzaba una reversión de los dos principales factores que evitaron un desenlace catastrófico luego de la caída de Lehman. Hicimos reiteradas referencias esa combinación que Adam Tooze define muy bien: mientras Estados Unidos mostraba su poder financiero global rescatando no solo a sus propios bancos sino también a los europeos, China mutaba cualitativamente su lugar, presentándose como factor clave de sostén de la economía mundial. Pero esa combinación virtuosa comenzaba a desarmarse. China entraba en un sendero de menor crecimiento y Estados Unidos se proponía retirar las medidas monetarias expansivas. El retroceso lento pero definido de esta combinación que había tenido peso de gigante, puso a descubierto las profundas flaquezas estructurales que se arrastraban desde el inicio de la recuperación: la debilidad del crecimiento de la inversión, de la productividad y del comercio mundial. En el año 2016 se observó una cuasi recesión global y si en los años siguientes se combinó un rebote de la economía con los gigantescos recortes impositivos de Trump, las tendencias recesivas nunca dejaron de sobrevolar el mediano plazo.
Por supuesto, si bien los efectos inmediatos no causan las tendencias recesivas, actúan sobre ellas pudiendo impulsar su consumación. De hecho, la forma comercial que tomó el conflicto entre Estados Unidos y China retrajo, por supuesto, los índices de crecimiento del comercio mundial. El coronavirus se está convirtiendo en un factor desencadenante de cuya duración e intensidad parecería depender en gran parte la magnitud de la contracción económica en curso así como la posibilidad de que se transforme en recesión abierta.
Deuda: riesgo público y privado
Si durante la crisis de 2008/9 la línea evidente de falla eran los bancos inundados de peligrosos instrumentos construidos sobre la base de las hipotecas subprime, la principal línea de falla en la actualidad parece estar concentrada fundamentalmente en la bola de deudas públicas y corporativas que se desarrollaron como hongos al calor de las debilidades de la recuperación.
El FMI señala que la deuda mundial total –que incluye la deuda pública más la privada– alcazaba el 226 % del PBI en 2018. En la mayoría de los países los coeficientes de endeudamiento público resultan históricamente altos. En el caso de las economías avanzadas representan, en promedio, casi el 90 % del PBI superando los coeficientes previos a 2008. Mientras que en los países que el FMI define como “mercados emergentes” treparon a niveles similares a los de las décadas de los ‘80 y de los ‘90 y en los países que define como de “bajo ingreso” se incrementaron en forma continua. Sin embargo, lo que emerge como novedad es la combinación del crecimiento de la deuda pública con el de la deuda privada de las empresas.
Existe, sin embargo, una distribución desigual de la deuda privada entre países según el FMI. En términos generales, el coeficiente de endeudamiento empresarial en las “economías avanzadas” ya igualó el nivel máximo alcanzado en 2008. Pero mientras en España y Reino Unido se verifica un proceso de desendeudamiento, en Estados Unidos la deuda empresarial creció constantemente desde 2011 y ya había alcanzando un máximo sin precedentes a finales de 2018. El FMI señala el creciente uso de la deuda como instrumento para asumir riesgos financieros (financiamiento de distribuciones de dividendos, recompra de acciones y fusiones y adquisiciones) y la deuda de alto grado especulativo, como una tendencia común observada en algunas de las principales economías. Una cuestión que –siempre según el FMI– podría amplificar los shocks si las empresas incumplieran los pagos o decidieran recurrir a recortes de la inversión para reducir la deuda. El organismo señala como conclusión que, a diferencia de lo que ocurría antes de la crisis financiera mundial, los riesgos no están concentrados exclusivamente en el sector privado sino también en el público, debido en parte a las secuelas no resueltas de la crisis de 2008/9. Los niveles excesivos de deuda privada exacerban la vulnerabilidad a los shocks y podrían desembocar en un abrupto y costoso proceso de reducción de deuda pero, a su vez, la reducción de la deuda en el sector privado puede a su vez convertirse en una carga para un sector público ya sobreendeudado.
El Banco Mundial, por su parte, destaca que la actual oleada de deuda difiere de las tres anteriores tanto por la acumulación simultánea de deuda pública y privada, como por la presencia de nuevos tipos de acreedores (por ejemplo en la actualidad el 50 % de la deuda pública de las economías “emergentes” y “en desarrollo” está en manos de inversionistas no residentes) y porque no se limita a una o dos regiones. Si bien en el caso de los países “no centrales”, parte del incremento fue impulsado por China cuya deuda representa alrededor del 250 % del PBI, aún si se excluye a China de este grupo, la deuda duplica el nivel nominal registrado en 2007.
En este contexto, si como pronostica una nota de Financial Times, Wall Street continuara en “territorio bajista” –es decir si mantuviera o superara su caída mayor al 20% desde su pico de febrero de 2020– y efectivamente pusiera fin a 11 años de ganancias financieras post crisis 2008 casi sin precedentes, la situación de las deudas corporativas podría devenir un aspecto de extrema fragilidad. Ante la caída accionaria, grandes firmas prestamistas podrían retirar dinero para preservar la liquidez –como hizo recientemente Boeing. Cuestión que podría combinarse con una ola de incumplimiento de una cantidad importante de empresas prestatarias con negocios particularmente asociados al petróleo, la aviación y la hotelería, todos sectores seriamente golpeados por las características particulares de la contracción. Es una realidad que la situación de los bancos –y en particular de los estadounidenses– difiere mucho actualmente de aquella de 2007/2008. Como señala una nota de The Economist el sistema bancario se encuentra altamente capitalizado y el monto de deuda tóxica es limitado y fácil de identificar. Alrededor del 15 % de los bonos corporativos no financieros fueron emitidos por empresas petroleras u otras afectadas por la pandemia de coronavirus como aerolíneas y hoteles.
Sin embargo, los riesgos que surgen en la actualidad consisten en la posibilidad de una crisis de liquidez en una amplia gama de empresas en todo el mundo ya que las “cuarentenas” conducen al cierre de fábricas y establecimientos. Una “prueba de estrés” basada en compañías que cotizan en bolsa, sugiere que del 10 al 15 % de las empresas podrían presentar problemas de liquidez. También otra nota de Financial Times señala que si bien la exposición directa de los bancos estadounidenses a la deuda petrolera representa sólo del 2 %, la exposición indirecta a las regiones y sectores adyacentes podría resultar significativa. No obstante y como es evidente, tampoco puede endilgársele al coronavirus la responsabilidad por esta maraña de deudas…
Sobre deudas y “tasa de ganancia esperada”
De hecho parece existir un lazo bastante estrecho entre la proliferación de deudas y acreencias corporativas –generadas ambas por empresas de distinta magnitud– de un lado y las debilidades del crecimiento de la inversión que, a su turno, explican el bajo incremento de la productividad y el comercio mundial, como las debilidades estructurales más profundas que subyacen a la recuperación post 2008/9. Veamos.
Hace unos años, el economista y columnista de Financial Times, Martin Wolf, resaltaba la existencia de un superávit estructural del ahorro sobre la inversión originado en los sectores corporativos de los países de altos ingresos. La combinación de ganancias fuertes y un debilitamiento de la inversión como característica de la recuperación post crisis 2008/9, explica el aumento del excedente de ahorro de las empresas. Siempre según Wolf, se trata de un fenómeno que si por un lado limita el crecimiento de la oferta potencial como consecuencia de una inversión relativamente débil, por el otro afecta la demanda agregada esto es la demanda de consumo y de inversión. De modo tal que si el sector empresarial sufre un superávit estructural del ahorro sobre la inversión, otros sectores deberán compensarlo con déficits estructurales. En conclusión, si la inversión es débil y las ganancias fuertes, explica el autor, el sector empresarial se convierte, sorprendentemente, en un financista neto de la economía. Como resulta evidente, esta cuestión establece un lazo entre la baja inversión y el exceso de ahorro de un lado y la creación de deudas, del otro. En mi interpretación, contribuye también a explicar la existencia concomitante de grandes empresas acreedoras y empresas deudoras de menor tamaño, tomadoras de las famosas “deudas corporativas”.
Una vez establecida la relación, sin embargo, es preciso hallar las causas por las cuales una parte significativa de la ganancia de grandes corporaciones se transforma en deuda y no en nueva inversión productiva. En mi opinión, el fenómeno se encuentra estrechamente asociado a las escasas oportunidades para nuevas inversiones con una tasa de ganancia que las justifique. Sin lugar para desarrollar este tema aquí, vale la pena recordar que el economista norteamericano Alvin Hansen –asesor de las administraciones Roosevelt y Truman–distinguía durante los años ‘30 entre las “pequeñas recuperaciones” que emergen como consecuencia de la necesidad de reemplazo del capital y lo que definía como “una recuperación completa” que requiere un gran desembolso de capital en nuevas inversiones que a su vez exige el desarrollo de nuevas industrias y nuevas técnicas. La “tasa futura de beneficios” –que denominaríamos tasa de ganancia, en términos marxistas– para nuevas inversiones, constituía según Hansen el principio activo y dominante para estos dos tipos de recuperaciones. Es de suponer que –a pesar de los extraordinarios avances en el terreno tecnológico y de la extendida propaganda sobre el advenimiento de una “cuarta revolución industrial”– la dinámica de “una recuperación completa” basada en una “adecuada” tasa de ganancia futura, es lo que está fallando en la actualidad.
Los límites de la relación complementaria entre China y Estados Unidos –garante en su momento de la colocación de buena parte del capital sobrante del “centro”– dieron lugar a una creciente fricción a partir de 2013/14. Esas tensiones provocadas en gran medida por el cambio de la posición de China –de receptor de capitales internacionales a competidor por los espacios mundiales de acumulación– contribuyen a explicar las decrecientes oportunidades para la transformación de ganancias en nueva inversión rentable [7].
Por otra parte, el incremento de las deudas públicas debe asociarse, en términos del FMI, al derrumbe económico durante la crisis financiera mundial de 2008/9 y las medidas adoptadas en respuesta a esa crisis –léase salvatajes bancarios, medidas de expansión cuantitativa, de expansión fiscal en menor medida y grandes rebajas impositivas en la actualidad. A su vez, en los países “emergentes” y en aquellos “en desarrollo de bajo ingreso” –siempre en los términos del FMI– el crecimiento de la deuda se encuentra íntimamente ligado a los efectos generados por la caída de precios de las materias primas en el año 2014 y la necesidad del rápido crecimiento del gasto. El organismo destaca a la vez que los grandes niveles de deuda pública y de déficit menoscaban la capacidad de los gobiernos para implementar respuestas fiscales sólidas en caso de precisar apuntalar la economía durante una contracción.
Como resulta bastante evidente, este fenómeno de doble endeudamiento que emerge como una de las líneas de falla más importantes frente al catalizador de la pandemia de coronavirus, se encuentra íntimamente asociado a las debilidades de la recuperación post 2008/9.
Si se calla Wall Street…
Como ya lo mencionamos, diversos analistas sugieren que el “bull market” que en Estados Unidos caracterizó todo el período de la recuperación, podría haber llegado a su fin. De hecho las rebajas sorpresivas de las tasas de interés por parte de la Fed y el Banco de Inglaterra, no tuvieron efecto, pesando más sobre el movimiento bursátil la declaración de “pandemia” de la OMS. Tampoco hicieron mella los estímulos monetarios propiciados por el BCE y el Banco de Japón aunque no recortaron, por ahora, las tasas de interés. Como lo señala una nota de The Economist, la Eurozona en particular, suma la contradicción de que su economía apenas está creciendo, sus bancos están mejor que en 2008 pero peor que los norteamericanos, y las tasas de interés ya se encuentran por debajo de cero.
El gobierno Trump, amenazado en el año en el que se juega la reelección, declaró la “emergencia nacional” liberando más fondos federales para el combate del coronavirus al tiempo que presentó un acuerdo con los demócratas en el Congreso sobre un paquete de estímulo económico. Ante los anuncios, las bolsas mostraron una recuperación importante el viernes. Mientras tanto, como señala una nota de The New York Times, la OMS declaraba a Europa “centro de la pandemia” y funcionarios de la Unión Europea anunciaban que permitirán a los países miembros elevar los déficits presupuestarios para estimular el crecimiento económico. Francia y Alemania, por su parte, informaron sus propios planes de estímulo y lo mismo podría hacer Italia. Para evaluar el pronóstico de la crisis al menos en lo inmediato, es preciso considerar que en cierto modo se juega una suerte de carrera de velocidades entre la capacidad y calidad de los estímulos por un lado y el avance de la pandemia, por el otro.
A su vez, en el contexto de la enturbiadas relaciones internacionales, está llamada una reunión virtual del G7 para discutir la situación y las medidas a tomar. Resulta evidente que en el contexto actual cualquier coordinación entre Estados –ya extremadamente trabajosa en particular durante la llamada “crisis del euro” de 2010/12– resultará un objetivo mucho más complejo de alcanzar. Ya existen síntomas de ello tales como la indignación de Merkel ante la decisión de Trump de suspender los vuelos sin siquiera un preaviso a Europa o el reciente tuit de un diplomático de Beijing en el que afirma que el ejército estadounidense plantó el brote de coronavirus en China. Las acciones “reales”, no obstante, terminarán midiéndose también por el desarrollo y gravedad de la situación.
Uno de los grandes dilemas planteados es que sin el ritmo frenético de Wall Street, los débiles “fundamentals” de la economía estadounidense quedarán seguramente al desnudo. Así como el crecimiento del capital ficticio depende, en última instancia, de algún nivel de dinamismo de la economía real, una economía real con fundamentos débiles probablemente efectivice sus tendencias recesivas sin el impulso del primero. Algo de esto se vio a escala internacional cuando Estados Unidos comenzó a retrotraer los estímulos monetarios y China entró en una senda de menor crecimiento, como planteamos más arriba. La cuasi recesión de 2016 está ahí para probarlo. Si Trump, por su parte, entró a la administración con un “plan” de alza de tasas de interés acabó instigando a la Fed para que las baje y le colocó a la economía estadounidense el respirador artificial de los recortes impositivos.
Dos tercios de los capitales que retornaron a Estados Unidos para aprovechar estos estímulos, tuvieron como destino la recompra de acciones. Aunque los recortes impositivos impulsaron la reactivación del consumo, la continuidad de la creación de empleo de mala calidad y un muy poco significativo crecimiento de la inversión, no aportaron a la recuperación de las principales variables estructurales de la economía estadounidense. La economía norteamericana depende en una parte muy cualitativa de la bolsa de valores y con la economía china muy debilitada, no caben dudas de que los riesgos para la economía mundial resultan significativos. Veremos.»
La «ciencia abierta» frente a una pandemia
Desde 2013 existe en Argentina un ejemplo vibrante del desarrollo al que se refiere este artículo. Desde esa fecha está vigente la Ley de Repositorios Digitales de Acceso Abierto, que obliga a las investigaciones científicas solventadas con dinero público a publicar sus artículos y conjuntos de datos. El Sistema Nacional de Repositorios Digitales cuenta a la fecha de hoy con 265.468 publicaciones.
El 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia de coronavirus, lo que contribuyó a extremar las prevenciones en un gran número de países. El primer caso de esta enfermedad se conoció el 12 diciembre del año pasado y tres meses más tarde ya está extendido de manera generalizada en gran parte del mundo. Una de las características más importante de esta nueva enfermedad es su gran capacidad de contagio, lo que puede conducir a la saturación de los sistemas de salud si su expansión no puede ser controlada. Por lo tanto, las barreras sanitarias y la generación de conocimiento sobre cómo evitar su propagación se han vuelto una prioridad mundial.
La producción científica tiene otra velocidad: la publicación de descubrimientos científicos suele hacer un largo recorrido antes de publicación. La presentación de un paper a una revista especializada puede implicar un proceso de revisión por pares que puede llevar de seis meses a dos años, durante los cuales puede que haya que repetir experimentos o ahondar en algunas aristas del tema.
La acelerada expansión del coronavirus impulsó iniciativas en muchos laboratorios y liberó financiamiento para generar una producción de conocimiento urgente que permita detener la pandemia lo antes posible. Esto derivó en resultados en tiempo récord, como la secuenciación de su genoma en solo 11 días por parte del Centro Nacional de Datos Genómicos de China (NGDC, por sus siglas en inglés). Ese genoma fue publicado en forma abierta para que científicos de todo el mundo pudieran usarlo como insumo para investigaciones y se lo pudiera comparar con el de virus ya conocidos como el SARS y el MERS, lo que permitió conocer más sobre sus formas de transmisión y posibles métodos de detección.
El 14 de enero pasado se publicó un trabajo sobre cómo se transmite este virus y el tiempo de revisión de pares pasó de los seis meses que suele tomar como mínimo a solo dos días. Esto posibilitó que se tomaran medidas urgentes en China y en el resto del mundo.
Setenta organizaciones científicas, entre las que se incluyen revistas especializadas como Nature y Cell, que generalmente cobran una suscripción para acceder a los trabajos científicos que publican, acordaron publicar los artículos sobre coronavirus de manera abierta para que cualquiera pueda acceder a ellos.
Diego Álvarez, virólogo e investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas (IBB) de la UNSAM, le dijo a TSS: “El hecho de que las revistas hayan liberado toda la información sobre coronavirus es importante porque todo lo que se pueda hacer en materia de prevención, diagnóstico y tratamiento va a estar basado en los datos que se vayan aportando a través de artículos científicos. Es un buen recurso para poder llegar a una política de intervención lo más pronto posible”.
También cobra una importancia mayor el sistema de pre-print, es decir, la publicación de trabajos científicos de manera abierta antes de que tengan la revisión de pares, para acelerar los tiempos de difusión del conocimiento. Si bien este tipo de trabajos deben ser tomados como información preliminar, y en algunos casos son dados de baja porque la revisión hecha por lectores encuentra fallas metodológicas, son una herramienta de relevancia en tiempos de emergencia sanitaria. Este tipo de prácticas ya había sido implementada durante las epidemias de SARS, en 2002, y de gripe A, en 2009, pero la evolución de las tecnologías de la información en estos años ha permitido un salto que las hace protagonistas.
Mariano Fressoli, investigador del CONICET y del CENIT en la Escuela de Economía y Negocios (EEYN) de la UNSAM, y especialista en ciencia abierta, observó: “Por ejemplo, BioRxiv, que es un archivo de pre-print, no existía hace cuatro o cinco años. Esta plataforma permite que se puedan hacer esas publicaciones previas y no tener que esperar a que salga la versión con referato. Es un momento en que se necesita producir conocimiento de manera acelerada y lo mejor para esto es hacerlo de manera abierta y colaborativa. Son conocimientos muy específicos y puede haber riesgos, pero, al igual que sucede con los casos de ciencia ciudadana, si hay más gente mirando el objeto, los datos, los métodos o cualquier elemento de la investigación, va a ser más fácil que se descubra qué es lo que está mal. En un caso como el del coronavirus es un problema mayor la tendencia a no publicar los datos. Tener acceso a todo el rango de elementos de la investigación científica mejora la investigación”.
Fressoli sostuvo: “Nos parece que es un ejemplo del potencial de la ciencia abierta para resolver problemas. Las crisis son interesantes porque hay que tomar acciones mucho más rápido y hasta más arriesgadas, y eso implica sacudir un poco la inercia institucional. Se está convirtiendo en un caso ejemplar de cómo acelerar el conocimiento y los procesos para obtener el genoma, conseguir una vacuna y conocer más sobre una enfermedad. La apertura siempre conlleva riesgos pero la pregunta que hay que hacerse es si los riesgos de que algo salga mal son mayores a los riesgos de no resolver el problema. Hay herramientas de ciencia abierta o ciencia ciudadana que tienen 700.000 colaboradores y abarcan varios países, varias disciplinas”.
Para Álvarez, la decisión de permitir la revisión rápida no afectó la calidad: “Estuve mirando algunos papers sobre coronavirus y la primera impresión es que las revistas en las que siempre se mantuvo la rigurosidad esto no cambió, considero que los procesos de revisión rápidos no van en contra de la calidad de los trabajos que se publican. En el caso de los pre-prints es distinto, no tienen revisión. Ahí uno sube lo que quiere y pone en juego su prestigio”.
El éxito de estas herramientas también está generando reflexiones sobre el funcionamiento de la construcción del conocimiento científico en el mundo. Las publicaciones con referato suelen cobrar el acceso, la publicación y tienen el poder de decidir qué temas son publicables y cuáles no. Fressoli aseguró: “Las revistas científicas corresponden a un modelo de producción de conocimiento del siglo XVIII, al nacimiento de la imprenta. En este siglo tenemos herramientas para producir, compartir y distribuir conocimiento de forma mucho más eficiente. Hay ciertas prácticas que no están adecuadas a las herramientas tecnológicas que tenemos y hay una tensión ahí”.
Álvarez consideró que “el sistema de revisión por pares en líneas generales funciona bastante bien pero la cuestión de tener que pagar para publicar limita mucho a los países que tienen menos acceso a los recursos. En definitiva, lo que termina pasando en lugares como la Argentina es que uno termina eligiendo en qué revista va a publicar en función de lo que cuesta o directamente uno publica en revistas que publican gratis los artículos”.
Estados Unidos baja las tasas de interés casi a 0%. Consecuencias para Argentina.
La Reserva Federal (la «Fed»), el equivalente al Banco Central en EE.UU., redujo ayer en forma sorpresiva la tasa de referencia en un punto: la ubicó entre el 0 y el 0,25%. Según anunció en un comunicado, la medida se debe a las consecuencias económicas de la epidemia de coronavirus.
Es cierto que la epidemia ha llegado a un nivel muy serio allí. Pero la baja de tasas estaba siendo reclamada desde hace semanas por el presidente Trump, preocupado por el pobre desempeño del mercado de valores estadounidense. Acusaba al presidente de la Fed de «tímido» e «irresoluto», al mismo tiempo que se felicitaba a sí mismo por las buenas cifras del mercado de trabajo, con el índice de desempleo más bajo en este siglo.
El problema es que esta es, de algún modo, la «última bala» de la Fed. Las tasas no se pueden poner por debajo de cero. Y los futuros de la bolsa estadounidense han caído casi un 5% después del anuncio de reducir la tasa e inyectar 700 mil millones de dólares al sistema financiero. Los índices S&P500 y Dow Jones responden con duras caídas.
La economía argentina está, es evidente, en mala situación. A sus propios problemas financieros se suma la caída de las exportaciones que provocan esta epidemia y la baja de los precios del petróleo. Pero este desarrollo la ayuda en la tarea inmediata de reestructurar su gigantesca, e impagable, deuda externa. Los acreedores ya saben ahora que, por bajo que sea el valor actual de la oferta que haga el ministro Guzmán, no parecerá tan malo en el marco del desbarajuste global.
Y los «fundamentals» de la economía argentina: su ventaja competitiva en la producción de alimentos, su mano de obra educada, sus interesantes capacidades tecnológicas en algunos campos, y, también, sus recursos naturales, son, como siempre insistimos en AgendAR, muy buenos. Debemos soportar lo mejor posible esta epidemia -y la tormenta financiera que la acompaña- y Argentina puede volver a ponerse en marcha.
Un estudio indica que las mujeres son más propensas a padecer estrés crónico que los varones
El Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21 lanzó, por tercer año consecutivo, un estudio sobre la brecha de género en los argentinos. Aunque la brecha de género más popular sea la referida al mercado laboral o al acceso a oportunidades, es importante analizar la existencia de brechas en diferentes ámbitos que pueden afectar el bienestar y desarrollo de las personas. En esta ocasión, el foco fue en el área de la salud, entendida como el equilibrio entre el bienestar físico y emocional.
Los resultados arrojaron que las mujeres presentan mayores niveles de ansiedad, depresión y estrés en relación a los varones.
¿Los factores? El conflicto en la relación Familia-Trabajo, los mayores niveles de estrés y agotamiento a los que se ven expuestas, el menor tiempo de ocio y las dificultades para desconectarse luego de una jornada laboral, son algunos de los elementos que deterioran también la salud mental de las mujeres.
“En Argentina la carga doméstica forma parte de la vida del 77,6% de las mujeres, mientras que esta cifra es del 43.3% en los hombres. Las mujeres dedican el doble de horas al trabajo no remunerado (tareas domésticas y cuidados de los miembros de la familia) en relación a los hombres. Esta carga adicional genera que las mujeres presenten mayores niveles de conflicto-familia trabajo, menor tiempo de ocio, mayores dificultades para desconectarse y presenten mayor riesgo de experimentar estrés crónico. En conjunto, estos factores llevan a que las mujeres se vean más expuestas a sufrir padecimientos de salud mental”, advirtió el Dr. Leonardo Medrano, Secretario de Investigación y Transferencia Científica de la Universidad Siglo 21, quien explicó que la brecha de género en Salud es una dimensión poco explorada en relación a otras como: brecha salarial, educación o acceso a oportunidades.
Otros resultados importantes del estudio reflejan que:
* Las mujeres presentan mayores niveles de cansancio y apatía en relación a los hombres. 3 de cada 10 las mujeres sienten “casi todos los días” tensión y dolor muscular, cifra que representa más del doble que los varones (solo 13.5%).
* El 14% reconoce sentirse cansada y fatigada. Esta cifra aumenta a un 33% después de la jornada laboral. En tanto que en los varones la cifra es considerablemente menor (9,7%). Se perciben mayores niveles de anhedonia, es decir, dificultad para experimentar placer e interés por las cosas.
* Casi 2 de cada 10 mujeres no encuentra tiempo libre para realizar hobbies y desconectarse.
* El 26% identifica que son muchas las circunstancias que le generan preocupación, mientras que esta cifra se reduce al 20,6% en varones.
* También se observó que el 32% de las mujeres señala que le resulta difícil relajarse después de un día de trabajo, mientras que este porcentaje disminuye a un 23% en los varones.
Los resultados indican que existe una brecha de género promedio del 3,4%, es decir, casi medio millón de mujeres experimentan síntomas de ansiedad, somatización y depresión, asociados a mayores niveles de estrés y vulnerabilidad psicológica.
Coronavirus en Argentina y la región al 16 de marzo
El Ministerio de Salud de la Nación informó que ayer fueron confirmados once (11) nuevos casos de COVID-19. Seis (6) de la Ciudad de Buenos Aires, dos (2 ) en Chaco, dos (2) en Tierra del Fuego y uno (1) en provincia de Buenos Aires. De los once casos, ocho corresponden a casos con antecedente de viaje a zona de riesgo, mientras que los tres restantes son contactos estrechos de casos confirmados. El total de casos confirmados en Argentina es de cincuenta y seis (56) casos, de los cuales dos fallecieron. Los pacientes se encuentran cumpliendo el aislamiento establecido.
En otra nota de AgendAR se informa de las medidas tomadas por el gobierno nacional. Agregamos que esta madrugada se informó de la expulsión de 270 extranjeros en cumplimiento de las disposiciones establecidas.
La situación en el resto de la región, en forma muy sintética:
Chile: 155 casos, fronteras cerradas.
Perú: 72 casos, fronteras cerradas, emergencia nacional.
Venezuela: 17 casos, 7 estados en cuarentena, incluso Caracas.
Brasil: 200 casos, movilizaciones en favor del presidente, Bolsonaro saluda a sus partidarios, violando la cuarentena.
Paraguay: 8 casos.
Uruguay: 8 casos, suspenden los vuelos de Europa y EE.UU.
Las medidas anunciadas hoy por Alberto Fernández
Hace unos minutos, el Presidente Alberto Fernández, en una conferencia de prensa, acompañado por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, anunció:
- Suspensión de las clases hasta el 31 de marzo en nivel inicial, primario y secundario. Las escuelas van a estar abiertas atendiendo las «otras» obligaciones colaterales que tienen que ver con el alimento de muchos de esos chicos. Con «la colaboración que los maestros puedan dar a sus alumnos que lo necesiten». Los alumnos, así, no van a tener clases por 14 días.
- Licenciamiento de todos los mayores de 65 años que es la edad de mayor riesgo. Que esas personas se queden en sus casas y se les asignará horarios de atención específica para estos mayores en bancos, centros de salud o lo que puedan necesitar. Que no vivan momentos de aglomeración de gente.
- Se cierran fronteras durante 15 días y nadie va a poder ingresar a la Argentina. Salvo los argentinos nativos o extranjeros residentes en la Argentina.
- El cierre de las fronteras no es restrictivo para quienes deseen salir del país, solo para los que entran.
- Cierre de todos los parques nacionales del país.
- No se van a poder desarrollar ningún tipo de espectáculos, teatros, cines, deportivos o musicales que «signifiquen un número importante de gente que se nuclee en ese encuentro».
- Los argentinos varados en países de riesgo van a ser traídos a la Argentina.
- Si el fútbol se juegan a puertas cerradas, no hay inconveniente.
- Mañana, lunes, se reunirá el Gabinete Económico y Social y se evaluará la posibilidad de disminuir el tránsito en el Área Metropolitina de Buenos Aires.
- Todos lo que puedan hacer trabajo a distancia que lo hagan.
«Dejar a la gente sin trabajo porque se resfría es raro». Pero el COVID-19 no es un resfrío común
Este lunes 9, hace 6 días, la Agencia CyTA-Leloir, una fuente muy seria a la que AgendAR acude habitualmente, hizo una nota a Pablo Goldschmidt, virólogo y especialista en enfermedades infecciosas. Ese mismo día, el diario Clarín la reprodujo íntegra, con un título más periodístico “El pánico (por el coronavirus) es injustificado”.
Goldschmidt dice ahí “Las opiniones mal fundamentadas expresadas por expertos internacionales, replicadas por medios de comunicación y redes sociales repiten el pánico innecesario que ya vivimos anteriormente. El coronavirus identificado en China en el 2019 provoca ni más ni menos que un resfrío fuerte o gripe, sin diferencia hasta hoy con el resfrío o la gripe tal como la conocemos”.
Estas notas no fueron recogidas por las autoridades sanitarias ni -a decir verdad- tuvieron mucha repercusión entre el público, aunque Clarín tenga una circulación miles de veces mayor que CyTA. Pero algunos días después, en la radio «Con Vos», en el programa La Inmensa Minoría, le hicieron un reportaje a Goldschmidt, que pueden escuchar acá. Y por algún motivo esa nota sí se viralizó. La están reenviando por whatsapp jubilados y madres…
Atención: los argumentos de este especialista son sólidos y claramente explicados. Vale la pena leerlo o escucharlo críticamente. Por otro lado, la realidad local ya lo está refutando, con esa voz ronca que tiene. Creo que el planteo de Goldschmidt contiene una falacia grave, y vale la pena analizarla aquí para entender mejor a lo que nos enfrentamos.
Por supuesto no desde los datos médicos; no estoy en condiciones de hacerlo (recomiendo esta nota de Daniel Arias, que la ha actualizado, y, sobre todo, la página oficial sobre el COVID-19). Escribo desde lo que sé de comunicación, y alguna experiencia en asignación de recursos.
Empiezo por reconocer lo obvio: hay muchas enfermedades mucho más letales que el coronavirus. Aún en estas semanas de la pandemia, están provocando más muertes. Ni hablemos de los accidentes de tránsito, o las guerras… Desde un humanismo abstracto, se podría reclamar que los esfuerzos y la atención que se vuelcan al COVID-19 se dediquen a la tuberculosis o al dengue o la malaria…
Pero ese humano abstracto no hace esfuerzos ni tiene recursos. Quienes sí los tienen, gobiernos, instituciones, atienden al peligro más inmediato y más cercano a sus intereses y responsabilidades.
Y el COVID-19, esta variante del coronavirus es un peligro inmediato y cercano a nosotros, los argentinos, como al resto del mundo. No en sí mismo: como dice Goldschmidt -y también se dijo en AgendAR- es de letalidad relativamente baja, si se lo compara con la pandemia más explosiva y memorable del siglo XX, la «gripe española» de 1917-1920. Pero el COVID-19 sí crea las condiciones para que se desarrollen en el enfermo infecciones sobreañadidas más peligrosas, como la neumonía a neumococos, de letalidad creciente según edad avanzada o cuando median patologías previas como diabetes, trastornos circulatorios o tabaquismo.
(Por eso la mejor decisión que puede tomar, si todavía no lo hizo: vacúnese contra la gripe y contra la neumonía. Y hágalo ya).
Es cierto que, como dice Pablo Goldschmidt., nada de esto es nuevo o muy peligroso si se cuenta con un buen sistema de salud. Pero aquí aparece la característica verdaderamente mortal de esta variante del coronavirus: comparte con los rinovirus del resfrío común la facilidad para el contagio.
Cuando uno contagia a varios, y esos a otros varios… la masa de infectados crece en forma exponencial. Un hospital, un sanatorio que puede atender muy bien a dos, y arreglarse para atender a diez, se ve desbordado cuanto se presentan pacientes de a decenas o de a cientos. Los médicos, los enfermeros, los respiradores mecánicos, no alcanzan para todos. Eso es lo que pasó en Wuhan, pasa en Italia, está empezando a pasar en España…
Aparece el inevitable triage: se atiende a los que tienen mejor chance de sobrevivir. Los otros…
Un buen sistema hospitalario, un sistema de salud estatal es una necesidad práctica como reaseguro. Porque ninguna empresa privada están en condiciones de hacer las inversiones necesarias para prever una emergencia que puede o no ocurrir en cualquier momento en un lapso de diez años. Tampoco una obra social. Se fundirían.
«Lo que esta pandemia ya está revelando es que la atención médica gratuita y nuestro estado del bienestar no son costos ni cargas, sino bienes preciosos, esenciales cuando golpea el destino.» Son palabras de Macron, no mías. Los políticos franceses hablan así. (En la práctica, este presidente de Francia ha sido otro más (y van muchos) en agravar el desfinanciamiento creciente del otrora envidiable sistema de salud pública francés).
Agregaré algo: tampoco es realista esperar que el Estado pueda mantener las estructuras físicas y de personal para cubrir algo que sabemos ocurrirá -las pandemias- pero cuyas características son impredecibles.
Pongamos por caso el virus del Ébola, por ahora confinado al centro y costa Atlánticas de África: con su fantástica letalidad y capacidad de contagio, ¿qué país, incluso riquísimo, mantener las capacidades de terapia intensiva que demanda una enfermedad tan demandante, pero tan infrecuente entre brote y rebrote?
Lo que no se puede hacer (sin pagarlo caro) es lo que hizo Italia: pasar -a fuerza de recortes- de alrededor de 500 a 320 camas de terapia intensiva disponibles cada 100.000 habitantes. Si Corea, tan próxima de China, está manejando mucho mejor este tema que Italia es porque en las malas o en las buenas, mantienen más de 1200 camas de intensiva cada 100.000 habitantes. Los EEUU, que nunca creyeron demasiado en la salud pública, no llegan a 180…
Los coreanos no incurren en este gasto únicamente por la posibilidad de una guerra con Corea del Norte. Lo hacen por la conciencia de estar ubicados en la región del mundo donde, por sobrepoblación y por la inmensa industria de cría de animales de consumo alimentario, suelen nacer, como zoonosis, casi todos los virus pandémicos respiratorios.
Ha sido el caso de todas las gripes muy severas: la de 1917, la de 1957, la de 1968, probablemente la de 1977. La solitaria excepción fue la gripe porcina de 2009, que brotó en México (justamente, en una gigantesca granja de cría de cerdos).
Lo que se puede exigir al estado es que tome las medidas necesarias en el momento oportuno para aminorar la velocidad del contagio, para que el sistema de salud cubra a los pacientes; impida el acceso de nuevos portadores; y mantenga en cuarentena a los contagiados, dentro de los límites físicos que impone la realidad. Las aplicaciones informáticas son útiles, pero no reemplazan a las personas humanas que deben atender, y obligar.
Me informan los que saben que no es nada que no hayamos hecho antes. En 1957, cuando brotó una fiebre hemorrágica en la zona maicera de la provincia de Buenos Aires, la letalidad inicial era aterradora: 30%. Y no se sabía siquiera el causante. En 1958 ya estaba identificado y con nombre («virus Junín», o de la fiebre hemorrágica argentina, transmitido por el ratón maicero). Pero aún peleando a ciegas, la salud pública argentina, liderada por el Instituto Malbrán, hizo un enorme y eficaz esfuerzo de contención y terapia con medios primitivos: tratando a los contagiados con el suero de la sangre de ese 70% de convalecientes. La mortalidad bajó bruscamente a un solo dígito. Tomó décadas desarrollar una vacuna, la CANDID-1, que se tuvo que hacer en colaboración con el Ejército de los EEUU, y que hoy se suministra rutinariamente a unos 250.000 habitantes en la región bonaerense de Junín. Es muy eficaz.
Pero esta vez el vector viral no es un ratón sino nosotros mismos, los humanos, y el ecosistema del COVID-19 no es una región acotada de la Pampa Húmeda, sino el mundo todo. Nuestro gobierno ha tomado medidas severas al observar lo que estaba pasando en Europa y en EE.UU. ¿Son suficientes? Antes de 30 días lo sabremos.
A. B. F.
La Unión Europea se diluye, pero no cambia: otorgará en 2020 subsidios agrícolas directos por 40 mil millones de euros
Los productores agropecuarios europeos -que suman en total alrededor de 10,5 millones de explotaciones con una superficie promedio de 16,6 hectáreas cada una- recibirán este año subsidios de los Estados miembros de la UE por más de 40.000 millones de euros, según un informe de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Estos subsidios se efectivizan bajo el formato de “pagos directos”, en virtud de los regímenes de ayuda incluidos en el marco de la Política Agrícola Común (PAC).
La asistencia directa es una de las ventanillas de subvención a los agricultores de la Unión Europea para impulsar su producción, proteger el mercado interno y alentar las exportaciones del sector.
El gobierno, y nuestros productores agrarios, deben entender que, cualquiera sean las disposiciones de un eventual tratado comercial con la U.E., nuestros principales productos de exportación no van a encontrar mercados en Europa. Debemos darnos una política coherente y continua para, sin dejar de abastecer el mercado chino, y defender el brasileño para el caso del trigo, desarrollar el posible próximo motor de las exportaciones: la India.

