Paulatinamente, el Ministerio de Desarrollo Social está concretando uno de los planes iniciales que el ministro Daniel Arroyo planteó desde antes de asumir su cargo: la inserción laboral de beneficiarios de planes sociales, el Plan Empalme.
Son 540 mil los beneficiarios de planes sociales en todo el país. Según las cifras del ministerio, ya hay más de 30 mil argentinos con plan -el 6%- que están trabajando. Son 12.000 en provincia de Buenos Aires y el resto en las demás provincias, todos dedicados a tareas de reparación y refacción de escuelas.
Desde el Gobierno explicaron que el objetivo final es que los 540 mil planes totales (cifra que alcanzan el Salario Social Complementario y el plan Hacemos Futuro) sigan ese camino para, sin plazo, accedan a un empleo conservando por un período el beneficio.
Actualmente el Estado nacional paga la mitad del Salario Mínimo, Vital y Móvil por cada plan. La idea es que la otra mitad la abone el empleador, ya sea el Estado o compañías privadas. En el caso de los que ya están trabajando en escuelas, la mitad la cubre la Nación y el resto vía convenios con cada provincia de las 15 en los que está activo el esquema impulsado por Desarrollo Social.
La decisión de impulsar este Plan Empalme se tomó en el seno de la Mesa Contra el Hambre, en la que participa el Estado, los movimientos sociales, la CGT y empresas de peso de todos los sectores de la economía.
El otro hito importante que empujó el programa fueron varias reuniones que en 2019 mantuvieron los «Cayetanos» (la trilogía de Barrios de Pie, la CTEP y el Movimiento Evita) con dirigentes de la Unión Industrial Argentina (UIA), que también integran la Mesa contra el Hambre.
La producción de las Pymes Industriales cayó 0,9% en diciembre frente a igual mes del año pasado y cerró 2019 con una baja anual de 6%, según un informe elaborado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) que se difundió en estos días.
Según la Encuesta Mensual Industrial de CAME, entre 300 industrias pymes de todo el país, «en la comparación mensual la industria pyme creció 1,6% en diciembre, sin desestacionalizar». De esta manera, el Índice de Producción Industrial Pyme (IPIP), que mide el desempeño mensual en la elaboración manufacturera de las pequeñas y medianas industrias (PYMIS) argentinas, se ubicó en 81,3 puntos, el diciembre más bajo desde que se comenzó a medir en 2008.
«Las empresas con menos de 50 empleados, más afectadas por la crisis, tuvieron una caída de 3,5% en su producción (frente a igual mes del año pasado). Aquellas con 50 empleados o más, en cambio, tuvieron un leve crecimiento anual de 0,8%», indicó CAME. El informe se obtiene durante los primeros 20 días del mes en base a encuestas directas realizadas entre 300 pymes industriales del país por un equipo de 30 encuestadores localizados en las ciudades capitales del país, Gran Buenos Aires y Capital Federal incluidas.
En tanto, el subgrupo de firmas exportadoras exhibió «un aumento de 3,4% anual en su producción de diciembre, impulsada especialmente por industrias que venían con niveles de exportación más bajos y tuvieron un salto el mes pasado».
Según indicó la Confederación, «de los 12 sectores relevados, 4 crecieron en la comparación anual, 1 se mantuvo sin cambio y 7 cayeron». Los sectores en alza fueron: Alimentos y bebidas con una suba anual de 2,6%, Calzado y marroquinería (+4,3%), Maderas y muebles (4,3%) y Productos Químicos (5,4%). La encuesta mostró «sin cambios» los sectores de Indumentaria y productos textiles, que fue «el primer mes del año que no registró descenso».
En cambio, «cayeron fuerte en la comparación anual: Minerales no metálicos (-8,3%), Material de transporte (-10%), Productos electromecánicos, informática y manufacturas varias (-9,8%) y Papel, Cartón, Edición e impresión (-6,0%)».
De las pymes encuestadas, «muchas» declaran que están «sosteniendo el empleo a la espera de una reactivación, pero que hoy les alcanzaría con menos personal para atender el negocio, que se ha reducido fuertemente».
Los sectores que están trabajando con menos porcentaje de su capacidad instalada fueron textil y productos electromecánicos e informáticos, ambos con 50%.
Ayer, jueves 6, Jorge Argüello, que ya había sido embajador en Washington de 2011 a 2013, presentó sus cartas credenciales al presidente Donald Trump. Y la recepción fue muy cordial.
“¿Cómo está Argentina?”, fue la pregunta inicial del Donald. Y Argüello, como buen embajador, respondió: “Estamos haciendo un esfuerzo para tener el mismo resultado que se observa en Estados Unidos sobre al crecimiento de la economía y los niveles de alto empleo”.
Trump fue enfático, como es su estilo: “Dígale al presidente Fernández que puede contar con este presidente”.
Luego ambos se sacaron varias fotos juntos, con las cartas credenciales que incluía un mensaje de Alberto Fernández a Trump con un encabezado en el que lo llamaba “Grande y buen amigo”, especialmente escrito para la ocasión.
Después también de la gira presidencial, podemos decir que contamos con el apoyo de Trump, Merkel, Macron, Sánchez, Conti, la comprensión de la directora Georgieva, y el respaldo del Papa Francisco. Ahora, hay que enfrentar a los acreedores.
Ayer, 6 de febrero, la embajada de la República Popular China distribuyó el siguiente comunicado:
«La Embajada de la República Popular China en la República Argentina ha tomado nota de la información de algunos medios de comunicación locales sobre «un empleado de la Embajada china que está en cuarentena por los síntomas similares al nuevo coronavirus».
Esta Embajada aclara con total seriedad y responsabilidad que ninguno de los diplomáticos y empleados de esta misión se encuentra en cuarentena por los síntomas similares al nuevo coronavirus. Las notas concernientes no corresponden a la realidad. Tampoco se ha verificado tal información con la Embajada antes de la publicación.
La Embajada ha adoptado las más estrictas medidas de prevención y control respecto a la propagación del nuevo coronavirus. En este momento crucial de la lucha contra la epidemia, necesitamos más hechos que especulación y los rumores y el pánico infundado producen más daño que la propia epidemia.«
El Senado nacional aprobó por unanimidad la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva en el Marco de la Emergencia Pública, que ya tenía sanción favorable de Diputados, también con los votos de oficialismo y oposición (sólo faltaron 2 votos del FIT).
En el curso del debate ambas bancadas se acusaron vigorosamente. Y dejaron claro que sus visiones del país, y el sector de la población que aspiran a representar, son bien distintos. Pero también resulta evidente que el «principio de la realidad» al que se refería el Dr. Freud, tiene peso en las decisiones de la dirigencia política. Un default (otro, 18 años después) agravaría mucho la situación de los argentinos. Y el gobierno que está a cargo desde hace algo más de un mes es el que puede encarar el desafío de una deuda externa gigantesca.
Estos son los puntos principales de la ley:
Declara «prioritaria para el interés de la República Argentina la restauración de la sostenibilidad de la deuda pública emitida bajo ley extranjera», que se calcula en unos 142 mil millones de dólares.
Autoriza al Ministerio de Economía a «incluir en los documentos pertinentes las aprobaciones y cláusulas que establezcan la prórroga de jurisdicción a favor de tribunales extranjeros y que dispongan la renuncia a oponer la defensa de inmunidad soberana».
Establece que esa renuncia «no implicará renuncia alguna respecto de la inmunidad» de la Argentina con relación a la ejecución de ciertos bienes, como los del Banco Central, cualquiera perteneciente al dominio público en el país o cualquiera localizado dentro o fuera del territorio «que preste un servicio público esencial» entre otros.
Autoriza al Ministerio de Economía a emitir nuevos títulos públicos para modificar el perfil de vencimiento de intereses y amortizaciones de capital, así como determinar plazos y procedimientos de emisión y designar instituciones o asesores financieros para el proceso de estructuración.
Las comisiones que puedan cobrar los bancos o asesores financieros que actúen como agentes colocadores «en ningún caso podrán superar el 0,1% por todo concepto del monto efectivamente canjeado y/o reestructurado».
La reciente propuesta del gobernador Kicillof de postergar el pago de un bono, por el importe (relativamente menor) de 250 millones de dólares y el hecho de no conseguir la aceptación de un porcentaje suficiente de los acreedores, indican que éstos no están dispuestos a disminuir los beneficios esperados si no es absolutamente inevitable (lo que era de esperar; a los administradores de fondos de inversión no se les paga para que tengan conciencia cívica).
Y también muestra que todos los sectores con poder en el Frente de Todos, en el peronismo, están resueltos a evitar el default.
Si en este marco el ministro Martín Guzmán, y por encima de él el presidente Alberto Fernández tienen poder de negociación, es que hay un hecho indiscutible: la deuda contraída en los últimos años por la Nación es efectivamente impagable en las condiciones en vigencia. Los acreedores que se nieguen a modificarlas estarían, ellos, provocando el default, más allá de la voluntad de este gobierno y de cualquier otro.
Y para que los fondos «buitres» lucren con un default, es necesario que los bonos de la deuda argentina a adquirir estén muy por debajo de su valor actual, para que sea rentable litigar por alrededor de 10 años. Que es lo que hizo Paul Singer, por ejemplo. No estamos en la situación de 2001, no están dadas esas condiciones, y no tiene porqué arribarse a esa situación.
Como estaba previsto, el Senado de los Estados Unidos votó ayer por la absolución en el juicio político al presidente Donald Trump.
El resultado de la votación en los dos cargos de los que había sido acusado -abuso de poder y obstrucción al Congreso- fue ligeramente distinto: el primero registró 52 votos por la absolución contra 48, porque el republicano Mitt Romney (el único que cruzó la línea partidaria) votó por condenar al presidente, junto a todos los demócratas.
En el segundo, la absolución sumó 53 votos contra 47. Los senadores demócratas y algunos republicanos expresaron inquietud por los hechos que derivaron las acusaciones. Pero los oficialistas decidieron que no correspondía condenarlo.
Este resultado no fue ninguna sorpresa. La Constitución de los EE.UU. exige los dos tercios del Senado -67 votos- para remover al Presidente. Aún así, fue un triunfo del Donald: la moción no consiguió siquiera mayoría simple, y mostró que el Partido Republicano considera que es el mejor candidato para noviembre.
Trump lo festejó «his way», con este desafiante tuit:
Europa está adelantando el fin de los autos a nafta o diésel. En un extremo, en Noruega (país próspero gracias al petróleo), más del 60% de los 0 km que se venden son eléctricos. En los otros países nórdicos el porcentaje es menor, pero va en ascenso. El resto de Europa sigue sus pasos como consecuencia de normas que limitan el uso de vehículos contaminantes.
Esta semana Gran Bretaña anunció que prohibirá la venta de automóviles nuevos de nafta, diésel e híbridos a partir de 2035, cinco años antes de lo previsto, en un intento por reducir la contaminación del aire. Esta tendencia podría poner fin a más de un siglo de dependencia de los motores de combustión interna.
Pero en los próximos años, podría abrir un nicho de exportación interesante a las terminales automotrices radicadas en nuestro país. Donde han visto descender dramáticamente sus ventas. El 21 de abril del año pasado AgendAR publicó el siguiente informe:
La Asociación de Fabricantes de automotores, ADEFA, ya estudiaba en ese momento esa posibilidad: «Argentina puede hacerse fuerte en la producción de vehículos con motorización tradicional, para abastecer a mercados emergentes».
La industria automotriz es una de las más importantes de la Argentina. Está atravesando un momento muy duro: caída en las ventas y en la producción, suspensiones de personal,… Y por eso mismo está explorando estrategias.
En la Asociación de Fabricantes de Automotores (ADEFA) se elaboró un informe reservado “ADEFA: visión estratégica 2020/2030”. En él se plantea que mientras las inversiones y la demanda de vehículos eléctricos o híbridos, en los próximos años, se concentrarán en las potencias automotrices, incluyendo China, la Argentina puede hacerse fuerte en la producción de vehículos con motorización tradicional, para abastecer a mercados emergentes.
El argumento que se sostiene en el estudio, preparado por la consultora ABECEB, se basa en que, por el atraso en infraestructura y costos, mercados como Latinoamérica, África y, en menor medida, Oceanía, seguirán consumiendo vehículos con motores a combustión. También tienen las mayores superficies a cubrir donde la provisión de electricidad es limitada.
Por eso, ahí se plantea como objetivo capturar la demanda de países emergentes con tecnología ICE (Internal Combustion Engine): motores de combustión interna, que seguirán dominando ese mercado en 2030. Se prevé que las inversiones de las marcas en vehículos con nuevas tecnologías se dirigirán a los países centrales. También estima que Brasil “se concentrará en Etanol”.
Sólo para Latinoamérica, el informe estima un mercado para los próximos años de 6,6 millones de vehículos, lo que equivale a u$s 85.000 millones. Para África y Oceanía, el volumen de operaciones será de alrededor de 2,5 millones de 0km por un monto de u$s 33.000 millones. Esto hace un mercado potencial de 9,1 millones de unidades por u$s 118.000 millones. Esta estrategia de supervivencia (esa es la palabra utilizada en el estudio) podría ir más allá del 2030 ya que se estima que la vigencia de la actual tecnología tiene una “ventana” de 20 años.
Entonces, el trabajo propone una estrategia global: “Convertirse en productores líderes de ICE con productos eficientes, conectados y seguros, abasteciendo al hemisferio sur y capturando inversiones que no se renuevan en desarrollados».
No todas las terminales parecen apostar a este proyecto. Algunas tienen previsto incorporar motorizaciones “ecológicas” en el mediano plazo. Toyota -que ha expresado sus diferencias con ADEFA- planea producir en la Argentina la pickup Hilux híbrida antes del 2025. También Peugeot está desembolsando una inversión en su planta local con una plataforma que permite la producción de autos eléctricos, por lo que podría adaptarse rápidamente a los nuevos tiempos.
Sin abrir juicio sobre la estrategia que propone el informe -sus posibilidades, y las de la industria argentina en general, dependen de que el país se dé una política económica acertada- en AgendAR observamos que no son alternativas excluyentes. La transformación del parque automotor local hacia modelos más sustentables nos parece inevitable, en un plazo más o menos largo. Pero una política exportadora debe encararse en áreas donde podamos competir.
Un recuerdo muy, muy breve. El más largo está en las memorias de los veteranos a quienes nos acompañó en la niñez o juventud. Agreguemos que como productor, se jugó para terminar con la «lista negra» de Hollywood.
“Resucitando” la desalinizadora de Kurnell, porque Sydney está por quedarse sin agua.
El concepto mismo de “agua pura” es una contradicción en término. El agua, humilde como pinta, es un solvente tan activo que si Ud. pide un vaso del producto al gerente de RRPP de la planta de OI (ósmosis inversa) de Kurnell, y de puro corteses se lo traen en una linda copa de vidrio, sucederán dos cosas:
Ud. no logrará detectar gusto a sal alguno: la hay, no lo dude, pero por debajo del nivel de detección humano, pese a que es muy alto.
Pero además de sal indetectable Ud. estará bebiendo inevitablemente algunas moléculas del vidrio de la copa, disueltas en el agua. No es comer vidrio ni un chiste local sino física universal. Sí, si quiere Ud. también puede tomar vidrio disuelto en agua en su casa. AySA lo invita. ¡Llame ya!
Saque cuentas de que para llegar a ese resultado imperfecto, agua imposible de librar de sales y otros solutos, hubo que aplicar energía, horrores de ella, y sin fluctuaciones. ¿Se puede hacer eso con electricidad intermitente? Dejo picando la pregunta y prosigo.
El agua de mar en Australia ya es la fuente de materia prima de 30 plantas de OI que abastecen millones de canillas. Hubo una ola de instalación durante “La Seca del Milenio”, y suministra una proporción aún chica de lo que bebe el 80% de la población, que es toda costera.
Las instalaciones de OI se dispararán en nuevas rampas si hay que intercalar copias de St. Mary’s, entre las viejas plantas de tratamiento convencional y la red de distribución. Y como tal vez haya que añadir varias nuevas desalinizadoras costeras, se vienen tiempos de gran demanda eléctrica “de base”, disponible 24x7x365, o cerquita.
Eso limita las opciones: nueva hidroelectricidad (no es fácil, en el continente más seco del mundo), o nuevas centrales térmicas (no es bueno, cuando Australia es el 2do contaminador mundial en emisiones de carbono anuales por habitante).
Australia en realidad es el 1er contaminador/habitante entre los países desarrollados. Llegó a ese poco envidiable lugar porque en términos de exportaciones, es la carbonera de dos grandes locomotoras vecinas: China y la India. Y seguirá siéndolo, porque eso produce un saldo de balanza de pagos de U$ 56.000 por australiano. ¿Quién se privaría de esa beca?
Pero Australia también contamina debido a su actual despliegue de renovables, especialmente de eólica. Parece una paradoja, pero por ahora no hay medios de que las energías renovables eliminen las térmicas, y por una cuestión de intermitencia. 92 nuevas plantas eólicas fuerzan a Australia a seguir quemando carbón como “respaldo caliente” de una sobreinstalación impresionante de fuentes no confiables. Es que hay que cubrir decenas de baches diarios de generación, y sin apagones. Y aún así, los apagones en Australia forman parte del menú diario.
En un gesto hacia un mundo que ya los mira de reojo, los Aussies acaban de cerrar la venerable planta térmica a carbón de Liddell. Pero no confundamos relaciones públicas con física: si la planta de OI de Kurnell necesita 38 MW disponibles 24x7x365, no los saca de parque eólicos sino de la red eléctrica del National Electrical Market (NEM). Y para que el NEM no colapse cuando se cae el viento aquí y allá -sucede todo el tiempo-, necesita de plantas de carbón encendidas, quemando, pero “fuera de línea”, listas para entrar en pocos minutos a pedido del NEM. Respaldo caliente significa exactamente “contaminando, pero al cuete”. Bienvenido al lado oscuro de las energías renovables.
Les guste o no a sus dueños, las 15.906 plantas de OI del mundo todavía dependen, aunque les encanta negarlo, de los combustibles fósiles. Lo hacen al punto de forzar la emisión de unas 76 millones de toneladas de C02/año. El crecimiento proyectado de esta industria, si no cambia de fuente de potencia firme, o de base, la hará emitir 218 millones de toneladas en 2040, como declara en su página web la Global Clean Water Desalination Alliance (GCWDA). A admisión de parte, relevo de pruebas.
Y no es que en la GCWDA amen el carbono fósil. Aman la electricidad de base. No pueden permitirse caídas de tensión ni apagones. Es que las membranas triples de filtración necesitan de una presión continua y de un flujo unidireccional de agua. Caso contrario, se incrustan con las bacterias, virus, metales pesados, sales y cloruro de sodio, sobre todo la capa interna de poliamida, y andá a sacarlos, después. Y eso le quita vida útil a instalaciones que, como Kurnell, costaron U$ 1306 millones.
La leyenda urbana de la industria OI es que se nutre exclusivamente de potencia eólica, o eólica y solar, y en Australia eso es artículo de fe incluso para periodistas científicos. Si ante esa afirmación Ud. se les ríe en la cara, después de pegarle unas cuantas piñas (no es bueno pelearse con australianos), le mostrarán los contratos de compra exclusiva con parques eólicos (de propiedad de la compañía desalinizadora, o simplemente vecinos). Y luego le darán una cerveza, son amigables.
Pero hay un divorcio entre lo contractual y la física, entre lo percibido y lo real. Australia cree estar descarbonizándose porque vino instalando cantidades impresionantes de gigavatios renovables: 92 parques eólicos terrestres, algunos con turbinas de 225 m. de alto en punta de pala como el de Dundonell, Victoria, con 336 MW instalados. Por no hablar de 28 parques solares como el de Limondale, Balranald, New South Wales, de 900 hectáreas y 349 MW instalados. Y ni le cuento de los 56 más que se vienen.
Pero el sol, predeciblemente, no brilla de noche, y el viento, además de intermitente, es impredecible. El gigantismo de las instalaciones renovables oculta su baja densidad energética y su bajo factor de disponibilidad, en Australia y en el mundo. En Australia, es de entre el 31 y el 37% para las eólicas en los estados con mejores vientos (South Australia y Tasmania). Es decir, un 69 y un 63% del tiempo, el “downtime”, allí zafan quemando carbono fósil. Y el resto del tiempo, el «uptime», cuando hay viento y las eólicas entregan potencia a una red que la pide, hay que tener una cantidad X de plantas de carbón en «parada caliente», contaminando al cuete.
¿Y qué tal la solar? En los estados más desérticos, North Australia y West Australia, hay territorios inmensos donde el sol derrama entre 22 y 24 Megajoules/m2 de terreno, una ferocidad de iluminación como sólo la tienen Egipto y Arabia Saudita cerca del Mar Rojo, o nosotros en la Puna de Atacama. Con alta heliofanía (en cristiano, cielo casi sin nubes), en el 70% de Australia el sol es predecible: horrores de potencia al mediodía, poca en los crepúsculos, nada de noche. Y aunque el factor de disponibilidad de las instalaciones fotovoltaicas en Australia andan por el 27%, la curva de potencia que generan copia bien los picos de demanda diurna de las ciudades.
La electricidad fotovoltaica australiana en rampa. Pero por ahora, hay más producción en los techos de los domicilios que en grandes parques.
Única excepción, ese extra crepuscular de consumo cuando el laburante tipo vuelve a su casa y prende, desesperado, el aire acondicionado. Y la TV. Y destapa una cerveza y carga un “six pack” en la heladera. Pero en 2 millones de hogares australianos, ese esforzado trabajador tiene un equipo fotovoltaico en su techo y gracias al medidor de doble vía, su casa estuvo vendiéndole electricidad a la red, más que comprando. Si le colaron marca berreta, en lugar de 25 años le va a durar 4 o 5, pero no paga transporte de electricidad.
Por el contrario, las tierras más recontrafritas por el sol en Australia están lejos de todo centro de consumo. O más bien, lejos de todo. Ése es un país de 7.692 millones de km2 (caben casi 3 Argentinas), pero con apenas 25,5 millones de habitantes, mayormente en la zona templada y húmeda de la costa Sudeste. Sin embargo ese desaforado y vacío país tiene la demanda eléctrica de uno de los mayores Productos Brutos Internos del mundo (puesto número 14).
Hacer entrar esas tierras del Outback “en línea” costaría un infierno en tirar líneas de alta tensión (LATs) para conectar los desiertos con la Australia poblada e industrial. Olvídese de la instalación de los propios parques fotovoltaicos, sería casi una nota al pie. Las LATs son caras, y su longitud y el calor multiplican su resistencia e ineficiencia. Es el gigantismo del recurso y del continente, en este caso, lo que oculta la difícil disponibilidad del sol. De todos modos, con parte del mundo en rebelión contra los combustibles fósiles, más temprano que tarde, eso se hará.
En 2017, cuando a Australia volvió, matando, la sequía, la matriz energética era ésta. Seguramente hoy tiene más renovables, pero no mucho menos carbón.
Pese al “boom” de renovables, a la hora de medir producción anual, los Aussies estaban en el 15%, con un dominio relativo de hidroelectricidad, una tajada ya casi equivalente de eólica, un casi 21% de fotovoltaica doméstica trepada a casi 2 millones de tejados, pero apenas un 2% de fotovoltaica industrial, en parques de gran escala. Y como detalle no menor, un 9,3% de biomasa, todavía subdesarrollada pero con la promesa de dar potencia de base.
Hay un posible «game changer» en el horizonte: baterías capaces de almacenar a bajo costo los excesos de producción eléctrica del viento o del sol cuando la red no pide potencia. Y no me refiero a las baterías gigantes recargables de iones de litio que produce Elon Musk, sino a una tecnología nueva y disruptiva: la basada en el bromuro de zinc. En una primera etapa, este tipo de baterías eran de solución líquida circulante, y más parecidas a plantas de galvanoplastía que a las pilas secas o a las baterías de auto que Ud. y yo conocemos. Prometen transformar las fuentes intermitentes en firmes, son baratas y de una densidad energética interesante.
Por aproximadamente U$ 10.000, cada australiano con fotovoltaicas en su tejado podría hacer funcionar su casa en forma casi autónoma de la red, usando de noche la electricidad acumulada durante el día, y vendiéndole los excedentes al NEM. Esto transformaría a los enormes suburbios australianos no sólo en generadores sino en acumuladores de electricidad a escala nacional. Los operadores de las tres redes de Australia verían la autogeneración distribuida no como un problemón de inestabilidad, sino como un sistema de generación de respaldo, es decir una solución.
Ya hay 2 proveedores estadounidenses, 2 chinos y 1 australiano de este tipo de baterías. Pero la verdadera revolución en almacenamiento podría darla una derivación compactada de la tecnología de bromuro de zinc. La patentó Thomas Maschmeyer, nanotecnólogo de la University of Sydney. Es la batería de gel, que se puede incluso incorporar en las paredes de los edificios, como parte de la estructura.
Si todo esto del bromuro de zinc llega a tener sentido económico, Australia le va a cambiar la vida al mundo, y le va a quitar la mala fama de «apagoneras» e hipersubsidiadas que tienen las renovables en el mundillo energético. Si es solo «hype», sería una lástima, pero ahí es donde entramos a tallar nosotros. Porque el CAREM está pensado para dar potencia de base, y a un precio nivelado de alrededor de U$ 60 el MW/hora, competitivo con lo que le pongan delante: viento, sol, agua, lo que sea. Y durante 60 años.
Si se miran las cosas desde la disponibilidad de agua potable, lo que surge de los gráficos de 2017 no es que haya que detener el furibundo despliegue de renovables, nada de eso. Lo obvio es que hay que darle el raje de una vez al carbón y sustituirlo por otra fuente de base, como nueva fuente de respaldo de las intermitentes. Con máquinas seguras, libres de emisiones invernadero, producidas en serie, transportables en tren o camión, instalables por módulos para seguir la demanda, con 60 años de vida útil y un factor de capacidad mayor del 90%.
I rest my case, your Honour”, como dicen los abogados gringos a los jueces en las películas: unas cuantas plantas CAREM a Australia le vendrían como anillo al dedo. Que el jurado decida.
En realidad, creo que antes venderemos el CAREM en Malasia o Indonesia. Pero como Ud. sospecha hace rato, dados algunos parecidos físicos y demográficos entre Australia y Argentina, este texto en realidad está dirigido a nosotros mismos.
Construyamos de una vez el CAREM, invitemos al mundo a conocer el prototipo de 32 MW, y tratemos de llegar rápido a un modelo comercial, preferiblemente ligado a una planta de desalinización. No preveo problemas de “siting”: somos un país seco, y cada vez más. ¿Qué gobernador, qué intendente se niegan a un vaso de agua? La ósmosis inversa es cara para cualquier ciudad, pero no tanto como la sed.
Y a meterle pata, que con EEUU, Canadá y el Reino Unido con proyectos parecidos (evité decir “copiados”), hay nuevos competidores. Y son mucho más peligrosos que el antinuclearismo bobo, el de los Aussies o el de por aquí nomás.
El ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, anunció ayer martes que el Estado nacional se hará cargo de la gestión de cinco corredores viales que estaban concesionados, para “poner en marcha un modelo que dé prioridad al interés público sobre el privado y mantenga en buen estado las rutas”.
Son 3238 kilómetros en cinco corredores viales, que están en situación de deterioro y cuyas concesionarias registran incumplimientos en sus obligaciones. Serán transferidos a Vialidad Nacional uno por mes hasta el 1° de junio.
Katopodis hizo los anuncios en la Casa Rosada junto al Director Nacional de Vialidad, Gustavo Arrieta, y el presidente de Corredores Viales, Gonzalo Atanasof.
El ministro explicó que en los últimos cuatro años, estos concesionarios recibieron $ 18 mil millones -$ 5.800 millones en 2019- que no se han visto reflejados en obras. Informó que se encargó una serie de auditorias “para ver en qué se usaron estos subsidios”.
Según informaron, estos corredores viales «presentan alta siniestralidad vial, mínima conservación de las calzadas, ahuellamientos en distintas trazas, déficit en la demarcación horizontal, fallas en las luminarias, deficiencias en la señalización de pasarelas peatonales y refugios».
“Nos hemos encontrado con un Ministerio que es un verdadero desquicio. Estamos juntando los pedazos. Las auditorias de la Sigen han determinado que de 4500 kilómetros de rutas seguras se habían hecho solo 6. Esto da cuenta del resultado de los incumplimientos de la gestión pasada”. Katopodis también declaró que al inicio de su gestión se encontró “que habían dinamitado casi $ 35 mil millones de deuda y que el 60% de las obras estaban paralizadas”.
En AgendAR queremos recordar que, a principios de la década del ´90 -cuando comenzó la privatización de las autopistas (un comentario en ese tiempo era que «la 1° obra eran las casillas de peaje«)- Vialidad Nacional, junto a Gas del Estado, eran dos reparticiones estatales que más conservaban eficiencia y orgullo de equipo. Es de esperar que ahora esté a la altura del desafío.
Los corredores viales a gestionar por Vialidad:
El primer Corredor Vial que ya está bajo gestión estatal -a partir del 1° de febrero – es el n°3, que en su recorrido conecta ciudades como La Banda, Santiago del Estero, Termas de Río Hondo, San Miguel de Tucumán, Rosario de la Frontera, Salta, San Salvador de Jujuy y San Pedro.
Tiene una extensión de 797,83 km y está conformado por los tramos de la Ruta Nacional (RN) N° 34, desde el límite Santa Fe –Santiago del Estero Km 398 hasta la Banda, Santiago del Estero, en el Km 725,11; la RN N° 9 desde el empalme con la RN N° 64 Santiago del Estero Km 1139,68 hasta San Miguel de Tucumán Km 1289; la RN N° 9 desde San Miguel de Tucumán Km 1300 hasta el empalme con la RN N° 34 Torzalito – Salta Km 1554,89; y desde el empalme con RN N° 9 Torzalito –Salta Km 1130 hasta el acceso a San Pedro de Jujuy Km 1196,51.
Además, durante este año se sumarán el Corredor Vial N° 2, ubicado en la provincia de Buenos Aires, a partir del 1° de marzo; el Corredor Vial N° 6, que atraviesa las jurisdicciones de Misiones, Corrientes y Chaco, a partir del 1° de abril; el Corredor Vial N° 8, que recorre San Luis, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires, a partir del 1° de mayo; y el Corredor Vial N° 4, que pasa por Córdoba y Santa Fe, a partir del 1° de junio.