Anteayer, el lunes 3/2, fue la primer etapa del proceso electoral que definirá las candidaturas presidenciales en los Estados Unidos. El «caucus» en Iowa. Y 36 horas después del cierre, todavía están contando los votos en el Partido Demócrata. Manualmente.
Sucede que las autoridades del partido en el estado decidieron contratar una app móvil para tener los resultados más rápido. Los «caucus» son una institución tradicional del sistema partidario norteamericano que se conserva en varios estados. Se puede describir como asambleas de los afiliados a cada partido que se reúnen en cada localidad y votan por el candidato que prefieren; en algunos lugares en forma oral, en otros con boletas. La idea era que un mecanismo informático iba a simplificar el trabajo de contar los votos.
Los dirigentes del estado niegan terminantemente que haya habido un «hackeo»; dicen que se produjeron «incongruencias» en los resultados. La gente mal pensada se pregunta si el hecho que el ex vicepresidente (de Obama) Joe Biden parece haber estado ahí muy por debajo de las expectativas, haya tenido algo que ver. Biden es el favorito de la dirigencia demócrata.
Pero son Pete Buttigieg, un joven (38) político de Indiana de perfil transgresor y muy apoyado por las empresas tecnológicas, y Bernie Sanders, el veterano (78) senador de Vermont, autoproclamado socialista, quienes encabezan el escrutinio, hasta ahora. Las encuestas le daban una buena chance a Sandres, pero lo de Buttigieg ha sido una sorpresa para todos.
Con los datos del 62% de los distritos electorales disponibles, el tercero en las encuestas, Buttigieg, se erigía vencedor (con el 26,99% de los delegados), seguido de cerca por el favorito, Sanders (25,1%). Los separan cuatro décadas y muchas ideas (Buttigieg se enmarca en el lado moderado del espectro demócrata, Sanders, bien a la izquierda del partido), pero ambos comparten un perfil atípico, outsiders en los códigos de la política tradicional «yanqui».
El Partido Demócrata busca al hombre o mujer con quien superar el trauma de 2016, cuando una candidata de manual, Hillary Clinton, cayó derrotada frente a uno que parecía un imposible, un chiste habitual en los programas de humor. El país ha cambiado en estos cuatro años. La «grieta» es tan feroz como acá, o más. La presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, rompió públicamente el texto del discurso de Trump ante el Congreso.
En 2016, Donald Trump y Bernie Sanders eran, pese a las abismales diferencias en ideas y estilo, dos heterodoxos que habían llegado para sacudir la política estadounidense. Hoy, uno se sienta en el Despacho Oval y el otro ha pasado de moverse en los márgenes ideológicos del partido a representar una corriente central y situarse a la cabeza en varias encuestas.
Tampoco Buttigieg es una criatura de Washington. Se presentó a las primarias sin más experiencia en la Administración que ocho años de alcaldía de una ciudad de 100.000 habitantes, South Bend (Indiana). Si ganase, sería el primer presidente millenial, también el primero abiertamente homosexual. Forjado políticamente en un territorio eminentemente conservador, es religioso, ex militar y muy culto, con un discurso de aire obamaniano que habla de unificar el país, de lograr una gran coalición de votantes. Sanders es el viejo luchador de la izquierda, un independiente que hace cuatro años empezó a sacudir los cimientos del partido demócrata, al enfrentarse con fuerza a Hillary Clinton, y ahora espera dar el golpe definitivo al tablero político.
Los resultados, de consolidarse con el 100% del recuento, revelan el hambre de cambio del partido y son preocupantes para las expectativas de Joe Biden, el vicepresidente de la era Obama, que encarna la apuesta continuista y se ha situado cuarto, aunque sigue liderando los sondeos de ámbito nacional. La progresista senadora Elizabeth Warren quedaría tercera con un 18%.
En cualquier caso, Iowa no decide la nominación. Sólo elige a 41 de los 1.991 delegados necesarios para ganarla. Es un estado pequeño, blanco y rural, y es el primero en celebrar las primarias de ambos partidos por tradición (una que después del papelón del lunes va a ser cuestionada). Pero es el primer resultado, y todos son influenciados, quieran o no, por esos votos que todavía se están contando. A mano.
Tras largos días de una tensa negociación, y que se corriera un par de veces el plazo, la propuesta del gobernador Kicillof de postergar el pago del capital d del bono BP21 -250 millones de dólares- no consiguió la necesaria aceptación del 75% de los bonistas.
De acuerdo a una versión recogida por todos los medios, fue el fondo de inversión Fidelity, en poder del 16,43% de esos bonos, quien impidió el acuerdo. La posición dura de ese fondo está confirmada -el mismo Kicillof aludió a que pretendía cobrar el total, y sólo aceptaba hacerlo en un par de pagos mensuales. Pero finalmente no fue el único obstáculo.
Frente a la alternativa del default, y habiendo tensado la cuerda hasta el límite, el gobernador decidió -en AgendAR entendemos que correctamente- que ese era el desenlace más perjudicial para la provincia. Y decidió pagar capital e intereses con los recursos fiscales de la provincia y una colocación de letras por 10 mil millones de pesos en el mercado doméstico.
La decisión fue bien recibida por los «mercados»: bajó el riesgo país. Es evidente que el temor a un default bonaerense había sido real, y sin duda acentuaba el temor por la situación de la deuda nacional.
El gobernador anunció que planteará una reestructuración del total la deuda en moneda extranjera de la provincia. Esto será un proceso lento, y aunque distinto del que lleva adelante el ministro Guzmán, sus desarrollos estarán muy vinculados.
En un Especial de AgendAR ¿Qué hacer con ARSAT? (con nuevas autoridades), aplaudimos la gigantesca tarea de conectar por fibra óptica el extenso territorio argentino. Pero también preguntamos por los satélites geoestacionarios que una ley nacional, y el desarrollo de las capacidades argentinas, disponía seguir construyendo.
Hoy ARSAT, e INVAP, nos están dando la respuesta. Gracias.
ARSAT RETOMA EL DESARROLLO DE SU TERCER SATÉLITE En la Estación Terrena de Benavidez junto a la Lic. @micasmalcolm y el Lic. @martinolmosok, se realizó la primera reunión de trabajo con @invapargentina, para retomar el desarrollo del 3° satélite geoestacionario de comunicaciones. pic.twitter.com/kgLJE9ATAD
Vale la pena repasar los parecidos y las diferencias entre Argentina y Australia. Su territorio continental es casi tres veces más extenso y su población es bastante menor (25 millones de aussies contra 44 de nosotros). Una economía más próspera que la nuestra, con muy bajo desempleo. Pero no los envidiemos (demasiado). Como gran exportador de materias primas, también le ha resultado difícil desarrollar una base industrial avanzada. Y ahora tiene muy graves problemas ambientales, de los que los incendios que ustedes leyeron fueron solamente un agravante. Son mucho más serios que los nuestros (todavía). En este artículo, Daniel Arias hace una descripción técnica y angustiante. Pero también indica lo que podría ofrecer Argentina para ayudarlos a enfrentar su problema más agudo. Y, de paso, beneficiarnos nosotros.
AUSTRALIA SE SECA. ¿PODEMOS MOJAR?
El
smog oculta la Opera de Sydney. Cuando baje la ceniza por los ríos, la ciudad
se queda sin agua.
Alerta, argentos: la Secretaría de Energía dio prioridad al proyecto de central nuclear modular compacta CAREM y se abren posibilidades. Destaco un cliente dificilísimo pero no imposible: ese país al cual en 2000 le vendimos –casi contra su voluntad (ver aquí)- un reactor nuclear que hoy es la joya entre sus pares en el mundo. Con todo derecho, Australia lo bautizó OPAL (la piedra semipreciosa emblemática nacional) porque entre otras cosas le está permitiendo apropiarse del 40% del mercado mundial de radioisótopos médicos.
Nuestra nueva oferta sería bien distinta: Australia necesita fierros nucleoeléctricos como el CAREM comercial de entre 120 y 480 MW, todavía en ingeniería preliminar. Serán aparatos comerciales de potencia mayor que la del prototipo de 32 MW cuya construcción se reanudó en Lima, provincia de Buenos Aires. Lo bueno (para nosotros) es que los australianos necesitarán bastantes, y no para volverse ricos sino sencillamente para tener agua potable. Lo malo (también para nosotros) es que aún no lo saben.
Y los australianos, antinucleares viscerales como son, no va a ser fácil que lo entiendan. Tampoco es imposible que lo descubran: la naturaleza está de nuestro lado, y fija las velocidades. Si debido a las cenizas a punto de bajar por las cuencas hídricas el acceso a agua potable en Sydney bajara de los actuales 315 litros/día/persona a cifras israelíes (los 137 litros/día/persona) o menores, los tipos tendrán que repreguntarse algunas certezas.
Que Australia se seca e incendia no es noticia: lo viene haciendo de a poco desde hace 15 millones de años. Pero en los últimos 30 años el calentamiento global abatió la media pluvial del país de 460 a 277 mm/año: en Argentina sería como saltar desde Santa Rosa, La Pampa a los llanos de La Rioja en una generación. Y lo de ellos parece más tendencia que episodio.
El SE de Australia orilla en latitud los “roaring fourties”, el límite norte del Vórtice Antártico, esa fábrica de tormentas de los océanos y mares australes. El Vórtice irrumpe con tempestuosos frentes fríos, pero ya lleva tres inviernos sin suceder, informa la climatóloga Nerilie Abram en Scientific American el 31 de diciembre de 2019.
La otra fábrica confiable de lluvias de Australia son los monzones de verano que riegan el NE continental, y también acumulan tres “ausentes sin aviso”. Las lluvias anuales –sigue Abram- vienen un 20% a la baja en el Oeste del país desde los ’70, y desde los ’90, hay un 11% en descenso en la “Australia Verde”, la vivible, la de los estados sudorientales de New South Wales, Victoria, el Capital Territory y South Australia.
Entre 1996 y 2010, los australianos transitaron una seca que, acaso esperanzadamente, bautizaron “La del Milenio”. En 2017 ya se iban olvidando de ella cuando el cielo se secó de un modo más feroz, y continúa. O están –seamos optimistas- ante otra “Seca del Milenio”, o este milenio –no seamos optimistas- viene mucho más seco que los 15.000 milenios anteriores.
El calentamiento global está disparando cada vez más coincidencias de fase positiva de dos oscilaciones independientes que deciden el clima continental. Lo explica la climatóloga Ágata Imielska, del Australian Bureau of Meteorology, en este video sobre el Dipolo del Océano Índico, (IOD) y el Dipolo Anular Austral (SAM, por sus siglas en inglés). Sí, su sospecha es correcta: el IOD es casi una copia local de nuestra némesis sudaca, los ciclos “Niño-Niña”, otro dipolo.
Con ambos dipolos asiáticos trabados en fase positiva, la temporada de incendios se volvió algo jamás visto. En diciembre, trabajar en las calles de Sydney ya equivalía a fumarse un paquete diario, por el humo.
Citado por Science Times, enero de 2020, dice Ross Bradstock, director del Centro para el Manejo de Riesgo Ambiental de la Universidad de Wollongong, en New South Wales: “Lo que estamos viendo en Australia… son fuegos que empatan o superan la magnitud de cosas que sólo vimos en los bosques más remotos del mundo”. Bradstock alude a los incendios masivos de la taiga siberiana, el bosque costero californiano y la selva amazónica durante 2019. Añade que hace tiempo que en su país se predicen temporadas de fuego peores y más largas, pero en esas proyecciones la devastación actual debería suceder dentro de 40 o 50 años, no ahora.
“La severidad de la seca actual causó la muerte de amplias fajas de vegetación, lo que desató estos incendios locos en lugares que normalmente no deberían arder”, concuerda Abrams, en referencia a las selvas y manglares regados por monzones de verano que faltaron a la cita, los de de Queensland y North Australia. Jamás se habían incendiado antes.
El área boscosa australiana que ardió este verano supera la suma de las superficies quemadas en la taiga rusa, las masas forestales ardidas en California, y además las del Amazonas brasileño en 2019. En Australia ya suman 8 millones de hectáreas destruidas, y el baile sigue.
Esto amenaza de contaminación persistente por ceniza los “catchments”, las laboriosas cadenas de embalses que los australianos vienen entretejiendo desde hace un siglo en las alturas de la Cordillera Transversal. Lo hicieron para recoger la escorrentía de sus cuencas hidrográficas. Esa gastada cadena de sierras y mesetas, cuyo pico máximo rasca apenas los 2200 metros, es el único activo geológico australiano capaz de generar lluvias orográficas por enfriamiento, y hasta algo de nieve.
Warragamba, el embalse que da agua a Sydney, con los fondos al aire, seco a grado caminable.
En ese continente chato como un billar, los “catchments” montañeses son las únicas fuentes fijas de agua pluvial para Brisbane, Newcastle, Gold Coast, Bourke, Sydney, Wollongong, Canberra, Traralgon, Melbourne, Goetong, Mount Gambler, Port Augusta y Adelaide y siguen las firmas. Son las ciudades donde se amucha casi el 70% de la población del continente.
Por dar como ejemplo a Sydney, la mayor ciudad del país, Stuart Khan, ingeniero en procesamiento de agua de la University of New South Wales, explicó a Nat Geo que ya ardió del 80 al 90% del bosque que rodeaba el embalse de Warragamba. Éste, en los últimos 3 años, perdió además el 60% de su agua. Atención: es la fuente de 4 de los 5 millones de “Sydneysiders”. Hoy parte de ese profundo lago es caminable por los fondos. Por ende, y debido al ingreso de cenizas al agua, la materia prima que ahora le queda para potabilizar a la ciudad no sólo es poca. También es mala.
¿Tan mala? La ceniza está llena de nitratos y fosfatos fertilizantes. Si llueve (y algo llovió), va a bajar por arroyos hace 3 años secos. En los lagos, hará explotar la zona iluminada con cianobacterias, organismos fotosintéticos unicelulares muy primitivos, entre cuyas muchas especies hay 20 reputadamente toxicas. Para muestra, unos peces en la cuenca del Murray-Darling.
Tribulaciones de las percas en cuencas incendiadas: el agua se intoxica de cianobacterias, que consumen el oxígeno del agua. Mueren asfixiadas.
Por otra parte, el hollín de los incendios forestales está lleno de HAPs, (Hidrocarburos Aromáticos Policíclicos): son cancerígenos y liposolubles: se acumulan en las grasas del consumidor. Y como remate, el suelo, desnudado por “tormentas de fuego” (superan los 1000º C de temperatura a nivel de las raíces), ya no tiene flora superficial alguna, ni siquiera bacteriana.
Así las cosas, la lluvia lixiviará fácilmente de las rocas y la tierra de dos de sus metales pesados más solubles: el hierro y el manganeso: ennegrecen el agua y le dan un regusto terroso. Pero como las cianobacterias de yapa habrán acidificado los embalses, los fondos lacustres lixiviarán también también mercurio, que entra lentamente a las cadenas tróficas como metilmercurio, mucho más tóxico.
Las cianobacterias Ud. las precipita con floculantes, pero le confieren al agua un insondable olor a podrido. Las sales de hierro, las de manganeso, el metilmercurio, las cianotoxinas y los HAPs son una sopa del demonio, muy difícilmente manejable en un proceso de potabilización común como el de las plantas entre “catchments” y las ciudades. Fueron construídas mayormente el siglo pasado, cuando nadie preveía estas quemazones bíblicas.
Los australianos anticipan malos tragos (en todo sentido). Ya lidiaron décadas con otras cenizas geográficamente acotadas a 18 lugares del país, pero tóxicas a rabiar: las dunas de escorias generadas durante un siglo y medio por las centrales termoeléctricas de carbón. De ese combustible los australianos quieren prescindir, o eso dicen. Creemos que podríamos darles una ayudita, pero deben seguir leyendo.
La ceniza de sus difuntos bosques hoy deja a las ciudades del SE entre la espada y la pared. Si sigue sin llover, faltará agua, y si llueve, especialmente si llueve mucho, la que tendrán será intomable. ¿Por cuánto tiempo? Ross Thompson, ecólogo de la University of Australia en Canberra especializado en aguas dulces interiores, cree que los “catchments” volverán a la normalidad… en una década. Eso suponiendo que no sucedan nuevas secas ni incendios, lo que –vistas las tendencias climáticas- es difícil.
Ante lo cual o bien los Aussies intercalan instalaciones de ósmosis inversa (OI) entre las plantas de tratamiento convencional y las redes de distribución urbana, o construyen otras aún más grandotas y potentes para desalinizar agua de mar en la costa. Tal vez deban hacer ambas cosas.
La ósmosis inversa (OI) pasa por comprimir agua a cifras muy altas (de 30 a 70 atmósferas) forzándola a fluir a través de membranas de tres capas enrolladas dentro de grandes baterías de tubos de acero. La que atrapa hasta los mínimos iones sodio y cloruro pero deja pasar moléculas de agua es la membrana interna, de poliamida de 25 micrones de espesor: a simple vista parece tan permeable como el vidrio. Y a bajas presiones, lo es.
Pero las presiones en las plantas de OI son de altas a muy altas, según la materia prima y según el producto deseado. Como las bombas presurizadoras devoran electricidad, máxime si el objetivo es agua potable, el país enfrenta un futuro energética y políticamente complicado: de aquí a dos décadas literalmente tendrá que beber electricidad, agua de mar y bastante pis (sic).
El concepto queda bien ilustrado con el siguiente video sobre la unidad de reciclado de aguas servidas de Sydney, llamada St. Mary’s. Ésta se alimenta de 58 millones de litros de aguas negras y da 50 millones de litros/día de producto final aceptable: es fisiológica y infectológicamente inocuo, aunque nadie dijo barato.
Debido al llamado “yuck factor” (“efecto asquito” en el público), St. Mary’s se abstiene de darle unos “saques” adicionales de OI que lleven el producto a potable, para luego distribuirlo a las canillas. Lejos de ello, St. Mary’s lo descarga al río Hawkesbury-Nepean, del cual Sydney Water extrae… sí, agua para volver a potabilizar (¿¿??). Bueno, es una decisión política, no técnica, pero muestra que en Sydney todavía hay agua y plata. Resulta contraintuitivo, pero en general sacar un producto bebible partiendo de aguas negras puede ser menos costoso que potabilizar agua marina. La tolerancia fisiológica humana ante la ingesta de agua salada es bajísima: es lo que suele matar de deshidratación a los náufragos.
El agua salada, por su parte, es físicamente más compleja de lo que pinta: la disociación de sal en aniones cloruro y cationes sodio, así como cloruro de hidrógeno e hidróxido de sodio, y la disociación del agua misma en radicales hidroxilo y protones, todo eso vuelve al agua salada un entrevero caótico pero estable de partículas eléctricamente cargadas que colisionan entre sí, o se disocian y asocian, y se rechazan y atraen. Es dificilísimo retrotraer ese caos al orden de sus componentes iniciales.
Hacerlo supone un trabajo energético feroz y sin final a la vista, si quiere llegar a un platito de sal seca por un lado y una jarra de agua purísima por otro. El objetivo límite de una planta como Kurnell, la desalinizadora que Sydney Water está reactivando de apuro, lo vota una mesa de sanitaristas, ingenieros y contadores: agua lo suficientemente bebible por un lado, salmueras hipertónicas a descartar por otro. Y a otra cosa. Y a qué precio. Esa planta de 45 hectáreas a lo sumo podrá proveer al 16% de los Sydneysiders (aclaración, no son un club de fútbol: simplemente los 5 millones de pobladores de la ciudad).
A dos semanas para que se abra la inscripción a la moratoria por deudas impositivas y de la seguridad social, que alcanzará a pymes, monotributistas y autónomos, la titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Mercedes Marcó del Pont, sostuvo que ese plan «no será un parche» -como consideró que fueron los programas de facilidades de pagos anteriores-, sino parte de una política más amplia: una estrategia tendiente a dar incentivos para que pueda haber más oferta de bienes y servicios en la economía.
«La moratoria se enmarca en una situación de crisis muy profunda del entramado productivo», afirmó el día en que fue publicada en el Boletín Oficial la reglamentación del plan aprobado por ley. Allí se contempla una condonación de multas e intereses y planes de pago de hasta 40, 60 o 120 cuotas para un monto de entre el 95% y el 100% de lo adeudado, dependiendo del tamaño del contribuyente y del mes en que se haga la adhesión.
La funcionaria anticipó que, por fuera de la moratoria, a mediados de este mes se lanzará un nuevo plan de pagos de deudas con el organismo, con condiciones más flexibles que las de los actuales y que incluirá a las grandes empresas. Y afirmó que puso un equipo a trabajar en un proyecto para aliviar el salto que implica pasar del monotributo al régimen impositivo general. El año pasado se había elaborado una iniciativa en ese sentido, pero finalmente no fue enviada al Congreso.
-Desde 2011 o 2012, cada vez que hubo mejoras resultaron repuntes temporales para volver a algún lugar donde ya habíamos estado, mientras que la economía no tiende a crecer a mediano plazo. ¿Por qué pensar que ahora puede haber algo distinto?
-Creo que hay una definición política que pone el eje en la producción y el trabajo. En los últimos cuatro años hubo un proyecto donde las condiciones para la rentabilidad no estaban en lo económico, sino básicamente en la timba financiera. El proceso de endeudamiento, valorización financiera y fuga ya se vivió en otras etapas de modelos neoliberales.
-¿Qué expectativas hay en cuanto al monto que ingresaría a la moratoria? [Cálculos de la AFIP indican que hay obligaciones impagas por $416.000 millones.]
-Es muy difícil estimar. Pero hay que pensar que si se seguía con la inercia se iba a generar un costo fiscal mayor, porque los incumplimientos podían llegar a ser mayores; hay que pensar el plan dentro de un contexto que busca generar crecimiento y más recaudación. Un aspecto relevante de la ley de solidaridad es el de recomponer parte de las distorsiones generadas por la reforma tributaria de 2017, que tuvo cambios regresivos, por ejemplo, en las contribuciones a la seguridad social y en Bienes Personales. De Bienes Personales se dice que recauda poco, pero en los últimos años hubo una falta de vocación de salir a captar recursos en los sectores de mayor capacidad. El blanqueo, por ejemplo, generó una base para hacer una tarea de seguimiento, de ampliación de la base imponible, y considero que eso se desaprovechó. Ahora volvemos a la tabla anterior de alícuotas de Bienes Personales y ponemos la alícuota especial para activos en el exterior, que tiene un sentido de incentivar la vuelta de parte de ellos.
-¿No se considera baja la base de 2 millones de pesos para empezar a tributar, teniendo en cuenta la inflación y la devaluación?
-No, porque nosotros hicimos un esquema de progresividad en las alícuotas. Se podría haber planteado subir la base, pero estamos en situación de emergencia económica y la ley de solidaridad pone ese punto en discusión con la sociedad: hay que hacer un esfuerzo compartido y la prioridad está en los sectores más débiles. A medida que la economía se ponga en funcionamiento vamos a poder revisar todo lo que sea necesario. Esta moratoria va a ayudar mucho y no va a ser un parche, sino que estará integrada a una serie de políticas para recuperar el crecimiento, dinamizar el mercado interno y tener un Banco Central que se ocupe de la economía real. Esta es una medida extraordinaria en un contexto fiscal muy complicado, que busca atender urgencias. Algunos sectores podrían demandar genuinamente y preguntar por qué a mí no, pero se están atendiendo prioridades.
-¿Cómo será el plan de facilidades de pago de deudas, por fuera de la moratoria, que incluirá a las grandes empresas?
-Lo estamos evaluando. En los planes que hubo hasta ahora la cuestión federal no aparece, y en realidad hay diferencias a nivel regional. Estamos tratando de avanzar en la definición de políticas para realidades distintas. Y trabajamos en el mix de cuotas y tasas de interés y en si habrá períodos de gracia o no. La diferencia con la moratoria es que no hay quita de intereses ni condonación de multas. Probablemente a mediados de este mes tengamos el plan listo.
-¿Cómo viene la recaudación del impuesto del 30% a las operaciones y a la compra de moneda extranjera?
-Al impuesto PAIS hay que pensarlo como un instrumento con un objetivo central y otros secundarios. Había quedado en evidencia el problema de la insuficiencia estructural de dólares; entonces el impuesto fue pensado con el objetivo de ahorro de divisas, con una contracara fiscal y una contracara virtuosa, que es el efecto reactivante que vemos en el turismo interno. En términos fiscales es temprano para conocer el efecto. El objetivo de este impuesto es cuidar los dólares, hay un control de cambios que ya había aplicado el gobierno anterior y luego aparece el encarecimiento del dólar turista y para atesoramiento.
-La administración de tipo de cambio basada en cupos de compra y un impuesto no parece ni está planteada como algo sostenible en el tiempo. ¿Cuál puede ser la salida de fondo?
-El desafío en un contexto de compromisos de deuda tan enormes es garantizar la estabilidad de la economía y la vuelta al crecimiento. En las cuestiones estructurales está lo que tiene que ver con la especialización productiva. En los últimos cuatro años se profundizó la enorme primarización y se está planteando el desafío de avanzar en políticas productivas que generen procesos de desarrollo tecnológico, sustitución virtuosa de importaciones e industrialización para la inserción en el mundo.
-En materia tributaria, una cuestión muy específica que se plantea hace años es la del diseño del monotributo y el salto que significa ir al régimen general cuando se pasan los límites; ¿hay algún proyecto sobre el tema?
-Tengo una comisión trabajando en el tema de monotributo, que fue creado como medio de inclusión y simplificación, pero que a lo largo del tiempo se ha ido transformando en lo que se denomina enanismo fiscal. Hay un salto muy grande al régimen general y estamos evaluando cuál es el puente que se puede generar. Con vocación por la formalización de gran parte del entramado productivo y comercial, trabajamos muy fuertemente con la tarjeta alimentaria, para que no solo haya efectos en el consumo, sino también para que eso pueda ser aprovechado por parte de los sectores comerciales más pequeños y, para eso, se necesita un programa de inducción y formalización, en el cual el monotributo tiene un rol muy relevante.
En 2019, las exportaciones agroindustriales argentinas facturaron 41.521 millones de dólares, lo que significa un crecimiento del 12,3 por ciento en comparación con los 36.962 millones de dólares que el sector había aportado en 2018. Representa un incremento de las ventas al exterior de poco más de 4.500 millones de dólares, según el último informe «Intercambio Comercial Argentino» del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC).
El grueso de este aumento provino de los productos primarios, cuyas operaciones se expandieron 25 por ciento, de 14.021 millones de dólares a 17.540 millones de dólares.
Las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA), en tanto, tuvieron una variación más modesta: 4,5 por ciento, al pasar de 22.941 millones de dólares a 23.981 millones.
Ránking
El INDEC resumió cuáles son los rubros agroindustriales y productos que más crecieron en comercio exterior el último año. El listado es el siguiente:
Semillas y frutos oleaginosos. Fundamentalmente, porotos de soja excluidos para siembra; y otros maníes crudos. Sumaron 2.318 millones de dólares.
Cereales. Principalmente maíz en grano y cebada. 1.864 millones de dólares más.
Carne y despojos comestibles. En particular carne bovina, deshuesada, congelada; trozos y despojos de gallos o gallinas; y cortes de carne bovina congelada, sin deshuesar. 1.230 millones de dólares más.
Grasas y aceites. Principalmente aceite de soja en bruto; aceite de girasol; y mezclas de aceites refinados, en envases. 716 millones de dólares más.
Productos de la molienda. Esencialmente malta sin tostar y harina de trigo. 78 millones de dólares más.
Soja. En lo que respecta específicamente al producto estrella de las exportaciones argentinas; es decir, la soja, el conjunto de las exportaciones de este complejo oleaginoso facturó 16.494 millones de dólares, 13,8 por ciento más que en 2018. Esta cifra contempla las operaciones de poroto de soja, aceite, harina y biodiésel.
Lo que más crecieron fueron la cantidad de semillas (176,6 por ciento), seguidas por el aceite (27,4 por ciento) y la harina (15,3 por ciento). En cambio, las ventas de biodiésel bajaron 26,9 por ciento.
«Estamos reunidos constantemente con la OPS/OMS (Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud) para tomar las medidas necesarias. Nuestro país no tiene casos. Los mecanismos de control están en alerta pero no han sido utilizados hasta el momento”, aseguró Ginés González García, ministro de Salud de la Nación, en una conferencia de prensa.
“Nuestra mirada epidemiológica está puesta en los aeropuertos. Y estamos trabajando con Migraciones para hacer los controles necesarios que permitan detectar a personas que ingresen con sintomatología compatible con el nuevo virus».
El hospital cercano al aeropuerto internacional preparó una sala de aislamiento para un eventual caso de coronavirus. Y las autoridades sanitarias ya definieron protocolos de actuación para los equipos de salud en lo que compete al manejo, traslado, aislamiento y diagnóstico de los pacientes.
En primer lugar, se considera caso sospechoso a todo paciente con infección respiratoria aguda grave (fiebre, tos y requerimiento de internación) y haya viajado o haya estado en Wuhan o en zonas con circulación viral activa en los 14 días anteriores al inicio de los síntomas; o un paciente con enfermedad respiratoria aguda que dentro de los 14 días previos al inicio de la enfermedad tuvo contacto físico cercano con un caso probable o confirmado de infección por 2019 nCoV.
La OMS recomienda que a todos los pacientes sospechosos se les realice aislamiento en centros hospitalarios. Esto implica la internación, hasta que los resultados de laboratorio confirmen, o descarten, el diagnóstico.
Debido a que la dinámica de transmisión aún no se ha determinado, se debe proveer al paciente de un barbijo quirúrgico tan pronto como se identifique. Ante un caso sospechoso, se deberá en primer lugar descartar influenza por técnica de PCR. El Instituto Malbrán será el laboratorio de referencia para la caracterización viral correspondiente. “No existe un tratamiento antiviral específico recomendado para la infección 2019-nCoV. Las personas deben recibir atención para aliviar los síntomas».
«Para casos severos, el tratamiento debe incluir soporte de las funciones vitales”, destaca el protocolo elaborado por el ministerio.
Equipamiento. En tanto, la cartera sanitaria bonaerense dispuso dos centros especializados para detectar rápidamente cualquier caso sospechoso que se presente: el Zonal General de Agudos Alberto Eurnekian de Ezeiza, por la cercanía con el aeropuerto internacional, y el Antonio Cetrángolo de Vicente López. Y la Ciudad de Buenos Aires dispuso al Hospital Muñiz como su centro de referencia.
“Hay preparadas dos salas especiales para cualquier paciente que ingrese con síntomas de esta enfermedad, identificadas como ‘zona de aislamiento´, y cuentan con los insumos indispensables en estos casos que son; barbijos, antiparras, camisolín, botas y gorros para prevenir el contagio del personal sanitario y de limpieza”, explicó Juan Ciruzzi, director del hospital de Ezeiza. “Las habitaciones están equipadas con la aparatología correspondiente para que, en caso de que sea se necesario realice una respiración mecánica asistida, debido a que estas infecciones habitualment suelen complicarse y derivar en neumonías, con posibles shocks sépticos”, agregó.
(Si el 3 de noviembre de este año los votantes estadounidenses confirman a Trump o eligen algún otro, es -nos guste el hecho o no- un dato importante para los argentinos. Y para el resto del globo. Por eso resumimos esta informada nota de Sergio Lanzafame.)
«La carrera por la presidencia de Estados Unidos arranca este lunes 3 de febrero con las elecciones primarias de los partidos republicano y demócrata en el estado de Iowa. Todos los focos estarán en la contienda Demócrata ya que la abrumadora mayoría del oficialismo tiene decidido apoyar la reelección de Donald Trump.
Por el particular sistema electoral estadounidense, las internas se resuelven a lo largo de cuatro meses y bajo diversas formas de votación, en los distintos estados de la Unión. El calendario inicia en el poco poblado Iowa, en el centro del país y sigue hasta el 6 de junio en las Islas Vírgenes
El punto más alto es el 3 de marzo, cuando votan 15 estados en el llamado “supermartes”. Ese día habrá internas en California y Texas, dos de los que aportan, junto con Nueva York, más delegados a las convenciones demócrata y republicana.
Cada estado utiliza el sistema electoral que prefiera. Elecciones abiertas, donde votan todos los ciudadanos del distrito, y cerradas, donde votan sólo los afiliados. También hay diferentes modalidades como boleta de papel, sistema electrónico y/o voto por correo. Además, 11 estados lo resuelven a través de una reunión partidaria denominada “caucus”, donde los afiliados votan de manera presencial a mano alzada o con un papel.
Que sea Iowa, una región con abrumadora mayoría de blancos y campesinos, el lugar donde arranca la contienda sólo responde a una tradición. Aunque muchos critican que se otorgue una importancia desmedida a este pequeño, demográficamente hablando, y poco representativo distrito, el resultado allí suele condicionar el rumbo de la elección general, al dar una sobreexposición a los ganadores y debilitar la imagen de los perdedores.
Igual, está lejos de ser una elección definitiva. Son numerosos los casos de candidatos que perdieron en los estados iniciales y luego se impusieron. Por otra parte, muchos candidatos abandonan cuando visualizan que ya no tienen chances, por lo que los últimos distritos en votar suelen tener muchos menos postulantes.
Republicanos:
Si el proceso de impeachment fracasa, y nadie espera que prospere, el actual presidente Donald Trump (73 años) es el casi seguro candidato del Partido Republicano. Al punto que muchos estados decidieron cancelar sus internas para proclamar su apoyo total al actual mandatario. No obstante, el partido presentará otros dos contendientes: el ex congresista del ultraconservador Tea Party, Joe Walsh (58 años) y el libertario William Weld (74 años). Aunque las últimas encuestas muestran que la reelección no está asegurada, ya que tiene ventaja la suma de los principales postulantes demócratas, también es cierto que la campaña recién comienza y que la figura presidencial suele tener un peso electoral fuerte.
Por lo pronto, los números de la economía le sonríen. Trump logró en sus tres años de gobierno la menor desocupación en 60 años (3%) y un PBI que no para de subir; logró encadenar más de 130 meses consecutivos de crecimiento. Más allá de los escándalos, las guerras comerciales y las declaraciones altisonantes, el oficialismo descansa en estos números para lograr el segundo mandato del magnate neoyorquino.
La alternativa demócrata
La verdadera pelea de fondo estará en el bando demócrata. Como dice el Washington Post «para decidir cuál es el último candidato demócrata en pie». Y nadie descarta sorpresas a medida que las primarias avancen.
Los precandidatos con más chances hasta ahora -según las encuestas- son el ex vicepresidente de Obama, Joe Biden (76 años); el autodeclarado socialista y principal competidor de Hillary Clinton en 2016, Bernie Sanders (78 años); la académica progresista Elizabeth Warren (70 años); el multimillonario Michael Bloomberg (77 años) y el representante de las nuevas generaciones -con fuertes apoyos de las firmas de Silicon Valley- Pete Buttgieg (38 años).
Andrew Yang (45 años), Amy Klobuchar 58 años), Tulsi Gabbard (38 años), Tom Steyer (62 años), Deval Patrick (63 años), John Delaney (56 años) y Michael Bennet (55 años) completan el listado de precandidatos demócratas.
Las últimas encuestas muestran un avance del eterno candidato independiente, Bernie Sanders, desafiando el macartismo aún vigente en esa sociedad. Con el arrastre de su excelente performance de 2016 cuando remontó una gran desventaja contra Hillary Clinton y estuvo a un paso de ganarle, tiene la desventaja de ser el postulante de mayor edad y haber sufrido hace poco un ataque cardíaco, lo cual no suele ser bien recibido por los votantes. El promedio de las encuestas le otorga un 20% de intención de voto.
De todas formas, el candidato considerado más probable por los analistas sigue siendo el ex vicepresidente Biden, quien cuenta con el apoyo de la mayor parte del establishment del partido y tiene muy buena imagen entre los votantes independientes. Los sondeos marcan un 28% como media.
La candidata Warren es la preferida por el ala izquierda del partido, aunque en las últimas semanas las encuestas la muestran algo rezagada. Con un 15% de apoyo promedio mantiene las esperanzas.
Buttgieg puede ser la sorpresa. Este joven alcalde de Indiana es veterano de guerra, políglota, religioso y abiertamente homosexual. Con un discurso volcado hacia los sectores rurales de la Norteamérica profunda, lleva varias semanas mejorando en los sondeos preelectorales. Algunas encuestas lo llegan a ubicar en tercer lugar con 15%, aunque el promedio le dé bastante menos.
Las chances del Partido Demócrata en las generales del 3 de noviembre dependerá mucho de quién sea finalmente el candidato. Este año, como nunca antes, la diversidad de la oferta electoral opositora muestra proyectos que oscilan fuertemente entre el populismo de izquierda (por lo menos, así califican ahí a Warren y Sanders) y el liberalismo conservador (Michael Bloomberg). . Ahora, en Iowa, el candidato Sanders muestra ventaja sobre Biden. Las últimas encuestas dicen que obtendría cerca del 30% y superaría por 7 u 8 puntos a su principal rival. El tercer lugar lo pelean Buttgieg, Klobuchar y Warren con algo más del 10% cada uno. Claro, todo esto es según las encuestas, que no se han mostrado infalibles tampoco en EE.UU.»
El gobierno nacional comenzó gestiones para negociar la posible compra de un submarino con las autoridades navales de Noruega. El ministro de Defensa Rossi había anticipado hace tres semanas la voluntad de comprar otro submarino «para que la Armada no pierda su capacidad náutica».
Las negociaciones con Noruega apuntan a la adquisición de un submarino » ya construido y probado en el terreno». La posibilidad de entablar negociaciones con Noruega fue planteada por la propia Armada Argentina.
Desde la tragedia del ARA San Juan, la Argentina se quedó sin submarinos operativos. El ARA Santa Cruz, gemelo del ARA San Juan, se encuentra desde hace tiempo desarmado en el complejo Tandanor, sin perspectivas de una inmediata reparación. Y el ARA Salta, que en febrero de 2014 emergió sorpresivamente en medio de una competencia de veleros cerca del Puerto de Mar del Plata, no tiene capacidad para navegar.
Así quedaría sin efecto el acercamiento que el gobierno de Macri había iniciado con el presidente de Brasil, Bolsonaro, para la cesión de cuatro unidades, en un acuerdo destinado a garantizar el patrullaje conjunto en el Atlántico Sur. Los ministros de Defensa de ambos países firmaron, incluso, una carta de intención en junio de 2019.
De todos modos, aún el diario La Nación, predispuesto a favor de la propuesta, señala que no había acuerdo sobre dónde realizar las importantes reparaciones necesarias a esos submarinos. «Brasil proponía hacerlo en su astillero naval y la Argentina sostenía que, al menos, uno debía ser reparado en Tandanor«. Tampoco había coincidencias en otro tema sensible: el estado de las baterías. «Si había que cambiarlas, había que pensar en una inversión de más de un millón de dólares», reveló una fuente naval.
Por su parte, la publicación especializada Info Defensa, señala que el submarino que puede vender Noruega tampoco es una solución definitiva. Los que usa la Royal Norwegian Navy, y piensa reemplazar, son para operaciones costeras. Agregamos nosotros que Argentina tiene extensos territorios submarinos a explorar y defender.
El hecho es que desde hace dos años, por falta de medios propios, la Armada Argentina realiza el adiestramiento de sus submarinistas en escuelas navales de Perú y de Brasil, a partir de convenios suscriptos para esa finalidad.
La firma Industrias Metalúrgicas Pescarmona (IMPA) afrontó un largo y complejo proceso de reestructuración de deuda que incluso la llevó a fines del año pasado a reprogramar el pago de intereses con sus acreedores. Ahora, anunció que busca inversores locales e internacionales para desprenderse del 100% de sus activos.
Según informó la propia empresa en una comunicación enviada a la Comisión Nacional de Valores, designó a Columbus Zuma -una agencia de asesoramiento de inversión creada por banqueros locales- como “Asesor Financiero” en este proceso. Una consecuencia sería que la familia Pescarmona pierda su participación en la sociedad que fundó en 1907, hace 113 años.
Actualmente, el 65% de las acciones de Impsa están controladas por un fideicomiso de inversores institucionales internacionales (Banco Interamericano de Desarrollo, Export Development Canada y bonistas internacionales, entre otros) y nacionales (Banco de la Nación Argentina, BICE, tenedores de ON, entre otros). Todos ellos están de acuerdo en vender la firma metalúrgica, lo que necesariamente incluiría a la familia Pescarmona, dueña del 35% restante de Impsa.
Según los registros del BCRA, a diciembre de 2019, los créditos tomados por la empresa con entidades financieras locales ascendían a poco más de $ 3.700 millones. El 82% corresponde al Banco Nación y se encuentra en situación 5 (irrecuperable). Así es que el Estado argentino es actualmente uno de los acreedores clave de la empresa y sigue de cerca el desarrollo de sus negocios. Incluso en el sector se especula con la posibilidad de que se quede con alguna de las operaciones de IMPSA.
La debacle de IMPSA se precipitó en 2014 cuando se declaró en default con deudas que superaban los u$s 1.000 millones. Luego de negociaciones la empresa logró una reestructuración de deuda que llevó a sus pasivos a menos de la mitad, pero en el proceso la familia Pescarmona perdió la participación mayoritaria en la compañía. Con el correr de los años, la firma mendocina tampoco consiguió estabilizarse ante los cimbronazos de la cambiante economía argentina y ahora todos sus activos muestran cartel de venta.
En la nota enviada a la CNV a fin de diciembre último, la empresa apuesta a la “concreción de un proceso ordenado de búsqueda de inversores, tal como se acordó en la reestructuración de deuda completada en abril de 2018”.
Aunque el proceso recién arranca, desde el sector adelantan que hay varias firmas interesadas para quedarse con los activos de Impsa, aunque aún nadie hizo una oferta concreta. “Son procesos largos en los que se evalúan todas las posibilidades que hay en el mercado, pero la empresa sigue funcionando con normalidad.»
El actual CEO es Juan Carlos Fernández, nombrado por el fideicomiso de acreedores. Afirma que «el objetivo es mantener el sitial que ha ocupado durante décadas en la vanguardia del desarrollo tecnológico en materia de energía hidroeléctrica, nuclear y otras energías renovables«. La compañía emplea en forma directa a más de 500 personas.
El personaje
Enrique Pescarmona es nieto del fundador de la metalúrgica Impsa. Durante su gestión al frente de la empresa familiar se ocupó de impulsar la internacionalización de sus negocios. Extendió sus operaciones a Venezuela, Colombia, Malasia y Estados Unidos.
Pescarmona declaró el año pasado como arrepentido en la causa de los cuadernos, pese a que ya no tenía el control de la empresa. Argumentó que se había visto obligado a realizar pagos para destrabar desembolsos por operaciones de la compañía en Venezuela durante el Gobierno de Hugo Chávez.
Corresponde agregar que desde hace casi medio siglo que IMPSA – Pescarmona se ha financiado con créditos en los bancos oficiales, que habitualmente renegociaba.