Más de 9 millones de trabajadores informales en Argentina

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Según un informe del INDEC, la tasa de informalidad promedio es de 42%, pero llega al 62% entre los cuentapropistas; el problema está mencionado en el documento del FMI, que pide una reforma laboral.

El 42% de las personas que trabajan, ya sea bajo relación de dependencia o por cuenta propia, está en la informalidad. O bien, según la definición dada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), “desarrolla sus actividades al margen de las normas que las regulan”. Si se observa el universo solo de los cuentapropistas, el índice trepa al 62,4%, mientras que entre los asalariados la tasa de los que no tienen aportes es de 36,1%.

Esos índices, elaborados por el instituto oficial de estadística y difundidos hoy por primera vez, surgen de los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y corresponden al cuarto trimestre de 2024. Solo en los 31 centros urbanos incluidos en el relevamiento, eso implica que las personas con ocupaciones informales son 5,7 millones. Si se extrapola el dato a la población total de la Argentina, la estimación hecha indica que los trabajadores sin registro son algo más de 9 millones.

La tasa promedio de informalidad del cuarto trimestre del año pasado fue más elevada que la de los últimos meses de 2023, cuando había llegado a 41,4%, de acuerdo con lo difundido hoy. Y, a la vez, resultó algo más baja que la del tercer trimestre del año pasado, de 42,6%. El nuevo informe consigna datos a partir del cuarto trimestre de 2023.

El problema es más grave en la población joven: entre los ocupados que tienen hasta 29 años, el 58,7% está en la informalidad, en tanto que el índice es de 36,5% entre quienes tienen de 30 a 64 años, y de 49,5% entre los ocupados de 65 años y más.

El rubro de servicio doméstico es el que tiene la mayor tasa de informalidad laboral
El rubro de servicio doméstico es el que tiene la mayor tasa de informalidad laboralShutterstock

Además, la estadística muestra que entre las mujeres la tasa de ocupación informal es más alta que entre los varones. En el primer caso, el índice es de 43,4% y en el segundo, de 40,9%, frente al ya mencionado promedio de 42%.

Problema de vieja data

La fragilidad del mercado de trabajo es un problema persistente en la Argentina y está mencionado en el staff report del acuerdo entre el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el gobierno argentino, aprobado por el directorio del organismo internacional el viernes último. En el escrito, incluso, se menciona un dato aun más grave de la realidad laboral, que está en línea con algunas estimaciones hechas en los últimos años desde centros de estudios del sector privado o académico. “A pesar de estas importantes mejoras, la pobreza sigue siendo elevada (especialmente entre los niños) y más de la mitad de la fuerza laboral trabaja en el sector informal”, señala el documento.

El reporte del FMI valora lo que a criterio de los técnicos del organismo fueron “reformas encaminadas a una mayor flexibilidad para negociar salarios y para el régimen de indemnizaciones por despido a nivel sectorial”, para luego mencionar que “se considera una reforma más amplia de los mercados laborales”.

Las reformas aprobadas aludidas son las que se incluyeron en la ley de Bases aprobada en 2024, que, entre otras cuestiones, establecen la vigencia de tres alternativas para reemplazar -acuerdo de partes mediante- el esquema tradicional de indemnizaciones por despido, que a su vez sigue en pie para quienes no acepten estar en un régimen opcional, y también, en general, para el personal fuera de convenio.

Según el Fondo, esos cambios “deberán complementarse con una reforma del sistema tributario, así como con políticas activas del mercado laboral para apoyar la movilidad de los trabajadores hacia sectores con mayor potencial y mayor ventaja comparativa”.

En los últimos años, el empleo asalariado formal en empresas privadas prácticamente no creció en la Argentina, según demuestra la estadística del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). En diciembre último, según el dato más reciente disponible, la cantidad de puestos en ese segmento era muy similar a la del último mes de 2015.

En el caso de los asalariados informales, la tasa se mantiene por arriba del 35% desde que se recuperó el empleo tras la crisis de la pandemia. Antes del período marcado por la crisis del Covid-19 (en el que la tasa bajó, pero solo porque se perdieron más empleos informales que formales), la informalidad volvió a crecer y llegó a ubicarse en niveles más altos que los registrados hasta 2019. Y, tal como informó LA NACION días atrás, la realidad es heterogénea dependiendo del lugar del país que se observe. Mientras en la ciudad de Buenos Aires el índice al tercer trimestre de 2024 fue de 23,6%, en el conurbano bonaerense trepó a 39% y en la ciudades de Salta y Concordia (Entre Ríos), a más de 48%, según datos basados en la EPH y elaborados por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el Conicet.

Al tratarse de trabajadores sin aportes a los sistemas de seguridad social y de salud, el problema impacta con fuerza sobre el sistema previsional. Y es parte del porqué en los últimos 20 años avanzó de manera muy significativa el número de jubilaciones otorgadas por la Anses a quienes hicieron uso de moratorias, por llegar a la edad de retiro sin contar con la cantidad de contribuciones exigida por la ley. Del total de beneficios jubilatorios que están hoy en curso de pago, el 67% fue conseguido con moratoria, por pocos o por muchos aportes faltantes.

Los sectores con mayor informalidad

El nuevo documento sobre el mercado laboral del Indec desagrega los datos de informalidad según sectores de la actividad. Y revela que la tasa más elevada se da en el servicio doméstico, rubro en el cual la falta de registro alcanza al 77% de quienes trabajan. Le sigue la construcción, con un 76,6%, y en tercer lugar se ubica el sector de los hoteles y restaurantes, con 63,2%.

Más cerca del índice promedio se ubican el comercio, con 51,9%, y la industria manufacturera, con un índice de 36,1%. En los servicios sociales y de salud, en tanto, la informalidad llega al 24,8% de las ocupaciones, y en la enseñanza, al 13,3%.

En los servicios de salud el índice de informalidad laboral es inferior a la tasa promedio de toda la actividad económica
En los servicios de salud el índice de informalidad laboral es inferior a la tasa promedio de toda la actividad económicaPexels

La mayor variación con respecto a los datos relevados en el cuarto trimestre de 2023 se dio en los hoteles y restaurantes, dado que en ese rubro en aquel momento la tasa había sido de 53,2%, en tanto que al segundo trimestre del año pasado ya había subido a 56% (y en el cuarto fue, como se consignó, de 63,2%).

En cuanto al lugar físico donde realizan sus tareas los informales, el 45,2% dijo que en un local determinado y con un puesto laboral fijo; el 20,5% “en la vivienda del patrón o cliente”, y el 15,3%, en su vivienda y sin tener un espacio exclusivo para la actividad. Quienes no se incluyeron en esas tres respuestas dijeron que trabajan en “vehículos de transporte” (7,9%); en su vivienda usando un espacio exclusivo (5%); en un lugar no fijo o de manera ambulante (4,9%), o en “otros lugares” (1,2%).

Los datos sobre el nivel educativo indican, por su parte, que un tercio de los informales tiene el ciclo secundario completo, y cuatro de cada diez solo el nivel primario (completo o incompleto) o el secundario incompleto, en tanto que uno de cada cuatro cursó estudios de nivel terciario o universitario. Entre los ocupados con aportes a la seguridad social, más de 54% se ubica en este último grupo, en tanto que un 29% completó el ciclo secundario, y un 16,4% tiene secundario incompleto o un nivel educativo inferior.

Silvia Stang

CEPA: Nuevo préstamo del FMI: esquema cambiario y expectativas

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Tal como mencionamos en distintas oportunidades, el esquema cambiario con 1% de crawling mensual era insostenible. Las dificultades para encontrar nuevos “puentes” de dólares para sostener la apreciación (derivada de la propia estrategia anti-inflacionaria con ancla cambiaria y fiscal elegida por el gobierno) implica el fin del crawlinga costa de un salto en el nivel de precios. El acuerdo con el FMI resultaba incompatible con este atraso cambiario.

Riesgos cambiarios y de sector externo

  • La cuenta corriente negativa luce poco sostenible para ser financiada indefinidamente por la cuenta financiera.
  • No hay salida completa de cepo, sino parcial. Hay stocks contenidos que no tienen salida. Esto implica una presión adicional sobre la demanda futura de dólares por stocks y dividendos de empresas.
  • Los stocks de vencimientos de deuda en pesos de corto plazo podrían generar incertidumbre en el mercado cambiario. El gobierno deberá estirar duration.
  • El plan de mediano plazo, acordado entre el FMI y el gobierno, es encontrar un nuevo “puente” de dólares, pero esta vez hasta 2030. Para ese objetivo, Argentina deberá acumular una buena cantidad de dólares y lograr acceso a los mercados de crédito a partir de 2026.
  • En el largo plazo, Argentina tiene por delante importantes vencimientos que afrontar con un aumento de la exposición del sector público a deuda externa. El contexto internacional luce desafiante. El nivel de riesgo país podría condicionar el rolleo de la deuda. Según el propio organismo, el acuerdo es “poco sostenible” para su repago.

Para acceder al informe completo, hacer click aquí.

Córdoba negocia con ANSES para cobrar deuda previsional: en tierras, la Central de Embalse,…?

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Plan A: plata fresca. Plan B: plata en bonos. Plan C: bienes. La peor de las hipótesis: nada. Esa es la paleta de opciones que las autoridades provinciales configuran que podrá darse en la audiencia que la Corte Suprema de Justicia organizó para el próximo 23 de abril.

Ese día, a las 11, se dará el primer encuentro de conciliación entre el Gobierno de la Provincia de Córdoba y la Administración Nacional de la Seguridad Social, a dos años desde que el entonces gobernador Juan Schiaretti entablara una demanda por los fondos adeudados de Anses al sistema previsional de Córdoba.

Estará presente el ministro de Finanzas, Guillermo Acosta; el fiscal de Estado, Jorge Córdoba; el titular de la Caja de Jubilaciones, Adrián Daniele y los asesores letrados del organismo. No está resuelto aún si asistirá el gobernador Martín Llaryora. De la contraparte, se prevé que asistan las autoridades de Anses.

Será la primera de lo que se supone serán varias audiencias, aunque hay dos datos alentadores. El primero, la jurisprudencia de la misma Corte por el mismo caso. En 2012, José Manuel de la Sota hizo idéntico planteo ante el máximo tribunal, que falló a favor de la Provincia.

En 2015, la gestión de Mauricio Macri saldó esa deuda y cumplió con el corazón del acuerdo: giros mensuales y actualizados por movilidad. Alberto Fernández pagó, pero nunca actualizó los envíos, que se fueron licuando.

El segundo dato que genera expectativas en el Gobierno es que hay conversaciones avanzadas ya con el Ejecutivo nacional sobre cómo se podría arribar a un acuerdo. Acosta viene dialogando con el secretario de Hacienda de la Nación, Carlos Guberman.

Incluso, fue el propio ministro de Finanzas, Luis Caputo, el 7 de marzo pasado, el que subió una foto en X con Llaryora y la promesa textual: “Avanzaremos prontamente con la firma del Régimen de Extinción de Obligaciones Recíprocas”.

Qué significa eso

Este régimen, Reor, fue creado por el presidente Javier Milei para que el Estado Nacional pueda cancelar deudas que tiene con las provincias y ciudad de Buenos Aires a cambio de tierras, empresas, rutas y otros bienes que son propiedad de Nación y que puedan ser interés de las jurisdicciones. Córdoba adhirió por ley a este régimen a fines del 2024.

En el Gobierno provincial tienen dos urgencias: que se resuelva el stock de deuda y que se empiece a normalizar el flujo mensual de aportes. Pero también saben, porque eso les han dicho, que no hay plata. Sería lo deseable, pero reconocen que en este contexto no es lo posible.

Aparece entonces el plan B. Y acá viene la sorpresa: fuentes del Gobierno provincial sostienen que, ahora que Epec es sociedad anónima, hay bienes que tiene Nación y sería de interés que pasen al patrimonio del Estado provincial, como la Central Nuclear de Embalse de Río Tercero, propiedad de Nación a través de Nucleoeléctrica.

Esta empresa, que además es dueña de Atucha I y Atucha II, es una de las unidades sujetas a privatización por Nación. Y aunque Atucha está cerca de su vida útil, no descartan que Epec pueda convertirse en una operadora de energía nuclear, en paralelo a lo que es su mayor ambición, que son las energías renovables, especialmente las generadas por la biomasa del campo cordobés.

Eso no es todo: también se negocia la transferencia de viviendas hechas en el marco del Procrear, que no fueron terminadas y que están en cabeza del banco Hipotecario, que esta evaluando pasar a remate.

Hay también innumerables inmuebles que son propiedad de Nación y tierras en diferentes zonas de la provincia. Hay una que se mira con especial interés, al menos de manera parcial: la Reserva Natural de Defensa La Calera, que es propiedad del Ejército Argentino y que se utiliza para maniobras militares. Son 11.377 hectáreas ubicadas entre las Sierras Chicas y su piedemonte oriental, la ciudad de Córdoba, Villa Carlos Paz, el Camino de las Cien Curvas y el río Suquía y la autopista Córdoba – Carlos Paz.

Parte de esa reserva se debería remediar por las prácticas de agricultura que se hicieron años atrás y faltan trabajos de remediación pos incendios y en especial, para evitar fuegos futuros. En la Provincia imaginan poner en valor ese gran pulmón verde, con alguna zona de acceso a los ciudadanos, siempre conservando el patrimonio natural que eso significa.

No descartan incluso que se pueda negociar la transferencia de Fadea con las instalaciones que tiene en Falda del Cañete, a los fines de proyectar una Fadea aeroespacial, pero debieran estar cerradas las cuestiones administrativas entre Defensa y el Ejército por los contratos del Hércules y el Pampa.

¿De cuánta plata hablamos?

Los montos son el gran punto en discusión. Las empresas valen por el flujo de ingresos que generan, mientras que los inmuebles tienen un valor algo más objetivo, en función de su ubicación y potencial. El punto es qué deuda le reconoce la Nación a Córdoba.

Lo primero por señalar es que todo el cálculo en danza ha sido realizado por la misma Caja de Jubilaciones. Anses desde 2019 que no se asoma a auditar ni certificar los balances, a pesar de que Córdoba envía religiosamente todos los meses los números.

El rojo a cubrir surge de simular que todos los beneficiarios del sistema previsional aportan lo mismo que los beneficiarios de Anses y ergo, reciben el ingreso que les pagaría Anses, como si estuviesen transferidos.

En Anses, falta plata, porque la diferencia entre los aportes y contribuciones y la masa de haberes se cubre con impuestos del fisco nacional. Ese rojo, es el que tiene que asumir Anses. Y si hay beneficios excepcionales entre los jubilados provinciales, los debe cubrir el Tesoro provincial.

El déficit que calcula la Caja para los años 2020 a 2024 es de 940 mil millones de pesos; 981 mil millones a febrero pasado, monto actualizado por movilidad previsional.

En tanto, al mes, Anses debiera enviar 20 mil millones de pesos, que equivalen a 15% de la masa de haberes mensual. Desde que asumió Milei, no ingresó un solo peso de esos envíos y el faltante complica el día a día de la administración.

Llaryora pretende la mayor cantidad de plata fresca posible y canjear deuda vieja por bienes, en el marco del Reor.

Un título de deuda, por el momento, está descartado. Nación se resiste a incrementar deuda y el gobernador quiere un beneficio tangible, de corto plazo.

El temor de las autoridades locales es que Nación alegue desconocer la deuda, más allá del monto que sea, dado que no está determinada.

El punto es que hay 13 provincias con atrasos similares. A algunas se les ha reconocido el 2020, pero otras todavía están discutiendo el 2018.

En el 2024, el rojo previsional de Córdoba fue de 330 mil millones de pesos, sobre un gasto total de 1,3 billón.

Eso significa que al sistema provincial de jubilaciones local le falta el 25% de sus ingresos. Se cubrieron con el ahorro que genera el diferimiento, los aportes solidarios, ingresos brutos adicionales a la actividad financiera y aportes extra a algunos sectores.

Laura González

Trumpazo al mentón: el impacto de la guerra comercial en el esquema Milei-Caputo

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Todo Marcha Acorde al Plan es una de las frases de cabecera de los funcionarios del Gobierno. El tema es que suena más un latiguillo para tratar de traer calma a los mercados que otra cosa. Porque parece difícil sostener que en los últimos meses todo marchó de acuerdo al plan si se advierte que la inflación se incrementó, el Banco Central perdió más de USD 5.000 millones de reservas y el riesgo país se incrementó casi 400 puntos.

La respuesta del Gobierno es que el proceso no es lineal y reconoce que hay momentos de tensión y momentos de tranquilidad, lo cual es cierto. Muchas veces esos momentos de tensión son el resultado de la propia dinámica de la economía argentina, pero otras veces son provocados por shocks externos. El tema es que, por definición, el Gobierno no puede saber con precisión cuándo se producirán esos shocks ni su magnitud, porque justamente se le llama shock a un evento atípico e impredecible que es lo suficientemente relevante como para tener un impacto en las economías de los países. Estamos en presencia de uno de los shocks más grandes de la historia, al que vamos a denominar “Trumpazo”.

Santiago Bulat explicó muy bien acá todo el trasfondo del aumento de aranceles por parte de los Estados Unidos. Yo solo quisiera agregar dos gráficos para poner en perspectiva la magnitud del asunto. Primero, el impactante incremento de las tarifas efectivas que ahora pasa a cobrarle Estados Unidos al resto del mundo. Aun teniendo en cuenta la marcha atrás que anunció Donald Trump el miércoles (solo se mantiene el aumento base del 10% de aranceles aplicados a todos los países, salvo China, y el 25% para rubros puntuales, mientras que los incrementos restantes que se habían anunciado el 2 de abril se postergan por 90 días), la tarifa efectiva se multiplicó por seis, siendo la más elevada en casi 100 años.

Arancel efectivo promedio (en %)

Fuente: BCA Research.

El impacto que esto va a tener en el comercio internacional es sumamente relevante. Como referencia, Estados Unidos representa el 25% del PIB mundial y 15% del comercio internacional. Y si bien las negociaciones continúan y es probable que su efecto en la producción y el comercio tarden unos meses en materializarse, su impacto en los mercados financieros fue inmediato y sumamente brusco. Ahí aparece el segundo gráfico, que muestra la evolución del Índice Vix (que mide el grado de volatilidad y de incertidumbre que hay en los mercados financieros). Como pueden apreciar, los anuncios –y sus contramarchas- generaron un pánico en los mercados similar al de los shocks más grandes de la historia reciente (el Covid-19 y la Crisis Subprime).

Índice VIX

Fuente: Elaboración propia en base a Bloomberg.

¿Qué tanto puede afectar a la economía argentina? Si miramos nuestra relación comercial con Estados Unidos (representa solo el 8% del comercio total), uno podría pensar que sus consecuencias serían leves. Sin embargo, eso pierde de vista los impactos más relevantes, que son los efectos indirectos que todo shock económico –y más uno de esta envergadura– generan.

Esto está bastante estudiado en la literatura. Por ejemplo, este trabajo del FMI estudia los efectos de los shocks que se produjeron entre 1990 y 2011 y encuentra varios patrones que se repitieron en todos los eventos. Los shocks provocan, por un lado, un aumento del riesgo país para las economías emergentes (lo que encarece el acceso a financiamiento externo) y una salida neta de capitales desde estos países hacia los más avanzados y, por otro, la caída de la actividad industrial en los países más desarrollados y de los precios internacionales de las materias primas (ambos elementos se traducen en una caída de las exportaciones de los países emergentes). Todo esto lleva a una fuerte pérdida de divisas, provocando una depreciación del tipo de cambio (o una importante caída de reservas del Banco Central, si es que decide absorber la presión desprendiéndose de parte de las mismas).

Mecanismos de transmisión de un shock externo combinado

Un comportamiento muy similar se observó acá desde el anuncio de las medidas. Dada la velocidad con la que se mueven las variables financieras, allí estuvieron los primeros efectos palpables. El dólar financiero aumentó 4% en una semana (podría haber sido más, pero el Banco Central lo contuvo interviniendo) y el riesgo país saltó 100 p.b. (de 823 a 927). Si bien la cotización oficial no tuvo sobresaltos (obviamente porque el BCRA lo administra en función del crawling peg del 1% mensual), la presión vino por el lado del tipo de cambio real (la depreciación generalizada de las monedas del resto de los países se traduce automáticamente en una mayor apreciación de nuestra moneda).

Si bien todavía es temprano para que se materialicen los efectos comerciales, el economista Damián Pierri analizó los shocks de este tipo que tuvo Argentina anteriormente y muestra que el PIB se contrajo 4,9% en el primer año y que los términos de intercambio se redujeron 10% al momento del shock (en promedio). A partir de eso, estima que en el corto plazo eso implicaría una pérdida de USD 10.000 millones de dólares por el canal comercial (que es similar al monto que va a ingresar de financiamiento neto por el acuerdo con el Fondo).

Sumado a eso, otro canal que podría complicarse mucho es el de las colocaciones y las refinanciaciones de deuda de empresas privadas. Como mostramos en esta nota anterior, la emisión de Obligaciones Negociables (ONs) por parte de empresas privadas argentinas aportaron más de USD 16.000 millones netos en el último semestre, transformándose en la principal fuente proveedora de divisas del mercado cambiario oficial. Esto sin dudas se verá afectado, tal como reconoció el presidente de YPF en una entrevista reciente.

Si bien nunca es un buen momento para que aparezcan cisnes negros de esta magnitud, la realidad es que se produjo justo cuando la economía argentina ya venía tensionada por cuestiones domésticas (freno en el proceso de desinflación, dudas respecto del esquema cambiario, aumento en las expectativas de devaluación, caída de reservas, entre otras). Las ironías del destino hicieron que Trump, principal aliado y referente de Milei, no solo aplicara medidas ultra proteccionistas que van totalmente a contramano de lo que pregona el manual libertario, sino que al hacerlo le asestó un golpe durísimo a la economía argentina.

Juan Manuel Telechea

El desmantelamiento del sistema de investigación argentino

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En silencio y sin escándalo público, el gobierno de Javier Milei está desarticulando uno de los pilares menos visibles, pero más estratégicos del Estado: el sistema científico-tecnológico argentino.

Desde diciembre, la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica —que financiaba buena parte de la investigación en el país— dejó de funcionar. Todos los contratos plurianuales firmados con instituciones públicas y privadas fueron congelados. Sin fondos, cientos de proyectos quedaron paralizados.

Pero no es el único frente. Las universidades nacionales, que ya arrastraban presupuestos insuficientes, están en situación crítica. No pueden sostener sus programas de investigación, y en muchos casos tampoco garantizar el funcionamiento básico de sus laboratorios.

Los investigadores del CONICET no están mejor. Con salarios que no se actualizan frente a una inflación que no cede, los investigadores más jóvenes ganan por debajo de la línea de pobreza. Incluso investigadores con décadas de trayectoria deben buscar trabajos paralelos o resignarse a perder poder adquisitivo. La fuga de talentos se acelera.

Los institutos tecnológicos (INTA, INTI, ANMAT, y otros) sufren el mismo accionar destructor. Toda la infraestructura científica —construida con años de inversión pública— comienza a degradarse. El mantenimiento de equipos sensibles como resonadores magnéticos o espectrómetros de masas está siendo abandonado. Lo mismo ocurre con sistemas básicos de funcionamiento como aires acondicionados, extractores, compresores.

Recuperar capacidades destruidas por falta de mantenimiento lleva años y cuesta mucho más. Recuperar a expertos que se van, puede no suceder nunca.
A todo esto, se suma una señal política contundente: el sistema científico argentino pasó a depender de una subsecretaría sin presupuesto, escondida dentro de una secretaría dedicada a la digitalización de trámites. Un retroceso institucional difícil de justificar.

Lejos de una estrategia de desarrollo, desde el gobierno se transmite un mensaje de desprecio hacia la ciencia. Se ridiculiza a los científicos y se minimiza el valor del conocimiento. A los jóvenes se les sugiere que ya no vale la pena estudiar. En lugar de hablar de formación, trabajo, innovación o tecnología, el discurso oficial promueve la fantasía de la especulación con criptomonedas como salida laboral.

De tecnología no se habla, salvo para diseminar ideas retrógradas disfrazadas de progreso. Se habla de un hub de inteligencia artificial cuando se propone habilitar a corporaciones internacionales la instalación de grandes centros de datos en la Patagonia para que puedan operarlos aprovechando nuestra energía a bajo costo y se chupen nuestra agua.

No hay país desarrollado sin ciencia. La historia mundial lo demuestra. Desde Estados Unidos y China, pasando por Alemania y Corea del Sur: todos hicieron de la investigación y la innovación una prioridad para sostener el crecimiento económico. Argentina, en cambio, desarma y regala lo poco que tiene.

El modelo de los Milei y los Caputo es convertir a la Argentina en una factoría importadora, una maquiladora sin industrias ni tecnologías, proveedora de commodities agrícolas, energéticas o minerales. Se propone como ideal el modelo peruano: estabilidad financiera, caos político, fractura total de la sociedad y un 90 % de la sociedad convertida en clase pobre o media baja, haciendo trabajo no registrado, es decir viviendo al día; una sociedad sojuzgada para evitar cualquier protesta o huelga.

El gobierno -Milei dixit– está dispuesto a aceptar cualquier imposición externa, “readecuando la normativa de tal manera que cumpla con los requerimientos de la propuesta de aranceles elaborada por el gobierno estadounidense, indicando que ya cumplió con “9 de los 16 requerimientos necesarios”

El secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, viene a negociar la ayuda del FMI. Trae las siguientes propuestas, que afectarán nuestra soberanía y el mantenimiento de nuestro modelo de desarrollo industrial intermedio, ya bastante deteriorado.Aceptarlas significará facilitar las importacionese implicará una mayor destrucción industrial.

Liberar el ingreso al país debienes de capital usados, como maquinaria agrícola, neumáticos, equipos médicos, autopartes, equipos de movimiento de tierra y aparatos de la tecnología de la información y comunicación, equipos electrónicos, vehículos ferroviarios, equipos ópticos y de fotografía, buses y barcos, entre otros.

Modificar la legislación nacional sobre patentes, lograda hace décadas por consenso político, afectará bastante a la importante industria farmacéutica nacional. Como las patentes y las marcas comerciales están íntimamente ligadas al control de los mercados, se pretende accionar para favorecer la libre introducción de fármacos de EEUU, mucho más caros que los nacionales.

Eliminar las normativas que regulan el uso de los bienes importados, su reacondicionamiento en el caso de productos de segunda mano y peritaciones técnicas realizadas por el INTI. Eliminar o reducir la tasa estadística del 3% que grava las importaciones o el pago pago anticipado del IVA a las compras en el exterior, ya facilitado por un “certificado de exclusión” emitido por el fisco.

Ni la industria agropecuaria estará a salvo: pretenden liberar la importación de ganado en pie (vivo) norteamericano, impedido actualmente por ciertas preocupaciones sobre la enfermedad conocida como “el mal de la vaca loca”(EEB). Hasta quieren sacarle los aranceles del 35 % para el whisky. No hay duda de que EEUU defiende con uñas y dientes la industria estadounidense. Milei también. Si lo logra será nominado “el empleado del año”.

El país no solo está perdiendo su presente científico e industrial. Está renunciando a su futuro.

Ricardo Auer y Fernando D. Stefani

El Mercosur flexibiliza sus aranceles para negociar con EE.UU.

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En medio de la guerra comercial mundial, el Mercosur acordó flexibilizar su política de aranceles y sumar 50 productos a la lista de productos con excepciones al arancel externo común que aplica la unión aduanera a las importaciones.

En un encuentro celebrado en Buenos Aires, encabezado por el ministro de Relaciones Exteriores, Gerardo Werthein, los cancilleres expresaron la necesidad de “hacer frente a los desafíos que presenta el actual contexto internacional”.

En ese sentido, el comunicado del Mercosur confirmó “la necesidad de ampliar temporariamente la lista nacional de excepciones al arancel externo común de cada Estado Parte hasta 50 códigos arancelarios”. De esa forma, cada país sumó una herramienta de negociación para los acuerdos comerciales con otros paises y, en especial, con los Estados Unidos.

La Argentina había llegado a la reunión con una propuesta para flexibilizar la unión aduanera, en virtud de su objetivo de llegar a un acuerdo con el gobierno de Donald Trump. Ya existían 100 productos exceptuados de los aranceles. Ahora, el total es 150. Según expresaron fuentes de la Cancillería, eso permitirá negociar con mayor libertad con Estados Unidos y suavizar la suba de 10 puntos en los aranceles que Trump impuso a la Argentina.

En el comunicado, los cancilleres expresaron la necesidad de que cada Estado luego implemente la lista de excepciones, así como también “discutir la modernización del Mercosur”.

El próximo paso será la reunión del Grupo Mercado Común prevista para el 23 y 24 de abril, en forma previa a un nuevo encuentro de Cancilleres que tendrá lugar el 2 de mayo próximo.

El giro se produce en medio de la inestabilidad generada por la suba de aranceles dispuesta por Donald Trump; y en línea con el objetivo del gobierno libertario que busca que cada país del Mercosur pueda manejar sus aranceles sin consultar a sus socios.

Al concluir la reunión, el canciller Werthein y los ministros de Exteriores de Brasil, Mauro Vieira; Uruguay, Mario Lubetkin; Paraguay, Rubén Ramírez; y Bolivia, Celinda Sosa Lunda, se tomaron una foto conjunta en el patio central del palacio y luego compartieron un almuerzo.

El presidente Javier Milei viajó el martes pasado a Paraguay para encontrarse con su par de ese país, Santiago Peña, y formar una estrategia común frente a la postura de Brasil y Uruguay.

Milei dio instrucciones a la Cancillería de acelerar, desde la presidencia pro-témpore que ejerce hasta mitad de año, el acuerdo entre el bloque y la Unión Europea.

En el comunicado conjunto también se reafirmó “el compromiso con el fortalecimiento y la unidad del Mercosur y la determinación de modernizarse y explorar, de manera coordinada, como aprovechar mejor las circunstancias de una coyuntura internacional cambiante y desafiante”.

Allí se destacó el “clima de cordialidad y confianza” en el que “los Cancilleres coincidieron en la importancia de trabajar en la agenda interna y de relacionamiento externo del Mercosur”. Y, en ese sentido, subrayaron “los recientes avances, como la suscripción del acuerdo con Singapur y la conclusión de las negociaciones con la Unión Europea y manifestaron su compromiso en avanzar prioritariamente con las negociaciones con EFTA y con Emiratos Árabes Unidos, con vistas a concluir ambas negociaciones durante el presente semestre”.

En otro de los puntos acordaron continuar en las semanas subsiguientes con este diálogo “franco y abierto”, con vistas a la LXVI Reunión Ordinaria del Consejo del Mercado Común y Cumbre de Presidentes del MERCOSUR de julio próximo.

El viaje de Milei y la previa de Francos con Vieira

En su periplo en Paraguay, Milei intentó unir fuerzas con Peña anticipándose a una diferenciación con Brasil y Uruguay, los otros dos socios del Mercosur, muy críticos de la suba generalizada de aranceles decretada por el presidente Donald Trump y dispuestos a subir la apuesta en la confrontación con el mandatario norteamericano.

El encuentro de este viernes fue cerrado e informal. Estuvo por fuera del calendario oficial de reuniones del Mercosur, que tiene a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, como miembros plenos y a Bolivia, en proceso de adhesión para serlo.

El Presidente busca coincidencias con Peña en torno a la agresiva política arancelaria de Estados Unidos, fuertemente criticada por el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, para quien Trump es “un ciudadano que se cree capaz de dictar reglas para todo lo que pasa en el mundo”, aunque dejó un margen para la negociación con el gobierno norteamericano. La semana pasada, y bajo el impulso del oficialismo, la Cámara de Diputados de Brasil aprobó un proyecto de ley que permite tomar medidas de represalia contra países que impongan barreras comerciales.

La reacción de Milei fue la opuesta. Luego de celebrar que la suba de aranceles haya sido “sólo” del 10 por ciento, el Presidente prometió “readecuar” la normativa argentina, a fin de arribar a un “acuerdo de preferencias comerciales” con Estados Unidos en el plazo más corto posible.

Por otro lado, y en una señal de distensión, el jefe de ministros, Guillermo Francos, recibió al canciller brasilero, Mauro Vieira, hombre de suma confianza de Lula da Silva.

Cecilia Devanna y Jaime Rosemberg

Brasil expande su territorio marítimo

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La Agencia Marina de Noticias informó que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) publicó, el pasado miércoles 26 de marzo, “que reconoce la expansión del territorio marítimo brasileño en 360 mil km², en una región que se extiende desde la desembocadura del río Oiapoque (AP) hasta la costa norte de Rio Grande do Norte, abarcando las cuencas sedimentarias de la desembocadura de los ríos Amazonas, Pará-Maranhão, Barreirinhas, Ceará y Potiguar – llamada Margen Ecuatorial”.

Esta decisión significa un aumento del límite de la Plataforma Continental Brasileña, que antes representaba 200 millas náuticas de dominio nacional sobre esas aguas. “Con la expansión de esta parte de la denominada Amazonia Azul, Brasil reconoció su derecho soberano a explorar los recursos naturales (como el petróleo) presentes en esta área, tanto en el fondo marino como en su subsuelo. Además de gas y petróleo, en este nuevo sector marítimo, podrían encontrarse nódulos polimetálicos”, destacó el portal defensa.com.

La propuesta fue analizada por técnicos de la ONU y contó con el apoyo de la Marina, Petrobras y la Agencia Nacional de Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles (ANP).

En febrero de este año, miembros del Plan Brasileño de Estudio de la Plataforma Continental (LEPLAC) participaron, junto con la delegación brasileña, en la 63ª Sesión de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC), en Nueva York (EE.UU.). En esa oportunidad se concluyó el análisis de la presentación del Margen Ecuatorial y se inició el análisis de los márgenes Este-Sur. Fueron necesarios siete años de interacción entre técnicos brasileños y expertos de la CLPC para que la solicitud fuera atendida, un marco para la definición de las fronteras marítimas brasileñas.

«Este logro es el resultado del trabajo continuo de marinos, investigadores y diplomáticos de la Comisión Interministerial de Recursos Marinos (CIRM) en la importante tarea de expandir nuestros límites, expandiendo cada vez más nuestra Amazonía Azul. Esta expansión trae consigo toda la riqueza de recursos vivos y no vivos que constituyen un verdadero patrimonio de la sociedad brasileña», dijo el Secretario del CIRM, Contralmirante Ricardo Jaques Ferreira.

«La región del Margen Ecuatorial en la que Petrobras está interesada actualmente está dentro de las 200 millas, pero puede haber algún bloque petrolero que se descubrirá y se extenderá más allá de esta cordillera y que cae en esta nueva área que ahora solo el Estado brasileño tiene derecho a explorar», agregó el director de Hidrografía y Navegación de la Marina, vicealmirante Marco Antônio Linhares Soares.

El portal de noticias CPG, destaco que: “Esta superficie adicional equivale a todo el territorio de Alemania. Ahora, Brasil podrá explorar riquezas como petróleo, gas natural y minerales que están en el fondo del mar en esta nueva región”.

Cabe destacar que Brasil aún mantiene reclamos por resolver y que la próxima solicitud que evaluará la ONU se refiere a una franja de suelo y subsuelo marítimo que se extiende desde São Paulo hasta Paraíba, en el nordeste, denominada Margen Sur Oriental, y es la mayor área reclamada por Brasil, con 1,5 millones de km².

Comentario de AgendAR:

Les invitamos a leer uno de los primeros y más importantes «Especiales de AgendAR: Los nuevos territorios argentinos».

Los fondos marinos que las Naciones Unidas reconocieron a nuestro país son un logro de naturaleza distinta del que consiguió Brasil. Pero ambos muestran que el trabajo paciente y alejado de las coyunturas políticas de estudiosos y diplomáticos puede conseguir beneficios importantes para su país. Luego, corresponde a los gobiernos aprovecharlos. No siempre saben hacerlo.

Abel B. Fernández

«Revivir especies extintas»: Ciencia, marketing y problemas éticos

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Además de la guerra comercial y financiera desatada por Donald Trump, una de las noticias de la semana fue lo que se anunció como la reaparición de un lobo extinguido hace 10.000 años. Científicos de la empresa Colossal Biosciences habían reconstruido el genoma del “lobo terrible”, lo habían usado para editar el genoma del lobo gris moderno y de ese modo gestaron tres cachorritos blancos que nacieron en octubre del año pasado y cuyas fotos dieron la vuelta al mundo: Rómulo, Remo y Khaleesi.

Como muchos al ver la noticia, pensé “qué maravilla”. Después me puse a pensar un poco mejor y me di cuenta de que el anuncio, además de ciencia, tenía mucho de marketing (legítimo), que no es cierto que se haya revivido ninguna especie y que deberíamos pensar seriamente en qué hacer (y qué no hacer) con estas nuevas herramientas.

Desde hace años les muestro en clase a mis estudiantes una nota de Clarín de abril de 2013 donde se menciona la posibilidad de revivir especies extinguidas. Es posible que la nota de Clarín tuviera origen en una entrevista del semanario alemán Der Spiegel a George Church, un genetista de Harvard que suele meterse en temas raros. En esa entrevista, Church sostenía que en un futuro seria posible recrear especies extintas sintetizando químicamente sus genomas. Esto no es inverosímil, el ADN es un compuesto químico que se puede sintetizar como cualquier otro. Ese genoma sintético, introducido en un óvulo reemplazando el ADN original y, usando una madre sustituta —en caso de requerirse— daría  origen a un nuevo organismo construido a partir de las instrucciones del genoma sintético. Casualidad o no, Church es uno de los fundadores de Colossal, la dueña de los lobeznos, creada en 2021 con el llamativo objeto de regresar a la vida animales extinguidos, fondeada por inversores de riesgo con cientos de millones de dólares y con un muy sólido staff profesional. Científicos y dinero: envidiable combinación.

Aún siendo un completo ignorante de qué es el marketing, creo que esta campaña de Colossal no empezó ayer y está planificada menos como una actividad científica que como una iniciativa empresaria (perfectamente legítima). Semanas antes de la presentación de los lobos, que ya habían nacido, algunas revistas científicas, como Nature, informaron que Colossal había producido ratones con características de mamuts (como el pelo largo), una prueba de concepto (es decir, una prueba inicial para ver la viabilidad de una idea) de que los genes de un organismo extinto pueden funcionar en otros organismos. Salvo para los nerds que seguimos estos temas, esto pasó desapercibido, porque no era ninguna novedad científica: hace rato que sabemos que los genes de un organismo (extinto o no) son transferibles a otro y les confieren características nuevas al receptor. Un transgén que confiere resistencia al glifosato, como tiene la soja más sembrada en el país, por ejemplo, es eso. Es más, fue este tipo de transferencias lo que en los años ’40 permitió a Avery, MacLeod y McCarthy demostrar que el ADN es el material genético.

Genes dentro de genes

Antes de seguir, veamos cómo se hicieron. Partiendo de la idea de que el ADN contiene la información para construir un organismo, los investigadores de Colossal obtuvieron la información genética contenida en el ADN de dos lobos distintos: uno extinguido, Aenocyon dirus, el lobo gigante; y otro actual, Canis lupus, el lobo gris. Compararon los genomas de ambas especies para ver qué diferencias tenían y se estableció que había un grupo de genes que podrían hacer la diferencia entre uno y otro. Todo los demás genes, asumieron, serían los que hacen que ambos sean lobos. Esto es una simplificación, pero necesaria para seguir adelante con el trabajo. Se los criticó por usar algunos genes y no todos, pero, insisto en este punto: el anuncio no era un trabajo académico sino una prueba de concepto para el desarrollo de un producto de la empresa. De haber querido tener en cuenta todos los cambios, que seguramente son muchos, habría sido imposible hacerlo en un tiempo razonable.

Después usaron una técnica de edición genética denominada CRISPR (que mencionamos en una nota anterior) para reemplazar cada uno de los genes del lobo gris por los del lobo gigante que hacían la diferencia. Esta técnica, cuando en 2013 se empezó a hablar de la recuperación de especies extintas, estaba aún en pañales y requirió casi una década de desarrollo para poder usarla en el reemplazo de genes enteros en un genoma, como en este caso. El reemplazo de los genes se hace en células vivas del lobo gris, cultivadas en el laboratorio a partir de tejidos del animal. Cuando se confirma que las células cultivadas tienen los cambios deseados (secuenciando el ADN), se extrae el núcleo de la célula modificada (donde está la mayor parte del ADN) y se transplanta a un óvulo de lobo gris al cual se le extrajo su núcleo. El óvulo con su nuevo núcleo se activa, como si lo hubiera fertilizado un espermatozoide, se cultiva en el laboratorio durante unos días y luego se lo transfiere al útero de una madre receptora, que en este caso fue una perra.

Después de la presentación de los lobitos, parte de la comunidad científica comenzó a discutir distintos aspectos del anuncio de Colossal. Uno de los temas fue sobre si tiene sentido traer al mundo especies extinguidas. Este debate es importante, pero no entraré en detalles: sólo diré que no estoy de acuerdo con la reintroducción de especies cuando los ecosistemas ya evolucionaron y siguieron su rumbo sin ellas. Soy poco amigo de volver atrás el reloj. Leí incluso a quien criticaba el uso de ese dinero en eso y no en salvar especies en riesgo. Para mí es simple: Colossal hace lo que quiere con su dinero, y de hecho estas tecnologías permiten producir embriones viables de especies en peligro. Todas estas discusiones son entendibles e importantes, pero hay una cuestión casi existencial, que es la que más me interesa: ¿qué es y qué significa este nuevo organismo?

Si bien sé más de insectos que de lobos, como zoólogo me animaré a meterme en detalles que van a sonar técnicos pero no lo son: son filosóficos. Si usara una herramienta muy común para establecer relaciones entre organismos, el ADN de las mitocondrias (organoides de las células que producen energía y tienen su propio material genético), no tendría ninguna duda en que estos lobos son lobos grises porque las mitocondrias del óvulo usado para el transplante (y su ADN) son de una loba gris contemporánea. Este ADN materno permite inferir genealogías y, por lo tanto, la evolución vía materna de generación en generación. Si analizara el genoma completo, en cambio, vería que es idéntico al del lobo gris salvo en todo lo que parece lobo gigante. Con eso no podría afirmar que no es un lobo gigante, porque la genómica no es nada democrática, las minorías cuentan más que las mayorías: esos pocos genes de lobo gigante le confieren el aspecto de lobo gigante.

De hecho, si miro el aspecto de los lobeznos (igual hay que dejar que crezcan y se desarrollen, no seamos ansiosos) diría que si bien no se puede asegurar que sean lobos gigantes, tampoco se parecen a un lobo gris. Es decir son y no son. Y esto es un desafío para los taxónomos, mis biólogos favoritos, los que establecen los criterios científicos y objetivos por los cuales una especie es una especie y otra especia es otra distinta. Y esos criterios pueden variar porque las especies son hipótesis, no algo tangible. Así que antes de enredarme en discusiones acerca de si es o no es, preferiría esperar a que los lobitos lleguen a adultos y se los analice en base a los criterios estrictos de la taxonomía. Si se establece científicamente que no son ni uno ni otro, serán una nueva especie con tres ejemplares. Pero, si son, de acuerdo a estrictos criterios taxonómicos, Aenocyon dirus o Canis lupus, nos indicará si efectivamente esos pocos genes son suficientes para definir a una especie o no. 

Lo que puede venir

Es muy difícil imaginar el devenir de la ciencia. Las predicciones hechas hace 50 años no incluyeron aspectos que hoy son cotidianos y modificaron nuestra vida, como los teléfonos inteligentes o la clonación. Y 50 años es la duración de una carrera científica, desde el ingreso a la universidad hasta la jubilación. Es imposible, por lo tanto, saber con precisión qué nos deparan los próximos 25 o 50 años. La técnica de edición de genomas usada en la producción de estos lobos no existía hace 15 años, o era posible pero laboriosa y cara; hoy está al alcance de cualquier laboratorio.

Hace una década obtener la información genética completa de un organismo era costoso y llevaba tiempo. Hoy se puede secuenciar un genoma humano por unos pocos miles. El borrador del genoma humano, lanzado con bombos y platillos en 2001 por Bill Clinton y Tony Blair no se completó sino hasta hace dos años. Pero presentaron una prueba de concepto cuyo impacto fue más allá de obtener la secuencia de nuestro genoma, con el desarrollo de nuevas tecnologías que cambiaron nuestra forma de analizar la genética.

Lo mismo se puede decir del anuncio de Colossal y los lobeznos: es una prueba de concepto, un borrador de lobo. Una muestra de que reemplazando unos pocos genes clave podemos cambiar algunos aspectos de un organismo al punto de llegar quizás a ser otra especie. Ése es, creo, el tema relevante si quitamos la hojarasca del marketing de la des-extinción de una especie, en mi opinión un completo sinsentido científico, pero una entendible estrategia de ventas. 

¿A qué viene esto? En medio de tantos aullidos de lobo, hubo otro trabajo que nos debería llamar la atención, un artículo en Nature del miércoles pasado sobre genomas de monos. Allí comparan el genoma de bonobos, chimpancés, orangutanes, gorilas, nada distinto a lo que se hizo entre el lobo gigante y el lobo gris, para plantear la pregunta: ¿qué es lo que nos hace humanos? Pensemos ya no en las formas sino en las capacidades. Hace ya un tiempo se viene estudiando un gen, llamado FOXO2, que se correlaciona con la capacidad de lenguaje hablado. Está conservado en Neanderthales, pero no en otros grandes primates y se encuentra mutado en personas con disfunciones de lenguaje. También hace un par de semanas se publicó un trabajo que encuentra que una característica del lenguaje que se creía exclusiva de humanos es compartida por los bonobos: combinar elementos con un significado dentro de estructuras con significados más complejos que la suma de los elementos individuales. Si se introdujera, del mismo modo que con los lobos, genes asociados a la modulación de sonidos en bonobos y se les enseñara a hablar con sonidos modulados entendibles, ¿serían bonobos o serían uno de nosotros? Si solamente un pequeño grupo de genes nos hacen distintos de los bonobos, técnicamente sería posible “humanizarlos”. César podría estar a la vuelta de la esquina. 

Hace un tiempo comenzó a moverse la idea de que más que descifrar genomas tendríamos que comenzar a diseñarlos. Pasar de leer genomas a escribir genomas. La idea fue publicada en Science, pero también en el New York Times. Por lo tanto, no sería descabellado pensar (porque tecnológicamente es posible) en crear organismos que nunca existieron sobre la base de organismos existentes. La prueba de concepto está aquí, entre nosotros. Y volviendo a la entrevista a George Church en Der Spiegel, el organismo del que hablaban “revivir” no era un mamut, era un neanderthal.

Rolando Rivera

La segunda devaluación de Milei

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«Comportarse como groupie le trajo a Javier Milei finalmente su recompensa. En medio de una ofensiva incierta contra China, Donald Trump impuso el peso de Estados Unidos para que el Fondo Monetario Internacional le diera un monumental apoyo a un plan que ya fracasó. Tal como se anticipó en esta columna hace dos semanas, el presidente logró que el FMI vuelva a hacer una excepción con Argentina y le otorgue un primer desembolso de 15 mil millones de dólares en apenas un año. Es el 75% del total del nuevo préstamo para un organismo que en toda su historia no había hecho jamás una concesión semejante. Según la consultora 1816, a lo largo de 311 programas que firmó el FMI, el primer desembolso rondó por lo general el 20% del total y sólo en muy contadas oportunidades superó el 50%. Tan notable como eso, lo consiguió con Luis Caputo, el todavía ministro de Economía que está dispuesto a quemar reservas que no son suyas para sostener el tipo de cambio. El problema es que Milei y Caputo ya fallaron, la orilla de las elecciones quedó demasiado lejos y la inflación reinició su ciclo alcista. El año electoral, que hasta hace unos meses parecía un trámite, ahora puede ser una montaña rusa.

Entre la improvisación, la mala praxis y la fatal arrogancia, el gobierno devaluó en diciembre de 2024 para después planchar el dólar en un esquema inviable de crawling peg y vuelve ahora a soltar la cotización de manera intempestiva, por exigencia del FMI. Un zigzaguero que delata la desesperación en Milei. Una vez más, descorchan los mercados y sufren los pesificados.

El marketing del fin del cepo es en realidad un proceso gradual  que está plagado de riesgos y pretende disimular los efectos corrosivos que tendrá en el bolsillo de las mayorías la segunda devaluación de Milei y Caputo en apenas 15 meses. 

Como si fuera poco, Trump decidió enviar a su secretario del Tesoro para hacer explícito su apoyo y obtener a cambio beneficios. Scott Bessent tomó un protagonismo absoluto en los últimos días y fue el encargado de convencer a Trump de que debía retroceder en su ofensiva arancelaria. Lo hizo el fin de semana pasado en un vuelo que compartió con el presidente a Mar a Lago, el mismo lugar al que Milei voló sin sentido hace poco más de una semana. Dueño de una actitud diplomática que Trump ignora, durante toda la semana, Bessent actuó como vocero del gobierno republicano y tranquilizó a los fondos de Wall Street, el mundo al que pertenece. Bessent es multimillonario, fundó el fondo de inversiones Key Square y es orgullosamente gay. Que el presidente que asoció a la homosexualidad con la pedofilia en Davos tenga que pedirle auxilio resulta un costo menor en el reino de incoherencia, donde habita Milei. Entre 1991 y 2015, Bessent fue la mano derecha de George Soros, el magnate alineado con los demócratas que financia a organizaciones progresistas en todo el planeta y la extrema derecha aborrece. Que no se entere Agustín Laje.

De algo no hay dudas: Estados Unidos va a cobrar caro el apoyo que le da a Milei: no solo con gestos de obsecuencia. Quiere que la industria farmacéutica local se discipline ante los laboratorios norteamericanos en el tema patentes, presiona por excepciones arancelarias y exige el giro los dividendos para las empresas estadounidenses

La fase 3 que promociona el gobierno es en realidad el fin del esquema que le permitía a Milei alinear el ánimo de especuladores y asalariados. Desde ahora y como nunca, la polarización será entre sectores sociales. Arriba, Milei, Mauricio Macri, los bancos, los exportadores y los voceros del experimento en curso ya posan otra vez con sus pulgares arriba para darle la bienvenida al respirador artificial de la nueva deuda con el Fondo y el catecismo de las reformas estructurales. Esperan que el mercado compre la sobrevida mileista y se reedite por algún tiempo la bicicleta financiera, con baja del riesgo país y tregua en el dólar paralelo. Pero abajo, la inflación que escaló al 3,7% en marzo preanuncia una nueva temporada de caída en los ingresos. Nada se informó sobre compensaciones para los sectores golpeados por el salto cambiario…»

El timing paleolibertario no es el mejor. El IPC que se conoció el viernes fue el más alto de los últimos 6 meses, con dos indicadores que apuntan directo a la base de la pirámide social: la suba del 3,9% en el Gran Buenos Aires y del 5,9% en los alimentos. Tras la devaluación, el traslado a precios puede terminar en un nuevo círculo vicioso, que se coma la ventaja competitiva en pocos meses. Además, los importadores que el gobierno estimuló -y ahora tienen que reponer stocks con un dólar más alto- preparan una nueva ola de remarcaciones ...»

Diego Genoud

Armenios, coreanos, dominicanos, bangladesíes. .. Nuevas hebras en el tapiz argentino

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Con una población de 419.000 extranjeros sobre un total de 3.1 millones de habitantes, la ciudad de Buenos Aires es la región de la Argentina donde residen más personas nacidas en otros países (13.5%); los más numerosos son los venezolanos, seguidos por los paraguayos y bolivianos.

Arreglada con una camisa blanca con volantes y una falda larga con los colores patrios, Gleni Castillo y Miguel Vicente, su compañero de baile, de campera blanca, con detalles azules y rojos, y sombrero de paja, deslumbraron a los dominicanos con una coreografía de salsa y merengue preparada para conmemorar el día de la independencia. Por un rato, los transportaron nuevamente al Caribe.

La iglesia de Nuestra Señora Madre de los Emigrantes, en La Boca, fue el lugar elegido por la comunidad dominicana para celebrar, a 6000 kilómetros de distancia, el 181 aniversario de la independencia de República Dominicana. Pese a que la conmemoración es el 27 de febrero, decidieron reunirse unos días después, aprovechando el fin de semana para poder juntar el máximo número posible de miembros de esta pequeña comunidad extranjera.

Con una población de 419.000 extranjeros en la ciudad de Buenos Aires sobre un total de 3.1 millones de habitantes, CABA es la región de la Argentina donde residen más personas nacidas en otros países (13.5%).

Los más numerosos, los venezolanos, suman 84.834 habitantes en la ciudad. Le siguen los nacidos en Paraguay (64.934), Bolivia (60.108) y Perú (51.047). Estas cuatro nacionalidades superan el total de inmigrantes del continente europeo. Además, entre estos cuatro países suman más del 60% de inmigrantes residentes en CABA.

Por su magnitud, estas comunidades cuentan con miembros repartidos por todo el territorio de la ciudad. Pero comunidades más pequeñas, como la dominicana, la armenia, la bangladeshí o la coreana, que llegaron en distintos períodos de la historia argentina, nuclean a sus miembros en zonas acotadas de CABA, como los barrios de Once, Constitución o Flores. Donde no solo residen, sino que trabajan y se agrupan en iglesias, mezquitas y escuelas.

Según reflejan los datos del último censo del Indec, hasta 1999, llegaron a la ciudad 108.881 extranjeros. Entre los años 2000 y 2009, la cantidad de migrantes fue de 63.862, cifra que aumentó en la siguiente década, entre 2010 y 2019, donde se registró la llegada de 138.539 extranjeros a la ciudad de Buenos Aires.

Dominicanos: alegría, música y baile

Gleni Castillo, coreógrafa del ballet folclórico dominicano en la Argentina, es una de las mujeres más destacadas de su comunidad. Llegó al país en 2015. En principio vino a visitar a su madre, pero le encantó y decidió quedarse: “Veo la unión de los argentinos, un país que abre sus puertas a los inmigrantes. Uno se siente acogido y agradecido. Además, es un país desarrollado en comparación con el nuestro”.

La comunidad dominicana cuenta, según el último censo realizado por el INDEC, con 2163 miembros residentes en ciudad de Buenos Aires. La zona con mayor cantidad de dominicanos está en el barrio de Constitución. Entre las calles que cercan las autopistas 25 de Mayo y 9 de Julio y las avenidas Juan de Garay y Entre Ríos residen casi 200 dominicanos. El otro foco se encuentra en Nueva Pompeya, aunque se encuentran mucho más dispersos.

Su crecimiento los llevó a participar desde hace años en encuentros como Buenos Aires Celebra y en el Carnaval de La Plata, donde este año desfilaron con el traje típico dominicano con los colores patrios y sus personajes más importantes.

“Somos una comunidad muy grande, conocidos por las peluquerías y barberías, pero también somos muchos en el área de la salud. Además, hay muchos dominicanos en Once y Constitución, pero ahora también en Liniers y Flores”, dijo Castillo.

La fiesta por la independencia fue propuesta por la embajada dominicana en la Argentina. Betania Fernández, encargada de la sección consular de República Dominicana en Argentina, se encargó de organizar el evento, una manera de acercarse a la comunidad antes de la llegada del nuevo embajador.

REPÚBLICA DOMINICANA

REPÚBLICA DOMINICANA

“Antes de 2011 la Argentina tuvo una migración grande de dominicanos que buscaban no solo un nuevo destino, sino también el pasaporte argentino, que les permitía viajar por más países. Además, la economía de ese momento les permitía mandar dinero a los familiares”, contó Fernández.

La funcionaria, que llegó a la embajada hace cuatro años y medio, destacó la buena relación de República Dominicana con la Argentina: “Para el dominicano la Argentina es un país espectacular. Durante su gestión de la CELAC hizo un trabajo importante para el bloque regional latinoamericano y vemos al argentino como una persona preparada, culta y polifacética”.

“El dominicano es alegría. Por más que haya dificultad buscamos la manera de reunirnos y estar contentos. Es una cultura que contagia, lo podés ver con nuestra música o la comida. Además, intentamos poner nuestro granito de arena para que el país salga adelante”, dijo Miguel Vicente, quien llegó hace 19 años a CABA. En un inicio, le sorprendió la similitud de los edificios de la capital con algunas ciudades europeas y destacó el poder literario de los argentinos, la variedad de pensamientos políticos y sociales y la libertad de expresión que existe en el país.

Vicente asegura que llegó por la economía, “el peso argentino valía diez dominicanos. Uno viene por eso, pero al final te enamoras”, dijo. El hombre de 44 años, que trabaja en correo argentino, se casó con una mujer argentina y tuvo dos hijos, de 13 y 16 años.

Una de las dominicanas que lleva más años en el país es Luisa Ramos: “Llegue en 1994. Nuestra meta cuando salimos del país es ayudar a nuestra familia. Fueron pasando los años, diferentes hechos y sucesos, y me acostumbré. Amo la Argentina. La forma de vida, la educación, el sistema de salud. Me casé con un argentino y tuve dos hijos que son muy nacionalistas”.

Ramos, contó que decidió venir a la Argentina porque tenía una amiga en CABA que le prestó la plata para el pasaje. Sufrió mucho el desarraigo, pero se fue adaptando y se amoldó a la cultura y costumbres argentinas. Para ella, la comunidad dominicana de CABA está formada por personas solidarias, alegres y trabajadoras. “Donde estamos los dominicanos vas a escuchar música, gritos, porque hablamos a los gritos, pero compartimos y nos ayudamos los unos a los otros”.

La comunidad Armenia, de las más antiguas en la ciudad

Pese a que su número no es muy grande, una de las comunidades que más años lleva en la ciudad de Buenos Aires es la armenia. “Mis abuelos vinieron a principios del siglo XX. Lo que los trajo a la Argentina fue la paz. El armenio venía maltratado de sus tierras. Los turcos habían cometido desmanes importantísimos, asesinando a un millón y medio de personas. Entonces, el armenio emigra para proteger a su familia, buscando un mejor porvenir”, dijo Juan Sarrafián, director de asuntos institucionales del Centro Armenio de la República Argentina.

Sarrafián, que es la segunda generación de descendientes de armenios en el país, contó como fue la llegada de sus abuelos: “Mis abuelos paternos crecieron en sus senos familiares. Pudieron escapar de la diáspora, se conocieron en Alemania y se casaron en Brasil, hasta que decidieron venir porque los paisanos les habían dicho que estarían mejor en la Argentina”.

La máxima autoridad religiosa de la comunidad armenia de Argentina es el Monseñor Aren Shaheenian, obispo primado de la iglesia apostólica armenia por la Argentina y Chile
La máxima autoridad religiosa de la comunidad armenia de Argentina es el Monseñor Aren Shaheenian, obispo primado de la iglesia apostólica armenia por la Argentina y ChileHernan Zenteno – La Nacion

Sus abuelos maternos, en cambio, vieron como asesinaban a sus familias y fueron a un orfanato, donde se conocieron y vivieron por casi 20 años, hasta que su abuelo se enteraron de que en Buenos Aires vivía su hermana, que creía muerta durante el genocidio armenio.

Los primeros años de sus abuelos fueron duros. Según Sarrafián, fueron bien recibidos, y su principal preocupación era conseguir trabajo y mantenerse. “Lo lograron sin depender de nadie”, dijo.

Actualmente, hay en CABA un total de 607 nacidos en Armenia. Esta cifra tan baja se debe a que se trata de una inmigración de finales del siglo pasado: los descendientes de aquellos primeros inmigrantes nacieron en la Argentina. La zona de la ciudad en la que se aprecia un mayor número de armenios es alrededor de la Avenida Juan B. Justo, en Villa Crespo, donde residen 37 armenios.

ARMENIA

ARMENIA

A dos kilómetros de esta zona se encuentra la Catedral Apostólica Armenia San Gregorio El Iluminador (Armenia 1353). Este centro religioso, que es el núcleo de la comunidad, y donde se reúnen todos los domingos de 11 a 13 para celebrar la misa, se construyó en 1938. “Fue un esfuerzo muy grande de un benefactor y del resto de la comunidad. Él donó la mitad de su fortuna para construir esta catedral”, dijo Sarrafián.

La máxima autoridad religiosa de la comunidad armenia de Argentina es el Monseñor Aren Shaheenian, obispo primado de la iglesia apostólica armenia por la Argentina y Chile. El religioso, de 54 años, nació en Bagdad (Irak), cuando su familia escapó de Armenia para evitar el genocidio. Después, se mudaron a Alemania y él vivió en Italia, Inglaterra y Países Bajos, trabajando como vicario de Karekin II, actual patriarca de la iglesia apostólica armenia.

“Por el genocidio hay más de diez millones de armenios afuera del país y solo tres millones en Armenia. En la Argentina nuestra comunidad es muy grande. Vamos por la quinta o sexta generación. Tienen apellido armenio pero su corazón es medio argentino”, explicó.

La religión armenia no dista mucho de la religión católica. Según el obispo, Armenia fue el primer pueblo cristiano (desde 301 d.c.) y su iglesia, apostólica ortodoxa, no tiene las reformas del catolicismo: “Reconocemos sus siete sacramentos y respetamos al jefe de la Iglesia Católica como representante de una Iglesia hermana, pero tenemos nuestro Papa, que es el jefe de los armenio de todo el mundo”, dijo.

Para el jefe espiritual de esta comunidad, sus miembros intentan mantener sus tradiciones, pero agregaron algunas costumbres argentinas. “Nosotros festejamos la Navidad el 6 de enero y tenemos fiestas nacionales como el día de la Independencia, que celebramos el 21 de septiembre”, contó.

Juan Sarrafián es director de asuntos institucionales del Centro Armenio de la República Argentina; posa detrás el primer monumento sobre el genocidio armenio
Juan Sarrafián es director de asuntos institucionales del Centro Armenio de la República Argentina; posa detrás el primer monumento sobre el genocidio armenioHernan Zenteno – La Nacion

La misa de los domingos reúne a toda la comunidad en una catedral majestuosa, que cuenta con 14 filas de bancos y un espacio en el centro. La cúpula permite que entre mucha luz, que rebota en las paredes blancas. En la parte alta hay más bancadas, donde se ubica el coro, formado por un grupo de mujeres armenias y un pianista.

Una de las mujeres que participa en el coro es Alla Avetisian, una mujer armenia que llegó a CABA hace 20 años. De profesión cantante, llegó al país a pasear, pero se enteró de que en el Teatro Argentino había un concurso para entrar al coro estable. Decidió participar y ganó. “Soy cantante lírica, trabajo en el Teatro Argentino de La Plata como solista y en el coro estable. Antes de venir era solista en el teatro estatal de ópera y ballet de Armenia”, se presentó.

La cantante ve muchas similitudes entre la comunidad armenia y los argentinos: “Hay mucha amistad, como en Armenia, cuando viene alguien de fuera lo recibimos muy bien. Acá sentí lo mismo”. Avetisian aseguró que la comunidad intenta mantener las tradiciones. Por eso, cuando los chicos terminan la escuela hacen un viaje de 20 días a Armenia, para conocerla y saber más de su cultura.

También destacó la importancia de las escuelas y colegios armenios para que los descendientes aprendan sus tradiciones. Así como el rol fundamental de la iglesia: “La iglesia los domingos es muy importante porque todos los armenios se juntan. Trabajamos toda la semana y el domingo hay que ir a la iglesia, tenemos esa costumbre, como los católicos, ir y rezar”, dijo.

Coreanos, trabajadores y unidos

Sentados en un bar del Pasaje Ruperto Godoy, en el Bajo Flores, una señora de 77 años habla con su hijo, de 44. La mujer, Kim Choon Sook, llegó a la Argentina en 1970, en un avión en el que viajaban otras cincuenta personas de su familia. “Cuando llegamos vivíamos en la Avenida Cobo, en Flores. No éramos muchos y no sabíamos castellano, entonces nos juntábamos entre coreanos. Pero a medida que estudiamos nos empezamos a relacionar con los argentinos”, dijo en un pobre español.

Sook explicó que los coreanos de CABA intentan cuidar su cultura y transmitirla a sus hijos, aunque de a poco se están desarmando sus costumbres, porque se juntan con argentinos y se mezclan las tradiciones: “Las nuevas generaciones tienen un pensamiento diferente, queremos entenderlos, pero no se dejan, echan su cultura”, dijo mientras miraba de reojo a Michael Kang, su hijo.

El hijo mayor de Sook nació en Brasil, pero se casó con una argentina y tiene tres hijos argentinos. “Cuando yo era chico había un colegio coreano, que no es lo mismo que ahora. En mi generación hay algunos que hablan bien y otros que no saben. Ahora es un instituto, hay mucha riqueza y diferencia en el estudio, el nivel es muy bueno”, dijo en referencia al Instituto Coreano Argentino (ICA).

La comunidad surcoreana porteña es de 4558 personas, según el último Censo del INDEC, lo que la convierte en la segunda comunidad asiática de la ciudad, por detrás de China. La mayoría de estos inmigrantes viven en Flores, en la Avenida Avellaneda y el Barrio Coreano. También hay norcoreanos, pero menos: 336. Y eligen las mismas zonas que los norcoreanos para establecer su residencia en la ciudad.

La dueña del bar en el que madre e hijo tomaban un café es Fabiana Chang, que llegó a los 17 años a la Argentina desde Seúl. Vino el último año de secundaria, sin conocer el idioma. “Vine con mis padres y mi hermano. Mi padre tenía un amigo que era referee de fútbol internacional y lo invitó a venir”.

Chang contó que en un inicio vivían en la calle Camilo Terres, en un pequeño departamento del Bajo Flores: “Vine con la idea de que la Argentina era un país muy rico, pero cuando llegamos nada que ver. En el 84 el Bajo Flores era como Corea en los 60″, dijo.

COREA DEL SUR

COREA DEL SUR

Chang destacó la importancia de las iglesias. “La comunidad coreana comenzó en la iglesia evangelista. Todos iban. Por fe o por necesidad de conocer a coreanos con los que hablar y pedir ayuda”. Además, destacó que en esa época, en los 80, los coreanos estaban dispuestos a ayudar a los nuevos migrantes para poner un negocio.

La mujer se calificó como conservadora a la hora de mantener las tradiciones y el idioma, aunque remarcó que “de ninguna manera” iría a vivir a Corea: “Me argentinicé. Cuando voy a Corea voy puteando por la calle. Los coreanos son más secos, acá te cruzas en la calle y el trato es más humano. Corea es un país muy capitalista y hay mucha competencia en todos los sentidos”, señaló.

Una de las personas más destacadas de la comunidad coreana es el artista Ari Cho. Su nombre original es Cho Yong Hwa, pero una maestra de español le comenzó a llamar Ariel, y desde entonces acuñó este apodo.

Cho llegó a CABA a finales de los 70, con sus cuatro hermanos y sus padres. Su padre era un veterano de la guerra de Corea, por el bando norcoreano, pero pudo refugiarse en Corea del Sur. Sus padres compraron una casa con local en la zona de Boedo y Rivadavia y toda la familia trabajó en el almacén.

Alejandro Kim es abogado, político peronista y primera generación de argentinos hijos de coreanos
Alejandro Kim es abogado, político peronista y primera generación de argentinos hijos de coreanosHernan Zenteno – La Nacion

Según el artista, cuando llegó la comunidad coreana no superaba las 2000 familias. Llegaron hasta 20.000 antes de la crisis del 2001, cuando volvió a bajar. “En los inicios la comunidad se esforzó mucho para no perder la cultura coreana. En la década de los 90 se fundó el ICA y años después el Hospital Coreano, el Esperanza Golf Club -una cancha de golf coreano- y grupos como la Asociación de Profesionales Coreanos Universitarios (APCU)”, dijo.

Sobre la comunidad, señaló que desde afuera, pueden parecer cerrados, “Una observación razonable pero errónea”, Ya que los coreanos, al igual que otros extranjeros, se juntaban por “pura comodidad y necesidad de subsistir”, porque comparten idioma y cultura, pero no quiere decir que no acepten a los argentinos.

Su cultura lo inspiró en una de sus mejores obras. Tras volver de un viaje que hizo con su padre a Corea, decidió tomar el tema de la guerra de Corea para organizar una “barrileteada por una Corea”, una fiesta que se celebra la primera luna llena del año en Corea. “Cuando el barrilete está volando, le cortan la cuerda y piden un deseo para que los males se vayan y que el año nuevo traiga buena suerte. Le di un barrilete tradicional a cada artista argentino y les pedí que pinten y escriban un deseo, para que Corea se pueda unificar pacíficamente. Tuve casi 80 barriletes tradicionales pintados por artistas reconocidos argentinos”, explicó.

Otro de los miembros destacados de la comunidad es Alejandro Kim, abogado, político peronista y primera generación de argentinos hijos de coreanos. Kim nació en 1977, un año después de que sus padres llegaron a la ciudad de Buenos Aires.

Sobre la comunidad coreana, el político destacó que manejan el 35% de la industria textil en la Argentina. “Eso te da la pauta de lo laborioso y estudiosos que somos. Gracias a todo el esfuerzo de la generación que me precede pudimos lograr instalarnos, involucrarnos y consolidarnos”, dijo Kim. “Había un dicho en la colectividad de que entre nosotros sabíamos cuántas cucharas había en tu casa, un dicho bien coreano, esa era la interacción y la intimidad que había dentro de la comunidad”, agregó.

“En el jardín y primaria no me sentía diferente, pensé que era uno más. Le pasó a muchos coreanos que nacimos acá, hasta que te das cuenta -en su caso a los siete años- de que somos diferentes físicamente. Hoy en día, con la masificación de la información, es más común ver gente oriental, pero hace cincuenta años no lo era”, recordó Kim. Además, aseguró sentirse 100% coreano y argentino. En su primer viaje a Corea, en 1997, se dió cuenta que la Corea que le narraban sus padres se había quedado en los años setenta. “En Corea somos extranjeros. Tenemos otra forma de razonar, una visión diferente”, dijo.

Bangladesíes, la comunidad menos numerosa

Con 99 personas registradas en el último censo, los inmigrantes de Bangladesh forman una de las comunidades más pequeñas de la ciudad de Buenos Aires. El barrio de Once es el que registra al 90% de los censados pero, según la comunidad, son más los inmigrantes provenientes del país asiático.

“Cuando vine a la Argentina sólo había 15 paisanos, que habían llegado en los años noventa. Para abrir mi primer negocio me dieron mercadería fiada. Aún lo hacemos cuando llega uno nuevo, prestando plata, mercadería, o una casa, porque acá alquilar es difícil”, dijo Mizanur Rahman (42), dueño de una tienda de aparatos electrónicos ubicada en el cruce de Bartolomé Mitre y Larrea.

Me Abdul Kalam Shaheen, proveniente de la región de Sylhet llegó a CABA en 2012, después de haber pasado dos años en Dubai, y juega al cricket
Me Abdul Kalam Shaheen, proveniente de la región de Sylhet llegó a CABA en 2012, después de haber pasado dos años en Dubai, y juega al cricketNicolas Suarez

Rahman llegó al país hace 15 años. En su recorrido hasta llegar a la Argentina pasó primero por la India y después por Perú, donde vivió menos de un año. A finales de 2010 decidió mudarse a la ciudad de Buenos Aires tras visitar seis meses el país, alojándose en casa de unos paisanos en Villa del Parque.

El emprendedor aseguró que la comunidad bangladeshí tiene registrados más de 250 personas en CABA, entre hombres, mujeres y niños. “Los primeros vinieron entre 1995 y el 2000. Después, entre 2007 y 2010 llegaron otras 40 personas. Pasado el 2018 ya no vino nadie más, por la pandemia, los trámites y la dificultad de conseguir trabajo en blanco”, dijo.

A metros de su local, sobre Bartolomé Mitre, uno de sus paisanos de Rahman atiende una tienda de las mismas características que la suya. Me Abdul Kalam Shaheen, proveniente de la región de Sylhet -al igual que Rahman-, llegó a CABA en 2012, después de haber pasado dos años en Dubai.

BANGLADESH

BANGLADESH

Decidió venir al país porque tenía un familiar -su tío- viviendo en la Ciudad y no sabía nada de castellano, pero se pudo manejar con el inglés, hasta que aprendió la lengua local gracias a los vídeos de YouTube.

Shaheen se lamentó -entre risas- de la dificultad que tienen sus paisanos para conseguir la visa porque necesita más jugadores para su equipo de cricket. “Cuando llegué buscaba dónde jugar. Un chico de Pakistán me llevó a un club de Ezeiza. Después armé el mío, que duró dos años, hasta que se fueron los jugadores y dejamos de participar”, contó.

“Como comunidad nos apoyamos, cuando alguien se enferma y no habla español, cuando alguien es nuevo o se quiere ir. También nos juntamos en las fiestas nacionales, como el día de la independencia, el 21 de febrero”, dijo Johirul Islam Bahar, otro inmigrante proveniente de Bangladesh.

Al igual que Rahman y Shaheen, este hombre de 32 años, que llegó en 2017 a la ciudad, trabaja en una tienda de electrónica regentada por su hermano, sobre la misma calle Bartolomé Mitre. “Cuando llegamos, nuestros paisanos tienen locales de electrónica, entonces es lo que aprendemos”, explicó.

Sobre el país, destacó que existen diferencias respecto a la comida. Ellos están más acostumbrados al pescado y hay muchas cosas que no se consiguen. También aseguró que la gente es más respetuosa que en su país, donde aún hay mucho clasismo.

Enzo Iriarte y Saúl Pink

Comentario de AgendAR:

No conozco a los investigadores y escritores de esta nota de La Nación, Enzo Iriarte y Saúl Pink, pero valen lo suyo. Y la cartografía acompañante es de la buena. 

Iriarte y Pink tienen sorpresas por todos lados: los inmigrantes puros de primera generación son poquísimos, y los muchísimos que ves en los barrios famosos, como el de los armenios alrededor de Córdoba y Serrano, son todos segunda, tercera y cuarta generación. Pero siguen impecablemente armenios en lo cultural y religioso. 

Los armenios de look son como casi todos los argentinos clasemedieros pero con muchos colegios exclusivamente comunitarios, y egresados con más plata, más éxito, más músculo, ojos más perforantes y, los hombres, brazos más peludos. No da para pelearse.

Un salido al colega y amigo Quique Garabeytán de AgendAR, ahí, que es montañista, pero podría haberle enseñado catch a Karadagián en Belgrano R.

Lo sorprendente es que pase otro tanto con la comunidad coreana en el Bajo Flores: muy pocos sobrevivientes de la ola inmigratoria original, con pasaporte de Corea del Sur fechados en los ’70. 

Corea entonces era un país pobre, rural, ocupado y hambriento. Ya brillaban en astilleros e industria pesada, pero nada más. Era el país más expulsivo del sudeste asiático, en lo que concierne a la Argentina. 

Coreanos de cuarta y quinta generación, sin embargo, tenemos bocha, lo que me sorprende. 

En mi percepción de docente del Nacional Buenos Aires, 1986, lo que hacían los padres de mis alumnos coreanos era aprovechar la educación pública de excelencia que daba la UBA, y el ingreso libre a las carreras universitarias, para luego reenviar a sus hijos a EEUU con títulos de grado y posgrado.

En la estrategia familiar, planificada fríamente antes de salir en avión desde Seúl, era que los hijos, tras ser «puestos en valor educativo» por la Argentina, luego consiguieran la Green Card de los EEUU o la residencia de Canadá. Y que trabajando en Norteamérica como ingenieros, constructores, docentes o científicos, pagaran por el traslado de sus padres y abuelos desde Argentina hasta los EEUU.

Y lo que vi como profesor aquel año era que la estrategia se estaba cumpliendo con una disciplina militar. Los chicos coreanos eran fácilmente el 20% de la matrícula de aquel colegio de alto rendimiento. Nos habían reemplazado, como comunidad destacada, a los descendientes de judíos. 

Y los coreanos todavía estaban crudos, como inmigrantes, pero también condenados al éxito. No eran los mejores de la clase (yo daba literatura), pero sí los más aplicados. 

A veces yo hacía chistes al final de la clase, onda «para mañana me leen Facundo Sombra entero, y les tomo prueba escrita». Obviamente, los alumnitos argentinos se morían de risa, otra vez Arias mandando fruta, cuándo no. 

Los coreanos, en cambio, tomaban nota rigurosa en sus cuadernos, y asentían con gravedad impasible. No confundo coreanos con japoneses, pero parecían niños kamikaze mandados por el Emperador a su vuelo final.

La única que captaba el torcido humor argentino al vuelo era Lee Yu Mi, o «Iumi», como la llamaban los otros pibes. Un saludito para vos, Iumi, mi favorita de 1986. 

Era fanática de Quino, y se reía de mis payasadas de profe langa, a carcajadas que hacían temblar los vidrios del aula. 

Pero en el mundial del ’86 faltaron todos a clase, argentinos, coreanos y judíos del Once, para juntarse en el enorme claustro de sexto año, donde estaba una TV del tamaño de un baú8l. Querían ver cómo Maradona nos vengaba de Inglaterra. Y gritaron sus dos goles en México con pasión y bronca bien criollas, onda «jódanse, piratas de mierda, devuelvan las Malvinas». Apa.

«¿Estos se van o se quedan?», dudaba yo.

La duda ocurría en las charlas personales que uno tiene con un alumno esforzado al que no le da el promedio, Eso en literatura es difícil alcanzar cuando la lengua madre es coreano, y el castellano, una herramienta descartable con la que no hay amor, y usada como trampolín para llegar al inglés. 

Cuando al chico coreano habitual (todos más altos que este argentino petiso) yo le preguntaba para qué lado profesional iba a tirar, éste asiático hierático contestaba «médico, o ingeniero, o programador», como si le diera lo mismo. Era claro que con esas personalidades de topadora social, aquellos pibes aquí iban a alcanzar títulos de grado, y más. Pro familia, más que pro patria.

¿Y qué onda de quedarse a trabajar como profesional en la Argentina?, me desesperaba yo. «No», constestaban con alguna incomodidad, «Estados Unidos. Y si no, Canadá». 

Yo les sonreía con un poco de dolor. En mi generación, la de los ’70, los zurdos e hijos de moishes (en el Buenos Aires eran conjuntos con gran área de intersección común) íbamos a cambiar la Argentina, y después el mundo, era inevitable. Pero desde aquí, el ombligo natural del universo.

En 1986, en cambio, para los coreanos del Nacional Buenos Aires, éramos un país portaaviones. Aterrizás en escuadrilla detrás de tus viejos, recargás combustible y munición, verificás motor, despegás a toque de semáforo, y luego volás a cumplir la misión trigeneracional que diseño tu abuelo en los años ’60 una aldea cercana a Guangju, donde tus ancestros cosechaban arroz, criaban patos y pasaban hambre.

Claramente, y corrían tiempos de Alfonsín, ya no éramos el país más «hot» de las Américas, máxime tras 30.000 desaparecidos, máxime con una guerra perdida en el debe. Yo tenía unos jóvenes 33 e iba al colegio en blue jeans y zapatillas. Los coreanos pibes de 16 años, vestían blazer azul, tamangos negros con cordones, pero lustrados a grado espejo, y camisa y corbata rigurosos. 

Yo para ellos debía ser un disciplecente gerentillo de recursos humanos californiano, un mix de hippie, techie y turro, Dios me libre. Tres veces por semana, ellos estaban rindiendo ante mí examen de admisión a la literatura española y sudaca. 

Y no les gustaba un carajo. La locura de Cortázar para ellos era un arte marcial ajeno, puro katas y posturas rituales, libre de combate real, todo estudiado sin placer. 

«Lo que es la cultura confuciana y el deber hacia la familia y la comunidad», me decía yo. Cosa que entiendo. Soy de argento de segunda generación. Confucio es mundial.

Mis abuelos rusos y gallegos y mis padres ya no están. En mi familia veneramos casi a lo oriental la gesta de los ancestros que vinieron pobres, con dedos índices derechos amputados y oídos perforados para zafar de la colimba del zar, que duraba más que el soldado, siete años. 

Llegaron al Plata analfabetos y sin hablar castellano sino gallego, o pobres y políglotas de iddish, hebreo, ruso, y ucraniano. Invariablemente, cargando con uno que pasó por pogroms y campos de exterminio, y quedó tocate un tango de por vida. 

Pero aquí aprendieron todos a leer en castellano escrito en caracteres románicos. Lo hicieron a la brava y sin maestros, mirando fijamente el diario La Prensa o La Razón Sexta Edición, y comparando los titulares con la información que les llegaba por la radio, en la mesa de la cocina. 

Todo inmigrante viable es un autodidacta por fuerza, y a veces no sólo viable sino exitoso. Caso contrario, es un desterrado, una víctima y un exiliado en algún ghetto barrial porteño, rehecho por compra o alquiler sólo para paisanos de una única lana. Las comunidades muy cerradas o traumatizadas normalmente no se mezclan solas y al azar con el sustrato preexistente. 

Los novios y novias extracomunitarios, entre judíos sobrevivientes a la Primera o a la Segunda Guerra mundial, eran una extravagancia mal tolerada. Uno de mis grandes amigos del Buenos Aires, en 1971, el futuro psiquiatra Mario Faust, familia paterna enteramente exterminada en Polonia por los nazis, fue un sábado a estudiar a mi casa con otros dos cumpas de la quinta división del turno mañana. Teníamos prueba aquel lunes.

No sólo fue la primera vez que Mario cruzaba el Riachuelo en un bondi de la línea 24.

Fue la primera en que salió del túnel de la línea A, que unía el Once con el Colegio, y la primera que pasaba una noche desvelado entre libros, elucubraciones, café, menciones deshonrosas a la madre de la profesora, apuntes y cigarrilos. Y para preocupación de los padres de Mario, en una ciudad futbolera y salvaje como Avellaneda. Llena de paisanos, sin embargo, lo suscribe un Berdichevsky, pero en el ghetto del Once ni se enteraban.

Pasó otro tanto con los japoneses. Una novia japonesa, esas florecitas que embellecían Escobar, te volvía «el Extraño del Pelo Largo», un ser misterioso y a veces, envidiado. Envidiado por las hermanitas de la chica. Y ni te cuento de los piratas de tus compañeros.

La escuela pública de Sarmiento y Roca trituró esas murallas culturales de vidrio blindex con eficacia. El sistema educativo fue durante un siglo una fábrica de estampar argentinos. El guardapolvo blanco unificó a ricos y pobres, ajenos y propios, e hizo sobrellevable en todo el país la portación de cara diferente. Y la de cultura diferente.

La sorpresa de este artículo tan riguroso y lleno de cifras de Iriarte y Pink, para mí, es que tantos pibes coreanos hayan decidido que anclarse en el tsunami perpetuo de la Argentina era mejor que irse a los EEUU. Lo mismo para los taiwaneses de Chinatown. ¿Qué tendremos de tan bueno?

Va lo mismo con los inmigrantes de Bangla Desh. Es el único país donde la Selección Argentina de Football tiene barra, murga y desfile por las avenidas de Dakka. Sucede cada cuatro años durante los mundiales. 

Maradona y Messi desfilan en estatua a hombros de la multitud, junto con la blanca y celeste, como santos en procesión. Y eso, en un país cuyo deporte principal es el crickett, y su placer raro, ganarle a la India y a Pakistán.

Las marchas por Maradó y Messi recrudecen toda vez que le damos la paliza a Inglaterra. Su Majestad Jorge V parece no haber dejado buenos recuerdos en la hoy megalópolis textil de Dakka, o en las selvas, pantanos y llanuras fértiles de Bengala, vieja provincia del Raj de la India. Banglah Desh, al fin y al cabo, significa Bengala Libre.

¿Qué hace de la Agentina, y específicamente de Baires, un lugar donde querer pasar la vida? ¿Piazzola? ¿Las pocas plazas que no se volvieron shoppings? ¿Los más de 600 talleres literarios particulares? ¿La buena pizza? ¿El gotán? 

En el caso de los inmigrantes sudacas, el idioma, sin duda. También la comida proteica, la escasez de balazos y la relativa abundancia de trabajo, aunque hoy sea trabajo en negro y en condiciones de explotación brutales.

Los colombianos, que tanto vinieron en los ´90, se escapaban de las agarradas entre los narcos, los paramilitares, los militares y las guerrillas de la FARC, que duraron apenas ’70 años. Por eso los traumatólogos colombianos aquí la rompen: han remendado balazos, machetazos y traumas de todo tipo posible. En un año atendiendo guardias en zona selvática, se hacen emergentólogos.

El mejor que vi era un colombiano de zona demasiadas veces «liberada» de las FARC por el Ejército. El doctor atendía gente destrozada en una salita rural de lo más precaria en Caquetá, y sin hacer preguntas. 

Una mañana entera a fines de los ´90 el doc estuvo suturando a un fusilado al que se le salían los intestinos. Lo zurció, rehidrató, desinfectó y estabilizó como pudo. Pero cuando salía, agotado, a hacerse un café, le voltean la puerta de una patada, entran cuatro bestias con carabinas M-4, gritando «Te mataré, Ramírez», o algún otro nombre de restaurante de Palermo Hollywood. Y a puro machete hacen carne picada del paciente. 

El tordo se dijo entonces: «Me voy para la Argentina». Y no es que aquí le fue mejor que en patria propia, como a García Márquez. Terminó contratado en negro y como médico sin especialidad del Hospital Fiorito, en  mi Avellaneda natal. 

Allí tenía que enderezar los entuertos generados por la inexperiencia de los «perros», es decir los practicantes de guardia nocturna en la Unidad de Trauma. Porque los apuñalados y baleados en Avellaneda Centro llegan en general de noche.

Como país de acogida, nos faltan algunos jugadores, y ni hablemos del referí. ¿Qué mantienen de bueno todavía Buenos Aires y el AMBA, Córdoba y La Plata?  

Supongo que en la Argentina, la salud y la educación pública te hacen bastante más longevo y libre. 

Pese a tanto imbécil que las detestan.

Daniel E. Arias