Cambios en el gobierno. Nada cambia

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Como habíamos anticipado en algún detalle aquí, ayer Argentina estrenó nuevo ministro de Hacienda. Y desde los modestísimos objetivos de este gobierno en el plano de la economía argentina, puede decirse que empezó con buen pie.

El presidente Macri dijo: «El dólar se va a quedar donde está». Y ayer, después de la apertura de los mercados -media hora después de la fijada para la jura del nuevo ministro- el precio del dólar quedó en $ 57,39. Para lograrlo, el Central vendió 112 millones de dólares de sus reservas (como indicamos en otra nota de hoy, sus reservas han descendido en este mes U$S 8.509 millones.

La Bolsa bajó un 10,4%, reflejando la baja que las acciones argentinas habían tenido en la de Nueva York en el feriado local del lunes. La calificadora Fitch mencionó la posibilidad de que la deuda argentina debiera ser reestructurada…

En la economía real, la autopartista 3M analiza dejar de producir en el país. Un día como todos, en suma.

Por si resulta de interés, en un grupo de economistas se intercambiaron opiniones sobre lo que se necesitaría para salir de esta «recesión con (alta) inflación». Hubo un limitado consenso en torno a un esquema: «Un nuevo set de precios relativos -razonablemente estable- que ordenen la macro, tasa de interés muy moderadamente positiva, tipo de cambio alto, y salario real en pesos alto para recuperar el nivel del consumo«. Citando a un dirigente del siglo pasado, se dijo «Todo el arte está en la ejecución».

El consenso más firme fue en torno a los requisitos imprescindibles «Poder político y decisión».

Caen U$S 8.509 millones las reservas del Banco Central

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El derrumbe del valor de los bonos argentinos -entre 30% y 40%- obligó al Tesoro a pagar ayer US$ 2.615 millones para cancelar un contrato de recompra (Repo) que había sido acordado con bancos internacionales justamente para robustecer las reservas.

La consecuencia fue una caída imprevista de las tenencias del Banco Central de US$ 3.016 millones. Entre este pago, las ventas de divisas para contener el tipo de cambio y los retiros de depósitos en moneda extranjera, la corrida ya se llevó US$ 8.509 millones en lo que va de agosto, que va camino a ser el mes récord en salida de dólares del BCRA.

La cancelación anticipada del Repo fue obligada porque los bonos soberanos argentinos eran garantía del préstamo. En este tipo de operaciones, el Tesoro emite títulos de deuda bajo el compromiso de recomprarlos una vez terminado el acuerdo. Como el valor de los papeles cayó por debajo del piso establecido en el contrato, se gatilló una cláusula que obligaba al Gobierno a emitir más bonos a las tasas superiores al 60% que fija hoy el mercado para los activos nacionales o abonar el compromiso en efectivo y cerrar la transacción.

Quien apeló a la cláusula para recibir el dinero prestado fue un consorcio de bancos privados que estaría integrado por Santander, HSBC, BBVA, Nomura, Citi y Credit Suisse. Con este pago, Argentina redujo su deuda pública en US$ 12.810 millones, al cancelar US$ 5.948 millones del Bonar 2024, US$ 4.019 millones del Bonar 2025 y US$ 2.842 millones del Bonar 2037. Hace 30 años se habló por primera vez de un «festival de bonos».

Se afirma que esta operación encendió las alarmas tanto en el Gobierno como en el Frente de Todos ya que aceleró el derrumbe de las reservas, necesarias para intervenir en el mercado cambiario.

El 31 de julio las arcas del BCRA tenían US$ 67.899 millones. Los retiros de depósitos en dólares de los bancos, las ventas de divisas por cuenta propia y por orden del Tesoro y los pagos de vencimientos hicieron que en apenas 13 días hábiles caigan a US$ 59.390 millones. Se trata de la mayor baja de la historia. Incluso superior a los anteriores meses de corrida y enero de 2006 cuando luego de la cancelación de la deuda con el Fondo se fueron US$ 8.388 millones.

Por el cambio climático Argentina sufre ciclos más largos de sequía

Aunque el aumento de la temperatura y el de la frecuencia de las precipitaciones intensas son los fenómenos más conocidos del cambio climático en Argentina, los investigadores observan que se está dando en el país un incremento de las secuencias secas –incluso extremas, de más de 15 días–, lo que en determinadas épocas del año puede impactar en el sector productivo agrícola.

“A partir del cambio climático hay una modificación de cómo está lloviendo. Puede llover en forma muy intensa, así como también tener muchos días seguidos sin lluvia. Estamos analizando los dos extremos y la temperatura para sumar la evapotranspiración al estudio del evento de sequía”, explicó la investigadora Olga Penalba, del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y de los Océanos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Según un estudio de investigadores de la mencionada facultad y de la de Agronomía de la UBA en el que se analizaron las secuencias largas extremas de más de 15 días seguidos sin lluvia (o precipitación inferior a un milímetro), en áreas de las provincias de San Luis, Córdoba o La Pampa hay entre un 20% y 25% de posibilidades de sufrir largos períodos de sequía en primavera y en otoño (que son las estaciones que más impactan en los cultivos). Estas probabilidades superan el 50% en invierno, aunque el impacto es menor. Los datos son un poco mejores para la región del Litoral y la provincia de Buenos Aires, con entre 10% y 20% de chances de sufrir secuencias largas de días secos, en otoño y primavera, y entre 30% y 40% en invierno.

“En el oeste de la provincia de Buenos Aires, La Pampa, sur de Córdoba y San Luis, en el período 1986-2008 hubo entre un 10% y 20% más de casos de sequía respecto del período 1961-1985, solo analizando la precipitación”, destacó Penalba. Esta zona es la que aparece como la más vulnerable tanto en el presente como en el futuro. La investigadora del Conicet agregó que “en toda la provincia de Buenos Aires, en La Pampa y en la Patagonia norte hay un aumento en la cantidad de veces que puede darse una sequía”.

Por su parte, la responsable del área de Climatología del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), María de los Milagros Skansi, indicó que a nivel global se consensuaron indicadores para monitoreo de cambio climático, como el impacto asociado a inundaciones y a sequías. “Las lluvias explicó– se concentran en eventos más puntuales, pero después se puede tener un período más largo de lo que era normal antes, sin lluvias. El cambio climático afecta los extremos de lluvia y los déficits”.

La especialista del SMN señaló que la sequía suele afectar zonas geográficas más amplias que las inundaciones e impactar, según el período de tiempo, en los sistemas productivos y el nivel de los ríos y lagos. “En la zona del noroeste de la Patagonia nos genera un impacto porque ahí están las represas hidroeléctricas”, afirmó Skansi.

Según el mapa de emergencias y desastres agropecuarios declarados a nivel nacional entre 2004 y 2018 del Ministerio de Agroindustria, la recurrencia de sequía se destaca en el sur de la provincia de Buenos Aires, La Pampa, Río Negro y parte de Neuquén y también, aunque con un poco menos de intensidad, en Mendoza, Córdoba, Santa Fe y Chaco. “Para que un lugar pueda declararse en emergencia tiene que ocurrir un evento climático o meteorológico de una magnitud tal que genere daño a los productores por encima del 50% de su capacidad productiva, y para que sea desastre, más del 80%”, detalló Mariano Quesada, director de Crisis y Asistencia Agropecuaria de Agroindustria.

El ingeniero agrónomo explicó que mientras las inundaciones afectan más a la sociedad civil, las sequías impactan con mayor magnitud, en términos económicos, al sector productivo agrícola. Por ejemplo, el monto mínimo estimado de pérdida en los cultivos de soja, maíz, sorgo, girasol y trigo por el fenómeno de El Niño fuerte que se dio entre 2015 y 2016 fue de 30 mil millones de pesos, y por la sequía en 2017-2018 en los mismos cultivos fue de 112 mil millones. “Cuando ocurre una sequía, el rendimiento cae abruptamente porque la afectación es más amplia; en cambio, en las inundaciones quizás se salvan las lomas, y ciertas zonas que no son tan bajas logran buenos rendimientos”, describió Quesada.

Penalba advirtió el impacto que sufre el suelo: “Con el cambio climático puede haber un aumento de la cantidad de días que no llueve y eventos muy extremos de precipitación sucesivos. Entonces el suelo se reseca muchísimo, se agrieta, consume toda el agua que tiene, y después una lluvia muy intensa lo lava porque toda la parte de los nutrientes se va”.

Argentina Nuclear: 3 meses y medio para no morir

Por su trayectoria histórica y por sus posibilidades futuras, el Programa Nuclear Argentino es clave para el desarrollo autónomo de la tecnología nacional. Así, AgendAR siempre le dedicó espacio y atención.

Pero debemos reconocer que no es frecuente que en sólo 6 horas hayamos publicado 3 artículos distintos -e importantes- sobre el tema. La entrevista a Carlos Araoz, un historico de la Comisión Nacional de Energía Atómica, el diagnóstico del Sistema Nuclear Argentino a agosto 2019 que elaboraron referentes del sector, y este apasionado texto de nuestro Daniel Arias. Es que son días decisivos.

La pelea es ahora. Sólo nos queda agregar una sugerencia para un futuro gobierno con mayor visión que el actual: la CNEA debe salir de la órbita de la Secretaría de Energía -inevitablemente hegemonizada por petroleros- y volver a su status fundacional de dependencia directa del Poder Ejecutivo Nacional. Son demasiados los aspectos, en el campo de la energía, de la ciencia, de la tecnología de punta y de las relaciones internacionales que tienen que ver con su tarea.

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En lo que queda de aquí al 10 de Diciembre, el subsecretario de Energía Nuclear, Julián Gadano, inexplicable sociólogo a cargo del mayor elenco de expertos nucleares del Hemisferio Sur se podría ir volviendo un fantasma con termo. Éste sería útil para que los ordenanzas no le traigan frío el café, si le llega.

Sin embargo, Gadano todavía tendrá firma hasta la fecha citada. Se autodenominó presidente de Nucleoeléctrica Argentina SA (NA-SA) y desde allí puede volver irreversibles los daños que desde 2016 él y sus sucesivos jefes (Juan J. Aranguren, Javier Iguacel, Gustavo Lopetegui) infligieron al Programa Nuclear Argentino. Por eso sugerimos:

  • que en materia de contratos atómicos, especialmente sobre combustibles, y especialmente con China, rija un “no innovar” hasta que asuma un nuevo gobierno nacional,
  • que ninguna empresa pública o privada del Programa Nuclear Argentino sustituya a la CNEA en su rol de representante del conjunto del mismo,
  • que las asociaciones profesionales y gremiales de la CNEA respondan con juicios de amparo todo intento de forzar el cierre de instalaciones estratégicas existentes, como la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) de Arroyito, Neuquén, o el Centro Tecnológico Pilcaniyeu (Pilca), en Río Negro, con su planta piloto de enriquecimiento de uranio,
  • que el Poder Legislativo bloquee todo intento de la Cancillería de capitalizar dichos cierres eventuales con la firma del llamado “protocolo adicional” al Tratado de No Proliferación.

A continuación, nuestras razones

No innovar con China

Hasta 2015, en una solución de compromiso, a la China National Nuclear Corporation (CNNC) le íbamos a comprar 2 centrales nucleoeléctricas casi regaladas, una CANDU y una Hwalong-1. Respectivamente y en resumen, eran la que queríamos construir nosotros y la que querían vendernos ellos.

El 18 de mayo de 2018, casi al toque del primer acuerdo con el FMI, este gobierno eliminó la primera central y se quedó con la segunda. La CNNC no hizo comentarios: si el pez salta solo del agua a la sartén, ¿para qué gastar en anzuelos y carnada?

Las razones que dio Gadano a partir del 18 de mayo de 2018 van en contra de todo lo que decía desde 2016. Declaró que la tecnología CANDU, con uranio natural moderado y refrigerado con agua pesada, está en extinción.

Mientras se escribe esto, sobre un total de 10 pedidas formalmente en 2015 por su gobierno a la Nuclear Power Corporation of India, Ltd (NPCIL) hay 4 centrales tipo CANDU en obra en territorio indio: Kakrapar 3 y 4 en Gujarat, y Rajastán 7 y 8 en el estado homónimo. La orden se completará con 6 unidades repartidas en Gorakhpur, en Haryana Faterabad, Chutka y Bhimpur en Madhya Pradesh, Kaiga en Karnakata, así como Mahi Banawara también en Rajastán.

Estas centrales remisas a extinguirse pese a Gadano son todas unidades de 700 MW por pieza, copias no autorizadas de la tecnología canadiense CANDU. En suma, hay 2800 MW en construcción y 4200 MW más encargados. Esto sucede en el 2do. estado-nación más poblado del planeta.

Mientras tanto, en el 1er. estado-nación más poblado del planeta (obviamente, China), sobre el cambio de siglo el gobierno compró a Canadá 2 unidades CANDU de 740 MW, idénticas a la que Gadano rechazó para Atucha III. Anduvieron joya, típico de las CANDU. En 2016 las autoridades regulatorias nucleares chinas licenciaron la tecnología de otras 2 CANDU de potencia mayor (1000 MW). Éstas, del nuevo modelo ACR, son capaces de quemar distintos combustibles, además de uranio natural, y llevan una menor carga inicial de agua pesada (un insumo caro). Los muertos que mata Gadano gozan de buena salud. Si hasta evolucionan.

La mayor motivación de China para haberse tentado con “esta vía muerta” que son las CANDU, según Gadano, es que una ACR de 1000 MW puede funcionar perfectamente con los combustibles nucleares gastados por 5000 MW de plantas de uranio enriquecido. Y China tiene una flota de 47 centrales de este tipo y 15 más en obra. Lo que no le sobra en su territorio nacional es un gramo de uranio…

Canadá, la India, Argentina, Corea, Pakistán y Rumania adoptaron en los años ’60 el uranio natural como combustible nuclear nacional para no sufrir extorsiones del “cártel del enriquecido”, formado entonces por la URSS (hoy Rusia), EEUU, Inglaterra, Francia, Bélgica, Holanda y China. ¿Qué extorsiones? Desabastecimiento de enriquecido por no alinearse diplomáticamente, ante todo. “Obedecé o te apago la luz”.

Las presiones de EEUU contra esta tecnología canadiense fueron intensas pero tolerables hasta el 21 de mayo de 1974, cuando India detonó su primera bomba atómica. EEUU aprovechó para culpar al toque a Canadá de haber colaborado involuntariamente.

Según el State Department, el plutonio del arma se había “cocinado” en la primera central CANDU en territorio indio. Sería una imbecilidad técnica extraer el isótopo militarmente útil del plutonio (el 239), de una central nucleoeléctrica: por exceso de irradiación con neutrones saldría contaminado de 240 y 241, hiperreractivos e imposibles de manejar. En realidad, hasta la India admite que el plutonio 239 de su bomba “Smiling Buddha” salió (a mayor pureza y menor precio) de un poco vigilado reactorcito plutonígeno al que contribuyó EEUU, llamado para mayor inri CIRUS, acrónimo de Canada- India Reactor-United States.

Luego del bombazo indio, entre la diplomacia estadounidense y la soviética -luego la rusa- extorsionaron durante décadas a la lista de posibles estados compradores de la Atomic Energy Commission of Canada, Ltd. (AECL) para que desistieran de las CANDU. A la AECL Washington la obligó a exigirle a sus clientes prospectivos la firma del TNP, o Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, redactado originalmente en… Washington. La larga fila ante la puerta de la firma de Ontario se desbandó como atacada a palos por matones, salvo por China, obviamente demasiado grande y ajena para ser patoteada.

La India, ya jugada, copió la ingeniería canadiense con relativa facilidad, y “su ruta”. Por eso el prémier Narendra Modi encargó a la NPCIL 7000 MW de nuevas plantas “CANDU-like”, que se sumarán a la flota de 21 unidades de potencias menores operativas desde hace décadas. Los compradores por derecha pero fieles (Canadá ante todo, Pakistán, Argentina, Corea, Rumania) valoran y conservan sus flotas. Incluso invierten en extender sus vidas útiles a 30 años adicionales, pero –con el panorama diplomático complicado- desistieron de nuevas adquisiciones.

Argentina, puesta contra la pared por AECL en 1974 en medio de la obra de Embalse, tuvo que terminar la central sin los canadienses y “reinventar” en la Gerencia de Combustibles de CNEA los elementos combustibles CANDU. ¿Por qué? Porque las filiales “canuck” de GE y Westinghouse se negaron a suministrar la tecnología.

Lejos de desistir del uranio natural, la Argentina se dotó de la hoy mayor planta industrial de agua pesada del mundo, la PIAP de Arroyito, Neuquén, y continuó su programa de centrales de uranio natural con la tecnología alemana de KWU Siemens de las Atuchas I y II, un 50% más cara. La República Federal Alemana era también demasiado grande como para ser chantajeada por EEUU.

AECL, demasiado vecina y sin nuevos pedidos, amén de perseguida por una campaña mediática organizada en su propio país (vaya a saber por quién) quebró oficialmente en 2011. Pero es obvio que su tecnología, aunque en otras manos, sigue viva y tentadora: tanto como para que China la usara de carnada para vendernos su Hwalong-1, urgida por los avances de su competidora nuclear rusa ROSATOM en América Latina (acuerdos con Chile, Ecuador, Venezuela, Cuba y Paraguay, y ya un reactor vendido a Bolivia en 2017).

Hay dos razones más para que la ingeniería CANDU siga viva: la seguridad operativa y la relativa simplicidad. Lo primero: ningún accidente superior a un INES 2 (por fugas de refrigerante) en las CANDU o sus imitaciones indias, que suman 47 centrales operativas desde los ‘60. Lo segundo: estas plantas carecen de recipiente de presión, una pieza de acero de centenares o miles de toneladas, sólo forjable por la siderurgia de Japón, China, Francia y Rusia. Al reemplazar esta pieza descomunal de cara por centenares de tubos de presión, cualquier central CANDU resulta más barata, y su extensión de vida de 30 a 60 años un trabajo de entre 2 y 3 años. Para una central, es el equivalente de un «transplante de corazón» (y del resto del árbol circulatorio). Y aquí NA-SA lo hizo sola.

«Retubar» a nuevo una CANDU vieja es más difícil que construir una nueva. Pero Argentina lo acaba de hacer y es una prueba viviente de que los distintos tubos y también los complejos mazos de túbulos llamados “Elementos Combustibles” están al alcance de un país mediano, pero con una industria metalúrgica experta en aleaciones especiales como el incoloy, el inconel y el circaloy.

Es el caso de CONUAR, empresa mixta de la CNEA y el grupo Pérez Companc. Con décadas de I&D de la Gerencia de Combustibles de la CNEA y matricería de INVAP, desde 1986 CONUAR nos hizo autónomos en los combustibles de las Atuchas 1 y 2, así como de Embalse. Además, ya exportó componentes a otros países del COG, como la India.

El Dr. Carlos Aráoz, quien en 1958 desarrolló con Jorge Sabato las placas de combustibles del primer reactor nuclear argentino, el RA-1, y luego le vendió la tecnología a Alemania, subraya que toda vez que compró una central, la CNEA jamás pagó por una licencia tecnológica. Primero, porque habría sido pagar dos veces lo mismo, segundo porque vienen con cláusulas restrictivas para la exportación. La historia contada por Aráoz, aquí.

Los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner hicieron una apuesta fuerte a lo nuclear. Pese a haberse formateado en energía gobernando una provincia petrolera, como Santa Cruz, tuvieron la audacia de terminar Atucha II, que había estado 27 años parada. No podían no hacerlo. Con la economía creciendo al casi 8% anual desde 2003 hasta 2011 y la generación eléctrica dominada por los últimos borborigmos de gas de Loma de la Lata (vaciada por REPSOL, Menem y la Alianza), no tenían otra salida que la audacia. Atucha II o apagones en CABA y el AMBA, así de sencillo.

Justamente por petroleros, el difunto Néstor y su viuda tuvieron claro que 1000 MW nucleares te eximen de quemar 1.600 millones de metros cúbicos/año de gas natural. En ese enigmático o problemático sustituto de Loma de la Lata que trata de ser Vaca Muerta, los nuevos 1880 MW chinos podrían liberar más de 3000 millones de metros cúbicos/año para exportación.

Si en 2014 el gobierno de CFK negoció “doblete” con la China National Nuclear Corporation (“Uds. nos regalan una CANDU y nosotros les hacemos el favor de comprarles una Hwalong-1”), en esa decisión no había ninguna voluntad de discontinuar la línea de uranio natural, mantenida a rajatabla a lo largo de medio siglo. Sí había la intención de cobrarle cara a la CNNC la desesperación por meter su central “de bandera” en el único país de la región con una historia nuclear mundialmente prestigiosa, pero donde Chile, Ecuador, Venezuela, Cuba y Paraguay firmaron acuerdos con la rival rusa, ROSATOM, y Bolivia fue más lejos y le compró un reactor de investigación. Si tenés el único trampolín para zambullirte en la pileta el mercado nuclear sudamericano, que empieza a calentarse… le ponés boletería.

En los términos pactados hasta fines de 2015, la CANDU se compraba e iniciaba obra 2 años antes que la Hwalong-1: ya debería estar con un avance de obra del 60%, y la Hwalong, del 40%. Había un 75% de financiación china para todo el paquete, un 4% de interés anual a 20 años con 8 de gracia desde la terminación de cada obra. En suma, ambas plantas se pagaban solas.

La diferencia interesante es que con la dirección de obra a cargo de NA-SA y la participación masiva de más de 130 empresas metalúrgicas, electromecánicas y electrónicas argentinas en la CANDU (70% de componentes nacionales), del costo acordado de U$ 5.672 millones, 2978 millones quedaban aquí, en el país. En comparación, la Hwalong-1 costaba U$ 8.042 millones, pero siendo tecnología muy nueva para nosotros podía tener hasta un 15% de fierros nacionales, lo que dejaba en casa sólo U$ 905 millones, es decir unos U$ 2.000 millones menos que la CANDU. Esto se ve en una propuesta de los doctores Gabriel Barceló y Andrés Kreiner (CNEA), Francisco Spano (ARN) y Fernando Lisse (Comisión de Energía de Diputados) accesible aquí.

Cómo el macrismo logró emputecer una negociación tan favorable para la Argentina es milagroso. No alcanza con ser propetrolero, porque los megavatios chinos serían un negoción gasífero: nos eximirían de importar 2190 millones de metros cúbicos de gas boliviano, y todavía nos quedarían 810 millones a favor para expandir el mercado interno o exportar a países fronterizos. Incluso al precio basura al que la Secretaría de Energía le gusta vender gas a Chile, Vaca Muerta dejaría de ser un lastre y se volvería Vaca Voladora.

La supresión de la CANDU china vino con cola:

  • Dejó colgadas a las 130 empresas que terminaron Atucha II y a las 100 que trabajaron para la extensión de vida de Embalse, con una pérdida sumada de por lo menos 10.000 puestos de trabajo calificado,
  • Como recompensa por haberle dado al país 2 centrales nuevas que suman más de 1330 ME eléctricos, obligó a NA-SA al despido de los 300 profesionales y técnicos a cargo de ambas tareas (su Unidad de Gestión),
  • Le dio al gobierno la justificación para el cierre de la PIAP, la Planta Industrial de Agua Pesada de Neuquén, producto que podríamos estar exportando ya a la India por U$ 700.000 la tonelada, pero del que nos hacen falta 300 toneladas “en stock” para que los 1680 MW que suman ambas Atuchas y Embalse no se paren, y cuya carencia nos obligará a importar a precios ridículos por la escasa oferta mundial,
  • Pero ya que estaba, el gobierno dejó también al borde del cierre la instalación de enriquecimiento de uranio de Pilcaniyeu, Río Negro, cuya existencia es la única causa por la cual Argentina consigue el uranio enriquecido al 20% de los reactores exportados a Perú, Argelia, Egipto, Australia, Holanda y Arabia Saudita. Sin Pilca los dueños de la pelota no nos venden más enriquecido. Lo hacen sólo para que no la ampliemos. Y sin enriquecido no sólo no volvemos a exportar un reactor, sino que se para el CAREM, proyecto por el que la CNEA e INVAP trabajaron desde 1984.
  • El gobierno también paralizó también la construcción del reactor RA-10 de Ezeiza, capaz de copar entre el 20 y el 40% del mercado mundial de radioisótopos medicinales.
  • Y paralizó además la construcción de la futura planta de dióxido de uranio de Formosa, mientras va cerrando la existente en Córdoba Capital, lo que nos deja a merced de sólo tres abastecedores externos.
  • Y le quitó a NA-SA la dirección de obra de la central compacta CAREM, para cedérsela a Techint, y le asignó “presupuesto cero” al proyecto en 2019. El CAREM es el “programa de bandera” de la CNEA, la posibilidad para Argentina de exportar no sólo reactores sino centrales de potencia, y por cierto una mucho más moderna conceptualmente que la Hwalong-1. Sin un peso, los contratos de ingeniería de detalle del CAREM fueron cancelados, de los 12 integrantes de su oficina de ingeniería 6 renunciaron o “los” renunciaron, y el ingeniero estrella emigró a Finlandia. 80 operarios y técnicos de la obra, que avanzaba cansinamente, fueron echados.
  • Y dejó a la Gerencia de Combustibles de la CNEA fuera de la negociación con la CNNC “para no irritar a los chinos”. Los «combustibleros» de la CNEA son el grupo formado por Jorge Sabato y el mencionado Carlos Aráoz en 1958, y luego Roberto Cirimello. Esa gerencia es la garantía de poder fabricar los elementos combustibles de la Hwalong-1 en Argentina, sin pagar licencia alguna. También es la garantía de no tener cortapisas legales para exportarlos a futuros compradores de estas centrales chinas, si tales clientes quieren algún reaseguro contra apagones en caso de encontronazo diplomático con China. Esa idea la propuso para transformar una crisis en una oportunidad el invenciblemente pragmático Aráoz, sin ser siquiera escuchado. Es que la negociación por combustibles con CNNC ahora la conduce NA-SA. Que ya no es más la formidable NA-SA que retubó Embalse en 2018. Ahora fue lobotomizada por despidos e intimidación a estado de una “utility” boba, es decir ya no es una constructora con ingeniería propia sino una simple operadora de centrales.

La suma de todo sobrepasa cualquier alineación antinuclear del gobierno con las multinacionales petroleras. Es otra cosa. Constituye una genuflexión ilimitada ante la embajada de un país que, como los EEUU, a fuerza de complicar y encarecer la ingeniería hace 40 años que no se vende una central nuclear ni a sí mismo, pero rabia por volver al negocio.

Como dicen Barceló, Kreiner, Spano y Lisse, en caso de ser reelegido el macrismo, le tomaría unos 6 meses destruir definitivamente el Programa Nuclear Argentino. Con chatarrear la PIAP, cerrar “Pilca”, declarar al país sin capacidad de fabricar agua pesada o enriquecer uranio y firmar un Protocolo Adicional al TNP, está hecho. Todo intento de volver a a ser lo que éramos en 2015 hará que los EEUU nos declaren un “rogue country” y nos trate como a Irán: bloqueo comercial.

Pero todo esto, dicen los nombrados, se puede hacer mucho antes y a decretazos, o incluso sin ellos, de prepo, baipaseando al Poder Legislativo y antes de las elecciones presidenciales. ¿Cuándo este gobierno trató de ser prolijo?

Lo evidente, aunque no inevitable, es que el próximo gobierno no será macrista, pero Fernández & Fernández no la tendrán fácil. Debería retrotraer las negociaciones con China, por ahora limitadas a cartas de intención, a su estado de 2015: dos centrales, no una, y nos gusta el uranio natural, y aquella financiación, no ésta, y el combustible de ambas se hace aquí, y punto. Los chinos no estarán contentos: ahora el macrismo les dio acceso gratis al trampolín argentino sin tener que endulzarnos con una CANDU “made in Argentina” por argentinos. Posibilidad que además de mantener viva en Occidente una tecnología que le pisa el poncho a EEUU, Europa y Japón, le haría rechinar los dientes al FMI, con el cual tenemos una deuda a corto plazo y en dólares que cancela… justamente entre 2020 y 2024.

Por todo lo cual, queremos que mientras dure el interregno hasta el 10 de diciembre de 2019, Gadano no pueda firmar lo que se dice nada. Salvo su renuncia.

Daniel E. Arias

Homenaje a José Ber Gelbard, en el Día del Empresariado Nacional

El candidato a gobernador y actual intendente de San Fernando del Valle de Catamarca, Raúl Jalil, inauguró la Plaza “José Ber Gelbard”, en homenaje a quien fuera fundador de la Confederación General Empresaria 66 años atrás, el 16 de Agosto de 1953. Estaba acompañado por dirigentes empresarios de todo el país; entre ellos, Guillermo Fabián Siro, presidente de la Confederación Económica de la Provincia de Buenos Aires (CEPBA) y de Marcelo Fernández, presidente de la CGERA.

«La figura de Ber Gelbard vuelve mas actual que nunca insistiendo que el crecimiento del país está en manos de los empresarios, dando valor a los mismos y resignificando las condiciones de confianza para tal crecimiento», exclamó en sus el jefe comunal y virtual próximo gobernador de Catamarca tras su arrasadora victoria en las PASO.

Por su parte, los dirigentes empresarios destacaron el reconocimiento. “Es un momento muy emocionante que vivimos. Gracias a la iniciativa de Raúl Jalil, Catamarca es la única provincia donde José Ber Gelbard ha sido reconocido y es un orgullo para quienes abrazamos la causa”.

Guillermo Siro, en su carácter de referente de la Agrupación Gelbard, insistió en que es necesario actualizar el pensamiento de quien fuera el defensor de la necesidad de la existencia de una burguesía nacional: «Nuestra realidad en la provincia de Buenos Aires nos hace darnos cuenta que hoy debemos sumar dos tareas urgentes: defender el empleo argentino, e industrializar la ruralidad».

Diagnóstico del Sistema Nuclear Argentino a agosto 2019

La entrevista a Carlos Aráoz, «En la CNEA nunca tuvimos que aceptar patentes ni pagar licencia», nos lleva a profundizar en el tema. En AgendAR creemos -como otros- que estamos en un punto de inflexión: la historia de 70 años del Programa Nuclear de nuestro país pende de las decisiones que se tomarán, o no, en estos meses.

Por lo visto, esa es la opinión también de los principales referentes de ese programa. El Dr. Gabriel Norberto Barceló, ex Vicedirector de Ingeniería Nuclear del Instituto Balseiro y ex Gerente de Relaciones Institucionales de CNEA, el Dr. Andrés J. Kreiner, Subgerente de Tecnología y Aplicaciones de Aceleradores y Secretario General de la Asociación de Profesionales de CNEA y de la Actividad Nuclear, el Dr. Francisco Spano, ex Presidente Autoridad Regulatoria Nuclear, y el Sr. Fernando Lisse, asesor en energía y combustible del Presidente de la Comisión de energía del Congreso de la Nación (Diputado Darío Martínez), coordinador del equipo técnico de energía PJ Neuquén y congresal CTA Neuquén prepararon el siguiente cuadro de situación a la fecha. Contribuyó con información Pablo Schroeder, gerente general de CONUAR, la empresa mixta de combustibles nucleares argentinos.

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«El desarrollo nuclear argentino ha tenido una continuidad muy poco usual en la historia de nuestro país, configurando una auténtica política de estado compartida por gobiernos de muy distinto signo ideológico y, también de muy distintas credenciales democráticas. Tal desarrollo priorizó siempre la soberanía en las actividad, por lo que se encaró la línea de reactores de uranio natural y agua pesada, que garantiza la provisión de combustible aún sin poseer capacidad de enriquecimiento de uranio, o con capacidades limitadas en esta tecnología.

Sin embargo, en estos últimos años, el proceso de destrucción de ese desarrollo, alcanzado por los argentinos en 70 años de grandes esfuerzos, tanto humanos como materiales, viene progresando desde 2016 y se ha acelerado notablemente después de la firma del acuerdo con el FMI. Especialmente alarmante es el empecinamiento en destruir la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP). Si Cambiemos gana las próximas elecciones le llevará, quizá, de seis meses a un año completarlo, si pierde, puede que lo intente en los escasos días que le queden entre la derrota y la entrega del poder.

Pero veamos el marco en que se desarrolla esta política:

En su informe “Energías Renovables en Argentina (a diciembre 2016)”, el gobierno de Cambiemos predecía la necesidad de incorporar 10 GW de potencia en energías renovables entre 2017 y 2025. En Mayo de 2019 la publicación BAE Negocios informaba la existencia de obras por unos 1100 MW completados, es decir, algo más que un 10% de lo programado (con el agravante que toda esta tecnología es fundamentalmente importada). A este ritmo, de los 10 GW propuestos, difícilmente, de continuar el gobierno de Cambiemos, pueda instalar mucho más que unos 4 o 5 GW renovables en total. Esto da una idea del campo que queda para las otras formas de energía. Si esos 5 o 6 GW que faltan no son cubiertos con nuclear o hidroeléctrica, que en realidad, considerando su factor de utilización, cubrirían esa diferencia con la mitad de la potencia instalada, deberán hacerlo con nuevas usinas térmicas, posiblemente de gas, con la consiguiente contribución al efecto invernadero… y a las ganancias de las petroleras.

Como en la planificación oficial de 2016 estaba incluida una central nuclear de 1000 MW (¿será que ya estaban pensando en la Hwalong de 1000 en lugar de la CANDU de 700?), y suponiendo que la mitad de ese déficit sea cubierto con hidro, tenemos lugar para, al menos, tres CANDU’s de 700 MW de acá hasta 2025. La primer CANDU ya debería estar construyéndose, tal cual estaba planificado en 2015.

Pese a estas perspectivas, el gobierno de Cambiemos ha avanzado contra los tres pilares en que se basa nuestra autonomía nuclear. La línea de reactores de uranio natural, la planta de agua pesada y la planta de enriquecimiento de uranio. Además ha ralentizado o suspendido la inversión en los demás proyectos prioritarios: el desarrollo y la construcción del prototipo de la central nucleoeléctrica compacta CAREM, y la construcción del reactor RA 10, de investigación y fabricación de radioisótopos. Muy grave también es el parate de la obra de la planta de fabricación de dióxido de uranio en Formosa, que debe reemplazar a la planta existente en la ciudad de Córdoba.

La continuidad de la línea de uranio natural, que nos garantiza la operación, al garantizar la provisión de combustibles fabricados aquí, quedó suspendida sine die cuando el Gobierno Nacional tomó la decisión de cancelar el proyecto de un reactor CANDU (después de la firma del acuerdo con el FMI, como se dijo). Esa central de potencia sería fabricada casi totalmente en el País y programada para ser la cuarta central nuclear nacional. Se la canceló en favor de un reactor chino de uranio enriquecido comprado «llave en mano», es decir, con una mínima contribución de la industria nacional. Si bien no se conocen los detalles de lo firmado, y puede tratarse hasta ahora, de una carta de intención, la dirección política que implica esta decisión es clara y atenta contra el desarrollo autónomo y, también, contra el recupero de la inversión que empresas estatales, mixtas y privadas han hecho con el objetivo de continuar con la línea de uranio natural.

El impacto sobre la economía argentina se puede estimar a partir de los datos contenidos en un documento de expertos elaborado a pedido de la subsecretaria de energía nuclear en 2016. Como concepto general está demostrado que una determinada inversión en obra pública retorna a la economía en aproximadamente un 75% (siempre hay un componente importado cuando hay tecnología de por medio). La inversión para la CANDU era de MUSD (millones de dólares estadounidenses) 5.672, mientras que para la Hwalong el valor estipulado era MUSD 8.042. Considerando una participación nacional de 70% (MUSD 3.970) y un retorno de 75% hacen un impacto positivo sobre la economía local de MUSD 2.978. En el caso de la Hwalong tenemos un 15% de participación local (MUSD 1.206) y con un 75% el retorno es de MUSD 905. La diferencia a favor de la CANDU es de MUSD 2.073. O sea que desde un punto de vista estrictamente económico, ¡la diferencia a favor de la CANDU es de arriba de 2.000 MUSD!

No hay ninguna duda de que la opción CANDU, además de garantizar la provisión del combustible, por capacidad nacional para producirlo, maximiza el impacto tanto sobre el empleo argentino y la actividad económica local y minimiza la erogación de divisas que el país no tiene.

Si tenemos en cuenta que la propuesta china que se estaba discutiendo a fines de 2015, y que incluía una CANDU antes de la Hwalong, incorporaba cláusulas de cumplimiento de plazos de construcción con penalidades que involucraban la caída de los créditos otorgados por los proveedores, es razonable pensar que el contrato que está negociando el gobierno actual, además de no incorporar más de un 15% de participación nacional, según dicen ciertas versiones, incluya términos parecidos. Por ello, de mediar el menor conflicto gremial que pueda demorar la obra, los créditos chinos quedarían condicionados a la participación de obreros de esa nacionalidad, importados de su país de origen, hasta la finalización de la obra.

La planta de agua pesada, imprescindible para los reactores de uranio natural y la mayor del mundo en este momento ha interrumpido sus programas de producción desde 2017 y se está empujando al personal más especializado a tomar retiros voluntarios mediante un programa lanzado en junio de este año, después de haber sufrido maltrato laboral (como ser pagos irregulares de sus salarios, falta total de ajustes por inflación, etc.). Esto se inicia, también significativamente, desde el momento mismo de la firma del acuerdo con el FMI.

Según nuestros datos el stock existente de reposición de agua pesada para nuestras centrales alcanza solo para 2 a 3 años, luego de lo cual habrá que salir a pagar el agua pesada en USD a valores tan altos como se les ocurran a los poquísimos proveedores, y en divisas. Se está pensando en acoplarle una planta de fertilizantes, posibilidad discutida desde el inicio de sus operaciones. En las actuales circunstancias, tal agregado significaría, muy posiblemente, una justificación para pasar luego a desactivar y desguazar las partes específicas de fabricación de agua pesada. Aun cuando no se siga, por ahora, con la línea CANDU en la Argentina, la información internacional indica que India está construyendo cuatro reactores de esa tecnología, que tienen previsto entrar en operación en 2022, y tiene programados 6 más.

La empresa CONUAR, con participación de CNEA, ha provisto partes para una de las 4 CANDU a terminar en 2022, y ha está participando en una licitación internacional para proveer partes para 3 de las 6 adicionales.

India posiblemente esté sufriendo las mismas presiones que sufrimos por acá contra los 6 CANDU adicionales, y la salud y tiempos de esos proyectos podría, también estar condicionada a la supervivencia de la PIAP. Efectivamente, la planta argentina sería una fuente alternativa de agua pesada para esos proyectos, considerando que las plantas indias para fabricar el líquido no lo podrían suministrar en tiempo y forma. La asociación con la India debe explorarse con toda seriedad.

La planta de enriquecimiento de Pilcaniyeu está inactiva desde junio de 2016 y, pese a algunos anuncios en contrario, si contemplamos el resto del panorama, vemos que no hay muchos motivos para pensar que puede volver a funcionar en el futuro cercano. Si bien su producción hasta ahora no pasó de 1000 Kg con muy bajos enriquecimientos, su sola existencia coloca a la Argentina en el grupo de países con la capacidad de enriquecer uranio, lo que, además de impedir las presiones que se aplican actualmente contra los países que se inician en esta capacidad, ha permitido asegurar la importación de uranio enriquecido para los reactores que exportó INVAP y permite dar ciertas garantías para la viabilidad del CAREM, tanto para el uso interno como para la exportación de esta revolucionaria planta argentina de potencia. Si se prolonga la parálisis de la capacidad de enriquecimiento o, peor, si se declara oficialmente ante OIEA que el país ya no enriquece uranio, Argentina puede perder su reconocimiento como país enriquecedor, categoría a la que será extremadamente difícil volver por las presiones de los países centrales, que son los que monopolizan la actividad.

El paso siguiente en cada una de estas dos últimas actividades será el desguace de las capacidades nucleares de ambas plantas. El daño a la línea de reactores de uranio natural se producirá, simplemente, por la inactividad de los grupos de ingeniería y de las empresas relacionadas con la capacidad nacional alcanzada para fabricar las CANDU durante los años que lleve el “proyecto tapón” de la central china que absorberá todo el presupuesto que se pueda asignar a la nueva generación nuclear. Además de las pérdidas de miles de puestos de trabajo, incluidos muchos altamente especializados, se perderían las perspectivas de incrementar la producción de cobalto 60, radioisótopo de uso medicinal del cual la Argentina es el 3er. productor mundial. El Co 60 se fabrica en las centrales CANDU.

Una vez conseguido esto, y en contra de lo alcanzado con las centrales de uranio natural, cuyo combustible se fabrica en la Argentina, nuestro país deberá comprar todos los años o cada año y medio, combustible nuclear de uranio enriquecido o, al menos, el servicio de enriquecimiento de uranio a los países centrales, que poseen la capacidad. Y que ponen condicionamientos no solo económicos para vender uranio enriquecido. Estaremos condicionados políticamente a su voluntad si vamos reemplazando con centrales de uranio enriquecido el uso de los combustibles fósiles. Y eso es algo bastante cercano en el tiempo, porque posiblemente se comenzará a abandonar la emisión de carbono fósil para mitigar el cambio climático y sus efectos cada vez más graves y globales.

El CAREM, el reactor de diseño argentino que a menudo es mencionado como el proyecto “insignia” del programa nuclear nacional, no tiene demasiado valor si no tenemos capacidad de enriquecimiento para poner el combustible de las unidades que podamos instalar en la Argentina, o de las que podamos exportar. Como dijimos, si no contamos con capacidad autóctona de enriquecimiento de mayor escala que la que tenemos hoy, los países proveedores de ese servicio pondrán condicionamientos para vendernos el combustible del CAREM. Nada hace pensar que van a proveérnoslo, ya que estamos compitiendo con ellos con una central nuclear mejor, más segura, más avanzada y posiblemente más barata que las que ellos ofrecen.

Mayo de 2019. El “liner”, revestimiento interno de acero del blindaje de contención de la central nuclear CAREM, levantado por una grúa para su instalación en la planta, atrás y a la izquierda.

Además se ha reducido el presupuesto de la Gerencia CAREM y las obras del primer prototipo, que se están realizando en Atucha están en vías de parálisis. En 2019 no se previó presupuesto para el CAREM, los contratos de ingeniería de detalle fueron cancelados por falta de presupuesto. De los 12 integrantes de la oficina técnica de ingeniería ,por ejemplo, al menos 6 renunciaron o vieron cancelados sus contratos. El más capacitado emigró a Finlandia. En la obra fue noticia el despido de unos 80 trabajadores de una empresa subsidiaria por falta de actualizaciones en los pagos por personal.

El RA 10, que tuvo una cierta «primavera» -presumiblemente porque uno de los contratistas principales era una empresa ligada al presidente Macri-, también está siendo detenido.

En cuanto a la planta de dióxido de uranio (U02) de Formosa, estaba en obra para reemplazar a la de Córdoba, que va a cierre en marzo del año próximo por presiones del gobierno municipal cordobés. La puesta en marcha del sustituto formoseño es esencial para la provisión del combustible a las centrales nacionales. Si Argentina pierde esa capacidad, deberá importar el dióxido de uranio natural y no hay en el mundo más que 3 proveedores que pueden suministrarlo. Esto significaría, además, un nuevo golpe a la autonomía en el manejo del Ciclo de Combustible: estaríamos importando no sólo el tetróxido de diuranio (la forma química en que sale de la mina, U3O8) debido a las presiones antinucleares en las provincias que pueden proveerlo a partir de la minería. Estaríamos perdiendo el paso siguiente de la cadena de valor, su conversión a U02, la base para hacer las pastillas o «pellets» de cerámica que se envainan en los elementos combustibles.

En el interín, el próximo paso por el que presionan los países dominantes, a través del que nos tocó como gendarme regional, es la firma del Protocolo Adicional del Acuerdo de Salvaguardias asociado a la firma del Tratado de No Proliferación. Y sabemos cuán sensible es el gobierno actual a las presiones que vienen de ese lado.

Tal firma les dará, de hecho, poder de veto a los países dominantes para interferir y, cuando lo deseen – y hace décadas que lo desean – detener nuestro desarrollo nuclear. Además les dará derecho a inspeccionar lo que quieran en territorio nacional (imaginemos a inspectores británicos inspeccionando instalaciones de defensa de la Patagonia) con el argumento basado en una denuncia cualquiera, de que estamos haciendo allí actividades que nos comprometimos a no llevar a cabo. También podrán cuestionar e interferir en desarrollos industriales no relacionados con lo nuclear: meterse en fábricas de fibras de carbono o de sistemas electrónicos e informáticos complejos. Es decir, podrán detener el desarrollo nuclear pero también obstaculizar y/o copiar impunemente nuestros pocos desarrollos industriales, incluyendo nuestros sistemas de defensa convencional.

Se nos dirá que no ha de ser para tanto, ya que la gran mayoría de los países del mundo ya han firmado el Protocolo Adicional. Y es cierto.

Pero sucede que no hay muchos países que reúnan las condiciones que tiene la Argentina. El más cercano lo es también geográficamente: Brasil. Por ello estamos en sociedad también en esto, nuestro socio más cercano.

PIAP, planta industrial de agua pesada, Arroyito, Neuquén

La inmensa mayoría de los países se divide en tres grupos: los que ya tienen todo lo que necesitan para un desarrollo nuclear autónomo, como los cinco miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, armados en su mayoría con bombas nucleares y termonucleares. También un segundo grupo países estratégicamente asociados a estos 5. Y por último, están los que no tienen ninguna posibilidad de alcanzar un desarrollo nuclear propio, la mayor parte de los estados-nación del mundo.

El segundo grupo es el de los países como India, Paquistán, o Israel, que poseen condiciones geopolíticas muy particulares y desarrollaron arsenales nucleares «tolerados» por el Consejo de Seguridad. En ese grupo tratan de meterse Irán y Corea del Norte que, en algún momento han violado alguno de los compromisos internacionales que habían asumido y están clasificados como “rogue states” (estados bandidos) y condenados al ostracismo y, quizá a una invasión militar en algún futuro no demasiado lejano.

Brasil y Argentina, por su parte, han hecho sus desarrollos siempre en el marco de los compromisos por ellos asumidos, y mantienen relaciones jurídicamente más que amigables con la “comunidad internacional”, a través del llamado “perro guardían de las Naciones Unidas», el Organismo Internacional de Energía Atómica, que tiene acceso a las plantas sensibles cada vez que lo desea. Es decir, sin objeciones posibles, estamos bien de papeles.

El órgano binacional que canaliza los controles mutuos y los del OIEA, la Agencia Brasileño Argentina de Contabilidad y Control, o ABACC, es mencionado con frecuencia en los foros internacionales como ejemplo a aplicar en otras zonas del mundo. Sus capacidades han permitido que se exima a nuestros dos países (por ahora) de la firma del Protocolo Adicional.

Esto de ninguna manera quiere decir, por supuesto, que los países poderosos no estarían más cómodos si dejáramos de tener estas capacidades y que, por lo tanto, no estén empleando todas las vías que pueden, legales y de las otras, para que las abandonemos.

Los argumentos explicitados para ello tienen que ver con la no proliferación de las armas nucleares, pero en el trasfondo de esa preocupación hay intenciones geopolíticas estratégicas y también sencillamente comerciales. Les hacemos competencia.

La alternativa es, entonces: o resistimos las presiones que recibimos, dando, al mismo tiempo, todas las garantías razonables que pida la “comunidad Internacional” sin llegar a los extremos del Protocolo Adicional, tal como lo están tratando de imponer desde los poderosos (se puede negociar el texto a firmar y, esto sí, puede estudiarse). O bien cedemos a las presiones y comprometemos para siempre la autonomía nacional en el desarrollo energético y, por lo tanto, industrial, de la Argentina.

Desde sus inicios, el Plan Nuclear Argentino fue mucho más que un programa de construcción de centrales nucleares. Siempre procuró ser completo, integral y ajustado al marco de nuestras necesidades económicas. Siempre sumó desarrollos en Ciencia y Tecnología en temas concurrentes y necesarios para el sector. Aportó las aplicaciones de las radiaciones ionizantes a la vida cotidiana, a la salud, a la industria. En una decisión esencial y fundacional, sumó el desarrollo y control del ciclo de combustibles. En un salto trascendente y de extraordinario valor estratégico, sumó también la capacidad de enriquecer uranio para asegurar el combustible de nuestros reactores de investigación, del CAREM y de los posibles reactores de esa tecnología que podamos incorporar al parque de generación nuclear en un futuro.

Nuestro Plan Nuclear se desarrolló con excelencia, tanto en la promoción como en la regulación de la seguridad. Creció atendiendo a las exigencias del desarrollo necesario de nuestro pueblo, con una historia coherente y con una proyección internacional prudente.

La continuidad de la construcción de las centrales CANDU, de uranio natural, permitirá consolidar las capacidades y el ejercicio de esas capacidades en nuestro plantel humano especializado, la estructura soporte, tanto de ciencia y tecnología como industrial del plan nuclear y, especialmente, la matriz industrial del sector. Y esto se debe hacer manteniendo la capacidad de enriquecer uranio para nuestros reactores de investigación actuales y para futuros reactores de potencia.

En definitiva, se consolidará, así, la existencia coherente y soberana del plan nuclear de 70 años, que es patrimonio de todos los argentinos«.

Entrevista a Carlos Aráoz: «En la CNEA nunca tuvimos que aceptar patentes ni pagar licencia»

El Dr. Carlos Aráoz fue uno de los llamados “12 apóstoles de Jorge Sabato”, jóvenes que en los ’60 y ’70 lo rodeaban a toda hora en las aulas y pasillos de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) discutiendo, fogosos, el porvenir tecnológico e industrial de la Argentina nuclear, cuando parecía ilimitado.

Aráoz fue concretando esas ideas en “fierros”, empresas, contratos y exportaciones desde 1957, y no lo para la jubilación ni la edad. Fue Gerente de Combustibles y Gerente de Tecnología de la CNEA. Y sigue firme en la defensa de la autonomía energética argentina.

Esta semana, nos mandó este texto:

Desde la instalación del primer reactor nuclear de investigación a fines de la década del 50, el RA-1, se establecieron en la política nuclear argentina el suministro nacional del combustible y con tecnología nacional, a fin de asegurar el largo plazo.

Llegado el momento de seleccionar la primera central de potencia, Atucha-1, por iguales razones se selecciona un modelo con uranio natural, lo que se repite en la Central Nuclear Embalse y en Atucha-2. Estas centrales requieren agua pesada y también por razones de independencia el Estado realiza una fuerte inversión en la instalación de una planta para fabricarla, la que hasta la fecha ha cumplido exitosamente con los requerimientos de las tres centrales.

A nivel nacional, las políticas de independencia en el suministro de energía eléctrica implican contar con los equipos generadores, los conocimientos e infraestructura para atender los problemas técnicos durante décadas de funcionamiento y, en los casos de centrales térmica y nuclear, el combustible. Esto es posible si se cuenta con políticas de largo plazo. Debemos pensar que una central nuclear tiene una vida útil no menor que 40 años y vaya uno a predecir cómo estará el mundo en 40 años…

Actualmente nuestras tres CN se alimentan con combustible nacional. Como consecuencia de la continuidad en inversiones de CNEA a través de décadas, nunca tuvimos que aceptar patentes ni pagar licencias por tecnologías para fabricación de combustibles y, como consecuencia, no tenemos restricciones para la comercialización nacional o internacional de los productos de nuestras fábricas.

Estas negociaciones, fuera con Alemania o con Canadá, nunca fueron fáciles. En el caso de la CN Embalse, una CANDÚ, los fabricantes canadienses ofrecieron acuerdos similares a la actual propuesta china: que paguemos patentes y licencias por la tecnología de los combustibles. Esto fue rechazado. Hoy el 100% del conocimiento, tecnología, equipos especiales y puesta en marcha de la fabricación de estas complejas piezas de circaloy y pastillas de cerámicas de uranio se hace en CONUAR, una empresa mixta de la CNEA y del grupo Pérez Companc. La larga etapa de investigación y desarrollo es toda obra de la Gerencia de Combustibles de la CNEA.

Con los alemanes, baste decir que ya firmada la compra de Atucha II, hubo que negociar un año y dos meses para que aceptaran 1) que llevara combustibles argentinos, y 2) incluir en el precio ya pactado de compra la transferencia de la tecnología, 3) que la garantía por la central se mantuviera con los combustibles argentinos.

Esto tiene su historia. Una década y media antes, cuando se compró Atucha I, les impusimos a la proveedora alemana (KWU) la presencia de expertos argentinos en las fábricas del combustible de la misma. Y fue muy oportuno, porque la experiencia de KWU en uranio natural era limitada, y la de Argentina, nula. Los primeros elementos se rompían al no soportar el caudal de 7 m/s del refrigerante. El refuerzo estructural de los mismos se tuvo que hacer a toda velocidad en origen, en Alemania Federal, mientras aquí la central se construía sin atrasos.

Veo con preocupación que en las actuales negociaciones con la contraparte china se ha considerado la posibilidad de cambiar las políticas mencionadas, aceptando el pago de una licencia de decenas de millones de dólares, con lo que el Estado pagaría dos veces lo mismo. Además firmar licencias impone la restricción de posibilidades de venta internacional, en un mercado de centrales de este tipo quizás creciente. Si los chinos tienen éxito mundial con su Hwalong-1, pueden abrirle oportunidades a CONUAR como proveedor alternativo calificado, pero lograr esto requerirá de negociar firmemente. Y para ello la Gerencia de Combustibles de la CNEA debe estar en la mesa de negociación. No es el caso actual.

En relación con la exportación de elementos combustibles, el éxito de INVAP en las repetidas ventas de reactores de investigación en competencia con los principales países, demuestra nuestras posibilidades. Pero se generan cuando en el mundo de los negocios uno no actúa como un subdesarrollado incapaz de competir con productos de alto valor agregado«.

«No perdamos los productos más valiosos de la educación argentina»

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Gustavo Zorzoli, educador, profesor de Matemática, ex rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, publicó hace pocos días esta columna. La reproducimos:

«Días atrás, en La Nación, leí una nota cuyo título era «MIT: estudiar en la mejor universidad, un sueño posible para los argentinos». En ella se entrevistaba, entre otros, a un ex alumno del Colegio Nacional de Buenos Aires. Se trata de Ignacio Pérez Bedoya, uno de esos típicos estudiantes que a menudo circulan por esta institución argentina y del cual la gente sabe poco o nada.

Ciertas circunstancias me hicieron pensar muy seriamente en las causas por las que nuestro país tiene tanta facilidad para encontrar a los Maradona, a los Messi, a los Ginóbili, a los Fangio, a los Del Potro o a las Sabatini, y no a las y los Pérez Bedoya.

Nuestra historia ofrece testimonios que permiten asegurar razonablemente que existe una estructura formal o informal que funciona como una especie de «colador», de forma bastante eficiente, cuando se trata de descubrir a las figuras deportivas; mientras que desperdiciamos talentos, esfuerzos y recursos, y empeñamos nuestro propio futuro al momento de reconocer, impulsar e invertir en tantas chicas y chicos que se destacan en las ciencias, las artes o las letras.

Cada cual tiene algo que lo distingue, que parece inusual, que va más allá de lo esperado o esperable. Quienes enseñamos en la escuela secundaria no sabemos muy bien cómo explicar en qué consiste esa diferencia que les permite a algunos alumnos hacer la pregunta que a nadie se le ocurrió antes, o dar una respuesta creativa, o trazar la pincelada allí donde nadie lo hizo, o afinar un «do» como los dioses. Sin embargo, ahí están sentados frente a nosotros, en sus pupitres, escuchando (o no) nuestras clases y se asoman, algunas veces de forma sigilosa, otras con las estridencias propias de la adolescencia. En esos momentos, quienes ejercemos una de las profesiones más honorables en toda sociedad, apreciamos el vértigo que nos ofrece la docencia, el mismo que sentíamos durante nuestros primeros años de vida cuando nos hamacábamos en la plaza. Esos instantes magníficos son únicos y hacen de la práctica de la educación un privilegio y, al mismo tiempo, generan un compromiso casi ilimitado.

Lo decepcionante en muchos casos es que estas chicas y chicos tan prometedores se pierden en los laberintos sinuosos de los claustros «despersonalizados» de muchas instituciones educativas. Parecería que solo una cantidad infinitesimal es rescatada por el azar, y no por un sistema educativo que se mantiene lamentablemente indiferente y más preocupado por la regularidad de los estudios de sus alumnos que por su originalidad.

Por fortuna, no fue el caso de Ignacio Pérez Bedoya. Hace cuatro años, con apenas 17 años decía en una entrevista: «Mi idea es volver para aplicar todo lo aprendido acá, contribuir con el país. No es irme y nunca más volver; mi idea es ir, estudiar y volver». Actualmente es estudiante de Ingeniería Electrónica, Ciencias de la Computación y Física como carreras de grado, con minors en Matemática y Música, y un máster en Ingeniería Electrónica y Ciencias de la Computación en el MIT (Massachusetts Institute of Technology). Sí, se encuentra estudiando todo eso a la vez. Hay que decir que esto sería prácticamente imposible en cualquier universidad argentina. No porque él no pudiera afrontar esta tarea, sino porque las regulaciones en la Argentina no contemplan ni esta ni otras tantas singularidades, aquellas que quizá podrían hacer del nuestro un país de vanguardia. Como lo fue aquel en el que Bernardo Alberto Houssay egresó como bachiller del Colegio Nacional de Buenos Aires a los 13 años, se graduó como farmacéutico a los 17 y de médico a los 23 (todos títulos obtenidos en la Universidad de Buenos Aires), hasta alcanzar el premio Nobel de Medicina en 1947.

Ignacio, sin embargo, como seguramente ocurre con otras y otros jóvenes, ya había demostrado ser capaz de resultados excepcionales. Solo por mencionar algunos de sus logros, en 2012 fue segundo subcampeón en la 29ª Olimpíada Matemática Argentina; en 2014, obtuvo la medalla de oro de la VIII Olimpíada Metropolitana de Física; ese mismo año se distinguía por tener el quinto mejor puntaje a nivel nacional en el Certamen Nacional de la XXIII Olimpíada Argentina de Biología; en 2015 formó parte de la delegación argentina que participó de la 47ª Olimpíada Internacional de Química y alcanzó una medalla de Plata, y en 2016 mereció otra medalla de plata en las Olimpíadas Latinoamericanas de Astronomía. Sí, todo eso junto. Y al mismo tiempo, egresaba como bachiller del colegio para irse al MIT, mientras aprendía inglés, latín, francés, alemán y japonés, iba al Conservatorio Manuel de Falla a estudiar piano y jugaba al tenis los domingos con sus amigos. Eso sí, no dejaba el voluntariado del colegio en el que ayudaba a los aspirantes a ingresar al colegio que él había elegido a los 12 años.

Una sola anécdota baste para dar cuenta del ingenio de Ignacio. Cuando era muy chico, se acercó al docente a cargo de la Olimpíada de Matemática del colegio para pedirle que le ensañara las funciones trigonométricas. Eso del seno, el coseno y la tangente. El profesor, entusiasmado ante un joven que lo examinaba, le habló de Pitágoras, los triángulos rectángulos y una de las relaciones más elegantes de la matemática: seno cuadrado más coseno cuadrado de cualquier ángulo es igual a 1. A la semana siguiente Ignacio volvió al aula y le dijo exultante al mismo profesor: «No se imagina la cantidad de problemas de astronomía que pude resolver con lo que usted me enseñó».

Pero Ignacio no es un caso en solitario. Nicolás Gort Freitas (egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires y dos veces representante de nuestro país en las Olimpíadas Internacionales de Biología) fue recientemente becado para hacer su doctorado en Harvard con solo 23 años, después de haberse formado en diversas universidades del mundo: Buenos Aires, San Francisco, Berlín, Londres, Hyderabad y Seúl. Hace pocos días, Manuel González, de la Escuela Técnica ORT, y Josué Laszeski, del Instituto Gobernador Fontana de Chubut, e Inés Bauer y Julián Rodríguez, del Colegio Nacional de Buenos Aires, se destacaron por su participación en la 30ª Olimpíada Internacional de Biología que se desarrolló en Szeged. Por otra parte, Alejandro Altamirano, del Instituto Politécnico Superior General San Martín de Rosario; Nicolás Manno, de la EET Nº 27 Hipólito Yrigoyen de la CABA, y Tobías Viola Aprea, del Colegio Nacional de Buenos Aires, sobresalieron por su actuación en la Olimpíada Internacional de Química 2019 realizada en París.

Muy probablemente sea hora de que todos estos jóvenes, que conforman una larga lista, reciban en actos televisados en cadena por su altísimo rating y simultáneamente difundidos online, el «balón» o el «botín» de oro por sus méritos en cada una de las disciplinas en las que se destacan. Quizás ese día llegue pronto, muy pronto.

De no ser así, los argentinos seguiremos siendo incapaces de poner en la tapa de los diarios, entre las páginas web más visitadas de internet o de transformar en trending topic en las redes sociales, los éxitos cotidianos de estos jóvenes que sobresalen cada día por hacer cosas maravillosas. No solo no los valoramos lo suficiente, sino que a menudo nos da pudor hablar de eso. Así seguimos alimentándonos de aquello que no hacemos o hacemos mal.

Ignacio, Nicolás, Josué, Manuel, Inés, Julián, Alejandro, Tobías…, cada cual necesita un Estado que los mire, los cuide, les dé todas las oportunidades, las herramientas, el conocimiento y especialmente el reconocimiento para ser y explotar -hasta donde quieran y puedan- sus capacidades. Para eso es imperioso que cada uno de nuestros niños y jóvenes tenga una escuela capaz de cubrir las necesidades. Eso requiere que la sociedad en su conjunto recupere el valor que la escuela tuvo y se lance hacia el futuro con decisión.

Gracias Bernardo, gracias Ignacio, mil gracias».

Un documento interno del gobierno británico advierte escasez y bloqueos por Brexit sin acuerdo. Igual, Boris avanza

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Escasez de alimentos, de medicinas y combustible, drástico aumento del gasto social, colapso en los puertos y aeropuertos, el regreso de una frontera dura entre las dos Irlandas… El Reino Unido quedará sumido en el caos si hay un Brexit «duro», según alerta un documento interno del Gobierno británico que ha sido filtrado este domingo por el Sunday Times.

A pesar de eso, el gobierno británico dispuso también ayer que el 31 de octubre se derogue una disposición de 1972 que permitió que el Reino Unido se integrara a la Unión Europea, un trámite burocrático que parece destinado a presionar a la UE.

El anuncio es dado a conocer cuando Johnson se prepara para viajar a Alemania y Francia en esta semana y reunirse con la canciller Angela Merkel, el miércoles, y con el presidente Emmanuel Macron en París, el jueves.

La elección de la fecha de la derogación no es casual, ya que es el día anunciado para el Brexit, que ya se ha pospuesto dos veces, y es también la fecha límite en la que Boris Johnson ha prometido que su país abandonará la UE, con o sin acuerdo de salida.

La filtración de ese documento interno ha hecho que los sectores británicos que se oponen al Brexit, los Remainers, afirmen que es necesario que los parlamentarios le retiren la confianza al Primer Ministro Boris Johnson y le obliguen a desistir de su postura. Pero Michael Gove, el ministro encargado de los preparativos para una salida sin pacto, aseguró que los documentos publicados muestran solo «el peor escenario posible». Según Gove, la planificación para evitar ese escenario se ha acelerado en las últimas tres semanas.

Desde Downing Street, la residencia del gobierno inglés, se sigue minimizando cualquier perspectiva de avances en una negociación con la UE, que el Gobierno de Berlín también ha tildado de “poco probable”. Bruselas ha advertido repetidas veces que el acuerdo firmado por la anterior primera ministra, Theresa May, en noviembre del año pasado, no es renegociable. Johnson, mientras, asegura que el Reino Unido saldrá del club comunitario el 31 de octubre, haya o no pacto.

Todo esto hace pensar en un juego peligroso de adolescentes, «gallina», en el que se desafían a ver quién se desvía primero para evitar el choque. Antes de que pasen 70 días lo sabremos.

Peligra la fertilidad de los suelos en el Litoral, Santa Fe y Buenos Aires

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Hay alarma entre los técnicos del mundo rural por el tema de la fertilidad de los suelos. Recientemente se difundió un trabajo realizado por Fertilizar Asociación Civil, la Unidad Integrada Balcarce (INTA) y la Facultad de Ciencias Agrarias donde realizaron un mapa de disponibilidad de nutrientes comparando la situación prístina de los suelos con la situación de los mismos en 2011 y luego en 2018. Y los resultados fueron alarmantes.

Fertilizar AC, en colaboración con UralKali Trading SIA y Nitron Group, organizó el «Taller de Potasio en Argentina» en Rosario, Santa Fe, del que participaron más de 90 personas entre técnicos, investigadores, empresas y asesores.

«Este mapa que generamos nos permite identificar temas urgentes como la materia orgánica, fósforo y PH- y temas importantes como lo son el Potasio, las bases como el Calcio y el Magnesio, y el Zinc. Pero de estos últimos, el Potasio es un macronutriente, es decir que las plantas lo requieren en grandes cantidades. No puede faltar«, comentó María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de Fertilizar AC.

«La explotación normal extrae una gran cantidad de este elemento, por lo que se debe analizar qué impacto tienen estos niveles de remoción sobre los sistemas de producción y qué podemos prever en el tiempo, cómo manejarnos de acá en más si continuamos con esa metodología de manejo de sistemas o que cambios debemos implementar en el manejo”, agregó la directiva.

A su turno, Jorge Bassi, presidente de Fertilizar AC, dijo que esta luz de alarma es muy importante porque en el lote el potasio no avisa. «A diferencia de otros nutrientes, como el fósforo con que la Argentina tiene más experiencia, el potasio genera una oferta sostenida al cultivo hasta que se agota. En ese momento repentinamente muestra una deficiencia muy severa y revertir esta situación es costosa requiriendo de una fertilización adicional”.

También comentó que estos conceptos no estaban en los nutrientes que venían manejando y por eso desde ahora la intención es ir haciendo un trabajo que amortigüe el impacto que significaría para el productor una mala cosecha.»“La forma de descubrir la deficiencia de potasio es el análisis de suelo».

Así, Bassi confirmó que desde Fertilizar AC se entiende que se debe profundizar el conocimiento básicamente en todo lo que es el Litoral y la costa de Santa Fe en el río Paraná y la costa de la provincia de Buenos Aires.

“Sobre esas zonas estamos proponiendo hacer diferentes trabajos exploratorios porque hay que generar suficiente información local de base y un sistema de monitoreo que permita avisarles a los productores cuando están en una luz amarilla. Ahora lo que necesitamos es convencerlo que cuando este nutriente este en la luz amarilla, hay que fertilizar, no se puede esperar que el nutriente caiga por debajo de los umbrales y luego fertilizar. Acá hay que actuar antes que se caiga sino literalmente se pierde el 50% de una cosecha”.

Nicolás Wyngaard, investigador del Conicet e integrante de la Unidad Integrada Balcarce, comentó que existe un antecedente de un vecino cercano (Uruguay), cuyos suelos empezaron a registrar dramáticas deficiencias de potasio.