Según «O Globo», las críticas de Bolsonaro a Cristina Kirchner se hicieron a pedido del gobierno argentino

A propósito de nuestra nota del 7 de este mes sobre el presidente Bolsonaro, el periodista brasileño Henrique Júdice Magalhães acercó a nuestra atención esta noticia de O Globo -el principal diario de Brasil y un gigante de los multimedios- del 6 de junio pasado. Confesamos que la habíamos pasado por alto, como los otros medios argentinos. Nos parece una información importante. Agregamos el dato obvio que no ha sido desmentida por nadie en el gobierno brasileño:

«Las críticas de Bolsonaro a Cristina Kirchner se hicieron a pedido del gobierno argentino. Al visitar Buenos Aires el mes pasado, el diputado Eduardo Bolsonaro habría preguntado cómo colaborar con la campaña de reelección de Macri.

BUENOS AIRES – La escena tuvo lugar hace menos de un mes, en una reunión entre el diputado Eduardo Bolsonaro y un alto funcionario del gobierno argentino. Al visitar Buenos Aires, el hijo del presidente Jair Bolsonaro, jefe de la Comisión de Asuntos Exteriores y Defensa de la Cámara de Representantes, habló con el funcionario sobre el escenario electoral argentino y le preguntó cómo Brasil podría colaborar con la campaña de reelección del presidente Mauricio Macri. Según otra fuente argentina de alto rango, la respuesta del funcionario de Macri fue decisiva: «Relacionar, siempre que sea posible, a la ex presidenta Cristina Kirchner (2007-2015) con Venezuela».

Esto es exactamente lo que hizo el presidente brasileño en su primera visita de estado a Argentina. Y la solicitud hecha por el funcionario argentino al congresista Bolsonaro inspiró uno de los puntos escritos por el hijo del presidente en los documentos que trajo a Buenos Aires como una especie de guión para la visita de estado de su padre.

Una de sus notas decía «que Brasil y Argentina no se vuelvan nuevas Venezuelas». En el caso de Argentina, esto significa, en otras palabras, pedirles a los argentinos que no voten por el regreso de Cristina al poder.

En su declaración en la Casa Rosada, el presidente brasileño aseguró que existe «una preocupación regional» sobre el surgimiento de «nuevos venezolanos» e instó a los argentinos a «votar de manera responsable, con mucha razón y menos emoción».

«Creo que a toda Sudamérica le preocupa que no crearemos nuevos venezolanos en la región», dijo Bolsonaro.

Como se esperaba y tal como estaba, según fuentes argentinas, acordado durante la visita de su hijo al país, el presidente brasileño expresó su opinión directamente sobre la campaña local y la disputa central entre Macri y Cristina. Aunque la senadora decidió postularse para la vicepresidencia, dejando la candidatura presidencial en manos de su ex jefe de gabinete, Alberto Fernández, la elección está polarizada.

«El ser humano ya degradó un cuarto de la superficie terrestre»

Después de una sesión maratónica de 28 horas, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) aprobó un nuevo informe para los gobiernos del mundo que se da a conocer desde Ginebra. Se trata del » Reporte Especial de Cambio Climático y Tierra», preparado por 107 científicos de 52 países.

La primera evaluación «abarcadora al sistema clima-tierra», en las palabras del presidente del IPCC, Hoesung Lee, muestra que «la agricultura, la silvicultura (explotación de los bosques) y otros usos de la tierra originan el 23% de las emisiones de gases de efecto invernadero», pero al mismo tiempo «los procesos naturales absorben una cantidad de dióxido de carbono equivalente a un tercio de las emisiones originadas en los combustibles fósiles y la industria», agregó Jim Skea, copresidente del Grupo de Trabajo III.

Así, el uso de la tierra está en el centro de una trama compleja en la que, bien administrada, puede ayudar a controlar el cambio climático, pero mientras tanto debe permanecer productiva para mantener la seguridad alimentaria. Los expertos destacan que hay que poner límites a los cultivos para producir energía, y también tener en cuenta que a los árboles y el suelo les lleva tiempo almacenar dióxido de carbono.

«El reporte muestra que un cuarto de la tierra libre de océanos está degradada y en una situación crítica, con una tasa de explotación que no tiene precedente en la historia humana -explica Carolina Vera, investigadora argentina en cambio climático y vicepresidenta del Grupo I del IPCC, que es coautora del informe-. El cambio climático está empeorando una situación ya de por sí difícil y está socavando la seguridad alimentaria».

Según la especialista, «el trabajo confirma que la agricultura, la producción de alimentos y la deforestación son importantes contribuyentes al cambio climático, y la acción coordinada para combatirlo puede mejorar simultáneamente las condiciones de la tierra, la seguridad alimentaria y la nutrición, así como ayudar a acabar con el hambre».

Los investigadores evaluaron más de 7000 artículos científicos y técnicos, y recibieron 28.275 comentarios de revisores expertos y de los gobiernos.

Cuando un suelo está degradado, se vuelve menos productivo, se reduce la cantidad de variedades vegetales que pueden crecer en él y su capacidad de absorber dióxido de carbono. Esto exacerba el cambio climático, y el cambio climático a su vez agrava la degradación de muchas formas.

«Es necesario repensar el vínculo que tenemos con el uso del suelo, el tipo de sistema alimentario y energético del cual nos abastecemos -advierte el ingeniero forestal Manuel Jaramillo, director general de la Fundación Vida Silvestre-. El sobreuso que le imponemos al planeta es imposible de sostener a mediano plazo. Y la respuesta que nos da es el calentamiento global. Tenemos que reorientar el uso de la tierra para satisfacer nuestras necesidades, porque si no, las consecuencias van a ser cada vez peores».

En coincidencia con el informe, Jaramillo destaca que mientras hay más de mil millones de personas que no logran satisfacer sus necesidades básicas de alimento, un tercio de la población mundial padece sobrepeso y obesidad, y problemas vinculados con una mala nutrición.

«El problema no es producir alimentos, sino garantizar el acceso -subraya Jaramillo-. No es un problema de disponibilidad de recursos, sino de buen manejo y administración, ya que alrededor del 30% de los que se producen se tiran». Según su visión, una dieta saludable no solo debe serlo para las personas, sino también para el ambiente.

Por ejemplo, distintos trabajos muestran la conveniencia de criar terneros «a pastizal»; en lugar de transformar el ambiente natural, se usan los pastos naturales sin sobrepastorearlos. Así se conserva la biodiversidad y las emisiones de carbono son mucho menores.

«A veces tumbamos bosque nativo para producir alimentos balanceados para alimentar al ganado -dice Jaramillo-. Eso tiene un impacto negativo en la salud y también en el medio ambiente. En el corto plazo, uno engorda a un animal con menos costos. Pero en análisis realizados en conjunto con el INTA demostramos que en el mediano largo plazo es mucho más rentable mantener una pastura natural, que es más resiliente a los impactos del cambio climático».

Para un adecuado manejo de la tierra, Jaramillo menciona la implementación inmediata y plena de la ley de bosques, que permitirá reducir emisiones de gases de efecto invernadero. Por otro lado, afirma que instrumentar incentivos para la producción de pastizales en gran escala podría ser una solución para el desarrollo sustentable y climáticamente inteligente en nuestro país, y un recurso para acceder a mercados cada vez más restrictivos.

Wall Street apostó en las PASO. El resultado no fue el esperado

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(A la luz de los resultados de las elecciones de ayer, lo que describimos en esta crónica del movimiento de los mercados el viernes resulta irónico. Pero… como advertíamos al final, hay que tener presente que cuando alguien compra un valor porque piensa que va a subir, hay otro que lo está vendiendo porque piensa lo contrario. La última palabra será dicha en unas horas…)

El viernes 9, la última jornada antes de las PASO, mostró que las elecciones primarias en la Argentina también son seguidas con atención en Wall Street. Más allá del mercado accionario local, pequeño aún para la región, vale la pena observar el desempeño en ese día de las acciones de empresas argentinas que cotizan en Nueva York: el ADR del Banco Macro se disparó 10,85%, el de Loma Negra 10,8%, y el del Grupo Financiero Galicia lo hizo en 9,2%, entre otros.

El alza respondió a elementos meramente locales, ya que los mercados externos cerraron con bajas. Lo confirma el hecho que el riesgo país argentino, medido por el J.P.Morgan, cayó un 2,6% a 872 unidades, lo que se reflejó en una importante mejora de los bonos soberanos (también registraron un alto volumen operado).

La suba estaría explicada por encuestas que trascendieron y que muestran una reducción en la diferencia que separa a la fórmula Fernández-Fernández de Macri-Pichetto. Esta versión fue recibida con entusiasmo por los funcionarios del gobierno de Macri.

Sin vocación de aguafiestas, en AgendAR debemos recordar el hecho obvio que en los mercados bursátiles, cuando alguien compra cualquier valor, en la expectativa de beneficiarse con un aumento del precio, algún otro lo vende, que está esperando una baja. El lunes sabremos quiénes tenían razón, pues las expectativas son siempre a corto plazo. Para saber qué pasará en definitiva con los valores de las empresas argentinas… habrá que esperar bastante más.

De todos modos, para cubrirse, el BCRA convalidó una nueva suba de la tasa de Leliq, que ascendió a 63,706% ¿Alcanzará?

Denuncian que el Estado retiene un subsidio para el desarrollo del litio jujeño

La prestigiosa periodista científica del diario La Nación, Nora Bär, pregunta en las redes sociales cómo puede ser que el ex Ministerio de Ciencia y Tecnología retenga un subsidio internacional, obtenido por la Dra. Victoria Flexer para desarrollar la tecnología del litio en la Puna jujeña. En AgendAR, que informamos del proyecto de industrialización del litio de la Dra. Flexer en septiembre del año pasado, nos hacemos la misma pregunta.

Una lección de economía práctica, con subtítulos

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Este video es un spot de otra campaña electoral, lejana a la nuestra. Pero, tal vez, no taan lejana

La ciencia en la economía: una historia de éxito, en tweets

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Martín Trombetta es un economista, graduado en la Universidad de Buenos Aires con mención Magna cum laude. Luego, obtuvo una maestría en la Universidad Torcuato Di Tella. A pesar de eso, explica en forma amena y comprensible. A veces lo hace en «hilos» en Twitter, aquí. Reproducimos parte del contenido de uno, que nos parece valioso:

«Que al día de hoy los científicos tengamos que explicar que es bueno que nuestro sector exista es una pérdida enorme como sociedad que seguro llevará años recuperar. Quiero aportar mi grano de arena contando una historia de éxito: la de Estados Unidos en 1945-1970

Como es sabido, fue una época dorada del crecimiento económico en USA, con una tasa de crecimiento promedio de 4% anual sostenida durante 25 años. Quizás menos sabido es que uno de los motores de ese crecimiento fue la inversión pública en ciencia y tecnología

Lo que viene ahora es un relato basado en el genial libro de Alan Greenspan y Adrian Wooldridge, «Capitalism in America«. Sugiero leer el libro entero, lo vale. Allá vamos.

En 1945-1970 el crecimiento de USA no estuvo motorizado solo por la industria tradicional sino también por la nueva «industria del conocimiento», que llevó a algunos teóricos a hablar de «sociedad post-industrial». En ese período, USA mete 21 premios Nobel de física, nada mal eh

En esto influyó mucho un tipo muy interesante (y polémico) llamado Vannevar Bush, decano de ingeniería en el MIT, jefe del proyecto Manhattan y director de la Oficina de Investigación Científica y Desarrollo, entre otras muchas cosas. Pueden encontrarlo en Wikipedia

V. Bush escribió en 1945 un informe titulado «Science, the endless frontier» que reclamaba al Estado aumentar la inversión en ciencia y coordinar esfuerzos entre academia e industria con fines productivos. Así ocurrió

«Nuevos productos y nuevos procesos no aparecen de repente. Se fundan en nuevos principios y nuevas concepciones, que a su vez son desarrolladas paulatinamente por la investigación pura y abstracta en ciencia«. Grande Vannevar, es por acá

El gobierno tomó en serio las ideas de V. Bush y creó un Asistente Especial del Presidente en Ciencia y Tecnología, pasó una Ley de Educación para la Defensa y creó un organismo que no necesita presentación: la NASA. El financiamiento a la Fundación Nacional de Ciencia se triplicó

No seamos ingenuos: todo esto estaba muy motorizado por la Guerra Fría y la carrera del espacio (en la que la URSS llevaba la delantera al principio, vale recordar). Pero miremos resultados sociales: la disponibilidad de antibióticos creció exponencialmente

Se creó la Comisión de Energía Atómica, con el obvio fin de producir armas nucleares eficientes y baratas. Pero la temida guerra nuclear jamás llegó y hoy sabemos que la energía nuclear es limpia y eficiente. Así funciona la historia amigos, se avanza en contradicciones

Y todo esto fue complementario a un enorme plan de inversión en infraestructura en la presidencia de Eisenhower, especialmente en transporte y aerolíneas. USA entendía que la inversión en ciencia suma a todo esto: para hacer obras social y económicamente útiles hace falta ciencia

Hoy USA es el centro mundial de producción científica-tecnológica. Más del 40% de los premios Nobel son estadounidenses. En cualquier ranking mundial de universidades, al menos la mitad del top 20 son estadounidenses. ¿Saben cómo se logró todo eso? Con inversión pública

Y es interesante notar que en el período analizado todo esto se mantuvo bajo presidencias demócratas (Truman, Kennedy, Johnson) y republicanas (Eisenhower, Nixon). No hubo grieta en esto, ambos partidos entendían que era por acá

Política de inversión pública en ciencia sostenida en el tiempo + coordinación con el sector privado = grandes resultados científicos, económicos y sociales. ¿Hace falta insistir en que estamos hablando de USA y no de la URSS o de China? Acá parece que sí…

Y no es una singularidad de USA, procesos similares se vivieron en muchos otros países desarrollados, con resultados similares. Si quieren escuchar sobre el caso noruego, pregúntenle a Daniel Schteingart que escribió una tesis doctoral sobre eso

Hay muchas razones económicas por las cuales es natural que la inversión en ciencia provenga del Estado: rendimientos crecientes, derrames tecnológicos, incertidumbre elevada. Pero en Argentina hay una mucho más fuerte: sabemos que el sector privado por sí solo no lo hará

Todos los esfuerzos hechos desde el Estado por lograr la tan mentada absorción de científicos por parte del sector privado fracasaron rotundamente. El sector privado argentino, hoy al menos, no demanda científicos. Entonces: o los demanda el Estado o emigran

Y vaya si tienen incentivos para emigrar: en el mundo desarrollado a los científicos se les paga bien, acá se los echa y además se los denigra por redes sociales. Hermoso subsidio al mundo estamos haciendo, mandándole nuestra mano de obra más calificada, total nos sobra…

Entonces, yo prefiero que el Estado invierta en ciencia y tecnología, absorba y productivice esa mano de obra calificada, coordine con el sector privado y planifique desarrollo científico-productivo a futuro.

Las Naciones Unidas piden reducir el consumo de carne para frenar el cambio climático

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El último informe del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático de la ONU advierte que para frenar el calentamiento global es esencial la reducción del consumo de carne, además de medidas en contra de la deforestación y en favor del uso sostenible de la tierra.

Los esfuerzos para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero y los impactos del calentamiento global se quedarán muy cortos sin cambios drásticos en el uso global de la tierra, la agricultura y la dieta humana, según advierte el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El documento especial del IPCC sobre el cambio climático y la tierra, publicado en Ginebra, analiza el papel de las decisiones sobre manejo de la tierra tanto para reducir como para adaptarse al calentamiento global.

“Sería beneficioso para el clima y la salud humana que la gente de países desarrollados consumiera menos carne”, según Hans-Otto Pörtner, del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Destacan entre las medidas la necesidad de preservar y restaurar los bosques, ya que absorben el carbono del aire, y las turberas, porque liberan carbono si se desentierran. El ganado criado en pastizales de bosques despejados es particularmente intensivo en emisiones, dice el informe. Las vacas también producen una gran cantidad de metano, un potente gas de efecto invernadero, al digerir sus alimentos.

El documento corrobora que las dietas equilibradas que contienen alimentos de origen vegetal y de origen animal producidos de forma sostenible «presentan grandes oportunidades para la adaptación y la mitigación, a la vez que generan importantes beneficios colaterales en términos de salud humana».

“No queremos decir a la gente qué comer”, dice Hans-Otto Pörtner, presidente del grupo de trabajo del IPCC sobre impactos, adaptación y vulnerabilidad. “Pero sería realmente beneficioso, tanto para el clima como para la salud humana, que la gente de muchos países desarrollados consumiera menos carne, y que la política creara incentivos apropiados a tal efecto”.

Alrededor de una cuarta parte de la superficie terrestre de la Tierra parece sufrir ya la degradación del suelo, y se espera que la crisis climática empeore las cosas, en particular en las zonas costeras bajas, los deltas de los ríos, las tierras secas y las zonas de permafrost.

Esta política, si los países importadores de carne -en especial China, donde sus mil cuatrocientos millones de habitantes están comenzando a experimentar con una dieta más rica en proteínas de origen animal- deciden hacerle caso, afectará y mucho los intereses de los productores argentinos, que están volviendo a exportar.

Los ganaderos argentinos ante el cambio climático

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“La ganadería sin ninguna duda genera gases de efecto invernadero, pero el tema es que también genera muchos valores positivos desde el punto de vista ambiental y eso no lo estamos diciendo tan fuerte», afirma Christian Feldkamp, director ejecutivo de CREA, una de las organizaciones técnicas con mayor despliegue entre productores de toda la Argentina. «El mundo, desde el punto de vista ambiental, no sería mejor sin ganadería, sería mucho peor, y eso lo tenemos que destacar”.

En medio de la instalación de la problemática en la opinión pública, luego de la irrupción de veganos en la Exposición Rural, distintos voceros de la producción agropecuaria argumentaron que alimentos como la carne y la leche provienen de proteínas animales y son fundamentales para la nutrición de las personas, especialmente de los niños.

Igual, no se discute que hay mucho por hacer. Y el desafío de dar respuestas es una tarea insoslayable. “Hay que aceptarlo y ocuparse, hacerse cargo. Por ejemplo, los parlamentos de los países europeos definirán la letra chica del acuerdo con el Mercosur poniendo mucho acento en el bienestar animal y la sustentabilidad ambiental.”, advirtió el consultor ganadero Víctor Tonelli.

Tonelli destacó que el manual de buenas prácticas ganaderas presentado la semana pasada en la Exposición Rural por un grupo de 30 entidades públicas y privadas, “es un paso gigantesco, al igual que el trabajo que se hace desde la Mesa Argentina de Carne Sustentable (MACS), en el camino de certificar”.

Como también anticipó Diego Heinrich ante un grupo de productores de la región reunidos este miércoles en Rosario, se avanza hacia la trazabilidad de la producción ganadera: “En un futuro cercano creemos que los consumidores finales valorarán, con un pago superior, las carnes que, vía código QR en el packaging, demuestren que fueron producidas con inocuidad, sanidad animal, correcta utilización del forraje (para evitar desperdicios), de los residuos y del agua, entre otras variables que ya se tienen en cuenta, y que incluyen hasta las condiciones de los trabajadores».

La discusión necesita de datos duros, no solo interpretaciones. “Los números indican que producimos más bienes y servicios agropecuarios con menor impacto sobre el ambiente que otros países. Países como la Argentina poseen atributos insuficientemente valorados y difundidos para proveer, al mismo tiempo, seguridad alimentaria y seguridad ambiental a países que carecen de ella. Es necesario certificar esta ventaja comparativa”, argumenta Ernesto Viglizzo, investigador del Conicet especializado en las relaciones del cambio climático con la seguridad alimentaria y ambiental.

Viglizzo explica que “hay que ver el revés de la trama». Respecto de la degradación del suelo, dijo que “las investigaciones hechas en el país nos están mostrando que cuando se suceden los años de cultivos agrícolas, los contenidos de carbono en el suelo van declinando, pero cuando esas tierras de cultivo entran en una rotación con la ganadería, se recupera muy rápidamente el carbono que se venía perdiendo”.

Sobre las indiscutidas emisiones de metano de las vacas, que en la Argentina tiene un porcentaje más alto que en otros países por lógica densidad de este tipo de producción aquí, Viglizzo exigió que no solo se midan las emisiones, sino también la captura de gases perjudiciales que genera la ganadería, para así entender todos de un modo más balanceado. Porque además puso en consideración que «hay nuevos estudios que demuestran que las moleculas de metano se diluyen en la atmósfera mucho más rápido que otros gases de efecto invernadero».

Recomendó “diseñar un sistema regional que evalúe objetivamente la huella de carbono y no subjetivamente en la ganadería, con el fin de evitar la imputación de emisiones que es sesgada y [en su lugar] contabilizar la integralidad del sistema de producción”.

¿Cómo llegó Brasil a un presidente que propone talar el Amazonas?

(Las dos primeras partes de esta crónica, con el título «El camino a Bolsonaro I y II» fueron publicadas aquí y aquí)

3. Tristeza nao tem fin

En la historia del Programa Nuclear Brasileño desde fines de los ’60 no hay sólo malas decisiones. Hay también cuotas de mala suerte y mucha confusión política de la población, con final de tragedia griega que pagó el gobierno del PT.

Angra 1, decidida en 1971 y firmada en 1972, tuvo la desgracia de entrar en línea tarde, renga y el mismo año en que estalló la central soviética de Chernóbil: 1986. Debido a que salía de línea por desperfectos a cada rato, se ganó su apodo entomológico de “A Vagalume” (la luciérnaga, porque se prende y se apaga) mientras en la URSS sucedía el primer accidente nuclear “INES 7” de la historia, y en Río de Janeiro se fundaba el Partido Verde. Todo junto.

En sus inicios, el PV era un inocuo rejunte de artistas y psicólogos progres, pero se enraizó rápidamente en varias corrientes de raíz muy distinta y más seria, que trataban de corregir las injusticias más brutales del Brasil: el Movimiento de los Sin Tierra, el mucho más disperso y despolitizado de las etnias amazónicas acorraladas y masacradas por ganaderos, madereras, mineros y constructoras de represas. A esto se sumó el “boom” de los partidos evangélicos, en general políticamente muy conservadores, entre la creciente población urbana “favelada”. Política, mediática y financieramente, este último movimiento es mucho más compacto.

Lo que logró la línea fundacional carioca del Partido Verde –y sin Chernóbil le habría sido más difícil- fue imprimirle su antinuclearismo tilingo a toda esta gente tan distinta, tan humilde, y muy desencontrada entre sí por sus intereses económicos y visiones culturales específicas. Contra la nucleofobia difusa en la sociedad no pudo luchar siquiera Lula, pese a comandar un partido obrero, urbano y de lejanas raíces materialistas y pro-tecnológicas.

Las represas “buenas” por definición son las de ríos de montaña o serranía: alta pendiente implica mucha potencia hidroeléctrica, y altas orillas de piedra suponen lago chico en área, con buena capacidad de almacenamiento para gastar en años secos, y un impacto de inundación de vecinos manejable.

Caso de libro de texto: Itaipú, con 14.000 MW instalados, cuya producción eléctrica DIARIA equivale al consumo ANUAL de Argentina en aquel todavía floreciente 2008. El Paraná, aunque tiene estiaje, es bastante caudaloso a año completo: da un factor de carga del 51%. Por ello Itaipú equivale a 8 centrales nucleares de 1000 MW cada una, nuevecitas y con un factor de disponibilidad del 90%.

Hay un lado oscuro. Los sobrecostos fueron del 240% sobre lo estimado: oficialmente, llegaron a los U$ 36.000 millones. Con eso, hoy uno se compra 9 centrales nucleares como las descriptas. El economista estadounidense Jeffrey Sachs dice que con los préstamos (llámense “cometas”) que Brasil le hizo a Paraguay para que no pusiera cortapisas, hay U$ 24.000 millones más de costos financieros que se terminarán pagando en 2023. Si esto fuera cierto, “la boleta total” de Itaipú cerraría en U$ 60.000 millones.

Pero como el comprador del 97,5% de la electricidad es Brasil, Paraguay estuvo revendiéndole su 50% de producto eléctrico generado anual “a precio reventado”. Así las cosas, en 2012  –según Sachs- Brasil le debía U$ 5000 millones a Paraguay. Atif Ansar y Bent Flyvberg, respectivamente profesores de Gobierno y de Manejo de Grandes Programas en la Universidad de Oxford, creen que en realidad Itaipú salió tan cara que nunca se sabrá cuánto costó porque no va a pagarse jamás. La escala de los megaproyectos hidro parece proporcional a la opacidad de sus costos.

Más lados oscuros. El lago es enorme: 1400 km2, y desalojó cultivadores brasileños de soja que, ante la insuficiencia de las compensaciones, tuvieron que comprar hectáreas más baratas en Paraguay, transformándose en “brasiguayos”, como se los llama. Datos de impacto humano de Paraguay, indisponibles.  El total de familias desplazadas en ambas orillas parece haber sido de 10.000, y el de individuos, 59.000. Los Ava-Guaraníes y mestizos del lado paraguayo terminaron embutidos a culatazos en reservas conflictivas, mientras los medios elogiaban la obra y los ecologistas se preocupaban por los yaguaretés.

Y no obstante, si se eliminan mágicamente de la ecuación sus aspectos sociales y financieros impresentables, en términos de ingeniería ésa es una presa buena, pero buena de toda bondad. Y así de irrepetible: hace tiempo que Brasil agotó todos los enclaves geográficos comparables.

Los que le quedan, en términos hidroeléctricos, se dividen en malos y peores. La represa más controvertida, Belo Monte, sobre el Xingú, entró en operaciones a principios de 2014, pese a la movilización masiva de las tribus Kayapó, Munduruku y otras. Los caciques que no fueron comprados con televisores y camionetas saben que tras Belo Monte se vienen 60 represas más en la cuenca amazónica, a construirse en las dos próximas décadas sobre el Tapajós, el Teles-Pires, el Araguaia-Tocantins, y sigue la lista.

Los problemas de estos emprendimientos son inherentes a la geografía, y por ende irremediables: no se arreglan con «jogo bonhito» de diseño. Lectores argentinos, toda la cuenca amazónica funciona con dos estaciones casi independientes de la lluvia local: la inundada y la seca. No tenemos nada parecido, y tampoco lo hay en el resto del planeta. En la estación húmeda, que va de diciembre a abril, toda la red de grandes ríos, de tributarios y de arroyos tiene 7 metros extra de profundidad, por la mayor escorrentía que baja desde los Andes. Hasta el 17% de la selva (el “Igapó”) queda 3 o 4 meses bajo agua por el desmadre hídrico general. Con embarcaciones angostas, se puede navegar en zigzag entre los fustes de los tremendos árboles, evolutivamente adaptados para resistir temporariamente la falta de oxígeno en las raíces.

Sin embargo en la estación seca, de mayo a diciembre, todos los ríos bajan 7 metros y en muchos de ellos se puede caminar por el fondo. Y esto sucede aunque llueva diariamente «in situ». En la seca, las precipitaciones sobre la cuenca amazónica apenas bajan un 10% promedio sobre una media anual de 4000 milímetros. Es una seca muy mojada. Y sin embargo llueva o no llueva, los ríos entonces quedan reducidos a su mínima expresión, porque no les llega ese «plus» estacional de sus altas y heladas nacientes andinas. Esto obliga a que cada gran represa amazónica deba contar con varias represas tributarias construidas aguas arriba, que les sirvan de reservorio. De otro modo, en la seca las turbinas funcionarían muy fuera de régimen y la red eléctrica quedaría en “brown-out”. Esto ha sucedido más de una vez.

Los ríos amazónicos en la época inundada son navegables, y en la seca, caminables.

Las etnias ribereñas hasta ahora son alimentariamente autónomas porque viven sobre ríos biológicamente vivos, no sobre cadenas de lagos eutrofizados por excesos de algas, podridos y con poca pesca. En lagos de escasa corriente y alta temperatura, a lo sumo sobreviven peces no migratorios o capaces de soportar agua con bajo contenido de oxígeno disuelto. Por lo demás, en los embalses de llanura los lagos hidroeléctricos se vuelven gigantescos en superficie, porque la chatura del paisaje no demarca orillas. Y esto significa que los lugareños inundados no sólo pierden su medio de vida, sino también sus aldeas. Se vuelven IDPs, “Internally Displaced Persons”, eufemismo gringo de parias.

En suma, el antinuclearismo de “las minorías intensas” urbanas y la acuciante falta de electricidad de base en la industria condenaron a la desaparición al sector menos organizado y peor representado y defendido de la democracia brasileña: los indios. Alguien tenía que joderse.

4. Marina Silva y Lula: divorcio trágico

Marina Silva en Xapurí, su estado de Acre nativo, junto a la efigie de su compañero de militancia, Chico Mendes, líder cauchero asesinado por “grileros” agropecuarios.

La idea de la maldad inherente del átomo merece examen, porque ya no es un asunto de “minorías intensas” sino algo implantado en casi toda la sociedad brasileña, una verdad revelada aparentemente tan indiscutible como la redondez de la Tierra.

Viendo las cosas en su origen, los militares cometieron la estupidez insuperable de inaugurar el complejo de centrales nucleares Almirante Álvaro Alberto en Angra dos Reis, un parque nacional a sólo 151 km. de Río de Janeiro.

Angra tiene un combo de 365 islas, playas inmensas, manglares, aguas prístinas, relictos selváticos de Mata Atlántica, navegación a vela, buceo y ecoturismo. Los militares –y la democracia posterior también- dejaron que Angra se urbanizara con condominios de lujo, paraísos de “weekend” para los cariocas ricos. Son tres usos de la tierra poco compatibles entre sí.

Los argentinos carecemos de esplendores geográficos equivalentes a Angra a tiro de La Reina del Plata. ¿Pero cómo se pondrían los habitantes de La Horqueta de San Isidro o los de Recoleta en CABA si alguien construyera tres centrales nucleares en Cariló, donde tienen sus casas de fin de semana?  Cada vez que los chicos rubios que salvan las ballenas (y el planeta en general) salen por la TV vaticinando Chernobyles en Angra, cruje el valor inmobiliario de los que mandan en Río. ¿Empieza a entender por qué en Brasil no hay 4 ni 8 centrales, como quería el dictador Ernesto Geisel, sino 2 y media?

Angra III se empezó en 1984. En 1989 debía estar entrando en línea. Como en sus predecesoras, la construcción se paró demasiadas veces, no sólo por un «cash flow» espasmódico sino por frecuentes juicios, investigaciones, escándalos, en general interferencias promovidas por cierta embajada muy interesada en que el Programa Nuclear Brasileño se hundiera. Aunque en 2010 el presidente saliente, Luiz “Lula” da Silva, trató de ponerle fecha de terminación en 2015 y reactivar proyectos por 4 o 5 centrales más, las tribulaciones ulteriores de su sucesora Dilma Rouseff terminaron sacando del ring al alma viviente del Programa Nuclear Brasileño. Efectivamente, el almirante Othon Luis Pinheiro da Silva, el hombre a cargo –entre otras cosas- de construir la propulsión nuclear del submarino brasileño, ese sueño eterno del país resucitado por Lula. Es más, en eso tuvo éxito: el motor existe y funciona bien testeado en tierra, la nave todavía no. Pero la operación “Lava-jato” dejó preso a Pinheiro da Silva desde fines de Octubre de 2015. Y era un ícono político y social.

Y llegamos al caso doloroso de Marina Silva, compañera juvenil de militancia del “seringueiro” Chico Mendes, aquel cauchero artesanal asesinado por defender su pedazo de Amazonía en Acre de los “grileiros”. Estos últimos son ladrones de áreas protegidas y otras tierras fiscales selváticas, generalmente ganaderos. “Grilar” es dejar varios meses una escritura falsificada de cesión a propiedad privada en una caja con grillos, para que el papel adquiera el aspecto amarillento y roído de un documento oficial de 1930, o por ahí, y coincida con la fecha inventada y los sellos fraguados.

Con tales papeles, los grileiros expulsan a la población residente como si se tratara de “okupas” para hacer talas rasas, con gran ayuda de gobernadores, jueces, policías y sicarios. En Brasil las cosas se hacen a lo grande: en 2012 murió Cecilio do Rego Almeida, tras haberse “grilado” 4,7 millones de hectáreas, la superficie sumada de Bélgica y Holanda, en el estado de Pará, área del río Xingú. Su grupo, CR Almeida, reúne 30 empresas, algunas de ellas de ingeniería.

Marina Silva fue una seringueira amazónica, huérfana temprana que sobrevivió a hepatitis reincidentes, expulsiones de tierra, envenenamiento con metales pesados por la minería de oro e incontables amenazas de muerte. Aprendió a leer a los 16 años, se licenció en historia en la Universidad de Acre a los 28, y pasó de mucama doméstica a activista social y ambiental, militante del PT, concejal, diputada nacional y Ministro de Medio Ambiente en el primer gobierno de Lula, todo entre 2003 y 2008.

Este personaje gigantesco –tanto como Lula, y añado a Dilma- no tardó en quedar aislada dentro del gabinete del PT, entre otras cosas porque en su guerra personal contra los grileiros fue tan “al hueso” que bajó la tasa interanual de deforestación de la Amazonía en un 56% durante su ministerio. La agroindustria, la minería y las constructoras se la juraron. Su ruptura con Lula tuvo varias causas más, pero la principal fue el apoyo del PT a dos megaproyectos “hidro” en la selva, el desvío del San Luiz y luego aquel represamiento múltiple del Xingú, Belo Monte.

Y es que los megavatios “de base” de algún lado tienen que salir. En Brasil, donde Petrobras en tiempos de Lula descubrió y empezó a explotar en 2008 no poco petróleo nuevo, está creciendo la energía térmica y además hay un “boom” eólico fulminante. Pero el viento es un recurso intermitente: no genera electricidad de base, que es la que cubre demanda 24x7x365. Y en un país tan de diques y represas como Brasil, siempre falta potencia de base en años secos como 2001 y 2015. Entonces las ciudades entran en apagón, la industria reduce turnos, o cierra, y la hidrodependencia se vuelve una fuerza recesiva permanente.

Y qué hidrodependencia, la de Brasil: entre el 77 y el 85% y hasta el 95% de la electricidad sale de turbinas hidráulicas, según los caprichos de las lluvias. Más de 400 embalses artificiales entre el trópico y los 30º de latitud Sur son demasiados, incluso en el país más rico en ríos del planeta. Todo lo bueno y con alta densidad energética se represó hace rato y lo que queda son ríos selváticos de llanura, con caudal muy variable según la estación, poca pendiente, baja densidad energética, orillas no demarcadas, lagos enormes y un impacto social, político y ambiental múltiple.

La densidad energética es medible objetivamente: una buena represa, como Xingó, garantiza una capacidad instalada de 50 vatios por metro cuadrado de lago (w/m2). Una discutible pero buena «por necesidad y urgencia», como Itaipú, 8,13 w/m2. Una mala en serio, como la selvática Tucuruí, 1,74 w/m2. Vamos de nuevo a las buenas: Xingó tiene 3000 MW instalados y un lago de apenas 60 km2. Vamos a las impresentables: Tucuruí tiene 4240 MW instalados, pero su desaforado lago mide 2340 km2.

Esto tiene consecuencias ambientales, y no se limitan a lo local. Hasta 1980 se creía, ingenuamente, que la hidroelectricidad combatía el efecto invernadero. Estudios posteriores mostraron que en los trópicos y subtrópicos, los lagos y el agua turbinada emiten cuatro de los seis llamados “gases invernadero”: dióxido de carbono, metano, óxido nitroso y sulfuro de hidrógeno, productos de la putrefacción vegetal.

Las emisiones varían según cada lago hidroeléctrico, su latitud, su temperatura, su fotosíntesis y su profundidad, porque no hay dos iguales. Pero en líneas generales, los de baja densidad energética llegan a emitir más toneladas anuales de carbono por megavatio/hora producido que las peores plantas termoeléctricas del mundo: las de carbón. Los mejores lagos, los de más bajas emisiones de carbono, parecen ser los de alta densidad energética, y emiten –según estudios de Luiz Pinguelli Rosa- menos toneladas/kw/h que las plantas térmicas más aceptables, que son las de ciclos combinados que queman gas natural.

Lo cierto, lectores, es que en bajas latitudes -cerca del ecuador- el verso de la hidroelectricidad sin impacto invernadero no se sostiene. Pero ese impacto se reparte globalmente, en el alegre marco de la irresponsabilidad energética humana.

Los impactos sociales y políticos locales son más concentrados y trágicos. A través de corporaciones mixtas (Norte Energia) en que se mezcla dinero del BNDES con constructoras privadas, el estado federal vuelve a financiar como en épocas militares la expulsión y ocasional masacre de indígenas en favor de las empresas. Lo que se pierde, además de recursos biológicos y bosque, es el “ethos” mismo de la república, especialmente cuando el PT, el partido de los pobres urbanos, termina haciendo las mismas inmundicias que el general Emilio Garrastazú-Médici en sus “limpiezas étnicas” del Amazonas allá a comienzos de los ’70, pero a una escala mayor. La Constitución de 1988, que le da ciudadanía plena y propiedad de sus tierras a los indios, se disuelve en fuego y humo.

En 2010, con pleno acuerdo del PT y de la oposición de derecha –pero nunca del PV- se aprobó la represa Belo Monte, construida a velocidad “warp”, 1/3 del tiempo que tomaron las dos primeras “Angras”, porque había que ir más rápido que los recursos de amparo. El asunto nunca llegará a la Suprema Corte: con una decisión express de la Abogacía General de la Unión, equivalente de nuestra Procuraduría, el Poder Judicial brasuca desechó de un saque más de 20 acciones interpuestas por el Ministerio Público Federal. Lo hizo con un rarísimo instrumento legal llamado “suspensión de seguridad”: en síntesis, se construye primero, y después se litiga a ver si se construye.

Pese a su pragmatismo de política de raza, por su historia y su origen, Marina Silva eso no se lo fumó y dio el portazo antes en el PT. Y no le fue mal con su Partido Verde, y viceversa. Hace poco adoptó algunas ideas muy “piantavotos” para la base urbana progre del PV: se hizo pentecostal, ergo antiaborto en materia de derechos femeninos, y además creacionista en materia educativa. Y aún con tales mochilas, en las elecciones presidenciales de 2010, ya como rival de Rousseff, Silva sacó el 19,3% de los votos.

En las generales de 2014, con 21%, quedó sólo 7 puntos abajo que la infortunada ganadora, Dilma, y bien por encima de Aecio Neves. Si había ballotage, quizás ganaba. El “trabalhismo”, distributivo pero demasiado “friendly” con las constructoras de represas, logró hacer enemigos de aliados y la Silva hizo del PV una fuerza nacional, multiclasista y con despliegue territorial.

Las 14 turbinas tipo Francis de Belo Monte (4 son de nuestra criolla Pescarmona) giran desde marzo de 2015, y el lago irá creciendo hasta que sepulte 668 km2 de selva amazónica: tiene 4,2 veces la extensión del de Yacyretá. Hubo que “remocionar” (eufemismo novedoso) a 40.000 pescadores-cazadores-recolectores Xingú y Kayapó, hasta 2010 alimentariamente autónomos, pero hoy despojados de sus ríos, selvas y aldeas porque todo se lo va tragando el lago. Ya son IDPs hacinados en campamentos, desconcertados padres de una próxima ola de “favelados” urbanos, aunque a algunos los mataron porque se resistieron. El 4% recibió otra casa, que a diferencia de la que tenían antes junto al río viene sin profesión. Al 96% restante le dieron bonos imposibles de canjear a precio nominal, algo de efectivo, o nada. “Eletricidade limpia”…

¿Tan limpia? La emisión de gases invernadero de los embalses tropicales deberá medirse caso por caso. Pero definitivamente, no es tanta la electricidad producida. Los MW instalados en Belo Monte son 11.000, pero el “factor de carga” del Xingú es de sólo el 39%, ya que es un río monzónico con 3 a 4 meses de estiaje anual, y eso en años normales. Así, la producción anual de Belo Monte equivale a la de 5000 MW nucleares con un factor de disponibilidad –demos una cifra modesta- del 85%.

Curiosamente, Belo Monte equivale en electricidad anual a lo que quedó sin hacerse del plan de 1975 del dictador Geisel. Las 8 centrales habrían ocupado unas 800 hectáreas de tierras sin mayor valor etnológico, cultural o biológico. Eso es 835 veces menos superficie que la del lago de Belo Monte, cuando se termine de llenar. La densidad energética de esas centrales hoy imaginarias andaría en los 112.500 vatios/m2. Lectores, Tucuruí tiene 1,74 vatios/m2. ¿Se entiende el tamaño de la estupidez?

Pero a no confundirse: más allá de las truculencias de las “minorías intensas” como Greenpeace, el antinuclearismo de bajas calorías pero difuso e infuso en la sociedad brasileña tiene al menos uno de sus orígenes en el talón de Aquiles de casi todo programa nuclear: el sector minero de uranio. Es infernalmente sucio.

Pero ojo, no sucio por nuclear, sino por minero. Las compañías mineras tienen en casi todos lados donde el estado no las persiga, controle y apriete la maldita costumbre de gestionar en forma precaria sus pasivos ambientales, sobre todo los diques de colas. La mala fama del Programa Brasileño tiene nombres mineros: Caldas, en el estado de Minas Gerais, Caetité, en Bahía, Santa Quiteria en Ceará, todos pasivos a remediar, con vecinos afectados y menos invisibles mediáticamente que los indios.

Los diques de colas son el gran regalo de las megamineras multinacionales a cualquier país pobre. Agotada la mina se van y te los dejan de recuerdo. Y como están hechos como la mona, se derrumban fácil. En 2019, el dique de colas de la mina de hierro de la multinacional Vale, en Minas Gerais, se desmoronó. El alud de barro bajó por las quebradas como un tren, sepultó la aldea de Brumadinho y mató a 243 de sus habitantes. Seis veces más muertes que las del accidente de Chernóbil, pero los derrumbes de diques de colas de las mineras son sistemáticos, suceden todos los años en todo el mundo, y HBO no hace miniseries sobre ellos.

Aclaración necesaria: las minas de uranio de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) de la Argentina son las únicas en la región con un programa de remediación ambiental, el PRAMU, con distintas obras en diverso grado de avance, y una primera terminada en Malargüe, Mendoza, transformada en un parque público forestado. Además de las agencias medioambientales de cada provincia, las obras deben ser aprobadas y luego monitoreadas por la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN), dependiente del Poder Ejecutivo Nacional. Ojalá la minería metalífera de oro, cobre y plata en Argentina estuvieran sujetas a esos requisitos. Podemos esperar sentados.

Como expresión medible del problema político de las represas, 6 años más tarde de la aprobación de Belo Monte, los diputados del PV levantaron, unánimes, la mano a favor del “impeachment” de Dilma Rousseff, mezclados con una impresentable caterva de tilingos y delincuentes con fueros legislativos y judiciales. De verdes a golpistas.

Y del desgobierno de Michel Temer, el presidente que sustituyó a Dilma, llegaron ajustes en educación, salud como no se los había visto en décadas, una legislación laboral que barre con los derechos de millones de trabajadores, una previsional que deja colgados de la palmera a millones de jubilados, un tremendo descontento social bien aprovechado por los medios para cocinarle una causa judicial a Lula que lo saque de contienda electoral, e imponer un presidente como Jair Bolsonaro. Que ha logrado deshacer el freno relativo impuesto por el PT a la tala del Amazonas.

¿En cifras recientes, cómo se mide esto? El interanual de deforestación 2018/2019 de junio este año está un 90% arriba. El de julio, un 278% arriba. Las cifras las dio el INPE (Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais) en base a sus mediciones satelitales, luego de lo cual el presidente Jair Bolsonaro echó a su director, Ricardo Magnus Osorio Galvao . Y se jactó de ello ante los medios, autotitulándose como «el Capitán Motosierra».

Marina Silva no debe estar felicitándose. Y tampoco Lula, por habérsela echado de enemiga.

Tragedias verdaderas son cuando todos tienen razón. No sé si esto es una fotografía o un epitafio del átomo brasileño.

Daniel E. Arias

Deterioro en los precios de las exportaciones

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En los primeros 6 meses de 2019 los precios de las exportaciones bajaron un 7,3%, mientras los precios de las importaciones disminuyeron un 3,4%. Eso significa que hubo una pérdida de los términos de intercambio en el comercio argentino de U$S 1.345 millones, según informó el INDEC.

El cálculo surge de comparar los precios del comercio exterior. Si en el primer semestre de 2019 se hubiesen registrado los mismos precios que en igual período de 2018, el saldo comercial positivo obtenido en este período que fue de U$S 5.589 millones, habría sido superavitario en 7.129 millones de dólares.

La baja de los precios de exportación se acentuó en el segundo trimestre con una caída del 10,4% en promedio, luego de un primer trimestre con un descenso del 3,4%. Por ese motivo, de los U$S 1.345 millones de pérdida de intercambio del semestre, U$S 1.025 millones se originaron en el segundo trimestre.

Por rubros, los precios de los Productos primarios exportados bajaron el 4%. Las Manufacturas de origen agropecuario (MOA) retrocedieron -13,2%. Las Manufacturas de origen industrial (MOI) -4,1%% y los Combustibles y energía -2,5%. El deterioro de los precios fue generalizado, con excepción de la “carne y sus preparados”. Los Bienes de capital importados retrocedieron 10,5%. Los Bienes intermedios -3,6%. Combustibles y lubricantes subieron 2,4% Piezas y accesorios para bienes de capital -2,1%. Bienes de consumo -1,8% y Vehículos automotores de pasajeros aumentaron 5,8%.

En 2018, aunque el saldo de la balanza comercial fue deficitario en 3.820 millones de dólares, hubo una ganancia de U$S 612 millones en los términos de intercambio por cuanto el índice de precios de las exportaciones aumentó un 5,7%, superior al aumento del 4,6% de los precios de las importaciones.