En AgendAR hemos informado sobre el conflicto que enfrenta los intereses -y probablemente a largo plazo los proyectos- de Estados Unidos y de China. Es inevitable: es el dato central de la primera parte de este siglo.
También hemos dicho que, hasta ahora, ambas partes han sido cuidadosas en no traspasar ciertos límites. Pero… la sombra de Tucídides flota sobre este tiempo. Como un toque risueño, y también ominoso, acercamos esta canción que la agencia Russia Today subió a Twitter. Si cliquean encima, pueden escucharla.
? Guerra comercial ? No tenemos miedo al indignante desafío ? Si el culpable quiere luchar, le daremos una paliza pic.twitter.com/MfxryTXWAB
La planta compacta de potencia nuclear del Otto Hahn, de 38 MW eléctricos, a punto de ser embarcada en el carguero homónimo. Con su primer núcleo, la nave cruzó 463.000 km. de mares propulsada únicamente con 22 kg. de uranio 235.
El Otto Hahn, un carguero granelero de la República Federal Alemana llamado por la prensa marítima “un éxito irrelevante”. Perdía plata, porque tras agotadoras gestiones, sólo podía recalar en unos pocos puertos (33) de 22 países, y los EEUU le negaban paso por el canal de Panamá. En 1979, agotado su tercer núcleo, había hecho 1,2 millones de km con 66 kg de uranio 235. Luego navegó un tiempo más con una propulsión térmica de lo más relevante hasta su desguace en 2007 con el nombre de Nave Madre y bandera liberiana.
Hace 35 años, cuando el CAREM se presentó en un congreso sudamericano de energía nuclear en Perú, era sólo una idea. Era una adaptación terrestre muy simplificada y mejorada de la planta de potencia de 38 MW de un barco mercante experimental alemán, el Otto Hahn, cuya bitácora se resume en los epígrafes de las fotos precedentes.
Bajar esta idea naval “a tierra” y mejorarla conceptualmente le dio por primera vez en su historia a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) un proyecto nucleoeléctrico de construcción 100% nacional. Pero donde el proyecto caló más fuerte no fue en la CNEA sino en INVAP.
Ya plantada como empresa exportadora, y a sabiendas de que si no vendía cosas afuera moría, INVAP vio al CAREM como una solución en busca de problemas: desalinización de agua en desiertos costeros, minería en cordilleras remotas, iluminación de islas superpobladas, como algunas de Indonesia… Parecía fácil de exportar sin socios externos a decenas de nichos de mercado, países con redes eléctricas subdesarrolladas o con necesidades de “oasis eléctricos” fuera de red. Empezando por nosotros, inevitablemente. En parte, porque la Argentina, 8vo país de la Tierra por extensión, en 1984 adolecía de un tendido eléctrico precario y discontinuo. Y fundamentalmente porque si el mundo no ve una idea nueva funcionando bien en su país de origen, no compra.
Pero la sensatez y credibilidad del proyecto le ganaron enemigos inmediatos: por un lado, parte de los reactoristas de la Dirección de Centrales Nucleares de la CNEA creían sinceramente –persuasión común en los ’80- que el camino para bajar el costo de la electricidad nuclear pasaba por el gigantismo: unidades de más de 1000 MW, mínimo. Los ingenieros de la empresa mixta con SIEMENS de la CNEA, llamada ENACE, pensaban que era imposible sentarse siquiera a vender algo que no tuviera al menos 360 MW y luchaban desesperadamente por lograr algún avance de obra de Atucha II en una CNEA cuyos fondos se habían reducido en un 50% de un año para otro. Sin dudar, todos archivaron el minúsculo CAREM, de 25 MW, en el cajón de las estupideces interesantes.
Con más visión de futuro, el Department of Energy (DOE) y el State Department, organismos federales de los EEUU, decidieron que el CAREM no debía construirse jamás, el menos en Argentina. Discretamente fueron buscando empresas que pudieran copiar la idea. Sobraban, porque desde 1981, las centrales estadounidenses se habían vuelto tan gigantes y complejas que eran invendibles incluso dentro del mercado interno, y el mercado nuclear yanqui civil pasó de inaugurar una central (gigante) nueva cada 21 días al congelamiento. Tras el accidente de Three Mile Island, sin consecuencias radiológicas pero con la pérdida total de la inversión, ese extraño mundo eléctrico estadounidense propulsado por “utilities” privadas no puso un centavo más en el átomo. Pero copiar el diseño argentino, muy difícil de proteger con patentes, les resultó fácil. Una máquina chica de «de seguridad inherente» bien podía servir para un renacimiento de la industria, ¿por qué no?
Hoy en EEUU, propulsado por la constructora FLUOR con otras casi 70 empresas, con «siting» en las frías estepas del Idaho National Lab y la electricidad a generarse ya pre-contratada por una cooperativa eléctrica, UAMPS, Utah Associated Municipal Power Systems, avanza a toda máquina el NuScale, una especie de «super CAREM» de 12 módulos de 60 MW cada uno. Obstáculo aún a vencer: la autoridad regulatoria, la Nuclear Regulatory Commission (NRC), por ahora aprobó únicamente el diseño. La idea de que, para ahorrar en personal, sólo 3 «managers» por turno puedan manejar semejante planta de 720 MW desde una sala con decenas de pantallas, va contra la cultura de seguridad preexistente.
El DOE y el State Department son burocracias permanentes, muy profesionales. Casi no se enteran de los cambios de presidente en los EEUU, y ante casos como el del CAREM saben ser tenaces, efectivas, silenciosas y cuentan con muchos operadores al Sur del Río Grande, su “backyard”. Tienen políticos, funcionarios, activistas antinproliferación y ecologistas de alto vuelo (literal, viajan en business), amén de economistas y periodistas al uso.
Pero su mayor poder de fuego en Argentina son los caciques del sector “Oil & Gas” ascendidos a la función pública con no poca ayuda de La Embajada. Para ellos, 1000 MW nucleares implican 1.600 millones de m3/año de gas natural no explotados, transportados ni quemados. Motivados por el órgano más sensible del ser humano, el bolsillo, los caciques petroleros van mucho más allá del “que parezca un accidente”. Directamente eliminan el cuerpo del delito. No hay telegramas de despido ni movilizaciones, y el público no se indigna. ¿Cómo podría hacerlo por un proyecto muerto en planos?
Sepultado el proyecto CAREM por ajenos y propios, pasaron 15 años de penas y olvido salvo para un pequeño núcleo de juramentados dispersos en la CNEA y concentrados en INVAP: Conrado Varotto, Héctor Otheguy, Roberto Radicella, Dan Beninson, el economista Aldo Ferrer, y siguen los nombres. Gracias a todos ellos, y en insólita oposición al modelo económico y energético de entonces, en 1999 el Poder Legislativo aprobó y el Ejecutivo promulgó la ley 25.160 que atribuyó fondos (132 millones de pesos-dólares) para construir el CAREM. Daba para un prototipo de 25 MW de una sencillez espartana, la propuesta inicial de INVAP. La noticia no tuvo difusión.
Debido a ello, la ley fue incumplida a rajatablas por el multiministro serial Domingo Cavallo: pisó los fondos sin explicaciones, y de inventarlas se encargó el ex secretario de Energía (o de apagones) de Raúl Alfonsín, el Dr. Jorge Lapeña, nombrado presidente y director de la CNEA. Gasífero de cuño, administró los asuntos atómicos como el zorro un gallinero.
Lapeña demoró el inicio del CAREM pidiendo primero un estudio de factibilidad (le salió mal, es decir aplaudía el proyecto). Entonces encargó otro (y vino con otra felicitación, pucha), de modo que finalmente pidió un tercero. Este también salió horrible, es decir “proyecto muy vendible, etc”, etc. Pero a esa altura del défault público, 132 millones de pesos no se conseguían, pero además no valían nada y ya no pagaban ni los aprontes de obra. Misión cumplida.
En medio de una pobreza nuclear que se fue agravando en la CNEA desde 1983 hasta 2006, el CAREM, había sobrevivido en las catacumbas barilochenses de INVAP como el cristianismo primitivo: ganando adeptos a una velocidad sólo ligeramente mayor a la de la fuga de cerebros nucleares al exterior. Los dudosos que se quedaban en la CNEA se convencían, a fuerza de miserias, de que una central chica pero escalable podía ser el salvavidas de todo el Programa Nuclear Argentino. El CAREM fue ayudado enormemente durante toda esta etapa sombría por los excelentes laboratorios de combustibles y los científicos de materiales del Centro Atómico Constituyentes de la CNEA. Diseñaron los combustibles, un “loop” de alta presión y hasta construyeron un reactorcito de potencia cero, el RA-8, en el Centro Tecnológico Pilcaniyeu, para testearlos.
Bajo ese paraguas, la centralita fue hasta 2006 el proyecto madre de INVAP. Esta SE o Sociedad del Estado rionegrina, un “off-shoot” de la CNEA, lograba perdurar al desmantelamiento del resto. Con el Programa Nuclear siempre en la cornisa, INVAP se iba especializando en reactores de investigación y/o de irradiación, plantas totalmente distintas de las que producen electricidad, y hacía sus primeros pasos en ingeniería satelital. Toda vez que INVAP estaba a punto de quebrar, ganaba la licitación de un reactor en el extranjero y se salvaba 6 años más.
Entre 1998 y 2002 INVAP y un embajador tan raro como la propia INVAP estuvieron a punto de quebrar aquel karma. El CAREM se volvió por un tiempo un proyecto binacional con la TAEK, la Comisión de Energía Atómica de Turquía, e INVAP. Terrible entusiasmo alrededor de este asunto, pero todo del lado turco. Fui personalmente a aquel país a ver el milagro del Parlamento turco votando ¡por unanimidad! la creación de una sociedad mixta binacional para hacer dos prototipos, uno en Turquía, otro en Argentina. Pero mi país ni se enteraba, hipnotizado como estaba en otra espiral de hiperinflación, apagones eléctricos y manifiesta acefalía. Escribí un artículo al respecto en la página de opinión de Clarín: “Turcos fuera de la neblina”. ¿Resultados prácticos? Ninguno.
La operación fue minuciosamente tejida en Ankara por nuestro embajador en aquel país, el tucumano Adolfo Saracho, pero fácilmente saboteada en Buenos Aires por la Cancillería del ministro Guido Di Tella y el entonces director de la CNEA, Manuel Mondino. Expeditivamente, quitó a INVAP del medio y obligó a los turcos a negociar con él. La TAEK, harta de que aquí no aparecieran las firmas, los fondos para integrar la sociedad binacional o ni siquiera la maldita voluntad de construir un prototipo, se “bajó” a Buenos Aires para anoticiarse en Núñez, Buenos Aires, y a puertas cerradas, de que debía pagar precios demenciales y se fue con un portazo. Los “multimedia” argentinos, que ya ganaban plata dejando pasar robos para la corona, no silenciaron este escándalo: sencillamente lo ignoraron. Qué eficacia, el State Department.
Nuevos y muy inesperados gobiernos nacionales le hicieron resucitación cardiopulmonar al Programa Nuclear desde 2006, nuevas leyes y nuevos decretos destrabaron el CAREM, y el proyecto regresó de INVAP a la CNEA, que se dotó de una gerencia nueva ad-hoc. Hoy es el alma viviente de la casa. La Dra. Norma Boero justificó así la movida: “Sin un proyecto aglutinador, la CNEA se me desarma”. Boero sin duda tenía razón. ¿Pero y el CAREM?
Nada se hace rápido en CNEA porque, a diferencia de INVAP, que vive a velocidad de multinacional de bolsillo, la institución madre no pasa la vida colgada del acantilado. La gente se ha acostumbrado a proyectos que no avanzan y salarios miserables, pero a fin de mes, cobra. Cuando cunden vacas demasiado flacas, como ahora, INVAP muere, mientras la CNEA se limita a entrar en coma.
Cachazuda pero talentosa, la CNEA invirtió años en rediseñar lo diseñado y y mejorarlo, especialmente con nuevos generadores de vapor y una deslumbrante robótica para testearlos y repararlos. El CAREM que se está construyendo hoy no tiene 25 MW eléctricos sino 32, debido a dichas mejoras. Sin duda es mejor y más vistoso que el austero proyecto de INVAP, con una salvedad: el de INVAP probablemente ya estaría funcionando.
Entre muchos “y ya que estamos” se perdió tiempo que no se tenía, ante la inminencia de 19 proyectos competidores en el Hemisferio Norte y de la probable irrupción de un nuevo gobierno antiindustrial, antinuclear y anticientífico en la Argentina. Así las cosas, la primera excavación de cimientos se inició en 2011.
Midiendo desde esa fecha, en 2017, según usos y costumbres de la industria, el CAREM debió estar licenciado, terminado y funcionando. Pero además de nuevos atrasos por mejoras y rediseños en 2016 su avance se frenó en seco un año, en revisiones de lo revisado. Luego la obra arrancó de nuevo, rengamente, entre sucesivos recortes del presupuesto nuclear, a las que se sumaron decisiones drásticas del mejor ministro de Energía de la Shell, el ingeniero Juan José Aranguren: la construcción ya no la dirige NA-SA, una sociedad anónima del estado, sino Techint.
Y a eso siguieron aún más ajustes tomados por la Subsecretaría de Energía Nuclear, cuando Energía perdió el rango ministerial. No fue un cambio de filosofía: el organismo responde más a la república gasífera independiente de Vaca Muerta que a la nación (o al menos, a esta nación), y su objetivo de máxima sigue pareciendo el desguace del Programa Nuclear Argentino.
Ha ido desmontándolo con razonable pericia. Ya logró desactivar, en un silencio mediático sepulcral, sus dos plantas más críticas para la autonomía nuclear criolla: la PIAP, la industrial de agua pesada, en Arroyito, Neuquén, y la experimental de enriquecimiento de uranio en Pilcaniyeu, Río Negro.
Son dos balazos, uno al corazón y otro a la cabeza: el cierre de la PIAP deja sin su insumo principal a las centrales CANDU de uranio natural, como Embalse, que se pueden construir para el mercado interno con tecnología nacional y en pesos. Lo sabemos porque entre 2015 y 2018 NA-SA hizo algo mucho más difícil que construir una CANDU nueva: prolongó en 30 años la vida útil de la existente en Embalse, Córdoba, y la repotenció en un 6% con la colaboración de unas 100 empresas argentinas, entre ellas algunas verdaderamente grandes, con contratos vigentes y no pocos abogados. En 2018 Aranguren pagó, con 250 despidos en NASA y la eliminación de Atucha III, otra CANDU mayormente nacional y con una financiación china «de regalo», el pecado de esa patriada.
El cierre de “Pilca”, la planta de enriquecimiento en Pilcaniyeu, en cambio, ocurrió al toque de la creación de la Subsecretaría, en 2016. Enjabona el palo al que deberá trepar el CAREM para subir de prototipo a artículo fabricable y exportable en serie. Bien puede ser que sea en ese momento cuando se quede sin combustible. ¿O no nos sucedió en 1978? China proveerá, me dicen algunos esperanzados. ¿O no nos está vendiendo una majestuosa central Hualong-1 de 1180 MW con uranio enriquecido?
¿Nos ayudará, por ende, con el CAREM? ¿Seguro? ¿A qué precio? En marzo de este año anunció oficialmente su propio proyecto de SMR, el ACP 100, una centralita compacta anunciada en marzo de este año, a construirse en Chanjiang, provincia de Heinan.
La actividad económica se derrumbó 6,8% en marzo en forma interanual, acumuló su undécima caída mensual consecutiva y cerró el primer trimestre del año con una contracción del 5,7%, según informó el miércoles el INDEC.
Las cifras del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), en marzo último respecto de febrero registran una caída del 1,3%, con lo que volvió así a tener una variación negativa contra el mes anterior, después de tres meses de leves recuperaciones. Los once meses de caída consecutiva de la actividad contradicen los pronóstico de Hacienda, que por los indicadores positivos desestacionalizados en febrero afirmó que la economía habría registrado el piso de caída en noviembre pasado.
En abril. como ya informamos en AgendAR profundizaron la caída de la producción de bienes y servicios la intermediación financiera, el comercio minorista y mayorista la industria y la construcción. El campo creció en marzo 10,8%, la enseñanza mejoró 1%, y los servicios de salud, que subieron 0,2%. El resto de los sectores arrojaron variaciones negativas.
La intermediación financiera se desplomó un 13,9% la mayor caída en los últimos tres años, mientras que la contracción en consumo del comercio minorista y mayorista, que cae un 14,6%, es también el mayor indicador negativo desde el 2016.
Presentaron bajas: la industria manufacturera un 13,2%, la actividad de la construcción un 7,1%, pesca un 4,4% y la utilización del agua, gas y energía eléctrica una del 6,1%. Los servicios del transporte y comunicaciones y la actividad inmobiliaria se contrajeron un 3,6%.
También mostraron bajas menores los servicios comunitarios con un 1,7% de contracción, la actividad en hoteles y restaurantes cayó en marzo un 1,5, y la explotación de minas y canteras bajó 1,8%, mientras que la administración pública cayó un 0,3%.
La antena radar SAR -un radar de Apertura Sintética (que procesa mediante algoritmos la información capturada)- del satélite SAOCOM 1B está terminada. Ayer jueves fue presentada en el Laboratorio de Integración y Ensayos del Centro Espacial Teófilo Tabanera, en Córdoba.
En el paraje Falda del Cañete, a 32 kilómetros de la ciudad de Córdoba, se le dieron los últimos ajustes a esa parte clave del satélite de observación Saocom B1, que será lanzado al espacio a fines de este año o comienzos del próximo, desde la mítica estación de Cabo Cañaveral, en Estados Unidos.
Es un gemelo del satélite Saocom 1A, que se puso en órbita en octubre del año pasado, y que representó un hito para la ciencia y la tecnología de Argentina.
Los dos satélites argentinos están para observar a la Tierra. Generarán mapas diarios de humedad de suelo, identificarán áreas de riesgo de inundaciones, detectarán suelos secos con propensión de incendios y elaborarán mapas de riesgo de enfermedades en los cultivos, entre otras aplicaciones prácticas. De las funciones de los satélites SAOCOM, ampliamos aquí.
La etapa cordobesa de este segundo proyecto termina esta semana. En los primeros días de la próxima, la antena radar comenzará su viaje hacia Bariloche donde será ensamblada, en la empresa estatal INVAP, con las demás partes del satélite para las pruebas previas a su lanzamiento.
El hidrógeno está asociado en el imaginario popular como el combustible del futuro. A modo de validación, Japón ya anticipó que para los Juegos Olímpicos que el año próximo tendrán lugar en Tokio todo el transporte de atletas y visitantes será con autos y buses a hidrógeno, al igual que el abastecimiento de energía, agua y calor para la villa olímpica.
Pero la mayoría de los argentinos se asombraría al saber que en un páramo semidesértico de la Patagonia, en las afueras de Comodoro Rivadavia (Chubut), funciona desde hace más de 10 años una planta de producción de hidrógeno limpio que se encuentra entre las más avanzadas en su tipo a nivel mundial.
Y sin embargo, para sorpresa de casi todos, es así. En ese territorio eminentemente hidrocaburífero –allí se descubrió el petróleo en 1907–, la empresa Hychico, subsidiaria de un grupo local con activos energéticos en la región, posee una planta de producción industrial de hidrógeno a partir de energías renovables. Es lo que se conoce en la jerga como hidrógeno limpio, a diferencia del producido en las refinerías de derivados del petróleo.
Hychico comenzó a explorar en el 2000 la posibilidad de producir hidrógeno como vector energético, para almacenar y transportar energía, a partir de la experiencia que se venía desarrollando en Europa y tomando como base el potencial de generación renovable existente en la Argentina. Con apenas un 11% de la superficie de Santa Cruz y Chubut –explica uno de los ejecutivos que está a cargo del proyecto– se podrían instalar parques eólicos por unos 540.000 MW; el equivalente a toda la potencia eólica construida en el mundo a fines de 2017.
El objetivo de Hychico es la exportación en el largo plazo y apuesta a estar en condiciones de afrontar la demanda creciente que surja a medida que crezca el parque de autos eléctricos en los países desarrollados. Países nórdicos como Noruega ya anunciaron que dentro de 10 años dejarán de utilizar vehículos particulares a combustión fósil.
El hidrógeno limpio juega un papel central en esa ecuación. Por su capacidad para almacenar energía muy superior al que ofrecen las baterías de litio utilizadas por los autos eléctricos–, la mayoría de los especialistas coincide en que el mercado de hidrógeno limpio crecerá a buen ritmo hacia 2030.
«El hidrógeno limpio competirá a futuro en el mercado automotor con las naftas, que hoy tienen un precio que oscila entre los u$s 30 y los u$s 40 por millón de BTU. El hidrógeno hoy es más caro pero, a medida que se avance con la tecnología y se bajen los costos, será más competitivo», afirman desde la empresa. «Pero si queremos estar en condiciones de pelear por los mercados de exportación de Japón y los países nórdicos en 2030, tenemos que empezar a dar pasos concretos a partir de ahora con desiciones a largo plazo».
Hychico nació en 2006 para generar energía eléctrica a partir de fuentes renovables y producir hidrógeno y oxígeno. El primer paso fue montar el Parque Eólico Diadema de 6,3 MW de potencia, y luego se avanzó con la planta de producción de hidrógeno, que cuenta con dos electrolizadores con una capacidad total de 120 Nm /h de hidrógeno y 60 Nm /h de oxígeno. La planta se inauguró en diciembre de 2008 y está ubicada aproximadamente a 20 kilómetros de la ciudad de Comodoro Rivadavia. Para poner en blanco sobre negro lasituación: hoy sólo Alemania posee una planta de hidrógeno limpio en operación más grande que la de Hychico en Chubut.
Japón, los países de Europa, Corea, China y EE.UU. estiman que para 2030 van a tener 2,7 millones de autos particulares eléctricos a hidrógeno.
En Hychico están
convencidos de que Argentina puede ser competitiva en la producción
de hidrógeno, y para tratar de demostrarlo la empresa está por
realizar un trabajo con un gobierno europeo para precisar cuál sería
el costo de provisión de hidrógeno limpio. Ese análisis, que
incluirá también los costos logísticos y de transporte para llegar
a los mercados de consumo, permitiría precisar si efectivamente se
puede ser competitivo.
Miles de jóvenes de entre 16 y 18 años protagonizaron esta semana una controversia electoral sorpresiva. Muchos descubrieron que no habían sido incluidos en el padrón y por lo tanto no iban a poder votar en las elecciones a menos que presentaran un reclamo ante la Justicia Electoral. Hubo versiones cruzadas sobre los motivos de las ausencias.
El resultado es que este jueves se informó que los jóvenes que no figuraban en el padrón serán sumados «de oficio” por la Justicia Electoral y podrán votar en las próximas elecciones presidenciales sin necesidad de presentar una queja formal.
Fuentes judiciales revelaron que cerca de 400 mil electores no habían sido incluidos en el padrón y que el 90% de ellos eran jóvenes de entre 16 y 18 años. Todos ellos ya fueron identificados e serán incorporados al padrón a medida que sus datos vayan llegando desde el Registro Nacional de las Personas (RENAPER) a la Cámara Nacional Electoral (CNE).
El desenlace llegó luego que Juan José D’Amico, director del RENAPER, se reuniera con los jueces de la CNE con el fin de agilizar los trámites para subsanar el error.
Vale recordar que los jueces Santiago Corcuera y Alberto Dalla Vía informaron hace unos días que detectaron varios casos de jóvenes que no habían sido incluidos en la lista remitida por el RENAPER y decidieron extender el plazo para verificar los datos en el padrón provisorio.
A través de una acordada, los magistrados exigieron al organismo encargado de enviar la información para actualizar los padrones que apresure esa remisión para que nuevos electores figuren en el padrón. Lo cierto es que la ausencia de votantes en los padrones no es una novedad en el ecosistema electoral argentino.
El Renaper vienen desatendiendo los reclamos por votantes rechazados desde al menos 2017. En esta oportunidad, el organismo reconoció que no envió el aviso para incluir a unos 130.000 votantes en el nuevo padrón y que otros 300.000 electores figuraban como rechazados, por lo que tampoco habían sido remitidos a la Justicia Electoral.
En ese contexto, el RENAPER indicó a través de un comunicado que «es importante que en este período de revisión los ciudadanos verifiquen sus datos, y de ser necesario realicen el reclamo dentro del plazo establecido». La Justicia Electoral realizó un corte el 30 de abril pasado, por lo que los cambios de domicilio que se hicieron hasta esa fecha deberían verse reflejados en el padrón y de no ser así, se podrá realizar el reclamo y corregir el error.
El 12 de julio se publicará el padrón definitivo para las PASO y el 27 de julio se darán a conocer los lugares y mesas de votación. En tanto, el padrón definitivo para las elecciones generales será publicado el 27 de septiembre, y los lugares y mesas de votación serán difundidos el 12 de octubre.
Finalmente no funcionó el comunicado gubernamental que buscaba apaciguar, al menos en parte, el sostenido período de inquietud que atraviesa la ciencia en la Argentina. Pese a que hace menos de 48 horas el gobierno anunció un refuerzo presupuestario para el sector de $ 1000 millones de pesos. Igualmente ayer se realizó -con gran asistencia- un Cabildo Abierto en forma simultánea en CABA y en una docena de ciudades de todo el país.
Con la presencia de docenas de directores de institutos de investigación del principal órgano de la ciencia Argentina, el Conicet, un grupo de científicos destacados presentó un documento donde sintetizaron una serie de cifras oficiales que demuestran el creciente deterioro de todos los indicadores CyT de los últimos años en Argentina.
Dicho deterioro incluye desde disminuciones significativas del presupuesto para el sector científico hasta un muy considerable atraso en el poder adquisitivo de los salarios de los investigadores y becarios, debido al proceso inflacionario de los últimos tiempos que no fue cubierto con aumentos.
Del Cabildo Abierto y de la conferencia de prensa participaron algunos de los más destacados científicos del país, como Ana Franchi, Andrea Gamarnik, Gabriel Rabinovich, Marcelo Rubinstein, Alejandro Schinder, Dora Barrancos, Marina Simian, Sebastián Uchitel y Roberto Rivarola, además de Alberto Kornblihtt y Mario Pecheny.
A modo de ejemplo, el físico Jorge Aliaga -qué sigue en detalle este tema desde hace años- explicó, durante la conferencia realizada en el Museo de Ciencias Bernardino Rivadavia de CABA- algunas cifras: en el 2015 el porcentaje del PBI dedicado al sector ciencia y tecnología rondaba el 0,35%. Sin embargo, en el 2018, ese mismo porcentaje había caído hasta un 0,25%. “Eso significa que faltarían sumar al menos $18.000 millones si se quisiera ya no crecer, sino apenas volver a igualar los porcentajes que teníamos en 2015 del PBI”.
Aliaga también destacó otros datos: “concluimos que que la “función dedicada a la ciencia y técnica de los presupuestos anuales en promedio cayó, desde el 2015 hasta ahora, el 33%. Y si medimos el dinero asignado por presupuesto, en millones de pesos (ajustados por inflación) a los principales organismos que forman el sistema científico argentino, las tasas de caída son mayores. A modo de ejemplo entre 2015 y 2019, la CNEA sufrió una reducción del 31%; el INTA del 35%, el INTI del 42%, la CONAE del 38% y el Conicet el 20%”.
Y los investigadores también destacaron que algunos de los refuerzos presupuestarios ya anunciados por las autoridades, todavía no fueron ejecutados, pese a que ya fueron hechas las reasignaciones presupuestarias y firmadas las correspondientes decisiones administrativas.
Otro de los organizadores y voceros del Cabildo Abierto de protesta científica, el doctor en física Juan Pablo Paz, afirmó que algunos de los anuncios realizados sobre reasignaciones presupuestarias son hechos en base a decisiones de 2017 y contra créditos asignados por organismos internacionales. “Por lo tanto es mentira que cumplan con el compromiso financiero de reforzar al sector. O, en el mejor de los casos, es un caso de contabilidad creativa”.
Destacando que no sólo “expresan críticas”, también explicaron que ya solicitaron reuniones con las actuales autoridades de la Secretaría de Ciencia para poder discutir en detalle la problemática. Y se fijó la próxima reunión para el martes 28 de mayo.
A primera hora de esta mañana, finalmente, el gobierno cumplió con uno de los puntos largamente reclamados por los científicos: nombrar en el directorio del Conicet a dos integrantes elegidos por la comunidad científica y que habían sido votados hace ya más de un año, pero cuyo nombramiento se demoraba en forma inexplicable y que hacía pensar en una atraso decidido por temas políticos. Hoy salió publicado el nombramiento de los doctores Alberto Kornblihtt y Mario Pecheny en el directorio del organismo. Pero aun así, se presume que este es apenas un nuevo capítulo de una saga conflictiva que seguirá dando tristes nuevos episodios.
El silencioso cierre de la planta experimental de enriquecimiento de uranio de Pilcaniyeu, en junio de 2016, fue una movida en profundidad contra el proyecto nucleoeléctrico “de bandera” de la Argentina, la central compacta modular CAREM. Y esa jugada, potencialmente muy dañina, se hará efectiva sólo cuando esta última máquina esté construida, operativa y tratando de reclutar clientes o socios.
“Pilca”, como la llaman los del ambiente, es una unidad de demostración y de primera generación: tecnología de difusión gaseosa típica de los ’60, muy costosa en la correlación electricidad/producto. Es chica, además, garantiza 20.000 UTS, o Unidades Técnicas de Separación. En castellano, eso significa que funcionando a pleno (y sin romperse) quedaría algo debajo de la demanda de uranio enriquecido al 3,1% del CAREM hoy en construcción. Y eso pese a que éste es un prototipo minúsculo de 32 MW (el consumo de una ciudad de 20.000 habitantes). Pilca jamás podría satisfacer la demanda de esta central en sus futuros modelos comerciales, sean de 120, 240, 360 o 480 MW, según el número de módulos. Y menos aún las de la flota de reactores multipropósito que lleva exportados nuestro país a Perú, Argelia, Egipto, Australia, Arabia Saudita y Holanda.
Sin embargo, chiquita y obsoleta como es, Pilca cumple una función clave desde 1983: con tal de que no la modernicemos o ampliemos, el club, cartel, lobby o mafia mundial del enriquecimiento, es decir el combo EEUU, Unión Europea y Rusia, nos venden el uranio enriquecido que pidan nuestras máquinas, sean reactores y centrales en suelo propio o exportadas. Prefieren que les comamos mercado a perder el monopolio sobre los combustibles.
No es una teoría. Cuando no teníamos Pilca, en 1978, EEUU nos sometió a boicot al minuto de haber tenido la CNEA el atrevimiento de exportar dos reactores a Perú, el RP-0 y el RP-10. Sudamérica, en la visión del Departamento de Estado, “is their backyard”, su patio trasero. Y nosotros, unos okupas.
Hubo que rediseñar de apuro aquellas dos plantas plantas y además todas las nacionales –en aquel entonces usaban enriquecido al 90%- para funcionar con un combustible menos potente, enriquecido al 20%. Y entre tanto salir a adquirir este uranio “grado reactor” en la URSS, único oferente no extorsionable por Washington. Se perdió plata pero se ganó una lección. Pilca se tuvo que hacer en secreto, en medio de la estepa rionegrina, a 16 kilómetros de un pueblo que en 1980 tenía 400 habitantes y una estación de tren. Por eso la planta es tan chica. Pero por algo se la construyó.
Sin Pilca, no tendríamos el RA-3 de Ezeiza, tampoco el segundo mayor desarrollo del Hemisferio Sur en medicina nuclear oncológica y cardíaca. Australia tiene el primero, gracias al OPAL, reactor vendido por INVAP, de Bariloche, Río Negro, Argentina. Sin Pilca, menos que menos tendríamos autosuficiencia y exportaciones a la región en radiofármacos.
Mayo de 2019. El “liner”, revestimiento interno de acero del blindaje de contención de la central nuclear CAREM, levantado por una grúa para su instalación en la planta, atrás y a la izquierda.
Sin Pilca no estaríamos construyendo el RA-10 para suplantar el RA-3 y apoderarnos del 20% del mercado mundial del principal radioisótopo de diagnóstico por imagen. Más aún, sin Pilca no seríamos el primer y más respetado exportador de reactores multipropósito del mundo, porque lo primero que exige el comprador de una planta nuclear argentina (visto lo que le pasó al Perú), es que el vendedor lo proteja contra un boicot de combustible enriquecido de los que perdieron la licitación, especialmente uno que derrotamos tantas veces que ya ni compite. En tecnología nuclear, si la Argentina vende un caballo, debe garantizar el pasto.
Se cae de lógico que sin Pilca se vuelve conjetural el “scale up” del CAREM y su exportación a decenas de países. Eso privaría a nuestro SMR (Small Modular Reactor) de su objetivo principal: fabricarse de a decenas de unidades por año en grandes líneas de montaje, como los jets de pasajeros, exportarse en unidades que quepan en trenes, barcos y camiones, y que puedan ensamblarse en centenares de destinos, aquí y en las antípodas del planeta, sea para crear “oasis eléctricos” en parajes remotos fuera de red, o para desalinizar agua de mar. Junto con las patentes biotecnológicas y el software, el CAREM está destinado a ser la tercera pata de las exportaciones de know-how argentino durante el siglo XXI.
No será un recorrido fácil. Presentado por primera vez en 1984 en un congreso nuclear en Perú, el CAREM entonces no tenía ningún proyecto competitivo en otros países. Hoy, ya suma 19. Y en su tierra, donde nadie es profeta, viene teniendo más opositores ocultos que partidarios a la vista: recién 27 años más tarde se empezaron a cavar sus cimientos.
Parado totalmente el CAREM en 2016, la obra se reinició a media máquina hasta que en 2019 se quedó oficialmente sin presupuesto. Ahora logra seguir de a trancos porque le quitó su dinero a otro proyecto estratégico, el mencionado RA-10. ¿Qué mano prefiere perder, estimada CNEA, la derecha o la izquierda? Pregunta hecha por la Secretaría de Energía, tras cortarle un pie.
Eso le sucede hoy al CAREM, un proyecto que podría relanzar nuevamente a la Argentina como país industrial y avanzado. Eso no sucederá si Pilca se cierra definitivamente. Por algo este gobierno la cerró.
Científicos de La Plata hallaron que alguna sustancias de este árbol originario repelen al 100% de los insectos vectores de la enfermedad.
El paraíso, un árbol originario del Himalaya que integra el arbolado urbano de muchas ciudades de la Argentina, podría albergar un arma efectiva contra la vinchuca que transmite la enfermedad de Chagas.
Así lo revelaron científicos de La Plata en la revista “Frontiers in Veterinary Science”, quienes determinaron que un extracto del árbol tiene una capacidad repelente del 100% para esos vectores y también puede ejercer una actividad insecticida específica.
“En la naturaleza se pueden encontrar sustancias bioactivas que pueden convertirse en excelentes alternativas para el control de insectos, plagas, parásitos, bacterias que comprometen la vida y el bienestar de las personas”, señaló a la Agencia CyTA-Leloir la directora del estudio, la doctora Nora Mestorino, profesora a cargo de la Cátedra de Farmacología y Toxicología de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
“Lo importante es estudiar esas sustancias con metodologías validadas y respaldadas científicamente”, añadió la jefa del Laboratorio de Estudios Farmacológicos y Toxicológicos (LEFyT) de esa casa de estudios.
La expectativa de
los investigadores es que los compuestos del paraíso puedan
transformarse en una alternativa a los plaguicidas químicos basados
en piretroides, cuyo uso indiscriminado ha generado resistencia en
parte de la población de vinchucas.
En el estudio experimental, Mestorino y sus colegas prepararon dos extractos a partir de los frutos del paraíso, cuyo nombre científico es Melia azedarach. Y comprobaron que tenían una potente acción repelente y hasta insecticida en algunos estadios evolutivos de las vinchucas.
En una próxima
etapa, los investigadores apuntarán a estandarizar diferentes
variables para ver si factores tales como las condiciones climáticas
o el estado de maduración de los frutos incide o no sobre su
actividad. “Es importante conocer estos aspectos a los fines de
obtener un producto estable y de alta potencia”, concluyó
Mestorino.
El paraíso es un árbol ampliamente distribuido en nuestro país que se planta por su sombra, por su protección contra el viento y por su comprobada acción repelente de insectos. En la Ciudad de Buenos Aires es la tercera especie más plantada en las calles, después del fresno y del plátano.
Del estudio también participaron Martín Dadé, Pedro Zeinsteger y Facundo Bozzolo, quienes integran el laboratorio de Mestorino.
Hoy jueves 23 a las 9 productores agrarios se concentran en la Plaza Mansilla de Paraná para protestar contra el dictamen del Superior Tribunal de Justicia que ratificó la nulidad parcial del decreto que reducía las distancias de las fumigaciones. “Este fallo es exagerado”, dice el vicepresidente de la Federación Agraria Argentina, Elvio Guía.
«Será una manifestación en la plaza frente al Palacio de Justicia. Se entregará un petitorio”, precisó el dirigente de la FAA. Además “los productores se pondrán a disposición de los jueces para que recorran el campo, para ver cómo hacen el trabajo los productores y así entiendan que este fallo es exagerado”. «Se pueden hacer las cosas muy bien sin ningún problema para la población” y dijo que “los hijos de los productores van a las mismas escuelas que están en litigio”.
Luego cuestionó que se hable de “terratenientes”. “Dicen eso cuando quieren engañar a la gente. Acá hay familias que tienen la producción como forma de vida, no como un gran negocio. Y hoy están en riesgo porque no saber cómo hacer para seguir adelante. Son tamberos, citrícolas, ganaderos pequeños, que hoy no están pudiendo producir porque no se puede aplicar ningún tipo de fitosanitario”.
Mientras tanto, el jueves pasado la Legislatura de la provincia de Chubut aprobó por unanimidad la prohibición para la fabricación, comercialización y uso del glifosato en todas sus variantes. Pero… se asegura que el gobernador Mario Arcioni vetará la medida.
Nos resulta evidente que es necesaria una política nacional, que defienda la salud pública y que también contemple la situación de los pequeños productores agrarios. Y creemos que el talento de los científicos y técnicos argentinos puede y debe volcarse a este problema.