Un fallo judicial respaldo la exploración offshore en el Mar Argentino
Una mision de la NASA trajo a la Tierra 250 gramos de la roca del Asteroide Bennu
Ayer domingo, la cápsula OSIRIS-REx de la NASA atravesó la atmósfera de la Tierra a unas 15 veces la velocidad de la bala de un rifle.
A esas velocidades, se convirtió en una bola de fuego en el cielo, pero un escudo contra el calor y un paracaídas frenaron el descenso, convirtiéndolo en un suave aterrizaje en el desierto de Utah, en EE.UU.
La cápsula trae un cargamento precioso: un puñado de polvo recolectado del asteroide Bennu, una roca espacial del tamaño de una montaña que puede darnos información clave para responder a una de las preguntas más profundas para los humanos: ¿de dónde venimos?
“Cuando tengamos los 250 g del asteroide Bennu, estaremos viendo material que existía antes que existiera nuestro planeta, incluso algunos granos podrían ser más viejos que nuestro sistema solar”, dice el profesor Dante Lauretta, investigador principal de la misión.
“Estamos tratando de rastrear nuestros inicios. ¿Cómo se formó la Tierra y por qué es un lugar habitable? ¿De dónde viene toda el agua de nuestros océanos? ¿de dónde viene todo el aire que existe en nuestra atmósfera? Y de manera más importante, ¿cuál es la fuente de todas las moléculas orgánicas que componen la vida en la Tierra?”.

La creencia que prevalece es que muchos de los componentes clave para la vida llegaron a nuestro planeta durante una época muy temprana de la historia de la Tierra en una lluvia de meteoritos, muchos de ellos a lo mejor parecidos a Bennu.

La travesía para conseguir los fragmentos de Bennu comenzó en 2016, cuando la Nasa lanzó la nave Osiris-Rex hacia el objeto de 500 metros de diámetro.
Le tomaría dos años en llegar al cuerpo rocoso y otros dos años más se dedicaron a cartografiarlo, antes de que el equipo de la misión pudiera identificar con confianza un lugar en la superficie de la piedra espacial en el que recoger una muestra de “tierra”.
El papel de Brian May

Alguien clave a la hora de tomar esa decisión fue la leyenda británica del rock y astrofísico Brian May. El guitarrista de Queen es un experto en mapeo de imágenes estéreo.
Tiene la habilidad de alinear dos imágenes con diferentes ángulos de un mismo objeto para dar un sentido de perspectiva, formando una escena 3D. Él y su colaboradora Claudia Manzoni hicieron esto para elaborar la lista final de lugares en Bennu en los que recoger muestras. Ellos definieron los lugares más seguros para el acercamiento.
El momento de la captura de la muestra, el 20 de octubre de 2020, fue increíble.

Osiris-Rex descendió hasta el asteroide, sosteniendo su mecanismo de agarre al final de un palo de 3 metros de longitud.
La idea era darle un golpe a la superficie de la roca y, al mismo tiempo, soltar un soplido de gas de nitrógeno para levantar polvo. Pero lo que ocurrió después fue un shock.
Cuando el mecanismo hizo contacto, la superficie se partió como un fluido. Para cuando el gas se disparó, el disco ya estaba 10 cm por debajo. La presión del nitrógeno abrió un agujero de 8 mts de diámetro. El material voló por todos lados, pero lo importante es que parte cayó en la cámara de recolección.

Así que aquí estamos. Osiris-Rex entregó la muestra de Bennu al final de lo que ha sido un viaje de ida y vuelta de siete años y de 7.000 millones de kilómetros.
La cámara será llevada al Centro Espacial Johnson, en Texas, donde se ha construido un cuarto especial dedicado al análisis de las muestras.
El doctor Ashley King del Museo de Historia Natural (NHM) de Londres, será uno de los primeros en poner sus guantes sobre el material. Forma parte del equipo “mirada rápida”, que será el que haga el análisis inicial.
“Traer muestras de un asteroide no es algo que hagamos muy a menudo. Así que quieres hacer esas mediciones iniciales y quieres hacerlas muy bien”, dice. “Es muy emocionante”.

La Nasa ve a Bennu como la roca más peligrosa del sistema solar. Su trayectoria en el espacio hace que sea el asteroide con mayores probabilidades de impactar a la Tierra del que se tenga conocimiento. Pero no hay que asustarse, las probabilidades son muy bajas, parecidas a que lances una moneda al aire y te salga cara once veces seguidas. Y un impacto no ocurriría el próximo siglo.
Bennu seguramente tenga agua, y bastante: al menos el 10% de su peso, y toda en sus minerales. Los científicos intentarán ver si las proporciones de los distintos tipos de átomos de hidrógeno en esta agua es parecida a la de los océanos de la Tierra.
Si, como creen algunos expertos, la Tierra temprana estaba tan caliente que perdió gran parte de su agua, el encontrar una coincidencia de H2O en Bennu podría impulsar la idea de que un bombardeo posterior de asteroides tuvo gran relevancia en darles volumen a nuestros océanos.

También es posible que Bennu contenga entre 5% y 10% de su peso en carbono. Aquí radica gran parte del interés. Como sabemos, nuestro planeta se basa en la química orgánica. Al igual que el agua, ¿habrán llegado las moléculas desde el espacio para que empezara la biología en la joven Tierra?
“Uno de los primeros análisis que se les harán a las muestras incluirá hacer un inventario de todas las moléculas basadas en carbono que contenga”, dice la profesora Sara Russell.
“Sabemos, a través de estudiar meteoritos, que los asteroides probablemente contienen distintas moléculas orgánicas. Pero en los meteoritos, muchas veces están bastante contaminadas, así que estas muestras nos dan una oportunidad de descubrir realmente cuáles son los componentes orgánicos prístinos de Bennu”.
El profesor Lauretta agrega: “De hecho, nunca hemos buscado en los meteoritos los aminoácidos de las proteínas por este problema de la contaminación. Así que creemos que realmente vamos a avanzar en nuestro entendimiento de lo que llamamos la ‘hipótesis de entrega exógena’, la idea que estos asteroides fueron la fuente de los bloques fundacionales de la vida”.
Lanzan una planta de hidrogeno en Pico Truncado, Santa Cruz
ARSAT instalará una sede de investigación y desarrollo en Bariloche
«Los nuevos territorios argentinos»
Estos tres artículos forman una de las primeras trilogías que publicamos sobre un mismo tema, en el 2018.
LOS NUEVOS TERRITORIOS ARGENTINOS – 1° parte
LOS NUEVOS TERRITORIOS ARGENTINOS – 2° parte
LOS NUEVOS TERRITORIOS ARGENTINOS – 3° y última parte (por ahora)
Argentina exportó tecnología nuclear a Canadá. Y es sólo el comienzo
Daniel E. Arias
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DEL COMUNICADO OFICIAL: “Con esto, una vez más, se demuestra que el sector nuclear no sólo es un sector que Argentina lideró como un proveedor confiable para el mundo, sino que también es un sector que industrializa nuestro país”, como bien dijo la secretaria de Energía. Los tipo CANDU hacen que los tubos de presión trabajen en condiciones de alta exigencia durante toda su vida útil, ya que en su interior se encuentran los canales combustibles en los que se produce el proceso de fisión. Así, durante 30 años deben operar a temperaturas de entre 250 y 300 grados centígrados, soportar 100 atmósferas de presión interna y estar constantemente sometidos al flujo neutrónico producto de la fisión del uranio.“Cualquier reactor del mundo, sea canadiense u otro, tiene que hacer la transferencia del calor del circuito de agua primario, derivado de la fisión del uranio, a un circuito secundario que es el agua que mueve la turbina. Ese vapor está a más de 200 grados y, por lo tanto, los tubos necesitan estar bajo una presión muy importante causada por el calor”, explica el presidente de Conuar, Pablo Vizcaíno.
Esto requiere tubos especializados, realizados en base de níquel y tecnología de zirconio, resistentes a la corrosión y las altas temperaturas. “Son caros y de los mejores del mundo. Se usan también porque no se pueden cambiar cada cinco o seis años porque requeriría paralizar y gastar mucho dinero. En Embalse, por ejemplo, duraron 30 años” indicó. Precisamente, Embalse y el desarrollo de centrales nacionales le brindó la experiencia a Conuar para exportar sus productos al resto del mundo. “La extensión de la vida útil de Embalse implicó un retorno, después de mucho tiempo, de la importancia de la producción de combustibles y componentes nucleares. Conuar fabricó prácticamente todos los componentes internos de la central de Embalse”, recordó el titular de CONUAR.
En el caso de Canadá, Conuar resulto ganadora de la licitación para fabricar los tubos, los cuales serán producidos hasta noviembre del año que viene y dirigidos a la extensión de vida útil de cuatro reactores del Complejo Nuclear Bruce, localizado a orillas del lago Huron, en la ciudad de Ontario.
Conuar también exportó recientemente tapones de blindaje (shield plugs) a China, siendo la primera vez que el país exportó productos nucleares al país asiático. Del mismo modo, fue proveedor de componentes de los reactores Westinghouse en Estados Unidos, una de las principales firmas productoras del área en el mundo, y exportó anillos de sello de cavidad (cavity seal rings), aros de acero inoxidable de compleja construcción que se sueldan a los reactores. Por otra parte, la empresa argentina, de propiedad mixta, tiene planeada para este año y el próximo una exportación “muy importante” a India de tubos similares a los enviados a Canadá, con otras medidas específicas. Este pedido –señalaron desde la firma- está cifrado en más de US$ 20 millones y equivaldrá a 340 kilómetros de tubos, con posibilidades de ser ampliado. Conuar se creó en 1982 a partir de la unión entre la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), dueña del 32,7%, y el Grupo Pérez Companc, dueño del 67,3%. Con una trayectoria de 41 años en la producción de reactores, tubos y componentes nucleares (como pastillas de uranio) y la concreción de exportaciones a 32 países, sus productos tienen aplicación en los sectores nuclear, aeroespacial, industria química y petroquímica. Dentro de Conuar se encuentra Fabricación de Aleaciones Especiales (FAE), una fábrica de tubos sin costura realizados con los más altos requerimientos de calidad en su tratamiento, realizados específicamente con materiales resistentes a la corrosión y para procesos críticos.La CNEA y el Hospital Garrahan construirán un servicio avanzado de radioterapia infantil
Un salto de calidad en las aplicaciones nucleares a la salud pediátrica
En la actualidad, el Hospital Garrahan cuenta con un servicio de diagnóstico por imágenes y un servicio de radioterapia que realiza tratamientos para alrededor de 300 pacientes por año. En el nuevo edificio ambos servicios compartirán una superficie de 3500 metros cuadrados y contará con equipos de última generación, como el acelerador que está instalado en el Centro Argentino de Protonterapia. Las nuevas instalaciones incluirán equipos de tomografía por emisión de positrones tipo PET-CT, tomografía por emisión de fotón único SPECT-CT, un área de radiofarmacia y, para los tratamientos de radioterapia, dos aceleradores lineales modelo Versa HD de la firma Elekta, de origen sueco. “Esta ampliación para los servicios de diagnóstico por imágenes y radioterapia del Hospital Garrahan es como estuviéramos construyendo un nuevo centro de medicina nuclear y radioterapia”, expresó el gerente de Área de Aplicaciones Nucleares a la Salud de la CNEA, Gustavo Santa Cruz. Y anticipó que “a este convenio se sumará otro que en los próximos días suscribiremos con INVAP para que puedan comenzar ya mismo con las obras, porque están listos los planos del proyecto de ampliación, ya se hicieron estudios de suelo y contamos con la definición completa de equipos y sistemas accesorios”. La financiación del proyecto será afrontada por el Plan Nacional de Medicina Nuclear, que se orienta a garantizar el acceso universal y de máxima calidad a las aplicaciones de la medicina nuclear para la prevención, el control y el tratamiento de las enfermedades crónicas no transmisibles. El acto se realizó en la Sede Central de la CNEA, donde también estuvieron el gerente de Área Aplicaciones Nucleares a la Salud del Organismo Gustavo Santa Cruz y, por el Hospital Garrahan, el director asociado de Servicios Técnicos Darío Fillipo, la jefa del servicio de Radioterapia Natalia Pinto y la responsable del área de física médica del servicio Silvia Adamo. Tras la firma, la presidenta Adriana Serquis expresó que “estamos dando los primeros pasos para que avance este proyecto que será un gran aporte desde el sector de tecnología nuclear para todos los niños y niñas del país, nos llena mucho orgullo y de muchas ganas que pueda funcionar pronto, por el trabajo en conjunto con INVAP”. “Creo que es una contribución enorme para el país”, sintetizó. Por su parte, la integrante del Consejo de Administración del Hospital Garrahan Patricia Elmeaudy compartió su alegría porque “siempre que venimos a la CNEA nos vamos con buenas noticias y con lindos proyectos”. “Sabemos que en el sector tecnológico existen continuas mejoras, con posibilidad de realizar tratamientos más efectivos y con menos efectos colaterales y a eso apuntamos, sobre cuando hablamos de niños cuya potencialidad de crecimiento debe ser respetada”, completó.Para 2024 las empresas del rubro «Economía del Conocimiento» exportará servicios por más de 10.000 millones de dólares
Argentina fue el país de América del Sur que tuvo el mayor incremento (41%) en nuevos programadoresFilmus destacó que “las leyes de Economía del Conocimiento y de Bio y Nanotecnología, que logramos sancionar en el Congreso por unanimidad, van a permitir que estas áreas sigan creciendo. Actualmente, en nuestro país tenemos cerca de 200 empresas de base tecnológica de las cuales más de 60 exportan aportando divisas para el desarrollo soberano y federal del país. Tenemos profesionales de excelente calidad pero necesitamos continuar ampliando la formación en estos campos de conocimiento que son muy demandados en la actualidad y tienen que ver con el mundo del presente y del futuro. Para los países más desarrollados del mundo la inversión en ciencia y tecnología es prioritaria”. Un informe de la plataforma GitHub, que goza del reconocimiento de los especialistas del sector, afirmó que Argentina fue el país de América del Sur que tuvo el mayor incremento (41%) en el número de nuevos programadores en 2022, en comparación con el año anterior.
“Argentina puede volver a ser potencia regional en la construcción de buques”
«La Argentina a pesar de la crisis sigue brindando una cobertura médica y educativa»
“Éramos diez hermanos y vinimos a buscar oportunidades a la Argentina. Todas las escuelas públicas y las universidades nos abrieron la puerta. La Argentina a pesar de la crisis sigue brindando a la población una cobertura médica, educativa. Tiene hospitales, tiene escuelas. Y eso el paraguayo que esta acá lo recibe. Ir a la universidad es una forma de crecimiento social”, dice Salomón Ramírez Santacruz, vicepresidente del Club Deportivo Paraguayo.
Él llegó con 17 años, venía de un pueblo llamado Aba-i, en Paraguay, donde solo había una escuela primaria. “Como casi todos los migrantes, aterrizamos en una villa”, relata el hombre de 68 años que hoy tiene una zapatería en Lomás del Mirador, La Matanza. Y agrega: “En Paraguay los ricos son los que estudian en las universidades públicas y los pobres tienen muy pocos accesos. Mis hijos no tuvieron que hacer lo que hizo su papá, salieron de otra plataforma, pudieron ir a la universidad, a los 18 estaban preparados para enfrentar la vida y esa oportunidad se la dio este país”.

Hace años que los paraguayos son una de las nacionalidades mayoritarias a la hora de elegir la Argentina como destino para radicarse. Sin embargo, desde 2015, mientras la economía argentina se deterioraba y los indicadores macroeconómicos paraguayos mejoraban, su llegada disminuyó en un 66%. Pese a esto, se mantienen en el podio junto con los venezolanos, según se observa en los últimos registros públicos de inmigrantes, que van desde el 2015 hasta el 2023.
En el 2015 fueron 103.739 los paraguayos que eligieron a la Argentina para radicarse de forma permanente o transitoria, en promedio 8645 por mes. Sumaron casi un 40% de las 259.505 radicaciones pedidas ese año. Siete años después, en 2022, fueron apenas 35.088, no alcanzan los 3000 al mes y representaron casi el 25% de quienes pidieron la residencia en el país.
La merma se enmarca en una tendencia que se extiende a los demás países latinoamericanos exceptuando a Brasil y Ecuador, donde la cantidad de migrantes viene en ascenso. El total de migrantes en 2015 llegaba a 238.495 mientras que el año pasado sumaron 150.821.
“En nuestro país si no tenés dinero te morís”, sintetiza Blanca Valenzuela y enfatiza la importancia de la atención a la salud. “La realidad es que yo desde que llegué nunca más dejé de trabajar, siempre tuve trabajo. Eso es lo que más valoro de acá, en mi país no pasa, no hay fuentes de trabajo. Yo vine de vacaciones, llegué un sábado y al lunes siguiente estaba trabajando”, sigue.
Llegó a sus 19 años y “como todas las migrantes” empezó trabajando como empleada doméstica. Terminó la secundaria, estudió computación, también empezó la carrera de abogacía, pero después la tuvo que dejar. Hace diez años que trabaja en la municipalidad de Quilmes, actualmente en la dirección de migrantes. Es también la presidenta de la Federación Paraguaya en la Argentina (Fepara).
Ranking
Paraguay encabezó el ranking de nacionalidades que migraron a la Argentina hasta 2018, cuando fue desplazada por Venezuela. El país gobernado por Nicolás Maduro tiene una lógica propia: registra un pico de radicaciones a partir de 2018, en coincidencia con la crisis política y humanitaria de ese país. En los primeros seis meses de 2023, Paraguay volvió a pasar al frente. Si bien pareciera haber un repunte de migraciones, el número aún se encuentra lejos de los valores registrados en el pasado.
“La evidencia histórica nos muestra que la migración paraguaya es inelástica ante momentos de crisis o estancamiento de Argentina. Para las personas migrantes, el país está percibido como un lugar donde llegan y tienen trabajo, de oportunidades para hacer una diferencia económica; además de la alta valoración que tiene de los servicios como la salud y la educación. Esto quedó patente con la crisis del 2001. La población migrante entre 1998 y 2002 no creció en magnitud, pero no hubo retorno a los países de origen”, describe Sebastián Bruno, doctor en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires) e Investigador de CONACYT Paraguay.
El autor del libro Migración paraguaya hacia Argentina agrega: “Sí fue elástica -es decir, que los migrantes llegaron más- en los momentos en que la economía estaba mejor. Se observan dos momentos expansivos recientes: en los primeros años de la época de la convertibilidad y entre fin del 2002 hasta el 2010/2011″.
Según el censo del 2010, medio millón de paraguayos habitaban la Argentina, es decir que había más paraguayos que en Asunción. El fenómeno histórico quedó evidenciado también en las estadísticas paraguayas. Las conclusiones preliminares del censo realizado el último año mostraron que el país gobernado por Santiago Peña tiene una población de 6.109.644 personas, un total por debajo de las estimaciones de crecimiento poblacional –esperaban que el número alcance los siete millones- e incluso menor a la población del 2012. Algunos especialistas señalan que la emigración de los últimos 20 años podría ser una de las razones para explicar esta disminución. Los países más elegidos para emigrar fueron España y la Argentina.

Bruno describe que en un comienzo la migración era fronteriza, sobre todo en Formosa y Misiones, pero luego se fue moviendo hacia la ciudad de Buenos Aires. Hoy, la Ciudad de Buenos Aires alcanza el 17% del total de la población migrante, según datos de la administración porteña.
En base a los datos del censo del 2010, uno de cada cuatro paraguayos trabajaba en una obra en construcción, mientras que cuatro de cada diez mujeres lo hacía en trabajos domésticos de casas de familia. Los datos del censo 2022, que todavía no se presentaron, permitirán conocer si esa tendencia se modificó.
“Sucede que para el migrante recién llegado es más fácil acceder a estos trabajos. A partir de las vinculaciones por la red migratoria se insertan en determinados sectores de la economía”, señala Bruno que en su tesis doctoral llamó a este fenómeno “plusvalía étnica”.
“Yo me hice acá, viví más tiempo acá que allá. Tengo mi casa y no me falta trabajo. Decido quedarme porque nos gusta, estoy instalado”, dice Julio Serafín Ayala. Tiene 50 años y llego a los 17. No fue el primero de su familia, uno de sus hermanos ya estaba acá. Hoy, son cinco los que viven en Buenos Aires. Los cinco restantes están en Paraguay, donde también vive su madre de 88 años.
Ayala está dándole los últimos retoques a la cocina de uno de los cuatro departamentos del edificio en el que está trabajando. Tiene a cargo seis personas, dos de ellos también son paraguayos. Al igual que todos los albañiles, el colocador de pisos y el electricista.
Está en el rubro de la construcción desde que llegó. “Empecé a hacer changuitas, siempre en construcción. Me quedaba a dormir ahí en la obra. Mi mujer trabajaba en departamentos, cama adentro. Y con eso pudimos llegar a tener nuestra casa. En esa época era más fácil, más barato. Ahora ya no”, cuenta.
“En ese momento preferían más el peso argentino que el dólar, te lo sacaban de las manos. Valía más. Ahora ganás una montaña de pesos pero no sirve”, recuerda Julio sobre su primer viaje de visita a Paraguay, en 1998, luego de haberse mudado a la Argentina.
Estancamiento
Mientras la Argentina quedo atrapada en una década de estancamiento e inflación creciente, las variables macroeconómicas paraguayas mejoraron. Según el último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), con un 4,2% lidera el crecimiento económico este año para la región. Acompañado por Panamá (5,1%) y las islas del Caribe (4,2%).
Se agrega una libertad para la transferencia de divisas, una inflación que se ralentiza, una estructura impositiva de bajo costo y simple que se basa en la fórmula del “triple 10″ -10% del impuesto a las ganancias empresariales, 10% de IVA y 10% de rentas personales- y leyes favorables a la inversión.
El panorama, sin embargo, también incluye niveles de pobrezas del 24,7%, servicios básicos ineficientes y costosos y uno de los peores sistemas de educación del mundo, según el ranking de Competitividad Global del Foro Económico Mundial.
“Hasta el 2015 el paraguayo venía mucho a trabajar acá. El asalariado podía ganar entre US$800 y US$1000 en la construcción y podían transferir dinero a sus familiares. Había mucha más demanda, había changarines golondrinas que venían por temporada. Hoy no alcanza para subsistir acá. Igual hablan de que Paraguay está mejor, está lleno de dólares, eso es lo que vende al mundo, pero es para unos pocos”, señala Ramírez Santa Cruz.
En Bariloche se inauguró un Instituto para el estudio de la biotecnologia de alimentos
Asi funciona la primera planta creada en nuestro pais para la fabricacion de baterias de litio – Video
Litio en Argentina: Así funciona la primera planta Latinoamericana que fabrica baterías y celdas.
— El Destape (@eldestapeweb) September 21, 2023
UniLib es una planta creada por la Universidad Nacional de La Plata en conjunto con Y-TEC, la empresa de tecnología de YPF y el CONICET. pic.twitter.com/f4wpiOvP8T
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Neuralink, la empresa de Musk, llama a voluntarios para probar sus implantes cerebrales
Los chips cerebrales de Neuralink entraron oficialmente en fase de pruebas en humanos y está buscando a pacientes para que formen parte de los primeros experimentos oficiales de esta tecnología que tiene como objetivo permitir el control de dispositivos externos solo con la mente.
La compañía de Elon Musk recibió los permisos previos de las autoridades competentes en Estados Unidos para iniciar con el proceso de selección de personas que cumplan los requisitos adecuados para que se les implante un chip y superen una serie de pruebas para evaluar su eficiencia en un entorno controlado.
Según el anuncio oficial de la empresa, el objetivo del estudio es “evaluar la seguridad de nuestro implante y robot cirujano, además de observar las funciones iniciales de nuestro chip cerebral para permitir a personas con parálisis el control de dispositivos con sus mentes”.
En general, los requisitos principales son tres: ser mayor de edad (al menos 18 años al momento de completar la solicitud), ser un residente permanente en Estados Unidos (no es lo mismo que ser un ciudadano estadounidense) y padecer algunas de las siguientes condiciones:
– Paraplejia.
– Impedimento visual o ceguera.
– Afasia, impedimento para hablar, escuchar o sordera.
– Amputación de un miembro importante (que afecte regiones por debajo o sobre la rodilla o el codo).
– Quienes padecen de otras condiciones médicas como la Esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y lesiones de la médula espinal también pueden postular y ser parte del estudio.
Luego, los pacientes deberán completar el formulario de consentimiento. En este documento se indicará cuáles serán las condiciones del tratamiento, la duración del proceso y se dará más detalles sobre la confidencialidad de la información.

“Si bien no hay ningún beneficio directo por participar en el Registro de Pacientes, el participante podrá beneficiarse en el futuro de las investigaciones que surjan y de la disponibilidad de cualquier producto comercial que pueda resultar de esa investigación”, se indica en el documento.
Los usuarios tendrán que enviar información personal como su nombre completo, firma, fecha de nacimiento, además de registros médicos previos como tomografías, pruebas de alcoholemia y drogas, información genética, proveedores de seguros médicos, entre otros que podrían ayudar a Neuralink a tener mayor conocimiento sobre el historial médico del paciente.
La página web de la compañía también solicitará que se confirme que el paciente está realizando el registro por voluntad propia y se confirme la información brindada. A partir de ese momento, la solicitud puede ser aprobada o rechazada por Neuralink según considere adecuado para su estudio.
Neuralink estuvo desarrollando la tecnología para desarrollar los primeros chips “N1″ O “Links” desde el año 2017 con el objetivo de que estos sean comercializados como productos médicos destinados a que los pacientes con determinados cuadros médicos o discapacidades puedan recuperar algunas funciones físicas o interactuar con dispositivos electrónicos como computadores, celulares, etc.
“Hemos estado trabajando duro para estar listos para nuestro primer implante humano y, obviamente, queremos ser extremadamente cuidadosos y estar seguros de que funcionará bien antes de poner un dispositivo en un humano”, comentó Elon Musk en mayo luego de que se le brinde permiso a la empresa para iniciar sus pruebas en humanos.

En un principio, permitiríamos a alguien que casi no tiene capacidad para manejar sus músculos (…) manejar su teléfono más rápido que alguien que tiene manos que funcionan”, aseguró. Además indicó que considera posible devolver la funcionalidad de todos el cuerpo a una persona que tiene una lesión permanente en su columna.
La Argentina se encamina a convertirse en el segundo productor mundial de litio
Con un potencial de crecimiento de la producción del 50% anual, hacia 2027 la Argentina podría convertirse en el tercer o segundo productor mundial de litio, detrás de Australia, desplazando a China y eventualmente también a Chile, que actualmente detentan, respectivamente, la tercera y segunda posición en el ranking mundial de producción del mineral.
Así surge de un informe de CRU, una consultora internacional con cabecera sudamericana en Chile y especializada en minería que afirma que la Argentina, gracias a sus tres operaciones activas y numerosos proyectos en desarrollo, tiene un potencial de crecimiento de la producción del 50% anual, contra 16% en Chile y una expansión menos precisa, pero también inferior, en el caso de China, que es a su vez el principal destino de las exportaciones de carbonato de litio de la Argentina.

En el mismo sentido, meses atrás Rodrigo Dupouy, presidente para América Latina de Sorcia Minerals, una empresa norteamericana con cabecera regional en Chile, advirtió en una carta al diario El Mercurio, que el “boom del litio” chileno es un oasis en riesgo de desaparición. “Tanto la Comisión Chilena del Cobre como J.P.Morgan han advertido recientemente que la Argentina nos superará en la producción durante los próximos años. Y si seguimos así, podemos ser desplazados al cuarto lugar por China” alertó Dupouy.
A su vez, un estudio de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) buscó responder dónde está la oportunidad para la Argentina en términos de “valor agregado”, un caballito de batalla del discurso del actual gobierno argentino, que a través de voceros como la secretaria de Asuntos Estratégicos, Mercedes Marcó del Pont, y del secretario de Industria y Desarrollo Productivo, José Ignacio de Mendiguren, dice que la Argentina debería fabricar baterías de litio e incluso autos eléctricos, en vez de limitarse a la producción de carbonato de litio “grado batería”.
“No podemos ser inquilinos de nuestros propios recursos”, es la frase marketinera con la que de Mendiguren planteó la cuestión en una reciente exposición conjunta. El carbonato de litio “grado batería” (esto es, de una pureza de al menos 99,5%), tiene sin embargo una fuerte rentabilidad y, a igual volumen, 6 veces más “valor agregado” que el espodumeno de litio que exporta Australia, el principal productor mundial y que es también el principal abastecedor de China.
Valor agregado
“Exportar carbonato de litio es exportar valor agregado. El complejo litio argentino viene creciendo sostenidamente, rompiendo récords nuevamente este año y con perspectivas de cerrar un 2023 en máximos productivos y exportadores. Mejor que su presente son sus perspectivas a mediano plazo, que esperan ubicarlo entre los cinco principales complejos exportadores argentinos antes que termine la década”, dice el informe de la BCR, firmado por los investigadores Guido D’Angelo y Emilce Terré.
El estudio diferencia los conceptos de “reservas” y “recursos” de litio, algo que a menudo y erróneamente se asimila para afirmar que Bolivia detenta las principales “reservas”, aunque sus muy bajos niveles de exploración reducen su potencialidad productiva. De hecho, Bolivia no produce litio en ninguna medida significativa.
“Argentina dispone de robustas reservas y recursos de litio. Los recursos son el resultado de procesos de exploración y son estimados usando modelos geo-científicos, mientras las reservas representan el subconjunto de los recursos que es extraíble de acuerdo con un plan minero sustentable técnica y económicamente”, aclaran D’Angelo y Terré. Además, prosiguen, EEUU y China tienen robustos volúmenes de reservas y recursos, pero los mismos se destinan fundamentalmente al mercado interno para la producción de baterías para autos eléctricos, la principal fuente de demanda del litio.
En ambos casos, la demanda es superior a la oferta doméstica y de hecho EEUU y China absorben 60% de la exportación del litio argentino, mientras por ahora los niveles de exploración y desarrollo de Australia y Chile los hacen los principales productores; en 2022 explicaron entre ambos el 77% de la producción global.
Mega-evento litífero en Salta
El evento “Litio en Sudamérica” desarrollado el 9 y 10 de agosto pasado en Salta, mostró el extraordinario interés mundial por el litio argentino. Al encuentro, que tuvo cerca de 1.800 asistentes, concurrieron empresarios, analistas y banqueros de todo el mundo. Una de las coincidencias fue, justamente, que el sector litífero en la Argentina tiene un ímpetu mucho mayor que el chileno, gracias a una legislación más favorable y al avance en Chile de iniciativas estatizantes, que desalientan la inversión privada. Allí, tanto los gobernadores Gerardo Morales (Jujuy), Raúl Jalil (Catamarca) y el anfitrión Gustavo Sáenz (Salta) ratificaron que los recursos del subsuelo son propiedad de las provincias y reivindicaron su potestad en la materia.

“El potencial argentino, como bien fue destacado en más de una oportunidad en el seminario –dice el estudio de la BCR en referencia al evento del litio en Salta- es ahorrarle al mundo tiempo de exploración, con el formidable volumen y potencial de una amplísima gama de proyectos. El carbonato de litio es hoy la principal exportación del complejo litio argentino, dominando prácticamente las exportaciones nacionales de este complejo. Esto se da de la misma manera en Chile, que, sin embargo, exporta cerca de un 20% de su complejo litio como hidróxido”, dice la investigación de la BCR.
El estudio explica que el carbonato de litio (Li2CO3) y el hidróxido de litio (LiOH) pueden sustituirse entre sí en la producción de baterías, pero el hidróxido se descompone a una menor temperatura, lo que permite que la batería tenga más autonomía y vida útil. A su vez, históricamente el carbonato de litio ha tenido un menor costo de producción, lo que hizo más atractiva su producción, al menos en el corto plazo. Por su parte, notan los investigadores, Australia exporta mayoritariamente espodumeno de litio, un producto que hoy tiene un valor de mercado de apenas el 15% del que dispone el carbonato de litio. Esto es, menos de 6 veces el “valor agregado” que lo que exporta la Argentina.
Principales clientes del litio argentino
Según un trabajo que Juliana González Jáuregui, investigadora de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) expuso ante el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI), China se afianzó en los últimos años como el principal destino destino de las exportaciones de carbonato de litio de la Argentina, desplazando desde 2019 a EEUU como principal destino.

Una de las estrellas del encuentro litífero en Salta, organizado por la publicación especializada y organizadora de eventos “Panorama Minero” fue Joe Lowry, un norteamericano que vivió varios años en China, es conocido mundialmente como “Mister Lithium” y es fuente de consulta de empresas como Tesla. En una suerte de clase magistral, Lowry observó que en la Argentina hay demasiada ansiedad por producir baterías. “Mi consejo -dijo- es que piensen en eso cuando lleguen a producir 500.000 toneladas anuales de carbonato de litio” (más de 15 veces el nivel de producción actual).
En un aparte, Lowry confesó que en conversaciones que mantuvo con Fernanda Ávila, la secretaria de Minería, y Flavia Royón, de Energía, les dijo a ambas: “antes que preocuparse por fabricar baterías, construyan más rutas, más redes de energía eléctrica y de comunicaciones, más infrastructura”.
A mediano plazo, un hallazgo geológico reciente podría cambiar el escenario mundial del litio: el descubrimiento de la Caldera McDermitt, un volcán apagado en el límite entre los estados de Nevada y Oregon, (EEUU) que podría ser el mayor reservorio mundial de litio, con un valor de mercado aproximado de USD 1,5 billones (millón de millones) de dólares.
Se estima que la minera canadiense Lithium Americas, de fuerte presencia en la Argentina, donde tiene 45% de participación en Caucharí-Olaroz, el 100% del proyecto Pastos Grandes y el 65% en Sal de la Puna, podría empezar los trabajos de minado en McDermitt en 2026 y a producir en 2027. Antes tendría que superar resistencias ambientales y sociales, porque hay reclamos de que se trata de “tierras ancestrales de los americanos nativos”.
Produciendo energía eléctrica a partir de material orgánico desechable
Original y sustentable
Ni en Argentina ni en América Latina se realizan estos dispositivos para transformar materiales orgánicos en energía eléctrica. Se trata de una alternativa amigable con el ambiente donde se utilizan los desperdicios de las industrias y se les otorga valor agregado, generando un impacto positivo en el ecosistema. De esta manera, las astillas de madera que genera la empresa Canale se emplean como combustible en el reactor que, a su vez, produce el gas de síntesis que alimenta a los generadores de energía. “Hay muchas industrias, tanto en la parte agropecuaria como en la industrial, que tienen enorme cantidad de biomasa disponible para ser usada en estos reactores y generar energía térmica y eléctrica”, resalta el ingeniero. El objetivo es que los reactores se produzcan en serie para sustituir la importación de energía y promover la producción nacional y la diversificación de la matriz eléctrica. Aunque todavía quedan pasos por cumplir para mejorar su rendimiento y ofrecer la tecnología de fabricación al mercado, se trata de una iniciativa innovadora y acorde a las exigencias ambientales del siglo XXI.Como frenar una inflación altisima
Mara Pedrazzoli
La Armada Argentina se alista para incorporar aviones de Noruega. Comentario de AgendAR
Durante las últimas semanas una serie de novedades parecen allanar el camino para la incorporación de los P-3C Orion a la Armada Argentina, los cuales fueran dados de baja por la Real Fuerza Aérea de Noruega.
Entre ellas se listan los avances en las negociaciones entre ambos países, la autorización del gobierno de los Estados Unidos y, más recientemente, el alistamiento del Comando de Aviación Naval para su arribo, como de la fecha estimada en la cual llegarían al país provenientes del norte de Europa.
La larga marcha de los P-3C Orion para la Armada Argentina, que inició hace algo de cuatro años atrás con la autorización de las primeras unidades ex US Navy, parece que se encamina a su concreción. Como fuera reportado previamente, a los avances entre los gobiernos de Argentina y Noruega restaba la autorización del gobierno de los Estados Unidos, como la consecuente aprobación del Congreso.
Al respecto, como fuera reportado, fue confirmado que el Departamento de Estado autorizó la realización de la mencionada operación de transferencia de los P-3C Orion de la Real Fuerza Aérea de Noruega, las cuales fueron recientemente dadas de baja, pasando el testigo a los nuevo P-8 Poseidon. Así se desprende del reporte del mes de julio Comité de Relaciones Exteriores del Congreso de los Estados Unidos, el cual también incluyo igual decisión para la transferencia de cazas F-16 provenientes de la Real Fuerza Aérea de Dinamarca.

En dicho documento se brindaron precisiones sobre la cantidad final de aeronaves pretendidas por la Armada Argentina y que son el centro de negociaciones con el gobierno noruego. Más precisamente se trata cuatro (4) aeronaves P-3C/N Orion a la Armada Argentina, proveniente de la Real Armada de Noruega, por un valor de USD 108.448.810. Incluyendo el equipo de soporte y documentación técnica de las aeronaves.
En plano local una de las últimas informaciones de peso fue la modificación del Presupuesto General de la Administración Nacional para el Ejercicio 2023, que habilitó la compra de los P-3C Orión como parte de la contratación de las obras y bienes con incidencia en ejercicios futuros.
Tal y como informáramos el 31 de agosto: “la adquisición de los Orión forma parte del programa “Mejoramiento de la Capacidad de Vigilancia y Exploración Marítima Aeronaval mediante la Incorporación de Aeronaves P-3C Orión”. A la mencionada iniciativa se le asignó la suma de $ 18.893.000.000 (aproximadamente USD 51.7 millones de dólares), importe que se devengará entre el período 2023-2025. Para el año en curso se estipuló un monto de $ 6.362.892.500, mientras que para 2024 la cifra es de $ 8.866.215.000. El cierre, de materializarse, será en el 2025, con un desembolso de $ 3.663.892.500”.

Por último, y en base a trascendidos, estos confirmaron a Zona Militar que el Comando de Aviación Naval de la Armada Argentina se alista para incorporar próximamente al primero de los nuevos P-3C Orion provenientes de Noruega. A tal fin, se espera que próximamente una delegación de pilotos de navales viajes a los Estados Unidos a realizar los cursos de conversión a la versión Charly de la aeronave. Es preciso recordar que la fuerza supo operar la variante Bravo incorporada durante los años 90´.
El viaje tendría como destino la Estación Aeronaval Jacksonville, en el Estado de Florida. La elección de esta unidad de los US Navy no es coincidencia, ya que al día de la fecha es asiento del Escuadrón de Reemplazo de la Flota de Patrulla y Reconocimiento Marítimo (FRS) VP-30 “Pro’s Nest”, siendo uno de los últimos escuadrones que continúan operando con aeronaves P-3C Orion. Su misión tiene por fin proporcionar entrenamiento específico de P-3C, P-8A y MQ-4C a pilotos, oficiales de vuelo y tripulaciones. Su línea de vuelo la integran P-3C AIP+, BMUP y BMUP+. Al respecto, una de las últimas novedades reportadas en marzo del corriente año fue el egreso de la última promoción de pilotos de Orion, los cuales serán destinados al Escuadrón de reconocimiento aéreo de la flota (VQ) 1 y Escuadrón de evaluación y pruebas aéreas (VX) 30.
Si bien no se brindaron fechas concretas de arribo de los P-3C a ser adquiridos por la Armada Argentina, las fuentes señaladas indicaron que la llegada del primero de los Orion podría concretarse durante el próximo mes de octubre. Posiblemente supeditado a los avances realizados en los cursos de conversión de los pilotos argentinos, siendo traídos presumiblemente al país por una tripulación mixta con efectivos de la Real Fuerza Aérea de Noruega.
En lo referido a las aeronaves de vigilancia y patrullado marítimo, estas se tratan de los P-3C/N dados de baja recientemente por Noruega (333SKV, 333SKV), y que se encuentra actualmente en el país. Es preciso recordar que, al día de la fecha, dos unidades ya fueron enviadas a su almacenamiento en el 309º Grupo de Mantenimiento y Regeneración de la Fuerza Aérea de los EE.UU.
Asi da cuenta el estado actual de la flota de Orion, las últimas novedades reportadas por el portal especializado P-3 Orion Research Group arrojaron lo siguientes datos:
- BuN 154576 – C/N 4576 – P-3N almacenado en el AMARG desde septiembre 2022
- BuN 156603 – C/N 6603 – P-3N previsto para gate guardian en Andoya
- BuN 163296 – C/N 3296 – P-3C UIP almacenado en Andoya.
- BuN 163297 – C/N 3297 – P-3C UIP 333SKV
- BuN 163298 – C/N 3298 – P-3C UIP almacenado en el AMARG desde marzo 2023
- BuN 163299 – C/N 3299 – P-3C UIP 333SKV
Comentario de AgendAR:
Son aviones muy viejos. El dato es ése. Y llevan tripulantes. Ése es otro dato. Los antecesores más recordados en exploración y SAR (Search and Rescue, búsqueda y rescate) fueron los bellísimos Lockheed Neptune. Se los compró en parecida situación y con ellos hubo bastante suerte, muy ayudada a puro coraje, a la hora de la hora. Pero la suerte duró poco. Porque estaban obsoletos a fecha de compra. Cuando tuvieron que emplearse en combate eran sólo dos aviones, el 2P-111 y el 2P-112. Años de falta crónica de repuestos, uno de los dos viejos motores radiales pistoneros Wright del P-111 reconstruido como se pudo con componentes «carancheados» de 5 motores dados por difuntos, y el radar de búsqueda APS20 de cada avión en las cinco de últimas por problemas eléctricos que quemaban uno tras otro «los cristales», esas misteriosas, diminutas y ya escasas piezas que los operadores de sensores amarrocaban, y en sus salidas llevaban en los bolsillos, para recambiarlas en vuelo. Quemado el último cristal, el avión perdía casi toda su utilidad. Pese a que el Alte. Jorge Anaya, casi el inventor del desembarco argentino en Malvinas, sabía de la inminencia de la Guerra, permitió que ambos aviones, esos precarios ojos y oídos de la Flota de Mar y de la Aviación Naval, derrocharan cantidad de horas de vuelo dando apoyo a la regata «Whitbread», desde Auckland, Nueva Zelanda, a Marpla, y desde allí a Portsmouth, Inglaterra. ¡Faltando semanas para los tiros! Ese desuso tilingo no mejoró nada el estado ambos aviones, y controlar yates de gente fina no parece un gran entrenamiento para localizar submarinos y barcos enemigos, o náufragos a sacar del Atlántico Sur. Si existe el Otro Mundo, espero que la corte marcial a Anaya se la haya hecho el Almirante Guillermo Brown. No tenía piedad con esas cosas. Con las islas ya en control de las Fuerzas Armadas, se hizo un esfuerzo de «recauchutaje» de equipos y entrenamiento de tripulaciones que pagó dividendos. Se aprendió el uso de los receptores CME, que te avisan cuando te está iluminando un radar, y te da una idea de qué tipo y modelo, y a qué clase de nave enemiga pertenece, y desde qué radial y distancia de está enfocando. Entonces, si te dan los tiempos, es pegarse a las olas y escaparse «haciendo piernas» zigzagueantes, por si te corren los Harrier. Ése es un entrenamiento buenísimo para volver a aterrizar vivo. Pero practicando con la Flota de Mar, se descubrió, sin gran sorpresa, que los radares de búsqueda APS-20, cuando funcionaban, daban errores de ubicación del blanco absolutamente groseros. Eso, si se trataba de orientar a aviones de ataque con buenos sistemas de navegación, como los Super Étendard. O de guiar barcos a sacar náufragos del oleaje. Hubo que aprender a mitigar el margen de error calculadora en mano, y mapa en la otra. ¿Quién hace las compras, en la Armada? Inevitable acordarse de que ninguno de los torpedos que le disparó el submarino ARA San Luis a las fragatas inglesas funcionó bien. Inevitable recordar que ni el Belgrano ni sus destructores escolta pudieron detectar con sus sonares o hidrófonos un submarino enorme que atacó desde muy cerca y a profundidad de periscopio. Imposible olvidar que el portaaviones ARA 25 de Mayo estaba tan quemado de máquinas que no pudo dar velocidad de despegue a los A4 del comandante Rodolfo Castro Fox, por falta de viento de proa, aquella madrugada del 1 de Mayo. No es fácil dejar de añadir que esto impidió atacar a la Task Force por sorpresa y desde mar adentro. Y cómo no decir que de los 8 aviones de aquella tremenda escuadrilla de Castro Fox, 5 tenían rajadas las raíces de las alas. En una maniobra extrema, no era imposible perder una, o ambas. Se podría seguir y seguir sobre la efectividad bélica de la chatarra que tanto le gusta comprar a la Armada Argentina, si es de la OTAN. El Neptune S-111 se ganó una fama a pura calculadora y huevo. Como se sabe, el día 2 de mayo de 1982 el submarino nuclear británico HMS Conqueror torpedeó y hundió al crucero ARA Belgrano el Este de la Isla de los Estados, a las 17:00 horas (casi de noche) y en medio de una tempestad. Había que salir a buscar sobrevivientes. Lo hizo primero el S-112 volado por los capitanes de corbeta Julio Hugo Pérez Roca y el teniente de navío Luis Arbini. Pasó toda la noche subiendo y bajando entre los 300 metros y el ras de un oleaje de 6 metros, con visibilidad de 400 metros y el radar constantemente interferido por el «clutter» que generaban las crestas. A las 7 horas, en el límite de su autonomía, pegó la vuelta y lo relevó el S-111, pilotado por el capitán de corbeta Ernesto Proni Leston y el teniente de navío Sergio Sepetich. Ya de amanecida, el piloto encontró una mancha de fuel oil de 300 metros de ancho y 18 kilómetros de longitud: claramente, el lugar del naufragio. La corriente y la tormenta se habían llevado muy lejos a los sobrevivientes. El operador hizo contacto radiofónico con al menos una balsa que no supo dar bien su ubicación, por más que el avión empezó a volar en cuadrículas sobre el sitio indicado. Mientras, el CME se la pasaba dando alarmas de detección no muy amigables: el Neptune no estaba solo. No obstante, el avión se distrajo unos minutos de su búsqueda SAR (Search and Rescue) porque el vigía de proa detectó un periscopio. El Neptune le surtió encima una salva de sonoboyas activas y pasivas para localizar el submarino, pero éstas no indicaron un rumor claro de hélices. Y los torpedos antisubmarinos de dotación de los Neptune eran tan miserablemente obsoletos que jamás habrían alcanzado a un submarino nuclear en fuga hacia el fondo. El capitán del HMS Conqueror, Chris Wreford Brown, confiesa en sus memorias que, efectivamente, captó con toda claridad las emisiones del radar de búsqueda de un Neptune. A don Wreford Brown puede haberlo ayudado a llegar a viejo, e incluso a dirigir un zoológico, aquel contacto del radioperador del Neptune con una balsa perdida en el Atlántico. Indicaba sobrevivientes, y tenían prioridad sobre toda misión de ataque. Desde las 12:10 el S-111 siguió su búsqueda como habían aprendido a hacerlo por prueba y error los pilotos de aquellos hermosos cachivaches para aguantar todo lo posible en vuelo. Los dos motores pistoneros quemando mezcla pobre, como si estuvieran volando a altura crucero y no a 300 metros. ¿Y las dos pequeñas turbinas subalares? Ésas, apagadas para pijotear combustible, pero girando pasivamente «en stand by» por el chorro entrante de aire, cosa de arrancar al toque si había que salir rajando porque se venían los Harrier, o uno de esos misiles Sea Dart de largo alcance. No el modo más seguro de volar: el motor pistonero reconstruido tiraba poca potencia y daba baja presión de aceite. En cualquier momento, plantaba bandera. La práctica tiene un nombre adecuado: «volar en lotería». Pérez Roca hasta le preguntó en dos ocasiones a la tripulación si se atrevían a seguir un tiempo más así. Contestaron ambas veces con un silencio general, que probablemente era más un «y bueh» o un «ma sí» que un «vamos» entusiasta. Gente, el coraje es eso. Y garpó. A las 13:15 vieron las primeras balsas. Habían derivado a unos 104 kilómetros del sitio del naufragio. Les hicieron varios sobrevuelos alabeando alas, para mostrarles a los sobrevivientes que habían sido localizados, pasaron las coordenadas a los unidades argentinas de búsqueda, y el Neptune se atrevió a trepar sobre la vertical del grupo de balsas para que los destructores Bouchard, Piedrabuena, el buque antártico Paraíso y el aviso Somellera tomaran buena nota de la ubicación en sus radares. Estaban a 90 kilómetros de distancia… Y los Brits no debían estar lejos. Espectadores de primera fila, como quien dice. El avioncito volvió a Río Grande pasando sobre los fiordos del Norte de la Isla de los Estados, y luego voló pegado a la costa Noreste fueguina, para que alguien lograra llegar a alguna una orilla si se plantaban los motores. Y uno se plantó, nomás. El Neptune aterrizó con 15 minutos de combustible remanente. Y permitió el rescate de 790 hombres, de los cuales 20 ya estaban tan congelados, malheridos y/o quemados que no llegaron vivos a puerto. El S-112 pilotado por los entonces capitanes de fragata Sergio Sepetich y Ernesto Proni Leston entró a la fama de un modo más convencional, pero no menos corajudo. El 4 de Mayo, cuando la Armada salió a vengar al Belgrano, el Neptune se la jugó «delfineando» cerca de la boca Norte del Estrecho de San Carlos: volaba al ras del agua para no entrar en el lóbulo de un radar inglés, y subía de pronto a 300 metros para hacer un barrido con el ANS20, a ver qué pintaba en la pantalla. La pantalla se apagaba a cada rato porque se quemaban uno tras otro los cristales del radar, que el operador sacaba de su bolsillo iba reponiendo al más puro estilo «lo arreglamo’ con un alambre». En ese bolsillo estaba todo el inventario de la Armada, y eso en tiempos de canilla libre presupuestaria. Esto es Argentina, señores, para lo malo y para lo bueno. El último cristal operativo batió la presencia de un destructor que estaba haciendo piquete de radar, y por su señal debía ser un Type 42, armado con Sea Darts. Luego fueron tres contactos, uno de ellos grande. Y no eran los únicos barcos de la Task Force en zona, porque el MCE estaba como loco indicando radares enemigos y desastre inminente para el patrullero argentino. Un Sea Dart no te avisa de su llegada, viene a casi Mach 3 y te puede embocar desde 70 km. de distancia. Ahora estás, ahora no estás. Gran día de trabajo para los radaristas, aquel 4 de mayo de 1982. Cada vez que el S-112 avisaba por radio la ubicación de un barco inglés, las patrullas de Harrier se le venían encima al Neptune, y el radarista del solitario TPS 43 de Westinghouse en el aeródromo de Puerto Argentino le gritaba al piloto del Neptune que se rajara. Y ése era un avión veloz, para pistonero: 650 km/h, en un apuro. Cuando el Neptune se cansó de huir de los Harrier en zigzags de buscapiés y con la panza pegada al oleaje, le avisó a su controlador que no iba a reportar más su propia posición (los Brits, evidentemente, escuchaban, anotaban y triangulaban cada comunicación). Esperaría a las 10:30 y se comunicaría para dar el paradero exacto de algún blanco seguro, ya cuando los Super Étendard estuvieran en vuelo. El blanco seguro fue el HMS Sheffield, que se comió nunca se sabrá si uno o dos misiles Exocet por sorpresa, disparados casi a quemarropa (46 kilómetros de distancia es poco, en una guerra tan electrónica). El destructor se incendió como un fósforo. Tenía armas nucleares antisubmarinas a bordo, prohibidas por el Tratado de Tlatelolco, del cual el Reino Unido es garante. Se sabe porque el siguiente gobierno de Thatcher lo confirmó, pero era sospechado porque ya evacuado el Sheffield de sobrevivientes, heridos y de sus 20 muertos, y ardido irrecuperable de proa a popa pero obstinadamente a flote, los británicos se lo llevaron de arrastrón a la sirga varios días, hasta que embarcó tanta agua que hubo que liberarlo, nomás, porque se hundía. Al año siguiente, un barco noruego de rescate submarino bajó al fondo a sacar cosas del naufragio. Luego de aquellas dos acciones de bravura, los Neptune ya no servían para más nada, pero siguieron volando todavía un tiempo, dejándose localizar a propósito por los radares ingleses, pero no por torearlos. Cuando el CME estaba calladito, indicaba zona temporariamente libre de gringos, momento para que algún Hércules hiciera el intento de hacerse una corrida con abastecimientos a las islas, o para volver al continente desde ellas con heridos, congelados y correspondencia. A los Neptune entonces se les dio una última misión, para aprovechar su considerable capacidad de transporte de bombas (6 toneladas). La idea era plantar minas en vuelo sobre las bocas Norte y Sur del Estrecho de San Carlos, que separa la Gran Malvina de la Isla Soledad. Esto reduciría mucho la cantidad y tamaño de las playas aptas para un posible desembarco británico. Pero una práctica preliminar sobre la ría de Bahía Blanca mostró un minado sumamente inefectivo: los Neptune no tenían un intervalómetro que espaciara las minas entre sí, de modo de no dejar corredores libres. Ni eso. No se entiende muy bien por qué la Armada, en plan B, no plantó minas usando sus barcos. Los debía estar reservando para otras guerras. ¿Recuerda el lector por dónde entró la Task Force a desembarcar en la ría de San Carlos? Por la boca Norte del estrecho de San Carlos, libre de minas. Para saber adónde estaba y en qué andaba la Task Force, luego hubo que usar como aviones de detección de blancos los Lear Jet de ejecutivos del Escuadrón Fénix, y los transportes Hércules de la Fuerza Aérea. Y es que los principales aviones de ataque argentinos, los A4 y los IAI Dagger, no tenían radar, ese exótico invento de los años ’30. A los británicos al parecer les sobraban, porque detectaron y bajaron sobre la isla Borbón con un tiro largo de Sea Dart el Lear del Vicecomodoro Rodolfo de La Colina el 7 de junio. El 1ro de aquel mes, el Harrier del Tte. Nigel «Sharkey» Ward, guiado por la fragata HMS Minerva y luego su propio radar Blue Fox, misileó, incendió y después se tomó un rato largo para ametrallar prolijamente de punta a punta el Hércules TC-63 del capitán Rubén Martel, hasta agotar las balas de 30 mm, como para que no quedaran náufragos. En ambos incidentes murieron 12 hombres de la Fuerza Aérea. No sobrevivió nadie. Para detección de submarinos y naves de superficie en el Mar Argentino, AgendAR sugiere volver al plan original del Brig. Gral. Xavier Isaac, de la Fuerza Aérea: comprar dos o tres jets comerciales de mucha autonomía y fáciles de reparar, y dejar en manos de INVAP, CITEDEF y el CONICET el equipamiento para detectar todo lo que haya debajo y sobre el mar por radar, triangulación, variaciones de campo magnético, ecosondas sónicas, «sniffers» químicos y emisiones de calor. Si salen buenos, se podrían hacer más y revender a terceros países. Con dos limitaciones: los almirantes no quieren brigadieres ni comodoros aeronáuticos en el mar, que viene a ser como de ellos (y de medio mundo, según lo cuidan). Y la otra y más seria: los aviones tripulados van en vías de transformarse en el equivalente alado de la Caballería Ligera. El único plan que me parece superior al de Isaac es volver a diseñar y ensayar drones de observación, como estaba haciendo la Fábrica Argentina de Aviones en 2014, por iniciativa del Ing. Tulio Calderón, de INVAP. Fue una idea que revitalizó a la fábrica, y que gozó de la oposición más entusiasta de la Fuerza Aérea desde el primer día, aunque la apoyó el Ejército, que tiene algún pasado industrial y nada que perder pero todo por ganar, si domina un poco el aire. Claro, después vino Macri y terminó con todo. ¿Destinar U$ 108.448.810 para volver a comprar chatarra OTAN? Nuestros almirantes no deben estar mirando los noticieros. ¿Quizás ven muchos grandes aviones de observación sobre los cielos ucranianos o el Mar Negro? Esa guerra que es del presente y no del futuro la están peleando drones aéreos y navales, y sistemas automatizados de defensa antiaérea. Y esas cosas no deberíamos importarlas, deberíamos diseñarlas y construirlas nosotros. Y exportarlas. ¿O alguien cree que son armas mucho más complejas, en términos cibernéticos, que la cantidad de satélites que tenemos lanzados exitosamente al espacio? Los Orion daneses, todo el mundo lo sabe, no se compran porque sirvan de algo, salvo como gesto de adhesión diplomática no declarada a la OTAN, esa alianza militar que ocupa tan despreocupada las Malvinas. Y de yapa, también 1,65 millones de km2 de Mar Argentino con pesca incluída, que vienen como «bonus» de todos esos tres archipiélagos de la región. Todo esto me recuerda quién fue el último presidente que obligó a nuestros almirantes a comprar corbetas y fragatas «made in Argentina», las MEKO. Fueron muy buenas en su tiempo, hoy están hechas percha y obsoletas de armas y sensores, pero todavía en servicio. La idea de construirlas aquí fue de Perón. Ése es otro general que pondría en la corte marcial que juzgue en el Otro Mundo, junto a don Guillermo Brown, a nuestros muchos chatarreros y chantas, con y sin gorra.Daniel E. Arias



