El gobierno nacional estableció que los edificios públicos sean sostenibles

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El Gobierno nacional, a través del Decreto 31/2023, publicado en el Boletín Oficial, declaró que los edificios del Sector Público Nacional (SPN) sean sostenibles, mediante el manejo y la gestión de los recursos utilizados en los organismos. El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, que conduce Juan Cabandié, será la autoridad de aplicación de la norma, cuyo objetivo consiste en la obligatoriedad de implementación de buenas prácticas sostenibles de consumo y de habitabilidad, en consonancia con los principios de progresividad y de no regresión. Las mismas alcanzan la gestión eficiente de la energía eléctrica; el agua; el gas natural; los residuos; las compras públicas; la accesibilidad; la movilidad sostenible y las superficies y espacios verdes. La ejecución de la iniciativa será progresiva y se ofrecerá una guía para su implementación. Se espera que en un periodo de dos años los edificios cumplan con las primeras acciones básicas de sostenibilidad, como la instalación de bicicleteros, la separación de residuos en origen y la compra de electrodomésticos eficientes, entre otras medidas. En tanto, en el plazo de 6 años, se llevarán a cabo prácticas más integrales como la instalación de paneles y de cubiertas vegetales y la adquisición de vehículos híbridos. De acuerdo al grado de compromiso que se desarrolle en cada edificio se otorgarán dos distintivos, el de “organismo público comprometido con la sostenibilidad”, para aquellos que hayan aplicado las prácticas básicas; y el de “organismo público sostenible”, para aquellos quienes hayan aplicado las prácticas más complejas.< En cuanto al programa de implementación, el Ministerio de Ambiente asistirá a los organismos públicos nacionales a través de puntos focales, con el objetivo de brindar asesoramiento técnico y financiamiento.

El Instituto Malbrán detectó y controló un brote de una bacteria resistente a todas las drogas en Argentina

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  • Se trata de la Klebsiella pneumoniae, detectada en tres pacientes entre agosto y septiembre de 2022.
  • Alertan que la amenaza de la resistencia antimicrobiana «ya es una realidad».
El Servicio Antimicrobianos del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas (INEI)-Anlis Malbrán informó a la comunidad médica y científica que fue detectado y controlado un brote de una bacteria resistente a todas las drogas disponibles en Argentina, lo que para especialistas «es un llamado de atención acerca de que la resistencia antimicrobiana no es problema a futuro sino que está sucediendo aquí y ahora».
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En esta oportunidad se trató de la bacteria Klebsiella pneumoniae que fue detectada en muestras de orina tomadas entre el 28 de agosto y el 15 de septiembre de 2022 de tres pacientes con infección urinaria que habían tenido un trasplante renal en un centro de salud de la ciudad de Buenos Aires.
El informe, que se publicó en estos días, detalla que los pacientes fueron tratados «en forma compasional», es decir para aliviar los síntomas, con tres antibióticos y que «sobrevivieron aunque perdieron sus injertos renales».
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«El brote pudo ser contenido, sin casos fatales y sin reportes de nuevas infecciones PDR (pan-drogo resistentes, es decir, resistentes a todas las drogas) hasta la fecha», señala el documento.
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La Klebsiella pneumoniae es una especie dentro del género bacteriano Klebsiella, compuesto por bacterias Gram negativas de la familia Enterobacterias, que desempeñan un importante papel como causa de las enfermedades infecciosas que aparecen ante la baja de defensas.
En este caso se trataba de una bacteria «pan-drogo resistente», lo que significa que es resistente a todas las drogas disponibles.
«Esto es la evidencia de que ya dentro del territorio nacional hay situaciones de pan-drogo resistencia, es decir, de infecciones que no tienen alternativa terapéutica; esto demuestra que es un problema mundial que también es nuestro y que requiere llevar a cabo un conjunto de acciones en las que cada sector se comprometa con su parte», sostuvo la médica infectóloga Leda Guzzi.
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Uso responsable de antibióticos
En este sentido, recordó que en agosto pasado el Congreso sancionó la Ley 27.680 de Prevención y Control de la Resistencia Antimicrobiana que tiene como uno de sus objetivos fundamentales el uso responsable de los antibióticos, tanto en salud humana como animal y la regulación en su expendio.
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Entre los principales puntos de la ley figuran optimizar el uso de medicamentos antimicrobianos; mejorar la sensibilización y los conocimientos en materia de resistencia a los antimicrobianos; reforzar la vigilancia y la investigación en esta temática, y prevenir y reducir la incidencia de las infecciones asociadas al cuidado de la salud.
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Preocupación a nivel mundial
En diciembre, la OMS alertó que un 8% de las infecciones en sangre intrahospitalarias por la bacteria Klebsiella pneumoniae se volvió resistente a los antibióticos de último recurso, lo que aumenta el riesgo de muerte debido a que se tornan inmanejables.
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El trabajo -que fue el primer informe que el Sistema Mundial de Vigilancia de la Resistencia y el Uso de Antimicrobianos (GLASS, por sus siglas en inglés) realizó haciendo un análisis de las tasas de RAM en 87 países – mostró altos niveles (superiores al 50%) de resistencia en bacterias que con frecuencia causan infecciones del torrente sanguíneo en hospitales, como Klebsiella pneumoniae y Acinetobacter spp.
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Guzzi advirtió que «una vez que emerge una bacteria de estas características puede haber una dispersión a través del contacto, a través de las manos del personal, por eso es tan importante el lavado de manos en toda la población y en las instituciones en particular».
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Como expresó la infectóloga, la resistencia antimicrobiana -es decir la capacidad de bacterias, hongos, virus, de volverse resistentes a la medicación- es una problemática global y se estima que para el año 2050 puede convertirse en la primera causa de muerte a nivel mundial, «si no se genera una respuesta mundial conjunta y sistematizada».

La saga de la Argentina nuclear – XII

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El undécimo capítulo de esta saga está aquí.

Soles de bolsillo, segunda parte

Si se quieren fusionar átomos más pesados, la repulsión magnética entre protones crece en flecha. ¿Fusionar litio, como quiso Richter? Por lo que se sabe hoy, eso no lo hacen ni siquiera otras estrellas mucho mayores que el sol, capaces de sintetizar helio en carbono, carbono en nitrógeno, nitrógeno en oxígeno, y así hasta llegar al hierro, para entonces explotar en supernovas. Por puro impacto neutrónico, algunas de ésas bestias gigantes de color azul fisionan (inversa de “fusionan”) litio, en el calor demoníaco de sus atmósferas. Pero la tentación de dominar la síntesis de elementos más pesados a partir de otros muy livianos siempre fue urticante: fusionando sólo 0,5 gramos de deuterio se podrían obtener teóricamente 500 MW. Eso explica que hoy, además del NIF, existan laboratorios monstruosos como el ITER, un “confinador magnético” en Cadarache, Francia, y otro ejemplo de “Big Science”. Pero el que le mata el punto a todos los tokamaks es el EAST (Experimental Advanced Superconducting Tokamak, or HT-7U) de China, que este enero de 2022 logró mantener un plasma de deuterio y tritio fusión a 120 millones de grados Celsius durante 1086 segundos, casi 18 minutos. Allí en los tokamaks se lucha con repulsión magnética contra la repulsión magnética. Para que los núcleos de deuterio y tritio, todos positivos, no se repelan entre sí, se los amontona y comprime con un campo magnético positivo aún mayor, generado por unos electroimanes que te la cuento incrustados en las paredes de una cavidad toroidal llamada genéricamente “Tokamak”. Los de la Academia de Ciencias de China han desarrollado, como ya se dijo, unos electroimanes híbridos, en parte superconductivos y en parte sólo conductivos, pero capaces de generar campos magnéticos de 42 Tesla, 14 veces más potentes que los de un resonador magnético de usos médicos. Tokamak, contra lo que creen muchos etnólogos, no es una palabra sioux ni designa un hacha de guerra. Es el acrónimo ruso de la descripción técnica de este género de pendorchos para estrujar plasmas de hidrógeno. El ITER lo bancan los siguientes estados y bloques de estados: Unión Europea, India, Japón, Rusia, Estados Unidos, Corea del Sur y la propia China, que acaba de reafirmar que está en el club de los diablos occidentales, pero también que tiene un aparato más lindo en casa. ¿Resultados? En éste y anteriores emprendimientos de tokamaks y «stellarators» (una derivación de los tokamaks), algunos ya decomisionados y olvidados, los “papers” sugieren que siempre faltan diez años más de inversión. Lo dicho: el fin principal de toda organización es defender su presupuesto, y los científicos no son una excepción. Y es siempre así desde 1947. Se van a cumplir 70 años de “sólo faltan 10 años”: habría que celebrar ese aniversario de nada. La timba avanzó, sin embargo. Se ha vuelto más colaborativa, sofisticada y cara. Pero, sorprendentemente, en el caso China, algo más efectiva. No me extrañaría que el EAST, sin ayuda alguna de EEUU o de Europa, en esta década logre sostener una fusión durante horas, y que los chinos ya estén diseñando, previsores, algún sistema de enfriamiento del sistema que derive calor desde el plasma hacia una turbina electrógena. Y aún si logran llegar ahí con un prototipo, nada garantiza la viabilidad económica de los tokamaks como noción. Como suele decir Abel Fernández, el dueño de AgendAR: el que viva, lo verá. ¿Se puede criticar a Perón, en su optimismo cincuentoso por no poder predecir tan laborioso y frustrante futuro energético para la fusión? Sinceramente, ni ahí. En los ’50 todo era posible: finalizaríamos el siglo con colonias humanas en la Luna y Marte, y viajaríamos a ellas con cohetes atómicos. Hasta los automóviles serían atómicos. No fue pensando en automóviles que dos de las mentes más creativas del extinto Programa Manhattan, particularmente el húngaro Edward Teller y el polaco Stanislaw Ulam, ya estaban trabajando en la posguerra inmediata para crear un sol artificial, aunque transitorio. Y en 1949 tuvieron éxito. Eso si «éxito» es la palabra acertada. Lo que lograron Teller y Ullam es la bomba de hidrógeno, que usa una bomba atómica de fisión como detonador, y comprime inercialmente alguna mezcla de uranio y deuterio con un aplastamiento de rayos X. Desde hace 74 años vivimos con la multiplicación de ese tipo de armas y somos, potencialmente, otra especie más en extinción. La bomba termonuclear, de fisión-fusión, cambió la naturaleza de la guerra sin haber sido usada nunca. Podría -y todavía puede- eliminar a la humanidad en un par de pasos: primero, una guerra relámpago (en todo sentido), con un intercambio de a lo sumo dos o tres horas de duración de algunos miles de misiles termonucleares. El segundo paso es largo: la muerte por hambre y sed de los muchos sobrevivientes en un planeta sometido a un largo «invierno nuclear», con el sol oscurecido por una estratósfera contaminada de hollín emanado de ciudades que ardieron como fósforos, y décadas de temperaturas congelantes a nivel del suelo, casi sin fotosíntesis vegetal ni lluvias. No es necesario que se extinga biológicamente la especie para que se extinga la civilización. La civilización existe porque tenemos cerebros, manos, estados-nación y sobre todo (y es mucho más importante) una biosfera. Y sin embargo, precisamente porque la bomba de hidrógeno borra toda diferencia de destino entre ganadores, perdedores y meros espectadores, ha logrado impedir varias veces que los conflictos regionales escalen a una Tercera Guerra Mundial. Las naciones odian la derrota, pero odian más la extinción. Y hoy, con la guerra de Ucrania a la vista, pese a las huevadas truculentas de la prensa de la OTAN y a los exabruptos de Vladimir Putin toda vez que pierde alguna batalla, al parecer la bomba H sigue evitando un conflicto global. Paradójico, ¿o no? El próximo capítulo habla de ese artefacto, la bomba H, entre otras cosas. Lo que sea por seguirlo alegrando, lector.

Daniel E. Arias

El agujero de la capa de ozono sobre la Tierra está en camino de cerrarse en décadas, según la ONU

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  • La franja atmosférica que protege al planeta de la radiación ultravioleta se recuperará por completo en el año 2040 en buena parte del mundo y hacia el 2066 en la Antártida.
El agujero en la capa de ozono de la Tierra, que llegó incluso a ser considerado como el peligro ambiental más temido al enfrentaba la humanidad, se cerrará por completo en gran parte del mundo dentro de dos décadas, gracias a la acción decisiva de los gobiernos para eliminar gradualmente las sustancias que agotan la capa de ozono. Así lo indica una nueva evaluación de la ONU. Esta es la conclusión del panel de expertos respaldado por la ONU, presentado en la 103ª reunión anual de la Sociedad Meteorológica Estadounidense. La capa de ozono que protege la Tierra de las radiaciones ultravioletas –y cuya destrucción se ha debido a las concentraciones de los dañinos gases CFCs empleados por ciertas industrias- va camino de recuperarse totalmente. Si se mantienen las políticas actuales, se espera que la capa de ozono se recupere hasta alcanzar los valores de 1980 (antes de la aparición del agujero de ozono). Esa recuperación se daría hacia el 2066 sobre la Antártida, en 2045 en el Ártico y en 2040 en el resto del mundo. El ozono estratosférico es el principal filtro de la radiación ultravioleta proveniente del Sol, y si esta no es neutralizada y alcanza la superficie de la tierra, puede incrementar los casos de cáncer en la piel, cataratas y afectar el sistema inmunológico en los humanos, entre otros efectos. Un precedente para el optimismo El éxito de la acción sobre la capa de ozono sienta un precedente para motivar las iniciativas para combatir también el cambio climático. «Nuestro éxito en la eliminación gradual de los productos químicos que devoran la capa de ozono nos muestra lo que se puede y se debe hacer, con carácter de urgencia, para alejarse de los combustibles fósiles, reducir los gases de efecto invernadero y, por lo tanto, limitar el aumento de la temperatura”, declaró Petteri Taalas, secretario general de la Organización Meteorológica Mundial. El informe de evaluación científica que se hace cada cuatro años sobre el cumplimiento del Protocolo de Montreal (1989) sobre Sustancias que Agotan el Ozono confirma que se han eliminado de casi el 99 % de las sustancias que agotan el ozono, que fueron prohibidas por este pacto internacional. Se ha logrado revertir la situación Tras la alarmante pérdida de ozono en la década de 1980, la capa que nos protege de la radiación ultravioleta ha ido mejorando constantemente a raíz de la aplicación de este acuerdo internacional que ha ayudado a eliminar prácticamente la totalidad de estas sustancias químicas que agotan la capa de ozono (los CFCs y los HCFCs), empleados como disolventes y refrigerantes en sistemas de frío, entre otras aplicaciones. El resultado, pues, es que el Protocolo de Montreal ha logrado salvaguardar la capa de ozono. El cumplimiento de este acuerdo “ha conducido a una notable recuperación de la capa de ozono en la estratosfera superior y a una disminución de la exposición humana a los dañinos rayos ultravioleta (UV) del sol”, señala el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. No obstante, esto no significa que no se hayan registrado oscilaciones anuales en el grao de recuperación. De hecho, las variaciones en el tamaño del agujero de ozono antártico, en particular entre 2019 y 2021, se debieron en gran medida a las condiciones meteorológicas. Sin embargo, el agujero de ozono antártico ha ido mejorando lentamente en su área y profundidad desde el año 2000. La respuesta global unificada para hacer frente a los CFC significa que el acuerdo de Montreal debe considerarse «el tratado ambiental más exitoso de la historia y ofrece un estímulo para que los países del mundo puedan unirse y decidir un resultado y actuar en consecuencia», según David Fahey, un científico de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica que es el autor principal de la nueva evaluación. El progreso no siempre ha sido fluido: en 2018, los científicos detectaron un aumento en el uso de CFC, que se rastreó hasta China y finalmente se remedió. La enmienda de Kigali para eliminar los HFC Ha sido una batalla complicada. Los productos sustitutivos de los CFC, un grupo de sustancias químicas industriales conocidas como hidrofluorocarbonos (HFC), resultaron ser gases de efecto invernadero, lo que requirió un nuevo acuerdo internacional. Efectivamente, el acuerdo adicional de 2016, conocido como la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal, requierió la reducción gradual de la producción y el consumo de algunos hidrofluorocarbonos (HFC). Los HFC no agotan directamente el ozono, pero son poderosos gases que modifican el clima. El panel de evaluación científica estimó que esta enmienda evitará un calentamiento de 0,3 a 0,5 °C para 2100 (esto no incluye las contribuciones de las emisiones de HFC-23). “Que la recuperación del ozono vaya por buen camino según el último informe cuatrienal es una noticia fantástica”, señalo Meg Seki, secretaria ejecutiva de la secretaría del ozono del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, quien destacó la importancia que ha tenido el Protocolo de Montreal en la mitigación del cambio climático no se puede exagerar. “En los últimos 35 años, el Protocolo se ha convertido en un verdadero defensor del medio ambiente”, dijo Meg Seki,  

Lula y Alberto firmaron el relanzamiento de la alianza estratégica entre la Argentina y el Brasil

  • Reproducimos la columna que escribieron para PERFIL los dos presidentes
Dos pueblos hermanos vuelven a encontrarse. Mañana nos reuniremos en Buenos Aires para el primer encuentro presidencial entre Brasil y Argentina en más de tres años. Inmediatamente después tendrá lugar la VII Cumbre de la Celac, foro que reúne a los 33 países de la región de América Latina y el Caribe y que, desde el año pasado, se encuentra bajo la presidencia de Argentina. El evento marcará el regreso de Brasil a este mecanismo de diálogo y concertación regional. Una relación que jamás debería haberse visto interrumpida y que la historia de hermandad latinoamericana logra reanudar.
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Ambos encuentros marcan un nuevo comienzo, justamente en el año en que celebraremos el bicentenario de nuestras relaciones diplomáticas. En Buenos Aires vamos a relanzar la alianza estratégica bilateral con la reactivación de varios espacios de cooperación y diálogo. Son múltiples las áreas en las que volveremos a trabajar juntos en temas importantes para la calidad de vida de nuestras poblaciones, como la lucha contra el hambre y la pobreza, la salud, la educación, el desarrollo sostenible, el cambio climático y la reducción de todas las formas de desigualdad. De una vez y para siempre, la historia será escrita por nuestros pueblos.
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Condenamos todas las formas de extremismo antidemocrático y violencia política
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Vamos a fortalecer el rol de la sociedad civil, los gobiernos estaduales y municipales y de los parlamentos como actores de este reacercamiento. Sabemos que el sueño de estar unidos es ahora una realidad posible.
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Los lazos entre Argentina y Brasil se cimentan en la consolidación de la paz y la democracia. Queremos democracia para siempre. Dictadura nunca más.
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Merecerá especial atención la reindustrialización de nuestras economías, con la generación de empleo de calidad y las inversiones en innovación. El comercio entre Argentina y Brasil ya tiene una alta participación de productos industrializados en sectores estratégicos. La integración entre nuestras cadenas productivas ayuda a mitigar shocks externos, como los que se produjeron durante la pandemia. No podemos depender de proveedores externos para poder tener acceso a insumos y bienes esenciales para el bienestar de nuestras poblaciones.
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Contamos con un sector privado dinámico y emprendedor, cuyo aporte al proceso de integración bilateral es cada vez más necesario. Compartimos el firme propósito de fortalecer los ya sólidos lazos comerciales y de inversión entre nuestros países y promoveremos un seminario empresarial en el marco de la visita presidencial.
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Nuestros países seguirán desempeñando un papel fundamental para la seguridad alimentaria en un mundo que se ve afectado por riesgos geopolíticos y serias interrupciones en las cadenas de suministro. Estamos comprometidos para dotar a nuestra agricultura y ganadería de altos estándares de sostenibilidad y mantener sus altos niveles de productividad.
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Deseamos impulsar proyectos en el ámbito de las infraestructuras. Un tema central de este nuevo momento es la integración energética. La interconexión eléctrica entre nuestros países ya es una realidad y la integración gasífera tiene potencial para convertirse en uno de los proyectos estratégicos de la relación bilateral, con beneficios duraderos en términos de atracción de inversiones, generación de empleo y en lo que hace a nuestra seguridad energética.
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Consolidaremos nuestra posición como poseedores de tecnología nuclear con fines pacíficos, fortaleciendo la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares y dando continuidad a proyectos ambiciosos como el del reactor multipropósito. Con la reactivación del Grupo de Trabajo Conjunto en materia de Cooperación Espacial vamos a poner en órbita satélites para realizar estudios costeros y oceanográficos.
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La relación fluida y dinámica entre Brasil y Argentina es fundamental para el avance de la integración regional. Junto con nuestros socios, queremos que el Mercosur constituya una plataforma para nuestra integración efectiva al mundo, a través de la negociación conjunta de acuerdos comerciales equilibrados que respondan a nuestros objetivos estratégicos de desarrollo.
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Tenemos la intención de superar las barreras a nuestros intercambios, simplificar y modernizar las reglas y fomentar el uso de las monedas locales. También decidimos avanzar en las discusiones sobre una moneda sudamericana común que pueda usarse tanto para los flujos financieros como comerciales, reduciendo los costos operativos y nuestra vulnerabilidad externa.
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Decidimos avanzar en las discusiones sobre una moneda sudamericana común
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Trabajaremos conjuntamente para rescatar y actualizar la Unasur, a partir de su innegable legado de logros. Argentina y Brasil están decididamente comprometidos con la construcción de una América del Sur fuerte, democrática, estable y pacífica.
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Necesitamos hacer frente a un mundo cada vez más complejo y desafiante y tenemos una amplia convergencia respecto de la agenda multilateral. Falta voluntad política efectiva para enfrentar los dilemas y las grandes crisis actuales: cambio climático, pandemias, guerras, hambre e inmigración. La ONU y el G20 deben contribuir a llenar este vacío de liderazgo con miras a lograr el cambio. Ambos foros pueden impulsar agendas inclusivas, enviando señales claras para el accionar de organismos como la OMC, el FMI y el Banco Mundial. Trabajaremos de manera colaborativa por la paz y el desarrollo.
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El mundo más justo y más solidario al que aspiramos únicamente será viable si tenemos el coraje de forjar nuestro futuro en común. Ese es el sentido estratégico de la integración bilateral.
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No existe nada más emancipador que la hermandad de los pueblos que vienen de los albores de nuestra historia a tomar posesión de su futuro.
* Presidente de Argentina.
** Presidente de Brasil.
Nota al pie de AgendAR:
Lula y Alberto se olvidan, porque son demasiado jovencitos. Pero el comienzo real del Mercosur fue el momento de 1987 en que el presidente Raúl Alfonsín invitó a su par brasileño José Sarney a visitar la hasta entonces muy inaccesible Planta de Enriquecimiento de Uranio de Pilcaniyeu, medio perdida en la estepa rionegrina.
Sarney se vino de apuro con gran comitiva de ingenieros, físicos y químicos nucleares y se les dio acceso total, y no sólo a Pilca sino a todas las instalaciones de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Suspiro de alivio, Brasil pudo comprobar que no existía ni había existido ningún programa argentino de bombas nucleares de uranio, tipo «Little Boy», y tampoco uno de bombas implosivas de plutonio, tipo «Fat Man». Esa historia, aquí.
Eso le permitió a Sarney volver a Brasil y tocarle el silbato de «stop» a los tres programas de bombas de sus tres fuerzas armadas, llamados genéricamente «Programa Nuclear Paralelo». Obedecieron con unos chirridos que se escuchaban en Kamtchatka, pero obedecieron.
Eso le permitió a Sarney invitar a Alfonsín y comitiva de expertos a visitar todas las instalaciones nucleares brasileñas, con cara de «la casa está en orden». Entonces se constituyó la famosa ABBAC, y sobre la base de esa institución nueva y una confianza común absolutamente nueva entre ambos países, se empezó a hablar de negocios bilaterales, y por qué no regionales, y en fin, una cosa llevó a la otra… y nació un niño, el Mercosur actual. Hoy, con todas las luces y sombras de un adolescente algo desorientado, pero quizás a partir de hoy, con nuevas definiciones y algunas promesas. 
Es bueno recordar ese origen atómico dos gobiernos que por ahora no han mostrado intenciones de resucitar planes de electrificación nuclear. Ambos tienen el mismo número de centrales que en 1987: tres por gorra. Y no porque les ande sobrando electricidad.
Daniel E. Arias

Jorge Zaccagnini: «La industria argentina del software debe cambiar»

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  • Es una industria sin demanda de dólares para crecer. El principal insumo de la industria del software es -nada más y nada menos- que la capacidad y el conocimiento.
  • Dos condiciones que los argentinos podemos contabilizar como ventajas comparativas.
El crecimiento y la pujanza que han caracterizado a la industria argentina del software en los últimos años la han llevado ante una encrucijada con tres destinos posibles: la consolidación como jugador importante del negocio global, la mediocridad dependiente y la anomia productiva.
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La continuidad del actual comportamiento productivo condena a la industria del software a una mediocridad dependiente, atada a los vaivenes de un cambiante mercado global en el que la actividad financiera -su mayor demandante de líneas de código pagadas en dólares- replantea sus estrategias de supervivencia.
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¿De qué industria estamos hablando? Es una industria sin demanda de dólares para crecer. El principal insumo de la industria del software es -nada más y nada menos- que la capacidad y el conocimiento. Dos condiciones que los argentinos podemos contabilizar como ventajas comparativas.
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Es un escenario propicio para poder crecer. Existen claras señales de la importancia que el país asigna a las denominadas Industrias del Conocimiento. Se dictan leyes de apoyo al desarrollo de las mismas votadas tanto por el gobierno como por la oposición. Se asignan recursos presupuestarios para incrementar la capacidad de producción de esta industria cerebro-intensiva. En el conjunto de la población se percibe una opinión valorativa y esperanzadora sobre la industria y su desarrollo.
La industria del software tiene como meta desarrollar 400 mil nuevos empleos para 2031
La promulgación a principios de este siglo de la Ley de Promoción de la Industria del Software posibilitó durante dos décadas el creciente desarrollo de la actividad que, además de crecer hasta ubicarse en los primeros lugares en la exportación argentina de intangibles, incrementó sustantivamente el número de trabajadores informáticos con capacidades básicas que facilitan el tránsito hacia una nueva etapa de la industria.
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¿La industria está organizada para aprovechar las ventajas que le brinda el contexto? La respuesta es no. La realidad nos muestra un mercado laboral en el que los trabajadores del software, insumo básico de la industria, deben vender barato su trabajo -localmente o en el exterior- para contribuir a elaborar lo que terminaremos comprando caro como fruto de ese trabajo.
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Un inadvertido actor del crecimiento productivo: el Demandante de Tecnología
El Demandante de Tecnología es un actor fundante del desarrollo tecnológico y productivo. Es la demanda la que genera la innovación tecnológica. Así fue para la micro-electrónica lo que se llamó «la conquista del espacio» en la que soviéticos y norteamericanos se trenzaron en la década del ´60, y lo fue la seguridad norteamericana para el desarrollo de Internet en épocas más recientes.
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Nuestro país carece de jugadores que asuman el rol de demandantes de tecnología de la industria del software. Que orienten y ordenen la producción en beneficio de las pymes nacionales del sector y, de esa manera, contribuyan al superávit comercial del país en la medida de los volúmenes de producción que pueden alcanzarse.
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En los desarrollos productivos antes mencionados, el Estado ha cumplido exitosamente el rol de Demandante de Tecnología. Un ejemplo que quizás le cabe a la Argentina.
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El Estado argentino debe sumir activamente su rol de Demandante de Tecnología. Frecuente comprador de productos tecnológicos desarrollados por otros países y actores económicos, debe tomar la decisión política que lo instale como un demandante capacitado para establecer las condiciones y características de un desarrollo tecnológico y productivo permanente y estable. La Ciberseguridad puede ser el motor de ese desarrollo.
La topadora de la industria del software creó casi el doble de empleos que el sector automotriz
¿Un INVAP de la industria del software?
Se está avanzando en la idea de constituir una empresa estatal productora de software. El Secretario de Economía del Conocimiento Ariel Sujarchuk la propuso públicamente «con un modelo similar al de Arsat e Invap, con el objetivo de tener una respuesta ágil ante las demandas de soluciones que tiene el sector público».
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El éxito de una empresa de estas características necesita de la existencia de demandantes exigentes y precisos de la tecnología que produzca. No es la oferta, sino la demanda lo que genera el desarrollo tecnológico y productivo. Si esos demandantes existen y están presentes, la empresa puede cumplir el objetivo de su creación.
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El ejemplo de voluntad y perseverancia que es INVAP demuestra que es un camino posible. Pero resulta imprescindible tener en cuenta las diferencias entre ese orgullo del desarrollo argentino y la empresa que se desea crear.
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INVAP nació de la necesidad específica de su Demandante de Tecnología inicial, que era la CONEA, de ser provista de circonio, un material que no se producía en la Argentina. INVAP contaba con los dos factores básicos para su desarrollo exitoso.
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La empresa que se propone crear se incorporaría a un sector productivo preexistente, para elaborar productos que otros también pueden producir localmente. Mientras INVAP generaba un mercado de trabajo reducido y de alta especialización, los trabajadores de la industria del software conforman un numeroso sector en constante crecimiento, para el que no se han generado todavía los acuerdos necesarios para asegurarles los derechos a la calidad laboral y protección de su salud que garantiza la Constitución Nacional.
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Creemos que un modelo posible es desarrollar una empresa de capital público-privado, en cuya conducción participen las pymes y los trabajadores del sector, que sea formuladora de productos e integradora de partes desarrolladas por empresas locales, a las que se les retribuya a valores internacionales, pero se les exija que cumplan con normas y procedimientos de calidad de producto y de proceso. En particular, estableciendo niveles de remuneraciones para sus trabajadores que sean competitivas con las que abonan las empresas que los contratan desde el exterior, recuperando su producción y conocimientos para el mercado local e integrándolos al trabajo formal.
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La industria del software debe y puede cambiar. Cuando más posterguemos la decisión política que revierta la situación de ser un país que provee trabajadores de software que son tributarios económicos de los beneficios de otros, más difícil va a ser alcanzar competitivamente el objetivo de ser parte de los países que disfrutan esos beneficios. Las políticas de desarrollo que se establezcan y el acompañamiento y protagonismo de los sectores involucrados que se logre, determinarán el destino de la industria al final de esta década.
Jorge Zaccagnini  El autor es Presidente de Infoworkers

Opinión de AgendAR:

Hay muchas puntas de demanda para una empresa nacional de software como la que pide Zaccagnini. Por una parte están los desarrollos de FAdeA en drones, si se trata de que puedan operar de manera realmente autónoma. Aún el teledirigirlos como si se tratara de aeromodelos, dejándoles resolver sólo la física de maniobra, navegación, aterrizaje y despegue, es algo sumamente complejo.
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INVAP es otro usuario posible, especialmente en sistemas duales de control de grandes espacios geográficos. Esos son algunos de los satélites que diseña para la CONAE o para ARSAT. Pero también podrían serlo los aviones de dirección de operaciones aeronáuticas (AWACS) que podría darle INVAP a la Fuerza Aérea a partir de la reconversión de jets de pasajeros. En 2020 ése era un proyecto muy viable del actual jefe de la aviación, el brigadier general Javier Isaac.  ¿Qué pasó con él?
INVAP también necesita mucho soft especializado para otros proyectos que exceden los radares 2D y 3D que viene construyendo. Uno excepcionalmente atractivo es hacer 5 o 6 estaciones de radares mono y biestáticos en banda HF de control de la Zona Marítima Exclusiva. Un sistema HF costero es OTH, «Over the Horizon», emite siguiendo la curvatura de la Tierra, de modo que puede detectar perfectamente cualquier barco o avión más allá de la milla 200 de la Zona Marítima Exclusiva. Transformaría el Mar Argentino en un «Reality Show», sin lugar para esconder flotas pesqueras piratas, o visitantes militares sin permiso. Y se hace con hardware barato: lo que necesita es software original y muy refinado. Que no te lo vende nadie. Lo cual, para la mirada industrialista de este portal, es lo mejor de todo.
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Otro radar que necesitaría aún de más informática Nac & Pop sería una gigantesca instalación tipo «Jindalee» en Santiago del Estero, capaz de detectar todo lo que se mueva por aire, mar y tierra en el Cono Sur. Nuevamente, los fierros en sí son baratos, pero no así la informática que descifre los ecos de emisión. Este proyecto en particular nos daría una visión de todo lo que se mueve por el Atlántico, parte del Pacífico desde Santiago hacia el Sur, y casi todo el Estrecho de Drake, camino de la Antártida.
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La seguridad informática civil es un mercado aún mayor. ARSAT por otra parte tiene necesidades de seguridad informática para proteger a los muchos clientes de su Data Center, así como a los usuarios de sus satélites geoestacionarios de telecomunicaciones y de sus 36.000 km. de Red Federal de Fibra Óptica.
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NA-SA (Nucleoeléctrica Argentina SA) y la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) necesitarían soft de control y de seguridad contra hackeo de las instalaciones nucleares del país. Las propias Fuerzas Armadas ganarían con una oferta nacional de buena calidad de sistemas de ciberseguridad, tanto defensivos como ofensivos. La educación estatal argentina ha sido una gran consumidora de software nacional de muy buena calidad (el Huayra) a través de su programa Conectar Igualdad.
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Lo que se ha visto desde 2006, por dar un año en que el gobierno nacional propuso muchas de estas iniciativas, es la dificultad intrínseca del estado para venderle su producción informática al propio estado, sea en el plano nacional (ministerios y organismos y empresas públicos), provincial o municipal. Los lobbies del software importado son feroces, y defienden bien las «quintitas» de venta que tienen en el país, y van siempre por más.
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Los retrocesos en esto no fueron exclusivos del aún reciente gobierno de Mauricio Macri, o del actual. Ya en tiempos de CFK a ARSAT se le hacía cuesta arriba vender «housing» y «hosting» de su Data Center (sin duda el mejor del país) a otros entes estatales, aunque la oferta en calidad y precio de la firma de telecomunicaciones del estado era abrumadoramente mayor. Las quintitas informáticas de la clase política argentina y sus proveedores, normalmente multis, son búnkeres bien defendidos.
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Y lo nacional es poco tolerado. El sistema Huayra que animaba los 5,4 millones de notebooks repartidas por Conectar-Igualdad en tiempos de CFK a estudiantes de escuelas públicas era, educativamente, una joya, pergeñada por el trabajo de años de mil expertos en informática, en ciencias de la educación y en cada una de las materias de la currícula educativa pública.
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El presidente Macri lo sustituyó por un sistema genérico de Microsoft «made for Sudacas», tan argentino como la isla de Puerto Rico, luego de lo cual -viendo que no había oposición- liquidó lisa y llanamente todo el programa Conectar Igualdad. Quedaron unas 400.000 notebooks sin repartir, mal estibadas, hasta que fueron dañadas por la corrosión de sus baterías. Nadie ha ido preso por ello.
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Las FAA, con la notable excepción -a veces- del Ejército, en materia de equipamiento bélico desde 1956 prefirieron importar chatarra de la OTAN a los desarrollos propios, y dichos descartes, cuando tienen algún nivel de complejidad informática, vienen con el software puesto desde afuera. Los cazas de 2da mano que constantemente nos ofrecen los EEUU vienen con la computadora de misión «chipeada» para no poder realizar operaciones sin autorización del fabricante, como le sucedió a Indonesia con los F-18 que compró nuevos. Pese a sus sensores y armamento, sólo servían para desfile.
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Por algo necesitamos desarrollar drones de observación y de combate, no una gran flota de F-16 de tercera mano. Los drones son nuestros, nuevos, y esencialmente son informática pura, y de la difícil. Las plataformas físicas, sean voladoras, navegantes u orbitales, son casi lo de menos.
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En 2016 el gobierno de Macri discontinuó el SARA, o Sistema Aeronáutico Robótico Argentino, cuando empezaba a hacer sus primeros vuelos semiautónomos con un aparato de demostración tecnológica. Era el punto de partida hacia una flota de drones clase I, II y III, según su capacidad de carga útil y su alcance, pero en 2020 el programa no se reanudó, aunque el Ejército sigue adelante con un par de drones chicos.
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Nuevamente, contra lo que cree casi todo el mundo, hacer un robot aeronáutico no es en sí un problema de propulsión o de aerodinámica, es decir de hardware, sino de control inteligente de navegación, comando y telecomunicaciones, es decir de software. A 119 años del primer vuelo del avión de los hermanos Wright, hay pocos países tan estúpidos como para no saber hacer avioncitos descartables.
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Como sea, en lugar de desarrollos propios estamos comprando drones israelíes. Y descartamos ejemplos como el de Turquía, que en 5 años se transformó en el mayor vendedor de drones militares del mercado mundial, por encima de EEUU, Israel y China. Eso sucedió más o menos en simultáneo con la cancelación del Proyecto SARA por Macri en FAdeA.
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La Armada adquirió un único radar del casi centenar de los diseñados y fabricados por INVAP. Es el radar secundario monopulso de control de tráfico aéreo colaborativo del rompehielos ARA Irízar. Es similar a la veintena de radares de aeropuerto de INVAP, sólo que «navalizado» para resistir la corrosión salina, y con protección contra el frío extremo, amén de las vibraciones y sacudones que recibe un rompehielos al abrirse paso por acometida sobre banquisa de hasta 6 metros de grosor. Funciona joya, pero la Armada de todos modos prefirió un Plessey inglés (!!) como radar 3D principal, y no ha vuelto a hacer pedidos a INVAP para radarizar su flota de combate ni la auxiliar.
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Desde 2012, los radares meteorológicos del SINARAME (Sistema Nacional de Alertas Meteorológicas) son obra de INVAP, y han venido sustituyendo a los importados, que funcionaban cada cual en una banda distinta y para los cuales no había posibilidades de unificar el mantenimiento y los repuestos.
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Este despliegue fue sumamente exitoso, pero adivine qué gobierno nacional lo discontinuó y se quedó debiendo plata a INVAP durante dos años por radares entregados. Y averigüe qué intendente (gobernador, bah) de vaya a saber qué ciudad autónoma fue tan autónomo que se compró un radar meterológico alemán para su propio sistema de detección de tormentas, en general autónomo también del SINARAME.
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La idea de hacer una empresa que sea una INVAP del software tiene que lidiar con un país cuya dirección política ignoró a INVAP durante décadas, pese a que ésta pasó su vida exportando reactores nucleares a Argelia, Egipto, Australia, Holanda y Arabia Saudita. Amigos, si esa empresa nacional de soft se crea y sigue una trayectoria parecida a INVAP, no va a tener una vida fácil. Lo único tranquilo en el día a día de INVAP es el paisaje andino y lacustre que la rodea, allá en Bariloche.
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INVAP estuvo tres veces a punto de quebrar, pero siempre la salvó el estado: el de Argelia, el de Egipto, el de Australia, el de Holanda y el de Arabia Saudita. Fundada en 1974, sólo en los últimos tres años la empresa se volvió conocida por el argentino de a pie, y en cierto modo, un ícono de capacidades que conviene preservar. Lo cual no la preserva demasiado. Un paraguas no te salva cuando llueven adoquines.
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Releyendo propuestas (ver aquí), la idea del Ministro de Ciencia, Daniel Filmus, y del Secretario de Economía del Conocimiento, Ariel Sujarchuk de construir la Administración Nacional de Desarrollo de Software, ANDES, puede ser excelente. Como dice el amigo Zaccagnini y resume bien Sujarchuk, eso no le quita mercado a las PyMES nacionales privadas del rubro informático, sino que más bien les da oportunidades de ganar licitaciones del estado. Si las hay, y si son honradas. No es frecuente.
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En cuanto a la fuerza de trabajo relativamente juvenil, le da la posibilidad de salir de la alienación actual. En lugar de aislados en cubículos o en sus casas, en la todavía imaginaria ANDES un joven puede trabajar en equipo para llegar a productos informáticos terminados, vendibles por buen precio.
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Es bastante mejor que escribir líneas sueltas de código para que alguien arme algo en otro lugar del planeta, y por chauchas. Es el tipo de actividad que un informático que ha escrito más de una vez en AgendAR llama «exportación de sojware», con una «jota» intencional que marca el escaso valor agregado, un producto más parecido a materia prima, en esta industria, que a un producto.
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También es excelente que estos jóvenes puedan volverse trabajadores registrados y tener derechos laborales, vacaciones y jubilación, en lugar de ser desprotegidos, anónimos e intercambiables changarines del teclado, una especie de subproletariado langa.
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En fin, ya sea en la formulación de Zaccagnini o la de Sujarchuk, que en esto se meta el estado nacional y logre elementalmente venderse software complejo a sí mismo, y eventualmente a privados, y eventualmente a exportar, es una buenísima idea.
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Tan buena que es difícil que resista si no está protegida por una Ley de Compre Nacional, como la que en 1971 hizo aprobar el Ministro de Economía, Aldo Ferrer, para garantizar que la construcción de Atucha I tuviera proveedores nacionales, en lugar de venir como un meccano para armar desde Alemania. Esa ley de 1970 tenía alcances más generales… pero no duró mucho. Como tampoco Ferrer.
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Aun si se tiene en cuenta la cascoteada historia de INVAP, tanta audacia como la que proponen Zaccagnini y Sujarchuk pisa muchas quintitas. Y justamente por eso será combatida.
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Y justamente por eso la apoyamos. ¿Nosotros perdernos una quijotada? A veces salen bien. Pregunten en Bariloche.
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Daniel E. Arias

La saga de la Argentina nuclear – XI

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El decimo capítulo de esta saga está aquí.

Soles de bolsillo

nif El resto de los laboratorios artificiales de fusión que tenemos y hemos tenido en este pequeño planeta (26, sin contar el del ya mítico -en todo sentido- Ronald Richter), amén de los que siguen en el ruedo (56 magnéticos, 10 inerciales), logran confinar plasmas con tanta compresión que algunos incluso sobrepasan el punto de ignición del Sol. Chupate esa mandarina, Sol. Pero eso no significa que estén dando resultados. Por empezar, no usan los mismos insumos que el Sol, sino “combustible super”: un cóctel de deuterio y tritio. Este último es otro isótopo aún más pesado del hidrógeno, con un protón y dos neutrones en el centro. Créame, no se consigue en estaciones de servicio. La filosofía general del asunto es que, siendo los neutrones objetos eléctricamente neutros y por ende no repulsivos, cuanto más de ellos le ponga Ud. al plasma, más fácil va a ser ponerlo en ignición. Lo dicho: algunos laboratorios generan rutinariamente temperaturas mayores que el núcleo del sol. Sin embargo, sus plasmas se dispersan, enfrían y apagan en 2 o 3 picosegundos (millonésimas de millonésimas de segundos). Esto vale para los laboratorios llamados “inerciales”. Los “de confinamiento magnético” a lo sumo logran sostener una fusión durante 8 o 9 segundos. Lo cierto es que la factura de la electricidad, aunque en tales sitios no reine el temible Juan C. Aranguren, resulta pavorosa. Inevitable refrescar estas líneas escritas en 2016 con el último «gran avance» (las comillas son irónicas) de EEUU con su principal laboratorio de confinamiento inercial, el National Ignition Facility (NIF) del Lawrence Livermore National Lab. Es difícil explicar el grado de «hype» que hay en esta pseudonoticia de fines de 2022, cuando Jennifer Grenholm, del Dept. of Energy de los EEUU, anunció que por primera vez se logra aplastar un «pellet» de deuterio-tritio con mayor rendimiento en energía radiante recibida que en energía radiante emitida. Sí, ponele. Ese pellet, un complejo tubito de unos 2mm. de diámetro y cuyo costo anda en U$ 700.000 la unidad, se ligó un «flashazo» de luz láser de 2,05 megajoule, entró en fusión y esa ínfima bomba termonuclear que estalló en una cavidad blindada, el Hohlraum, emitió 3,5 megajoules. ¿Ganancia de energía, por arriba del nivel de empate, o «break even», como lo llaman en el NIF? Ni ahí. ¿Quién hizo las cuentas? Las mías son de almacenero pero alcanzan para oler una rata, como dicen en Lanús. Doña Grenholm se olvidó de que los láseres todavía siguen siendo fantásticamente ineficientes como conversores de energía, de modo que para obtener los 192 haces que aplastaron inercialmente ese pellet, hubo que gastar 300 megajoules eléctricos/segundo. Si se trataba de generar energía eléctrica, el experimento consumió 85,71 veces más de la que podría haber generado. La prensa mundial (o la que nos llega) se prosternó, reverencial: por fin llega la fusión nuclear. Energía infinita, mucho más barata y menos contaminante que la mera fisión, qué estamos esperando para cerrar nuestras obsoletas centrales nucleares de fisión actuales, y bla-bla-bla. El condicional de «podría haber generado» es porque es imposible traducir la energía emitida por la fusión de ese pellet a electricidad potencial. La emisión del aplastamiento de un pellet es parecida a la que genera el estallido de una bomba termonuclear: básicamente radiante. Gran despiporre de neutrones, rayos gamma, rayos X, luz UV, luz visible y luz infrarroja. Pero, señorita, señorita, la dinamita no prende lamparitas. De algún modo habría que capturar toda esa energía radiante, tan dispersiva y difícil de acumular, para vaporizar una masa de agua, o de otro líquido capaz de acumular calor, y entonces hacer girar una turbina ligada a un grupo electrógeno, descontando pérdidas térmicas en todas esas conversiones de una forma de energía a otra. Hecha esa ingeniería, ahí hagamos cuentas de nuevo, y juro que el rendimiento en electricidad entregada versus producida va a ser aún mucho menor que 85,71. ¿Un físico ahí, para los números? ¿O alcanza con un almacenero? Pero lo interesante es que Grenholm (y el gobierno de los EEUU) y el resto de la prensa «seria» jamás cuestionaron el sistema inercial del NIF: aún con un buen stock de pellets de deuterio-tritio, sería difícil repetir el experimento dos veces en un día. Y no existe ni está previsto ningún sistema de utilización de la energía radiante para transformarla en eléctrica. Sucede que el NIF no es un laboratorio civil destinado a revolucionar el mundo energético. Es una planta de testeo de las mezclas de deuterio-tritio del stock de bombas termonucleares de los EEUU. Con el tiempo de estoqueo, estas mezclas decaen (el tritio es un débil emisor beta) y eso puede restarle mucha potencia a la explosión final. Nos preciamos de haber sido -creo- que los únicos que en la Argentina dieron esta noticia con grandes reservas, por no decir asquito (las pruebas, aquí). Pensar que de semejante sistema puede salir un suministro constante de vapor vivo para una turbina es el equivalente de calentar agua a escopetazos. Se puede, como decía Angeloz. Sólo que es poco práctico, y máxime con cartuchos de a U$ 700.000 por unidad. Si el gobierno de los EEUU macaneó en 2022 con semejante impunidad Y LE CREYERON, ¿cómo no entender que 71 años antes las potencias de la posguerra no iban al menos a dudar y tragar saliva frente a nuestra afirmación de que habíamos fusionado el litio? Joder… ¿Y si era en serio? La Argentina, después de todo, se había llenado de ingenieros y técnicos, gracias a la educación pública y gratuita, había logrado sacar de la galerita del presidente Torcuato T. de Alvear y de las gorras de la caterva milico-radical de la posterior Década Infame, una industria de armas que te la cuento, la primera petrolera estatal del mundo (YPF) y ya desde antes de Perón, unas fábricas sustitutivas de importaciones que la había transformado de Granero del Mundo en algo más interesante; una Ferretería Industrial del Cono Sur, al menos en plan B, con las importaciones europeas y yanquis interrumpidas por guerra. Si estos bestias de argentos vienen fabricando incluso motores, aviones, y motores de aviones. Y qué aviones. ¿Y si es cierto? Los siempre muy activos espías de la OSS y del SIS en estas tierras deben haber reportado a sus «casas matrices» que al menos el gobierno de Juan D. Perón estaba sinceramente convencido de que esto de fusionar litio era en serio. Tuvieron que ser físicos argentinos independientes los que pincharon el globo de Richter, y lo que les costó… Lo que sigue intenta describir el carácter quimérico de lo que intentaba aquel enigmático austríaco con el litio. Es algo fuera de presupuesto para astros modestos, como nuestro Sol. Es un tipo de fusión que ni siquiera logran algunas estrellas supergigantes azules. Si el alemán era un genio loco o simplemente un loco recomendado como genio por un genio en serio pero muy de otro palo (hablo de Tank), eso lo dejo a consideración del estimado lector. Tengo conocidos con títulos nucleares que todavía hoy me sorprenden defendiendo la probidad científica de Richter, y que creen que la pinchadura de globo fue una operación de inteligencia yanqui. Siempre les pregunto por qué los EEUU o Inglaterra, que estaban a caza de talento nuclear para que no cayera en manos soviéticas, no lo compraron primero. O por qué no lo robaron, según usos y costumbres. Y si no compraron a Richter porque era aliadófobo, como su padrino político Kurt Tank, podían hacerlo con su tecnología, si ésta hubiera existido. Creo que mis conocidos están defendiendo no a Richter, sino el mito de que Perón era un líder a prueba de macaneadores. No existen, salvo en las historietas. Y ciertamente, no era a prueba de recomendadores. Con una presentación Tank, los EEUU también se habrían tirado sobre Richter «de palomita» y le habrían hecho un ofertón para que no se lo llevaran Inglaterra o -peor aún- la URSS. Sólo después le habrían puesto la lupa a su escasísima figuración como físico nuclear en la preguerra. La opinión de Tank, mejor ingeniero aeronáutico de la Segunda Guerra sin discusión, pesaba tanto como la de Werner von Braun, ese señor cuyos misiles V-1 y V-2 mataron a 18.000 personas en Inglaterra y Bélgica, pero cuyo lanzador Saturno V en 1969 le hizo ganar a EEUU la carrera por la Luna. Con el diario del lunes, todos somos infalibles y sabemos la diferencia entre alunizar y alucinar. Los experimentos con Tokamaks y con sistemas inerciales como el del NIF están lejos aún del «break even» energético. Los del NIF, comenzando el siglo, ni siquiera lograban compresiones inerciales explosivas. Recién el 7 de octubre de 2013 pareció que ahí en California iban a dar vuelta la taba, aunque 9 años más tarde es patente que ese futuro no llegó. Aquel 2013 el NIF californiano logró por primera vez hacer implotar dentro de su gran “hohlraum” un pellet cargado con unos miligramos de deuterio-tritio congelados a estado sólido. Lo iluminaron brutalmente con sus 192 haces de láser, y estos generaron una emisión de rayos X en la superficie de la pelotita que aplastó “inercialmente” su núcleo. Como ve, la palabra “inercia” en boca de gentes que piensan en términos de mecánica cuántica tiene significados inhabituales para los meros newtonianos, como yo. Los nucleares hablan raro. Daré pruebas en otro momento. Pero volviendo a lo nuestro, comprimido por estos rayos X a 300 millones de atmósferas de presión hasta llegar a 91 veces la densidad del plomo, el corazón gaseoso del “pellet” alcanzó los 100 millones de grados C y entró en fusión, exactamente como una bomba H en miniatura (y en verdad, lo era). Liberó la misma potencia que 11 kg. de TNT. “We are in business”, dijeron en el Livermore, cuando se les pasó la sordera. Pero lo que no lograron fue un «break-even» energético. Y en 2022, 9 años más tarde, acaban de inventar que sí lo hicieron, aunque macaneando a lo perro con las cuentas. Y es que el «true business» del NIF es testear los «boosters» de armas termonucleares. Y su business real, como el de cualquier organización, es no quedarse sin plata si EEUU entra en recesión, como amenaza. En cuanto al gobierno de Joe Biden: es tan lindo dar buenas noticias… Desde 2013 que el NIF estudia cambiar sus láseres por otros capaces de disparar 10 veces por segundo, en lugar de 1 vez por día. Y ver cómo demonios se cosecha esa emisión de energía radiante, tan breve. En eso siguen estudiando, es decir que tampoco parecen haber avanzado gran cosa. El “hohlraum” del NIF es indudablemente muy robusto. Los de fusión inercial, dicen algunos en el NIF, no son fierros para debiluchos, como esos Tokamaks de los europeos y los chinos. Que no son para debiluchos y tienen al menos un propósito claramente eléctrico. Con electroimanes criogénicos, los Tokamaks están llegando a generar campos magnéticos de entre 14 y 42 Tesla para poder comprimir sus plasmas. Para comparar: un resonador magnético de hospital llega a 3 Tesla. Si te metés en su tubo con prótesis de cadera vieja, de aquellas de acero, te la arranca. Lo dicho: estos muchachos de California están calentando agua a escopetazos, y ahora quieren pasar a hacerlo con una ametralladora capaz de 10 tiros por segundo. Ni empezaron a hacerlo, pero uno supone que los Tokamaks podrían ser modos más inteligentes de calentar agua. Y para los ecologistas, modos con menos huella de carbono, porque el 71% de la electricidad que circula por los EEUU es de origen térmico. Lo real es que todos los laboratorios de fusión siguen más cerca de la ciencia pura que de la aplicada, y lejísimos de la tecnología industrial, aunque los Tokamaks tienen más chances de hacerlo. Por ahora, no son plantas a las que uno pueda enchufar objetos de alto consumo de energía, como un televisor de pantalla de 85 pulgadas, o el Mercosur, o el subcontinente sudamericano, o el planeta. Todavía, a setenta y tantos años de la alucinación de Richter, sigue siendo difícil empardarle la performance al Sol sólo con ingenio y plata. Por ahora, masa mata billetera.

Daniel E. Arias

El Instituto Gino Germani tendrá un edificio nuevo: el Ministerio de Ciencia invierte $ 430 millones

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Será la primera vez que el instituto perteneciente a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires cuente con un edificio propio. El Germani se integrará al lote en donde se emplaza la facultad, ubicado en el barrio de Constitución. El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación anunció que hasta el próximo martes 14 de marzo se recibirán las ofertas para la licitación de la nueva sede del Instituto de Investigaciones Gino Germani (IGG), perteneciente a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). El presupuesto acordado para la obra es de 430.152.323 pesos, con un plazo de ejecución de 540 días corridos.

Es el centro de investigación en ciencias sociales más grande de la Argentina.

El proyecto se emplazará en un lote remanente del predio de la Universidad de Buenos Aires, en donde funciona actualmente la Facultad de Ciencias Sociales. El mismo está ubicado en la Ciudad de Buenos Aires, en la manzana delimitada por las calles Santiago del Estero, Humberto 1°, San José y Carlos Calvo, con salida por esta última. El edificio constará de planta baja y 4 pisos, con una superficie específica de 403,06 metros cuadrados y posibilidad de albergar a las casi 700 personas que trabajan en el Instituto. Por su parte la Directora nacional de Planificación del Ministerio de Ciencia y ex Decana de Sociales, Carolina Mera, destacó que el Germani “es el instituto más grande de Argentina y de los más grandes de América Latina. Marca líneas y abre campos de investigación”. El Instituto de Investigaciones Gino Germani es el centro de investigación en ciencias sociales más grande de la Argentina, y también el mayor instituto de la Universidad de Buenos Aires. En él trabajan cotidianamente 275 investigadores e investigadoras, 230 becarios y becarias, 115 auxiliares de investigación, y personal administrativo. El IGG cuenta, fundado en su reconocimiento internacional, con un importante aporte de investigadores visitantes y de estudiantes internacionales que hacen estadías o trabajos en conjunto con los equipos del Instituto.

Estudian fabricar blindajes destinados a la industria nuclear reciclando pilas usadas

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  • Un equipo de especialistas provenientes de la UTN, la UBA y la UNSAM trabaja en la fabricación de blindajes para la industria nuclear a partir del uso de pilas usadas.
  • El desarrollo representa una solución para la disposición final de un residuo contaminante y una alternativa local para reemplazar un producto importado y de alto costo.
En la Argentina, se desechan unas 4.500 toneladas por año de pilas usadas. Se trata de un residuo abundante y muy contaminante, ya que contiene distintas cantidades de metales pesados como mercurio, zinc, plomo y manganeso. El problema es que no existe en el país un tratamiento adecuado para una disposición final segura y, en general, las pilas terminan en rellenos sanitarios o basurales a cielo abierto sin tratamiento alguno.
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En busca de una solución para esta problemática, un grupo de especialistas provenientes de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN–SedesHaedo, Buenos Aires y Delta), la Universidad de Buenos Aires y el Instituto Dan Beninson (CNEA–Universidad Nacional de San Martín) comenzó a trabajar en la fabricación de blindajes para la industria nuclear a partir de los metales recuperados de las pilas usadas. Este desarrollo también resolvería otra necesidad, ya que los blindajes que suelen utilizarse son importados y muy costosos.
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“Las radiaciones ionizantes son un tipo de energía que se encuentra no solo en la industria nuclear sino también en instalaciones médicas que realizan rayos x y tomografías, entre otras. En esos lugares, es obligatorio utilizar un blindaje para proteger a las personas, ya que existe un límite de dosis anuales a las que se puede estar expuesto. Lo que se usa, en general, son blindajes de plomo y acero que, además de ser muy costosos, son productos de la minería, por lo que tienen un impacto negativo en el ambiente”, explica la ingeniera química Alfonsina Serradilla, integrante del equipo.
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El proyecto Blind.AR tiene sus raíces allá por el 2012, cuando otro de los integrantes había empezado a estudiar posibles tratamientos para las pilas gastadas. Unos años después, comenzó a tomar forma la idea de darle un valor agregado al residuo, y en el año 2020 se formó el equipo actual que, además de Serradilla, está compuesto por Antonio Bencardino, Néstor Cometti, Ezequiel Fernández, Facundo Fraguas y Celeste Silvoso. Recientemente, el proyecto fue uno de los finalistas del Concurso IB50K, un certamen organizado por el Instituto Balseiro que premia planes de negocio de base tecnológica. .El proceso comienza con la recolección de las pilas usadas, que son llevadas a las instalaciones donde se realizará la fundición de las mismas a temperaturas mayores a 1600 grados centígrados. Luego, mediante un proceso de separación, los compuestos más livianos (líquidos y gaseosos) son destinados al tratamiento de efluentes, y los más pesados (los metales) son los que los investigadores utilizarán para fabricar el blindaje. El espesor del material que se obtiene luego de la fundición va a depender de la cantidad de radiación que se quiera blindar.
De izq. a der.: Facundo Fraguas, Néstor Cometti, Alfonsina Serradilla, Celeste Silvoso y Ezequiel Fernández. Foto: Gentileza Alfonsina Serradilla.
Aún estamos en fase de desarrollo tecnológico, haciendo distintas pruebas, pero desde la viabilidad técnica, no tenemos dudas de que es factible realizar el proceso y obtener un producto adecuado. No existe nada similar en el mercado pero el proceso que proponemos incluye subprocesos que son conocidos en el ámbito industrial y no requieren alta complejidad”, señala la ingeniera. Con respecto a la capacidad blindante del producto, los investigadores realizaron distintas estimaciones, primero a partir de simulaciones matemáticas y luego probaron distintos prototipos de forma experimental. Para ello, pusieron el material obtenido de la fundición de pilas entre una fuente radiactiva y un detector de radiaciones, y compararon su capacidad de blindaje con la de otros materiales, como el acero, el plomo y el hormigón. “Fuimos analizando las variaciones en el detector e identificamos que la capacidad blindante del material obtenido es muy similar a la del acero inoxidable”, afirma Serradilla. Actualmente, los investigadores continúan trabajando en determinar y garantizar distintas propiedades mecánicas y químicas del material. A su vez, comenzaron a avanzar en cuestiones legales vinculadas a marca y patente para que el proyecto avance en el camino de la transferencia tecnológica. “Como somos todos del ámbito técnico-productivo, toda la etapa del plan de negocios nos costó bastante pero aprendimos mucho en el concurso IB50K. Las jornadas de mentoreo y los comentarios del jurado nos sirvieron mucho”, contó la investigadora. En cuanto a la forma de transferencia, todavía no está definida. Una posibilidad es conformar varias unidades de producción en distintas localidades a partir de un licenciamiento de la patente, ya que eso permitiría poder brindarle una solución a los municipios para que gestionen las pilas de forma local y no implique grandes traslados del residuo. Según Serradilla, a partir de la experiencia del equipo, no se necesitarían instalaciones demasiado grandes para poder llevar a cabo el proceso. “Este es un proyecto que vamos haciendo a la par de los trabajos que cada uno tiene, así que es difícil estimar los tiempos de finalización. También va a depender de los recursos y apoyos que podamos conseguir, que son necesarios para, por ejemplo, contratar las instalaciones para hacer los ensayos. Pero nuestra motivación principal es lograr desarrollar la tecnología, demostrar que funciona y hacer un aporte al desarrollo científico-tecnológico del país”, finalizó la investigadora. (Por Nadia Luna / Agencia TSS)

Finalmente, llegan a la Argentina las vacunas anti-covid “bivalentes”

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No hay pruebas de que sean necesarios refuerzos ahora. Puede que tras 2 o 3 años sí, pero no hay datos de que hagan falta después de 6 meses.
  • Las vacunas bivariantes de Pfizer y de Moderna se utilizarán tanto para iniciar o completar esquemas primarios como para la aplicación de dosis de refuerzo.
  • El martes se iniciará la distribución de 900.000 dosis, que serán aplicadas a partir de las próximas semanas.
En el marco del Plan Estratégico de Vacunación contra COVID-19, el Ministerio de Salud de la Nación anuncia la inclusión de vacunas bivariantes contra el SARS-CoV-2 a la estrategia nacional con el objetivo de seguir avanzando en la incorporación de tecnología disponible para dar respuesta a la pandemia. Se trata de las vacunas Comirnaty Bivariante Original/Ómicron BA.4-5 del laboratorio Pfizer/BioNtech, autorizada para su uso en población general de 12 años o más, y la vacuna Spikevax Bivariante Original/Ómicron BA.4-5 del laboratorio Moderna, autorizada para su uso en población general de 6 años o más. A fines de enero 2023 se iniciará la distribución de 900.000 dosis de esta vacuna a todas las jurisdicciones del país, que serán aplicadas a partir de las próximas semanas de acuerdo a los planes estratégicos de cada jurisdicción.

Todas las vacunas sirven para evitar complicaciones

Es importante destacar que todas las vacunas contra COVID-19 demostraron ser seguras y efectivas para dar protección ante internaciones, complicaciones y muertes frente a todas las variantes circulantes, por lo que en la estrategia nacional coexistirán las vacunas aplicadas hasta el momento y las nuevas vacunas bivariante. Al igual que las vacunas monovalentes ARNm, las vacunas bivariantes contra COVID-19 se utilizarán tanto para iniciar o completar esquemas primarios como para la aplicación de dosis de refuerzo, y se administrará la vacuna que se encuentre disponible al momento de la vacunación –según las edades autorizadas– sin priorizar una formulación sobre otra. La evidencia científica ha demostrado que la estrategia de aplicación de refuerzos es fundamental para mantener los niveles de anticuerpos y su efectividad en el tiempo, sobre todo en términos de evitar internaciones, complicaciones y muertes por la enfermedad. Por este motivo, se enfatiza además la importancia de reforzar la protección en las personas mayores de 50 años y otros grupos etarios con condiciones de riesgo. No hay pruebas de que sean necesarios refuerzos ahora. Puede que tras 2 o 3 años sí, pero no hay datos de que hagan falta después de 6 meses.

«La agresividad no esta en las redes sociales. Esta en la sociedad»

Argentina tiene por delante un año electoral. A la escena ya habitual de fracturas y grietas partidarias, habrá que sumarle campañas políticas en los medios de comunicación tradicionales y en las redes sociales. El clima de época demanda el compromiso de dirigentes y representantes para robustecer la discusión pública en los espacios digitales, aquel terreno donde proliferan fácilmente las noticias falsas, la desinformación y las acusaciones radicales. En una lógica marcada por las decisiones unilaterales de los dueños de las plataformas, como las que Elon Musk convierte en noticia global con los cambios que implementa en el funcionamiento de Twitter, la calidad de la información y la convivencia democrática deberían ser garantías para que la ciudadanía pueda ejercer su derecho a saber y tomar decisiones con mayor libertad.
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Adriana Amado, doctora en Ciencias Sociales y profesora e investigadora en temas de comunicación pública y periodismo, conversó sobre los desafíos para hacer que la libertad de expresión y el diálogo virtuoso sean la norma.
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-Teniendo en cuenta el contexto electoral en Argentina, ¿qué garantías creés que debería haber para que se desarrolle una convivencia democrática en las plataformas digitales?
-Vengo estudiando mucho este fenómeno y mi diagnóstico es que la agresividad no está en las plataformas, la agresividad viene de la política. Creo que más que poner el foco en las reglas de las plataformas, que funcionan óptimamente para el 90% de los usuarios que estamos ahí compartiendo Tiktok, divirtiéndonos o alentando a la Selección, hay que pensar en un pacto de no agresión. Pero no por una cuestión de moralidad o de buena gente, no estoy pensando en un pacto de Ética, sino porque lo que han mostrado las campañas recientes es que cuanto más gozosas, cuanto más divertidas son, hay más participación. La agresividad y la hostilidad es refractaria, no atrae gente, no atrae voluntades, por lo cual es contraproducente para cualquier campaña elegir este camino. A veces lo que ocurre es que muchos equipos de campaña o ciertos núcleos militantes creen que el barrabravismo funciona y lo cierto es que no funciona en las redes. Yo creo que lo que hemos aprendido en estos tiempos es que cualquier intervención en la plataforma no deja de ser artificiosa. La plataforma filtra ciertas palabras pero no lográs un cambio de comportamiento, que es lo que necesitás para tener elecciones más transparentes y que entusiasme más a la gente.
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-¿Creés que los discursos violentos y agresivos no deberían moderarse o regularse, sino que se debería estudiar cuál es su causa social?
-Creo que lo que hay que hacer es primero detectarlos, reconocer que hay una sociedad que está generando esos discursos. Cuando obturás esos discursos, más en una campaña, perdés el diagnóstico. Lo que te sirve es decir: esto existe, la sociedad es esto, cómo actuamos. Eso te permite tomar decisiones, muchas son discursivas y en los espacios donde se dan los discursos. Y esta sí es una posición mía clásica, ya hace bastante vengo defendiéndola, que los problemas que expresan las redes sociales, los contenidos en la televisión, no son problemas de los medios, son problemas de la sociedad que expresan los medios. Cuando de alguna manera regulás ese canal de expresión, no hacés la modificación de la conducta social que lo provoca, hacés una solución para la expresión del problema, pero no para el problema.
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-Regular esas conductas implicaría procesos a largo plazo
-A larguísimo plazo. El problema es que si son procesos a largo plazo pero solo trabajás en las posiciones cosméticas, vas generando un círculo vicioso porque tenés cada vez menos diagnóstico, soluciones más cosméticas, y cada vez ponés más tu problema donde no lo hay. Entonces lo que es un proceso largo, lo hacés larguísimo, porque nunca llegás a asumir cuál es el verdadero problema.
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Un grupo humano que trabaja con valores, automáticamente genera un cambio. Lo que nosotros vimos en los discursos de la Selección, en las declaraciones que hicieron, en la actitud del director técnico, no vino de un manual de estilo de la Selección.
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-¿Considerás que el foco debería estar únicamente en estos procesos a largo plazo para abordar la problemática? 
-Creo que el Mundial nos dio el ejemplo perfecto. Un grupo humano que trabaja con valores y con actitudes y que se expresa adecuadamente, automáticamente genera un cambio. Lo que nosotros vimos en los discursos de la Selección, en las declaraciones que hicieron, en la actitud del director técnico, no vino de un manual de estilo de la Selección. Representa un espíritu de esa Selección. ¿Qué pasaría si ese pacto lo hacés entre los candidatos? Un pacto de no agresión, de respeto, de no insultos. Parece medio de Gandhi pero eso sí va a ser mucho más inmediato que pedirle a Elon Musk que te baje la perilla de Twitter cuando te insultan. Esa es la solución más tonta que hay. No le cambia la actitud al odiador, la dejará de hacer en Twitter. Esta cosa de decir “de dónde salió todo esto”, también tiene que ver con que somos especialistas en obturar diagnósticos. No nos gusta el diagnóstico entonces lo disimulamos, lo maquillamos, incluso para el propio político que le dicen “está todo fenómeno, la gente te ama”, y después no te votan.
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-¿La polarización de los contenidos que se comparten no sería entonces una estrategia política redituable en términos de imagen o de participación para los partidos políticos?
-En redes es la peor. Las figuras polarizadas son las menos propicias a ser compartidas porque sabés que en tu propia red te puede generar comentarios y críticas, incluso de tus conocidos. Lo que necesita la política en campañas es que compartas, que es lo que Henry Jenkins llama spreadable content, que es el contenido, no viral porque un virus no se lo quiere pegar nadie, sino que es el contenido como el meme, que tenés ganas de mandarlo, o el sticker que te mandaron de Messi, estás esperando que alguien te escriba para mandárselo. Eso es lo virtuoso de la comunicación en red. Y los núcleos hostiles no lo consiguen.
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-Solés mencionar que hay que tomar el parámetro de comportarse en las redes como te comportarías en la sociedad, ¿creés que las redes permiten hablarle a un público masivo desde un lugar resguardado porque no estás exponiéndote directamente?
-No estoy muy de acuerdo con ese principio porque soy una persona muy activa en redes y la verdad es que si me quedara en mi casa o en mi aula estaría mucho menos expuesta. Las redes me exponen mucho más. Incluso los que lo hacen desde una máscara, desde una cuenta, que considero que también es válido porque toda la vida la gente pudo tener un seudónimo, un alter ego para decir lo que piensa. También te exponés a que te cierren la cuenta, a no tener seguidores, a que cuando pongas una discusión tan agresiva nadie quiera participar en ella. Es cierto que evitás que te den un palo por la cabeza, pero a veces son mucho más dolorosos esos insultos que leés en Twitter. Yo nunca tuve una discusión o un insulto en la calle como los que a veces recibís en Twitter y duele muchísimo y te molesta. Yo no puedo hacer un paper porque una vez un energúmeno me agredió. Lo que tengo que pensar es, bueno, ¿cuántos de los comentarios que recibí en el día son de este tono, es uno solo? Lo tengo que silenciar y pasar a lo siguiente, a mí me parece que hay muchos especialistas muy obsesionados con el desvío, que no es la regla.
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La saga de la Argentina nuclear – X

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El noveno capítulo de esta saga está aquí.

Guarda con los recomendados

Los audaces no vienen exentos de error. Perón a veces tomaba riesgos, pero si tropezaba,  tenía mañas para no caerse. Con Richter, es fama, no fue a medias y tropezó a lo grande. El austríaco devoró fondos a mansalva en su proyecto secreto en la Isla Huemul, frente a Playa Bonita, entonces en el despoblado de los extramuros de Bariloche. Y el resultado fue un papelón internacional. El físico prohijado por Tank le había propuesto a Perón “nuclearizar” a la Argentina por trámite express. Había que ignorar la trabajosa fisión del uranio 235, y en cambio ir directo a la aparentemente fácil fusión termonuclear de átomos livianos, litio en este caso. “Y va a costar chirolas”, le aseguró Richter al presidente, según Cernadas y Mariscotti. Recién llegado, el Herr Doktor ya “chamuyaba el lunfa” necesario para caer bien, aunque con guturales “erres” de ostrogodo. Perón le contestó con sus famosos: “Métale, nomás”. La fusión controlada… Ufff. Todavía hoy sigue inviable pese decenas de tentativas por parte de millonarios consorcios científicos. Si Ud. ioniza totalmente átomos del elemento más liviano de la tabla química, el hidrógeno, lo ha vuelto un plasma, una sopa muy caliente de protones y neutrones dedicados a colisiones caóticas. Si quiere empezar una fusión con plasma, la primera recomendación es usar no el isótopo más liviano y abundante del hidrógeno, que tiene un protón como todo núcleo. Use deuterio, cuyo núcleo tiene, además, un neutrón. Que su lema sea: “Cuanto más neutrones, mejor”. Un plasma de deuterio, bien lleno de neutrones, sale caro, eso sí: sólo el 0,015% del hidrógeno en la naturaleza tiene ese neutrón extra. Acabo de explicarle de paso por qué es tan difícil y caro fabricar agua pesada (D20, dos deuterios y un oxígeno), pero ya volveremos sobre eso. Fusionar deuterio tiene tres etapas que se atraviesan de modo fulminante, a condición de que Ud. incurra en gastos fuertes y sin garantías de éxito industrial. El problema es que los protones, si Ud. quiere ensamblarlos, no se portan pasivamente como piezas de un Lego. Cada uno tiene una carga positiva, y la repulsión magnética que se genera entre ellos, si Ud. intenta siquiera acercarlos, no digamos amontonarlos, es enorme. Ojo: Ud. está peleando contra el electromagnetismo, una de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza. No es chiste. Para vencerlo copiando a la naturaleza, hay que calentar y comprimir plasmas de deuterio a 15 millones de grados C y 300 mil millones de atmósferas, hasta que ese casi insustancial gas ionizado alcance una densidad 7,8 veces mayor que la de un metal muy denso en la superficie terrestre, el oro puro. De paso, le digo que necesitará una enorme masa de “reactivos”, es decir de deuterio, porque la eficiencia energética del proceso es muy baja: un 0,8 %. En el centro del sol, un protón puede deambular a los tumbos durante miles de millones de años antes de, por fin, fusionarse con otro de su especie y dos neutrones, formando helio. En esas condiciones, y a distancias de 10-17 metros (un billonésima de milímetro), aparece otra fuerza mayor que la repulsión magnética, llamada “Fuerza Fuerte”, otra de las cuatro fundamentales de la física y el verdadero Poxipol de la naturaleza que une protones y neutrones (los nucleones) de cualquier átomo más pesado que el hidrógeno, es decir, todos los de la tabla. Entonces, si Ud. persiste con la presión y temperaturas recomendadas “ut supra”, es probable que de golpe y porrazo logre trillones de fusiones en cadena, una reacción autosostenida: la ignición termonuclear. Si además Ud. logra controlarla sin transformarse en parte del plasma, tal vez logre que la reacción y su propia vida sean durables. Si pudo llegar ahí, notará que hay una menor masa del producto final (helio) que de reactivos iniciales (deuterio): esa milésimo de masa material faltante se habrá convertido einstenianamente en energía. Pero en MUCHA energía. Sin embargo, el laboratorio más cercano a su domicilio que logra rutinariamente ese milagro termonuclear es el Sol, y por la pura fuerza gravitacional que ejerce su corpachón de hidrógeno sobre su núcleo. El hidrógeno podrá ser el elemento más liviano de la tabla, pero al sol le sobra: tiene 3 millones de veces más masa que la dura, rocosa y densa Tierra, comparativamente ínfima en tamaño. El sol está más o menos en su promedio de vida: cumplió 4600 millones de años, y hasta su dramática senectud falta otro tanto. Por lo simple, brutal, ineficiente y durable, el Sol parece casi tecnología soviética.

Daniel E. Arias

Presentarán este año la primer vacuna contra el Virus Sincitial Respiratorio de la plataforma ARNm

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De acuerdo a los reportes más recientes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Región de las Américas enfrenta una “triple amenaza” de enfermedades respiratorias, ya que COVID-19, gripe y el VSR (virus sincitial respiratorio) están sobrecargando a los sistemas de salud. Las infecciones por VSR, que afecta particularmente a los menores de 1 año y mayores de 60 años, han aumentado considerablemente en los últimos años principalmente en Canadá, México, Brasil, Uruguay y Estados Unidos. Por ello, a través de su plataforma tecnológica de ARNm, Moderna da a conocer resultados positivos y alentadores de la fase 3 de su vacuna experimental de ARNm contra el virus respiratorio sincitial (VRS) en adultos mayores.
Demostro tener UNA EFICACIA DEL 83.7%
La compañía tiene previsto presentar la solicitud de aprobación reglamentaria en el primer semestre de 2023. A continuación, comparto la información y adjunto el boletín de prensa con más detalles.

Detalles de la vacuna

Según la compañía su vacuna contra el virus respiratorio sincitial (VRS) ha cumplido con los criterios primarios de eficacia en un ensayo de fase 3 en adultos mayores. ARNm-1345 demostró una eficacia de la vacuna del 83,7% en la enfermedad del tracto respiratorio inferior por VRS, definida por 2 o más síntomas en adultos mayores. En general, ARNm-1345 fue bien tolerado, sin que la Junta de Supervisión de Datos y Seguridad (DSMB) identificara problemas de seguridad. Basándose en estos resultados, Moderna tiene la intención de presentar ARNm-1345 para su aprobación reglamentaria en el primer semestre de 2023. El ensayo de fase 3, con la ConquerRSV de ARNm-1345, una vacuna experimental de ARNm dirigida contra el virus respiratorio sincitial (VRS) en adultos mayores.. “Los resultados de hoy representan un paso importante en la prevención de las enfermedades respiratorias bajas debidas al VRS en adultos de 60 años o más. Estos datos son alentadores y representan la segunda muestra de resultados positivos de ensayos de fase 3 de nuestra plataforma de vacunas de ARNm contra enfermedades infecciosas, después de la vacuna COVID-19 (Spikevax). Estamos impacientes por publicar el conjunto completo de datos y compartir los resultados en una próxima conferencia médica sobre enfermedades infecciosas”, declaró a Stéphane Bancel, CEO de Moderna.

La saga de la Argentina nuclear – IX

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El octavo capítulo de esta saga está aquí. Conste que todo esto fue escrito en 2016.

El período de la caza de cabezas

Fue el éxito mismo del programa nuclear de “Jorjón” Sábato, y en parte también la muerte temprana de ese personaje, las cosas que desataron su ostracismo y ruina desde 1983 hasta 2006. Aquel año, forzados por un déficit nacional de potencia instalada incompatible con el sobresaltado crecimiento chino de nuestro PBI, los Kirchner tuvieron que romper su visión parroquial, santacruceña y petrolera del mundo y redescubrieron el átomo. Eso fue 2530 después de que lo hiciera Demócrito de Tracia y 56 después de que lo volviera a hacer Perón, pero hizo una diferencia tremenda. Y la hizo porque la CNEA se moría. Literalmente, de vieja. En sus libros, Cernadas y Mariscotti coinciden en que en parte la “cultura organizacional” nuclear, tan excepcionalmente autónoma y estable, fue el resultado inesperado del choque de Perón contra la realidad física y contra los físicos argentinos. La física y los físicos probaron ser duros. Y Perón, a la larga, sagaz. Los sucesivos contralmirantes que dirigieron la CNEA aceptaron eso de movida: aquí la línea la fijan los que saben. Y como a fuer de militares les gustaba mandar, aprendieron. Ojo: antes de ser “reformateados” por esa misma cultura nuclear que en parte generaron, ya como materia prima eran personajes poco comunes: Iraolagoitía había protagonizado una aventura aeronaval importante (llegar en hidroavión a la Antártida… y volver), su sucesor Oscar Quihillalt era un matemático experto en explosivos y balística, y Eduardo Castro Madero, un diseñador de reactores nucleares con un doctorado en el Instituto Balseiro de Bariloche y posdocs en los National Labs de los EEUU. Cada uno tuvo aciertos y errores, y Castro Madero, más aciertos y más errores que ninguno. En perspectiva, sumaron. Si hasta la propia CNEA surgió de un error. Y nada pequeño, además. Vamos a esa prehistoria. En el “head-hunting” de lumbreras alemanas de la posguerra, Argentina jugó bien: la URRS se quedó con aproximadamente 3000 “experten”, EEUU con 1600, el Reino Unido con 800, Francia con 300, la Argentina unos 120 y Brasil 27. Entre “los nuestros” –al menos nuestros un tiempo- estuvo Kurt Tank, horrible nazi medular, pero sin discusión, el mejor ingeniero aeronáutico de cazas de la 2da. Guerra, diseñador del temible Focke Wulf 190. Tank se mudó a Córdoba donde se abocó, junto a decenas de colegas argentinos con 30 años de “expertise”, a transformar su interceptor a reacción TA-163, que no había logrado salir de planos en la 2da Guerra. Aquí el TA-163 dejó de ser un interceptor, bueno para trepar rápido y operar sobre suelo propio en un país de tamaño europeo, se volvió un animal conceptualmente distinto, rehecho para cubrir con un único modelo las necesidades de un territorio gigante. Fue el bellísimo caza multipropósito y de largo alcance Pulqui II, del cual sólo se fabricaron 5 prototipos, aunque en 1953 era marginalmente superior al Mig 15 y al F-86 Sabre. O por eso. Esa historia, otro día. En eso andaba Tank y todavía le iba bien, cuando se le ocurrió hablarle a Perón sobre la presunta genialidad del físico atómico austríaco Ronald Richter, ignorada hasta el momento por sus pares. Raro: los físicos del rubro en los años ’40 eran poquísimos en el mundo y se conocían bien entre sí. Además, aunque hay excepciones como Enrico Fermi, es casi una ley de la física que los físicos puros, pensadores de lápiz y papel, sean poco fierreros, y viceversa. Tanto así que de Wolfgang Pauli, el tipo que describió los orbitales electrónicos y con ellos explicó definitivamente la tabla periódica y el funcionamiento cuántico de toda la química, se decía que bastaba que entrara al laboratorio para que los experimentos se fueran al diablo. Un poco en contrapartida, los ingenieros suelen tener nociones vagas sobre quién es quién en el mundo enrarecido de la física básica. Se limitan a transformar ese insumo, quizás la más pura de las ciencias puras después de las matemáticas, en “pendorchos”. Pero eso lo logran únicamente una vez que alguien volvió investigación aplicada toda esa nebulosa abstracción. A los físicos puros, los ingenieros los consideran algo así como marcianos naturalizados. En la otra trinchera, los físicos puros no registran mucho la existencia de los ingenieros. En la Argentina de 1947, cuya emergente pero rumbosa industria sustitutiva se las arreglaba aún sin física básica, con ingenieros nomás, el apadrinamiento de un fierrero “world class” como Tank bastó para que Perón se comprara un físico “diz que nuclear” a ojos cerrados. Era como un cheque del City endorsado por un millonario. “Al Viejo” le fue muy mal: sin mala intención, Tank lo mandó como quien dice, al muere. Pero sin aquel error y el quemazo mundial que siguió, la existencia posterior de un programa nuclear serio y autónomo habría sido difícil. Y sin ese programa, 72 años después, hoy Rafael Grossi sería otro diplomático con otra vida más banal, yo no estaría peleando por su acceso a la dirección general de OIEA, y tampoco Ud. estaría soportando este mamotreto por una mezcla de patriotismo y curiosidad. En la historia de la CNEA, esto de salir parado de una rodada y volver a remontar parece un karma. Júzguelo por lo que sigue (ver en los siguientes capítulos de Argentina nuclear). peron-inaugura-acelerador-de-particulas Perón inaugura el hoy ya desmontado acelerador de partículas Cockroft-Walton de la CNEA, en pleno e impresionante despliegue de su período inicial, o académico.

Daniel E. Arias

La OIT pide mantener la flexibilidad global de horarios de trabajo que trajo la pandemia

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Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) revela en sus encuestas que un 43 % de los trabajadores no está satisfecho con las horas que trabaja. Además, asegura que el teletrabajo benefició la productividad, la conciliación y hasta la salud de los empleados.
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La pandemia obligó al mundo a flexibilizar jornadas laborales y generalizar el teletrabajo en muchos sectores, medidas que beneficiaron la productividad, la conciliación y hasta la salud de los empleados, por lo que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) recomienda que se mantengan.
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Es una de las principales conclusiones del primer informe de la organización sobre jornadas de trabajo y conciliación familiar, publicado este viernes y en el que se subraya también que más de un tercio de los empleados globales (35,4 %) aún trabaja más de 48 horas por semana y un quinto (20,3 %) no llega a las 35.
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Durante la crisis sanitaria se tomaron medidas como la reducción de horarios, que evitó muchas pérdidas de empleos, mientras que el teletrabajo, que ya había probado su eficacia en crisis como la del terremoto de Japón de 2011, “mostró que puede aplicarse a gran escala, cambiando la naturaleza del trabajo”, recuerda la OIT.
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Las medidas laborales de emergencia tomadas durante la pandemia “aportaron nuevas pruebas de que dar a los trabajadores más flexibilidad sobre cómo, dónde o cuando trabajar es positivo para ellos y para los negocios, mejorando por ejemplo la productividad”, destaca el informe.
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La pandemia, por otro lado, mostró la necesidad de flexibilizar los horarios y el lugar de trabajo de los empleados cuando éstos tuvieron que hacerse cargo de familiares enfermos, subraya el documento.
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El estudio de la OIT sin embargo advierte que la flexibilidad de horarios tiene costes como el desequilibrio por género en el mundo laboral, ya que las mujeres tienden más a reducir su jornada que los hombres.
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El informe recomienda mantener leyes que establezcan un máximo de horas diarias (algo que la OIT recuerda que ya reivindicó en el primer documento que publicó tras su fundación en 1919) y promover políticas públicas de reducción de horarios como las que han puesto en marcha recientemente países como Islandia, España o Reino Unido.
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El teletrabajo, añade en sus conclusiones, “ayuda a mantener el empleo y crea un nuevo espacio para la autonomía del empleado”, pero necesita ser regulado para que, entre otras cosas, se incluya el “derecho a desconectar” del trabajador cuando está trabajando en su domicilio, subraya la OIT.
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El informe subraya que los largos horarios -y también los que no pueden predecirse, como los “encargos de última hora”- están en general asociados a la baja productividad, que mejora a medida que hay reducciones de jornada y trabajos más predecibles.
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MÁS HORAS, PEOR SALUD
Horarios excesivos también contribuyen a una peor salud del trabajador, al aumentar el riesgo de estrés, ansiedad, o insatisfacción laboral, con mayores porcentajes en estos trabajadores afectados por la depresión o el alcoholismo.
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Aunque se considera que el horario estándar de trabajo semanal es el de 40 horas, la media mundial es de 43,9 horas, siendo los hombres quienes están más afectados por los largos horarios y las mujeres por los de corta duración.
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La región con la jornada semanal promedio más prolongada es el sur de Asia (49 horas, o 51 si se contabiliza sólo a los hombres), seguida de Asia Oriental (48,8), mientras que en Europa y América ya está por debajo de las 40 horas de promedio.
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El informe recoge en sus encuestas que un 43 % de los trabajadores no está satisfecho con las horas que trabaja, aunque son muchos más los que preferirían aumentar sus jornadas (36,6 %) que los que quieren reducirlas aunque ello supusiera menor sueldo (6,5 %).
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Un video que recorre y muestra en detalle la fábrica de cohetes Tronador

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La semana pasada recorrí la fábrica de cohetes Tronador de @veng_argentina y @CONAE_Oficial En este video hacemos un repaso de la recorrida y te cuento todos los avances para volver a ver un cohete despegar desde suelo argentino. 🚀🇦🇷

Los 65 años del RA-1: cómo fue la carrera para lograr la primera reacción nuclear controlada de América Latina

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  • El 17 de enero de 1958, la Comisión Nacional de Energía Atómica puso en marcha su primer reactor experimental. Fue construido en apenas 9 meses, con técnicos, científicos, materiales y tecnología locales.
La idea original era comprar un reactor nuclear experimental llave en mano a la empresa estadounidense General Electric. Pero sobrevinieron órdenes de no venderle «fierros» a los argentinos. De modo que el plan B fue más modesto pero -en el fondo- más ambicioso: comprar los planos del reactorcito para formación de personal Argonaut del Argonne National Lab. Y que Dios te ayude. A eso los autodenominados americanos accedieron. Estaban casi seguros de que no íbamos a poder construirlo, o de que no iba a funcionar bien. Y tenían sus razones: la CNEA no sólo debía juntar y calificar a 90 proveedores industriales argentinos para los componentes. En los ’50 éramos un país mucho más industrial que hoy, pero en los rubros metalúrgico, electromecánico y electrónico, pocas firmas locales llegaban a calidad de exportación y con volumen. Mucho más difícil aún, había que resolver la metalurgia y el diseño físico de placas de combustibles. Estas placas de primera generación son diluciones de uranio en aluminio, sostenidas por armazones de aluminio. Los materiales, obviamente, debían resistir el daño por absorción de neutrones, y la corrosión que ello desencadena. Eso no era pavada en un país cuya metalurgia más avanzada era la de fabricación de armas de tubo por parte de Fabricaciones Militares, en aceros, y otras aleaciones de acero en industrias privadas. País, además, que no producía sus propios aluminios ni sus aleaciones derivadas. Sí sabía manipular aleaciones aeronáuticas de aluminio como el dural, pero importando chapa para su entonces industria aeronáutica, bastante avanzada. En cuanto a importaciones nucleares, los autodenominados se limitaban a suministrarnos el uranio altamente enriquecido por un convenio anterior, de 1955. En cuanto tomaron la decisión de no vendernos un reactor entero, se olvidaron del asunto. Poco les duró el olvido. El RA-1 logró su primera reacción nuclear controlada el 17 de enero de 1958, hace 65 años. Fue inaugurado oficialmente tres días después y fue el primero en operar en América Latina. Y se tardó nueve meses en construirlo. Lo único que tenía de importado eran los planos, el uranio enriquecido (no así los elementos combustibles tipo placa), el grafito usado como moderador (era francés) y algunos componentes electrónicos. El resto de los componentes era -con cierto orgullo- Industria Argentina. Y cosa fundamental, eran argentinos el combustible y la ingeniería del mismo.  
Un camión grúa eleva componentes del edificio del reactor RA-1 en el Centro Atómico Constituyentes
  La construcción del Reactor Argentino 1 o RA-1 salió de mucho entusiasmo e inventiva de los investigadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), y de no poca rivalidad regional con Brasil: había una carrera por lograr la primera reacción en cadena autosostenida en esta parte del continente. Los brasileños ya tenían en marcha su propio reactor. Compraron «llave en mano» otro Argonaut, sin ninguna objeción del State Department: habían sido aliados en una guerra todavía muy reciente, y eso pesaba.

La génesis del proyecto

En noviembre de 1956, la CNEA, a la sazón una organización exitosa y académica, anunció que la Argentina compraría un reactor nuclear para poder pasar de la teoría a la práctica, y de la práctica a la industria. Presidía el entonces capitán de navío Oscar Quihillalt, quien a principios de 1957 viajó a Nueva York para concretar la operación con General Electric. Pero lo esperaban con un laberinto de pedidos de papeles y de firmas: había contraorden obvia, pero evidentemente no declarada. Pareció que iba a tener que volverse con las manos vacías. Pero eso no era muy de Quihillalt. En su libro “El sueño de la Argentina atómica” (Edhasa, 2014), Diego Hurtado de Mendoza cuenta que Quihillalt se dirigió entonces a Filadelfia para asistir a una conferencia. Allí se encontró con el ingeniero Carlos Büchler, quien había trabajado en la CNEA y en ese momento lo hacía en el Argonne National Laboratory de Chicago. El mismo donde el físico Enrico Fermi desarrolló el primer reactor nuclear artificial del mundo, en 1942, y bajo las gradas de un estadio de fútbol americano.  
El entonces presidente de la CNEA, Oscar Quihillalt, consiguió sus planos del Argonaut convencido de que Argentina debía construir su propio reactor.
  A instancias de Büchler, Quihillalt fue a conocer el Argonaut (Argonne Nuclear Assembly for University Training), un pequeño reactor experimental que había sido inaugurado unos días antes en Argonne, y se fue con los planos. No es imposible que el State Department haya pensado: «Se van a volver locos con los combustibles y las configuraciones del núcleo, no van a poder». Tenían razón. Bueno, en lo primero. El 9 de abril de 1957 se decidió que la CNEA construiría el primer reactor nuclear de investigación argentino en un predio de la Dirección General de Fabricaciones Militares, en Constituyentes y General Paz. Hoy ahí está el Centro Atómico Constituyentes, pero entonces era poco menos que potreros y campo abierto, con algunos hangares tipo Quonset del Ejército. El director del proyecto era el físico Fidel Alsina Fuentes, jefe de Ingeniería Nuclear de la CNEA, quien formó parte del grupo que viajó a Chicago para recibir formación técnica. “Al principio no los dejaban participar en los experimentos. Hasta que ellos encontraron un problema en el registro del reactor Argonaut y a partir de eso sí les permitieron presenciar las prácticas. Y aprendieron muchísimo”, cuenta el ingeniero electrónico Hugo Scolari, que lleva cuatro décadas como jefe del RA-1. Aclaración gramatical necesaria: «ellos» son los autodenominados americanos. Nos invitaron a meter mano en los experimentos porque con su nuevo Argonaut, los muchachos de Argonne tenían problemas de instrumentación y necesitaban una manito para resolverlos. No son orgullosos. Tampoco nosotros. Y sí, aprendimos, claro que aprendimos. En cuanto a ellos, estaban escribiendo el manual. En el país, al frente de la construcción quedó el ingeniero Otto Gamba, jefe del Departamento Reactores de la CNEA. A su mando había varios equipos de trabajo formados con egresados recientes de los también recientes cursos de reactores nucleares.

La construcción del RA-1

Carlos Domingo, quien integró la Sección Reactores de la CNEA entre 1955 y 1960 y fue parte de la comitiva que viajó a Chicago y escribió un relato acerca de aquellos días de prueba, error y búsqueda de soluciones durante la construcción del RA-1. “Se trató de calcular la masa crítica del reactor para diferentes disposiciones de uranio, cálculo complicado por la geometría, que no era un anillo completo. El Taller, dirigido por Di Marzio, avanzó rápidamente en la construcción de las placas de control, el sistema de circulación de agua de enfriamiento y el tanque de aluminio del reactor. Velia Hoffman supervisaba y trabajaba en la construcción del blindaje. Había que diseñar los encofrados de las diferentes clases de bloques y controlar con cuidado el vaciado de cemento especial con la cantidad adecuada de barita (sulfato de bario, fundamental para hormigones pesados y de alta densidad). Koppel se encargó de controlar el corte del grafito que rodeaba al tanque”, contó Domingo.  
Velia Hoffman era la encargada de supervisar la construcción del blindaje y diseñar los encofrados de las diferentes clases de bloques y controlar con cuidado el vaciado de cemento especial con la cantidad adecuada de barita.
Velia Hoffman era la encargada de supervisar la construcción del blindaje y diseñar los encofrados de las diferentes clases de bloques y controlar con cuidado el vaciado de cemento especial con la cantidad adecuada de barita.
  Como seguramente preveían en EEUU, el problema duro fueron los combustibles, hechos con placas de óxido de uranio forradas por una fina cubierta de aluminio de alta pureza. “Se producían por un procedimiento de extrusión en caliente, a la temperatura en la que el aluminio es deformable. El grupo de metalurgia dirigido por Jorge Sabato, que contaba con gente muy preparada, estudió el problema y llegó a hacer un prototipo usando óxido de uranio natural preparado en el país y aluminio común”. Sabato fue el arma secreta del combustible, ayudado por el entonces jovencísimo Carlos Aráoz. Pensaban estar resolviendo un problema concreto, cuando en realidad estaban haciendo nacer una ciencia en Argentina: la de materiales. Hubo dudas acerca de si el sistema de extrusión funcionaría con el uranio enriquecido, y máxime a más del 90%. Pero Harry Bryant, el director del Argonaut, aseguró con algún asombro que estos elementos combustibles diseñados en la Argentina eran de mejor calidad que los que se usaban en el reactor estadounidense. Y se decidió que los del RA-1 se harían en la CNEA. Bryant no macaneaba y se corrió la bola. En 1958, la empresa alemana de metalúrgica avanzada Degussa AG, que participaba del programa nuclear de la República Federal Alemana (RFA), nos compró la patente para este tipo de combustibles. La Argentina había vendido su primera patente nuclear. Es curioso que sólo 9 años más tarde la RFA, a través de la división KWU de Siemens, estuviera en condiciones de ofrecer a la Argentina no un reactor de entrenamiento, sino una central nucleoeléctrica completa: la actual Atucha I. Es menos curioso si se recuerda que aquel año de triunfo, 1958 a la CNEA, vaya a saber por qué, se le cortó el presupuesto por la mitad.  
El Grupo de Metalurgia dirigido por Jorge Sábato, que contaba con gente muy preparada, llegó a hacer un prototipo de combustible usando óxido de uranio natural preparado en el país y aluminio común.
El Grupo de Metalurgia dirigido por Jorge Sábato, que contaba con gente muy preparada, llegó a hacer un prototipo de combustible usando óxido de uranio natural preparado en el país y aluminio común.
 
Los científicos argentinos trabajaban de 12 a 18 horas por día para construir el reactor
La primera prueba comenzó el 16 de enero de 1958. Al principio parecía que no había uranio suficiente, o al menos lo suficientemente enriquecido, para alcanzar la criticidad. Eso los combustibleros lo solucionaron cambiando de posición los elementos combustibles: colocaron los que tenían mayor carga de uranio en el centro. No estaba en el manual, lectores: como todo constructor por cuenta propia, estábamos escribiendo el manual. La reacción nuclear en cadena autosostenida se alcanzó a las 6:30 del 17 de Enero de 1958. No sucedió nada hollywoodense, simplemente relojes e instrumentos que certificaban que el núcleo del RA-1 había átomos de uranio 235 desintegrándose unos a otros, y que estaba emitiendo neutrones. Mucha gente que hacía nueve meses no pegaba bien el ojo, aquella noche pudo dormir por fin. No sin algunos brindis previos. Había sido la primera reacción nuclear en América Latina. La inauguración oficial se hizo el 20 de enero y el reactor recibió el nombre de “Enrico Fermi”. Brasil inauguró su reactor cinco días después, aunque lo habían literalmente bajado en cajones desde un barco, con todos sus componentes «Made in USA». Y con el manual. “Este hito fue el puntapié inicial para el desarrollo en el país de reactores de investigación y producción”, subraya Scolari.  
Los diarios de la época daban a conocer los primeros resultados de la aplicación de tecnología nuclear argentina a la salud.
Los diarios de la época daban a conocer los primeros resultados de la aplicación de tecnología nuclear argentina a la salud.
 

El legado del RA-1

En 1959, una reforma integral del RA-1 permitió subir diez veces su potencia máxima. Hubo que construir un nuevo tanque que albergara el núcleo y nuevas piezas de grafito. También se renovaron las placas de control y se instaló una torre de enfriamiento, porque ahora sí había calor a disipar. Después de una prueba en la que no se logró criticidad alguna: ¡a rediseño! Hubo que reducir el diámetro del cilindro interno de grafito y agregar a su alrededor algunas placas de combustible. Pero para eso había que arquearlas. Ya las divergencias con los planos comprados en EEUU se iban agravando. Los técnicos encontraron la manera doblar las placas en forma segura sin que se generaran fisuras cuando entraran en reacción nuclear. El reactor, que ya se parecía tanto al Argonaut como el Ford de Manuel Gálvez (auto de Turismo Carretera) a uno comprado en concesionario, volvió a alcanzar criticidad el 25 de diciembre de 1959. El RA-1 fue utilizado para innumerables experimentos e investigaciones y fue pionero en la producción de radioisótopos nacionales para uso medicinal e industrial (a baja escala). Aún hoy se lo usa para capacitación de recursos humanos; extensas actividades de divulgación; ensayos por activación neutrónica de materiales; estudios de daños por radiación, por ejemplo, en metales que luego formarán parte de Reactores de Potencia, y el desarrollo de una terapia quizás revolucionaria en medicina nuclear para tratar ciertos tipos de cáncer, llamada BNCT (Terapia por Captura Neutrónica en Boro).  
El RA-1 sigue activo hasta la actualidad. En imagen se puede ver un equipo de investigadores que realizó en 2018 un ensayo para desarrollar la Terapia de Captura Neutrónica en Boro (BNCT) contra el cáncer.
El RA-1 sigue activo hasta la actualidad. En imagen se puede ver un equipo de investigadores que realizó en 2018 un ensayo para desarrollar la Terapia de Captura Neutrónica en Boro (BNCT) contra el cáncer.
  A 65 años de la inauguración del primer reactor, la CNEA construye el Reactor Nuclear Argentino Multipropósito RA-10 junto a la empresa estatal INVAP. Y hasta el día de hoy, la Argentina produce sus propios elementos combustibles para sus plantas y reactores nucleares. Todas y sin excepción. “El RA-1 dio inicio a la carrera nuclear argentina y hoy se encuentra en servicio gracias a las capacidades científicas tecnológicas, humanas y de gestión de nuestro país y su gente. Las mismas que hoy permiten desarrollar el RA-10. Esta es la historia entrando en diálogo con el presente, para construir el futuro. El RA-1 es la semilla que se sembró en el ´57 y asomó en el ’58, dando lugar al actual ecosistema de excelencia nuclear que hoy lidera nuestra Nación”, destacan desde el Departamento de Reactores de Experimentación y Servicios de CNEA (GRyCN – GAEN), liderado por Fabián Moreira e integrado por Juan Manuel Politano, Florencia Parrino y Agustina González.La construcción y puesta en marcha del RA-1 es un hito en sí mismo, pero lo más importante es el sendero que comienza a marcar –subrayan-. Hoy en la CNEA las personas siguen capacitándose y llevando adelante nuevos proyectos con la misma energía, sed de conocimiento y de crecimiento para el ámbito nuclear, siempre asumiendo y superando cada desafío con compromiso, seguridad, profesionalismo, creatividad y con mucha pasión”. Para sintetizar: el RA-10, con sus 30 MW de potencia térmica y su sofisticación de diseño, nos podría permitir abastecer del 20 al 30% del mercado mundial de radioisótopos médicos, particularmente el de molibdeno 99, que hoy vale aproximadamente U$ 6300 millones/año, y que desde hace 20 años no hace sino crecer. Podríamos estar facturando arriba de U$ 1260 millones/año, para empezar. Y eso con un reactor que terminará costando U$ 400 millones a fecha de entrega. Y que debería durar al menos 50 años en operaciones. No es una argentinada: el reactor OPAL de Sydney, Australia, ha llegado a mover el 40% de ese mercado, con sólo 20 MW. Y también es argentino, lo construyó INVAP en 2006 y se lo considera la mejor planta multipropósito del mundo. El reemplazo del reactor PALLAS, en Petten, Holanda, probablemente se vuelva el 2do abastecedor mundial del mercado de radioisótopos. Dicho sea de paso, es otra obra de INVAP en la que el sello de la CNEA está en todos lados, empezando por los combustibles, que ahora ya son de tercera generación. El RA-10, raro destino, tendrá como competidores más acérrimos otros dos reactores argentinos, al parecer. Debería haber estado operativo en 2020, pero en 2016 a la CNEA -vaya a saber por qué- se le volvió a cortar el presupuesto a la mitad del de 2015, y quedó clavado en pesos hasta 2020. Y trascartón de «la malaria», la pandemia… Cambió la suerte y ahora la construcción, fogoneada por nuevo presupuesto, avanza a todo trapo. Y cruzamos los dedos. «Nunca faltan encontrones/cuando un pobre se divierte…», como decía el tango de Pichuco Troilo. A contar reactores exportados: el RPO y el RP10 a Perú, el NUR a Argelia, el Inshas a Egipto, el OPAL a Australia, el reemplazo del PALLAS a Holanda, todavía sin nombre, una unidad docente a Arabia Saudita, y contando. Y 14 Centros de Medicina Nuclear en otras tantas provincias, y contando. Ésa es la herencia del RA-1.  

La ARN argentina invita a participar de una amplia encuesta sobre “Valores, Ciencia, Percepción del Riesgo y Energía Nuclear”

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La Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) hace extensiva la invitación para participar de la encuesta internacional sobre «Valores, Ciencia, Percepción del Riesgo y Energía Nuclear» de la Agencia de Energía Nuclear (NEA, por su sigla en inglés), de la cual la República Argentina es miembro.
La encuesta de la NEA es anónima y se realiza de manera online a través de este enlace: bit.ly/3VXG29q. La NEA extendió el plazo para quienes deseen completarla hasta el 31 de enero de 2023. La encuesta está dirigida al público en general, que puede estar dentro o fuera del sector nuclear, y busca identificar relaciones entre los valores individuales y las opiniones y percepciones sobre la ciencia, el riesgo y la energía nuclear. Acceda a la encuesta internacional de la NEA en idioma inglés.

La saga de la Argentina nuclear – VIII

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó El septimo capítulo de esta saga está aquí. Dame un paraguas (político) y moveré el mundo Mariscotti y Hurtado: no los fabrican más distintos, en términos políticos. Pero coinciden sin titubear, en esto: entre 1950 y 1982 la CNEA fue un modelo a imitar, sin imitadores. Fue también un fruto de su rara estabilidad de cuadros y de proyectos, y esa estabilidad nació no tanto de un error de Perón, como de lo que hizo para corregirlo. En medio del canibalismo político argentino, que desde 1930 no perdonó escuelas, colegios, universidades, empresas tecnológicas del estado o instituciones científicas, desde su nacimiento hasta 1983 la CNEA tuvo siempre un paraguas de militares con posgrados en física que protegían a la craneoteca local de otros militares, y más discretamente, del Departamento de Estado de los EEUU. Como sucedió con el físico Bob Oppenheimer y el general ingeniero Leslie Groves, que unieron cerebros muy diferentes durante el proyecto Manhattan para hacer “la bomba”, en la década siguiente, la de los ’50, también aquí ocurrió una fusión neuronal parecida entre el metalurgista Jorge “Jorjón” Sábato y el contralmirante Pedro Iraolagoitía,  pero para NO hacerla. Y estamos hablando de gente muy distinta. Desde su arribo en campera a la CNEA EN 1953, Sábato –a quien hoy llamaríamos un “científico de materiales” y un gurú- fue tejiendo una estrategia científica, técnológica e industrial que ha logrado sobrevivir hasta hoy, si bien con abolladuras, agujeros de bala, amputaciones, replanteos, un par de resucitamientos y alguna lobotomía. De entrada, Iraolagoitía, un héroe aeronaval, garantizaba la holgura presupuestaria y la protección política de los proyectos. Fuera de ello, no había otro límite impuesto que desarrollar tecnología de impacto científico, tecnológico y económico, dual pero no específicamente bélica. Lo de la campera de Sábato, lo aclaro más tarde. No insultaré la inteligencia del lector afirmando que manejar la fisión atómica puede ser un asunto únicamente pacífico. Líbrenos Manitú de tal bobera. Un solo litro de la nafta que mueve un auto, trasvasada a una botella Molotov, lo transforma en una pira. Esa dualidad intrínseca a casi toda tecnología, potenciada “n” veces en el caso de la fisión del uranio 235, le ganó un enorme respeto interno y externo a la CNEA desde su fundación hasta 1983: eran “científicos autoexplicados”. Walt Disney con su capítulo “Mi amigo el átomo” del programa Disneylandia (viernes a las 20:00, Canal 13) le allanaba el camino hasta los hogares. Mientras tanto, las tapas de los diarios durante la Guerra Fría le aclaraban a taxistas, obstetras, ferroviarios, enfermeras, milicos, abogados, maestras, industriales y “doña Rosas” para qué le servían nuestros expertos nucleares al país, ventaja mediática que no tenían los biólogos puros como Luis Leloir, al menos antes de su premio Nóbel en 1970. Vivíamos –o creíamos vivir- en “La Era Atómica”, un nuevo paradigma de la civilización, y corríamos pegados a la nuca del pelotón de punta mundial, para su incomodidad. Y el país, tan distinto al de hoy, tanto más industrial y educado, estaba orgulloso de ello, aunque no entendiera mucho.

Daniel E. Arias

‘Bruma mental’: ¿qué se sabe del síntoma más común del Covid largo?

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Acasi tres años de la primera identificación del SARS-CoV-2 está claro que es un típico virus “respiratorio”, pero también quedó demostrado que una infección por coronavirus puede dejar secuelas en muchos sistemas y órganos, incluido el cerebro. De hecho, en revisiones recientes de literatura médica se ha observado que el 36% de los pacientes ha informado algún tipo de afección neurológica, desde cefaleas y mareos, a encefalitis, ACV’s o síndrome de Guillain-Barré. Uno de los más comunes son las alteraciones en la cognición a las que, informalmente, se denomina “niebla” o “bruma” mental. Sobre este tema Neomundo entrevistó al doctor Greg Vanichkachorn, director del Programa de Rehabilitación Post-Covid de la prestigiosa Mayo Clinic de Estados Unidos.
Entre las causas de cefaleas se encuentra la presión de los equipos de protección individual o EPI.
Según explicó Vanichkachorn, “la niebla mental es un síntoma muy común entre los afectados por el ‘covid largo’. En nuestra experiencia profesional en dicho grupo casi el 50% de los casos reporta estar afectado de alguna forma por esta bruma”. Otro punto es que, si bien el Covid amenazó sobre todo a personas de la tercera edad, el grupo más afectados por covid prolongado y sus secuelas neurológicas es más joven: “La edad promedio de nuestros pacientes es más joven que los grupos de edad que normalmente asociaríamos con las consecuencias de infecciones graves. La edad promedio que tratamos en la Clínica Mayo por estos temas es de 45 años”. En concreto, hay tres situaciones comunes que los aquejan. La primera es un trastorno del habla, la dificultad para encontrar la palabra “justa”. “Suelen describirlo como una sensación de tener la palabra en la punta de la lengua, pero ser incapaces de decirla. Es frustrante y dificulta la comunicación”. La segunda queja más frecuente es la afectación de la memoria a corto plazo. “Nos refieren que entran a su cuarto a buscar algo y ya no recuerdan qué querían”. Finalmente, la tercera situación es la “imposibilidad de hacer varias cosas al mismo tiempo”. —¿Existe algún tratamiento? Sí, el covid prolongado se puede tratar. Vale recordar que puede haber diversas manifestaciones: dolor de cabeza o muscular, insomnio o inflamación. Esos síntomas se pueden manejar. Tenemos opciones para muchas condiciones, de manera que estos pacientes mejoren. Por otra parte, hay investigaciones en marcha para tratamientos más específicos. Por ejemplo, estamos usando, con cierto éxito, drogas como la naltrexona. Vanichkachorn finalizó recomendando que “los pacientes hagan una rehabilitación adecuada tras tener covid con secuelas. Solemos recomendar terapeutas físicos y ocupacionales, que ayuden a recuperar gradualmente las habilidades perdidas”.

Enrique Garabetyan