


Abel B. Fernandez
Daniel E. Arias

Daniel E. Arias
Primero fueron 35 autos en La Haya, Países Bajos. Después se sumaron 100 unidades en Copenhague, capital de Dinamarca. Y rápidamente se cerraron acuerdos para París, Madrid, Berlin y Londres. Ahora llega el turno a otra de las ciudades más importantes de Alemania, Hamburgo, donde la compañía Best Taxi, recibió 25 autos que comenzarán a circular por las calles emitiendo solamente vapor de agua como único residuo.
Son los Toyota Mirai FuelCell que están propagándose rápidamente por las principales ciudades de Europa, brindando el servicio de Taxi que utiliza hidrógeno para alimentar su motor eléctrico como único combustible, con un rendimiento superior a la electricidad, y sobretodo, con un tiempo de recarga mucho más efectivo.
La tecnología es la alternativa por excelencia a los autos a bateríaSin dudas se trata de la tecnología alternativa por excelencia a la de los autos a batería, que utiliza el mismo tipo de motor eléctrico, pero prescinde de tener que conectarse a la red para cargar su batería. El sistema de Pila de combustible de hidrógeno, que muchos todavía combaten porque es más costoso que el de la electricidad, sigue siendo una de las más fuertes apuestas de Toyota en su concepto de movilidad sustentable.
El Mirai nació en Japón en 2014, y rápidamente se extendió a Estados Unidos y Europa en los siguientes años. Requería una infraestructura de carga de hidrógeno que fuera capaz de inyectar el gas comprimido a 700 atmósferas, ya que al ser muy poco denso, ese es el único modo de envasar la cantidad de metros cúbicos necesarios para brindar la autonomía de 650 kilómetros de la que es capaz. Esa fue la única gran demora por la cual demandó casi cinco años en comenzar a incorporarse a flotas de autos de alquiler con chofer al nivel que lo está haciendo desde 2019.

Actualmente, la cantidad de “hidrogeneras” es suficiente para que varias compañías de taxis los incorporen, y si bien el automóvil es más caro de uno similar con tecnología eléctrica, la diferencia no es tan grande, ya que la versión de acceso tiene un precio de unos 65.000 euros. La gran ventaja de los Mirai radica en una autonomía mayor a la de los autos a batería, y al tiempo de carga, que es mucho menor con solamente 5 minutos conectado al pico de hidrógeno para completar sus tres tanques, contra los casi 30 que demanda un auto eléctrico.
Tecnológicamente, debajo del capó de un Mirai, una celda de combustible convierte el hidrógeno en energía eléctrica a través de un proceso químico llamado electrólisis inversa. En esa transformación, el vapor de agua se elimina y el hidrógeno se convierte en electricidad para alimentar el motor eléctrico de 130 kW/182 CV de potencia. La sensación al conducirlo es exactamente la misma que la de un auto eléctrico, porque la propulsión es igual a aquel.
Así como los autos eléctricos se denominan EV (Electric Vehicle) o BEV (Battery Electric Vehicle), los híbridos enchufables son PHEV (Plug-in Hybrid), y los híbridos convencionales se denominan HEV (Hybrid Electric Vehicle), estos vehículos propulsados gracias a hidrógeno se llaman FCEV (Fuel Cell Electric Vehicle).

Si bien Toyota es la marca que más fuertemente ha apostado por esta tecnología, otras marcas como BMW, Hyundai y Honda también lo están haciendo. Los alemanes lo han aplicado al SUV iX5 Hydrogen, los coreanos al SUV compacto Nexo y los japoneses en la berlina Clarity Fuel Cell.
Este lunes, BMW anunció en Münich, el comienzo de la segunda fase de desarrollo de su proyecto luego de cuatro años con el iX5 Hydrogen, ya que una flota de casi 100 unidades se empleará a nivel internacional con fines de demostración y prueba para varios grupos objetivo.
Oliver Zipse, presidente del Consejo de Administración de BMW AG, dijo en el lanzamiento de esta etapa que “el hidrógeno es la pieza que falta en el rompecabezas cuando se trata de movilidad libre de emisiones. Una tecnología por sí sola (en referencia a la electricidad) no será suficiente para permitir una movilidad climáticamente neutral en todo el mundo”.
Muchas otras ciudades europeas adoptaron la propulsión a través de hidrógeno, como París, donde ya se ven en la calle los Toyota Mirai transportando pasajerosAsí como se usan en taxis, los sistemas de propulsión Fuell Cell son óptimos para vehículos que requieren estar circulando constantemente con paradas muy breves para repostar. Por esa razón otras compañías como Renault Master H2 Tech, Peugeot con su versión e-Expert Hydrogen y Citroën con el e-Jumpy Hydrogen los están comenzando a comercializar en sus furgones de carga mediana para transporte urbano y suburbano, mientras que Hyundai continúa desarrollando sus camiones de larga distancia con su flota Xcient Fuel Cell que circulan desde hace más de un año en Suiza.
«Hay una falla de frecuencia que expulsa a una parte de la generación. Este centro de generación que es Atucha «salió», como se dice en esta jerga del sistema. Como salió Atucha también salió, por ejemplo, la Central Puertos» indicaron desde la empresaLa empresa agregó que junto «a Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico S.A. (CAmmesa) puso en marcha su Plan de Contingencias e inició sus trabajos para restablecer el suministro de acuerdo a los procedimientos establecidos».


En la ciudad de Buenos Aires, el ferrocarril Roca, que conecta la cabecera de plaza Constitución con distintos partidos del sur del conurbano bonaerense, interrumpió su servicio cerca de las 17 debido al corte de suministro eléctrico, mientras que le ferrocarril Roca presenta demoras y cancelaciones«Hay una falla de frecuencia que expulsa a una parte de la generación. Este centro de generación que es Atucha salió como se dice en esta jerga del sistema. Cómo salió Atucha también salió, por ejemplo, la Central Puertos», agregaron las fuentes. Desde la empresa Nucleoeléctrica Argentina, a cargo de la operación de las tres centrales nucleares en el país, Atucha I, Atucha II y Embalse, indicaron a esta agencia que «se estaban generado 25.000 Mw y se cayeron 10.000 Mw, es un problema de la red» y señalaron que «no se sabe el posible origen».

Telemanipulación de radiosótipos obtenidos en el RA-3, hasta ahora la única fuente de radiofármacos de diagnóstico y tratamiento del Mercosur. Los yanquis quisieron construirlo para nosotros, y les apostamos buena plata a que lo haríamos sin ellos. Terminaron pagándonos como duques. Los viejos tiempos casi caballerosos…
Aquella bomba atómica de Indira Gandhi en 1974 cambió, para mal, nuestras perspectivas e historia como país nuclear. Nos volvió lo que somos hoy: mucho menos que lo que parecía seríamos.
Por empezar, Smiling Buddha cambió la política externa del mandón regional, la Gran Democracia del Norte. Antes del 18 de mayo de 1974, los EEUU eran tolerantes con algunos desarrollos duales de estados periféricos donde ellos tuvieran influencia, siempre que no estuvieran alineados con la URSS o con China. Ante su mirada, éramos casi soportables. Un dogo grandote puede permitirse algunas pulgas. Si son SUS pulgas.
Lo que siguió a Smiling Buddha continúa desde entonces. La doctrina oficial del State Department para países periféricos con programas nucleares independientes es un infierno de coerción, chantaje, mentiras y eventual violencia armada, sea por intervención interna a través de cipayos/zapallos a la orden, o con los Marines cuando tales cipayos/zapallos fallan.
En 2003, parte de la OTAN lanzó una ocupación ilegal de Irak bajo la acusación de que ese país tenía un programa de armas nucleares, manifiestamente falsa según el entonces director del OIEA, Mohammed ElBaradei, y de su cuerpo técnico internacional de inspectores. La única consecuencia de ese acto de integridad científica y coraje político fue que a Baradei le dieron el olivo y nombraron a Yuyika Amano, japonés y mandadero, pero respetemos al finado. Hasta que no se muestre lo contrario, los EEUU mandan en el OIEA, es oficial.
A partir de 1974, tendría costos enormes todo error que cometiéramos los dos únicos países sudacas verdaderamente nucleares: Brasil y Argentina. No lo cuento a México por motivos ya explicados: los primos nunca intentaron un desarrollo atómico verdaderamente propio. De hecho, el país que cometió más equivocaciones (Brasil) terminó trabajando décadas al puro ñudo para desembocar en su actual enanismo nuclear. Ojo, dicho desde la más pura igualdad, los argentinos, por un camino mucho más arduo, llegamos a un sitio parecido. Pero quién nos quita lo sudado…
Si algo diferencia los errores brasileños de los nuestros es la escala: los de los vecinos son desmesurados. Empezaron apostando millones a un “desarrollismo facilongo”, confiados en que el desarrollo tecnológico atómico no difería tanto del metalúrgico o metalmecánico: si negociabas a lo grande con los grandes proveedores externos, el avance era inevitable gracias a las transferencias de tecnología, y ésas se conseguían a pura chequera. Garpando como un duque, pasabas de país de fazendas, coroneles del cacao y brancas praias a país de industria pesada y/o de alta complejidad.
Nosotros operábamos un poco en las antípodas sabatianas de ese pensamiento brasuca de fazendeiros y coroneles demasiado ricos: toda vez que hemos necesitado contar con nueva tecnología estratégica, como la de la metalurgia del zirconio, o la del agua pesada, o la del enriquecimiento de uranio, primero probamos tratar de comprarla, sin mayores esperanzas.
A la cuarta o quinta negativa, ya estábamos desarrollándola nosotros, porque para algo tenemos educación pública desde 1884, y desde la Reforma de 1918, unas universidades que producen unos físicos, químicos e ingenieros de la gran siete, y desde 1949, gratuidad de las universidades nacionales, y desde 1955, el Instituto Balseiro, esa universidad nuclear de la CNEA y la Universidad de Cuyo.
Años más tarde, cuando anunciábamos «urbi et orbi» que hacíamos esponja de circonio, o agua pesada, o uranio ligeramente enriquecido, se formaba cola de proveedores en la puerta que nos prometían lo mismo que ya teníamos, pero más barato. «Story of our life», como dicen en Hollywood. Lo dicho, lo nuestro es el camino áspero.
Los vecinos brasucas tardaron un par de décadas en darse cuenta que la Westinghouse, la General Electric y la Siemens KWU o la división nuclear de Electricité de France no operan del mismo modo que la General Motors o la Volkswagen: las empresas atómicas occidentales son estatales o están controladas por sus estados. No les iban a vender la autonomía tecnológica en lo atómico. Ésa sólo se cocina en casa. Y la receta no sale de la cocina.
Cuando entendió el juego, el Brasil se bandeó en la dirección opuesta: el camino más rápido posible hacia la bomba, que en todo el mundo suele ser el modo milico de pensar lo atómico. El dictador Ernesto Geisel diseñó el famoso Programa Nuclear Paralelo, con plena aprobación de la burguesía local, por esa fuerza histórica que les da a los brasileños haber sido antes imperio que república.
Pero los militares brasileños se tirotearon las patas: hicieron todo tan a espaldas del respetado público, tan a lo bruto, y con un dinámica tan marcial de “vamos a la bomba y después vemos”, que al presidente estadounidense Jimmy Carter, ex reactorista nuclear de la US Navy, no le costó demasiada extorsión estrangularlos.
El Brasil de la agroindustria, la carne y el cuero ya dependía mucho del libre ingreso al mercado estadounidense, y lo mismo el Brasil del acero. La capitulación brasileña quedó marcada por una cena de estado con las esposas de ambos mandamases, en Planalto. No sé cómo cocinan en Planalto, y tampoco si Geisel llegó a digerir la lista de “no esto, no lo otro, tampoco esto otro” que debió firmar antes.
Después de lo de la India, los yanquis no iban a tolerar desarrollos nucleares independientes “in their own backyard”, que venimos a ser los sudacas.
Para dejarlo bien claro, en 1978 Carter dio por muertos una serie de acuerdos que venían de la década del ’50 para la provisión de Argentina de uranio enriquecido al 90%. Es el tipo de combustible que usaban antes de 1974 la mayor parte de los reactores de investigación del mundo. Sí, el lector tiene razón, eso es “grado bomba”. Nunca era suficiente la cantidad vendida como para hacer armas, las inspecciones sorpresa del OIEA eran constantes y no había renovación de entregas si uno no devolvía a la USAEC el núcleo ya gastado, sin que faltara un miligramo.
Por supuesto, Carter adujo que estaba penalizando a nuestros militares por su política de represión salvaje: quizás estaban aplicando demasiado bien las artes de infiltración, tortura y secuestro que habían aprendido de los militares yanquis en “La Escuela de las Américas”, en Panamá. Carter, por su parte, puede haber sido un individuo compasivo, no lo afirmo ni lo niego, pero creo que en esas alturas del poder mundial los caciques son caciques, no personas, que sus políticas son bastante impersonales, y sin importar quién viva en la Casa Blanca, las fija una burocracia muy profesional y estable, la del vecino State Department.
También es posible que Carter, ingeniero atómico, haya sentido como una intromisión en “su propio backyard” (el de la General Electric, la Westinghouse y la Babcock & Wilcox) nuestra venta de ¡dos reactores dos! a Perú. No nos alcanzaba con uno. ¡Danger!
En 1974, ante “Smiling Buddha”, el primer bombazo indio, todo esto la dirección de la CNEA lo vio venir con resignada claridad. “Qué hijos de Buda”, fue el comentario. Sabían que se les venía la noche. Podían soportarla. Lo que no creo que supieran es que sería tan oscura y larga.
Rescato casi con ternura una anécdota de tiempos pre-Indira, una postal alegre de cuando la CNEA entraba en etapa industrial y se hacía grande en cuadros e instalaciones, y eso era celebrado hasta por diarios tan conservadores y proyanquis como “La Prensa”. Y es más, hasta los EEUU toleraban deportivamente nuestros desacatos porque, con nosotros, no había mejores opciones.
Lo que sigue parece “política-ficción”, pero es real y se publicó dos veces, la última en el número 27-28 de la revista de la CNEA de 2007. Es un artículo sobre el viejo RA-3 de Ezeiza, que desde 1973 produce todos los radioisótopos de medicina nuclear usados en Argentina y el sur de Brasil. Es un recuadro, con el siguiente título: “Los U$ 350.000”
“A comienzos de la década del ‘60, como muchos otros países que se embarcaron en el desarrollo nuclear, Argentina recibió el ofrecimiento de un subsidio de U$S 350.000 del gobierno estadounidense para la construcción de un reactor de investigación de 5 MW, a ser provisto por General Dynamics.
“La CNEA respondió que, en lugar de comprar el reactor, lo iba a diseñar y construir, ante lo cual la contraparte estadounidense, uniendo escepticismo a un dejo de apuesta, resolvió que si la CNEA tenía éxito en su empresa, recibiría el subsidio.
“El acto de inauguración del reactor RA-3 fue presidido por el Presidente de la Nación, Gral. J. C. Onganía, el Cardenal Primado A. Caggiano, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Gral. F. Imaz, ministros, embajadores, los presidentes de las Comisiones de Energía Atómica de Brasil, Israel y Chile y el representante de EEUU, L. Saccio.
“Luego de las alocuciones de Onganía y Quihillalt, Mr. Saccio hizo entrega del subsidio de 350.000 dólares ´para la operación del reactor RA-3´…La apuesta había sido ganada.”.
El RA-3, la primera obra grande completa dirigida por el ya nombrado Jorge Cosentino, todavía es la única fuente local de radioisótopos de diagnóstico y tratamiento de enfermedades severas (oncológicas, cardiológicas, metabólicas, autoinmunes) de la Argentina y el sur de Brasil. El más valioso de todos esos nucleídos, el tecnecio 99 (llamado también molibdeno 99m, por su precursor radiológico), está en desabastecimiento en todo el Hemisferio Norte.
Esta situación durará toda esta década según previsiones de la OCDE, y eso es una tragedia médica convenientemente omitida por los medios europeos y yanquis, y que está costando decenas de miles de vidas. Sorprendentemente, a los europeos la salud pública está empezando a no importarles absolutamente un velín. Entre los autodenominados americanos eso es fundacional. (Lectores, esto fue escrito en 2010).
Addendae de 2023: el RA-3, que ya fue repotenciado tres veces porque la demanda de medicina nuclear crece en flecha, ya está bastante achacoso y al límite de su vida útil. Ojalá don Cosentino, a quien también le debemos la mitad de la central nuclear de Embalse, pudiera ver lo que viene aguantando este titán.
Lo vamos a reemplazar por el RA-10, tres veces más potente y nuevecito. Ese reactor nos puede dar el control de entre el 20 y el 30% del mercado mundial de molibdeno 99m, que a fecha de 2021 valía U$ 2600 millones, y en 2030 se estima en U$ 6000 millones. En suma, que de haberse terminado a tiempo el RA-10 nos habría hecho ganar entre U$ 520 y U$ 780 millones en 2021. Alguien nos hizo perder esa plata.
Si no pintan nuevos competidores con mejores reactores, o tecnologías disruptivas y más baratas para producir molibdeno 99m, o nuevos presidentes cipayos/zapallos, en 2030 el RA-10 nos podría estar dando de U$ 1200 a U$ 1800. No está mal para una planta que habrá costado a lo sumo U$ 400, y durará al menos medio siglo en operaciones. Y eso vendiendo un único producto. Un reactor como el RA-10 puede producir decenas de otros.
Al haberse hecho un nombre INVAP en el minúsculo mercado de reactores de irradiación o mulipropósito, abrochó dos ventas más: la de un reactor mucho más potente aún que el RA-10 en Holanda, el de Petten. Es una venta que a INVAP le costó décadas, ya que ganó la licitación contra otros dos semifinalistas (Rusia y Corea) en 2008, Holanda anuló la compra por la crisis financiera de aquel año, se reconcursó y en 2018 le volvimos a ganar a los mismos semifinalistas.
Estamos hablando de unos U$ 600 millones, pero es difícil ponerle costo final a esa planta porque los holandeses viven haciéndole cambios y retoques a la ingeniería básica. Ese mismo año, 2018, Arabia Saudita nos dió el «sí» para un reactor más chico, una unidad para formación de personal de ésas que INVAP hace de taquito.
Una empresa de Puerto Rico, la sorprendente Coqui Pharma, ha decidido dotarse de un par de reactorcitos modernos ante lo intolerable que resulta para su directorio que un habitante del país más rico de la tierra no pueda hacerse un estudio de imagen 100% fiable de su perfusión coronaria, o cerebral. Es un raro directorio el de Coqui: ni un hombre.
Lo dicho antes, ésta es información vieja. Misteriosamente, con todo ya firmado y sellado entre Coqui e INVAP, esa venta se cayó. Los detalles de la zancadilla tal vez los tenga Carmen Bigles, la dueña y CEO de Coqui, pero no creo que pueda contarme nada. El otro que quizás me habría batido la justa era Héctor «Cacho» Othegui, amigo y CEO de INVAP, pero Cacho sabía coserse la boca con alambre, cuando hacía falta. Nunca me narró «la cocina» de esto y se murió hace dos años. Y lo que lo extraño….
Nada misteriosamente, el gobierno de Mauricio Macri le cortó a la CNEA el presupuesto de 2015 a la mitad, y lo dejó ahí, clavado y en pesos, hasta 2019. Por lo cual todos los proyectos críticos se quedaron sin plata, y el RA-10 todavía a fecha de hoy sigue inconcluso, a un lucro cesante para la Argentina que es creciente, y no creo que el citado expresidente quiera compensar de su bolsillo. La obra sigue tenazmente dirigida por Herman Blaumann, quien se niega a jubilarse antes de concluirla. Ya hablé de los personajes nucleares, de su vehemencia y su constancia.
Puerto Rico, aunque en condición de exclave pobre, es parte de los EEUU. Pero como en todo ese país, «from sea to shining sea», hace décadas que nadie construye reactores de irradiación a precio razonable y la salud pública jamás existió, las mujeres que dirigen Coqui Pharma buscaron al mejor proveedor mundial: se llama INVAP y es de Bariloche, Río Negro, Argentina.
Tomá mate.
Reitero: este texto es viejo. Aquella venta de tecnología nuclear argentina a los EEUU era como venderle hielo a los esquimales. Probablemente habría tenido un valor simbólico intolerable no para Puerto Rico, sino para los EEUU. La operación se cayó no sin alguna zancadilla diplomática de la que nos enteraremos dentro de mucho tiempo, o quizás nunca.
Añado que EEUU, que necesita diagnósticos por imagen nuclear de alta calidad, al menos para su gente rica, estuvo toda esta última década recibiendo molibdeno 99m producido por un reactor muy en las antípodas: el OPAL de Sydney, Australia. Planta diseñada y construida por INVAP entre 2000 y 2006. Considerada todavía hoy la mejor del mundo, por disponibilidad y equipamiento.
Sí, tomá mate, tío.
Compatriotas, ya saldremos de la noche.


Gran parte del centro y el Litoral del país registraron ayer un pico de temperaturas con máximas de entre 33 y 38 grados, que se mantendrán “muy elevadas” durante toda la semana y podrían dar lugar a la novena ola de calor del verano, mientras que diez provincias y la ciudad de Buenos Aires están bajo alerta amarilla por calor extremo que “puede ser peligroso” para la salud, informó el Servicio Meteorológico Nacional (SMN).
Desde el lunes, la franja central del país y la región del Litoral experimentan un ascenso de temperatura por el ingreso de una masa de aire cálido desde el norte.
Por esto, a partir de ayer comienza “un nuevo período con temperaturas muy elevadas que afectará, principalmente, al centro del país y al Litoral”, informó el SMN en su cuenta de Twitter.
🌡️⚠️SAT POR #TEMPERATURAS EXTREMAS: #CALOR
— SMN Argentina (@SMN_Argentina) February 28, 2023
🟨Efecto leve a moderado en la salud
-Santa Fe, Entre Ríos, sectores de Córdoba, Corrientes, Sgo del Estero, Buenos Aires, La Pampa, San Luis, Mendoza y Neuquén.
RECOMENDACIONES
➡️t.co/BHn7ihtFdc t.co/d53G7kLchJ
Daniel E. Arias
Hace más de siete décadas que un huemul no nacía en cautiverio en ArgentinaEn 1936 se llevó un grupo de estos cérvidos al Jardín Zoológico de la ciudad de Buenos Aires y tuvieron crías, y en la década de 1930 se estableció una Estación Zoológica dentro Parques Nacionales, en Neuquén, donde hubo nacimientos de huemules, pero el proyecto se abandonó en 1945. “La cría que nació en nuestra estación se nombró Shehuen, que en idioma Tehuelche significa ‘fuente de luz’, en alusión a la esperanza de que su nacimiento contribuya a la recuperación de la especie”, afirma Flueck. La finalidad de la Estación de rehabilitación y recría, explica Flueck, es generar grupos de huemules para reintroducirlos en ambientes de alta calidad nutricional que históricamente fueron ocupados por el huemul. “Eso permitirá que aumenten su población y se expandan a zonas vecinas. Será ideal que en el futuro se puedan reconectar subpoblaciones que hoy en día están separadas y aisladas, y puedan reproducirse. Una recuperación de este tipo conlleva la necesidad de convivencia con los humanos, particularmente porque el huemul tiene poco o nada de miedo de las personas, lo que ha causado su exterminación local por sobrecacería”, explica el investigador del CONICET. En Argentina solo quedan entre trescientos y quinientos huemules, fragmentados en unos sesenta grupos a lo largo de 1800 km de los Andes, con uno de los grupos poblacionales más destacados en el Parque Protegido Shoonem, en la cuenca hídrica del Río Senguer, donde se desarrollan tareas de investigación con el apoyo de la Dirección de Flora y Fauna de la Provincia del Chubut. Recluidos ahora, en las zonas altas de las montañas andinas como resultado de la sobrecacería, en el pasado circulaban por zonas abiertas (praderas) y hasta se han encontrado evidencias de su presencia en la costa atlántica. A partir de una donación de la Fundación Erlenmeyer, de Suiza, Flueck y sus colegas de la Fundación Shoonem lograron terminar la construcción de la estación de recría y rehabilitación a mediados de 2022 y se encuentran en la búsqueda de fondos adicionales para cumplir con toda la logística que el proyecto requiere. Con la coparticipación de la Fundación Temaiken se lograron hacer capturas en agosto de 2022 para trasladar los primeros huemules – en total cinco – a la Estación Shoonem y arrancar con el proyecto. Como investigador del CONICET, Flueck ha liderado y participado en casi 70 artículos científicos, y escrito capítulos y libros sobre diferentes aspectos de la vida de los huemules: salud, anatomía, comportamiento, nutrición, ecología, su distribución actual e histórica, recría y conservación. “Entre otras cosas, nuestros estudios comprobaron que al estar recluidos los huemules en zonas altas de los Andes se alimentan de forraje demasiado pobre en determinados minerales. Por esta razón desarrollan osteopatologías y pierden los dientes sin los cuales no pueden alimentarse bien”, explica el científico. En realidad, afirma Flueck, la “Estación de Rehabilitación y Recría Shoonem” se basa en un sistema de semicautiverio, es decir, que ahí los huemules habitan un área cuya extensión y vegetación permite que puedan desplazarse a considerables distancias y acceder a cantidades apropiadas de agua y comida. “Si es necesario, se puede proveer alimentación suplementaria. Cada día se monitorean las señales de sus radio-collares, y a veces nos acercamos para evaluar su salud y comportamiento”, explica el investigador.
El nacimiento de “Shehuen”
Shehuen nació el 5 de noviembre. A medida que crecía, la cría empezó a caminar, correr y saltar. “Es una cría de buen desarrollo, su peso al nacer debe haber sido entre cinco y seis kilogramos (kg)”, afirma Flueck. Y agrega: “A más de tres meses de edad sigue siendo amamantada, lo que indica que su madre goza de buena salud, pero ahora pasa la mayor parte del tiempo alimentándose, ramoneando o bien pastando”.
Los huemules adultos suelen pesar entre 70 y 90 kg y alcanzar un metro de altura. “Como herbívoro nativo principal de ciertos ambientes, el huemul tiene un rol importante en estos ecosistemas y esa es otra razón para prevenir su extinción”, subraya el investigador del CONICET.
Asimismo, Flueck puntualiza que los objetivos de la estación son la rehabilitación de huemules en mal estado de salud; fomentar la recría para crear planteles de huemules que permitan su futura introducción a sitios donde ya está extinguido; y facilitar el estudio científico de temas que no han sido del todo analizados.
“Será esencial que ciertas zonas pobladas históricamente por el huemul tengan un nivel de protección adecuada para permitir la recuperación de huemules y educar a la población para el cuidado de esa especie”, afirma Flueck. Y continúa: “Pueden ser parques nacionales y también campos privados que reciban incentivos para apoyar a una futura convivencia con los huemules. Las zonas más fértiles, como los valles o pampas, generalmente son poblados o usados por poblaciones humanas. Poder habitar en esas regiones permitirá a los huemules vivir de manera más saludable y por más tiempo, lo que se traduciría en un aumento de las tasas de su reproducción y crecimiento poblacional”. Por Bruno Geller
Quienes se reciben son muy demandados ya que pueden manejar tecnologías avanzadas, intermedias o elementales de astilleros, empresas del sector y también de forma independiente con su propio astillero o arreglando embarcaciones.
Puestos en diseño y producción naval, ejecución y mantenimiento de obras, infraestructura edilicia, y trabajos para obtener productos, sistemas y servicios en lo naval y en general, dada la relación con la mayoría de las otras áreas industriales, son algunas de las salidas laborales.
ABF

Hasta 1994 la CNEA todavía era el decisor principal de la continuidad del Programa Nuclear, y la discusión más caliente entre sus integrantes era qué tipo de centrales debían ser las predominantes. Todavía a inicios de los ’80 la CNEA podía imaginarse con llegar al año 2000 con al menos 4 máquinas en línea, y dos más en construcción.
La decisión fundacional de los años ’60 (uranio natural + agua pesada) nunca estuvo muy en cuestión. Fuera del CAREM, un proyecto propio pero entonces sin presupuesto, no había propuestas nucleoeléctricas argentinas de uranio enriquecido.
Por ello, las internas SERIAS de la CNEA entre 1968 y 1994 se dirimían entre los partidarios de las centrales de diseño de KWU-SIEMENS, como las Atuchas I y II, con recipiente de presión, y los defensores del diseño CANDU de la AECL, con tubos de presión. Es el caso de la actual central cordobesa de Embalse. De uranio enriquecido no hablaba nadie.
Esa polémica dentro del limitado club del uranio natural no dependía únicamente de las ventajas y desventajas de cada una de las dos líneas tecnológicas posibles. Es más, tampoco dependía únicamente de decisiones de la CNEA, y de cuál facción estuviera más representada en su presidencia o apalancada en su directorio.
La decisión de si seguir con Atuchas o con CANDUs estaba también influenciada por lo que ofrecieran o negaran como condiciones de venta sus proveedores respectivos, las empresas SIEMENS y AECL.
Pero dado el carácter geopolítico que tienen las centrales nucleares, y máxime en Sudamérica donde casi no las hay, los decisores últimos eran estados-nación: Alemania Occidental y Canadá respectivamente, además de la Argentina, y de la fortaleza mayor o menor de cada uno de los tres frente a las presiones diplomáticas de los EEUU, opositor fundacional a la independencia -e incluso a la existencia- del Programa Nuclear Argentino.
El Poder Ejecutivo en Argentina, fuera civil o militar, hasta 1983, no era ajeno a tales cinchadas. Lo notable es que la decisión del Presidente de la Nación respetaba siempre la del presidente de la CNEA, aun desoyendo a su gabinete. Y cuando se trataba de decidir “ésta sí, ésta no”, el presidente de la CNEA se remitía al dictamen de un comité experto reunido “ad hoc”.
El nuclear es un tema estratégico y sin margen para improvisación. Se entendía que un grupo de expertos con 30 o 40 años de especialización en energía atómica podía tener mejores ideas en lo suyo que un general, o que un político argentino promedio con título de abogado, de médico, o con una carrera hecha en comité, unidad básica o jalonada por nombramientos aleatorios dentro de la función pública. En nuestro país, los administradores del estado siguen siendo abrumadoramente no profesionales en lo suyo.
Que la CNEA dependiera directamente del Poder Ejecutivo, y que el presidente de la nación se atuviera indirectamente a la opinión de los altos cuadros nucleares hoy parece sorprendente. Lo efectivamente sorprendente es que hoy ocurra lo contrario.
Esto a lo largo del siglo XX generó tironeos épicos y vaivenes a la hora de elegir, pero ninguna decisión cuestionable que hubiera que lamentar en materia de seguridad, aunque sí un poco en disponibilidad. Eso se ha visto y se ve en el caso de las Atuchas, ya que ambas a su modo son prototipos, y los prototipos dan trabajo hasta que se terminan de cepillar todos sus errores de diseño o construcción.
Contra lo que se cree por ahí, Atucha II -que está en su período de dolores de dentición- no es una simple versión a máxima escala de Atucha I. Tienen diferencias de diseño hasta en los elementos combustibles: efectivamente, no son intercambiables. Sin embargo, ambas plantas reconocen un ancestro común experimental, el reactor MFZR de Karlsruhe, el prototipo de ambos prototipos. Tenía 47 MWe y una tasa de disponibilidad bajísima (algo superior al 50%) mientras duró.
Atucha I empezó con una disponibilidad del 71%, se rompió en su cumpleaños número 13, se reparó “ad integrum” y a fuerza de cepillarla y pistearla, hoy anda en el 89%. Atucha II sigue en su etapa juvenil de sacarle canas verdes a su dueño, NA-SA (Nucleoeléctrica Argentina SA), pero ya entrará en caja y durará 60 años o más en servicio. En su primera vida útil, Embalse andaba siempre arriba del 91%, y en 1998 llegó al 98,8% de disponibilidad, un récord mundial.
No es interesante, por obvio, que en la CNEA haya sido siempre más popular el diseño CANDÚ-6, cuya mayor ventaja es que viene curada de ñañas infantiles. Sí es interesante que en los hechos terminara siendo el menos comprado. Los ingenieros nucleares Eduardo Díaz, Miguel Báez y Miguel Ángel Joseph, tres veteranos de la construcción de Embalse, coinciden más o menos en la siguiente explicación de esa popularidad del CANDU:
En primer lugar, al no tener recipiente de presión, pieza forjada totalmente fuera del alcance de la industria metalúrgica nacional por su tamaño, la participación fabril argentina en una central CANDU puede llegar al 100%. En Embalse y por contrato iba a ser del 50%, y en los hechos fue de casi el 60% porque hubo que fabricar en el país y en pesos algunos componentes que se pensaba importar en dólares.
Eliminado el recipiente de presión, los componentes más caros son los generadores de vapor y la calandria. Se pudieron nacionalizar sin problemas durante el reciente programa de extensión de vida, o retubamiento, de Embalse, terminado en 2018. Nacionalizando componentes críticos, toda la central se vuelve MUCHO más barata por pagadera en pesos. Y estamos siempre hablando de un 50% menos de inversión inicial.
El diseño alemán es irrepetible e inalcanzable. Irrepetible porque SIEMENS-KWU se escaqueó del negocio nuclear en 1990, e inalcanzable por su virtuosismo. Pero en más de un caso parece totalmente innecesario alcanzarlo: las “islas nucleares” de ambas Atuchas están encerradas en estructuras de contención esféricas hechas de acero, rodeadas por un cilindro de hormigón de gran altura. Fuera de Alemania, Argentina y en el caso de una central en España, no hay nadie que haya siquiera diseñado una contención más perfecta ante aumentos explosivos de presión interna del edificio.
Three Mile Island 2, central de 802 MWe en Harrisburg, Pennsylvania, EEUU, fundió parcialmente su núcleo en 1979 y su contención soportó bien el evento: dio pruebas de resistencia mecánica y estanqueidad. Esa estructura tiene una forma de tambor rematado en una cúpula, y es mucho más barata que una esfera en términos de ingeniería y arquitectura. El cilindro rematado en cúpula es la forma típica de las contenciones de casi todas las centrales tipo PWR y PHWR del planeta.
¿Por qué los alemanes optaron por contenciones esféricas, tan sofisticadas y caras? Es que se las diseñó no sólo para resistir amenazas internas, sino externas. Si uno vivió en la República Federal Alemana entre los ’60 y el ’92 lo entiende enseguida: el país había sido destinado por la OTAN a volverse el más probable campo de batalla de tanques entre la URSS y el resto de la alianza atlántica. El tránsito de aviones y helicópteros de combate estadounidenses por el cielo alemán era constante. Las centrales debían construirse para aguantar el impacto de una aeronave, dice Díaz.
Otro asunto que le dio popularidad preferencial al CANDU: los canadienses y sus socios italianos favoritos para montajes (Italimpianti-Ansaldo) tenían fama de ser mucho más abiertos a la hora de transmitir “know how” de detalle que otros proveedores, creencia que aquí persiste pese a que las cosas en Embalse fueron MUY distintas. Como ya se dijo, elegimos a la chica más linda, pero en el peor momento de su vida: en 1974 AECL quedó bajo ataque del State Department de los EEUU. Debía ser robusta, además de linda. la chica en cuestión: la empresa recién sucumbió en 2011.
La AECL, la empresa generadora y dueña del diseño CANDÚ, no tuvo nunca, ni siquiera en sus años de gloria (los ’70) la cantidad de “managers” necesaria para atender sus exportaciones. De modo que en más de un caso los canadienses no tuvieron más remedio que confiar en los RRHH del comprador para las cuestiones de montaje, y el suministro de algunos componentes. El comprador, voluntaria o involuntariamente debió hacer un aprendizaje industrial en obra, y tal fue, y hasta el hartazgo, el caso de la CNEA con Embalse. No todo comprador valora esto: Argentina sí. Mucho.
El diseño CANDÚ prometía poder crecer y superar, pero por muy poco, su techo de potencia de los años ’70, que parecía clavado en los 600 MWe. Y efectivamente, todas las CANDÚ vendidas a Corea y China llegan arañando a los 700 MW. Ojo, CANDÚ Energy tiene un diseño (el Advanced CANDU Reactor, ACR) teóricamente capaz de llegar a los 1000 MWe.
Pero hoy eso no es un dato. CANDU Energy es una empresa residual, lo que quedó de AECL en 2011, tras su quiebra y compra -a precio vil- por Lavalin. Por ahora no hay indicios de que CANDU Energy pueda volver a tener la manija y la plata necesarias para construir un prototipo de su ACR-1000. China licenció el diseño de esa máquina en 2016, aunque no parece apurada en comprarse uno. Probablemente lo haga sólo cuando los canadienses estén muy desesperados y malvendan la tecnología.
Por el contrario, nunca hubo modo técnicamente viable de hacer una Atucha de uranio natural con esa potencia, 700 MWe, y mucho menos 1000 MWe. En ENACE, la empresa mixta de Siemens y la CNEA, se llegó a diseñar una central con dos recipientes de presión encerrados en una misma contención, llamada en solfa “el huevo con dos yemas”, pero habría sido difícil de construir, y ni hablemos de vender… Cosas que sucedían en un mundo nuclear dominado por el artículo de fe según el cual “bigger is cheaper”, y que no encuentra mucho correlato con la realidad actual, en el que lo que cuenta es mitigar como sea la alta inversión inicial.
En los ’60 y ’70, Alemania no podía ser proveedor de agua pesada de las Atuchas que nos vendió, porque tenía prohibida su fabricación por los EEUU, país con prerrogativas de vencedor militar y ocupante hasta bien después del derrumbe de la URSS. Los de KWU (y con ella el gobierno alemán) se comprometieron a conseguir como fuera el agua pesada para Atucha I, y cumplieron.
Por el contrario, los canadienses, que habían comprado en EEUU la tecnología para fabricar agua pesada, tenían una gran capacidad instalada de producción en su propio territorio, porque además de 18 CANDU propias, tenían que abastecer a las que vendieron en 7 países. Ergo, no era imposible que si les comprábamos una CANDU, por un poco más de plata nos transfirieran también el “know-how” del agua pesada. ¿Qué tal?
Ilusiones nuestras. EEUU no lo permitía. «Tecnología proliferadora, y máxime en manos argentinas», chirriaron. Con lo del agua pesada tuvimos, como en casi todo, que reinventar la rueda aquí, y en cuanto lo hicimos sonó el timbre y teníamos cola de vendedores de ruedas en la puerta.
Otra cosa que embellecía demasiado la imagen de los CANDU es que nunca nos habríamos imaginado que terminaríamos construyendo una de esas centrales tan macanudas en un contexto enteramente no colaborativo. Problemas de construcción y montaje con KWU-SIEMENS jamás los hubo. Lo que los alemanes prometían, lo cumplían. Estábamos mal acostumbrados.
Mucha gente supuso que tampoco habría bardo con AECL-ANSALDO, y supuso mal, según la gran cantidad de interferencias entre cañerías de distinto tipo que traían los planos originales. Ésas las tuvo que resolver “a la brava” y en obra la gente del ingeniero Jorge Cosentino y luego la de Eduardo Díaz y colaboradores. Fuimos parte involuntaria e impaga del aprendizaje de obra de ambas empresas.
Las fotocopiadoras, aquella novedad de algunas pocas oficinas muy «top» cuando se firmó el contrato CNEA-AECL, dejaron de trabajar libremente en Embalse el momento en que, presionada por los EEUU, la empresa canadiense empezó a sentarse sobre los planos de ingeniería de detalle de modo de limitar la transferencia de tecnología. Pero esto es Argentina, y Ansaldo, de puro italiana, es bastante argentina a su modo. Y además, tampoco Ansaldo tenía suficientes cuadros en nuestro país como para disciplinar a nadie.
De modo que por una u otra vía toda la documentación, según Díaz debido a la habilidad maquiavélica de Cosentino, se terminó consiguiendo. Los ingenieros Miguel Báez y Miguel Ángel Joseph dicen que Díaz era tan buen Maquiavelo como Cosentino. En suma, que les fotocopiamos toda la documentación que nos tenían que dar y no nos daban, en violación a los términos del contrato inicial. Por lo cual cuando le echamos mano se hicieron los idiotas y se lo tuvieron que bancar. ¿O nos iban a hacer juicio?
Como sea, la inmensa cantidad de fojas, el ADN mismo de una CANDU-6, hoy está en la central cordobesa, operativa desde 1984 y retubada desde 2018. Allí tanto plano y tanta planilla ocupan un espacio físico considerable y requieren de una atmósfera normalizada para la preservación del papel. Obviamente, esos documentos están también están digitalizados.
Resumiendo, que NA-SA, como diseñadora de centrales, heredó de la CNEA planos, planillas de cálculo y además, contratos como para alfombrar de clones del CANDÚ-6 el territorio nacional, legalmente y sin tener que pedir permiso ni ayuda a nadie. La tecnología la pagamos, y cara, y la conseguimos por izquierda cuando no nos la dieron por derecha.
Lo estúpido es que no la estemos usando. Es la tecnología que provee el 11% de la electricidad nuclear del mundo.
La India tiene 18 unidades copiadas ilegalmente de las CANDU canadienses por Nuclear Power Corp. of India Limited, NPCIL, 6 más en construcción y en 2017 encargó 10 más de 700 MWe cada una. Esa observación va para los mamertos que consideran que la vía del uranio natural no existe más.
Hay que convencer a la India de que no existe. Son como 1400 millones de habitantes, si hay que convencerlos de a uno, mejor que empiecen rápido, muchachos.
Al comprar «en flota» y fabricar los componentes en cantidad, el costo por kWe instalado para el estado está en U$ 2000, según NPCIL. Los indios pueden estar macaneando o no, pero si dicen la verdad, ése un precio de los años ’70, no de los 2020. Y la disponibilidad y seguridad son excelentes.
La gente de la CNEA no necesitaba adivinar el rarísimo futuro de la tecnología CANDU, porque lo creía asegurado, pero además estaba construyendo el de su propio país. El trabajo era una militancia de bajo perfil, un deber modestamente sagrado hacia la Argentina, patriotismo íntimo. La coincidencia más importante de Díaz, Báez y Joseph está en el sentido de pertenencia, el fanatismo que motivaba a la CNEA cuando acometió con Embalse. “El gordo Díaz dejó la vida en esa central”, oí muchas veces y de muy distintas fuentes en mis 36 años de periodismo científico y nuclear.
“Así de pelados tenía también los cables. Cuando estaba sacado y lo contradecías mucho, te tiraba con el teléfono. Literalmente. En los ’70 los teléfonos eran esos mazacotes de baquelita y fierro de ENTEL, pesaban lo suyo”.
“El que se dejó la vida en Embalse fue Cosentino”, recuerda Díaz, hablándome desde Córdoba, mientras se aburre haciendo antesala por una consulta médica. “Tres veces por semana Cosentino salía de Sede Central de la CNEA, en Núñez, y se iba manejando a 180 por hora por la Panamericana hasta Atucha I, para inspeccionar el avance de obra, que son 103 km», me explica, todavía asombrado.
«Desde ahí -prosigue Díaz- Cosentino salía por la ruta 9 hasta la obra de Embalse, que son 733 km. más. Allí tenía reuniones hasta deshoras, se iba a dormir un poco, y al día siguiente, de regreso de un tirón a Capital Federal a informar a Presidencia de la CNEA. Ese circuito lo hacía 2 o 3 veces por semana”.

“En realidad, el que tiraba el teléfono con más puntería si lo contradecías mucho era Cosentino, sobre todo si no había tenido tiempo de tocar la trompeta, su pasatiempo habitual”, rememoran otras fuentes.
Gente colorida, la de aquella época.El propio Díaz certifica, desde Córdoba, la Docta, la puntería telefónica del maestro Cosentino. Y hablando de teléfonos, me pide disculpas y corta la comunicación, porque apareció su esposa y si lo oye hablando de temas de la CNEA, lo levanta por los pelos. Se los tiene prohibidos, esos recuerdos. Porque todavía Díaz se enoja, se emociona, y se le disparan las pulsaciones.
En cuanto a Cosentino, el mentor de Díaz, “era preferible ligarse un telefonazo suyo y no un concierto”, coinciden los nucleares, en general bastante melómanos.
“Cosentino y luego Díaz, cuando El Gordo tomó su lugar al frente de la obra de Embalse, se mandaban jornadas de 12 y 13 horas, llegaban antes que el resto y si caías a medianoche, todavía estaban trabajando- dicen Báez y Joseph, unánimes, casi 40 años después, reunidos conmigo en un bar cautamente pituco de Belgrano.
Se los ve saludables. Ambos están obviamente jubilados desde hace mucho. Leen bastante, viajan a veces a visitar hijos y nietos en el exterior, a Joseph le tira la ópera y aprovecha. Reciben no pocas consultas de gente aún en actividad. Tratan de evitarlo, pero algunas veces siguen hablando del futuro del Programa Nuclear Argentino como si aún dependiera de ellos. Entonces se amargan y putean no poco, aunque son educadísimos. Suelen verse en ese bar.
Joseph de pronto tiene un «flashback» y sonríe con malicia.
“Era la una de la madrugada y vos veías la luz prendida en la oficina del Gordo Díaz. En cambio los canadienses se iban a la mierda de la obra a las 17:00”.
Eso explica que la construcción no fracasara, y que la transferencia tecnológica ocurriera. Otras cosas, no las explica. En aquel momento, la orilla sur de ese lago era un perfecto desierto, y medio siglo más tarde no se ha poblado. No les pregunto a Báez y Joseph qué corno se les había perdido a ellos en la obra de Embalse a esa hora.
Ése es el ambiente nuclear argentino, que sigue vivo no sé cómo o por qué. No se medica.
Embalse se hizo así, a pura prepotencia de trabajo, como recomendaba el novelista Roberto Arlt. Se inauguró con 4 años de demora que no son imputables a CNEA. Cualquiera que haya estado en aquella obra sabe que fue mucho más argentina que canadiense o italiana.
Caso contrario, no existiría. 
Daniel E. Arias
El holding del acero y los metales chino Tsingshan Mining invertirá US$ 120 millones para elaborar cloruro de hidrógeno e hidróxido de sodio, insumos fundamentales para producir luego carbonato de litio. La estrategia de la compañía es desarrollar la cadena de valor del carbonato de litio entre Jujuy y Salta, donde desarrolla el proyecto Centenario Ratones junto a la francesa Eramet.
El gigante chino Tsingshan Mining Development, principal productor de acero inoxidable del mundo, firmó un memorándum de entendimiento con el gobierno de Jujuy para construir una planta de producción de cloruro de hidrógeno e hidróxido de sodio, que son insumos que luego utilizará para elaborar carbonato de litio en la provincia de Salta. La planta estará ubicada en el parque industrial de Perico (Jujuy) y -luego- desde allí la compañía asiática enviará los insumos al proyecto de litio Centenario Ratones que desarrolla en Salta. En total, la compañía invertirá US$ 120 millones para la construcción de la planta. En año pasado, Tsingshan, que también es el principal productor de níquel del mundo, adquirió el 49,9% de la participación en Centenario Ratones, uno de los proyectos de litio más prometedores del país. Para esto, desembolsó US$ 365 millones a la francesa Eramet, que está a cargo de la operación del proyecto. Por el aumento de la fabricación de vehículos eléctricos en Asia, la compañía china definió acelerar la inversión y producción de litio en el país. El proyecto Centenario Ratones entrará en operación comercial en 2024 y, según los anuncios que realizó recientemente junto a la Cancillería argentina, las proyecciones de producción de carbonato de litio en ese desarrollo pasaron de 24.000 a 50.000 toneladas anuales. Desde 2020 se produjo un fuerte desembarco de empresas chinas en el sector minero de la Argentina con una inversión que en tres años ya supera los US$ 2.500 millones. En total, de las nueve compañías chinas que están invirtiendo en minería, seis lo hacen para producir carbonato de litio. Además de Tsingshan, estas compañías son Ganfeng, Zangge, Jiangxi, Tibet Summit Resources y Zijin.