A. B. F.
Sanders gana las primarias en Nevada. Y aparece un nuevo discurso en la política de EE.UU.
El primer mestizaje: hace 700 mil años
«Isla Buenos Aires»: sería una de las ciudades que menos sufrirá por el cambio climático
Argentina líder en calentamiento global
— Uki Goñi (@ukigoni) February 16, 2020
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“La Península Antártica está entre las regiones de más veloz calentamiento del planeta,” dice una oficial del WMO luego del récord de 18,3C grados en la Base Esperanza.pic.twitter.com/uvq7dsIXd2
Bernie Sanders, en sus palabras
El «experimento nuclear chino» de Infobae

Para su tranquilidad, colega Pérez Izquierdo, le comento que los sistemas complejos y novedosos de ingeniería suelen tener fallas según una curva llamada “de la bañadera”, por su forma de letra “U” estirada horizontalmente: los componentes que se rompen lo hacen generalmente de entrada, en el primer año de servicio, o al final de la vida útil planificada, cuando tienen ya mucho desgaste acumulado. Es de manual y lo saben hasta los estudiantes de secundarios técnicos.
Un exportador serial de centrales nucleares, como pretende serlo la CNNC, probablemente usará la experiencia inicial de Fuqing 1 y 2 para hacer algunos cambios sobre la marcha en las 3 centrales en obra en Fangchenggang y Zangzhou, y las 5 en Kanupp y Chasma, Pakistán, y ya que están, en la de (repita conmigo) LIMA, provincia de Buenos Aires, Argentina. Ni Campana ni Zárate. Li-ma.
Los cambios, si ocurren, serán estudiados atentamente por el Office of Nuclear Regulation (ONR) del Reino Unido, que barrunta acerca del posible licenciamiento de hasta 2 Hualong-1 ofrecidas por China General Nuclear (CGN) para ir al predio nuclear de Bradwell, Essex, muy cerca de Londres.
¿Por qué los estudian? Mire, CGN es una firma nuclear china rival de CNNC. Ambas son estatales, se odian y tienen diseños ligeramente distintos pero derivados de la misma central francesa EDF de 900 MW (la más construida y probada en el planeta, 34 unidades). Así las cosas, fueron obligadas por el gobierno del Partido Comunista a compatibilizar sus ingenierías con la de Fangchenggang 3, a punto de completarse. Eso es lo que estaríamos comprando nosotros a CNNC.
Para no enloquecer al mercado, los chinos, muy en plan exportador, quieren una sola marca “de bandera” con una sola tecnología, la que creen mejor. De ahí ese nombre de gran estrépito: “Hualong-1” significa “Dragón Chino Número Uno”. Si lo prefiere en idioma original: 华龙一号, que suena Huálóng yī hào, por si quiere encargar una también Ud.
La ONR ya está en la 2da etapa del licenciamiento, la más intensiva, lo que haría creer que en caso de aprobación, alrededor de 2030 los chinos ponen dos Hualong-1 no muy lejos del estuario del Támesis y a 570 km. de Londres. Es decir, dedicadas a iluminar la capital del país que inventó la electricidad nuclear con Calder Hall, allá por 1956. Lo digo porque Ud. menciona a un grupo de académicos de Cambridge que asevera, solemne, que la industria nuclear china tiene muchas cosas que mejorar.
Por cierto, menos que la inglesa, la cual si la pifia con la apuesta de Rolls Royce a las centrales modulares, va en vías de desaparecer. Por algo los ingleses están estudiando –entre muchas otras ofertas- la Hualong-1, para bajar sus emisiones de carbono. Como ve, el mundo está al revés. Hoy los chinos, obligados hace no tanto a comprar opio inglés, les quieren vender tecnología muy sofisticada a lo queda del imperio británico. Están más agrandados que alpargata de gordo, los chinos.
Me imagino su artículo en INFOBAE: “Preocupación por un experimento nuclear chino en pleno corazón de Essex”.
Respecto de algunas consideraciones suyas, como la llamativa generosidad de la oferta china (U$ 8000 millones, 85% de financiación, 20 años para pagar, 8 de gracia), mírelo de este modo: son más bien U$ 9000, y tal vez más, porque temo que los astutos orientales tengan toda la intención de vendernos la tecnología para la fabricación del combustible aparte.
Sería una estupidez nuestra aceptar eso. El precio y el interés se han vuelto mayores que el que CNNC había negociado en tiempos de CFK. Creo que los chinos se están vengando de 4 años en que, obedientes a cierta embajada, el ministro JJ Aranguren, el secretario Javier Iguacel y el contador Gustavo Lopetegui los estuvieron ninguneando. ¿Se acuerda de Aranguren cuando en mayo de 2018 se negó a tomar la oferta china por el excesivo endeudamiento del país… provocado por su propio gobierno? ¿Y de Lopetegui, en su reverencia final antes de volver de la administración energética de todo un país a Farmacity, cuando se aplaudió a sí mismo ante el periodismo por haber impedido toda compra nucleoeléctrica?
Y aún así, la oferta china sigue siendo muy buena. ¿Por qué? Porque la Argentina es el país de referencia de Sudamérica en energía nuclear, mucho más que Brasil. Damos lustre y esplendor, mire Ud. Con INVAP, nos hicimos los exportadores de reactores de investigación más prestigiosos del planeta, vendimos plantas en Perú, Argelia, Egipto, Australia, Holanda y Arabia Saudita, donde derrotamos -hicimos polvo, en realidad- las ofertas de EEUU, Rusia, Francia, Corea, China, Canadá, etc, etc, etc. Odio repetirme aunque todo esto para Ud. sea probablemente una novedad, y quizás le resulte poco creíble. O más probablemente, le interese un carajo.
Pero si yo le estuviera batiendo la justa y Ud. fuera el tío Xi Jingping y quisiera vender 10 Dragones Chinos Número Uno a 4 o 5 países sudacas, ¿por cuál empezaría? ¿Por uno sin prestigio nuclear? Y dado que éste no viene gratis, si tuviera que vencer la resistencia de una banda local de científicos, tecnólogos e industriales sabatianos –otro día le explico eso- que desde 1967 abjuraron del uranio enriquecido por razones de soberanía tecnológica –otro día también le explico eso otro- ¿Ud. no trataría de tentarlos?
No sería el primero. En 1967 la Comisión Nacional de Energía Atómica había descartado ofertas yanquis, francesas e inglesas de uranio enriquecido y estaba decidida a comprar la única oferta en materia de máquinas de uranio natural: la entonces novedosa CANDU canadiense de 300 MW. Pero nos tentaron.
Cuando ya estábamos a punto de firmar con AECL (Atomic Energy Commission of Canada, Ltd.), la empresa alemana KWU, brazo nuclear de Siemens, se tiró de palomita, rediseñó un reactor experimental de 47 MW llamado MZFR, y nos lo ofreció en formato central nucleoeléctrica de 320 MW netos por 280 millones de marcos alemanes, (unos U$ 70 millones), de los cuales el 40% correspondía a compras que los alemanes tuvieron que hacer -y chirriando de bronca- a proveedores industriales argentinos, y no sólo de obra civil sino de componentes electromecánicos sofisticados.
Los canadienses se quedaron perplejos: ellos al menos nos ofrecían una central probada en Canadá y otros países. Pero nosotros estábamos comprando un prototipo, protestaron. Y… sí.
Era verdad. No había ninguna otra central nucleoeléctrica de uranio natural y más o menos 300 MW de potencia en el mundo… a semejante precio de regalo. Ni la habría jamás. Éramos una puerta de entrada tan prestigiosa a América Latina que los alemanes se pusieron generosísimos.
Y para ser un prototipo, Atucha I no salió mala: a los 14 años de entrar en línea tuvo una rotura de un canal refrigerante. Sucedió en 1988 y la dejó fuera del ring un año y medio. Problema de disponibilidad, no de seguridad. Pero en 1989 la arregló la CNEA dirigiendo una UTE formada por INVAP y Techint por U$ 17 millones, y hasta hoy anda joya nunca taxi. Aquel año descubrimos que ya sabíamos más de este tipo de centrales que los propios alemanes.
Y estos se quedaron perplejos: habían ofrecido hacer ellos la reparación por U$ 200 millones. Y nosotros la hicimos por el 8,5% de esa cifra, y encima nos felicitó el Organismo Internacional de Energía Atómica por la calidad del trabajo. Como se imagina, los nibelungos pusieron el grito en el cielo y prometieron públicamente un Chernobyl porteño. Jorge Lanata, siempre dispuesto a cabecear un corner contra el arco propio, tituló en tapa: “La arreglamos con un alambre”. Y no pocos se lo creyeron. Ud. caía seguro.
Me lo puedo imaginar: “Preocupación por un experimento nuclear argentino en pleno corazón de América Latina”.
Pero seguramente Ud. todavía estaba estudiando y el templo de la opereta para el cual trabaja hoy todavía no había sido creado: la Embajada se las tenía que arreglar con el diario “La Prensa”, “Tiempo Nuevo” en Canal 11… en fin, lo que había. Pero funcionaba, ojo. Cuando Atucha I volvió a arrancar, el gabinete uruguayo, por lo que putas pudiere, estuvo algunas semanas sesionando secretamente en Tacuarembó. Más lejos de Atucha 1 ya es Brasil.
(Concluye mañana)
Daniel E. Arias
El ministro Kulfas expone la política del gobierno hacia la Industria del Conocimiento
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«En 2004 se sancionó la ley 25.922, de promoción de la industria del software, que luego fue modificada para prorrogar los beneficios hasta 2019. En el momento de la sanción de esa ley, el sector empleaba a unas 29.000 personas y exportaba por unos US$ 200 millones. A fines del año pasado, se ubicaba en torno de los 110.000 ocupados, con exportaciones algo inferiores a US$ 2000 millones, es decir que en 15 años el empleo se multiplicó por 3,8 y las exportaciones, por casi 10.
No resulta sencillo encontrar sectores con un desempeño similar. En ese período, el empleo privado registrado se multiplicó por 1,6, es decir, menos de la mitad que las actividades del software. Mayor aún es el contraste cuando se analizan los últimos cuatro años, en que el conjunto del empleo privado prácticamente no creció, más allá de algunas oscilaciones temporales, mientras que el empleo en software creció 19%. Varios factores concurrieron en este desempeño positivo. La disponibilidad de recursos humanos altamente calificados y creativos es, sin dudas, un aspecto central, tanto a la hora de explicar el crecimiento de nuevos y exitosos emprendimientos como el crecimiento de diferentes actividades y el ingreso de empresas internacionales que se radicaron en el país. En segundo lugar, podemos destacar un escenario internacional caracterizado por el auge de las tecnologías de información y comunicación (TIC) que han signado una nueva etapa de internacionalización de la producción, con sistemas operando en tiempo real en la administración de los procesos productivos y de servicios. En este escenario, la Argentina se convirtió, dentro de la periferia, en un eficiente proveedor de servicios tecnológicos basado en buena medida en la disponibilidad de recursos humanos calificados, que perciben salarios aproximadamente 50% más elevados respecto del promedio de nuestra economía, pero competitivos respecto de los países más desarrollados. En este marco, la implementación de la ley de software fue una señal positiva para estimular el desarrollo del sector y aprovechar las nuevas condiciones locales e internacionales, donde incluso muchas empresas internacionales se radicaron en el país, aun si tener la posibilidad de obtener los beneficios de la ley.La cuarta revolución
La ley de economía del conocimiento -incorporando nuevas actividades, como centros de servicios profesionales, automatización, nano y biotecnología, industria 4.0 y otros- ha sido una idea acertada. El mundo avanza de manera cada vez más decidida en lo que desde hace algunos años se denomina «cuarta revolución industrial» o «industria 4.0», temas sobre los cuales nuestro país no ha dado ningún paso importante. Sin embargo, la iniciativa mostró algunas inconsistencias e indefiniciones que tornan poco claro a qué se denomina «economía del conocimiento», ampliando los beneficios fiscales de manera difusa. No se brindó claridad respecto del costo fiscal de la ley, básicamente porque resulta difícil delimitar qué está alcanzado y qué no con los parámetros de la ley aprobada en 2019. La ley de software generó un universo de entre 500 y 600 empresas beneficiarias. La nueva ley, tal como fue en su momento aprobada, podría beneficiar a 11.500 firmas, según lo consignado por algunos referentes del gobierno que finalizó en diciembre de 2019, y algunas estimaciones indican que sería más aún. Los regímenes sectoriales son por definición acotados. Buscan apuntalar núcleos dinámicos y sectores que requieren algún apoyo particular para generar externalidades y efectos en cadena. El objetivo de la reforma que el Poder Ejecutivo acaba de enviar al Congreso es adecuar la ley al régimen promocional establecido, generando herramientas adicionales para su delimitación y estimulando de manera más decidida a las pymes y al interior. Asimismo, simplifica la manera de calcular los beneficios promocionales. Entre las modificaciones propuestas destacamos las siguientes: 1) se crea el Fondo para la Promoción de la Economía del Conocimiento (Fonpec), destinado a financiar a las mipymes y nuevos emprendimientos del sector. 2) Los beneficiarios de la ley tendrán acceso a un beneficio fiscal por el equivalente al 70% de las contribuciones patronales, que ascenderá al 80% cuando se generen nuevas incorporaciones laborales de mujeres, profesionales con posgrados, personas con discapacidad y/o residentes en provincias de menor desarrollo relativo y otros grupos de interés. 3) Se creará un consejo consultivo integrado por referentes de instituciones del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación destinado a asesorar a la autoridad de aplicación sobre la pertinencia de incorporar nuevos proyectos y beneficiarios a la ley. 4) Se aseguran los beneficios para las mipymes del sector y se establecen límites para las empresas de mayor tamaño relativo. Las empresas grandes podrán luego solicitar ampliar el beneficio para el personal adicional que generen por encima de ese tope, el cual podrá estar sujeto a un cupo fiscal.Diálogo sectorial
Estas modificaciones consolidan los objetivos originales de la ley, al tiempo que dan mejores herramientas para las mipymes e incentivan la diversificación del empleo. De aprobarse la ley, los beneficios serán retroactivos al 1º de enero, de modo tal que habrá continuidad para las empresas beneficiarias de la ley de software que se incorporen a la ley de economía del conocimiento. En todo este proceso de elaboración del proyecto de modificación, realizado en pocas pero intensas semanas, se dialogó con diferentes actores del sector, de modo tal que muchas de sus inquietudes han quedado reflejadas en el proyecto. El necesario cambio de perfil productivo que la Argentina deberá realizar en esta década que acaba de comenzar tendrá un capítulo especial en la economía del conocimiento. Esto significa avanzar decididamente en la era de la industria 4.0, incorporando digitalización, inteligencia artificial, automatización, empleo calificado y mayor productividad en diferentes actividades, saliendo de las dicotomías del siglo XX (recursos naturales vs. manufacturas) para avanzar en la conformación de clústeres productivos en torno a recursos naturales, redes productivas en petróleo, gas, minería y agricultura, más conocimiento en las manufacturas tradicionales y nuevos desafíos, tales como la electromovilidad, entre muchos otros. El indispensable ordenamiento de la economía y las pautas para generar las condiciones para una reactivación no deben ser incompatibles con la necesaria agenda del mediano y largo plazo que nuestro país demanda. Aspiramos a que ley de economía del conocimiento sea un hito en esta contribución al cambio estructural que nuestro país necesita para crecer de manera sostenida, con equilibrio externo, generación de empleos de calidad y mayores recursos fiscales para luchar contra la pobreza.»El dólar y el riesgo país estables, pero altos
La economía circular llegó a la lingerie femenina

El satélite Saocom 1B «sube» al avión que lo llevará a Space X
Así cargábamos el #SAOCOM1B en el avión Antonov AN124
— CONAE (@CONAE_Oficial) February 21, 2020
El procedimiento se realizó en dos fases. Se abren los dos extremos del avión, por el frente se carga el satelite y, por la parte posterior, los paneles solares y el equipo soporte.
??✈️????#ArgentinaUnida #HaciaElFuturo pic.twitter.com/Oph4jWcsRY
Hugo Albani, el #2 histórico de INVAP y excelente piloto, en la cabina del Antonov 124 que lleva el SAOCOM 1B a SpaceX. Hoy el SAOCOM-1B inicia su viaje al espacio. Porqué la Argentina lo necesita
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En septiembre de este año (2018) la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) estaría por fin lanzando al espacio el satélite SAOCOM-1A, de observación por medio de radar en banda L de suelos, aguas y vegetación, así como prevención y gestión de catástrofes. El SAOCOM-1A, por lejos el satélite más importante y ambicioso de la CONAE, debió haberse iniciado y terminado en 5 años, pero se demoró 22. Eso pasó porque es técnicamente endiablado, pero también por un presupuesto que bajó con cuentagotas y una construcción que fue puro “stop and go”. De haber estado disponible en 2003, como se planificaba en 1998, podría haber evitado la inundación de Santa Fe capital, que costó más de 160 muertos y centenares de millones de dólares. La CONAE apuesta a que le dejen terminar el segundo SAOCOM, el 1B, en sólo 2 años. Ambos volarían en constelación con otros 4 satélites-radar en banda X, los Cosmo-SkyMed de la Agenzia Spaziale Italiana (ASI). Dentro de la complejidad de los satélites-radar SAR, o “de apertura sintética”, los Cosmo italianos han sido más fáciles de diseñar y construir. Pero pese a ello y a un presupuesto de lujo, la ASI sólo empezó su parte de la constelación en 2007 y la completó en 2017. Un radar espacial de banda X no necesita de una antena enorme y de altísima potencia eléctrica, uno en banda L, sí. Salvo Japón, ningún otro país quiso meterse en semejante camisa de once varas. La agencia espacial japonesa JAXA ya va por su segundo satélite-radar en banda L, el Alos o Daichii II, y su éxito se mide en que cada vez se les encuentra más aplicaciones, y no son sólo civiles. El primer Alos, por ejemplo, detectó un inminente deslave (desmoronamiento de tierra por acción del agua) y permitió evacuar a tiempo una pequeña ciudad japonesa de montaña antes que la tapara el barro. El segundo hace tareas parecidas, pero además monitorea la navegación china y norcoreana en aguas militarmente «calientes»: una nave chica podrá evadirlo, pero el Alos II detecta su estela. El premio que le dará el SAOCOM a la Argentina será un mapa del agua en tiempo real casi único en el planeta, como sólo lo tienen los japoneses. Agua sobre tierra, como lluvia caída o la cambiante altura de lagos, ríos y mares, pero también agua debajo de la tierra: el radar en banda L argentino, con ondas de 23 cm., puede hurgar hasta 2 metros bajo suelos blandos y medir a qué profundidad está la primera napa. Este dato, la carga real de agua en el suelo, su disponibilidad para las raíces de los cultivos, permite predecir rindes de cosecha, pero también inundaciones y sequías de campos y ciudades meses antes que sean disparadas por ocurrencias más imprevisibles, como lluvias persistentes, o su desaparición intempestiva, como sucedió desde la primavera de 2017. Puede indicar “sembremos ya”, o “nada de sembrar”. “Cosechemos en fecha” o “Hagámoslo ya mismo, porque en un mes las plantas se marchitan». o «Ahora es cuándo, porque el mes que viene máquinas se entierran en el barro”. Los SAOCOM pueden mejorar la rentabilidad promedio de todos los productores, pero a la hora de perder, especialmente para los productores chicos y medianos, podrían dar la diferencia entre perder un poco o perderlo todo. En Tucumán o Córdoba Capital serían capaces de predecir un verano con “stress hídrico” para la población y cuantificarlo. En Comodoro Rivadavia, dar alertas de deslave de laderas. Ése es el lado tremendamente atractivo de la CONAE, “el sello Conrado Varotto”: esa mezcla de practicidad y audacia. También es su debilidad. Si los gobiernos no acompañan, los satélites quedan a medio construir.
El SAC-C, lanzado en 2000, primer gran satélite agropecuario de la CONAE. Excedió casi 3 veces su vida útil de diseño.
A la CONAE raramente se le da plata en serio. Eso se ha repetido a lo largo de las presidencias del Dr. Carlos Menem y del Dr. Fernando De la Rúa. Este último ni siquiera asistió al lanzamiento del SAC-C, nuestro primer satélite 100% agropecuario, en 2000. Los propios Néstor y Cristina Kirchner no apuraron el SAOCOM. Y eso es paradojal: pusieron plata en el sistema científico-tecnológico como no se veía desde las épocas del primer gobierno del general Juan D. Perón, o el del Dr. Arturo Frondizi.
CFK, que elevó la Secretaría de Ciencia y Tecnología a rango de Ministerio (el MinCyT) y le imprimió su mayor expansión de recursos humanos y materiales desde 1961, no terminó de entender a la CONAE: probablemente la vio como una agencia “cientificista”, pero se perdió su rol de tractor tecnológico, que siempre empujó al país hacia tecnologías de punta.
A la CONAE, CFK le permitió, eso sí, terminar rápido el SAC-D Aquarius, una misión conjunta dedicada a oceanografía básica a escala planetaria. Eso venía fogoneado “desde afuera” por la NASA, que puso el sensor principal y el lanzamiento. Pero no pasó lo mismo con los SAOCOM, mucho más necesarios en el “tierra adentro” agropecuario y urbano argentinos. Y por lo que nos muestra hoy la JAXA (Japan Aerospace Exploration Agency), también servirían para el control del Mar Argentino.
El SAOCOM en vuelo tendrá el aspecto que se ve arriba. La antena emite con tanta potencia que, para no descargar sus baterías, el satélite sólo puede obtener imágenes de radar durante 10 minutos por órbita.
Cada órbita dura 88 minutos en los cuales el aparato pasa sobre ambos polos de la Tierra con una desviación de unos 8º, lo que le permite ir “barriendo” sistemáticamente toda la superficie terrestre con esa mirada que atraviesa las nubes más gruesas y tormentosas, e incluso el suelo, indiferente al día o la noche.
Aunque inicialmente se pensaron los SAOCOM para prevención y monitoreo de catástrofes, sus imágenes –que se venderán- serán de evidente valor en todo país agropecuario, además del nuestro: Brasil, los EE. UU., Canadá, Ucrania, Rusia, China son un mercado importante de imágenes. Como miembros únicos del SIASGE (Sistema Ítalo Argentino de Gestión de Emergencias), Argentina e Italia compartirán gratis entre ellas los resultados de superponer imágenes de radar L con imágenes X. Esto puede darnos una ventaja de mercado sobre Japón, que viene vendiendo imágenes L desde 2006.
Como pasa a veces con herramientas conceptualmente nuevas, se ignoran los límites de diagnóstico de esta «doble mirada». El combo X + L permitirá, por ejemplo, detectar y medir una inundación tapada por un bosque, como las típicas del “Igapó” Amazónico, pero no es imposible que termine siendo una solución en busca de problemas, con decenas de aplicaciones que hoy no son imaginables. La JAXA descubrió, por ejemplo, que el Alos-Dachi 2 es un altímetro tan perfecto que le permite detectar mínimas deformaciones de terreno en zonas volcánicas. Algunas pueden ser previas a una erupción de tipo pliniana, o explosiva. Nos vendrá muy bien tener ese monitoreo de los volcanes andinopatagónicos, que cada tanto nos dan una mala sorpresa.
Otro dato sobre el radar SAOCOM: es de “apertura sintética” (SAR), lo que en criollo común significa que mientras el satélite empieza a recorrer la Argentina de Norte a Sur a las 06:12 de la mañana, el haz barre la superficie en velocísimos arcos que miden de 20 a 350 km. de Este a Oeste, decenas de veces por segundo. Y hace eso sin que la antena se mueva en absoluto. Debido a las temperaturas extremas, las piezas móviles en el espacio se rompen fácil, y el Automóvil Club Argentino no envía auxilio mecánico a 620 kilómetros de altura, al menos todavía. Esta antena debe dudar 5 años y medio.
“Este monstruo lo hicimos nosotros”, parecen estar pensando los constructores del SAOCOM, un poco incrédulos y bastante emocionados. Se ve el reverso de la antena.
Las imágenes SAR son 3D, indican volumen y “sombra” como las mejores aerofotográficas. Al provenir en el caso SAOCOM de ondas de 23 cm., sólo muestran objetos iguales o mayores de 10 metros, información militarmente no demasiado útil. Pero si la CONAE pudo hacer un SAR espacial tan desmesurado, ¿no le sería muchísimo más sencillo a su contratista principal, INVAP, construir aparatos de antena fija mucho más reducidos y de menor consumo? Sí, y no necesariamente espaciales.
La imagen de arriba las generó un Cosmo-Skymed italiano y muestra el crucero Costa Concordia, escorado y semihundido en 2012 en los arrecifes de la isla mediterránea de Giglio. Esa vista casi fotográfica se obtuvo con microondas X de 2,3 cm., sin importar que fuera de día o noche, ni la meteorología. El 25% del trabajo de los Cosmo es militar, y aunque somos socios de constelación, parte de la información que genera el componente italiano no se comparte con la CONAE porque no pertenece no a la ASI, sino al Ministero della Difesa: Zitti-zitti, in confidenza e sottovoce. Capisce?
Si el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR) de La Plata pudo diseñarle al SAOCOM esa antena enorme, las empresas de tecnología dual de este país están en condiciones de hacer radares incomparablemente menores en bandas de microondas cortas o muy cortas la X, la K, la Ku y la Ka, para vigilancia aérea e incluso para guiado de drones y misiles, capaces de detectar, seguir, “fotografiar” o derribar objetivos menores a un metro.
En radarística y con el SAOCOM, lector, la Argentina hizo el equivalente de empezar a aprender montañismo escalando el Everest. Todo otro desafío posterior ha sido menor. Ahora Ud. acaba de entender que la tecnología SAR es DUAL, de usos civiles y militares, y quizás hasta tenga sospechas de por qué el SAOCOM se demoró tanto.
No descarto las conspiraciones, pero tampoco la evidente y crónica bobera del sistema político argentino, incapaz de descifrar el tremendo poder de tracción que le imprimió la CONAE a la tecnología local, en particular a la de INVAP y a sus decenas de empresas subcontratistas.
Y sin embargo hoy verificamos que los 21 radares de control de tránsito aéreo civil INKAN, repartidos desde Salta hasta Ushuaia no son de Raytheon o Thompson: son de INVAP, el constructor principal de la CONAE, a pedido de la Administración Nacional de Aeronáutica Civil (ANAC).
También hay 5 radares militares RPA o 3D en Pirané, Las Lomitas e Ingeniero Juárez (Formosa), San Pedro (Misiones), Mercedes (Corrientes) y en Merlo (Provincia de Buenos Aires) y se planifica otro para Santiago del Estero. Enormes, de 30 toneladas. También, todos de INVAP. Pedidos en su momento por el Ministerio de Defensa.
El RPA a medio desplegar: tiene un alcance de 480 km. a la redonda.
Los RPA militares son muy portátiles: se compactan “como Transformers” y viajan en aviones Hércules o en camión, plegados en las dimensiones de un container común de 20 pies. Se despliegan en un par de horas, tienen un alcance de 480 km. y están llenos de contramedidas que –como me aclararon en INVAP- me harían ir preso por sólo preguntar por ellas. Hay también una versión de 200 km. de alcance que puede viajar en una 4X4 y suele andar por Tartagal, Salta. Todas forman parte del Escudo Norte, como parte de la lucha contra el narcotráfico aéreo. Deberían ser muchas más
A diferencia de las rutas aerocomerciales, ya totalmente radarizadas, el blindaje electrónico de Argentina contra vuelos mafiosos u hostiles se fue parando en 2016. El nuevo MinDef dejó “en el freezer» los radares RPA 8 de Corrientes, 9 de Entre Ríos, 10 de Punta Rasa y 11 de Bahía Blanca (Prov. de Buenos Aires), así como el 12 de Neuquén Capital y el 13 de Santa Cruz. Es una de las causas por las que el Escudo Norte tiene agujeros y por las que carecemos de todo control radarístico del Mar Argentino. Y no es por falta de pesca ilegal.
También hay 10 radares meteorológicos RAM en banda C, “made by INVAP”, pedidos por el SINARAME (Sistema Nacional de Radares Meteorológicos), una red que debía haber llegado en 2017 a 20 unidades. De las 10 construidas, 4 siguen desde 2016 en un galpón de Bariloche. No se han desplegado (o pagado). Y no por falta de tormentas.
Cantidad de PyMES argentinas (como INVAP y sus decenas de proveedores) prosperaron en esta breve primavera radarística argenta, así como también institutos universitarios como el IAR. Ningún país de la región, incluido Brasil, tiene semejante panoplia de radares de tecnología totalmente propia. Sumando científicos, ingenieros y técnicos, se formaron centenares de especialistas. Deberíamos estar exportando radares: países tan distintos como Bolivia y Croacia mostraron interés en los RAM y los INKAN.
Pero hemos dejado de comprar los que fabricamos, algo infalible si de espantar clientes se trata. Aunque son buenos, se rompen poco, se pagan en pesos y vienen con service y repuestos locales. Nuevamente, es difícil decidir las cuotapartes de conspiración, fundamentalismo antiestado o simple estupidez.
La verdad es que el propio estado nacional, salvo intercurrencia de lanzamiento de satélite en campaña electoral, no registra a la CONAE excepto como una masturbación académica.
Lejos de ello, la CONAE ha sido y es un semillero de aplicaciones y de empresas de tecnología. Como prueba, queda esa nutrida y por ahora interrumpida progenie de 37 radares terrestres, algunos de ellos muy complejos. Pero los padres verdaderos de esta estirpe, los dos SAR espaciales de los SAOCOM 1A y 1B, a fecha de hoy siguen en tierra en la sala de integración de INVAP. Hasta Septiembre de este año, no se habrán usado jamás.
Abajo puede ver una foto de un Cosmo-Skymed en vuelo. Su ojo entrenado, oh lector, ya vio que los italianos la tuvieron mucho más fácil que nosotros: la antena SAR es minúscula, comparada con la del SAOCOM. Y en revancha, las placas fotovoltaicas son mucho mayores: entre que el satélite de los socios itálicos consume menos y genera más potencia, está más tiempo activo. Y sólo pesa 1,7 toneladas, en lugar de 3 como el SAOCOM. La tuvieron regalada, no fácil.
Si la CONAE eligió la banda L en la constelación con los ítalos no es por su amor por lo difícil sino porque después de 1982 no hay tecnología dual que logre progresar durante algún gobierno en Argentina sin que el siguiente la congele o destruya, especialmente si muestra visos de éxito. La CONAE apostó deliberadamente a radares de una longitud de onda que en los ’90 carecía de relevancia militar pero nos volvía un oferente monopólico en aplicaciones civiles, algo que pasó inadvertido a los ojos de muchas y muy distintas presidencias. Nuestro país rara vez se pierde la oportunidad de perderse una oportunidad.
En el caso del SAOCOM, lo que se logró es que la “plataforma de servicios” del satélite se volviera obsoleta en tierra. Si hoy la quisiéramos vender a otros países, o aprovecharla nosotros para montarle otras “cargas útiles”, como sensores ópticos, infrarrojos o radarísticos en otras bandas, tendríamos que empezar desde cero: muchos de los componentes críticos en electrónica «rad-hard» ya no se fabrican. Para la misma potencia en antena pero usando baterías modernas de iones de litio, en lugar de níquel-cadmio, se ahorraría tanto peso que se podría multiplicar el área de captación fotovoltaica, aumentar el tiempo operativo y aún así tener un satélite de la mitad de peso. En 20 años cambia todo.
Lo raro de esta historia son dos cosas: aunque «nacerán viejos», los SAOCOM son conceptualmente tan audaces que mientras operen en constelación con los Cosmo italianos nos darán un nicho de mercado vedado a las potencias espaciales, Japón incluido. La Argentina los necesitará, pero también otros países. La otra cosa rara de los SAOCOM es su vasta progenie radarística terrestre, civil y militar.
La CONAE siempre nos abrió puertas a los argentinos. Alguna vez las usaremos.
Daniel E. Arias
Una muerte por dengue en Avellaneda. Una epidemia «tropical» en Buenos Aires
«Hoy la Ciudad entera está pintada de Aedes aegypti, ves el mapa y hay sensores positivos prácticamente en todos los barrios. Tranquilamente un infectado puede llegar hoy a una manzana donde está el mosquito y generar un brote. Por lo tanto, si bien no podemos decir que vaya a haber una epidemia de dengue, está todo dado para que tengamos un cuadro parecido al de 2016″, sostiene Nicolás Schweigmann, director del Grupo de Estudios de Mosquitos (GEM) que funciona en el Departamento de Ecología, Genética y Evolución de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y traza un panorama desalentador: “Es tarde para la prevención, claro. Estamos a mitad de febrero, en el pico del proceso. Ya hay mosquitos y ya están infectados. Si yo descacharro ahora, si le saco el cacharro que acumula agua estancada -el objeto donde pone sus huevos-, se van a buscar otro, es decir, estaría favoreciendo la dispersión». Hasta el 8 de febrero pasado (semana 6), en la Ciudad de Buenos Aires se detectaron 70 casos de dengue (62 con antecedentes de viaje, la mayoría a Paraguay).
Si bien las epidemias anteriores tuvieron un recorrido distinto (la de 2009 empezó tarde, casi en otoño; la de 2016, en diciembre y se mantuvo a lo largo de todo el verano, generando mayor cantidad de casos), el pico habitual en la Argentina se da a mediados de febrero, y hasta la curva de casos y muertes de porteños por la fiebre amarilla de 1871, producida por el mismo vector, repite esa cronología.
Con cifras históricas para la región América Latina y Caribe (más de tres millones de casos confirmados entre 2019 y 2020 y más de 1.500 decesos), es esperable un pico de dengue en el país. «Hoy, si tomamos la epidemia de 2016 como referencia, Misiones tiene una cantidad de casos enorme, en una situación claramente subnotificada. En Garupá, por ejemplo, está prácticamente toda la población afectada. Esto no aparece en el Boletín Epidemiológico, pero los mismos efectores de salud misioneros que alertaban en 2016, alertan ahora. En la región, sobre todo en Brasil y en Paraguay, la epidemia es histórica. Acá está por verse», advierte Schweigmann, y señala un agravante: “Está entrando DEN-4. La epidemia anterior fue con el 1 y el 2. Y cuando cambia el serotipo, hay mayor posibilidad de enfermedad grave y muerte».
Para el investigador, alrededor del dengue hay un error de lenguaje. «Ejemplo: ‘el mosquito es un enemigo al que hay que combatir’. No, el mosquito es un ser que quiere vivir. Ahora bien, la asociación entre los seres humanos y los perros es un proceso de beneficios mutuos y se define como domesticación. La asociación con los mosquitos domésticos, por el contrario, produce beneficios sólo a favor de los insectos y se conoce como domiciliación, pues el hombre les provee los microambientes que les sirven de refugio, les deja recursos que favorecen su éxito reproductivo. El error, entonces, es seguir creyendo que le ‘echamos flit’ y arreglamos todo. Es decir, el paradigma químico está vigente, cuando lo que necesitamos es reforzar el paradigma ambiental: si mantenemos un ambiente saludable, nos enfermaremos menos.»
Pero ¿qué es un ambiente saludable, tratándose del Aedes aegypti? No la propia casa, sino un poco más. Schweigman enarbola el concepto de manzana saludable. «Aedes aegypti se mueve en un radio de 40 ó 50 metros, es raro que cruce la calle: si en la manzana está todo lo que necesita, se queda ahí. Esa es la unidad epidemiológica que hay que cuidar». Esa herramienta de prevención está en un plan maestro que diseñó para la Ciudad de Buenos Aires en 2016. «Está escrito, quedó muy bonito, pero no se está tomando en cuenta. Por ejemplo, la prevención contra Aedes aegypti no se incluyó en los planes de estudio de las escuelas, algo tan sencillo como que los chicos puedan identificar cómo son las larvas y cuál es el mosquito de las rayitas blancas. Y lo central: que la prevención hay que hacerla en invierno, cuando los huevos que quedaron en estado de latencia aún no eclosionaron, es decir, un programa que dure todo el año y no una campaña en febrero. Porque ya sabemos que la fumigación no sirve para nada. No sirve para los huevos, no sirve para las larvas, no cumple ningún rol.»
El pesimista escenario se completa con una suerte de ubicuidad del mosquito en la Ciudad. Los sensores que opera el equipo del GEM han detectado Aedes aegypti en lugares donde antes no se lo encontraba: en la costanera, en el Centro. «Comprendimos que esa nueva presencia coincidía con grandes obras, túneles, edificios”, ilustra Schweigmann.
Los tachos de 200 litros y las mezcladoras de las obras en construcción, que acumulan agua de lluvia, favoreciendo el ciclo del insecto, son un foco evidente de propagación del mosquito y, consecuentemente, de la posibilidad de que transmita el virus del dengue de una persona infectada a otra, porque además son elementos que se trasladan de una obra a otra. Para Schweigman, es vital una campaña de concientización para arquitectos, ingenieros y trabajadores de la construcción, para establecer un protocolo y que esos posibles reservorios se tapen y/o vacíen periódicamente.
«Las obras en construcción no se controlan, pero la verdad es que tampoco se están controlando las casas. Falta una mirada integral –concluye Schweigman–. En definitiva, además de un virus, el dengue es el resultado de un desorden socioambiental que afecta nuestra salud.»
Schweigmann no es alarmista. Pero advierte que vamos en camino de ser un país con dengue endémico poliserotípico y con una cantidad creciente de casos hemorrágicos agudos, como nuestros vecinos norteños en el Cono Sur: no se murieron, pero tienen estadísticamente un poco menos de expectativa de vida.
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- Fiji.
- Omán.
- Samoa.
- Trinidad y Tobago.
- Vanuatu.
- Samoa estadounidense.
- Guam.
- Islas Vírgenes estadounidenses.
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- Hipotecario (224,37%)
- HSBC (156,65%).
- Patagonia (156,64%)
- Columbia (154,29%).
- BBVA (153,88%).
- Santander (151,65%)
- Itaú (149,61%).
- Supervielle (146,39%).
- Comafi (145,93%)
- Galicia (140,55%).
Comunicado de prensa del Fondo Monetario Internacional
«19 de febrero de 2020
Un equipo del FMI, dirigido por Julie Kozack, Subdirectora del Departamento del Hemisferio Occidental, y Luis Cubeddu, Jefe de Misión para Argentina, visitó Buenos Aires[1] del 12 al 19 de febrero de 2020 para discutir con las autoridades argentinas los recientes desarrollos macroeconómicos y conocer en mayor detalle el programa económico del gobierno. Al finalizar la misión, la Sra. Kozack y el Sr. Cubeddu emitieron la siguiente declaración: “El personal del FMI tuvo reuniones muy productivas con las autoridades argentinas sobre sus planes y políticas macroeconómicas, cuyos lineamientos han sido reiterados la semana pasada por el ministro de Economía, Martin Guzmán, en su presentación en el Congreso de la Nación. Compartimos el objetivo general de las autoridades de restablecer el crecimiento y reducir la pobreza, y al mismo tiempo fortalecer los equilibrios fiscal y externo. Las autoridades argentinas están actuando para resolver la difícil situación económica y social que enfrenta el país. Han implementado un conjunto de medidas para atacar la problemática de la pobreza y estabilizar la economía. Se ha buscado aumentar la recaudación en parte para financiar un mayor gasto social, que por lo general está dirigido a atender las necesidades de los más vulnerables. Las reservas internacionales y el peso se han estabilizado con el apoyo de los controles de capital y el superávit comercial. La inflación y las expectativas de inflación han bajado en los últimos meses, pero esfuerzos adicionales serán necesarios para reducirlas aún más desde sus altos niveles actuales. Las autoridades también se encuentran en un proceso para garantizar una resolución sostenible y ordenada de su situación de deuda. El personal del FMI notó que la capacidad de enfrentar el nivel y el servicio de la deuda pública de Argentina se deterioró significativamente en comparación con el último análisis de sostenibilidad de la deuda del FMI, publicado en julio de 2019, en el contexto de la Cuarta Revisión bajo el Acuerdo Stand-By (SBA). En esa ocasión, la evaluación general fue que la deuda pública de Argentina era sostenible, pero no con una alta probabilidad, dados los riesgos sustanciales, que incluían: (i) problemas en refinanciar la deuda por el aumento de nuevas emisiones de corto plazo; (ii) vulnerabilidad de la trayectoria de la deuda pública a la volatilidad del tipo de cambio, dado que una gran parte está denominada en moneda extranjera; y (iii) grandes necesidades de financiamiento externo, variable que por lo general es buen un predictor de crisis en economías emergentes. Desde entonces, esos riesgos a la sostenibilidad de la deuda se han materializado. De hecho, desde julio de 2019, el peso se ha depreciado en más del 40 por ciento, el riesgo soberano ha aumentado cerca de 1100 puntos básicos, las reservas internacionales han disminuido alrededor de US$ 20 mil millones y el PIB real se ha contraído más de lo que había sido proyectado. Como resultado, la deuda pública bruta aumentó a cerca de 90 por ciento del PIB a fines de 2019, 13 puntos porcentuales más que la proyección en el momento de la Cuarta Revisión. Además, dadas las profundas dificultades de financiamiento que surgieron, desde agosto 2019 se han adoptado medidas para mitigar la fuga de capitales y extender el vencimiento de ciertas deudas. Al mismo tiempo, se ha tenido que recurrir al Banco Central para financiar parte del déficit fiscal. A la luz de estos desarrollos, y sobre la base del análisis de la sostenibilidad de la deuda de julio de 2019, el personal del FMI ahora evalúa que la deuda de Argentina no es sostenible. Específicamente, nuestra visión es que el superávit primario que se necesitaría para reducir la deuda pública y las necesidades de financiamiento bruto a niveles consistentes con un riesgo de refinanciamiento manejable y un crecimiento del producto potencial satisfactorio no es económicamente ni políticamente factible. En consecuencia, se requiere de una operación de deuda definitiva, que genere una contribución apreciable de los acreedores privados, para ayudar a restaurar la sostenibilidad de la deuda con una alta probabilidad. El personal del FMI hizo hincapié en la importancia de continuar un proceso colaborativo con los acreedores privados para maximizar su participación en la eventual operación de deuda. El personal del FMI y las autoridades continuarán dialogando estrechamente a medida que las autoridades continúen avanzando en la concreción de sus planes y políticas económicas. En el contexto de la próxima reunión de Ministros de Finanzas del G20, la Directora Gerente del FMI, Kristalina Georgieva, se reunirá con el Ministro de Economía, Martín Guzmán, a efectos de definir los próximos pasos de la relación entre el FMI y la República Argentina.»La epidemia cercana: Un desarrollo de UNSAM para detectar el dengue en minutos

