A. B. F.
Qué deja la reunión del G20 en Buenos Aires
El primer resultado que corresponde mencionar es que hubo un acuerdo. Esto es menos y más importante de lo que suena: es un comunicado final con consenso, que no obliga a nada concreto a los firmantes. Pero, como ya se hizo notar, en las otras reuniones de Jefes de Estado que hubo este año -el G-7 y el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico- no se logró acordar una declaración final.
Entonces, que en Buenos Aires se consiguió hacerlo (diez minutos antes de que terminara la cumbre, pero eso no es sorpresa) es un éxito diplomático. Se puede preguntar si sirve de algo, pero sería la misma pregunta que ¿sirve el G20? o ¿sirve la diplomacia? La respuesta es sí, en la medida que se tenga claro que su función no es gobernar el mundo, ni mucho menos luchar por la justicia. Sirve para moderar y negociar los conflictos de intereses entre los que participan, y evitar -en lo posible- que se agraven.
También es necesario señalar que fue un éxito de alguien tan poco «diplomático» como el presidente de los EE.UU., Trump: En la declaración no se rechaza el proteccionismo y se reconoce que la OMC (Organización Mundial del Comercio) no alcanza sus metas y es necesaria una reforma.
Ambas cosas se dan por primera vez en las reuniones del G20 desde que participan los Jefes de Estado. En la Casa Blanca dijeron que el G-20 «adoptó un comunicado por consenso que apoya muchos de los grandes objetivos de Estados Unidos”. Y es cierto. No se debe tanto a su dureza como negociador, como al reconocimiento del poder de su país.
Un tercer resultado no es explícito, ni se refleja en ningún documento. Pero en esta reunión del G20 se ha hecho evidente que hay dos Grandes Potencias globales que están en una categoría distinta a las demás: EE.UU. y la República Popular China. Otros actores, poderosos sin duda, la Rusia de Putin, la Unión Europea, con Merkel y Macron en el escenario, Gran Bretaña con una debilitada Teresa May, están en una segunda fila.
Al texto completo del comunicado final (cinco carillas, en inglés) se puede acceder cliqueando aquí. A los que prefieren evitarse ese trabajo, sintetizamos algunos puntos principales:
Comercio
En línea con las quejas de Trump, el comunicado afirma que las organizaciones multilaterales de comercio no cumplen sus objetivos de promoción del crecimiento y generación de empleo. Se menciona explícitamente a la Organización Mundial de Comercio (OMC), a la que quiere reformar «para mejorar su funcionamiento».
FMI
Se lo considera crucial para la seguridad económica global. El texto aboga por proveerle fondos adecuados y culminar el proceso de reforma de cuotas, para las reuniones de primavera (del hemisferio norte) del organismo en 2019. Las cuotas determinan el peso (derecho a voto) de cada miembro.
Corrupción
El G20 «se compromete a prevenir y luchar contra la corrupción y predicar con el ejemplo». Menciona como actividades a perseguir el lavado de dinero y el soborno a funcionarios de países extranjeros.
Igualdad de género
El G20 volvió a comprometerse en la reducción de la brecha de género en el mundo del trabajo en un 25% para 2025. Asimismo, sus integrantes harán mayores esfuerzos para mejorar la educación de las niñas.
Futuro del trabajo
Señalando que las nuevas tecnologías transformarán el mundo del trabajo, el G20 hace un llamado por un escenario laboral «inclusivo, justo y sostenible».
Cambio climático
Al ser el único punto en que EE.UU. y todos los otros participantes dejan registrada su posición por separado, lo tratamos en una nota distinta de AgendAR.
Igual, vale la pena indicar que los miembros del G20 tomaron nota, sin asumir compromisos, de los llamados de científicos en las Naciones Unidas a adoptar una meta más ambiciosa de reducción del calentamiento global en 1,5 grados Celsius por encima de los niveles previos a la revolución industrial.
Trump y Xi acuerdan una tregua de 90 días en la guerra comercial
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el de China, Xi Jinping, acordaron ayer sábado en Buenos Aires una tregua de 90 días en su guerra comercial, en una reunión que fue llamada por la Casa Blanca «muy exitosa».
La cena, con solomillo y vino Malbec, reunió a los funcionarios claves de ambas delegaciones en el Palacio Duhau, y algunos periodistas afirmaron que se escucharon aplausos una vez que finalizó y que ambas delegaciones parecían satisfechas.
Según informó Estados Unidos, el presidente Trump accedió a que este 1° de enero los productos por 200.000 millones de dólares que los EE.UU. importan de China seguirán con un arancel del 10% en lugar de elevarlo al 25%, como había amenazado. A cambio, China acordó comprar un monto aún no acordado, pero que denomina «muy sustancial», de energía, productos agrícolas e industriales desde Estados Unidos para reducir el desbalance comercial.
El estadounidense y el chino acordaron comenzar negociaciones inmediatamente para hacer cambios «estructurales» respecto a las transferencias tecnológicas y protección de propiedad intelectual, otra de las exigencias de EE.UU. Esto debe solucionarse en el lapso de 90 días. Si no, Washington subirá las tarifas al 25%.
Además, Xi acordó designar al fentanilo –una droga que está causando estragos en Estados Unidos– como una sustancia controlada, para que los que vendan ese producto a los Estados Unidos sean pasibles de ser penados por la pena máxima en China.
La reunión había comenzado en un clima optimista. En un breve diálogo con los periodistas luego de saludar a Xi y minutos antes de la reunión, Trump había sido optimista al decir que “vamos a discutir sobre comercio y creo que en algún punto vamos a terminar haciendo algo que será grande para China y para los Estados Unidos”. Trump dijo también que había establecido “una maravillosa relación” con Xi y dijo que “eso será una razón muy importante por la que probablemente terminemos consiguiendo algo bueno para China y para Estados Unidos”.
A su turno, Xi habló brevemente con la prensa y dijo que era “un gran placer” tener la posibilidad de reunirse con el estadounidense y resaltó la “amistad personal” con Trump. “Ha pasado cierto tiempo desde nuestro encuentro anterior…muchas cosas han pasado en el mundo”, dijo el mandatario chino. “Solo con cooperación entre nosotros vamos a servir a los intereses de paz y prosperidad”, dijo. “China y Estados Unidos, dos países importantes con una gran influencia en el mundo, mostraron responsabilidades importantes para la paz y la prosperidad internacional”.
«Fue un un encuentro increíble y productivo con posibilidades ilimitadas para Estados Unidos y China», dijo Trump, con su típico entusiasmo.
El New York Times, en su edición de hoy, dice -entendemos que con más realismo- que antes que un avance debe considerarse que se evitó una ruptura. Y que ambos gobiernos siguen teniendo posiciones muy diferentes en temas básicos.
Cambio climático: Estados Unidos y el resto del mundo
En otra nota de AgendAR damos acceso al texto original -en inglés- del comunicado final con consenso que dejó esta cumbre del G20. Nos parece importante ver por separado el único punto -en ese listado de buenas intenciones- que uno de los países -los EE.UU.- consideró necesario dejar escrito que no lo compartía. Estas son las posiciones (nuestra traducción):
«20. Los signatarios del Acuerdo de París, que también se han unido al Plan de Acción de Hamburgo, reafirman que el Acuerdo de París es irreversible y se comprometen a su plena aplicación, asumiendo responsabilidades comunes pero diferenciadas, y sus capacidades respectivas, a la luz de las diferentes circunstancias nacionales. Continuaremos abordando el cambio climático, mientras promovemos el desarrollo sostenible y el crecimiento económico.
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21. Los Estados Unidos reiteran su decisión de retirarse del Acuerdo de París y reafirman su fuerte compromiso con el crecimiento económico y el acceso y la seguridad energéticas, utilizando todas las fuentes de energía y todas las tecnologías, a la vez que protegen el medio ambiente.»
El cambio climático no es para los argentinos, sólo una preocupación de meteorólogos y ambientalistas. El tema tiene implicancias muy concretas, en un país donde la agro y la ganadería son actividades de importancia económica decisiva.
Entonces, vale la pena pensar porqué, en un catálogo de buenas intenciones, que incluye desde mejorar los sistemas fiscales a luchar contra la corrupción, este sea -repetimos- el único punto donde los EE.UU. decidieron separarse públicamente del consenso ¿Los mineros de carbón de West Virginia y los petroleros de Alaska pesan tanto electoralmente?
¿O los que piensan en serio en el tema saben que para hacer algo en serio con la emisión de carbono y otros «gases de invernadero» -si alguna vez se deciden a hacerlo- será necesaria una autoridad internacional con fuertes poderes? Si es así, es posible que EE.UU. quiera sentar el precedente que a ellos no les cabe. Como sucede con la Corte Penal Internacional.
YPF registró un derrame de petróleo en Santa Cruz
En la noche del jueves 29 se registró un nuevo derrame de petróleo de YPF. Fue en el yacimiento Los Perales, el principal campo petrolífero de la petrolera bajo control estatal en Santa Cruz, más precisamente en la zona de baterías de recepción denominada como Loma CUI 5. Es una zona de tanques de acopio y separación de agua de producción del bloque, ubicado en la proximidad de Las Heras al norte de la provincia.
En rigor, se trató de un incidente por la rotura de un filtro de las instalaciones, a raíz de la antigüedad de los materiales utilizados en campos maduros que llevan décadas en explotación. No se registró un error humano ni tampoco un procedimiento inadecuado en la operación. El 90% del fluido vertido en superficie permaneció dentro del recinto de locación, armado con contenciones de hormigón. Personal de YPF ya trabaja para succionar con bombas el fluido derramado, que en un 92% está compuesto por agua.
Fuentes de YPF aclararon que “se trató de un incidente menor” que no tiene comparación con el registrado hace dos meses en Bandurria, un área de la empresa sobre Vaca Muerta, que derivó en la suspensión de la licencia ambiental para operar en dos pads de ese bloque.
«Un país sin ciencia y tecnología no es un país independiente».
Hace pocas semanas -como se informó en su momento en AgendAR- la biotecnológica argentina Bioceres, nacida en medio de la crisis de 2001, decidió asociarse con la Union Acquisition Corp y, a través de un intercambio de acciones, desembarcó en la Bolsa estadounidense. Ahora, las dos empresas juntas están valuadas en u$s 456 millones.
Una de las puntas fuertes de la compañía es el lanzamiento, durante 2019, de semillas de soja y trigo con tolerancia a sequía. Estas semillas, que están listas desde 2015, tienen la aprobación del Senasa, y están aguardando los últimos permisos para ser lanzadas al mercado.
La mayor responsable de este desarrollo es Raquel Chan, especializada en biotecnología vegetal del Conicet y la Universidad del Litoral, que estudia desde hace más de una década cómo las plantas se adaptan al medio ambiente, desde un punto de vista molecular. Pero su desarrollo pasó las puertas del laboratorio y llegó al sector privado: es una muestra de lo que puede suceder cuando la transferencia del sector público al privado funciona. En este caso, cada parte se ocupó de las actividades que cada una hace mejor -una investigar, la otra gerenciar y efectuar ensayos-, y los resultados fueron exitosos.
«Las investigaciones son financiadas por el Conicet y la hoy secretaria de Ciencia y Tecnología», cuenta Chan en un reportaje. «Comenzamos a trabajar con Bioceres cuando era un desprendimiento de la Aapresid [Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa], en 2003. Les mostré los resultados preliminares, un gen con el que trabajábamos que soportaba cuestiones hídricas, y nos pusimos a trabajar. Hubo mucha inconsciencia de las dos partes, no nos dábamos cuenta de todo los que nos quedaba por recorrer».
En 2012, el equipo dirigido por Chan, con ensayos realizados por la empresa Biotech, mostró el resultado del arduo trabajo: la tecnología transgénica HB4, desarrollada completamente en la Argentina.
«Las primeras pruebas se realizaron en las Arabidopsis thaliana, una planta maravillosa que sirve para hacer experimentos en números significativos por su reducido tamaño. Cuando nos dimos cuenta de que necesitábamos una cantidad de dinero que no teníamos ni íbamos a tener, fue cuando fuimos a buscar a Bioceres, porque hay que proteger la propiedad intelectual antes para después recuperar la inversión».
Cuenta luego que, si bien todo el resto del desarrollo quedó en manos de la empresa, quedaron ligados en una trabajo conjunto pero de una manera no formal. «La relación tuvo altibajos», reconoce. «No es fácil encontrar un lenguaje común entre empresarios e investigadores.»
La salida de los permisos para la semilla de trigo está varada en la Dirección Nacional de Mercados Agropecuarios, «que tiene miedo de que la Argentina sea la primera que comercialice trigo transgénico en todo el mundo», comenta la investigadora. «Y la soja está esperando un permiso chino, porque necesitás la autorización de los distintos mercados. Se está previendo que salga en 2019. Mientras, los productores en la Argentina, después de la sequía del año pasado que dejó pérdidas millonarias, están desesperados de que salga el producto al mercado. Si el año que viene hay sequía y no sale va a ser un crimen.»
Chan es firme en reclamar por los problemas presupuestarios que atraviesa el sector científico estatal argentino. «Venimos en caída libre, desde principios de año que nos llega a cuentagotas el dinero del funcionamiento institucional, y al instituto lo estamos manteniendo con lo que ingresa por los servicios que damos a terceros. Es dinero que usamos para cuestiones básica, como cargar los matafuegos y reparar los ascensores», detalla.
Mientras tanto, los financiamientos para proyectos que fueron presupuestados en 2014 y se aprobaron en 2015, recién comenzaron a pagarse este año. Con un dólar que trepó desde $ 10 a casi $ 40, «se licuó la cuarta parte». «Estamos gastando lo menos posible, pero nuestros insumos -como los reactivos- están dolarizados porque no se producen en el país. No compramos equipamiento pero si se rompe lo que tenemos, los repuestos vienen de afuera y es un problema que va a crecer con el tiempo si todo esto sigue así.»
Cierra con una frase lapidaria: «Un país sin ciencia y tecnología no es un país independiente».
La Bestia vs Aurus: el auto de Trump y el de Putin
Durante los eventos del G20, los mandatarios de los Estados Unidos y Rusia, Donald Trump y Vladimir Putin, recorren Buenos Aires en sus vehículos de seguridad especiales. En el caso de Trump, a bordo de La Bestia II y Putin en su Aurus.
La Bestia:
The Beast II, su nombre completo, es una nueva limousine blindada fabricada por Cadillac. El modelo reemplaza a The Beast I, que estrenó su antecesor, Obama, y que recorrió las calles de Buenos Aires en marzo de 2016.
El vehículo está armado a partir de un chasis de camión de General Motors, con una carrocería cuya trompa está inspirada en un modelo actual de Cadillac. En este caso, el CT6 V-Sport. Este auto está basado en la estructura de un camión, por eso el motor y la transmisión también tienen el mismo origen: diesel de ocho cilindros y 6.5 litros de cilindrada. Mide casi seis metros de largo y pesa alrededor de nueve toneladas.
Las puertas son de 20 cm. de espesor, el piso de 13 centímetros de grosor, tiene protección para resistir el ataque con bombas, cabina aislada para soportar atentados con armas químicas y hasta bolsas de sangre para realizarle una transfusión de emergencia al presidente. Su fabricación costó US$ 1,5 millones.
Aurus:
El vehículo fue desarrollado y fabricado por el Instituto NAMI de Moscú, Rusia. El motor es una creación conjunta de NAMI y Porsche Engineering. La caja de cambios es producto de la compañía rusa KATE. La limousine rusa demandó seis años de desarrollo, durante los cuales fue conocida como Proyecto Kortez.
Su nombre es una combinación de la palabra «aurum» (‘oro’ en latín) y Rusia. El vehículo presenta un motor V8 de 4,4 litros con un motor eléctrico de apoyo: da 598 caballos de vapor + 60 caballos de vapor del motor eléctrico.
El blindaje es tan espeso que es capaz de soportar explosiones de bombas, disparos de tanques y hasta ataques con armas químicas. Su cabina es hermética y cuenta con una provisión de oxígeno para que sus ocupantes puedan permanecer encerrados y con vida durante varias horas.
Los rusos copiaron una idea del Cadillac One: la Aurus cuenta con una reserva de sangre del propio Putin, para realizarle una transfusión en caso de necesidad.
Comparando:
El vehículo ruso tiene una apariencia similar a las limusinas de lujo británicas de la marca Rolls-Royce, mientras tanto, la Bestia parece «un Cadillac montado sobre un tanque», tal y como lo calificó una vez el ex presidente Obama.
En cuanto a las medidas de seguridad y avances tecnológicos, el medio estadounidense NewsWeek muestra dudas acerca de que Aurus sea capaz de superar a la Bestia en este aspecto, pero también subrayó que esta supuesta superioridad de la limusina estadounidense tiene su precio. Según el artículo, la limusina de Donald Trump pesa una tonelada y media más que la de Vladímir Putin, y no tiene un motor tan potente. La limusina del mandatario de EEUU acelera hasta los 100 km/h en 15 segundos. Por su parte, según el medio especializado ruso Voditel Peterburga, el Aurus de Putin tiene una velocidad máxima de 250 km/h y puede alcanzar los 100 km/h en tan solo 7 segundos.
Los tiempos que vivimos presentan estas exigencias a la industria automotriz. Para los lectores más fierreros de AgendAR, agregamos este video que abunda en los detalles:
La industria del software en un momento difícil
La industria del software fue un sector emblemático para Mauricio Macri y sus colaboradores, aún antes de llegar a la presidencia. Por razones y vínculos de coyuntura, pero también porque la acompaña un aura de modernidad que encaja muy bien con la imagen que al dirigente le interesaba mostrar a la sociedad argentina.
El Distrito Tecnológico de Parque Patricios fue una política pública de impulso al sector cuando Macri era jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Gracias a sus beneficios impositivos a la fecha las 200 hectáreas del lugar contienen a 300 empresas del sector que incluyen, además, locales dedicados a servicios como Megatlon y Starbucks. Construir un polo para startups de base tecnológica era el plan para que otras empresas les hicieran compañía a los «unicornios» locales: Globant, Despegar, OLX y MercadoLibre.
Este apoyo a la modernización de la estructura productiva local rindió sus frutos al momento de llegar a la presidencia. Una de las primeras empresas en anunciar inversiones fue Globant —que en 2016 se comprometió a desembolsar $ 1.200 millones en cinco años—. A escala nacional, otros dos hitos fueron la Ley Pyme –que consiguió aprobar el Congreso Nacional en 2016— y la famosa de Emprendedores que, a escala nacional, incluyeron menor presión tributaria, mayor acceso al crédito, trámites simplificados e incentivos fiscales a la inversión.
Pero no duró. Este año, Larreta disolvió el Ministerio de Modernización porteño y el presidente Macri degradó a su versión nacional. A estas medidas se les sumó el anuncio de retenciones para las exportaciones del sector de los servicios —$ 4 por cada dólar exportado hasta 2020—y que morigera el aumento de competitividad que obtuvieron aquellas firmas locales dedicadas a la exportación producto del salto abrupto en la cotización de la divisa estadounidense.
Otro ítem a destacar es que cada día está más cerca el fin del Régimen de Promoción de la Industria del Software, promulgado en 2004 y cuya última prórroga vence en diciembre del año próximo. Esta incluye un 70 por ciento de las contribuciones patronales, a través de un crédito fiscal intransferible para pagar impuestos nacionales. Una cifra para nada menor cuando se considera que el 80% de los costos de las empresas desarrolladoras y exportadoras de software corresponde a los salarios de ingenieros y desarrolladores. Hay que agregar, también, que la Ciudad de Buenos Aires otorga una rebaja del impuesto a los Ingresos Brutos a aquellas compañías que estén dentro del régimen. Finalmente, cabe mencionar que el otorgamiento los fondos sectoriales de lo que era el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva a toda la industria tecnológica (el Fondo Tecnológico Argentino y el Fondo Fiduciario para la Promoción de la Industria del Software) se encuentra congelado desde marzo.
Existen, entonces, razones para comprender por qué el último informe del Observatorio Permanente de la Industria del Software y Servicios Informáticos (Opssi) de la Cámara Argentina de Software (Cessi), muestra que las expectativas respecto del crecimiento de las exportaciones cayeron un 45,5% y las expectativas del empleo, 36%. El mismo estudio indica que el volumen total de ventas esperado para este año y respecto de 2017 pasó de un 5% de crecimiento a una caída del 10%. “Es difícil pensar nuevas propuestas, adquisición de equipos o tomar gente cuando en la industria estás trabajando con el 60% de la capacidad productiva”, dice el economista Fernando Peirano.
Argentina frente a la trampa de Tucídides
Hace un año y 6 días publicaba la reflexión siguiente en un blog personal, que a pesar de eso tuvo bastante difusión. La reitero acá porque me parece que continúa siendo válida y es más urgente, como los acontecimientos en esta reunión del G20 indican:
«No deben sorprenderse del título (si es que lo hacen). Es una forma ya convencional, entre los analistas de la política internacional, de referirse al tema que aparece decisivo en estas primeras décadas del siglo XXI: la relación entre esas dos Grandes Potencias: Estados Unidos, el hegemón tradicional y China, que está construyendo con nosotros, y con Brasil, una relación similar a la que tuvimos con Inglaterra en el siglo XIX.
Es necesario que empecemos a pensarlo con cuidado. Porque tiene y tendrá consecuencias para nosotros y para todos los habitantes de este planeta. Y, en mi opinión, el discurso y el pensamiento que asumió el actual gobierno para nuestra política internacional, el del “regreso al mundo” era lineal y de un oportunismo cortoplacista cuando Menem lo puso en práctica en la década del ’90; hoy es simplemente desubicado.
Como les dije, el tema está de moda. Uno de los autores que escribió sobre el asunto con más énfasis -y bastante simplificación- es Graham Allison, el autor de Destined for War: Can America and China Escape Thucydides’s Trap? Dice Mr. Allison:
“El rápido ascenso de Pekín pone en peligro la preponderancia de Washington. La historia nos enseña que en los próximos años el riesgo de una guerra entre ambos será muy real, pero también que hay maneras de evitarla.
Con el rumbo actual, el estallido de una guerra entre los dos países en las próximas décadas no solo es posible, sino mucho más probable de lo que se piensa. El motivo es la trampa de Tucídides: una tensión estructural letal que se produce cuando una potencia nueva desafía a otra establecida. El primero en describir este fenómeno fue el historiador griego en su narración de la Guerra del Peloponeso. “La guerra era inevitable, por el ascenso de Atenas y el miedo que eso inspiró en Esparta”, explicaba Tucídides.
El proyecto de historia aplicada que dirijo en Harvard ha encontrado, en los últimos 500 años, 16 casos en los que el ascenso de una gran nación trastocó la posición de otra nación dominante. Doce de ellos terminaron provocando una guerra.
Un ejemplo claro es lo que ocurrió hace 100 años. ¿Cómo es posible que el asesinato de un archiduque desencadenara una conflagración tan catastrófica que los historiadores tuvieron que crear una categoría nueva, la de guerra mundial? La respuesta es que la tensión crónica causada por la rivalidad entre una potencia emergente y una potencia dominante provoca una dinámica fatal en la que acontecimientos que, en otro caso, serían insignificantes o al menos manejables pueden desatar una cascada de acciones y reacciones y desembocar en un resultado que nadie deseaba.
El hecho de que, en cuatro de los 16 casos, se evitara la guerra, significa que el resultado no está predeterminado. La trampa de Tucídides no es un concepto fatalista ni pesimista, sino que debe servir para que seamos conscientes del tremendo peligro creado por la situación actual entre Estados Unidos y China. Si las dos partes continúan como hasta ahora, la historia se repetirá.
El mundo no ha presenciado nada equiparable al cambio tan veloz y trascendental en el equilibrio de poder debido al ascenso de China. Si Estados Unidos fuera una empresa, podría decirse que, en los años inmediatamente posteriores a la II Guerra Mundial, facturaba el 50% del mercado económico mundial. En 1980 facturaba el 22%. Tres décadas de crecimiento superior al 10% de China han reducido la cuota estadounidense al 16%. Por su parte, China pasó de representar el 2% de la economía mundial en 1980 al 18% en 2016.
Para los estadounidenses acostumbrados a un mundo en el que su país era el número uno, la idea de que China pueda superarlos parece inconcebible. En los últimos años, los medios occidentales no dejan de hablar de la “desaceleración” china y la “recuperación” de Estados Unidos. Sin embargo, a pesar de su “desaceleración”, China crece tres veces más de prisa que EE UU. Según el F.M.I., en 2014 China sobrepasó a Estados Unidos y se convirtió en la primera economía en términos de paridad de poder adquisitivo, que tanto la CIA como el FMI consideran el mejor criterio para comparar economías nacionales. Si los dos países continúan sus tendencias de crecimiento actuales, la economía china será un 50% mayor en 2023. Y tres veces mayor en 2040. Las afirmaciones del presidente Trump de que Estados Unidos ha estado “retrocediendo” frente a China reflejan, en parte, la realidad de esos cambios.
¿Podrán Trump y Xi Jinping gestionar la relación geopolítica más crucial del siglo XXI sin ir a la guerra? Desde el punto de vista de la personalidad, el presidente de Estados Unidos y el de China no pueden ser más distintos, pero se parecen en muchos otros aspectos. Ambos han prometido hacer que sus respectivos países vuelvan a ser grandes con un programa de cambios radicales. Todo el mundo conoce el famoso lema de Trump. Cuando Xi llegó al poder en 2012, también prometió devolver la grandeza a China, proclamó su “sueño chino” y llamó al “gran rejuvenecimiento de la nación china”.
¿Seguirán Trump y Xi Jinping los trágicos pasos de Atenas y Esparta? Los dos se enorgullecen de lo que consideran sus extraordinarias cualidades de líderes. Trump alegó tener un instinto sin igual para los negocios como base de sus aspiraciones a la presidencia. Xi ha concentrado hasta tal punto el poder que muchos le llaman “el presidente de todo”. El excepcionalismo forma parte del programa político de los dos, y eso indica una semejanza más fundamental: cada uno de ellos tiene un gran complejo de superioridad y considera que no hay nadie que se le compare. Y, lo más importante, cada uno piensa que el otro país es el principal obstáculo para lograr sus objetivos.
El riesgo es que, en medio de la tensión estructural provocada por el ascenso de China y exacerbada por las visiones rivales de Xi y Trump, las crisis inevitables que, normalmente, podrían contenerse acaben desembocando en algo que no desea ninguna de las dos partes.
Aun así, la guerra no es inevitable. La historia demuestra que las grandes potencias pueden manejar las relaciones con sus rivales, incluso con las que amenazan con derrocarlas, sin desencadenar una guerra. El primero de los cuatro casos “sin guerra” que examino es la rivalidad entre un Portugal hegemónico y una España en ascenso a finales del siglo XV, cuando esta última, unida y rejuvenecida, empezó a desafiar el dominio comercial portugués y a hacerse con el poder colonial en el Nuevo Mundo. Cuando las dos potencias ibéricas estaban al borde de la guerra, la intervención del Papa y el Tratado de Tordesillas, de 1494, evitaron en el último momento una guerra devastadora.
El conflicto entre Portugal y España y los otros tres casos de resolución pacífica pueden enseñar mucho a los estadistas actuales, igual que los fracasos. ¿Seguirán Trump y Xi —o sus sucesores— los trágicos pasos de los gobernantes de Atenas y Esparta, de Gran Bretaña y Alemania? ¿O encontrarán una manera tan eficaz de evitar la guerra como Gran Bretaña y Estados Unidos hace un siglo y Estados Unidos y la Unión Soviética durante las cuatro décadas de la Guerra Fría? Nadie lo sabe, por supuesto. De lo que sí podemos estar seguros es de que la dinámica que descubrió Tucídides se intensificará en los próximos años“.
A mi modo de ver -ya lo señalé al comienzo- Allison simplifica demasiado en esta nota. No se trata de lo que pueden hacer Xi y Trump, sino de las dinámicas internas de China y de EE.UU. Y de los otros actores globales, que son menos poderosos pero existen.
De todos modos, es cierto que la relación de conveniencia y rivalidad entre EE.UU. y China es el marco en el que se dará la historia de los próximos años. Probablemente, las próximas décadas. Para la Argentina, que está hoy en la esfera de influencia directa de los Estados Unidos y cuyo principal cliente es China, después del Brasil, debe ser la preocupación central de nuestra política exterior».
A. B. F.
China aumenta sus compras de grano y aceite de soja
Ayer el gobierno argentino firmó con la empresa estatal china Sinograin un acuerdo que permitirá exportar grano y aceite de soja hasta 1500 millones de dólares de la campaña 2018/19.
En el marco de las reuniones que se hacen por el G20, el secretario de Gobierno de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, rubricó un convenio con Deng Yiwu, presidente de Sinograin, que prevé exportar entre 2 y 3 millones de toneladas de poroto de soja y entre 300.000 y 400.000 toneladas de aceite de soja. En septiembre, Etchevehere estuvo en China reunido con directivos de Sinograin, quienes le anticiparon la intención de la firma en avanzar en las compras de aceite de soja.
Después de tres años, China volvió a adquirir aceite de soja de la Argentina (ese país había llegado a comprarnos hasta unas 800.000 toneladas). Considerando la vocación china por elaborar ellos la materia prima -una vocación admirable, que deberíamos imitar- la decisión de volver a comprar nuestro aceite, indica que el producto de nuestro principal complejo agroindustrial es competitivo. Y también que China sigue privilegiando la relación con Argentina. En tu cara, Donald!
Aplicaron a Edenor y Edesur multas por 461 millones de pesos. Otra vez
El Ente Nacional de Regulación de la Electricidad (ENRE) informó que en el semestre marzo-agosto le aplicó a Edesur multas por 290,8 millones de pesos y a Edenor por 170,1 millones debido a reiterados cortes de luz, problemas de tensión y déficits en la calidad del servicio comercial. En total, la penalizaciones llegaron a 460,9 millones.
Para medir la calidad del servicio técnico de las distribuidoras, el ENRE utiliza dos indicadores: la frecuencia media de interrupción por usuario semestral (SAIFI por sus siglas en inglés) y la duración total de interrupción por usuario semestral (SAIDI por sus siglas en inglés). En ambos casos excluye de su cálculo las interrupciones por causas fortuitas o de fuerza mayor.
En el caso de Edenor, la frecuencia la frecuencia media de interrupción por usuario en el semestre fue de 3,57 veces, cifra inferior al parámetro de 4,53 veces considerado en la Revisión Tarifaria Integral (RTI). La duración total de interrupción semestral –13,35 horas– también figura por debajo del objetivo considerado en la RTI: 14,40 horas. No obstante, si se considera la totalidad de interrupciones ocurridas en el semestre, contemplando los casos fortuitos y de fuerza mayor, la frecuencia media de interrupción por usuario fue de 3,99 veces en el semestre, y la duración total de interrupción en el semestre fue de 14,65 horas. De este modo, el resultado del SAIDI figura por encima del límite contemplado.
Vale la pena hacer notar que el ENRE ya había aplicado multas a esas distribuidoras por falencias en el servicio del período desde septiembre de 2017 hasta febrero de 2018, como informó oportunamente AgendAR. No parece entonces que las multas sean la solución.

