Depredando el Mar Argentino

Cientos de buques poteros de bandera extranjera pescan en la zona adyacente a la milla 200 de la Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEEA) –en la que el país es soberano en relación con la exploración y el uso de los recursos marinos– a la altura de Comodoro Rivadavia, Chubut. Frente al Golfo de San Jorge, se encuentra el Agujero Azul, una región de gran biodiversidad que es fuente de alimentación de diversas especies que habitan el Mar Argentino. Allí está el codiciado calamar Illex argentinus que, además de tener un atractivo comercial en todo el mundo, es una especie migratoria y por ello no siempre se encuentra dentro de aguas nacionales.

¿Es pesca ilegal?

Ante la falta de una organización regional de ordenación pesquera en el espacio marítimo limítrofe a la ZEEA, las actividades que realizan los buques extranjeros por fuera de la milla 200 no cumplen con los aspectos de la definición de la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (Indnr) establecida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y, por ello, no son consideradas ilegales. La pesca ilegal, entonces, se determina cuando los buques de flota extranjera ingresan a capturar especies, y no solo navegar, a nuestra zona económica sin autorización.

Si bien la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar) introduce disposiciones relativas a la conservación de los recursos vivos del mar y delimita la jurisdicción de los espacios marítimos, la falta de una regulación regional implica que no haya determinaciones sobre cuotas de capturas y vedas de pesca por fuera de la milla 200 y eso supone un problema: la sostenibilidad de las especies marinas.

“Desde el momento en que, fuera de la ZEEA, estas actividades pesqueras están desreguladas, deben ser consideradas depredatorias. Producen daños ecosistémicos y ambientales de magnitud desconocida”, remarcan la doctora Marcela Ivanovic, jefa de Pesquerías de Cefalópodos; la doctora Claudia Carozza, directora nacional de Investigación; y el director de Pesquerías de Invertebrados y Ambiente Marino, el doctor Gustavo Álvarez Colombo del Instituto Nacional de Desarrollo Pesquero (Inidep).

“Los países del Atlántico Sudoccidental deben tomar conciencia de la gravedad de la situación y del peligro real para el ecosistema regional y adopten, Uruguay, Brasil y Argentina, una forma de cooperación regional para regular los espacios marítimos internacionales adyacentes a sus zonas económicas exclusivas bajo figuras de ordenamiento que no afecten el reclamo de soberanía de la Argentina sobre las Islas [Malvinas].”, explica Juan Redini, armador del buque potero “Villarino” -una de las 73 embarcaciones que componen la flota nacional- y presidente de la Cámara de Armadores de Poteros Argentinos (CAPA).

Una oportunidad de controlar la sobrepesca y de preservar los recursos de los mares se abrió a principio de mes, con la celebración del tratado Global de los Océanos, un acuerdo histórico tras 10 años de negociaciones, por el que se pretende convertir el 30% de los océanos en zonas protegidas para 2030, con el objetivo de salvaguardar y recuperar la naturaleza marina.

Sin embargo, Flavia Broffoni, activista ambiental y cofundadora de XR (Extinction Rebellion), se muestra escéptica ante este nuevo tratado internacional. “No hay forma de que se regule la pesca en alta mar en tanto no haya un control. Lo que más me interesa como activista es ver cómo estamos tomando parte en los grandes conflictos ambientales. La pregunta es, ¿cómo tensionar esa voluntad política que no llega? Ya no negociamos más, debemos pasar a la desobediencia civil pacífica contra la crisis climática”, enfatiza.

El Illex Argentinus

Estos cefalópodos tienen un ciclo de vida de aproximadamente 1 año. Pasados los 8 meses, y luego de que las concentraciones reproductivas produzcan el desove dentro de aguas nacionales, se desplazan en sentido de la corriente marina dirigiéndose hacia el talud continental. En general, el cardumen sobrepasa el límite exterior de la ZEEA donde barcos de bandera extranjera capturan esta especie migratoria. Las mayores concentraciones de esta flota, se producen entre los meses de febrero a abril, con registros de casi 500 buques pesqueros extranjeros en operaciones.

“Las flotas pesqueras -en su mayoría de bandera china y en menor medida españolas, taiwanesas y coreanas- llegan del Océano Pacífico para cruzar al Atlántico a través del Estrecho de Magallanes en busca de calamar, merluza y otras especies ictícolas. Se trata, casi en su totalidad, de buques poteros, aunque también se detectan barcos arrastreros y palangreros de diferentes nacionalidades”, detalla el Prefecto Mayor Alfredo Oscar Panozzo, jefe del Servicio de Tráfico Marítimo de la Prefectura Naval Argentina (PNA).

Los buques poteros realizan sus actividades extractivas durante la noche. Con máquinas automáticas, pescan por medio de líneas de tanzas y potas (señuelos), especialmente diseñadas sobre la base del comportamiento de los calamares.

La poderosa iluminación de las lámparas ubicadas sobre la cubierta del barco hace que el cardumen de calamar se concentre durante la noche debajo del casco del buque, lo que facilita su captura. “Se trata del arte de pesca más selectivo, dado que solo se puede pescar calamar, y no otras especies”, precisa Panozzo.

Los buques poteros realizan sus actividades extractivas durante la noche. Con máquinas automáticas, pescan por medio de líneas de tanzas y potas (señuelos), especialmente diseñadas sobre la base del comportamiento de los calamares.
Los buques poteros realizan sus actividades extractivas durante la noche. Con máquinas automáticas, pescan por medio de líneas de tanzas y potas (señuelos), especialmente diseñadas sobre la base del comportamiento de los calamares

¿Cómo se patrulla la ZEEA?

La PNA posee cinco embarcaciones con las que se realiza el control de la actividad pesquera dentro de las 200 millas y su zona adyacente en los aproximadamente 700 kilómetros del litoral marítimo (Buenos Aires, Mar del Plata, Bahía Blanca y Puerto Madryn). Una guardia que funciona las 24 horas y los 365 días del año patrulla la zona de manera alternada por dos semanas.

El patrullaje marítimo se complementa con un sistema integral de vigilancia electrónica denominado Sistema Guardacostas, aplicado al control y vigilancia del mar. Este Sistema de Información Geográfica (GIS) permite la detección y seguimiento de los buques en los diferentes espacios marítimos, incluso de aquéllos que apagan sus AIS para no ser detectados.

“Tenemos más infracciones de buques argentinos que de extranjeros. Las infracciones de los buques argentinos son por navegar o pescar en zona de veda, o por excederse en los cupos de captura -detalló Panozzo-. A lo largo de 4 años, hubo 450 infracciones de buques argentinos y solo tres de buques extranjeros, de los que fueron capturados dos de nacionalidad china y uno portugués”.

Perjuicios para la industria nacional

Según cifras del Consejo Federal Pesquero (CFP), organismo encargado de definir la política pesquera del país y el principal regulador de la actividad pesquera marítima a nivel nacional, la industria pesquera es el octavo complejo exportador que mayor cantidad de divisas genera en el país. Entre el 93% y el 97% de los productos pesqueros que se desembarcan en puertos argentinos son destinados a los mercados internacionales.

Juan Redini no duda en identificar lo que, para él, es el principal perjuicio de que flotas extranjeras pesquen en el límite de la milla 201: la competencia desleal.

“Nos cuesta el 100% más tener el barco en el mar. Pagamos impuestos y no tenemos el combustible subsidiado. La flota china tiene subsidios en el combustible, paga salarios de US$100 mensuales y no descarga en puertos, sino que transborda la carga en alta mar a barcos frigoríficos. Para nosotros, cada descarga de la bodega implica US$170.000 y pagamos salarios bajo convenio colectivo. No hay manera de competir con los costos de esa flota”, enfatiza Redini.

El mercado en donde operan, además, es el mismo. Tanto la flota china como la nacional venden su producto, con mayor o menor nivel de procesamiento, a Japón, China, la Unión Europea y Estados Unidos. Por eso, el armador del buque “Villarino”, repite: “Nuestro negocio no depende de nosotros, sino de lo que pescan otros con nuestro recurso”.

Y explica: “Entre 2014 y 2015 se capturó 1.000.000 de toneladas de Calamar. 300.000 toneladas por buques argentinos, y 700.000 de extranjeros, por fuera de la ZEEA. Por eso, muchos se fundieron, dado que el precio del calamar descendió abruptamente”.

Ante la imposición de un nuevo arancel del 16% para notebooks: Aumentaron en promedio un 37,5%

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En condiciones de lata inflación, como las actuales es frecuente que los precios de venta suban en forma desmedida ante cualquier variación en las condiciones. «Tratan de adelantarse a la inflación» Después de que el martes saliera publicado en el Boletín Oficial que los aranceles a la importación de cuatro clases de notebooks se elevaban de 0 a 16%, y de un modelo de tablet, de 0% a 2%, los precios de los 10 modelos más vendidos en el portal Mercado Libre aumentaron un 37,5% en promedio en las siguientes 48 horas, aunque hubo casos que en particular treparon hasta un 80%. El dato surge de un relevamiento realizado por la Bolsa de Comercio de Córdoba. La notebook más vendida en Mercado Libre, la Dell Inspiron 3515, subió 4,7%; la segunda, que es la Asus X1502, 14,2%; la Dell Vostro 3401, 46,2%; la Asus X1502 (con un mejor procesador que el anterior), 13,4%; la HP 14-dq2024la, 76,9%; la Lenovo N5030, 47,4%; la Asus Vivobook 14, 11,8%; la Lenovo IdeaPad 15ITL05, 74,4%; la Dell Inspiron 3515 (con un mejor procesador que el anterior), 42,9%, y la Asus X515EA, 42,7%. Para la Bolsa de Comercio, la medida “no es aislada y se da en consonancia con el incremento de las barreras al comercio impuestas a nivel local en los últimos años”. “Esto deriva en mayores costos afrontados por toda la población en su conjunto, atenta contra la inserción del sector productivo en el resto del mundo y, por consiguiente, disminuye la generación de divisas”, advirtió. Según el estudio, la Argentina se ubica en la posición 14° del ranking de las alícuotas impositivas más elevadas vigentes sobre las importaciones y en el cuarto lugar si se analizan los aranceles promedio, con un 13,4%, detrás de India, Marruecos y Corea del Sur. El martes, tras conocerse la medida, Argencon, la entidad que nuclea a empresas prestadoras de servicios de todos los verticales de la economía del conocimiento, difundió un comunicado criticando la decisión del Gobierno. La entidad dijo que los equipos informáticos importados, “lejos de ser artículos suntuarios, son tecnologías indispensables requeridas por las industrias en general, y particularmente por las industrias del conocimiento”. “Este tipo de medidas retrasan el desarrollo de nuestras industrias encareciendo sus operaciones, afectando la formación de talento y complicando las perspectivas de crecimiento genuino de un sector que tiene alto potencial de desarrollo inmediato”, afirmó la cámara. La decisión de subir los aranceles quedó plasmada en el decreto 136/2023, que lleva la firma del ministro de Economía, Sergio Massa, y del jefe de Gabinete, Agustín Rossi. En los considerandos, dice que “por su impacto económico y social, el desarrollo y promoción de una industria nacional productora de equipamientos informáticos portátiles resulta una prioridad en las políticas desarrolladas por el gobierno nacional”. Según datos del Ministerio de Desarrollo Productivo, desde que se anunció la quita de aranceles en 2016, el precio promedio de las computadoras cayó 35% en dólares. En tanto, fuentes de la industria local dicen que solo bajaron 5% (pasaron de costar US$650 en noviembre de 2016 a US$615 en junio de 2018), pero se perdieron cerca de 400 puestos de trabajo y se dejaron de fabricar notebooks en Tierra del Fuego. Las empresas que se dedican a la producción de notebooks en plantas locales son Newsan, BGH, PC Art, EXO, Núcleo y, próximamente, Mirgor. La camara que agrupa a fabricantes locales -CAMOCA- afirma que en este marco entraran más productores al mercado

Estudian como diversas plantas nativas ayudan a repeler a los insectos

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  • Investigadores del BioLab, perteneciente a la provincia de Misiones, trabajan en la elaboración de repelentes a partir de la flora nativa de la selva misionera.
  • Buscan agregar valor a un recurso disponible en la región y producir alternativas eficaces contra vectores de enfermedades, como el mosquito que transmite el dengue.
Investigadores del BioLab, laboratorio de I+D perteneciente a la Agencia Misionera de Innovación, trabajan en el desarrollo de repelentes de insectos a base de plantas nativas de la selva misionera. El objetivo es darle un valor agregado a cultivos de pequeños productores y generar productos sustentables que sirvan para repeler insectos vectores de enfermedades. A su vez, la idea es que estos repelentes puedan usarse también en otro tipo de insectos a los cuales se desea repeler sin hacer daño, como las abejas. “Hoy existen algunos repelentes botánicos, por ejemplo, a base de citronella. Nosotros estamos buscando algo similar pero aprovechando la flora nativa de la provincia. Si logramos una fórmula efectiva, el desarrollo podría ser beneficioso para las personas que tienen parcelas de monte nativo en sus chacras, ya que sería un recurso económico para ellas y también ayudaría a preservar estas especies”, explicó a TSS el doctor en Farmacia Carlos Altamirano, investigador de BioLab y docente de la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM). En el BioLab, se desarrollan distintas líneas de investigación relacionadas con la elaboración de bioinsumos a base de la flora nativa y mediante métodos sustentables. Entre ellas, están el estudio de plantas medicinales con potencial para producir nuevos fármacos y la elaboración de biofilms para la conservación de alimentos. Además de especialistas del BioLab, en el desarrollo de repelentes participan integrantes de la cátedra de Farmacobotánica de la UNaM y tesistas de grado y posgrado. El proyecto surgió a partir del diálogo con comunidades Mbya guaraní de la zona, quienes proveen muchas de las plantas que utilizan en el laboratorio a través de la cooperativa que montaron para comercializar sus cosechas. “Un día, nos comentaron que ellos usan la hierba pipí (Petiveria alliacea) para evitar la picadura de mosquitos, frotándose las hojas en la piel. Es una planta pequeñita y tiene un aroma intenso”, cuenta Altamirano. Por eso, decidieron estudiar las propiedades de esa planta para el desarrollo de repelentes. La otra elegida fue la Cordia curassavica, un arbusto aromático que tuvo resultados promisorios en la tesis realizada por un estudiante. Si bien comenzaron a analizar esas dos especies, no descartan incorporar otras. Estos repelentes servirían para cualquier insecto volador pero el énfasis está puesto en los vectores de enfermedades, como el mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue, zika, chikungunya y fiebre amarilla. “También hay insectos que querés repeler pero no los querés dañar por su importancia para el ecosistema, como las abejas. Las fórmulas químicas comerciales dañan a los insectos. La idea es que el nuestro sea sustentable, con mínimo impacto ambiental”, indica el investigador. Lo primero que hicieron fue realizar una caracterización química de los extractos obtenidos de las especies elegidas. Luego, trabajaron en la elaboración de formulaciones híbridas que contienen extractos y aceites esenciales para evaluar distintos parámetros. Allí se toparon con el inconveniente de que el rendimiento de extracción fue bajo, por lo que están buscando alternativas para aumentar el aprovechamiento. En los próximos meses, harán los análisis toxicológicos, ajustarán las formulaciones y comenzarán con las pruebas con insectos. Los investigadores trabajarán con dos tipos de formulaciones: líquidas y semisólidas. De esta manera, apuntan que el producto final tenga distintas formas de aplicación, como pueden ser aerosoles, lociones y pomadas. Otro objetivo que quieren lograr es que la acción repelente dure más que la de los productos que existen en el mercado, cuya duración es de alrededor de dos horas. Esto sería una ventaja pensada sobre todo para quienes trabajan durante muchas horas en el monte o en zonas rurales. “Estimamos que, para fin de año, ya vamos a tener las pruebas hechas. El objetivo final es que quede la capacidad instalada para la provincia. De todos modos, el escalado va a depender de muchas variables, por ejemplo, lograr que el rendimiento sea mejor. Ojalá podamos llegar a un producto que pueda beneficiar a pueblos indígenas, productores y a las distintas partes de la sociedad, a la vez que también termine siendo beneficiada la naturaleza”, finalizó el investigador. (Nadia Luna / Agencia TSS)

Argentina empieza a crear su propio banco de datos genéticos

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El 18 de julio del 2021, informamos que el CONICET planeaba crear un banco de datos genéticos de la población Argentina con información demográfica y medica. Ahora, empieza a hacerse realidad: La Argentina empezó a crear su propio banco de datos genéticos a gran escala. Se trata del programa PoblAr, que generará un biobanco del genoma completo de unos 1800 voluntarios y cruzarán esa información con datos de estilo de vida, de alimentación, sociales, del fenotipo de las personas, y enfermedades propias y de sus familiares. El Programa de Referencia y Biobanco Genómico de la Población Argentina (PoblAr), está encarando una campaña federal de muestreo genómico y de datos asociados de alrededor de 1.800 voluntarios y voluntarias distribuidos en el país. Así, se buscarpa contar con un banco de datos genéticos de la población argentina, que también recopilará información sobre hábitos alimentarios, de estilo de vida y características fenotípicas y sociales de interés biomédico sobre la población local. Muchos países cuentan con este tipo de repositorios genómicos, pero dadas las exigencias técnicas y económicas de estos relevamientos, generalmente se trata de los países de mayor desarrollo y en los que los datos genéticos provienen de poblaciones anglosajonas o mediterráneas, y hay muy poca información de culturas originarias de América. PoblAr aportará datos clave para indicadores de salud (enfermedades comunes, enfermedades poco frecuentes o raras) y la toma de decisiones en materia de prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades en función de las características de la población local. Este tipo de bancos sirven, por ejemplo, para encontrar predisposición genética de las población a ciertas enfermedades y mejorar las políticas de prevención. En las entrevistas que se hacen a los voluntarios del PoblAr también se les pregunta si sus abuelos hablaban otro idioma además del español, como forma indirecta de conocer si pertenecían a algún pueblo originario. Estudios sobre el genóma en América Latina han descubierto que las poblaciones amazónicas desarrollaron una resistencia a la enfermedad de chagas y por eso se enferman menos a pesar de convivir con la vinchuca. Se espera que PoblAr pueda encontrar asociaciones similares en otras enfermedades. En la Argentina ya existía el Banco Nacional de Datos Genéticos  (BNDG), donde voluntarios que dudan de su identidad por el terrorismo de Estado durante la última dictadura militar pueden entregar una muestra para conocer si están siendo buscados por familiares de desaparecidos. “En el caso del Índice de Abuelidad del BNDG se toman solo algunos pocos marcadores que son necesarios para establecer el vínculo. Aquí hacemos un estudio más exhaustivo del genoma de las personas y no se cruzará la información de ambos bancos”, dijo Rolando González-José, doctor en Biología, director del CENPAT y coordinador del PoblAr.
Diego Hurtado, titular de la Secretaría de Planeamiento y Políticas del MINCYT, junto con Rolando González-José. Foto: MINCYT.
De todas formas, hay estudios preliminares en el PoblAr que servirán para ver qué marcadores habría que tomar para realizar un índice de bisabuelidad, ya que el tiempo se está llevando la vida de algunas abuelas y sus nietos, por lo que habría que reconocer los vínculos genéticos que unen a cuatro generaciones. El programa cuenta con financiamiento propio de la Secretaría de Planeamiento y Políticas del MINCYT ypara iniciar las pruebas es necesario que los comités de bioética de cada provincia lo aprueben. Ya se cuenta con el visto bueno de los comités de la provincia de Buenos Aires y de Misiones, por lo que las pruebas están empezando allí. Las pruebas hoy no se van a hacer en todas las provincias pero es posible que el futuro se sumen más voluntarios de diferentes zonas. Los registros serán anonimizados, es decir, que se guardarán en lugares distintos los datos personales de cada voluntario, como su nombre, y los datos del genóma, ya que solo interesa tener la información general para hacer el mapa genómico nacional, y no los datos individuales de cada persona. Además, representaría un riesgo a la privacidad de los voluntarios. “Con la Fundación Sadosky desarrollamos un software para proteger la información y para que sea accesible por los investigadores que la puedan necesitar”, explicó González-José. La secuenciación del genoma se hará en el ANLIS Malbrán, dependiente del Ministerio de Salud de la Nación, por lo que fue necesario que el programa tenga un carácter biministerial. Además, contó con la aprobación del COFECYT y el COFESA, los organismos federales de ciencia y de salud con representantes de estos ministerios de cada provincia. Ya hay 34 muestras que se están analizando en ese instituto y llegarán muchas más cuando se completen las aprobaciones de los comités de bioética de los demás nodos del país. De momento, habrá nodos en provincia de Buenos Aires, CABA, Misiones, Chubut, Córdoba y Salta, aunque esperan que en el futuro puedan sumarse más. El ANLIS Malbrán podrá analizar unas 300 muestras por año, con capacidades de equipamiento de última generación para análisis de ADN adquiridas durante la pandemia para hacer la secuenciación de las variantes de COVID. El análisis requiere una muestra de sangre similar a la de cualquier análisis de rutina y una entrevista de unos 40 minutos que incluye hábitos alimenticios y estilo de vida, enfermedades propias y del grupo familiar, entre otras.

Matías Alonso

La saga de la Argentina nuclear – LI

Los anteriores capítulos de la saga estan aqui EL GRAN COMUNICADOR NOS PINCHA EL SALVAVIDAS reagan El Gran Comunicador Ronald Reagan y su gabinete, todos en actitud natural.  Tras la Guerra de Malvinas, un alto oficial de la Marina de los Estados Unidos con una “papa” irremediable de páncreas, en su agonía le pidió perdón a su oncólogo y amigo: había debido pasarle a la Royal Navy la posición del ARA Belgrano, posteriormente torpedeado y hundido por el submarino HMS Conqueror. La historia viene a cuento. Tras otro torpedeo seguido de hundimiento, el de CIFRA, nave insignia de la electrónica argentina, perpetrado sucesivamente por Celestino Rodrigo al destruir el mercado interno y luego por José Martínez de Hoz al abrir las aduanas, el presidente Ronald Reagan también nos hundió también la balsa salvavidas: Brasil. En 1986, los primos brasucas nos habían remplazado como potencia informática regional. Su país era el 6° mercado mundial de hardware y software. Con no poca envidia, uno veía computadoras brasileñas en todos los aeropuertos de los primos, pero también en las oficinas públicas y las empresas privadas. Era bastante impresionante. Y era un poquito esperanzador: fogoneados por el Secretario de Ciencia de la Argentina y las cámaras empresarias paulistas y paranaenses, los vecinos se habían asociado a nosotros en la ESLAI, la Escuela Latinoamericana de Informática. Les interesaban nuestros recursos humanos y nuestra capacidad de reproducirlos. Perdidas nuestras industrias electrónicas, capaz que con la ESLAI al menos salvábamos eso, los cerebros y la fábrica de los cerebros en informática. Podía ser un huevo desde el cual resucitar. En medio del auge informático brasileño, el 15 de agosto de 1986, según información ya desclasificada por EEUU, Ronald Reagan reunió su gabinete para encarar un próximo “encuentro cumbre” con su contraparte brasileña, Jose Sarney. Esta reunión terminó con toda esperanza de un Mercosur Informático. Trato de resumirla: William Casey, el director de la CIA, tildó al nuevo presidente brasileño de izquierdista, un crítico de la política de EEUU hacia Cuba y hacia Angola, opuesto además al régimen racista de Pretoria (pilar militar yanqui en África), y de yapa renuente a aplicar los programas de ajuste del Fondo Monetario Internacional. El espía en jefe de la CIA también acusó a Sarney de estar desarrollando vínculos comerciales con la URSS y de proponer una “Zona de Paz en el Atlántico Sur”, es decir, la exclusión de la 4° Flota de la Armada estadounidense en el área. Sarney incluso acababa de restablecer relaciones diplomáticas con Cuba. El Vicesecretario de Estado, John Whitehead, abundó con que Brasil generaba centenares de asuntos irritantes en lo económico: estaba armando lío en la última ronda de los acuerdos de tarifas GATT, ignoraba abiertamente a los acreedores del Club de París y copiaba sin pagar patentes farmacológicas estadounidenses… El almirante John Pointdexter, consejero de seguridad de la Casa Blanca, sopesó la seriedad del caso: Brasil, dijo, aunque el estadounidense de a pie no tiene la más peregrina idea de ese país, ocupa la mitad de Sudamérica, ya era la 8° economía del mundo por tamaño, y su PBI registraba un crecimiento del 8% anual, entonces el mayor del planeta (sí, más alto que el de China entonces). Whitehead dejó caer que con semejante rampa de crecimiento a Brasil le sobraba dinero y que no tenía que pedirle nada al FMI, lo cual era (sic) un verdadero problema. El Secretario de Defensa, Caspar Weinberger, opinó que los brasileños fabricaban muy buen armamento y se lo vendían a cualquiera, incluyendo países a los que EEUU había decretado el boicot en materia de armas. Y además, que los brasileños seguían negándose a firmar el TNP, o Tratado de No Proliferación de armas nucleares. Y que podían tener algún proyecto “non sancto” a este respecto. Entrando en materia informática, el attaché comercial Clayton Yeutter le explicó a su presidente que los brasileños creían –erróneamente- poder competir con los EEUU y Japón. Dejó claro que la “reserva de mercado” con que Brasil amparaba su desarrollo en TICs le estaba costando a los exportadores estadounidenses hasta U$ 1000 millones/año (hoy serían U$ 2800 millones) en lucro cesante. En su opinión, se podrían quebrar tales barreras aduaneras gravando en represalia las exportaciones agroindustriales y las manufacturas brasileñas a EEUU. Sólo había que aplicarles el artículo 301. Añadió Yeutter que la cancillería brasileña le había advertido que eso significaría una crisis, y la posibilidad de que Sarney levantara unilateralmente su reunión con Reagan. Todo era posible. Los brasileños tenían la pelota, y debían contestar en 10 días. Fiel a la imagen que dejó de sí mismo, Reagan no tenía idea de nada de lo dicho, ni siquiera de que Brasil a la sazón tuviera 130 millones de habitantes. Pero estaba interesado en saber si el exdictador militar Joao Baptista Figueiredo seguía vivo, y en ese caso, si se llevaba bien con Sarney. No, no se llevaban, le contestaron. Impertérrito, el Gran Comunicador confesó a su gabinete que Figueiredo le había regalado un caballo de salto fantástico, cruza de pura sangre y de Hannaford alemán, capaz de salvar vallas de 6 pies y 9 pulgadas. Y siguió dando detalles del caballo. Yeutter y los demás presentes esperaron un buen rato a que Reagan terminara sus apreciaciones equinas. Luego remataron los detalles prácticos del “meeting” Reagan-Sarney y de cómo manejar su comunicación a los medios, y también echaron pestes de la prensa yanqui, siempre crítica. Los curiosos pueden leer aquel documento desclasificado aquí: Luego sucedió un encuentro muy libreteado entre Reagan y Sarney, sin sobresaltos, el 9 de septiembre de 1986. Sin embargo, el 13 de noviembre, El Gran Comunicador anunció sorpresivamente unas tasas mortíferas sobre U$ 107 millones de exportaciones brasileñas de frutas, jugos, cueros, calzado, carnes e incluso aviones de Embraer. Por circuitos más oficiosos, Yeutter le hizo saber a Sarney que del total de compras yanquis a Brasil que se caían, sumando otros ítems, en realidad era de U$ 700 millones (equivalentes a U$ 1915 millones de hoy). Las cámaras industriales de Sao Paulo enloquecieron. El New York Times explicó que la ofensa principal brasileña había sido su renuencia a importar el sistema DOS de Mycrosoft “por tener sistemas operativos propios superiores”. Habida cuenta de cómo funcionaba el DOS, era imposible que los primos mintieran. Pero el presidente Sarney reculó en chancletas y cambió la ley informática de 1984, dando fin a un despegue industrial rampante de 8 años. Ahí fue cuando tras habernos torpedeado el barco, los EEUU nos pincharon la balsa. Hoy Brasil en informática es la sombra de lo que fue, un importador neto. El hardware y el software no figuran en absoluto en los 15 primeros renglones de exportaciones brasucas de valor, aunque sí los aviones (puesto # 10) y los motores tipo turbojet (puesto #15). Es sorprendente la autoridad de Bill Gates en estas tierras. El asunto es que la informática es una industria pintada para un país con buenos recursos humanos y ni un mango para invertir en fierros, como la Argentina. Ninguna otra industria saca tantos conejos de tan módica galera como ésta. Para hacer software exportable casi toda la inversión es en personas y sueldos: un equipo de diseñadores, otro de testeadores para eliminar «bugs», y un tercero para terminar de exterminarlos cuando el programa sale al mercado y aparecen los problemas escondidos. Es un proceso parecido al de la creación de un antibiótico o una vacuna, pero sin gastos de planta farmoquímica o biotecnológica, ni de estudios carísimos de fase para el licenciamiento. No estás condenado al éxito pero si sos bueno en informática, exportás y cobrás a lo grande.  La ESLAI funcionó entre 1986 y 1990 en el casco de la vieja estancia que sorprende a los visitantes del bosque remanente del Parque Pereyra Iraola, a 40 km. de Baires y a 10 de La Plata. Copió, no sin mucha discusión previa (las universidades argentas y brasucas estaban llenas de antinucleares) el modelo de funcionamiento del Instituto Balseiro de la CNEA: becas que cubrían alojamiento en el sitio, comida y un estipendio de viajes y salidas, inmersión total en el estudio, y unos exámenes de ingreso tan bravos que sólo los pasaba el 15% de los aspirantes. La carrera de especialización duraba unos dos años, el cuerpo de profesores era binacional, como el alumnado, pero además había profesores visitantes de las universidades e industrias informáticas de Francia e Italia. El alumnado nunca excedió las 60 personas, y aunque la exigencia era demoledora, a fuerza de dedicación exclusiva y motivación económica lograba egresar el 90%. Y a casi todos esos les fue BIEN. Los exalumnos y exprofesores hoy son todos canosos y tienen impresionantes trayectorias en las empresas privadas y reparticiones públicas informáticas de Brasil y de Argentina. Es difícil leer sus recuerdos de la ESLAI sin recordar que el Balseiro fue cuna de las industrias tecnológicas más diversas de nuestro país, nucleares, espaciales, petroleras y sigue la lista. Copio el testimonio del Dr. Hugo Scolnik, profesor invitado de la ESLAI, nuestro mayor criptógrafo, y jefe de seguridad informática del mayor data center de la Argentina: el de la empresa estatal de telecomunicaciones ARSAT. «Comenzando porque el modelo que tomó,  discutido en su momento, fue el del Instituto Balseiro. Las clases eran intensivas, los alumnos tenían alojamiento permanente en un ambiente muy tranquilo y se generaban vínculos de amistad muy buenos. Tuvo la contribución de docentes de Argentina y del exterior, que estuvieron presentes trayendo ideas muy interesantes sobre la enseñanza de la informática. Un ejemplo de esas ideas fue diseñar los algoritmos en pseudocódigo y después había ficheros donde tenías en cuenta si ese pseudocódigo lo querías implementar en C, Fortran, Pascal o lo que fuese, tenías una ficha que te decía cómo hacerlo. A la gente se le abrió bastante la cabeza con este tipo de propuestas para no estar tan dependientes de un determinado lenguaje y encontrar un modo más general de resolver los problemas. En definitiva, de la ESLAI fueron surgiendo algunas personas que después tuvieron muchísima influencia en la enseñanza de la computación o en la creación de empresas de software». Scolnik dixit. En otras palabras, eso era una jabonería de Vieytes, un multiplicador de divergentes bien formados e informados, la clase de gente que puede estorbar ventas cuando llega a áreas de gobierno o a la dirección de grandes empresas, un granito de arena en el ojo de cierta firma estadounidense que ya venía monopolizando el mercado mundial de PCs con productos berretas pero caros. Fue arribar Carlos Menem a la presidencia y el Dr. Raúl Matera a la Secretaría de Ciencia y Técnica, y ambos cerraron la ESLAI en octubre de 1990. Es notable la urgencia con que procedieron, a apenas 9 meses de sus nombramientos. Debían estar muy motivados. Una historia de ESLAI contada por la UBA, aquí. No alcanza con una masa crítica de expertos para fundar una industria innovadora. Tiene que haber una voluntad estatal de sostenerla y defenderla, y eso tal vez (sin garantías) haga que pinte capital privado y se juegue por ella. La ESLAI suministró expertos, sin llegar a una masa crítica, pero le tocaron malos tiempos tanto para la electrónica brasuca, trascartón del exterminio de la nuestra a cargo del Doctor Joe. Si alguien cree que insinúo que un país que deja la tecnología nuclear, la aeroespacial, la electrónica, la informática y las biociencias en manos extranjeras tiene toda la vocación de evaporarse como estado-nación, la respuesta es: “Sí”. Somos prueba semiplena. Sin embargo, para volver al carozo atómico de esta saga, conviene recordar por qué nos negábamos a firmar el TNP, y hasta teníamos un acuerdo tácito con Brasil para que ninguno de ambos países lo hiciera. Pero nunca fuimos proliferadores nucleares, pese a que en 1967 el propio presidente militar brasileño Artur da Costa e Silva literalmente nos empujaba a ello. Da Costa e Silva no pudo embretarnos en una carrera de armas porque teníamos la pelota nuclear tan dominada en materia de tecnologías civiles, que podíamos darnos el lujo de ignorarlo. Pudo pasar lo mismo con la electrónica, durante la increíble pero breve aristía de CIFRA, y luego pudimos habernos montado gracias a la ESLAI sobre el impresionante momento de gloria de la informática brasileña. Pero nos bolearon ese segundo caballo también. Y lo hicieron siempre y desde adentro los garcas propios, no los ajenos. Y todavía cantamos: en 2021 el software se consolidó como tercer rubro exportador, con U$ 6442, un 7,4% de las ventas (declaradas) del país. Hay 455.000 puestos de trabajo, más o menos el 7,4% del empleo privado nacional. Servicios informáticos sumó 129.000 empleos. Y eso pese a que el cuentapropismo (los pibes que trabajan en negro y cobran en el exterior) le resta U$ 1800 millones a las cuentas. No es brillante, dábamos para mucho más. Y sin embargo, qué resiliencia… Ésta no es una saga tanguera. Llama a resucitar industrias que, mientras en la Argentina sigan existiendo la educación pública en ciencia y tecnología, todavía son posibles. Los recursos humanos son la base necesaria, nos dice el sentido común. Necesaria pero no suficiente, nos dice la historia.  

 

EE.UU., Gran Bretaña y Australia lanzan un acuerdo de submarinos nucleares

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PEKIN.– El anuncio el lunes de un acuerdo sobre submarinos de propulsión nuclear entre Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia hizo saltar las alarmas en China, que advirtió este martes que los tres países transitan por una “vía errónea y peligrosa”.

Con la idea de contrarrestar el peso de China en la región Asia-Pacífico, Washington, Londres y Canberra lanzaron el lunes su alianza Aukus –anunciada hace 18 meses y cuyo nombre es el acrónimo inglés de las tres naciones– para construir una nueva generación de submarinos nucleares, tras la compra prevista por Australia de varios aparatos importados.

“La última declaración conjunta de Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia demuestra que los tres países transitan más y más por una vía errónea y peligrosa, pensando en sus propios intereses y menospreciando la preocupación de la comunidad internacional”, declaró el portavoz diplomático chino, Wang Wenbin.

Pekín ya había instado a los tres países, antes del anuncio del lunes, “a abandonar la mentalidad de la Guerra Fría y los juegos de suma cero”.

Rusia, que quiere fortalecer sus vínculos con China, también acusó a las potencias occidentales de fomentar “largos años de confrontación” en la región Asia-Pacífico.

“El mundo anglosajón construye estructuras de bloque como Aukus, avanzando la infraestructura de la OTAN en Asia, y apostando seriamente a largos años de confrontación”, dijo el ministro de Relaciones Exteriores, Sergei Lavrov.

Por su parte, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) advirtió que debe “vigilar que ningún riesgo de proliferación emane de este proyecto”, en palabras de su director general, Rafael Mariano Grossi. “Las obligaciones legales de las partes y las posiciones de no proliferación son primordiales”, insistió.

El primer ministro británico, Rishi Sunak, el presidente estadounidense, Joe Biden, y el primer ministro de Australia, Anthony Albanese, reunidos en la base naval de Point Loma, en San Diego, el lunes 13 de marzo de 2023, en el marco de Aukus, un pacto trilateral de seguridad.
El primer ministro británico, Rishi Sunak, el presidente estadounidense, Joe Biden, y el primer ministro de Australia, Anthony Albanese, reunidos en la base naval de Point Loma, en San Diego, el lunes 13 de marzo de 2023, en el marco de Aukus, un pacto trilateral de seguridad.JIM WATSON – AFP
 

El lunes, el presidente estadounidense, Joe Biden, junto a los primeros ministros de Australia y Gran Bretaña, Anthony Albanese y Rishi Sunak, anunció desde la base naval de San Diego una cooperación “sin precedentes”.

“Nos situamos en la mejor posición para hacer frente juntos a los retos de hoy y de mañana”, dijo el mandatario. Estados Unidos no puede tener “mejores amigos”, agregó.

“Sin armas nucleares”

Ninguno de los tres gobernantes mencionó explícitamente a China, pero Biden afirmó que Aukus aseguraría que la zona Asia-Pacífico “siga libre y abierta”, una fórmula que apunta la voluntad de contrarrestar la influencia china en la región.

Albanese dijo que se trata de “la mayor inversión individual en la capacidad de defensa de Australia en toda nuestra historia”, y destacó que los tres países están “unidos, por encima de todo, por un mundo (…) donde la paz y la estabilidad y seguridad garanticen mayor prosperidad”.

El gobierno australiano estima que el proyecto, de varias décadas, costará unos 40.000 millones de dólares en los primeros 10 años, y creará alrededor de 20.000 empleos.

Australia es, después del Reino Unido, el segundo país que tiene acceso a la tecnología nuclear secreta estadounidense, insistió Albanese.

Sunak también insistió en los esfuerzos para aumentar el presupuesto de defensa del Reino Unido, que se compromete en “el acuerdo de defensa multilateral más importante desde hace generaciones”.

El primer ministro británico Rishi Sunak durante su visita a San Diego, el lunes 13 de marzo de 2023.
El primer ministro británico Rishi Sunak durante su visita a San Diego, el lunes 13 de marzo de 2023.Stefan Rousseau – Pool PA
 

El programa de submarinos de ataque, que busca adaptar la presencia militar occidental en el Pacífico, se desarrollará en tres etapas, detalló la Casa Blanca.

Y se basará en un principio “crucial”, reiteró Biden: “Estos submarinos serán de propulsión nuclear, pero no llevarán armas nucleares”, para respetar el principio de no proliferación.

Primero habrá una fase de familiarización de Australia, que no tiene submarinos de propulsión nuclear ni tecnología nuclear. Sus marinos, ingenieros y técnicos recibirán formación por parte del personal estadounidense y británico.

Nueva generación de submarinos

El objetivo es desplegar, a partir de 2027 y de forma rotativa, cuatro submarinos estadounidenses y un submarino británico en la base australiana de Perth (en la costa Oeste).

En un segundo tiempo, Australia comprará tres submarinos estadounidenses de clase Virginia de propulsión nuclear, con opción a otros dos. Tienen que ser entregados a partir de 2030.

En la tercera etapa, la más ambiciosa, Estados Unidos, Australia y el Reino Unido se asociarán para una nueva generación de submarinos de ataque llamada SSN Aukus.

En esta imagen proporcionada por la Marina de Estados Unidos, el submarino de ataque rápido de clase Virginia USS Missouri (SSN 780) sale de la base conjunta de Pearl Harbor-Hickam para un despliegue programado en la zona de responsabilidad de la 7ma Flota, el 1 de septiembre de 2021.
En esta imagen proporcionada por la Marina de Estados Unidos, el submarino de ataque rápido de clase Virginia USS Missouri (SSN 780) sale de la base conjunta de Pearl Harbor-Hickam para un despliegue programado en la zona de responsabilidad de la 7ma Flota, el 1 de septiembre de 2021.
 

Estos nuevos aparatos, sobre la base de un diseño británico con tecnología estadounidense avanzada, se construirán y serán desplegados por el Reino Unido y Australia. Tienen que se entregados a partir de los años 2030, principios de 2040.

Australia deberá levantar de cero una industria nuclear de alta tecnología, subraya David Andrews, analista en estrategia militar en la Universidad Nacional Australiana.

“Existen riesgos en la forma de administrar el personal, construir líneas de producción, gestionar los suministros y el mantenimiento”, advierte.

Comentario de AgendAR:
En plan de romper pactos tácitos, EEUU y el Reino Unido (RU) acaban de hacer polvo uno bastante sagrado: la tecnología de motorización nuclear de submarinos no se transfiere. El que la tiene, dice ese tratado nunca escrito, es por desarrollo doméstico. Eso ha sido cierto para los 5 miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (EEUU, el RU, Francia, la URSS y Rusia) y además la India. Nadie más la tiene. Nadie más la tiene por ahora, porque a partir de la ruptura de este pacto, se abre una caja de Pandora geopolítica, y esas cajas rara vez aseguran la paz mundial. Así como EEUU y el RU habilitan a potencia nuclear a un tercero (Australia) que hasta 2021, como contendiente atómico, estaba pintado en la pared, ahora Rusia, China y la India pueden hacer su propio juego, y habilitar a nuevos terceros en la riña de gallos del Indo-Pacífico. Agarrate, Catalina. El principio de «no se venden motores nucleares» se mantuvo a rajatablas durante toda la Primera Guerra Fría, incluso en sus momentos más peligrosos. Esta ley tácita empezó en 1955, con la entrada en servicio del primer submarino nuclear de la historia, el USS Nautilus, pero se terminó hace muy poco, en Septiembre de 2021, con Australia habilitada a propulsión nuclear. Tal vez ese hito marque el arranque real de la Segunda Guerra Fría, más incluso que el Euromaidan ucraniano de 2014 o la invasión rusa de 2022. El asunto es que esto de Australia, además de poner de la nuca a China, deja un tendal de heridos dentro del llamado Occidente. EEUU, el RU y Australia al firmar el AUKUS rompieron contratos anteriores de compra firmados por Australia con Francia. Y qué contratos… El presidente Emmanuel Macron enloqueció. Francia retiró a sus embajadores en EEUU y el RU, y su ministro de Defensa dijo que aquello había sido «una puñalada por la espalda». La oposición a Macron habló de romper con la OTAN. La indignación de París todavía dura. Los medios citan seguido al difunto general Charles De Gaulle. «Le Grand Charles» detestó toda su vida de las dos potencias aliadas, aunque entre 1944 y 1945 liberaron a Francia de la ocupación nazi. Propulsada por el «faut se méfier des Anglos» de De Gaulle, Francia en los ’60 construyó su propia Force de Frappe (su arsenal nuclear, con submarinos misilísticos y todo) sin relación alguna con la OTAN para tener total libertad de iniciar una guerra nuclear con la URSS o China sin permiso de Washington o Londres. Con la movida de Australia, la OTAN se expande hacia el Indo-Pacífico pero se fractura un poco más en el Atlántico. Las rajaduras, de todos modos, eran viejas. La historia empieza en 2009, cuando Australia decidió ir dando de baja su nada vieja flota de submarinos diésel-eléctricos clase Collins. Son 6 Kockums suecos pero mayormente construidos en Perth, y con mayor desplazamiento y potencia, rediseñados para la defensa litoral de un país que lejos de operar en un mar de juguete, como el Báltico, tiene 18.000 km. de costas y mucha ruta comercial vulnerable. El Departamento de Defensa de Australia entonces aclaró que abrían la licitación para una flota de reemplazo de los Collins, pero que ésta no sería nuclear. Lo que no hacía falta aclarar: lo que sabe Australia de motores nucleares cabe en el reverso de una estampilla y sobra lugar. Pero además, ésta era una tecnología que nadie vendía a nadie a nadie, para no causar una bola de nieve de desastres diplomáticos. Eso cambió. En 2016, y tras remarla como titanes, los de la empresa estatal francesa Naval Group ganaron la licitación australiana y cerraron trato para la provisión de 12 submarinos de ataque franceses, clase Barracuda. Son naves bastante grandes y originalmente tienen motores nucleares. Francia, todavía respetuosa de las viejas usanzas sobre motorización nuclear, se comprometía a rediseñar sus Barracudas para recibir una propulsión diésel-eléctrica combinada con un sistema de potencia silencioso AIP (Air Independent Power). Éste añade al menos una semana extra en inmersión total profunda, más allá de profundidad de snórkel. Sin contacto alguno con la atmósfera, la unidad AIP garantiza a los tripulantes provisión (un tanto estrecha pero suficiente) de potencia motriz, oxígeno por hidrólisis y agua potable por desalinización. Esto añade una semana extra de invisibilidad a las tres que probablemente tiene un diésel-eléctrico del montón, pero sin AIP. El Barracuda reconvertido a diésel + AIP recibió otro nombre, según usos y costumbres: la clase Attack. El Attack equivale a un rediseño completo, aunque sea en dirección de prestaciones descendentes. Y esto es un trabajo de locos. No por nada, el precio original pactado se duplicó, informó Francia, ya con Australia habiendo abonado 2400 millones de dólares australianos a cambio de nada demasiado más sustancial que nuevos planos y planillas de cálculo. Un submarino con AIP es casi indetectable durante al menos un mes, lo que en guerra lo transforma en un peligro bastante ubicuo: puede estar lejos de su último punto de avistaje, o del avistaje de su snórkel. Pero ojo, eso es todo lo lejos que se va navegando a velocidad de patrulla, más o menos entre 6 y 8 nudos, porque hay que hacer durar la carga de baterías, la fuente de oxígeno líquido, y abstenerse todo lo posible del motor diésel y del snórkel, muy delatores. Y el primero no opera sin el segundo. Son acaso 1800 km. en cualquier dirección desde la última detección: no es poco, si hay que buscarte. Pero tampoco es que estés en las antípodas de la Tierra. En cambio un submarino nuclear, con capacidad de inmersión sólo limitada por la comida a bordo y bastante más de 30 nudos garantizados a profundidad de combate, desaparece de la superficie y en un mes le da la vuelta al mundo. En contrapartida, puede ser algo más ruidoso que un diésel-eléctrico, por las bombas de refrigeración del núcleo del motor nuclear.  Incluso así, ¿cuántos recursos tiene que movilizar el enemigo para localizar un blanco tan ubicuo? Un submarino nuclear, sea de ataque o un «boomer» armado de misiles balísticos de largo alcance, no es un arma defensiva. Está hecha para llevar la guerra a mares y tierras del enemigo. La venta de los Attack a Australia por 50.000 millones de dólares australianos (equivalentes a U$ 34.000 millones estadounidenses) fue considerada la operación del siglo. Con ese golpe Francia sacó del primer puesto mundial de ventas a Alemania, cuyos submarinos diésel-eléctricos Thyssenkrupp tipo 209 y 214 dominaron el mercado mundial durante décadas. Francia también mandó a cucha a un emergente duro, la sueca Kockums y a otro aspiracional, la española Navantia, que desde fines de siglo aspira a pisarle el poncho a los astilleros franceses. Y también le tiznó la cara a Japón, que ya tiene 3 clases sucesivas de submarinos diésel-eléctricos con baterías de litio y todavía no logra exportar ninguno. El litio es otro «game changer» naval. Las baterías con ese ión metálico tienen una densidad energética mucho mayor que las de plomo-sulfúrico, que ya cumplen 120 años en los submarinos de distintas armadas. Con baterías de litio, las naves japonesas resisten inmersiones de más de 3 semanas sin echar mano del diésel y el snórkel para recargarlas. Y tanto así que no llevan motor AIP adicional. El «offset» que ofrecieron los franceses para asegurarse la venta parece haber sido político: una mayor intervención de los astilleros submarinísticos de Perth en la construcción de las naves Attack, lo que aseguraba al menos dos décadas con alta contratación, altos sueldos y cero despidos en esa ciudad de la árida costa australiana occidental, Perth. Obviamente, cada puesto calificado en Perth sería uno menos en Toulon, sede de Naval Group, donde de todos modos se aseguraban 4000 puestos directos de trabajo y contratos para 200 firmas proveedoras calificadas. Esta empresa de Toulon la fundó el obispo Richelieu -efectivamente, sí, el de «Los Tres Mosqueteros»- en 1631 con el nombre de Diréction de Construction et Armes Navales, para construir galeones artillados y otros veleros de combate Luis XIII. Se trata de los astilleros más viejos del mundo, uno de los más calificados y diversificados en recursos humanos, y desde septiembre de 2021, uno en problemas. A fuerza de rediseños, Naval Group terminó recotizando la operación en 90.000 millones de dólares australianos, equivalentes a U$ 61.200 estadounidenses, para gran bronca de Canberra, la capital política de la isla-país-continente. No le resultó difícil a EEUU y el RU tumbar aquel acuerdo con Francia: por U$ 40.000 (un precio en el que no cree nadie) ofrecen potencia nuclear en lugar de térmica. Y esto da una capacidad bélica como sólo la tienen 6 potencias. Cuando el presidente Joe Biden jura que los tres Virginia y tal vez dos más que le venderá a Australia no tienen misiles nucleares, debería aclarar que al menos, no del tipo balístico. No habrá Tridents a bordo. Pero los Virginia pueden disparar en inmersión y horizontalmente misiles Tomahawk por las portas de torpedos, y las unidades nuevas tienen lanzamiento vertical de misiles antibuque Harpoon. Ambos tipos de arma son de vuelo subsónico rasante, y con distinto alcance. El más temible y pesado de ambos, el Tomahawk, puede llegar a 1800 km. del sitio de lanzamiento, lo que los habilita a atacar blancos terrestres muy alejados del mar, y cargar -entre varias opciones- una cabeza termonuclear W-80 de hasta 150 kilotones. En suma, que no es imaginable que el OIEA mande inspectores desde Viena para meter las narices en los submarinos vendidos a Australia y garantizar que no lleven bombas de hidrógeno. Cuando Inglaterra nos mandó la Task Force encima, llevaba bombas nucleares antisubmarinas por si las moscas, pero no pintó ningún inspector. Y es que en los términos del Tratado de No Proliferación (TNP), EEUU es garante del acuerdo, y como tal, es libre de todo control de armas que no emerja de otros tratados bilaterales de inspección y disminución de arsenales, como los SALT y START con la URSS y luego con Rusia. De modo que con el tratado AUKUS habrá que creer muy firmemente en la palabra de Joe Biden. Tal vez los chinos no lo hagan. Difiero del parecer de David  Andrews, el analista de defensa de la Universidad Nacional Australiana. Su país no parte de cero en construcción naval. Lo que sí parece evidente es que este pacto AUKUS tal vez la lleve a cero. No se puede tener todo, seguridad y además industria. Me explico. Por ahora, el país-isla sabe lo suyo de ingeniería de submarinos. Y es que desde que en la posguerra se volvió más país que colonia británica, y trató de no comprar «llave en mano». Su flota actual de submarinos diésel-eléctricos, los 6 clase Collins, se construyó mayormente en los mismos astilleros de Perth donde se pensaba ensamblar aquella nueva flota  Attack francesa. La base comercial era la misma: la tecnología es extranjera y se transfiere y paga, pero la construcción a partir del segundo sub empieza a ser cada vez más australiana y hay mucha capacitación de personal y de subcontratistas locales. Es interesante, para entender cómo cambió el mundo de la noche a la mañana, que en 2016 Australia estuviera relativamente cómoda con 6 de esos submarinos defensivos, capaces de evitar desembarcos y también de mantener despejadas las rutas comerciales de ese país. Australia no temía desembarcos: era el primer proveedor de carbón a China. Eso se terminó. Ahora la vecindad entre ambos países se ha vuelto mala, pero Australia va a tener tres naves clase Virginia con opción a dos más, todo bien «llave en mano». Recién después de esas cinco naves vendrán los submarinos nuevos clase AUKUS, que uno imagina como una evolución de los Virginia y los clase Astute británicos. Y entonces habrá construcción local… pero el año del arquero. Todo este «know how» de propulsión a Australia le caerá de arriba. No parece que los Aussies vayan a aprender a construir reactores PWR compactos, aunque sí seguramente a operarlos. ¿Les darán permiso para enriquecer uranio? Los motores estadounidenses e ingleses llevan enriquecido al 93%. Dan una potencia fabulosa, y el combustible dura 30 o 40 años, más o menos lo que la vida útil del casco y la electrónica. No hay recarga. El país es casi virgen en materia atómica. No ha tenido más que dos reactores nucleares: uno comprado a Inglaterra en los ’50 para fabricar radioisótopos, planta que en 2000 fue reemplazada por otra mejor y para el mismo fin: el OPAL, construido por la firma argentina INVAP.   Los australianos son usuarios eficientes (y mucho) de reactores de producción. Pero de ahí a tener motores y misiles nucleares que le permitirán atacar a cualquier país del mundo, salvo a los más mediterráneos, hay un trecho enorme, y los australianos lo acaban de cruzar de un salto diplomático. Toneladas de know-how muy recóndito les caerán de arriba. O quizás desde arriba, porque no parece que este tratado vaya a generar mucha ocupación en Perth, salvo la del mantenimiento de una flota inicialmente estadounidense, aunque lleve bandera local. La construcción en Australia, por ahora parece un puro y lejano «te la debo». Los Collins todavía seguirán toda esta década en servicio. Son animalitos de 77 metros y desplazan 3400 toneladas cuando sumergidos, lo que viene a ser 1000 toneladas más que nuestros TR-1700, como el ARA San Juan, que se hundió, y el ARA Santa Cruz, que no navega porque por causas que se ignoran sigue vigente una decisión del gobierno de Mauricio Macri de no completar su mantenimiento de media vida. ¿Defectos de los Collins? Uno inherente y otro creado. El inherente es que los 6 Collins, con 20 nudos, son un poco lentos, un problema con tanto mar y tanta ruta comercial a custodiar. El creado: nunca tuvieron suficientes tripulaciones, causa tal vez principal de su bajísima disponibilidad (algún año llegó a haber sólo dos en patrulla). Los australianos tienden a echarle la culpa a la tecnología sueca, pero el problema parecen ser ellos (dicen los suecos). Como sea, Australia acaba de ser metida de un empujón en una posible guerra por el control del Indo-Pacífico, y nada menos que como contendiente nuclear. No es que le hayan faltado guerras a ese país: se metió o lo metieron en casi todas las del siglo XX y continúan. Pero la última vez que en Australia explotó una bomba termonuclear fue en 1963, la séptima de una serie de tests ordenados desde 1957 por Su Graciosa Majestad en tierras de los Maralinga Tjarutia -a quienes nadie pidió permiso- dentro de un área prohibida de Woomera, Southern Australia. La zona quedó bastante contaminada y en 2014 se le pagó a los «aboriginals» una compensación de 13,5 millones de dólares (australianos). ¿Quién le pagará un dólar (americano) a Australia si llueven misiles chinos sobre Sydney? Daniel E. Arias

Otra vez proponen acortar las carreras universitarias

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AgendAR es consiente que existe una tradición enciclopédica en las carreras universitarias en Argentina. Y es cierto que en la mayoría de los país desarrollados existen títulos intermedios que habilitan al ejercicio profesional pero hay que tener presente que una universidad donde no se hace investigación original es solo un «enseñadero», en todo caso es prioritario elevar el nivel de la educación secundaria.

“Nosotros no tenemos profesionales que van a trabajar solo en la Argentina, y no estamos en un mercado en el que hay una persona que nació, estudió, vive y trabaja acá. Hoy muchas personas se van afuera y hacen que se produzca este diálogo”, cuenta Ignacio Tomé, director de Relaciones Institucionales de la Universidad Católica Argentina (UCA). “Este diálogo” al que hace referencia plantea la posibilidad de disminuir la duración de las carreras de grado. De hecho, en los últimos dos años el Gobierno y las universidades, públicas y privadas, se reunieron con la intención de discutir este potencial cambio.

La discusión, que se enmarca en el mundo globalizado actual, tendría la intención de implementar un sistema de educación superior que se asemeje a los de Europa y América del Norte, donde las carreras suelen durar entre tres y cuatro años –lo que provee al estudiante un título de bachelor, equivalente a uno intermedio en la Argentina– y se complementan con posgrados.

Si bien las universidades argentinas se rigen por la Ley de Enseñanza Superior (N°24.521), para conocer la extensión de una carrera es necesario recurrir a la resolución ministerial N°6, que fija un piso de 2600 horas reloj de forma presencial a desarrollarse “en un mínimo de cuatro años académicos”. Pero en la aplicación los planes de estudio superan ese tiempo, lo que puede perjudicar a los estudiantes.

La UCA, una de las casas de estudios superiores que evalúa el acortamiento de las carreras
La UCA, una de las casas de estudios superiores que evalúa el acortamiento de las carrerasUCA
 

“Estudié diseño de indumentaria en la Universidad de Buenos Aires (UBA) durante muchos años –cuenta María Travi, de 36–. El Ciclo Básico Común (CBC) tiene dos materias extras: dibujo y proyectual, que son anuales”. Travi no terminó la carrera: cursó hasta la etapa final, la de tesis, que en esa facultad implica cursar un año, pero al desaprobar la primera parte, tuvo que esperar más de seis meses para anotarse de nuevo y decidió no hacerlo. “La carrera es muy buena, pero tiene mucha carga horaria. A veces hacía doble turno, y encima me quedaba noches enteras preparando las presentaciones de las materias. Ya para el final estaba muy cansada y bastante frustrada”, confiesa.

Debate

En los últimos años, el Ministerio de Educación puso el debate sobre la mesa, buscando soluciones acordes al mercado globalizado actual y a las nuevas tecnologías. LA NACION quiso contactarse con Jaime Perczyk, ministro del área, y le envió una serie de preguntas, pero no obtuvo respuestas.

“El tema fue debatido en oportunidades anteriores, se plantea desde los 90. Muchas carreras de grado del sector privado tienen una duración formal de cuatro años. En principio es deseable que la duración sea menor, teniendo en cuenta también la necesidad de cursar posgrados para alcanzar una formación avanzada”, explica Ana García de Fanelli, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) en el área de educación superior del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes).

La mención a los años 90 se refiere al Plan Bolonia, un acuerdo firmado entre varios países europeos que buscaban establecer parámetros comunes para el intercambio de alumnos y, a la vez, adaptarse al ritmo que exige el mercado laboral. “Se decidió acortar el grado a tres años y luego establecer dos años para las maestrías y los doctorados. En el tiempo en que un europeo recorre los tres niveles, en la Argentina solo se cumple con el de grado”, detalla Guillermina Tiramonti, investigadora del área de educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Además, agrega que el ritmo de cambio de los conocimientos exige trayectorias cortas y flexibles que se articulen entre sí, “muy diferentes a las que hoy ofrecen las universidades argentinas”.

La Universidad Tecnológica Nacional (UTN) es una de las instituciones nacionales que, si bien no llegó a implementar una extensión semejante a las extranjeras, pasó de un mínimo de seis años de cursada a cinco
La Universidad Tecnológica Nacional (UTN) es una de las instituciones nacionales que, si bien no llegó a implementar una extensión semejante a las extranjeras, pasó de un mínimo de seis años de cursada a cincoMarcelo Gómez
 

La Universidad Tecnológica Nacional (UTN) es una de las instituciones nacionales que, si bien no llegó a implementar una extensión semejante a las extranjeras, pasó de un mínimo de seis años de cursada a cinco. Guillermo Oliveto, el decano, cuenta que allí se cursan nueve carreras de ingeniería: “Tienen una duración nominal de cinco años (un año más que en algunas partes del mundo), pero antes duraban seis”. Remarca la “duración nominal” para oponerla a la realidad de varios alumnos que, pese al mínimo estipulado, demoran más tiempo en graduarse: “Tenemos un promedio general de duración de siete años. Para algunos puede durar más; para otros, menos”.

Resistencia al cambio

Aunque para muchos la disminución horaria es recomendable, la posibilidad no está exenta de resistencia. Julio Durand, secretario académico de la Universidad Austral, opina que “hay varios factores que influyen en esto. La sociedad argentina es conservadora y piensa que la reducción de las carreras implica bajar el nivel. Por otro lado, acá los títulos son habilitantes: alguien que se recibe está habilitado automáticamente por una serie de alcances; en otros países no es así”.

En el mismo sentido, Catalina Nosiglia, secretaria académica de la Universidad de Buenos Aires (UBA), explica que “en el caso de la Argentina, las universidades, además de otorgar el grado académico, habilitan para el ejercicio de la profesión, a diferencia de otras –en Europa o Estados Unidos–, en donde la habilitación profesional se obtiene en el posgrado o luego de rendir un examen específico. El título de bachelor de estos lugares no habilita el ejercicio de la profesión”.

Además, sobre la posibilidad de disminuir la carga horaria, Nosiglia sostiene que “la UBA tiene 13 facultades que ofrecen en su conjunto 107 carreras de pregrado y grado. Por lo tanto, en referencia a la duración de las carreras debe considerarse la diversidad de necesidades de formación de las distintas disciplinas”.

Al igual que para todas las universidades del país, esta también se encuadra en el mínimo que plantea la Ley de Educación Superior. Sin embargo, como en otras universidades, Nosiglia continúa explicando que ese mínimo se supera ampliamente. “Por ejemplo, en Ciencias Médicas el mínimo es de 5500 horas y en Odontología es de 4200″, explica. Es decir, a veces puede superarse el límite estipulado por más del doble de horas.

A esto deben adicionarse los estudios de posgrado: a los cinco o seis años que implica una carrera cursada en tiempo y forma, se les suma un mínimo de dos años más para maestrías o doctorados. “El trayecto formativo de nivel superior se alarga mucho, especialmente si tenemos en cuenta que una proporción alta de los y las estudiantes también trabajan y, por tanto, la duración real de las carreras suele ser un 50% mayor a la duración formal”, detalla García de Fanelli.

Títulos intermedios

Esto puede promover que los estudiantes abandonen las carreras antes de graduarse. Pero, dado que no es tarea sencilla plantear una disminución horaria manteniendo la calidad, una opción que aplican varias universidades es la emisión de títulos intermedios para acreditar saberes.

Esta modalidad busca tanto disminuir la deserción de los estudiantes, que pueden abandonar una carrera por priorizar un trabajo, como amoldar el sistema educativo al mercado laboral: en menos tiempo se podría acceder a una certificación que permita ingresar en ese mundo.

Respecto de la UBA, Nosiglia cuenta que la institución entrega títulos de pregrado dependientes, que surgen de la necesidad de reconocer un trayecto aprobado por el estudiante en el marco de una carrera de grado. “Más de diez carreras de grado cuentan con títulos intermedios que se obtienen al aprobar una cantidad de asignaturas establecidas por el plan de estudios”, agrega Nosiglia. Y comenta que desde 2019 se incorporó la entrega del título académico de bachiller universitario –como en Europa y Norteamérica– que implica una carga horaria mínima de 1600 horas y el reconocimiento de trayectos formativos de un área de la carrera.

Oliveto cuenta que en la UTN están, además, trabajando en “microcredenciales”, que si bien no implican un título, sí son capacitaciones para trabajar que permiten la obtención de habilidades en tramos cortos. “Eso por lo menos estimula, porque un joven que se para frente a una pizarra y ve la cantidad de materias que significa ser ingeniero muchas veces se puede desalentar”, opina el decano.

Durand, de la Austral, sostiene un punto de vista similar respecto de la necesidad de promover títulos intermedios para beneficiar a la población estudiantil: “Ya hay varias universidades que los tienen, pero el mercado todavía no reconoce estas titulaciones y siguen pidiendo el título de grado”, argumenta.

Mercado laboral

“La globalización está llevando a que una enorme cantidad de profesionales graduados argentinos se movilicen o vayan al exterior. Eso se da al revés también –cuenta Tomé–. En este ida y vuelta tenemos ventajas y desventajas al mirar otros sistemas universitarios. No tener un bachelor, que dura cuatro años, es una desventaja”. Por razones como esta, el Gobierno viene dialogando sobre las distintas posibilidades y modificaciones que podrían implementarse. De todas formas, para Tomé “son tiempos lógicos. Nadie modifica [la carga horaria] solo porque competís en un mercado”.

Pero para Tiramonti la realidad es cuestionable: “Hay un hecho interesante. Las empresas del conocimiento desarrollan estrategias para captar alumnos. Muchos de estos jóvenes no se gradúan. Nuestras carreras son largas porque están organizadas no acorde a los intereses del mercado o del desarrollo del saber, sino basadas en los intereses de la propia universidad, de sus docentes y de la política universitaria”, sostiene.

En sintonía con la especialista, Oliveto se refiere también a la captación de los estudiantes por parte del sistema del mercado laboral. “Esta es otra cuestión que tenemos analizada y que provoca que el alumno retrase su carrera. Hay estudiantes que están diez años [para graduarse] porque toman un trabajo que les lleva mucho tiempo o los hace viajar”, detalla.

Natalia, quien prefiere no dar su nombre completo por cuestiones laborales, estudió el traductorado de inglés en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Comenta que la carrera es larga, con materias no promocionables y finales extensos que se deben resolver en tres partes: teórico, oral y producción. “La duración de la carrera y las dificultades para estar medianamente al día hacen que, además, salgamos superdesactualizados”, explica, y añade que muchos estudiantes que trabajan a la par reciben sueldos precarizados. Otra desventaja: muchos de los que egresan ya son grandes para encarar especializaciones que, a veces, resultan necesarias.

Pablo Hernández Molteni, secretario de Promoción e Ingreso de la Universidad del Salvador, plantea que "pensar en la salida laboral como prioridad es sesgar parte de la experiencia"
Pablo Hernández Molteni, secretario de Promoción e Ingreso de la Universidad del Salvador, plantea que «pensar en la salida laboral como prioridad es sesgar parte de la experiencia»DIEGO SPIVACOW / AFV
 

Pablo Hernández Molteni, secretario de Promoción e Ingreso de la Universidad del Salvador (USAL), plantea su postura sobre la situación laboral: “El despliegue de la vocación es mucho más que nuestro trabajo. Pensar en la salida laboral como prioridad es sesgar parte de la experiencia. La elección de una carrera es una de las primeras grandes decisiones que debe tomar un joven en lo que se refiere a la construcción de su proyecto de vida”.

Sin embargo, la realidad muestra que no todos los jóvenes ingresan a la facultad en igualdad de condiciones, lo cual dificulta el buen funcionamiento de un sistema que no actúa como tal. Según Oliveto, “se podrían acortar las carreras, pero deberíamos tener una visión sistémica de la educación. Plantear un acortamiento sin mirar los estadios anteriores es un error. Lo que llamamos sistema educativo no funciona como sistema. Son compartimentos estancos, cada uno hace una cosa. Cuando uno mira a otros países, otros modelos educativos, ve que hay mayor preparación en la escuela media para la universidad. Acá no”. Aun así, no descarta que haya que acortar las carreras, trabajar con la tecnología educativa y analizar con qué preparación llegan los estudiantes a las universidades.

“El desafío es grande –dice Durand–, porque el mercado busca en las personas una serie de competencias más allá de la titulación, pero al mismo tiempo se habla de no reducir los estudios universitarios, porque se supone que la universidad agrega otro tipo de valor: la capacidad analítica, es decir, la capacidad de aprender. Para mí hay que encontrar un equilibrio entre la presión del mercado y lo que es propio de una educación superior”.

Se abrió #EconAr, la primera feria de la #Economía DelConocimiento que reúne el talento joven y las empresas IT

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El gobierno presentó lanzamos #EconAr, la primera feria de la #EconomíaDelConocimiento que reúne el talento joven y las empresas IT de todo el país. Según posteó Ariel Sujarchuk  «en #EconAr participan más de 100 empresas del sector, el tercero en volumen exportador de la economía argentina. Y recordó que en 2022 la #EconomíaDelConocimiento generó divisas por US$ 7.000 millones y este año está previsto superar los US$ 9.000 millones. En la feria participan más de 40 unidades académicas de todo el país presentando su oferta académica y las nuevas oportunidades laborales. Por eso podés traer tu CV o propuesta innovadora para ser parte de estas industrias que permiten trabajar desde Argentina, para el mundo. De 10 a 20 horas entre hoy y el domingo, será en La Rural con entrada libre y gratuita.  

Los capítulos de la saga Argentina nuclear hasta el 16 de Marzo

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Esta pagina reúne todos los capítulos de la saga Argentina nuclear hasta el 16 de Marzo del 2023. Para acceder a los capítulos siguientes a medida que se vayan publicando, entrar aquí La saga de la Argentina nuclear I La saga de la Argentina nuclear II La saga de la Argentina nuclear III La saga de la Argentina nuclear IV La saga de la Argentina nuclear V La saga de la Argentina nuclear VI La saga de la Argentina nuclear VII La saga de la Argentina nuclear VIII La saga de la Argentina nuclear IX La saga de la Argentina nuclear X La saga de la Argentina nuclear XI La saga de la Argentina nuclear XII La saga de la Argentina nuclear XIII La saga de la Argentina nuclear XIV La saga de la Argentina nuclear XV La saga de la Argentina nuclear – XVI La saga de la Argentina nuclear – XVII La saga de la Argentina nuclear – XVIII La saga de la Argentina nuclear – XIX La saga de la Argentina nuclear – XX

La saga de la Argentina nuclear – XXI y XXII

La saga de la Argentina nuclear – XXIII y XXIV

La saga de la Argentina nuclear – XXV La saga de la Argentina nuclear – XXVI La saga de la Argentina nuclear – XXVII La saga de la Argentina nuclear – XXIX La saga de la Argentina nuclear – XXX

La saga de la Argentina nuclear – XXXI

La saga de la Argentina nuclear – XXXII

La saga de la Argentina nuclear – XXXIII La saga de la Argentina nuclear – XXXIV La saga de la Argentina nuclear – XXXV La saga de la Argentina nuclear – XXXVI La saga de la Argentina nuclear – XXXVII La saga de la Argentina nuclear – XXXVIII La saga de la Argentina nuclear – XXXIX La saga de la Argentina nuclear – XL La saga de la Argentina nuclear – XLI La saga de la Argentina nuclear – XLII La saga de la Argentina nuclear – XLIII La saga de la Argentina nuclear – XLIV

La saga de la Argentina nuclear – XLV

La saga de la Argentina nuclear – XLVI La saga de la Argentina nuclear – XLVII La saga de la Argentina nuclear – XLVIII La saga de la Argentina nuclear – XLIX

Arabia Saudita e Irán restablecen relaciones, con el auspicio de China

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Medio Oriente sigue siendo una región decisiva en el sistema del poder global. Por eso el acercamiento de dos de las Potencias locales (la tercera es Israel), y el papel que ha jugado China en esto es un acontecimiento del que todos debemos tomar nota. Acercamos esta informada nota de un centro geopolitico español. Sería muy prematuro calificar como giro copernicano el acercamiento que Arabia Saudí e Irán anunciaron el pasado día 10, creyendo que con eso basta para resolver muchos de los problemas que confluyen en Oriente Medio. Son muchas las dudas sobre las motivaciones que han llevado a Riad y a Teherán al acuerdo para restablecer sus relaciones diplomáticas tras siete años de paréntesis, y son muchas más las que se proyectan hacia el futuro cuando se toma en consideración que se trata de dos rivales que mantienen visiones y posiciones radicalmente confrontadas en muchos de los asuntos de la región y más allá. En todo caso, también sería un error pensar que se trata de un gesto baladí, de puro marketing diplomático para mayor gloria de una China. En primer lugar, el acuerdo es el punto de llegada de un proceso regional, con Irak y Omán como facilitadores, que viene desarrollándose desde hace años y al que Pekín tan solo se ha sumado recientemente. A pesar de las bien visibles tensiones entre ambos vecinos, es un hecho que han procurado no romper todos los canales de contacto con el objetivo de evitar un conflicto directo que a ninguno de ellos le interesa. A Irán- crecientemente, aislado y castigado internacionalmente, con Washington y Tel Aviv marcando el ritmo- no podía beneficiarle que la monarquía saudí terminara por alinearse definitivamente con Israel, liderando lo que en ocasiones se ha denominado una “OTAN árabe” que tendría a Irán como enemigo a batir. En sentido contrario, a Arabia Saudí, crecientemente desconfiado sobre las garantías de seguridad estadounidenses, tampoco le interesaba verse arrastrada a una dinámica de confrontación que llevará a Teherán a multiplicar los ataques contra sus intereses- como ocurrió en 2019 cuando fueron atacadas las instalaciones petrolíferas de Abqaiq y Khurais. Y sobre esa base ambos han querido avanzar hasta aquí. De ese modo, Irán cree haber logrado varios objetivos. El primero es evitar que Riad se eche abiertamente en brazos de Tel Aviv, siguiendo la senda que han recorrido otros países árabes en el marco de los llamados Acuerdos de Abraham, normalizando sus relaciones con Israel. No puede ser causal que el anuncio del acuerdo coincida con el intento de Riad por lograr de Washington una compensación a una decisión de ese tipo- sea con mayores garantías de seguridad o, como comentaba recientemente el The Wall Street Journal, con el apoyo a los sueños nucleares saudíes, permitiéndole enriquecer uranio y sin necesidad de firmar el Protocolo Adicional del TNP; algo a lo que de momento parece que se opone EEUU. Además, mirando hacia Pekín, los iraníes calculan que por esta vía consolidan su relación estratégica con China (en febrero pasado Ebrahim Raisi visitó Pekín), no solo en el marco de su ya conocido acuerdo de intercambio de gas y petróleo por bienes, tecnología e inversiones para los próximos 25 años, sino también logrando la descongelación de algunos fondos en manos chinas y su apoyo en el Consejo de Seguridad. Para Riad lo más urgente es conseguir un cambio de actitud iraní en Yemen y evitar verse afectados por el previsible deterioro de las relaciones Washington-Teherán, una vez que se aleja la posibilidad de un nuevo acuerdo nuclear. Empantanados desde hace ya más de siete años en un conflicto en el que han demostrado su escasa capacidad operativa los saudíes buscan una salida airosa, lo que pasa por algún tipo de acuerdo con la minoría huzí, respaldada por Teherán. De igual modo, mirando a China (Xi Jinping visitó Riad el pasado diciembre), el régimen saudí también pretende enviar un mensaje a Washington, haciéndole ver que tiene alternativas a su alcance en el caso que no recibir el trato al que se considera merecedor, tanto en el terreno económico como también en el militar si fuera preciso. Por su parte, China vuelve a dar un ejemplo de creciente sabiduría diplomática y de pragmatismo. A diferencia de Washington, Pekín mantiene buenas relaciones con las dos capitales, convertido en el principal cliente de Arabia Saudí y en el principal sostén de un Irán asediado por Washington y sus aliados occidentales. Una realidad que ahora le permite presentarse como una potencia interesada en la paz y la estabilidad, mientras que EEUU quedaría dibujado como desestabilizador y belicista (con Ucrania en mente). A partir de ahí es mucho lo que queda por ver antes de llegar a ninguna conclusión definitiva. A corto plazo ambos países han acordado intercambiar embajadores antes de que transcurran dos meses. Y si es muy probable que eso suceda, no cabe decir lo mismo de la reactivación del acuerdo de cooperación materia de seguridad que decidieron en 2001, por mucho que en el comunicado final del acuerdo anunciado en Pekín se contemple el respeto a la soberanía nacional y la no injerencia en asuntos internos. A fin de cuentas, ambos llevan años situados en posiciones enfrentadas, tanto desde el punto de vista religioso- con Riad como líder del islam suní y Teherán del islam chií- como político, apoyando a actores armados en diferentes escenarios de combate. Unos actores interpuestos que, sobre todo en el caso iraní, le sirven muchas veces como elementos de disuasión frente a enemigos más potentes (léase Israel y Estados Unidos, una vez más). Y todo eso sin olvidar que son muchos los asuntos delicados de la región- con la deriva israelí y la previsible tensión estadounidense en relación con Irán en cabeza- que tienen su propia dinámica al margen de los deseos y capacidades de quienes ahora quieren aparecer como buenos vecinos.